La escultura y pintura románicas se caracterizaron por figuras sencillas y planas, ropajes ajustados al cuerpo, y composiciones simples sin fondo ni perspectiva. La escultura se subordinó a la arquitectura en portadas, paneles y capiteles. La pintura tuvo funciones religiosas y decorativas con colores puros, dibujo grueso y falta de profundidad.