El siglo XIX en Inglaterra se caracterizó por una sociedad dividida en clases sociales rígidas bajo el gobierno de la reina Victoria. La clase alta era la aristocracia, mientras que la clase trabajadora sufría condiciones laborales pobres, incluyendo el trabajo infantil. Aunque Inglaterra se industrializó y expandió su imperio colonial, la sociedad enfrentó problemas como enfermedades, pobreza y una doble moral respecto al consumo de opio y la prostitución.