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No. 59 
La disputa por la 
educación 
Transferencia social de la educación 
El libro impreso en la vida cotidiana 
UANL: El impacto de las nuevas tecnologías en la sociedad 
Reportaje: Maestros bilingües, patrimonio intercultural 
Tec de Monterrey: Programa para abatir rezago en secundaria 
“Everybody dies”: El fin de House M.D.: Gil del Valle
Revista az disputa por la educacion
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JULIO 2012 
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José Ramírez Salcedo • Armando Reza • José Antonio Rodríguez 
Andrés Roemer • Luis Rubio • Consuelo Sáizar • Rodolfo Stavenhagen 
Alfonso Zárate • Emilio Zebadúa. 
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Aguascalientes: Alma Medina • Baja California: Gastón Luken, 
Virgilio Muñoz • Baja California Sur: María Dolores Davó González 
Colima: Óscar Javier Hernández Rosas • Chiapas: Rita Acosta Reyes, 
Gabriel Bravo del Carpio, Magda Jan Argüello, Daniel Villafuerte 
Chihuahua: Jorge Mario Quintana Silveyra, 
Fryda Libertad Licano Ramírez, Carlos González Herrera 
Coahuila - Durango: Gabriel Castillo Domínguez • Distrito Federal: Roberto 
Beristáin, Raúl Ortega, Xiuh Guillermo Tenorio • Estado de México: Rogelio 
Tinoco, Guadalupe Yamin Rocha • Guerrero: Luis Alberto Sánchez Martínez 
Jalisco: David Gómez-Álvarez, Miguel Agustín Limón Macías, Miguel Ángel 
Martínez Espinosa • Michoacán: Isidoro Ruiz • Morelos: Medardo Tapia, 
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Oaxaca: Guadalupe Toscano • Querétaro: Manuel Ovalle 
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Aboaf, Juan Antonio Ferrer, Dolores Gutiérrez Zurita • Tamaulipas: Emilio 
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Perú: José Rivero • Uruguay: Enrique Martínez Larrechea, Fernando Rodal. 
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Mundos 
Transferencia social de la investigación 
Entrevista a José Antonio López Cerezo 
Página At 
Maestros bilingües, un patrimonio intercultural 
Reyna Paz Avendaño 
República 
Puerto Chiapas: de clase mundial 
Cultura 
“Everybody dies”: El fin de House M.D. 
Gil del Valle 
Miradaz 
Carlos Gutiérrez Angulo 
Alma Mater 
El libro impreso en la vida cotidiana 
Norelly R. González 
Programa para abatir el rezago en secundaria 
Tansani León 
Voz 
El rating de la discriminación 
Antonio Medina Trejo 
ÍNDICE 
Carta del director 
La disputa por la educación 
Enrique Agüera 
Eduardo Andere Martínez 
Yoloxóchitl Bustamante Díez 
David Calderón 
José Fernando González Sánchez 
Jorge Luis Ibarra Mendívil 
Miguel Agustín Limón Macías 
Rafael López Castañares 
Luis Maldonado Venegas / Rosalba 
Sierra Solorio / Eduardo Andere M. 
Esteban Moctezuma Barragán 
Carlos Muñoz Izquierdo 
Juan Carlos Palafox 
Emilio Tenti Fanfani 
Margarita Zorrilla Fierro 
Emilio Zebadúa / Humberto Valverde 
4 
7 
8 
10 
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48 
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62
Carta del Director 
Hasta ahora, a más de diez años de haber introdu-cido 
las pruebas estandarizadas para la evaluación 
de alumnos, escuelas y ahora maestros, no existe 
una política integral de preparación-evaluación-formación- 
calidad. 
En Panamá, la Organización de las Naciones 
Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura 
(unesco) reunió a especialistas en evaluación edu-cativa 
y en formación de docentes. La interpreta-ción 
de la suma de reflexiones de expertos —re-presentativos 
de los países latinoamericanos y del 
Caribe— no nos lleva a considerar que en México 
se ha caminado por la ruta correcta. Al contrario, el 
desgaste en la imagen de los maestros, la politiza-ción 
del tema y la falta de elementos objetivos para 
definir qué sigue, no arroja un balance positivo. 
Podríamos decir que, a pesar de los años transcu-rridos 
desde la primera evaluación estandarizada, 
todavía se requiere diseñar una política de Estado 
para convertir la evaluación de los maestros en un 
medio para mejorar la calidad de la educación. 
Lo que también quedó claro en Panamá es que 
las evaluaciones que están sustraídas del proceso 
más amplio de formación de maestros no permiten 
traducir los resultados de los exámenes en medi-das 
concretas de mejora en la actividad docente. 
Otra vez, desde Chile y Brasil hasta Trinidad y Toba- 
Violando todos los principios de la estrategia 
(de negociación, de guerra, de administra-ción 
pública) se ha trazado una línea rígida 
en el debate educativo. De repente, llevar a cabo la 
Evaluación Universal de los maestros se convirtió 
en el indicador de: 1) la voluntad de cambio del ma-gisterio; 
2) la eficacia de la política educativa, y 3) 
las posibilidades de elevar la calidad de la educa-ción. 
Nunca antes una prueba ha tenido tanto valor 
simbólico —y político—, sin que siquiera los res-ponsables 
de instrumentarla, o sea la Secretaría 
de Educación Pública (sep), puedan explicar cómo y 
para qué funciona. 
La falta de una planeación adecuada de la polí-tica 
educativa (cuatro titulares de la sep en menos 
de un sexenio) ha llevado al país a convertir una 
prueba académica en un prueba de fuerza. Falta 
poco para que México se divida en bandos, depen-diendo 
de si se está a favor o en contra de una 
forma particular de evaluación educativa. 
Mientras tanto, la política de evaluación se ha-lla 
fragmentada entre las responsabilidades del 
Instituto Nacional de Evaluación para la Educación 
(inee), la propia sep (enlace), los estados de la Fe-deración 
y la prueba Programme for International 
Student Assessment (pisa) de la Organización para 
la Cooperación y el Desarrollo Económicos (ocde). 
4 revista az
Y, como se concluyó en la reunión de la unesco, la 
calidad educativa depende de un enfoque integral, 
sistémico, donde la evaluación sea sólo un compo-nente. 
Lo dijeron el Director de la Oficina Regional 
de Educación de la unesco para América Latina y 
el Caribe, Jorge Sequeira y Atilio Pizarro, también 
de la orealc/unesco: “La implementación de están-dares 
para maestros tendría que ir acompañada 
de diferentes tipos de apoyos y compromisos de 
diversos actores sociales, políticos, económicos e 
institucionales”. 
go y la República Dominicana, los casos prácticos 
lo confirman. En México, en cambio, se ha hecho 
de la evaluación un fin en sí mismo con muy pobres 
resultados de política pública. 
No sé si es excesivo decir que todo lo que se 
pudo haber manejado mal en materia de política 
de evaluación se ha hecho en este último tramo del 
sexenio. Un instrumento eminentemente técnico y 
de carácter administrativo como la evaluación de 
los docentes (y antes, la de los alumnos a través 
de la prueba enlace) se ha convertido en materia de 
amarillismo para los medios. Y todo lo que no de-bió 
haber sucedido jamás —si hubiera prevalecido 
un criterio profesional y prudente en la sep— ha 
ocurrido, convirtiendo a la evaluación en un juego 
de fuerzas en vez de una herramienta útil para la 
política pública. 
Por lo tanto, en términos de política de eva-luación 
educativa se debe volver a empezar. Los 
elementos están planteados: autonomía del inee, 
Evaluación Universal, programas de formación de 
docentes, pisa, enlace y demás experiencias inter-nacionales 
exitosas. Es necesario un plan de largo 
plazo, integrado y con metas claras para lograr ele-var 
la calidad educativa. No se debe dejar que siga 
politizándose la evaluación educativa. Se tiene que 
redimensionar el ámbito técnico. 
www.educacionyculturaaz.com 5
Revista az disputa por la educacion
La disputa por la educación 
ampliación de la cobertura en bachillerato y edu-cación 
superior, y financiamiento de la educación 
en todos los niveles escolares. 
A finales de 2011 se editó el libro La disputa 
por la educación. Por el México que queremos 
(Aguilar), cuya coordinación estuvo a cargo de 
nuestro director, Emilio Zebadúa y del rector de 
la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla 
(buap), Enrique Agüera Ibáñez. La obra conjunta 
una serie de reflexiones y análisis —en el ámbito 
educativo— de destacados académicos, investi-gadores, 
funcionarios públicos y líderes sociales. 
En este número, a efecto de enriquecer la dis-cusión 
pública sobre la ruta que habrá de seguirse 
en materia educativa en el próximo sexenio, az 
retoma las tesis centrales de estos ensayos, que 
bajo diversas interpretaciones y propuestas, se 
refieren a los retos, desafíos, oportunidades y fu-turo 
de nuestro sistema educativo nacional. 
www.educacionyculturaaz.com 7 
Para cuando nuestra edición de julio esté en 
circulación, la ciudadanía habrá elegido en 
las urnas a quien dirigirá los destinos del 
país durante el periodo 2012-2018. Como sucede 
en todo sistema de gobierno, el nuevo Jefe del 
Ejecutivo tendrá que sortear problemas añejos 
para dar salida a una amplia agenda con asig-naturas 
pendientes. Incluye, entre otros pasivos: 
reforma integral hacendaria; cerrar la brecha de 
desigualdad social; inseguridad ciudadana y cri-men 
organizado, y por supuesto, abatir el rezago 
en materia de salud y educación. 
En materia educativa destacan: definición de 
la rectoría del Estado mexicano en la educación; 
ampliación de las jornadas escolares bajo el mo-delo 
de “Escuelas de Tiempo Completo”; calidad 
y equidad educativa; formación y actualización 
de la planta docente; incorporación de nuevas 
tecnologías; evaluación del sistema educativo;
FOTO: Cuartoscuro 
8 revista az 
Enrique Agüera 
Rector de la buap. 
La universidad constituye uno de los esfuerzos 
colectivos más importantes del país, es in-versión 
en el presente para el futuro; en ella 
converge el pensamiento reflexivo y sistemático 
para comprender los valores y los fines sociales 
que animan al agregado social donde está inserta, 
el conocimiento racional y objetivo para entender 
y actuar sobre el entorno, así como el desarro-llo 
de elementos técnico-científicos para hacer de 
las personas y las organizaciones entidades cada 
vez más competentes. Esta convergencia expresa 
con claridad el papel actual de la universidad, el 
cual se resume en entender, comprender y actuar 
sobre los asuntos de su realidad inmediata, ver-bos 
que explican y confieren sustento a su papel 
social: labor educativa, desarrollo de la investiga-ción 
e innovación, generación de conocimiento y 
difusión de sus actividades. 
Una condición indispensable para avanzar ha-cia 
estadios más elevados de desarrollo y lograr 
una economía moderna, sólidamente articulada 
y competitiva, es la construcción de un sistema 
educativo vigoroso. Este consenso en la sociedad 
mexicana se basa en el reconocimiento de que 
la educación y, en particular, la de nivel superior 
—como lo avala la experiencia mundial— tienen 
atributos importantes, entre los cuales, Labra y 
Ramírez del Razo mencionan: 
• Es el principal medio de la sociedad para gene-rar, 
difundir y socializar el conocimiento cien-tífico, 
humanístico y el desarrollo tecnológico; 
• Genera capital humano y social para atender 
los problemas que impone el desarrollo; 
• Favorece la creación y existencia de institu-ciones 
idóneas para la formación educativa, la 
creación de nuevo conocimiento y la difusión 
de la cultura; 
• Contribuye con la investigación científica y la 
innovación tecnológica que requiere el desa-rrollo 
interno y la competitividad económica 
frente al exterior; 
• Fortalece la estabilidad social y política, al 
constituir un vigoroso instrumento de movi-lidad 
social; 
• Tiene un papel relevante en la formación de la 
responsabilidad social y en el impulso de los 
valores humanistas, de la participación ciu-dadana 
y política, condiciones indispensables 
para la convivencia civilizada y el desarrollo 
democrático, y 
Retos y 
perspectivas 
de la 
Educación 
Superior 
en México
La disputa por la educación 
www.educacionyculturaaz.com 9 
• Es fundamental para lograr una inserción 
internacional más eficiente, que fortalezca 
la viabilidad de la nación en el nuevo orden 
mundial, cuyo eje dinámico son los procesos 
productivos vinculados a la economía global y 
del conocimiento. 
Labra y Ramírez del Razo argumentan que la 
evidencia histórica, nacional e internacional, avala 
la correlación entre el nivel de desarrollo de un 
país con la fortaleza de sus sistemas de educación 
y de investigación científica y tecnológica, lo que 
confirma la tesis de que el destino de recursos a 
estos rubros no constituye un gasto sino una inver-sión, 
estratégica en lo económico, justificada en lo 
político, y prioritaria en lo social, que no sólo se 
debe favorecer y proteger, sino que es imperativo 
impulsar como un factor clave para el desarrollo 
nacional. 
Se considera que, ante las críticas a la univer-sidad 
pública, es importante que las Instituciones 
de Educación Superior (ies) renueven las bases que 
le dan sustento a su legitimidad social; en este 
sentido, un elemento que tiene que fortalecerse 
es el de la pertinencia educativa. El concepto de 
pertinencia y de responsabilidad social de las ies 
alude al conjunto de acciones que tienen éstas 
para poner en práctica y difundir su proyecto ins-titucional 
a través de sus funciones sustantivas. 
La pertinencia de la educación superior debe 
ser una premisa fundamental para la realización 
de las funciones sustantivas de todas las ies y del 
sistema en su conjunto. 
Las ies, particularmente las públicas, sustentan 
su misión en la contribución a la solución de los 
problemas del país desde su ámbito específico 
de acción; es significativo el esfuerzo de las ies 
por responder a las problemáticas y necesidades 
de su entorno. 
Para lograr una pertinencia acorde con los nue-vos 
tiempos, tienen que mejorar su gestión e im-plantar 
una cultura de la innovación, y así alcanzar 
la mayor calidad posible en todas sus actividades 
institucionales; consolidar sus procesos de evalua-ción 
interna y externa; ofrecer resultados e impul-sar 
la transparencia y la rendición de cuentas. Es 
indispensable que las ies no sólo se adapten a las 
nuevas condiciones del entorno, sino que adopten 
un papel protagónico en las transformaciones de 
la sociedad, formando profesionales con las com-petencias 
necesarias para que sean agentes de 
cambio. 
Las ies tienen la tarea de aportar a la construc-ción 
de una sociedad que brinde oportunidades de 
desarrollo a todos los mexicanos, para lo cual es 
necesaria una visión compartida de país. Al estar 
llamadas a ser un factor activo en la promoción de 
los cambios deseables y posibles, tienen un papel 
importante que desempeñar en la conformación 
de una sociedad con mayor justicia y equidad; más 
descentralizada y equilibrada, más abierta al mun-do 
y orientada a la satisfacción de las necesidades 
de sus habitantes. 
El futuro de la educación superior en México 
debe entenderse como un esfuerzo de los secto-res 
sociales mexicanos comprometidos para dar 
respuestas pertinentes a las crecientes presiones 
y tendencias globales y nacionales de moderni-zación. 
La universidad debe asumir el compromi-so 
de innovar las reformas que la conduzcan a 
otros modos de pensar, de organizar, de producir 
y transmitir los conocimientos; de eliminar tradi-ciones 
formativas obsoletas; de buscar una edu-cación 
que estimule la creatividad y desarrolle la 
disposición para el trabajo en equipo, que pro-fundice 
el sentido de solidaridad social y propicie 
la participación política y la tolerancia; alcanzar 
estas actitudes es un reclamo de quienes basan 
sus esperanzas en el futuro. 
Finalmente, es importante tener presente que 
la misión de la universidad se sintetiza en una la-bor 
de creación intelectual permanente en la pers-pectiva 
de lograr una mejor sociedad, para que 
ésta sea capaz de recrear lo más estimado de su 
pasado y, al empoderar a las generaciones presen-tes 
con conocimientos e innovación técnica, reno-var 
su visión: animar con inteligencia un proyecto 
de futuro y cristalizar ese valioso propósito que es 
pensar bien para vivir mejor. 
El papel actual de la 
universidad se resume en 
entender, comprender y actuar 
sobre los asuntos de su 
realidad inmediata.
FOTO: Cuartoscuro 
10 revista az 
Eduardo Andere Martínez 
Analista y escritor. 
Tecnología y las materias 
del siglo xxi 
Los niños y jóvenes en sociedades industriales 
y del conocimiento del siglo xxi dedican más 
tiempo a estar con los medios (en su mayoría 
los electrónicos como tv, computadora, videojue-gos, 
dispositivos de comunicación y post-com-putadora) 
que con sus padres o maestros. Y los 
medios electrónicos en este sentido se convierten 
en los mediadores entre el niño y su aprendizaje 
para adquirir conocimientos y habilidades adicio-nales 
o desaprender lo aprendido. Detrás de los 
medios están las empresas de medios y detrás de 
ellas los patrocinadores comerciales, los cuales 
necesitan vender para subsistir, crecer y generar 
utilidad. Así que entre más compren sus clientes, 
mejor. Pero para que los usuarios de los medios 
compren necesitan ser engatusados con mensajes 
como “compra”, “haz lo que quieras”, “haz lo que 
puedas”, “no hay límites” o, peor aún, mensajes 
estratégicos o subliminales. Los medios susti-tuyen 
a los padres y maestros como los adultos 
mediadores. 
No se trata de decir no a la tecnología sino de 
utilizarla con responsabilidad y conocimiento. La 
tecnología del siglo xxi, pero sobre todo a lo que 
las Tecnologías de la Información y la Comunica-ción 
(tic) dan acceso, es uno de los signos que 
distingue a los niños del siglo xxi de los de otras 
épocas. 
La tecnología es un instrumento para la adqui-sición, 
transmisión y diseminación del aprendiza-je. 
En diferentes tiempos, la tecnología ha sido el 
libro, la regla de cálculo o la máquina de escribir. 
Tres son, a mi juicio, las invenciones más grandes 
de la humanidad con gran impacto en la vida es-colar: 
los lenguajes y la escritura; los libros y la 
imprenta; la computadora y las comunicaciones. 
Cada uno de estos pares de invenciones sirvió 
como catapulta para la diseminación del conoci-miento 
en sus diferentes estadios. La humanidad 
de hoy vive, en ese sentido, el mejor momento de 
su historia. Pero la computadora o, más amplia-mente, 
las tic, aunque permiten un acceso más 
rápido y abundante a bases de datos, enciclope-dias 
y miles de fuentes de información, también 
dan entrada a una enorme cantidad de informa-ción 
incorrecta o engañosa. 
Antes, como ahora, los aprendientes deben 
saber dónde buscar, qué buscar y cómo utilizar 
de manera adecuada la información. En la era de 
El futuro de 
la educación 
en México
www.educacionyculturaaz.com 11 
las tic esto es especialmente importante. Las tic y 
los programas de software que permiten diversos 
usos y aplicaciones requieren un manejo sofis-ticado 
a veces referido como alfabetismo tecno-lógico 
funcional. Pero el uso de la tecnología en 
la educación no significa llenar las escuelas de 
computadoras o repartir sin ton ni son artilugios a 
los maestros y alumnos. 
Una computadora sin uso adecuado para el 
aprendizaje es un recurso desperdiciado. Por eso 
yo veo con ojos muy críticos e incrédulos los pro-gramas 
donde los políticos o administradores de 
políticas públicas “obsequian” o reparten compu-tadoras 
y Enciclomedias por doquier. 
El fuerte énfasis en la importancia de la tec-nología 
en la educación es parte de un paquete 
más amplio y a la moda de lo que se considera la 
educación del siglo xxi o educación para la globa-lidad. 
Es un paquete impulsado por el gobierno de 
Estados Unidos, bajo las siglas stem: Science, Te-chnology, 
Engineering, Mathematics (Ciencia, Tec-nología, 
Ingeniería y Matemáticas). El programa 
stem en Estados Unidos —que nace y se nutre a 
partir de legislación federal pero que es extendido 
también por leyes locales— canaliza recursos a 
los sistemas educativos distritales y a las escue-las 
para promover la enseñanza en estas cuatro 
áreas o materias del conocimiento, con la idea de 
que los estudiantes persigan carreras en stem. A 
pesar del fuerte impulso de las autoridades y las 
empresas, el stem ha sido criticado por académi-cos 
prestigiados porque al enfatizar el desarrollo 
de habilidades en estas áreas o materias se “igno-ra 
al menos la mitad de lo que por mucho tiempo 
se ha considerado como una ‘bien redondeada’ 
educación en la civilización occidental: Literatura, 
Arte, Música, Historia, Civismo y Geografía”. Se-gún 
estos mismos críticos, con quienes coincido: 
“Esto es un error que perjudicará a nuestros niños, 
al mismo tiempo que interpretará de manera erró-nea 
la verdadera naturaleza de la competitividad 
estadounidense y los desafíos que enfrentamos 
en el siglo xxi”. 
Ningún enfoque utilitario, como el stem, pue-de 
realmente servir bien a los niños y jóvenes si 
su aplicación implica, como se ha hecho en los 
sistemas educativos de Estados Unidos, el sacri-ficio 
de la enseñanza-aprendizaje en otras áreas 
del conocimiento propias de lo que se ha llamado 
“educación liberal”: 
Las artes liberales nos hacen “competitivos” en for-mas 
que realmente importan. Nos vuelven sabios, 
pensantes y humildes. Ayudan a que nuestro po-tencial 
humano florezca. Y son el pilar de políticas 
democráticas cívicas, donde cada uno de nosotros 
posee derechos y responsabilidades equitativas. 
Para que la política pública favorezca la re-lación 
entre tecnología y educación, o más bien 
entre tecnología y aprendizaje, la inversión debe 
orientarse en dos aspectos: acceso y manejo. 
Acceso a las carreteras de la información con las 
mejores plataformas disponibles y habilidad en el 
uso y aplicación de las diferentes tecnologías. En 
realidad se trata de inversión en infraestructura 
para el conocimiento: una, canales de transmi-sión 
de la información, es decir, carreteras de la 
información; otra, recurso humano capacitado. 
Sin lo anterior, el reparto de computadoras y ar-tilugios 
sin la seguridad de acceso y conocimiento 
para manejarlos es tanto como poner la carreta 
delante de los caballos. 
En pocos años la computadora como tal será 
sustituida como el dispositivo de elección para 
las escuelas. El futuro, como bien dijo Steve Jobs, 
está en los post-computer devices (dispositivos 
post-computadora), mucho más versátiles, mucho 
más baratos, mucho más accesibles e integrados 
para usos cotidianos. Los sistemas educativos 
como el mexicano, que gastan inmensas canti-dades 
de recursos escasos en repartir computa-doras 
y equipos de comunicación, se encontrarán 
con toneladas de chatarra y tecnología obsoleta 
en sus manos. 
No se trata de decir no a la 
tecnología sino de utilizarla 
con responsabilidad y 
conocimiento. 
La disputa por la educación
FOTO: Cuartoscuro 
12 revista az 
Yoloxóchitl Bustamante DÍez 
Directora del ipn. 
El 13 de diciembre de 1916, cuando se puso a 
discusión el dictamen de la comisión respec-tiva 
en el Constituyente de Querétaro refe-rente 
al artículo tercero, el diputado Mújica inició 
su intervención diciendo: “Estamos en el momento 
más solemne de la Revolución”. Y, como él decía, 
tal momento no fue cuando el gobierno de Coahui-la 
repudió la naciente dictadura huertista, ni cuan-do 
se firmó el Plan de Guadalupe, ni cuando Villa 
derrotó en Celaya al espurio ejército federal. Tal 
momento era la posibilidad histórica de discutir y 
aprobar los asuntos relativos a la educación, “El 
del porvenir de nuestra juventud… de nuestra ni-ñez”. 
La ocasión era especial. Se trató de la única 
sesión a la que concurrió personalmente el primer 
jefe del Ejército Constitucionalista y encargado del 
Poder Ejecutivo de la Unión. 
La economía del país condiciona el desarrollo 
de las políticas públicas. El lento crecimiento del 
Producto Interno Bruto (pib) en los últimos 25 años 
ha sido insuficiente para enfrentar los problemas 
nacionales, entre ellos, los fenómenos de exclu-sión 
y pobreza reflejados en un crecimiento del pib 
per cápita prácticamente estacionario. Además, 
esta circunstancia se ha reflejado en una cap-tación 
fiscal débil, comparada con otros países 
del mundo y particularmente de América Latina, 
misma que hace muy difícil hacer previsiones 
para un fuerte desarrollo de las políticas públicas, 
incluidas las del sector de educación. Sólo un cre-cimiento 
sostenido de la economía, acompañado 
de una captación fiscal creciente, podrán ser la 
base para que el sistema educativo en su conjun-to 
pueda trazarse metas ambiciosas. 
El país vive una profunda contradicción en-tre 
las necesidades educativas y su posibilidad 
real de satisfacerlas. Se reconoce plenamente, 
a semejanza de la Organización de las Naciones 
Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura 
(unesco), que ningún país podrá tener un auténtico 
desarrollo sostenible si no cuenta con las institu-ciones 
de educación superior y de investigación 
adecuadas. Cada sociedad se está fundando más 
en el conocimiento que en los tradicionales facto-res 
de la producción y, por lo tanto, la educación 
superior ha de emprender transformaciones más 
radicales para estar en sintonía con la sociedad 
de la cual forma parte. El gran desafío será se-guir 
cumpliendo, en condiciones de mayor efica-cia 
y eficiencia, con el papel que les corresponde 
en la sociedad, no obstante las dificultades por 
las cuales se transita. 
La educación 
técnica en el 
desarrollo de 
la nación
La disputa por la educación 
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La expansión de la educación superior ha sido 
muy importante. Se ha llegado prácticamente 
a los tres millones de alumnos matriculados en 
el inicio del ciclo 2010-2011. Sin embargo, ese 
logro —que se traduce socialmente en la aten-ción 
de 29,1% de los jóvenes en la edad escolar 
correspondiente— aún esta rezagado del 30,3% 
con que contaba, en promedio, el conjunto de los 
países de América Latina en 2004. 
A la luz de todo lo expuesto podrían formular-se 
las siguientes conclusiones: 
• La fundación de la Secretaría de Educación 
Pública (sep) significa un elemento cualitativo 
mayor en las políticas educativas del siglo xx. 
Su acción constituye, al mismo tiempo, el ini-cio 
sistemático de la educación técnica; 
• Durante la primera mitad del siglo, la acción 
más trascendental en materia de política edu-cativa 
fue la fundación del Instituto Politécnico 
Nacional (ipn) por parte de la sep; 
• La principal orientación dada a la educación 
técnica durante la década de los treinta será la 
relacionada con ser, simultáneamente, un ins-trumento 
básico para los proyectos económi-cos 
de la época (inicios de la industrialización) 
y un vehículo de socialización política; 
• El ipn, junto con sus importantes cometidos 
institucionales en su calidad de centro de es-tudios, 
asume el de encabezar el Sistema de 
Educación Tecnológica (set), primero de mane-ra 
informal y, a partir de 1949, por mandato de 
su propia Ley Orgánica, función refrendada en 
disposiciones conexas de la propia sep; 
• A partir de 1959, la Subsecretaría de Educa-ción 
Técnica asumió la responsabilidad directa 
en la integración y funcionamiento del set; 
• La evolución del set fue muy lenta durante el 
periodo 1950-1970. Esta circunstancia con-trasta 
con el relevante crecimiento económico 
y, por ende, con demandas de los sectores 
productivos en materia de formación de re-cursos 
humanos. La primera Ley Orgánica del 
ipn, en 1949, lo convierte en cabeza del set, 
instrumentando, a través de la Comisión de 
Estudios para los Institutos Tecnológicos Fo-ráneos, 
formas de organización que resultaron 
ejemplares, tal y como se corrobora cuando se 
establecen los tecnológicos descentralizados 
cuarenta años más tarde; 
• La etapa 1971-2000 está marcada por un gran 
crecimiento de las instituciones pertenecientes 
al set, así como de su matrícula. Esta carac-terística 
se explica en función de dos facto-res: 
el explosivo crecimiento de la población 
en esa época, así como el efecto diferido de 
planes educativos como el de Once Años. Al 
mismo tiempo, en esta etapa se da un espa-cio 
de retraimiento de la educación superior y 
del set como reflejo de los años de dificultad 
económica y restricción fiscal, especialmente 
durante 1982-1988; 
• El contexto económico de los años noventa (la 
apertura de la economía, los Tratados de Libre 
Comercio) ejercieron una fuerte influencia para 
las reformas que, desde ese momento, se su-cedieron 
dentro del set. Éste no sólo creció, 
también se diversificó. La aparición de nuevas 
modalidades o subsistemas (universidades 
tecnológicas, politécnicas, institutos tecnoló-gicos 
descentralizados) forman parte de esa 
característica, y 
• El ipn, como parte del set, está cumpliendo una 
década de impulsar procesos de reforma en 
su estructura académica y administrativa. Sus 
funciones básicas se han integrado de mejor 
manera, se ha expandido su matrícula, su ac-ción 
llega a más entidades federativas. En la 
disputa por la educación, el ipn ha tenido una 
posición constructiva no obstante las even-tuales 
y pasajeras dificultades por las que ha 
transitado. 
Sólo un crecimiento sostenido 
de la economía, acompañado 
de una captación fiscal 
creciente, podrán ser la base 
para que el sistema educativo 
en su conjunto pueda trazarse 
metas ambiciosas.
FOTO: Cuartoscuro 
¿Qué va a ocurrir con la disputa por la edu-cación 
14 revista az 
nacional? Lo mejor que le puede pa-sar 
es que se convierta en una disputa en la 
educación nacional. Aceptamos todos de entrada 
que los fines del proceso educativo incluyen, en-tre 
otros, el desarrollo del pensamiento crítico y 
creativo, el trabajo colaborativo, el respeto a la 
legalidad, el compromiso con la justicia y la equi-dad, 
la adopción de la democracia como forma de 
vida; todo ello está a salvo y claro en el texto del 
artículo 3º Constitucional y en la Ley General de 
Educación. ¿No es un ridículo contrasentido pre-tender 
que los ciudadanos permanezcan como es-pectadores 
pasivos precisamente ante la calidad 
de la educación pública? ¿Cómo podrían ser crí-ticos 
y creativos, colaboradores, respetuosos del 
orden legal, etcétera, y no involucrarse, al menos 
una parte de ellos, para revisar si tales objetivos 
se cumplen o no en el sistema escolar real? 
Es fácil entender lo que el ciudadano pide: 
“No sólo déjame hablar, escucha; no sólo déjame 
opinar, permíteme intervenir en la decisión, sus 
consecuencias y su seguimiento”. La participa-ción 
toma consistencia si los propios ciudadanos, 
¿Y dónde está mi silla? 
El lugar de 
la sociedad 
civil en las 
decisiones 
educativas 
nacionales 
David Calderón 
pueden evaluar —con su propio parámetro— la 
diferencia que se logra con su intervención. Director General de Mexicanos Primero.
La disputa por la educación 
www.educacionyculturaaz.com 15 
Necesitamos revisar los programas vigentes 
para confirmar que están abiertas las oportuni-dades 
equitativas de participar. Conviene esta-blecer 
revisiones sobre los logros de calidad en 
los procesos —y no sólo si resultó la actividad 
que se propuso como, por ejemplo, la vigilancia 
de la aplicación de la Evaluación Nacional del Lo-gro 
Académico en los Centros Escolares (enlace) 
por parte de los padres y las asociaciones—, es 
decir, si hubo honestidad y respeto en la convoca-toria 
y en la organización de las acciones, si los 
ciudadanos recibieron retroalimentación sobre su 
participación, si su aporte no es apenas tolerado, 
sino reconocido como benéfico para todos. 
La participación de los ciudadanos en las po-líticas 
públicas conlleva el reconocimiento y valo-ración 
de las actividades e iniciativas que hacen 
las organizaciones comunitarias y las redes de 
organizaciones de sociedad civil para la visibilidad 
y remoción de factores inhibidores. Ello incluye un 
marco de seguridad jurídica para las estrategias 
de movilización social en torno al derecho a la 
participación en educación; por su agilidad de con-tacto 
y capacidad de traducción del conocimiento 
en acción, las asociaciones pueden incubar expe-riencias 
más intensas de verdadero protagonismo 
de los ciudadanos que resulten ejemplares e ins-piradoras 
para el diseño de una política verdadera-mente 
nacional, y no sólo oficial, de participación. 
Una última consideración puede hacerse acer-ca 
de las políticas públicas concretas y formales 
de los gobiernos. La secuencia más favorable 
para un involucramiento real es recorrer los pa-sos 
de la política pública de atrás hacia delante: 
que los ciudadanos se involucren primero en la 
evaluación, después en el seguimiento, la imple-mentación, 
y finalmente en la decisión y diseño. 
La disputa puede entenderse como un con-flicto 
donde unos pierden y otros ganan, donde el 
que se alza con el premio —determinar la marcha 
de la educación en México— excluye y vence a 
los contendientes. ¿No perderíamos todos, en 
el fondo, con una resultante así? Yo prefiero una 
disputa que se torna en diálogo. No siempre será 
una apacible charla y tendrá mucho análisis cru-zado, 
de contraste de posiciones con inevitables 
asperezas y cuestionamientos severos. Su signo 
debe ser la inclusión, no la exclusión; la pluralidad 
y no la unilateralidad; convencer y no vencer. 
A estas alturas del avance social y del enrique-cimiento 
de la esfera pública, los actores tradicio-nales 
saben que deben cambiar. La Secretaría de 
Educación Pública (sep) y el Sindicato Nacional de 
Trabajadores de la Educación (snte) saben que 
no pueden permanecer ajenos a la sensación de 
agravio, a los comparativos internacionales, a los 
nuevos enfoques y propuestas que se generan 
desde la sociedad civil. Nos acercamos a un pun-to 
crítico de arranque o encendido, en el que se 
debe pensar seriamente en una reforma global de 
las reglas con las que se toman las decisiones. De 
la esfera central hasta cada escuela, pasando por 
la entidad federativa y el municipio, la sociedad 
despierta a la participación y busca acercar su 
silla a la mesa de las decisiones. 
Diversos académicos, desde Barber y Mour-shed 
con el segundo reporte de McKinsey hasta 
Aurora Loyo en su ensayo “Política Educativa y 
actores sociales”, indican que la transformación 
educativa exige un refuerzo de la autoridad edu-cativa 
para aumentar su condición visionaria, su 
solidez técnica y su estabilidad política, y que los 
sindicatos se reinventen por obra principalmente 
de una activación demandante de los propios 
maestros dentro del gremio. Sin duda esos com-ponentes 
son imprescindibles, pero en ambos 
casos se soslaya el potencial de transformación 
que se va perfilando en las intervenciones de la 
sociedad civil. 
La agenda para el futuro inmediato ya está 
dispuesta desde la sociedad civil y no es secreta: 
insistir en el derecho a la educación como dere-cho 
a aprender, evitar la exclusión, detener la de-serción, 
establecer estándares válidos, reformar 
la formación inicial de los docentes, establecer 
la certificación universal de los maestros, desa-rrollar 
a directores y supervisores como profesio-nales 
del liderazgo académico, ajustar al financia-miento 
de la educación para que no sea regresivo, 
autonomía a las escuelas y ampliación real de la 
participación. 
Difícilmente alguien podrá negar que son de-mandas 
relevantes. Pero compartir la agenda no 
significa homogenizarla o suplantar el papel que 
corresponde a los demás actores; en el cómo y 
en el con quién se juega la realidad de los cam-bios: 
podrán ser marginales y de poca monta, o 
sistemáticos y de alto impacto. La ritualidad de la 
consulta puede aportar amplios beneficios si se 
asume igualmente la realidad de la iniciativa: si el 
sindicato, los gobiernos estatales y la sep quieren 
sumar de verdad a los ciudadanos en la educa-ción, 
podrían comenzar por atender las demandas 
de los ya dispuestos.
Dónde estamos 
y hacia dónde vamos 
Resulta claro que el esfuerzo de cuatro gene-raciones 
permitió un cambio estructural en 
el sistema educativo: transitamos de una 
gran masa analfabeta a la desaparición del anal-fabetismo 
en la población menor de 35 años. Esto 
lo consiguió la escuela pública de medio tiempo, 
que garantizó cobertura y alcance y que cierra el 
siglo xx con una importante expectativa, si sabe-mos 
aprovecharla. 
El siguiente salto cualitativo debemos plan-tearlo 
en una transformación sin precedentes de la 
educación media superior, eslabonada a los doce 
años de educación obligatoria que, prácticamente, 
rebasa una cobertura de 95%. 
El currículum 2011 de la educación básica 
intenta sintetizar desde este nivel los esfuerzos 
de transformación iniciados en la primera década 
del siglo xxi. Por una parte, articula las reformas 
16 revista az 
José Fernando González Sánchez 
Exsubsecretario de Educación Básica. 
FOTO: Cuartoscuro 
El futuro de 
la educación 
en México
La disputa por la educación 
de preescolar, primaria y secundaria, incorpora 
estándares educativos en Lenguaje, Lectura y 
Escritura, Matemáticas y Ciencias, Habilidades 
digitales, el Inglés como segunda lengua y plan-tea 
un nuevo enfoque sobre la diversidad cultural 
del país como un Estado nacional con múltiples 
dimensiones en preparación para integrarse a la 
era global y disputar cara a cara las oportunidades 
en el mercado mundial. 
Este enfoque del aprendizaje a través de es-tándares 
y aprendizajes esperados, equiparables 
con sistemas educativos internacionales, aproxi-ma 
a cada alumno al perfil de egreso de la edu-cación 
básica que posibilita no sólo su inserción 
eficiente en los niveles de estudio superiores y 
en la economía, sino que define al ciudadano del 
futuro que queremos como nación: cívico, demo-crático, 
crítico, innovador, especializado y de alta 
productividad. 
La escuela mexicana del futuro pone el énfa-sis 
en el aprendizaje de los procesos, por encima 
del aprendizaje de la información, y acredita la 
importancia que tiene la formación de competen-cias 
para seguir aprendiendo a lo largo de la vida, 
aprender a aprender, y la de interactuar, con ven-tajas, 
en un mundo global: ser ciudadanos en una 
dimensión local, nacional y mundial. 
Estamos frente a una oportunidad única, ex-clusiva 
de nuestro tiempo: consolidar la transfor-mación 
de la educación básica al tiempo que se 
garantiza un cambio sustantivo en la educación 
media superior. Si se observan los indicadores, 
queda claro que retener a los estudiantes y am-pliar 
el servicio, actualizar la planta docente, mo-dernizar 
la infraestructura dotándola de tecnología 
y propósito, al mismo tiempo de dosificar su carga 
académica y asegurar la pertinencia de los apren-dizajes 
garantizará la retención del alumnado, lo 
cual en dos décadas llevaría al país muy cerca de 
los niveles que muestran los países desarrollados 
de la Organización para la Cooperación y el Desa-rrollo 
Económicos (ocde). 
Para lograrlo, resulta fundamental concebir una 
naturaleza distinta de este nivel educativo. Nos 
obliga a pensar en un modelo ligado a la actividad 
productiva y a la búsqueda de la consolidación 
de las habilidades sociales, laborales y del saber 
que definen los propósitos de la educación básica. 
Otra característica del modelo es la existencia 
de un sistema de evaluación que detecte el rezago 
escolar a edades tempranas y propicie rutas per-sonalizadas 
de soporte y ayuda para resolverlo. 
Definidos los estándares educativos por periodo 
escolar, es claro que se requiere un diseño institu-cional 
que facilite que el sistema educativo estatal 
trascienda los diagnósticos que se derivan de la 
Evaluación Nacional del Logro Educativo en los 
Centros Escolares (enlace) e impulse soluciones. 
Un sistema flexible deberá crear maneras al-ternativas 
de avanzar en la vida escolar conforme 
a desempeños claros y ritmos propios. Si llevamos 
esto a la secundaria, la escuela puede impulsar 
trayectorias individuales y la evaluación diagnós-tica 
evolucionar hacia un tipo de evaluación for-mativa 
cuyo centro es la persona y cuyo destino 
es la excelencia, observada siempre con rangos y 
parámetros referidos a los aprendizajes esperados 
de cada tramo escolar. 
En la educación básica, la descentralización 
tiene como énfasis el traslado de la infraestructu-ra 
y la administración de cuantiosos recursos re-gulados 
en un fondo general que, prácticamente, 
se reduce a la nómina de los profesores. 
La reforma universitaria también debe ser 
parte de este cambio estructural: renunciar a los 
viejos consensos académicos de las carreras tra-dicionales, 
a las prácticas convencionales, casi 
rituales, de la vida universitaria, y asumir que su 
espacio está en trascender la economía del cono-cimiento. 
Es decir, vincularse a la economía, no al 
capricho intelectual o al método exquisito, y per-filar 
esta afinidad a la investigación, a las nuevas 
formas de especialización y a la creación gradual 
de centros especializados del conocimiento que 
fomenten y soporten nuevas áreas del trabajo, 
nuevos atributos de la tecnología y un nivel más 
alto de agrupamiento en la cotidianidad de la em-presa, 
del mundo financiero, social y científico. 
La única posibilidad ética y racionalmente 
aceptable es democratizar las oportunidades de 
desarrollo para todos los mexicanos a través de 
una educación básica universal y de alta calidad 
que acompañe el desarrollo integral de las per-sonas, 
desde los tres años hasta que alcancen la 
edad y la condición de ciudadanos. 
Este enfoque del aprendizaje 
aproxima a cada alumno 
al perfil de egreso de la 
educación básica. 
www.educacionyculturaaz.com 17
FOTO: Cuartoscuro 
18 revista az 
Jorge Luis Ibarra Mendívil 
Secretario de Educación y Cultura de Sonora. 
La Reforma Integral de la Educación Básica 
(rieb), actualmente en marcha en México, 
propone fundamentalmente la integración 
de los tres niveles (preescolar, primaria y secun-daria) 
en un tramo de doce años, conformado por 
cuatro etapas formativas organizadas en función 
de estándares curriculares y aprendizajes espe-rados 
para el logro del perfil de egreso. Ello, 
necesariamente, tendrá implicaciones en nuestra 
concepción misma de la educación como sistema, 
así como en la concepción del aprendizaje, la en-señanza, 
la evaluación y el tipo de relación que 
habrá de establecerse con el nivel medio superior. 
Puede decirse que dos hechos representaron 
un gran salto en el desarrollo de la humanidad: 
• La elaboración y uso de herramientas que faci-litaron 
y modificaron su relación con el medio. 
De ser una relación dependiente de los recur-sos 
que la naturaleza le proveía, pasó a ser 
una relación que modifica las condiciones y da 
paso a la creación de medios y prácticas para 
la producción de los satisfactores que asegu-rarán 
la subsistencia de la especie. 
• La formalización de la transmisión de las prác-ticas 
productivas de generación en generación, 
que con el tiempo deriva en la construcción de 
esquemas de representación social a través 
de elementos simbólicos y valorativos de esa 
nueva relación con el medio. 
La escuela es una organización dinámica ca-paz 
de reinventarse y construir procesos de me-jora 
porque cuenta con los recursos —humanos y 
materiales— necesarios para la formación de los 
individuos que en ella conviven, y esas personas 
a su vez son potenciales agentes de cambio para 
que la comunidad se beneficie de ella. 
El cambio educativo es un proceso vivo y sus 
oportunidades encuentran cauce en el contexto 
mismo de la acción. La práctica innovadora es 
el motor de la transformación de la realidad que 
construye el colectivo de la organización, a través 
de la dinámica generadora de formas novedosas 
de relación interpersonal. En el intento de integrar 
lo que se ha planteado, ofrecemos una caracteri-zación 
de la escuela posible: 
1. Que funcione como una comunidad educativa 
integrada, que su planeación y operación esté 
en función de las necesidades formativas de 
sus actores, lo cual significa, entre otras cosas: 
La escuela 
que queremos
La disputa por la educación 
www.educacionyculturaaz.com 19 
a. Planteamiento claro de las metas de formación 
y los objetivos de aprendizaje, de tal suerte 
que los esfuerzos se dirijan al cumplimiento de 
los mismos mediante el aprovechamiento 
de los recursos al alcance del centro escolar y de 
los disponibles en el entorno próximo; 
b. Desempeño congruente de los profesores, a 
través del trabajo colegiado, con recursos, 
estrategias y técnicas didácticas pertinentes 
para el logro de los objetivos de aprendizaje; 
c. Aprovechamiento cabal del tiempo dedicado 
al trabajo de profesores y estudiantes en las 
labores de formación; 
d. Un marco público que establezca principios 
y valores para las relaciones interpersonales 
de profesores, estudiantes, padres de familia, 
comunidad en general; que dé cuenta de las 
responsabilidades y derechos de cada indivi-duo 
que participe en el proceso formativo, y 
e. Una dirección y gestión transparente que brin-de 
confianza a quienes depositan la responsa-bilidad 
de la educación en la escuela formal. 
2. Que la enseñanza sea la labor sustantiva y el 
aprendizaje la meta común: 
a. Trabajo colaborativo entre docentes y directivos; 
b. Consideración de las necesidades de los es-tudiantes 
para la planeación de la enseñanza; 
c. Formación permanente de docentes y directivos, y 
d. Evaluación continua de procesos y resultados 
para la toma de decisiones colegiadas y su in-formación 
oportuna a los interesados. 
3. Que se relacione con la comunidad de manera 
responsable y transparente: 
a. Es sensible a las necesidades y condiciones 
de existencia de la escuela en el contexto en 
que se ubica; 
b. Integra de forma creativa la participación de 
las familias en aras del logro de los objetivos 
de aprendizaje, en el entendimiento de que son 
los principales interesados en la formación de 
sus hijos y pueden convertirse en valiosos alia-dos 
para el cumplimiento de las metas, y 
c. Contribuye mediante el proyecto educativo al 
mejoramiento del bienestar de la comunidad. 
4. Que cuente con instalaciones decorosas y 
funcionales para el desarrollo del proyecto 
formativo: 
a. Instalaciones en óptimo funcionamiento que 
garanticen el acceso a los servicios básicos: 
sanitarios, energía eléctrica, agua potable, 
etcétera; 
b. Espacios deportivos para la promoción de acti-vidades 
de recreación y de fomento de hábitos 
saludables y de integración de los estudiantes; 
c. Perímetros y protocolos de seguridad; 
d. Áreas verdes que promuevan el esparcimiento 
sano de estudiantes y personal de la escuela; 
e. Espacios aptos para el desarrollo de las expe-riencias 
de aprendizaje; 
f. Áreas de trabajo para profesores y personal 
directivo, y 
g. Equipamiento acorde con los planteamientos 
instruccionales. 
Dotar a la escuela de las características bási-cas 
para el cumplimiento de su función social es 
una tarea hacia la meta de su mejoría, que requie-re 
de la participación organizada y decidida de 
diversos agentes y actores. 
Transformar la escuela es concebirla como 
una sociedad educativa que articula y dirige sus 
esfuerzos al logro del bienestar de los individuos 
que la integran y del entorno en que se inscribe; 
como un espacio que da abrigo a los proyectos de 
vida de miles de estudiantes y de sus familias; 
como un centro donde convergen personas con fi-nes 
comunes; como una organización que supone 
la conjugación de función y estrategia alineadas 
con un proyecto formativo integrado. 
El proceso de la rieb que vivimos en la actuali-dad 
implica un movimiento social de calado mayor 
y de largo aliento. La comprensión de esta empre-sa 
como un proyecto colectivo obliga a la sociedad 
a transitar hacia la integración en todos los niveles 
de participación para garantizar la formación inte-gral 
de los ciudadanos. 
La rieb propone 
fundamentalmente la 
integración de los tres niveles 
en un tramo de doce años.
FOTO: Cuartoscuro 
20 revista az 
Miguel Agustín Limón Macías 
Director General de la Conaliteg. 
a Secretaría de Educación Pública (sep) sur-gió 
en un contexto local de posrevolución y 
en un contexto internacional de posguerra, lo 
que le dio una característica —no la principal— 
de reconstrucción y de búsqueda de nuevos obje-tivos 
e ideales acordes con los presupuestos del 
tiempo y de los vencedores. Ahora, el país, por 
sus condiciones políticas, sociales, económicas y 
académicas, ha cambiado mucho y, por ende, los 
problemas educativos y culturales que se tienen 
requieren y exigen aproximaciones y visiones de 
cambio, en muchos casos, no sólo novedosas, 
sino inéditas. Simplemente, en población hemos 
pasado de 14,3 millones de habitantes en 1921, a 
112 millones 336 mil 538 en 2010; casi ocho ve-ces 
más, de los cuales alrededor de 50% están en 
edad escolar. Esto nos otorga un “bono demográ-fico” 
único pero, a la vez, es un reto mayúsculo. 
Entonces, en 1921, el horizonte y la meta primera 
fue la alfabetización; los que sabían leer y escribir 
abarcaban poco más de un cuarto de la pobla-ción, 
ahora somos más de 92%. Después fue la 
primaria, hay que tener presente el llamado Plan 
de Once Años. En 1993 se legisló la obligatorie-dad 
de la secundaria, con una cobertura actual de 
95,3%. 
En el presente el horizonte y la meta, valga 
la repetición, son la educación media superior, 
que cubre 64,4% y la educación superior cuya 
cobertura es actualmente de 30%. Conviene re-cordar 
una cifra en este rubro: en 1950, con una 
población de más de 25 millones de habitantes, 
la matrícula del nivel universitario era de sólo 25 
mil: sólo uno de cada mil mexicanos cursaba este 
nivel; en el presente son poco más de 3 millones, 
casi 27 de cada mil habitantes. La oportunidad ha 
aumentado 26 veces, pero sólo 30% de los que 
están en esa edad la tienen. Claro, para la educa-ción 
superior son requisitos indispensables capa-cidad, 
preparación y vocación; pero ciertamente 
muchos más los cubren o podrían satisfacerlos 
y, en gran parte, las limitaciones económicas y 
sociales son el impedimento. 
En otro campo, el transporte de personas en 
1921 se realizaba mediante bestias, carretas, fe-rrocarriles, 
barcos y, en pocos casos, automóviles; 
en algunas ciudades, por tranvías; el de mercan-cías, 
para distancias grandes, principalmente por 
ferrocarril y barco. Ahora el transporte es por au-tomóvil, 
camiones de carga, ferrocarril (en menor 
grado), aviones y barcos. Las carreteras, los aero-puertos 
y los puertos han sustituido los caminos 
Una 
prospectiva 
de la sep 
doce ideas para discutir 
L
La disputa por la educación 
www.educacionyculturaaz.com 21 
de herradura y las estaciones de pasajeros. Uno 
más, las telecomunicaciones. Entonces lo común 
era la carta, el telegrama, el telefonema y, en alto 
nivel, la radiotelegrafía, y ahora, el teléfono, la 
televisión y el Internet en todas sus modalidades, 
han cubierto con creces todo lo anterior. Más aún, 
se ha perdido mucha de la comunicación inter-personal 
y, al mismo tiempo, se han abolido las 
distancias y quizá también el encuentro. Las rela-ciones 
entre personas han tomado otro giro. 
Un análisis somero del trabajo desarrollado 
por la sep en el cumplimiento de los fines por los 
que fue creada, conduce a la conclusión de que, 
dentro de los vaivenes de un país y de un sis-tema 
en evolución vertiginosa, la Secretaría ha 
cumplido honorablemente con lo que de ella se 
esperaba. Pero también hay que darnos cuenta y 
aceptar que, en este momento, el desafío que se 
le presenta es, en muchos aspectos, totalmente 
diferente al de hace 90 años. 
Sobre la base de lo planteado anteriormente, 
circunscribiéndose en cuanto a la sep al campo 
clave de lo propiamente escolar y —en muchos 
casos específicamente— a la gestión educativa, 
con la premisa de “¿Qué sucederá, si el futuro no 
es una prolongación del presente?”, con el fin de 
exponerlas para la reflexión y decisión, hago las 
siguientes propuestas: 
1. Transformar la sep de Secretaría de Estado a 
Organismo Público Autónomo (opa); 
2. Profundizar la descentralización a las entida-des 
estatales. Cambios en las atribuciones y 
en la participación de los diferentes órdenes 
de gobierno; 
3. Caminar, paulatinamente, hacia la autoges-tión, 
la autonomía de la comunidad educativa, 
en diferentes grados y de acuerdo con las po-sibilidades 
de cada caso; 
4. La formación inicial del magisterio diferente, 
así como la formación y la capacitación per-manentes; 
5. Avanzar hacia un currículo en educación bási-ca 
menos rígido, que dé lugar, bajo un marco 
normativo, a adecuaciones en los diversos 
contextos; 
6. Atención en los currículos al desenvolvimien-to 
de las diferentes inteligencias en los edu-candos, 
de acuerdo con la teoría de Howard 
Gardner; 
7. Fomento y aliento a programas piloto y apoyo 
a los mismos; 
8. Evaluación de los educandos, de los docentes, 
de las estructuras educativas, de los funcio-narios 
y de los demás actores participantes. 
Y la generación de apoyos consecuentes para 
resolver los pendientes; 
9. Continuar el proceso de articulación de los ni-veles 
educativos, desde la educación básica 
hasta la superior; 
10. Incrementar y diversificar las alternativas edu-cativas 
en la media superior y la superior, con 
una liga permanente con el aparato productivo 
y las organizaciones sociales, así como con la 
investigación científica y tecnológica; 
11. Continuar el fomento del uso de las Tecnolo-gías 
de la Información y la Comunicación como 
apoyos, ahora indispensables, a la labor edu-cativa, 
así como un segundo idioma desde la 
fase inicial, para lograr el dominio pleno gene-ralizado 
del mismo, y 
12. Generar alternativas, apoyadas por el Estado 
y por la iniciativa privada, que enraícen a los 
más preparados, sin olvidar que estamos en 
un mundo globalizado. 
Con éstos y otros muchos pasos, que saldrán 
en el caminar, se podrá avanzar frente a un con-texto 
en que se reconoce una encrucijada de cri-sis 
de la educación mexicana. 
El objetivo fundamental de estas 12 ideas ha 
sido ponerlas sobre la mesa para generar una 
discusión, en la búsqueda de sumar muchas más 
aportaciones. La educación, no sólo la mexicana, 
vive el reto de responder a necesidades cambian-tes, 
de manera acelerada, y también de ser no 
únicamente la transmisión inercial del pasado, 
sino la constructora del futuro. 
En el presente el horizonte 
y la meta son la educación 
media superior, que cubre 
64,4% y la educación 
superior cuya cobertura es 
actualmente de 30%.
FOTO: Cuartoscuro 
Educación, ciencia 
y desarrollo. 
Un vínculo crítico 
Al lado del debate académico, en la mayor 
parte de los países avanzados y en las re-giones 
con economías más sólidas, existe 
una clara percepción sobre la necesidad y venta-jas 
de avanzar hacia un estadio de desarrollo des-crito 
en términos de “sociedad del conocimiento”. 
Esta noción, pese a su ambigüedad, ha ganado 
terreno en el debate político. Suele ser utilizada 
en dos sentidos. En primer lugar, como un térmi-no 
descriptivo que alude a nuevas dinámicas de 
crecimiento industrial y cambio social que hacen 
su aparición en décadas recientes. En segundo 
lugar, como un término axiológico, que alude a 
la aspiración de transformar los ámbitos de la 
producción, distribución, trabajo y educación me-diante 
la construcción de sistemas de innovación 
de alcance nacional y regional. 
22 revista az 
La educación 
superior ante 
los retos del 
entorno 
internacional 
Rafael López Castañares 
Secretario General Ejecutivo de la anuies.
La disputa por la educación 
Dilemas básicos para 
proponer un cambio de 
enfoque en las políticas 
de educación superior 
Aunque la reforma de la educación superior es un 
tema de la mayor importancia para el país, los re-sultados 
de las últimas tres décadas son altamen-te 
inconsistentes en términos políticos y sociales. 
A partir de los años ochenta, las sucesivas gestio-nes 
presidenciales han dado forma a una suerte 
de modernización que no siempre ha resultado 
coherente y con rumbo definido. Se ha carecido 
de un planteamiento rector que articule las dife-rentes 
políticas gubernamentales en una dimen-sión 
de largo aliento y que atienda —desde una 
perspectiva de Estado— las demandas y necesi-dades 
de la sociedad mexicana. Como se sabe, 
las instituciones sociales están articuladas a su 
tiempo y a su espacio. En tal sentido, las trans-formaciones 
que se han vivido en las institucio-nes 
de educación superior de México responden 
a las dinámicas específicas de nuestro país. Sin 
embargo, existen algunos factores y tendencias 
con un amplio rango de impacto. Es el caso de la 
educación superior de nuestro tiempo, la cual vive 
una multiplicidad de tensiones que rebasan por 
mucho las fronteras nacionales. Algunas de las 
tensiones más relevantes, aunque no necesaria-mente 
las más visibles para la agenda de política 
educativa superior en curso, pueden resumirse en 
los siguientes enunciados: 
a) Tradición e innovación. Una de las tensio-nes 
más reiteradas en la educación superior es 
la que alude a las tradiciones históricas de las 
instituciones universitarias frente a los nece-sarios 
cambios que requieren para responder 
a los retos actuales. ¿Cómo transformar las 
instituciones sin vulnerar su esencia y su com-promiso 
ante el saber? 
b) Demandas crecientes y apoyos decre-cientes. 
La educación superior se ha situado 
en el centro de lo social y es depositaria de 
una multiplicidad de expectativas y demandas 
individuales, sociales, políticas, económicas 
y culturales. De manera paradójica, la educa-ción 
superior vive una etapa de restricciones 
financieras y desde los ámbitos de poder se 
han limitado los beneficios del financiamien-to 
pleno e incondicional a las instituciones 
encargadas de la educación superior. ¿Es po-sible 
encontrar una conciliación entre ambos 
extremos? ¿Cómo alcanzar niveles adecuados 
de coherencia entre las demandas a la educa-ción 
superior y el respaldo financiero? 
c) Reproducción o creación de conocimiento. 
La pregunta sobre las funciones de docencia 
e investigación de la educación superior se 
vuelve a hacer presente: ¿Es posible y desea-ble 
articularlas, o se deben preservar espacios 
y estructuras específicas para cada función? 
En este marco, ¿cómo situar el tema de la ex-tensión 
de la cultura? 
d) Educación superior y poder. La presencia 
de la política es creciente en la educación 
superior y las decisiones gubernamentales se 
hacen presentes en múltiples ángulos de las 
instituciones de educación. ¿Cómo estable-cer 
los márgenes adecuados de autonomía 
del saber frente al poder? ¿Cómo garantizar 
el cumplimiento de las responsabilidades so-ciales 
de la educación superior sin interferir 
en sus funciones? 
e) El problema de la pertinencia. La educación 
superior vive una de sus principales tensiones 
en su papel frente a los mercados. Se discute 
sobre la pertinencia de que las instituciones 
“produzcan” “recursos humanos” o “capital 
humano” para el trabajo productivo, o si su 
responsabilidad ha de responder a la necesi-dad 
de formar sujetos sociales para integrar-se 
a una sociedad de trabajo y conocimiento 
cada vez más compleja. ¿Se puede encontrar 
un acuerdo? Además, en el ámbito universita-rio 
se vive una tensión que enfrenta el senti-do 
mismo de la educación superior y que se 
sintetiza en la idea de una educación superior 
funcional y pragmática, frente a otra crítica o 
“sin condición”, cuyo mayor compromiso está 
centrado en la búsqueda de la verdad y en el 
derecho a cuestionarlo todo. ¿Es posible cons-truir 
una educación superior que atienda las 
necesidades de su entorno sin renunciar a su 
esencia académica? ¿Es posible conciliar en 
la educación superior las demandas del ámbi-to 
laboral con la amplitud de demandas que 
plantea una sociedad en transición como la 
mexicana? 
¿cómo situar el tema de la 
extensión de la cultura? 
www.educacionyculturaaz.com 23
Cientos de años de observación y propuestas 
pedagógicas y filosóficas, más el desarrollo 
de la ciencia educativa del siglo xx y prin-cipio 
del xxi, han propiciado un cambio paradig-mático 
en la educación escolar. Es un cambio que 
coloca en el centro de la atención pedagógica no 
a la enseñanza sino al aprendizaje. 
Enseñar desde la perspectiva de lo que el 
maestro desea y no desde lo que el alumno ne-cesita 
es una visión superada en este paradigma 
del aprendizaje. Para ello, es preciso centrar la 
formación de los maestros en las necesidades de 
los alumnos, de la sociedad y de su desarrollo. 
Enseñar no es suficiente, debemos aprender. 
Atender las raíces del 
problema de manera integral 
Para resolver la deficiencia en el aprendizaje de 
los niños y jóvenes, debemos atender las raíces 
del problema de manera integral. 
El niño aprende con nosotros, sin nosotros y 
a pesar de nosotros. El niño aprende más y mejor 
si en el hogar existen las oportunidades de desa-rrollo 
infantil, como lo presentan los indicadores 
de la Organización para la Cooperación y el Desa-rrollo 
Económicos (ocde) en salud, vivienda, equi-dad, 
seguridad, cordialidad, escolaridad. El niño 
aprende más en condiciones sociales de equidad, 
seguridad, silencio, limpieza, naturaleza, transpa-rencia. 
El niño aprende más cuando los adultos 
conscientemente orientan sus actividades y rela-ciones 
pensando en su crecimiento y aprendizaje. 
Dado todo esto, el niño aprende más y mejor en 
buenas escuelas y buenos programas. Las escue- 
24 revista az 
Luis Maldonado Venegas* 
Rosalba Sierra Solorio** 
Eduardo Andere Martínez*** 
* Secretario de Educación Pública del estado de Puebla. 
** Subsecretaria de Planeación, Evaluación e Innovación 
Educativa de la Secretaría de Educación Pública del 
estado de Puebla. 
***Analista y consultor en temas de política educativa, 
educación comparada y políticas públicas. 
FOTO: Cuartoscuro 
Hacia una 
Comunidad 
Centrada en 
el Aprendizaje
www.educacionyculturaaz.com 25 
las son buenas cuando sus maestros son buenos 
y profesionales. Los currículos son buenos cuan-do 
la política pedagógica y la práctica docente se 
orienta hacia el aprendizaje. 
En resumidas cuentas, se requiere de un nuevo 
modelo educativo que entrelace y concilie la polí-tica 
pública, las prácticas educativas y escolares 
exitosas con las propuestas de la investigación 
educativa para diseñar e implementar modelos 
que promuevan Comunidades Centradas en el 
Aprendizaje (cca). 
Comunidad Centrada en el 
Aprendizaje: Una propuesta 
holística de la educación 
¿Qué es una cca? 
Es una estrategia de participación integral y co-rresponsable 
donde el principio fundamental es 
que las políticas públicas del estado, del munici-pio 
o la localidad se encaucen hacia un mismo ob-jetivo: 
el aprendizaje de niños, jóvenes y adultos. 
¿Con qué enfoque? 
Este modelo de cca requiere de una instrumenta-ción 
paulatina por municipio o localidad, toda vez 
que demanda romper con paradigmas que visua-lizan 
la educación de manera lineal en favor de 
una educación flexible (que permita que los pro-gramas 
de estudio respondan tanto a los conte-nidos 
nacionales como a las condiciones de cada 
localidad, escuela y aula), holística (que reconoz-ca 
e incorpore la noción de que los niños apren-den 
de muy diversas maneras, tanto formal como 
informalmente, con o sin adultos mediadores, y 
que los hábitos de la población en los hogares y 
la sociedad promueven o inhiben la capacidad de 
aprendizaje), diferenciada (que responda perso-nalmente 
a los alumnos y que reconozca las par-ticularidades 
culturales y sociales de su entorno 
comunitario), e integral (que oriente las políticas 
públicas y no sólo la política educativa hacia la 
atención de los aprendizajes de niños, jóvenes y 
adultos). 
Los mexicanos tenemos muchas razones para 
estar orgullosos y muchas otras para estar preocu-pados. 
Nuestro orgullo es nuestra tierra, nuestras 
raíces, nuestro mosaico cultural, nuestra expre-sión 
artística, musical, literaria y gastronómica, 
nuestra biodiversidad, nuestra geografía, a veces 
caprichosa, siempre colorida y diferente; nuestra 
preocupación es la pobreza, la inequidad, el dete-rioro 
ambiental, la inseguridad y la falta de calidad 
educativa tanto en servicios como en desempeño. 
Y nuestro más grande logro institucional es la 
democracia electoral, que necesitamos exten-der 
a todos los ámbitos de la vida nacional. Una 
de las formas de ampliar nuestros logros es con 
educación de calidad para todos, donde tengamos 
realmente las mismas oportunidades, con atención 
diferenciada y pertinente, donde todos los niños 
y jóvenes adquieran y adopten los recursos y he-rramientas 
personales para ser exitosos. Para ello 
necesitamos una respuesta holística a partir de la 
cual la educación y el aprendizaje sean parte de la 
vida cotidiana y la vida nacional. Necesitamos una 
cultura de aprendizaje.
El problema 
Muchos niños y jóvenes pasan gran parte de su 
tiempo libre solos, en la calle, el campo, frente a 
la televisión o ante una computadora. 
La realidad nos presenta la existencia de 
grandes grupos de jóvenes sin una guía familiar o 
social adecuada, en pobreza, trabajando para sus 
padres, subempleados o desempleados, sin lazos 
familiares estables, sin un modelo cívico, moral, 
espiritual, ético o estético a seguir, y con poca 
perspectiva de futuro. 
Hacia una política pública 
en favor de la juventud 
No podrá haber un uso efectivo del tiempo libre 
sin políticas públicas en favor de la infancia y la 
juventud como una prioridad nacional. 
Hoy, las cifras de exclusión en los niños y jóve-nes 
son inadmisibles. 
Aprovechar 
el tiempo 
libre 
26 revista az 
Esteban Moctezuma Barragán 
Presidente Ejecutivo de Fundación Azteca. 
FOTO: Cuartoscuro
La disputa por la educación 
• Siete millones de jóvenes en México no tie-nen 
ni empleo ni escuela. 
• La mayoría de los presos en México no han 
cumplido los 30 años, y más de la mitad de 
los muertos en la guerra contra el narcotráfico 
oscila entre los 17 y los 29 años. 
Áreas de oportunidad para 
el aprovechamiento del 
tiempo libre 
Propuesta 1. Señalar al maestro como el verda-dero 
asesor, observador y promotor de un efectivo 
uso del tiempo libre, lo cual va a incidir en su re-posicionamiento 
como el principal agente educa-tivo 
en la era moderna. 
Propuesta 2. Utilización diferente, racional y 
creativa de todas las instalaciones culturales, 
sociales y deportivas, tanto escolares como no 
escolares, en una cruzada colectiva por la niñez 
y la juventud. 
Propuesta 3. La escuela debe convertirse en un 
centro de aprendizaje comunitario, no sólo para 
los alumnos sino para sus padres y la comunidad 
local. 
Propuesta 4. En todas las localidades habrá ac-tividades 
extracurriculares promovidas por las es-cuelas 
que incluirán, al menos: 
a) Creación de orquestas sinfónicas y coros in-fantiles 
y juveniles; 
b) Club de baile; 
c) Campeonatos interescolares de futbol, bas-quetbol 
y beisbol; 
d) Club de poesía y oratoria, y 
e) Club de ajedrez y juegos de mesa. 
Propuesta 5. Inducir a los papás a adquirir un 
papel más activo en la formación de los hijos. 
Propuesta 6. Satisfacer la aspiración de los jó-venes 
a participar plenamente en la vida de sus 
sociedades mediante ejercicios organizados para 
imaginar y proponer cambios concretos en las 
localidades, apoyados por las autoridades munici-pales. 
Esto canalizará su imaginación, creatividad, 
ideales y energía. 
Propuesta 7. Impulsar el trabajo voluntario como 
fuente fundamental de solidaridad y cohesión 
social con la comunidad, factor importante en la 
transición a una adultez responsable. 
El voluntario joven enseña a trabajar en equi-po. 
La mayor parte del aprendizaje sucede en 
grupos. Aprender el valor de la colaboración fuera 
del aula es prioridad. 
Ser voluntario permite a los alumnos generar 
sus propias soluciones para resolver problemas 
locales y complementar el trabajo de los adultos. 
Cada vez es más evidente que el futuro y la 
sustentabilidad del planeta dependen en gran 
medida del compromiso voluntario a nivel local. 
Propuesta 8. Es necesario que los jóvenes ayu-den 
a mantener y preservar el medio ambiente, 
que conozcan y se involucren en las causas de 
la degradación ambiental, por lo que se deben 
diseñar propuestas específicas de trabajo en la 
materia. 
Propuesta 9. Los maestros deben acercar a sus 
alumnos a la cultura y las artes, tanto locales 
como universales. La experiencia conjunta entre 
sep, snte, Consejo Nacional para la Cultura y las 
Artes (Conaculta), gobiernos estatales y Funda-ción 
Azteca en la creación en todo el país de las 
orquestas sinfónicas y coros evidencia el poten-cial 
oculto de nuestros niños y jóvenes. 
Propuesta 10. Todas las escuelas reconocen la 
importancia de las actividades recreativas para 
el desarrollo psicológico, intelectual y físico de 
los jóvenes. Por ello debemos fomentar la partici-pación 
en programas extracurriculares. 
Propuesta 11. Reforzar el acceso de los jóvenes 
a la información y redes sociales. Las actividades 
basadas en Internet relacionadas con causas cí-vicas 
y políticas en favor de los jóvenes van en 
aumento. 
Propuesta 12. Estimular la cooperación y los in-tercambios 
entre organizaciones juveniles a nivel 
nacional, regional e internacional. 
Propuesta 13. Invitar a los gobiernos a crear más 
espacios públicos verdes y culturales. 
Propuesta 14. Impulsar el intercambio turístico. 
Propuesta 15. Reforzar la instrucción de cómpu-to 
para los padres de familia con objeto de forta-lecer 
la comunicación con sus hijos. 
Muchos niños y jóvenes 
pasan gran parte de su tiempo 
libre solos, en la calle, el 
campo, frente a la televisión o 
ante una computadora. 
www.educacionyculturaaz.com 27
FOTO: Cuartoscuro 
Apoyándonos en las aportaciones de los 
sociólogos franceses que desarrollaron la 
teoría de la reproducción, y en las de los 
británicos que han impulsado el movimiento de las 
escuelas eficaces, podemos afirmar que el Estado 
no implementó las medidas necesarias para lograr 
los siguientes objetivos: 
a. Remover los factores que impiden el acceso 
oportuno de los niños a la educación primaria, 
y los que se interponen para que los estudian-tes 
ingresen a cada grado escolar habiendo 
adquirido —con toda certeza— el “apresta-miento 
28 revista az 
académico” requerido para hacerlo; 
b. Remover los factores que influyen en los retra-sos 
académicos durante el año lectivo; lo que, 
a su vez, impide que la promoción de un grado 
escolar al subsecuente sólo se logre cuando 
los estudiantes hayan dominado los conoci-mientos, 
competencias, actitudes y valores 
previstos en los respectivos currículos, y 
c. Remover los factores que impiden la conclu-sión 
de cada ciclo escolar dentro del tiempo 
previsto y en las condiciones académicas se-ñaladas 
por la normatividad vigente. 
Por diversas razones es necesario que las re-formas 
educativas abarquen la totalidad de los 
La disputa por 
la justicia en 
la educación 
básica 
Carlos Muñoz Izquierdo 
Académico emérito del Instituto de Investigaciones 
para el Desarrollo de la Educación (inide), 
Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.
La disputa por la educación 
www.educacionyculturaaz.com 29 
componentes del sistema escolar. En realidad, 
diversas reformas que han sido implementadas en 
nuestro medio han alterado algunos de esos com-ponentes 
(como los planes de estudios) pero han 
dejado intactos los demás. 
Los egresados de las escuelas normales ini-cian 
generalmente el ejercicio de su profesión en 
localidades alejadas de los centros urbanos. En la 
medida en que van adquiriendo experiencia, soli-citan 
—y generalmente consiguen— ser transfe-ridos 
a algunas escuelas ubicadas en localidades 
que cuentan con mejores servicios. 
Es, desde luego, muy explicable que en la me-dida 
en que los docentes avanzan en su ciclo de 
vida soliciten ser enviados a las escuelas ubicadas 
en localidades más adecuadas para el cuidado y 
educación de sus hijos. Sin embargo, esa prácti-ca 
produce efectos indeseables en la calidad de 
la educación, porque impide que los maestros 
mejor preparados y más experimentados apoyen 
los aprendizajes de los estudiantes que —por sus 
características socioeconómicas y culturales— 
los requieren con mayor urgencia, sobre todo si se 
reconoce la necesidad de que los docentes adap-ten 
los procesos pedagógicos a circunstancias 
diversas. Por tanto, es indispensable utilizar otros 
recursos con la finalidad de apoyar pedagógica-mente 
a los maestros más jóvenes, y de manera 
especial a los que desempeñan su profesión en 
ambientes pedagógicamente adversos. 
La eficacia académica de la educación, la 
igualdad con la que se distribuyen las oportunida-des 
de recibirla —así como la eficiencia económi-ca 
de los programas— dependen, ineludiblemen-te, 
de una adecuada planeación del desarrollo 
educativo del país. Sin embargo, de la informa-ción 
recabada para elaborar este ensayo se des-prende 
que ese proceso no fue implementado en 
México, al menos durante las décadas recientes. 
Esa información refleja, en efecto, que los tenues 
mejoramientos que se registraron durante los úl-timos 
años en el aprovechamiento escolar pue-den 
ser atribuibles, principalmente, a la influencia 
de diversos factores exógenos al sistema escolar. 
Por otro lado, no podemos dejar de mencionar 
que algunas investigaciones que han analizado 
los determinantes del aprovechamiento escolar 
siguen asignando un peso decisivo a diversos fac-tores 
cuyo control se encuentra fuera del alcance 
de los administradores del sistema educativo. Sin 
embargo, estudios recientes han demostrado que 
los únicos factores que no pueden ser controla-dos 
por los responsables del sistema escolar son 
aquellos que, no siendo de índole cultural, inter-fieren 
con la posibilidad de que los estudiantes 
asistan regularmente a las escuelas y permanez-can 
en ellas hasta la conclusión de los estudios 
que hayan iniciado. 
Esos factores se refieren a la dificultad que 
tienen los estudiantes de escasos recursos para 
soportar el costo de oportunidad implícito en el 
tiempo dedicado a asistir a la escuela, y al hecho 
de que las familias a las que pertenecen esos es-tudiantes 
no siempre puedan ofrecer a sus hijos 
las condiciones de salud y nutrición que necesitan 
para estar en condiciones de obtener resultados 
académicos satisfactorios. 
Por tanto, es necesario reconocer que otros 
factores, que también son exógenos al sistema 
escolar —pero de índole cultural—, sí pueden 
ser controlados desde el propio sistema educati-vo. 
Entre éstos se encuentran, principalmente, el 
que la docencia no se adecue en todos los casos 
a las condiciones, posibilidades y cultura de los 
estudiantes; la desigualdad que existe entre las 
habilidades con las que ingresan los estudiantes 
al sistema educativo, y el hecho de que a los pa-dres 
de familia que adquirieron escasas dosis de 
escolaridad les sea difícil apoyar eficazmente los 
aprendizajes de sus hijos. 
En síntesis, las investigaciones educativas 
concluyen que han de cumplirse los siguientes 
requisitos: 
• Que los estudiantes se encuentren en las con-diciones 
personales, económicas y sociales 
que son necesarias para asistir regularmente 
a las escuelas y para permanecer en ellas 
durante el tiempo necesario para concluir los 
estudios iniciados, y 
• Que ellos estén dispuestos a esforzarse para 
alcanzar niveles adecuados de aprovecha-miento. 
Si estos requisitos son satisfechos, la respon-sabilidad 
de evitar los fracasos escolares recae 
íntegramente en quienes ocupan los diversos 
cargos administrativos en el sistema escolar. Por 
tanto, ellos deben cuidar de manera especial la 
formación inicial y actualización de los docentes 
(a la luz de las condiciones señaladas en este en-sayo), 
y asegurar constantemente la pertinencia 
de los currículos.
Lo primero que habría que preguntarse es 
quiénes son los “contendientes” en esta 
disputa, quiénes los “combatientes”, los 
“guerreros” en la educación, quiénes son los que 
debaten sobre tan importante tema para el país. 
Y sí, encontré que existen múltiples arenas don-de 
se realiza este enfrentamiento, dentro de las 
cuales podemos identificar dos grandes espacios. 
Desde esta perspectiva pareciera sumamente 
aventurado —y hasta temerario, creo yo—, eri-girme 
en pontificador del futuro de la educación 
mexicana, sobre todo a partir de lo que ésta re-presenta 
y ha logrado al menos a lo largo de los 
últimos 200 años, mismos que tenemos de historia 
como país, ya que anteriormente no fuimos Méxi-co, 
sino Nueva España por 300 años y antes, por 
milenios, un conjunto de naciones o reinados más 
o menos cohesionados en distintos momentos por 
culturas dominantes como la olmeca, teotihuaca-na, 
azteca o maya, por mencionar algunas de ellas. 
Más allá del análisis histórico e institucional 
de la educación mexicana, conviene reflexionar 
sobre el verdadero estado de la misma —su pre-sente—, 
lo cual haré a partir de los parámetros 
internacionales, evitando con ello caer en los tan 
socorridos juicios de “expertos” o de “mirarnos el 
ombligo”, sino sustentando sólidamente y con da-tos 
comparables a nivel internacional lo que aquí 
se expondrá. 
En síntesis, la educación mexicana no es de 
ninguna manera lo que debiera ser, pero tampoco 
es lo que los “entendidos” en educación plantean 
en los medios masivos de comunicación. Ni una 
cosa ni la otra, la educación mexicana tiene for-talezas 
y debilidades, obviamente, pero ante todo 
se hace necesario un diagnóstico serio de ella, sin 
“desgarrarnos las vestiduras” ni asumir triunfalis-mos 
ingenuos, sino con juicios sustentados en la 
realidad, con datos duros contextualizados, con 
compromisos y con propuestas concretas de to-dos 
y cada uno de los que formamos parte de este 
sufrido y gran país que es México. Es en este con-texto 
que a continuación presento algunos puntos 
que me parece deberían abonar a la construcción 
de un escenario más promisorio ante el reto del 
futuro de la educación en México. 
Es necesario que, a diferencia de lo hecho en 
esta administración —en la que la Alianza por 
la Calidad de la Educación o “acuerdo nacional” 
sólo se dio en los hechos entre la presidencia de 
la República y la cúpula sindical, con un “testigo 
de palo”, la sep— la próxima convoque efectiva- 
30 revista az 
Como todo ser viviente, la escuela no sólo se modifica 
cada año, cada día y cada hora, sino que está expuesta 
a diversas crisis, a desgracias, a dolencias. 
León Tolstói 
El futuro de 
la educación 
mexicana, 
apoyado en 
su pasado y 
visto desde 
su presente 
Juan Carlos Palafox Pérez de Salazar 
Consultor en materia de sistemas de información 
y evaluación educativa.
FOTO: Cuartoscuro 
www.educacionyculturaaz.com 31 
mente a la sociedad en su conjunto y a sus más 
connotados representantes a la construcción y 
definición de la agenda educativa nacional de lar-go 
plazo, de Estado, que incluya todos los secto-res 
políticos, sociales, económicos, intelectuales, 
como la iniciativa privada, las iglesias, las insti-tuciones 
de educación superior, los centros de 
investigación, los partidos políticos, los colegios 
de profesionales, los sindicatos, los tres niveles 
de gobierno, etcétera, para que definan, además, 
compromisos específicos con un horizonte de al 
menos 30 o 50 años por cada entidad, sector, sub-sector, 
dependencia, organismo e institución; con 
metas claras escalonadas en el tiempo (por año, 
trienio, sexenio, década), que permitan a toda la 
sociedad tener claro hacia dónde va el país en 
esta materia, dar seguimiento al plan y fincar las 
responsabilidades del caso. 
En este sentido convendría constituir un Comi-té 
Nacional del Conocimiento o think tank1 edu-cativo, 
compuesto por intelectuales y científicos 
del más alto nivel nacional e internacional, con 
un compromiso a toda prueba con México, con 
voluntad de crear por encima de sus legítimas 
aspiraciones políticas y económicas personales, 
identificados con el futuro del país más allá de 
sus inclinaciones partidistas o ideológicas, para 
que coordinen, sinteticen y catalicen esa visión 
de futuro, apoyados por los mejores centros de in-vestigación 
e ies del país (entre ellas, obviamente, 
la unam). 
Condición de esto es la delimitación de la 
esfera de influencia del Sindicato Nacional de 
Trabajadores de la Educación (snte) a su natural 
espacio institucional como representante de los 
intereses legítimos de sus agremiados. Es una 
temática insoslayable en cualquier texto que se 
precie verdaderamente de objetividad y hones-tidad 
en el tratamiento de la problemática de la 
educación mexicana. No es posible continuar con 
el sometimiento de la educación pública nacional 
a intereses meramente políticos, relacionados 
fundamentalmente con el ejercicio del poder y no 
con el desarrollo sustentable del país y de su po-blación. 
Hay que devolverle al snte la vigencia de 
su lema original: “Por una educación al servicio 
del pueblo”, según el cual su principal preocupa-ción 
debe ser resarcir el prestigio y valor social de 
la función educativa. 
Por último, deseo manifestar que todo lo dicho 
con anterioridad sólo pretende ser un punto de 
partida que, si bien pudiera parecer duro, áspero 
o severo en alguno de sus puntos, lo hago con un 
profundo respeto al sistema educativo mexicano, 
al que ya no se puede tratar con eufemismos o 
evasivas, sino que exige la denuncia, el compro-miso 
y la veracidad de quienes creemos en él. 
NOTAS 
1 Los think tank son organizaciones en las que 
trabajan varios teóricos e intelectuales multi-disciplinarios 
que elaboran análisis bajo una 
perspectiva estratégica y global, con vocación 
prospectiva, con el fin de generar propuestas 
políticas y sociales que puedan ser aplicadas en 
la práctica. Ejemplo de ello es el Royal Institute 
of International Affairs (Chatham House) en el 
Reino Unido.
La mayoría de las intervenciones públicas, 
cuando son algo más que simple retórica, 
han pretendido modificar las prácticas en el 
aula cambiando las normas y regulaciones que 
supuestamente las determinan. La mayoría de 
los cambios registrados en América Latina fueron 
estructurales, es decir, cambiaron la estructura 
de niveles del sistema educativo, los modelos de 
financiamiento, la curricula, etcétera. Pero en la 
mayoría de los casos estas intervenciones no lle-garon 
al aula. Antes de condenar y buscar alter-nativas 
es preciso preguntarse por qué. En efecto, 
resulta que todos los elementos estructurales 
“modificados” por las políticas son eficaces en la 
medida en que pasan por la mediación de los do-centes, 
directores, supervisores y otros agentes 
de la administración educativa. El sistema escolar 
es intensivo en fuerza de trabajo. Las estructuras 
(leyes, reglamentos, programas curriculares, 
circulares) y los recursos (financieros, tecnológi-cos, 
etcétera) no determinan las prácticas. Todos 
estos factores son eficaces en la medida en que 
son utilizados en forma pertinente por los agentes 
escolares especializados. Reglas y recursos sólo 
Futuros de 
la condición 
docente 
32 revista az 
Emilio Tenti Fanfani 
Profesor titular e investigador principal del conicet 
en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad 
de Buenos Aires. Consultor del iipe/unesco, Sede 
Regional Buenos Aires. 
FOTO: Cuartoscuro
La disputa por la educación 
posibilitan determinadas prácticas, las facilitan, 
obstaculizan o estimulan, pero no las determinan. 
Hasta que no se invente la “máquina de enseñar y 
aprender”, el colectivo docente seguirá siendo el 
factor estratégico del sistema educativo escolar. 
Por ello, todo cambio de la educación debe pasar 
necesariamente por una profunda transformación 
intelectual y moral del colectivo docente. 
La docencia es un oficio con futuro, pero uno 
puede preguntarse acerca del sentido de su larga 
evolución. Quizás ciertas formas de ser y hacer de 
los maestros actuales no tengan justificación en 
el futuro, mientras que las condiciones histórico-sociales 
inéditas pueden favorecer la aparición 
de nuevas formas de ser maestro, hoy desconoci-das 
o muy marginales. 
Lo primero que hay que decir es que siempre 
será necesaria la mediación de un agente espe-cializado 
(el maestro) y una institución específi-ca 
(la escuela) para la primera educación de las 
nuevas generaciones. En otras palabras, el primer 
aprendizaje, el que tiene que ver con los elemen-tos 
básicos de la cultura escrita, demandará la in-tervención 
o el auxilio de un maestro. Luego de un 
primer aprendizaje exitoso, los agentes sociales 
podrán aprender progresivamente en forma cada 
vez más autónoma. Si en el futuro los agentes so-ciales 
deben aprender toda la vida, es probable 
que, dada la complejidad creciente de la cultura y 
el conocimiento socialmente necesarios, tendrán 
que hacerlo recurriendo cada vez más a institu-ciones 
y agentes especializados. En otras pala-bras, 
desde siempre la vida es aprendizaje pero, 
en el futuro, éste será cada vez más formalizado. 
Prueba de ello es la prolongación del aprendizaje 
escolar hasta edades cada vez más avanzadas y 
al mismo tiempo más tempranas. En lugar de la 
pregonada “muerte de la escuela”, lo que se ob-serva 
es una institucionalización creciente de los 
aprendizajes a lo largo de la trayectoria biográfica 
de los individuos. 
Al igual que cualquier otra actividad profe-sional, 
el oficio del maestro cambia en virtud 
de los efectos de determinados factores. Aun a 
riesgo de simplificar, diríamos que algunos son 
estructurales y no completamente planificados. 
Algunos cambios tecnológicos afectan el trabajo 
y la identidad de los docentes en el presente y 
el futuro. En cuanto a los factores políticos, hay 
que destacar la crisis del modelo burocrático de 
organización del sistema educativo y los intentos 
más o menos exitosos de introducir un modelo de 
regulación post burocrático del trabajo del profe-sor. 
Los cambios estructurales y las innovaciones 
impulsadas por la voluntad política introducen 
modificaciones en las viejas identidades colecti-vas 
de los docentes. Es probable que en el futuro 
aparezca una configuración del oficio resultado de 
una nueva mezcla de vocación, profesión, condi-ción 
asalariada y politización. 
En síntesis, la lucha permanente por la cons-trucción 
social del oficio del maestro se desen-vuelve 
en un nuevo contexto donde intervienen 
actores colectivos (sindicatos docentes, especia-listas, 
altos funcionarios y responsables políticos 
de los ministerios de educación, intelectuales, 
partidos políticos, intereses de los proveedores 
privados de educación, entre otros) que luchan 
por el control del trabajo docente. Las distintas 
posiciones y relaciones de fuerza de los actores 
se corresponden con visiones y formas diferentes 
de definir el sentido de la educación y del trabajo 
de los profesionales de la educación. Para algu-nos, 
éstos son más que nada expertos en ense-ñanza- 
aprendizaje y su mayor responsabilidad 
consiste en hacer que sus alumnos alcancen los 
mejores resultados en las pruebas nacionales de 
evaluación de conocimientos. Desde esta pers-pectiva, 
el docente es un profesional técnico, es 
decir, poseedor de un saber acerca de los medios 
de la enseñaza y el aprendizaje. Según otra pos-tura, 
los docentes serían profesionales críticos, es 
decir, constructores de subjetividades conforme a 
proyectos políticos que trascienden su identidad 
técnica; el profesor sería un agente clave en los 
procesos de construcción de una sociedad más 
justa, libre y democrática. Para cumplir esta fun-ción 
social que los trasciende deben estar en con-diciones 
de ejercer un control colectivo sobre el 
sentido, los objetivos y contenidos de su trabajo. 
En sentido estricto, no serían ni funcionarios ni 
técnicos, sino intelectuales capaces de cooperar 
en la distribución de ese capital estratégico en 
las sociedades contemporáneas, que es el cono-cimiento 
y la cultura en las nuevas generaciones. 
En este sentido, son dos los escenarios que 
aparecen en el horizonte: uno es el docente como 
profesional tecnocrático y el otro como profesional 
tecnocrítico. Pero en ésta, como en otras cuestio-nes 
sociales, es difícil predecir el desenlace de las 
luchas; lo único que puede hacerse es entender su 
lógica y los proyectos en conflicto. 
www.educacionyculturaaz.com 33
Aunque pueda parecer sencillo preguntar-nos 
por la existencia de avances o retroce-sos 
en la educación básica mexicana, no lo 
es. En la medida en que fui pensando por dónde 
trabajar el análisis y la reflexión, el asunto se fue 
haciendo cada vez más intrincado. 
Qué colocar en la discusión 
Un asunto central se encuentra en nuestra capa-cidad 
de reflexionar y discutir acerca de cuál es el 
país al que aspiramos y de qué manera la educa-ción 
puede contribuir para conseguirlo. 
La sociedad en su conjunto exige, los maestros 
esperan y los niños y jóvenes se merecen que las 
medidas de política educativa que seamos capa-ces 
de definir y construir tengan la capacidad de 
dar cauce a un conjunto articulado de decisiones 
y acciones que modifiquen las raíces del Sistema 
Educativo Nacional (sen) para lograr su eficacia 
social y educativa. 
Estoy convencida de que el desarrollo de la 
sociedad en cada país es un asunto fundamen-tal, 
que transita por las personas que lo integran. 
El futuro de 
la educación 
básica 
34 revista az 
Margarita Zorrilla Fierro 
Investigadora de la educación. Directora General del 
Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación 
(inee). 
FOTO: Cuartoscuro 
Urdimbre de aspiraciones y contradicciones
La disputa por la educación 
Por esta sencilla razón, la educación —al ser un 
derecho inalienable de todos los individuos— es 
un factor que no debe ni puede ser soslayado. Por 
ello, cambiar la educación para lograr un mundo 
humano, más justo y fraternal, continúa siendo un 
ideal vigente en nuestros días. 
Retomo la reflexión de una entrañable amiga 
y colega, Mercedes Muñoz-Repiso, quien fuera 
por más de 30 años directora de investigación del 
Centro de Investigación y Documentación de la 
Educación (cide) del Ministerio de Educación de 
España. Ella hablaba del optimismo pedagógico y 
decía lo siguiente: 
“No sé si es un concepto muy académico, 
pero para mí significa que, en contra de lo que 
suelen decir los más viejos del lugar, cualquier 
tiempo pasado fue peor. Los mayores solemos 
mitificar nuestras experiencias como alumnos y 
como maestros (‘nosotros sí que sabíamos y no 
estos niños de ahora’, ‘entonces sí que había dis-ciplina’, 
‘los alumnos tenían mucho mejor nivel’ y 
frases similares). Todo esto no es exactamente 
así. Estudiábamos cuatro privilegiados, salvo ex-cepciones 
elitistas, las escuelas eran desastrosas 
y las clases aburridas. Todo ha ido a mejor, lo que 
ocurre es que la escolarización universal es un 
reto impresionante y además ahora tenemos un 
mayor conocimiento de lo buenas que pueden ser 
las cosas y la distancia que nos separa del ideal. 
Por otro lado, lo que sí está muy complicado es el 
mundo en general en el que se sitúan las escue-las, 
los maestros, los padres y los niños. Pero eso 
no se puede arreglar sólo desde el ámbito educa-tivo, 
al menos no en el corto plazo. 
El optimismo pedagógico implica que manten-gamos 
la utopía de que el mundo mejorará si edu-camos 
bien a los chavitos que lo van a manejar el 
día de mañana. Es muy importante que los maes-tros 
se sientan felices y orgullosos de la gran ta-rea 
que han elegido o les ha tocado. Una tarea 
muy cansada, y a veces no muy bien reconocida, 
pero con una gratificación humana como ninguna 
otra” (hasta aquí la conversación con Mercedes). 
Si yo no pensara de esta manera, no hubiera 
escrito esta contribución. Una cantidad significati-va 
de los que estamos en el sector educativo com-partimos 
el ideal de contribuir a la construcción de 
un mejor país, más justo y más humano, a partir 
de la educación. 
Sin embargo, hay que reconocer que muchos 
otros que permanecen o permanecieron en el sec-tor, 
han abandonado dicho ideal. 
Para que la educación mejore y se convierta 
en una aportación significativa al desarrollo de 
México, es necesario valorar su estatus actual y 
reflexionar con profundidad para replantear ca-minos 
o crear nuevos. Necesitamos escucharnos 
unos a otros, ya que nuestras visiones seguramen-te 
tendrán énfasis distintos e incluso desacuerdos, 
pero sólo así podremos buscar la manera de com-plementarlas. 
La innovación es la estrategia a la que habrá 
que darle impulso, tanto en la dimensión pedagó-gica 
como en la de gobierno y el funcionamiento 
de todos los niveles de la gestión del sistema 
educativo: aula, centro escolar, zona escolar y 
entidad federativa. La innovación está fundada 
en la confianza en los docentes, las escuelas, la 
administración de la educación de las entidades, 
así como en la incorporación de distintos saberes 
que las personas comprometidas con el desarro-llo 
educativo pueden aportar. Reitero lo que he ex-presado 
en otras ocasiones: las transformaciones 
en la educación se realizan a pie y cara a cara con 
las personas y que son éstas quienes realizan los 
proyectos de trabajo. 
Replantear caminos o crear nuevos para mejo-rar 
la educación de niños y jóvenes implicaría que 
cada uno, desde el ámbito en que se encuentre, 
intente responder a estas preguntas: ¿Qué hace 
que sigamos en este complicado, complejo y apa-sionante 
mundo de la educación? ¿Cuál es nues-tra 
mejor aportación para un futuro mejor? 
Con la esperanza de que México será una 
mejor sociedad si ofrecemos a las nuevas gene-raciones 
una educación basada en el derecho, 
democrática, racional y cimentada en los valores 
éticos de la convivencia humana, me atrevo a pro-poner 
los elementos de una ecuación del cambio 
en la educación: Conocimientos y saberes como 
fuentes de cambio; confianza en el poder transfor-mador 
de la educación y de los educadores; res-ponsabilidad 
y decisión, así como colaboración y 
compromiso de todos. 
La educación —al ser 
un derecho inalienable 
de todos los individuos— 
es un factor que no debe 
ni puede ser soslayado. 
www.educacionyculturaaz.com 35
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Revista az disputa por la educacion

  • 1. www.educacionyculturaaz.com No. 59 La disputa por la educación Transferencia social de la educación El libro impreso en la vida cotidiana UANL: El impacto de las nuevas tecnologías en la sociedad Reportaje: Maestros bilingües, patrimonio intercultural Tec de Monterrey: Programa para abatir rezago en secundaria “Everybody dies”: El fin de House M.D.: Gil del Valle
  • 4. JULIO 2012 Director Emilio Zebadúa Subdirector de Información Alejandro Montes de Oca Subdirector de Arte Gabriel Pineda Consejo Editorial Coordinadores Nacional Emilio Zebadúa Estados Humberto Valverde Internacional Emilio Tenti Fanfani Edición Gil del Valle Diseño Gráfico Miguel Rivera López Corrector Marco Antonio Ramírez López Asesor Eduardo Rodríguez Ventas y publicidad: T. 01 (55) 2282 6420 CONSEJO EDITORIAL az se desarrolla con paquetería Adobe az se desarrolla con procesadores Intel Tennyson 125, Colonia Polanco, Del. Miguel Hidalgo, Distrito Federal, C.P. 11550 Teléfono: + 52 (55) 2282 6420 ¿Te interesa publicar en az? Escríbenos a: educacion@revistaaz.com suscripciones@revistaaz.com www.educacionyculturaaz.com az. Revista de Educación y Cultura, es una publicación mensual de ZENAGO EDITORES S.C. Editor Responsable: Alejandro Montes de Oca. El Certificado de Licitud de Título No. 13825 y el Certificado de Licitud de Contenido No. 11398, se encuentran regulados por la Co-misión Calificadora de Publicaciones y Revistas de la Secretaría de Gobernación. Registro ante la Dirección de Reservas de Derechos del Instituto Nacional de Derechos de Autor: 04-2007-051614421000-102. ISSN 1870-994X. Registro ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial: 989138. Se terminó de imprimir el 21 de junio de 2012, en Compañia Impresora El Universal S.A de C.V, Allende 174, Col. Guerre-ro, México D.F. Distribuida por: PUBLICACIONES CITEM S.A. DE C.V., Av. Del Cristo No. 101, Col. Xocoyahualco, Tlalnepantla, Edo. de Méx., C.P. 54080, Tel: 5366 0000 Ext. 2273. R.F.C. PCI-980731PS5 y ZENAGO EDITORES S.C., con domicilio en Tennyson 125, Col. Polanco Reforma, 11550, Delegación Miguel Hidalgo, México, D.F. Registro Postal auto-rizado por SEPOMEX número PP09-1558. Tiraje auditado y certificado por Zeta Siete Corporativo Internacional, S.A. de C.V., con el número Z70001170707. Las opiniones contenidas en esta publicación no son necesariamente las del editor. Se encuentra totalmente prohibida la reproducción parcial o total por cualquier método de esta publicación. ® az es una marca registrada. CONSEJO EDITORIAL Coordinador: Emilio Zebadúa Rubén Aguilar Valenzuela • María Luisa Armendáriz Rogelio Carbajal • Sergio Cárdenas Guadalupe Chacón Monárrez • Hugo Concha • Rodolfo de la Torre Javier Garciadiego • Rafael Giménez • Ishie Gitlin • Víctor Godínez Lorenzo Gómez-Morín • Manuel Gómora • José N. Iturriaga Edgar Jiménez • Enrique Ku • Leonardo Lomelí • María Marván Laborde Norma Mereles de Ogarrio • Rosalinda Morales Garza • Luis Morfín Graciela I. Ochoa Buenrostro • Sylvia B. Ortega Salazar Francisco José Paoli Bolio • Manuel Pérez Cárdenas • Jacqueline Peschard José Ramírez Salcedo • Armando Reza • José Antonio Rodríguez Andrés Roemer • Luis Rubio • Consuelo Sáizar • Rodolfo Stavenhagen Alfonso Zárate • Emilio Zebadúa. Coordinador: Humberto Valverde Aguascalientes: Alma Medina • Baja California: Gastón Luken, Virgilio Muñoz • Baja California Sur: María Dolores Davó González Colima: Óscar Javier Hernández Rosas • Chiapas: Rita Acosta Reyes, Gabriel Bravo del Carpio, Magda Jan Argüello, Daniel Villafuerte Chihuahua: Jorge Mario Quintana Silveyra, Fryda Libertad Licano Ramírez, Carlos González Herrera Coahuila - Durango: Gabriel Castillo Domínguez • Distrito Federal: Roberto Beristáin, Raúl Ortega, Xiuh Guillermo Tenorio • Estado de México: Rogelio Tinoco, Guadalupe Yamin Rocha • Guerrero: Luis Alberto Sánchez Martínez Jalisco: David Gómez-Álvarez, Miguel Agustín Limón Macías, Miguel Ángel Martínez Espinosa • Michoacán: Isidoro Ruiz • Morelos: Medardo Tapia, Humberto Valverde • Nuevo León: Manuel Pérez Ramos Oaxaca: Guadalupe Toscano • Querétaro: Manuel Ovalle Sinaloa: Efrén Elías • Sonora: Miguel Manríquez • Tabasco: Nicolás Bellizia Aboaf, Juan Antonio Ferrer, Dolores Gutiérrez Zurita • Tamaulipas: Emilio Pozo González • Tlaxcala: Miguel Ángel Islas Chío • Veracruz: José Antonio Montero • Zacatecas: Virgilio Rivera Delgadillo, Manuel Ibarra Santos. Coordinador: Emilio Tenti Fanfani Argentina: Emilio Tenti Fanfani • Austria: Willibald Sonnleitner Bolivia: Roxana Salazar • Brasil: Ana Santana Colombia: Víctor Manuel Gómez Campo, Mario Jursich Durán España: María Antonia Casanova, Ana Franco Estados Unidos: Beatriz Armendáriz, John Lear, Harry Anthony Patrinos, Juan de Dios Pineda, Mark V. Hagerstrom • Francia: Sophie Hvostoff, Paul Tolila • Organización de Estados Iberoamericanos: Karen Kovacs Perú: José Rivero • Uruguay: Enrique Martínez Larrechea, Fernando Rodal. Ilustración de portada: Ricardo Figueroa
  • 5. Mundos Transferencia social de la investigación Entrevista a José Antonio López Cerezo Página At Maestros bilingües, un patrimonio intercultural Reyna Paz Avendaño República Puerto Chiapas: de clase mundial Cultura “Everybody dies”: El fin de House M.D. Gil del Valle Miradaz Carlos Gutiérrez Angulo Alma Mater El libro impreso en la vida cotidiana Norelly R. González Programa para abatir el rezago en secundaria Tansani León Voz El rating de la discriminación Antonio Medina Trejo ÍNDICE Carta del director La disputa por la educación Enrique Agüera Eduardo Andere Martínez Yoloxóchitl Bustamante Díez David Calderón José Fernando González Sánchez Jorge Luis Ibarra Mendívil Miguel Agustín Limón Macías Rafael López Castañares Luis Maldonado Venegas / Rosalba Sierra Solorio / Eduardo Andere M. Esteban Moctezuma Barragán Carlos Muñoz Izquierdo Juan Carlos Palafox Emilio Tenti Fanfani Margarita Zorrilla Fierro Emilio Zebadúa / Humberto Valverde 4 7 8 10 12 14 16 18 20 22 24 26 28 30 32 34 36 38 42 46 48 50 56 58 62 38 42 46 48 50 56 62
  • 6. Carta del Director Hasta ahora, a más de diez años de haber introdu-cido las pruebas estandarizadas para la evaluación de alumnos, escuelas y ahora maestros, no existe una política integral de preparación-evaluación-formación- calidad. En Panamá, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (unesco) reunió a especialistas en evaluación edu-cativa y en formación de docentes. La interpreta-ción de la suma de reflexiones de expertos —re-presentativos de los países latinoamericanos y del Caribe— no nos lleva a considerar que en México se ha caminado por la ruta correcta. Al contrario, el desgaste en la imagen de los maestros, la politiza-ción del tema y la falta de elementos objetivos para definir qué sigue, no arroja un balance positivo. Podríamos decir que, a pesar de los años transcu-rridos desde la primera evaluación estandarizada, todavía se requiere diseñar una política de Estado para convertir la evaluación de los maestros en un medio para mejorar la calidad de la educación. Lo que también quedó claro en Panamá es que las evaluaciones que están sustraídas del proceso más amplio de formación de maestros no permiten traducir los resultados de los exámenes en medi-das concretas de mejora en la actividad docente. Otra vez, desde Chile y Brasil hasta Trinidad y Toba- Violando todos los principios de la estrategia (de negociación, de guerra, de administra-ción pública) se ha trazado una línea rígida en el debate educativo. De repente, llevar a cabo la Evaluación Universal de los maestros se convirtió en el indicador de: 1) la voluntad de cambio del ma-gisterio; 2) la eficacia de la política educativa, y 3) las posibilidades de elevar la calidad de la educa-ción. Nunca antes una prueba ha tenido tanto valor simbólico —y político—, sin que siquiera los res-ponsables de instrumentarla, o sea la Secretaría de Educación Pública (sep), puedan explicar cómo y para qué funciona. La falta de una planeación adecuada de la polí-tica educativa (cuatro titulares de la sep en menos de un sexenio) ha llevado al país a convertir una prueba académica en un prueba de fuerza. Falta poco para que México se divida en bandos, depen-diendo de si se está a favor o en contra de una forma particular de evaluación educativa. Mientras tanto, la política de evaluación se ha-lla fragmentada entre las responsabilidades del Instituto Nacional de Evaluación para la Educación (inee), la propia sep (enlace), los estados de la Fe-deración y la prueba Programme for International Student Assessment (pisa) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (ocde). 4 revista az
  • 7. Y, como se concluyó en la reunión de la unesco, la calidad educativa depende de un enfoque integral, sistémico, donde la evaluación sea sólo un compo-nente. Lo dijeron el Director de la Oficina Regional de Educación de la unesco para América Latina y el Caribe, Jorge Sequeira y Atilio Pizarro, también de la orealc/unesco: “La implementación de están-dares para maestros tendría que ir acompañada de diferentes tipos de apoyos y compromisos de diversos actores sociales, políticos, económicos e institucionales”. go y la República Dominicana, los casos prácticos lo confirman. En México, en cambio, se ha hecho de la evaluación un fin en sí mismo con muy pobres resultados de política pública. No sé si es excesivo decir que todo lo que se pudo haber manejado mal en materia de política de evaluación se ha hecho en este último tramo del sexenio. Un instrumento eminentemente técnico y de carácter administrativo como la evaluación de los docentes (y antes, la de los alumnos a través de la prueba enlace) se ha convertido en materia de amarillismo para los medios. Y todo lo que no de-bió haber sucedido jamás —si hubiera prevalecido un criterio profesional y prudente en la sep— ha ocurrido, convirtiendo a la evaluación en un juego de fuerzas en vez de una herramienta útil para la política pública. Por lo tanto, en términos de política de eva-luación educativa se debe volver a empezar. Los elementos están planteados: autonomía del inee, Evaluación Universal, programas de formación de docentes, pisa, enlace y demás experiencias inter-nacionales exitosas. Es necesario un plan de largo plazo, integrado y con metas claras para lograr ele-var la calidad educativa. No se debe dejar que siga politizándose la evaluación educativa. Se tiene que redimensionar el ámbito técnico. www.educacionyculturaaz.com 5
  • 9. La disputa por la educación ampliación de la cobertura en bachillerato y edu-cación superior, y financiamiento de la educación en todos los niveles escolares. A finales de 2011 se editó el libro La disputa por la educación. Por el México que queremos (Aguilar), cuya coordinación estuvo a cargo de nuestro director, Emilio Zebadúa y del rector de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (buap), Enrique Agüera Ibáñez. La obra conjunta una serie de reflexiones y análisis —en el ámbito educativo— de destacados académicos, investi-gadores, funcionarios públicos y líderes sociales. En este número, a efecto de enriquecer la dis-cusión pública sobre la ruta que habrá de seguirse en materia educativa en el próximo sexenio, az retoma las tesis centrales de estos ensayos, que bajo diversas interpretaciones y propuestas, se refieren a los retos, desafíos, oportunidades y fu-turo de nuestro sistema educativo nacional. www.educacionyculturaaz.com 7 Para cuando nuestra edición de julio esté en circulación, la ciudadanía habrá elegido en las urnas a quien dirigirá los destinos del país durante el periodo 2012-2018. Como sucede en todo sistema de gobierno, el nuevo Jefe del Ejecutivo tendrá que sortear problemas añejos para dar salida a una amplia agenda con asig-naturas pendientes. Incluye, entre otros pasivos: reforma integral hacendaria; cerrar la brecha de desigualdad social; inseguridad ciudadana y cri-men organizado, y por supuesto, abatir el rezago en materia de salud y educación. En materia educativa destacan: definición de la rectoría del Estado mexicano en la educación; ampliación de las jornadas escolares bajo el mo-delo de “Escuelas de Tiempo Completo”; calidad y equidad educativa; formación y actualización de la planta docente; incorporación de nuevas tecnologías; evaluación del sistema educativo;
  • 10. FOTO: Cuartoscuro 8 revista az Enrique Agüera Rector de la buap. La universidad constituye uno de los esfuerzos colectivos más importantes del país, es in-versión en el presente para el futuro; en ella converge el pensamiento reflexivo y sistemático para comprender los valores y los fines sociales que animan al agregado social donde está inserta, el conocimiento racional y objetivo para entender y actuar sobre el entorno, así como el desarro-llo de elementos técnico-científicos para hacer de las personas y las organizaciones entidades cada vez más competentes. Esta convergencia expresa con claridad el papel actual de la universidad, el cual se resume en entender, comprender y actuar sobre los asuntos de su realidad inmediata, ver-bos que explican y confieren sustento a su papel social: labor educativa, desarrollo de la investiga-ción e innovación, generación de conocimiento y difusión de sus actividades. Una condición indispensable para avanzar ha-cia estadios más elevados de desarrollo y lograr una economía moderna, sólidamente articulada y competitiva, es la construcción de un sistema educativo vigoroso. Este consenso en la sociedad mexicana se basa en el reconocimiento de que la educación y, en particular, la de nivel superior —como lo avala la experiencia mundial— tienen atributos importantes, entre los cuales, Labra y Ramírez del Razo mencionan: • Es el principal medio de la sociedad para gene-rar, difundir y socializar el conocimiento cien-tífico, humanístico y el desarrollo tecnológico; • Genera capital humano y social para atender los problemas que impone el desarrollo; • Favorece la creación y existencia de institu-ciones idóneas para la formación educativa, la creación de nuevo conocimiento y la difusión de la cultura; • Contribuye con la investigación científica y la innovación tecnológica que requiere el desa-rrollo interno y la competitividad económica frente al exterior; • Fortalece la estabilidad social y política, al constituir un vigoroso instrumento de movi-lidad social; • Tiene un papel relevante en la formación de la responsabilidad social y en el impulso de los valores humanistas, de la participación ciu-dadana y política, condiciones indispensables para la convivencia civilizada y el desarrollo democrático, y Retos y perspectivas de la Educación Superior en México
  • 11. La disputa por la educación www.educacionyculturaaz.com 9 • Es fundamental para lograr una inserción internacional más eficiente, que fortalezca la viabilidad de la nación en el nuevo orden mundial, cuyo eje dinámico son los procesos productivos vinculados a la economía global y del conocimiento. Labra y Ramírez del Razo argumentan que la evidencia histórica, nacional e internacional, avala la correlación entre el nivel de desarrollo de un país con la fortaleza de sus sistemas de educación y de investigación científica y tecnológica, lo que confirma la tesis de que el destino de recursos a estos rubros no constituye un gasto sino una inver-sión, estratégica en lo económico, justificada en lo político, y prioritaria en lo social, que no sólo se debe favorecer y proteger, sino que es imperativo impulsar como un factor clave para el desarrollo nacional. Se considera que, ante las críticas a la univer-sidad pública, es importante que las Instituciones de Educación Superior (ies) renueven las bases que le dan sustento a su legitimidad social; en este sentido, un elemento que tiene que fortalecerse es el de la pertinencia educativa. El concepto de pertinencia y de responsabilidad social de las ies alude al conjunto de acciones que tienen éstas para poner en práctica y difundir su proyecto ins-titucional a través de sus funciones sustantivas. La pertinencia de la educación superior debe ser una premisa fundamental para la realización de las funciones sustantivas de todas las ies y del sistema en su conjunto. Las ies, particularmente las públicas, sustentan su misión en la contribución a la solución de los problemas del país desde su ámbito específico de acción; es significativo el esfuerzo de las ies por responder a las problemáticas y necesidades de su entorno. Para lograr una pertinencia acorde con los nue-vos tiempos, tienen que mejorar su gestión e im-plantar una cultura de la innovación, y así alcanzar la mayor calidad posible en todas sus actividades institucionales; consolidar sus procesos de evalua-ción interna y externa; ofrecer resultados e impul-sar la transparencia y la rendición de cuentas. Es indispensable que las ies no sólo se adapten a las nuevas condiciones del entorno, sino que adopten un papel protagónico en las transformaciones de la sociedad, formando profesionales con las com-petencias necesarias para que sean agentes de cambio. Las ies tienen la tarea de aportar a la construc-ción de una sociedad que brinde oportunidades de desarrollo a todos los mexicanos, para lo cual es necesaria una visión compartida de país. Al estar llamadas a ser un factor activo en la promoción de los cambios deseables y posibles, tienen un papel importante que desempeñar en la conformación de una sociedad con mayor justicia y equidad; más descentralizada y equilibrada, más abierta al mun-do y orientada a la satisfacción de las necesidades de sus habitantes. El futuro de la educación superior en México debe entenderse como un esfuerzo de los secto-res sociales mexicanos comprometidos para dar respuestas pertinentes a las crecientes presiones y tendencias globales y nacionales de moderni-zación. La universidad debe asumir el compromi-so de innovar las reformas que la conduzcan a otros modos de pensar, de organizar, de producir y transmitir los conocimientos; de eliminar tradi-ciones formativas obsoletas; de buscar una edu-cación que estimule la creatividad y desarrolle la disposición para el trabajo en equipo, que pro-fundice el sentido de solidaridad social y propicie la participación política y la tolerancia; alcanzar estas actitudes es un reclamo de quienes basan sus esperanzas en el futuro. Finalmente, es importante tener presente que la misión de la universidad se sintetiza en una la-bor de creación intelectual permanente en la pers-pectiva de lograr una mejor sociedad, para que ésta sea capaz de recrear lo más estimado de su pasado y, al empoderar a las generaciones presen-tes con conocimientos e innovación técnica, reno-var su visión: animar con inteligencia un proyecto de futuro y cristalizar ese valioso propósito que es pensar bien para vivir mejor. El papel actual de la universidad se resume en entender, comprender y actuar sobre los asuntos de su realidad inmediata.
  • 12. FOTO: Cuartoscuro 10 revista az Eduardo Andere Martínez Analista y escritor. Tecnología y las materias del siglo xxi Los niños y jóvenes en sociedades industriales y del conocimiento del siglo xxi dedican más tiempo a estar con los medios (en su mayoría los electrónicos como tv, computadora, videojue-gos, dispositivos de comunicación y post-com-putadora) que con sus padres o maestros. Y los medios electrónicos en este sentido se convierten en los mediadores entre el niño y su aprendizaje para adquirir conocimientos y habilidades adicio-nales o desaprender lo aprendido. Detrás de los medios están las empresas de medios y detrás de ellas los patrocinadores comerciales, los cuales necesitan vender para subsistir, crecer y generar utilidad. Así que entre más compren sus clientes, mejor. Pero para que los usuarios de los medios compren necesitan ser engatusados con mensajes como “compra”, “haz lo que quieras”, “haz lo que puedas”, “no hay límites” o, peor aún, mensajes estratégicos o subliminales. Los medios susti-tuyen a los padres y maestros como los adultos mediadores. No se trata de decir no a la tecnología sino de utilizarla con responsabilidad y conocimiento. La tecnología del siglo xxi, pero sobre todo a lo que las Tecnologías de la Información y la Comunica-ción (tic) dan acceso, es uno de los signos que distingue a los niños del siglo xxi de los de otras épocas. La tecnología es un instrumento para la adqui-sición, transmisión y diseminación del aprendiza-je. En diferentes tiempos, la tecnología ha sido el libro, la regla de cálculo o la máquina de escribir. Tres son, a mi juicio, las invenciones más grandes de la humanidad con gran impacto en la vida es-colar: los lenguajes y la escritura; los libros y la imprenta; la computadora y las comunicaciones. Cada uno de estos pares de invenciones sirvió como catapulta para la diseminación del conoci-miento en sus diferentes estadios. La humanidad de hoy vive, en ese sentido, el mejor momento de su historia. Pero la computadora o, más amplia-mente, las tic, aunque permiten un acceso más rápido y abundante a bases de datos, enciclope-dias y miles de fuentes de información, también dan entrada a una enorme cantidad de informa-ción incorrecta o engañosa. Antes, como ahora, los aprendientes deben saber dónde buscar, qué buscar y cómo utilizar de manera adecuada la información. En la era de El futuro de la educación en México
  • 13. www.educacionyculturaaz.com 11 las tic esto es especialmente importante. Las tic y los programas de software que permiten diversos usos y aplicaciones requieren un manejo sofis-ticado a veces referido como alfabetismo tecno-lógico funcional. Pero el uso de la tecnología en la educación no significa llenar las escuelas de computadoras o repartir sin ton ni son artilugios a los maestros y alumnos. Una computadora sin uso adecuado para el aprendizaje es un recurso desperdiciado. Por eso yo veo con ojos muy críticos e incrédulos los pro-gramas donde los políticos o administradores de políticas públicas “obsequian” o reparten compu-tadoras y Enciclomedias por doquier. El fuerte énfasis en la importancia de la tec-nología en la educación es parte de un paquete más amplio y a la moda de lo que se considera la educación del siglo xxi o educación para la globa-lidad. Es un paquete impulsado por el gobierno de Estados Unidos, bajo las siglas stem: Science, Te-chnology, Engineering, Mathematics (Ciencia, Tec-nología, Ingeniería y Matemáticas). El programa stem en Estados Unidos —que nace y se nutre a partir de legislación federal pero que es extendido también por leyes locales— canaliza recursos a los sistemas educativos distritales y a las escue-las para promover la enseñanza en estas cuatro áreas o materias del conocimiento, con la idea de que los estudiantes persigan carreras en stem. A pesar del fuerte impulso de las autoridades y las empresas, el stem ha sido criticado por académi-cos prestigiados porque al enfatizar el desarrollo de habilidades en estas áreas o materias se “igno-ra al menos la mitad de lo que por mucho tiempo se ha considerado como una ‘bien redondeada’ educación en la civilización occidental: Literatura, Arte, Música, Historia, Civismo y Geografía”. Se-gún estos mismos críticos, con quienes coincido: “Esto es un error que perjudicará a nuestros niños, al mismo tiempo que interpretará de manera erró-nea la verdadera naturaleza de la competitividad estadounidense y los desafíos que enfrentamos en el siglo xxi”. Ningún enfoque utilitario, como el stem, pue-de realmente servir bien a los niños y jóvenes si su aplicación implica, como se ha hecho en los sistemas educativos de Estados Unidos, el sacri-ficio de la enseñanza-aprendizaje en otras áreas del conocimiento propias de lo que se ha llamado “educación liberal”: Las artes liberales nos hacen “competitivos” en for-mas que realmente importan. Nos vuelven sabios, pensantes y humildes. Ayudan a que nuestro po-tencial humano florezca. Y son el pilar de políticas democráticas cívicas, donde cada uno de nosotros posee derechos y responsabilidades equitativas. Para que la política pública favorezca la re-lación entre tecnología y educación, o más bien entre tecnología y aprendizaje, la inversión debe orientarse en dos aspectos: acceso y manejo. Acceso a las carreteras de la información con las mejores plataformas disponibles y habilidad en el uso y aplicación de las diferentes tecnologías. En realidad se trata de inversión en infraestructura para el conocimiento: una, canales de transmi-sión de la información, es decir, carreteras de la información; otra, recurso humano capacitado. Sin lo anterior, el reparto de computadoras y ar-tilugios sin la seguridad de acceso y conocimiento para manejarlos es tanto como poner la carreta delante de los caballos. En pocos años la computadora como tal será sustituida como el dispositivo de elección para las escuelas. El futuro, como bien dijo Steve Jobs, está en los post-computer devices (dispositivos post-computadora), mucho más versátiles, mucho más baratos, mucho más accesibles e integrados para usos cotidianos. Los sistemas educativos como el mexicano, que gastan inmensas canti-dades de recursos escasos en repartir computa-doras y equipos de comunicación, se encontrarán con toneladas de chatarra y tecnología obsoleta en sus manos. No se trata de decir no a la tecnología sino de utilizarla con responsabilidad y conocimiento. La disputa por la educación
  • 14. FOTO: Cuartoscuro 12 revista az Yoloxóchitl Bustamante DÍez Directora del ipn. El 13 de diciembre de 1916, cuando se puso a discusión el dictamen de la comisión respec-tiva en el Constituyente de Querétaro refe-rente al artículo tercero, el diputado Mújica inició su intervención diciendo: “Estamos en el momento más solemne de la Revolución”. Y, como él decía, tal momento no fue cuando el gobierno de Coahui-la repudió la naciente dictadura huertista, ni cuan-do se firmó el Plan de Guadalupe, ni cuando Villa derrotó en Celaya al espurio ejército federal. Tal momento era la posibilidad histórica de discutir y aprobar los asuntos relativos a la educación, “El del porvenir de nuestra juventud… de nuestra ni-ñez”. La ocasión era especial. Se trató de la única sesión a la que concurrió personalmente el primer jefe del Ejército Constitucionalista y encargado del Poder Ejecutivo de la Unión. La economía del país condiciona el desarrollo de las políticas públicas. El lento crecimiento del Producto Interno Bruto (pib) en los últimos 25 años ha sido insuficiente para enfrentar los problemas nacionales, entre ellos, los fenómenos de exclu-sión y pobreza reflejados en un crecimiento del pib per cápita prácticamente estacionario. Además, esta circunstancia se ha reflejado en una cap-tación fiscal débil, comparada con otros países del mundo y particularmente de América Latina, misma que hace muy difícil hacer previsiones para un fuerte desarrollo de las políticas públicas, incluidas las del sector de educación. Sólo un cre-cimiento sostenido de la economía, acompañado de una captación fiscal creciente, podrán ser la base para que el sistema educativo en su conjun-to pueda trazarse metas ambiciosas. El país vive una profunda contradicción en-tre las necesidades educativas y su posibilidad real de satisfacerlas. Se reconoce plenamente, a semejanza de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (unesco), que ningún país podrá tener un auténtico desarrollo sostenible si no cuenta con las institu-ciones de educación superior y de investigación adecuadas. Cada sociedad se está fundando más en el conocimiento que en los tradicionales facto-res de la producción y, por lo tanto, la educación superior ha de emprender transformaciones más radicales para estar en sintonía con la sociedad de la cual forma parte. El gran desafío será se-guir cumpliendo, en condiciones de mayor efica-cia y eficiencia, con el papel que les corresponde en la sociedad, no obstante las dificultades por las cuales se transita. La educación técnica en el desarrollo de la nación
  • 15. La disputa por la educación www.educacionyculturaaz.com 13 La expansión de la educación superior ha sido muy importante. Se ha llegado prácticamente a los tres millones de alumnos matriculados en el inicio del ciclo 2010-2011. Sin embargo, ese logro —que se traduce socialmente en la aten-ción de 29,1% de los jóvenes en la edad escolar correspondiente— aún esta rezagado del 30,3% con que contaba, en promedio, el conjunto de los países de América Latina en 2004. A la luz de todo lo expuesto podrían formular-se las siguientes conclusiones: • La fundación de la Secretaría de Educación Pública (sep) significa un elemento cualitativo mayor en las políticas educativas del siglo xx. Su acción constituye, al mismo tiempo, el ini-cio sistemático de la educación técnica; • Durante la primera mitad del siglo, la acción más trascendental en materia de política edu-cativa fue la fundación del Instituto Politécnico Nacional (ipn) por parte de la sep; • La principal orientación dada a la educación técnica durante la década de los treinta será la relacionada con ser, simultáneamente, un ins-trumento básico para los proyectos económi-cos de la época (inicios de la industrialización) y un vehículo de socialización política; • El ipn, junto con sus importantes cometidos institucionales en su calidad de centro de es-tudios, asume el de encabezar el Sistema de Educación Tecnológica (set), primero de mane-ra informal y, a partir de 1949, por mandato de su propia Ley Orgánica, función refrendada en disposiciones conexas de la propia sep; • A partir de 1959, la Subsecretaría de Educa-ción Técnica asumió la responsabilidad directa en la integración y funcionamiento del set; • La evolución del set fue muy lenta durante el periodo 1950-1970. Esta circunstancia con-trasta con el relevante crecimiento económico y, por ende, con demandas de los sectores productivos en materia de formación de re-cursos humanos. La primera Ley Orgánica del ipn, en 1949, lo convierte en cabeza del set, instrumentando, a través de la Comisión de Estudios para los Institutos Tecnológicos Fo-ráneos, formas de organización que resultaron ejemplares, tal y como se corrobora cuando se establecen los tecnológicos descentralizados cuarenta años más tarde; • La etapa 1971-2000 está marcada por un gran crecimiento de las instituciones pertenecientes al set, así como de su matrícula. Esta carac-terística se explica en función de dos facto-res: el explosivo crecimiento de la población en esa época, así como el efecto diferido de planes educativos como el de Once Años. Al mismo tiempo, en esta etapa se da un espa-cio de retraimiento de la educación superior y del set como reflejo de los años de dificultad económica y restricción fiscal, especialmente durante 1982-1988; • El contexto económico de los años noventa (la apertura de la economía, los Tratados de Libre Comercio) ejercieron una fuerte influencia para las reformas que, desde ese momento, se su-cedieron dentro del set. Éste no sólo creció, también se diversificó. La aparición de nuevas modalidades o subsistemas (universidades tecnológicas, politécnicas, institutos tecnoló-gicos descentralizados) forman parte de esa característica, y • El ipn, como parte del set, está cumpliendo una década de impulsar procesos de reforma en su estructura académica y administrativa. Sus funciones básicas se han integrado de mejor manera, se ha expandido su matrícula, su ac-ción llega a más entidades federativas. En la disputa por la educación, el ipn ha tenido una posición constructiva no obstante las even-tuales y pasajeras dificultades por las que ha transitado. Sólo un crecimiento sostenido de la economía, acompañado de una captación fiscal creciente, podrán ser la base para que el sistema educativo en su conjunto pueda trazarse metas ambiciosas.
  • 16. FOTO: Cuartoscuro ¿Qué va a ocurrir con la disputa por la edu-cación 14 revista az nacional? Lo mejor que le puede pa-sar es que se convierta en una disputa en la educación nacional. Aceptamos todos de entrada que los fines del proceso educativo incluyen, en-tre otros, el desarrollo del pensamiento crítico y creativo, el trabajo colaborativo, el respeto a la legalidad, el compromiso con la justicia y la equi-dad, la adopción de la democracia como forma de vida; todo ello está a salvo y claro en el texto del artículo 3º Constitucional y en la Ley General de Educación. ¿No es un ridículo contrasentido pre-tender que los ciudadanos permanezcan como es-pectadores pasivos precisamente ante la calidad de la educación pública? ¿Cómo podrían ser crí-ticos y creativos, colaboradores, respetuosos del orden legal, etcétera, y no involucrarse, al menos una parte de ellos, para revisar si tales objetivos se cumplen o no en el sistema escolar real? Es fácil entender lo que el ciudadano pide: “No sólo déjame hablar, escucha; no sólo déjame opinar, permíteme intervenir en la decisión, sus consecuencias y su seguimiento”. La participa-ción toma consistencia si los propios ciudadanos, ¿Y dónde está mi silla? El lugar de la sociedad civil en las decisiones educativas nacionales David Calderón pueden evaluar —con su propio parámetro— la diferencia que se logra con su intervención. Director General de Mexicanos Primero.
  • 17. La disputa por la educación www.educacionyculturaaz.com 15 Necesitamos revisar los programas vigentes para confirmar que están abiertas las oportuni-dades equitativas de participar. Conviene esta-blecer revisiones sobre los logros de calidad en los procesos —y no sólo si resultó la actividad que se propuso como, por ejemplo, la vigilancia de la aplicación de la Evaluación Nacional del Lo-gro Académico en los Centros Escolares (enlace) por parte de los padres y las asociaciones—, es decir, si hubo honestidad y respeto en la convoca-toria y en la organización de las acciones, si los ciudadanos recibieron retroalimentación sobre su participación, si su aporte no es apenas tolerado, sino reconocido como benéfico para todos. La participación de los ciudadanos en las po-líticas públicas conlleva el reconocimiento y valo-ración de las actividades e iniciativas que hacen las organizaciones comunitarias y las redes de organizaciones de sociedad civil para la visibilidad y remoción de factores inhibidores. Ello incluye un marco de seguridad jurídica para las estrategias de movilización social en torno al derecho a la participación en educación; por su agilidad de con-tacto y capacidad de traducción del conocimiento en acción, las asociaciones pueden incubar expe-riencias más intensas de verdadero protagonismo de los ciudadanos que resulten ejemplares e ins-piradoras para el diseño de una política verdadera-mente nacional, y no sólo oficial, de participación. Una última consideración puede hacerse acer-ca de las políticas públicas concretas y formales de los gobiernos. La secuencia más favorable para un involucramiento real es recorrer los pa-sos de la política pública de atrás hacia delante: que los ciudadanos se involucren primero en la evaluación, después en el seguimiento, la imple-mentación, y finalmente en la decisión y diseño. La disputa puede entenderse como un con-flicto donde unos pierden y otros ganan, donde el que se alza con el premio —determinar la marcha de la educación en México— excluye y vence a los contendientes. ¿No perderíamos todos, en el fondo, con una resultante así? Yo prefiero una disputa que se torna en diálogo. No siempre será una apacible charla y tendrá mucho análisis cru-zado, de contraste de posiciones con inevitables asperezas y cuestionamientos severos. Su signo debe ser la inclusión, no la exclusión; la pluralidad y no la unilateralidad; convencer y no vencer. A estas alturas del avance social y del enrique-cimiento de la esfera pública, los actores tradicio-nales saben que deben cambiar. La Secretaría de Educación Pública (sep) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (snte) saben que no pueden permanecer ajenos a la sensación de agravio, a los comparativos internacionales, a los nuevos enfoques y propuestas que se generan desde la sociedad civil. Nos acercamos a un pun-to crítico de arranque o encendido, en el que se debe pensar seriamente en una reforma global de las reglas con las que se toman las decisiones. De la esfera central hasta cada escuela, pasando por la entidad federativa y el municipio, la sociedad despierta a la participación y busca acercar su silla a la mesa de las decisiones. Diversos académicos, desde Barber y Mour-shed con el segundo reporte de McKinsey hasta Aurora Loyo en su ensayo “Política Educativa y actores sociales”, indican que la transformación educativa exige un refuerzo de la autoridad edu-cativa para aumentar su condición visionaria, su solidez técnica y su estabilidad política, y que los sindicatos se reinventen por obra principalmente de una activación demandante de los propios maestros dentro del gremio. Sin duda esos com-ponentes son imprescindibles, pero en ambos casos se soslaya el potencial de transformación que se va perfilando en las intervenciones de la sociedad civil. La agenda para el futuro inmediato ya está dispuesta desde la sociedad civil y no es secreta: insistir en el derecho a la educación como dere-cho a aprender, evitar la exclusión, detener la de-serción, establecer estándares válidos, reformar la formación inicial de los docentes, establecer la certificación universal de los maestros, desa-rrollar a directores y supervisores como profesio-nales del liderazgo académico, ajustar al financia-miento de la educación para que no sea regresivo, autonomía a las escuelas y ampliación real de la participación. Difícilmente alguien podrá negar que son de-mandas relevantes. Pero compartir la agenda no significa homogenizarla o suplantar el papel que corresponde a los demás actores; en el cómo y en el con quién se juega la realidad de los cam-bios: podrán ser marginales y de poca monta, o sistemáticos y de alto impacto. La ritualidad de la consulta puede aportar amplios beneficios si se asume igualmente la realidad de la iniciativa: si el sindicato, los gobiernos estatales y la sep quieren sumar de verdad a los ciudadanos en la educa-ción, podrían comenzar por atender las demandas de los ya dispuestos.
  • 18. Dónde estamos y hacia dónde vamos Resulta claro que el esfuerzo de cuatro gene-raciones permitió un cambio estructural en el sistema educativo: transitamos de una gran masa analfabeta a la desaparición del anal-fabetismo en la población menor de 35 años. Esto lo consiguió la escuela pública de medio tiempo, que garantizó cobertura y alcance y que cierra el siglo xx con una importante expectativa, si sabe-mos aprovecharla. El siguiente salto cualitativo debemos plan-tearlo en una transformación sin precedentes de la educación media superior, eslabonada a los doce años de educación obligatoria que, prácticamente, rebasa una cobertura de 95%. El currículum 2011 de la educación básica intenta sintetizar desde este nivel los esfuerzos de transformación iniciados en la primera década del siglo xxi. Por una parte, articula las reformas 16 revista az José Fernando González Sánchez Exsubsecretario de Educación Básica. FOTO: Cuartoscuro El futuro de la educación en México
  • 19. La disputa por la educación de preescolar, primaria y secundaria, incorpora estándares educativos en Lenguaje, Lectura y Escritura, Matemáticas y Ciencias, Habilidades digitales, el Inglés como segunda lengua y plan-tea un nuevo enfoque sobre la diversidad cultural del país como un Estado nacional con múltiples dimensiones en preparación para integrarse a la era global y disputar cara a cara las oportunidades en el mercado mundial. Este enfoque del aprendizaje a través de es-tándares y aprendizajes esperados, equiparables con sistemas educativos internacionales, aproxi-ma a cada alumno al perfil de egreso de la edu-cación básica que posibilita no sólo su inserción eficiente en los niveles de estudio superiores y en la economía, sino que define al ciudadano del futuro que queremos como nación: cívico, demo-crático, crítico, innovador, especializado y de alta productividad. La escuela mexicana del futuro pone el énfa-sis en el aprendizaje de los procesos, por encima del aprendizaje de la información, y acredita la importancia que tiene la formación de competen-cias para seguir aprendiendo a lo largo de la vida, aprender a aprender, y la de interactuar, con ven-tajas, en un mundo global: ser ciudadanos en una dimensión local, nacional y mundial. Estamos frente a una oportunidad única, ex-clusiva de nuestro tiempo: consolidar la transfor-mación de la educación básica al tiempo que se garantiza un cambio sustantivo en la educación media superior. Si se observan los indicadores, queda claro que retener a los estudiantes y am-pliar el servicio, actualizar la planta docente, mo-dernizar la infraestructura dotándola de tecnología y propósito, al mismo tiempo de dosificar su carga académica y asegurar la pertinencia de los apren-dizajes garantizará la retención del alumnado, lo cual en dos décadas llevaría al país muy cerca de los niveles que muestran los países desarrollados de la Organización para la Cooperación y el Desa-rrollo Económicos (ocde). Para lograrlo, resulta fundamental concebir una naturaleza distinta de este nivel educativo. Nos obliga a pensar en un modelo ligado a la actividad productiva y a la búsqueda de la consolidación de las habilidades sociales, laborales y del saber que definen los propósitos de la educación básica. Otra característica del modelo es la existencia de un sistema de evaluación que detecte el rezago escolar a edades tempranas y propicie rutas per-sonalizadas de soporte y ayuda para resolverlo. Definidos los estándares educativos por periodo escolar, es claro que se requiere un diseño institu-cional que facilite que el sistema educativo estatal trascienda los diagnósticos que se derivan de la Evaluación Nacional del Logro Educativo en los Centros Escolares (enlace) e impulse soluciones. Un sistema flexible deberá crear maneras al-ternativas de avanzar en la vida escolar conforme a desempeños claros y ritmos propios. Si llevamos esto a la secundaria, la escuela puede impulsar trayectorias individuales y la evaluación diagnós-tica evolucionar hacia un tipo de evaluación for-mativa cuyo centro es la persona y cuyo destino es la excelencia, observada siempre con rangos y parámetros referidos a los aprendizajes esperados de cada tramo escolar. En la educación básica, la descentralización tiene como énfasis el traslado de la infraestructu-ra y la administración de cuantiosos recursos re-gulados en un fondo general que, prácticamente, se reduce a la nómina de los profesores. La reforma universitaria también debe ser parte de este cambio estructural: renunciar a los viejos consensos académicos de las carreras tra-dicionales, a las prácticas convencionales, casi rituales, de la vida universitaria, y asumir que su espacio está en trascender la economía del cono-cimiento. Es decir, vincularse a la economía, no al capricho intelectual o al método exquisito, y per-filar esta afinidad a la investigación, a las nuevas formas de especialización y a la creación gradual de centros especializados del conocimiento que fomenten y soporten nuevas áreas del trabajo, nuevos atributos de la tecnología y un nivel más alto de agrupamiento en la cotidianidad de la em-presa, del mundo financiero, social y científico. La única posibilidad ética y racionalmente aceptable es democratizar las oportunidades de desarrollo para todos los mexicanos a través de una educación básica universal y de alta calidad que acompañe el desarrollo integral de las per-sonas, desde los tres años hasta que alcancen la edad y la condición de ciudadanos. Este enfoque del aprendizaje aproxima a cada alumno al perfil de egreso de la educación básica. www.educacionyculturaaz.com 17
  • 20. FOTO: Cuartoscuro 18 revista az Jorge Luis Ibarra Mendívil Secretario de Educación y Cultura de Sonora. La Reforma Integral de la Educación Básica (rieb), actualmente en marcha en México, propone fundamentalmente la integración de los tres niveles (preescolar, primaria y secun-daria) en un tramo de doce años, conformado por cuatro etapas formativas organizadas en función de estándares curriculares y aprendizajes espe-rados para el logro del perfil de egreso. Ello, necesariamente, tendrá implicaciones en nuestra concepción misma de la educación como sistema, así como en la concepción del aprendizaje, la en-señanza, la evaluación y el tipo de relación que habrá de establecerse con el nivel medio superior. Puede decirse que dos hechos representaron un gran salto en el desarrollo de la humanidad: • La elaboración y uso de herramientas que faci-litaron y modificaron su relación con el medio. De ser una relación dependiente de los recur-sos que la naturaleza le proveía, pasó a ser una relación que modifica las condiciones y da paso a la creación de medios y prácticas para la producción de los satisfactores que asegu-rarán la subsistencia de la especie. • La formalización de la transmisión de las prác-ticas productivas de generación en generación, que con el tiempo deriva en la construcción de esquemas de representación social a través de elementos simbólicos y valorativos de esa nueva relación con el medio. La escuela es una organización dinámica ca-paz de reinventarse y construir procesos de me-jora porque cuenta con los recursos —humanos y materiales— necesarios para la formación de los individuos que en ella conviven, y esas personas a su vez son potenciales agentes de cambio para que la comunidad se beneficie de ella. El cambio educativo es un proceso vivo y sus oportunidades encuentran cauce en el contexto mismo de la acción. La práctica innovadora es el motor de la transformación de la realidad que construye el colectivo de la organización, a través de la dinámica generadora de formas novedosas de relación interpersonal. En el intento de integrar lo que se ha planteado, ofrecemos una caracteri-zación de la escuela posible: 1. Que funcione como una comunidad educativa integrada, que su planeación y operación esté en función de las necesidades formativas de sus actores, lo cual significa, entre otras cosas: La escuela que queremos
  • 21. La disputa por la educación www.educacionyculturaaz.com 19 a. Planteamiento claro de las metas de formación y los objetivos de aprendizaje, de tal suerte que los esfuerzos se dirijan al cumplimiento de los mismos mediante el aprovechamiento de los recursos al alcance del centro escolar y de los disponibles en el entorno próximo; b. Desempeño congruente de los profesores, a través del trabajo colegiado, con recursos, estrategias y técnicas didácticas pertinentes para el logro de los objetivos de aprendizaje; c. Aprovechamiento cabal del tiempo dedicado al trabajo de profesores y estudiantes en las labores de formación; d. Un marco público que establezca principios y valores para las relaciones interpersonales de profesores, estudiantes, padres de familia, comunidad en general; que dé cuenta de las responsabilidades y derechos de cada indivi-duo que participe en el proceso formativo, y e. Una dirección y gestión transparente que brin-de confianza a quienes depositan la responsa-bilidad de la educación en la escuela formal. 2. Que la enseñanza sea la labor sustantiva y el aprendizaje la meta común: a. Trabajo colaborativo entre docentes y directivos; b. Consideración de las necesidades de los es-tudiantes para la planeación de la enseñanza; c. Formación permanente de docentes y directivos, y d. Evaluación continua de procesos y resultados para la toma de decisiones colegiadas y su in-formación oportuna a los interesados. 3. Que se relacione con la comunidad de manera responsable y transparente: a. Es sensible a las necesidades y condiciones de existencia de la escuela en el contexto en que se ubica; b. Integra de forma creativa la participación de las familias en aras del logro de los objetivos de aprendizaje, en el entendimiento de que son los principales interesados en la formación de sus hijos y pueden convertirse en valiosos alia-dos para el cumplimiento de las metas, y c. Contribuye mediante el proyecto educativo al mejoramiento del bienestar de la comunidad. 4. Que cuente con instalaciones decorosas y funcionales para el desarrollo del proyecto formativo: a. Instalaciones en óptimo funcionamiento que garanticen el acceso a los servicios básicos: sanitarios, energía eléctrica, agua potable, etcétera; b. Espacios deportivos para la promoción de acti-vidades de recreación y de fomento de hábitos saludables y de integración de los estudiantes; c. Perímetros y protocolos de seguridad; d. Áreas verdes que promuevan el esparcimiento sano de estudiantes y personal de la escuela; e. Espacios aptos para el desarrollo de las expe-riencias de aprendizaje; f. Áreas de trabajo para profesores y personal directivo, y g. Equipamiento acorde con los planteamientos instruccionales. Dotar a la escuela de las características bási-cas para el cumplimiento de su función social es una tarea hacia la meta de su mejoría, que requie-re de la participación organizada y decidida de diversos agentes y actores. Transformar la escuela es concebirla como una sociedad educativa que articula y dirige sus esfuerzos al logro del bienestar de los individuos que la integran y del entorno en que se inscribe; como un espacio que da abrigo a los proyectos de vida de miles de estudiantes y de sus familias; como un centro donde convergen personas con fi-nes comunes; como una organización que supone la conjugación de función y estrategia alineadas con un proyecto formativo integrado. El proceso de la rieb que vivimos en la actuali-dad implica un movimiento social de calado mayor y de largo aliento. La comprensión de esta empre-sa como un proyecto colectivo obliga a la sociedad a transitar hacia la integración en todos los niveles de participación para garantizar la formación inte-gral de los ciudadanos. La rieb propone fundamentalmente la integración de los tres niveles en un tramo de doce años.
  • 22. FOTO: Cuartoscuro 20 revista az Miguel Agustín Limón Macías Director General de la Conaliteg. a Secretaría de Educación Pública (sep) sur-gió en un contexto local de posrevolución y en un contexto internacional de posguerra, lo que le dio una característica —no la principal— de reconstrucción y de búsqueda de nuevos obje-tivos e ideales acordes con los presupuestos del tiempo y de los vencedores. Ahora, el país, por sus condiciones políticas, sociales, económicas y académicas, ha cambiado mucho y, por ende, los problemas educativos y culturales que se tienen requieren y exigen aproximaciones y visiones de cambio, en muchos casos, no sólo novedosas, sino inéditas. Simplemente, en población hemos pasado de 14,3 millones de habitantes en 1921, a 112 millones 336 mil 538 en 2010; casi ocho ve-ces más, de los cuales alrededor de 50% están en edad escolar. Esto nos otorga un “bono demográ-fico” único pero, a la vez, es un reto mayúsculo. Entonces, en 1921, el horizonte y la meta primera fue la alfabetización; los que sabían leer y escribir abarcaban poco más de un cuarto de la pobla-ción, ahora somos más de 92%. Después fue la primaria, hay que tener presente el llamado Plan de Once Años. En 1993 se legisló la obligatorie-dad de la secundaria, con una cobertura actual de 95,3%. En el presente el horizonte y la meta, valga la repetición, son la educación media superior, que cubre 64,4% y la educación superior cuya cobertura es actualmente de 30%. Conviene re-cordar una cifra en este rubro: en 1950, con una población de más de 25 millones de habitantes, la matrícula del nivel universitario era de sólo 25 mil: sólo uno de cada mil mexicanos cursaba este nivel; en el presente son poco más de 3 millones, casi 27 de cada mil habitantes. La oportunidad ha aumentado 26 veces, pero sólo 30% de los que están en esa edad la tienen. Claro, para la educa-ción superior son requisitos indispensables capa-cidad, preparación y vocación; pero ciertamente muchos más los cubren o podrían satisfacerlos y, en gran parte, las limitaciones económicas y sociales son el impedimento. En otro campo, el transporte de personas en 1921 se realizaba mediante bestias, carretas, fe-rrocarriles, barcos y, en pocos casos, automóviles; en algunas ciudades, por tranvías; el de mercan-cías, para distancias grandes, principalmente por ferrocarril y barco. Ahora el transporte es por au-tomóvil, camiones de carga, ferrocarril (en menor grado), aviones y barcos. Las carreteras, los aero-puertos y los puertos han sustituido los caminos Una prospectiva de la sep doce ideas para discutir L
  • 23. La disputa por la educación www.educacionyculturaaz.com 21 de herradura y las estaciones de pasajeros. Uno más, las telecomunicaciones. Entonces lo común era la carta, el telegrama, el telefonema y, en alto nivel, la radiotelegrafía, y ahora, el teléfono, la televisión y el Internet en todas sus modalidades, han cubierto con creces todo lo anterior. Más aún, se ha perdido mucha de la comunicación inter-personal y, al mismo tiempo, se han abolido las distancias y quizá también el encuentro. Las rela-ciones entre personas han tomado otro giro. Un análisis somero del trabajo desarrollado por la sep en el cumplimiento de los fines por los que fue creada, conduce a la conclusión de que, dentro de los vaivenes de un país y de un sis-tema en evolución vertiginosa, la Secretaría ha cumplido honorablemente con lo que de ella se esperaba. Pero también hay que darnos cuenta y aceptar que, en este momento, el desafío que se le presenta es, en muchos aspectos, totalmente diferente al de hace 90 años. Sobre la base de lo planteado anteriormente, circunscribiéndose en cuanto a la sep al campo clave de lo propiamente escolar y —en muchos casos específicamente— a la gestión educativa, con la premisa de “¿Qué sucederá, si el futuro no es una prolongación del presente?”, con el fin de exponerlas para la reflexión y decisión, hago las siguientes propuestas: 1. Transformar la sep de Secretaría de Estado a Organismo Público Autónomo (opa); 2. Profundizar la descentralización a las entida-des estatales. Cambios en las atribuciones y en la participación de los diferentes órdenes de gobierno; 3. Caminar, paulatinamente, hacia la autoges-tión, la autonomía de la comunidad educativa, en diferentes grados y de acuerdo con las po-sibilidades de cada caso; 4. La formación inicial del magisterio diferente, así como la formación y la capacitación per-manentes; 5. Avanzar hacia un currículo en educación bási-ca menos rígido, que dé lugar, bajo un marco normativo, a adecuaciones en los diversos contextos; 6. Atención en los currículos al desenvolvimien-to de las diferentes inteligencias en los edu-candos, de acuerdo con la teoría de Howard Gardner; 7. Fomento y aliento a programas piloto y apoyo a los mismos; 8. Evaluación de los educandos, de los docentes, de las estructuras educativas, de los funcio-narios y de los demás actores participantes. Y la generación de apoyos consecuentes para resolver los pendientes; 9. Continuar el proceso de articulación de los ni-veles educativos, desde la educación básica hasta la superior; 10. Incrementar y diversificar las alternativas edu-cativas en la media superior y la superior, con una liga permanente con el aparato productivo y las organizaciones sociales, así como con la investigación científica y tecnológica; 11. Continuar el fomento del uso de las Tecnolo-gías de la Información y la Comunicación como apoyos, ahora indispensables, a la labor edu-cativa, así como un segundo idioma desde la fase inicial, para lograr el dominio pleno gene-ralizado del mismo, y 12. Generar alternativas, apoyadas por el Estado y por la iniciativa privada, que enraícen a los más preparados, sin olvidar que estamos en un mundo globalizado. Con éstos y otros muchos pasos, que saldrán en el caminar, se podrá avanzar frente a un con-texto en que se reconoce una encrucijada de cri-sis de la educación mexicana. El objetivo fundamental de estas 12 ideas ha sido ponerlas sobre la mesa para generar una discusión, en la búsqueda de sumar muchas más aportaciones. La educación, no sólo la mexicana, vive el reto de responder a necesidades cambian-tes, de manera acelerada, y también de ser no únicamente la transmisión inercial del pasado, sino la constructora del futuro. En el presente el horizonte y la meta son la educación media superior, que cubre 64,4% y la educación superior cuya cobertura es actualmente de 30%.
  • 24. FOTO: Cuartoscuro Educación, ciencia y desarrollo. Un vínculo crítico Al lado del debate académico, en la mayor parte de los países avanzados y en las re-giones con economías más sólidas, existe una clara percepción sobre la necesidad y venta-jas de avanzar hacia un estadio de desarrollo des-crito en términos de “sociedad del conocimiento”. Esta noción, pese a su ambigüedad, ha ganado terreno en el debate político. Suele ser utilizada en dos sentidos. En primer lugar, como un térmi-no descriptivo que alude a nuevas dinámicas de crecimiento industrial y cambio social que hacen su aparición en décadas recientes. En segundo lugar, como un término axiológico, que alude a la aspiración de transformar los ámbitos de la producción, distribución, trabajo y educación me-diante la construcción de sistemas de innovación de alcance nacional y regional. 22 revista az La educación superior ante los retos del entorno internacional Rafael López Castañares Secretario General Ejecutivo de la anuies.
  • 25. La disputa por la educación Dilemas básicos para proponer un cambio de enfoque en las políticas de educación superior Aunque la reforma de la educación superior es un tema de la mayor importancia para el país, los re-sultados de las últimas tres décadas son altamen-te inconsistentes en términos políticos y sociales. A partir de los años ochenta, las sucesivas gestio-nes presidenciales han dado forma a una suerte de modernización que no siempre ha resultado coherente y con rumbo definido. Se ha carecido de un planteamiento rector que articule las dife-rentes políticas gubernamentales en una dimen-sión de largo aliento y que atienda —desde una perspectiva de Estado— las demandas y necesi-dades de la sociedad mexicana. Como se sabe, las instituciones sociales están articuladas a su tiempo y a su espacio. En tal sentido, las trans-formaciones que se han vivido en las institucio-nes de educación superior de México responden a las dinámicas específicas de nuestro país. Sin embargo, existen algunos factores y tendencias con un amplio rango de impacto. Es el caso de la educación superior de nuestro tiempo, la cual vive una multiplicidad de tensiones que rebasan por mucho las fronteras nacionales. Algunas de las tensiones más relevantes, aunque no necesaria-mente las más visibles para la agenda de política educativa superior en curso, pueden resumirse en los siguientes enunciados: a) Tradición e innovación. Una de las tensio-nes más reiteradas en la educación superior es la que alude a las tradiciones históricas de las instituciones universitarias frente a los nece-sarios cambios que requieren para responder a los retos actuales. ¿Cómo transformar las instituciones sin vulnerar su esencia y su com-promiso ante el saber? b) Demandas crecientes y apoyos decre-cientes. La educación superior se ha situado en el centro de lo social y es depositaria de una multiplicidad de expectativas y demandas individuales, sociales, políticas, económicas y culturales. De manera paradójica, la educa-ción superior vive una etapa de restricciones financieras y desde los ámbitos de poder se han limitado los beneficios del financiamien-to pleno e incondicional a las instituciones encargadas de la educación superior. ¿Es po-sible encontrar una conciliación entre ambos extremos? ¿Cómo alcanzar niveles adecuados de coherencia entre las demandas a la educa-ción superior y el respaldo financiero? c) Reproducción o creación de conocimiento. La pregunta sobre las funciones de docencia e investigación de la educación superior se vuelve a hacer presente: ¿Es posible y desea-ble articularlas, o se deben preservar espacios y estructuras específicas para cada función? En este marco, ¿cómo situar el tema de la ex-tensión de la cultura? d) Educación superior y poder. La presencia de la política es creciente en la educación superior y las decisiones gubernamentales se hacen presentes en múltiples ángulos de las instituciones de educación. ¿Cómo estable-cer los márgenes adecuados de autonomía del saber frente al poder? ¿Cómo garantizar el cumplimiento de las responsabilidades so-ciales de la educación superior sin interferir en sus funciones? e) El problema de la pertinencia. La educación superior vive una de sus principales tensiones en su papel frente a los mercados. Se discute sobre la pertinencia de que las instituciones “produzcan” “recursos humanos” o “capital humano” para el trabajo productivo, o si su responsabilidad ha de responder a la necesi-dad de formar sujetos sociales para integrar-se a una sociedad de trabajo y conocimiento cada vez más compleja. ¿Se puede encontrar un acuerdo? Además, en el ámbito universita-rio se vive una tensión que enfrenta el senti-do mismo de la educación superior y que se sintetiza en la idea de una educación superior funcional y pragmática, frente a otra crítica o “sin condición”, cuyo mayor compromiso está centrado en la búsqueda de la verdad y en el derecho a cuestionarlo todo. ¿Es posible cons-truir una educación superior que atienda las necesidades de su entorno sin renunciar a su esencia académica? ¿Es posible conciliar en la educación superior las demandas del ámbi-to laboral con la amplitud de demandas que plantea una sociedad en transición como la mexicana? ¿cómo situar el tema de la extensión de la cultura? www.educacionyculturaaz.com 23
  • 26. Cientos de años de observación y propuestas pedagógicas y filosóficas, más el desarrollo de la ciencia educativa del siglo xx y prin-cipio del xxi, han propiciado un cambio paradig-mático en la educación escolar. Es un cambio que coloca en el centro de la atención pedagógica no a la enseñanza sino al aprendizaje. Enseñar desde la perspectiva de lo que el maestro desea y no desde lo que el alumno ne-cesita es una visión superada en este paradigma del aprendizaje. Para ello, es preciso centrar la formación de los maestros en las necesidades de los alumnos, de la sociedad y de su desarrollo. Enseñar no es suficiente, debemos aprender. Atender las raíces del problema de manera integral Para resolver la deficiencia en el aprendizaje de los niños y jóvenes, debemos atender las raíces del problema de manera integral. El niño aprende con nosotros, sin nosotros y a pesar de nosotros. El niño aprende más y mejor si en el hogar existen las oportunidades de desa-rrollo infantil, como lo presentan los indicadores de la Organización para la Cooperación y el Desa-rrollo Económicos (ocde) en salud, vivienda, equi-dad, seguridad, cordialidad, escolaridad. El niño aprende más en condiciones sociales de equidad, seguridad, silencio, limpieza, naturaleza, transpa-rencia. El niño aprende más cuando los adultos conscientemente orientan sus actividades y rela-ciones pensando en su crecimiento y aprendizaje. Dado todo esto, el niño aprende más y mejor en buenas escuelas y buenos programas. Las escue- 24 revista az Luis Maldonado Venegas* Rosalba Sierra Solorio** Eduardo Andere Martínez*** * Secretario de Educación Pública del estado de Puebla. ** Subsecretaria de Planeación, Evaluación e Innovación Educativa de la Secretaría de Educación Pública del estado de Puebla. ***Analista y consultor en temas de política educativa, educación comparada y políticas públicas. FOTO: Cuartoscuro Hacia una Comunidad Centrada en el Aprendizaje
  • 27. www.educacionyculturaaz.com 25 las son buenas cuando sus maestros son buenos y profesionales. Los currículos son buenos cuan-do la política pedagógica y la práctica docente se orienta hacia el aprendizaje. En resumidas cuentas, se requiere de un nuevo modelo educativo que entrelace y concilie la polí-tica pública, las prácticas educativas y escolares exitosas con las propuestas de la investigación educativa para diseñar e implementar modelos que promuevan Comunidades Centradas en el Aprendizaje (cca). Comunidad Centrada en el Aprendizaje: Una propuesta holística de la educación ¿Qué es una cca? Es una estrategia de participación integral y co-rresponsable donde el principio fundamental es que las políticas públicas del estado, del munici-pio o la localidad se encaucen hacia un mismo ob-jetivo: el aprendizaje de niños, jóvenes y adultos. ¿Con qué enfoque? Este modelo de cca requiere de una instrumenta-ción paulatina por municipio o localidad, toda vez que demanda romper con paradigmas que visua-lizan la educación de manera lineal en favor de una educación flexible (que permita que los pro-gramas de estudio respondan tanto a los conte-nidos nacionales como a las condiciones de cada localidad, escuela y aula), holística (que reconoz-ca e incorpore la noción de que los niños apren-den de muy diversas maneras, tanto formal como informalmente, con o sin adultos mediadores, y que los hábitos de la población en los hogares y la sociedad promueven o inhiben la capacidad de aprendizaje), diferenciada (que responda perso-nalmente a los alumnos y que reconozca las par-ticularidades culturales y sociales de su entorno comunitario), e integral (que oriente las políticas públicas y no sólo la política educativa hacia la atención de los aprendizajes de niños, jóvenes y adultos). Los mexicanos tenemos muchas razones para estar orgullosos y muchas otras para estar preocu-pados. Nuestro orgullo es nuestra tierra, nuestras raíces, nuestro mosaico cultural, nuestra expre-sión artística, musical, literaria y gastronómica, nuestra biodiversidad, nuestra geografía, a veces caprichosa, siempre colorida y diferente; nuestra preocupación es la pobreza, la inequidad, el dete-rioro ambiental, la inseguridad y la falta de calidad educativa tanto en servicios como en desempeño. Y nuestro más grande logro institucional es la democracia electoral, que necesitamos exten-der a todos los ámbitos de la vida nacional. Una de las formas de ampliar nuestros logros es con educación de calidad para todos, donde tengamos realmente las mismas oportunidades, con atención diferenciada y pertinente, donde todos los niños y jóvenes adquieran y adopten los recursos y he-rramientas personales para ser exitosos. Para ello necesitamos una respuesta holística a partir de la cual la educación y el aprendizaje sean parte de la vida cotidiana y la vida nacional. Necesitamos una cultura de aprendizaje.
  • 28. El problema Muchos niños y jóvenes pasan gran parte de su tiempo libre solos, en la calle, el campo, frente a la televisión o ante una computadora. La realidad nos presenta la existencia de grandes grupos de jóvenes sin una guía familiar o social adecuada, en pobreza, trabajando para sus padres, subempleados o desempleados, sin lazos familiares estables, sin un modelo cívico, moral, espiritual, ético o estético a seguir, y con poca perspectiva de futuro. Hacia una política pública en favor de la juventud No podrá haber un uso efectivo del tiempo libre sin políticas públicas en favor de la infancia y la juventud como una prioridad nacional. Hoy, las cifras de exclusión en los niños y jóve-nes son inadmisibles. Aprovechar el tiempo libre 26 revista az Esteban Moctezuma Barragán Presidente Ejecutivo de Fundación Azteca. FOTO: Cuartoscuro
  • 29. La disputa por la educación • Siete millones de jóvenes en México no tie-nen ni empleo ni escuela. • La mayoría de los presos en México no han cumplido los 30 años, y más de la mitad de los muertos en la guerra contra el narcotráfico oscila entre los 17 y los 29 años. Áreas de oportunidad para el aprovechamiento del tiempo libre Propuesta 1. Señalar al maestro como el verda-dero asesor, observador y promotor de un efectivo uso del tiempo libre, lo cual va a incidir en su re-posicionamiento como el principal agente educa-tivo en la era moderna. Propuesta 2. Utilización diferente, racional y creativa de todas las instalaciones culturales, sociales y deportivas, tanto escolares como no escolares, en una cruzada colectiva por la niñez y la juventud. Propuesta 3. La escuela debe convertirse en un centro de aprendizaje comunitario, no sólo para los alumnos sino para sus padres y la comunidad local. Propuesta 4. En todas las localidades habrá ac-tividades extracurriculares promovidas por las es-cuelas que incluirán, al menos: a) Creación de orquestas sinfónicas y coros in-fantiles y juveniles; b) Club de baile; c) Campeonatos interescolares de futbol, bas-quetbol y beisbol; d) Club de poesía y oratoria, y e) Club de ajedrez y juegos de mesa. Propuesta 5. Inducir a los papás a adquirir un papel más activo en la formación de los hijos. Propuesta 6. Satisfacer la aspiración de los jó-venes a participar plenamente en la vida de sus sociedades mediante ejercicios organizados para imaginar y proponer cambios concretos en las localidades, apoyados por las autoridades munici-pales. Esto canalizará su imaginación, creatividad, ideales y energía. Propuesta 7. Impulsar el trabajo voluntario como fuente fundamental de solidaridad y cohesión social con la comunidad, factor importante en la transición a una adultez responsable. El voluntario joven enseña a trabajar en equi-po. La mayor parte del aprendizaje sucede en grupos. Aprender el valor de la colaboración fuera del aula es prioridad. Ser voluntario permite a los alumnos generar sus propias soluciones para resolver problemas locales y complementar el trabajo de los adultos. Cada vez es más evidente que el futuro y la sustentabilidad del planeta dependen en gran medida del compromiso voluntario a nivel local. Propuesta 8. Es necesario que los jóvenes ayu-den a mantener y preservar el medio ambiente, que conozcan y se involucren en las causas de la degradación ambiental, por lo que se deben diseñar propuestas específicas de trabajo en la materia. Propuesta 9. Los maestros deben acercar a sus alumnos a la cultura y las artes, tanto locales como universales. La experiencia conjunta entre sep, snte, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), gobiernos estatales y Funda-ción Azteca en la creación en todo el país de las orquestas sinfónicas y coros evidencia el poten-cial oculto de nuestros niños y jóvenes. Propuesta 10. Todas las escuelas reconocen la importancia de las actividades recreativas para el desarrollo psicológico, intelectual y físico de los jóvenes. Por ello debemos fomentar la partici-pación en programas extracurriculares. Propuesta 11. Reforzar el acceso de los jóvenes a la información y redes sociales. Las actividades basadas en Internet relacionadas con causas cí-vicas y políticas en favor de los jóvenes van en aumento. Propuesta 12. Estimular la cooperación y los in-tercambios entre organizaciones juveniles a nivel nacional, regional e internacional. Propuesta 13. Invitar a los gobiernos a crear más espacios públicos verdes y culturales. Propuesta 14. Impulsar el intercambio turístico. Propuesta 15. Reforzar la instrucción de cómpu-to para los padres de familia con objeto de forta-lecer la comunicación con sus hijos. Muchos niños y jóvenes pasan gran parte de su tiempo libre solos, en la calle, el campo, frente a la televisión o ante una computadora. www.educacionyculturaaz.com 27
  • 30. FOTO: Cuartoscuro Apoyándonos en las aportaciones de los sociólogos franceses que desarrollaron la teoría de la reproducción, y en las de los británicos que han impulsado el movimiento de las escuelas eficaces, podemos afirmar que el Estado no implementó las medidas necesarias para lograr los siguientes objetivos: a. Remover los factores que impiden el acceso oportuno de los niños a la educación primaria, y los que se interponen para que los estudian-tes ingresen a cada grado escolar habiendo adquirido —con toda certeza— el “apresta-miento 28 revista az académico” requerido para hacerlo; b. Remover los factores que influyen en los retra-sos académicos durante el año lectivo; lo que, a su vez, impide que la promoción de un grado escolar al subsecuente sólo se logre cuando los estudiantes hayan dominado los conoci-mientos, competencias, actitudes y valores previstos en los respectivos currículos, y c. Remover los factores que impiden la conclu-sión de cada ciclo escolar dentro del tiempo previsto y en las condiciones académicas se-ñaladas por la normatividad vigente. Por diversas razones es necesario que las re-formas educativas abarquen la totalidad de los La disputa por la justicia en la educación básica Carlos Muñoz Izquierdo Académico emérito del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (inide), Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.
  • 31. La disputa por la educación www.educacionyculturaaz.com 29 componentes del sistema escolar. En realidad, diversas reformas que han sido implementadas en nuestro medio han alterado algunos de esos com-ponentes (como los planes de estudios) pero han dejado intactos los demás. Los egresados de las escuelas normales ini-cian generalmente el ejercicio de su profesión en localidades alejadas de los centros urbanos. En la medida en que van adquiriendo experiencia, soli-citan —y generalmente consiguen— ser transfe-ridos a algunas escuelas ubicadas en localidades que cuentan con mejores servicios. Es, desde luego, muy explicable que en la me-dida en que los docentes avanzan en su ciclo de vida soliciten ser enviados a las escuelas ubicadas en localidades más adecuadas para el cuidado y educación de sus hijos. Sin embargo, esa prácti-ca produce efectos indeseables en la calidad de la educación, porque impide que los maestros mejor preparados y más experimentados apoyen los aprendizajes de los estudiantes que —por sus características socioeconómicas y culturales— los requieren con mayor urgencia, sobre todo si se reconoce la necesidad de que los docentes adap-ten los procesos pedagógicos a circunstancias diversas. Por tanto, es indispensable utilizar otros recursos con la finalidad de apoyar pedagógica-mente a los maestros más jóvenes, y de manera especial a los que desempeñan su profesión en ambientes pedagógicamente adversos. La eficacia académica de la educación, la igualdad con la que se distribuyen las oportunida-des de recibirla —así como la eficiencia económi-ca de los programas— dependen, ineludiblemen-te, de una adecuada planeación del desarrollo educativo del país. Sin embargo, de la informa-ción recabada para elaborar este ensayo se des-prende que ese proceso no fue implementado en México, al menos durante las décadas recientes. Esa información refleja, en efecto, que los tenues mejoramientos que se registraron durante los úl-timos años en el aprovechamiento escolar pue-den ser atribuibles, principalmente, a la influencia de diversos factores exógenos al sistema escolar. Por otro lado, no podemos dejar de mencionar que algunas investigaciones que han analizado los determinantes del aprovechamiento escolar siguen asignando un peso decisivo a diversos fac-tores cuyo control se encuentra fuera del alcance de los administradores del sistema educativo. Sin embargo, estudios recientes han demostrado que los únicos factores que no pueden ser controla-dos por los responsables del sistema escolar son aquellos que, no siendo de índole cultural, inter-fieren con la posibilidad de que los estudiantes asistan regularmente a las escuelas y permanez-can en ellas hasta la conclusión de los estudios que hayan iniciado. Esos factores se refieren a la dificultad que tienen los estudiantes de escasos recursos para soportar el costo de oportunidad implícito en el tiempo dedicado a asistir a la escuela, y al hecho de que las familias a las que pertenecen esos es-tudiantes no siempre puedan ofrecer a sus hijos las condiciones de salud y nutrición que necesitan para estar en condiciones de obtener resultados académicos satisfactorios. Por tanto, es necesario reconocer que otros factores, que también son exógenos al sistema escolar —pero de índole cultural—, sí pueden ser controlados desde el propio sistema educati-vo. Entre éstos se encuentran, principalmente, el que la docencia no se adecue en todos los casos a las condiciones, posibilidades y cultura de los estudiantes; la desigualdad que existe entre las habilidades con las que ingresan los estudiantes al sistema educativo, y el hecho de que a los pa-dres de familia que adquirieron escasas dosis de escolaridad les sea difícil apoyar eficazmente los aprendizajes de sus hijos. En síntesis, las investigaciones educativas concluyen que han de cumplirse los siguientes requisitos: • Que los estudiantes se encuentren en las con-diciones personales, económicas y sociales que son necesarias para asistir regularmente a las escuelas y para permanecer en ellas durante el tiempo necesario para concluir los estudios iniciados, y • Que ellos estén dispuestos a esforzarse para alcanzar niveles adecuados de aprovecha-miento. Si estos requisitos son satisfechos, la respon-sabilidad de evitar los fracasos escolares recae íntegramente en quienes ocupan los diversos cargos administrativos en el sistema escolar. Por tanto, ellos deben cuidar de manera especial la formación inicial y actualización de los docentes (a la luz de las condiciones señaladas en este en-sayo), y asegurar constantemente la pertinencia de los currículos.
  • 32. Lo primero que habría que preguntarse es quiénes son los “contendientes” en esta disputa, quiénes los “combatientes”, los “guerreros” en la educación, quiénes son los que debaten sobre tan importante tema para el país. Y sí, encontré que existen múltiples arenas don-de se realiza este enfrentamiento, dentro de las cuales podemos identificar dos grandes espacios. Desde esta perspectiva pareciera sumamente aventurado —y hasta temerario, creo yo—, eri-girme en pontificador del futuro de la educación mexicana, sobre todo a partir de lo que ésta re-presenta y ha logrado al menos a lo largo de los últimos 200 años, mismos que tenemos de historia como país, ya que anteriormente no fuimos Méxi-co, sino Nueva España por 300 años y antes, por milenios, un conjunto de naciones o reinados más o menos cohesionados en distintos momentos por culturas dominantes como la olmeca, teotihuaca-na, azteca o maya, por mencionar algunas de ellas. Más allá del análisis histórico e institucional de la educación mexicana, conviene reflexionar sobre el verdadero estado de la misma —su pre-sente—, lo cual haré a partir de los parámetros internacionales, evitando con ello caer en los tan socorridos juicios de “expertos” o de “mirarnos el ombligo”, sino sustentando sólidamente y con da-tos comparables a nivel internacional lo que aquí se expondrá. En síntesis, la educación mexicana no es de ninguna manera lo que debiera ser, pero tampoco es lo que los “entendidos” en educación plantean en los medios masivos de comunicación. Ni una cosa ni la otra, la educación mexicana tiene for-talezas y debilidades, obviamente, pero ante todo se hace necesario un diagnóstico serio de ella, sin “desgarrarnos las vestiduras” ni asumir triunfalis-mos ingenuos, sino con juicios sustentados en la realidad, con datos duros contextualizados, con compromisos y con propuestas concretas de to-dos y cada uno de los que formamos parte de este sufrido y gran país que es México. Es en este con-texto que a continuación presento algunos puntos que me parece deberían abonar a la construcción de un escenario más promisorio ante el reto del futuro de la educación en México. Es necesario que, a diferencia de lo hecho en esta administración —en la que la Alianza por la Calidad de la Educación o “acuerdo nacional” sólo se dio en los hechos entre la presidencia de la República y la cúpula sindical, con un “testigo de palo”, la sep— la próxima convoque efectiva- 30 revista az Como todo ser viviente, la escuela no sólo se modifica cada año, cada día y cada hora, sino que está expuesta a diversas crisis, a desgracias, a dolencias. León Tolstói El futuro de la educación mexicana, apoyado en su pasado y visto desde su presente Juan Carlos Palafox Pérez de Salazar Consultor en materia de sistemas de información y evaluación educativa.
  • 33. FOTO: Cuartoscuro www.educacionyculturaaz.com 31 mente a la sociedad en su conjunto y a sus más connotados representantes a la construcción y definición de la agenda educativa nacional de lar-go plazo, de Estado, que incluya todos los secto-res políticos, sociales, económicos, intelectuales, como la iniciativa privada, las iglesias, las insti-tuciones de educación superior, los centros de investigación, los partidos políticos, los colegios de profesionales, los sindicatos, los tres niveles de gobierno, etcétera, para que definan, además, compromisos específicos con un horizonte de al menos 30 o 50 años por cada entidad, sector, sub-sector, dependencia, organismo e institución; con metas claras escalonadas en el tiempo (por año, trienio, sexenio, década), que permitan a toda la sociedad tener claro hacia dónde va el país en esta materia, dar seguimiento al plan y fincar las responsabilidades del caso. En este sentido convendría constituir un Comi-té Nacional del Conocimiento o think tank1 edu-cativo, compuesto por intelectuales y científicos del más alto nivel nacional e internacional, con un compromiso a toda prueba con México, con voluntad de crear por encima de sus legítimas aspiraciones políticas y económicas personales, identificados con el futuro del país más allá de sus inclinaciones partidistas o ideológicas, para que coordinen, sinteticen y catalicen esa visión de futuro, apoyados por los mejores centros de in-vestigación e ies del país (entre ellas, obviamente, la unam). Condición de esto es la delimitación de la esfera de influencia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (snte) a su natural espacio institucional como representante de los intereses legítimos de sus agremiados. Es una temática insoslayable en cualquier texto que se precie verdaderamente de objetividad y hones-tidad en el tratamiento de la problemática de la educación mexicana. No es posible continuar con el sometimiento de la educación pública nacional a intereses meramente políticos, relacionados fundamentalmente con el ejercicio del poder y no con el desarrollo sustentable del país y de su po-blación. Hay que devolverle al snte la vigencia de su lema original: “Por una educación al servicio del pueblo”, según el cual su principal preocupa-ción debe ser resarcir el prestigio y valor social de la función educativa. Por último, deseo manifestar que todo lo dicho con anterioridad sólo pretende ser un punto de partida que, si bien pudiera parecer duro, áspero o severo en alguno de sus puntos, lo hago con un profundo respeto al sistema educativo mexicano, al que ya no se puede tratar con eufemismos o evasivas, sino que exige la denuncia, el compro-miso y la veracidad de quienes creemos en él. NOTAS 1 Los think tank son organizaciones en las que trabajan varios teóricos e intelectuales multi-disciplinarios que elaboran análisis bajo una perspectiva estratégica y global, con vocación prospectiva, con el fin de generar propuestas políticas y sociales que puedan ser aplicadas en la práctica. Ejemplo de ello es el Royal Institute of International Affairs (Chatham House) en el Reino Unido.
  • 34. La mayoría de las intervenciones públicas, cuando son algo más que simple retórica, han pretendido modificar las prácticas en el aula cambiando las normas y regulaciones que supuestamente las determinan. La mayoría de los cambios registrados en América Latina fueron estructurales, es decir, cambiaron la estructura de niveles del sistema educativo, los modelos de financiamiento, la curricula, etcétera. Pero en la mayoría de los casos estas intervenciones no lle-garon al aula. Antes de condenar y buscar alter-nativas es preciso preguntarse por qué. En efecto, resulta que todos los elementos estructurales “modificados” por las políticas son eficaces en la medida en que pasan por la mediación de los do-centes, directores, supervisores y otros agentes de la administración educativa. El sistema escolar es intensivo en fuerza de trabajo. Las estructuras (leyes, reglamentos, programas curriculares, circulares) y los recursos (financieros, tecnológi-cos, etcétera) no determinan las prácticas. Todos estos factores son eficaces en la medida en que son utilizados en forma pertinente por los agentes escolares especializados. Reglas y recursos sólo Futuros de la condición docente 32 revista az Emilio Tenti Fanfani Profesor titular e investigador principal del conicet en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Consultor del iipe/unesco, Sede Regional Buenos Aires. FOTO: Cuartoscuro
  • 35. La disputa por la educación posibilitan determinadas prácticas, las facilitan, obstaculizan o estimulan, pero no las determinan. Hasta que no se invente la “máquina de enseñar y aprender”, el colectivo docente seguirá siendo el factor estratégico del sistema educativo escolar. Por ello, todo cambio de la educación debe pasar necesariamente por una profunda transformación intelectual y moral del colectivo docente. La docencia es un oficio con futuro, pero uno puede preguntarse acerca del sentido de su larga evolución. Quizás ciertas formas de ser y hacer de los maestros actuales no tengan justificación en el futuro, mientras que las condiciones histórico-sociales inéditas pueden favorecer la aparición de nuevas formas de ser maestro, hoy desconoci-das o muy marginales. Lo primero que hay que decir es que siempre será necesaria la mediación de un agente espe-cializado (el maestro) y una institución específi-ca (la escuela) para la primera educación de las nuevas generaciones. En otras palabras, el primer aprendizaje, el que tiene que ver con los elemen-tos básicos de la cultura escrita, demandará la in-tervención o el auxilio de un maestro. Luego de un primer aprendizaje exitoso, los agentes sociales podrán aprender progresivamente en forma cada vez más autónoma. Si en el futuro los agentes so-ciales deben aprender toda la vida, es probable que, dada la complejidad creciente de la cultura y el conocimiento socialmente necesarios, tendrán que hacerlo recurriendo cada vez más a institu-ciones y agentes especializados. En otras pala-bras, desde siempre la vida es aprendizaje pero, en el futuro, éste será cada vez más formalizado. Prueba de ello es la prolongación del aprendizaje escolar hasta edades cada vez más avanzadas y al mismo tiempo más tempranas. En lugar de la pregonada “muerte de la escuela”, lo que se ob-serva es una institucionalización creciente de los aprendizajes a lo largo de la trayectoria biográfica de los individuos. Al igual que cualquier otra actividad profe-sional, el oficio del maestro cambia en virtud de los efectos de determinados factores. Aun a riesgo de simplificar, diríamos que algunos son estructurales y no completamente planificados. Algunos cambios tecnológicos afectan el trabajo y la identidad de los docentes en el presente y el futuro. En cuanto a los factores políticos, hay que destacar la crisis del modelo burocrático de organización del sistema educativo y los intentos más o menos exitosos de introducir un modelo de regulación post burocrático del trabajo del profe-sor. Los cambios estructurales y las innovaciones impulsadas por la voluntad política introducen modificaciones en las viejas identidades colecti-vas de los docentes. Es probable que en el futuro aparezca una configuración del oficio resultado de una nueva mezcla de vocación, profesión, condi-ción asalariada y politización. En síntesis, la lucha permanente por la cons-trucción social del oficio del maestro se desen-vuelve en un nuevo contexto donde intervienen actores colectivos (sindicatos docentes, especia-listas, altos funcionarios y responsables políticos de los ministerios de educación, intelectuales, partidos políticos, intereses de los proveedores privados de educación, entre otros) que luchan por el control del trabajo docente. Las distintas posiciones y relaciones de fuerza de los actores se corresponden con visiones y formas diferentes de definir el sentido de la educación y del trabajo de los profesionales de la educación. Para algu-nos, éstos son más que nada expertos en ense-ñanza- aprendizaje y su mayor responsabilidad consiste en hacer que sus alumnos alcancen los mejores resultados en las pruebas nacionales de evaluación de conocimientos. Desde esta pers-pectiva, el docente es un profesional técnico, es decir, poseedor de un saber acerca de los medios de la enseñaza y el aprendizaje. Según otra pos-tura, los docentes serían profesionales críticos, es decir, constructores de subjetividades conforme a proyectos políticos que trascienden su identidad técnica; el profesor sería un agente clave en los procesos de construcción de una sociedad más justa, libre y democrática. Para cumplir esta fun-ción social que los trasciende deben estar en con-diciones de ejercer un control colectivo sobre el sentido, los objetivos y contenidos de su trabajo. En sentido estricto, no serían ni funcionarios ni técnicos, sino intelectuales capaces de cooperar en la distribución de ese capital estratégico en las sociedades contemporáneas, que es el cono-cimiento y la cultura en las nuevas generaciones. En este sentido, son dos los escenarios que aparecen en el horizonte: uno es el docente como profesional tecnocrático y el otro como profesional tecnocrítico. Pero en ésta, como en otras cuestio-nes sociales, es difícil predecir el desenlace de las luchas; lo único que puede hacerse es entender su lógica y los proyectos en conflicto. www.educacionyculturaaz.com 33
  • 36. Aunque pueda parecer sencillo preguntar-nos por la existencia de avances o retroce-sos en la educación básica mexicana, no lo es. En la medida en que fui pensando por dónde trabajar el análisis y la reflexión, el asunto se fue haciendo cada vez más intrincado. Qué colocar en la discusión Un asunto central se encuentra en nuestra capa-cidad de reflexionar y discutir acerca de cuál es el país al que aspiramos y de qué manera la educa-ción puede contribuir para conseguirlo. La sociedad en su conjunto exige, los maestros esperan y los niños y jóvenes se merecen que las medidas de política educativa que seamos capa-ces de definir y construir tengan la capacidad de dar cauce a un conjunto articulado de decisiones y acciones que modifiquen las raíces del Sistema Educativo Nacional (sen) para lograr su eficacia social y educativa. Estoy convencida de que el desarrollo de la sociedad en cada país es un asunto fundamen-tal, que transita por las personas que lo integran. El futuro de la educación básica 34 revista az Margarita Zorrilla Fierro Investigadora de la educación. Directora General del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (inee). FOTO: Cuartoscuro Urdimbre de aspiraciones y contradicciones
  • 37. La disputa por la educación Por esta sencilla razón, la educación —al ser un derecho inalienable de todos los individuos— es un factor que no debe ni puede ser soslayado. Por ello, cambiar la educación para lograr un mundo humano, más justo y fraternal, continúa siendo un ideal vigente en nuestros días. Retomo la reflexión de una entrañable amiga y colega, Mercedes Muñoz-Repiso, quien fuera por más de 30 años directora de investigación del Centro de Investigación y Documentación de la Educación (cide) del Ministerio de Educación de España. Ella hablaba del optimismo pedagógico y decía lo siguiente: “No sé si es un concepto muy académico, pero para mí significa que, en contra de lo que suelen decir los más viejos del lugar, cualquier tiempo pasado fue peor. Los mayores solemos mitificar nuestras experiencias como alumnos y como maestros (‘nosotros sí que sabíamos y no estos niños de ahora’, ‘entonces sí que había dis-ciplina’, ‘los alumnos tenían mucho mejor nivel’ y frases similares). Todo esto no es exactamente así. Estudiábamos cuatro privilegiados, salvo ex-cepciones elitistas, las escuelas eran desastrosas y las clases aburridas. Todo ha ido a mejor, lo que ocurre es que la escolarización universal es un reto impresionante y además ahora tenemos un mayor conocimiento de lo buenas que pueden ser las cosas y la distancia que nos separa del ideal. Por otro lado, lo que sí está muy complicado es el mundo en general en el que se sitúan las escue-las, los maestros, los padres y los niños. Pero eso no se puede arreglar sólo desde el ámbito educa-tivo, al menos no en el corto plazo. El optimismo pedagógico implica que manten-gamos la utopía de que el mundo mejorará si edu-camos bien a los chavitos que lo van a manejar el día de mañana. Es muy importante que los maes-tros se sientan felices y orgullosos de la gran ta-rea que han elegido o les ha tocado. Una tarea muy cansada, y a veces no muy bien reconocida, pero con una gratificación humana como ninguna otra” (hasta aquí la conversación con Mercedes). Si yo no pensara de esta manera, no hubiera escrito esta contribución. Una cantidad significati-va de los que estamos en el sector educativo com-partimos el ideal de contribuir a la construcción de un mejor país, más justo y más humano, a partir de la educación. Sin embargo, hay que reconocer que muchos otros que permanecen o permanecieron en el sec-tor, han abandonado dicho ideal. Para que la educación mejore y se convierta en una aportación significativa al desarrollo de México, es necesario valorar su estatus actual y reflexionar con profundidad para replantear ca-minos o crear nuevos. Necesitamos escucharnos unos a otros, ya que nuestras visiones seguramen-te tendrán énfasis distintos e incluso desacuerdos, pero sólo así podremos buscar la manera de com-plementarlas. La innovación es la estrategia a la que habrá que darle impulso, tanto en la dimensión pedagó-gica como en la de gobierno y el funcionamiento de todos los niveles de la gestión del sistema educativo: aula, centro escolar, zona escolar y entidad federativa. La innovación está fundada en la confianza en los docentes, las escuelas, la administración de la educación de las entidades, así como en la incorporación de distintos saberes que las personas comprometidas con el desarro-llo educativo pueden aportar. Reitero lo que he ex-presado en otras ocasiones: las transformaciones en la educación se realizan a pie y cara a cara con las personas y que son éstas quienes realizan los proyectos de trabajo. Replantear caminos o crear nuevos para mejo-rar la educación de niños y jóvenes implicaría que cada uno, desde el ámbito en que se encuentre, intente responder a estas preguntas: ¿Qué hace que sigamos en este complicado, complejo y apa-sionante mundo de la educación? ¿Cuál es nues-tra mejor aportación para un futuro mejor? Con la esperanza de que México será una mejor sociedad si ofrecemos a las nuevas gene-raciones una educación basada en el derecho, democrática, racional y cimentada en los valores éticos de la convivencia humana, me atrevo a pro-poner los elementos de una ecuación del cambio en la educación: Conocimientos y saberes como fuentes de cambio; confianza en el poder transfor-mador de la educación y de los educadores; res-ponsabilidad y decisión, así como colaboración y compromiso de todos. La educación —al ser un derecho inalienable de todos los individuos— es un factor que no debe ni puede ser soslayado. www.educacionyculturaaz.com 35