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PARROQUIA MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS
RETIRO DE CUARESMA
1. Introducción al retiro
2. ORACIÓN
Disposición para la Oración
• Deja un momento tus ocupaciones habituales, busca el silencio,
exterior e interior.
• Entra un instante en ti mismo,
• apártate del tumulto de tus pensamientos. Pacífica tu interior. Arroja
lejos las preocupaciones agobiantes y las inquietudes que te oprimen.
• Reposa en Dios un momento y descansa siquiera un instante.
• Entra en lo más profundo de tu alma, aparta de ti todo excepto a Dios.
• Todo está bien aquí y ahora. Ya habrá otro momento durante el día
para volver a ocuparnos de oras cosas.
• Tu cuerpo se encuentra completamente relajado, libre de tensiones,
tu mente se encuentra completamente despejada, libre de ansiedad o
miedo.
• Descubre en éste instante la voluntad de Dios. Señor, qué quieres que
haga?
• Habla, Señor, que tu siervo escucha
Estamos ante ti, Espíritu Santo, reunidos en tu nombre.
Tú que eres nuestro verdadero consejero: ven a nosotros, apóyanos,
entra en nuestros corazones.
Enséñanos el camino, muéstranos cómo alcanzar la meta.
Impide que perdamos el rumbo como personas débiles y pecadoras.
No permitas que la ignorancia nos lleve por falsos caminos. Concédenos el
don del discernimiento, para que no dejemos que nuestras acciones se
guíen por prejuicios y falsas consideraciones.
Condúcenos a la unidad en ti, para que no nos desviemos del camino
de la verdad y la justicia,
sino que en nuestro peregrinaje terrenal nos esforcemos por alcanzar la vida
eterna.
Yo siento señor que tu me amas
Yo siento señor que te puedo amar
Háblame señor que tu siervo escucha
Háblame que quieres de mi
Señor tu has sido grande para mi
En el desierto de mi vida háblame
Yo quiero estar dispuesto a todo
Toma mi ser mi corazón es para ti
Por eso canto tus maravillas
Por eso canto tu amor
Por eso canto tus maravillas
Por eso canto tu amor
Lara, Lara, Lara, la, la, la
Te alabo Jesús por tu grandeza
Mil gracias te doy por tu gran amor
Heme aquí señor para
acompañarte
Heme aquí que quieres de mí
Señor tu has sido grande para mi
En el desierto de mi vida háblame
Yo quiero estar dispuesto a todo
Toma mi ser mi corazón es para ti
Por eso canto tus maravillas
Por eso canto tu amor
Por eso canto tus maravillas
Por eso canto tu amor
Lara, Lara, Lara, la, la, la
Oración: Adsumus, Sancte Spiritus.
Esto te lo pedimos a ti, que obras en todo tiempo y lugar, en comunión con
el Padre y el Hijo por los siglos de los siglos. Amén.
Canto de entrada
CANTO: NOS HAS LLAMADO AL DESIERTO
NOS HAS LLAMADO AL DESIERTO,
SEÑOR DE LA LIBERTAD
Y ESTÁ EL CORAZÓN ABIERTO
A LA LUZ DE TU VERDAD.
SUBIMOS CON ESPERANZA
LA ESCALADA CUARESMAL
EL PUEBLO DE DIOS AVANZA
HASTA LA CUMBRE PASCUAL.
Tu pueblo, Señor, camina
desde la aurora al ocaso
a tu Pascua se encamina
y te sigue, paso a paso.
ESTRIBILLO.
Señor, te reconocemos
y tu Palabra escuchamos,
tus caminos seguiremos
y tu ley de amor cantamos.
NOS HAS LLAMADO AL
DESIERTO…
Se acerca, Señor, tu día
en el que todo florece
con su luz y su alegría
ya el camino, resplandece.
NOS HAS LLAMADO AL
DESIERTO…
Vengo aquí, mi Señor,
a olvidar las prisas de mi vida,
ahora sólo importas Tú,
dale la paz a mi alma.
Vengo aquí, mi Señor,
a encontrarme con tu paz
que me serena.
Ahora sólo importas Tú,
dale tu paz a mi alma.
Vengo aquí, mi Señor,
A que en mi lo transformes
todo en nuevo,
ahora sólo importas Tú,
dale tu paz a mi alma.
Oración
Padre nuestro, que estás en el Cielo,
durante esta tiempo de conversión,
ten misericordia de nosotros.
Transforma nuestro egoísmo en generosidad.
Abre nuestros corazones a tu Palabra,
sana nuestras heridas del pecado,
ayúdanos a hacer el bien a nuestros hermanos.
Que transformemos la obscuridad
y el dolor en vida y alegría.
Concédenos estas cosas por Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
3. Introducción al Retiro Cuaresmal
La cuaresma es el tiempo del Espíritu Santo. Somos empujados por el
Espíritu al Desierto, así lo expresa Marcos en su Evangelio. Es el E. sto el que
nos revela la verdad y la Cuaresma es el tiempo para hacer espacio y conocer
la verdad que es Cristo, su muerte y Resurrección, por eso en este tiempo,
tomamos conciencia más que nunca que necesitamos del Espíritu Santo, sin
él nuestras palabras están vacías y no tienen fuerza ni profundidad,
queremos iniciar en esta oración de cuaresma invocándolo, y pidiéndole que
sea el Espíritu el que abra nuestra vida a la presencia de Jesús.
Cada experiencia de retiro es una apertura de mi ser a la presencia y a la
acción del Espíritu Santo.
El capitulo 3 del Apocalipsis 3:20 así lo expresa
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta,
entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”
EVANGELIO: MC 1,12-15
En aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús hacia el desierto, donde Satanás
lo puso a prueba durante cuarenta días; estaba con las fieras y los ángeles
lo servían. Después del arresto de Juan, Jesús se fue a Galilea, proclamando
la buena noticia de Dios. Decía: “El plazo se ha cumplido; el reino de Dios
está llegando. Convertíos y creed en el Evangelio”.
Qué es un retiro espiritual?
La primera invitación de este retiro es precisamente la conversión para
volver a Jesús
El retiro espiritual ha de buscar una experiencias fuertes de oración guiados
por el Espíritu Santo
Debe propiciar momentos de intimidad con Dios.
Un encuentro con Cristo y un encuentro con uno mismo para ser
intensamente discípulos y estar en su compañía.
Significa por tanto hacer una pausa, donde uno se retira para hablar de
corazón a corazón con Dios.
Un momento para leer nuestra vida desde una distancia suficiente y así
prepararnos a escribir en ella
Para escuchar de nuevo el “Sígueme de Jesús”
Para preparar resoluciones y propósitos, nunca como en este ambiente
tendremos la claridad suficiente para descubrir lo que tenemos que hacer
haciendo la voluntad de Dios
Por aquel tiempo se fue Jesús a la montaña a orar y pasó toda la noche en
oración a Dios. Al llegar la mañana, llamó a sus discípulos y escogió a doce de
ellos, a los que nombró apóstoles. Lucas 6:12-18
Después de despedir a la multitud, subió al monte a solas para orar; y al
anochecer, estaba allí solo. Mateo 14:23
Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, salió, y se fue a
un lugar solitario, y allí oraba. Marcos 1:35
La búsqueda de Dios: Los retiros espirituales por tanto son una búsqueda
espiritual que te permite crecer en la fe.
Porque, si no buscamos a Dios en todo lo que hacemos, rechazando lo que
sea incompatible con la búsqueda de Dios, estamos abocados a un activismo
insensato que sólo conduce al agotamiento y a la esterilidad. Porque la
verdadera eficacia de nuestra vida no radica en el «hacer», sino en el «ser».
Lo más importante de este Retiro no es ilustrar nuestros conocimientos
sobre la fe ni sobre algún tema en particular, sino, encontrarnos
directamente con Dios y con lo más profundo de nosotros mismos.
[EE n° 2. Por eso, un Retiro Espiritual es:
† Un tiempo del corazón más que de racionalizaciones.
† Un tiempo de generosidad y no de reservas;
† Un tiempo para encontramos con Dios y dejarnos encontrar por Él. (El
sale a buscarnos y quiere que nos dejemos encontrar.
† un tiempo para integrar mejor fe y vida.
† Un tiempo de sanación de la propia vida por medio del diálogo libre
con Dios (traemos heridas, fragilidades y vulnerabilidades emocionales,
cargas emocionales, cosas que nos han pasado, frustraciones)
† un tiempo para valorar más la propia vida, la familia, el trabajo, la
comunidad.
† Un tiempo para convertirnos en Mensajeros de la Esperanza
OBJETIVO DEL RETIRO
Para conocer cuál es la voluntad de Dios en tu vida. ¿Señor que quieres que
haga
Para saber en profundidad qué espera El de Ti. “Habla Señor que tu siervo
te escucha”.
Apertura : A Dios, al Espíritu Santo, a quien orienta, hoy puede ocurrir que
nos resistamos y que sigamos en la indiferencia de fe que caracteriza el
mundo. Dios no es una propuesta más. Él es el camino la verdad y la vida.
Jesús le dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre,
sino por mí. Si me conocieran, también conocerían a mi Padre; y desde ahora
..Juan 14,6
Confianza: En Dios. Si Dios está con nostros quien estará contra nosotros
Disponibilidad: A su voluntad, a escuchar y a obedecer a escuchar El
renovado llamado de Jesús a servir como discípulos y misioneros desde:
▪ La Reflexión
▪ La oración.
ACTITUDES NECESARIA PARA VIVIR EL RETIRO
▪ El Silencio. (Vaciarnos de tantos ruidos y voces exteriores para
escuchar la voz que resuena en nuestro interior
▪ La Reconciliación.
Canto como el ciervo busca por las aguas
Como El Ciervo
Marcos Witt
Como el ciervo busca por las aguas
Así clama mi alma, por Ti Señor
Día y noche, yo tengo sed de ti
Y solo a ti buscaré
Lléname, lléname señor
Dame más, más de tu amor
Yo tengo sed, solo de ti
Lléname señor.
Con el mismo ardor con que el ciervo sediento suspira por las aguas (Sal 41,
1) deseemos empezar los ejercicios para fortalecerse, amadas hijos. Espero
que saquen de ellos mucho fruto.
Reconocer el terreno: ¿Cómo estoy ahora?: Conmigo mismo, con mi familia
con mi profesión, con los demás y con Dios
Posiciograma
Preparar el terreno: “En tan amada soledad hemos de ocuparnos en
preparar el terreno de nuestro ser y echar en él la simiente de las santas
acciones.” ¿Qué vamos a sembrar?. Buenos propósitos, deseos de
conversión.
Es decir, disponernos física y espiritualmente a hacer un trabajo interior de
acogida, de apertura, de disponibilidad, de flexibilidad, de dejarse aplanar,
remover, sacudir y moldear.
Hacer Silencio Para buscar a Dios en nuestro tiempo de retiro, y para
poderlo buscar también cada día, lo primero que hemos de considerar es la
importancia del silencio. En el fondo, el silencio como instrumento para
escuchar a Dios se parece mucho, en lo material, a la necesidad de silencio
para realizar determinadas tareas.
En lo posible hacer una desconexión del de equipos electrónicos para
favorecer el recogimiento.
Vamos a realizar la siembra
El Evangelio según san Lucas 8, 4-15
En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los
pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: «Salió el
sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del
camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno
pedregoso y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre
zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó
en tierra buena y, al crecer, dio fruto el ciento por uno.» Dicho esto,
exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga».
Desyerbar y quemar las malezas: “Nuestro primer cuidado debe ser destruir
todos los defectos que dominan en nuestra persona y ahogan en ella el
germen de las virtudes y de las buenas obras.”
Limpiar el terreno de nuestra vida; que implica de nuestra parte bajar a
nuestro pozo y descubrir hasta qué punto hemos dejado crecer nuestros
apegos, nuestro orgullo, envidia y otras debilidades que ahogan las más
lindas virtudes que tengamos. Esto de desyerbar y quemar las hierbas causa
mucho dolor, pero es un dolor necesario que salva.
La tarea es comprender, saborear y digerir, (verbos que indican acción)
para que produzca frutos abundantes, aunque también depende en buena
parte, de nuestra preparación personal para entrar en este clima orante y
de la disposición y apertura que tengamos
Esperar la lluvia del cielo: “Después de la siembra, la lluvia y el calor dan a la
tierra la fecundidad que el Creador puso en ella. En el orden espiritual, la
gracia divina nos da fuerza y fecundidad y nos impulsa a un trabajo fuerte,
profundo y diligente.”
Dice el libro de la Sabiduría 8, 21. La lluvia es bendición para quien ha
sembrado y esperarla evoca paciencia y humildad, porque la lluvia no
depende del que cultiva sino del Creador.
Regar, podar, escardar: “Después de sembrar el campo, el buen agricultor
no lo pierde de vista, no lo abandona. Para no perder el fruto de su trabajo,
lo riega, lo poda y escarda con sumo cuidado.”
La Oracion
El motor que mueve nuestro encuentro con Dios es la Oración. ¿Cómo está
hoy mi oración?, ¿Cuánto tiempo le dedico al día, a la semana o durante el
mes.
¿Cómo hay que orar?
Cada persona tiene su propio ritmo de oración y hasta método de oración
que le ayuda en el encuentro cotidiano con el que sabemos nos ama. Sin
embargo, es muy importante, tener en cuenta los consejos de Jesús,
nuestro Maestro que nos enseña a orar
Con humildad y confianza, desde unas actitudes básicas del discipulado.
Con una perseverancia confiada: “Pidan y se les dará, busquen y
encontrarán, llamen y se les abrirá, porque quien pide recibe, quien busca
encuentra, a quien llama se le abre.” Lc. 11, 9- 10.
Con humildad de manos vacías: “Quien se alaba será humillado y quien se
humilla será alabado.” Lc. 18, 9- 14
En la oración de publicano encontramos la actitud del humilde que lo espera
todo de Dios. El publicano pedía con humildad, la misericordia de Dios, la
sanación y liberación de su vida; en cambio, el fariseo no pedía nada,
solamente se jactaba de lo “bueno” que era, despreciando a los demás.
Jesús con esta enseñanza desenmascara la actitud farisaica de creerse más
que los demás y ensalza la actitud de quien, creyéndose indigente,
necesitado del amor y de la compasión de Dios se hace humilde.
1. La pacificación del Corazón
No se puede entrar en oración llegando agitado, hay que hacer el puente
entre la agitación y la Paz del corazón porque la palabra de Dios es sutil,
agitación que la producen las preocupaciones, problemas y dificultades de
la vida
2. Suplicar la presencia del Espíritu Santo:
Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma de 2024 cuyo tema es
Meditacion “A través del desierto Dios nos guía a la libertad”
Cuando nuestro Dios se revela, comunica la libertad: «Yo soy el Señor, tu
Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2).
Así se abre el Decálogo dado a Moisés en el monte Sinaí. El pueblo sabe bien
de qué éxodo habla Dios; la experiencia de la esclavitud todavía está
impresa en su carne.
Recibe las diez palabras de la alianza en el desierto como camino hacia la
libertad. Nosotros las llamamos “mandamientos”, subrayando la fuerza del
amor con el que Dios educa a su pueblo.
La llamada a la libertad es, en efecto, una llamada vigorosa. No se agota en
un acontecimiento único, porque madura durante el camino. Del mismo
modo que Israel en el desierto lleva todavía a Egipto dentro de sí ―en
efecto, a menudo echa de menos el pasado y murmura contra el cielo y
contra Moisés―,
También hoy el pueblo de Dios lleva dentro de sí ataduras opresoras que
debe decidirse a abandonar. Nos damos cuenta de ello cuando nos falta
esperanza y vagamos por la vida como en un páramo desolado, sin una
tierra prometida hacia la cual encaminarnos juntos.
La Cuaresma es el tiempo de gracia en el que el desierto vuelve a ser ―como
anuncia el profeta Oseas― el lugar del primer amor (cf. Os 2,16-17).
Dios educa a su pueblo para que abandone sus esclavitudes y experimente
el paso de la muerte a la vida. Como un esposo nos atrae nuevamente hacia
sí y susurra palabras de amor a nuestros corazones.
El éxodo de la esclavitud a la libertad no es un camino abstracto. Para que
nuestra Cuaresma sea también concreta, el primer paso es querer ver la
realidad. Cuando en la zarza ardiente el Señor atrajo a Moisés y le habló, se
reveló inmediatamente como un Dios que ve y sobre todo escucha: «Yo he
visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de
dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos.
Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde
aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel»
(Ex 3,7-8). También hoy llega al cielo el grito de tantos hermanos y hermanas
oprimidos. Preguntémonos: ¿nos llega también a nosotros? ¿Nos sacude?
¿Nos conmueve? Muchos factores nos alejan los unos de los otros, negando
la fraternidad que nos une desde el origen.
En mi viaje a Lampedusa, ante la globalización de la indiferencia planteé dos
preguntas, que son cada vez más actuales: «¿Dónde estás?» (Gn 3,9) y
«¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9). El camino cuaresmal será concreto si,
al escucharlas de nuevo, confesamos que seguimos bajo el dominio del
Faraón. Es un dominio que nos deja exhaustos y nos vuelve insensibles. Es
un modelo de crecimiento que nos divide y nos roba el futuro; que ha
contaminado la tierra, el aire y el agua, pero también las almas. Porque, si
bien con el bautismo ya ha comenzado nuestra liberación, queda en
nosotros una inexplicable añoranza por la esclavitud. Es como una atracción
hacia la seguridad de lo ya visto, en detrimento de la libertad.
Quisiera señalarles un detalle de no poca importancia en el relato del Éxodo:
es Dios quien ve, quien se conmueve y quien libera, no es Israel quien lo pide.
El Faraón, en efecto, destruye incluso los sueños, roba el cielo, hace que
parezca inmodificable un mundo en el que se pisotea la dignidad y se niegan
los vínculos auténticos. Es decir, logra mantener todo sujeto a él.
Preguntémonos: ¿deseo un mundo nuevo? ¿Estoy dispuesto a romper los
compromisos con el viejo? El testimonio de muchos hermanos obispos y de
un gran número de aquellos que trabajan por la paz y la justicia me convence
cada vez más de que lo que hay que denunciar es un déficit de esperanza.
Es un impedimento para soñar, un grito mudo que llega hasta el cielo y
conmueve el corazón de Dios. Se parece a esa añoranza por la esclavitud
que paraliza a Israel en el desierto, impidiéndole avanzar. El éxodo puede
interrumpirse. De otro modo no se explicaría que una humanidad que ha
alcanzado el umbral de la fraternidad universal y niveles de desarrollo
científico, técnico, cultural y jurídico, capaces de garantizar la dignidad de
todos, camine en la oscuridad de las desigualdades y los conflictos.
Dios no se cansa de nosotros. Acojamos la Cuaresma como el tiempo fuerte
en el que su Palabra se dirige de nuevo a nosotros: «Yo soy el Señor, tu Dios,
que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Es tiempo
de conversión, tiempo de libertad. Jesús mismo, como recordamos cada
año en el primer domingo de Cuaresma, fue conducido por el Espíritu al
desierto para ser probado en su libertad. Durante cuarenta días estará ante
nosotros y con nosotros: es el Hijo encarnado. A diferencia del Faraón, Dios
no quiere súbditos, sino hijos. El desierto es el espacio en el que nuestra
libertad puede madurar en una decisión personal de no volver a caer en la
esclavitud. En Cuaresma, encontramos nuevos criterios de juicio y una
comunidad con la cual emprender un camino que nunca antes habíamos
recorrido.
Esto implica una lucha, que el libro del Éxodo y las tentaciones de Jesús en
el desierto nos narran claramente. A la voz de Dios, que dice: «Tú eres mi
Hijo muy querido» (Mc 1,11) y «no tendrás otros dioses delante de mí» (Ex
20,3), se oponen de hecho las mentiras del enemigo. Más temibles que el
Faraón son los ídolos; podríamos considerarlos como su voz en nosotros. El
sentirse omnipotentes, reconocidos por todos, tomar ventaja sobre los
demás: todo ser humano siente en su interior la seducción de esta mentira.
Es un camino trillado. Por eso, podemos apegarnos al dinero, a ciertos
proyectos, ideas, objetivos, a nuestra posición, a una tradición e incluso a
algunas personas. Esas cosas en lugar de impulsarnos, nos paralizarán. En
lugar de unirnos, nos enfrentarán. Existe, sin embargo, una nueva
humanidad, la de los pequeños y humildes que no han sucumbido al encanto
de la mentira. Mientras que los ídolos vuelven mudos, ciegos, sordos,
inmóviles a quienes les sirven (cf. Sal 115,8), los pobres de espíritu están
inmediatamente abiertos y bien dispuestos; son una fuerza silenciosa del
bien que sana y sostiene el mundo.
Es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse. Detenerse
en oración, para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano,
ante el hermano herido. El amor a Dios y al prójimo es un único amor. No
tener otros dioses es detenerse ante la presencia de Dios, en la carne del
prójimo. Por eso la oración, la limosna y el ayuno no son tres ejercicios
independientes, sino un único movimiento de apertura, de vaciamiento:
fuera los ídolos que nos agobian, fuera los apegos que nos aprisionan.
Entonces el corazón atrofiado y aislado se despertará. Por tanto,
desacelerar y detenerse. La dimensión contemplativa de la vida, que la
Cuaresma nos hará redescubrir, movilizará nuevas energías. Delante de la
presencia de Dios nos convertimos en hermanas y hermanos, percibimos a
los demás con nueva intensidad; en lugar de amenazas y enemigos
encontramos compañeras y compañeros de viaje. Este es el sueño de Dios,
la tierra prometida hacia la que marchamos cuando salimos de la esclavitud.
4. ESPIRITUALIDAD SINODAL
Celebrar un “sínodo” significa caminar juntos.
Yo pienso que ésta es realmente la experiencia
más maravillosa que podemos tener:
pertenecer a un pueblo que camina, que
camina a través de la historia junto a su
Señor quien camina con nosotros.
No estamos solos; no caminamos solos.
Formamos parte del único rebaño de Cristo
que camina unido.
(Papa Francisco, Francisco de Asís, 4 de octubre de 2013)
En primer lugar, la sinodalidad designa a ciertos acontecimientos que
denominamos sínodos, convocados por la autoridad competente y de
carácter puntual. En segunda instancia, la palabra apunta a las estructuras
y procesos eclesiales que se encuentran al servicio del discernimiento. Por
último, el significado más esencial del término remite a un estilo peculiar
que caracteriza la vida y la misión de la Iglesia. Este es el sentido en que
vamos a utilizarlo en esta presentación[7].
Inmediatamente somos capaces de percibir la conexión existente entre el
modo de comprender la “espiritualidad” –un modo de hacerse cargo de la
realidad–, y la “sinodalidad” –un estilo peculiar que caracteriza la vida y la
misión de la Iglesia–.
La sinodalidad apunta hacia un modo de vivir y de actuar que define a la
comunidad eclesial tanto en sus relaciones ad intra como ad extra. Pero
además el significado etimológico de la palabra sínodo[8] nos permite
entenderla como un “caminar juntos”.
Por lo tanto, a lo que le seguimos la pista es a un modo particular de
caminar juntos como Iglesia (sinodalidad), para –más y mejor– poder
“hacernos cargo” del mundo (espiritualidad). En esto consiste la
espiritualidad sinodal, en un hacernos cargo de la realidad, del mundo, de
la Missio Dei, caminando juntos.
¿Cómo “hacernos cargo” de la situación de nuestro mundo, para que este
encargarnos sea sinodal, es decir, para hacerlo con ese peculiar estilo que
afecta nuestra vida eclesial y nuestra misión y que implica “caminar
juntos”?
La forma sinodal de la Iglesia, que en estos últimos años estamos
redescubriendo y cultivando, sugiere que la Cuaresma sea también un
tiempo de decisiones comunitarias, de pequeñas y grandes decisiones a
contracorriente, capaces de cambiar la cotidianeidad de las personas y la
vida de un barrio: los hábitos de compra, el cuidado de la creación, la
inclusión de los invisibles o los despreciados. Invito a todas las comunidades
cristianas a hacer esto: a ofrecer a sus fieles momentos para reflexionar
sobre los estilos de vida; a darse tiempo para verificar su presencia en el
barrio y su contribución para mejorarlo. Esto puede suceder en cada
comunidad cristiana.
En la medida en que esta Cuaresma sea de conversión, entonces, la
humanidad extraviada sentirá un estremecimiento de creatividad; el
destello de una nueva esperanza. En este momento histórico los desafíos
son enormes, los quejidos dolorosos —estamos viviendo una tercera guerra
mundial a pedacitos—, pero abrazamos el riesgo de pensar que no estamos
en una agonía, sino en un parto; no en el final, sino al comienzo de un gran
espectáculo.
La sinodalidad no es un elemento nuevo de la vida y la autocomprensión de
la Iglesia. Es un elemento fundamental de la misma y ha estado presente en
muchas formas desde sus orígenes.
. La sinodalidad es una forma de expresar quienes somos como cristianos y
en qué nos estamos convirtiendo como Iglesia por obra del Espíritu Santo.
. En cada etapa, es el Espíritu Santo quien renueva constantemente la Iglesia
en comunión y la atrae cada vez más profundamente a una vida sinodal.
Podemos reconocer que el Espíritu Santo actúa constantemente a través de
la historia. Esto es especialmente significativo desde el Concilio Vaticano II,
que instituyó el Sínodo de los Obispos y la práctica de las asambleas
consultivas a nivel de las iglesias locales.
Uno de los rasgos importantes que surgen para nuestra comprensión actual
es que el sentido de la sinodalidad no es sólo una teología sino una práctica
espiritual.
De este modo, estamos invitados a explorar lo que podría significar una
espiritualidad para la sinodalidad “Ser cristiano es tener una “vocación
sinodal” y ésta crece a través de la vida espiritual”.
Podemos entender que una espiritualidad sinodal es una forma de vida o
praxis que integra y vuelve concretos los tres elementos clave de la
comunión, la participación y la misión.
Por esta razón, la espiritualidad para la sinodalidad se convierte en un
“habitus ecclesiale”, que es fuente de renovación y dinamismo para la vida
y la misión de la Iglesia. Es un modo de ser y de hacerse Iglesia.
La espiritualidad para la sinodalidad nos hace descubrir de manera
sorprendente las energías ocultas del amor, del compromiso, de la
generosidad y del compartir que se encuentran en cada uno de nosotros.
En la medida que vivamos auténticamente el carácter sinodal de la Iglesia,
esta se convierte en testimonio de la llegada del Reino de Dios para todos
los pueblos, donde todos tienen un hogar, justicia, dignidad, reconciliación
y paz.
La Iglesia sinodal está llamada a ser una Iglesia ecuménica (13 Documento
Preparatorio, Sínodo 2023, n° 30 párr. VII) . pues vive siempre del mismo deseo que
Cristo expresó en su oración al Padre “que todos sean uno” (Jn 17,21).
Se trata de una comunión dinámica en la que no se pierde la legítima
diversidad de las iglesias, sino que se recogen y valoran sus dones, sus
historias y su testimonio de Cristo para beneficio de todo el Cuerpo de Cristo.
Al mismo tiempo, el proceso sinodal es un proceso de arrepentimiento,
perdón y reconciliación, ya que cada comunidad tiene en su memoria e
historia las heridas de las divergencias del pasado, así como la promesa de la
unidad futura. Cuando se reúne en comunión, la Iglesia sinodal de las iglesias
se convierte en luz para las naciones que viven en conflicto en el mundo
Practicar la Espiritualidad Sinodal: Realizando un Habitus Sinodal Una
Iglesia sinodal es una Iglesia contemplativa. Es una Iglesia donde las
Escrituras y los sacramentos son centrales, pues son la escuela de una
perspectiva abierta a la economía salvífica de Dios en todas las realidades
de la creación, de la existencia humana y de la historia. La sinodalidad no
puede realizarse ni sostenerse si no se fundamenta en la oración de la Iglesia
y del pueblo fiel de Dios. La oración mantiene el corazón y la mente abiertos
a todo lo que Dios realiza y desea para la humanidad y la creación; también
alimenta y conforma la voluntad a fin de que, siempre procuremos desear y
actuar según la voluntad y el proyecto salvífico de Dios. De este modo, cada
oración es un don del Espíritu Santo que nos permite imitar a Cristo, pues
toda su existencia es una oración.
Una Iglesia sinodal es una Iglesia que escucha14. La Iglesia está atenta a todas las 14 Cf. Documento
Preparatorio, Sínodo 2023, n° 32, párr. II. 25 modalidades de auto - comunicación de Dios; está
atenta a los cambios del mundo y a las múltiples voces que se alzan en forma de lamento, protesta,
súplica y testimonio. Una Iglesia que escucha y que está atenta a las múltiples narrativas de las vidas,
las culturas y los pueblos. Se puede decir que es un lugar de hospitalidad narrativa. Para escuchar,
primero, se debe ser consciente de todo lo que aporta, lo que hace que la escucha atenta sea algo
más que “oír”. Entonces, se debe comprender cómo la “escucha” es un acto de atención, un don y
un reconocimiento del interlocutor; una generosidad voluntaria para dejarle
hablar con su propia voz sin intentar determinar primero las categorías o
traducir para hacer más cómodo y aceptable el desafío del que habla. La
escucha es un don que nos pone a disposición del interlocutor. Conlleva un
compromiso ético de caminar con ellos, pues una vez que atendemos a otra
persona, hacemos que su vida y su historia formen parte de la nuestra.
Especialmente, cuando elegimos privilegiar a aquellos cuyas vidas sufren la
violencia de la pobreza y quienes sufren la presión del rechazo, o la
marginación, o cargan con el peso de narraciones falsas y deformadas.
Cuando escuchamos, también consultamos: buscamos realmente
aprovechar la visión, la experiencia y la sabiduría de los demás. Escuchar es
también consultar, es un acto recíproco de compromiso, ya que todos
estamos implicados en la búsqueda común del bien al que nos llama el
Espíritu Santo. Por esta razón, el discernimiento se caracteriza por la
inclusión y la apertura. Cuando “escuchamos”, nos ponemos en sintonía con
la voz de nuestro interlocutor, porque la voz que oímos, es la voz profunda
del Espíritu. A menudo, esta voz no es accesible con palabras, pero
igualmente nos habla, “la llamada del corazón al corazón” en la música
silenciosa de Dios. Escuchar a ese nivel supone la libertad de estar
disponibles a todo lo que el Espíritu nos pida o a lo que el Espíritu nos guíe.
También pide que escuchemos con la inteligencia o la comprensión de la fe,
para que Cristo y la Palabra de Dios se conviertan en la escuela donde
aprendemos 26 a reconocer, comprender y apreciar aquello que hemos
escuchado. La Iglesia sinodal es una Iglesia que discierne
5. Para Vivir la Cuaresma
6. Momento de desierto:
II. LA EXPERIENCIA PECADO Y EL PERDON.
La parábola de la higuera
Lectura: Lucas 13:6-9
‘Y les dijo esta parábola: Cierto hombre tenía una higuera plantada en su
viña; y fue a buscar fruto de ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: «Mira, hace
tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo. Córtala. ¿Por
qué ha de cansar la tierra?». Él entonces, respondiendo, le dijo: «Señor, déjala
por este año todavía, hasta que yo cave alrededor de ella, y le eche abono, y
si da fruto el año que viene, bien; y si no, córtala».
La higuera tiene que morir porque no da fruto, porque no es más que un
parasito.
Los tres años sin fruto demuestran su culpabilidad por sus continuas
dilaciones y la falta de decisión personal. La muerte referida en esta
parábola, significa que está muerto para el reino quien no da fruto, quien
no decide.
1.En su vida, en su trabajo y en su familia, como se refleja esta parábola.
2. Teniendo en cuenta la parábola de la higuera,
†¿Qué hay de esterilidad en Mi vida, como persona, como profesional, como
cristiano.
†¿Cuales son los frutos como personas, como profesional, como cristiano?
I.
LA FAVORABLE POSICIÓN EN QUE SE COLOCÓ ESTE ÁRBOL. En un
“viñedo”; no en algún terreno baldío abandonado. Bajo cuidado. Esta es la
condición de aquellos favorecidos con los privilegios y bendiciones de la de
Dios. Esta es especialmente la condición de aquellos que son miembros de
la Iglesia.
2. Quienes son favorecidos con los medios espirituales dados por el Señor
3. Quienes son los sujetos de las especiales y ricas promesas de Dios
4. A quienes se imparten gratuitamente las gracias y los dones del Espíritu
Santo.
5. Quienes son los objetos del cuidado y complacencia Divina. Estamos
dirigidos–
II. A LAS EXPECTATIVAS DEL PROPIETARIO. Vino buscando fruto (Lc 13,6).
Esta expectativa era razonable. Dios esperaba esto de los judíos. Les exigió
que fueran más sabios, santos y obedientes que los paganos que los
rodeaban. Dios requiere esto de todos los escogidos con los privilegios y
bendiciones del evangelio. Él espera que demos frutso
1. Que sus corazones produzcan los frutos.
2. Que sus labios den fruto de acción de gracias y alabanza.
3. Los frutos de la obediencia a Dios en su vida.
4. Los frutos de utilidad, por el empleo de sus facultades y talentos en Su
servicio.
III. DECEPCIÓN DEL PROPIETARIO.
IV. EL MANDO EMISARIOS . Córtalo; ¿Por qué estorba el suelo? (Lucas 13:7).
1. Esta frase no fue apresurada. Había habido tres años de cuidado, trabajo
y tolerancia. Dios ejerció Su gran longanimidad hacia los judíos. A todos Dios
les manifiesta paciente y perdurable paciencia.
2. Se asigna una razón suficiente para la orden dada. “¿Por qué estorba el
suelo?” No tenía valor en sí mismo. Ocupaba un terreno precioso. Tomó las
porciones nutritivas del suelo que requerían los árboles útiles y fructíferos.
V. EL PEDIDO QUE PRESENTA EL VIÑADOR. “Dijo: Señor, déjalo también
este año”, etc. (Lc 13,8). No niega las acusaciones del propietario. Él no
vindica la continuación final del árbol. Pero ruega–
1. Por un breve período de suspensión de la sentencia. Un año. ¡Solo un año!
Una ronda de las estaciones. Un año de lluvias y sol.
2. Se compromete a prestarle especial atención. “Excavaré alrededor de ella
y la abonaré” (Luc 13:8). Intentaré buscar la causa y utilizaré todos los
medios razonables para remediarla. Añade además–
3. Su voluntad entonces de obedecer la orden del propietario. Esto no solo
está implícito, sino directamente establecido. “Si da fruto, bien”—bien para
el árbol, el propietario y el viñador; “Y si no, la cortarás” (Luc 13:9). Esta
súplica por el labrador se ha verificado a menudo en las oraciones del padre,
del amigo, pero es verdad en el más alto y mejor sentido del Señor Jesús. Él
siempre vive para interceder. (J. Burns, DD)
La higuera estéril
Yo. Observe LA SITUACIÓN DEL ÁRBOL, el lugar donde se encuentra. Está
en la viña de Dios, y nuestro Señor nos dice cómo llegó allí. La viña no estaba
en su situación natural. No brotó allí, ni fue traído allí por accidente. Dios
mismo lo hizo plantar allí.
II. Ver a continuación LO QUE SE ESPERA DE ESTE ÁRBOL. ¿Es que echará
raíces y crecerá donde sea plantado, y recibirá las lluvias del cielo cuando
caigan sobre él? Podemos decir, “Sí”; pero Dios dice: “No, esto no me
saciará; lo que quiero de él es fruto, no ramas extensas y follaje exuberante;
la higuera silvestre del desierto me las dará. Debo tener de ese árbol algo
que responda a la situación en que lo he puesto, ya los cuidados y dolores
que le he dado. Vengo a ella buscando fruto.” ¿Y cuál es esta fruta? No son
esas cosas que algunos de nosotros quizás tenemos ahora en nuestras
mentes, las virtudes sociales y morales, la caridad, la honestidad y cosas por
el estilo. Todos estos son buenos a su manera, pero estos son frutos del
crecimiento de la naturaleza.
. Dios quiere de nosotros frutos que correspondan a los privilegios que nos
ha otorgado; no sólo más fruto del que cualquier pagano podría darle, sino
fruto de otro tipo: el fruto cristiano, tal fruto que nada sino el evangelio de
Cristo puede producir, y nadie sino los hombres plantados en Su Iglesia, y
traídos bajo la influencia de ese evangelio, alguna vez lo rindió.
III. Y ahora pasemos a otro punto de la parábola: EL ESCRUTINIO QUE ESTA
HIGUERA SE ATRAE SOBRE SÍ MISMO. Fíjense, el dueño de la viña no se
olvida del árbol cuando lo ha plantado, ni se sienta en casa esperando que
sus siervos le traigan el producto de él cuando lo hay; se le describe viniendo
una y otra vez a su viña, y subiendo a este árbol y examinándolo. “Él vino y
buscó fruto en ella”; estaba ansioso por el asunto, ansioso, no solo de
recoger el fruto si podía encontrarlo, sino también de no pasarlo por alto si
lo hubiera.
Ninguno nos mira como Dios. No lo vemos cuando está a nuestro lado; el
gran Observador nuestro es invisible y Su escrutinio silencioso; tal vez no
pensamos más en Él de lo que un árbol en nuestro jardín piensa en nosotros
cuando caminamos junto a él; pero Él nos marca a cada uno de nosotros
cada hora con la más minuciosa atención. Él escucha nuestras palabras, se
familiariza con nuestras obras.
IV. Observen LA MARAVILLA DE LA PACIENCIA DE DIOS CON ESTE ÁRBOL
INFRUCTUOSO. “He aquí, estos tres años vengo a buscar fruto en esta
higuera, y no lo hallo”. Hay sorpresa, observa, expresada en este lenguaje;
sorpresa, puede ser, por la esterilidad de tal árbol en tal lugar; pero aún más,
es sorpresa por la paciencia de Dios hacia Él, lo que estas palabras parecen
expresar principalmente. El Señor habla en ellos como si Él mismo se
maravillara de su propia paciencia.
V. Pero fíjate en EL DESCOMPLETO EXPRESADO POR FIN CONTRA ESTE
ÁRBOL INFRUTIVO. Es un disgusto que se ha mantenido bajo control
durante mucho tiempo. Viene sobre nosotros después de una larga
paciencia con nosotros. Es algo que ha triunfado sobre un gran amor y una
gran paciencia; no el fluir de un arroyo que siempre ha tenido un curso libre,
moviéndose a lo largo de un canal sin obstrucciones, es un río que estalla a
través de aguiluchos que lo han maldecido por mucho tiempo, y
derramando sus aguas acumuladas en un montón desolador. Mira aquí. El
paciente dueño de este árbol se vuelve de inmediato decidido a destruirlo.
Durante tres años sube a él, buscando entre sus hojas frutos; se va
desilusionado, pero silencioso. No hay que culpar al árbol, ni quejarse de él.
Las personas en la viña, que han presenciado todo esto, pueden haber
dejado de notarlo, o si aún lo notan, pueden decir: “Ese árbol está a salvo.
Infructuoso como es, por alguna extraña razón nuestro amo lo ama, y tanto
lo ama que nunca lo quitará.
Pero de repente viene la orden: “Cortadlo; ¿Por qué estorba el suelo?”. ¿Y
qué sigue? ¿Se nivela el árbol de inmediato? No; para aviso–
VI. LA INTERCESIÓN HECHA PARA ÉL. Respondiendo el labrador de la viña,
le dijo: Señor, déjala también este año, hasta que cave alrededor de ella y la
abono; y si da fruto, bien; y si no, después de eso lo cortarás. Aquí, sin duda,
se nos presenta una escena celestial. Sólo hay un Mediador que puede
interponerse eficazmente entre Dios y el hombre. Ministros, padres y
amigos pueden decir acerca de este o aquel pecador: “Señor, déjalo en
paz”. Él es el viñador que ruega por este árbol inútil para salvarlo de la
destrucción. ¡Y cuán naturales y conmovedores son los términos en que se
hace Su intercesión! Ni una sola palabra pronuncia contra este árbol estéril.
Ni una palabra dice de todo el trabajo que le ha dado. Con maravillosa
piedad y condescendencia, parece atribuir su larga infructuosidad a su
propia negligencia. “Señor, déjalo en paz. La culpa puede ser mía. No he
hecho por ello todo lo que pude. De ahora en adelante haré más. Se
convertirá en el objeto especial de Mi trabajo y cuidado.” Y luego viene en
estas palabras una mirada a todas las gloriosas consecuencias que seguirían.
“Si da fruto, bien”, dicen nuestros traductores, pero no hay una palabra que
responda a “bien” en el original.
Nuestro Señor no dice lo que seguiría a la fecundidad de este árbol. Se
interrumpe como si no pudiera decir. Parece como si toda la gloria y el
deleite que resultaron para Su Padre y para Él mismo de la salvación de un
pecador se precipitaron a Su mente y lo silenciaron. “Si da fruto, ¡oh, la
felicidad de ese pobre pecador, y oh, el gozo indecible para ti y para mí!”
Pero, fijaos, es sólo un año que el Intercesor pide este árbol, un año, una
temporada limitada. Después de eso, dice, ya no intervendrá más; y más—
Él aceptará la sentencia de su destrucción; “Tú lo cortarás”. No sé,
hermanos, cómo este lenguaje puede impresionar a algunos de ustedes,
pero me parece que hay algo muy temible en él. ¿Quién es el que promete
aquí consentir después de un poco en la destrucción total de todo oidor
infructuoso de la verdad de Dios entre nosotros? No es otro que Aquel que
ha derramado la sangre de Su corazón por nuestra salvación, y que durante
toda nuestra vida ha estado suplicando que seamos salvos. Es doloroso
tener un buen amigo terrenal que nos abandone, pero ser abandonado, y
entregado a una destrucción segura, por el bendito Jesús, el más
bondadoso de todos los amigos, Aquel que nos soporta y nos ama como
nadie sino Él mismo puede soportar. y el amor, pensemos lo que queramos,
hay algo espantoso en esto. Es como un padre que ha amado con cariño a
un hijo, un hijo sin valor, mientras que todos a su alrededor han estado
clamando justicia para él; es como si ese padre finalmente se viera obligado
a decir: “No puedo aguantar más. No puedo hacer mas. Que la justicia se lo
lleve”. (C. Bradley, MA)
La higuera salvó otro año
III. DIOS ESPERA FRUTO DE NOSOTROS. Y con razón.
1. Pregúntense, entonces, hermanos, ¿dan frutos que correspondan a su
profesión de arrepentimiento? ¿Habéis resucitado de un estado de
inconversión y andando en novedad de vida?
2. ¿Da frutos que respondan a su profesión de fe? Profesas creer en Aquel
que te ha comprado con Su sangre. ¿Ya no estáis viviendo para vosotros
mismos, sino para Aquel que murió por vosotros?
3. ¿El fruto que das es adecuado a las oportunidades y medios de gracia que
disfrutas? Muy favorecidos sois, hermanos; sois miembros de una Iglesia
pura; os reunís en una forma pura de adoración. La Palabra de Dios, los
sacramentos son tuyos; a vosotros es predicado el evangelio. ¿No podría el
Señor de la viña haber puesto el hacha en la raíz? ¿Por qué estás a salvo?
Porque Dios es paciente, misericordioso, y quiere que te arrepientas.
IV. OBSERVA QUE EN EL JUICIO DIOS SE ACUERDA DE LA MISERICORDIA.
Bien podría decir la justicia: “Córtalo”. Pero hay un Abogado en el cielo. He
aquí a Uno que intercede a la diestra de Dios: “Déjalo también este año,
hasta que cave alrededor de él y lo excreme; y si da fruto, bien”. Bendito sea
Dios, por nosotros la misericordia se regocijó contra el juicio. Todavía
estamos a salvo; ¿Y con qué fin ha sido Cristo Jesús tan paciente? Es para
que Él pueda mostrar una bondad aún más rica; para que pueda probar
medios más abundantes. Déjalo en paz, hasta que cave alrededor de él y lo
excreme. “Y si da fruto, bien”. Todos los cuidados y dolores habrán sido bien
repartidos, si, después de todo, el pecador da fruto para Dios. La
misericordia de Dios será magnificada; Su gracia exaltada.
V. Y ahora, por último, OBSERVA LA MUERTE SEGURA DE AQUELLOS QUE
CONTINUAN AÚN SIN FRUTO:–“Si no” (si el árbol no da fruto), “entonces
después de eso lo cortarás”. Es, pues, posible agotar la paciencia del mismo
Dios. Es posible, por un corazón duro e impenitente, dejar pasar el día de la
gracia. Puede que llegue un momento en que la misericordia dejará de
interceder y dejará lugar únicamente para el juicio; cuando Cristo mismo
renunciará a su intercesión. Oh, terrible estado en el que el Salvador mismo
se retira; cuando Su Espíritu, afligido, resistido, apagado, abandona
finalmente el corazón de piedra. Luego sigue una insensibilidad semejante
a la muerte: una apatía terrible hacia todas las cosas espirituales, o, puede
ser, un crecimiento diario en toda iniquidad, hasta que finalmente la copa
del pecador está llena. (E. Blencowe, MA)
La higuera estéril
Yo. LA PLANTACIÓN DE LA HIGUERA.
1. Este “cierto hombre” denota a Dios. A Él pertenece todo. “Suya es la tierra
y su plenitud; el mundo y los que en él habitan.” Pero la Iglesia es
peculiarmente Suya, como es llamada por Su nombre, y formada para
proclamar Su alabanza.
2. Pero, ¿a quién se refiere la higuera? No puede ser un verdadero cristiano.
Todos los verdaderamente regenerados son fructíferos. No
son igualmente, pero son realmente, fructíferos. El carácter que aquí se
pretende es un hombre colocado en la Iglesia externa y visible, y gozando
de todos los privilegios de una situación tan favorecida. Una vez fue el judío
muy favorecido. Ahora es el cristiano muy favorecido, bendecido con todas
las ventajas religiosas del judaísmo, multiplicado, mejorado, perfeccionado:
ahora es el británico muy favorecido, nacido no solo en una tierra de libertad
y ciencia, sino de la gracia del evangelio. Eres tú quien fuiste criado en una
familia piadosa y favorecido con las oraciones, las instrucciones, los
ejemplos, las lágrimas de padres piadosos. Eres tú quien tienes un nombre
y un lugar en Su santuario, de sábado a sábado, donde “tus ojos ven a tus
maestros, y tus oídos oyen una voz a tus espaldas que dice: Este es el
camino, andad por él cuando torcer a la derecha, y cuando torcer a la
izquierda.”
II. LA QUEJA DEL PROPIETARIO.
1. Su observación.
2. Su decepción.
3. Su paciencia. “Estos tres años”. ¿Por qué no se quejó el primer año? ¿Por
qué no lo destruyó el segundo año? ¿Por qué lo soporta hasta el final de la
tercera? ¿Por qué? Para enseñarnos que el juicio es Su extraña obra, que Él
se deleita en la misericordia; que Él espera ser misericordioso; que es
paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que
todos procedan al arrepentimiento.
III. LA SENTENCIA DE DESTRUCCIÓN: “Córtala; ¿Por qué estorba el suelo?
Aquí vemos–
1. Que aquellos que no obtienen ningún beneficio de los medios de gracia
son perjudiciales.
2. La inutilidad bajo los medios de la gracia irrita sobremanera al Altísimo. ¿Y
podemos asombrarnos de esto cuando consideramos qué pérdida de
tiempo es; qué abuso de privilegio; qué desprecio de la bondad divina; ¡Qué
desprecio del alma y de la eternidad! El pecado debe estimarse no por su
grosería, sino por su culpa. ¿Y qué agrava la culpa? La luz que poseemos; las
obligaciones bajo las cuales estamos; las restricciones que rompemos.
3. Dios posee tanto la justicia como la misericordia; y aunque soporta
mucho, no soportará siempre. “La sentencia contra una mala obra no se
ejecuta pronto”; y, como consecuencia, el corazón de los hijos de los
hombres a menudo está completamente dispuesto en ellos para hacer el
mal. ¡Pero qué absurdo, además de peligroso, es un razonamiento tan
perverso! ¿La paciencia es perdón? No.
IV. LA INTERCESIÓN DEL LABRADOR.
1. Pide la suspensión del golpe. “Déjalo solo este año también”. Lo has
soportado mucho tiempo, lo reconozco; ¡oh! sopórtalo un poco más. ¿Y por
qué está tan deseoso de perdonar al pecador un poco más en este mundo?
Porque, para que tengamos la gracia del arrepentimiento, es necesario que
tengamos espacio para el arrepentimiento: porque mientras hay vida hay
esperanza; pero “cuando el dueño de la casa se haya levantado y cerrado la
puerta”, la oportunidad se acaba, la inoportunidad es vana.
2. Se compromete a usar medios adicionales para producir fertilidad: “Hasta
que cavo alrededor de él y lo excremento”. La Palabra será predicada con
más fervor que antes. El ministro será particular en describir su caso, en
alarmar sus temores. Los amigos deben advertir, amonestar, invitar. La
conciencia se despertará y reprobará. Las desilusiones le mostrarán la
vanidad del mundo. La enfermedad invadirá su estructura. La muerte
entrará en su familia y herirá una conexión a su lado. El día en que él vive
será oscuro y nublado. Oirá hablar de “angustia de las naciones con
perplejidad; el mar y las olas rugiendo; desfalleciendo los hombres por el
temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque
las potencias de los cielos serán conmovidas.” ¿Y podrá retener su impiedad
durante un año como este?
3. He aquí el supuesto de producción futura. “Si da fruto, bien”. Bien por el
dueño (Juan 15:8). Bien por el viñador, ya que su trabajo será
recompensado. Bien por la viña; será adornado, enriquecido y reabastecido.
Bien por el árbol mismo, ya que escapará del castigo de la esterilidad y
obtendrá la bendición de la fecundidad.
4. Aquí está el destino de la impenitencia final. Incluso la paciencia del
Salvador puede agotarse. (W. Jay.)
Amenaza de juicio, pero clemencia
Yo. A todos los pecadores inútiles y mentirosos, pronunciamos esta dura,
pero necesaria frase: RECORTARLOS SERÍA MUY RAZONABLE. Es correcto
y razonable talar árboles estériles, y es igualmente correcto y razonable que
tú seas talado.
1. Esto aparecerá en primer lugar, si reflexionamos que esta es la forma más
corta y segura de tratar contigo; costará la menor cantidad de problemas y
será ciertamente eficaz para sacarlo del lugar para el que es una lesión en
lugar de un beneficio.
2. Otra razón hace que el argumento a favor del juicio sea muy poderoso, a
saber, que ya se ha dado suficiente espacio para el arrepentimiento.
3. Pecador, creo que discuto tu caso con dureza. Durante todo este tiempo
no ha habido ningún signo de mejora en ti.
4. Pero hay otras razones por las que “Cortarlo” es más razonable, cuando
consideramos al propietario y los otros árboles.
(1) En primer lugar, aquí hay un árbol que no da ningún fruto, y por lo tanto
no sirve. Es como dinero mal invertido, que no genera interés; es una
pérdida total para el propietario. ¿De qué sirve guardarlo? El árbol muerto
no es ni uso ni ornamento; no puede rendir ningún servicio ni proporcionar
ningún placer. Córtalo por todos los medios. Y así contigo, pecador; ¿De qué
te sirve?
(2) Pero hay una consideración peor, a saber, que todo este tiempo has
estado llenando un espacio que alguien podría haber estado llenando para
la gloria de Dios. Donde se encuentra ese árbol estéril, podría haber habido
un árbol cargado de fruta.
(3) Además, y para empeorar el mal hasta el peor grado, todo esto mientras
los hombres impíos están extendiendo una mala influencia.
II. Nuestro segundo trabajo más solemne es recordarte, oh pecador
impenitente, que QUE DIOS TE HAYA PERDONADO ES ALGO MUY
MARAVILLOSO. Que el Dios infinitamente justo y santo te haya perdonado,
hombre inconverso, mujer inconversa, hasta ahora, no es poca cosa, sino
cosa de adorador asombro.
1. Déjame mostrarte esto. Considera, negativamente, que Dios no te
perdona porque es insensible a tus pecados: está enojado con los impíos
todos los días.
2. No es porque la ofensa esté a distancia, y por lo tanto lejos de Su ojo
observador.
3. Fíjate, pecador, Él no te ha perdonado porque no haya podido destruirte.
Podría haber ordenado que se cayeran las tejas del techo, o la fiebre podría
haberte golpeado en la calle; el aire podría haberse negado a impulsar tus
pulmones, o la sangre podría haber dejado de circular por tus venas. Las
puertas a la muerte son muchas. La aljaba del juicio está llena de flechas
afiladas. El Señor sólo tiene que quererlo, y tu alma es requerida de ti. No se
te extrañará más de lo que se extraña una hoja seca en un bosque, o una
gota de rocío en mil leguas de hierba. El juicio necesita sólo una palabra para
obrar su máxima venganza, y además eres tan provocador que la maravilla
es que la severidad divina te haya ahorrado tanto tiempo. Admira y
maravíllate ante esta longanimidad.
4. Recuerda que este asombro se acrecienta, cuando piensas en el fruto que
Él mereció haber tenido de ti. Un Dios tan bueno y tan misericordioso
debería haber sido amado por ti.
5. Y ¡ah, mis oyentes! Tengo que referirme a una parte muy solemne del
asunto ahora, cuando noto nuevamente que algunos, quizás, aquí
presentes han sido culpables de pecados que provocan a Dios. ¿Será Dios
siempre provocado? ¿Se os predicará la misericordia para siempre en vano?
Es una maravilla, es una maravilla que estos pecados que provocan a Dios
hayan sido soportados durante tanto tiempo, y que aún no hayas sido
cortado.
III. Y ahora, ¿CUÁL ES LA RAZÓN DE TODA ESTA SUFRIMIENTO? “¿Por qué
no ha sido talado este árbol derribado? La respuesta es, porque hay Uno que
intercede por los pecadores. Pero, ¿cuál ha sido la causa secreta de que te
hayan mantenido con vida? La respuesta es, Jesucristo ha suplicado por ti,
el Salvador crucificado ha interferido por ti. Y me preguntas “¿Por qué?”
Respondo, porque Jesucristo tiene interés en todos ustedes. (CHSpurgeon.)
Lecciones de la higuera
1. Esta parábola corta todas las súplicas de bondad negativa. La
improductividad es decididamente criminal.
2. Esta parábola os llama a examinaros a vosotros mismos, si sois estériles o
fructíferos; y seguir el resultado correctamente, cualquiera que sea.
3. Esta parábola nos llama a todos a estar agradecidos con el Señor por
salvarnos hasta ahora. Nos da este llamado a nosotros sin excepción, y
especialmente si alguno de nosotros se ha salvado en el tiempo de gran
peligro, restaurado de una enfermedad grave.
4. Ninguno de nosotros abuse tanto de la misericordia de Dios como para
presumir de ella para el futuro; pero mejoremos todos la presente
temporada sin demora, y mantengámonos en constante preparación para
la muerte. (James Foote, MA)
La higuera estéril
Los principios que subyacen a esta parábola son, brevemente, estas: Que
mucho se demandará de aquellos a quienes mucho se les ha dado; que, si
aquellos a quienes se ha dado mucho no cumplen con lo que se les exige, se
pronunciará contra ellos sentencia de destrucción; y que, aunque la
ejecución de esta sentencia puede ser diferida por la intercesión de Cristo,
ciertamente se llevará a cabo si no se manifiesta el arrepentimiento y la
enmienda.
Yo. DIOS NOS HA PUESTO EN LAS CIRCUNSTANCIAS MÁS FAVORABLES
PARA QUE DAMOS FRUTO. Los privilegios de los judíos eran pequeños en
comparación con los que disfrutamos nosotros. Ellos tenían los profetas;
tenemos al Hijo de Dios. No olvidemos nunca que la responsabilidad es
proporcional al privilegio.
II. DIOS ESPERA FRUTOS EXCEPCIONALES DE UN ÁRBOL AL QUE HA DADO
TALES VENTAJAS EXCEPCIONALES. Si tenemos mucho más que otros,
deberíamos ser mucho mejores que ellos. El fruto en este caso es el del
carácter: lo que somos más que lo que hacemos: lo que hacemos sólo en la
medida en que es el resultado genuino y la revelación espontánea de lo que
somos. La justicia, la mansedumbre, la fidelidad, en una palabra, la
excelencia moral que brota de nuestra fe en Cristo y de nuestra devoción a
Él, ese es el fruto que Dios espera encontrar en nosotros como ocupantes
de su viña.
III. DIOS PRONUNCIA SENTENCIA DE DESTRUCCIÓN A TODOS LOS QUE,
HABIENDO TENER TALES PRIVILEGIOS, NO DAN FRUTO (ver Juan
15:6;Mateo 7:19). Los judíos son un ejemplo de esto; las siete Iglesias en Asia
son otra. Si deseamos asegurar una prosperidad permanente, debemos
recordar que solo podemos hacerlo manteniendo una fecundidad
constante en las obras de fe y las obras de amor, y la santidad de carácter.
Cuando estos desaparezcan y la esterilidad se asiente, entonces vendrá la
oración: “Córtala”.
IV. ESTA SENTENCIA, PRONUNCIADA SOBRE LA HIGUERA ESTÉRIL, NO SE
LLEVA A EJECUCIÓN INMEDIATAMENTE. Por toda tregua que se
interponga, en todo caso, entre el mal merecido y su castigo inmediato, los
hombres están en deuda con la intercesión de Cristo.
V. UN RESPIRO NO ES UN PERDÓN. Sólo un aplazamiento. Tenga cuidado
de no considerar la paciencia de Dios, que está destinada a dar lugar al
arrepentimiento, como una manifestación real de indiferenciao aprobación.
La culpa después de tal indulgencia, y contra ella, será mayor que antes.
(WM Taylor, DD)
De Cristo que busca fruto y no lo encuentra
Aquellos quienes disfrutan de los medios de la fecundidad deben dar fruto;
aquellos que están plantados en la viña del Señor, y tienen una posición bajo
los medios de la gracia, deben ser fructíferos. Esto está claro en las palabras,
y de hecho en cada parte de esta parábola.
1. Se plantan en la viña con este fin. Ese es el lugar apropiado para los árboles
frutales; otro lugar que la viña les serviría, si no se pusieran allí para dar
fruto.
2. El Señor, que les da lugar aquí, lo espera. Se dice que viene y busca fruto
(Luk 13:6-7). Es lo que tiene justa razón para buscar.
3. Se resiente atrozmente cuando no encuentra fruto, y expresa su
resentimiento al labrador de su viña. Es un abuso de su paciencia; cuanto
más soporta tal esterilidad, más se abusa de ella. Es una provocación con la
que no soportará mucho tiempo. Después de tres años de indulgencia, dicta
esa severa sentencia, “córtala”.
4. Es una lesión en el lugar donde se paran. Obstaculizan el suelo, por eso la
sentencia (Luk 13,7). Ocupa esa habitación que podría estar mejor
empleada; chupa esa humedad que haría fructificar a otros; desborda las
plantas que están debajo de él, impide la expansión y fecundidad de otras.
Se podría mejorar mejor el terreno; es una pérdida para el dueño de la viña,
cuando tal planta se sufre, καταργεῖ; lo que puede significar gastar el
corazón de la tierra en vano (Luk 13:7).
5. Aquellos que tienen más ternura por tal, no pueden tener motivos para
buscar una larga paciencia de esta esterilidad. El labrador de la viña se
atreverá a suplicar no más de un año, después de eso la entregará a excisión
(Luk 13:8- 9).
6. Todo el trabajo y el dolor, todo el cuidado y la cultura, al excavar y abonar,
se pierden en él. Aquellos a quienes el Señor emplea para usar todos los
medios para su mejoramiento, no les queda nada en el asunto, sino motivo
de triste queja, porque han trabajado en vano, gastando sus fuerzas en
vano Isaías 49:4).
7. Tales ciertamente se arruinarán. Donde no se encuentra fruto, no se
puede esperar nada más que talar. El señor de la viña no los perdonará, ni
los labradores de la viña intercederán más por ellos. Todos en un ratito
coinciden en esa fatal conclusión, “córtala”. Todos estos, y cada uno de
ellos, hacen evidente que aquellos que están plantados bajo los medios de
la gracia, están muy preocupados por dar fruto. La indagación más
pertinente y provechosa, para mayor aclaración de esta verdad, será, ¿qué
frutos deben producir? ¿Qué hemos de entender por fruto, y esa fecundidad
que es tanto nuestro deber? Y de esto os daré cuenta por la calidad, cantidad
y continuidad de ello. A estos encabezados podemos reducir aquellos
varios, por los cuales las Escrituras nos expresan lo que es este fruto.
Yo. POR CALIDAD. Debe ser buen fruto. Uvas, no “uvas silvestres”.
1. Reales. Un espectáculo, una apariencia de fruto no será suficiente. Si no
es real, no tiene una bondad metafísica y mucho menos moral o espiritual.
La higuera en el evangelio hizo algún espectáculo de frutos; pero Cristo, al
no hallarlo realmente, lo maldijo y se secó (Mat 21:19). No debe ser como la
manzana de Sodoma, que no tiene nada que la elogie, sino sólo una
hermosa exterior. Las bellas apariencias pueden engañar a los hombres y
pasar por mejores frutos para ellos que lo que es realmente bueno. Pero
Dios no es, no puede ser burlado; es Él el que viene a buscar el fruto, y no es
la más bella muestra la que le satisfará, debe ser real.
2. Debe ser tal que implique un cambio del alma que lo produzca.
3. Debe ser fruto distintivo; como ningún árbol puede producir sino buenos,
y que muestren su bondad (Mat 7:16; Mat 7:16; Mateo 7:20); los que
aprobéis ante Dios y vuestras propias conciencias para que seáis árboles de
justicia, plantados por el Señor, y que también deis a conocer esto a los
hombres, en la medida en que sea conocido por hechos visibles; tales que
puedan llevar una convicción con ellos a las conciencias de otros, que
ustedes son de hecho lo que profesan ser, tales que no les dejen una justa
excepción en contra de ello (1Pe 3:16).
4. Condimentada. Para que sea buen fruto, debe ser producido “a su
tiempo” (Sal 1:1-6.; Mateo 21:41). El señor de la viña busca fruto en su tiempo
(Mar 12:2; Lucas 20:10). Hay un tiempo para todo (Ecl 3:1), y entonces, si es
que lo hay, es bueno.
5. Sonido. Una piel blanca no basta para dar fruto para bien, si por dentro
está podrida. Y así es nuestro fruto, si el temperamento interno y los
movimientos del corazón no se corresponden con las acciones y
expresiones externas.
II. Por la CANTIDAD. Debería ser mucho (Juan 15:5; Juan 15: 8). Debe haber–
1. Una plenitud de fruto. Los que gozan de los medios, no sólo deben dar
fruto, sino ser fructíferos; debe dar abundancia. El corazón y la vida deben
estar llenos de ella (Filipenses 1:11).
2. Una proporcionalidad a los medios de fecundidad, a la abundancia y
potencia de los mismos. Tanto como responderá el cuidado y los dolores se
toman con ellos. Si un hombre se esmera más y tiene más responsabilidad
en abrir las raíces de un árbol, y abonarlo, y podarlo, cercarlo y regarlo, y da
menos o no más fruto que otro que no tiene tal cuidado y afanado con él,
difícilmente pasará por un árbol bueno y fructífero. Esa es tierra estéril, que
produce menos, después de todo cuidado y cultura, que la que tiene menos
labranza.
3. Un incremento. Aquellos que disfrutan de los medios de la fecundidad,
deben crecer más y más fructíferos. Cuanto más tiempo permanezcan en la
viña, y continúen bajo los medios de la gracia, más fruto deben dar. No
esperas mucho de un árbol el primer año; pero después de que está en
condiciones de producir, esperas que cada año aumente en fecundidad, y
produzca más y más. Así espera el Señor de nosotros.
4. Variedad. Su fruto no solo debe ser mucho de algún tipo, sino de todo
tipo. No solo deben abundar en alguna clase de fruto, sino que deben
producir frutos de toda clase.
III. Para CONTINUACIÓN. Debe ser un fruto duradero. De los cuales en tres
particulares.
1. El fruto que den debe continuar, no debe marchitarse ni reducirse a nada
antes de que el Señor de la viña venga a segarlo.
2. Deben seguir dando frutos. La buena tierra sí se aprobó a sí misma como
buena, porque dio fruto “con paciencia” (Luk 8:15). Sólo son tierra buena y
fértil los que perseveran y se esfuerzan en dar fruto.
3. Deben llevarlo siempre; no sólo semper, como un árbol que nunca deja de
dar fruto una vez al año, sino ad semper,como si un árbol debiera dar fruto
todo el año.
Uso 1. Esto nos lleva a levantar un lamento por la esterilidad del lugar, la
esterilidad de la gente de esta tierra.
Uso 2. Para exhortación. Si aquellos que disfrutan de los medios de la
fecundidad deben dar a luz, entonces están muy interesados en tomar nota
de ello como su deber, ser fructíferos y cumplir con el Señor aquí. (D.
Clarkson, BD)
La parábola de la higuera
Yo. Aquellos a quienes les corresponde vivir dentro de los límites de la
Iglesia visible, son un pueblo muy favorecido. Comparados con el resto de
la humanidad, son como un campo o jardín cerrado, en cuyo cultivo o
adorno el propietario pone grandes esfuerzos y gastos.
II. Dios requiere, y tiene derecho a esperar, que aquellos que son tan
altamente favorecidos produzcan frutos de la misma clase. Es la
peculiaridad del evangelio que el privilegio precede al deber, pero siempre
se da por sentado que el deber seguirá.
III. A menudo hay gran motivo de lamentación y queja, de que aquellos que
son favorecidos por Dios, en punto de privilegio, dejan de rendirle
homenaje. ¡Cuántos hay que desprecian la bondad, la longanimidad y la
paciencia de Dios! ¡Cuántos hay que no conocen este día de su visitación
misericordiosa!
IV. Dios está justa y dolorosamente irritado por tal conducta. “Córtalo”, dice
Él, “¿por qué estorba el suelo? “De qué sirve que permanezca más tiempo,
sino para llenar espacio en ese jardín en el que he puesto tantos dolores,
para interceptar la luz del sol de los otros árboles que están dando fruto,
para quitarles la savia ?
V. A Dios le agrada perdonar a los miembros inútiles de la Iglesia y extender
su día de gracia, a pesar de todas sus provocaciones. (T. McCrie, DD)
Producir fruto
Se espera que todo hombre ser fructífero de una forma u otra; no hay
situación en la que un hombre no pueda producir buenos frutos. Los siervos
pueden dar buenos frutos ante sus superiores. Escuché, el otro día, de una
sirvienta, una persona piadosa, que deseaba cambiar su lugar. “¿Tu maestro
ha sido poco amable? ¿No te dio suficientes salarios? “No; da más de lo que
tendré en otra parte; pero son tan malvados que no puedo soportar sus
caminos. Preferiría trabajar más duro, con menos salarios, que quedarme a
ver sus malas acciones”. Queridos hermanos, oro esto por ustedes: que Dios
les enseñe a odiar el pecado dondequiera que lo vean, y que no se burlen de
él ni le hagan un guiño. Deseo hacer de todos vosotros buenos cristianos
bajo el influjo de aquella gracia que es la única que os puede hacer sabios
para la salvación. Maestros, podéis hacer mucho bien. Una vez escuché una
anécdota de una pobre sirvienta. Se fue a vivir a una casa, pero después de
un tiempo quiso dejar su lugar. Le recomendaron que se quedara, ya que
eran personas religiosas. “Oh”, dijo ella, “no volveré a ir a una casa como
esta; porque, mientras que el amo y la señora fingen ser muy piadosos
cuando están fuera, son unos demonios en casa. Déjame ir más bien donde
los justos son una burla, y donde la justicia es completamente despreciada.”
Os digo que la verdadera justicia crea el cielo en las casas de los hombres; y
donde está el temor de Dios, hay rectitud en cada departamento, y es la
gloria del círculo familiar.
(Rowland Hill, MA)
La higuera sin higo
En cuanto a Dios, debemos ser fructíferos. Primero, porque Él lo ha
merecido. En segundo lugar, Él lo busca. En tercer lugar, y cuando lo
encuentra, se considera honrado y glorificado por él. Primero, EL FRUTO
MERECIDO DE NOSOTROS, al habernos comprado a precio caro de nuestra
vana conversación, para servirle todos nuestros días en santidad y justicia;
Él nos ha escogido para que seamos “un pueblo propio suyo, celoso de
buenas obras”, y nos ha escogido antes que a los demás, para que seamos
fructíferos y nuestro fruto permanezca y abunde. Él nos ha hecho hechura
suya, por el llamamiento eficaz de la gracia, y
“nos creó para buenas obras, para andar en ellas”. Él nos ha plantado, nos
ha cercado, nos ha abonado, nos ha regado con el dulce rocío de Su Palabra
y evangelio del cielo; nos recortó con su podadera de juicios y correcciones.
“¿Y qué más podría hacer por nosotros que no haya hecho?”
Dios ha puesto en esperanza, plantado en esperanza, regado en esperanza,
de algún retorno responsable, ¿y será negado? ¿O puedes imaginarte que
Dios ha tomado todos estos dolores contigo, y te ha otorgado todo este
costo, para que produzcas ramas verdes o flores alegres solamente? En
segundo lugar, ÉL
LO HA BUSCADO DE NOSOTROS, como habla nuestro texto. Ahora bien,
buscar implica diversas cosas: primero, un deseo ferviente de encontrar lo
que se busca, como Lucas
Mateo 13:45. Tan ferviente deseo tiene Dios de dar fruto en nosotros, a los
que ha plantado en su Iglesia, como se desprende de los patéticos discursos
que usa, Dt 5:29 ; Dt 32:29; Sal 81:13;
Os 6 :4. Y en este capítulo, Luk 13:34; Lucas 19:41-42. Por todo lo cual, y
muchos por el estilo, parece que Él busca seria y fervientemente el fruto, y
se aflige mucho cuando es engañado en Su expectativa. En segundo lugar,
Procurar la diligencia y frecuencia de las importaciones. No es raro sino un
acto continuado. Entonces Hijo 3:1-4; Lucas 15:8; 2Ti 1:17. Así Dios viene y
busca fruto, no una vez, no dos veces, y luego se da por vencido, sino que
viene a menudo. En tercer lugar, Buscar implica mansedumbre y
mansedumbre. En tercer lugar, DEBEMOS PRODUCIR FRUTO, PORQUE
DIOS SE MANTIENE GLORIFICADO EN ÉL. “En esto es glorificado mi Padre”
(dice Cristo) “en que llevéis mucho fruto” (Juan 15:8). En segundo lugar,
debemos tener una consideración especial al crédito del evangelio, que es
la doctrina de la gracia de Dios, y enseña a los hombres a ser fructíferos, “en
la renuncia a todos los deseos impíos, y en una vida sobria, justa y
piadosamente en este mundo malo” (Tit 2:11-12). En tercer lugar, Dios tendrá
un cuidado especial de nosotros. A los israelitas en sus conquistas se les
prohibió levantar hacha contra cualquier árbol que diera fruto Dt 20:19-20).
Dios proveerá para todos los cristianos fructíferos en calamidades públicas
(Eze 9:4). En cuarto lugar, “será con nosotros según nuestro fruto” (Jer
17:10). Leemos que Jerjes adornó el plátano , y lo colgó con muchas joyas
ricas y preciosas, porque se deleitaba en su sombra; mucho más adornará
Dios los árboles fructíferos, porque se deleita en su fruto. En esta vida Él
recompensará con gloria y honra. El cristiano fecundo lleva en su corazón
un cielo, alegría y consuelo Hijo 7,7), una comunión feliz y bendita que es
entre Cristo y él ; y de aquí en adelante le queda una bendición por Heb 7:8).
Y así habéis oído qué razón tenemos para ser fructíferos, tanto con respecto
a los demás, como a nosotros mismos y a los demás. Por último, si ponemos
nuestra mirada en toda la creación, y en cada criatura que Dios ha hecho en
ella, podemos ser estimulados y provocados a la fecundidad. El cielo, la
tierra, el mar y todo lo que hay en ellos son fructíferos en su género; ¿Y será
el hombre estéril y sin fruto, para quien todo esto es fructífero? (N. Rogers.)
Dios el Dueño de la viña
Ahora brevemente de el interés peculiar y la propiedad del propietario en el
mismo. Es Su viña. ¿Cómo suyo? ¿Es Él el dueño y poseedor de nada más que
eso? y la higuera mencionada allí creciendo? “Del Señor es toda la tierra y su
plenitud; el mundo redondo, y los que en él habitan”, dice el salmista (Sal
24:1), y sin embargo en cuanto al afecto que Él lleva a la Iglesia, en cierto
modo se considera dueño de nada más que de esto. La Iglesia es la herencia
peculiar del Señor, Él la respeta más que a todo el mundo. “La porción del
Señor es su pueblo, la porción de su heredad es Jacob”, dice Moisés (Dt
32,9); son sus peculiares (Ex 19,5-6); Su gloria (Is 46:13); Su ornamento (Eze
7:20); Su trono (Jeremías 4:21); Su diadema Isa 62:3); Su Hephzibah (Isa
62:4); Su único deleite está en ella.
1. Los ha escogido de entre el resto del mundo. “Solo el Señor se deleita en
tus padres para amarlos, y escogió su simiente “después de ellos, vosotros
de entre todos los pueblos, como sucede hoy”, dijo Moisés a Israel Dt 10:15).
El Señor “ha escogido a Sión, la ha querido para su habitación”, dice David
(Sal 132:13-14). “Vosotros sois linaje escogido”, dice Pedro (1Pe 2:2). Dios
escoge por Su amor, y ama por Su elección; son llamados Suyos por
elección.
2. Ha comprado su heredad a gran precio; el mundo entero no le costó tanto
como su Iglesia, fue comprada con sangre. Él ha entrado en una alianza y
pacto con Su Iglesia, para convertirse en su Dios, y tomarlos como Su
pueblo, y así no lo ha hecho con el mundo además ( Os 2:13; 1Pe 2:10). El
hombre se parece con frecuencia a un árbol en la Escritura; entonces Job
19:10; Daniel 4:10-11; Dan 4:14; Daniel 4:20; Isaías 11:19; Ezequiel 17:24; Mateo
3:10; Mateo 7:17-19; Mateo 12:33. Los parecidos son muchos; Tome nota de
algunos.
1. Con respecto a la forma, un árbol tiene su raíz, tronco o cuerpo, ramas,
ramas y ramitas más pequeñas que salen de allí. La cabeza del hombre es su
raíz, su cuerpo responde al tronco o tronco de un árbol, sus brazos y piernas
son sus ramas y ramas, sus dedos de manos y pies las ramitas más pequeñas.
Sólo aquí está la diferencia, el hombre es arbor inversa, un árbol al revés,
dice el filósofo. Porque la raíz o la cabeza de un árbol está sobre la tierra, y
se extiende hacia el cielo en el tallo, las ramas y las ramas de la misma. Pero
el hombre (este árbol místico) tiene la cabeza hacia arriba, como su raíz; y
sus ramas y ramas crecen hacia abajo a la tierra: para enseñarnos (dice uno)
de dónde tenemos nuestra savia, humedad y alimento, no de la tierra abajo,
como la tiene el árbol (que fue la bendición de Esaú), sino del rocío del cielo,
que fue la bendición de Jacob (Gn 27,28-29).
2. En cuanto al crecimiento, existe cierta semejanza. Un árbol es primero
tierno en la ramita, luego rígido en el tronco; y por último, marchito y dócil
en la edad de ella. Así el hombre en su niñez e infancia es flexible,
inclinándose fácilmente a la virtud o al vicio, según se le enseña e instruye.
Como la cera, es apto para recibir cualquier impresión que se le ponga, y
(como Plinio habla del abeto) cuanto más cerca está de la raíz, más suave es
y menos nudoso. Así, cuanto más cerca está el hombre de la infancia y la
niñez, menos pecador y más libre de cursos viciosos; pero una vez que llega
a ser rígido, y confirmado en la fuerza de su ganado por la edad, entonces
se vuelve más duro y violento en sus cursos (como lo hicieron Roboam y
Joás): la sidra que cultivamos, por lo general peor somos. . Adam estaba
peor en calzones que antes; así es con su posteridad pecaminosa. Y así como
el hombre crece así en su juventud, así se desmaya en su vejez. Que sea tan
fuerte como la encina, tan alto como el cedro, tan erguido como el pino, tan
verde y floreciente como el laurel o el laurel; cuando la edad se apodera de
él, su fuerza se debilita, su altura mengua, su rectitud se tuerce, su verdor
se marchita.
3. Hay varios tipos y clases de árboles; unos más grandes que otros, y
algunos más altos; algunos más rectos, otros más anchos; algunos más
jóvenes, algunos mayores; algunos estériles, algunos fructíferos; así es
entre los hombres. No todos son del mismo rango y calidad, algunos son de
alto grado, otros bajos (Sal 61:2). Unos exaltados, otros derribados. Saulo
era un árbol alto, “más alto que los demás por la cabeza y los hombros”.
Zaqueo era un árbol bajo, más bajo que la gente por la cabeza y los hombros.
Absolom era un árbol hermoso, verde y recto, ninguno en Israel comparable
con él en belleza. Mefiboset era un árbol cojo y torcido desde su niñez, por
una caída que se salió de los brazos de su nodriza. Algunos son fructíferos,
otros infructuosos. De los cuales más adelante.
4. Con respecto al estado y condición externa, se mantiene la semejanza.
Los árboles altos están sujetos a los mayores peligros, estando expuestos a
la violencia de los vientos, a los relámpagos, a los golpes de los rayos, y
generalmente cuanto más altos son menos fructíferos. Los árboles bajos
están sujetos al ramoneo de las bestias, al pisoteo con los pies y a otras
veinte molestias. El árbol de mediana estatura es principalmente el más
seguro y da el mejor fruto. Así es con el hombre. Los que están en alto los
abre a los vientos de alteración, a los relámpagos de los desastres, a los
truenos de la envidia y la malicia. “Cómo han sido trastornados los
poderosos” (dijo David en su epitafio para Saúl). ¡Vaya! “¿Cómo están
caídos?” ¿Con qué frecuencia se parten con el peso y la grandeza de sus
propias ramas?
5. Los árboles no están exentos de enfermedades, como demuestra Plinio,
ni el hombre está exento de las suyas. El mismo autor nos dice que, hasta
entonces, se descubrieron trescientas enfermedades diversas, a las que
estaba sujeto el hombre (algunos filósofos dicen dos mil, y que hay
doscientas a las que incide el mismo ojo del hombre). Seguro que sí, no hay
árbol sujeto a tantas enfermedades como el cuerpo del hombre.
6. Con respecto al uso, el hombre puede parecerse a un árbol; algunos
árboles son para construir, otros para quemar, una vez talados. Así es con
toda la humanidad, siendo abatida por la muerte; unos para la edificación
de “la casa que no está hecha de manos” (2Co 5:1), otros para combustible
en el infierno, “su fin es ser quemados” (Heb 6:8). Podríamos familiarizarte
con otras semejanzas, pero debo observar la medida. Que esto que se ha
dicho no se pase por alto sin alguna aplicación útil. (N. Rogers.)
Una higuera
No era ordinaria ni árbol trivial, pero noble y generoso (llamado por otros
árboles para ser rey sobre ellos), y dio frutos dulces y deliciosos (Jdg 9: 10).
Por qué se debe mencionar una higuera en lugar de cualquier otro árbol, se
pueden presentar algunas razones, como esta en general: la higuera era
muy común en Judea, y con frecuencia se plantaba en sus viñedos, porque
la vid se deleita mucho en su barrio y sombra; y por eso es que con tanta
frecuencia los encontramos unidos en la Escritura (Dt 8:8; 1Re 4:25; Sal
105:33; Joe 1:7; Joe 2:22; Amós 4:9; Hag 1:12). Más particularmente, en
referencia a la sinagoga de los judíos, y ese estado, la higuera, por encima
de otros árboles, expuso mejor su condición. La higuera es una planta
suculenta, llena de hojas y ramas exuberantes; así salió esa nación, y gastó
su savia en observaciones y ceremonias externas, contentándose con las
hermosas hojas de la profesión externa, clamando: “El templo del Señor, el
templo del Señor”, acercándose con sus labios. cuando sus corazones
estaban lejos. Además, la higuera es la primera que brota, pero la última
cuyo fruto está maduro; los judíos brotaron mucho antes que los gentiles (y
se debe orar para que se acelere el tiempo de su fruto maduro), pero la
plenitud de los gentiles debe llegar antes de que se pueda esperar su
madurez, como muestra el apóstol (Rom 11:25-26). En referencia a la Iglesia
cristiana bajo el Nuevo Testamento, la higuera se nombra con respecto a
diversas propiedades, en las que guarda semejanza.
1. La higuera está llena de savia y humedad, es el más jugoso de todos los
árboles, su raíz lo alimenta abundantemente; así también Cristo Su Iglesia,
Él es la Raíz de ella, y de la Raíz depende su posición firme, y la vida de cada
rama; de esta Raíz tenemos nuestra humedad radical, de Su plenitud
derivamos gracia, y gracia sobre gracia (Juan 1:16).
2. La higuera es más fecunda que otros árboles. Tiene fruto uno debajo del
otro, tanto que un higo se echa encima del otro, a causa de su abundancia.
La higuera egipcia (dice Sclinus) da fruto siete veces al año; arranca un higo,
y otro brota en su lugar muy poco tiempo después. Tan fructífera es la
Iglesia de Dios y cada miembro sano de ella; están “llenos de frutos de
justicia” (Filipenses 1:11).
3. El fruto de la higuera es un fruto muy delicioso: “¿Dejaré mi dulzura?” dijo
la higuera (Jue 9,11). Y tal es el fruto de todo buen cristiano, aceptable y
agradable tanto a Dios como a los hombres. Lo que el apóstol habla de las
obras de caridad (Flp 4,8; Heb 13,16) se puede decir de todos los demás
dones y gracias, “es un olor fragante, un sacrificio acepto y agradable a
Dios”; somos “olor grato para Dios” (dice el apóstol). Los frutos de nuestras
gracias son los manjares de Dios (Hijo 6:2).
4. La higuera se adelanta en producir; anuncia un verano, como muestra
nuestro Salvador (Mat 24:32). El pueblo de Dios es “un pueblo
dispuesto” Sal 110:3). Adelante a toda buena obra que Dios requiere que
sea Gal 1:16; 2Co 8:10; 2Co 9:2). Incluso en este sentido puede decirse que los
piadosos son Primitive Dei, las primicias de Dios. Y este su avance promete
un verano; trae una bendición sobre una nación.
5. La higuera no hace un espectáculo tan glorioso como los otros árboles, ni
florece ni florece, y sin embargo da abundantemente: así es con el cristiano
sano, no hace lo que hace el hipócrita, sino que es más fecundo (Mat 6:3-
4; Mateo 6:6; Lucas 18:11-14). La ramera supera a la casta matrona en
vistosos atuendos, como lo hace la Iglesia de Roma con la nuestra.
6. La higuera soporta mejor la peor parte de las tormentas de invierno, y
está más libre del trueno de verano (dice Plinio), que nunca la golpea.
Seguro es que el cristiano piadoso está mejor armado para las inclemencias
del tiempo y mejor capacitado para pasar por una variedad de condiciones
(Filipenses 4:12-13 ). Ni los rayos de un Dios airado jamás lo alcanzan; ese
trueno y relámpago que viene del trono viene a través del arco iris, el pacto
de gracia y misericordia, antes de que lleguen a él (Ap 4:5).
7. Entre todos los árboles no hay ninguno cuya hoja se parezca tanto a la
mano de un hombre como la de la higuera. La hoja del áspid se parece a la
lengua, pero la hoja de la higuera, a la mano del hombre. El cristianismo nos
pone a trabajar; permanece, no en una profesión verbal, sino en acción
(Mt Juan 13:17; Santiago 1:22). (N. Rogers.)
Árboles
Los paganos de antaño eran idólatras al multiplicar dioses para sí mismos,
hasta el número de treinta mil (dice Hesíodo); lo que más les gustaba, que
crearon un dios, y así de lo que más temían. De un trueno hicieron un Júpiter,
de una tempestad en el mar hicieron un Neptuno, de un terremoto hicieron
un Plutón, etc. Y a estos sus dioses creados erigieron templos, altares, y
consagraron los árboles más hermosos y hermosos que encontraron; la cual
antigua práctica de dedicar este y aquel tipo de árbol a varios dioses como
propios y peculiares a ellos se observó siempre (dice Plinio), y aún
permanece hasta el día de hoy. Desde allí, Luciano aprovechó la ocasión
para burlarse de la práctica de aquellos tiempos, fingiendo que sus dioses-
ídolos se sentaban en el Parlamento, y cada uno eligiendo el árbol que más
le gustaba. Júpiter elige la encina por su fuerza, Apolo por el laurel por su
verdor, Neptuno por el álamo por su longitud, Juno por la eglantina por su
dulzura, Venus por el arrayán por su belleza. Minerva sentada junto a ella,
preguntó a su padre Júpiter cuál sería la razón, que viendo que había tantos
árboles fructíferos, todos eligieron aquellos árboles que no daban fruto. Él
le respondió: Ne videamur fructu honore vendere, para que no se piense que
cambiamos nuestro honor por frutos. “Bueno”, dijo Minerva, “haz lo que
quieras; Yo, por mi parte, elijo la aceituna por su grosura y fecundidad.
Todos elogiaron su elección y se avergonzaron de su propia locura. Esto que
dirás no es más que una ficción; y no es otro, sino que descubrió la
insensatez de los hombres de aquella generación, y lo mismo puede hacer
con la nuestra. En las elecciones y elecciones los árboles fructíferos son
menos considerados. A los ambiciosos los busca tras el honor inútil, la alta
posición, el gobierno y el gobierno, y quiere ser adelantado por encima del
resto de sus hermanos; Afecta al ciprés por su altura (árbol que los grandes
hombres estiman mucho y nutren en sus paseos, pero apenas se le hace
crecer), y cuando brota, el fruto no sirve para nada, sus hojas son amargos,
el olor fuerte, ni su sombra es saludable. El joven galán es para el álamo de
dos colores, todo por la forma y el cumplido. Oh, hay mucho de caballero en
eso, las hojas de este árbol son suaves y llenas de plumón, que pronto vuela
como el plumón del cardo en el aire; este árbol es un emblema del disimulo.
Al cortesano halagador le gusta mucho la hiedra, que, sin embargo, es
enemiga de todos los árboles y plantas, socava los muros y sólo es buena
para albergar serpientes y criaturas venenosas, tanto que Plinio se pregunta
si debería ser honrada por cualquiera, o contada entre cualquiera. valor; y,
sin embargo, los emperadores paganos solían hacerles guirnaldas y
llevárselas en la cabeza. Roboam afectó demasiado a estas hiedras (1Re
12:8). Y es culpa de la grandeza. El mundano codicioso prefiere el fresno a
todos los demás árboles; le encanta llevar las llaves y se deleita en ser el
carcelero de su riqueza. El cuerpo y la masa de este árbol son duros y duros,
y las hojas no son saludables para ninguna bestia que no rumia. En resumen,
algunos eligen por la belleza, algunos por la dulzura, algunos por la
grandeza, algunos por el verdor, pero ¿dónde está el que hace la elección
de Minerva, para elegir la fecundidad? Como dijo Samuel de los hijos de Isai
(uno de buena estatura, otro de buen semblante), “Ciertamente ahora el
ungido del Señor está delante de mí”. Así pensamos en estos árboles
hermosos y altos (pero sin fruto en gracia), si viene el honor, viene la
riqueza, viene la belleza, etc., Este es el ungido del Señor; este debe ser el.
Pero “Dios no ve como el hombre ve”; el hombre mira la apariencia exterior,
pero el Señor mira el corazón, como se le dijo a Samuel. (N. Rogers.)
Fruto aceptable
Otros hay que dan fruto así como brotes y hojas, y sin embargo, su fruto no
será aceptado.
1. Pues que no es fruto natural y bondadoso, sino degenerado. En la
creación, cada semilla y planta produjo fruto según su especie; así es en la
regeneración, los árboles buenos dan fruto que responde a la cepa en la que
están injertados, y la savia que reciben de allí, y la profesión que hacen; pero
estos hombres andan en pos de las concupiscencias de los gentiles, y dan
frutos de la carne (como los mencionados, Gál 5:19) , ninguna manera de
responder a la semilla que ha sido sembrada en ellos por el ministerio de la
Palabra que han oído, y la doctrina que se les ha enseñado.
2. Di que es fruto de mejor especie, pero no es fruto de sazón. Puede ser
que tarden diez o veinte años en florecer, tanto tiempo antes de que lleguen
a una buena resolución de dejar sus caminos y rumbos viciosos; y entonces
confían en los manantiales y lluvias tardías para su perfeccionamiento y
maduración, y así, descuidando la debida estación del fruto, sucede que, con
Esaú, no encuentran “lugar para el arrepentimiento, aunque lo buscan con
lágrimas”.
3. Su fruto no es fruto sano, sino podrido en el corazón (aunque sea
hermoso y hermoso a la vista), como aquellos manzanos en Asiria (de los
cuales Solino escribe), cuyo fruto es amarillo como el oro, pero al tocarlo se
pudre; o como las manzanas de Sodoma, hermosas a la vista, pero que al
tocarlas se reducen a cenizas. Celosos parecen exteriormente, cuando son
fríos de corazón o tibios. Su objetivo y fin en todas sus devociones es el yo.
4. Su fruto no es justo, se marchita, ya sea en algunos deberes de la primera
mesa, como oír, leer, orar, etc., pero en los deberes de la segunda mesa son
muy tardíos (Isa 58:3; Isaías 58:5-6). Entonces los fariseos hacían largas
oraciones, y bajo ese pretexto “devoraban las casas de las viudas” Mat
23:14), y tal es el fruto de todos hipócritas. O bien son observadores en los
deberes de la segunda mesa, con descuido de la primera (como Mat 23:23),
y tal es la fruto del hombre civil y moral.
5. Su fruto no es duradero; sirve para la temporada de verano de
prosperidad, pero cuando llega el invierno de adversidad y persecución,
falla Luk 8:13). Y tal es el fruto del creyente temporal y del cristiano que sirve
al tiempo; su fruto no dura todo el año, ni durante el término de la vida,
cuando, como a la buena higuera nunca le faltan higos colgando de las
tiernas ramas, ni en invierno ni en verano, un buen cristiano, como la
palmera de la que se habla, Sal 92:12, engorda y florece hasta en la vejez.
Que estos y todos los demás sean advertidos de que no se halaguen ni se
dejen deshacer por vanas pretensiones. No es una hermosa flor, una hoja
verde, ni el fruto de una profesión externa, una reforma externa, una
iluminación común, o cualquier
de naturaleza similar, lo que satisfará la expectativa de Dios. El busca fruto,
y también buen fruto, de toda higuera, y de vuestras manos lo demandará.
Por tanto, exhortaos a ser cristianos fecundos, para que podáis responder
a las expectativas de Dios. Que vuestro fruto sea fruto de justicia (Filipenses
1:11), “fruto para santificación (Rom 6:22), “fruto para Dios” Rom 7:4), es
decir, para la gloria y alabanza de Dios, y todo lo que Él quiera aceptar. Ahora
que este uso puede ser el más provechoso, les daré a conocer tres detalles.
1. Con las propiedades o cualidades de aquel fruto que hallará aceptación.
2. Con los medios que deban emplearse para la producción de los frutos así
calificados.
3. Con los motivos que nos inciten a producir tal fruto. De cada uno de estos
brevemente, y en orden. (N. Rogers.)
Una higuera plantada en su viña
Que la Iglesia es una viña espiritual es una verdad que tiene una fuerte
confirmación en las Escrituras. En el Antiguo Testamento lo encontramos
así llamado (Sal 80:8-9; Sal 80:15; Hijo 8:11-12; Is 5:1; Is 5:7; Jeremías 2:21). Lo
mismo en el Nuevo Mat 20:1-2; Mateo 21:28; Mateo 21:33; Mar 12:1; Lucas
20:10). Pero ¿por qué se asemeja a una viña y no a otra cosa? Se compara a
muchas otras cosas en la Escritura, además de una viña, como a una casa, a
un huerto, a un jardín cercado, a un campo en labranza, a una era, etc. Pero
de todas las demás semejanzas de las cosas terrenales, ninguna expresa y
expone tan plenamente la naturaleza y condición de la Iglesia como esta de
una viña, la cual, para que parezca mejor, tomemos nota de algunos
detalles, en los que esta viña espiritual , la Iglesia, guarda semejanza con la
otra.
1. Un viñedo es un lugar separado y cercado de otros terrenos. Ningún
viñedo es naturalmente un viñedo; la mano y el corazón deben ir para que
así sea. La Iglesia es llamada y separada del mundo, tanto en vida como en
conversación, como aparece, Lv 20,24; Lv 20:26; Núm 23:9; Dt 14:2; Juan
15:19.
2. Ninguna viña está en su gloria perfecta tan pronto como se recoge. Sus
plantas, una vez establecidas, no alcanzan la perfección y el crecimiento en
el presente, sino gradualmente. Así es con la Iglesia (Efesios 4:11-12).
Diversos obreros y obreros son ordenados para que se empleen en ella, para
su perfección, aun después de plantada.
3. Una viña, cuando florece y alcanza cierta perfección, es un lugar de gran
deleite, tanto por el agradable olor que produce como por la agradable
sombra. que proporciona; también lo es la Iglesia (Os 14,6-7). “Su olor es
como el de un campo que el Señor ha bendecido”. Sus vides y uvas tiernas
dan buen olor (Hijo 2:13-14). Sus gracias se comparan con las cosas más
dulces (Hijo 4:13-14).
4. A una viña puede compararse en cuanto a la fertilidad o fecundidad de la
misma. Da mucho fruto, y fruto de la mejor especie. Una viña se guarda con
diversas plantas (una planta no hace una viña); y estas plantas están
cargadas de frutos, dan en racimos y en racimos, y no una baya aquí y otra
allá, sino que la carga es tal que llevan las ramas, que parece muchas veces
exceder la fuerza de la rama que las lleva. . La Iglesia es fértil de hijos; hay
multitudes de los que creen. Tan fructífera es la Iglesia de los niños que se
maravilla de su propio crecimiento, y dice: “El lugar es demasiado angosto
para mí; dadme lugar para que yo pueda habitar. ¿Quién me engendró estos,
habiendo perdido a mis hijos y quedé desolada?” (Isa 49:19-20; Isa 54:1). Y
como una viña es más fructífera que cualquier otra plantación, así da el
mejor fruto de cualquier otra. Ninguna fruta es más deliciosa al paladar, ni
más agradable al corazón, que la que proviene de la uva. ¿Y qué fruto se
puede comparar con el fruto que da un cristiano? Todos los demás frutos
que crecen fuera de esta valla son agrios y amargos, nunca parecen tan
hermosos y gloriosos a la vista, pero no son más que frutos de cobertura, o
como las uvas de Sodoma y los racimos de Gomorra (Dt 32:32).
5. Una viña es un lugar bien ordenado, allí se ven los montículos igualmente
hinchados, las estacas echadas a buena altura y distancia, las viñas bien
podadas, los terreno limpio y bien cavado, todas las cosas están bien
ordenadas en él. Y así es en la Iglesia, a tal punto que el mismo Balaam no
pudo sino admirarlo, y en un éxtasis exclamó: “¡Cuán hermosas son tus
tiendas, oh Jacob, y tus tabernáculos, oh Israel, como se extienden los
valles, como huertos junto al río”, etc. (Núm 24,5-6.)
6. A una viña se puede comparar la Iglesia, en cuanto a su imbecilidad y
debilidad. Ninguna posesión, dijo Catón, requiere más dolores que una tela
de viña. El maíz brota y crece solo, sin el cuidado del labrador (Mar 4:17).
Pero la vid es una especie de planta frágil, debe ser sostenida, protegida,
lavada y atendida diariamente, de lo contrario, pronto se vuelve lujosa y
corre el peligro de volverse salvaje, después de que una vez se vuelve
lasciva.
7. Una viña está muy sujeta a ser molestada y devastada por las bestias de
la madera y los zorros del campo, que aman cavar debajo de ella y se
deleitan en cosechar. y despojar de sus plantas, y comer de sus uvas, como
insinúa Salomón (Hijo 2:15). Así es la Iglesia, sus enemigos son muchos que
conspiran contra ella (Sal 83,2-13). (N. Rogers.)
La ingratitud del hombre
La mala retribución que hemos hecho a Dios porque todo el bien que hemos
recibido de Él ha sido en parte descubierto. Ahora dame permiso para
descubrirte la vileza de este vicio, la ingratitud, para que podamos evitarlo
y odiarlo; y más bien, porque se nos ha dicho que es uno de esos pecados
que hace que estos tiempos sean peligrosos. Y así, primero, fíjate que es un
pecado compuesto; tiene muchos ingredientes venenosos que lo hacen
extremadamente malo, y entre otros estos–
1. Ignorancia, y una ignorancia tal que se le niega la misericordia Is 27:11). El
que los hizo no les hará ningún favor, siendo un pueblo sin entendimiento,
siendo obstinado y afectado. Así Dios se queja de Israel, “Israel no sabe”
(Isa 1:3), y Ho
2: 8.
2. Idolatría. La ingratitud no sólo pasa sin que se tenga en cuenta el bien
otorgado, sino que atribuye todo a los demás. Así Israel atribuyó toda su
abundancia, su pan, su vino, su lana, su agua, dec., a sus amantes o amados,
es decir, a sus ídolos y falsos dioses (Os 2:5).
3. El orgullo es otro ingrediente pecaminoso que va a la composición del
mismo. “Sus corazones se exaltaron”, dice Dios del ingrato Efraín, “por eso
se olvidaron de mí” (Os 13:6). Y esta es la razón por la que Ezequías no se
volvió a Dios como había recibido: “Su corazón se enalteció en él” (2Cr 32:
25).
4. La envidia, que es hija de la soberbia, y esperará a su madre; donde esté
el uno estará el otro; no escatimamos a ningún hombre la alabanza de su
bondad sino a quien envidiamos y odiamos. Y por experiencia hemos
hallado cierto lo que Tácito dice de los favores extraordinarios, que,
cayendo sobre las mentes enfermas, causan odio en lugar de amor.
5. Hay mucho de sacrilegio en ello. El hombre ingrato le roba a Dios el honor
que le es debido, y que Él se ha reservado, ni se lo dará a ningún otro. Dios
se contenta con que tengamos el bien de todos, pero la alabanza de todos
la busca Él mismo.
6. Hay ateísmo en ello. Así, aquellos ingratos de los que habla Job, a quien
Dios ha bendecido con abundancia temporal, preguntan: “¿Qué es el
Todopoderoso para que le sirvan?” (Job 21: 25). En segundo lugar, es un
pecado que toda ley condena. La ley de la naturaleza está en contra. Porque,
naturalmente, todo efecto vuelve a su causa (como todas las aguas salen
del mar, así todas vuelven allí). Ahora bien, Dios es la causa de todas las
cosas y personas, por lo tanto, todo lo que tenemos y todo lo que somos se
le debe atribuir. (N. Rogers.)
El aderezo de la viña
Para cuya mejor realización y perfeccionamiento son tres virtudes
principales (como instrumentos) que son necesariamente un requisito en
estos labradores de la viña del Señor.
1. Habilidad y habilidad para realizar esta obra a la que es llamado. Esto es
requerido (2 Timoteo si. 2; 1Ti 3:2).
2. Fidelidad y sinceridad: “El que tiene mi palabra, fielmente hable mi
palabra”, dice Dios (Jeremías 23:28).
3. Cuidado y vigilancia–“Sé diligente en conocer el estado de tus rebaños, y
cuida bien de tus manadas”, dice Salomón (Proverbios 27:23). (N. Rogers.)
Entorpecedores del suelo
Los profesores estériles son engorrosos; cargas inútiles son para la viña del
Señor.
1. Son estériles y estériles en sí mismos, y en ese sentido incómodos y una
carga para la tierra.
2. Como no hacen ningún bien, y son engorrosos en ese sentido; de modo
que hacen mucho daño, y así se convierten en cargas inútiles, y de muchas
maneras.
(1) Para el suelo sobre el que crecen, la misma tierra es peor que una
higuera infructuosa. Fue el pecado del hombre, al principio, lo que hizo que
Dios maldijera la tierra hasta convertirla en espinos y cardos, y desde
entonces ha convertido “la tierra fértil en yermo, por la maldad de los que
en ella habitan”. Los pecados de los que están dentro del palio, son
aquellos por los cuales se lamenta una tierra Os 1:4). Así es en la viña del
Señor. Deje que una higuera estéril e inútil tenga su posición, siempre que
el suelo sea peor y no mejor para él. Que Roboam se arraigue entre los reyes
en la tierra de Judá, y los escudos que encuentre de oro los dejará de bronce.
Sea Balaam contado entre los profetas, y Judas entre los apóstoles; y la viña
del Señor hallará motivo suficiente para decir de tal higuera, que estorba la
tierra. La Iglesia sufre por el crecimiento de tales árboles; pierde su corazón
y su gordura. Su belleza y gloria están muy manchadas por el crecimiento de
tales plantas en ella.
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RETIRO DE CUARESMA. Meditaciones Pascualespdf

  • 1. PARROQUIA MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS RETIRO DE CUARESMA 1. Introducción al retiro 2. ORACIÓN Disposición para la Oración • Deja un momento tus ocupaciones habituales, busca el silencio, exterior e interior. • Entra un instante en ti mismo, • apártate del tumulto de tus pensamientos. Pacífica tu interior. Arroja lejos las preocupaciones agobiantes y las inquietudes que te oprimen. • Reposa en Dios un momento y descansa siquiera un instante. • Entra en lo más profundo de tu alma, aparta de ti todo excepto a Dios. • Todo está bien aquí y ahora. Ya habrá otro momento durante el día para volver a ocuparnos de oras cosas. • Tu cuerpo se encuentra completamente relajado, libre de tensiones, tu mente se encuentra completamente despejada, libre de ansiedad o miedo. • Descubre en éste instante la voluntad de Dios. Señor, qué quieres que haga? • Habla, Señor, que tu siervo escucha
  • 2. Estamos ante ti, Espíritu Santo, reunidos en tu nombre. Tú que eres nuestro verdadero consejero: ven a nosotros, apóyanos, entra en nuestros corazones. Enséñanos el camino, muéstranos cómo alcanzar la meta. Impide que perdamos el rumbo como personas débiles y pecadoras. No permitas que la ignorancia nos lleve por falsos caminos. Concédenos el don del discernimiento, para que no dejemos que nuestras acciones se guíen por prejuicios y falsas consideraciones. Condúcenos a la unidad en ti, para que no nos desviemos del camino de la verdad y la justicia, sino que en nuestro peregrinaje terrenal nos esforcemos por alcanzar la vida eterna. Yo siento señor que tu me amas Yo siento señor que te puedo amar Háblame señor que tu siervo escucha Háblame que quieres de mi Señor tu has sido grande para mi En el desierto de mi vida háblame Yo quiero estar dispuesto a todo Toma mi ser mi corazón es para ti Por eso canto tus maravillas Por eso canto tu amor Por eso canto tus maravillas Por eso canto tu amor Lara, Lara, Lara, la, la, la Te alabo Jesús por tu grandeza Mil gracias te doy por tu gran amor Heme aquí señor para acompañarte Heme aquí que quieres de mí Señor tu has sido grande para mi En el desierto de mi vida háblame Yo quiero estar dispuesto a todo Toma mi ser mi corazón es para ti Por eso canto tus maravillas Por eso canto tu amor Por eso canto tus maravillas Por eso canto tu amor Lara, Lara, Lara, la, la, la Oración: Adsumus, Sancte Spiritus.
  • 3. Esto te lo pedimos a ti, que obras en todo tiempo y lugar, en comunión con el Padre y el Hijo por los siglos de los siglos. Amén. Canto de entrada CANTO: NOS HAS LLAMADO AL DESIERTO NOS HAS LLAMADO AL DESIERTO, SEÑOR DE LA LIBERTAD Y ESTÁ EL CORAZÓN ABIERTO A LA LUZ DE TU VERDAD. SUBIMOS CON ESPERANZA LA ESCALADA CUARESMAL EL PUEBLO DE DIOS AVANZA HASTA LA CUMBRE PASCUAL. Tu pueblo, Señor, camina desde la aurora al ocaso a tu Pascua se encamina y te sigue, paso a paso. ESTRIBILLO. Señor, te reconocemos y tu Palabra escuchamos, tus caminos seguiremos y tu ley de amor cantamos. NOS HAS LLAMADO AL DESIERTO… Se acerca, Señor, tu día en el que todo florece con su luz y su alegría ya el camino, resplandece. NOS HAS LLAMADO AL DESIERTO…
  • 4. Vengo aquí, mi Señor, a olvidar las prisas de mi vida, ahora sólo importas Tú, dale la paz a mi alma. Vengo aquí, mi Señor, a encontrarme con tu paz que me serena. Ahora sólo importas Tú, dale tu paz a mi alma. Vengo aquí, mi Señor, A que en mi lo transformes todo en nuevo, ahora sólo importas Tú, dale tu paz a mi alma. Oración Padre nuestro, que estás en el Cielo, durante esta tiempo de conversión, ten misericordia de nosotros. Transforma nuestro egoísmo en generosidad. Abre nuestros corazones a tu Palabra, sana nuestras heridas del pecado, ayúdanos a hacer el bien a nuestros hermanos. Que transformemos la obscuridad y el dolor en vida y alegría. Concédenos estas cosas por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
  • 5. 3. Introducción al Retiro Cuaresmal La cuaresma es el tiempo del Espíritu Santo. Somos empujados por el Espíritu al Desierto, así lo expresa Marcos en su Evangelio. Es el E. sto el que nos revela la verdad y la Cuaresma es el tiempo para hacer espacio y conocer la verdad que es Cristo, su muerte y Resurrección, por eso en este tiempo, tomamos conciencia más que nunca que necesitamos del Espíritu Santo, sin él nuestras palabras están vacías y no tienen fuerza ni profundidad, queremos iniciar en esta oración de cuaresma invocándolo, y pidiéndole que sea el Espíritu el que abra nuestra vida a la presencia de Jesús. Cada experiencia de retiro es una apertura de mi ser a la presencia y a la acción del Espíritu Santo. El capitulo 3 del Apocalipsis 3:20 así lo expresa “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” EVANGELIO: MC 1,12-15 En aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús hacia el desierto, donde Satanás lo puso a prueba durante cuarenta días; estaba con las fieras y los ángeles lo servían. Después del arresto de Juan, Jesús se fue a Galilea, proclamando la buena noticia de Dios. Decía: “El plazo se ha cumplido; el reino de Dios está llegando. Convertíos y creed en el Evangelio”. Qué es un retiro espiritual? La primera invitación de este retiro es precisamente la conversión para volver a Jesús El retiro espiritual ha de buscar una experiencias fuertes de oración guiados por el Espíritu Santo Debe propiciar momentos de intimidad con Dios.
  • 6. Un encuentro con Cristo y un encuentro con uno mismo para ser intensamente discípulos y estar en su compañía. Significa por tanto hacer una pausa, donde uno se retira para hablar de corazón a corazón con Dios. Un momento para leer nuestra vida desde una distancia suficiente y así prepararnos a escribir en ella Para escuchar de nuevo el “Sígueme de Jesús” Para preparar resoluciones y propósitos, nunca como en este ambiente tendremos la claridad suficiente para descubrir lo que tenemos que hacer haciendo la voluntad de Dios Por aquel tiempo se fue Jesús a la montaña a orar y pasó toda la noche en oración a Dios. Al llegar la mañana, llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos, a los que nombró apóstoles. Lucas 6:12-18 Después de despedir a la multitud, subió al monte a solas para orar; y al anochecer, estaba allí solo. Mateo 14:23 Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, salió, y se fue a un lugar solitario, y allí oraba. Marcos 1:35 La búsqueda de Dios: Los retiros espirituales por tanto son una búsqueda espiritual que te permite crecer en la fe. Porque, si no buscamos a Dios en todo lo que hacemos, rechazando lo que sea incompatible con la búsqueda de Dios, estamos abocados a un activismo insensato que sólo conduce al agotamiento y a la esterilidad. Porque la verdadera eficacia de nuestra vida no radica en el «hacer», sino en el «ser». Lo más importante de este Retiro no es ilustrar nuestros conocimientos sobre la fe ni sobre algún tema en particular, sino, encontrarnos directamente con Dios y con lo más profundo de nosotros mismos. [EE n° 2. Por eso, un Retiro Espiritual es: † Un tiempo del corazón más que de racionalizaciones. † Un tiempo de generosidad y no de reservas;
  • 7. † Un tiempo para encontramos con Dios y dejarnos encontrar por Él. (El sale a buscarnos y quiere que nos dejemos encontrar. † un tiempo para integrar mejor fe y vida. † Un tiempo de sanación de la propia vida por medio del diálogo libre con Dios (traemos heridas, fragilidades y vulnerabilidades emocionales, cargas emocionales, cosas que nos han pasado, frustraciones) † un tiempo para valorar más la propia vida, la familia, el trabajo, la comunidad. † Un tiempo para convertirnos en Mensajeros de la Esperanza OBJETIVO DEL RETIRO Para conocer cuál es la voluntad de Dios en tu vida. ¿Señor que quieres que haga Para saber en profundidad qué espera El de Ti. “Habla Señor que tu siervo te escucha”. Apertura : A Dios, al Espíritu Santo, a quien orienta, hoy puede ocurrir que nos resistamos y que sigamos en la indiferencia de fe que caracteriza el mundo. Dios no es una propuesta más. Él es el camino la verdad y la vida. Jesús le dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieran, también conocerían a mi Padre; y desde ahora ..Juan 14,6 Confianza: En Dios. Si Dios está con nostros quien estará contra nosotros Disponibilidad: A su voluntad, a escuchar y a obedecer a escuchar El renovado llamado de Jesús a servir como discípulos y misioneros desde: ▪ La Reflexión ▪ La oración. ACTITUDES NECESARIA PARA VIVIR EL RETIRO
  • 8. ▪ El Silencio. (Vaciarnos de tantos ruidos y voces exteriores para escuchar la voz que resuena en nuestro interior ▪ La Reconciliación. Canto como el ciervo busca por las aguas Como El Ciervo Marcos Witt Como el ciervo busca por las aguas Así clama mi alma, por Ti Señor Día y noche, yo tengo sed de ti Y solo a ti buscaré Lléname, lléname señor Dame más, más de tu amor Yo tengo sed, solo de ti Lléname señor. Con el mismo ardor con que el ciervo sediento suspira por las aguas (Sal 41, 1) deseemos empezar los ejercicios para fortalecerse, amadas hijos. Espero que saquen de ellos mucho fruto. Reconocer el terreno: ¿Cómo estoy ahora?: Conmigo mismo, con mi familia con mi profesión, con los demás y con Dios Posiciograma
  • 9. Preparar el terreno: “En tan amada soledad hemos de ocuparnos en preparar el terreno de nuestro ser y echar en él la simiente de las santas acciones.” ¿Qué vamos a sembrar?. Buenos propósitos, deseos de conversión. Es decir, disponernos física y espiritualmente a hacer un trabajo interior de acogida, de apertura, de disponibilidad, de flexibilidad, de dejarse aplanar, remover, sacudir y moldear. Hacer Silencio Para buscar a Dios en nuestro tiempo de retiro, y para poderlo buscar también cada día, lo primero que hemos de considerar es la importancia del silencio. En el fondo, el silencio como instrumento para escuchar a Dios se parece mucho, en lo material, a la necesidad de silencio para realizar determinadas tareas. En lo posible hacer una desconexión del de equipos electrónicos para favorecer el recogimiento.
  • 10. Vamos a realizar la siembra El Evangelio según san Lucas 8, 4-15 En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: «Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y, al crecer, dio fruto el ciento por uno.» Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga». Desyerbar y quemar las malezas: “Nuestro primer cuidado debe ser destruir todos los defectos que dominan en nuestra persona y ahogan en ella el germen de las virtudes y de las buenas obras.” Limpiar el terreno de nuestra vida; que implica de nuestra parte bajar a nuestro pozo y descubrir hasta qué punto hemos dejado crecer nuestros apegos, nuestro orgullo, envidia y otras debilidades que ahogan las más lindas virtudes que tengamos. Esto de desyerbar y quemar las hierbas causa mucho dolor, pero es un dolor necesario que salva. La tarea es comprender, saborear y digerir, (verbos que indican acción) para que produzca frutos abundantes, aunque también depende en buena parte, de nuestra preparación personal para entrar en este clima orante y de la disposición y apertura que tengamos Esperar la lluvia del cielo: “Después de la siembra, la lluvia y el calor dan a la tierra la fecundidad que el Creador puso en ella. En el orden espiritual, la gracia divina nos da fuerza y fecundidad y nos impulsa a un trabajo fuerte, profundo y diligente.” Dice el libro de la Sabiduría 8, 21. La lluvia es bendición para quien ha sembrado y esperarla evoca paciencia y humildad, porque la lluvia no depende del que cultiva sino del Creador.
  • 11. Regar, podar, escardar: “Después de sembrar el campo, el buen agricultor no lo pierde de vista, no lo abandona. Para no perder el fruto de su trabajo, lo riega, lo poda y escarda con sumo cuidado.” La Oracion El motor que mueve nuestro encuentro con Dios es la Oración. ¿Cómo está hoy mi oración?, ¿Cuánto tiempo le dedico al día, a la semana o durante el mes. ¿Cómo hay que orar? Cada persona tiene su propio ritmo de oración y hasta método de oración que le ayuda en el encuentro cotidiano con el que sabemos nos ama. Sin embargo, es muy importante, tener en cuenta los consejos de Jesús, nuestro Maestro que nos enseña a orar Con humildad y confianza, desde unas actitudes básicas del discipulado. Con una perseverancia confiada: “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá, porque quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre.” Lc. 11, 9- 10. Con humildad de manos vacías: “Quien se alaba será humillado y quien se humilla será alabado.” Lc. 18, 9- 14 En la oración de publicano encontramos la actitud del humilde que lo espera todo de Dios. El publicano pedía con humildad, la misericordia de Dios, la sanación y liberación de su vida; en cambio, el fariseo no pedía nada, solamente se jactaba de lo “bueno” que era, despreciando a los demás. Jesús con esta enseñanza desenmascara la actitud farisaica de creerse más que los demás y ensalza la actitud de quien, creyéndose indigente, necesitado del amor y de la compasión de Dios se hace humilde. 1. La pacificación del Corazón No se puede entrar en oración llegando agitado, hay que hacer el puente entre la agitación y la Paz del corazón porque la palabra de Dios es sutil, agitación que la producen las preocupaciones, problemas y dificultades de la vida
  • 12. 2. Suplicar la presencia del Espíritu Santo: Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma de 2024 cuyo tema es Meditacion “A través del desierto Dios nos guía a la libertad” Cuando nuestro Dios se revela, comunica la libertad: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Así se abre el Decálogo dado a Moisés en el monte Sinaí. El pueblo sabe bien de qué éxodo habla Dios; la experiencia de la esclavitud todavía está impresa en su carne. Recibe las diez palabras de la alianza en el desierto como camino hacia la libertad. Nosotros las llamamos “mandamientos”, subrayando la fuerza del amor con el que Dios educa a su pueblo. La llamada a la libertad es, en efecto, una llamada vigorosa. No se agota en un acontecimiento único, porque madura durante el camino. Del mismo modo que Israel en el desierto lleva todavía a Egipto dentro de sí ―en efecto, a menudo echa de menos el pasado y murmura contra el cielo y contra Moisés―, También hoy el pueblo de Dios lleva dentro de sí ataduras opresoras que debe decidirse a abandonar. Nos damos cuenta de ello cuando nos falta esperanza y vagamos por la vida como en un páramo desolado, sin una tierra prometida hacia la cual encaminarnos juntos. La Cuaresma es el tiempo de gracia en el que el desierto vuelve a ser ―como anuncia el profeta Oseas― el lugar del primer amor (cf. Os 2,16-17). Dios educa a su pueblo para que abandone sus esclavitudes y experimente el paso de la muerte a la vida. Como un esposo nos atrae nuevamente hacia sí y susurra palabras de amor a nuestros corazones. El éxodo de la esclavitud a la libertad no es un camino abstracto. Para que nuestra Cuaresma sea también concreta, el primer paso es querer ver la realidad. Cuando en la zarza ardiente el Señor atrajo a Moisés y le habló, se reveló inmediatamente como un Dios que ve y sobre todo escucha: «Yo he
  • 13. visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel» (Ex 3,7-8). También hoy llega al cielo el grito de tantos hermanos y hermanas oprimidos. Preguntémonos: ¿nos llega también a nosotros? ¿Nos sacude? ¿Nos conmueve? Muchos factores nos alejan los unos de los otros, negando la fraternidad que nos une desde el origen. En mi viaje a Lampedusa, ante la globalización de la indiferencia planteé dos preguntas, que son cada vez más actuales: «¿Dónde estás?» (Gn 3,9) y «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9). El camino cuaresmal será concreto si, al escucharlas de nuevo, confesamos que seguimos bajo el dominio del Faraón. Es un dominio que nos deja exhaustos y nos vuelve insensibles. Es un modelo de crecimiento que nos divide y nos roba el futuro; que ha contaminado la tierra, el aire y el agua, pero también las almas. Porque, si bien con el bautismo ya ha comenzado nuestra liberación, queda en nosotros una inexplicable añoranza por la esclavitud. Es como una atracción hacia la seguridad de lo ya visto, en detrimento de la libertad. Quisiera señalarles un detalle de no poca importancia en el relato del Éxodo: es Dios quien ve, quien se conmueve y quien libera, no es Israel quien lo pide. El Faraón, en efecto, destruye incluso los sueños, roba el cielo, hace que parezca inmodificable un mundo en el que se pisotea la dignidad y se niegan los vínculos auténticos. Es decir, logra mantener todo sujeto a él. Preguntémonos: ¿deseo un mundo nuevo? ¿Estoy dispuesto a romper los compromisos con el viejo? El testimonio de muchos hermanos obispos y de un gran número de aquellos que trabajan por la paz y la justicia me convence cada vez más de que lo que hay que denunciar es un déficit de esperanza. Es un impedimento para soñar, un grito mudo que llega hasta el cielo y conmueve el corazón de Dios. Se parece a esa añoranza por la esclavitud que paraliza a Israel en el desierto, impidiéndole avanzar. El éxodo puede interrumpirse. De otro modo no se explicaría que una humanidad que ha alcanzado el umbral de la fraternidad universal y niveles de desarrollo
  • 14. científico, técnico, cultural y jurídico, capaces de garantizar la dignidad de todos, camine en la oscuridad de las desigualdades y los conflictos. Dios no se cansa de nosotros. Acojamos la Cuaresma como el tiempo fuerte en el que su Palabra se dirige de nuevo a nosotros: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Es tiempo de conversión, tiempo de libertad. Jesús mismo, como recordamos cada año en el primer domingo de Cuaresma, fue conducido por el Espíritu al desierto para ser probado en su libertad. Durante cuarenta días estará ante nosotros y con nosotros: es el Hijo encarnado. A diferencia del Faraón, Dios no quiere súbditos, sino hijos. El desierto es el espacio en el que nuestra libertad puede madurar en una decisión personal de no volver a caer en la esclavitud. En Cuaresma, encontramos nuevos criterios de juicio y una comunidad con la cual emprender un camino que nunca antes habíamos recorrido. Esto implica una lucha, que el libro del Éxodo y las tentaciones de Jesús en el desierto nos narran claramente. A la voz de Dios, que dice: «Tú eres mi Hijo muy querido» (Mc 1,11) y «no tendrás otros dioses delante de mí» (Ex 20,3), se oponen de hecho las mentiras del enemigo. Más temibles que el Faraón son los ídolos; podríamos considerarlos como su voz en nosotros. El sentirse omnipotentes, reconocidos por todos, tomar ventaja sobre los demás: todo ser humano siente en su interior la seducción de esta mentira. Es un camino trillado. Por eso, podemos apegarnos al dinero, a ciertos proyectos, ideas, objetivos, a nuestra posición, a una tradición e incluso a algunas personas. Esas cosas en lugar de impulsarnos, nos paralizarán. En lugar de unirnos, nos enfrentarán. Existe, sin embargo, una nueva humanidad, la de los pequeños y humildes que no han sucumbido al encanto de la mentira. Mientras que los ídolos vuelven mudos, ciegos, sordos, inmóviles a quienes les sirven (cf. Sal 115,8), los pobres de espíritu están inmediatamente abiertos y bien dispuestos; son una fuerza silenciosa del bien que sana y sostiene el mundo. Es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse. Detenerse en oración, para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano,
  • 15. ante el hermano herido. El amor a Dios y al prójimo es un único amor. No tener otros dioses es detenerse ante la presencia de Dios, en la carne del prójimo. Por eso la oración, la limosna y el ayuno no son tres ejercicios independientes, sino un único movimiento de apertura, de vaciamiento: fuera los ídolos que nos agobian, fuera los apegos que nos aprisionan. Entonces el corazón atrofiado y aislado se despertará. Por tanto, desacelerar y detenerse. La dimensión contemplativa de la vida, que la Cuaresma nos hará redescubrir, movilizará nuevas energías. Delante de la presencia de Dios nos convertimos en hermanas y hermanos, percibimos a los demás con nueva intensidad; en lugar de amenazas y enemigos encontramos compañeras y compañeros de viaje. Este es el sueño de Dios, la tierra prometida hacia la que marchamos cuando salimos de la esclavitud. 4. ESPIRITUALIDAD SINODAL Celebrar un “sínodo” significa caminar juntos. Yo pienso que ésta es realmente la experiencia más maravillosa que podemos tener: pertenecer a un pueblo que camina, que camina a través de la historia junto a su Señor quien camina con nosotros. No estamos solos; no caminamos solos. Formamos parte del único rebaño de Cristo que camina unido. (Papa Francisco, Francisco de Asís, 4 de octubre de 2013)
  • 16. En primer lugar, la sinodalidad designa a ciertos acontecimientos que denominamos sínodos, convocados por la autoridad competente y de carácter puntual. En segunda instancia, la palabra apunta a las estructuras y procesos eclesiales que se encuentran al servicio del discernimiento. Por último, el significado más esencial del término remite a un estilo peculiar que caracteriza la vida y la misión de la Iglesia. Este es el sentido en que vamos a utilizarlo en esta presentación[7]. Inmediatamente somos capaces de percibir la conexión existente entre el modo de comprender la “espiritualidad” –un modo de hacerse cargo de la realidad–, y la “sinodalidad” –un estilo peculiar que caracteriza la vida y la misión de la Iglesia–. La sinodalidad apunta hacia un modo de vivir y de actuar que define a la comunidad eclesial tanto en sus relaciones ad intra como ad extra. Pero además el significado etimológico de la palabra sínodo[8] nos permite entenderla como un “caminar juntos”. Por lo tanto, a lo que le seguimos la pista es a un modo particular de caminar juntos como Iglesia (sinodalidad), para –más y mejor– poder “hacernos cargo” del mundo (espiritualidad). En esto consiste la espiritualidad sinodal, en un hacernos cargo de la realidad, del mundo, de la Missio Dei, caminando juntos. ¿Cómo “hacernos cargo” de la situación de nuestro mundo, para que este encargarnos sea sinodal, es decir, para hacerlo con ese peculiar estilo que afecta nuestra vida eclesial y nuestra misión y que implica “caminar juntos”? La forma sinodal de la Iglesia, que en estos últimos años estamos redescubriendo y cultivando, sugiere que la Cuaresma sea también un tiempo de decisiones comunitarias, de pequeñas y grandes decisiones a
  • 17. contracorriente, capaces de cambiar la cotidianeidad de las personas y la vida de un barrio: los hábitos de compra, el cuidado de la creación, la inclusión de los invisibles o los despreciados. Invito a todas las comunidades cristianas a hacer esto: a ofrecer a sus fieles momentos para reflexionar sobre los estilos de vida; a darse tiempo para verificar su presencia en el barrio y su contribución para mejorarlo. Esto puede suceder en cada comunidad cristiana. En la medida en que esta Cuaresma sea de conversión, entonces, la humanidad extraviada sentirá un estremecimiento de creatividad; el destello de una nueva esperanza. En este momento histórico los desafíos son enormes, los quejidos dolorosos —estamos viviendo una tercera guerra mundial a pedacitos—, pero abrazamos el riesgo de pensar que no estamos en una agonía, sino en un parto; no en el final, sino al comienzo de un gran espectáculo. La sinodalidad no es un elemento nuevo de la vida y la autocomprensión de la Iglesia. Es un elemento fundamental de la misma y ha estado presente en muchas formas desde sus orígenes. . La sinodalidad es una forma de expresar quienes somos como cristianos y en qué nos estamos convirtiendo como Iglesia por obra del Espíritu Santo. . En cada etapa, es el Espíritu Santo quien renueva constantemente la Iglesia en comunión y la atrae cada vez más profundamente a una vida sinodal. Podemos reconocer que el Espíritu Santo actúa constantemente a través de la historia. Esto es especialmente significativo desde el Concilio Vaticano II, que instituyó el Sínodo de los Obispos y la práctica de las asambleas consultivas a nivel de las iglesias locales. Uno de los rasgos importantes que surgen para nuestra comprensión actual es que el sentido de la sinodalidad no es sólo una teología sino una práctica espiritual. De este modo, estamos invitados a explorar lo que podría significar una espiritualidad para la sinodalidad “Ser cristiano es tener una “vocación sinodal” y ésta crece a través de la vida espiritual”.
  • 18. Podemos entender que una espiritualidad sinodal es una forma de vida o praxis que integra y vuelve concretos los tres elementos clave de la comunión, la participación y la misión. Por esta razón, la espiritualidad para la sinodalidad se convierte en un “habitus ecclesiale”, que es fuente de renovación y dinamismo para la vida y la misión de la Iglesia. Es un modo de ser y de hacerse Iglesia. La espiritualidad para la sinodalidad nos hace descubrir de manera sorprendente las energías ocultas del amor, del compromiso, de la generosidad y del compartir que se encuentran en cada uno de nosotros. En la medida que vivamos auténticamente el carácter sinodal de la Iglesia, esta se convierte en testimonio de la llegada del Reino de Dios para todos los pueblos, donde todos tienen un hogar, justicia, dignidad, reconciliación y paz. La Iglesia sinodal está llamada a ser una Iglesia ecuménica (13 Documento Preparatorio, Sínodo 2023, n° 30 párr. VII) . pues vive siempre del mismo deseo que Cristo expresó en su oración al Padre “que todos sean uno” (Jn 17,21). Se trata de una comunión dinámica en la que no se pierde la legítima diversidad de las iglesias, sino que se recogen y valoran sus dones, sus historias y su testimonio de Cristo para beneficio de todo el Cuerpo de Cristo. Al mismo tiempo, el proceso sinodal es un proceso de arrepentimiento, perdón y reconciliación, ya que cada comunidad tiene en su memoria e historia las heridas de las divergencias del pasado, así como la promesa de la unidad futura. Cuando se reúne en comunión, la Iglesia sinodal de las iglesias se convierte en luz para las naciones que viven en conflicto en el mundo Practicar la Espiritualidad Sinodal: Realizando un Habitus Sinodal Una Iglesia sinodal es una Iglesia contemplativa. Es una Iglesia donde las Escrituras y los sacramentos son centrales, pues son la escuela de una perspectiva abierta a la economía salvífica de Dios en todas las realidades de la creación, de la existencia humana y de la historia. La sinodalidad no puede realizarse ni sostenerse si no se fundamenta en la oración de la Iglesia
  • 19. y del pueblo fiel de Dios. La oración mantiene el corazón y la mente abiertos a todo lo que Dios realiza y desea para la humanidad y la creación; también alimenta y conforma la voluntad a fin de que, siempre procuremos desear y actuar según la voluntad y el proyecto salvífico de Dios. De este modo, cada oración es un don del Espíritu Santo que nos permite imitar a Cristo, pues toda su existencia es una oración. Una Iglesia sinodal es una Iglesia que escucha14. La Iglesia está atenta a todas las 14 Cf. Documento Preparatorio, Sínodo 2023, n° 32, párr. II. 25 modalidades de auto - comunicación de Dios; está atenta a los cambios del mundo y a las múltiples voces que se alzan en forma de lamento, protesta, súplica y testimonio. Una Iglesia que escucha y que está atenta a las múltiples narrativas de las vidas, las culturas y los pueblos. Se puede decir que es un lugar de hospitalidad narrativa. Para escuchar, primero, se debe ser consciente de todo lo que aporta, lo que hace que la escucha atenta sea algo más que “oír”. Entonces, se debe comprender cómo la “escucha” es un acto de atención, un don y un reconocimiento del interlocutor; una generosidad voluntaria para dejarle hablar con su propia voz sin intentar determinar primero las categorías o traducir para hacer más cómodo y aceptable el desafío del que habla. La escucha es un don que nos pone a disposición del interlocutor. Conlleva un compromiso ético de caminar con ellos, pues una vez que atendemos a otra persona, hacemos que su vida y su historia formen parte de la nuestra. Especialmente, cuando elegimos privilegiar a aquellos cuyas vidas sufren la violencia de la pobreza y quienes sufren la presión del rechazo, o la marginación, o cargan con el peso de narraciones falsas y deformadas. Cuando escuchamos, también consultamos: buscamos realmente aprovechar la visión, la experiencia y la sabiduría de los demás. Escuchar es también consultar, es un acto recíproco de compromiso, ya que todos estamos implicados en la búsqueda común del bien al que nos llama el Espíritu Santo. Por esta razón, el discernimiento se caracteriza por la inclusión y la apertura. Cuando “escuchamos”, nos ponemos en sintonía con la voz de nuestro interlocutor, porque la voz que oímos, es la voz profunda del Espíritu. A menudo, esta voz no es accesible con palabras, pero igualmente nos habla, “la llamada del corazón al corazón” en la música silenciosa de Dios. Escuchar a ese nivel supone la libertad de estar disponibles a todo lo que el Espíritu nos pida o a lo que el Espíritu nos guíe.
  • 20. También pide que escuchemos con la inteligencia o la comprensión de la fe, para que Cristo y la Palabra de Dios se conviertan en la escuela donde aprendemos 26 a reconocer, comprender y apreciar aquello que hemos escuchado. La Iglesia sinodal es una Iglesia que discierne 5. Para Vivir la Cuaresma 6. Momento de desierto: II. LA EXPERIENCIA PECADO Y EL PERDON. La parábola de la higuera Lectura: Lucas 13:6-9 ‘Y les dijo esta parábola: Cierto hombre tenía una higuera plantada en su viña; y fue a buscar fruto de ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: «Mira, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo. Córtala. ¿Por qué ha de cansar la tierra?». Él entonces, respondiendo, le dijo: «Señor, déjala
  • 21. por este año todavía, hasta que yo cave alrededor de ella, y le eche abono, y si da fruto el año que viene, bien; y si no, córtala». La higuera tiene que morir porque no da fruto, porque no es más que un parasito. Los tres años sin fruto demuestran su culpabilidad por sus continuas dilaciones y la falta de decisión personal. La muerte referida en esta parábola, significa que está muerto para el reino quien no da fruto, quien no decide. 1.En su vida, en su trabajo y en su familia, como se refleja esta parábola. 2. Teniendo en cuenta la parábola de la higuera, †¿Qué hay de esterilidad en Mi vida, como persona, como profesional, como cristiano. †¿Cuales son los frutos como personas, como profesional, como cristiano? I. LA FAVORABLE POSICIÓN EN QUE SE COLOCÓ ESTE ÁRBOL. En un “viñedo”; no en algún terreno baldío abandonado. Bajo cuidado. Esta es la condición de aquellos favorecidos con los privilegios y bendiciones de la de Dios. Esta es especialmente la condición de aquellos que son miembros de la Iglesia. 2. Quienes son favorecidos con los medios espirituales dados por el Señor 3. Quienes son los sujetos de las especiales y ricas promesas de Dios 4. A quienes se imparten gratuitamente las gracias y los dones del Espíritu Santo.
  • 22. 5. Quienes son los objetos del cuidado y complacencia Divina. Estamos dirigidos– II. A LAS EXPECTATIVAS DEL PROPIETARIO. Vino buscando fruto (Lc 13,6). Esta expectativa era razonable. Dios esperaba esto de los judíos. Les exigió que fueran más sabios, santos y obedientes que los paganos que los rodeaban. Dios requiere esto de todos los escogidos con los privilegios y bendiciones del evangelio. Él espera que demos frutso 1. Que sus corazones produzcan los frutos. 2. Que sus labios den fruto de acción de gracias y alabanza. 3. Los frutos de la obediencia a Dios en su vida. 4. Los frutos de utilidad, por el empleo de sus facultades y talentos en Su servicio. III. DECEPCIÓN DEL PROPIETARIO. IV. EL MANDO EMISARIOS . Córtalo; ¿Por qué estorba el suelo? (Lucas 13:7). 1. Esta frase no fue apresurada. Había habido tres años de cuidado, trabajo y tolerancia. Dios ejerció Su gran longanimidad hacia los judíos. A todos Dios les manifiesta paciente y perdurable paciencia. 2. Se asigna una razón suficiente para la orden dada. “¿Por qué estorba el suelo?” No tenía valor en sí mismo. Ocupaba un terreno precioso. Tomó las porciones nutritivas del suelo que requerían los árboles útiles y fructíferos. V. EL PEDIDO QUE PRESENTA EL VIÑADOR. “Dijo: Señor, déjalo también este año”, etc. (Lc 13,8). No niega las acusaciones del propietario. Él no vindica la continuación final del árbol. Pero ruega– 1. Por un breve período de suspensión de la sentencia. Un año. ¡Solo un año! Una ronda de las estaciones. Un año de lluvias y sol.
  • 23. 2. Se compromete a prestarle especial atención. “Excavaré alrededor de ella y la abonaré” (Luc 13:8). Intentaré buscar la causa y utilizaré todos los medios razonables para remediarla. Añade además– 3. Su voluntad entonces de obedecer la orden del propietario. Esto no solo está implícito, sino directamente establecido. “Si da fruto, bien”—bien para el árbol, el propietario y el viñador; “Y si no, la cortarás” (Luc 13:9). Esta súplica por el labrador se ha verificado a menudo en las oraciones del padre, del amigo, pero es verdad en el más alto y mejor sentido del Señor Jesús. Él siempre vive para interceder. (J. Burns, DD) La higuera estéril Yo. Observe LA SITUACIÓN DEL ÁRBOL, el lugar donde se encuentra. Está en la viña de Dios, y nuestro Señor nos dice cómo llegó allí. La viña no estaba en su situación natural. No brotó allí, ni fue traído allí por accidente. Dios mismo lo hizo plantar allí. II. Ver a continuación LO QUE SE ESPERA DE ESTE ÁRBOL. ¿Es que echará raíces y crecerá donde sea plantado, y recibirá las lluvias del cielo cuando caigan sobre él? Podemos decir, “Sí”; pero Dios dice: “No, esto no me saciará; lo que quiero de él es fruto, no ramas extensas y follaje exuberante; la higuera silvestre del desierto me las dará. Debo tener de ese árbol algo que responda a la situación en que lo he puesto, ya los cuidados y dolores que le he dado. Vengo a ella buscando fruto.” ¿Y cuál es esta fruta? No son esas cosas que algunos de nosotros quizás tenemos ahora en nuestras mentes, las virtudes sociales y morales, la caridad, la honestidad y cosas por el estilo. Todos estos son buenos a su manera, pero estos son frutos del crecimiento de la naturaleza. . Dios quiere de nosotros frutos que correspondan a los privilegios que nos ha otorgado; no sólo más fruto del que cualquier pagano podría darle, sino fruto de otro tipo: el fruto cristiano, tal fruto que nada sino el evangelio de Cristo puede producir, y nadie sino los hombres plantados en Su Iglesia, y traídos bajo la influencia de ese evangelio, alguna vez lo rindió.
  • 24. III. Y ahora pasemos a otro punto de la parábola: EL ESCRUTINIO QUE ESTA HIGUERA SE ATRAE SOBRE SÍ MISMO. Fíjense, el dueño de la viña no se olvida del árbol cuando lo ha plantado, ni se sienta en casa esperando que sus siervos le traigan el producto de él cuando lo hay; se le describe viniendo una y otra vez a su viña, y subiendo a este árbol y examinándolo. “Él vino y buscó fruto en ella”; estaba ansioso por el asunto, ansioso, no solo de recoger el fruto si podía encontrarlo, sino también de no pasarlo por alto si lo hubiera. Ninguno nos mira como Dios. No lo vemos cuando está a nuestro lado; el gran Observador nuestro es invisible y Su escrutinio silencioso; tal vez no pensamos más en Él de lo que un árbol en nuestro jardín piensa en nosotros cuando caminamos junto a él; pero Él nos marca a cada uno de nosotros cada hora con la más minuciosa atención. Él escucha nuestras palabras, se familiariza con nuestras obras. IV. Observen LA MARAVILLA DE LA PACIENCIA DE DIOS CON ESTE ÁRBOL INFRUCTUOSO. “He aquí, estos tres años vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo”. Hay sorpresa, observa, expresada en este lenguaje; sorpresa, puede ser, por la esterilidad de tal árbol en tal lugar; pero aún más, es sorpresa por la paciencia de Dios hacia Él, lo que estas palabras parecen expresar principalmente. El Señor habla en ellos como si Él mismo se maravillara de su propia paciencia. V. Pero fíjate en EL DESCOMPLETO EXPRESADO POR FIN CONTRA ESTE ÁRBOL INFRUTIVO. Es un disgusto que se ha mantenido bajo control durante mucho tiempo. Viene sobre nosotros después de una larga paciencia con nosotros. Es algo que ha triunfado sobre un gran amor y una gran paciencia; no el fluir de un arroyo que siempre ha tenido un curso libre, moviéndose a lo largo de un canal sin obstrucciones, es un río que estalla a través de aguiluchos que lo han maldecido por mucho tiempo, y derramando sus aguas acumuladas en un montón desolador. Mira aquí. El paciente dueño de este árbol se vuelve de inmediato decidido a destruirlo. Durante tres años sube a él, buscando entre sus hojas frutos; se va
  • 25. desilusionado, pero silencioso. No hay que culpar al árbol, ni quejarse de él. Las personas en la viña, que han presenciado todo esto, pueden haber dejado de notarlo, o si aún lo notan, pueden decir: “Ese árbol está a salvo. Infructuoso como es, por alguna extraña razón nuestro amo lo ama, y tanto lo ama que nunca lo quitará. Pero de repente viene la orden: “Cortadlo; ¿Por qué estorba el suelo?”. ¿Y qué sigue? ¿Se nivela el árbol de inmediato? No; para aviso– VI. LA INTERCESIÓN HECHA PARA ÉL. Respondiendo el labrador de la viña, le dijo: Señor, déjala también este año, hasta que cave alrededor de ella y la abono; y si da fruto, bien; y si no, después de eso lo cortarás. Aquí, sin duda, se nos presenta una escena celestial. Sólo hay un Mediador que puede interponerse eficazmente entre Dios y el hombre. Ministros, padres y amigos pueden decir acerca de este o aquel pecador: “Señor, déjalo en paz”. Él es el viñador que ruega por este árbol inútil para salvarlo de la destrucción. ¡Y cuán naturales y conmovedores son los términos en que se hace Su intercesión! Ni una sola palabra pronuncia contra este árbol estéril. Ni una palabra dice de todo el trabajo que le ha dado. Con maravillosa piedad y condescendencia, parece atribuir su larga infructuosidad a su propia negligencia. “Señor, déjalo en paz. La culpa puede ser mía. No he hecho por ello todo lo que pude. De ahora en adelante haré más. Se convertirá en el objeto especial de Mi trabajo y cuidado.” Y luego viene en estas palabras una mirada a todas las gloriosas consecuencias que seguirían. “Si da fruto, bien”, dicen nuestros traductores, pero no hay una palabra que responda a “bien” en el original. Nuestro Señor no dice lo que seguiría a la fecundidad de este árbol. Se interrumpe como si no pudiera decir. Parece como si toda la gloria y el deleite que resultaron para Su Padre y para Él mismo de la salvación de un pecador se precipitaron a Su mente y lo silenciaron. “Si da fruto, ¡oh, la felicidad de ese pobre pecador, y oh, el gozo indecible para ti y para mí!” Pero, fijaos, es sólo un año que el Intercesor pide este árbol, un año, una temporada limitada. Después de eso, dice, ya no intervendrá más; y más— Él aceptará la sentencia de su destrucción; “Tú lo cortarás”. No sé, hermanos, cómo este lenguaje puede impresionar a algunos de ustedes,
  • 26. pero me parece que hay algo muy temible en él. ¿Quién es el que promete aquí consentir después de un poco en la destrucción total de todo oidor infructuoso de la verdad de Dios entre nosotros? No es otro que Aquel que ha derramado la sangre de Su corazón por nuestra salvación, y que durante toda nuestra vida ha estado suplicando que seamos salvos. Es doloroso tener un buen amigo terrenal que nos abandone, pero ser abandonado, y entregado a una destrucción segura, por el bendito Jesús, el más bondadoso de todos los amigos, Aquel que nos soporta y nos ama como nadie sino Él mismo puede soportar. y el amor, pensemos lo que queramos, hay algo espantoso en esto. Es como un padre que ha amado con cariño a un hijo, un hijo sin valor, mientras que todos a su alrededor han estado clamando justicia para él; es como si ese padre finalmente se viera obligado a decir: “No puedo aguantar más. No puedo hacer mas. Que la justicia se lo lleve”. (C. Bradley, MA) La higuera salvó otro año III. DIOS ESPERA FRUTO DE NOSOTROS. Y con razón. 1. Pregúntense, entonces, hermanos, ¿dan frutos que correspondan a su profesión de arrepentimiento? ¿Habéis resucitado de un estado de inconversión y andando en novedad de vida? 2. ¿Da frutos que respondan a su profesión de fe? Profesas creer en Aquel que te ha comprado con Su sangre. ¿Ya no estáis viviendo para vosotros mismos, sino para Aquel que murió por vosotros? 3. ¿El fruto que das es adecuado a las oportunidades y medios de gracia que disfrutas? Muy favorecidos sois, hermanos; sois miembros de una Iglesia pura; os reunís en una forma pura de adoración. La Palabra de Dios, los sacramentos son tuyos; a vosotros es predicado el evangelio. ¿No podría el Señor de la viña haber puesto el hacha en la raíz? ¿Por qué estás a salvo? Porque Dios es paciente, misericordioso, y quiere que te arrepientas.
  • 27. IV. OBSERVA QUE EN EL JUICIO DIOS SE ACUERDA DE LA MISERICORDIA. Bien podría decir la justicia: “Córtalo”. Pero hay un Abogado en el cielo. He aquí a Uno que intercede a la diestra de Dios: “Déjalo también este año, hasta que cave alrededor de él y lo excreme; y si da fruto, bien”. Bendito sea Dios, por nosotros la misericordia se regocijó contra el juicio. Todavía estamos a salvo; ¿Y con qué fin ha sido Cristo Jesús tan paciente? Es para que Él pueda mostrar una bondad aún más rica; para que pueda probar medios más abundantes. Déjalo en paz, hasta que cave alrededor de él y lo excreme. “Y si da fruto, bien”. Todos los cuidados y dolores habrán sido bien repartidos, si, después de todo, el pecador da fruto para Dios. La misericordia de Dios será magnificada; Su gracia exaltada. V. Y ahora, por último, OBSERVA LA MUERTE SEGURA DE AQUELLOS QUE CONTINUAN AÚN SIN FRUTO:–“Si no” (si el árbol no da fruto), “entonces después de eso lo cortarás”. Es, pues, posible agotar la paciencia del mismo Dios. Es posible, por un corazón duro e impenitente, dejar pasar el día de la gracia. Puede que llegue un momento en que la misericordia dejará de interceder y dejará lugar únicamente para el juicio; cuando Cristo mismo renunciará a su intercesión. Oh, terrible estado en el que el Salvador mismo se retira; cuando Su Espíritu, afligido, resistido, apagado, abandona finalmente el corazón de piedra. Luego sigue una insensibilidad semejante a la muerte: una apatía terrible hacia todas las cosas espirituales, o, puede ser, un crecimiento diario en toda iniquidad, hasta que finalmente la copa del pecador está llena. (E. Blencowe, MA) La higuera estéril Yo. LA PLANTACIÓN DE LA HIGUERA. 1. Este “cierto hombre” denota a Dios. A Él pertenece todo. “Suya es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan.” Pero la Iglesia es peculiarmente Suya, como es llamada por Su nombre, y formada para proclamar Su alabanza.
  • 28. 2. Pero, ¿a quién se refiere la higuera? No puede ser un verdadero cristiano. Todos los verdaderamente regenerados son fructíferos. No son igualmente, pero son realmente, fructíferos. El carácter que aquí se pretende es un hombre colocado en la Iglesia externa y visible, y gozando de todos los privilegios de una situación tan favorecida. Una vez fue el judío muy favorecido. Ahora es el cristiano muy favorecido, bendecido con todas las ventajas religiosas del judaísmo, multiplicado, mejorado, perfeccionado: ahora es el británico muy favorecido, nacido no solo en una tierra de libertad y ciencia, sino de la gracia del evangelio. Eres tú quien fuiste criado en una familia piadosa y favorecido con las oraciones, las instrucciones, los ejemplos, las lágrimas de padres piadosos. Eres tú quien tienes un nombre y un lugar en Su santuario, de sábado a sábado, donde “tus ojos ven a tus maestros, y tus oídos oyen una voz a tus espaldas que dice: Este es el camino, andad por él cuando torcer a la derecha, y cuando torcer a la izquierda.” II. LA QUEJA DEL PROPIETARIO. 1. Su observación. 2. Su decepción. 3. Su paciencia. “Estos tres años”. ¿Por qué no se quejó el primer año? ¿Por qué no lo destruyó el segundo año? ¿Por qué lo soporta hasta el final de la tercera? ¿Por qué? Para enseñarnos que el juicio es Su extraña obra, que Él se deleita en la misericordia; que Él espera ser misericordioso; que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. III. LA SENTENCIA DE DESTRUCCIÓN: “Córtala; ¿Por qué estorba el suelo? Aquí vemos– 1. Que aquellos que no obtienen ningún beneficio de los medios de gracia son perjudiciales.
  • 29. 2. La inutilidad bajo los medios de la gracia irrita sobremanera al Altísimo. ¿Y podemos asombrarnos de esto cuando consideramos qué pérdida de tiempo es; qué abuso de privilegio; qué desprecio de la bondad divina; ¡Qué desprecio del alma y de la eternidad! El pecado debe estimarse no por su grosería, sino por su culpa. ¿Y qué agrava la culpa? La luz que poseemos; las obligaciones bajo las cuales estamos; las restricciones que rompemos. 3. Dios posee tanto la justicia como la misericordia; y aunque soporta mucho, no soportará siempre. “La sentencia contra una mala obra no se ejecuta pronto”; y, como consecuencia, el corazón de los hijos de los hombres a menudo está completamente dispuesto en ellos para hacer el mal. ¡Pero qué absurdo, además de peligroso, es un razonamiento tan perverso! ¿La paciencia es perdón? No. IV. LA INTERCESIÓN DEL LABRADOR. 1. Pide la suspensión del golpe. “Déjalo solo este año también”. Lo has soportado mucho tiempo, lo reconozco; ¡oh! sopórtalo un poco más. ¿Y por qué está tan deseoso de perdonar al pecador un poco más en este mundo? Porque, para que tengamos la gracia del arrepentimiento, es necesario que tengamos espacio para el arrepentimiento: porque mientras hay vida hay esperanza; pero “cuando el dueño de la casa se haya levantado y cerrado la puerta”, la oportunidad se acaba, la inoportunidad es vana. 2. Se compromete a usar medios adicionales para producir fertilidad: “Hasta que cavo alrededor de él y lo excremento”. La Palabra será predicada con más fervor que antes. El ministro será particular en describir su caso, en alarmar sus temores. Los amigos deben advertir, amonestar, invitar. La conciencia se despertará y reprobará. Las desilusiones le mostrarán la vanidad del mundo. La enfermedad invadirá su estructura. La muerte entrará en su familia y herirá una conexión a su lado. El día en que él vive será oscuro y nublado. Oirá hablar de “angustia de las naciones con perplejidad; el mar y las olas rugiendo; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.” ¿Y podrá retener su impiedad durante un año como este?
  • 30. 3. He aquí el supuesto de producción futura. “Si da fruto, bien”. Bien por el dueño (Juan 15:8). Bien por el viñador, ya que su trabajo será recompensado. Bien por la viña; será adornado, enriquecido y reabastecido. Bien por el árbol mismo, ya que escapará del castigo de la esterilidad y obtendrá la bendición de la fecundidad. 4. Aquí está el destino de la impenitencia final. Incluso la paciencia del Salvador puede agotarse. (W. Jay.) Amenaza de juicio, pero clemencia Yo. A todos los pecadores inútiles y mentirosos, pronunciamos esta dura, pero necesaria frase: RECORTARLOS SERÍA MUY RAZONABLE. Es correcto y razonable talar árboles estériles, y es igualmente correcto y razonable que tú seas talado. 1. Esto aparecerá en primer lugar, si reflexionamos que esta es la forma más corta y segura de tratar contigo; costará la menor cantidad de problemas y será ciertamente eficaz para sacarlo del lugar para el que es una lesión en lugar de un beneficio. 2. Otra razón hace que el argumento a favor del juicio sea muy poderoso, a saber, que ya se ha dado suficiente espacio para el arrepentimiento. 3. Pecador, creo que discuto tu caso con dureza. Durante todo este tiempo no ha habido ningún signo de mejora en ti. 4. Pero hay otras razones por las que “Cortarlo” es más razonable, cuando consideramos al propietario y los otros árboles. (1) En primer lugar, aquí hay un árbol que no da ningún fruto, y por lo tanto no sirve. Es como dinero mal invertido, que no genera interés; es una pérdida total para el propietario. ¿De qué sirve guardarlo? El árbol muerto no es ni uso ni ornamento; no puede rendir ningún servicio ni proporcionar
  • 31. ningún placer. Córtalo por todos los medios. Y así contigo, pecador; ¿De qué te sirve? (2) Pero hay una consideración peor, a saber, que todo este tiempo has estado llenando un espacio que alguien podría haber estado llenando para la gloria de Dios. Donde se encuentra ese árbol estéril, podría haber habido un árbol cargado de fruta. (3) Además, y para empeorar el mal hasta el peor grado, todo esto mientras los hombres impíos están extendiendo una mala influencia. II. Nuestro segundo trabajo más solemne es recordarte, oh pecador impenitente, que QUE DIOS TE HAYA PERDONADO ES ALGO MUY MARAVILLOSO. Que el Dios infinitamente justo y santo te haya perdonado, hombre inconverso, mujer inconversa, hasta ahora, no es poca cosa, sino cosa de adorador asombro. 1. Déjame mostrarte esto. Considera, negativamente, que Dios no te perdona porque es insensible a tus pecados: está enojado con los impíos todos los días. 2. No es porque la ofensa esté a distancia, y por lo tanto lejos de Su ojo observador. 3. Fíjate, pecador, Él no te ha perdonado porque no haya podido destruirte. Podría haber ordenado que se cayeran las tejas del techo, o la fiebre podría haberte golpeado en la calle; el aire podría haberse negado a impulsar tus pulmones, o la sangre podría haber dejado de circular por tus venas. Las puertas a la muerte son muchas. La aljaba del juicio está llena de flechas afiladas. El Señor sólo tiene que quererlo, y tu alma es requerida de ti. No se te extrañará más de lo que se extraña una hoja seca en un bosque, o una gota de rocío en mil leguas de hierba. El juicio necesita sólo una palabra para obrar su máxima venganza, y además eres tan provocador que la maravilla es que la severidad divina te haya ahorrado tanto tiempo. Admira y maravíllate ante esta longanimidad.
  • 32. 4. Recuerda que este asombro se acrecienta, cuando piensas en el fruto que Él mereció haber tenido de ti. Un Dios tan bueno y tan misericordioso debería haber sido amado por ti. 5. Y ¡ah, mis oyentes! Tengo que referirme a una parte muy solemne del asunto ahora, cuando noto nuevamente que algunos, quizás, aquí presentes han sido culpables de pecados que provocan a Dios. ¿Será Dios siempre provocado? ¿Se os predicará la misericordia para siempre en vano? Es una maravilla, es una maravilla que estos pecados que provocan a Dios hayan sido soportados durante tanto tiempo, y que aún no hayas sido cortado. III. Y ahora, ¿CUÁL ES LA RAZÓN DE TODA ESTA SUFRIMIENTO? “¿Por qué no ha sido talado este árbol derribado? La respuesta es, porque hay Uno que intercede por los pecadores. Pero, ¿cuál ha sido la causa secreta de que te hayan mantenido con vida? La respuesta es, Jesucristo ha suplicado por ti, el Salvador crucificado ha interferido por ti. Y me preguntas “¿Por qué?” Respondo, porque Jesucristo tiene interés en todos ustedes. (CHSpurgeon.) Lecciones de la higuera 1. Esta parábola corta todas las súplicas de bondad negativa. La improductividad es decididamente criminal. 2. Esta parábola os llama a examinaros a vosotros mismos, si sois estériles o fructíferos; y seguir el resultado correctamente, cualquiera que sea. 3. Esta parábola nos llama a todos a estar agradecidos con el Señor por salvarnos hasta ahora. Nos da este llamado a nosotros sin excepción, y especialmente si alguno de nosotros se ha salvado en el tiempo de gran peligro, restaurado de una enfermedad grave. 4. Ninguno de nosotros abuse tanto de la misericordia de Dios como para presumir de ella para el futuro; pero mejoremos todos la presente
  • 33. temporada sin demora, y mantengámonos en constante preparación para la muerte. (James Foote, MA) La higuera estéril Los principios que subyacen a esta parábola son, brevemente, estas: Que mucho se demandará de aquellos a quienes mucho se les ha dado; que, si aquellos a quienes se ha dado mucho no cumplen con lo que se les exige, se pronunciará contra ellos sentencia de destrucción; y que, aunque la ejecución de esta sentencia puede ser diferida por la intercesión de Cristo, ciertamente se llevará a cabo si no se manifiesta el arrepentimiento y la enmienda. Yo. DIOS NOS HA PUESTO EN LAS CIRCUNSTANCIAS MÁS FAVORABLES PARA QUE DAMOS FRUTO. Los privilegios de los judíos eran pequeños en comparación con los que disfrutamos nosotros. Ellos tenían los profetas; tenemos al Hijo de Dios. No olvidemos nunca que la responsabilidad es proporcional al privilegio. II. DIOS ESPERA FRUTOS EXCEPCIONALES DE UN ÁRBOL AL QUE HA DADO TALES VENTAJAS EXCEPCIONALES. Si tenemos mucho más que otros, deberíamos ser mucho mejores que ellos. El fruto en este caso es el del carácter: lo que somos más que lo que hacemos: lo que hacemos sólo en la medida en que es el resultado genuino y la revelación espontánea de lo que somos. La justicia, la mansedumbre, la fidelidad, en una palabra, la excelencia moral que brota de nuestra fe en Cristo y de nuestra devoción a Él, ese es el fruto que Dios espera encontrar en nosotros como ocupantes de su viña. III. DIOS PRONUNCIA SENTENCIA DE DESTRUCCIÓN A TODOS LOS QUE, HABIENDO TENER TALES PRIVILEGIOS, NO DAN FRUTO (ver Juan 15:6;Mateo 7:19). Los judíos son un ejemplo de esto; las siete Iglesias en Asia son otra. Si deseamos asegurar una prosperidad permanente, debemos
  • 34. recordar que solo podemos hacerlo manteniendo una fecundidad constante en las obras de fe y las obras de amor, y la santidad de carácter. Cuando estos desaparezcan y la esterilidad se asiente, entonces vendrá la oración: “Córtala”. IV. ESTA SENTENCIA, PRONUNCIADA SOBRE LA HIGUERA ESTÉRIL, NO SE LLEVA A EJECUCIÓN INMEDIATAMENTE. Por toda tregua que se interponga, en todo caso, entre el mal merecido y su castigo inmediato, los hombres están en deuda con la intercesión de Cristo. V. UN RESPIRO NO ES UN PERDÓN. Sólo un aplazamiento. Tenga cuidado de no considerar la paciencia de Dios, que está destinada a dar lugar al arrepentimiento, como una manifestación real de indiferenciao aprobación. La culpa después de tal indulgencia, y contra ella, será mayor que antes. (WM Taylor, DD) De Cristo que busca fruto y no lo encuentra Aquellos quienes disfrutan de los medios de la fecundidad deben dar fruto; aquellos que están plantados en la viña del Señor, y tienen una posición bajo los medios de la gracia, deben ser fructíferos. Esto está claro en las palabras, y de hecho en cada parte de esta parábola. 1. Se plantan en la viña con este fin. Ese es el lugar apropiado para los árboles frutales; otro lugar que la viña les serviría, si no se pusieran allí para dar fruto. 2. El Señor, que les da lugar aquí, lo espera. Se dice que viene y busca fruto (Luk 13:6-7). Es lo que tiene justa razón para buscar. 3. Se resiente atrozmente cuando no encuentra fruto, y expresa su resentimiento al labrador de su viña. Es un abuso de su paciencia; cuanto más soporta tal esterilidad, más se abusa de ella. Es una provocación con la
  • 35. que no soportará mucho tiempo. Después de tres años de indulgencia, dicta esa severa sentencia, “córtala”. 4. Es una lesión en el lugar donde se paran. Obstaculizan el suelo, por eso la sentencia (Luk 13,7). Ocupa esa habitación que podría estar mejor empleada; chupa esa humedad que haría fructificar a otros; desborda las plantas que están debajo de él, impide la expansión y fecundidad de otras. Se podría mejorar mejor el terreno; es una pérdida para el dueño de la viña, cuando tal planta se sufre, καταργεῖ; lo que puede significar gastar el corazón de la tierra en vano (Luk 13:7). 5. Aquellos que tienen más ternura por tal, no pueden tener motivos para buscar una larga paciencia de esta esterilidad. El labrador de la viña se atreverá a suplicar no más de un año, después de eso la entregará a excisión (Luk 13:8- 9). 6. Todo el trabajo y el dolor, todo el cuidado y la cultura, al excavar y abonar, se pierden en él. Aquellos a quienes el Señor emplea para usar todos los medios para su mejoramiento, no les queda nada en el asunto, sino motivo de triste queja, porque han trabajado en vano, gastando sus fuerzas en vano Isaías 49:4). 7. Tales ciertamente se arruinarán. Donde no se encuentra fruto, no se puede esperar nada más que talar. El señor de la viña no los perdonará, ni los labradores de la viña intercederán más por ellos. Todos en un ratito coinciden en esa fatal conclusión, “córtala”. Todos estos, y cada uno de ellos, hacen evidente que aquellos que están plantados bajo los medios de la gracia, están muy preocupados por dar fruto. La indagación más pertinente y provechosa, para mayor aclaración de esta verdad, será, ¿qué frutos deben producir? ¿Qué hemos de entender por fruto, y esa fecundidad que es tanto nuestro deber? Y de esto os daré cuenta por la calidad, cantidad y continuidad de ello. A estos encabezados podemos reducir aquellos varios, por los cuales las Escrituras nos expresan lo que es este fruto. Yo. POR CALIDAD. Debe ser buen fruto. Uvas, no “uvas silvestres”.
  • 36. 1. Reales. Un espectáculo, una apariencia de fruto no será suficiente. Si no es real, no tiene una bondad metafísica y mucho menos moral o espiritual. La higuera en el evangelio hizo algún espectáculo de frutos; pero Cristo, al no hallarlo realmente, lo maldijo y se secó (Mat 21:19). No debe ser como la manzana de Sodoma, que no tiene nada que la elogie, sino sólo una hermosa exterior. Las bellas apariencias pueden engañar a los hombres y pasar por mejores frutos para ellos que lo que es realmente bueno. Pero Dios no es, no puede ser burlado; es Él el que viene a buscar el fruto, y no es la más bella muestra la que le satisfará, debe ser real. 2. Debe ser tal que implique un cambio del alma que lo produzca. 3. Debe ser fruto distintivo; como ningún árbol puede producir sino buenos, y que muestren su bondad (Mat 7:16; Mat 7:16; Mateo 7:20); los que aprobéis ante Dios y vuestras propias conciencias para que seáis árboles de justicia, plantados por el Señor, y que también deis a conocer esto a los hombres, en la medida en que sea conocido por hechos visibles; tales que puedan llevar una convicción con ellos a las conciencias de otros, que ustedes son de hecho lo que profesan ser, tales que no les dejen una justa excepción en contra de ello (1Pe 3:16). 4. Condimentada. Para que sea buen fruto, debe ser producido “a su tiempo” (Sal 1:1-6.; Mateo 21:41). El señor de la viña busca fruto en su tiempo (Mar 12:2; Lucas 20:10). Hay un tiempo para todo (Ecl 3:1), y entonces, si es que lo hay, es bueno. 5. Sonido. Una piel blanca no basta para dar fruto para bien, si por dentro está podrida. Y así es nuestro fruto, si el temperamento interno y los movimientos del corazón no se corresponden con las acciones y expresiones externas. II. Por la CANTIDAD. Debería ser mucho (Juan 15:5; Juan 15: 8). Debe haber–
  • 37. 1. Una plenitud de fruto. Los que gozan de los medios, no sólo deben dar fruto, sino ser fructíferos; debe dar abundancia. El corazón y la vida deben estar llenos de ella (Filipenses 1:11). 2. Una proporcionalidad a los medios de fecundidad, a la abundancia y potencia de los mismos. Tanto como responderá el cuidado y los dolores se toman con ellos. Si un hombre se esmera más y tiene más responsabilidad en abrir las raíces de un árbol, y abonarlo, y podarlo, cercarlo y regarlo, y da menos o no más fruto que otro que no tiene tal cuidado y afanado con él, difícilmente pasará por un árbol bueno y fructífero. Esa es tierra estéril, que produce menos, después de todo cuidado y cultura, que la que tiene menos labranza. 3. Un incremento. Aquellos que disfrutan de los medios de la fecundidad, deben crecer más y más fructíferos. Cuanto más tiempo permanezcan en la viña, y continúen bajo los medios de la gracia, más fruto deben dar. No esperas mucho de un árbol el primer año; pero después de que está en condiciones de producir, esperas que cada año aumente en fecundidad, y produzca más y más. Así espera el Señor de nosotros. 4. Variedad. Su fruto no solo debe ser mucho de algún tipo, sino de todo tipo. No solo deben abundar en alguna clase de fruto, sino que deben producir frutos de toda clase. III. Para CONTINUACIÓN. Debe ser un fruto duradero. De los cuales en tres particulares. 1. El fruto que den debe continuar, no debe marchitarse ni reducirse a nada antes de que el Señor de la viña venga a segarlo. 2. Deben seguir dando frutos. La buena tierra sí se aprobó a sí misma como buena, porque dio fruto “con paciencia” (Luk 8:15). Sólo son tierra buena y fértil los que perseveran y se esfuerzan en dar fruto.
  • 38. 3. Deben llevarlo siempre; no sólo semper, como un árbol que nunca deja de dar fruto una vez al año, sino ad semper,como si un árbol debiera dar fruto todo el año. Uso 1. Esto nos lleva a levantar un lamento por la esterilidad del lugar, la esterilidad de la gente de esta tierra. Uso 2. Para exhortación. Si aquellos que disfrutan de los medios de la fecundidad deben dar a luz, entonces están muy interesados en tomar nota de ello como su deber, ser fructíferos y cumplir con el Señor aquí. (D. Clarkson, BD) La parábola de la higuera Yo. Aquellos a quienes les corresponde vivir dentro de los límites de la Iglesia visible, son un pueblo muy favorecido. Comparados con el resto de la humanidad, son como un campo o jardín cerrado, en cuyo cultivo o adorno el propietario pone grandes esfuerzos y gastos. II. Dios requiere, y tiene derecho a esperar, que aquellos que son tan altamente favorecidos produzcan frutos de la misma clase. Es la peculiaridad del evangelio que el privilegio precede al deber, pero siempre se da por sentado que el deber seguirá. III. A menudo hay gran motivo de lamentación y queja, de que aquellos que son favorecidos por Dios, en punto de privilegio, dejan de rendirle homenaje. ¡Cuántos hay que desprecian la bondad, la longanimidad y la paciencia de Dios! ¡Cuántos hay que no conocen este día de su visitación misericordiosa! IV. Dios está justa y dolorosamente irritado por tal conducta. “Córtalo”, dice Él, “¿por qué estorba el suelo? “De qué sirve que permanezca más tiempo, sino para llenar espacio en ese jardín en el que he puesto tantos dolores,
  • 39. para interceptar la luz del sol de los otros árboles que están dando fruto, para quitarles la savia ? V. A Dios le agrada perdonar a los miembros inútiles de la Iglesia y extender su día de gracia, a pesar de todas sus provocaciones. (T. McCrie, DD) Producir fruto Se espera que todo hombre ser fructífero de una forma u otra; no hay situación en la que un hombre no pueda producir buenos frutos. Los siervos pueden dar buenos frutos ante sus superiores. Escuché, el otro día, de una sirvienta, una persona piadosa, que deseaba cambiar su lugar. “¿Tu maestro ha sido poco amable? ¿No te dio suficientes salarios? “No; da más de lo que tendré en otra parte; pero son tan malvados que no puedo soportar sus caminos. Preferiría trabajar más duro, con menos salarios, que quedarme a ver sus malas acciones”. Queridos hermanos, oro esto por ustedes: que Dios les enseñe a odiar el pecado dondequiera que lo vean, y que no se burlen de él ni le hagan un guiño. Deseo hacer de todos vosotros buenos cristianos bajo el influjo de aquella gracia que es la única que os puede hacer sabios para la salvación. Maestros, podéis hacer mucho bien. Una vez escuché una anécdota de una pobre sirvienta. Se fue a vivir a una casa, pero después de un tiempo quiso dejar su lugar. Le recomendaron que se quedara, ya que eran personas religiosas. “Oh”, dijo ella, “no volveré a ir a una casa como esta; porque, mientras que el amo y la señora fingen ser muy piadosos cuando están fuera, son unos demonios en casa. Déjame ir más bien donde los justos son una burla, y donde la justicia es completamente despreciada.” Os digo que la verdadera justicia crea el cielo en las casas de los hombres; y donde está el temor de Dios, hay rectitud en cada departamento, y es la gloria del círculo familiar. (Rowland Hill, MA) La higuera sin higo En cuanto a Dios, debemos ser fructíferos. Primero, porque Él lo ha merecido. En segundo lugar, Él lo busca. En tercer lugar, y cuando lo
  • 40. encuentra, se considera honrado y glorificado por él. Primero, EL FRUTO MERECIDO DE NOSOTROS, al habernos comprado a precio caro de nuestra vana conversación, para servirle todos nuestros días en santidad y justicia; Él nos ha escogido para que seamos “un pueblo propio suyo, celoso de buenas obras”, y nos ha escogido antes que a los demás, para que seamos fructíferos y nuestro fruto permanezca y abunde. Él nos ha hecho hechura suya, por el llamamiento eficaz de la gracia, y “nos creó para buenas obras, para andar en ellas”. Él nos ha plantado, nos ha cercado, nos ha abonado, nos ha regado con el dulce rocío de Su Palabra y evangelio del cielo; nos recortó con su podadera de juicios y correcciones. “¿Y qué más podría hacer por nosotros que no haya hecho?” Dios ha puesto en esperanza, plantado en esperanza, regado en esperanza, de algún retorno responsable, ¿y será negado? ¿O puedes imaginarte que Dios ha tomado todos estos dolores contigo, y te ha otorgado todo este costo, para que produzcas ramas verdes o flores alegres solamente? En segundo lugar, ÉL LO HA BUSCADO DE NOSOTROS, como habla nuestro texto. Ahora bien, buscar implica diversas cosas: primero, un deseo ferviente de encontrar lo que se busca, como Lucas Mateo 13:45. Tan ferviente deseo tiene Dios de dar fruto en nosotros, a los que ha plantado en su Iglesia, como se desprende de los patéticos discursos que usa, Dt 5:29 ; Dt 32:29; Sal 81:13; Os 6 :4. Y en este capítulo, Luk 13:34; Lucas 19:41-42. Por todo lo cual, y muchos por el estilo, parece que Él busca seria y fervientemente el fruto, y se aflige mucho cuando es engañado en Su expectativa. En segundo lugar, Procurar la diligencia y frecuencia de las importaciones. No es raro sino un acto continuado. Entonces Hijo 3:1-4; Lucas 15:8; 2Ti 1:17. Así Dios viene y busca fruto, no una vez, no dos veces, y luego se da por vencido, sino que viene a menudo. En tercer lugar, Buscar implica mansedumbre y mansedumbre. En tercer lugar, DEBEMOS PRODUCIR FRUTO, PORQUE DIOS SE MANTIENE GLORIFICADO EN ÉL. “En esto es glorificado mi Padre” (dice Cristo) “en que llevéis mucho fruto” (Juan 15:8). En segundo lugar, debemos tener una consideración especial al crédito del evangelio, que es la doctrina de la gracia de Dios, y enseña a los hombres a ser fructíferos, “en la renuncia a todos los deseos impíos, y en una vida sobria, justa y
  • 41. piadosamente en este mundo malo” (Tit 2:11-12). En tercer lugar, Dios tendrá un cuidado especial de nosotros. A los israelitas en sus conquistas se les prohibió levantar hacha contra cualquier árbol que diera fruto Dt 20:19-20). Dios proveerá para todos los cristianos fructíferos en calamidades públicas (Eze 9:4). En cuarto lugar, “será con nosotros según nuestro fruto” (Jer 17:10). Leemos que Jerjes adornó el plátano , y lo colgó con muchas joyas ricas y preciosas, porque se deleitaba en su sombra; mucho más adornará Dios los árboles fructíferos, porque se deleita en su fruto. En esta vida Él recompensará con gloria y honra. El cristiano fecundo lleva en su corazón un cielo, alegría y consuelo Hijo 7,7), una comunión feliz y bendita que es entre Cristo y él ; y de aquí en adelante le queda una bendición por Heb 7:8). Y así habéis oído qué razón tenemos para ser fructíferos, tanto con respecto a los demás, como a nosotros mismos y a los demás. Por último, si ponemos nuestra mirada en toda la creación, y en cada criatura que Dios ha hecho en ella, podemos ser estimulados y provocados a la fecundidad. El cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos son fructíferos en su género; ¿Y será el hombre estéril y sin fruto, para quien todo esto es fructífero? (N. Rogers.) Dios el Dueño de la viña Ahora brevemente de el interés peculiar y la propiedad del propietario en el mismo. Es Su viña. ¿Cómo suyo? ¿Es Él el dueño y poseedor de nada más que eso? y la higuera mencionada allí creciendo? “Del Señor es toda la tierra y su plenitud; el mundo redondo, y los que en él habitan”, dice el salmista (Sal 24:1), y sin embargo en cuanto al afecto que Él lleva a la Iglesia, en cierto modo se considera dueño de nada más que de esto. La Iglesia es la herencia peculiar del Señor, Él la respeta más que a todo el mundo. “La porción del Señor es su pueblo, la porción de su heredad es Jacob”, dice Moisés (Dt 32,9); son sus peculiares (Ex 19,5-6); Su gloria (Is 46:13); Su ornamento (Eze 7:20); Su trono (Jeremías 4:21); Su diadema Isa 62:3); Su Hephzibah (Isa 62:4); Su único deleite está en ella. 1. Los ha escogido de entre el resto del mundo. “Solo el Señor se deleita en tus padres para amarlos, y escogió su simiente “después de ellos, vosotros de entre todos los pueblos, como sucede hoy”, dijo Moisés a Israel Dt 10:15). El Señor “ha escogido a Sión, la ha querido para su habitación”, dice David (Sal 132:13-14). “Vosotros sois linaje escogido”, dice Pedro (1Pe 2:2). Dios
  • 42. escoge por Su amor, y ama por Su elección; son llamados Suyos por elección. 2. Ha comprado su heredad a gran precio; el mundo entero no le costó tanto como su Iglesia, fue comprada con sangre. Él ha entrado en una alianza y pacto con Su Iglesia, para convertirse en su Dios, y tomarlos como Su pueblo, y así no lo ha hecho con el mundo además ( Os 2:13; 1Pe 2:10). El hombre se parece con frecuencia a un árbol en la Escritura; entonces Job 19:10; Daniel 4:10-11; Dan 4:14; Daniel 4:20; Isaías 11:19; Ezequiel 17:24; Mateo 3:10; Mateo 7:17-19; Mateo 12:33. Los parecidos son muchos; Tome nota de algunos. 1. Con respecto a la forma, un árbol tiene su raíz, tronco o cuerpo, ramas, ramas y ramitas más pequeñas que salen de allí. La cabeza del hombre es su raíz, su cuerpo responde al tronco o tronco de un árbol, sus brazos y piernas son sus ramas y ramas, sus dedos de manos y pies las ramitas más pequeñas. Sólo aquí está la diferencia, el hombre es arbor inversa, un árbol al revés, dice el filósofo. Porque la raíz o la cabeza de un árbol está sobre la tierra, y se extiende hacia el cielo en el tallo, las ramas y las ramas de la misma. Pero el hombre (este árbol místico) tiene la cabeza hacia arriba, como su raíz; y sus ramas y ramas crecen hacia abajo a la tierra: para enseñarnos (dice uno) de dónde tenemos nuestra savia, humedad y alimento, no de la tierra abajo, como la tiene el árbol (que fue la bendición de Esaú), sino del rocío del cielo, que fue la bendición de Jacob (Gn 27,28-29). 2. En cuanto al crecimiento, existe cierta semejanza. Un árbol es primero tierno en la ramita, luego rígido en el tronco; y por último, marchito y dócil en la edad de ella. Así el hombre en su niñez e infancia es flexible, inclinándose fácilmente a la virtud o al vicio, según se le enseña e instruye. Como la cera, es apto para recibir cualquier impresión que se le ponga, y (como Plinio habla del abeto) cuanto más cerca está de la raíz, más suave es y menos nudoso. Así, cuanto más cerca está el hombre de la infancia y la niñez, menos pecador y más libre de cursos viciosos; pero una vez que llega a ser rígido, y confirmado en la fuerza de su ganado por la edad, entonces se vuelve más duro y violento en sus cursos (como lo hicieron Roboam y Joás): la sidra que cultivamos, por lo general peor somos. . Adam estaba peor en calzones que antes; así es con su posteridad pecaminosa. Y así como
  • 43. el hombre crece así en su juventud, así se desmaya en su vejez. Que sea tan fuerte como la encina, tan alto como el cedro, tan erguido como el pino, tan verde y floreciente como el laurel o el laurel; cuando la edad se apodera de él, su fuerza se debilita, su altura mengua, su rectitud se tuerce, su verdor se marchita. 3. Hay varios tipos y clases de árboles; unos más grandes que otros, y algunos más altos; algunos más rectos, otros más anchos; algunos más jóvenes, algunos mayores; algunos estériles, algunos fructíferos; así es entre los hombres. No todos son del mismo rango y calidad, algunos son de alto grado, otros bajos (Sal 61:2). Unos exaltados, otros derribados. Saulo era un árbol alto, “más alto que los demás por la cabeza y los hombros”. Zaqueo era un árbol bajo, más bajo que la gente por la cabeza y los hombros. Absolom era un árbol hermoso, verde y recto, ninguno en Israel comparable con él en belleza. Mefiboset era un árbol cojo y torcido desde su niñez, por una caída que se salió de los brazos de su nodriza. Algunos son fructíferos, otros infructuosos. De los cuales más adelante. 4. Con respecto al estado y condición externa, se mantiene la semejanza. Los árboles altos están sujetos a los mayores peligros, estando expuestos a la violencia de los vientos, a los relámpagos, a los golpes de los rayos, y generalmente cuanto más altos son menos fructíferos. Los árboles bajos están sujetos al ramoneo de las bestias, al pisoteo con los pies y a otras veinte molestias. El árbol de mediana estatura es principalmente el más seguro y da el mejor fruto. Así es con el hombre. Los que están en alto los abre a los vientos de alteración, a los relámpagos de los desastres, a los truenos de la envidia y la malicia. “Cómo han sido trastornados los poderosos” (dijo David en su epitafio para Saúl). ¡Vaya! “¿Cómo están caídos?” ¿Con qué frecuencia se parten con el peso y la grandeza de sus propias ramas? 5. Los árboles no están exentos de enfermedades, como demuestra Plinio, ni el hombre está exento de las suyas. El mismo autor nos dice que, hasta entonces, se descubrieron trescientas enfermedades diversas, a las que estaba sujeto el hombre (algunos filósofos dicen dos mil, y que hay doscientas a las que incide el mismo ojo del hombre). Seguro que sí, no hay árbol sujeto a tantas enfermedades como el cuerpo del hombre.
  • 44. 6. Con respecto al uso, el hombre puede parecerse a un árbol; algunos árboles son para construir, otros para quemar, una vez talados. Así es con toda la humanidad, siendo abatida por la muerte; unos para la edificación de “la casa que no está hecha de manos” (2Co 5:1), otros para combustible en el infierno, “su fin es ser quemados” (Heb 6:8). Podríamos familiarizarte con otras semejanzas, pero debo observar la medida. Que esto que se ha dicho no se pase por alto sin alguna aplicación útil. (N. Rogers.) Una higuera No era ordinaria ni árbol trivial, pero noble y generoso (llamado por otros árboles para ser rey sobre ellos), y dio frutos dulces y deliciosos (Jdg 9: 10). Por qué se debe mencionar una higuera en lugar de cualquier otro árbol, se pueden presentar algunas razones, como esta en general: la higuera era muy común en Judea, y con frecuencia se plantaba en sus viñedos, porque la vid se deleita mucho en su barrio y sombra; y por eso es que con tanta frecuencia los encontramos unidos en la Escritura (Dt 8:8; 1Re 4:25; Sal 105:33; Joe 1:7; Joe 2:22; Amós 4:9; Hag 1:12). Más particularmente, en referencia a la sinagoga de los judíos, y ese estado, la higuera, por encima de otros árboles, expuso mejor su condición. La higuera es una planta suculenta, llena de hojas y ramas exuberantes; así salió esa nación, y gastó su savia en observaciones y ceremonias externas, contentándose con las hermosas hojas de la profesión externa, clamando: “El templo del Señor, el templo del Señor”, acercándose con sus labios. cuando sus corazones estaban lejos. Además, la higuera es la primera que brota, pero la última cuyo fruto está maduro; los judíos brotaron mucho antes que los gentiles (y se debe orar para que se acelere el tiempo de su fruto maduro), pero la plenitud de los gentiles debe llegar antes de que se pueda esperar su madurez, como muestra el apóstol (Rom 11:25-26). En referencia a la Iglesia cristiana bajo el Nuevo Testamento, la higuera se nombra con respecto a diversas propiedades, en las que guarda semejanza. 1. La higuera está llena de savia y humedad, es el más jugoso de todos los árboles, su raíz lo alimenta abundantemente; así también Cristo Su Iglesia, Él es la Raíz de ella, y de la Raíz depende su posición firme, y la vida de cada rama; de esta Raíz tenemos nuestra humedad radical, de Su plenitud derivamos gracia, y gracia sobre gracia (Juan 1:16).
  • 45. 2. La higuera es más fecunda que otros árboles. Tiene fruto uno debajo del otro, tanto que un higo se echa encima del otro, a causa de su abundancia. La higuera egipcia (dice Sclinus) da fruto siete veces al año; arranca un higo, y otro brota en su lugar muy poco tiempo después. Tan fructífera es la Iglesia de Dios y cada miembro sano de ella; están “llenos de frutos de justicia” (Filipenses 1:11). 3. El fruto de la higuera es un fruto muy delicioso: “¿Dejaré mi dulzura?” dijo la higuera (Jue 9,11). Y tal es el fruto de todo buen cristiano, aceptable y agradable tanto a Dios como a los hombres. Lo que el apóstol habla de las obras de caridad (Flp 4,8; Heb 13,16) se puede decir de todos los demás dones y gracias, “es un olor fragante, un sacrificio acepto y agradable a Dios”; somos “olor grato para Dios” (dice el apóstol). Los frutos de nuestras gracias son los manjares de Dios (Hijo 6:2). 4. La higuera se adelanta en producir; anuncia un verano, como muestra nuestro Salvador (Mat 24:32). El pueblo de Dios es “un pueblo dispuesto” Sal 110:3). Adelante a toda buena obra que Dios requiere que sea Gal 1:16; 2Co 8:10; 2Co 9:2). Incluso en este sentido puede decirse que los piadosos son Primitive Dei, las primicias de Dios. Y este su avance promete un verano; trae una bendición sobre una nación. 5. La higuera no hace un espectáculo tan glorioso como los otros árboles, ni florece ni florece, y sin embargo da abundantemente: así es con el cristiano sano, no hace lo que hace el hipócrita, sino que es más fecundo (Mat 6:3- 4; Mateo 6:6; Lucas 18:11-14). La ramera supera a la casta matrona en vistosos atuendos, como lo hace la Iglesia de Roma con la nuestra. 6. La higuera soporta mejor la peor parte de las tormentas de invierno, y está más libre del trueno de verano (dice Plinio), que nunca la golpea. Seguro es que el cristiano piadoso está mejor armado para las inclemencias del tiempo y mejor capacitado para pasar por una variedad de condiciones (Filipenses 4:12-13 ). Ni los rayos de un Dios airado jamás lo alcanzan; ese trueno y relámpago que viene del trono viene a través del arco iris, el pacto de gracia y misericordia, antes de que lleguen a él (Ap 4:5).
  • 46. 7. Entre todos los árboles no hay ninguno cuya hoja se parezca tanto a la mano de un hombre como la de la higuera. La hoja del áspid se parece a la lengua, pero la hoja de la higuera, a la mano del hombre. El cristianismo nos pone a trabajar; permanece, no en una profesión verbal, sino en acción (Mt Juan 13:17; Santiago 1:22). (N. Rogers.) Árboles Los paganos de antaño eran idólatras al multiplicar dioses para sí mismos, hasta el número de treinta mil (dice Hesíodo); lo que más les gustaba, que crearon un dios, y así de lo que más temían. De un trueno hicieron un Júpiter, de una tempestad en el mar hicieron un Neptuno, de un terremoto hicieron un Plutón, etc. Y a estos sus dioses creados erigieron templos, altares, y consagraron los árboles más hermosos y hermosos que encontraron; la cual antigua práctica de dedicar este y aquel tipo de árbol a varios dioses como propios y peculiares a ellos se observó siempre (dice Plinio), y aún permanece hasta el día de hoy. Desde allí, Luciano aprovechó la ocasión para burlarse de la práctica de aquellos tiempos, fingiendo que sus dioses- ídolos se sentaban en el Parlamento, y cada uno eligiendo el árbol que más le gustaba. Júpiter elige la encina por su fuerza, Apolo por el laurel por su verdor, Neptuno por el álamo por su longitud, Juno por la eglantina por su dulzura, Venus por el arrayán por su belleza. Minerva sentada junto a ella, preguntó a su padre Júpiter cuál sería la razón, que viendo que había tantos árboles fructíferos, todos eligieron aquellos árboles que no daban fruto. Él le respondió: Ne videamur fructu honore vendere, para que no se piense que cambiamos nuestro honor por frutos. “Bueno”, dijo Minerva, “haz lo que quieras; Yo, por mi parte, elijo la aceituna por su grosura y fecundidad. Todos elogiaron su elección y se avergonzaron de su propia locura. Esto que dirás no es más que una ficción; y no es otro, sino que descubrió la insensatez de los hombres de aquella generación, y lo mismo puede hacer con la nuestra. En las elecciones y elecciones los árboles fructíferos son menos considerados. A los ambiciosos los busca tras el honor inútil, la alta posición, el gobierno y el gobierno, y quiere ser adelantado por encima del resto de sus hermanos; Afecta al ciprés por su altura (árbol que los grandes hombres estiman mucho y nutren en sus paseos, pero apenas se le hace crecer), y cuando brota, el fruto no sirve para nada, sus hojas son amargos, el olor fuerte, ni su sombra es saludable. El joven galán es para el álamo de
  • 47. dos colores, todo por la forma y el cumplido. Oh, hay mucho de caballero en eso, las hojas de este árbol son suaves y llenas de plumón, que pronto vuela como el plumón del cardo en el aire; este árbol es un emblema del disimulo. Al cortesano halagador le gusta mucho la hiedra, que, sin embargo, es enemiga de todos los árboles y plantas, socava los muros y sólo es buena para albergar serpientes y criaturas venenosas, tanto que Plinio se pregunta si debería ser honrada por cualquiera, o contada entre cualquiera. valor; y, sin embargo, los emperadores paganos solían hacerles guirnaldas y llevárselas en la cabeza. Roboam afectó demasiado a estas hiedras (1Re 12:8). Y es culpa de la grandeza. El mundano codicioso prefiere el fresno a todos los demás árboles; le encanta llevar las llaves y se deleita en ser el carcelero de su riqueza. El cuerpo y la masa de este árbol son duros y duros, y las hojas no son saludables para ninguna bestia que no rumia. En resumen, algunos eligen por la belleza, algunos por la dulzura, algunos por la grandeza, algunos por el verdor, pero ¿dónde está el que hace la elección de Minerva, para elegir la fecundidad? Como dijo Samuel de los hijos de Isai (uno de buena estatura, otro de buen semblante), “Ciertamente ahora el ungido del Señor está delante de mí”. Así pensamos en estos árboles hermosos y altos (pero sin fruto en gracia), si viene el honor, viene la riqueza, viene la belleza, etc., Este es el ungido del Señor; este debe ser el. Pero “Dios no ve como el hombre ve”; el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón, como se le dijo a Samuel. (N. Rogers.) Fruto aceptable Otros hay que dan fruto así como brotes y hojas, y sin embargo, su fruto no será aceptado. 1. Pues que no es fruto natural y bondadoso, sino degenerado. En la creación, cada semilla y planta produjo fruto según su especie; así es en la regeneración, los árboles buenos dan fruto que responde a la cepa en la que están injertados, y la savia que reciben de allí, y la profesión que hacen; pero estos hombres andan en pos de las concupiscencias de los gentiles, y dan frutos de la carne (como los mencionados, Gál 5:19) , ninguna manera de responder a la semilla que ha sido sembrada en ellos por el ministerio de la Palabra que han oído, y la doctrina que se les ha enseñado.
  • 48. 2. Di que es fruto de mejor especie, pero no es fruto de sazón. Puede ser que tarden diez o veinte años en florecer, tanto tiempo antes de que lleguen a una buena resolución de dejar sus caminos y rumbos viciosos; y entonces confían en los manantiales y lluvias tardías para su perfeccionamiento y maduración, y así, descuidando la debida estación del fruto, sucede que, con Esaú, no encuentran “lugar para el arrepentimiento, aunque lo buscan con lágrimas”. 3. Su fruto no es fruto sano, sino podrido en el corazón (aunque sea hermoso y hermoso a la vista), como aquellos manzanos en Asiria (de los cuales Solino escribe), cuyo fruto es amarillo como el oro, pero al tocarlo se pudre; o como las manzanas de Sodoma, hermosas a la vista, pero que al tocarlas se reducen a cenizas. Celosos parecen exteriormente, cuando son fríos de corazón o tibios. Su objetivo y fin en todas sus devociones es el yo. 4. Su fruto no es justo, se marchita, ya sea en algunos deberes de la primera mesa, como oír, leer, orar, etc., pero en los deberes de la segunda mesa son muy tardíos (Isa 58:3; Isaías 58:5-6). Entonces los fariseos hacían largas oraciones, y bajo ese pretexto “devoraban las casas de las viudas” Mat 23:14), y tal es el fruto de todos hipócritas. O bien son observadores en los deberes de la segunda mesa, con descuido de la primera (como Mat 23:23), y tal es la fruto del hombre civil y moral. 5. Su fruto no es duradero; sirve para la temporada de verano de prosperidad, pero cuando llega el invierno de adversidad y persecución, falla Luk 8:13). Y tal es el fruto del creyente temporal y del cristiano que sirve al tiempo; su fruto no dura todo el año, ni durante el término de la vida, cuando, como a la buena higuera nunca le faltan higos colgando de las tiernas ramas, ni en invierno ni en verano, un buen cristiano, como la palmera de la que se habla, Sal 92:12, engorda y florece hasta en la vejez. Que estos y todos los demás sean advertidos de que no se halaguen ni se dejen deshacer por vanas pretensiones. No es una hermosa flor, una hoja verde, ni el fruto de una profesión externa, una reforma externa, una iluminación común, o cualquier de naturaleza similar, lo que satisfará la expectativa de Dios. El busca fruto, y también buen fruto, de toda higuera, y de vuestras manos lo demandará.
  • 49. Por tanto, exhortaos a ser cristianos fecundos, para que podáis responder a las expectativas de Dios. Que vuestro fruto sea fruto de justicia (Filipenses 1:11), “fruto para santificación (Rom 6:22), “fruto para Dios” Rom 7:4), es decir, para la gloria y alabanza de Dios, y todo lo que Él quiera aceptar. Ahora que este uso puede ser el más provechoso, les daré a conocer tres detalles. 1. Con las propiedades o cualidades de aquel fruto que hallará aceptación. 2. Con los medios que deban emplearse para la producción de los frutos así calificados. 3. Con los motivos que nos inciten a producir tal fruto. De cada uno de estos brevemente, y en orden. (N. Rogers.) Una higuera plantada en su viña Que la Iglesia es una viña espiritual es una verdad que tiene una fuerte confirmación en las Escrituras. En el Antiguo Testamento lo encontramos así llamado (Sal 80:8-9; Sal 80:15; Hijo 8:11-12; Is 5:1; Is 5:7; Jeremías 2:21). Lo mismo en el Nuevo Mat 20:1-2; Mateo 21:28; Mateo 21:33; Mar 12:1; Lucas 20:10). Pero ¿por qué se asemeja a una viña y no a otra cosa? Se compara a muchas otras cosas en la Escritura, además de una viña, como a una casa, a un huerto, a un jardín cercado, a un campo en labranza, a una era, etc. Pero de todas las demás semejanzas de las cosas terrenales, ninguna expresa y expone tan plenamente la naturaleza y condición de la Iglesia como esta de una viña, la cual, para que parezca mejor, tomemos nota de algunos detalles, en los que esta viña espiritual , la Iglesia, guarda semejanza con la otra. 1. Un viñedo es un lugar separado y cercado de otros terrenos. Ningún viñedo es naturalmente un viñedo; la mano y el corazón deben ir para que así sea. La Iglesia es llamada y separada del mundo, tanto en vida como en conversación, como aparece, Lv 20,24; Lv 20:26; Núm 23:9; Dt 14:2; Juan 15:19.
  • 50. 2. Ninguna viña está en su gloria perfecta tan pronto como se recoge. Sus plantas, una vez establecidas, no alcanzan la perfección y el crecimiento en el presente, sino gradualmente. Así es con la Iglesia (Efesios 4:11-12). Diversos obreros y obreros son ordenados para que se empleen en ella, para su perfección, aun después de plantada. 3. Una viña, cuando florece y alcanza cierta perfección, es un lugar de gran deleite, tanto por el agradable olor que produce como por la agradable sombra. que proporciona; también lo es la Iglesia (Os 14,6-7). “Su olor es como el de un campo que el Señor ha bendecido”. Sus vides y uvas tiernas dan buen olor (Hijo 2:13-14). Sus gracias se comparan con las cosas más dulces (Hijo 4:13-14). 4. A una viña puede compararse en cuanto a la fertilidad o fecundidad de la misma. Da mucho fruto, y fruto de la mejor especie. Una viña se guarda con diversas plantas (una planta no hace una viña); y estas plantas están cargadas de frutos, dan en racimos y en racimos, y no una baya aquí y otra allá, sino que la carga es tal que llevan las ramas, que parece muchas veces exceder la fuerza de la rama que las lleva. . La Iglesia es fértil de hijos; hay multitudes de los que creen. Tan fructífera es la Iglesia de los niños que se maravilla de su propio crecimiento, y dice: “El lugar es demasiado angosto para mí; dadme lugar para que yo pueda habitar. ¿Quién me engendró estos, habiendo perdido a mis hijos y quedé desolada?” (Isa 49:19-20; Isa 54:1). Y como una viña es más fructífera que cualquier otra plantación, así da el mejor fruto de cualquier otra. Ninguna fruta es más deliciosa al paladar, ni más agradable al corazón, que la que proviene de la uva. ¿Y qué fruto se puede comparar con el fruto que da un cristiano? Todos los demás frutos que crecen fuera de esta valla son agrios y amargos, nunca parecen tan hermosos y gloriosos a la vista, pero no son más que frutos de cobertura, o como las uvas de Sodoma y los racimos de Gomorra (Dt 32:32). 5. Una viña es un lugar bien ordenado, allí se ven los montículos igualmente hinchados, las estacas echadas a buena altura y distancia, las viñas bien podadas, los terreno limpio y bien cavado, todas las cosas están bien ordenadas en él. Y así es en la Iglesia, a tal punto que el mismo Balaam no pudo sino admirarlo, y en un éxtasis exclamó: “¡Cuán hermosas son tus
  • 51. tiendas, oh Jacob, y tus tabernáculos, oh Israel, como se extienden los valles, como huertos junto al río”, etc. (Núm 24,5-6.) 6. A una viña se puede comparar la Iglesia, en cuanto a su imbecilidad y debilidad. Ninguna posesión, dijo Catón, requiere más dolores que una tela de viña. El maíz brota y crece solo, sin el cuidado del labrador (Mar 4:17). Pero la vid es una especie de planta frágil, debe ser sostenida, protegida, lavada y atendida diariamente, de lo contrario, pronto se vuelve lujosa y corre el peligro de volverse salvaje, después de que una vez se vuelve lasciva. 7. Una viña está muy sujeta a ser molestada y devastada por las bestias de la madera y los zorros del campo, que aman cavar debajo de ella y se deleitan en cosechar. y despojar de sus plantas, y comer de sus uvas, como insinúa Salomón (Hijo 2:15). Así es la Iglesia, sus enemigos son muchos que conspiran contra ella (Sal 83,2-13). (N. Rogers.) La ingratitud del hombre La mala retribución que hemos hecho a Dios porque todo el bien que hemos recibido de Él ha sido en parte descubierto. Ahora dame permiso para descubrirte la vileza de este vicio, la ingratitud, para que podamos evitarlo y odiarlo; y más bien, porque se nos ha dicho que es uno de esos pecados que hace que estos tiempos sean peligrosos. Y así, primero, fíjate que es un pecado compuesto; tiene muchos ingredientes venenosos que lo hacen extremadamente malo, y entre otros estos– 1. Ignorancia, y una ignorancia tal que se le niega la misericordia Is 27:11). El que los hizo no les hará ningún favor, siendo un pueblo sin entendimiento, siendo obstinado y afectado. Así Dios se queja de Israel, “Israel no sabe” (Isa 1:3), y Ho 2: 8. 2. Idolatría. La ingratitud no sólo pasa sin que se tenga en cuenta el bien otorgado, sino que atribuye todo a los demás. Así Israel atribuyó toda su
  • 52. abundancia, su pan, su vino, su lana, su agua, dec., a sus amantes o amados, es decir, a sus ídolos y falsos dioses (Os 2:5). 3. El orgullo es otro ingrediente pecaminoso que va a la composición del mismo. “Sus corazones se exaltaron”, dice Dios del ingrato Efraín, “por eso se olvidaron de mí” (Os 13:6). Y esta es la razón por la que Ezequías no se volvió a Dios como había recibido: “Su corazón se enalteció en él” (2Cr 32: 25). 4. La envidia, que es hija de la soberbia, y esperará a su madre; donde esté el uno estará el otro; no escatimamos a ningún hombre la alabanza de su bondad sino a quien envidiamos y odiamos. Y por experiencia hemos hallado cierto lo que Tácito dice de los favores extraordinarios, que, cayendo sobre las mentes enfermas, causan odio en lugar de amor. 5. Hay mucho de sacrilegio en ello. El hombre ingrato le roba a Dios el honor que le es debido, y que Él se ha reservado, ni se lo dará a ningún otro. Dios se contenta con que tengamos el bien de todos, pero la alabanza de todos la busca Él mismo. 6. Hay ateísmo en ello. Así, aquellos ingratos de los que habla Job, a quien Dios ha bendecido con abundancia temporal, preguntan: “¿Qué es el Todopoderoso para que le sirvan?” (Job 21: 25). En segundo lugar, es un pecado que toda ley condena. La ley de la naturaleza está en contra. Porque, naturalmente, todo efecto vuelve a su causa (como todas las aguas salen del mar, así todas vuelven allí). Ahora bien, Dios es la causa de todas las cosas y personas, por lo tanto, todo lo que tenemos y todo lo que somos se le debe atribuir. (N. Rogers.) El aderezo de la viña Para cuya mejor realización y perfeccionamiento son tres virtudes principales (como instrumentos) que son necesariamente un requisito en estos labradores de la viña del Señor.
  • 53. 1. Habilidad y habilidad para realizar esta obra a la que es llamado. Esto es requerido (2 Timoteo si. 2; 1Ti 3:2). 2. Fidelidad y sinceridad: “El que tiene mi palabra, fielmente hable mi palabra”, dice Dios (Jeremías 23:28). 3. Cuidado y vigilancia–“Sé diligente en conocer el estado de tus rebaños, y cuida bien de tus manadas”, dice Salomón (Proverbios 27:23). (N. Rogers.) Entorpecedores del suelo Los profesores estériles son engorrosos; cargas inútiles son para la viña del Señor. 1. Son estériles y estériles en sí mismos, y en ese sentido incómodos y una carga para la tierra. 2. Como no hacen ningún bien, y son engorrosos en ese sentido; de modo que hacen mucho daño, y así se convierten en cargas inútiles, y de muchas maneras. (1) Para el suelo sobre el que crecen, la misma tierra es peor que una higuera infructuosa. Fue el pecado del hombre, al principio, lo que hizo que Dios maldijera la tierra hasta convertirla en espinos y cardos, y desde entonces ha convertido “la tierra fértil en yermo, por la maldad de los que en ella habitan”. Los pecados de los que están dentro del palio, son aquellos por los cuales se lamenta una tierra Os 1:4). Así es en la viña del Señor. Deje que una higuera estéril e inútil tenga su posición, siempre que el suelo sea peor y no mejor para él. Que Roboam se arraigue entre los reyes en la tierra de Judá, y los escudos que encuentre de oro los dejará de bronce. Sea Balaam contado entre los profetas, y Judas entre los apóstoles; y la viña del Señor hallará motivo suficiente para decir de tal higuera, que estorba la tierra. La Iglesia sufre por el crecimiento de tales árboles; pierde su corazón y su gordura. Su belleza y gloria están muy manchadas por el crecimiento de tales plantas en ella.