El resurgimiento de las ciudades y el comercio en la Baja Edad Media se debió al aumento de la producción agrícola, que permitió alimentar a una población más grande. Esto impulsó el desarrollo de la burguesía y el comercio entre ciudades. Las rutas comerciales florecieron entre ciudades como Venecia y Génova, y la Liga Hanseática dominó el comercio del norte de Europa. Las universidades y catedrales también florecieron, difundiendo conocimiento y cultura durante este período.