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Apuntes y preguntas sobre Romanos
1. El evangelio de Dios predicado por Pablo (1:1-17)
El NT presenta a Jesús como siervo (Mr 10:45; Hch 4:27) y apóstol (Jn 20:21; Heb 3:1). Pablo se
describe a sí mismo como un siervo (doulos, s) de Cristo Jesús llamado por él para ser apóstol
(apostolos, s) y apartado para anunciar el evangelio de Dios (Ro 1:1).
En el AT, ¿quiénes fueron reconocidos por el SEÑOR como sus “siervos”? (Gn 26:24; Ex 14:31;
Nú 14:24; 2 S 7:5,8; 1 R 15:29; Is 20:3; 22:20; 41:8-9; 49:1-6; 53:11; Jer 25:9; Hag 2:23; Zac 3:8;
cf. Jos 24:29; 1 S 3:9-10; 1 R 3:7-9; 2 R 9:36; Sal 116:16; Dn 6:20). ¿Qué luz arrojan estos ejemplos
de siervos del SEÑOR sobre el concepto de un siervo del Señor Jesús? La palabra siervo en griego
(doulos) significa (1) un esclavo que no tiene ninguna libertad, sino que pertenece a su amo y debe
obedecerlo; (2) un siervo que por cuenta propia decide servir a su amo. Ambos sentidos se aplican
al cristiano. Somos esclavos de Dios/Cristo, quien nos compró a gran precio (1 Co 6:19-22; 7:22),
pero también debemos obedecer de corazón a nuestro dueño (Ro 6:16-17).
El término apóstol que Jesús aplicó a los Doce (Lc 6:13) tiene un doble trasfondo: en el AT y en el
judaísmo rabínico. El antecedente bíblico fueron los profetas, personas enviadas por Dios para
comunicar la palabra de Dios al pueblo de Dios. El antecedente contemporáneo fueron los shaliah,
agentes o mensajeros del Sanedrín enviados para comunicar las decisiones del Consejo y para actuar
a nombre del Consejo. ¿Cuáles fueron los tres requisitosque los apóstolesdebían tener? (Mr 3:14-
15; Jn 14:26; 16:12-15; cf. Hch 1:21-26; 6:2-4; 1 Co 9:1;15:8s) Según Mr 3:14-15, ¿cuál era la
tarea principal de los apóstoles de Jesús?
El término siervo/esclavo indica subordinación y el término apóstol indica autoridad. Explique la
relación entre estos distintos conceptos en el ministerio cristiano.
¿Cuándo y para qué fue el fariseo Saulo apartado por Dios? [ojo: en griego, fariseo y apartado
tienen la misma raíz] (Hch 26:15-18; Gá 1:15-16; cf. Is 49:1; Jer 1:5). ¿Cuándoy para qué le separó
Dios a usted?
1.1 Pablo y el evangelio (1:1-6)
En Ro 1:1-6, Pablo menciona seis verdades acerca del evangelio que él debía anunciar:
(1) el origen del evangelio es Dios
(2) la promesa del evangelio se encuentra en el AT (cf. Lc 24:27,44-47)
(3) el contenido esencial del evangelio es Jesucristo (en él se cumplen las promesas de Dios; 2 Co 1:20)
(4) el alcance del evangelio incluye todas las naciones (cf. Gá 3:28; Col 3:21)
(5) el propósito del evangelio es fe en Jesús que se manifiesta en obediencia a él (cf. Stg 2:14-26)
(6) la meta final del evangelio es la exaltación de Cristo (el Hijo de Dios, dueño de su pueblo)
Al evangelizar, ¿por qué es importante saber que el evangelio es de Dios? (Mt 28:18; 1 Tes 2:13)
Para Pablo, ¿cuál era el valor del AT? (2 Ti 3:15-17; cf. Ro 15:4; 1 Co 10:11; 15:3-4)
Pablo menciona dos aspectos y etapas del ministerio de Jesús. “Como hombre Jesús era descendiente
del rey David y cumplía con las expectativas judías respecto al Mesías; pero a partir de la resurrección
empezó un nuevo modo de ser y de actuar: se convirtió en fuente de santificación para los hombres,
mediante el Espíritu Santo, y comenzó a ejercer los plenos poderes del Hijo de Dios.” (DHH, Biblia
de Estudio nota sobre 1:3-4)
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El hecho de que Jesús nació de una mujer (Gá 4:4) indica que era un hombre. El hecho de que era un
descendiente de Abraham (Mt 1:1) indica que era un judío. El hecho de que era un descendiente de
David (Ro 1:3; cf. Mt 1:1,16; 9:27; Mr 10:47; Jn 7:42) indica que era de la casa real, un legítimo
heredero del trono de David (cf. 2 Sa 7:12-16). ¿Qué comprobó que Jesús era, en efecto, el Hijo de
Dios, con plenos poderes? (Ro 1:4; cf. Hch 2:32-36; 3:15; 4:10-12,33; etc.)
Para evangelizar a los gentiles, Dios escogió a Pablo, un judío que amaba intensamente a sus
compatriotas (Ro 9:1-3; 10:1). Pablo era un fariseo tan celoso por la ley que perseguía a los que
decían que las promesas de Dios a Israel se cumplen en Jesús, y no a través de la ley y el templo (Hch
7:5-8:3; 22:3-5). Nadie pensaba que Pablo llegaría a ser un seguidor de Jesús, mucho menos un gran
misionero a los gentiles y el más enérgico defensor de las relaciones fraternales entre judíos y gentiles
(un solo pueblo en Cristo). ¿Cómo explicó Pablo el hecho de que Dios le llamó a ser apóstol a las
naciones? (Ro 1:5; cf. 1 Co 15:9-10; 1 Ti 1:12-16) ¿Cómo explica usted el hecho de que Dios le
llamó a usted a la salvación, al servicio y al sufrimiento por causa de Cristo?
Indique varios cambios y sacrificios que Pablo tuvo que realizar para llevar a cabo el llamamiento
divino? (2 Co 5:16-17; 11:21b-33; Flp 3:4-11) ¿Cuáles son los cambios y sacrificios que usted
necesita hacer para cumplir la misión que Dios le ha dado?
“. . . para que crean en él y le obedezcan ” (Ro 1:5; 16:26; cf. Gá 5:6; Ef 2:10; Tito 2:11-14) En la
teología de Pablo, ¿es posible tenerle a Jesús como Salvador pero no como Señor?
Tres motivos legítimos para hacer misiones son:
(1) obediencia a la Gran Comisión que fue dada por el Rey de reyes
(2) amor por pecadores perdidos quienes van rumbo al castigo eterno
(3) celo por el nombre de Jesús, quien es digno de recibir honor, gloria y alabanza
[ojo: quizá Saulo, el perseguidor de la iglesia, se consideraba un sucesor de Finees, el sacerdote
celoso que fue aprobado por Dios por matar a un israelita y una extranjera que profanaron el
tabernáculo (Nú 25:10-13; Sal 106:28-31; cf. Flp 3:6)]
¿Cuál de estas motivaciones te incentiva más a evangelizar? ¿Por qué?
1.2 Pablo y los romanos (1:7-13)
En Ro 1:7-13, Pablo menciona tres cualidades de los creyentes en Roma, antes de contarles lo que
ellos significan para él. Ellos son (1) amados por Dios; (2) llamados a ser santos; (3) receptores de
gracia y paz. En el AT, estas frases describen al pueblo de Israel, pero ahora Pablo las aplica a los
creyentes en Roma. ¿Qué indica esto en cuanto a la relación entre judíos y no judíos?
Los creyentes en Roma fueron llamados por Dios para formar parte de su pueblo santo (Ro 1:7).
Cristianos ya son santos en el sentido de que han sido separados por Dios para él, pero también son
llamados a ser santos en el sentido de que ahora deben vivir conforme a su llamamiento. El primer
sentido es nuestra condición o estatus ante Dios (pertenecemos a Él); el segundo sentido se refiere a
nuestra conducta y experiencia cotidiana. “Ustedes antes eran de la oscuridad, pero ahora son luz
en el Señor. Vivan como hijos de luz” (Ef 5:8). Un indicativo (lo que somos en Cristo) lleva a un
imperativo (lo que debemos hacer para ser como él).
Como en todas sus cartas, Pablo pide que Dios el Padre y el Señor Jesús derramen su gracia y su paz
sobre sus destinatarios. En el mundo greco-romano, “gracia” y “paz” eran saludos/despidos comunes
(como “bendiciones” entre evangélicos hoy en día), pero Pablo usa estos términos en un sentido más
profundo (Ro 1:7; 15:33). ¿Qué significan “gracia” y “paz” en las cartas de Pablo?
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Pablo solía comenzar sus cartas expresando gratitud a Dios por los destinatarios (Ro 1:8; 1 Co 1:4;
Ef 1:16; Flp 1:3-4; Col 1:3; 1 Tes 1:2; 2 Tes 1:3; 1 Ti 1:3; 2 Ti 1:3; Flm 4). Pablo dice que Dios
quiere que le demos gracias en toda situación (1 Tes 5:18). Debemos dar gracias cuando pedimos
algo a Dios (Flp 4:6), y tanto nuestras peticiones a Dios como nuestros agradecimientos a Dios deben
ser por medio de Jesucristo (Ro 1:8). ¿Cuál es la relación entre la gratitud y la humildad? Además
de ser agradecido en toda situación, Pablo era contento en toda situación (Flp 4:11-12; cf. Hch
16:25; 1 T 6:8). ¿Cuál es la relación entre la confianza en Dios y el contentamiento?
Pablo no conocía a los creyentes en Roma; sin embargo, el apóstol:
(1) daba gracias a Dios por la fe de ellos (1:8)
(2) oraba sin cesar por ellos (1:9-10)
(3) anhelaba verlos para darles ayuda espiritual y ser animado por ellos (1:11-12)
(4) quería visitarlos para recoger una cosecha espiritual entre ellos (1:13)
A pesar de no conocerlos, Pablo tenía un interés genuino en el bienestar espiritual de los romanos.
No ocultó lo que sentía por ellos, ni el deseo que tenía de ir a visitarlos. Sin embargo, los planes de
Pablo estaban sujetos siempre a la voluntad de Dios (Ro 1:10; 15:32; Hch 16:6-7,10; cf. Stg 4:13-17).
¿Cómo podemos discernir la voluntad de Dios en nuestras vidas y ministerios? ¿Estás abierto y
atento a la dirección de Dios en tu vida? ¿Pides que Dios te guíe al considerar opciones y tomar
decisiones? (Sal 32:8-9; Pr 3:5-7)
Dios concedió a Pablo el deseo de su corazón, pero ni en el tiempo ni de la manera que él esperaba
(cf. Hch 21-28). No cabe duda que la respuesta que Dios dio a las oraciones de Pablo le causó mucho
sufrimiento; sin embargo, Pablo creía que “Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo
aman” (Ro 8:28). ¿Cree usted que esta idea se comprobó en la experiencia de Pablo?
1.3 Pablo y el evangelismo (1:14-17)
En Ro 1:14-17, Pablo expresa tres veces su fuerte deseo de proclamar el evangelio en Roma y explica
los motivos de ese entusiasmo, a pesar de que podría haber sentido recelo y/o miedo:
v. 14 “me siento en deuda con todos . . .”
v. 15 “estoy tan ansioso de anunciarles el evangelio . . .”
v. 16 “no me avergüenzo del evangelio . . .”
El evangelio es una deuda que tenemos con el mundo. Hay dos formas de ser deudor: (1) Tomar
algo prestado; somos deudores hasta devolverlo. (2) Recibir algo para entregarlo a otro; somos
deudores hasta entregarlo. No debemos tener la primera clase de deudas (Ro 13:8), pero todos
tenemos la segunda clase de deuda. Al igual que Pablo, somos administradores del evangelio que nos
ha sido encomendado para anunciarlo (1 Co 4:1-2; Gá 2:7 1 Tes 2:4;1 Ti 1:11; Tit 1:3). Ahora, lo
que se requiere de un mayordomo es que sea fiel. ¿Compartes fielmente el evangelio?
El evangelio es el poder de Dios para salvación. Algunos cristianos sienten vergüenza al hablar de
Cristo (Mr 8:38; 2 Ti 1:8,12), porque el evangelio puede provocar oposición, desprecio o burlas.
Pablo mismo a veces temblaba de miedo al predicar (1 Co 2:3). Sin embargo, Pablo superaba esa
vergüenza porque comprendía que el mensaje de la cruz, el cual algunos rechazan por su “debilidad”
(1 Co 1:25), realmente es muy poderoso (como dinamita), pues el evangelio puede lograr algo que
ningún poder humano puede realizar: la salvación de los que se van a la perdición. ¿Por qué se
avergüenzan del evangelio algunos creyentes en la actualidad? ¿Cómo pueden superar esa
vergüenza?
En la historia de salvación, Dios escogió a los judíos como su instrumento para salvar a los no judíos.
Sin embargo, no importa el ser judío o gentil (cf. Gá 3:28; Col 3:11). ¿Por qué no importa?
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El evangelio revela la justiciade Dios. El evangelio es poder de Dios porque () revela la justicia
de Dios, una justicia que es por fe, de principio a fin. Muchos creen que la justicia de Dios es el
tema central de Romanos. Por lo tanto, es importante entender: (1) qué es “la justicia de Dios”; (2)
qué significa “por fe, de principio a fin” (DHH y NVI) o “por fe y para fe” (RV y BA); (3) cómo
Pablo interpreta y aplica Habacuc 2:4.
La justicia de Dios se refiere al carácter y todos los hechos de Dios pues Él ama el bien y odia el mal
(Sal 45:6-7a). Dios es justo cuando juzga (Ro 2:5), es justo cuando justifica (Ro 3:26) y es justo
cuando cumple sus promesas (Ro 9-11). La justicia de Dios también se refiere al acto de Dios al
declararnos justificados [= libres de condenación], no por nuestro mérito o virtud sino por su bondad
y perdón, un amor inmerecido que Dios comprobó por medio de la muerte de Cristo en la cruz por
los pecadores (Ro 3:22; 4:3,5,24-25; cf. 1 Co 1:30; 2 Co 5:21). De manera que la justicia de Dios
se refiere a un atributo divino (Dios es justo), a una actividad divina (Dios nos rescata en una manera
justa) y a un regalo divino (Dios nos declara/hace justos [= libres de condenación, perdonados,
aceptados por Él]. En fin, la justicia de Dios se refiere a la legítima y bondadosa iniciativa de Dios,
quien reconcilia a pecadores consigo mismo, al darles una justicia [= un estatus, una posición] que
no es de ellos sino de Él. Se refiere a la justa manera en que el Juez justo justifica a injustos (el
perdón que asimila el agravio en vez de cobrarlo, con el fin de ser reconciliado con el ofensor). Dios
demuestra su justicia cuando declara libre de condenación a pecadores que confían en Él, porque
Dios, por pura gracia, los ha puesto a cuentas consigo mismo, como demuestra el sacrificio
propiciatorio/expiatorio de su Hijo en la cruz (cf. Ro 3:21-26).
Hay varias maneras de entender la frase “de fe a fe” (s s ):
(1) el origin divino de la fe: desde la fe (fidelidad) de Dios hasta la fe del hombre
(2) la extensión de la fe por el evangelismo: de un creyente a otro
(3) el crecimiento de la fe en el creyente: cf. 2 Co 3:18
(4) la primacía de la fe en la salvación: la expresión es retórica (enfatiza el rol de la fe)
Hay dos maneras de entender/traducir s:
(1) “El justo vivirá por la fe.” (El justo vive confiando en Dios.)
(2) “El que por la fe es justo, vivirá.” (Uno es justificado por la fe y así obtiene vida.)
Ambas traducciones expresan una verdad. ¿Cuál capta mejor el sentido de Ro 1:17? La primera
traducción cuadra bien con el contexto original (Hab 2:4) y con el mensaje de Hebreos (10:37-38).
Sin embargo, la segunda traducción encaja mejor con el argumento de la primera parte de Romanos.
En los capítulos 1-4, Pablo usa la palabra “fe” 25 veces y “vida” solo dos veces; pero en los capítulos
5-8, el apóstol usa “vida” 25 veces y “fe” solo dos veces. Estas estadísticas indican que el tema de
Romanos 1-4 es “él que por la fe es justo” y que el tema de Romanos 5-8 es “vivirá”. Es decir, en
Romanos 1-4 (cf. Ro1:17; cf. Gá 3:11), Pablo habla de cómo los pecadores llegan a ser justos, no de
que cómo viven los justos.
2. La ira de Dios contra la humanidad (1:18–3:20)
Pablo dice que “el evangelio nos muestra de qué manera Dios nos hace justos” (1:17) y que “Dios
ha mostrado de qué manera Dios nos hace justos” (3:21). Entre estas afirmaciones de la bondad de
Dios, Pablo analiza (en 1:18-3:20) la ira de Dios. Pablo sostiene que tanto la bondad de Dios como
la ira de Dios demuestran la justicia de Dios. Dios es justo cuando justifica al pecador arrepentido
que cree en Cristo, porque lo hace en virtud de la muerte de Cristo, no en base de un supuesto mérito
del pecador (3:21–4:25). Pero Dios también es justo cuando condena al pecador no arrepentido, pues
juzga a cada persona según la ley que éste reconoce pero desobedece (1:18-3:20):
— el pagano con su maldad obstruye la verdad que conoce acerca de Dios (1:18-32)
— el moralista critica, según sus principios éticos, a todo mundo, menos a sí mismo (2:1-16)
— el judío confía en la ley y se jacta de conocer la voluntad de Dios, pero no la obedece (2:17-3:8)
— todos han pecado y son culpables ante Dios, como dicen las Escrituras (3:9-20)
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2.1 Los paganos deliberadamente opacan la luz que Dios les ha dado (1:18-32)
¿Cuál es la razón principal por qué los seres humanos no son justificados por Dios? Porque no
quieren reconocer y someterse al Dios verdadero. No quieren obedecer a Dios, ni rendir cuentas a
Dios, así que ignoran y rechazan a Dios. Dios ha revelado su existencia eterna, su poder para crear
y su carácter moral, pero las personas obstruyen estas verdades con su pecado (1:18-32). John dice
algo similar: El eterno Logos — el Hijo de Dios que estaba con Dios y que es Dios y que hizo toda
la creación — tenía en sí la vida [de Dios], y esa vida es la luz de la humanidad. Resplandece en las
tinieblas y las tinieblas no pueden apagarla. Esa luz verdadera, que alumbra a toda la humanidad,
vino al mundo. “La luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus
hechos eran perversos. Pues todoel que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor
a que sus obras queden al descubierto” (Jn 1:1-5,9; 3:19-20).
En Ro 1:16-20 Pablo menciona cuatro atributos divinos que Dios ha revelado:
(1) su gloria (su poder eterno y naturaleza divina) a través de la creación (1:19-20);
(2) su enojo con el pecado de los que restringen la verdad del Creador (1:18)
(3) su [bondadosa] justicia (su justa manera de justificar a injustos) en el evangelio (1:17)
(4) su poder en los creyentes al salvarlos (1:16)
De estos atributos, el más discutido es la ira de Dios. Por tanto, conviene aclarar:
(1) la naturaleza de esa ira (lo que es)
(2) los objetos de esa ira (contra quienes se dirige)
(3) la revelación de esa ira (cómo se manifiesta)
¿Qué es la ira de Dios?
(1) No es como el enojo pecaminoso de los hombres
(una emoción malévola, rencorosa, vengativa, desenfrenada, irracional)
(2) No es un mero proceso impersonal de causa y efecto en un universo moral
(como la ley del karma, que determina el destino; o “Lo que se siembra, se cosecha”)
(3) Es la reacción inevitable e incansable de un Dios santo y amoroso contra lo que no debe ser;
es su negativa a resignarse ante maldad o de hacer las paces con el pecado; es su juicio y
castigo del pecado. El AT describe brotes de la ira de Dios en el pasado (Éx 32:10-12; Nú 11:1;
Jer 21:3-7) y también predice un futuro derramamiento de ira al final de la historia (Is 63:1-6;
Miq 5:10-15; cf. Ro 2:5; 2 Tes 1:6-10), pero en Romanos 1 Pablo habla de la actual ira de Dios
que se manifiesta en reacción a la impiedad y la injusticia de la humanidad.
¿Contra qué o quién dirige Dios su ira? (1:18)
(1) contra impiedad (asebeia, ): no tomar en cuenta a Dios (cf. 3:18)
(2) contra injusticia (adikia, ): hacer daño al prójimo (cf. 13:9-10)
(3) contra los que con su injusticia restringen la verdad y el conocimiento de Dios
Pablo dice que aun los paganos conocen de Dios, porque a través de la creación Él ha revelado a
todos su eterno poder y su naturaleza divina (1:19-20; cf. Hch 14:17; 17:24-29). Esta revelación que
tienen los paganos es:
(1) general (a todos en todo tiempo/lugar), no particular (a algunos en cierto tiempo/lugar)
(2) natural (por medio de la naturaleza), no sobrenatural (a través de la Escritura/encarnación)
(3) continuo (cf. Sal 19:1-2), no completo/definitivo (cf. Heb 1:1-3; Jd 3)
(4) acerca de la gloria de Dios en la creación, no acerca de la gracia de Dios en la salvación
Ojo: La revelación general de Dios basta para que el pecador no tenga excusa,sino que sea culpable (1:20).
Pablo dice que esa revelación es suficiente para condenar alpecador. Pero Pablo no afirma explícitamente que
esa revelación es suficiente para que alguien se salve. ¿Puede una persona conocer a Dios y confiar en Él para
salvación sin saber nada del evangelio de Cristo? Dicho de otra forma, ¿son la creación y Cristo dos caminos
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distintos a una relación personal con Dios? Algunos teólogos cristianos creen que sí, y señalan el ejemplo de
creyentes como Abel, Enoc y Noé que no sabían nada del evangelio de Cristo pero que agradaron a Dios por
la fe (Heb 11:4-7). Estos teólogos arguyen que los que agradan a Dios (al buscarlo por la fe) creen dos cosas:
(1) que Dios existe y (2) que Dios recompensa a los que le buscan (Heb 11:6). Entonces, estos teólogos creen
que algunas personas que nunca oyen el evangelio de Cristo sin embargo serán salvos por la fe que obtienen
a través de la creación y la conciencia. Serán salvos, como todos los creyentes, por la gracia que Dios mostró
cuando reconcilió al mundo consigo mismo por medio de Cristo (2 Co 5:19), pero recibirán esa gracia por
medio de una fe que es engendrada por el mensaje de la creación, no el mensaje de la redención. Otros
teólogos cristianos creenque uno puede sersalvo solo por una fe que viene por escucharelevangelio de Cristo.
Es decir, si alguien nace y muere, sin jamás escuchar de Jesús, y por lo tanto nunca lo confiesa como Señor,
entoncesesa persona no puede ser salvo. En asuntos como este,cada cristiano debe tenersu propia convicción,
sin tratar de imponerla a otros creyentes y sin juzgar o despreciar a los que tengan otra posición (cf. Romanos
14). Sin embargo, todos debemos coincidir en los siguientes puntos: (1) La salvación viene solo por Jesús (Jn
4:42; 14:6; Hch 4:12; 1 Ti 2:5). (2) Se recibe esa salvación por medio de la fe (Jn 1:12; 3:16; Ro 3:22; Ef
2:8). (Lo que se discuta es qué revelación el Espíritu podría usar — la creación o la cruz — para producir una
fe genuina en una persona.) (3) Es más probable que alguien llegue a confiar en Dios escuchando el evangelio
de Cristo, y no solo observando la creación. La creación muestra la grandeza de Dios (cf. Sal 8), pero ella
también “fue sometida a la frustración” y ahora “gime, como si tuviera doloresde parto”, esperando ser
liberada de su corrupción actual (cf. Ro 8:19-22). En fin, la creación revela la gloria de Dios, pero Cristo
revela la gracia de Dios. Algunos preguntan: ¿Qué será de los que nunca oyeron el mensaje del evangelio?
Es una pregunta legítima, pero quizá una pregunta más pertinente es: ¿Qué será de los cristianos que no
anuncian el evangelio a los que nunca lo han oído? Pablo estaba en deuda con todo el mundo hasta entregar
el encargo del evangelio (Ro 1:14). Así que el apóstol dijo: “Cuando predico el evangelio, no tengo de qué
enorgullecerme, ya que estoy bajo la obligación de hacerlo. ¡Ay de mí si no predico el evangelio!” (1 Co
9:16).
¿Cuándo, y cómo, revela Dios su ira?
(1) En el futuro, en el día de juicio, por medio del castigo final (2:5,8; 3:5; 5:9; 9:22)
(2) En el presente, por medio de gobernantes que castigan a malhechores (13:4)
(3) En el presente, por medio del pecado al cual Dios abandona al pecador (1:24,26,28)
En Romanos 1, Pablo señala un proceso de deterioro que termina en juicio divino:
(1) Los hombres tienen conocimiento de Dios (vv. 21,25,28) y de su justo decreto (v. 32).
(2) Pero cambian a Dios y su verdad por ídolos y mentiras (vv. 21,25,28).
Ojo: Al igual que el pueblo de Israel que hizo y adoró un becerro de oro (Éx 32; cf. Jer 2:11), los
paganos cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes que se parecen a un ser humano mortal
y a “pájaros y animales y reptiles” (Ro 1:23) — una alusión a las mismas criaturas en relato de la
creación (Gn 1:28). Los paganos cambian el Creador por imágenes de criaturas. En la Biblia, los ídolos
suelen tomar la forma de animales, pero un ídolo es cualquier cosa que un humano pone en lugar de
Dios, y los ídolos toman una gran variedad de formas.
(3) Por tanto, Dios los abandona a sus impuros deseos, a sus pasiones vergonzosas, y a sus
pensamientos perversos (vv. 24, 26, 28).
Ojo: Pablo, al igual que el AT y la tradición judía, señala las relaciones homosexuales como un ejemplo
claro del pecado humano (Ro 1:26-27; cf. 1 Co 6:9-10; Gn 19:1-28; Lev 18:22; 20:13; Dt 23:17-18; en
los apócrifos, cf. La sabiduría de Salomón 14:24-31. Pablo dice que las relaciones homosexuales están
“en contra de la naturaleza”, donde “naturaleza” se refiere al mundo creado como Dios quiere que sea.
Al hacer que los seres humanos sean hombres y mujeres (Gn 1:27; 5:1-2), y al establecer elmatrimonio
como una unión entre un hombre y una mujer (Gn 2:24), Dios indica su intención para las relaciones
sexuales humanas.
(4) El resultado de este proceso de juicio divino es que los humanos cometen y aprueban pecados
antisociales que destruyen las relaciones y causan la muerte (vv. 29-32).
Ojo: Hay personas que quizá no se sienten tentados a cometer ciertos pecados, pero que aprueban a
otros cuando ellos sí los cometen. En vez de oponerse al pecado, lo ven con beneplácito.
Al hablar de la mente depravada de los paganos, Pablo presenta una fea lista de pecados que ellos
cometen — la más larga lista del NT (Ro 1:29-31; cf. Mr 1:29-31; Ro 13:13;1 Co 5:10-11; 6:9-10; 2
Co 12:20-21; Gá 5:19-21; Ef 4:31; 5:3-5; Col 3:5,8; 1 Ti 1:9-10; 2 Ti 3:2-5; Ap 21:8; 22:15): “Se
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han llenado de toda clase de maldad, perversidad, avaricia y depravación. Están repletos de envidia,
homicidios, disensiones, engaño y malicia. Son chismosos, calumniadores, enemigos de Dios,
insolentes, soberbios y arrogantes; se ingenian maldades; se rebelan contra sus padres; son
insensatos, desleales, insensibles, despiadados” (1:29-31). ¿Qué te llama la atención en cuanto a
esta lista de pecados? ¿Cuáles de ellos has visto en hermanos de la iglesia? ¿Son también tuyos
algunos de estos pecados?
2.2 Los moralistas critican a otros por pecados que ellos mismos cometen (2:1-16)
Después de acusar a los paganos descarados de rechazar la revelación de Dios en la naturaleza, Pablo
muestra que los moralistas (ya sean gentiles respetables o judíos) también son culpables ante Dios.
Los moralistas juzgan a los paganos descarados por las cosas feas que hacen, ¡pero después hacen lo
mismo que ellos! (2:3) Los paganos descarados no tienen excusa por los pecados que cometen (1:20),
pero tampoco tienen excusa los moralistas (2:1). De hecho, en un sentido los moralistas son peores
que los paganos descarados, pues al rechazar la ley de Dios, los moralistas rechazan una revelación
que es aún más clara que la revelación en la creación. Los paganos descarados aprueban el pecado
(1:32) mientras que los moralistas aprueban la ley de Dios (ya sea las Escrituras o en la conciencia),
¡pero los moralistas no obedecen la ley que aprueban! Los moralistas son como el hipócrita que
quiere sacar una basurita del ojo de otra persona, pero que tiene una viga en su propio ojo (Mt 7:1-
5).
Pablo dice: “No tienes excusa tú, quienquiera que seas . . .” (2:1). (Pablo está usando una técnica
literaria del mundo antiguo llamada diatriba, en la cual hay un diálogo ficticio entre el autor y alguien
con otro punto de vista, con el fin de instruir y persuadir a la audiencia.) Quizá Pablo se refiere a
cualquier santurrón (por ejemplo, un gentil que adoraba d Dios), o quizá se refiere a un judío que
asumía que el ser parte del pueblo de Dios le daba seguridad en el día del juicio, como muchos judíos
respetables en los días de Juan el Bautista (cf. Mt 3:1-3,7-10; 21:28-32).
Pablo dice: “Sabemos que el juicio de Dios es . . .” (2:2). (Esta es otra técnica que Pablo suele usar
— comenzar afirmando algo con el cual los destinatarios están de acuerdo; cf. 3:19; 6:6,9; 7:14;
8:22,28; 1 Co 8:1,4; 2 Co 5:1; 1 Ti 1:8). Lo que todos sabemos, dice Pablo, es que Dios juzga según
la verdad (Ro 2:2; cf. Gn 18:25; Ap 16:7), pues el juicio divino es según las obras, sin favoritismos
(2:6-11), y es según la luz que alguien tenga (2:12-15). Estos principios forman la base de lo que
Pablo dice más adelante al hablar de la culpabilidad de los judíos (2:17-29).
Los moralistas despreciaban la bondad, la tolerancia y la paciencia de Dios (2:4). Tomaban la
misericordia de Dios como una prueba de que no serían juzgados. Pero el propósito que Dios tiene
al tratar a pecadores de esa forma es de llevarlos al arrepentimiento [= el cambio de actitud y
conducta de alguien que renuncia su pecado y vuelva a Dios]. Dios es bueno (pronto para perdonar)
y Dios es paciente (no juzga tan pronto como los pecadores merecen), porque “no quiere que nadie
muera, sino que todos se vuelvan a Dios” (2 Pe 3:9; cf. 1 Ti 2:4). Pero es necesario arrepentirse para
recibir la salvación que Dios regala por su gracia. Por lo tanto, los moralistas tercos que rehusaban
confesar y dejar su pecado solo estaban acumulando más castigo sobre sí mismos en el día de la ira,
cuando Dios revelará su justo juicio (2:5).
En el juicio final, Dios pagará a cada persona según sus obras (2:6). Los que permanecen en hacer
lo bueno porque buscan gloria [= ser más y más como Jesús (cf. 2 Co 3:18)], honor [= la aprobación
de Dios (cf. Mt 25:21.23; Jn 5:44) e inmortalidad [= el regalo de vida eterna], recibirán vida eterna
(2:7). “Pero los que por egoísmo rechazan la verdad para aferrarse a la maldad recibirán el gran
castigo de Dios” (2:8). En fin, “habrá sufrimiento y angustia para todos los que hacen el mal, los
judíos primeramente, y también los gentiles; pero gloria, honor y paz para todos los que hacen el
bien, los judíos primeramente, y también los gentiles. Porque con Dios no hay favoritismos” (2:9-
11).
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Antes de seguir, será conveniente hacer tres explicaciones (aclaraciones) teológicas, y también
indicar la estructura quiástica de Romanos 2:10.
(1) Cuando Pablo dice que los que permanecen en hacer el bien recibirán gloria, honor, paz y vida
eterna, es claro que no está diciendo que uno puede obtener estas cosas por acumular mérito propio,
pues lo dice en un contexto que enfatiza el pecado y la culpa de todos los humanos. La paga que les
corresponde a los humanos por sus pecados es la muerte (Ro 6:23a). La vida eterna no es una paga
por cumplir el deber, es la dadiva (el regalo) de Dios (Ro 6:23b). Lo que Pablo enseña en Romanos
es que recibimos la salvación por la gracia de Dios, por medio de la fe en Cristo, con el fin de obedecer
a Dios haciendo buenas obras (Ro 3:21-26; 8:2-4; cf. Ef 2:8-10; Tito 3:4-7). Los que permanecen en
hacer en bien recibirán gloria, honor, paz y vida eterna, no porque lo merecen, sino porque es a esta
clase de personas que Dios da su gracia. “Dios se opone a los orgullosos, pero trata con bondad a
los humildes” (Stg 4:6; 1 Pe 5:5).
(2) Al hablar del castigo divino a los que hacen el mal y de la salvación para los que hacen el bien,
Pablo dice dos veces que será para “los judíos primeramente, y también los gentiles” (2:9,10).
(Pablo expresa una idea similar en Romanos 1:16; 3:9,29; 9:24; 10:12). Es evidente que al decir “los
judíos primeramente”, Pablo no está enseñando que Dios les da a los judíos un trato preferencial,
pues el apóstol inmediatamente añade “porque con Dios no hay favoritismos” (2:11). Pablo solo se
refiere al orden de eventos en la historia de la salvación: primero escogió a los judíos, con el fin de
usarlos para salvar al mundo gentil; y luego, cuando los judíos no cumplieron su rol, sino que fueron
incrédulos y desobedientes, Dios escogió a los gentiles, para salvar a los judíos a través de los gentiles
(Ro 9-11). Dios no hace acepción de personas. “El mismo Señor es Señor de todos, y bendice
abundantemente a cuantos lo invocan. Porque todo el que invoque el nombre del Señor será salvo”
(10:12-13). Sin embargo, en el plan de Dios, los judíos fueron los primeros en recibir el privilegio de
ser el instrumento de Dios para salvar al mundo entero. Con mayor privilegio, viene mayor
responsabilidad. Si Dios te ha dado el privilegio de conocer y creer el evangelio de Cristo antes
que algunos de tus familiares y vecinos, ¿con qué propósito te dio Dios esa gran bendición?
(3) Pablo dice que Dios dará vida eterna a los que, buscando gloria, honor e inmortalidad,
perseveran en hacer lo bueno (2:7). Al decir que los que se salvan están buscando inmortalidad,
Pablo indica en forma indirecta lo que él dice directamente en otros pasajes: los humanos son
mortales y solo Dios es inmortal. “¡Honor y gloria para siempre al Rey eterno, al inmortal, invisible
y único Dios!” (1 Ti 1:15). “[Dios] es el único y bienaventurado Soberano, Rey de reyes y Señor de
señores. Es el único inmortal” (1 Ti 6:15-16). Dios es el eterno Creador de toda la creación, y los
humanos son criaturas que pronto mueren (Sal 90:1-6). Solo Dios no depende de otro ser, sino que
es el Autor de la vida. Solo Dios tiene vida en sí y puede dar o quitar vida a quien quiera (Jn 5:21,26).
Los griegos creían que el ser humano es un alma/espíritu inmortal que habita por un tiempo en un
cuerpo, el cual luego muere y desaparece para siempre. La Biblia, en cambio, enseña que el ser
humano está compuesto de dos aspectos esenciales (el alma/espíritu y el cuerpo), de modo que un
humano no es completo sin los dos componentes de su ser. Por lo tanto, la Biblia enseña que todos
los humanos, buenos y malos, serán resucitados para ser juzgados por Cristo — unos serán castigados
con destrucción eterna mientras que otros recibirán vida eterna (Jn 5:27-29; cf. Mt 25:31-46; 1 Co
4:5; 2 Co 5:10). Pablo explica en 1 Corintios 15:42-56 cómo serán los cuerpos de los creyentes en
la resurrección: cuerpos que antes eran mortales, débiles, corruptibles y despreciables (aptos para un
mundo caído) serán convertidos en cuerpos inmortales, fuertes, incorruptibles y gloriosos (aptos para
un mundo perfecto). La esperanza de los cristianos es que los que mueren en Cristo serán resucitados
con cuerpos inmortales para estar con el Señor para siempre (1 Tes 4:13-18). Los cuerpos de los
creyentes resucitados serán inmortales, no porque los creyentes tendrán vida por su propia cuenta
(como Dios), sino porque Cristo promete tenerlos con él para siempre en un mundo donde está el
árbol de la vida [= inmortalidad] y ya no hay enfermedad ni dolor ni muerte (cf. Ap 22:1-5). Pero la
Biblia jamás dice que los cuerpos resucitados de los inconversos serán transformados en cuerpos
inmortales como los cuerpos de los que mueren en Cristo. Al contrario, serán resucitados para recibir
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el castigo que sus pecados merecen. “Los que no reconocen a Dios ni obedecen el evangelio de
nuestro Señor Jesús”, dice Pablo, “sufrirán el castigode la destrucción eterna, lejos de la presencia
del Señor y de la majestad de su poder” (2 Tes 1:8-9).
La palabra quiasma proviene de la letra griega chi [], que es como nuestra X. Un quiasma es un
artificio literario en el cual las líneas paralelas corresponden en un patrón de X como abc / c-b’-a’.
Se usaban quiasmas no solo como adornos literarios y sino también (en un mundo sin libros) para
ayudar a la gente a recordar lo que estaba escrito. Romanos 2:6-10 tiene el siguiente quiasma (si se
conecta a y a’, y se conecta b’ y b, se forma un X.)
a Dios juzga a todos por igual (v. 6) b La vida es la recompensa por hacer el bien (v. 7)
c La ira es el castigo del mal (v. 8) c’ Ira por hacer el mal (v. 9)
b’ Vida por hacer el bien (v. 10) a’ Dios no muestra favoritismo (v. 11)
En Romanos 2:12-16, Pablo sigue insistiendo: (1) que Dios juzgará a todos (a los gentiles que no
tienen la ley escrita y a los judíos que sí la tienen); (2) que el juicio será según la luz que cada cual
tenga (en unos casos, la luz de la conciencia; en otros casos, la luz de la ley escrita); (3) que en todos
los casos, las personas son culpables, porque nadie vive a la altura de la luz que tiene (ya sea las
exigencias de la conciencia o las demandas de la ley escrita). Este párrafo es importante porque
enseña que los humanos: (1) conocen las exigencias morales de Dios, y (2) saben que no siempre
cumplen esas demandas, pues a veces su conciencia les acusa. Nadie puede excusar su desobediencia
a Dios diciendo “¡Pero yo no sabía!” Todos saben que son culpables y que por su rebelión merecen
la muerte (cf. Ro 1:32). Por lo tanto, en el día final, cuando Dios juzgará los secretos de toda persona,
no habrá reclamos (2:16; cf. 3:19). Dios no juzga según las apariencias como hacen los humanos,
sino que escudriña lo que está en el corazón de cada persona (1 Sa 16:7; Sal 139:1-2; Jer 17:10).
Aplicación: En el mundo actual, llena de gente incrédula e insensible, a veces es necesario defender
la fe cristiana y señalar la condición humana. A veces es conveniente presentar la evidencia y los
argumentos que respaldan la fe cristiana, o ayudar a gente endurecida a reconocer diversas
manifestaciones del pecado y sus consecuencias nefastas. Pero los humanos estamos hechos a la
imagen de Dios, así que en el fondo todos sabemos que Dios existe (1:19-20), todos sabemos que
debemos obedecer los mandatos de Dios (1:32), y todos sabemos que no siempre hacemos lo que
agrada a Dios (2:15). Puesto que todos ya sabemos estás cosas (aunque algunos lo niegan), el énfasis
principal de nuestra predicación no debe ser una defensa de la fe (apología), ni un análisis de la
condición humana (antropología, sociología, psicología, teología), sino la proclamación del
evangelio de Cristo. Pablo dijo a los creyentes en Corinto: “Estando entre ustedes, me propuse no
saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de este crucificado. . . . Ahora, hermanos, quiero
recordarles el evangelio que les prediqué, el mismo que recibieron y en el cual se mantienen firmes.
Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué. De otro modo,
habrán creído en vano” (1 Co 2:2; 15:1-2). Asimismo, el tema central de nuestro mensaje, y lo que
orienta toda nuestra vida, debe ser la muerte y la resurrección de Jesús (cf. Gá 6:14; Flp 3:7-14).
2.3 Los judíos se glorían de tener la ley, pero no la obedecen (2:17-3:8)
“Ahora bien, tú que llevas el nombre de judío . . .” (2:17). Por primera vez Pablo se dirige a su
interlocutor imaginario (cf. 2:1) como un judío. Pablo afirma que la confianza de los judíos en la ley
(2:17-24) y en la circuncisión (2:25-29) es inútil porque no ellos no cumplen con la ley. Los judíos
se creían superiores a los gentiles por varios motivos. Primero, tenían la ley, que es la esencia misma
del conocimiento y la verdad. Por ser instruidos por la ley, los judíos sabían cuál era la voluntad de
Dios y podían guiar a los ciegos, ser una luz para los que estaban en tinieblas, instruir a los necios y
enseñar a niños (2:17-20). Pero, pregunta Pablo, “túque enseñas a otros, ¿no te enseñas a ti mismo?
Tú que predicas contra el robo, ¿robas? Tú que dices que no se debe cometer adulterio, ¿adulteras?
Tú que aborreces a los ídolos, ¿robas de sus templos? Tú que te jactas de la ley, ¿deshonras a Dios
quebrantando la ley?” (2:21-23). De nada sirve tener la ley sin obedecer la ley. De hecho, tener la
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ley de Dios sin obedecerla hace daño a la reputación de Dios: “Por causa de ustedes se blasfema el
nombre de Dios entre los gentiles” (2:24). Aquí Pablo cita Isaías 52:5, que se refiere a cómo los
gentiles que llevaron al exilio a los judíos también se burlaron del Dios de Israel. En un giro irónico,
Pablo dice que los verdaderos culpables de esa blasfemia de parte de paganos fueron los judíos que
no cumplieron con sus obligaciones del pacto.
Segundo, tenían la circuncisión. La circuncisión era la señal del pacto que Dios hizo primero con
Abraham y sus descendientes (Gn 17:1-14; cf. Jn 7:22). Otras naciones también practicaron la
circuncisión (cf. Jer 9:25-26; Eze 32: 18-19), pero no por las razones del pueblo de Dios. En Israel el
rito expresaba compromiso a Dios. Simbolizaba un voto de maldición sobre sí mismo en caso de no
cumplir el compromiso a Dios: “Si no soy leal y obediente al SEÑOR, que la espada del SEÑOR me
corte a mí y a mi descendencia como me he cortado el prepucio”. La persona circuncidada se ponía
bajo el gobierno del SEÑOR. El rito externo simbolizaba una “circuncisión del corazón” [= una
consagración sin reserva al servicio de Dios (Dt 10:16; 30:6; Jer 4:4; 9:25-26; Eze 44:7,9)]. La
circuncisión era la señal del pacto con Dios, y el pacto ofrecía bendición a los fieles, así que con el
tiempo los judíos vieron la circuncisión no de una señal a su compromiso a Dios sino como una
garantía del favor de Dios hacia ellos, el pueblo escogido de Dios. Pablo, que fue circuncidado el
octavo día después de nacer (Flp 3:5), no se oponía a la circuncisión de los judíos (Hch 16:1-3; 21:21-
24), pero decía que la circuncisión en sí no tiene ningún valor (Gá 5:6; 6:15). Lo que sí tiene valor
ante Dios es una fe activa por amor (Gá 5:6), es decir, la obediencia (1 Co 7:19). Por lo tanto, dice
Pablo, una persona circuncidada que quebranta la ley es como un incircunciso (Ro 2:25), más un
incircunciso que obedece la ley, será considerado como alguien circuncidado (Ro 2:26-27). Pablo
termina diciendo que lo que hace a alguien un judío de verdad no es algo externo como la circuncisión
física, sino la circuncisión interna (en el corazón). Esta circuncisión es la operación del Espíritu, no
algo de un código escrito. Los circuncisos de corazón — los creyentes en quienes está obrando el
poder del Espíritu — reciben su alabanza no de otras personas, sino de Dios (2:28-29).
Después de insistir que dos motivos de orgullo de los judíos — la ley y la circuncisión — no habían
impedido que ellos fueran tan pecadores como los paganos descarados y los moralistas hipócritas,
Pablo responde a una pregunta que los creyentes en Roma podrían tener: “Entonces, ¿qué se gana
con ser judío, o qué valor tiene la circuncisión?” (3:1). La respuesta de Pablo a esta pregunta es
sorprendente. Como hemos visto, Pablo había dicho que todos (judíos y gentiles) pueden ser salvos
por la fe (1:16-17) y que todos (judíos y gentiles) serán juzgados (2:9-11). Además, había dicho que
no es la circuncisión física, sino la del corazón (la obediencia) que tiene valor ante Dios (2:25-27).
Entonces, si se pregunta: “¿Qué se gana con ser judío, o qué valor tiene la circuncisión?”), la
respuesta que uno espera de Pablo es: “No hay ninguna ventaja en ser un judío, ni ningún valor en
circuncidarse”. De hecho, esto es más o menos lo que Pablo dice unos pocos versículos más adelante:
“¿Acaso los judíos somos mejores que [los gentiles]? ¡De ninguna manera!” (3:9). Pero cuando
Pablo responde a la pregunta en Ro 3:1 (¿Qué se gana con ser judío, o qué valor tiene la
circuncisión?), él no dice “da lo mismo ser judío o gentil”; al contrario, lo que dice es un judío gana
“mucho, desde cualquier punto de vista” (3:2). (Esta respuesta inesperada anticipa el discurso en
Romanos 9-11 sobre los judíos y los gentiles en la historia de la salvación.)
Luego Pablo comienza a enumerar las ventajas de ser judío: “En primer lugar, a los judíos se les
confiaron las palabras mismas de Dios” (3:2). (La frase “en primer lugar” sugiere que Pablo iba a
mencionar varias ventajas, pero salió del tema y no se acordó de mencionar las otras ventajas.) Los
judíos tuvieron la ventaja de recibir la Palabra de Dios. Pero alguien podría preguntar, ¿de qué les
sirvió a los judíos recibir la Palabra si ellos fueron infieles? Y si los judíos fueron infieles, ¿acaso no
dejará Dios de cumplir lo que ha prometido? (3:3). Pablo rechaza enfáticamente la idea de que Dios
podría ser infiel: “¡De ninguna manera!” (NVI, PDT, RV60, TLA); “¡Claro que no!” (DHH); “¡Por
supuesto que no!” (NTV). Aunque todos los hombres sean mentirosos, Dios es siempre veraz (3:4)
— una afirmación que Pablo sustenta con una cita de las Escrituras: “Se demostrará que tus palabras
son ciertas, y vencerás cuando te juzguen” (Sal 51:4, PDT). Ojo: El salmo que Pablo cita aquí es la
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confesión de David después de cometer adulterio con Betsabé y de mandar a matar a Urías (2 Sa 11). Al
confesar estos terribles pecados, David reconoce que él es culpable y que el juicio y castigo de Dios por estos
pecados eran justos y rectos (Sal 51:3-4). Esto significa que Dios es siempre fiel en cumplir sus palabras, ya
sean promesas de gracia y perdón o advertencias de juicio y castigo. Dios es recto cuando perdona elpecado,
y Dios es justo cuando castiga el pecado. Es siempre justo y recto. Para pensar: Pablo dice que “si somos
infieles, Dios sigue siendo fiel, ya que no puede negarse a sí mismo” (2 Ti 2:13). ¿Qué significa la
fidelidad de Dios para tu vida? Es decir, ¿cómo te afecta el saber que Dios será fiel en perdonar
los pecados que confiesas y renuncias (cf. 1 Jn 1:8–2:2), y tambiénserá fiel en castigar los pecados
que insistes en practicar? (cf. 1 Jn 3:4-10)
En vez de seguir enumerando más ventajas de ser judío, Pablo anticipa y responde a otra pregunta
que alguien podría tener. “Si nuestra maldad/injusticia hace resaltar la bondad/justicia de Dios, ¿no
es Dios injusto al descargar su ira sobre nosotros?” (3:5). Pablo responde enérgicamente a esta
objeción humana: “¡De ninguna manera!” Y añade una pregunta retórica: “Si fuera así, ¿cómo
podría Dios juzgar al mundo?” (3:6) Para Pablo, instruido en las Escrituras y la fe judía desde su
niñez, era inconcebible que Dios no fuera el Juez justo de toda la tierra (cf. Gn 18:25). Si existen
el bien y el mal, y la obligación moral es de hacer el bien, Dios tiene que hacer cumplir esa ley,
recompensando a los que hacen el bien y castigando a los que hacen el mal. Si Dios no hace justicia,
los malos harán lo que quieran y saldrán con la suya. Quedarán impunes y la maldad/injusticia tendrá
la última palabra. Para que haya justicia, es necesario que Dios juzgue a todos en forma justa e
imparcial, y que dé a cada uno lo que le corresponde. Por lo tanto, dice Pablo, no es posible atarle las
manos al Juez y prohibir sus juicios, con el argumento absurdo de que “si el pecado humano pone en
relieve la justicia divina, Dios no debe castigar a pecadores”.
Pablo menciona otra pregunta (objeción) similar: “Alguien podría objetar: ‘Si mi mentira destaca la
verdad de Dios y así aumenta su gloria, ¿por qué todavía se me juzga como pecador?’ ¿Por qué no
decir: ‘Hagamos lo malo para que venga lo bueno?’” (3:7-8a). En otras palabras, “El fin [justo]
justifica los medios [injustos]”. Es tan obvio que esta posición ética es falsa y perversa que Pablo
ni siquiera la refuta, sino que dice: “Así nos calumnian algunos, asegurando que eso es lo que
enseñamos. ¡Pero bien merecida se tienen la condenación!” (3:8b). Ojo: En Romanos 6 Pablo da
una respuesta más detenida a la acusación falsa de que su mensaje (salvación por gracia por medio
de la fe) promueve el libertinaje (“siga pecando para que abunde la gracia”).
2.4 Todos, tanto judíos como gentiles, son culpables, pues nadie busca ni teme a Dios (3:9-20)
El último párrafo (3:9-20) de la sección sobre la ira de Dios contra la humanidad (1:18-3:20) tiene
tres propósitos: (1) rendir el veredicto de que “tanto los judíos como los gentiles están bajo el
pecado” (3:9); (2) sustentar el veredicto con una cadena de citas del AT (3:10-18); (3) mostrar que
“nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley” (3:19-20).
La aparente contradicción de lo que Pablo dice en Romanos 3:1-2 (hay mucha ventaja en ser judío)
y Romanos 3:9 (uno no es mejor por ser judío) se resuelve al distinguir dos sentidos de “ventaja” o
“mejor”. En un sentido los judíos tuvieron una ventaja en la historia de la salvación porque ellos
recibieron primero las palabras de Dios (fueron partícipes del pacto que incluye la ley). Pero en otro
sentido los judíos no tuvieron ninguna ventaja, pues al desaprovechar el privilegio que Dios les dio,
perdieron su ventaja. Al ser incrédulos y rebeldes, los judíos no fueron mejores que los gentiles.
Todos por igual, tanto judíos como gentiles, “están bajo el pecado” (3:9). El problema humano,
dice Pablo, no es solo que a veces cometemos pecados y necesitamos perdón, sino que estamos bajo
el dominio del pecado — somos esclavos del pecado y necesitamos un libertador (cf. Ro 6:16-22;
Jn 8:31-34). En el siguiente párrafo (3:21-26), Pablo presenta a Cristo como el libertador (redentor)
que necesitamos (3:24).
Romanos 3:10-18 presenta una serie impresionante de citas del AT que indican que los humanos
están totalmente bajo el poder del pecado. “Así está escrito: «No hay un solo justo, ni siquiera uno;
no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han
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corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!» (Sal 14:1-3; 53:1-3; Ecl 7:20) «Su
garganta es un sepulcro abierto; con su lengua profieren engaños» (Sal 5:9). «¡Veneno de víbora
hay en sus labios!» (Sal 140:3) «Llena está su boca de maldiciones y de amargura» (Sal 10:7,
LXX). «Veloces son sus pies para ir a derramar sangre (Pr 1:16); dejan ruina y miseria en sus
caminos (cf. Pr 4:27; 6:18), y no conocen la senda de la paz» (Is 59:7-8). «No hay temor de Dios
delante de sus ojos» (Sal 36:1)”.
Ojo: Por varias razones, los escritores del NT no siempre citan el AT en forma exacta (palabra por palabra):
(1) A veces el escritor solo trataba de expresar el sentido general del versículo (las citaciones no se ponían
entre comillas [“. . .”]); (2) las citaciones sueles ser de la versión griega del AT [la Septuaginta, LXX], no del
texto original en hebreo; (3) a veces el autor del NT, para resaltar una parte del pasaje citado, lo adaptaba un
poco, o lo combinaba con otro pasaje del AT.
Este resumen de la condición humana es devastador. Comienza hablando de la falta de integridad,
la falta de entendimiento [espiritual], y la falta de búsqueda de Dios entre los humanos; al contrario,
todos se han desviado y degenerado, de modo que nadie hace lo bueno (3:10b-12). El resumen
termina diciendo que no hay reverencia a Dios (3:18). Los versículos intermedios hablan de los
pecados de la lengua (3:13-14) y de actos de violencia, destrucción y conflicto (3:15-17). Además,
si uno revisa el contexto original de los textos bíblicos que Pablo cita, muchas veces los pasajes se
refieren a pecados de los israelitas. Quizá Pablo está diciendo otra vez (en forma indirecta) que los
judíos son tan pecadores como los gentiles. En todo caso, lo que dice la ley [en este contexto “ley”
= el AT], lo dice a los que están bajo la ley [= judíos]. Entonces, el mensaje es claro: todos los
humanos, tanto judíos como gentiles, están bajo el dominio del pecado y son culpables ante Dios. La
ley condena a todos por igual, “para que todo el mundo se calle la boca y quede convicto delante de
Dios” (3:19). Nadie puede excusarse ante Dios y nadie puede reprocharle a Dios. Y nadie puede
justificarse ante Dios por las obras de la ley (3:20a). La ley no puede salvar a nadie, pero la ley sí
debe hacernos conscientes de nuestro pecado (3:20b). Al revelar el carácter de Dios, la ley revela
cómo deben ser los humanos (cf. Lev 11:44-45; Ef 5:1). Al revelar la voluntad de Dios, la ley revela
el deber humano. Y cuando los humanos examinan sus corazones y su conducta a la luz de esta
revelación, la ley señala su pecado y anuncia su castigo. ¡Qué oscuro es este cuadro! ¡Qué triste el
diagnosis! ¡Cuán malas estas noticias! ¿Tenemos que abandonar toda esperanza?
3. La gracia de Dios en el evangelio (3:21–8:39)
Después de señalar la impiedad y la iniquidad de todos los humanos — pecados que provocan la ira
santa de Dios — Pablo habla de la gracia de Dios en el evangelio. La rebeldía humana merece
castigo, pero Dios justifica [= libra de condenación] y santifica [= transforma en hijos obedientes] a
los que creen en Jesús. El evangelio revela la justicia de Dios — la manera en que el Juez justo
justifica a injustos y los hace justos.
3.1 La justicia de Dios revelada e ilustrada (3:21–4:25)
Romanos habla repetidamente de “la justicia de Dios” (1:17; 3:5,21,22; 10:3 (2x); cf. 3:25,26). Por
un tiempo, Martín Lutero odiaba esta frase, porque pensaba que se refiere al justo castigo que Dios
le daría por sus pecados. Pero luego Lutero entendió que el evangelio [= las buenas noticias de Jesús]
revela la justicia de Dios (Ro 1:17). La muerte y resurrección de Jesús son la prueba de que “Dios
estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta sus pecados” (2 Co
5:19). Dios envió a su Hijo al mundo para salvarlo, no para condenarlo (Jn 3:17). El Espíritu Santo
usa estas buenas noticias para producir fe en los creyentes (1 Co 12:3; Tito 3:4-8; cf. Jn 16:8-10),
para que invoquen al Señor y sean salvos (Ro 10:8b-13,17). Pero muchos resisten la obra del Espíritu
(Hch 7:51; cf. Mt 12:22-32; Lc 12:4-10; Ef 4:30) y rechazan la verdad y la gracia de Dios que Jesús
vino a revelar (Jn 1:17; cf. 3:19-20). Para estos incrédulos, la revelación de la justicia de Dios será
en “el día de la ira” — el juicio final, cuando Dios juzgará a todos en forma justa, sin favoritismos,
y premiará o castigará a cada persona según sus obras (Ro 2:5-11). En ese día grande y terrible,
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ardiente como un horno, el SEÑOR va a pisotear y hacer polvo a los malvados (Mal 4:1,5). Para los
creyentes, en cambio, la justicia de Dios se revela a través del evangelio (1:17) y Jesucristo (3:26).
Para los creyentes, el día del SEÑOR cuando Dios destruye a los malvados será un día de liberación y
gran alegría: “Para ustedes que temen mi nombre, se levantará el sol de justicia trayendo en sus
rayos salud. Y ustedes saldrán saltando como becerros recién alimentados” (Mal 4:2).
3.1.1 La justicia de Dios y la justificación de creyentes (3:21-26) Este párrafo explica: (1) qué es la
justicia de Dios es, (2) cómo se manifiesta la justicia de Dios, y (3) cómo uno es justificado por
Dios. El evangelio de Dios/Cristo y la justicia de Dios están ligados, y en este párrafo el apóstol
explica cómo el primero expresa el segundo. Las buenas noticas de Jesús nos permiten tener un
concepto correcto de la justicia de Dios, y una comprensión correcta de la justicia de Dios nos permite
tener un concepto correcto de la manera en que cristianos deben tratar a los demás, incluso a sus
enemigos (cf. Ro 12:9-21). Así que, tenemos que estudiar con cuidado lo que Pablo dice en estos
versículos que son el corazón de su exposición sobre la justificación por la fe (3:21-4:25) y sobre la
gracia de Dios en el evangelio (3:21-8:39). (Puesto que Romanos es quizá la exposición del evangelio
más influyente de la historia, y que este párrafo es una parte central del argumento de la epístola,
algunos piensan que Romanos 3:21-26 es el párrafo más importante jamás escrito.)
“21
Pero ahora, sin la mediación de la ley,se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la
ley y los profetas. 22
Esta justicia de Diosllega,mediante la fe enJesucristo,a todoslosque creen.De hecho,
no hay distinción, 23
pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, 24
pero por su gracia son
justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó. 25
Dios lo ofreció como un
sacrificiode expiación[lit., propiciación] que se recibe porla fe en susangre,para asídemostrarsujusticia.
Anteriormente, en su paciencia, Dios había pasado por alto los pecados; 26
pero en el tiempo presente ha
ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios es justo y, a la vez, el que justifica a
los que tienen fe en Jesús” (NVI).
El párrafo comienza “pero ahora”. Pablo no está diciendo que antes la justificación fue por la ley
pero ahora es por la fe, pues Romanos 4 enfatiza que la justificación siempre ha sido por la fe.
Abraham fue justificado por la fe, no por la circuncisión ni por obras de la ley. Hay un solo plan de
salvación, pero dos etapas en el plan (antes y después de Cristo). Ese plan único nunca cambia: somos
salvos por la gracia de Dios, por medio de la fe (en Cristo), para ser y actuar como Dios (Cristo) y
vivir con Él para siempre. Entonces, si Pablo no está diciendo que antes la salvación era por la ley
(mérito propio), pero ahora es por la gracia por medio de la fe, ¿qué está diciendo? Simplemente que
toda la humanidad está bajo el dominio del pecado y merece condenación, pero ahora, por medio de
Cristo, se ha manifestado [más claramente que antes] la justicia de Dios — el carácter de Dios (su
paciencia y bondad) y la acción de Dios para salvar a los humanos.
La ley y los profetas dan testimonio de la justicia de Dios (3:21). Esta justicia justifica a los que
tienen fe en Jesús (3:22,26), “sin la mediación de la ley” (3:21). Además, la justicia de Dios, y por
ende la justificación, llega a todos los creyentes sin distinción: todos fueron pecadores privados de
la gloria de Dios, pero todos por su gracia fueron justificados gratuitamente mediante la redención
que Cristo Jesús efectuó (3:22-24). El Padre y el Hijo demostraron su justicia cuando el Padre ofreció
a su Hijo como un sacrificio por pecadores y cuando Jesús fue obediente hasta la muerte en la cruz
(3:25-26). Es decir, demostraron su justicia — su paciencia y bondad — al perdonarnos y al
redimirnos. Vemos la justicia de Dios cuando Dios/Cristo pasan por alto la ofensa y la herida de
nuestro pecado (cuando asimilan el agravio, en vez de cobrarlo) y cuando Dios/Cristo nos liberan de
las consecuencias del pecado (la esclavitud al pecado y la condenación a la muerte). Esto significa
que la justicia de Dios siempre comienza con compasión y misericordia, no con condenación y
castigo. En fin, el Juez justo revela su justicia cuando justifica [= declara libre de condenación] a los
que realmente creen/confían en Cristo. Una fe genuina se manifiesta por medio del arrepentimiento
continuo (Mt 4:17; Lc 9:23) y por un compromiso que obra por amor (Gá 5:6; 1 Tes 1:3). Por
supuesto, Dios también es justo cuando castiga a rebeldes que rehúsan someterse a Él (Ro 2:8-9),
pero su justicia siempre comienza con bondad y paciencia (Ro 2:4). Ahora podemos resumir las
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respuestas de Pablo a tres preguntas: (1) ¿qué es la justicia de Dios y cómo se manifiesta?, (2) ¿qué
es la justificación, y (3) ¿cómo alguien puede ser justificado por Dios?
(1) Es evidente que la justicia de Dios se refiere, primero, al carácter de Dios (su santidad, amor,
compasión, misericordia, paciencia, bondad, veracidad, fidelidad, rectitud, imparcialidad, etc.). El
carácter de Dios se revela en las acciones de Dios (cf. Mt 7:20), en la manera en que Dios se relaciona
con su creación, especialmente con las criaturas que Él hizo a su imagen. Por lo tanto, la justicia de
Dios abarca no solo el carácter de Dios sino también todas sus acciones (en el pasado, el presente y
el futuro) para rescatar, reconciliar y restaurar a un mundo perdido, rebelde y dañado. La revelación
suprema de la justicia de Dios es la tremenda obra de salvación que es el contenido del evangelio de
Cristo.
(2) La justificación es el acto de Dios de declarar a los creyentes en Cristo libres de condenación.
Es un acto que Dios realiza a favor de creyentes por gracia, gratuitamente,no por obligación, porque
el creyente lo merece. La metáfora proviene del contexto de un tribunal de justicia, donde el juez
tiene que examinar la evidencia a favor y en contra del acusado, para determinar si es culpable o
inocente del cargo. Si el juez determina que el acusado es culpable, le condena a recibir el castigo
que le corresponde, pero si el juez determina que es inocente, le justifica y le declara libre de
condenación. Ahora, cuando los autores bíblicos usan metáforas, es importante captar en qué sentido
hay una similitud y no forzar la comparación. En este caso, es evidente que Pablo no está diciendo
que Dios declara justos a los creyentes, porque al revisar sus vidas, descubre que son inocentes (Ro
1:18–3:20). Tampoco significa que Dios, al “justificar” a creyentes, los hace justos. Esta idea de
que Dios “imputa” la justicia de Cristo a los creyentes (transfiere la virtud o los méritos de Cristo a
la cuenta de los creyentes) es muy común, pero no es una enseñanza de Pablo. La virtud no es como
el dinero que se puede sacar de una cuenta para acreditarlo a otra cuenta. La virtud, al igual que el
vicio, tiene que ver con carácter y conducta. Dios juzga a cada persona por sus propias acciones,
no por las acciones (sean buenas o malas) de otras personas (Eze 18:1-32; Gá 6:5). Tal como sería
injusto imputar el pecado de una persona a otras personas, de modo que ellos son culpables y dignos
de condenación por el pecado del primero, asimismo no se puede acreditar la virtud de una persona
a otra persona. Entonces, si “justificar” no significa que Dios declara justos o hace justos a los
creyentes, ¿qué significa? Simplemente que Dios declara que creyentes están libres de condenación
(este es el punto exacto de comparación en la metáfora). Creyentes saben de antemano cuál será el
veredicto del Juez en el juicio final. Son libres de condenación, no porque han sido inocentes, ni
porque Dios les ha imputado alguna virtud ajena (una idea incoherente), sino porque Dios les ha
perdonado sus pecados. El apóstol dice que “en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo
mismo, no tomándole en cuenta sus pecados” (2 Co 5:19; cf. Ro 3:25; 4:7; Ef 1:7; 4:32; Col 1:14;
2:13; 3:13). Ojo: En el sentido estricto de las palabras, el acto de perdonar y el acto de justificar
son acciones opuestas. El perdón siempre se otorga a una persona culpable, no a alguien inocente.
En cambio, un juez justodebe justificar al inocente, y debe condenar al culpable. Sin embargo, Pablo
usa ambos términos — perdonar y justificar — para describir la acción de Dios a favor de pecadores,
porque en un punto son semejantes: en ambos casos la persona queda libre. Cuando alguien perdona
a un ofensor, el perdón libra al culpable de una represalia. Cuando un juez justifica a un acusado, esa
persona queda libre de condenación. En fin, cada vez que Pablo dice que creyentes son “justificados”,
debemos entender que Dios, por pura gracia, ha declarado que el creyente queda libre de
condenación.
(3) Uno se hace partícipe de la justicia de Dios y es justificado [= declarado libre de condenación],
no por obras de la ley (mérito propio), sino por la gracia de Dios, mediante la fe en Cristo.
Antes de avanzar al próximo párrafo, conviene explicar dos términos que Pablo usa para describir la
obra de Cristo: redención (3:24) y expiación o propiciación (3:25). La palabra griega
[apolytrosiss] que se traduce redención se usaba para hablar del dinero que un
esclavo pagaba para obtener su libertad. La idea es “el precio pagado para conseguir liberación”. Los
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judíos que tradujeron las Escrituras hebreas (el AT) a griego usaron palabras de la misma raíz para
hablar de la obra de Dios al liberar a los israelitas de esclavitud en Egipto (cf. Ex 15:13; Dt 9:26).
En Cristo, Dios pagó un precio para liberar a humanos que estaban bajo el dominio del pecado (cf.
Ro 3:9). ¿Cuál es el punto de comparación en esta metáfora? No la idea de una transacción (por
ejemplo, que Dios pagó algo a Satanás), sino (1) que Dios, por medio de Cristo, libera a pecadores
de su esclavitud al pecado, y (2) que el proceso de esa liberación no fue fácil sino costoso, porque le
costó la vida de su Hijo, quien fue obediente hasta la muerte en la cruz (cf. 1 Pe 1:18-19). Otra idea
que está implícita es que creyentes, al ser redimidos [= liberados del dominio del pecado en una
forma muy costosa para Dios/Cristo], ahora pertenecen a Dios y deben glorificar y servir a su nuevo
Amo (Ro 6:15-23; 1 Co 6:19-20).
Luego Pablo dice que Dios presentó a Cristo como un hilasterion,  (3:25) Algunas
versiones en español traducen esta palabra como “propiciación” (LBLA, RV1960), otras versiones
la traducen como “sacrificio de expiación” (NVI, RVC), y otras versiones simplemente traducen
“sacrificio” (NTV, PDT), sin tratar de indicar la clase de sacrificio. “Propiciar” significa aplacar la
ira de alguien. Un esposo podría tratar de propiciar (aplacar) el enojo de su esposa por medio de un
regalo. Los griegos usaban la palabra al hablar de los sacrificio que ofrecían para aplacar la ira de sus
dioses, y en Romanos Pablo habla de la ira de Dios que se revela contra la impiedad y la injusticia de
los humanos (1:18). Pero los dioses griegos eran caprichosos, llenos de egoísmo, enojo, envidia y
rivalidades. En cambio, el Dios de la Biblia no tiene deseos desordenados ni pasiones descontroladas.
Su ira es su oposición constante, invariable e implacable al pecado. Nada ni nadie puede hacer que
Dios deje de resistir enérgicamente a todo lo que no debe ser. La única forma de “aplacar” la ira de
Dios es quitando el pecado que la provoca. Si se traduce hilasterion como “propiciación”, la idea
sería que el amor de Cristo en la cruz motiva a los creyentes a renunciar su pecado con el fin de vivir
para Dios/Cristo (cf. 2 Co 5:14-15). Cuando se renuncia el pecado, se aplaca de ira de Dios. Pero
quizás es mejor traducir hilasterion como “sacrificio de expiación”. En la Septuaginta [= la
traducción griega del AT], la palabra hilasterion se usa 27 veces, y en 21 de ellas se refiere al
propiciatorio [= la tapa del arca en el lugar santísimo del tabernáculo]. El Día de Expiación (Lv
16), el sumo sacerdote debía degollar un macho cabrío y llevar la sangre y rociarla sobre y delante
del propiciatorio, “para purificar el santuario de las impurezas y transgresiones de los israelitas,
cualesquiera que hayan sido sus pecados” (Lv 16:16; cf. Heb 9:5,11-14). El propiciatorio era el lugar
donde pecadores experimentaban la misericordia de Dios, quien les perdonaba sus pecados. Así que,
si se traduce hilasterion como “sacrificio de expiación”, la idea sería que la cruz de Cristo es el
nuevo propiciatorio, el lugar donde Dios resuelva el problema del pecado. Es similar a la verdad que
Juan (el Bautista) expresó cuando llamó a Jesús “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”
(Jn 1:29,36; cf. 1 Co 5:7).
3.1.2 La justificación y la ley (3:27-31) Después de explicar cómo Dios justifica a pecadores, Pablo
enfoca la manera en que humanos responden a esta manifestación de la justicia de Dios. Menciona
tres implicaciones del hecho de que creyentes son justificadas por la fe (3:22,24,28): (1) la jactancia
humana queda excluida (3:27-28); (2) tanto los judíos como los gentiles pueden experimentar los
beneficios que vienen del único Dios (3:29-30); y (3) los requisitos de la ley no quedan anulados; al
contrario, quedan confirmados (3:31).
27
¿Dónde,pues,está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál principio? ¿Por el de la observancia de la
ley? No, sino por el de la fe. 28
Porque sostenemos que todos somos justificados por la fe, y no por las
obras que la ley exige. 29
¿Es acaso Dios solo Dios de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? Sí,
también es Dios de los gentiles, 30
pues no hay más que un solo Dios. Él justificará por la fe a los que
están circuncidados y, mediante esa misma fe,a los que no lo están. 31
¿Quiere decir que anulamos la ley
con la fe? ¡De ninguna manera! Más bien, confirmamos la ley.
(1) La jactancia humana queda excluida (3:27-28). Los que confían en su propia justicia y se creen
justos ante Dios, suelen jactarse de sus “buenas obras” (cf. Lc 18:9-12); en cambio, los que confían
en la justicia de Dios y son justificados por la fe saben que no tienen nada de que jactarse. Dependen
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totalmente de Dios. No tienen ningún argumento, ningún mérito, ninguna virtud propia, así que
confían solo en la gracia de Dios.
(2) Hay solo un Dios y tanto los judíos como los gentiles pueden recibir sus beneficios (3:29-30).
Una base de la fe judía es que hay solo un Dios viviente (Dt 6:4) y que el SEÑOR ha escogido a Israel
como su “primogénito” (Éx 4:22) y “tesoro especial” [= “pueblo preferido” / “propiedad exclusiva”]
(Éx 19:5). Además, los judíos solían conectar la justificación a la obediencia a la ley, y por ende, al
pueblo de Israel. Pero Pablo razona que si hay un solo Dios, entonces el SEÑOR debe ser Dios de
todos pueblos, y toda la gente del mundo debe tener el mismo acceso a una relación con el único
Dios. Puesto que la ley fue dada a los judíos, y no a todos los pueblos, la ley no puede ser el camino
a la salvación. De hecho, Dios justifica tanto a los judíos (los circuncisos) como a los gentiles (los
incircuncisos) de la misma manera: por la fe.
(3) El principio de justificación por la fe no anula los requisitos de la ley; al contrario, los
confirma (3:31). Lo que Pablo enseña — “somos justificados por la fe, no por las obras que la ley
exige” (3:28) — podía ser malentendido (o aun torcido) como un desprecio a la ley. Por lo tanto,
Pablo insiste que no está anulando los requisitos de la ley, sino confirmándolos. Pablo no dice aquí
de qué manera la justificación por la fe confirma la ley. Existen varias sugerencias: (1) Quizá Pablo
está diciendo que esta doctrina sostiene la ley porque es la ley misma (el Pentateuco) que dice que
Abraham fue justificado por la fe (Gn 15:6; cf. Ro 4:3). Pero Pablo por lo general usa la palabra “ley”
para hablar de los mandatos que Dios dio a Israel por medio de Moisés, no para hablar de todo el
Pentateuco. (2) Quizá Pablo está diciendo que cuando cristianos — aquellos que son justificados por
la fe — aman a su prójimo como a sí mismos, están sosteniendo la ley, porque amar al prójimo es
cumplir toda la ley (Ro 13:8-10). (3) Quizá Pablo está diciendo que Dios justifica a los que creen en
Cristo, quien vino al mundo como un ser humano y se ofreció como sacrifico por el pecado, “a fin
de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza
pecaminosa, sino según el Espíritu” (Ro 8:3-4). Cristo es el objeto de nuestra fe, y su propósito al
hacerse hombre y morir en la cruz fue que nosotros fuésemos obedientes a los mandatos de Dios.
(Me inclino por #3.)
Para pensar: (1) ¿Cuál es la relación entre la gracia de Dios y la fe y confianza de los creyentes?
(cf. Ef 2:8; Ro 10:17) (2) ¿Cuáles son tus motivos de jactancia— las cosas que te llenande orgullo
y confianza? (cf. Jer 9:23-24; 1 Co 1:30-31; Gá 6:14).
3.1.3 La fe de Abraham (4:1-25) El argumento de Pablo hasta este punto ha sido (1) que todos los
humanos (tanto los judíos como los gentiles) están bajo el dominio del pecado, y por lo tanto, bajo la
justa condenación de Dios (Ro 1:18-3:20), y (2) que Dios por su gracia (no por mérito humano)
justifica (declara libre de condenación) a todos los que creen en Jesús (ya sean judíos o gentiles),
para que obedezcan los mandatos de Dios (Ro 3:21-31). Este evangelio, dice Pablo, “ya fue
prometido por los profetas en las Escrituras” (Ro 1:2). Ahora Pablo va a probar que el principio de
la justificación por la fe fue ilustrado en la vida de Abraham, el padre biológico y espiritual de los
judíos (el prototipo de los judíos). El texto clave en Romanos 4 que Pablo cita del AT es Gn 15:6,
que dice: “Abraham le creyó a Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia”. Por pura gracia,
Dios le sacó a Abraham de la idolatría (Jos 24:2) y le hizo maravillosas promesas (Gn 12:2-3,6; 15:1-
5). Cuando Abraham creyó a Dios, Dios le aprobó por su fe (Gn 15:6; cf. Heb 11:6,8-10). Pablo cita
este texto clave del AT al comienzo y al final de Romanos 4 (vv. 3 y 22), y también hace alusión a
Génesis 15:6 en Romanos 4:9,10,11,13,18. En este capítulo el argumento de Pablo con respecto a la
justificación de Abraham tiene los siguientes puntos: (1) la fe versus las obras (4:1-8); (2) la fe
versus la circuncisión (4:9-12); y (3) la fe versus la ley de Moisés (4:13-17). Luego Pablo habla de
la fe versus la vista en la experiencia de Abraham (4:18-25).
Puesto que todo el capítulo 4 de Romanos habla de Abraham, y que el argumento de Pablo depende
del orden de los eventos en la vida de Abraham, es conveniente repasar la cronología de la historia.
Primero, en Génesis 12:1-3, Dios llamó a Abraham a dejar su tierra y familia para vivir en una tierra
17
y con descendientes que Dios le daría. Dios prometió a Abraham (1) que le haría el padre famoso de
una nación grande; (2) que bendeciría a los que bendicen a Abraham (y maldeciría a los que lo
maldicen); y (3) que bendeciría a todas las familias de la tierra por medio de Abraham. Luego, en
Génesis 15, Dios confirmó su promesa de darle un hijo (un hijo de su cuerpo, no un hijo adoptivo) e
hizo un pacto con Abraham. Abraham le creyó a Dios, y Dios le aceptó y le aprobó por su fe (Gn
15:6). Dios también ratificó la promesa de darle una tierra (cf. Gn 12:6), pero aclaró que sus
descendientes serían quienes tomarían posesión de la tierra unos 400 años más tarde, después de ser
esclavos en un país extranjero (Gn 15:13-16). Luego, en Génesis 17, cuando Abraham tenía 99 años
de edad, Dios le repitió las promesas de darle un hijo e innumerables descendientes y de darle una
tierra, y como señal de las promesas le cambió el nombre de Abram a Abraham [= padre de muchos].
Dios también le dijo que el hijo de la promesa no era Ismael, un hijo de Abraham por una esclava
egipcia llamada Hagar, sino que sería Isaac, un hijo de la esposa de Abraham, Sara, que nunca había
tenido ningún hijo y que ya tenía 90 años de edad. Como señal de todo esto, Abraham debía
circuncidarse a sí mismo y a todos los varones del campamento. Luego, en Génesis 21:1-7, Dios
cumplió su promesa, al darles a Abraham y a Sara un hijo (Isaac). Pero en Génesis 22:1-18, Dios
probó la fe de Abraham, al mandarle a sacrificar a su hijo Isaac. Abraham, confiando en la promesa
de Dios (cf. Heb 11:17-19) estaba en el proceso de obedecer a Dios, cuando Dios en el último
momento le detuvo a Abraham.
3.1.3.1 La fe versus las obras en la justificación de Abraham (4:1-8). Pablo consideró a Abraham
como un prototipo de los creyentes en la historia de la salvación (cf. Gá 3:6-18), así que no es extraño
que dedicó tanto espacio a este patriarca en Romanos. Pero había otra razón adicional para enfocar
a Abraham. Los judíos veneraban a Abraham como el “padre” de ellos (Mt 3:9; Jn 8:33; cf. Lc 16:22-
31; 19:9) y lo elogiaban por su devoción a Dios: “Abraham fue perfecto en todas sus obras con el
Señor, a quien le agradó por su rectitud todos los días de su vida” (Jubileos 23:10); “Abraham . . .
no pecó contra ti” (Oración de Manasés, 8); “¿Acaso no se halló que Abraham era fiel cuando fue
probado, y [su fidelidad] se le tomó en cuenta como justicia” (1 Macabeos 2:52). En el último texto
vemos una alusión a Gn 15:6, pero no en relación a la actitud (la fe) de Abraham inmediatamente
después de recibir la promesa de Dios, sino en relación a la acción (la obediencia) de Abraham cuando
Dios le mandó a sacrificar a su hijo (cf. Stg 2:22-24). Pablo deduce dos verdades importantes del
momento cuando Dios le aceptó y le aprobó a Abraham como justo (es decir, como justificado [=
libre de condenación] porque sus pecados eran perdonados).
Primero, el hecho de que Abraham fue justificado por la fe, antes de obedecer el mandato divino de
sacrificar a Isaac, significa que el patriarca no tenía ningún motivo para jactarse ante Dios (4:1-2;
cf. 3:27). Además, aunque los judíos veneraban a Abraham por su piedad, la verdad es que Abraham
mintió dos veces y pecó contra su esposa Sara (Gn 12:10-20; 20:1-18) y también contra la esclava
Hagar (Gn 16:1-5; 21:8-21). Abraham no era perfecto para nada. Si su justificación fuera el
resultado de su propia justicia, tendría de qué jactarse; pero como Abraham fue justificado [por la
gracia de Dios que recibió] por la fe, él no tenía ningún motivo para jactarse ante Dios.
Segundo, es necesario entender el resultado de buenas obras y la fe en el contexto de la gracia de
Dios. Buenas obras requieren una paga. Si alguien me hace un trabajo o un favor, estoy en deuda
con esa persona y le debo una remuneración o recompensa. Pero la fe en Dios no es una obra que
requiere una paga, porque es aceptar con humildad y confianza la bondad de Dios. Dios perdona a
pecadores— “justifica a los injustos” (4:5) — a pesar de que no lo merecen. Y a los que vuelven a
Dios y aceptan su perdón por la fe, Dios los justifica [= les declara libres de condenación]. Es
evidente que la fe de los que reciben el perdón de Dios no es la causa de ese perdón, pues están
recibiendo algo que Dios ya les estaba ofreciendo: “Todo el día extendí mis manos hacia un pueblo
desobediente y rebelde” (Is 65:2; Ro 10:21).
El Juez justo justifica a los injustos (Ro 4:5), no a los que se creen justos (Mt 9:13; Lc 18:13; 19:10).
Los pecadores reciben el perdón y quedan libres de condenación cuando creen en Cristo y renuncian
sus pecados para volver a Dios. Pablo confirma esta gran verdad con el ejemplo de David, cuyos
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pecados graves fueron perdonados por Dios: “¡Dichosos aquellos a quienes se les perdonan las
transgresiones y se les cubren los pecados! ¡Dichoso aquel cuyo pecado el Señor no tomará en
cuenta!” (Sal 32:1-2; Ro 4:7-8). David adulteró con la esposa de uno de sus soldados más leales y
luego mandó a matar al militar para encubrir su pecado (2 Sa 11), pero Dios le perdonó estos pecados
cuando David confesó y renunció su maldad (2 Sa 12:13; cf. 1 Jn 1:9). Tanto Abraham como David
eran hombres injustos, pero fueron justificados [= declarados libres de condenación] por la gracia de
Dios, la cual recibieron por la fe. En fin, nadie es justificado por haber hecho buenas obras que Dios
tiene que pagar. Dios justifica por gracia, no por obligación. La salvación es un regalo que Dios da
gratuitamente y que se recibe por la fe (y aun esa fe es una dádiva de Dios), no por obras, para que
nadie se gloríe (Ef 2:8-9).
3.1.3.2 La fe versus la circuncisión en la justificación de Abraham (4:9-12). Si la justificación no es
por buenas obras en general, tampoco es por una obra — la circuncisión — en particular. Pablo
enfatiza esto porque los judíos daban mucha importancia a la circuncisión. De hecho, algunos en el
tiempo de Pablo insistían que era necesario ser circuncidado para ser salvo (Hch 15:1,6), y atacaban
a cualquier judío que minimizaba la importancia de la circuncisión (Hch 21:20-21; cf. 16:1-3). Dios
mandó a Abraham y a sus descendientes a practicar la circuncisión como una señal del pacto que
Dios estableció con Abraham (Gn 17:1-14) y luego con Israel (cf. Lv 12:3; Jos 5:2-8). Por lo tanto,
los judíos en el tiempo de Jesús y la iglesia primitiva fueron muy fieles en practicar este rito. Juan
el Bautista (Lc 1:59), Jesús (Lc 2:21), Pablo (Flp 3:5) y los demás judíos varones (Jn 7:22-23) fueron
circuncidados al octavo día de su nacimiento (de hecho, los judíos eran conocidos como “los de la
circuncisión” y los gentiles como “los incircuncisos”). En ese tiempo era fácil identificar a las
personas fuera de Palestina que eran judíos: se distinguían por su comida, su vestimenta, sus días
sagrados (el sábado y las fiestas religiosas), y sus ritos como la circuncisión. Los “temerosos de Dios”
(gentiles que habían dejado a los ídolos para adorar al Dios de Israel) asistían a las sinagogas, pero
solo los judíos de nacimiento y los prosélitos (conversos al judaísmo) se circuncidaban. En fin, los
judíos se jactaban de practicar este rito que los hacia un pueblo distinto a los demás. Según ellos, era
su gloria, una parte de lo que les hacía especial, un motivo de confianza ante Dios.
Pero Pablo insiste que la circuncisión de Abraham no tuvo nada que ver son su justificación. El
argumento del apóstol es contundente: Abraham fue justificado por Dios al creer las promesas de
Dios (Gn 15:6), pero no fue circuncidado hasta que habían pasado algunos años (17:1-14). (Nadie
sabe cuánto tiempo pasó entre Génesis 15 y 17, pero algunos rabinos dijeron que fueron 29 años.)
Así que la circuncisión no fue la causa de la justificación de Abraham, sino una señal de la gracia de
Dios obrando en su vida. La señal de la circuncisión fue como un “sello de la justicia de la fe que
tenía mientras aún era incircunciso” (Ro 4:11).
El hecho de que Pablo fue justificado antes de ser circuncidado también indica algo importante en
cuanto al rol de Abraham en la historia de la salvación. Abraham es el padre biológico de los judíos
y el padre espiritual de todos los creyentes, sean judíos o gentiles. Todos los creyentes en Cristo son
descendientes espirituales de Abraham, y por lo tanto son herederos de las promesas incondicionales
que Dios le hizo a Abraham y a sus descendientes espirituales. Cristianos son parte de la familia que
bendecirá a todos los pueblos del mundo.
Para pensar: Era irónico cuando los judíos se jactaban de un rito que señalaba la gracia de Dios.
Hoy en día algunos músicos cristianos se jactan de su talento mientras cantan, entonan instrumentos
o dirigen las alabanzas a Dios. Algunos predicadores se jactan de su elocuencia al proclamar el
evangelio. Algunos maestros se jactan de sus conocimientos al explicar algún pasaje bíblico o una
doctrina cristiana. En el caso tuyo, ¿te jactas de los dones y talentos que Dios te ha dado o los usas
con humildad y fe en Dios para glorificar a Dios y edificar a los hermanos?
3.1.3.3 La fe versus la ley de Moisés en la justificación de Abraham (4:13-17). La fe por la cual
Abraham fue justificado excluye las obras y la circuncisión como medios para quedar libre de
condenación. Asimismo, la fe excluye la ley como un medio de justificación. Pablo dice lo mismo
19
en Gálatas, pero en esa carta el argumento se basa en el orden de los eventos. La ley no pudo ser el
medio de la justificación de Abraham, porque la ley llegó 430 años después de la promesa que
Abraham creyó, y su fe le fue contado por justicia (Gá 3:17). En Romanos, el argumento de Pablo
se basa no en la cronología sino en un principio. El principio es que las bendiciones de Dios llegan
por fe [una forma abreviada de decir “por gracia, por medio de la fe”] y no por obediencia a la ley
(4:14-15). Si las bendiciones de Dios llegaran como una recompensa por cumplir los mandatos de
la ley, nuestra relación con Dios sería transaccional (mercenaria), como la relación entre un
empleador y un empleado, o como la relación entre personas que hacen favores siempre y cuando se
les devuelva el favor. Pero Dios se relaciona con nosotros, no en base de nuestro mérito o los
“favores” que le hacemos, sino en base de su amor y bondad por nosotros, a pesar de nuestra
infidelidad y desobediencia. Nuestra relación con Dios se basa en su gracia, la cual recibimos con
humidad y con fe, sabiendo que dependemos de Dios y que Dios es confiable. El momento que se
introduce un elemento de mérito por cumplir la ley, se cambia la naturaleza de la relación con Dios.
Ya no es una relación de dependencia y de gratitud, sino de exigencia y de reclamo si Dios no nos da
la bendición que creemos que Él nos debe por nuestra obediencia. Además, si nuestra relación con
Dios se basa en obediencia a la ley, entonces estamos “fritos”, porque la ley demanda obediencia
total, y nadie jamás obedece los mandatos de Dios a cabalidad.
La ley jamás puede obtener lo que Dios promete (Ro 4:14); lo que la ley sí hace es calificar un acto
o pensamiento malo como una “transgresión” que debe ser castigado (4:15). La ley no nos puede
salvar, porque es impotente para ayudarnos obedecerla. Al contrario, la ley define y señala el pecado;
convierte un mero pecado en una transgresión (una violación de un mandato) que acarrea castigo
(Ro 5:13,14b; cf. Ro 2:23; Gá 3:19). Una cosa es hacer caso omiso a una convicción general de
nuestra conciencia; otra cosa es desobedecer un mandato explícito o una prohibición específica en la
ley de Dios. El segundo acarrea mayor castigo. Entonces, lejos de ser un medio de salvación, la ley
agrava la situación del pecador. Al convertir su mala acción en una transgresión (desobediencia a
una norma explícita), hace peor el castigo, pues ahora la mala acción es un acto de rebelión. En fin,
Abraham fue justificado por [gracia por medio de] la fe, no por la ley del Pentateuco. Y puesto que
la justificación no depende para nada de la ley que Dios dio a Israel, Abraham es el padre [espiritual]
de muchas naciones (4:17).
Para pensar: Los legalistas piensan que al obedecer los mandatos de Dios, pueden acumular mérito
suficiente para obligar a Dios a salvarlos. Los cristianos entienden que la justificación es por la gracia,
por medio de la fe, pero caen muchas veces en una relación transaccional con el Señor. ¿A veces te
sientes confundido o decepcionado porque Dios no te da alguna bendición que le has pedido y que
tú crees que mereces? Pensándolo bien, ¿es mejor tener una relación con Dios que depende de tu
obedienciatotal a los mandatos de Dios, o una relación que depende del amor inmerecido de Dios?
¿No sería mejor confiar en la bondad y la sabiduría de Dios, y aceptar lo que Él dispone, en vez
de insistir en tu propia justicia y tus derechos?
3.1.3.4 La fe versus la vista en la experiencia de Abraham (4:18-25). Romanos 4:17b marca una
transición al último tema que Pablo trata en relación a Abraham: el objeto y la tenacidad de la fe.
El objeto de la fe es Dios: “Abraham creyó en el Dios que da vida a los muertos y que llama las
cosas que no son como si ya existieran”. La frase “da vida a los muertos” quizá se refiere al hecho
de que Dios permitió que Abraham y Sara concibieran un hijo, a pesar de ser “muertos” en ese
sentido (Heb 11:11-12), o quizá al hecho de que Dios permitió que Abraham recibiera de la “muerte”
a Isaac cuando estaba a punto de ser sacrificado (Heb 11:19). La frase “llama cosas que no son como
si ya existieran” quizá se refiere a la creación del universo ex nihilo [= “desde la nada”] (Heb 11:3),
o quizá al pueblo de Israel que Dios formó y liberó muchos años después de su promesa a Abraham
(Éx 1:6-7).
Luego Pablo habla de la tenacidad (perseverancia) de la fe, pues Abraham siguió confiando que
Dios cumpliría lo que ha prometido, a pesar de varios obstáculos que podrían haberle desanimado:
“Contra toda esperanza, Abraham creyó y esperó. . . . Su fe no flaqueó, aunque reconocía que su
20
cuerpo estaba como muerto, pues ya tenía unos cien años, y que también estaba muerta la matriz de
Sara. Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio
gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había
prometido” (4:18-21). Esta descripción de la fe de Abraham es muy impresionante, pero no cuadra
completamente con el relato en Génesis 17. Ese texto dice que cuando Dios le dijo a Abraham que
su esposa Sara sería la madre de naciones y reyes de pueblos, “entonces Abraham se postró sobre su
rostro y se rió, y dijo en su corazón: ¿A un hombre de cien años le nacerá un hijo? ¿Y Sara, que
tiene noventa años, concebirá?” (Gn 17:17). Algunos intérpretes, tratando de suavizar la
discrepancia, dicen que Abraham se río de alegría, no de incredulidad. Pero el texto dice que
Abraham respondió a Dios que Ismael, el hijo que Abraham tuvo con Hagar, podía ser el hijo de la
promesa, no un hijo de Sara, que era estéril y ya tenía 90 años de edad. Una mejor manera de explicar
la discrepancia es reconocer que Génesis 17 presenta la reacción inicial de incredulidad de parte de
Abraham, y que Pablo enfatiza en Romanos 4 que Abraham después se aferró a la promesa de Dios.
(Esto es un patrón que las Escrituras presentan en cuanto a Abraham y muchos otros héroes de la fe:
a veces estos creyentes dudaron o desobedecieron por un tiempo, pero después volvieron,
arrepentidos, a una fe firme y una obediencia ejemplar.)
Pablo termina su tremenda exposición de la justificación por la fe en relación a Abraham con una
aplicación a sus lectores en Roma (y en el Ecuador): “Por eso se le tomó en cuenta su fe como
justicia. Y esto de que ‘se le tomó en cuenta’ no se escribió solo para Abraham, sino también para
nosotros. Dios tomará en cuenta nuestra fe como justicia, pues creemos en aquel que levantó de
entre los muertos a Jesús nuestro Señor. Él fue entregado a la muerte por nuestros pecados, y
resucitó para nuestra justificación” (4:22-25).
El mensaje de Pablo en cuanto a la justificación por la fe es para nosotros. Lo que Dios hizo por
Abraham, también hará por nosotros. Si creemos en aquel que levantó de entre los muertos a Jesús
nuestro Señor, Él tomará en cuenta nuestra fe como justicia. Nuestros pecados serán perdonados y
seremos justificados [= declarados libres de condenación], porque Jesús nuestro Señor “fue
entregado a la muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación”. Como Pablo
dice más adelante en esta carta: “Ahora que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuánta más
razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios! Porque si, cuando éramos enemigos
de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuántamás razón, habiendo
sido reconciliados, seremos salvados por su vida!” (5:9-10). “Por lo tanto, no hay ahora
condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme
al Espíritu” (8:1). “Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no eximió ni a
su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él
todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que
condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra
de Dios, el que también intercede por nosotros” (8:31-34).
Para pensar: ¿Crees que Dios es digno de tu confianza? ¿Por qué sí o por qué no? ¿A veces
tienen dudas los que son verdaderos creyentes? ¿Cómo se puede fortalecer la fe de un creyente
que está tambaleando? En tu experiencia, ¿cuáles son las cosas que hacen crecer tu fe, y cuáles
son las cosas que la debilitan? La peregrinación espiritual de Abraham fue larga. Él no llegó a ser
un héroe de la fe de un día para otro, ni iba siempre para adelante, sino que a veces tuvo traspiés.
Murió sin ver el cumplimiento de todas las promesas que recibió. Pero por la fe Abraham las vio con
gusto desde lejos, confesando que era un extranjero y peregrino sobre la tierra. No se volvió atrás,
sino siguió buscando la patria celestial. Por lo cual, Dios no se avergüenza de ser llamado el Dios de
Abraham (Heb 11:13-16). ¿Qué te motiva a perseverar hasta el fin? (cf. Mt 10:22; 24:13)
Ojo: Se puede organizar el mensaje del NT bajo los rubros de tres virtudes: la fe, la esperanza y el
amor (1 Co 13:13; cf. Ro 5:2-5; Ga 5:5-6; Ef 4:2-5; Col 1:4-5; 1 Tes 1:3; 5:8; Heb 6:10-12). La fe
nos permite recibir and mantener una relación con Dios a través de Cristo. La esperanza enfoca la
21
meta de la fe, cuando las incertidumbres y las pruebas de esta vida dan paso a la gloriosa realidad de
vivir con nuestro Salvador para siempre. El amor nos recuerda nuestro deber de vivir ahora mismo
como el pueblo redimido de Dios, mientras esperamos la culminación de nuestra salvación. Podemos
ver estas tres virtudes resaltadas en la estructura de Romanos. En los capítulos 1-4, Pablo enfatiza
que es por medio de la fe en Cristo que experimentamos la justicia de Dios en el evangelio (es decir,
la gracia). En los capítulos 5-8, Pablo explica la esperanza (la seguridad) de creyentes, como indican
los “sujetalibros” de esta sección (5:1-11 y 8:18-39). En los capítulos 12-16, Pablo describe una vida
de amor en medio de un mundo caído.
La verdad central de Romanos 5-8 es la esperanza (la seguridad) de creyentes. Romanos 5:1-11 y
8:18-39 enseñan que el amor de Dios vencerá todas nuestras dificultades actuales y nos llevará a
nuestro destino glorioso. El amor divino se manifiesta en la obra de Cristo por nosotros y a través
del ministerio del Espíritu Santo. Podemos tener confianza/esperanza/seguridad porque Cristo ya
conquistó el pecado y la muerte que entraron al mundo por medio de Adán (5:12-20) y ahora el
Espíritu nos ayuda a hacer lo mismo (8:1-17). De hecho, por medio del Espíritu Santo podemos
superar dos barreras a la gloria: el pecado (6:1-23), la ley (7:1-25).
Así que, la primera mitad de Romanos (capítulos 1-8) se puede dividir en dos partes principales. La
primera parte (1:18-4:25) enfoca la justicia de Dios y explica cómo Dios justifica a los injustos. La
segunda parte (5:1-8:39) describe los beneficios que disfrutan aquellos que Dios perdona y declara
libre de condenación. El argumento en esta parte sigue un patrón quiástico (a-b-c/c′-b′-a ′):
a Creyentes pueden confiar que experimentarán gloria en el futuro (5:1-11)
b Pueden tener esta confianza porque tienen nueva vida en Cristo (5:12-21)
c El pecado no puede impedir que obtengamos gloria, porque quedamos libres
del dominio del pecado (6:1-23)
c' La ley no puede impedir que obtengamos gloria, porque quedamos libres
de la condenación de la ley (7:1-25)
b', Creyentes tiene confianza de no ser condenados, porque están en Cristo
y porque por el Espíritu quedan libres del poder del pecado, la ley y la muerte (8:1-17)
a′ Por lo tanto, creyentes pueden confiar que experimentarán gloria en el futuro (8: 18-39)
3.2 El pueblo de Dios unido en Cristo (5:1–6:23)
En la primera parte de Romanos 1, Pablo usa mucho la primera persona singular (yo); en la segunda
parte, usa la tercera persona plural (ellos). En el capítulo dos, usa la segunda persona singular (tu) y
en los capítulos tres y cuatro vuelve a usar la tercera persona plural (ellos). Pero, de repente en el
4:16, Pablo introduce la primera persona plural (nosotros), la cual él mantiene hasta el capítulo seis.
Así que, en Romanos 5-6,Pablo habla de varias experiencias que nos unen como un pueblo — hemos
sido justificados, hemos muerto y resucitado con Cristo, y ahora somos esclavos de Dios.
3.2.1 Los beneficios de la justificación (Ro 5:1-11). Pablo menciona una serie de beneficios que
tenemos al ser justificados por la fe, beneficios que se resumen en la idea de esperanza y seguridad:
(1) a tenemos paz con Dios (v. 1)
(2) b tenemos acceso a, y nos mantenemos firmes en, la gracia de Dios (v. 2a)
(3) c nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios (v. 2b; cf. 3:23; 8:17)
(4) c’ también nos regocijamos en nuestros sufrimientos, porque por medio de los
sufrimientos, alcanzaremos la gloria, como lo confirma el amor de Dios (vv. 3-8)
(5) b’ seremos salvados del castigo final por medio de Cristo (vv. 9-10)
(6) a’ nos regocijamos en Dios (v. 11; cf. 2:17)
La esperanza que Pablo resalta en Romanos 5:1-11 “no acarrea vergüenza” (RV1960), “no nos
defrauda” (v. 5, NVI, RVC), “no desilusiona” (LBLA, NTV), “no decepciona” (BLPH). Los que
ponen su esperanza en Dios no pasarán la vergüenza de ser condenados en el juicio (cf. Sal 25:3; Is
22
28:16). La esperanza de creyentes no desilusiona porque está basada en el amor de Dios. Ese amor
se manifiesta de dos maneras: en nuestra experiencia personal y en un hecho histórico. La prueba
subjetiva del amor de Dios es que Dios lo ha derramado en nuestro corazón por el Espíritu Santo (v.
5). La prueba objetiva del amor de Dios es la muerte de Cristo por nosotros en la cruz, cuando fuimos
pecadores impotentes, bajo el dominio del pecado (vv. 6-8). Además, si Dios envió a su Hijo a morir
por nosotros que somos pecadores, para librarnos de condenación, cuánto más seremos salvados de
la ira de Dios en el día final ahora que hemos sido justificados por su sangre (v.9; cf. 1 Co 3:15; 5:5).
Si fuimos reconciliados con Dios por medio de la muerte de Cristo cuando fuimos enemigos de Dios,
cuanto más seremos salvos por su vida, ahora que hemos recibido la reconciliación (v. 10; cf. Ro
13:11). Si Dios nos perdonó cuando fuimos sus enemigos, sin duda nos perfeccionará ahora que
somos sus hijos. En otras palabras, nuestra salvación en el presente nos da esperanza de nuestra
salvación en el futuro, y esa esperanza no decepciona: Dios llevará a cabo la buena obra de salvación
que ha comenzado en nosotros (Flp 1:6; cf. 2:12). Debido a nuestro pecado, quedamos destituidos
de la gloria de Dios (Ro 3:23) y merecemos la ira de Dios (Ef 2:3), pero por la gracia de Dios
alcanzaremos la culminación de nuestra salvación: gloria, honor, paz [shalom: armonía y bienestar]
y vida eterna (Ro 2:7,11).
Pablo comienza el párrafo diciendo: “Por consiguiente (cf. 3:21-4:25), ya que hemos sido
justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (5:1). Los
judíos creían que la justificación del creyente sucede cuando Dios revisa la conducta de cada persona
para ver si ha sido fiel al pacto, viviendo conforme a la ley de Dios. La persona que ha sido fiel y
obediente a la ley será justificada (quedará libre de condenación), pero si ha sido infiel y
desobediente, será condenado y castigado. Jesús reflejó está idea de un veredicto divino en el futuro
cuando dijo: “Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mt
12:37). Pero Pablo da un giro a esta idea, pues dice que como creyentes podemos saber de antemano,
ahora mismo, el veredicto que Cristo nos dará en el juicio final. Ya hemos sido declarados libres de
condenación, y por lo tanto, tenemos paz con Dios por medio de Jesús. (Cristianos reciben también
la paz de Dios [Flp 4:7], pero eso se refiere a una experiencia subjetiva de calma, tranquilidad y
confianza, no a un estatus objetivo de estar reconciliados con Dios.) Fuimos rebeldes, pero Dios nos
perdonó y nos reconcilió consigo mismo por medio de su Hijo (Ro 5:10; 2 Co 5:19). La idea de que
ya tenemos paz con Dios (no solo en el futuro) es similar a lo que Juan dice con respecto a la vida
eterna [= conocer a Dios y a su Hijo]: “El que cree en [Jesús] no es condenado, pero el que no cree
ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. . . . El que cree en
el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios
permanece sobre él” (Jn 3:18,36). Tanto la condenación como la salvación son realidades actuales,
no solo futuras. Tal como el juicio divino es presente y futuro, asimismo la salvación se experimenta
en el presente (en forma parcial y provisional) y también en el futuro (en forma plena y permanente).
Al estar en paz (reconciliados) con Dios, tenemos acceso por la fe a la gracia en la cual nos
mantenemos firmes. Por medio de la fe en Jesús, tenemos acceso a la bondad inmerecida de Dios
(cf. Heb 4:15-16). No solo tenemos paz con Dios y acceso a la gracia de Dios, sino que también
tenemos esperanza de [experimentar] la gloria de Dios (Ro 2:7,11), es decir, de ser transformados
por la obra del Espíritu (2 Co 3:18) y por la venida de Cristo (1 Co 15:50-52) a su gloriosa imagen.
Tenemos la esperanza de llegar a la meta (Flp 3:12-14) y recibir una recompensa (2 Ti 4:7-8).
Tenemos la esperanza de conocer nuestro nuevo nombre [= identidad] (Ap 2:17), de alcanzar nuestro
potencial y ser como Jesús (1 Jn 3:2), y de cumplir nuestra razón de existir (Ap 5:9-10,13).
Tenemos esperanza de ser partícipes de la gloria de Dios, y tenemos esa esperanza en medio de
nuestros sufrimientos [por causa de Cristo] (Ro 5:3). Tenemos esperanza en medio de pruebas
difíciles y dolorosas porque sabemos que estas pruebas producen paciencia [= perseverancia] (Ro
5:4). La perseverancia desarrolla nuestro carácter [cristiano], y un carácter cristiano [las virtudes de
Cristo (cf. Gá 5:22-23)] produce esperanza [la confianza de que vamos por buen camino, rumbo a la
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  • 1. 1 Apuntes y preguntas sobre Romanos 1. El evangelio de Dios predicado por Pablo (1:1-17) El NT presenta a Jesús como siervo (Mr 10:45; Hch 4:27) y apóstol (Jn 20:21; Heb 3:1). Pablo se describe a sí mismo como un siervo (doulos, s) de Cristo Jesús llamado por él para ser apóstol (apostolos, s) y apartado para anunciar el evangelio de Dios (Ro 1:1). En el AT, ¿quiénes fueron reconocidos por el SEÑOR como sus “siervos”? (Gn 26:24; Ex 14:31; Nú 14:24; 2 S 7:5,8; 1 R 15:29; Is 20:3; 22:20; 41:8-9; 49:1-6; 53:11; Jer 25:9; Hag 2:23; Zac 3:8; cf. Jos 24:29; 1 S 3:9-10; 1 R 3:7-9; 2 R 9:36; Sal 116:16; Dn 6:20). ¿Qué luz arrojan estos ejemplos de siervos del SEÑOR sobre el concepto de un siervo del Señor Jesús? La palabra siervo en griego (doulos) significa (1) un esclavo que no tiene ninguna libertad, sino que pertenece a su amo y debe obedecerlo; (2) un siervo que por cuenta propia decide servir a su amo. Ambos sentidos se aplican al cristiano. Somos esclavos de Dios/Cristo, quien nos compró a gran precio (1 Co 6:19-22; 7:22), pero también debemos obedecer de corazón a nuestro dueño (Ro 6:16-17). El término apóstol que Jesús aplicó a los Doce (Lc 6:13) tiene un doble trasfondo: en el AT y en el judaísmo rabínico. El antecedente bíblico fueron los profetas, personas enviadas por Dios para comunicar la palabra de Dios al pueblo de Dios. El antecedente contemporáneo fueron los shaliah, agentes o mensajeros del Sanedrín enviados para comunicar las decisiones del Consejo y para actuar a nombre del Consejo. ¿Cuáles fueron los tres requisitosque los apóstolesdebían tener? (Mr 3:14- 15; Jn 14:26; 16:12-15; cf. Hch 1:21-26; 6:2-4; 1 Co 9:1;15:8s) Según Mr 3:14-15, ¿cuál era la tarea principal de los apóstoles de Jesús? El término siervo/esclavo indica subordinación y el término apóstol indica autoridad. Explique la relación entre estos distintos conceptos en el ministerio cristiano. ¿Cuándo y para qué fue el fariseo Saulo apartado por Dios? [ojo: en griego, fariseo y apartado tienen la misma raíz] (Hch 26:15-18; Gá 1:15-16; cf. Is 49:1; Jer 1:5). ¿Cuándoy para qué le separó Dios a usted? 1.1 Pablo y el evangelio (1:1-6) En Ro 1:1-6, Pablo menciona seis verdades acerca del evangelio que él debía anunciar: (1) el origen del evangelio es Dios (2) la promesa del evangelio se encuentra en el AT (cf. Lc 24:27,44-47) (3) el contenido esencial del evangelio es Jesucristo (en él se cumplen las promesas de Dios; 2 Co 1:20) (4) el alcance del evangelio incluye todas las naciones (cf. Gá 3:28; Col 3:21) (5) el propósito del evangelio es fe en Jesús que se manifiesta en obediencia a él (cf. Stg 2:14-26) (6) la meta final del evangelio es la exaltación de Cristo (el Hijo de Dios, dueño de su pueblo) Al evangelizar, ¿por qué es importante saber que el evangelio es de Dios? (Mt 28:18; 1 Tes 2:13) Para Pablo, ¿cuál era el valor del AT? (2 Ti 3:15-17; cf. Ro 15:4; 1 Co 10:11; 15:3-4) Pablo menciona dos aspectos y etapas del ministerio de Jesús. “Como hombre Jesús era descendiente del rey David y cumplía con las expectativas judías respecto al Mesías; pero a partir de la resurrección empezó un nuevo modo de ser y de actuar: se convirtió en fuente de santificación para los hombres, mediante el Espíritu Santo, y comenzó a ejercer los plenos poderes del Hijo de Dios.” (DHH, Biblia de Estudio nota sobre 1:3-4)
  • 2. 2 El hecho de que Jesús nació de una mujer (Gá 4:4) indica que era un hombre. El hecho de que era un descendiente de Abraham (Mt 1:1) indica que era un judío. El hecho de que era un descendiente de David (Ro 1:3; cf. Mt 1:1,16; 9:27; Mr 10:47; Jn 7:42) indica que era de la casa real, un legítimo heredero del trono de David (cf. 2 Sa 7:12-16). ¿Qué comprobó que Jesús era, en efecto, el Hijo de Dios, con plenos poderes? (Ro 1:4; cf. Hch 2:32-36; 3:15; 4:10-12,33; etc.) Para evangelizar a los gentiles, Dios escogió a Pablo, un judío que amaba intensamente a sus compatriotas (Ro 9:1-3; 10:1). Pablo era un fariseo tan celoso por la ley que perseguía a los que decían que las promesas de Dios a Israel se cumplen en Jesús, y no a través de la ley y el templo (Hch 7:5-8:3; 22:3-5). Nadie pensaba que Pablo llegaría a ser un seguidor de Jesús, mucho menos un gran misionero a los gentiles y el más enérgico defensor de las relaciones fraternales entre judíos y gentiles (un solo pueblo en Cristo). ¿Cómo explicó Pablo el hecho de que Dios le llamó a ser apóstol a las naciones? (Ro 1:5; cf. 1 Co 15:9-10; 1 Ti 1:12-16) ¿Cómo explica usted el hecho de que Dios le llamó a usted a la salvación, al servicio y al sufrimiento por causa de Cristo? Indique varios cambios y sacrificios que Pablo tuvo que realizar para llevar a cabo el llamamiento divino? (2 Co 5:16-17; 11:21b-33; Flp 3:4-11) ¿Cuáles son los cambios y sacrificios que usted necesita hacer para cumplir la misión que Dios le ha dado? “. . . para que crean en él y le obedezcan ” (Ro 1:5; 16:26; cf. Gá 5:6; Ef 2:10; Tito 2:11-14) En la teología de Pablo, ¿es posible tenerle a Jesús como Salvador pero no como Señor? Tres motivos legítimos para hacer misiones son: (1) obediencia a la Gran Comisión que fue dada por el Rey de reyes (2) amor por pecadores perdidos quienes van rumbo al castigo eterno (3) celo por el nombre de Jesús, quien es digno de recibir honor, gloria y alabanza [ojo: quizá Saulo, el perseguidor de la iglesia, se consideraba un sucesor de Finees, el sacerdote celoso que fue aprobado por Dios por matar a un israelita y una extranjera que profanaron el tabernáculo (Nú 25:10-13; Sal 106:28-31; cf. Flp 3:6)] ¿Cuál de estas motivaciones te incentiva más a evangelizar? ¿Por qué? 1.2 Pablo y los romanos (1:7-13) En Ro 1:7-13, Pablo menciona tres cualidades de los creyentes en Roma, antes de contarles lo que ellos significan para él. Ellos son (1) amados por Dios; (2) llamados a ser santos; (3) receptores de gracia y paz. En el AT, estas frases describen al pueblo de Israel, pero ahora Pablo las aplica a los creyentes en Roma. ¿Qué indica esto en cuanto a la relación entre judíos y no judíos? Los creyentes en Roma fueron llamados por Dios para formar parte de su pueblo santo (Ro 1:7). Cristianos ya son santos en el sentido de que han sido separados por Dios para él, pero también son llamados a ser santos en el sentido de que ahora deben vivir conforme a su llamamiento. El primer sentido es nuestra condición o estatus ante Dios (pertenecemos a Él); el segundo sentido se refiere a nuestra conducta y experiencia cotidiana. “Ustedes antes eran de la oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz” (Ef 5:8). Un indicativo (lo que somos en Cristo) lleva a un imperativo (lo que debemos hacer para ser como él). Como en todas sus cartas, Pablo pide que Dios el Padre y el Señor Jesús derramen su gracia y su paz sobre sus destinatarios. En el mundo greco-romano, “gracia” y “paz” eran saludos/despidos comunes (como “bendiciones” entre evangélicos hoy en día), pero Pablo usa estos términos en un sentido más profundo (Ro 1:7; 15:33). ¿Qué significan “gracia” y “paz” en las cartas de Pablo?
  • 3. 3 Pablo solía comenzar sus cartas expresando gratitud a Dios por los destinatarios (Ro 1:8; 1 Co 1:4; Ef 1:16; Flp 1:3-4; Col 1:3; 1 Tes 1:2; 2 Tes 1:3; 1 Ti 1:3; 2 Ti 1:3; Flm 4). Pablo dice que Dios quiere que le demos gracias en toda situación (1 Tes 5:18). Debemos dar gracias cuando pedimos algo a Dios (Flp 4:6), y tanto nuestras peticiones a Dios como nuestros agradecimientos a Dios deben ser por medio de Jesucristo (Ro 1:8). ¿Cuál es la relación entre la gratitud y la humildad? Además de ser agradecido en toda situación, Pablo era contento en toda situación (Flp 4:11-12; cf. Hch 16:25; 1 T 6:8). ¿Cuál es la relación entre la confianza en Dios y el contentamiento? Pablo no conocía a los creyentes en Roma; sin embargo, el apóstol: (1) daba gracias a Dios por la fe de ellos (1:8) (2) oraba sin cesar por ellos (1:9-10) (3) anhelaba verlos para darles ayuda espiritual y ser animado por ellos (1:11-12) (4) quería visitarlos para recoger una cosecha espiritual entre ellos (1:13) A pesar de no conocerlos, Pablo tenía un interés genuino en el bienestar espiritual de los romanos. No ocultó lo que sentía por ellos, ni el deseo que tenía de ir a visitarlos. Sin embargo, los planes de Pablo estaban sujetos siempre a la voluntad de Dios (Ro 1:10; 15:32; Hch 16:6-7,10; cf. Stg 4:13-17). ¿Cómo podemos discernir la voluntad de Dios en nuestras vidas y ministerios? ¿Estás abierto y atento a la dirección de Dios en tu vida? ¿Pides que Dios te guíe al considerar opciones y tomar decisiones? (Sal 32:8-9; Pr 3:5-7) Dios concedió a Pablo el deseo de su corazón, pero ni en el tiempo ni de la manera que él esperaba (cf. Hch 21-28). No cabe duda que la respuesta que Dios dio a las oraciones de Pablo le causó mucho sufrimiento; sin embargo, Pablo creía que “Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman” (Ro 8:28). ¿Cree usted que esta idea se comprobó en la experiencia de Pablo? 1.3 Pablo y el evangelismo (1:14-17) En Ro 1:14-17, Pablo expresa tres veces su fuerte deseo de proclamar el evangelio en Roma y explica los motivos de ese entusiasmo, a pesar de que podría haber sentido recelo y/o miedo: v. 14 “me siento en deuda con todos . . .” v. 15 “estoy tan ansioso de anunciarles el evangelio . . .” v. 16 “no me avergüenzo del evangelio . . .” El evangelio es una deuda que tenemos con el mundo. Hay dos formas de ser deudor: (1) Tomar algo prestado; somos deudores hasta devolverlo. (2) Recibir algo para entregarlo a otro; somos deudores hasta entregarlo. No debemos tener la primera clase de deudas (Ro 13:8), pero todos tenemos la segunda clase de deuda. Al igual que Pablo, somos administradores del evangelio que nos ha sido encomendado para anunciarlo (1 Co 4:1-2; Gá 2:7 1 Tes 2:4;1 Ti 1:11; Tit 1:3). Ahora, lo que se requiere de un mayordomo es que sea fiel. ¿Compartes fielmente el evangelio? El evangelio es el poder de Dios para salvación. Algunos cristianos sienten vergüenza al hablar de Cristo (Mr 8:38; 2 Ti 1:8,12), porque el evangelio puede provocar oposición, desprecio o burlas. Pablo mismo a veces temblaba de miedo al predicar (1 Co 2:3). Sin embargo, Pablo superaba esa vergüenza porque comprendía que el mensaje de la cruz, el cual algunos rechazan por su “debilidad” (1 Co 1:25), realmente es muy poderoso (como dinamita), pues el evangelio puede lograr algo que ningún poder humano puede realizar: la salvación de los que se van a la perdición. ¿Por qué se avergüenzan del evangelio algunos creyentes en la actualidad? ¿Cómo pueden superar esa vergüenza? En la historia de salvación, Dios escogió a los judíos como su instrumento para salvar a los no judíos. Sin embargo, no importa el ser judío o gentil (cf. Gá 3:28; Col 3:11). ¿Por qué no importa?
  • 4. 4 El evangelio revela la justiciade Dios. El evangelio es poder de Dios porque () revela la justicia de Dios, una justicia que es por fe, de principio a fin. Muchos creen que la justicia de Dios es el tema central de Romanos. Por lo tanto, es importante entender: (1) qué es “la justicia de Dios”; (2) qué significa “por fe, de principio a fin” (DHH y NVI) o “por fe y para fe” (RV y BA); (3) cómo Pablo interpreta y aplica Habacuc 2:4. La justicia de Dios se refiere al carácter y todos los hechos de Dios pues Él ama el bien y odia el mal (Sal 45:6-7a). Dios es justo cuando juzga (Ro 2:5), es justo cuando justifica (Ro 3:26) y es justo cuando cumple sus promesas (Ro 9-11). La justicia de Dios también se refiere al acto de Dios al declararnos justificados [= libres de condenación], no por nuestro mérito o virtud sino por su bondad y perdón, un amor inmerecido que Dios comprobó por medio de la muerte de Cristo en la cruz por los pecadores (Ro 3:22; 4:3,5,24-25; cf. 1 Co 1:30; 2 Co 5:21). De manera que la justicia de Dios se refiere a un atributo divino (Dios es justo), a una actividad divina (Dios nos rescata en una manera justa) y a un regalo divino (Dios nos declara/hace justos [= libres de condenación, perdonados, aceptados por Él]. En fin, la justicia de Dios se refiere a la legítima y bondadosa iniciativa de Dios, quien reconcilia a pecadores consigo mismo, al darles una justicia [= un estatus, una posición] que no es de ellos sino de Él. Se refiere a la justa manera en que el Juez justo justifica a injustos (el perdón que asimila el agravio en vez de cobrarlo, con el fin de ser reconciliado con el ofensor). Dios demuestra su justicia cuando declara libre de condenación a pecadores que confían en Él, porque Dios, por pura gracia, los ha puesto a cuentas consigo mismo, como demuestra el sacrificio propiciatorio/expiatorio de su Hijo en la cruz (cf. Ro 3:21-26). Hay varias maneras de entender la frase “de fe a fe” (s s ): (1) el origin divino de la fe: desde la fe (fidelidad) de Dios hasta la fe del hombre (2) la extensión de la fe por el evangelismo: de un creyente a otro (3) el crecimiento de la fe en el creyente: cf. 2 Co 3:18 (4) la primacía de la fe en la salvación: la expresión es retórica (enfatiza el rol de la fe) Hay dos maneras de entender/traducir s: (1) “El justo vivirá por la fe.” (El justo vive confiando en Dios.) (2) “El que por la fe es justo, vivirá.” (Uno es justificado por la fe y así obtiene vida.) Ambas traducciones expresan una verdad. ¿Cuál capta mejor el sentido de Ro 1:17? La primera traducción cuadra bien con el contexto original (Hab 2:4) y con el mensaje de Hebreos (10:37-38). Sin embargo, la segunda traducción encaja mejor con el argumento de la primera parte de Romanos. En los capítulos 1-4, Pablo usa la palabra “fe” 25 veces y “vida” solo dos veces; pero en los capítulos 5-8, el apóstol usa “vida” 25 veces y “fe” solo dos veces. Estas estadísticas indican que el tema de Romanos 1-4 es “él que por la fe es justo” y que el tema de Romanos 5-8 es “vivirá”. Es decir, en Romanos 1-4 (cf. Ro1:17; cf. Gá 3:11), Pablo habla de cómo los pecadores llegan a ser justos, no de que cómo viven los justos. 2. La ira de Dios contra la humanidad (1:18–3:20) Pablo dice que “el evangelio nos muestra de qué manera Dios nos hace justos” (1:17) y que “Dios ha mostrado de qué manera Dios nos hace justos” (3:21). Entre estas afirmaciones de la bondad de Dios, Pablo analiza (en 1:18-3:20) la ira de Dios. Pablo sostiene que tanto la bondad de Dios como la ira de Dios demuestran la justicia de Dios. Dios es justo cuando justifica al pecador arrepentido que cree en Cristo, porque lo hace en virtud de la muerte de Cristo, no en base de un supuesto mérito del pecador (3:21–4:25). Pero Dios también es justo cuando condena al pecador no arrepentido, pues juzga a cada persona según la ley que éste reconoce pero desobedece (1:18-3:20): — el pagano con su maldad obstruye la verdad que conoce acerca de Dios (1:18-32) — el moralista critica, según sus principios éticos, a todo mundo, menos a sí mismo (2:1-16) — el judío confía en la ley y se jacta de conocer la voluntad de Dios, pero no la obedece (2:17-3:8) — todos han pecado y son culpables ante Dios, como dicen las Escrituras (3:9-20)
  • 5. 5 2.1 Los paganos deliberadamente opacan la luz que Dios les ha dado (1:18-32) ¿Cuál es la razón principal por qué los seres humanos no son justificados por Dios? Porque no quieren reconocer y someterse al Dios verdadero. No quieren obedecer a Dios, ni rendir cuentas a Dios, así que ignoran y rechazan a Dios. Dios ha revelado su existencia eterna, su poder para crear y su carácter moral, pero las personas obstruyen estas verdades con su pecado (1:18-32). John dice algo similar: El eterno Logos — el Hijo de Dios que estaba con Dios y que es Dios y que hizo toda la creación — tenía en sí la vida [de Dios], y esa vida es la luz de la humanidad. Resplandece en las tinieblas y las tinieblas no pueden apagarla. Esa luz verdadera, que alumbra a toda la humanidad, vino al mundo. “La luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos. Pues todoel que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto” (Jn 1:1-5,9; 3:19-20). En Ro 1:16-20 Pablo menciona cuatro atributos divinos que Dios ha revelado: (1) su gloria (su poder eterno y naturaleza divina) a través de la creación (1:19-20); (2) su enojo con el pecado de los que restringen la verdad del Creador (1:18) (3) su [bondadosa] justicia (su justa manera de justificar a injustos) en el evangelio (1:17) (4) su poder en los creyentes al salvarlos (1:16) De estos atributos, el más discutido es la ira de Dios. Por tanto, conviene aclarar: (1) la naturaleza de esa ira (lo que es) (2) los objetos de esa ira (contra quienes se dirige) (3) la revelación de esa ira (cómo se manifiesta) ¿Qué es la ira de Dios? (1) No es como el enojo pecaminoso de los hombres (una emoción malévola, rencorosa, vengativa, desenfrenada, irracional) (2) No es un mero proceso impersonal de causa y efecto en un universo moral (como la ley del karma, que determina el destino; o “Lo que se siembra, se cosecha”) (3) Es la reacción inevitable e incansable de un Dios santo y amoroso contra lo que no debe ser; es su negativa a resignarse ante maldad o de hacer las paces con el pecado; es su juicio y castigo del pecado. El AT describe brotes de la ira de Dios en el pasado (Éx 32:10-12; Nú 11:1; Jer 21:3-7) y también predice un futuro derramamiento de ira al final de la historia (Is 63:1-6; Miq 5:10-15; cf. Ro 2:5; 2 Tes 1:6-10), pero en Romanos 1 Pablo habla de la actual ira de Dios que se manifiesta en reacción a la impiedad y la injusticia de la humanidad. ¿Contra qué o quién dirige Dios su ira? (1:18) (1) contra impiedad (asebeia, ): no tomar en cuenta a Dios (cf. 3:18) (2) contra injusticia (adikia, ): hacer daño al prójimo (cf. 13:9-10) (3) contra los que con su injusticia restringen la verdad y el conocimiento de Dios Pablo dice que aun los paganos conocen de Dios, porque a través de la creación Él ha revelado a todos su eterno poder y su naturaleza divina (1:19-20; cf. Hch 14:17; 17:24-29). Esta revelación que tienen los paganos es: (1) general (a todos en todo tiempo/lugar), no particular (a algunos en cierto tiempo/lugar) (2) natural (por medio de la naturaleza), no sobrenatural (a través de la Escritura/encarnación) (3) continuo (cf. Sal 19:1-2), no completo/definitivo (cf. Heb 1:1-3; Jd 3) (4) acerca de la gloria de Dios en la creación, no acerca de la gracia de Dios en la salvación Ojo: La revelación general de Dios basta para que el pecador no tenga excusa,sino que sea culpable (1:20). Pablo dice que esa revelación es suficiente para condenar alpecador. Pero Pablo no afirma explícitamente que esa revelación es suficiente para que alguien se salve. ¿Puede una persona conocer a Dios y confiar en Él para salvación sin saber nada del evangelio de Cristo? Dicho de otra forma, ¿son la creación y Cristo dos caminos
  • 6. 6 distintos a una relación personal con Dios? Algunos teólogos cristianos creen que sí, y señalan el ejemplo de creyentes como Abel, Enoc y Noé que no sabían nada del evangelio de Cristo pero que agradaron a Dios por la fe (Heb 11:4-7). Estos teólogos arguyen que los que agradan a Dios (al buscarlo por la fe) creen dos cosas: (1) que Dios existe y (2) que Dios recompensa a los que le buscan (Heb 11:6). Entonces, estos teólogos creen que algunas personas que nunca oyen el evangelio de Cristo sin embargo serán salvos por la fe que obtienen a través de la creación y la conciencia. Serán salvos, como todos los creyentes, por la gracia que Dios mostró cuando reconcilió al mundo consigo mismo por medio de Cristo (2 Co 5:19), pero recibirán esa gracia por medio de una fe que es engendrada por el mensaje de la creación, no el mensaje de la redención. Otros teólogos cristianos creenque uno puede sersalvo solo por una fe que viene por escucharelevangelio de Cristo. Es decir, si alguien nace y muere, sin jamás escuchar de Jesús, y por lo tanto nunca lo confiesa como Señor, entoncesesa persona no puede ser salvo. En asuntos como este,cada cristiano debe tenersu propia convicción, sin tratar de imponerla a otros creyentes y sin juzgar o despreciar a los que tengan otra posición (cf. Romanos 14). Sin embargo, todos debemos coincidir en los siguientes puntos: (1) La salvación viene solo por Jesús (Jn 4:42; 14:6; Hch 4:12; 1 Ti 2:5). (2) Se recibe esa salvación por medio de la fe (Jn 1:12; 3:16; Ro 3:22; Ef 2:8). (Lo que se discuta es qué revelación el Espíritu podría usar — la creación o la cruz — para producir una fe genuina en una persona.) (3) Es más probable que alguien llegue a confiar en Dios escuchando el evangelio de Cristo, y no solo observando la creación. La creación muestra la grandeza de Dios (cf. Sal 8), pero ella también “fue sometida a la frustración” y ahora “gime, como si tuviera doloresde parto”, esperando ser liberada de su corrupción actual (cf. Ro 8:19-22). En fin, la creación revela la gloria de Dios, pero Cristo revela la gracia de Dios. Algunos preguntan: ¿Qué será de los que nunca oyeron el mensaje del evangelio? Es una pregunta legítima, pero quizá una pregunta más pertinente es: ¿Qué será de los cristianos que no anuncian el evangelio a los que nunca lo han oído? Pablo estaba en deuda con todo el mundo hasta entregar el encargo del evangelio (Ro 1:14). Así que el apóstol dijo: “Cuando predico el evangelio, no tengo de qué enorgullecerme, ya que estoy bajo la obligación de hacerlo. ¡Ay de mí si no predico el evangelio!” (1 Co 9:16). ¿Cuándo, y cómo, revela Dios su ira? (1) En el futuro, en el día de juicio, por medio del castigo final (2:5,8; 3:5; 5:9; 9:22) (2) En el presente, por medio de gobernantes que castigan a malhechores (13:4) (3) En el presente, por medio del pecado al cual Dios abandona al pecador (1:24,26,28) En Romanos 1, Pablo señala un proceso de deterioro que termina en juicio divino: (1) Los hombres tienen conocimiento de Dios (vv. 21,25,28) y de su justo decreto (v. 32). (2) Pero cambian a Dios y su verdad por ídolos y mentiras (vv. 21,25,28). Ojo: Al igual que el pueblo de Israel que hizo y adoró un becerro de oro (Éx 32; cf. Jer 2:11), los paganos cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes que se parecen a un ser humano mortal y a “pájaros y animales y reptiles” (Ro 1:23) — una alusión a las mismas criaturas en relato de la creación (Gn 1:28). Los paganos cambian el Creador por imágenes de criaturas. En la Biblia, los ídolos suelen tomar la forma de animales, pero un ídolo es cualquier cosa que un humano pone en lugar de Dios, y los ídolos toman una gran variedad de formas. (3) Por tanto, Dios los abandona a sus impuros deseos, a sus pasiones vergonzosas, y a sus pensamientos perversos (vv. 24, 26, 28). Ojo: Pablo, al igual que el AT y la tradición judía, señala las relaciones homosexuales como un ejemplo claro del pecado humano (Ro 1:26-27; cf. 1 Co 6:9-10; Gn 19:1-28; Lev 18:22; 20:13; Dt 23:17-18; en los apócrifos, cf. La sabiduría de Salomón 14:24-31. Pablo dice que las relaciones homosexuales están “en contra de la naturaleza”, donde “naturaleza” se refiere al mundo creado como Dios quiere que sea. Al hacer que los seres humanos sean hombres y mujeres (Gn 1:27; 5:1-2), y al establecer elmatrimonio como una unión entre un hombre y una mujer (Gn 2:24), Dios indica su intención para las relaciones sexuales humanas. (4) El resultado de este proceso de juicio divino es que los humanos cometen y aprueban pecados antisociales que destruyen las relaciones y causan la muerte (vv. 29-32). Ojo: Hay personas que quizá no se sienten tentados a cometer ciertos pecados, pero que aprueban a otros cuando ellos sí los cometen. En vez de oponerse al pecado, lo ven con beneplácito. Al hablar de la mente depravada de los paganos, Pablo presenta una fea lista de pecados que ellos cometen — la más larga lista del NT (Ro 1:29-31; cf. Mr 1:29-31; Ro 13:13;1 Co 5:10-11; 6:9-10; 2 Co 12:20-21; Gá 5:19-21; Ef 4:31; 5:3-5; Col 3:5,8; 1 Ti 1:9-10; 2 Ti 3:2-5; Ap 21:8; 22:15): “Se
  • 7. 7 han llenado de toda clase de maldad, perversidad, avaricia y depravación. Están repletos de envidia, homicidios, disensiones, engaño y malicia. Son chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes; se ingenian maldades; se rebelan contra sus padres; son insensatos, desleales, insensibles, despiadados” (1:29-31). ¿Qué te llama la atención en cuanto a esta lista de pecados? ¿Cuáles de ellos has visto en hermanos de la iglesia? ¿Son también tuyos algunos de estos pecados? 2.2 Los moralistas critican a otros por pecados que ellos mismos cometen (2:1-16) Después de acusar a los paganos descarados de rechazar la revelación de Dios en la naturaleza, Pablo muestra que los moralistas (ya sean gentiles respetables o judíos) también son culpables ante Dios. Los moralistas juzgan a los paganos descarados por las cosas feas que hacen, ¡pero después hacen lo mismo que ellos! (2:3) Los paganos descarados no tienen excusa por los pecados que cometen (1:20), pero tampoco tienen excusa los moralistas (2:1). De hecho, en un sentido los moralistas son peores que los paganos descarados, pues al rechazar la ley de Dios, los moralistas rechazan una revelación que es aún más clara que la revelación en la creación. Los paganos descarados aprueban el pecado (1:32) mientras que los moralistas aprueban la ley de Dios (ya sea las Escrituras o en la conciencia), ¡pero los moralistas no obedecen la ley que aprueban! Los moralistas son como el hipócrita que quiere sacar una basurita del ojo de otra persona, pero que tiene una viga en su propio ojo (Mt 7:1- 5). Pablo dice: “No tienes excusa tú, quienquiera que seas . . .” (2:1). (Pablo está usando una técnica literaria del mundo antiguo llamada diatriba, en la cual hay un diálogo ficticio entre el autor y alguien con otro punto de vista, con el fin de instruir y persuadir a la audiencia.) Quizá Pablo se refiere a cualquier santurrón (por ejemplo, un gentil que adoraba d Dios), o quizá se refiere a un judío que asumía que el ser parte del pueblo de Dios le daba seguridad en el día del juicio, como muchos judíos respetables en los días de Juan el Bautista (cf. Mt 3:1-3,7-10; 21:28-32). Pablo dice: “Sabemos que el juicio de Dios es . . .” (2:2). (Esta es otra técnica que Pablo suele usar — comenzar afirmando algo con el cual los destinatarios están de acuerdo; cf. 3:19; 6:6,9; 7:14; 8:22,28; 1 Co 8:1,4; 2 Co 5:1; 1 Ti 1:8). Lo que todos sabemos, dice Pablo, es que Dios juzga según la verdad (Ro 2:2; cf. Gn 18:25; Ap 16:7), pues el juicio divino es según las obras, sin favoritismos (2:6-11), y es según la luz que alguien tenga (2:12-15). Estos principios forman la base de lo que Pablo dice más adelante al hablar de la culpabilidad de los judíos (2:17-29). Los moralistas despreciaban la bondad, la tolerancia y la paciencia de Dios (2:4). Tomaban la misericordia de Dios como una prueba de que no serían juzgados. Pero el propósito que Dios tiene al tratar a pecadores de esa forma es de llevarlos al arrepentimiento [= el cambio de actitud y conducta de alguien que renuncia su pecado y vuelva a Dios]. Dios es bueno (pronto para perdonar) y Dios es paciente (no juzga tan pronto como los pecadores merecen), porque “no quiere que nadie muera, sino que todos se vuelvan a Dios” (2 Pe 3:9; cf. 1 Ti 2:4). Pero es necesario arrepentirse para recibir la salvación que Dios regala por su gracia. Por lo tanto, los moralistas tercos que rehusaban confesar y dejar su pecado solo estaban acumulando más castigo sobre sí mismos en el día de la ira, cuando Dios revelará su justo juicio (2:5). En el juicio final, Dios pagará a cada persona según sus obras (2:6). Los que permanecen en hacer lo bueno porque buscan gloria [= ser más y más como Jesús (cf. 2 Co 3:18)], honor [= la aprobación de Dios (cf. Mt 25:21.23; Jn 5:44) e inmortalidad [= el regalo de vida eterna], recibirán vida eterna (2:7). “Pero los que por egoísmo rechazan la verdad para aferrarse a la maldad recibirán el gran castigo de Dios” (2:8). En fin, “habrá sufrimiento y angustia para todos los que hacen el mal, los judíos primeramente, y también los gentiles; pero gloria, honor y paz para todos los que hacen el bien, los judíos primeramente, y también los gentiles. Porque con Dios no hay favoritismos” (2:9- 11).
  • 8. 8 Antes de seguir, será conveniente hacer tres explicaciones (aclaraciones) teológicas, y también indicar la estructura quiástica de Romanos 2:10. (1) Cuando Pablo dice que los que permanecen en hacer el bien recibirán gloria, honor, paz y vida eterna, es claro que no está diciendo que uno puede obtener estas cosas por acumular mérito propio, pues lo dice en un contexto que enfatiza el pecado y la culpa de todos los humanos. La paga que les corresponde a los humanos por sus pecados es la muerte (Ro 6:23a). La vida eterna no es una paga por cumplir el deber, es la dadiva (el regalo) de Dios (Ro 6:23b). Lo que Pablo enseña en Romanos es que recibimos la salvación por la gracia de Dios, por medio de la fe en Cristo, con el fin de obedecer a Dios haciendo buenas obras (Ro 3:21-26; 8:2-4; cf. Ef 2:8-10; Tito 3:4-7). Los que permanecen en hacer en bien recibirán gloria, honor, paz y vida eterna, no porque lo merecen, sino porque es a esta clase de personas que Dios da su gracia. “Dios se opone a los orgullosos, pero trata con bondad a los humildes” (Stg 4:6; 1 Pe 5:5). (2) Al hablar del castigo divino a los que hacen el mal y de la salvación para los que hacen el bien, Pablo dice dos veces que será para “los judíos primeramente, y también los gentiles” (2:9,10). (Pablo expresa una idea similar en Romanos 1:16; 3:9,29; 9:24; 10:12). Es evidente que al decir “los judíos primeramente”, Pablo no está enseñando que Dios les da a los judíos un trato preferencial, pues el apóstol inmediatamente añade “porque con Dios no hay favoritismos” (2:11). Pablo solo se refiere al orden de eventos en la historia de la salvación: primero escogió a los judíos, con el fin de usarlos para salvar al mundo gentil; y luego, cuando los judíos no cumplieron su rol, sino que fueron incrédulos y desobedientes, Dios escogió a los gentiles, para salvar a los judíos a través de los gentiles (Ro 9-11). Dios no hace acepción de personas. “El mismo Señor es Señor de todos, y bendice abundantemente a cuantos lo invocan. Porque todo el que invoque el nombre del Señor será salvo” (10:12-13). Sin embargo, en el plan de Dios, los judíos fueron los primeros en recibir el privilegio de ser el instrumento de Dios para salvar al mundo entero. Con mayor privilegio, viene mayor responsabilidad. Si Dios te ha dado el privilegio de conocer y creer el evangelio de Cristo antes que algunos de tus familiares y vecinos, ¿con qué propósito te dio Dios esa gran bendición? (3) Pablo dice que Dios dará vida eterna a los que, buscando gloria, honor e inmortalidad, perseveran en hacer lo bueno (2:7). Al decir que los que se salvan están buscando inmortalidad, Pablo indica en forma indirecta lo que él dice directamente en otros pasajes: los humanos son mortales y solo Dios es inmortal. “¡Honor y gloria para siempre al Rey eterno, al inmortal, invisible y único Dios!” (1 Ti 1:15). “[Dios] es el único y bienaventurado Soberano, Rey de reyes y Señor de señores. Es el único inmortal” (1 Ti 6:15-16). Dios es el eterno Creador de toda la creación, y los humanos son criaturas que pronto mueren (Sal 90:1-6). Solo Dios no depende de otro ser, sino que es el Autor de la vida. Solo Dios tiene vida en sí y puede dar o quitar vida a quien quiera (Jn 5:21,26). Los griegos creían que el ser humano es un alma/espíritu inmortal que habita por un tiempo en un cuerpo, el cual luego muere y desaparece para siempre. La Biblia, en cambio, enseña que el ser humano está compuesto de dos aspectos esenciales (el alma/espíritu y el cuerpo), de modo que un humano no es completo sin los dos componentes de su ser. Por lo tanto, la Biblia enseña que todos los humanos, buenos y malos, serán resucitados para ser juzgados por Cristo — unos serán castigados con destrucción eterna mientras que otros recibirán vida eterna (Jn 5:27-29; cf. Mt 25:31-46; 1 Co 4:5; 2 Co 5:10). Pablo explica en 1 Corintios 15:42-56 cómo serán los cuerpos de los creyentes en la resurrección: cuerpos que antes eran mortales, débiles, corruptibles y despreciables (aptos para un mundo caído) serán convertidos en cuerpos inmortales, fuertes, incorruptibles y gloriosos (aptos para un mundo perfecto). La esperanza de los cristianos es que los que mueren en Cristo serán resucitados con cuerpos inmortales para estar con el Señor para siempre (1 Tes 4:13-18). Los cuerpos de los creyentes resucitados serán inmortales, no porque los creyentes tendrán vida por su propia cuenta (como Dios), sino porque Cristo promete tenerlos con él para siempre en un mundo donde está el árbol de la vida [= inmortalidad] y ya no hay enfermedad ni dolor ni muerte (cf. Ap 22:1-5). Pero la Biblia jamás dice que los cuerpos resucitados de los inconversos serán transformados en cuerpos inmortales como los cuerpos de los que mueren en Cristo. Al contrario, serán resucitados para recibir
  • 9. 9 el castigo que sus pecados merecen. “Los que no reconocen a Dios ni obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesús”, dice Pablo, “sufrirán el castigode la destrucción eterna, lejos de la presencia del Señor y de la majestad de su poder” (2 Tes 1:8-9). La palabra quiasma proviene de la letra griega chi [], que es como nuestra X. Un quiasma es un artificio literario en el cual las líneas paralelas corresponden en un patrón de X como abc / c-b’-a’. Se usaban quiasmas no solo como adornos literarios y sino también (en un mundo sin libros) para ayudar a la gente a recordar lo que estaba escrito. Romanos 2:6-10 tiene el siguiente quiasma (si se conecta a y a’, y se conecta b’ y b, se forma un X.) a Dios juzga a todos por igual (v. 6) b La vida es la recompensa por hacer el bien (v. 7) c La ira es el castigo del mal (v. 8) c’ Ira por hacer el mal (v. 9) b’ Vida por hacer el bien (v. 10) a’ Dios no muestra favoritismo (v. 11) En Romanos 2:12-16, Pablo sigue insistiendo: (1) que Dios juzgará a todos (a los gentiles que no tienen la ley escrita y a los judíos que sí la tienen); (2) que el juicio será según la luz que cada cual tenga (en unos casos, la luz de la conciencia; en otros casos, la luz de la ley escrita); (3) que en todos los casos, las personas son culpables, porque nadie vive a la altura de la luz que tiene (ya sea las exigencias de la conciencia o las demandas de la ley escrita). Este párrafo es importante porque enseña que los humanos: (1) conocen las exigencias morales de Dios, y (2) saben que no siempre cumplen esas demandas, pues a veces su conciencia les acusa. Nadie puede excusar su desobediencia a Dios diciendo “¡Pero yo no sabía!” Todos saben que son culpables y que por su rebelión merecen la muerte (cf. Ro 1:32). Por lo tanto, en el día final, cuando Dios juzgará los secretos de toda persona, no habrá reclamos (2:16; cf. 3:19). Dios no juzga según las apariencias como hacen los humanos, sino que escudriña lo que está en el corazón de cada persona (1 Sa 16:7; Sal 139:1-2; Jer 17:10). Aplicación: En el mundo actual, llena de gente incrédula e insensible, a veces es necesario defender la fe cristiana y señalar la condición humana. A veces es conveniente presentar la evidencia y los argumentos que respaldan la fe cristiana, o ayudar a gente endurecida a reconocer diversas manifestaciones del pecado y sus consecuencias nefastas. Pero los humanos estamos hechos a la imagen de Dios, así que en el fondo todos sabemos que Dios existe (1:19-20), todos sabemos que debemos obedecer los mandatos de Dios (1:32), y todos sabemos que no siempre hacemos lo que agrada a Dios (2:15). Puesto que todos ya sabemos estás cosas (aunque algunos lo niegan), el énfasis principal de nuestra predicación no debe ser una defensa de la fe (apología), ni un análisis de la condición humana (antropología, sociología, psicología, teología), sino la proclamación del evangelio de Cristo. Pablo dijo a los creyentes en Corinto: “Estando entre ustedes, me propuse no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de este crucificado. . . . Ahora, hermanos, quiero recordarles el evangelio que les prediqué, el mismo que recibieron y en el cual se mantienen firmes. Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué. De otro modo, habrán creído en vano” (1 Co 2:2; 15:1-2). Asimismo, el tema central de nuestro mensaje, y lo que orienta toda nuestra vida, debe ser la muerte y la resurrección de Jesús (cf. Gá 6:14; Flp 3:7-14). 2.3 Los judíos se glorían de tener la ley, pero no la obedecen (2:17-3:8) “Ahora bien, tú que llevas el nombre de judío . . .” (2:17). Por primera vez Pablo se dirige a su interlocutor imaginario (cf. 2:1) como un judío. Pablo afirma que la confianza de los judíos en la ley (2:17-24) y en la circuncisión (2:25-29) es inútil porque no ellos no cumplen con la ley. Los judíos se creían superiores a los gentiles por varios motivos. Primero, tenían la ley, que es la esencia misma del conocimiento y la verdad. Por ser instruidos por la ley, los judíos sabían cuál era la voluntad de Dios y podían guiar a los ciegos, ser una luz para los que estaban en tinieblas, instruir a los necios y enseñar a niños (2:17-20). Pero, pregunta Pablo, “túque enseñas a otros, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas contra el robo, ¿robas? Tú que dices que no se debe cometer adulterio, ¿adulteras? Tú que aborreces a los ídolos, ¿robas de sus templos? Tú que te jactas de la ley, ¿deshonras a Dios quebrantando la ley?” (2:21-23). De nada sirve tener la ley sin obedecer la ley. De hecho, tener la
  • 10. 10 ley de Dios sin obedecerla hace daño a la reputación de Dios: “Por causa de ustedes se blasfema el nombre de Dios entre los gentiles” (2:24). Aquí Pablo cita Isaías 52:5, que se refiere a cómo los gentiles que llevaron al exilio a los judíos también se burlaron del Dios de Israel. En un giro irónico, Pablo dice que los verdaderos culpables de esa blasfemia de parte de paganos fueron los judíos que no cumplieron con sus obligaciones del pacto. Segundo, tenían la circuncisión. La circuncisión era la señal del pacto que Dios hizo primero con Abraham y sus descendientes (Gn 17:1-14; cf. Jn 7:22). Otras naciones también practicaron la circuncisión (cf. Jer 9:25-26; Eze 32: 18-19), pero no por las razones del pueblo de Dios. En Israel el rito expresaba compromiso a Dios. Simbolizaba un voto de maldición sobre sí mismo en caso de no cumplir el compromiso a Dios: “Si no soy leal y obediente al SEÑOR, que la espada del SEÑOR me corte a mí y a mi descendencia como me he cortado el prepucio”. La persona circuncidada se ponía bajo el gobierno del SEÑOR. El rito externo simbolizaba una “circuncisión del corazón” [= una consagración sin reserva al servicio de Dios (Dt 10:16; 30:6; Jer 4:4; 9:25-26; Eze 44:7,9)]. La circuncisión era la señal del pacto con Dios, y el pacto ofrecía bendición a los fieles, así que con el tiempo los judíos vieron la circuncisión no de una señal a su compromiso a Dios sino como una garantía del favor de Dios hacia ellos, el pueblo escogido de Dios. Pablo, que fue circuncidado el octavo día después de nacer (Flp 3:5), no se oponía a la circuncisión de los judíos (Hch 16:1-3; 21:21- 24), pero decía que la circuncisión en sí no tiene ningún valor (Gá 5:6; 6:15). Lo que sí tiene valor ante Dios es una fe activa por amor (Gá 5:6), es decir, la obediencia (1 Co 7:19). Por lo tanto, dice Pablo, una persona circuncidada que quebranta la ley es como un incircunciso (Ro 2:25), más un incircunciso que obedece la ley, será considerado como alguien circuncidado (Ro 2:26-27). Pablo termina diciendo que lo que hace a alguien un judío de verdad no es algo externo como la circuncisión física, sino la circuncisión interna (en el corazón). Esta circuncisión es la operación del Espíritu, no algo de un código escrito. Los circuncisos de corazón — los creyentes en quienes está obrando el poder del Espíritu — reciben su alabanza no de otras personas, sino de Dios (2:28-29). Después de insistir que dos motivos de orgullo de los judíos — la ley y la circuncisión — no habían impedido que ellos fueran tan pecadores como los paganos descarados y los moralistas hipócritas, Pablo responde a una pregunta que los creyentes en Roma podrían tener: “Entonces, ¿qué se gana con ser judío, o qué valor tiene la circuncisión?” (3:1). La respuesta de Pablo a esta pregunta es sorprendente. Como hemos visto, Pablo había dicho que todos (judíos y gentiles) pueden ser salvos por la fe (1:16-17) y que todos (judíos y gentiles) serán juzgados (2:9-11). Además, había dicho que no es la circuncisión física, sino la del corazón (la obediencia) que tiene valor ante Dios (2:25-27). Entonces, si se pregunta: “¿Qué se gana con ser judío, o qué valor tiene la circuncisión?”), la respuesta que uno espera de Pablo es: “No hay ninguna ventaja en ser un judío, ni ningún valor en circuncidarse”. De hecho, esto es más o menos lo que Pablo dice unos pocos versículos más adelante: “¿Acaso los judíos somos mejores que [los gentiles]? ¡De ninguna manera!” (3:9). Pero cuando Pablo responde a la pregunta en Ro 3:1 (¿Qué se gana con ser judío, o qué valor tiene la circuncisión?), él no dice “da lo mismo ser judío o gentil”; al contrario, lo que dice es un judío gana “mucho, desde cualquier punto de vista” (3:2). (Esta respuesta inesperada anticipa el discurso en Romanos 9-11 sobre los judíos y los gentiles en la historia de la salvación.) Luego Pablo comienza a enumerar las ventajas de ser judío: “En primer lugar, a los judíos se les confiaron las palabras mismas de Dios” (3:2). (La frase “en primer lugar” sugiere que Pablo iba a mencionar varias ventajas, pero salió del tema y no se acordó de mencionar las otras ventajas.) Los judíos tuvieron la ventaja de recibir la Palabra de Dios. Pero alguien podría preguntar, ¿de qué les sirvió a los judíos recibir la Palabra si ellos fueron infieles? Y si los judíos fueron infieles, ¿acaso no dejará Dios de cumplir lo que ha prometido? (3:3). Pablo rechaza enfáticamente la idea de que Dios podría ser infiel: “¡De ninguna manera!” (NVI, PDT, RV60, TLA); “¡Claro que no!” (DHH); “¡Por supuesto que no!” (NTV). Aunque todos los hombres sean mentirosos, Dios es siempre veraz (3:4) — una afirmación que Pablo sustenta con una cita de las Escrituras: “Se demostrará que tus palabras son ciertas, y vencerás cuando te juzguen” (Sal 51:4, PDT). Ojo: El salmo que Pablo cita aquí es la
  • 11. 11 confesión de David después de cometer adulterio con Betsabé y de mandar a matar a Urías (2 Sa 11). Al confesar estos terribles pecados, David reconoce que él es culpable y que el juicio y castigo de Dios por estos pecados eran justos y rectos (Sal 51:3-4). Esto significa que Dios es siempre fiel en cumplir sus palabras, ya sean promesas de gracia y perdón o advertencias de juicio y castigo. Dios es recto cuando perdona elpecado, y Dios es justo cuando castiga el pecado. Es siempre justo y recto. Para pensar: Pablo dice que “si somos infieles, Dios sigue siendo fiel, ya que no puede negarse a sí mismo” (2 Ti 2:13). ¿Qué significa la fidelidad de Dios para tu vida? Es decir, ¿cómo te afecta el saber que Dios será fiel en perdonar los pecados que confiesas y renuncias (cf. 1 Jn 1:8–2:2), y tambiénserá fiel en castigar los pecados que insistes en practicar? (cf. 1 Jn 3:4-10) En vez de seguir enumerando más ventajas de ser judío, Pablo anticipa y responde a otra pregunta que alguien podría tener. “Si nuestra maldad/injusticia hace resaltar la bondad/justicia de Dios, ¿no es Dios injusto al descargar su ira sobre nosotros?” (3:5). Pablo responde enérgicamente a esta objeción humana: “¡De ninguna manera!” Y añade una pregunta retórica: “Si fuera así, ¿cómo podría Dios juzgar al mundo?” (3:6) Para Pablo, instruido en las Escrituras y la fe judía desde su niñez, era inconcebible que Dios no fuera el Juez justo de toda la tierra (cf. Gn 18:25). Si existen el bien y el mal, y la obligación moral es de hacer el bien, Dios tiene que hacer cumplir esa ley, recompensando a los que hacen el bien y castigando a los que hacen el mal. Si Dios no hace justicia, los malos harán lo que quieran y saldrán con la suya. Quedarán impunes y la maldad/injusticia tendrá la última palabra. Para que haya justicia, es necesario que Dios juzgue a todos en forma justa e imparcial, y que dé a cada uno lo que le corresponde. Por lo tanto, dice Pablo, no es posible atarle las manos al Juez y prohibir sus juicios, con el argumento absurdo de que “si el pecado humano pone en relieve la justicia divina, Dios no debe castigar a pecadores”. Pablo menciona otra pregunta (objeción) similar: “Alguien podría objetar: ‘Si mi mentira destaca la verdad de Dios y así aumenta su gloria, ¿por qué todavía se me juzga como pecador?’ ¿Por qué no decir: ‘Hagamos lo malo para que venga lo bueno?’” (3:7-8a). En otras palabras, “El fin [justo] justifica los medios [injustos]”. Es tan obvio que esta posición ética es falsa y perversa que Pablo ni siquiera la refuta, sino que dice: “Así nos calumnian algunos, asegurando que eso es lo que enseñamos. ¡Pero bien merecida se tienen la condenación!” (3:8b). Ojo: En Romanos 6 Pablo da una respuesta más detenida a la acusación falsa de que su mensaje (salvación por gracia por medio de la fe) promueve el libertinaje (“siga pecando para que abunde la gracia”). 2.4 Todos, tanto judíos como gentiles, son culpables, pues nadie busca ni teme a Dios (3:9-20) El último párrafo (3:9-20) de la sección sobre la ira de Dios contra la humanidad (1:18-3:20) tiene tres propósitos: (1) rendir el veredicto de que “tanto los judíos como los gentiles están bajo el pecado” (3:9); (2) sustentar el veredicto con una cadena de citas del AT (3:10-18); (3) mostrar que “nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley” (3:19-20). La aparente contradicción de lo que Pablo dice en Romanos 3:1-2 (hay mucha ventaja en ser judío) y Romanos 3:9 (uno no es mejor por ser judío) se resuelve al distinguir dos sentidos de “ventaja” o “mejor”. En un sentido los judíos tuvieron una ventaja en la historia de la salvación porque ellos recibieron primero las palabras de Dios (fueron partícipes del pacto que incluye la ley). Pero en otro sentido los judíos no tuvieron ninguna ventaja, pues al desaprovechar el privilegio que Dios les dio, perdieron su ventaja. Al ser incrédulos y rebeldes, los judíos no fueron mejores que los gentiles. Todos por igual, tanto judíos como gentiles, “están bajo el pecado” (3:9). El problema humano, dice Pablo, no es solo que a veces cometemos pecados y necesitamos perdón, sino que estamos bajo el dominio del pecado — somos esclavos del pecado y necesitamos un libertador (cf. Ro 6:16-22; Jn 8:31-34). En el siguiente párrafo (3:21-26), Pablo presenta a Cristo como el libertador (redentor) que necesitamos (3:24). Romanos 3:10-18 presenta una serie impresionante de citas del AT que indican que los humanos están totalmente bajo el poder del pecado. “Así está escrito: «No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han
  • 12. 12 corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!» (Sal 14:1-3; 53:1-3; Ecl 7:20) «Su garganta es un sepulcro abierto; con su lengua profieren engaños» (Sal 5:9). «¡Veneno de víbora hay en sus labios!» (Sal 140:3) «Llena está su boca de maldiciones y de amargura» (Sal 10:7, LXX). «Veloces son sus pies para ir a derramar sangre (Pr 1:16); dejan ruina y miseria en sus caminos (cf. Pr 4:27; 6:18), y no conocen la senda de la paz» (Is 59:7-8). «No hay temor de Dios delante de sus ojos» (Sal 36:1)”. Ojo: Por varias razones, los escritores del NT no siempre citan el AT en forma exacta (palabra por palabra): (1) A veces el escritor solo trataba de expresar el sentido general del versículo (las citaciones no se ponían entre comillas [“. . .”]); (2) las citaciones sueles ser de la versión griega del AT [la Septuaginta, LXX], no del texto original en hebreo; (3) a veces el autor del NT, para resaltar una parte del pasaje citado, lo adaptaba un poco, o lo combinaba con otro pasaje del AT. Este resumen de la condición humana es devastador. Comienza hablando de la falta de integridad, la falta de entendimiento [espiritual], y la falta de búsqueda de Dios entre los humanos; al contrario, todos se han desviado y degenerado, de modo que nadie hace lo bueno (3:10b-12). El resumen termina diciendo que no hay reverencia a Dios (3:18). Los versículos intermedios hablan de los pecados de la lengua (3:13-14) y de actos de violencia, destrucción y conflicto (3:15-17). Además, si uno revisa el contexto original de los textos bíblicos que Pablo cita, muchas veces los pasajes se refieren a pecados de los israelitas. Quizá Pablo está diciendo otra vez (en forma indirecta) que los judíos son tan pecadores como los gentiles. En todo caso, lo que dice la ley [en este contexto “ley” = el AT], lo dice a los que están bajo la ley [= judíos]. Entonces, el mensaje es claro: todos los humanos, tanto judíos como gentiles, están bajo el dominio del pecado y son culpables ante Dios. La ley condena a todos por igual, “para que todo el mundo se calle la boca y quede convicto delante de Dios” (3:19). Nadie puede excusarse ante Dios y nadie puede reprocharle a Dios. Y nadie puede justificarse ante Dios por las obras de la ley (3:20a). La ley no puede salvar a nadie, pero la ley sí debe hacernos conscientes de nuestro pecado (3:20b). Al revelar el carácter de Dios, la ley revela cómo deben ser los humanos (cf. Lev 11:44-45; Ef 5:1). Al revelar la voluntad de Dios, la ley revela el deber humano. Y cuando los humanos examinan sus corazones y su conducta a la luz de esta revelación, la ley señala su pecado y anuncia su castigo. ¡Qué oscuro es este cuadro! ¡Qué triste el diagnosis! ¡Cuán malas estas noticias! ¿Tenemos que abandonar toda esperanza? 3. La gracia de Dios en el evangelio (3:21–8:39) Después de señalar la impiedad y la iniquidad de todos los humanos — pecados que provocan la ira santa de Dios — Pablo habla de la gracia de Dios en el evangelio. La rebeldía humana merece castigo, pero Dios justifica [= libra de condenación] y santifica [= transforma en hijos obedientes] a los que creen en Jesús. El evangelio revela la justicia de Dios — la manera en que el Juez justo justifica a injustos y los hace justos. 3.1 La justicia de Dios revelada e ilustrada (3:21–4:25) Romanos habla repetidamente de “la justicia de Dios” (1:17; 3:5,21,22; 10:3 (2x); cf. 3:25,26). Por un tiempo, Martín Lutero odiaba esta frase, porque pensaba que se refiere al justo castigo que Dios le daría por sus pecados. Pero luego Lutero entendió que el evangelio [= las buenas noticias de Jesús] revela la justicia de Dios (Ro 1:17). La muerte y resurrección de Jesús son la prueba de que “Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta sus pecados” (2 Co 5:19). Dios envió a su Hijo al mundo para salvarlo, no para condenarlo (Jn 3:17). El Espíritu Santo usa estas buenas noticias para producir fe en los creyentes (1 Co 12:3; Tito 3:4-8; cf. Jn 16:8-10), para que invoquen al Señor y sean salvos (Ro 10:8b-13,17). Pero muchos resisten la obra del Espíritu (Hch 7:51; cf. Mt 12:22-32; Lc 12:4-10; Ef 4:30) y rechazan la verdad y la gracia de Dios que Jesús vino a revelar (Jn 1:17; cf. 3:19-20). Para estos incrédulos, la revelación de la justicia de Dios será en “el día de la ira” — el juicio final, cuando Dios juzgará a todos en forma justa, sin favoritismos, y premiará o castigará a cada persona según sus obras (Ro 2:5-11). En ese día grande y terrible,
  • 13. 13 ardiente como un horno, el SEÑOR va a pisotear y hacer polvo a los malvados (Mal 4:1,5). Para los creyentes, en cambio, la justicia de Dios se revela a través del evangelio (1:17) y Jesucristo (3:26). Para los creyentes, el día del SEÑOR cuando Dios destruye a los malvados será un día de liberación y gran alegría: “Para ustedes que temen mi nombre, se levantará el sol de justicia trayendo en sus rayos salud. Y ustedes saldrán saltando como becerros recién alimentados” (Mal 4:2). 3.1.1 La justicia de Dios y la justificación de creyentes (3:21-26) Este párrafo explica: (1) qué es la justicia de Dios es, (2) cómo se manifiesta la justicia de Dios, y (3) cómo uno es justificado por Dios. El evangelio de Dios/Cristo y la justicia de Dios están ligados, y en este párrafo el apóstol explica cómo el primero expresa el segundo. Las buenas noticas de Jesús nos permiten tener un concepto correcto de la justicia de Dios, y una comprensión correcta de la justicia de Dios nos permite tener un concepto correcto de la manera en que cristianos deben tratar a los demás, incluso a sus enemigos (cf. Ro 12:9-21). Así que, tenemos que estudiar con cuidado lo que Pablo dice en estos versículos que son el corazón de su exposición sobre la justificación por la fe (3:21-4:25) y sobre la gracia de Dios en el evangelio (3:21-8:39). (Puesto que Romanos es quizá la exposición del evangelio más influyente de la historia, y que este párrafo es una parte central del argumento de la epístola, algunos piensan que Romanos 3:21-26 es el párrafo más importante jamás escrito.) “21 Pero ahora, sin la mediación de la ley,se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas. 22 Esta justicia de Diosllega,mediante la fe enJesucristo,a todoslosque creen.De hecho, no hay distinción, 23 pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, 24 pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó. 25 Dios lo ofreció como un sacrificiode expiación[lit., propiciación] que se recibe porla fe en susangre,para asídemostrarsujusticia. Anteriormente, en su paciencia, Dios había pasado por alto los pecados; 26 pero en el tiempo presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús” (NVI). El párrafo comienza “pero ahora”. Pablo no está diciendo que antes la justificación fue por la ley pero ahora es por la fe, pues Romanos 4 enfatiza que la justificación siempre ha sido por la fe. Abraham fue justificado por la fe, no por la circuncisión ni por obras de la ley. Hay un solo plan de salvación, pero dos etapas en el plan (antes y después de Cristo). Ese plan único nunca cambia: somos salvos por la gracia de Dios, por medio de la fe (en Cristo), para ser y actuar como Dios (Cristo) y vivir con Él para siempre. Entonces, si Pablo no está diciendo que antes la salvación era por la ley (mérito propio), pero ahora es por la gracia por medio de la fe, ¿qué está diciendo? Simplemente que toda la humanidad está bajo el dominio del pecado y merece condenación, pero ahora, por medio de Cristo, se ha manifestado [más claramente que antes] la justicia de Dios — el carácter de Dios (su paciencia y bondad) y la acción de Dios para salvar a los humanos. La ley y los profetas dan testimonio de la justicia de Dios (3:21). Esta justicia justifica a los que tienen fe en Jesús (3:22,26), “sin la mediación de la ley” (3:21). Además, la justicia de Dios, y por ende la justificación, llega a todos los creyentes sin distinción: todos fueron pecadores privados de la gloria de Dios, pero todos por su gracia fueron justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó (3:22-24). El Padre y el Hijo demostraron su justicia cuando el Padre ofreció a su Hijo como un sacrificio por pecadores y cuando Jesús fue obediente hasta la muerte en la cruz (3:25-26). Es decir, demostraron su justicia — su paciencia y bondad — al perdonarnos y al redimirnos. Vemos la justicia de Dios cuando Dios/Cristo pasan por alto la ofensa y la herida de nuestro pecado (cuando asimilan el agravio, en vez de cobrarlo) y cuando Dios/Cristo nos liberan de las consecuencias del pecado (la esclavitud al pecado y la condenación a la muerte). Esto significa que la justicia de Dios siempre comienza con compasión y misericordia, no con condenación y castigo. En fin, el Juez justo revela su justicia cuando justifica [= declara libre de condenación] a los que realmente creen/confían en Cristo. Una fe genuina se manifiesta por medio del arrepentimiento continuo (Mt 4:17; Lc 9:23) y por un compromiso que obra por amor (Gá 5:6; 1 Tes 1:3). Por supuesto, Dios también es justo cuando castiga a rebeldes que rehúsan someterse a Él (Ro 2:8-9), pero su justicia siempre comienza con bondad y paciencia (Ro 2:4). Ahora podemos resumir las
  • 14. 14 respuestas de Pablo a tres preguntas: (1) ¿qué es la justicia de Dios y cómo se manifiesta?, (2) ¿qué es la justificación, y (3) ¿cómo alguien puede ser justificado por Dios? (1) Es evidente que la justicia de Dios se refiere, primero, al carácter de Dios (su santidad, amor, compasión, misericordia, paciencia, bondad, veracidad, fidelidad, rectitud, imparcialidad, etc.). El carácter de Dios se revela en las acciones de Dios (cf. Mt 7:20), en la manera en que Dios se relaciona con su creación, especialmente con las criaturas que Él hizo a su imagen. Por lo tanto, la justicia de Dios abarca no solo el carácter de Dios sino también todas sus acciones (en el pasado, el presente y el futuro) para rescatar, reconciliar y restaurar a un mundo perdido, rebelde y dañado. La revelación suprema de la justicia de Dios es la tremenda obra de salvación que es el contenido del evangelio de Cristo. (2) La justificación es el acto de Dios de declarar a los creyentes en Cristo libres de condenación. Es un acto que Dios realiza a favor de creyentes por gracia, gratuitamente,no por obligación, porque el creyente lo merece. La metáfora proviene del contexto de un tribunal de justicia, donde el juez tiene que examinar la evidencia a favor y en contra del acusado, para determinar si es culpable o inocente del cargo. Si el juez determina que el acusado es culpable, le condena a recibir el castigo que le corresponde, pero si el juez determina que es inocente, le justifica y le declara libre de condenación. Ahora, cuando los autores bíblicos usan metáforas, es importante captar en qué sentido hay una similitud y no forzar la comparación. En este caso, es evidente que Pablo no está diciendo que Dios declara justos a los creyentes, porque al revisar sus vidas, descubre que son inocentes (Ro 1:18–3:20). Tampoco significa que Dios, al “justificar” a creyentes, los hace justos. Esta idea de que Dios “imputa” la justicia de Cristo a los creyentes (transfiere la virtud o los méritos de Cristo a la cuenta de los creyentes) es muy común, pero no es una enseñanza de Pablo. La virtud no es como el dinero que se puede sacar de una cuenta para acreditarlo a otra cuenta. La virtud, al igual que el vicio, tiene que ver con carácter y conducta. Dios juzga a cada persona por sus propias acciones, no por las acciones (sean buenas o malas) de otras personas (Eze 18:1-32; Gá 6:5). Tal como sería injusto imputar el pecado de una persona a otras personas, de modo que ellos son culpables y dignos de condenación por el pecado del primero, asimismo no se puede acreditar la virtud de una persona a otra persona. Entonces, si “justificar” no significa que Dios declara justos o hace justos a los creyentes, ¿qué significa? Simplemente que Dios declara que creyentes están libres de condenación (este es el punto exacto de comparación en la metáfora). Creyentes saben de antemano cuál será el veredicto del Juez en el juicio final. Son libres de condenación, no porque han sido inocentes, ni porque Dios les ha imputado alguna virtud ajena (una idea incoherente), sino porque Dios les ha perdonado sus pecados. El apóstol dice que “en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados” (2 Co 5:19; cf. Ro 3:25; 4:7; Ef 1:7; 4:32; Col 1:14; 2:13; 3:13). Ojo: En el sentido estricto de las palabras, el acto de perdonar y el acto de justificar son acciones opuestas. El perdón siempre se otorga a una persona culpable, no a alguien inocente. En cambio, un juez justodebe justificar al inocente, y debe condenar al culpable. Sin embargo, Pablo usa ambos términos — perdonar y justificar — para describir la acción de Dios a favor de pecadores, porque en un punto son semejantes: en ambos casos la persona queda libre. Cuando alguien perdona a un ofensor, el perdón libra al culpable de una represalia. Cuando un juez justifica a un acusado, esa persona queda libre de condenación. En fin, cada vez que Pablo dice que creyentes son “justificados”, debemos entender que Dios, por pura gracia, ha declarado que el creyente queda libre de condenación. (3) Uno se hace partícipe de la justicia de Dios y es justificado [= declarado libre de condenación], no por obras de la ley (mérito propio), sino por la gracia de Dios, mediante la fe en Cristo. Antes de avanzar al próximo párrafo, conviene explicar dos términos que Pablo usa para describir la obra de Cristo: redención (3:24) y expiación o propiciación (3:25). La palabra griega [apolytrosiss] que se traduce redención se usaba para hablar del dinero que un esclavo pagaba para obtener su libertad. La idea es “el precio pagado para conseguir liberación”. Los
  • 15. 15 judíos que tradujeron las Escrituras hebreas (el AT) a griego usaron palabras de la misma raíz para hablar de la obra de Dios al liberar a los israelitas de esclavitud en Egipto (cf. Ex 15:13; Dt 9:26). En Cristo, Dios pagó un precio para liberar a humanos que estaban bajo el dominio del pecado (cf. Ro 3:9). ¿Cuál es el punto de comparación en esta metáfora? No la idea de una transacción (por ejemplo, que Dios pagó algo a Satanás), sino (1) que Dios, por medio de Cristo, libera a pecadores de su esclavitud al pecado, y (2) que el proceso de esa liberación no fue fácil sino costoso, porque le costó la vida de su Hijo, quien fue obediente hasta la muerte en la cruz (cf. 1 Pe 1:18-19). Otra idea que está implícita es que creyentes, al ser redimidos [= liberados del dominio del pecado en una forma muy costosa para Dios/Cristo], ahora pertenecen a Dios y deben glorificar y servir a su nuevo Amo (Ro 6:15-23; 1 Co 6:19-20). Luego Pablo dice que Dios presentó a Cristo como un hilasterion,  (3:25) Algunas versiones en español traducen esta palabra como “propiciación” (LBLA, RV1960), otras versiones la traducen como “sacrificio de expiación” (NVI, RVC), y otras versiones simplemente traducen “sacrificio” (NTV, PDT), sin tratar de indicar la clase de sacrificio. “Propiciar” significa aplacar la ira de alguien. Un esposo podría tratar de propiciar (aplacar) el enojo de su esposa por medio de un regalo. Los griegos usaban la palabra al hablar de los sacrificio que ofrecían para aplacar la ira de sus dioses, y en Romanos Pablo habla de la ira de Dios que se revela contra la impiedad y la injusticia de los humanos (1:18). Pero los dioses griegos eran caprichosos, llenos de egoísmo, enojo, envidia y rivalidades. En cambio, el Dios de la Biblia no tiene deseos desordenados ni pasiones descontroladas. Su ira es su oposición constante, invariable e implacable al pecado. Nada ni nadie puede hacer que Dios deje de resistir enérgicamente a todo lo que no debe ser. La única forma de “aplacar” la ira de Dios es quitando el pecado que la provoca. Si se traduce hilasterion como “propiciación”, la idea sería que el amor de Cristo en la cruz motiva a los creyentes a renunciar su pecado con el fin de vivir para Dios/Cristo (cf. 2 Co 5:14-15). Cuando se renuncia el pecado, se aplaca de ira de Dios. Pero quizás es mejor traducir hilasterion como “sacrificio de expiación”. En la Septuaginta [= la traducción griega del AT], la palabra hilasterion se usa 27 veces, y en 21 de ellas se refiere al propiciatorio [= la tapa del arca en el lugar santísimo del tabernáculo]. El Día de Expiación (Lv 16), el sumo sacerdote debía degollar un macho cabrío y llevar la sangre y rociarla sobre y delante del propiciatorio, “para purificar el santuario de las impurezas y transgresiones de los israelitas, cualesquiera que hayan sido sus pecados” (Lv 16:16; cf. Heb 9:5,11-14). El propiciatorio era el lugar donde pecadores experimentaban la misericordia de Dios, quien les perdonaba sus pecados. Así que, si se traduce hilasterion como “sacrificio de expiación”, la idea sería que la cruz de Cristo es el nuevo propiciatorio, el lugar donde Dios resuelva el problema del pecado. Es similar a la verdad que Juan (el Bautista) expresó cuando llamó a Jesús “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1:29,36; cf. 1 Co 5:7). 3.1.2 La justificación y la ley (3:27-31) Después de explicar cómo Dios justifica a pecadores, Pablo enfoca la manera en que humanos responden a esta manifestación de la justicia de Dios. Menciona tres implicaciones del hecho de que creyentes son justificadas por la fe (3:22,24,28): (1) la jactancia humana queda excluida (3:27-28); (2) tanto los judíos como los gentiles pueden experimentar los beneficios que vienen del único Dios (3:29-30); y (3) los requisitos de la ley no quedan anulados; al contrario, quedan confirmados (3:31). 27 ¿Dónde,pues,está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál principio? ¿Por el de la observancia de la ley? No, sino por el de la fe. 28 Porque sostenemos que todos somos justificados por la fe, y no por las obras que la ley exige. 29 ¿Es acaso Dios solo Dios de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? Sí, también es Dios de los gentiles, 30 pues no hay más que un solo Dios. Él justificará por la fe a los que están circuncidados y, mediante esa misma fe,a los que no lo están. 31 ¿Quiere decir que anulamos la ley con la fe? ¡De ninguna manera! Más bien, confirmamos la ley. (1) La jactancia humana queda excluida (3:27-28). Los que confían en su propia justicia y se creen justos ante Dios, suelen jactarse de sus “buenas obras” (cf. Lc 18:9-12); en cambio, los que confían en la justicia de Dios y son justificados por la fe saben que no tienen nada de que jactarse. Dependen
  • 16. 16 totalmente de Dios. No tienen ningún argumento, ningún mérito, ninguna virtud propia, así que confían solo en la gracia de Dios. (2) Hay solo un Dios y tanto los judíos como los gentiles pueden recibir sus beneficios (3:29-30). Una base de la fe judía es que hay solo un Dios viviente (Dt 6:4) y que el SEÑOR ha escogido a Israel como su “primogénito” (Éx 4:22) y “tesoro especial” [= “pueblo preferido” / “propiedad exclusiva”] (Éx 19:5). Además, los judíos solían conectar la justificación a la obediencia a la ley, y por ende, al pueblo de Israel. Pero Pablo razona que si hay un solo Dios, entonces el SEÑOR debe ser Dios de todos pueblos, y toda la gente del mundo debe tener el mismo acceso a una relación con el único Dios. Puesto que la ley fue dada a los judíos, y no a todos los pueblos, la ley no puede ser el camino a la salvación. De hecho, Dios justifica tanto a los judíos (los circuncisos) como a los gentiles (los incircuncisos) de la misma manera: por la fe. (3) El principio de justificación por la fe no anula los requisitos de la ley; al contrario, los confirma (3:31). Lo que Pablo enseña — “somos justificados por la fe, no por las obras que la ley exige” (3:28) — podía ser malentendido (o aun torcido) como un desprecio a la ley. Por lo tanto, Pablo insiste que no está anulando los requisitos de la ley, sino confirmándolos. Pablo no dice aquí de qué manera la justificación por la fe confirma la ley. Existen varias sugerencias: (1) Quizá Pablo está diciendo que esta doctrina sostiene la ley porque es la ley misma (el Pentateuco) que dice que Abraham fue justificado por la fe (Gn 15:6; cf. Ro 4:3). Pero Pablo por lo general usa la palabra “ley” para hablar de los mandatos que Dios dio a Israel por medio de Moisés, no para hablar de todo el Pentateuco. (2) Quizá Pablo está diciendo que cuando cristianos — aquellos que son justificados por la fe — aman a su prójimo como a sí mismos, están sosteniendo la ley, porque amar al prójimo es cumplir toda la ley (Ro 13:8-10). (3) Quizá Pablo está diciendo que Dios justifica a los que creen en Cristo, quien vino al mundo como un ser humano y se ofreció como sacrifico por el pecado, “a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa, sino según el Espíritu” (Ro 8:3-4). Cristo es el objeto de nuestra fe, y su propósito al hacerse hombre y morir en la cruz fue que nosotros fuésemos obedientes a los mandatos de Dios. (Me inclino por #3.) Para pensar: (1) ¿Cuál es la relación entre la gracia de Dios y la fe y confianza de los creyentes? (cf. Ef 2:8; Ro 10:17) (2) ¿Cuáles son tus motivos de jactancia— las cosas que te llenande orgullo y confianza? (cf. Jer 9:23-24; 1 Co 1:30-31; Gá 6:14). 3.1.3 La fe de Abraham (4:1-25) El argumento de Pablo hasta este punto ha sido (1) que todos los humanos (tanto los judíos como los gentiles) están bajo el dominio del pecado, y por lo tanto, bajo la justa condenación de Dios (Ro 1:18-3:20), y (2) que Dios por su gracia (no por mérito humano) justifica (declara libre de condenación) a todos los que creen en Jesús (ya sean judíos o gentiles), para que obedezcan los mandatos de Dios (Ro 3:21-31). Este evangelio, dice Pablo, “ya fue prometido por los profetas en las Escrituras” (Ro 1:2). Ahora Pablo va a probar que el principio de la justificación por la fe fue ilustrado en la vida de Abraham, el padre biológico y espiritual de los judíos (el prototipo de los judíos). El texto clave en Romanos 4 que Pablo cita del AT es Gn 15:6, que dice: “Abraham le creyó a Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia”. Por pura gracia, Dios le sacó a Abraham de la idolatría (Jos 24:2) y le hizo maravillosas promesas (Gn 12:2-3,6; 15:1- 5). Cuando Abraham creyó a Dios, Dios le aprobó por su fe (Gn 15:6; cf. Heb 11:6,8-10). Pablo cita este texto clave del AT al comienzo y al final de Romanos 4 (vv. 3 y 22), y también hace alusión a Génesis 15:6 en Romanos 4:9,10,11,13,18. En este capítulo el argumento de Pablo con respecto a la justificación de Abraham tiene los siguientes puntos: (1) la fe versus las obras (4:1-8); (2) la fe versus la circuncisión (4:9-12); y (3) la fe versus la ley de Moisés (4:13-17). Luego Pablo habla de la fe versus la vista en la experiencia de Abraham (4:18-25). Puesto que todo el capítulo 4 de Romanos habla de Abraham, y que el argumento de Pablo depende del orden de los eventos en la vida de Abraham, es conveniente repasar la cronología de la historia. Primero, en Génesis 12:1-3, Dios llamó a Abraham a dejar su tierra y familia para vivir en una tierra
  • 17. 17 y con descendientes que Dios le daría. Dios prometió a Abraham (1) que le haría el padre famoso de una nación grande; (2) que bendeciría a los que bendicen a Abraham (y maldeciría a los que lo maldicen); y (3) que bendeciría a todas las familias de la tierra por medio de Abraham. Luego, en Génesis 15, Dios confirmó su promesa de darle un hijo (un hijo de su cuerpo, no un hijo adoptivo) e hizo un pacto con Abraham. Abraham le creyó a Dios, y Dios le aceptó y le aprobó por su fe (Gn 15:6). Dios también ratificó la promesa de darle una tierra (cf. Gn 12:6), pero aclaró que sus descendientes serían quienes tomarían posesión de la tierra unos 400 años más tarde, después de ser esclavos en un país extranjero (Gn 15:13-16). Luego, en Génesis 17, cuando Abraham tenía 99 años de edad, Dios le repitió las promesas de darle un hijo e innumerables descendientes y de darle una tierra, y como señal de las promesas le cambió el nombre de Abram a Abraham [= padre de muchos]. Dios también le dijo que el hijo de la promesa no era Ismael, un hijo de Abraham por una esclava egipcia llamada Hagar, sino que sería Isaac, un hijo de la esposa de Abraham, Sara, que nunca había tenido ningún hijo y que ya tenía 90 años de edad. Como señal de todo esto, Abraham debía circuncidarse a sí mismo y a todos los varones del campamento. Luego, en Génesis 21:1-7, Dios cumplió su promesa, al darles a Abraham y a Sara un hijo (Isaac). Pero en Génesis 22:1-18, Dios probó la fe de Abraham, al mandarle a sacrificar a su hijo Isaac. Abraham, confiando en la promesa de Dios (cf. Heb 11:17-19) estaba en el proceso de obedecer a Dios, cuando Dios en el último momento le detuvo a Abraham. 3.1.3.1 La fe versus las obras en la justificación de Abraham (4:1-8). Pablo consideró a Abraham como un prototipo de los creyentes en la historia de la salvación (cf. Gá 3:6-18), así que no es extraño que dedicó tanto espacio a este patriarca en Romanos. Pero había otra razón adicional para enfocar a Abraham. Los judíos veneraban a Abraham como el “padre” de ellos (Mt 3:9; Jn 8:33; cf. Lc 16:22- 31; 19:9) y lo elogiaban por su devoción a Dios: “Abraham fue perfecto en todas sus obras con el Señor, a quien le agradó por su rectitud todos los días de su vida” (Jubileos 23:10); “Abraham . . . no pecó contra ti” (Oración de Manasés, 8); “¿Acaso no se halló que Abraham era fiel cuando fue probado, y [su fidelidad] se le tomó en cuenta como justicia” (1 Macabeos 2:52). En el último texto vemos una alusión a Gn 15:6, pero no en relación a la actitud (la fe) de Abraham inmediatamente después de recibir la promesa de Dios, sino en relación a la acción (la obediencia) de Abraham cuando Dios le mandó a sacrificar a su hijo (cf. Stg 2:22-24). Pablo deduce dos verdades importantes del momento cuando Dios le aceptó y le aprobó a Abraham como justo (es decir, como justificado [= libre de condenación] porque sus pecados eran perdonados). Primero, el hecho de que Abraham fue justificado por la fe, antes de obedecer el mandato divino de sacrificar a Isaac, significa que el patriarca no tenía ningún motivo para jactarse ante Dios (4:1-2; cf. 3:27). Además, aunque los judíos veneraban a Abraham por su piedad, la verdad es que Abraham mintió dos veces y pecó contra su esposa Sara (Gn 12:10-20; 20:1-18) y también contra la esclava Hagar (Gn 16:1-5; 21:8-21). Abraham no era perfecto para nada. Si su justificación fuera el resultado de su propia justicia, tendría de qué jactarse; pero como Abraham fue justificado [por la gracia de Dios que recibió] por la fe, él no tenía ningún motivo para jactarse ante Dios. Segundo, es necesario entender el resultado de buenas obras y la fe en el contexto de la gracia de Dios. Buenas obras requieren una paga. Si alguien me hace un trabajo o un favor, estoy en deuda con esa persona y le debo una remuneración o recompensa. Pero la fe en Dios no es una obra que requiere una paga, porque es aceptar con humildad y confianza la bondad de Dios. Dios perdona a pecadores— “justifica a los injustos” (4:5) — a pesar de que no lo merecen. Y a los que vuelven a Dios y aceptan su perdón por la fe, Dios los justifica [= les declara libres de condenación]. Es evidente que la fe de los que reciben el perdón de Dios no es la causa de ese perdón, pues están recibiendo algo que Dios ya les estaba ofreciendo: “Todo el día extendí mis manos hacia un pueblo desobediente y rebelde” (Is 65:2; Ro 10:21). El Juez justo justifica a los injustos (Ro 4:5), no a los que se creen justos (Mt 9:13; Lc 18:13; 19:10). Los pecadores reciben el perdón y quedan libres de condenación cuando creen en Cristo y renuncian sus pecados para volver a Dios. Pablo confirma esta gran verdad con el ejemplo de David, cuyos
  • 18. 18 pecados graves fueron perdonados por Dios: “¡Dichosos aquellos a quienes se les perdonan las transgresiones y se les cubren los pecados! ¡Dichoso aquel cuyo pecado el Señor no tomará en cuenta!” (Sal 32:1-2; Ro 4:7-8). David adulteró con la esposa de uno de sus soldados más leales y luego mandó a matar al militar para encubrir su pecado (2 Sa 11), pero Dios le perdonó estos pecados cuando David confesó y renunció su maldad (2 Sa 12:13; cf. 1 Jn 1:9). Tanto Abraham como David eran hombres injustos, pero fueron justificados [= declarados libres de condenación] por la gracia de Dios, la cual recibieron por la fe. En fin, nadie es justificado por haber hecho buenas obras que Dios tiene que pagar. Dios justifica por gracia, no por obligación. La salvación es un regalo que Dios da gratuitamente y que se recibe por la fe (y aun esa fe es una dádiva de Dios), no por obras, para que nadie se gloríe (Ef 2:8-9). 3.1.3.2 La fe versus la circuncisión en la justificación de Abraham (4:9-12). Si la justificación no es por buenas obras en general, tampoco es por una obra — la circuncisión — en particular. Pablo enfatiza esto porque los judíos daban mucha importancia a la circuncisión. De hecho, algunos en el tiempo de Pablo insistían que era necesario ser circuncidado para ser salvo (Hch 15:1,6), y atacaban a cualquier judío que minimizaba la importancia de la circuncisión (Hch 21:20-21; cf. 16:1-3). Dios mandó a Abraham y a sus descendientes a practicar la circuncisión como una señal del pacto que Dios estableció con Abraham (Gn 17:1-14) y luego con Israel (cf. Lv 12:3; Jos 5:2-8). Por lo tanto, los judíos en el tiempo de Jesús y la iglesia primitiva fueron muy fieles en practicar este rito. Juan el Bautista (Lc 1:59), Jesús (Lc 2:21), Pablo (Flp 3:5) y los demás judíos varones (Jn 7:22-23) fueron circuncidados al octavo día de su nacimiento (de hecho, los judíos eran conocidos como “los de la circuncisión” y los gentiles como “los incircuncisos”). En ese tiempo era fácil identificar a las personas fuera de Palestina que eran judíos: se distinguían por su comida, su vestimenta, sus días sagrados (el sábado y las fiestas religiosas), y sus ritos como la circuncisión. Los “temerosos de Dios” (gentiles que habían dejado a los ídolos para adorar al Dios de Israel) asistían a las sinagogas, pero solo los judíos de nacimiento y los prosélitos (conversos al judaísmo) se circuncidaban. En fin, los judíos se jactaban de practicar este rito que los hacia un pueblo distinto a los demás. Según ellos, era su gloria, una parte de lo que les hacía especial, un motivo de confianza ante Dios. Pero Pablo insiste que la circuncisión de Abraham no tuvo nada que ver son su justificación. El argumento del apóstol es contundente: Abraham fue justificado por Dios al creer las promesas de Dios (Gn 15:6), pero no fue circuncidado hasta que habían pasado algunos años (17:1-14). (Nadie sabe cuánto tiempo pasó entre Génesis 15 y 17, pero algunos rabinos dijeron que fueron 29 años.) Así que la circuncisión no fue la causa de la justificación de Abraham, sino una señal de la gracia de Dios obrando en su vida. La señal de la circuncisión fue como un “sello de la justicia de la fe que tenía mientras aún era incircunciso” (Ro 4:11). El hecho de que Pablo fue justificado antes de ser circuncidado también indica algo importante en cuanto al rol de Abraham en la historia de la salvación. Abraham es el padre biológico de los judíos y el padre espiritual de todos los creyentes, sean judíos o gentiles. Todos los creyentes en Cristo son descendientes espirituales de Abraham, y por lo tanto son herederos de las promesas incondicionales que Dios le hizo a Abraham y a sus descendientes espirituales. Cristianos son parte de la familia que bendecirá a todos los pueblos del mundo. Para pensar: Era irónico cuando los judíos se jactaban de un rito que señalaba la gracia de Dios. Hoy en día algunos músicos cristianos se jactan de su talento mientras cantan, entonan instrumentos o dirigen las alabanzas a Dios. Algunos predicadores se jactan de su elocuencia al proclamar el evangelio. Algunos maestros se jactan de sus conocimientos al explicar algún pasaje bíblico o una doctrina cristiana. En el caso tuyo, ¿te jactas de los dones y talentos que Dios te ha dado o los usas con humildad y fe en Dios para glorificar a Dios y edificar a los hermanos? 3.1.3.3 La fe versus la ley de Moisés en la justificación de Abraham (4:13-17). La fe por la cual Abraham fue justificado excluye las obras y la circuncisión como medios para quedar libre de condenación. Asimismo, la fe excluye la ley como un medio de justificación. Pablo dice lo mismo
  • 19. 19 en Gálatas, pero en esa carta el argumento se basa en el orden de los eventos. La ley no pudo ser el medio de la justificación de Abraham, porque la ley llegó 430 años después de la promesa que Abraham creyó, y su fe le fue contado por justicia (Gá 3:17). En Romanos, el argumento de Pablo se basa no en la cronología sino en un principio. El principio es que las bendiciones de Dios llegan por fe [una forma abreviada de decir “por gracia, por medio de la fe”] y no por obediencia a la ley (4:14-15). Si las bendiciones de Dios llegaran como una recompensa por cumplir los mandatos de la ley, nuestra relación con Dios sería transaccional (mercenaria), como la relación entre un empleador y un empleado, o como la relación entre personas que hacen favores siempre y cuando se les devuelva el favor. Pero Dios se relaciona con nosotros, no en base de nuestro mérito o los “favores” que le hacemos, sino en base de su amor y bondad por nosotros, a pesar de nuestra infidelidad y desobediencia. Nuestra relación con Dios se basa en su gracia, la cual recibimos con humidad y con fe, sabiendo que dependemos de Dios y que Dios es confiable. El momento que se introduce un elemento de mérito por cumplir la ley, se cambia la naturaleza de la relación con Dios. Ya no es una relación de dependencia y de gratitud, sino de exigencia y de reclamo si Dios no nos da la bendición que creemos que Él nos debe por nuestra obediencia. Además, si nuestra relación con Dios se basa en obediencia a la ley, entonces estamos “fritos”, porque la ley demanda obediencia total, y nadie jamás obedece los mandatos de Dios a cabalidad. La ley jamás puede obtener lo que Dios promete (Ro 4:14); lo que la ley sí hace es calificar un acto o pensamiento malo como una “transgresión” que debe ser castigado (4:15). La ley no nos puede salvar, porque es impotente para ayudarnos obedecerla. Al contrario, la ley define y señala el pecado; convierte un mero pecado en una transgresión (una violación de un mandato) que acarrea castigo (Ro 5:13,14b; cf. Ro 2:23; Gá 3:19). Una cosa es hacer caso omiso a una convicción general de nuestra conciencia; otra cosa es desobedecer un mandato explícito o una prohibición específica en la ley de Dios. El segundo acarrea mayor castigo. Entonces, lejos de ser un medio de salvación, la ley agrava la situación del pecador. Al convertir su mala acción en una transgresión (desobediencia a una norma explícita), hace peor el castigo, pues ahora la mala acción es un acto de rebelión. En fin, Abraham fue justificado por [gracia por medio de] la fe, no por la ley del Pentateuco. Y puesto que la justificación no depende para nada de la ley que Dios dio a Israel, Abraham es el padre [espiritual] de muchas naciones (4:17). Para pensar: Los legalistas piensan que al obedecer los mandatos de Dios, pueden acumular mérito suficiente para obligar a Dios a salvarlos. Los cristianos entienden que la justificación es por la gracia, por medio de la fe, pero caen muchas veces en una relación transaccional con el Señor. ¿A veces te sientes confundido o decepcionado porque Dios no te da alguna bendición que le has pedido y que tú crees que mereces? Pensándolo bien, ¿es mejor tener una relación con Dios que depende de tu obedienciatotal a los mandatos de Dios, o una relación que depende del amor inmerecido de Dios? ¿No sería mejor confiar en la bondad y la sabiduría de Dios, y aceptar lo que Él dispone, en vez de insistir en tu propia justicia y tus derechos? 3.1.3.4 La fe versus la vista en la experiencia de Abraham (4:18-25). Romanos 4:17b marca una transición al último tema que Pablo trata en relación a Abraham: el objeto y la tenacidad de la fe. El objeto de la fe es Dios: “Abraham creyó en el Dios que da vida a los muertos y que llama las cosas que no son como si ya existieran”. La frase “da vida a los muertos” quizá se refiere al hecho de que Dios permitió que Abraham y Sara concibieran un hijo, a pesar de ser “muertos” en ese sentido (Heb 11:11-12), o quizá al hecho de que Dios permitió que Abraham recibiera de la “muerte” a Isaac cuando estaba a punto de ser sacrificado (Heb 11:19). La frase “llama cosas que no son como si ya existieran” quizá se refiere a la creación del universo ex nihilo [= “desde la nada”] (Heb 11:3), o quizá al pueblo de Israel que Dios formó y liberó muchos años después de su promesa a Abraham (Éx 1:6-7). Luego Pablo habla de la tenacidad (perseverancia) de la fe, pues Abraham siguió confiando que Dios cumpliría lo que ha prometido, a pesar de varios obstáculos que podrían haberle desanimado: “Contra toda esperanza, Abraham creyó y esperó. . . . Su fe no flaqueó, aunque reconocía que su
  • 20. 20 cuerpo estaba como muerto, pues ya tenía unos cien años, y que también estaba muerta la matriz de Sara. Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido” (4:18-21). Esta descripción de la fe de Abraham es muy impresionante, pero no cuadra completamente con el relato en Génesis 17. Ese texto dice que cuando Dios le dijo a Abraham que su esposa Sara sería la madre de naciones y reyes de pueblos, “entonces Abraham se postró sobre su rostro y se rió, y dijo en su corazón: ¿A un hombre de cien años le nacerá un hijo? ¿Y Sara, que tiene noventa años, concebirá?” (Gn 17:17). Algunos intérpretes, tratando de suavizar la discrepancia, dicen que Abraham se río de alegría, no de incredulidad. Pero el texto dice que Abraham respondió a Dios que Ismael, el hijo que Abraham tuvo con Hagar, podía ser el hijo de la promesa, no un hijo de Sara, que era estéril y ya tenía 90 años de edad. Una mejor manera de explicar la discrepancia es reconocer que Génesis 17 presenta la reacción inicial de incredulidad de parte de Abraham, y que Pablo enfatiza en Romanos 4 que Abraham después se aferró a la promesa de Dios. (Esto es un patrón que las Escrituras presentan en cuanto a Abraham y muchos otros héroes de la fe: a veces estos creyentes dudaron o desobedecieron por un tiempo, pero después volvieron, arrepentidos, a una fe firme y una obediencia ejemplar.) Pablo termina su tremenda exposición de la justificación por la fe en relación a Abraham con una aplicación a sus lectores en Roma (y en el Ecuador): “Por eso se le tomó en cuenta su fe como justicia. Y esto de que ‘se le tomó en cuenta’ no se escribió solo para Abraham, sino también para nosotros. Dios tomará en cuenta nuestra fe como justicia, pues creemos en aquel que levantó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor. Él fue entregado a la muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación” (4:22-25). El mensaje de Pablo en cuanto a la justificación por la fe es para nosotros. Lo que Dios hizo por Abraham, también hará por nosotros. Si creemos en aquel que levantó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, Él tomará en cuenta nuestra fe como justicia. Nuestros pecados serán perdonados y seremos justificados [= declarados libres de condenación], porque Jesús nuestro Señor “fue entregado a la muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación”. Como Pablo dice más adelante en esta carta: “Ahora que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios! Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuántamás razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida!” (5:9-10). “Por lo tanto, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu” (8:1). “Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (8:31-34). Para pensar: ¿Crees que Dios es digno de tu confianza? ¿Por qué sí o por qué no? ¿A veces tienen dudas los que son verdaderos creyentes? ¿Cómo se puede fortalecer la fe de un creyente que está tambaleando? En tu experiencia, ¿cuáles son las cosas que hacen crecer tu fe, y cuáles son las cosas que la debilitan? La peregrinación espiritual de Abraham fue larga. Él no llegó a ser un héroe de la fe de un día para otro, ni iba siempre para adelante, sino que a veces tuvo traspiés. Murió sin ver el cumplimiento de todas las promesas que recibió. Pero por la fe Abraham las vio con gusto desde lejos, confesando que era un extranjero y peregrino sobre la tierra. No se volvió atrás, sino siguió buscando la patria celestial. Por lo cual, Dios no se avergüenza de ser llamado el Dios de Abraham (Heb 11:13-16). ¿Qué te motiva a perseverar hasta el fin? (cf. Mt 10:22; 24:13) Ojo: Se puede organizar el mensaje del NT bajo los rubros de tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor (1 Co 13:13; cf. Ro 5:2-5; Ga 5:5-6; Ef 4:2-5; Col 1:4-5; 1 Tes 1:3; 5:8; Heb 6:10-12). La fe nos permite recibir and mantener una relación con Dios a través de Cristo. La esperanza enfoca la
  • 21. 21 meta de la fe, cuando las incertidumbres y las pruebas de esta vida dan paso a la gloriosa realidad de vivir con nuestro Salvador para siempre. El amor nos recuerda nuestro deber de vivir ahora mismo como el pueblo redimido de Dios, mientras esperamos la culminación de nuestra salvación. Podemos ver estas tres virtudes resaltadas en la estructura de Romanos. En los capítulos 1-4, Pablo enfatiza que es por medio de la fe en Cristo que experimentamos la justicia de Dios en el evangelio (es decir, la gracia). En los capítulos 5-8, Pablo explica la esperanza (la seguridad) de creyentes, como indican los “sujetalibros” de esta sección (5:1-11 y 8:18-39). En los capítulos 12-16, Pablo describe una vida de amor en medio de un mundo caído. La verdad central de Romanos 5-8 es la esperanza (la seguridad) de creyentes. Romanos 5:1-11 y 8:18-39 enseñan que el amor de Dios vencerá todas nuestras dificultades actuales y nos llevará a nuestro destino glorioso. El amor divino se manifiesta en la obra de Cristo por nosotros y a través del ministerio del Espíritu Santo. Podemos tener confianza/esperanza/seguridad porque Cristo ya conquistó el pecado y la muerte que entraron al mundo por medio de Adán (5:12-20) y ahora el Espíritu nos ayuda a hacer lo mismo (8:1-17). De hecho, por medio del Espíritu Santo podemos superar dos barreras a la gloria: el pecado (6:1-23), la ley (7:1-25). Así que, la primera mitad de Romanos (capítulos 1-8) se puede dividir en dos partes principales. La primera parte (1:18-4:25) enfoca la justicia de Dios y explica cómo Dios justifica a los injustos. La segunda parte (5:1-8:39) describe los beneficios que disfrutan aquellos que Dios perdona y declara libre de condenación. El argumento en esta parte sigue un patrón quiástico (a-b-c/c′-b′-a ′): a Creyentes pueden confiar que experimentarán gloria en el futuro (5:1-11) b Pueden tener esta confianza porque tienen nueva vida en Cristo (5:12-21) c El pecado no puede impedir que obtengamos gloria, porque quedamos libres del dominio del pecado (6:1-23) c' La ley no puede impedir que obtengamos gloria, porque quedamos libres de la condenación de la ley (7:1-25) b', Creyentes tiene confianza de no ser condenados, porque están en Cristo y porque por el Espíritu quedan libres del poder del pecado, la ley y la muerte (8:1-17) a′ Por lo tanto, creyentes pueden confiar que experimentarán gloria en el futuro (8: 18-39) 3.2 El pueblo de Dios unido en Cristo (5:1–6:23) En la primera parte de Romanos 1, Pablo usa mucho la primera persona singular (yo); en la segunda parte, usa la tercera persona plural (ellos). En el capítulo dos, usa la segunda persona singular (tu) y en los capítulos tres y cuatro vuelve a usar la tercera persona plural (ellos). Pero, de repente en el 4:16, Pablo introduce la primera persona plural (nosotros), la cual él mantiene hasta el capítulo seis. Así que, en Romanos 5-6,Pablo habla de varias experiencias que nos unen como un pueblo — hemos sido justificados, hemos muerto y resucitado con Cristo, y ahora somos esclavos de Dios. 3.2.1 Los beneficios de la justificación (Ro 5:1-11). Pablo menciona una serie de beneficios que tenemos al ser justificados por la fe, beneficios que se resumen en la idea de esperanza y seguridad: (1) a tenemos paz con Dios (v. 1) (2) b tenemos acceso a, y nos mantenemos firmes en, la gracia de Dios (v. 2a) (3) c nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios (v. 2b; cf. 3:23; 8:17) (4) c’ también nos regocijamos en nuestros sufrimientos, porque por medio de los sufrimientos, alcanzaremos la gloria, como lo confirma el amor de Dios (vv. 3-8) (5) b’ seremos salvados del castigo final por medio de Cristo (vv. 9-10) (6) a’ nos regocijamos en Dios (v. 11; cf. 2:17) La esperanza que Pablo resalta en Romanos 5:1-11 “no acarrea vergüenza” (RV1960), “no nos defrauda” (v. 5, NVI, RVC), “no desilusiona” (LBLA, NTV), “no decepciona” (BLPH). Los que ponen su esperanza en Dios no pasarán la vergüenza de ser condenados en el juicio (cf. Sal 25:3; Is
  • 22. 22 28:16). La esperanza de creyentes no desilusiona porque está basada en el amor de Dios. Ese amor se manifiesta de dos maneras: en nuestra experiencia personal y en un hecho histórico. La prueba subjetiva del amor de Dios es que Dios lo ha derramado en nuestro corazón por el Espíritu Santo (v. 5). La prueba objetiva del amor de Dios es la muerte de Cristo por nosotros en la cruz, cuando fuimos pecadores impotentes, bajo el dominio del pecado (vv. 6-8). Además, si Dios envió a su Hijo a morir por nosotros que somos pecadores, para librarnos de condenación, cuánto más seremos salvados de la ira de Dios en el día final ahora que hemos sido justificados por su sangre (v.9; cf. 1 Co 3:15; 5:5). Si fuimos reconciliados con Dios por medio de la muerte de Cristo cuando fuimos enemigos de Dios, cuanto más seremos salvos por su vida, ahora que hemos recibido la reconciliación (v. 10; cf. Ro 13:11). Si Dios nos perdonó cuando fuimos sus enemigos, sin duda nos perfeccionará ahora que somos sus hijos. En otras palabras, nuestra salvación en el presente nos da esperanza de nuestra salvación en el futuro, y esa esperanza no decepciona: Dios llevará a cabo la buena obra de salvación que ha comenzado en nosotros (Flp 1:6; cf. 2:12). Debido a nuestro pecado, quedamos destituidos de la gloria de Dios (Ro 3:23) y merecemos la ira de Dios (Ef 2:3), pero por la gracia de Dios alcanzaremos la culminación de nuestra salvación: gloria, honor, paz [shalom: armonía y bienestar] y vida eterna (Ro 2:7,11). Pablo comienza el párrafo diciendo: “Por consiguiente (cf. 3:21-4:25), ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (5:1). Los judíos creían que la justificación del creyente sucede cuando Dios revisa la conducta de cada persona para ver si ha sido fiel al pacto, viviendo conforme a la ley de Dios. La persona que ha sido fiel y obediente a la ley será justificada (quedará libre de condenación), pero si ha sido infiel y desobediente, será condenado y castigado. Jesús reflejó está idea de un veredicto divino en el futuro cuando dijo: “Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mt 12:37). Pero Pablo da un giro a esta idea, pues dice que como creyentes podemos saber de antemano, ahora mismo, el veredicto que Cristo nos dará en el juicio final. Ya hemos sido declarados libres de condenación, y por lo tanto, tenemos paz con Dios por medio de Jesús. (Cristianos reciben también la paz de Dios [Flp 4:7], pero eso se refiere a una experiencia subjetiva de calma, tranquilidad y confianza, no a un estatus objetivo de estar reconciliados con Dios.) Fuimos rebeldes, pero Dios nos perdonó y nos reconcilió consigo mismo por medio de su Hijo (Ro 5:10; 2 Co 5:19). La idea de que ya tenemos paz con Dios (no solo en el futuro) es similar a lo que Juan dice con respecto a la vida eterna [= conocer a Dios y a su Hijo]: “El que cree en [Jesús] no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. . . . El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él” (Jn 3:18,36). Tanto la condenación como la salvación son realidades actuales, no solo futuras. Tal como el juicio divino es presente y futuro, asimismo la salvación se experimenta en el presente (en forma parcial y provisional) y también en el futuro (en forma plena y permanente). Al estar en paz (reconciliados) con Dios, tenemos acceso por la fe a la gracia en la cual nos mantenemos firmes. Por medio de la fe en Jesús, tenemos acceso a la bondad inmerecida de Dios (cf. Heb 4:15-16). No solo tenemos paz con Dios y acceso a la gracia de Dios, sino que también tenemos esperanza de [experimentar] la gloria de Dios (Ro 2:7,11), es decir, de ser transformados por la obra del Espíritu (2 Co 3:18) y por la venida de Cristo (1 Co 15:50-52) a su gloriosa imagen. Tenemos la esperanza de llegar a la meta (Flp 3:12-14) y recibir una recompensa (2 Ti 4:7-8). Tenemos la esperanza de conocer nuestro nuevo nombre [= identidad] (Ap 2:17), de alcanzar nuestro potencial y ser como Jesús (1 Jn 3:2), y de cumplir nuestra razón de existir (Ap 5:9-10,13). Tenemos esperanza de ser partícipes de la gloria de Dios, y tenemos esa esperanza en medio de nuestros sufrimientos [por causa de Cristo] (Ro 5:3). Tenemos esperanza en medio de pruebas difíciles y dolorosas porque sabemos que estas pruebas producen paciencia [= perseverancia] (Ro 5:4). La perseverancia desarrolla nuestro carácter [cristiano], y un carácter cristiano [las virtudes de Cristo (cf. Gá 5:22-23)] produce esperanza [la confianza de que vamos por buen camino, rumbo a la