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Tócame, mamá
Se ha afirmado que la piel es lo más profundo del
individuo. Podría pensarse en esta frase como en una bella
paradoja sin otro fundamento que el propio sentido
estético, pero ciertamente no es así.
En la piel está la base primordial del psiquismo humano
más profundo, y en el contacto, la forma más sencilla de
llegar a lo más íntimo del "otro".
Fo;tn m !P hnu p� mntívn r!P P.sh 1rHn r!P. torios los
' -
.
especialistas en el tema, lo han sabido de forma intuitiva
todas las madres, que, con un bebé en sus brazos, han
traspasado las barreras de la comunicación gracias a la
magia real de la más tierna de las caricias.
Este libro contiene el soporte teórico de algo que ya
sabemcs de forma inconsciente: el con-tacto no sólo es la
vía más directa de expresión del amor, sino también el
elemento "nutricio" que permitirá a un bebé crecer
felizmente y sin conflictos. Su piel y su consciencia
conservarán para siempre la memoria del cariño y la
ternura, o de la carencia más absoluta de respaldo
afectivo.
En nuestras manos -nunca mejor dicho- está la decisión
de que se obre el encanto del nacimiento sensorial.
Ilustración de portada;
Fragmento de Las tres edades,
. de Gustav Klimt.
Galería Nacional, Roma, Italia
ISBN 84-7640-728-9
3 71 5 1
151
Tócame, mamá
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Al',IOR, TACTO
y
l'JA�Cil'tíiENTO SENSORIAL
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Elvira Porres +
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ELVIRA PORRES
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TOCAME, 1t1Alv1A
AMOR, TACTO Y NACIMIENTO
SENSORIAL
«PLUS VITAE»
© 1993. Elvira ['orres
© 1993. Editorial EDAF, S. A. Jorge Juan. 30. Madrid.
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la
transmisión de, ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia,
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Depósito legal: M. 31.878-1993
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Gráficas Rogar, S. A. - C! León, 44- FUENLABRADA (Madrid)
«LO MÁS PROFUNDO DEL HOMBRE ES LA PIEL»
(P. Valéry, La Pleiade, tomo 2, pp. 21-216)
ÍNDICE
Págs.
PRÓLOGO .... ..... ...................... . . . . .... . . ............ . ........ ..... ... ... ....... 13
INTRODUCCIÓN . ............................................................... ...... 27
PRIMER.A. PARTE
CAPÍTULO I. TÓCAME, MAMÁ ....................................... 33
INMADUREZ REAL DEL RECIÉN NACIDO ......... ..... . ... ..... . . 33
TUS MANOS . ................................ ............ .......................... 35
Inmadurez del sistema nervioso ................................. 38
a) Ausencia de sustrato anatómico.
b) Las neuronas, entes dinámicos.
e) Las neuronas, modificables por el medio ex:­
terno.
Herencia genética y medio ....... .............. .................... .. 41
a) Los genes como entidades directivas.
b) El medio externo condicionante del medio in­
terno.
e) Conducta como arco entre la herencia y el
medio.
10 TÓCAME, '-'1.·1.
Págs.
Etapa autista o universo cerrado . ...,.,..,........ .,..,.,... .,.,. 43
a) Estado ourobórico, narcisismo primario.
b) Barrera ante los estímulos exteriores.
e) Necesidad de abrir cauces para el nacimien­
to psíquico.
d) ¿Cómo el amor hace posible este nacimiento?
CAPÍTULO II. ¿CÓMO ME LO DICES? .............................. 49
«PLACENTA EXTERNA>>................... . ............. .... . ....... . . . ..... 49
«Nli DESEO>>............................. .......... ..... ...... ............ .......... 51
Maduración del sistema nervioso a través de la piel .. 53
a) La piel como órgano de maduración más tem-
prano.
b) La piel como parte externa del sistema nervioso.
e) La piel como sistema de comunicaciones.
d) De la periferia el centro.
Asiento de la «Placenta Externa» sobre la piel 57
a) La piel como órgano primario de aprendizaje.
b) Incoporación del mundo exterior a través de
esta placenta
e) Sentido de contigüiedad, proximidad, distan­
cia, etc.
d) De la sensación al sentimiento.
Necesidades básicas .......................................................
1 . Necesidades básicas imprescindibles para el ade-
cuado nacimiento psíquico.
1 .1 . Calor.
1 .2. Agarramiento y apego.
1 .3. Soporte.
62
j·
!'
ii'iDICE
1 .4. Continente.
1.5. Kinestesia.
1. 6. Caricias.
1 .7. Descarga.
CAPÍTULO III. ¡ÉSTE SOY YO! .........................................
ELABORACIÓN DE UN «YO PSÍQUICO>>A PARTIR DE UN
«YO FÍSICO>> ............. ...........................................................
«YO MISMO>> ... ............................ .......................................
,(,'fv i15i(c,,. ��Ye ¡:;:;iq�i�v�; ............................................
a) Concepto del «Yo».
b) La piel como soporte del «Yo» físico, «Yo»
psíquico.
e) Sensación, sentimiento de tener un «Yo».
Individualización. Formación de un «Yo individual»
a) Estructura versus fusión.
b) El tacto elemento diferenciador.
e) Separación de la piel común.
d) Establecimiento de límites.
e) El tacto como paliativo del dolor de la indivi­
dualización.
SEGUNDA PARTE
CAPÍTULO IV. LA CASA DESHABITADA.......................
«ENFERMEDADES POR CARENCIA>> ..................................
«NO ME LO DIJISTE>> ...................................................... ., .,
Contacto-supervivencia ................................................
a) Mayor resistencia inmunológica.
1 1
Págs.
71
71
73
75
79
91
91
93
95
12 TÓCAivlE. MAiVti.
b) Mayor capacidad de resistir el estrés.
e) Menor índice de mortalidad.
Pdgs.
Somatizaciones . .... . . ...... .. .. . .. .... . . .. .. . .. .. .. .. .. . .. . . ..... . ...... . .... 98
a) Enteritis, eccema, asma, etc.
Enfermedades psíquicas ...............................................
a) Carencia del sentido del «yo soy».
b) Retracción afectiva.
e) Falta de contacto.
d) Carencia de sentido de la realidad.
e) Desconfianza básica.
j) Sufrimiento como sustitutivo de placer.
g) Depresiones.
Sustituciones ............ . . . . .......... ............ .... . . ...... . . . ..... . . . ... . .
a) Noli me tangere.
b) Continuum de sonidos.
e) Promiscuidad sexual.
d) Exposición masiva al sol
100
107
CAPÍTULO V. ¡QUÉ BUENO QUE ESTOY AQUÍ! ......... 111
SALUD PSÍQUICA ... .... ............... . ...... . . ....... ... . ..... . . . . . . ......... .
«EN TUS BRAZOS>>
Elementos de la salud psíquica ...................................
a) Sentimiendo de centro.
b) Identidad yoica.
e) Capacidad de contacto-amor.
d) Independencia.
e) Seguridad, confianza.
j) Contracción versus expansión.
111
114
115
/
PROLOGO
N
ADIE dudará en la década de las neurociencias en que
· nos encontramos, de la gran importancia que se ha dado
al estudio del cerebro -esa «caja negra» enigmática, donde
parecen estar sumergidos todos los secretos del hombre--, con.
olvidos y menosprecios, muy difíciles de justificar, de otras
porciones del sistema nervioso periférico.
Se diría que, como en la política, también aquí se ha optado ·
por el centralismo en detrimento de la periferia, haciendo
almoneda de la natural autonomía y relevancia que tienen esos
otros sectores. Hasta cierto punto -sin que suponga ningún
agravio comparativo para el sistema nervioso periférico-, hay
que afirmar que, efectivamente, el estudio del cerebro, o del
Sistema Nervioso Central, constituye el reto más importante
que, sin duda alguna, se ha planteado a las neurociencias en la
actualidad.
Es menester recordar, sin embargo, que esa «centralidad» del
cerebro, en parte, comenzó a configurarse inicialmente a
expensas de la sensorialidad periferalista. De aquí que, en cier­
to modo, aquella «centralidad» tenga una persistente deuda
contraída con este periferalismo sensorial. Dicho de otra forma:
que debiera admitirse -aunque sólo fuera por vía de partici­
pación- una cierta centralidad de los receptores o encefaliza­
ción periferalista.
14 TÓCAME, MA:vL.
En las líneas que siguen trataré de reivindicar la importancia
que los receptores sensoriales tienen en la configuración de
nuestro mundo circundante e íntimo y su irrenunciable fun­
ción en la vertebración de la identidad personal. Y esto en nada
contradice la justa prioridad que la atención de los científicos,
antes de hoy y en la actualidad, vienen dispensando al estudio
sistemático del cerebro humano, o, si se prefiere, al así denomi­
nado Sistema Nervioso Central.
Las diversas modalidades sensoriales con que se enriquece
nuestro organismo han sido estudiadas, acentuándose, las más
de las veces, las diferencias que hay entre ellas. Es lógico que
se procediera así puesto que la especialización de los recepto­
res periféfiu.J:S .f..!üí.tia ól-'eL;i:tlütéuLt J.: Iúanifi.::sto estas difer.::;.-,­
cias. Pero, no obstante, debe de hacerse otra aproximación que
no soslaye la dimensión asociacionista, interactuante e integra­
dora entre las diversas modalidades sensoriales. Una aproxi­
mación así sería más copartícipe de la «centralidad» de que
participan estos sensorreceptores periféricos.
Ciertamente, no todas las modalidades sensoriales del orga­
nismo humano han sido estudiadas -y son hoy percibidas­
con idéntico entusiasmo. Por otra parte, cada periodo cultural
percibe esas modalidades sensoriales con diferente sensibili­
dad, de manera que, magnificando algunas de ellaS!, forzosa­
mente ha de minimizar la importancia concedida a otras. Por
poner un ejemplo, nada de extraño tiene que en el último año
se hayan publicado varios libros _:_algunos de los cuales han
llegado a ser «best-seller»- en los que el largo discurso se diri­
ge únicamente a describir, pormenorizada y sutilmente, la olo­
rosa y perfumada experiencia olfativa.
La vista y el oído son, qué duda cabe, los sentidos que han
sido privilegiados desde antiguo por la cultura occidental.
Hay demasiadas razones para haber obrado de esa manera.
En primer lugar, porque la transmisión de la propia cultura
occidental se halla acunada sobre esas dos modalidades senso-
I'RÓLOGO 15
riales. Y parece congruente que si la mayoría de los aprendiza­
jes -especialmente los académicos- cabalgan sobre los cor­
celes de la vista y del oído, resultasen de alguna forma privile­
giadas tales cabalgaduras.
Por otro lado, es muy probable que uno de los factores más
relevantes en el proceso de hominización -junto con la bipe­
destación y la encefalización- haya sido el desarrollo y1o
emergencia del· sentido de la vista en el organismo humano,
hasta llegar al nivel de complejidad con que hoy lo cono­
cemos.
En efecto, la aparición del aparato visual en el hombre, con
toda su poderosa complejidad -sin duda alguna, el receptor
S,.,-1.-o�;..,l -��.- '" "' ,...., r.lr>;..-. do l-rv1,-,c;- 'hizn nn�ihlP nnP ](1 vida
..... l ;:) llU .l.llCLV '-V..&...a.lt'.... "-J''_... ..._ ,...,... __ .._.,._ 1 -�""' ·�¡ l" ·. ··· -
1 . . , .
humana se incardinase en otro marco referencial muy distinto:
en el marco de las coordenadas espacio-temporales que hoy
nos son propias.
De poco habría servido al hombre alcanzar la bipedestación
si, simultáneamente, su aparato visual no se hubiera especiali­
zado según la creciente complejidad en que hoy lo conocemos.
Con una modalidad sensorial así, junto a la bipedestación, el
hombre pudo ampliar su horizonte más allá de lo que pudiera
pensarse para cualquier otra especie. Compárese, a este respec­
to, el campo visual-eLY!.11w.elt� percibido por un gusano con
la vista panorámica que se abre a la perspectiva humana
(€_jgenuze.lt).
Bipedestación y visión constituyen hitos de un mismo e
idéntico proceso mucho más vasto: el proceso de hominiza­
ción. La visión chata, «miope» y forzosamente proximal del
gusano recorta el horizonte vital en el que se instala este ani­
maC reduciéndolo a apenas un espacio mínimo y desarticulado
de toda dimensión temporal.
Sin espacialidad es muy difícil la experiencia de la tempora­
lidad. El tiempo, aunque pueda desentenderse del espacio, es
una dimensión que, inicialmente, se adquiere en función del
/�
' · l';i
16 TÓCAME, MAtv;Í.
espacio. La espacialidad es ontogenéticamente anterior a la
temporalidad. Sin visión -o cuando ésta es demasiado sim­
plista y poco desarrollada- no hay posibilidad de horizonte. Y
sin capacidad de horizonte, de poder observar lo todavía dis­
tante y lejano en el espacio, no es posible concebir el futuro. De
aquí que el gusano, si es que se admite la metáfora, sólo perci­
ba un espacio demasiado cercano e inane, en el que no es posi­
ble la existencia del tiempo.
Por contra, gracias a la visión, el hombre tiene capacidad
de horizonte. Esto significa una mayor amplitud de su
campo visual y con ella la posibilidad de observar lo riguro­
samente lejano y desconocido, de intuir lo que apenas se vis­
lumbra.. de reinventar-proyectar y visionar lo que, no apare­
ciendo todavía en su horizonte visual, el hombre desea que
aparezca.
Esto quiere decir que la ampliación del campo visual en el
hombre determina una estructuración nueva de su horizonte
vital en lo que es posible la proyección anticipatoria de lo que
desea hacer (futurización), es decir, la emergencia de la con­
ciencia del futuro.
Para apropiarse del espacio y del tiempo, el hombre tiene
que erguirse, es decir, pasar de la posición supina a la erecta. Y
eso con la lentitud que exige el desarrollo evolutivo propio de
la infancia. El niño ha de pasar primero de la posición supina a
la de sentado para, más adelante, sostener el cuello y rotar la
nuca -de acuerdo con la fuente estimular auditiva que, de
alguna forma, percibe-, de manera que amplíe su mirada y la
dirija hacia donde parece encontrarse la fuente estimular que
desea conocer.
Más adelante, tratará de separarse del suelo adoptando la
posición de «andar a gatas» y la de sostener el tronco erecto
sobre una base de sustentación mucho más amplia consisten en
estar de rodillas. Desde estas posiciones, el horizonte que des­
cubre es mucho mayor. Ahora puede percibir lo que hay al otro
I'RÓLOGO 17
lado de la cuna, la altura a la que está colgado el sonajero, la
cama de sus padres a la que, hasta entonces, sólo podía torpe y
muy toscamente imaginar.
Un esfuerzo más entre balbuceos -y siempre entre los bra­
zos protectores de su madre-, y el niño al fin se pondrá en
pie. Muy probablemente todavía no pueda dar ningún paso, y
es posible que el esfuerzo que ha hecho se acompañe de una
cierta angustia ante la posibilidad de caerse, pero ¡qué enorme
panorama se aparece a su vista!
Hemos asistido a la primera escena en que sobreviene una
cierta cosmovisión infantil y, con ella, la liberación del niño res­
pecto del primigenio aquí y ahora. Las liberaciones sucesivas y
el encadenamiento o aprendizajes cada vez más complejos le
permitirán la incorporación y su personal identificación en el
espacio y el tiempo, en cuyas redes puedan asirse las formas
del pensamiento a través de las cuales tratar de explicarse a sí
misp10 todo lo que acontece.
La vista en el hombre está vinculada al proyecto que se tiene
y, a su través, a la conciencia que de sí mismo se forja. Visión,
temporalidad, futurización, proyecto biográfico, conciencia de
sí y proyección de sí en el mundo y la historia, constituyen los
hitos que jalonarán la vida del hombre.
También podría afirmarse algo parecido respecto de nuestra
cultura. En este punto, el primado de lo visual constituye una
de las claves désde las cuales podemos tratar de entender
nuestra actual cultura. Como escribe Jesús Ballesteros en Post­
modernidad: Decadencia o resistencia (1989), «el tránsito de lo oral
a lo visual, de lo cualitativo a lo cuantitativo, y de lo analógico
a lo disyuntivo, conduce a la devaluación de los aspectos rela­
cionados con la cultura y la política en favor de los estricta­
mente económicos que pasan a ser considerados como la base
de la civilización» (pág. 25).
Siguiendo a este autor, puede afirmarse que la pérdida del
contacto inmediato con las cosas, la infraestimación del tacto
18 TÓCAME, MAMÁ
frente a la vista, configura una importante excisión entre sujeto
y objeto. La hegemonía de la vista garantiza la exigencia de
exactitud de la ciencia contemporánea, pero la transformación
del hombre moderno en mera perspectiva genera el desencan­
to del mundo y la nostalgia de lo real.
«En efecto -continúa Ballesteros-, lo sagrado en su desve­
lamiento va unido fundamentalmente al sentido del oído, ya
que Dios nunca puede ser visto, mientras que sí puede ser
oído. La racionalización de la vista como forma exclusiva de
conocimiento conduce a la profanación de lo real: todo puede
ser visto y, por tanto, nada hay sagrado (. . . ). Desde el primado
de la vista se pierde la conexión profunda silencio-canto­
ellcaftiu-eniu.s�a:;lllu-a..:lvlc:t(lGú-j.J...
,isteriv'' (pág. 21).
A esto ha conducido priorizar la vista sobre el oído, pero tal
tergiversación no se quedará aquí, sino que llegará a modalizar
lo más íntimo del propio hombre, su pensamiento, moldeando
en él determinados estilos cognitivos.
Un análisis más profundo de la forzada y artificial contrapo­
sición entre las modalidades sensoriales visual y auditiva nos
revela la importancia de los receptores periféricos en el molde­
amiento del funcionamiento cerebral y de los procesos cogniti­
vos. En efecto, gracias a la visión, el hombre puede optar por la
exactitud y la cuantificación, lo cual permite el empleo de con­
ceptos unívocos que salen garantes del pragmatismo científico
y de la eficacia utilitarista. En esta primera trayectoria hemos
transitado desde la primacía de la visión a la magnificación de
la univocidad conceptual. Esto es lo que sucede a nivel perso­
nal, pero también este proceso tiene sus repercusiones en el
ámbito de lo social.
Un pensamiento construido únicamente sobre la univocidad
conceptual, forzosamente ha de afirmar la noción de subjectum,
y con ella el engreimiento de quien tiene la falsa convicción de
disponer de una ilimitada voluntad de dominio. Surge así el
individualismo -ahora sí que puede ser calificado de visiona-
.......,�,;:'n.,;j "---- .------·-··--· ··
I'RÓLOGO 19
rio-, que por su afán de exactitud asignará números a todo
cuanto conoce.
El cuantitativismo resultante es consecuencia de la univoci­
dad, una vez que se ha eliminado la analogía. Y el cuantitati­
vismo conduce a la reducción de todos los valores a sólo los
económicos (economicismo). Llegados a este punto, al hombre
sólo le queda expandirse en el consumismo hedónico, en la
. satisfacción de los deseos y necesidades que la vista le inspire.
Pero no se olvide que el hedonismo consumista supone una
contratuerca que cierra todavía más herméticamente en sí
mismo al individualismo.
Por contra, la audición abre al hombre otro ámbito de muy
dl·-t:n�- .. :-�:!'; _ _ _;,(_ T- _,.,_.�;-;_c.� -� t;-·�-� ·�--�-�-'1";A- ...l-
Cv.,,...
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titud.
'·
Las sensaciones auditivas galopan sobre la fugacidad de
las ondas sonoras y, por consiguiente, no pueden proporcionar
un conocimiento riguroso, sino noticias apenas hilvanadas y
_,permeables a la ambigüedad. Pero, justo por ello, la modalidad
auditiva permite al sujeto cognoscente algo tan rico y valioso
como la posibilidad de la intuición.
Cierto que mediante el oído no podemos cuantificar el
mundo de forma rigurosa, pero sí que podemos acceder a otras
categorías menos reductivas y acaso cualitativamente más
valiosas. Mediante la audición podemos penetrar en el mundo
de la analogía y; a su través, adentrarnos en la alteridad, salir
de nosotros mismos para instalarnos en el otro.
La exclusividad de lo exacto conlleva la negación de la ana�
logía. Como dice Ballesteros: «El pensar unívoco y exacto, y la
exclusión de la ·analogía, serán responsables a partir de enton­
ces, y a lo largo de la Modernidad, de escisiones y desgarra­
mientos insuperables para la persona y el mundo. En efecto, el
rechazo de la analogía entis y el puro pensar en términos de
identidad -oposición que conducirá históricamente bien a la
negación de la identidad del hombre ante Dios (nominalismo,
Lutero), bien a la negación de Dios ante la realidad humana
'(J
' ¡ : t
·�
' t.l
r¡:l
:--�
20 TÓCAME, MAtvL-
(Marx, Nietzsche, ateísmo postulatorio)-, y así sucesivamen­
te a las falsas disyuntivas entre el individuo y la sociedad, ori­
gen del dislocamiento individualismo o colectivismo; entre el
deber o la felicidad, que enfrenta, absurdamente a puritanos y
hedonistas.,. Este dislocamiento del mundo, procedente en
términos de identidad-oposición y no en término de diferen­
cia-complementariedad, es precisamente lo que en el plano
epistemológico demuestra la obsolescencia de la Modernidad»
(pág. 23).
Hasta aquí algunas de las consecuencias que, según el autor
citado, se generan cuando se da primacía a lo visual. Debe
entenderse, sin embargo, que el hombre visual no debe confun­
clirse con el hombre contemplativo, de la misma forma que ver
no es sinónimo de contemplar.
Acabamos de estudiar cómo la visión amplía el horizonte
del hombre, abriéndole mediante el proyecto a un cierto domi­
nio sobre el futuro. Pero contemplar es algo que trasciende al
mero ver. Se contempla lo que está más allá, física u ontológi­
camente del mero ver, lo que trasciende de alguna forma nues­
tro horizonte sensorial visual, lo que resulta inalcanzable para
nuestro propio ver psicofísico.
La coi'.templación se diferencia principalmente de la visión
en dos características: en ser una mera perspectiva transhuma­
na que configura de un modo nuevo el modo en que nos apro­
ximamos a lo que vemos, y en consistir en una cierta volunta­
ria pasividad por la que el hombre contemplativo se deja arras­
trar y/o atraer por algo que trasciende su propio valor.
El contemplativo no es tampoco el visionario. Este último,
viendo lo de más acá, se remonta, activa y erróneamente, a un
más allá inventado, ficticio e irreal. El visionario es el seudo­
contemplativo, el que proyecta de forma magnificada los
errores propios de su vista. El contemplativo, en cambio, es
propulsado por algo que no se puede conceptualizar como un
error de su vista ni de su punto de vista. En el contemplativo
PRÓLOGO 21
hay algo de transhumano paradójicamente apresado, más allá
de la vista. El contemplativo no se limita a la univocidad, sino
que asume y hace uso de los recursos de la analogía. Acaso
por eso, su vista tiene un mayor alcance y, sin dejar de ser
huma_na, es capaz de ver lo transhumano, es capaz de ver
más allá de su vista.
Al fin y al cabo, el hombre visual es apenas un mirón que
queda prendado y cautivo de la necesidad de tener, una vez
que con gran pasmo la vista pone ante su consÍderación la
multitud de cosas placenteras y atractivas con que puede
gozarse. Al hombre contemplativo le es propio, en cambio, el
conocer, la sabiduría de conocer y la universalidad de ese
conocimiento. Al hombre contemplativo lo que le conviene es
la grandeza de ser, algo que está distanciado y mucho más
alto que las meras necesidades de tener. Se diría que el hom­
bre visual es un mirón, mientras que el hombre contemplativo
es un sabio.
Hasta aquí hemos tratado de contraponer -siguiendo los esti­
los cognitivos a que nos ha conducido la primacía de lo visual­
las modalidades sensoriales visual y auditiva. Pero con esto no
logro alcanzar el fin que me había propuesto con este prólogo,
que no es sino el de reivindicar la importancia de esa modalidad
sensorial -mucho más primitiva que todas las otras- que es el
tacto.
Para una mejor comprensión de nuestra actual cultura antro­
pológica, resulta obligado reivindicar la función sensorial del
tacto, a pesar de que no debamos excedernos en tal acción, ya
que por mucha que sea la preeminencia de esta modalidad
sensorial, las representaciones icónicas y simbólicas continúan
teniendo una mayor prioridad a la hora de explicar la organi­
zación del pensamiento.
Por otra parte, el tacto es una modalidad sensorial predomi­
nantemente femenina, así como lo visual es una modalidad
sensorial fundamentalmente masculina. Pero, diferencias
22 TÓCAME, MAMÁ
�.•
sexuales aparte, el tacto, no obstante, es la modalidad sensorial
que mejor traduce los conceptos de proximidad y lejanía, de
densidad y pesadez, de atracción y repulsión, de relación y
necesidad.
En efecto, sin el tacto resulta inviable el acogimiento. Repá­
Atíi:;Q:Qc"->p
t�rese en q�e el término acoger marca una �iferenci� significati-
. O varnente Importante del mero coger. El pnrnero esta penetrado
to"�( y corno transido de cuidado, de afectividad, de expectación. Se
) acoge aquello para lo cual se estaba previamente preparado y
bien dispuesto, aquello que probablemente mucho tiempo
atrás había sido vislumbrado y deseado en la opacidad de
nuestro horizonte vitaL
.
Por Contr" :::o coge C""],..,,.,;CI.,.. '"'("''" ?"'" fu
'
,til "de
'
"hil rono "'"'"
L t,...t/ '-''-
..-o.""'-"-"'1.L.f...4'--..l. .......... ._......._ .._....,. ...... J .._....._..._ '1._....._ ._._""'"'
su llamada atencionaL Se coge aquello con que tropezarnos,
lo que apenas sí llama la atención de nuestra curiosidad. Pero
en tal acción se manifiesta la carencia del más absoluto res­
paldo afectivo. Para coger cualquier cosa no se precisa del
tacto. Para acoger a una persona -sería inapropiado acoger
una cosa; las personas se acogen, las cosas, sencillamente, se
cogen o se escogen-, es siempre imprescindible la presencia
del tacto. Acoger es coger con tacto. El tacto es lo que diferen­
cia la acogida del mero prendimiento en contacto humano
libre y generoso.
Sin el tacto, tampoco sería posible el abrazo. Abrazar a
alguien es abrirse, mostrar al otro lo más vulnerable de nuestro
organismo que queda ahora indefenso durante la apertura de
sí, a cambio sólo de poder acoger mejor al otro. Abrazar al otro
es, en cierto modo, embrazar a alguien, rodearle, revestirle en
la acogida protegiéndole con nuestro propio cuerpo, una vez
que ofrecernos al contacto con el otro nuestra parte más débil,
el tacto es el que aquí sale garante del contacto interpersonaL
El tacto media todo contacto entre personas. Por eso, forzosa­
mente ha de estar siempre presente, corno sazonando los con­
tactos interpersonales más íntimos.
I'RÓLOGO 23
En circunstancias corno éstas, el tacto humano deviene en
caricia. Acariciar no es otra cosa que establecer un contacto
humano, que el encuentro entre uno y otro cuerpo se ha hecho
afectivida�, sentimiento, pasión, donación de sí. Lógicamente,
el hombre tiene que trascender el tacto, pues de lo contrario se
encontraría aturdido en la sensorialidad y en el tibio oscureci­
miento del mero encuentro epidérmico.
Pero que tenga que superar el enriquecimiento que se le
alcanza a través de esta modalidad sensorial, no significa que
deba prescindir por completo de él, corno tampoco ha de per­
manecer fijado a él y de él y dependiendo. También aquí hay
que escapar de los dilemas maniqueos y superarlos.
.�_mable lector: El libro que tienes eP.tre tus m<1.nos tr?t<' preci­
samente de la importancia del sentido del tacto y constihtye un
alegato que procura poner a esta modalidad sensorial en su sitio.
La autora ha sabido enriquecerse en todas y cada una de las
experiencias que, a este respecto, ha acumulado en su estrecho
contacto con el mundo de la infancia. Este conocimiento expe­
riencia! e irrefutable es, precisamente, lo que parece haberle
dado un punto de apoyo, de seguridad inquebrantable para las
hipótesis aquí defendidas.
El tacto es para ella lo que abre el universo cerrado de nues­
tra identidad corporal y lo que madura a nuestro sistema ner­
vioso a través de la piel, habida cuenta de la necesidad que éste
tiene de estímulos tráficos para plenamente desarrollarse. La
piel es donde se codifica y decodifica la información que a tra­
vés del tacto pone en comunicación el medio externo y el
mundo íntimo que llamarnos mente.
Nada tiene de extraño que, corno dice Elvira Porres, «sola­
mente hay(a) una manera de decir "te quiero" al recién nacido,
y es a partir del íntimo apego entre la madre y el niño, donde
se constituyen múltiples respuestas de índole afectiva».
La autora pasa revista e.n este libro a la génesis y elaboración
de la propia identidad personat a través de estas tempranas
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. �j
24 TOCAI'v!E, 'v!AMA
experiencias sensoriales de las relaciones madre-hijo, con las
que se entreteje el proceso de individualización. Más tarde,
estudiará los trastornos psicopatológicos y las alteraciones
carenciales del sentido del tacto, analizando detenidamente las
manifestaciones y proyecciones interactuantes entre estos défi­
cits y las enfermedades psíquicas. En muchos de estos trastor­
nos acaso puedan acunarse luego, cuando adultos, otras defi­
ciencias caracteriales como la retacción afectiva, la desconfian­
za básica, las inhibiciones o incluso la depresión.
Por contra, cuando estas primeras relaciones sensoriales
están bien articuladas, su utilidad es muy grande, pues sirven a
la vertebración de la identidad personal, una identidad que,
apoyada en los sentimientos de seguridad y confianza, es lo
suficientemente independiente como para constituirse en el
centro de esa capacidad vital y necesaria que es la experiencia
amorosa.
En TÓCAME, MAMÁ, Elvira Porres plantea la necesidad de,
a través del tacto, descubrirse el hombre a sí propio y encon­
trarse consigo mismo en la mirada del otro. Cuando ese tro­
quelaje o «imprinting» inicial ha sido bien constituido, enton­
ces es más fácil que el hombre pueda disponer de sí, autoex­
propiarse en favor del otro, es decir, optar por la independen­
cia, porque así se quiere.
De otra forma, la personalidad del hombre puede llegar más
fácilmente a madurar a través de la donación. Pero esa dona­
ción no acabará de llegar si desde pequeño no se ha aprendido,
a través del contacto corporal, que el amor es fuerte y exige
tanto la aceptación del otro como la donación de sí.
El biologismo, al subrayar en exceso el papel del cerebro, pro­
duce el autoengaño por el que el hombre, renunciando a su con­
dición humana, se degrada e iguala erróneamente a los anima­
les. Los resultados obtenidos por las investigaciones psicológicas
recientes son, a este respecto, tozudos. También en esta urdim­
bre afectiva primordial aprende el hombre a autoexpropiarse y a
I'RÓLOGO 25
separarse de sí mismo, una ruptura ésta gracias a la cual se
obtiene una unidad más fuerte y profunda, más radical y com­
prometedora y más vitalmente fecunda: la unidad con el otro.
Si tuvi�ra que resumir lo que tan amablemente y bien escrito
se contiene en este libro de Elvira Porres, me atrevería a afir­
mar lo que sigue: que frente a las modalidades sensoriales
auditiva y visual que, por actuar a distancia, aíslan y alejan, la
percepción táctil acerca, estabiliza, acompaña, da seguridad y
constituye ese soporte bien fundado que puede garantizar y
dar robustez al compromiso interpersonal, cualquiera que sean
las vicisitudes que este compromiso pueda sufrir a lo largo de
las complejas y diversas trayectorias biográficas personales.
Elvira Porres demuestra, una vez más, que no es posible !a
identidad personal sin la apertura hacia los valores, y que en el
rearme moral de la sociedad del deseo en que nos encontra­
mos, el cuerpo humano constituye, sin duda alguna, uno de su
valt;>res primordiales.
Al parecer, tenía razón Cicerón cuando escribía: «Non
nobis solum nati sumus», no hemos nacido sólo para noso­
tros (De Officiis, 1, 7, 22). Precisamente por eso estamos abier­
tos a los demás, incluso desde las primeras etapas de nuestra
vida, justamente cuando acontecen esas primeras experien­
cias sobre las que se fundará nuestra futura identidad perso­
naL las experiencias de aceptación y donación resultan bási­
cas para el desarrollo de la futura personalidad, pues como
reza un viejo aforismo medieval: «No feret optatam, qui rem
non donat amatam», no se llevará lo que desea, quien no da
lo que ama.
Sierra de Madrid, 31 de diciembre de 1991
AQUILINO POLAINO-LORENTE
Catedrático de P:sicopatología
de la Universidad Complutense de Madrid
INTRODUCCIÓN
E�����:��;����:�:��;
·
h:������r�'t:e��;::��������
de sobrevivir; ha sido capaz de defenderse de las demás espe­
cies, en ocasiones mucho más fuertes que él, y ha sabido crear­
se las condiciones adecuadas para que su vida se prolongue
por mucho tiempo.
Ha sido también capaz de organizarse como colectivo, y ha
elaborado leyes lo suficientemente solidarias como para prote­
ger a sus individuos más débiles; ha superado la ley de la
selva, la ley del más fuerte.
Ha sido tan hábil y tan inteligente, que sólo la costumbre de
verlo, y las grandes fisuras del actual sistema, nos hacen olvi­
dar tan gran habilidad e inteligencia.
Sin embargo, el individuo humano, como tal, no ha llegado
a saber cómo hacerse feliz a sí mismo, cómo llenar el gran
vació que siente en su interior. Todavía no ha desarrollado el
potencial realizador que intuimos lleva dentro de sí.
Creo que todo hombre piensa, intuye o siente esta enorme
carencia; no entiende que su deseo de plenitud, el deseo de
amor, siempre constante en su vida, nunca haya sido satisfe­
cho. Ningún objeto externo le proporciona la necesaria sensa­
ción de saciedad para darle sosiego.
';::::.:·
28 TÓC,v!E, l'v!Al'v!Á
Hay muchas promesas en la sociedad y en todas las culturas,
y muchas búsquedas de hipotéticos paraísos que se justifican
sobradamente. El vacío del hombre es mucho, su sentimiento
de «ser» es tan escaso y limitado que le impide sentirse a «SÍ
mismo» lleno de «sí mismo>> como para que esa sensación-sen­
timiento le proporcione una estancia lo suficientemente feliz y
plena para dejar de buscar inútilmente continuos estímulos
exteriores a él.
Pensamos que ha realizado una gran tarea, ha sido un gran
logro como especie conseguir este estado evolutivo, pero cree­
mos también que ha llegado la hora de ir un poco más allá, de
intentar conseguir un algo de esa felicidad que le es debida
comín <:;:11 lerrí�i""'a dem"nda
...........b""'""...... "'-'- J. b ... .L..o.l. J..o....... J. ' .
Cualquier intento serio en este sentido debe abordarse y
hacerlo con el esmero y la ternura que merece este hombre,
que, superadas tan difíciles etapas de supervivencia, llega a
este momento existencial y no encuentra sentido a una vida,
que por su propia naturaleza, exige otra plenitud.
No pensamos en absoluto que esta Tierra deba de ser forzo­
samente un valle de lágrimas, pensamos más bien que llegará a
ser el paraíso tantas veces buscado y nunca encontrado. No
creemos que éste paraíso se consiga por medios externos a ét
creemos más bien que será el justo premio del encuentro del
hombre, dentro de sí mismo, de su búsqueda interior.
Sencillamente, estamos en un estado de evolución y vamos a
seguir avanzando. No sería justo culpabilizarnos, me parece
más justo seguir premiándonos haciendo el serio intento de ir
un poco más allá.
Quiero aportar mi experiencia, mi formación y mi trabajo a
esta tarea; lo haré con algunas hipótesis de elaboración perso­
nal que en su enunciado pueden parecer sencillas, e incluso
sabidas, por lo menos muy intuidas. Justifica este esfuerzo el
constatar que, por sencillas e intuidas, a veces no son valoradas
en su real y profunda dimensión.
INTRODUCCIÓN 29
Al intentar documentar el trabajo, he podido comprobar con
satisfacción que en los planteamientos teóricos de los reconoci­
dos maestros están esbozadas estas ideas, pero lo están de una
forma sucinta y siempre dirigidos a especialistas.
Considero muy útil hacer una obra divulgativa, de una
manera sencilla y entendible, para beneficio de las personas
cercanas al tema y para las que tienen en sus manos la acogida
a los nuevos miembros de la especie.
¿A quién irá dirigido este trabajo? Sólo hay un baremo para
saberlo: a quien lo «toque>> profundamente; a quien, al hojearlO¡
«sienta>> que esto es cierto, y al que, al cono�erlo, «sepa» que
merece la pena llevarlo a la práctica; a quien intuya que es
tarea personat llegado este grado de evolución, intervenir acti­
vamente en ella.
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1
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1
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1.
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CAPÍTULO I
TÓCAME, MAMÁ
INMADUREZ REAL DEL RECIÉN NACIDO
TUS MANOS
Tus manos,
mariposas calientes que despiertan mi piel,
un mundo oscuro espera su caricia,
r:!go muy lejano quiere !?pt?recer.
Tus manos, mariposas calientes,
llenas mis espacios vacíos,
se adentran por oscuros caminos
para encontrar dulces frutos,
para extraer la miel.
Por tus manos,
mariposas calientes,
aprenderé a bailar
el gozoso ritmo de la vida...
.. . me amaré.
q
E
L niño al nacer, aparentemente, nace completo, pero esto
que parece evidente es una realidad sólo parcial. Ha teni­
do un periodo de nueve meses de gestación intrauterina, ha
pasado por un �� que le permite un funcio­
namiento físico autónomo, pero le queda otra salida a la real
luz de su psiquismo, que constituye su segundo nacimiento.
Este �undo nacimiento, el nacimiento psíquico, viene
determinado por dos val<;?.r12.?...de similar importancia: uno sería
el capital genético con el que ya viene dotado, y otro estaría
constituido por el entramado de relaciones que establece con
su entorno.
Podemos decir con toda seguridad que el RN se encuentra
en un estado de indiferenciación total, ha venido al mundo con
un equipo congénito que es su patrimonio heredado, pero con
una carencia total de consciencia, de percepción y cualquier
ftmción psicológica. En opinión de Freud, se puede considerar
al RN como una totalidad indiferenciada que carece en absolu­
to de yo, ni de sentimiento de sí mismo.
En su apariencia exterior, es un ser independiente y autonó­
mo que tiene capacidad real, en el terreno físico, de crecimiento
propio, pero en la esfera psíquica es totalmente inconsciente y
oscuro. No es consciente de que tiene un cuerpo, ni sabe que
sus brazos o piernas sean suyos. No puede utilizar su cuerpo y
38 TC)CC..IE. LvLi.
no comprende el significado que le llega a través de los senti­
dos. Está equipado con un mecanismo muscular mínimo, con
el que realiza sus actos reflejos, y que le permite mantener el
funcionamiento de sus órganos, pero el sistema nervioso cen­
tral es en su mayor parte inactivo.
INMADUREZ DEL SISTEMA NERVIOSO
úl RN no tiene ninguna imagen del mundo, ni ningún estí­
mulo que le haya llevado por vía de los sentidos y que pueda
reconocer como una señal, por lo tanto, los estímulos que cho­
c;:;.n C8::. ::;:.;. c.p;:;.rw.tc; :;cnsorial carecen en absoluto de sig:
ú�iicétclo
para él, cada uno de éstos tiene que ser transformado, primero
en una experiencia significativa, sólo después se puede conver­
tir en una señal, a la que se irán añadiendo otras muchas seña­
les para completar una imagen coherente del mundo.
No sólo esto es cierto, sino también que tiene una alta barre­
ra protectora ante los estímulos externos que le alejan de ellos
en estos primeros momentos.
Existen distintas teorías al respecto, nos adherimos resuelta­
mente a los últimos descubrimientos acerca del funcionamien­
to del cerebro, y a las investigaciones llevadas a cabo por neu­
rólogos tan fuera de duda como el mismo profesor Rodríguez
Delgado, quien asegura que las sensaciones de los recién naci­
dos deben de ser muy elementales. La razón fundamental es
que los seres humanos nacen con un cerebro muy inmaduro.
Al principio, las neuronas tienen una morfología embrionaria,
con muy pocas ramificaciones y mínima complejidad. Al faltar
este sustrato anatómico funcional, es imposible que a muy
temprana edad puedan dar indicaciones de la mayoría de las
funciones mentales.
Mientras el corazón late antes de nacer, y todos los demás
sistemas vegetativos están preparados para funcionar en cuan-
----··- · �--·---
- ..------------·-·· · ..· ··--· · · · - ...
�
·u·
��
l.'< vi.-DLREZ DEL RECIE:i 0iACIDO 39
to se produce una separación ele la madre, en cuanto se corta el
cordón umbilical, al cerebro no le ocurre lo mismo.
El cerebro crece gracias a dos poderosos determinantes: las
órdenes dormidas de los genes y los impulsos codificados que le
proporciona el medio ambiente, y que penetra por los sentidos.
Pogresivamente, gracias a estos dos factores, las funciones
cerebrales se irán desarrollando, y la riqueza emocional e inte­
lectual también crecerá.
«La idea de que los niños nacen sin funciones mentales y sin
capacidad de conocimiento es poco agradable a los padres, la
rechazarán, pero en nuestras investigaciones tenemos que aña­
dir que no pueden existir a esta edad funciones mentales, por­
que iaJ.ran la:; e::; truc t u.ra::; Lerel:!! ctles capaces de realizar dichas
funciones. Después las adquirirán, pero para ello necesitan ele­
mentos que han de madurar, y que no existen en el recién na­
cido 1 •
Resumiendo, podríamos decir:
Las neuronas son entes dinámicos, que son suscepti­
bles de modificación en sus conexiones y ramificacio­
nes, incluso en su estructura celular, bajo la influencia
recibida por todos los receptores sensoriales que
intengran el organismo, de tal forma que el medio
externo es condicionante del medio interno neuronal.
Las neuronas del cerebro del recién nacido son e��.
cialmente influenciab
les por la estimulación sensorial,
debido a sue están en etapa de crecirpiento y desarr�
llo. El sistema referencial, que nos permite analizar y
comprender la información aprendida, tiene su ori­
gen en estas etapas, y es impuesto al niño sin su con­
sentimiento, ya que el cerebro es tan inmaduro que no
tiene capacidad selectiva ni decisoria.
J. M. R. Delgado, La F<'ilcldad. Madrid, 1988, pág. 272.
40 TÓCAME, MAMÁ
- El cerebro del R.J.
'J está abierto para recibir información
p:ocendente de� medio ambiente, pero ésta no es pre­
:ramente seleccionada por determinismo genético. La
mfo�mación decisiva para la estructuración material y
funciOnal del cerebro tiene que venir del exterior.
Los genes son órdenes directivas, llevan direcciones
preferenciales de d esarrollo, pero la información
sensorial, que es definitiva para la estructuración
material y funcional del cerebro, tiene que venir del
exterior.
Al conocer esto, nos damos cuenta de que p odemos ser
aut�r..ticos artífices de nuestros propios cerebros, con esa privi­
legia�a arma que es la aportación exterior que coopera a su
propiO desarrollo.
«El problema de la infelicidad del hombre no estriba en que
n�estro
.
cerebro no haya evolucionado suficientemente para las
exigencias del mundo actual, sino más bien en que no alimen­
tamos a nuestros recién nacidos con la información sensorial
· adecuada y no les suministramos marcos sociales y emociona­
les adecuados, en los estadios cruciales para el troquelado
(ímpríntíg),
.
�decuado a su futuro, deseable desarrollo. El odio y
la destruccwn que acompañan de por vida al hombre no son
propiedades funcionales del cerebro, sino elementos introduci­
dos a tra:és d� señales impust s¡nsoriales. No se originan en la
personalidad smo en el medio» .
A estas alturas, los neurofisiólogos conceden cada día mayor
atención al crecimiento de las neuronas, a la formación de nue­
vas células, a
.
la may�r riqueza en prolongaciones neuronales y
a las compleJas reacciones bioquímicas y bioeléctricas que tie-
.
" Ashley Montagú, La naturaleza de la agresividad humana, Alianza Edito­
nal, S. A Madrid, pág. 1 76
iNMADUREZ DEL RECIÉN NACIDO
41
nen lugar con singular intensidad en las primeras semanas y
meses de la existencia.
Por el momento, todos coinciden en afirmar la inmadurez
con que nace el cerebro del hombre y la gran importancia de
las remodelaciones y cambios estructurales que experimentan
en sus primeros contactos con el mundo exterior, Parece muy
probado que el cerebro se va modelando mediante las relacio­
nes interpersonales. Podemos concluir que lo que ocurre en
estos primeros días de la vida es decisivo p ara la existencia
posterior.
Al p ostular tan gran inmadurez, que gobierna los primeros
estadios de la vida, aparece un hecho de suma importancia y se
manífiesta con mucha clarid?.d: las primeras influencias son en
cierto modo constitutivas o constituyente, es decir, son «cuasi»
hereditarias.
HERENCIA GENÉTICA Y MEDIO
Es un hecho que los seres humanos heredan genes que van a
infuir posteriormente sobre su conducta. Es también un hecho
que los genes correspondientes a formas básicas de conducta
•1humana, como: la agresión, el amor, el altruismo, son producto
de una larga historia evolutiva, y que en cualquier análisis
serio de la naturaleza de estas formas de conducta debe tenerse
en cuenta la historia de la evolución de la especie y de sus
interrelaciones. En el desarrollo de la conducta humana han
actuado presiones evolutivas infundidas por un medio social
totalmente nuevo, cual es la cultura, que el mismo hombre ha
generado.
Como consecuencia de las presiones selectivas culturales, la
humanidad ha influido no poco en los sustratos genuinos de
su propia herencia personal. Ello no significa que los humanos
se hayan liberado de la influencia de los genes, que afectan de
42 TÓCAME, ,v!AíVIÁ
U:
�do determinante la conducta de otros animales, pero sí sig­
mflca que su conducta está menos presidida por éstos. Quiere
esto decir que el animal humano y de hecho lo hace, interviene
en su propia evolución, dirigiéndola en alguna forma hacia los
objetivos concretos. La educabilidad, la falta de rigidez y la
gran flexibilidad de la constitución genética humana hace que
esto sea posible.
Diríamos que �
a conducta es la manifestación de un arco
�� tendenci�_icas_y las.J!2fluencias ambientales, el
rasgo más específico del hombre, que es la intervención -�n la
evolución propia, le permite modelar sus propias tendencias
genéticas de modos muy distintos. La manifestación de los
genes, de alguna manera es u na función del IT•:::dic;; ;:::�:::.s_-...:c
nunca de forma total, los genes están sujetos a control humano,
a su canalización y dirección. Esto no significa que los sustra­
tos genéticos de la conducta humana tengan un papel insio-nifi-
- .
b
cante, pero SI ciertamente que no determinan su desarrollo.
Lo que sí podemos concluir es que los humanos somos cria­
turas capaces de cualquier clase de conductas y sentimientos y,
sobre tod
.
�
, y esto es lo más sorprendente, que esto depende en
gran mea1da de los condicionamientos de todo tipo impresos
en el cerebro virgen y en los primeros estadios de vida.
El medio condicionante interacciona con los potenciales
genéticos, y la conducta resultante es la expresión de esta inter­
acci�n
_
. Diríamos qu� el medio esencialmente humano es el que
serv1ra para convertir al animal humano en el hombre evolu­
cionado que la especie espera legítimamente de sí misma. Sin
sus potencialidades genéticas, los humanos no se convertirían
en humanos, pero solamente con todas esas potencialidades no
podían evolucionar como tales sin la tutela prolono-ada de un
medio humanizante.
0
El mismo profesor Rodríguez Delgado extrae como conclu­
sión de sus estudios experimentales que la identidad individual
y la conducta personal no son propiedades del cerebro que se
iivlADliREZ DEL RECIEN NACIDO
43
despliegan automáticamente por maduración neuronal, sino
funciones adquiridas que deben aprenderse y que, por tanto,
dependen esencialmente de la recepción de las señales senso­
riales.
Dice textualmente: «Me gustaría proponer una visión más
optimista que atribuyera menos importancia funcional al pasa­
do genétlco y un papel más importante a los impust sensoriales
v a la información cultural, que son factores decisivos en eda­
�-les muy tempranas, para la determinación de muchas propie­
dades anatómicas, químicas, eléctricas y funcionales de las
neuronas cerebrales. Con arreglo a este criterio, la mayoría de
neustros problemas de conducta social e individual no depen­
.-L."-- r!a ' "' "' hD-r,:m ri "' hinL--<,c-;r"'. ni de una nreformación neurofi-
�·�-- -· - - · · · · · - - - - - - - ---- - - - - - o- - · r
siológica.
»Una de las tareas para los científicos futuros es el estudio
experimental de esos problemas, reconociendo que los estímu-­
los ,ambientales pueden afectar radicalmente al desarrollo del
niño» 3•
Podemos decir, por tanto, que el_ desarrollo del niño no es
tanto una herencia como un logro, y cuando traemos un nuevo
miembro a la vida tenemos la responsabilidad de hacerlo un
verdadero ser humano.
ETAPA AUTISTA O UNIVERSO CERRADO
Estamos, por tanto, ante un individuo «que está naciendo»,
es decir, ante algo oscuro y cerrado que ha de llegar a la aper­
tura que sería un auténtico nacimiento psíquico.
Su país de origen, su vida intrauterina, ha constituido para
él una experiencia altamente placentera, ha sido un estado de
-'
Ashley Montagú, La naturaleza de la agresividad humana. Alianza Editorial,
S. A Madrid, 1 985, pág. 177
.,
44
TÓCAME, MAMÁ
suprema felicidad, si bien esta felicidad no puede considerarse
como tal, pue
.
sto que no e� autoconsciente, diríamos mejor de
suprema placidez. Sumergido en el líquido amniótico, someti­
do a una
.
presión y temperatura uniformes y provistas todas
sus
.
necesidades sin tensión ni esfuerzo por su parte, puede
decrrse que el feto vive una experiencia auténticamente nir­
vánica.
Al desprenderse de este estado, nos encontramos con un ser
que carece no sólo de estructura psíquica, sino incluso de lími­
tes son
:áticos. Es incapaz de distinguir el yo del no yo, ni de
tener nmguna percepción acerca de sí mismo.
Durante los primeros meses tiene ante sí dos tareas de gran
envergadura; una sería la sobrevivencia y el crecimiento físico
Y ütra sería el nacimiento de una vida psíquica que, empezan�
�o práctica�ente de cero, v.a .dando lugar a una mayor y supe-
n?r compJ�Jidad. . •.. . . . .. •.,}i·· �'�"':'"' ·
''"''"'-"i''<'r�
'f.},�is'te'segundo caso; el �acimiento de la vida psíquica,
partimos de un estado de narcisismo primario absoluto, mar­
cado por la falta de conciencia del infante respecto de todo
lo exterior a él. Este estadio lo denominamos de autismo
normal» •.
.
En este momento, el RN vive en un circuito totalmente .
cerrado, tiene una barrera opaca respecto de estímulos exterio­
res. Para que este sistema centrípeto de energía se abra, tiene
que haber un desplazamiento progresivo de la energía del cen­
tro hacia la periferia.
Toda posible percepción proviene de dos fuentes de informa­
ció�; primero de los propios fluidos internos, movimientos,
somdos, etc., y segundo de los estímulos externos a su propio
cuerp
.
o; las respues:as del recién nacido se producen según las
necesidades comumcadas por estas dos vías. Los estímulos que
'
M. �alher: El nacimiento psicológico del infante humano. Ed. Marymar
Buenos Aires, pag. 54. ,
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INMADUREZ DEL RECIÉN NACIDO 45
rovienen de fuera son percibidos sólo cuando su nivel de
fntensidad exceda al umbral de la barrera que tiene establ�cida
contra ellos. Entonces irrumpen a través de dicha ba�rera r?m­
piendo el sosiego del neonato que reacciona con viOlencia Y
desagrado.
Esto nos encaja con la descripción de este estado hecha p�r
F ud del que dice que es un sistema físico cerrado a los esti-
re '
. l d d
mulos del mundo externo para satisfacer sus necesrc a es e
forma autista.
· .
En este estadio se va abriendo poco a poco, medrante los
estímulos del medio, y accede lentamente a otro en el que apa­
rece la oscura conciencia de que él mismo no puede prov�erse
la satisfacción necesaria, sino que ésta debe serle proporciOna-
da por algo que está fuera de sí mismo. · . ,
.
Según Spitz: «Las vías de percepción del recr�n
.
nacrdo p�rte­
necen a un sistema de capfación básicamente·
c
hstmto del srste­
ma,de p€rcepción que actuará en edades posteriores y con el
cual estamos familiarizados. Este sistema, que se halla presente
al nacer, es la organización cenestésica. Es un sist
.
ema de capta­
ción generalizada, primordialmente visceral, y tiene su centro
en el sistema nervioso autónomo» 5•
Éste sería el momento en el que una acción exterior a él, lo
que llamaremos en adelante «placenta
.
�xterna», l
.
e ayu�ará a
salir de esa tendencia innata a la regresion vegetativa, «trra�do
de él» hacia el exterior, para llegar a la organización postenor,
donde la percepción ya no se efectúa a través de los órganos
sensoriales periféricos, sus centros están en la corteza Y sus
manifestaciones son procesos de conocimiento entre los que se
van a establecer los procesos del pensamiento cons�iente.
.
Es aquí cuando la adecuada asistencia del medro, e�pe�r�l­
mente la madre, puede propiciar este tipo de comunrcacron,
5 René Spizz, El primer año de vida. Madrid, 1 986, pág. 45.
46 TÓCAME, MAMÁ
e�a com�nicación cuerpo a cuerpo, mística, sin palabras y
Siempre mcomprensible para el observador exterior a ellos
Diríamos que «El que está naciendo», y para poder logrario ha
de encontr�r �as condiciones necesarias de acogida que harán
de este nacimiento un logro venturoso. Cuando un recién naci­
do no es recibido por esta «placenta externa», podemos decir
que este segundo nacimiento no se produce y condenamos a este
�er a la eterna búsqueda de algo sin nombre y sin forma para
el, que no es nada más que el sentimiento confuso de la falta
de «SÍ mismo». Será un individuo en continua ansiedad por
enc_o�trar fuera de sí algo que intuye le falta y que no acierta a
deflmr, una presión interna de algo que quiere manifestarse y
'11JP 110 f?!1C1.!e!:tra la f�!"�J. de haccilo.
Cuando, por el contrario, esta «placenta externa» funciona
a�ecuadam
.
en�e, ese ser
.
�cumulará como experiencia primige­
ma un sentimiento gratlflcante de confianza en el universo. El
mun�o r�al existirá en el presupuesto constante de que toda
expenencia ele su vida va a seguir discurriendo en ese orden y
confianza.
.
En est�� primeras relaciones constitutivas se fragua la ulte­
nor rela�wn del hombre con la realidad exterior, partiendo de
una
.
r
.
e�hdad t�n cercana como es el propio cuerpo y con la
posibilidad de mtegrar en una totalidad armónica todo su ser
en el curso de la experiencia de la vida.
Cuando esto no se constituye positivamente, el niño elaborará
�n sentimiento de inseguridad y despego de pérdida, en defini­
tiva, que sur?e porque �sta «placenta externa» no adecuada pone
en grave pel�g�o la confianza y la valoración de «sí mismo», que
le amenazara Siempre en lo más radical de su psiquismo.
Genera así un convencimiento básico con el lema de «el
mundo no es de fiar», y establece un refugio ideal dentro de sí
en el que no p
.
uede distinguir lo real de lo que no lo es, retorna,
o no logra sahr, de su torre de marfil, de su primitivo encierro
autístico.
¡:--;.IADLREZ DEL RECIÉN NACIDO
47
Una de las enseñanzas fundamentales de la psicología del
inconsciente es el conocimiento de la conservación en el alma
humana de sus fases arcaicas de desarrollo, de sus movimien­
tos y pulsiones más primitivas e indiferenciadas.
Otro descubrimiento equiparable en importancia es el de
demostrar que subsiste en todo hombre la capacidad de regre­
sar a estos estados arcaicos. Es lo que Koslant, estudiando la
jerarquización de los instintos, ha denominado «la reprogre­
sión», es decir, la capacidad de progresar previa regresión a
etapas menos diferenciadas del desarrollo, es lo que podemos
llamar regreso a las fases primarias de la persona, a su primiti­
vo suelo nutricio.
T .T - -- ,-. - ..J : .- 1-. ., �, . " "'1 1-. .....,.,..,1-"·a " ·"'ro r'l ol "mor. n;:1rla más cierto·
J. .lt:..L.J.lv.;:, 'I..A. J. '- J. I. V '1.........:... ....,;;. i. L_. ...-... L,_ _ _ .... �................. _,..._._ e
!......... - · , ,. _ _.,. _ _ 1
para que ese ser que hemos recogido inconsciente y lejano
venga a ser un ser humano abierto, conciente y próximo, tene­
mos que traerlo literalmente a la luz, alumbrarlo en su segun­
do parto, en el que no ya la naturaleza sola, como en el caso
primero, ha de actuar, sino que en este segundo alumbramie�­
to debe ser la conciencia clara del hecho de que el amor debi­
damente aplicado será lo que haga de ello un venturoso acon­
tecimiento.
¿Cómo hace nacer el amor? No, ciertamente, contándoselo al
RN, puesto que no oye o no entiende, sino con toda esa «placen­
ta externa» de estímulos sensoriales de que venimos hablando.
CAPÍTULO II
/
¿COMO ME LO DICES?
«PLACENTA EXTERNA»
MI DESEO
Mi deseo es pegarme a ti,
todo mi ser siente esa llamada,
la feliz sensación
de sorber el aire entre tu piel y mi piel.
pegado al mío,
perderme en tu cálida playa,
dejarme caer en tu dorada arena.
Quiero encontrarte, tenerte así, muy cerca
para llevar conmigo la sensación de que existo,
y saber que para siempre
algo me acompaña
aunque estés muy lejos. . .
. . . aunque ya no estés.
r
i
�'
N
os preguntamos cómo vamos a conseguir abrir este
cauce hacia la luz, la conciencia y la interacción afectiva;
cuáles serían los factores propiciadores de este hecho.
Llegamos a la. conclusión de que para lograr esta gestación
psíquica fuera del útero, el RN necesita el auxilio de lo que
herr¡os llamado «placenta externa». De la misma forma que en el
estado intrauterino de placenta sirve para proveer las necesida­
des fundamentales del feto, esta «placenta externa» de varia­
dos estímulos sirve a los mismos fines; a la cobertura de lo que
son necesidades básicas a su desarrollo psíquico. Será lo que
constituya ese suelo nutricio, donde el ser psicológico del RN
asentará sólidamente sus raíces.
Esta base estará constituida por elementos de alimentación,
apego, apoyo, calor, satisfacciones tactiles, etcétera.
Quizá, el instinto nos ha provisto de mucha información al
respecto, pero a veces la cultura discurre por cauces que le
roban a la naturaleza su auténtica sabiduría, y el cultivo de la
higiene, con toda su valiosa aportación a la salud, ha tenido
sus inconvenientes en este campo.
Cuando un niño nace en nuestras elaboradas instituciones,
se le separa automáticamente de su madre para aislarlo en
higiénicos nidos, provistos de todo lo necesario para la como­
didad del bebé, poniendo con la misma eficacia en peligro este
I
.
54
TÓCAME, :VIAMÁ
primer momento clave en su futuro desarrollo. Tras la separa­
ción -no cabe duda que traumática- del parto, tanto la
-· madre como el bebé se necesitan vitalmente. Su estado, dife­
renciado físicamente al cortar el cordón umbilical, no es toda­
vía un estado diferenciado psicológicamente, y ambos necesi­
tan un tiempo de permanecer en estado de contigüidad, en
simbiosis perfecta para paliar esta añoranza.
Del buen establecimiento de esta simbiosis, de este tejerse
ambos piel a piel, depende que el niño aprenda a integrar el
amor.
El hecho de esta contigüidad puede ser la única manera que
una madre tiene de comunicar su amor al hijo.
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hijo, aumenta y profundiza la esfera de sus comunicaciones
recíprocas, recibiendo el niño tantos beneficios como él otorga
a su madre.
Sostenemos que cuanto mejor tejida está dicha simbiosis,
cuanto más apretadamente se consigue su entramado, más
fácil será para el niño su posterior separación e independencia
y, por lo tanto, mayor su satisfacción y felicidad futuras.
MADURACIÓN DEL SISTEMA NERVIOSO
A TRAVÉS DE LA PIEL
«Tal vez sea la piel, después del cerebro, el más importante
de todos nuestros sistemas orgánicos» 1• Hasta hace muy poco
tiempo no se consideraba la piel como un órgano, a pesar de
ser el más extenso del cuerpo, el más sensible y antiguo de
nuestros órganos, nuestro protector más eficaz y nuestro pri­
mer medio de comunicación con el exterior.
'
Ashley Montagú, El sentido del tacto. Madrid, 1981, pág. 3.
55 .
cóMO ¡
olE LO DrCES7
=)�J d ' :l d l t
·
Podemos considerarla, con to a segune a , como a -��
externa del sistema nervioso central, se desarrolla como éste de
la capa más externa del ectodermo, del que también nace el
pelo, el olfato, el oído y el gusto, en resumen, todo a
�:
lello
.
qu
.
e
nos comunica con el exterior y que tiene como funoon pnnct­
pal informar al organismo acerca de cuanto tiene lugar fuera
de éL
El crecimiento y desarrollo de la piel continúa durante toda
la vida, y su sensibilidad depende en alto grado del tipo de
estímulos externos que recibe. Su superficie tiene una enorme
cantidad de receptores sensoriales que registran el frío, el calor,
el contacto y el dolor. El número de fibras sensitivas proceden­
tes de la piel que penetrall eu lét wéJula o:=:spina.l svbr.::pz,5an el
medio millón.
Se sabe que la sensibilidad cutánea despierta mucho antes
que las demás funciones durante la vida prenataL Según la ley
-- general de embriología, cuanto más p
�
onto se desa
�
rolla una
función, tanto mayor es su importanoa futura. Es mnegable
que las funciones de la piel figura'i1 entre las más importante
�
del organismo.
Su representación en el cerebro es muy amplia. Según lo
_
s
más recientes estudios neurológicos, la extensión de detenm-
nada región o área cerebral depende de la complejidad de fun­
ciones que regula. Las proporciones del área cortical que ocupa
el sentido del tacto subrayan la importancia que revisten las
funciones táctiles en el desarrollo de la persona.
En otras palabras, la piel es un gigantesco sistema de comu­
nicaciones que, a través del sentido del tacto, lleva las señales y
mensaje del medio externo a la atención del medio interno qu
_
e
llamamos mente. La forma en que una persona o un acanteo­
miento físico afecta a un individuo, es evaluado por su sistema
nervioso que, a través de la piel, recibe sus primeras comun
_
ic�­
ciones. En la matriz, el feto ha sido ya receptor de señales tactl­
les: presión, calor, etc. Estas estimulaciones se intensifican al
��
' r
·--..
56 TÓCAME, MAMÁ
máximo durante el proceso del parto. Existen pruebas de que7
la estimulación masiva de la piel que el RN recibe durante el �
parto desempeña un papel muy importante en la preparación S
del niño para la experiencia posnatal. :?
Hace tiempo que los cuidadores de animales han observado
�
que si la madre, en la esfera animal, no lame con energía al
recién nacido, es posible que éste muera en pocas horas. Sin
embargo, las hembras humanas no lamen a sus crías, quizá
esta carencia sea la causa de muchos males que aquejan al indi­
viduo humano.
Se ha demostrado que para que se establezca un vínculo
saludable entre la madre y el hijo, «la comunicación táctil, la
proximidad cuerpo a cuerpo, deberá tener lugar tan pronto
como sea posible después del nacimiento» 2•
La necesidad que tiene el bebé humano como básica e im­
prescindible después de su nacimiento es la prolongación de la
proximidad que tan sobradamente ha sido satisfecha durante
la gestación. Ni un milímetro de su piel está sin contacto en
éste medio interno.
La carencia brusca de contacto al terminar el parto lo dejan
en un vacío de sensaciones que suponemos aterrador para un
ser tan desvalido.
Iia,sta _g_ue los demás sentidos despiertan, y lo hacen poste­
riormente, el único medio de co�§lción de gue disi2Qll.e.::_..
rn.os es la piel. Cuando a un niño se le sostiene fuertemente y
con tanta proximidad como sea posible, estamos paliando la
carencia que inevitablemente está sintiendo y haremos que este
momento sea menos traumático. Estas primeras grabaciones
cerebrales serán siempre el patrón consciente e inconsciente al
que el i
�
dividuo adulto regresará innumerables veces para
prosegmr su desarrollo autónomo.
'
- Ashley Montagú, El contacto humano. Barcelona, 1 983, pág. 10.
�
,COMO ME LO DOCES' 57
J .
1
ASIENTO DE LA «PLACENTA EXTERNA» SOBRE LA PIEL
1 Estamos viendo que las distintas formas de estimulación
� cutánea recibidas al comienzo de la vida revisten una impor-
� tanda crucial para la normalidad del desarrollo físico y la evo-
&: lución de la conducta. Cabe deducir de ello que la estimulación
i táctil posee una trascendencia vital en la consolidación de las
� relaciones emocionales y afectivas y que existe una estrecha
;' vinculación entre las caricias en el sentido más amplio del tér-
� mino y el amor; es decir, que el ser humano no aprende a amar
f en virtud de una serie de instrucciones abstractas. Con toda
�
certeza, el único modo de aprender a amar es habiendo sido
� amado.
�
Diríamos aquí: ¿Cómo me dices que me quieres? No te oigo,
� no te veo, ¿cómo lo puedo saber? Solamente hay una manera
� de decir te quiero al recién nacido, y es a partir del íntimo
� apego entre la madre y el niño en esa estrecha relación donde
ru1
� se constituyen múltiples respuestas de índole afectiva adquirí-
� das por generalización.
�.
Para lograr alguna comprensión del significado del amor, es
� fundamental el entendimiento de lo que son las necesidades
i
básicas del recién nacido. Pensamos que la mejor manera de
1�.·.:.:.· �:��:;d��e�
yo te quiero, es cubriendo amorosamente dichas
Distintos autores emplean el término necesidades básicas,
� aunque, ciertamente, para cada uno tienen un sentido distin-
1�
to. Las 1)���-�idades básicas son tales porque �s condición
i,··;···;····
i_glprescindible satisfacerlas paraJograr que el recié!! nacido
: S()breviva física y_psíquicamente. En principio, serían la ne-
cesidad de oxígeno, comida, agua y eliminación de residuos.
� Con este aporte, y hablando teóricamente, se aseguraría este
� mantenimiento físico de su vida, pero esto solamente no es
� lo que crea seres humanos, tal como entendemos este tér-
* mino.
�r.
58 TÓCAME. :VIXvl..
Hay otro tipo de necesidades básicas, y en la cúpula de ellas
el amor es el supremo agente de desarrollo del hecho humani­
zante de la persona. No vamos a dejar esta palabra en el ámbi­
to de lo teórico, nuestra tarea consiste en descubrir qué cosas
concretas la pueden definir.
Resumiendo, diríamos que damos amor al niño cuando ·
atendemos sus necesidades básicas con cuidado y con ternura.
Nos adherimos fuertemente a la teoría de Rof CarbaUo, en ·
la que sostiene que la raza humana ha elegido para su evo­
lución no a los individuos más fuertes o más agresivos, sino,
en contra de lo que parecería lógico, la evolución ha elegido
un camino paradógico y que a posteriori vemos mucho más
eficaz.
No se ha promocionado evolutivamente el animal más fuer­
te, sin<? aquel que en su infancia aparece mucho más desvalido
y necesitado de protección. Esta indigencia del bebé humano
ha propiciado mayor tiempo de aprendizaje, y fue sobre este
cerebro humano tan inmaduro sobre el que se realizó el prodi­
gio que hoy contemplamos.
El medio brutalmente agresivo hizo sucumbir a los más
robustos animales. Prevaleció, en cambio, aquel que, por nece­
sitar ser cuidado por más tiempo, pudiera adquirir de sus pro­
genitores habilidades y conductas, y absorber experiencias
suficientes para sortear los enormes peligros a los que estaban
expuestos.
Lo que eligió la evolución fue un cerebro que, por su inma­
durez al nacer, fuera más plástico al aprendizaje y a la adapta­
ción en cada momento. Lo que se demostró más eficaz en la
línea evolutiva fue esta particular plasticidad que le permitió
incorporar ambiente, es decir, incorporar todas las experien.cias
acumuladas y hacer cultura.
«Para que este ser, que toma en la evolución el camino más
inverosímil, no sucumbiera, era preciso que alguien cuidara de
él. Paralelamente a la invalidez del ser humano ha tenido que
¿CÓ.10 :VIE LO DICES? 59
desarrollarse un formidable impulso tutelar de la hembra, del
homínido precursor del hombre» 3.
Sin este impulso tutelar, que se manifiesta en la simbio­
sis madre-niño y más tarde por la sucesiva incorporación de
ambiente por la internalización del mundo exterior a través de
la «placenta externa», no hubiera podido lograrse esta aventura
evolutiva.
La unidad madre-niño tiene como resultado que el que está
¡¡aciendo incorpora el mundo externo a través de ella; quiera o
no, él va a ser como los demás van a hacerlo. Sus reacciones
primarias, sus reflejos más arcaicos, van a ser lo que sus proge­
nitores le otorguen, no más tarde en el periodo de enseñanza o
a
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su vida y con ese misterioso lenguaje del amor.
Diversos expertos han puesto de manifiesto los efectos ine­
quívocos de las primeras estimulaciones táctiles. El periodo del
sobreparto desempeña una función decisiva en lo que atañe al
contacto inicial.
La mayoría de las madres, aunque desgraciadamente no
todas, sienten el irresistible impulso a establecer un contacto
piel a piel con su hijo, y ya sabemos cómo este contacto estable­
ce la base de la conducta posterior.
Cuando hay una privación lo suficientemente seria, el niil.o
recurre a una serie de reacciones (chuparse instintivamente los
dedos o columpiarse de forma compulsiva) que significan una
regresión a las estimulaciones recibidas en el útero materno, a
estadios de mayor seguridad y contacto.
Como seil.ala Hall: «El tacto es la más personal de todas las
sensaciones; p ara muchas p ersonas, los sentimientos más
íntimos de su vida se encuentran asociados a la piel. La aco­
razada resistencia que se opone al contacto no deseado, o la
Rof Carballo, Violencia y temura, pág. 136.
60 TÓCAME, MAMÁ
inagotable suavidad que se ofrece durante la relación amoro­
sa, constituye un mensaje de sentido universal que un cuerpo
envía a otro» "·
Las estimulaciones táctiles que el bebé recibe durante la
gestación externa, y que ejercen tan profundo influjo sobre su
desarrollo, lo hacen en virtud de una razón simple: los apren­
dizajes que se llevan a cabo en este sensible tiempo se asien­
tan mayoritariamente sobre la piel. El tiempo de la gestación
externa supone la etapa del desarrollo básico, en el que tienen
tan gran importancia los intercambios realizados a través de
la piel, debido a que de ella dependen las respuestas psico­
motrices y emocionales que el niño aprende a desarrollar. Las
primeras respuestas sensitivo-afectivas de la piel desempe­
ñan una función crucial y son una marca imborrable en la
personalidad, sobre ellas se constituyen las respuestas secun­
darias y adquiridas. Es importante tomar conciencia de que
los aprendizajes táctiles son un elemento esencial en el desa­
rrollo de cualquier especie animal, y muy especialmente en el
hombre.
El RN necesita fundamentalmente aprender el sentido de la
contigüidad, la proximidad, la distancia, el espacio abierto,
asentadas sobre la firme base del contacto materno. Necesita
aprender a adaptarse a las diversas relaciones espaciales varia­
bles de sucesiva complejidad.
Alejar al RN de su madre a los pocos minutos de su naci­
miento, colocarlo sobre una superficie dura y fría, muchas
veces no protegido por ropa alguna, demuestra un total des­
precio por lo que consideramos necesidades básicas. El RN
tiene que habituarse paulatinamente a los espacios abiertos.
Tras haberse visto abrazado totalmente por esta «placenta exter­
na>>, el niño aprenderá a explorar poco a poco el mundo exte-
'
Ashley Montagú, El sentido del tacto. Madrid, 1 981, pág. 172.
1 •
1¡.
¿CÓMO ME LO DICES? 61
rior; sin esta premisa, esto no sucederá o será de una forma
traumática.
Esta forma de entretejerse piel a piel con la madre es la única
manera de conocer el mundo, para conseguir que éste no sea
siempre algo amenazante, almacenado en la última y más bási­
ca memoria del hombre adulto. Aquello que toca�os forma
parte de nosotros mismos de manera más próxima y enrique­
cedora que lo que vemos u oímos.
«Aquellas funciones sensoriales que responden a estímulos
lejanos, la vista y la audición, alcanzan mucho más tarde su
desarrollo filogenético y ontogenético que aquellos sentidos
corporales que dependen de la acción directa del estímulo tác­
til», como asegura Ernst Schachel.
La forma y configuración de la realidad exterior es el fruto de
una lenta construcción a partir de los materiales que brindamos
al RN, que penetran a partir de los estímulos cqrporales y que
en su laboratorio interno experimentan una evaluación exhaus­
tiva; si este objeto, que le coge de forma tan placentera, le retie­
ne un tiempo suficiente y con la suficiente firmeza y apego, ter­
mina por identificarse con él, y al mismo tiempo identifica al
mundo exterior como algo fiable, confirmante y placentero.
.
La piel es el órgano que me indica originariamente que
d1cho mundo externo es fuente de bienestar y sólo puedo co­
nocer ese mundo por su mediación.
Es una gran pérdida para la civilización occidental que el
mundo del tacto, vital para el proceso de hominización, sea
o�jeto de desprecio, o cuando menos de infravaloración, y al
m1smo tiempo esté cubierto de un tabú generalizado.
Esto no es así en las civilizaciones orientales, donde no es
raro encontrar a una madre sentada en el suelo, acariciando
continuamente a un hijo para compensarle de la falta de ali­
m:ntación que no le puede proporcionar. No dudamos de que
as1 han salvado muchas vidas, que sin esta atención táctil se
hubieran perdido.
62 TÓCAME, MAMA
NECESIDADES BÁSICAS
La cobertura de lo que hemos llamado necesidades básicas, y
que tienen su principal asiento sobre la piel, serían primordial­
mente necesidades de: calor, agarramiento, soporte, de envol­
tura o continente, y sensaciones kinestésicas; así como también
la de descarga de energía.
(if) Calor.-La conducta incubatoria observada en las aves, así
Vcomo los esfuerzos de la hembra de los mamíferos por cobijar
y dar calor a sus crías, son suficientes pruebas acerca de la
importancia que reviste el calor en el proceso del desarrollo.
La tendencia de las crías a apiñarse en ausencia de una
madre protectora es signo mequivoco de la nect:Sidad ¿¿ ca:::t
tacto corporal cálido.
Sabemos que el contacto de una mano fría es desagradable,
mientras que el de una mano cálida resulta placentero. Esto
demuestra que la sensación cutánea, además de relacionarse
con el tacto y la presión, tiene el valor de una información tér­
mica. Las caricias propiciadas por una mano gélida sabemos
que no ayudan al confort y a la entrega del acariciado, sino a la
contracción y a la retirada.
El recién nacido, pese a su incompleta gestación, tiene una
buena capacidad de regular su propia temperatura; sin
embargo, se ha comprobado que el niño tolera mejor las
altas temperaturas y prefiere el calor al frío; el frío ejerce un
efecto vasoconstrictor en los vasos sanguíneos y tiende a
reducir el caudal circulatorio, lo cual origina un estanca­
miento de sangre sin oxígeno que puede producir un cierto
malestar. También el sistema nervioso y el sistema muscular
se contraen, produciendo sensaciones desagradables e inclu­
so dolorosas, que se graban en el cerebro virgen con un tinte
negativo.
Cuando queremos definir a una persona adulta, algunas
veces empleamos términos tales como personalidad cálida o
1
1
¿CÓMO ME LO DICES? 63
fría; no recurrimos casualmente a tales metáforas. Según Feni­
chel, el erotismo térmico suele combinarse con las primeras
fases del erotismo oral, constituyendo una dimensión esencial
en las relaciones amorosas posteriores. En el contacto cutáneo
y en el calor irradiado por el otro, radica uno de los principales
componente de toda relación amorosa. En los primeros esta­
dios del amor, esto es muy acusado.
El calor, en general, es fuente de un gran placer. Traducido a
términos psicológicos, el calor prepara para la entrega y la
donación; para algunas personas adultas, recibir calor es lo
mismo que recibir afecto.
Son experiencias cotidianas la de tomar un baño caliente
cuctnJo üüS sentimos bajo alguna tensién, e b J._?lic:::.ciór. leca!
de calor en alguna zona dolorosa; son intentos regresivos de
las personas adultas de procurarse a sí mismas afectos.
A veces describimos un ambiente diciendo que en aquel
lugar había calor humano, para describir un rasgo afectivo de
dicho grupo y manifestar que nos han propiciado una acogida
amorosa; con esto estamos estableciendo claramente la relación
calor-afecto. .
@ Agarramiento y apego.-Dice Dídiez Anzieu, vicepresidente
de la Asociación Psychanalytique de Francia, en su libro El yo
piel, que la pulsión de apoyo debe situarse entre las pulsiones
de autoconservación.
Él mismo evoca la idea de Herman, según la cual las crías de
los mamíferos se agarran a los pelos de su madre para encon­
trar en ese asimiento una seguridad física que luego se traduci­
rá en seguridad psíquica.
La desaparición casi total del pelo sobre el cuerpo humano
impide la satisfacción de esta pulsión de agarramiento. Engan­
charse a las ropas de la madre y a sus manos es un sustituto
imprescindible que, de no aparecer, sería catastrófico para el
niño, pues supondría su desenganchamiento psíquico, esto es,
le sumergiría en un terror incalificable. Este desenganchamien-
1]
64 TÓCAME, MAMÁ
to se traduciría en un sentimiento de desarraigo grave, cuyas
consecuencias analizaremos posteriormente.
Según el psicoanalista Michel Balín, la necesidad de aga­
rrarse no es sino la respuesta a cierta carencia, una manifesta­
ción del temor de verse abandonado o una defensa contra
dicho temor, destinada a restaurar la proximidad y el contac­
to que caracteriza la identidad original e ntre el sujeto y el
objeto ;,
Bading estudia dos tipos de personas: los filobáticos, que
serían aquellos a quienes gustan los columpios y las emociones
fuertes, y los oncofílicos, que tienen miedo a los toboganes,
lugares altos y sensaciones parecidas, El filobático suele bas­
tarse a sí mismo y confiar en sus propios recursos, en cambio
el oncófilo arrastra constantemente un gran temor a que le
fallen los objetos y las personas y manifiesta una gran depen­
dencia respecto de éstos. Daríamos por sentado que los pri­
meros han recibido suficiente sastisfacción a la pulsión de
agarramiento y los segundos han tenido alguna grave caren-
�
, cia en este terreno 6•
� Soporte.-Blaise Pascat teorizó mucho sobre la idea de la
necesidad de soporte físico y sólido para que el RN encuentre
su centro de gravedad, concepto de suma importancia, ya que
esta falta de centro de gravedad físico se traduce después en
un permanente descentramiento psíquico.
Es la identificación con un objeto soporte contra el cual el
niño pueda apoyarse lo que reporta mayor sentimiento de
seguridad. En el caso de apoyar la espalda, toma contacto
mediante este apoyo con la única parte de su cuerpo que no
puede explorar por sí mismo. En el caso contrario, protegida la
parte anterior de su cuerpo contra el de su madre o la persona
Ashley Montagú, El sentido del tacto . Madrid, 1981, pág. 172.
h Ibíd., pág. 173.
r
1 ¿COiv!O ME LO DICES7 65
que cumple el papel de obje,to soporte, le darían la «sensación­
sentimiento» de que su parte más vital está debidamente prote-
gida.
·
@ Continente.-En el primer estado, que Housel denomina
amorfo, el lactante vive su contenido psicológico como líqui­
do o gaseoso. De aquí, según él, se derivan dos angustias
típicas : la angustia de vaciamiento y la angustia de explo­
sión.
La necesidad de sentir la piel como una superficie continua
soportadora y continente es evidente; el RN sólo evoluciona
física y psíquicamente, teniendo la «?en�ncíón-sentímíento» de
que puede abandonarse sabiéndose contendido con toda segu­
ridad. Esta sensación de tener un continente se la proporciona,
naturalmente, el sentido del tacto cuando, suficientemente esti­
mulado, le informa de que este continente es una realidad y es,
según nuestro criterio, la única forma de interiorizar este senti­
mientü de contención y diferenciación.
Según Dídier Anzier, cuando estas funciones no han sido
adquiridas -ni la de soporte, ni la de contintente, debido a
una falta de adecuada carga .libidinal en la superficie del cuer­
po, se construye una coraza muscular que reemplazan el conte­
nedor flexible y espontáneo de la piel, que, a nuestro juicio, se
traduce en lo psíquico como una barrera distanciadora y dolo-
y::
{osamente aislante.
(}¿; Kinestesin.-El íntimo contacto y el movimiento rítmico que,
a través del tacto y en los brazos de un adulto, ha recibido el
Rl
'J, han quedado vivamente reflejados en todas las canciones
de cuna con las que se duerme a los niños en todos los países.
Cualquier niño asustado se tranquiliza con un suave balanceo.
Comenta Montagú: «La cuna es un invento admirable cuyo
origen se remonta a varios milenios, sin embargo, las socieda­
des industriales la han repudiado, Semejante rechazo es un
fenómeno significativo que pone de manifiesto uo sólo nuestro
desconocimiento de las necesidades más elementales del Rt
lJ,
66 TÓCAME, MAMÁ
sino también el abandono de prácticas valiosas en nombre del
progreso» 7•
·
•
El mismo hecho de que las madres de todas las latitudes
hayan mecido a sus hijos entre sus brazos mereció el mismo
ataque que la cuna como prácticas no adecuadas a los nuevos
tiempos.
El vaivén de la cuna o el paseo en brazos de su madre re­
cuerda al RN las oscilaciones naturales a las que se veía some­
tido en el útero como resultado natural del movimiento del
cuerpo materno. Un momento de gran placer y bienestar es
cuando es acunado o llevado en brazos, no existe mejor sedan­
te para el RN que ésta estimulación kinestésica, a�í co�o los
·u · -- ·- ' · · - J : -" �-�1e� dA movi
.
mi
·ento en los que el mño dtsfruta
) t:0U;:, L1 cllH..!VHU! -_, '- !
•
tanto y que le están enseñando a abandonarse confiadamente
en brazos de otro, preparándole de esta manera para el amor
adulto.
Creemos que el balanceo espontáneo que algunos niños
muestran es un esfuerzo por satisfacer la necesidad de movi­
miento de índole pasiva.
En el balanceo, la piet con sus múltiples receptores, experi­
menta una compleja serie de situaciones de indudable carácter
cognosCitivo. Asimismo, columpiarse es sinónimo de acariciar­
se e infundirse tranquilidad. Ello explica que los adultos recu­
rran a ellos en momentos de angustia o dolor.
Se pregunta Montagú muy acertadamente si los extremados
bailes y los movimientos exagerados de nuestros jóvenes no
son una denuncia a los padres, que podría expresarse así:
¿Dónde estabas cuando te necesité? .
Caricias.-Frederik S. Hammelt, que preteneció al Instituto
Wistar de Filadelfia, había realizado distintos experimentos
con ratas, y concluyó que las caricias originaban en ellas una
7 Ashley Montagú, El sentido del tacto. Madrid, 1981, pág. 91.
¿CÓMO ME LO DICES? 67
estabilidad nerviosa que incidía positivamente incluso en los
resultados de las intervenciones quirúrgicas de alta compleji­
dad; observó que las ratas no acariciadas morían en menos de
48 horas, mientras que las que habían recibido caricias sobrevi­
vían sin ninguna dificultad.
Otros experimentos llevados a cabo por él mismo demostra­
ron que cuantas más caricias recibían los animales, tanto mejor
reaccionaban a las pruebas de laboratorio.
El que una suave manipulación de las ratas fuera la única
condición indispensable para su supervivencia, después de
dicha operación, constituía un gran descubrimiento que toda­
vía hoy, si se piensa, nos llena de asombro.
Ig-..:_c.l�::r�::: ascmbrosa er3. la influencia de las caricias sobre
la evolución de la conducta. Las ratas acostumbradas a ellas se
convertían en animales apacibles y dóciles, mientras que las
que carecían de este trato se volvían temerosas y excitables. En
cuanto a sus relaciones con seres humanos, las ratas se sentían
seguras entre las manos de aquellas personas que las acaricia­
ban, y también en las de cualquier otra persona; a sus mano­
seos y caricias respondían con sosiego y confianza, y no se
observaba ni tensión ni irritabilidad.
Por el contrario, los animales que no habían recibido cari­
cias, aunque sí los cuidados normales de atención y limpieza,
reaccionaban entre las manos con temor, ansiedad y tensión.
Tales animales eran tímidos, miedosos y muy excitables, lle­
gando incluso a morder para exteriorizar su temor y su rabia.
Según palabras de Hammelt, «mostraban un fuerte cuadro de
irritabilidad y tensión».
Siguiendo con la observación de las ratas, las que habían
sido estimuladas por el tacto, además de los logros anterior­
mente descritos, cuando eran colocadas en un reCinto abierto,
se acercaban más al centro, evitando la tendencia natural de
la especie de arrimarse a las paredes; demostraban con ello
mayor seguridad que sus congéneres no acariciados.
68
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/J...., c. �� <:
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TÓCAME, MAMÁ
Como han confirmado muchas investigaciones, el hecho de
tocar o acariciar a cualquier animal desde su nacimiento tiene
como resultado un aumento considerable de peso, una mayor
actividad, una timidez menos acusada y una mayor capacidad
para soportar los efectos de cualquier estrés y una fuerte resis­
tencia fisiológica.
Sylvester subrayó, refiriéndose en este caso a la especie
humana, que «los lactantes que se crían con escasez de contac­
to y apoyo corporal, desarrollan una gran inseguridad. Mues­
tran una marcada inhibición de la natural tendencia a explorar
y tantear, manifestando una marcada inseguridad ante cual­
quier situación» 8.
Las cci-,.:::lusiones alcanzadas por algunos observadores indi­
can que la adquisición de la conducta propia de la especie
depende de las experiencias táctiles en este primer estadio.
Los niños que no han gozado de un adecuado contacto, en
que la «placenta externa» no ha sido suficientemente rica y
pegada a su cuerpo, mantienen durante toda su vida una exce­
siva necesidad de contacto corporal, son inseguros, desarrollan
una tendencia exagerada a agarrarse a los objetos y a las perso­
nas y tienen un fuerte temor a carecer de apoyo. Esta acentua­
da necesidad de contacto tiende a agudizarse en aquellas situa­
ciones que suponen una amenaza al equilibrio psíquico del
individuo.
Existe el caso polarizado -y mucho más grave- de terror a
contacto, con huida permanente de cualquier tipo de proximi­
dad o intimidad física, que manifiestan los tipos esquizoides.
Descarga.-Ya Freud había lanzado la idea de que el placer
resulta de una liberación de tensiones. Relacionó la cantidad
de placer con la cantidad de tensión acumulada que se des­
carga.
'
Ashley Montagú, El sentido del tacto. Madrid, 1 981, pág. 19.
¿CÓMO ME LO DICES? 69
Wilhelm Reich, discípulo en sus inicios de Freud, pero disi­
dente después, elaboró una teoría fundamentalmente bioeléc­
trica. Según esta teoría, los procesos corporales ponen en movi­
miento diferentes superficies que están en fricción continua, de
estas fricciones resulta una excitación de naturaleza eléctrica.
De ello se deduce que el cuerpo está regido por procesos eléc­
tricos producidos por las diferentes densidades y rozamientos
de los distintos tejidos y fluidos.
El organismo vivo está continuamente generando esa ener­
gía central; si ese organismo no puede dirigir esa energía cen­
tral hacia la periferia, acumulará una carga de alto potencial
que produce una enorme tensión interior, con lo que esto supo­
ne de displacer y angustia, y también de incapacidad de comu­
nicación con el exterior; traducido en términos ya anteriormen­
te citados, estaría en estado ourobórico.
Según Wilhelm Reich: «Debe existir un centro vegetativo en
el cual tiene su origen la energía bioeléctrica y a la cual retorna.
La cavidad_ abdominal, que, como se sabe, es el asiento de las
emociones, contiene los generadores de energía biológica. Son
los grandes centros del sistema nervioso autónomo, especial­
mente el plexo solar, el plexo hipogástrico y el plexo lumbosa­
cro y pélvico)) 9 .
Todavía no era un hecho conocido el que existiera una carga
eléctrica en la superficie del cuerpo. Antes de finalizar el siglo
XIX, Tarchanoff y Veragunt habían descubierto el fenómeno psi­
cogalvánico, por el cual se miden los cambios del potencial eléc­
trico de la piel que se altera como resultado de las emociones.
Según Wilhelm Reich, la superficie total del organismo, es
decir, la piel, forma una membrana porosa. Esta membrana
registra un potencial eléctrico en cualquier región del cuerpo
donde se compruebe.
Wilhelm Reich, La función del orgasmo, pág. 229.
70 TÓCAME, MAMÁ
Alexander Lowen dice: «En un sistema eléctrico, la acumula­
ción excesiva de carga puede provocar un incendio o quemar
una pieza. En el cuerpo humano, una sobrecarga puede
ser igualmente peligrosa si ese cuerpo no tiene una descarga
medianté su asentamiento en tierra» 10•
El RN aislado de tierra, frecuentemente en cunas metálicas y
con ropas acrílicas, incapaz por sí mismo de realizar una des­
carga, necesita del auxilio de un adulto para que, mediante un
cuerpo a cuerpo, pueda por este medio hacer dicha descarga,
con el consiguiente alivio de la tensión.
La vida se caracteriza por la producción de un exceso de
energía, es decir, de energías mayores de las que el organismo
necesita para vivi1. Si itO hay un lr,eG.io de reducir esta tensión
interna, se tiene la sensación de que se podría estallar, y no
dudamos de que a niveles físicos y también psíquicos pueda
haber alteraciones importantes por este exceso de carga.
El niño se encarga de reclamar este alivio con llantos y sínto­
mas de desasosiego, procurándose con sus movimientos agita­
dos una pequeña liberación de tanta tensión acumulada, pero
nunca lo podrá hacer por sí sólo de una forma suficiente; por
esta razón, incluimos este auxilio, venido del exterior, como
una de las necesidades básicas.
10 Alexander Lowen, Bioenergética, pág. 185.
CAPÍTULO III
,
¡ESTE SOY YO!
ELABORACIÓN DE UN «YO PSÍQUICO»
A PARTIR DE UN «YO FÍSICO»
YO MISMO
Dime quién soy, yo te lo pido,
sé ese soporte cálido para mí,
sé mi techo, sé mi suelo,
donde para siempre encuentre la raíz.
Hoy así te necesito,
tu cuerpo cálido, quieto, sereno,
tu mano en mi piel y en mi pelo
en comunicación perfecta,
en silencio,
seamos uno, por un momento.
Cuando yo sea mi techo, cuando yo sea mi suelo,
cuando sencillamente puede decir «yo soy»,
estallaré en un cántico gozoso,
me abriré a la vida,
proclamaré al viento tu don.
 �-
«YO FÍSICO». «YO PSÍQUICO>>
«El "Yo", según lo describe Freud, abarca las funciones de
percepción y de conciencia y alcanza su apoteosis en el fenó­
meno de la autoconciencia. Se desarrolla a través de la concien­
cia del cuerpo y del control consciente de sus funciones mo­
toras» 1 •
Sostenemos la idea de que la construcción de un «Yo» psí­
quico tiene corno base, y quizá ninguna otra, el apoyo corporal
de dicho «Yo». El único vínculo verdaderamente estable, la
verdadera conexión con la realidad, comienza en la relación
con el propio cuerpo.
No es casual que en todas las culturas, cuando queremos
hacernos verdaderamente cargo de la realidad de un objeto,
necesitemos tocarlo. Es algo demasiado repetido corno para
pensar que tiene una verdadera fundamentación causal.
Pensarnos que el sentimiento de la propia identidad, el senti­
miento del «yo soy», se constituye a partir de una plena identi­
ficación con el propio cuerpo creada a partir de las primeras
identificaciones y contactos de la madre con el lactante, en la
que el tacto representa una función crucial. Las frustraciones
1
Wilhelm Reich, Amor y orgasmo, pág. 75.
76 TÓCAME, MAM.Á
cutáneas padecidas en la primera infancia son el origen de la
falta de identidad psíquica, de despego, desarraigo y superfi­
cialidad emocional.
En el primer estadio, el recién nacido vive a espensas de los
estímulos venidos de dentro de sí, de sus propias percepcio­
nes cenestésicas. En el momento en que empieza a percibir
estímulos exteriores, podemos suponer que ha comenzado un
principio de realidad. Cuando el RN comienza esta respuesta
al estímulo exterior, aunque al principio lo hace en forma de
torpes movimientos musculares, marca el principio de la apa­
rición de un «Yo rudimentario», al que Freud llamó «Yo cor­
poral».
En este momento, el inicio de la realidad psíquica está inse­
parablemente ligado a la aparición de esta realidad externa, y
el RN puede hacer el trabajo de separar sus propios instintos
de la realidad que lo rodea.
El niño requiere la presencia táctil de un objeto real, para
poder combatir la posible angustia de los procesos psíquicos
que se inician.
Como señala Lowen: «El Yo que no se sienta sobre la reali­
dad de la conciencia corporal es presa de la angustia.» Cuando
el RN siente que su «Yo corporal» es fuerte, sus propios impul­
sos internos le asustan menos y los puede integrar y organizar
mejor.
Al principio, este «Yo» rudimentario somato-psíquico está
muy desorganizado, pero, de acuerdo con la orientación gene­
ral del crecimiento, va distinguiento cada vez con mayor clari­
dad lo que es el «Yo» y lo que es ese objeto externo.
La progresiva maduración del sistema nervioso central per­
mite la mejor organización de las percepciones provenientes de
las diferentes áreas fisiológicas. A medida que prosigue este
proceso de integración, el bebé va reconociendo que es una
misma persona, «él mismo», quien ama y odia y quien contie­
ne y siente sus propios sentimientos.
¡ESTE SOY Y01 77
Al integrarse más y más, su «Yo» descubre su propia reali­
dad psíquica. Advierte su propia existencia y la de los objetos
exteriores a él. Conoce sus propios impulsos y comienza a dis­
tinguir claramente el dentro y fuera.
El bebé descubre gradualmente que no es infinito ni omni­
potente, sino que tiene unos límites concretos en su cuerpo y
que luego integrará en su «Yo psíquico».
Ya Freud, en sus Principios del psicoanálisis, sostenía que:
«Tgdo lo psíquico
.
!'� desarrs>lla.con referencia conste1:,nte a la
experiencia corporal» 2• Dice también que la �n�oltura psíquica
deriva, por apuntalamiento, de la envoltura corporal. El tocar
está especialmente consignado por él, y la piel lo está directa­
mente bajo la expresión de superficie del propio cuerpo.
Con relación a los demás sentidos, las señales recibidas 2. tr2.­
vés del sentido del tacto tienen unas características distintivas
que las sitúan no solamente en el origen del psiquismo, sino
que
.
permiten tener permanentemente una tela de fondo sobre
la cual los contenidos psíquicos se inscriben como figura o
incluso como envoltura continente que hace gue el aparato psí­
quico sea susceptible de tener contenidos y que éstos no sean
algo inconexo y desarticulado.
Dicho de otra forma, el «Yo» se deriva, en el último término,
de las sensaciones corporales, principalmente de aquellas que
tienen su fuente en la superficie del cuerpo, por lo que puede
considerarse el «Yo» como una representación mental de la
superficie y que corresponde a la parte exterior de lo que lla­
mamos mente. Concluyendo, podríamos decir, con toda preci­
sión, que el <<Yo consciente» es un <<Yo corpóreo»; de esta mane­
ra, la conciencia aparece en la superficie del aparato psíquico,
aún mejor, ella es la superficie 3•
'
Dídiez Anzieu, El yo piel, pág. 94.
J Ibíd.
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  • 1. Tócame, mamá Se ha afirmado que la piel es lo más profundo del individuo. Podría pensarse en esta frase como en una bella paradoja sin otro fundamento que el propio sentido estético, pero ciertamente no es así. En la piel está la base primordial del psiquismo humano más profundo, y en el contacto, la forma más sencilla de llegar a lo más íntimo del "otro". Fo;tn m !P hnu p� mntívn r!P P.sh 1rHn r!P. torios los ' - . especialistas en el tema, lo han sabido de forma intuitiva todas las madres, que, con un bebé en sus brazos, han traspasado las barreras de la comunicación gracias a la magia real de la más tierna de las caricias. Este libro contiene el soporte teórico de algo que ya sabemcs de forma inconsciente: el con-tacto no sólo es la vía más directa de expresión del amor, sino también el elemento "nutricio" que permitirá a un bebé crecer felizmente y sin conflictos. Su piel y su consciencia conservarán para siempre la memoria del cariño y la ternura, o de la carencia más absoluta de respaldo afectivo. En nuestras manos -nunca mejor dicho- está la decisión de que se obre el encanto del nacimiento sensorial. Ilustración de portada; Fragmento de Las tres edades, . de Gustav Klimt. Galería Nacional, Roma, Italia ISBN 84-7640-728-9 3 71 5 1 151 Tócame, mamá ,¡ Al',IOR, TACTO y l'JA�Cil'tíiENTO SENSORIAL + EDilF Elvira Porres + EOAF
  • 2. �-. ··- ··-···"'� ........ ······-.... . . ELVIRA PORRES � � TOCAME, 1t1Alv1A AMOR, TACTO Y NACIMIENTO SENSORIAL «PLUS VITAE»
  • 3. © 1993. Elvira ['orres © 1993. Editorial EDAF, S. A. Jorge Juan. 30. Madrid. No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de, ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del Copyright. Depósito legal: M. 31.878-1993 ISBN: 84-764D-728-9 PRJNTED IN SPAJN IMPRESO EN ESPAÑA Gráficas Rogar, S. A. - C! León, 44- FUENLABRADA (Madrid) «LO MÁS PROFUNDO DEL HOMBRE ES LA PIEL» (P. Valéry, La Pleiade, tomo 2, pp. 21-216)
  • 4. ÍNDICE Págs. PRÓLOGO .... ..... ...................... . . . . .... . . ............ . ........ ..... ... ... ....... 13 INTRODUCCIÓN . ............................................................... ...... 27 PRIMER.A. PARTE CAPÍTULO I. TÓCAME, MAMÁ ....................................... 33 INMADUREZ REAL DEL RECIÉN NACIDO ......... ..... . ... ..... . . 33 TUS MANOS . ................................ ............ .......................... 35 Inmadurez del sistema nervioso ................................. 38 a) Ausencia de sustrato anatómico. b) Las neuronas, entes dinámicos. e) Las neuronas, modificables por el medio ex:­ terno. Herencia genética y medio ....... .............. .................... .. 41 a) Los genes como entidades directivas. b) El medio externo condicionante del medio in­ terno. e) Conducta como arco entre la herencia y el medio.
  • 5. 10 TÓCAME, '-'1.·1. Págs. Etapa autista o universo cerrado . ...,.,..,........ .,..,.,... .,.,. 43 a) Estado ourobórico, narcisismo primario. b) Barrera ante los estímulos exteriores. e) Necesidad de abrir cauces para el nacimien­ to psíquico. d) ¿Cómo el amor hace posible este nacimiento? CAPÍTULO II. ¿CÓMO ME LO DICES? .............................. 49 «PLACENTA EXTERNA>>................... . ............. .... . ....... . . . ..... 49 «Nli DESEO>>............................. .......... ..... ...... ............ .......... 51 Maduración del sistema nervioso a través de la piel .. 53 a) La piel como órgano de maduración más tem- prano. b) La piel como parte externa del sistema nervioso. e) La piel como sistema de comunicaciones. d) De la periferia el centro. Asiento de la «Placenta Externa» sobre la piel 57 a) La piel como órgano primario de aprendizaje. b) Incoporación del mundo exterior a través de esta placenta e) Sentido de contigüiedad, proximidad, distan­ cia, etc. d) De la sensación al sentimiento. Necesidades básicas ....................................................... 1 . Necesidades básicas imprescindibles para el ade- cuado nacimiento psíquico. 1 .1 . Calor. 1 .2. Agarramiento y apego. 1 .3. Soporte. 62 j· !' ii'iDICE 1 .4. Continente. 1.5. Kinestesia. 1. 6. Caricias. 1 .7. Descarga. CAPÍTULO III. ¡ÉSTE SOY YO! ......................................... ELABORACIÓN DE UN «YO PSÍQUICO>>A PARTIR DE UN «YO FÍSICO>> ............. ........................................................... «YO MISMO>> ... ............................ ....................................... ,(,'fv i15i(c,,. ��Ye ¡:;:;iq�i�v�; ............................................ a) Concepto del «Yo». b) La piel como soporte del «Yo» físico, «Yo» psíquico. e) Sensación, sentimiento de tener un «Yo». Individualización. Formación de un «Yo individual» a) Estructura versus fusión. b) El tacto elemento diferenciador. e) Separación de la piel común. d) Establecimiento de límites. e) El tacto como paliativo del dolor de la indivi­ dualización. SEGUNDA PARTE CAPÍTULO IV. LA CASA DESHABITADA....................... «ENFERMEDADES POR CARENCIA>> .................................. «NO ME LO DIJISTE>> ...................................................... ., ., Contacto-supervivencia ................................................ a) Mayor resistencia inmunológica. 1 1 Págs. 71 71 73 75 79 91 91 93 95
  • 6. 12 TÓCAivlE. MAiVti. b) Mayor capacidad de resistir el estrés. e) Menor índice de mortalidad. Pdgs. Somatizaciones . .... . . ...... .. .. . .. .... . . .. .. . .. .. .. .. .. . .. . . ..... . ...... . .... 98 a) Enteritis, eccema, asma, etc. Enfermedades psíquicas ............................................... a) Carencia del sentido del «yo soy». b) Retracción afectiva. e) Falta de contacto. d) Carencia de sentido de la realidad. e) Desconfianza básica. j) Sufrimiento como sustitutivo de placer. g) Depresiones. Sustituciones ............ . . . . .......... ............ .... . . ...... . . . ..... . . . ... . . a) Noli me tangere. b) Continuum de sonidos. e) Promiscuidad sexual. d) Exposición masiva al sol 100 107 CAPÍTULO V. ¡QUÉ BUENO QUE ESTOY AQUÍ! ......... 111 SALUD PSÍQUICA ... .... ............... . ...... . . ....... ... . ..... . . . . . . ......... . «EN TUS BRAZOS>> Elementos de la salud psíquica ................................... a) Sentimiendo de centro. b) Identidad yoica. e) Capacidad de contacto-amor. d) Independencia. e) Seguridad, confianza. j) Contracción versus expansión. 111 114 115 / PROLOGO N ADIE dudará en la década de las neurociencias en que · nos encontramos, de la gran importancia que se ha dado al estudio del cerebro -esa «caja negra» enigmática, donde parecen estar sumergidos todos los secretos del hombre--, con. olvidos y menosprecios, muy difíciles de justificar, de otras porciones del sistema nervioso periférico. Se diría que, como en la política, también aquí se ha optado · por el centralismo en detrimento de la periferia, haciendo almoneda de la natural autonomía y relevancia que tienen esos otros sectores. Hasta cierto punto -sin que suponga ningún agravio comparativo para el sistema nervioso periférico-, hay que afirmar que, efectivamente, el estudio del cerebro, o del Sistema Nervioso Central, constituye el reto más importante que, sin duda alguna, se ha planteado a las neurociencias en la actualidad. Es menester recordar, sin embargo, que esa «centralidad» del cerebro, en parte, comenzó a configurarse inicialmente a expensas de la sensorialidad periferalista. De aquí que, en cier­ to modo, aquella «centralidad» tenga una persistente deuda contraída con este periferalismo sensorial. Dicho de otra forma: que debiera admitirse -aunque sólo fuera por vía de partici­ pación- una cierta centralidad de los receptores o encefaliza­ ción periferalista.
  • 7. 14 TÓCAME, MA:vL. En las líneas que siguen trataré de reivindicar la importancia que los receptores sensoriales tienen en la configuración de nuestro mundo circundante e íntimo y su irrenunciable fun­ ción en la vertebración de la identidad personal. Y esto en nada contradice la justa prioridad que la atención de los científicos, antes de hoy y en la actualidad, vienen dispensando al estudio sistemático del cerebro humano, o, si se prefiere, al así denomi­ nado Sistema Nervioso Central. Las diversas modalidades sensoriales con que se enriquece nuestro organismo han sido estudiadas, acentuándose, las más de las veces, las diferencias que hay entre ellas. Es lógico que se procediera así puesto que la especialización de los recepto­ res periféfiu.J:S .f..!üí.tia ól-'eL;i:tlütéuLt J.: Iúanifi.::sto estas difer.::;.-,­ cias. Pero, no obstante, debe de hacerse otra aproximación que no soslaye la dimensión asociacionista, interactuante e integra­ dora entre las diversas modalidades sensoriales. Una aproxi­ mación así sería más copartícipe de la «centralidad» de que participan estos sensorreceptores periféricos. Ciertamente, no todas las modalidades sensoriales del orga­ nismo humano han sido estudiadas -y son hoy percibidas­ con idéntico entusiasmo. Por otra parte, cada periodo cultural percibe esas modalidades sensoriales con diferente sensibili­ dad, de manera que, magnificando algunas de ellaS!, forzosa­ mente ha de minimizar la importancia concedida a otras. Por poner un ejemplo, nada de extraño tiene que en el último año se hayan publicado varios libros _:_algunos de los cuales han llegado a ser «best-seller»- en los que el largo discurso se diri­ ge únicamente a describir, pormenorizada y sutilmente, la olo­ rosa y perfumada experiencia olfativa. La vista y el oído son, qué duda cabe, los sentidos que han sido privilegiados desde antiguo por la cultura occidental. Hay demasiadas razones para haber obrado de esa manera. En primer lugar, porque la transmisión de la propia cultura occidental se halla acunada sobre esas dos modalidades senso- I'RÓLOGO 15 riales. Y parece congruente que si la mayoría de los aprendiza­ jes -especialmente los académicos- cabalgan sobre los cor­ celes de la vista y del oído, resultasen de alguna forma privile­ giadas tales cabalgaduras. Por otro lado, es muy probable que uno de los factores más relevantes en el proceso de hominización -junto con la bipe­ destación y la encefalización- haya sido el desarrollo y1o emergencia del· sentido de la vista en el organismo humano, hasta llegar al nivel de complejidad con que hoy lo cono­ cemos. En efecto, la aparición del aparato visual en el hombre, con toda su poderosa complejidad -sin duda alguna, el receptor S,.,-1.-o�;..,l -��.- '" "' ,...., r.lr>;..-. do l-rv1,-,c;- 'hizn nn�ihlP nnP ](1 vida ..... l ;:) llU .l.llCLV '-V..&...a.lt'.... "-J''_... ..._ ,...,... __ .._.,._ 1 -�""' ·�¡ l" ·. ··· - 1 . . , . humana se incardinase en otro marco referencial muy distinto: en el marco de las coordenadas espacio-temporales que hoy nos son propias. De poco habría servido al hombre alcanzar la bipedestación si, simultáneamente, su aparato visual no se hubiera especiali­ zado según la creciente complejidad en que hoy lo conocemos. Con una modalidad sensorial así, junto a la bipedestación, el hombre pudo ampliar su horizonte más allá de lo que pudiera pensarse para cualquier otra especie. Compárese, a este respec­ to, el campo visual-eLY!.11w.elt� percibido por un gusano con la vista panorámica que se abre a la perspectiva humana (€_jgenuze.lt). Bipedestación y visión constituyen hitos de un mismo e idéntico proceso mucho más vasto: el proceso de hominiza­ ción. La visión chata, «miope» y forzosamente proximal del gusano recorta el horizonte vital en el que se instala este ani­ maC reduciéndolo a apenas un espacio mínimo y desarticulado de toda dimensión temporal. Sin espacialidad es muy difícil la experiencia de la tempora­ lidad. El tiempo, aunque pueda desentenderse del espacio, es una dimensión que, inicialmente, se adquiere en función del /� ' · l';i
  • 8. 16 TÓCAME, MAtv;Í. espacio. La espacialidad es ontogenéticamente anterior a la temporalidad. Sin visión -o cuando ésta es demasiado sim­ plista y poco desarrollada- no hay posibilidad de horizonte. Y sin capacidad de horizonte, de poder observar lo todavía dis­ tante y lejano en el espacio, no es posible concebir el futuro. De aquí que el gusano, si es que se admite la metáfora, sólo perci­ ba un espacio demasiado cercano e inane, en el que no es posi­ ble la existencia del tiempo. Por contra, gracias a la visión, el hombre tiene capacidad de horizonte. Esto significa una mayor amplitud de su campo visual y con ella la posibilidad de observar lo riguro­ samente lejano y desconocido, de intuir lo que apenas se vis­ lumbra.. de reinventar-proyectar y visionar lo que, no apare­ ciendo todavía en su horizonte visual, el hombre desea que aparezca. Esto quiere decir que la ampliación del campo visual en el hombre determina una estructuración nueva de su horizonte vital en lo que es posible la proyección anticipatoria de lo que desea hacer (futurización), es decir, la emergencia de la con­ ciencia del futuro. Para apropiarse del espacio y del tiempo, el hombre tiene que erguirse, es decir, pasar de la posición supina a la erecta. Y eso con la lentitud que exige el desarrollo evolutivo propio de la infancia. El niño ha de pasar primero de la posición supina a la de sentado para, más adelante, sostener el cuello y rotar la nuca -de acuerdo con la fuente estimular auditiva que, de alguna forma, percibe-, de manera que amplíe su mirada y la dirija hacia donde parece encontrarse la fuente estimular que desea conocer. Más adelante, tratará de separarse del suelo adoptando la posición de «andar a gatas» y la de sostener el tronco erecto sobre una base de sustentación mucho más amplia consisten en estar de rodillas. Desde estas posiciones, el horizonte que des­ cubre es mucho mayor. Ahora puede percibir lo que hay al otro I'RÓLOGO 17 lado de la cuna, la altura a la que está colgado el sonajero, la cama de sus padres a la que, hasta entonces, sólo podía torpe y muy toscamente imaginar. Un esfuerzo más entre balbuceos -y siempre entre los bra­ zos protectores de su madre-, y el niño al fin se pondrá en pie. Muy probablemente todavía no pueda dar ningún paso, y es posible que el esfuerzo que ha hecho se acompañe de una cierta angustia ante la posibilidad de caerse, pero ¡qué enorme panorama se aparece a su vista! Hemos asistido a la primera escena en que sobreviene una cierta cosmovisión infantil y, con ella, la liberación del niño res­ pecto del primigenio aquí y ahora. Las liberaciones sucesivas y el encadenamiento o aprendizajes cada vez más complejos le permitirán la incorporación y su personal identificación en el espacio y el tiempo, en cuyas redes puedan asirse las formas del pensamiento a través de las cuales tratar de explicarse a sí misp10 todo lo que acontece. La vista en el hombre está vinculada al proyecto que se tiene y, a su través, a la conciencia que de sí mismo se forja. Visión, temporalidad, futurización, proyecto biográfico, conciencia de sí y proyección de sí en el mundo y la historia, constituyen los hitos que jalonarán la vida del hombre. También podría afirmarse algo parecido respecto de nuestra cultura. En este punto, el primado de lo visual constituye una de las claves désde las cuales podemos tratar de entender nuestra actual cultura. Como escribe Jesús Ballesteros en Post­ modernidad: Decadencia o resistencia (1989), «el tránsito de lo oral a lo visual, de lo cualitativo a lo cuantitativo, y de lo analógico a lo disyuntivo, conduce a la devaluación de los aspectos rela­ cionados con la cultura y la política en favor de los estricta­ mente económicos que pasan a ser considerados como la base de la civilización» (pág. 25). Siguiendo a este autor, puede afirmarse que la pérdida del contacto inmediato con las cosas, la infraestimación del tacto
  • 9. 18 TÓCAME, MAMÁ frente a la vista, configura una importante excisión entre sujeto y objeto. La hegemonía de la vista garantiza la exigencia de exactitud de la ciencia contemporánea, pero la transformación del hombre moderno en mera perspectiva genera el desencan­ to del mundo y la nostalgia de lo real. «En efecto -continúa Ballesteros-, lo sagrado en su desve­ lamiento va unido fundamentalmente al sentido del oído, ya que Dios nunca puede ser visto, mientras que sí puede ser oído. La racionalización de la vista como forma exclusiva de conocimiento conduce a la profanación de lo real: todo puede ser visto y, por tanto, nada hay sagrado (. . . ). Desde el primado de la vista se pierde la conexión profunda silencio-canto­ ellcaftiu-eniu.s�a:;lllu-a..:lvlc:t(lGú-j.J... ,isteriv'' (pág. 21). A esto ha conducido priorizar la vista sobre el oído, pero tal tergiversación no se quedará aquí, sino que llegará a modalizar lo más íntimo del propio hombre, su pensamiento, moldeando en él determinados estilos cognitivos. Un análisis más profundo de la forzada y artificial contrapo­ sición entre las modalidades sensoriales visual y auditiva nos revela la importancia de los receptores periféricos en el molde­ amiento del funcionamiento cerebral y de los procesos cogniti­ vos. En efecto, gracias a la visión, el hombre puede optar por la exactitud y la cuantificación, lo cual permite el empleo de con­ ceptos unívocos que salen garantes del pragmatismo científico y de la eficacia utilitarista. En esta primera trayectoria hemos transitado desde la primacía de la visión a la magnificación de la univocidad conceptual. Esto es lo que sucede a nivel perso­ nal, pero también este proceso tiene sus repercusiones en el ámbito de lo social. Un pensamiento construido únicamente sobre la univocidad conceptual, forzosamente ha de afirmar la noción de subjectum, y con ella el engreimiento de quien tiene la falsa convicción de disponer de una ilimitada voluntad de dominio. Surge así el individualismo -ahora sí que puede ser calificado de visiona- .......,�,;:'n.,;j "---- .------·-··--· ·· I'RÓLOGO 19 rio-, que por su afán de exactitud asignará números a todo cuanto conoce. El cuantitativismo resultante es consecuencia de la univoci­ dad, una vez que se ha eliminado la analogía. Y el cuantitati­ vismo conduce a la reducción de todos los valores a sólo los económicos (economicismo). Llegados a este punto, al hombre sólo le queda expandirse en el consumismo hedónico, en la . satisfacción de los deseos y necesidades que la vista le inspire. Pero no se olvide que el hedonismo consumista supone una contratuerca que cierra todavía más herméticamente en sí mismo al individualismo. Por contra, la audición abre al hombre otro ámbito de muy dl·-t:n�- .. :-�:!'; _ _ _;,(_ T- _,.,_.�;-;_c.� -� t;-·�-� ·�--�-�-'1";A- ...l- Cv.,,... ,::, .l La ,:,O.J.C:,.LlJ.J.J.....(...l,..J.VA.L. J-..Ju. ü.uUJ.o...J.V'.i.t J.lV J.'-..&.l'- t'J.'-'-'-J. -...JA.LIJ. ......_'- .,-..w'- titud. '· Las sensaciones auditivas galopan sobre la fugacidad de las ondas sonoras y, por consiguiente, no pueden proporcionar un conocimiento riguroso, sino noticias apenas hilvanadas y _,permeables a la ambigüedad. Pero, justo por ello, la modalidad auditiva permite al sujeto cognoscente algo tan rico y valioso como la posibilidad de la intuición. Cierto que mediante el oído no podemos cuantificar el mundo de forma rigurosa, pero sí que podemos acceder a otras categorías menos reductivas y acaso cualitativamente más valiosas. Mediante la audición podemos penetrar en el mundo de la analogía y; a su través, adentrarnos en la alteridad, salir de nosotros mismos para instalarnos en el otro. La exclusividad de lo exacto conlleva la negación de la ana� logía. Como dice Ballesteros: «El pensar unívoco y exacto, y la exclusión de la ·analogía, serán responsables a partir de enton­ ces, y a lo largo de la Modernidad, de escisiones y desgarra­ mientos insuperables para la persona y el mundo. En efecto, el rechazo de la analogía entis y el puro pensar en términos de identidad -oposición que conducirá históricamente bien a la negación de la identidad del hombre ante Dios (nominalismo, Lutero), bien a la negación de Dios ante la realidad humana '(J ' ¡ : t ·� ' t.l r¡:l :--�
  • 10. 20 TÓCAME, MAtvL- (Marx, Nietzsche, ateísmo postulatorio)-, y así sucesivamen­ te a las falsas disyuntivas entre el individuo y la sociedad, ori­ gen del dislocamiento individualismo o colectivismo; entre el deber o la felicidad, que enfrenta, absurdamente a puritanos y hedonistas.,. Este dislocamiento del mundo, procedente en términos de identidad-oposición y no en término de diferen­ cia-complementariedad, es precisamente lo que en el plano epistemológico demuestra la obsolescencia de la Modernidad» (pág. 23). Hasta aquí algunas de las consecuencias que, según el autor citado, se generan cuando se da primacía a lo visual. Debe entenderse, sin embargo, que el hombre visual no debe confun­ clirse con el hombre contemplativo, de la misma forma que ver no es sinónimo de contemplar. Acabamos de estudiar cómo la visión amplía el horizonte del hombre, abriéndole mediante el proyecto a un cierto domi­ nio sobre el futuro. Pero contemplar es algo que trasciende al mero ver. Se contempla lo que está más allá, física u ontológi­ camente del mero ver, lo que trasciende de alguna forma nues­ tro horizonte sensorial visual, lo que resulta inalcanzable para nuestro propio ver psicofísico. La coi'.templación se diferencia principalmente de la visión en dos características: en ser una mera perspectiva transhuma­ na que configura de un modo nuevo el modo en que nos apro­ ximamos a lo que vemos, y en consistir en una cierta volunta­ ria pasividad por la que el hombre contemplativo se deja arras­ trar y/o atraer por algo que trasciende su propio valor. El contemplativo no es tampoco el visionario. Este último, viendo lo de más acá, se remonta, activa y erróneamente, a un más allá inventado, ficticio e irreal. El visionario es el seudo­ contemplativo, el que proyecta de forma magnificada los errores propios de su vista. El contemplativo, en cambio, es propulsado por algo que no se puede conceptualizar como un error de su vista ni de su punto de vista. En el contemplativo PRÓLOGO 21 hay algo de transhumano paradójicamente apresado, más allá de la vista. El contemplativo no se limita a la univocidad, sino que asume y hace uso de los recursos de la analogía. Acaso por eso, su vista tiene un mayor alcance y, sin dejar de ser huma_na, es capaz de ver lo transhumano, es capaz de ver más allá de su vista. Al fin y al cabo, el hombre visual es apenas un mirón que queda prendado y cautivo de la necesidad de tener, una vez que con gran pasmo la vista pone ante su consÍderación la multitud de cosas placenteras y atractivas con que puede gozarse. Al hombre contemplativo le es propio, en cambio, el conocer, la sabiduría de conocer y la universalidad de ese conocimiento. Al hombre contemplativo lo que le conviene es la grandeza de ser, algo que está distanciado y mucho más alto que las meras necesidades de tener. Se diría que el hom­ bre visual es un mirón, mientras que el hombre contemplativo es un sabio. Hasta aquí hemos tratado de contraponer -siguiendo los esti­ los cognitivos a que nos ha conducido la primacía de lo visual­ las modalidades sensoriales visual y auditiva. Pero con esto no logro alcanzar el fin que me había propuesto con este prólogo, que no es sino el de reivindicar la importancia de esa modalidad sensorial -mucho más primitiva que todas las otras- que es el tacto. Para una mejor comprensión de nuestra actual cultura antro­ pológica, resulta obligado reivindicar la función sensorial del tacto, a pesar de que no debamos excedernos en tal acción, ya que por mucha que sea la preeminencia de esta modalidad sensorial, las representaciones icónicas y simbólicas continúan teniendo una mayor prioridad a la hora de explicar la organi­ zación del pensamiento. Por otra parte, el tacto es una modalidad sensorial predomi­ nantemente femenina, así como lo visual es una modalidad sensorial fundamentalmente masculina. Pero, diferencias
  • 11. 22 TÓCAME, MAMÁ �.• sexuales aparte, el tacto, no obstante, es la modalidad sensorial que mejor traduce los conceptos de proximidad y lejanía, de densidad y pesadez, de atracción y repulsión, de relación y necesidad. En efecto, sin el tacto resulta inviable el acogimiento. Repá­ Atíi:;Q:Qc"->p t�rese en q�e el término acoger marca una �iferenci� significati- . O varnente Importante del mero coger. El pnrnero esta penetrado to"�( y corno transido de cuidado, de afectividad, de expectación. Se ) acoge aquello para lo cual se estaba previamente preparado y bien dispuesto, aquello que probablemente mucho tiempo atrás había sido vislumbrado y deseado en la opacidad de nuestro horizonte vitaL . Por Contr" :::o coge C""],..,,.,;CI.,.. '"'("''" ?"'" fu ' ,til "de ' "hil rono "'"'" L t,...t/ '-''- ..-o.""'-"-"'1.L.f...4'--..l. .......... ._......._ .._....,. ...... J .._....._..._ '1._....._ ._._""'"' su llamada atencionaL Se coge aquello con que tropezarnos, lo que apenas sí llama la atención de nuestra curiosidad. Pero en tal acción se manifiesta la carencia del más absoluto res­ paldo afectivo. Para coger cualquier cosa no se precisa del tacto. Para acoger a una persona -sería inapropiado acoger una cosa; las personas se acogen, las cosas, sencillamente, se cogen o se escogen-, es siempre imprescindible la presencia del tacto. Acoger es coger con tacto. El tacto es lo que diferen­ cia la acogida del mero prendimiento en contacto humano libre y generoso. Sin el tacto, tampoco sería posible el abrazo. Abrazar a alguien es abrirse, mostrar al otro lo más vulnerable de nuestro organismo que queda ahora indefenso durante la apertura de sí, a cambio sólo de poder acoger mejor al otro. Abrazar al otro es, en cierto modo, embrazar a alguien, rodearle, revestirle en la acogida protegiéndole con nuestro propio cuerpo, una vez que ofrecernos al contacto con el otro nuestra parte más débil, el tacto es el que aquí sale garante del contacto interpersonaL El tacto media todo contacto entre personas. Por eso, forzosa­ mente ha de estar siempre presente, corno sazonando los con­ tactos interpersonales más íntimos. I'RÓLOGO 23 En circunstancias corno éstas, el tacto humano deviene en caricia. Acariciar no es otra cosa que establecer un contacto humano, que el encuentro entre uno y otro cuerpo se ha hecho afectivida�, sentimiento, pasión, donación de sí. Lógicamente, el hombre tiene que trascender el tacto, pues de lo contrario se encontraría aturdido en la sensorialidad y en el tibio oscureci­ miento del mero encuentro epidérmico. Pero que tenga que superar el enriquecimiento que se le alcanza a través de esta modalidad sensorial, no significa que deba prescindir por completo de él, corno tampoco ha de per­ manecer fijado a él y de él y dependiendo. También aquí hay que escapar de los dilemas maniqueos y superarlos. .�_mable lector: El libro que tienes eP.tre tus m<1.nos tr?t<' preci­ samente de la importancia del sentido del tacto y constihtye un alegato que procura poner a esta modalidad sensorial en su sitio. La autora ha sabido enriquecerse en todas y cada una de las experiencias que, a este respecto, ha acumulado en su estrecho contacto con el mundo de la infancia. Este conocimiento expe­ riencia! e irrefutable es, precisamente, lo que parece haberle dado un punto de apoyo, de seguridad inquebrantable para las hipótesis aquí defendidas. El tacto es para ella lo que abre el universo cerrado de nues­ tra identidad corporal y lo que madura a nuestro sistema ner­ vioso a través de la piel, habida cuenta de la necesidad que éste tiene de estímulos tráficos para plenamente desarrollarse. La piel es donde se codifica y decodifica la información que a tra­ vés del tacto pone en comunicación el medio externo y el mundo íntimo que llamarnos mente. Nada tiene de extraño que, corno dice Elvira Porres, «sola­ mente hay(a) una manera de decir "te quiero" al recién nacido, y es a partir del íntimo apego entre la madre y el niño, donde se constituyen múltiples respuestas de índole afectiva». La autora pasa revista e.n este libro a la génesis y elaboración de la propia identidad personat a través de estas tempranas ] ' '· ,), . �j
  • 12. 24 TOCAI'v!E, 'v!AMA experiencias sensoriales de las relaciones madre-hijo, con las que se entreteje el proceso de individualización. Más tarde, estudiará los trastornos psicopatológicos y las alteraciones carenciales del sentido del tacto, analizando detenidamente las manifestaciones y proyecciones interactuantes entre estos défi­ cits y las enfermedades psíquicas. En muchos de estos trastor­ nos acaso puedan acunarse luego, cuando adultos, otras defi­ ciencias caracteriales como la retacción afectiva, la desconfian­ za básica, las inhibiciones o incluso la depresión. Por contra, cuando estas primeras relaciones sensoriales están bien articuladas, su utilidad es muy grande, pues sirven a la vertebración de la identidad personal, una identidad que, apoyada en los sentimientos de seguridad y confianza, es lo suficientemente independiente como para constituirse en el centro de esa capacidad vital y necesaria que es la experiencia amorosa. En TÓCAME, MAMÁ, Elvira Porres plantea la necesidad de, a través del tacto, descubrirse el hombre a sí propio y encon­ trarse consigo mismo en la mirada del otro. Cuando ese tro­ quelaje o «imprinting» inicial ha sido bien constituido, enton­ ces es más fácil que el hombre pueda disponer de sí, autoex­ propiarse en favor del otro, es decir, optar por la independen­ cia, porque así se quiere. De otra forma, la personalidad del hombre puede llegar más fácilmente a madurar a través de la donación. Pero esa dona­ ción no acabará de llegar si desde pequeño no se ha aprendido, a través del contacto corporal, que el amor es fuerte y exige tanto la aceptación del otro como la donación de sí. El biologismo, al subrayar en exceso el papel del cerebro, pro­ duce el autoengaño por el que el hombre, renunciando a su con­ dición humana, se degrada e iguala erróneamente a los anima­ les. Los resultados obtenidos por las investigaciones psicológicas recientes son, a este respecto, tozudos. También en esta urdim­ bre afectiva primordial aprende el hombre a autoexpropiarse y a I'RÓLOGO 25 separarse de sí mismo, una ruptura ésta gracias a la cual se obtiene una unidad más fuerte y profunda, más radical y com­ prometedora y más vitalmente fecunda: la unidad con el otro. Si tuvi�ra que resumir lo que tan amablemente y bien escrito se contiene en este libro de Elvira Porres, me atrevería a afir­ mar lo que sigue: que frente a las modalidades sensoriales auditiva y visual que, por actuar a distancia, aíslan y alejan, la percepción táctil acerca, estabiliza, acompaña, da seguridad y constituye ese soporte bien fundado que puede garantizar y dar robustez al compromiso interpersonal, cualquiera que sean las vicisitudes que este compromiso pueda sufrir a lo largo de las complejas y diversas trayectorias biográficas personales. Elvira Porres demuestra, una vez más, que no es posible !a identidad personal sin la apertura hacia los valores, y que en el rearme moral de la sociedad del deseo en que nos encontra­ mos, el cuerpo humano constituye, sin duda alguna, uno de su valt;>res primordiales. Al parecer, tenía razón Cicerón cuando escribía: «Non nobis solum nati sumus», no hemos nacido sólo para noso­ tros (De Officiis, 1, 7, 22). Precisamente por eso estamos abier­ tos a los demás, incluso desde las primeras etapas de nuestra vida, justamente cuando acontecen esas primeras experien­ cias sobre las que se fundará nuestra futura identidad perso­ naL las experiencias de aceptación y donación resultan bási­ cas para el desarrollo de la futura personalidad, pues como reza un viejo aforismo medieval: «No feret optatam, qui rem non donat amatam», no se llevará lo que desea, quien no da lo que ama. Sierra de Madrid, 31 de diciembre de 1991 AQUILINO POLAINO-LORENTE Catedrático de P:sicopatología de la Universidad Complutense de Madrid
  • 13. INTRODUCCIÓN E�����:��;����:�:��; · h:������r�'t:e��;::�������� de sobrevivir; ha sido capaz de defenderse de las demás espe­ cies, en ocasiones mucho más fuertes que él, y ha sabido crear­ se las condiciones adecuadas para que su vida se prolongue por mucho tiempo. Ha sido también capaz de organizarse como colectivo, y ha elaborado leyes lo suficientemente solidarias como para prote­ ger a sus individuos más débiles; ha superado la ley de la selva, la ley del más fuerte. Ha sido tan hábil y tan inteligente, que sólo la costumbre de verlo, y las grandes fisuras del actual sistema, nos hacen olvi­ dar tan gran habilidad e inteligencia. Sin embargo, el individuo humano, como tal, no ha llegado a saber cómo hacerse feliz a sí mismo, cómo llenar el gran vació que siente en su interior. Todavía no ha desarrollado el potencial realizador que intuimos lleva dentro de sí. Creo que todo hombre piensa, intuye o siente esta enorme carencia; no entiende que su deseo de plenitud, el deseo de amor, siempre constante en su vida, nunca haya sido satisfe­ cho. Ningún objeto externo le proporciona la necesaria sensa­ ción de saciedad para darle sosiego. ';::::.:·
  • 14. 28 TÓC,v!E, l'v!Al'v!Á Hay muchas promesas en la sociedad y en todas las culturas, y muchas búsquedas de hipotéticos paraísos que se justifican sobradamente. El vacío del hombre es mucho, su sentimiento de «ser» es tan escaso y limitado que le impide sentirse a «SÍ mismo» lleno de «sí mismo>> como para que esa sensación-sen­ timiento le proporcione una estancia lo suficientemente feliz y plena para dejar de buscar inútilmente continuos estímulos exteriores a él. Pensamos que ha realizado una gran tarea, ha sido un gran logro como especie conseguir este estado evolutivo, pero cree­ mos también que ha llegado la hora de ir un poco más allá, de intentar conseguir un algo de esa felicidad que le es debida comín <:;:11 lerrí�i""'a dem"nda ...........b""'""...... "'-'- J. b ... .L..o.l. J..o....... J. ' . Cualquier intento serio en este sentido debe abordarse y hacerlo con el esmero y la ternura que merece este hombre, que, superadas tan difíciles etapas de supervivencia, llega a este momento existencial y no encuentra sentido a una vida, que por su propia naturaleza, exige otra plenitud. No pensamos en absoluto que esta Tierra deba de ser forzo­ samente un valle de lágrimas, pensamos más bien que llegará a ser el paraíso tantas veces buscado y nunca encontrado. No creemos que éste paraíso se consiga por medios externos a ét creemos más bien que será el justo premio del encuentro del hombre, dentro de sí mismo, de su búsqueda interior. Sencillamente, estamos en un estado de evolución y vamos a seguir avanzando. No sería justo culpabilizarnos, me parece más justo seguir premiándonos haciendo el serio intento de ir un poco más allá. Quiero aportar mi experiencia, mi formación y mi trabajo a esta tarea; lo haré con algunas hipótesis de elaboración perso­ nal que en su enunciado pueden parecer sencillas, e incluso sabidas, por lo menos muy intuidas. Justifica este esfuerzo el constatar que, por sencillas e intuidas, a veces no son valoradas en su real y profunda dimensión. INTRODUCCIÓN 29 Al intentar documentar el trabajo, he podido comprobar con satisfacción que en los planteamientos teóricos de los reconoci­ dos maestros están esbozadas estas ideas, pero lo están de una forma sucinta y siempre dirigidos a especialistas. Considero muy útil hacer una obra divulgativa, de una manera sencilla y entendible, para beneficio de las personas cercanas al tema y para las que tienen en sus manos la acogida a los nuevos miembros de la especie. ¿A quién irá dirigido este trabajo? Sólo hay un baremo para saberlo: a quien lo «toque>> profundamente; a quien, al hojearlO¡ «sienta>> que esto es cierto, y al que, al cono�erlo, «sepa» que merece la pena llevarlo a la práctica; a quien intuya que es tarea personat llegado este grado de evolución, intervenir acti­ vamente en ella.
  • 16. CAPÍTULO I TÓCAME, MAMÁ INMADUREZ REAL DEL RECIÉN NACIDO
  • 17. TUS MANOS Tus manos, mariposas calientes que despiertan mi piel, un mundo oscuro espera su caricia, r:!go muy lejano quiere !?pt?recer. Tus manos, mariposas calientes, llenas mis espacios vacíos, se adentran por oscuros caminos para encontrar dulces frutos, para extraer la miel. Por tus manos, mariposas calientes, aprenderé a bailar el gozoso ritmo de la vida... .. . me amaré.
  • 18. q E L niño al nacer, aparentemente, nace completo, pero esto que parece evidente es una realidad sólo parcial. Ha teni­ do un periodo de nueve meses de gestación intrauterina, ha pasado por un �� que le permite un funcio­ namiento físico autónomo, pero le queda otra salida a la real luz de su psiquismo, que constituye su segundo nacimiento. Este �undo nacimiento, el nacimiento psíquico, viene determinado por dos val<;?.r12.?...de similar importancia: uno sería el capital genético con el que ya viene dotado, y otro estaría constituido por el entramado de relaciones que establece con su entorno. Podemos decir con toda seguridad que el RN se encuentra en un estado de indiferenciación total, ha venido al mundo con un equipo congénito que es su patrimonio heredado, pero con una carencia total de consciencia, de percepción y cualquier ftmción psicológica. En opinión de Freud, se puede considerar al RN como una totalidad indiferenciada que carece en absolu­ to de yo, ni de sentimiento de sí mismo. En su apariencia exterior, es un ser independiente y autonó­ mo que tiene capacidad real, en el terreno físico, de crecimiento propio, pero en la esfera psíquica es totalmente inconsciente y oscuro. No es consciente de que tiene un cuerpo, ni sabe que sus brazos o piernas sean suyos. No puede utilizar su cuerpo y
  • 19. 38 TC)CC..IE. LvLi. no comprende el significado que le llega a través de los senti­ dos. Está equipado con un mecanismo muscular mínimo, con el que realiza sus actos reflejos, y que le permite mantener el funcionamiento de sus órganos, pero el sistema nervioso cen­ tral es en su mayor parte inactivo. INMADUREZ DEL SISTEMA NERVIOSO úl RN no tiene ninguna imagen del mundo, ni ningún estí­ mulo que le haya llevado por vía de los sentidos y que pueda reconocer como una señal, por lo tanto, los estímulos que cho­ c;:;.n C8::. ::;:.;. c.p;:;.rw.tc; :;cnsorial carecen en absoluto de sig: ú�iicétclo para él, cada uno de éstos tiene que ser transformado, primero en una experiencia significativa, sólo después se puede conver­ tir en una señal, a la que se irán añadiendo otras muchas seña­ les para completar una imagen coherente del mundo. No sólo esto es cierto, sino también que tiene una alta barre­ ra protectora ante los estímulos externos que le alejan de ellos en estos primeros momentos. Existen distintas teorías al respecto, nos adherimos resuelta­ mente a los últimos descubrimientos acerca del funcionamien­ to del cerebro, y a las investigaciones llevadas a cabo por neu­ rólogos tan fuera de duda como el mismo profesor Rodríguez Delgado, quien asegura que las sensaciones de los recién naci­ dos deben de ser muy elementales. La razón fundamental es que los seres humanos nacen con un cerebro muy inmaduro. Al principio, las neuronas tienen una morfología embrionaria, con muy pocas ramificaciones y mínima complejidad. Al faltar este sustrato anatómico funcional, es imposible que a muy temprana edad puedan dar indicaciones de la mayoría de las funciones mentales. Mientras el corazón late antes de nacer, y todos los demás sistemas vegetativos están preparados para funcionar en cuan- ----··- · �--·--- - ..------------·-·· · ..· ··--· · · · - ... � ·u· �� l.'< vi.-DLREZ DEL RECIE:i 0iACIDO 39 to se produce una separación ele la madre, en cuanto se corta el cordón umbilical, al cerebro no le ocurre lo mismo. El cerebro crece gracias a dos poderosos determinantes: las órdenes dormidas de los genes y los impulsos codificados que le proporciona el medio ambiente, y que penetra por los sentidos. Pogresivamente, gracias a estos dos factores, las funciones cerebrales se irán desarrollando, y la riqueza emocional e inte­ lectual también crecerá. «La idea de que los niños nacen sin funciones mentales y sin capacidad de conocimiento es poco agradable a los padres, la rechazarán, pero en nuestras investigaciones tenemos que aña­ dir que no pueden existir a esta edad funciones mentales, por­ que iaJ.ran la:; e::; truc t u.ra::; Lerel:!! ctles capaces de realizar dichas funciones. Después las adquirirán, pero para ello necesitan ele­ mentos que han de madurar, y que no existen en el recién na­ cido 1 • Resumiendo, podríamos decir: Las neuronas son entes dinámicos, que son suscepti­ bles de modificación en sus conexiones y ramificacio­ nes, incluso en su estructura celular, bajo la influencia recibida por todos los receptores sensoriales que intengran el organismo, de tal forma que el medio externo es condicionante del medio interno neuronal. Las neuronas del cerebro del recién nacido son e��. cialmente influenciab les por la estimulación sensorial, debido a sue están en etapa de crecirpiento y desarr� llo. El sistema referencial, que nos permite analizar y comprender la información aprendida, tiene su ori­ gen en estas etapas, y es impuesto al niño sin su con­ sentimiento, ya que el cerebro es tan inmaduro que no tiene capacidad selectiva ni decisoria. J. M. R. Delgado, La F<'ilcldad. Madrid, 1988, pág. 272.
  • 20. 40 TÓCAME, MAMÁ - El cerebro del R.J. 'J está abierto para recibir información p:ocendente de� medio ambiente, pero ésta no es pre­ :ramente seleccionada por determinismo genético. La mfo�mación decisiva para la estructuración material y funciOnal del cerebro tiene que venir del exterior. Los genes son órdenes directivas, llevan direcciones preferenciales de d esarrollo, pero la información sensorial, que es definitiva para la estructuración material y funcional del cerebro, tiene que venir del exterior. Al conocer esto, nos damos cuenta de que p odemos ser aut�r..ticos artífices de nuestros propios cerebros, con esa privi­ legia�a arma que es la aportación exterior que coopera a su propiO desarrollo. «El problema de la infelicidad del hombre no estriba en que n�estro . cerebro no haya evolucionado suficientemente para las exigencias del mundo actual, sino más bien en que no alimen­ tamos a nuestros recién nacidos con la información sensorial · adecuada y no les suministramos marcos sociales y emociona­ les adecuados, en los estadios cruciales para el troquelado (ímpríntíg), . �decuado a su futuro, deseable desarrollo. El odio y la destruccwn que acompañan de por vida al hombre no son propiedades funcionales del cerebro, sino elementos introduci­ dos a tra:és d� señales impust s¡nsoriales. No se originan en la personalidad smo en el medio» . A estas alturas, los neurofisiólogos conceden cada día mayor atención al crecimiento de las neuronas, a la formación de nue­ vas células, a . la may�r riqueza en prolongaciones neuronales y a las compleJas reacciones bioquímicas y bioeléctricas que tie- . " Ashley Montagú, La naturaleza de la agresividad humana, Alianza Edito­ nal, S. A Madrid, pág. 1 76 iNMADUREZ DEL RECIÉN NACIDO 41 nen lugar con singular intensidad en las primeras semanas y meses de la existencia. Por el momento, todos coinciden en afirmar la inmadurez con que nace el cerebro del hombre y la gran importancia de las remodelaciones y cambios estructurales que experimentan en sus primeros contactos con el mundo exterior, Parece muy probado que el cerebro se va modelando mediante las relacio­ nes interpersonales. Podemos concluir que lo que ocurre en estos primeros días de la vida es decisivo p ara la existencia posterior. Al p ostular tan gran inmadurez, que gobierna los primeros estadios de la vida, aparece un hecho de suma importancia y se manífiesta con mucha clarid?.d: las primeras influencias son en cierto modo constitutivas o constituyente, es decir, son «cuasi» hereditarias. HERENCIA GENÉTICA Y MEDIO Es un hecho que los seres humanos heredan genes que van a infuir posteriormente sobre su conducta. Es también un hecho que los genes correspondientes a formas básicas de conducta •1humana, como: la agresión, el amor, el altruismo, son producto de una larga historia evolutiva, y que en cualquier análisis serio de la naturaleza de estas formas de conducta debe tenerse en cuenta la historia de la evolución de la especie y de sus interrelaciones. En el desarrollo de la conducta humana han actuado presiones evolutivas infundidas por un medio social totalmente nuevo, cual es la cultura, que el mismo hombre ha generado. Como consecuencia de las presiones selectivas culturales, la humanidad ha influido no poco en los sustratos genuinos de su propia herencia personal. Ello no significa que los humanos se hayan liberado de la influencia de los genes, que afectan de
  • 21. 42 TÓCAME, ,v!AíVIÁ U: �do determinante la conducta de otros animales, pero sí sig­ mflca que su conducta está menos presidida por éstos. Quiere esto decir que el animal humano y de hecho lo hace, interviene en su propia evolución, dirigiéndola en alguna forma hacia los objetivos concretos. La educabilidad, la falta de rigidez y la gran flexibilidad de la constitución genética humana hace que esto sea posible. Diríamos que � a conducta es la manifestación de un arco �� tendenci�_icas_y las.J!2fluencias ambientales, el rasgo más específico del hombre, que es la intervención -�n la evolución propia, le permite modelar sus propias tendencias genéticas de modos muy distintos. La manifestación de los genes, de alguna manera es u na función del IT•:::dic;; ;:::�:::.s_-...:c nunca de forma total, los genes están sujetos a control humano, a su canalización y dirección. Esto no significa que los sustra­ tos genéticos de la conducta humana tengan un papel insio-nifi- - . b cante, pero SI ciertamente que no determinan su desarrollo. Lo que sí podemos concluir es que los humanos somos cria­ turas capaces de cualquier clase de conductas y sentimientos y, sobre tod . � , y esto es lo más sorprendente, que esto depende en gran mea1da de los condicionamientos de todo tipo impresos en el cerebro virgen y en los primeros estadios de vida. El medio condicionante interacciona con los potenciales genéticos, y la conducta resultante es la expresión de esta inter­ acci�n _ . Diríamos qu� el medio esencialmente humano es el que serv1ra para convertir al animal humano en el hombre evolu­ cionado que la especie espera legítimamente de sí misma. Sin sus potencialidades genéticas, los humanos no se convertirían en humanos, pero solamente con todas esas potencialidades no podían evolucionar como tales sin la tutela prolono-ada de un medio humanizante. 0 El mismo profesor Rodríguez Delgado extrae como conclu­ sión de sus estudios experimentales que la identidad individual y la conducta personal no son propiedades del cerebro que se iivlADliREZ DEL RECIEN NACIDO 43 despliegan automáticamente por maduración neuronal, sino funciones adquiridas que deben aprenderse y que, por tanto, dependen esencialmente de la recepción de las señales senso­ riales. Dice textualmente: «Me gustaría proponer una visión más optimista que atribuyera menos importancia funcional al pasa­ do genétlco y un papel más importante a los impust sensoriales v a la información cultural, que son factores decisivos en eda­ �-les muy tempranas, para la determinación de muchas propie­ dades anatómicas, químicas, eléctricas y funcionales de las neuronas cerebrales. Con arreglo a este criterio, la mayoría de neustros problemas de conducta social e individual no depen­ .-L."-- r!a ' "' "' hD-r,:m ri "' hinL--<,c-;r"'. ni de una nreformación neurofi- �·�-- -· - - · · · · · - - - - - - - ---- - - - - - o- - · r siológica. »Una de las tareas para los científicos futuros es el estudio experimental de esos problemas, reconociendo que los estímu-­ los ,ambientales pueden afectar radicalmente al desarrollo del niño» 3• Podemos decir, por tanto, que el_ desarrollo del niño no es tanto una herencia como un logro, y cuando traemos un nuevo miembro a la vida tenemos la responsabilidad de hacerlo un verdadero ser humano. ETAPA AUTISTA O UNIVERSO CERRADO Estamos, por tanto, ante un individuo «que está naciendo», es decir, ante algo oscuro y cerrado que ha de llegar a la aper­ tura que sería un auténtico nacimiento psíquico. Su país de origen, su vida intrauterina, ha constituido para él una experiencia altamente placentera, ha sido un estado de -' Ashley Montagú, La naturaleza de la agresividad humana. Alianza Editorial, S. A Madrid, 1 985, pág. 177 .,
  • 22. 44 TÓCAME, MAMÁ suprema felicidad, si bien esta felicidad no puede considerarse como tal, pue . sto que no e� autoconsciente, diríamos mejor de suprema placidez. Sumergido en el líquido amniótico, someti­ do a una . presión y temperatura uniformes y provistas todas sus . necesidades sin tensión ni esfuerzo por su parte, puede decrrse que el feto vive una experiencia auténticamente nir­ vánica. Al desprenderse de este estado, nos encontramos con un ser que carece no sólo de estructura psíquica, sino incluso de lími­ tes son :áticos. Es incapaz de distinguir el yo del no yo, ni de tener nmguna percepción acerca de sí mismo. Durante los primeros meses tiene ante sí dos tareas de gran envergadura; una sería la sobrevivencia y el crecimiento físico Y ütra sería el nacimiento de una vida psíquica que, empezan� �o práctica�ente de cero, v.a .dando lugar a una mayor y supe- n?r compJ�Jidad. . •.. . . . .. •.,}i·· �'�"':'"' · ''"''"'-"i''<'r� 'f.},�is'te'segundo caso; el �acimiento de la vida psíquica, partimos de un estado de narcisismo primario absoluto, mar­ cado por la falta de conciencia del infante respecto de todo lo exterior a él. Este estadio lo denominamos de autismo normal» •. . En este momento, el RN vive en un circuito totalmente . cerrado, tiene una barrera opaca respecto de estímulos exterio­ res. Para que este sistema centrípeto de energía se abra, tiene que haber un desplazamiento progresivo de la energía del cen­ tro hacia la periferia. Toda posible percepción proviene de dos fuentes de informa­ ció�; primero de los propios fluidos internos, movimientos, somdos, etc., y segundo de los estímulos externos a su propio cuerp . o; las respues:as del recién nacido se producen según las necesidades comumcadas por estas dos vías. Los estímulos que ' M. �alher: El nacimiento psicológico del infante humano. Ed. Marymar Buenos Aires, pag. 54. , <· � �- !f.: lfti' . �; � l{l; � t� '�.- � ¡; ,. 1, li lti' . 1 1 1 1 INMADUREZ DEL RECIÉN NACIDO 45 rovienen de fuera son percibidos sólo cuando su nivel de fntensidad exceda al umbral de la barrera que tiene establ�cida contra ellos. Entonces irrumpen a través de dicha ba�rera r?m­ piendo el sosiego del neonato que reacciona con viOlencia Y desagrado. Esto nos encaja con la descripción de este estado hecha p�r F ud del que dice que es un sistema físico cerrado a los esti- re ' . l d d mulos del mundo externo para satisfacer sus necesrc a es e forma autista. · . En este estadio se va abriendo poco a poco, medrante los estímulos del medio, y accede lentamente a otro en el que apa­ rece la oscura conciencia de que él mismo no puede prov�erse la satisfacción necesaria, sino que ésta debe serle proporciOna- da por algo que está fuera de sí mismo. · . , . Según Spitz: «Las vías de percepción del recr�n . nacrdo p�rte­ necen a un sistema de capfación básicamente· c hstmto del srste­ ma,de p€rcepción que actuará en edades posteriores y con el cual estamos familiarizados. Este sistema, que se halla presente al nacer, es la organización cenestésica. Es un sist . ema de capta­ ción generalizada, primordialmente visceral, y tiene su centro en el sistema nervioso autónomo» 5• Éste sería el momento en el que una acción exterior a él, lo que llamaremos en adelante «placenta . �xterna», l . e ayu�ará a salir de esa tendencia innata a la regresion vegetativa, «trra�do de él» hacia el exterior, para llegar a la organización postenor, donde la percepción ya no se efectúa a través de los órganos sensoriales periféricos, sus centros están en la corteza Y sus manifestaciones son procesos de conocimiento entre los que se van a establecer los procesos del pensamiento cons�iente. . Es aquí cuando la adecuada asistencia del medro, e�pe�r�l­ mente la madre, puede propiciar este tipo de comunrcacron, 5 René Spizz, El primer año de vida. Madrid, 1 986, pág. 45.
  • 23. 46 TÓCAME, MAMÁ e�a com�nicación cuerpo a cuerpo, mística, sin palabras y Siempre mcomprensible para el observador exterior a ellos Diríamos que «El que está naciendo», y para poder logrario ha de encontr�r �as condiciones necesarias de acogida que harán de este nacimiento un logro venturoso. Cuando un recién naci­ do no es recibido por esta «placenta externa», podemos decir que este segundo nacimiento no se produce y condenamos a este �er a la eterna búsqueda de algo sin nombre y sin forma para el, que no es nada más que el sentimiento confuso de la falta de «SÍ mismo». Será un individuo en continua ansiedad por enc_o�trar fuera de sí algo que intuye le falta y que no acierta a deflmr, una presión interna de algo que quiere manifestarse y '11JP 110 f?!1C1.!e!:tra la f�!"�J. de haccilo. Cuando, por el contrario, esta «placenta externa» funciona a�ecuadam . en�e, ese ser . �cumulará como experiencia primige­ ma un sentimiento gratlflcante de confianza en el universo. El mun�o r�al existirá en el presupuesto constante de que toda expenencia ele su vida va a seguir discurriendo en ese orden y confianza. . En est�� primeras relaciones constitutivas se fragua la ulte­ nor rela�wn del hombre con la realidad exterior, partiendo de una . r . e�hdad t�n cercana como es el propio cuerpo y con la posibilidad de mtegrar en una totalidad armónica todo su ser en el curso de la experiencia de la vida. Cuando esto no se constituye positivamente, el niño elaborará �n sentimiento de inseguridad y despego de pérdida, en defini­ tiva, que sur?e porque �sta «placenta externa» no adecuada pone en grave pel�g�o la confianza y la valoración de «sí mismo», que le amenazara Siempre en lo más radical de su psiquismo. Genera así un convencimiento básico con el lema de «el mundo no es de fiar», y establece un refugio ideal dentro de sí en el que no p . uede distinguir lo real de lo que no lo es, retorna, o no logra sahr, de su torre de marfil, de su primitivo encierro autístico. ¡:--;.IADLREZ DEL RECIÉN NACIDO 47 Una de las enseñanzas fundamentales de la psicología del inconsciente es el conocimiento de la conservación en el alma humana de sus fases arcaicas de desarrollo, de sus movimien­ tos y pulsiones más primitivas e indiferenciadas. Otro descubrimiento equiparable en importancia es el de demostrar que subsiste en todo hombre la capacidad de regre­ sar a estos estados arcaicos. Es lo que Koslant, estudiando la jerarquización de los instintos, ha denominado «la reprogre­ sión», es decir, la capacidad de progresar previa regresión a etapas menos diferenciadas del desarrollo, es lo que podemos llamar regreso a las fases primarias de la persona, a su primiti­ vo suelo nutricio. T .T - -- ,-. - ..J : .- 1-. ., �, . " "'1 1-. .....,.,..,1-"·a " ·"'ro r'l ol "mor. n;:1rla más cierto· J. .lt:..L.J.lv.;:, 'I..A. J. '- J. I. V '1.........:... ....,;;. i. L_. ...-... L,_ _ _ .... �................. _,..._._ e !......... - · , ,. _ _.,. _ _ 1 para que ese ser que hemos recogido inconsciente y lejano venga a ser un ser humano abierto, conciente y próximo, tene­ mos que traerlo literalmente a la luz, alumbrarlo en su segun­ do parto, en el que no ya la naturaleza sola, como en el caso primero, ha de actuar, sino que en este segundo alumbramie�­ to debe ser la conciencia clara del hecho de que el amor debi­ damente aplicado será lo que haga de ello un venturoso acon­ tecimiento. ¿Cómo hace nacer el amor? No, ciertamente, contándoselo al RN, puesto que no oye o no entiende, sino con toda esa «placen­ ta externa» de estímulos sensoriales de que venimos hablando.
  • 24. CAPÍTULO II / ¿COMO ME LO DICES? «PLACENTA EXTERNA»
  • 25. MI DESEO Mi deseo es pegarme a ti, todo mi ser siente esa llamada, la feliz sensación de sorber el aire entre tu piel y mi piel. pegado al mío, perderme en tu cálida playa, dejarme caer en tu dorada arena. Quiero encontrarte, tenerte así, muy cerca para llevar conmigo la sensación de que existo, y saber que para siempre algo me acompaña aunque estés muy lejos. . . . . . aunque ya no estés.
  • 26. r i �' N os preguntamos cómo vamos a conseguir abrir este cauce hacia la luz, la conciencia y la interacción afectiva; cuáles serían los factores propiciadores de este hecho. Llegamos a la. conclusión de que para lograr esta gestación psíquica fuera del útero, el RN necesita el auxilio de lo que herr¡os llamado «placenta externa». De la misma forma que en el estado intrauterino de placenta sirve para proveer las necesida­ des fundamentales del feto, esta «placenta externa» de varia­ dos estímulos sirve a los mismos fines; a la cobertura de lo que son necesidades básicas a su desarrollo psíquico. Será lo que constituya ese suelo nutricio, donde el ser psicológico del RN asentará sólidamente sus raíces. Esta base estará constituida por elementos de alimentación, apego, apoyo, calor, satisfacciones tactiles, etcétera. Quizá, el instinto nos ha provisto de mucha información al respecto, pero a veces la cultura discurre por cauces que le roban a la naturaleza su auténtica sabiduría, y el cultivo de la higiene, con toda su valiosa aportación a la salud, ha tenido sus inconvenientes en este campo. Cuando un niño nace en nuestras elaboradas instituciones, se le separa automáticamente de su madre para aislarlo en higiénicos nidos, provistos de todo lo necesario para la como­ didad del bebé, poniendo con la misma eficacia en peligro este
  • 27. I . 54 TÓCAME, :VIAMÁ primer momento clave en su futuro desarrollo. Tras la separa­ ción -no cabe duda que traumática- del parto, tanto la -· madre como el bebé se necesitan vitalmente. Su estado, dife­ renciado físicamente al cortar el cordón umbilical, no es toda­ vía un estado diferenciado psicológicamente, y ambos necesi­ tan un tiempo de permanecer en estado de contigüidad, en simbiosis perfecta para paliar esta añoranza. Del buen establecimiento de esta simbiosis, de este tejerse ambos piel a piel, depende que el niño aprenda a integrar el amor. El hecho de esta contigüidad puede ser la única manera que una madre tiene de comunicar su amor al hijo. COn S1 l<: Cl l Pr'"'"" rl .-:.",.., Url .-.c � '"' ,...��•- r•o 1- p - r c.;, · · -� . ' ... � ..... _ ... .t" "-' '-" ._._.._ .._... _.. ;. '-ÁV0 "-' ·.LL LVJ. Ü(t ... 1. t ct a c:Jd1 1l ld.Ufe e hijo, aumenta y profundiza la esfera de sus comunicaciones recíprocas, recibiendo el niño tantos beneficios como él otorga a su madre. Sostenemos que cuanto mejor tejida está dicha simbiosis, cuanto más apretadamente se consigue su entramado, más fácil será para el niño su posterior separación e independencia y, por lo tanto, mayor su satisfacción y felicidad futuras. MADURACIÓN DEL SISTEMA NERVIOSO A TRAVÉS DE LA PIEL «Tal vez sea la piel, después del cerebro, el más importante de todos nuestros sistemas orgánicos» 1• Hasta hace muy poco tiempo no se consideraba la piel como un órgano, a pesar de ser el más extenso del cuerpo, el más sensible y antiguo de nuestros órganos, nuestro protector más eficaz y nuestro pri­ mer medio de comunicación con el exterior. ' Ashley Montagú, El sentido del tacto. Madrid, 1981, pág. 3. 55 . cóMO ¡ olE LO DrCES7 =)�J d ' :l d l t · Podemos considerarla, con to a segune a , como a -�� externa del sistema nervioso central, se desarrolla como éste de la capa más externa del ectodermo, del que también nace el pelo, el olfato, el oído y el gusto, en resumen, todo a �: lello . qu . e nos comunica con el exterior y que tiene como funoon pnnct­ pal informar al organismo acerca de cuanto tiene lugar fuera de éL El crecimiento y desarrollo de la piel continúa durante toda la vida, y su sensibilidad depende en alto grado del tipo de estímulos externos que recibe. Su superficie tiene una enorme cantidad de receptores sensoriales que registran el frío, el calor, el contacto y el dolor. El número de fibras sensitivas proceden­ tes de la piel que penetrall eu lét wéJula o:=:spina.l svbr.::pz,5an el medio millón. Se sabe que la sensibilidad cutánea despierta mucho antes que las demás funciones durante la vida prenataL Según la ley -- general de embriología, cuanto más p � onto se desa � rolla una función, tanto mayor es su importanoa futura. Es mnegable que las funciones de la piel figura'i1 entre las más importante � del organismo. Su representación en el cerebro es muy amplia. Según lo _ s más recientes estudios neurológicos, la extensión de detenm- nada región o área cerebral depende de la complejidad de fun­ ciones que regula. Las proporciones del área cortical que ocupa el sentido del tacto subrayan la importancia que revisten las funciones táctiles en el desarrollo de la persona. En otras palabras, la piel es un gigantesco sistema de comu­ nicaciones que, a través del sentido del tacto, lleva las señales y mensaje del medio externo a la atención del medio interno qu _ e llamamos mente. La forma en que una persona o un acanteo­ miento físico afecta a un individuo, es evaluado por su sistema nervioso que, a través de la piel, recibe sus primeras comun _ ic�­ ciones. En la matriz, el feto ha sido ya receptor de señales tactl­ les: presión, calor, etc. Estas estimulaciones se intensifican al �� ' r ·--..
  • 28. 56 TÓCAME, MAMÁ máximo durante el proceso del parto. Existen pruebas de que7 la estimulación masiva de la piel que el RN recibe durante el � parto desempeña un papel muy importante en la preparación S del niño para la experiencia posnatal. :? Hace tiempo que los cuidadores de animales han observado � que si la madre, en la esfera animal, no lame con energía al recién nacido, es posible que éste muera en pocas horas. Sin embargo, las hembras humanas no lamen a sus crías, quizá esta carencia sea la causa de muchos males que aquejan al indi­ viduo humano. Se ha demostrado que para que se establezca un vínculo saludable entre la madre y el hijo, «la comunicación táctil, la proximidad cuerpo a cuerpo, deberá tener lugar tan pronto como sea posible después del nacimiento» 2• La necesidad que tiene el bebé humano como básica e im­ prescindible después de su nacimiento es la prolongación de la proximidad que tan sobradamente ha sido satisfecha durante la gestación. Ni un milímetro de su piel está sin contacto en éste medio interno. La carencia brusca de contacto al terminar el parto lo dejan en un vacío de sensaciones que suponemos aterrador para un ser tan desvalido. Iia,sta _g_ue los demás sentidos despiertan, y lo hacen poste­ riormente, el único medio de co�§lción de gue disi2Qll.e.::_.. rn.os es la piel. Cuando a un niño se le sostiene fuertemente y con tanta proximidad como sea posible, estamos paliando la carencia que inevitablemente está sintiendo y haremos que este momento sea menos traumático. Estas primeras grabaciones cerebrales serán siempre el patrón consciente e inconsciente al que el i � dividuo adulto regresará innumerables veces para prosegmr su desarrollo autónomo. ' - Ashley Montagú, El contacto humano. Barcelona, 1 983, pág. 10. � ,COMO ME LO DOCES' 57 J . 1 ASIENTO DE LA «PLACENTA EXTERNA» SOBRE LA PIEL 1 Estamos viendo que las distintas formas de estimulación � cutánea recibidas al comienzo de la vida revisten una impor- � tanda crucial para la normalidad del desarrollo físico y la evo- &: lución de la conducta. Cabe deducir de ello que la estimulación i táctil posee una trascendencia vital en la consolidación de las � relaciones emocionales y afectivas y que existe una estrecha ;' vinculación entre las caricias en el sentido más amplio del tér- � mino y el amor; es decir, que el ser humano no aprende a amar f en virtud de una serie de instrucciones abstractas. Con toda � certeza, el único modo de aprender a amar es habiendo sido � amado. � Diríamos aquí: ¿Cómo me dices que me quieres? No te oigo, � no te veo, ¿cómo lo puedo saber? Solamente hay una manera � de decir te quiero al recién nacido, y es a partir del íntimo � apego entre la madre y el niño en esa estrecha relación donde ru1 � se constituyen múltiples respuestas de índole afectiva adquirí- � das por generalización. �. Para lograr alguna comprensión del significado del amor, es � fundamental el entendimiento de lo que son las necesidades i básicas del recién nacido. Pensamos que la mejor manera de 1�.·.:.:.· �:��:;d��e� yo te quiero, es cubriendo amorosamente dichas Distintos autores emplean el término necesidades básicas, � aunque, ciertamente, para cada uno tienen un sentido distin- 1� to. Las 1)���-�idades básicas son tales porque �s condición i,··;···;···· i_glprescindible satisfacerlas paraJograr que el recié!! nacido : S()breviva física y_psíquicamente. En principio, serían la ne- cesidad de oxígeno, comida, agua y eliminación de residuos. � Con este aporte, y hablando teóricamente, se aseguraría este � mantenimiento físico de su vida, pero esto solamente no es � lo que crea seres humanos, tal como entendemos este tér- * mino. �r.
  • 29. 58 TÓCAME. :VIXvl.. Hay otro tipo de necesidades básicas, y en la cúpula de ellas el amor es el supremo agente de desarrollo del hecho humani­ zante de la persona. No vamos a dejar esta palabra en el ámbi­ to de lo teórico, nuestra tarea consiste en descubrir qué cosas concretas la pueden definir. Resumiendo, diríamos que damos amor al niño cuando · atendemos sus necesidades básicas con cuidado y con ternura. Nos adherimos fuertemente a la teoría de Rof CarbaUo, en · la que sostiene que la raza humana ha elegido para su evo­ lución no a los individuos más fuertes o más agresivos, sino, en contra de lo que parecería lógico, la evolución ha elegido un camino paradógico y que a posteriori vemos mucho más eficaz. No se ha promocionado evolutivamente el animal más fuer­ te, sin<? aquel que en su infancia aparece mucho más desvalido y necesitado de protección. Esta indigencia del bebé humano ha propiciado mayor tiempo de aprendizaje, y fue sobre este cerebro humano tan inmaduro sobre el que se realizó el prodi­ gio que hoy contemplamos. El medio brutalmente agresivo hizo sucumbir a los más robustos animales. Prevaleció, en cambio, aquel que, por nece­ sitar ser cuidado por más tiempo, pudiera adquirir de sus pro­ genitores habilidades y conductas, y absorber experiencias suficientes para sortear los enormes peligros a los que estaban expuestos. Lo que eligió la evolución fue un cerebro que, por su inma­ durez al nacer, fuera más plástico al aprendizaje y a la adapta­ ción en cada momento. Lo que se demostró más eficaz en la línea evolutiva fue esta particular plasticidad que le permitió incorporar ambiente, es decir, incorporar todas las experien.cias acumuladas y hacer cultura. «Para que este ser, que toma en la evolución el camino más inverosímil, no sucumbiera, era preciso que alguien cuidara de él. Paralelamente a la invalidez del ser humano ha tenido que ¿CÓ.10 :VIE LO DICES? 59 desarrollarse un formidable impulso tutelar de la hembra, del homínido precursor del hombre» 3. Sin este impulso tutelar, que se manifiesta en la simbio­ sis madre-niño y más tarde por la sucesiva incorporación de ambiente por la internalización del mundo exterior a través de la «placenta externa», no hubiera podido lograrse esta aventura evolutiva. La unidad madre-niño tiene como resultado que el que está ¡¡aciendo incorpora el mundo externo a través de ella; quiera o no, él va a ser como los demás van a hacerlo. Sus reacciones primarias, sus reflejos más arcaicos, van a ser lo que sus proge­ nitores le otorguen, no más tarde en el periodo de enseñanza o a 'e l ·nl . Cl . aCI .ol·le· ·· � · - �-1 · - ··.-. - _.:__ ,..... ...J ...... r ..-J ,� .-.. l ?..... .;'f"'"'1 .......�� ..,..., ,.....,.,.... r.nt" rl t:J :, J-'V::>LC1 VH:::,, :lH lV u-.:·.: " · "'� '-'• UH • '- • '"� " ' • '- • " � -·� su vida y con ese misterioso lenguaje del amor. Diversos expertos han puesto de manifiesto los efectos ine­ quívocos de las primeras estimulaciones táctiles. El periodo del sobreparto desempeña una función decisiva en lo que atañe al contacto inicial. La mayoría de las madres, aunque desgraciadamente no todas, sienten el irresistible impulso a establecer un contacto piel a piel con su hijo, y ya sabemos cómo este contacto estable­ ce la base de la conducta posterior. Cuando hay una privación lo suficientemente seria, el niil.o recurre a una serie de reacciones (chuparse instintivamente los dedos o columpiarse de forma compulsiva) que significan una regresión a las estimulaciones recibidas en el útero materno, a estadios de mayor seguridad y contacto. Como seil.ala Hall: «El tacto es la más personal de todas las sensaciones; p ara muchas p ersonas, los sentimientos más íntimos de su vida se encuentran asociados a la piel. La aco­ razada resistencia que se opone al contacto no deseado, o la Rof Carballo, Violencia y temura, pág. 136.
  • 30. 60 TÓCAME, MAMÁ inagotable suavidad que se ofrece durante la relación amoro­ sa, constituye un mensaje de sentido universal que un cuerpo envía a otro» "· Las estimulaciones táctiles que el bebé recibe durante la gestación externa, y que ejercen tan profundo influjo sobre su desarrollo, lo hacen en virtud de una razón simple: los apren­ dizajes que se llevan a cabo en este sensible tiempo se asien­ tan mayoritariamente sobre la piel. El tiempo de la gestación externa supone la etapa del desarrollo básico, en el que tienen tan gran importancia los intercambios realizados a través de la piel, debido a que de ella dependen las respuestas psico­ motrices y emocionales que el niño aprende a desarrollar. Las primeras respuestas sensitivo-afectivas de la piel desempe­ ñan una función crucial y son una marca imborrable en la personalidad, sobre ellas se constituyen las respuestas secun­ darias y adquiridas. Es importante tomar conciencia de que los aprendizajes táctiles son un elemento esencial en el desa­ rrollo de cualquier especie animal, y muy especialmente en el hombre. El RN necesita fundamentalmente aprender el sentido de la contigüidad, la proximidad, la distancia, el espacio abierto, asentadas sobre la firme base del contacto materno. Necesita aprender a adaptarse a las diversas relaciones espaciales varia­ bles de sucesiva complejidad. Alejar al RN de su madre a los pocos minutos de su naci­ miento, colocarlo sobre una superficie dura y fría, muchas veces no protegido por ropa alguna, demuestra un total des­ precio por lo que consideramos necesidades básicas. El RN tiene que habituarse paulatinamente a los espacios abiertos. Tras haberse visto abrazado totalmente por esta «placenta exter­ na>>, el niño aprenderá a explorar poco a poco el mundo exte- ' Ashley Montagú, El sentido del tacto. Madrid, 1 981, pág. 172. 1 • 1¡. ¿CÓMO ME LO DICES? 61 rior; sin esta premisa, esto no sucederá o será de una forma traumática. Esta forma de entretejerse piel a piel con la madre es la única manera de conocer el mundo, para conseguir que éste no sea siempre algo amenazante, almacenado en la última y más bási­ ca memoria del hombre adulto. Aquello que toca�os forma parte de nosotros mismos de manera más próxima y enrique­ cedora que lo que vemos u oímos. «Aquellas funciones sensoriales que responden a estímulos lejanos, la vista y la audición, alcanzan mucho más tarde su desarrollo filogenético y ontogenético que aquellos sentidos corporales que dependen de la acción directa del estímulo tác­ til», como asegura Ernst Schachel. La forma y configuración de la realidad exterior es el fruto de una lenta construcción a partir de los materiales que brindamos al RN, que penetran a partir de los estímulos cqrporales y que en su laboratorio interno experimentan una evaluación exhaus­ tiva; si este objeto, que le coge de forma tan placentera, le retie­ ne un tiempo suficiente y con la suficiente firmeza y apego, ter­ mina por identificarse con él, y al mismo tiempo identifica al mundo exterior como algo fiable, confirmante y placentero. . La piel es el órgano que me indica originariamente que d1cho mundo externo es fuente de bienestar y sólo puedo co­ nocer ese mundo por su mediación. Es una gran pérdida para la civilización occidental que el mundo del tacto, vital para el proceso de hominización, sea o�jeto de desprecio, o cuando menos de infravaloración, y al m1smo tiempo esté cubierto de un tabú generalizado. Esto no es así en las civilizaciones orientales, donde no es raro encontrar a una madre sentada en el suelo, acariciando continuamente a un hijo para compensarle de la falta de ali­ m:ntación que no le puede proporcionar. No dudamos de que as1 han salvado muchas vidas, que sin esta atención táctil se hubieran perdido.
  • 31. 62 TÓCAME, MAMA NECESIDADES BÁSICAS La cobertura de lo que hemos llamado necesidades básicas, y que tienen su principal asiento sobre la piel, serían primordial­ mente necesidades de: calor, agarramiento, soporte, de envol­ tura o continente, y sensaciones kinestésicas; así como también la de descarga de energía. (if) Calor.-La conducta incubatoria observada en las aves, así Vcomo los esfuerzos de la hembra de los mamíferos por cobijar y dar calor a sus crías, son suficientes pruebas acerca de la importancia que reviste el calor en el proceso del desarrollo. La tendencia de las crías a apiñarse en ausencia de una madre protectora es signo mequivoco de la nect:Sidad ¿¿ ca:::t tacto corporal cálido. Sabemos que el contacto de una mano fría es desagradable, mientras que el de una mano cálida resulta placentero. Esto demuestra que la sensación cutánea, además de relacionarse con el tacto y la presión, tiene el valor de una información tér­ mica. Las caricias propiciadas por una mano gélida sabemos que no ayudan al confort y a la entrega del acariciado, sino a la contracción y a la retirada. El recién nacido, pese a su incompleta gestación, tiene una buena capacidad de regular su propia temperatura; sin embargo, se ha comprobado que el niño tolera mejor las altas temperaturas y prefiere el calor al frío; el frío ejerce un efecto vasoconstrictor en los vasos sanguíneos y tiende a reducir el caudal circulatorio, lo cual origina un estanca­ miento de sangre sin oxígeno que puede producir un cierto malestar. También el sistema nervioso y el sistema muscular se contraen, produciendo sensaciones desagradables e inclu­ so dolorosas, que se graban en el cerebro virgen con un tinte negativo. Cuando queremos definir a una persona adulta, algunas veces empleamos términos tales como personalidad cálida o 1 1 ¿CÓMO ME LO DICES? 63 fría; no recurrimos casualmente a tales metáforas. Según Feni­ chel, el erotismo térmico suele combinarse con las primeras fases del erotismo oral, constituyendo una dimensión esencial en las relaciones amorosas posteriores. En el contacto cutáneo y en el calor irradiado por el otro, radica uno de los principales componente de toda relación amorosa. En los primeros esta­ dios del amor, esto es muy acusado. El calor, en general, es fuente de un gran placer. Traducido a términos psicológicos, el calor prepara para la entrega y la donación; para algunas personas adultas, recibir calor es lo mismo que recibir afecto. Son experiencias cotidianas la de tomar un baño caliente cuctnJo üüS sentimos bajo alguna tensién, e b J._?lic:::.ciór. leca! de calor en alguna zona dolorosa; son intentos regresivos de las personas adultas de procurarse a sí mismas afectos. A veces describimos un ambiente diciendo que en aquel lugar había calor humano, para describir un rasgo afectivo de dicho grupo y manifestar que nos han propiciado una acogida amorosa; con esto estamos estableciendo claramente la relación calor-afecto. . @ Agarramiento y apego.-Dice Dídiez Anzieu, vicepresidente de la Asociación Psychanalytique de Francia, en su libro El yo piel, que la pulsión de apoyo debe situarse entre las pulsiones de autoconservación. Él mismo evoca la idea de Herman, según la cual las crías de los mamíferos se agarran a los pelos de su madre para encon­ trar en ese asimiento una seguridad física que luego se traduci­ rá en seguridad psíquica. La desaparición casi total del pelo sobre el cuerpo humano impide la satisfacción de esta pulsión de agarramiento. Engan­ charse a las ropas de la madre y a sus manos es un sustituto imprescindible que, de no aparecer, sería catastrófico para el niño, pues supondría su desenganchamiento psíquico, esto es, le sumergiría en un terror incalificable. Este desenganchamien- 1]
  • 32. 64 TÓCAME, MAMÁ to se traduciría en un sentimiento de desarraigo grave, cuyas consecuencias analizaremos posteriormente. Según el psicoanalista Michel Balín, la necesidad de aga­ rrarse no es sino la respuesta a cierta carencia, una manifesta­ ción del temor de verse abandonado o una defensa contra dicho temor, destinada a restaurar la proximidad y el contac­ to que caracteriza la identidad original e ntre el sujeto y el objeto ;, Bading estudia dos tipos de personas: los filobáticos, que serían aquellos a quienes gustan los columpios y las emociones fuertes, y los oncofílicos, que tienen miedo a los toboganes, lugares altos y sensaciones parecidas, El filobático suele bas­ tarse a sí mismo y confiar en sus propios recursos, en cambio el oncófilo arrastra constantemente un gran temor a que le fallen los objetos y las personas y manifiesta una gran depen­ dencia respecto de éstos. Daríamos por sentado que los pri­ meros han recibido suficiente sastisfacción a la pulsión de agarramiento y los segundos han tenido alguna grave caren- � , cia en este terreno 6• � Soporte.-Blaise Pascat teorizó mucho sobre la idea de la necesidad de soporte físico y sólido para que el RN encuentre su centro de gravedad, concepto de suma importancia, ya que esta falta de centro de gravedad físico se traduce después en un permanente descentramiento psíquico. Es la identificación con un objeto soporte contra el cual el niño pueda apoyarse lo que reporta mayor sentimiento de seguridad. En el caso de apoyar la espalda, toma contacto mediante este apoyo con la única parte de su cuerpo que no puede explorar por sí mismo. En el caso contrario, protegida la parte anterior de su cuerpo contra el de su madre o la persona Ashley Montagú, El sentido del tacto . Madrid, 1981, pág. 172. h Ibíd., pág. 173. r 1 ¿COiv!O ME LO DICES7 65 que cumple el papel de obje,to soporte, le darían la «sensación­ sentimiento» de que su parte más vital está debidamente prote- gida. · @ Continente.-En el primer estado, que Housel denomina amorfo, el lactante vive su contenido psicológico como líqui­ do o gaseoso. De aquí, según él, se derivan dos angustias típicas : la angustia de vaciamiento y la angustia de explo­ sión. La necesidad de sentir la piel como una superficie continua soportadora y continente es evidente; el RN sólo evoluciona física y psíquicamente, teniendo la «?en�ncíón-sentímíento» de que puede abandonarse sabiéndose contendido con toda segu­ ridad. Esta sensación de tener un continente se la proporciona, naturalmente, el sentido del tacto cuando, suficientemente esti­ mulado, le informa de que este continente es una realidad y es, según nuestro criterio, la única forma de interiorizar este senti­ mientü de contención y diferenciación. Según Dídier Anzier, cuando estas funciones no han sido adquiridas -ni la de soporte, ni la de contintente, debido a una falta de adecuada carga .libidinal en la superficie del cuer­ po, se construye una coraza muscular que reemplazan el conte­ nedor flexible y espontáneo de la piel, que, a nuestro juicio, se traduce en lo psíquico como una barrera distanciadora y dolo- y:: {osamente aislante. (}¿; Kinestesin.-El íntimo contacto y el movimiento rítmico que, a través del tacto y en los brazos de un adulto, ha recibido el Rl 'J, han quedado vivamente reflejados en todas las canciones de cuna con las que se duerme a los niños en todos los países. Cualquier niño asustado se tranquiliza con un suave balanceo. Comenta Montagú: «La cuna es un invento admirable cuyo origen se remonta a varios milenios, sin embargo, las socieda­ des industriales la han repudiado, Semejante rechazo es un fenómeno significativo que pone de manifiesto uo sólo nuestro desconocimiento de las necesidades más elementales del Rt lJ,
  • 33. 66 TÓCAME, MAMÁ sino también el abandono de prácticas valiosas en nombre del progreso» 7• · • El mismo hecho de que las madres de todas las latitudes hayan mecido a sus hijos entre sus brazos mereció el mismo ataque que la cuna como prácticas no adecuadas a los nuevos tiempos. El vaivén de la cuna o el paseo en brazos de su madre re­ cuerda al RN las oscilaciones naturales a las que se veía some­ tido en el útero como resultado natural del movimiento del cuerpo materno. Un momento de gran placer y bienestar es cuando es acunado o llevado en brazos, no existe mejor sedan­ te para el RN que ésta estimulación kinestésica, a�í co�o los ·u · -- ·- ' · · - J : -" �-�1e� dA movi . mi ·ento en los que el mño dtsfruta ) t:0U;:, L1 cllH..!VHU! -_, '- ! • tanto y que le están enseñando a abandonarse confiadamente en brazos de otro, preparándole de esta manera para el amor adulto. Creemos que el balanceo espontáneo que algunos niños muestran es un esfuerzo por satisfacer la necesidad de movi­ miento de índole pasiva. En el balanceo, la piet con sus múltiples receptores, experi­ menta una compleja serie de situaciones de indudable carácter cognosCitivo. Asimismo, columpiarse es sinónimo de acariciar­ se e infundirse tranquilidad. Ello explica que los adultos recu­ rran a ellos en momentos de angustia o dolor. Se pregunta Montagú muy acertadamente si los extremados bailes y los movimientos exagerados de nuestros jóvenes no son una denuncia a los padres, que podría expresarse así: ¿Dónde estabas cuando te necesité? . Caricias.-Frederik S. Hammelt, que preteneció al Instituto Wistar de Filadelfia, había realizado distintos experimentos con ratas, y concluyó que las caricias originaban en ellas una 7 Ashley Montagú, El sentido del tacto. Madrid, 1981, pág. 91. ¿CÓMO ME LO DICES? 67 estabilidad nerviosa que incidía positivamente incluso en los resultados de las intervenciones quirúrgicas de alta compleji­ dad; observó que las ratas no acariciadas morían en menos de 48 horas, mientras que las que habían recibido caricias sobrevi­ vían sin ninguna dificultad. Otros experimentos llevados a cabo por él mismo demostra­ ron que cuantas más caricias recibían los animales, tanto mejor reaccionaban a las pruebas de laboratorio. El que una suave manipulación de las ratas fuera la única condición indispensable para su supervivencia, después de dicha operación, constituía un gran descubrimiento que toda­ vía hoy, si se piensa, nos llena de asombro. Ig-..:_c.l�::r�::: ascmbrosa er3. la influencia de las caricias sobre la evolución de la conducta. Las ratas acostumbradas a ellas se convertían en animales apacibles y dóciles, mientras que las que carecían de este trato se volvían temerosas y excitables. En cuanto a sus relaciones con seres humanos, las ratas se sentían seguras entre las manos de aquellas personas que las acaricia­ ban, y también en las de cualquier otra persona; a sus mano­ seos y caricias respondían con sosiego y confianza, y no se observaba ni tensión ni irritabilidad. Por el contrario, los animales que no habían recibido cari­ cias, aunque sí los cuidados normales de atención y limpieza, reaccionaban entre las manos con temor, ansiedad y tensión. Tales animales eran tímidos, miedosos y muy excitables, lle­ gando incluso a morder para exteriorizar su temor y su rabia. Según palabras de Hammelt, «mostraban un fuerte cuadro de irritabilidad y tensión». Siguiendo con la observación de las ratas, las que habían sido estimuladas por el tacto, además de los logros anterior­ mente descritos, cuando eran colocadas en un reCinto abierto, se acercaban más al centro, evitando la tendencia natural de la especie de arrimarse a las paredes; demostraban con ello mayor seguridad que sus congéneres no acariciados.
  • 34. 68 / (J-�1.,-� � Q > v�""' ,MfJ,c>"��··�- '> c¿�''W'� ' í .C::::::. c /J...., c. �� <: W TÓCAME, MAMÁ Como han confirmado muchas investigaciones, el hecho de tocar o acariciar a cualquier animal desde su nacimiento tiene como resultado un aumento considerable de peso, una mayor actividad, una timidez menos acusada y una mayor capacidad para soportar los efectos de cualquier estrés y una fuerte resis­ tencia fisiológica. Sylvester subrayó, refiriéndose en este caso a la especie humana, que «los lactantes que se crían con escasez de contac­ to y apoyo corporal, desarrollan una gran inseguridad. Mues­ tran una marcada inhibición de la natural tendencia a explorar y tantear, manifestando una marcada inseguridad ante cual­ quier situación» 8. Las cci-,.:::lusiones alcanzadas por algunos observadores indi­ can que la adquisición de la conducta propia de la especie depende de las experiencias táctiles en este primer estadio. Los niños que no han gozado de un adecuado contacto, en que la «placenta externa» no ha sido suficientemente rica y pegada a su cuerpo, mantienen durante toda su vida una exce­ siva necesidad de contacto corporal, son inseguros, desarrollan una tendencia exagerada a agarrarse a los objetos y a las perso­ nas y tienen un fuerte temor a carecer de apoyo. Esta acentua­ da necesidad de contacto tiende a agudizarse en aquellas situa­ ciones que suponen una amenaza al equilibrio psíquico del individuo. Existe el caso polarizado -y mucho más grave- de terror a contacto, con huida permanente de cualquier tipo de proximi­ dad o intimidad física, que manifiestan los tipos esquizoides. Descarga.-Ya Freud había lanzado la idea de que el placer resulta de una liberación de tensiones. Relacionó la cantidad de placer con la cantidad de tensión acumulada que se des­ carga. ' Ashley Montagú, El sentido del tacto. Madrid, 1 981, pág. 19. ¿CÓMO ME LO DICES? 69 Wilhelm Reich, discípulo en sus inicios de Freud, pero disi­ dente después, elaboró una teoría fundamentalmente bioeléc­ trica. Según esta teoría, los procesos corporales ponen en movi­ miento diferentes superficies que están en fricción continua, de estas fricciones resulta una excitación de naturaleza eléctrica. De ello se deduce que el cuerpo está regido por procesos eléc­ tricos producidos por las diferentes densidades y rozamientos de los distintos tejidos y fluidos. El organismo vivo está continuamente generando esa ener­ gía central; si ese organismo no puede dirigir esa energía cen­ tral hacia la periferia, acumulará una carga de alto potencial que produce una enorme tensión interior, con lo que esto supo­ ne de displacer y angustia, y también de incapacidad de comu­ nicación con el exterior; traducido en términos ya anteriormen­ te citados, estaría en estado ourobórico. Según Wilhelm Reich: «Debe existir un centro vegetativo en el cual tiene su origen la energía bioeléctrica y a la cual retorna. La cavidad_ abdominal, que, como se sabe, es el asiento de las emociones, contiene los generadores de energía biológica. Son los grandes centros del sistema nervioso autónomo, especial­ mente el plexo solar, el plexo hipogástrico y el plexo lumbosa­ cro y pélvico)) 9 . Todavía no era un hecho conocido el que existiera una carga eléctrica en la superficie del cuerpo. Antes de finalizar el siglo XIX, Tarchanoff y Veragunt habían descubierto el fenómeno psi­ cogalvánico, por el cual se miden los cambios del potencial eléc­ trico de la piel que se altera como resultado de las emociones. Según Wilhelm Reich, la superficie total del organismo, es decir, la piel, forma una membrana porosa. Esta membrana registra un potencial eléctrico en cualquier región del cuerpo donde se compruebe. Wilhelm Reich, La función del orgasmo, pág. 229.
  • 35. 70 TÓCAME, MAMÁ Alexander Lowen dice: «En un sistema eléctrico, la acumula­ ción excesiva de carga puede provocar un incendio o quemar una pieza. En el cuerpo humano, una sobrecarga puede ser igualmente peligrosa si ese cuerpo no tiene una descarga medianté su asentamiento en tierra» 10• El RN aislado de tierra, frecuentemente en cunas metálicas y con ropas acrílicas, incapaz por sí mismo de realizar una des­ carga, necesita del auxilio de un adulto para que, mediante un cuerpo a cuerpo, pueda por este medio hacer dicha descarga, con el consiguiente alivio de la tensión. La vida se caracteriza por la producción de un exceso de energía, es decir, de energías mayores de las que el organismo necesita para vivi1. Si itO hay un lr,eG.io de reducir esta tensión interna, se tiene la sensación de que se podría estallar, y no dudamos de que a niveles físicos y también psíquicos pueda haber alteraciones importantes por este exceso de carga. El niño se encarga de reclamar este alivio con llantos y sínto­ mas de desasosiego, procurándose con sus movimientos agita­ dos una pequeña liberación de tanta tensión acumulada, pero nunca lo podrá hacer por sí sólo de una forma suficiente; por esta razón, incluimos este auxilio, venido del exterior, como una de las necesidades básicas. 10 Alexander Lowen, Bioenergética, pág. 185. CAPÍTULO III , ¡ESTE SOY YO! ELABORACIÓN DE UN «YO PSÍQUICO» A PARTIR DE UN «YO FÍSICO»
  • 36. YO MISMO Dime quién soy, yo te lo pido, sé ese soporte cálido para mí, sé mi techo, sé mi suelo, donde para siempre encuentre la raíz. Hoy así te necesito, tu cuerpo cálido, quieto, sereno, tu mano en mi piel y en mi pelo en comunicación perfecta, en silencio, seamos uno, por un momento. Cuando yo sea mi techo, cuando yo sea mi suelo, cuando sencillamente puede decir «yo soy», estallaré en un cántico gozoso, me abriré a la vida, proclamaré al viento tu don. �-
  • 37. «YO FÍSICO». «YO PSÍQUICO>> «El "Yo", según lo describe Freud, abarca las funciones de percepción y de conciencia y alcanza su apoteosis en el fenó­ meno de la autoconciencia. Se desarrolla a través de la concien­ cia del cuerpo y del control consciente de sus funciones mo­ toras» 1 • Sostenemos la idea de que la construcción de un «Yo» psí­ quico tiene corno base, y quizá ninguna otra, el apoyo corporal de dicho «Yo». El único vínculo verdaderamente estable, la verdadera conexión con la realidad, comienza en la relación con el propio cuerpo. No es casual que en todas las culturas, cuando queremos hacernos verdaderamente cargo de la realidad de un objeto, necesitemos tocarlo. Es algo demasiado repetido corno para pensar que tiene una verdadera fundamentación causal. Pensarnos que el sentimiento de la propia identidad, el senti­ miento del «yo soy», se constituye a partir de una plena identi­ ficación con el propio cuerpo creada a partir de las primeras identificaciones y contactos de la madre con el lactante, en la que el tacto representa una función crucial. Las frustraciones 1 Wilhelm Reich, Amor y orgasmo, pág. 75.
  • 38. 76 TÓCAME, MAM.Á cutáneas padecidas en la primera infancia son el origen de la falta de identidad psíquica, de despego, desarraigo y superfi­ cialidad emocional. En el primer estadio, el recién nacido vive a espensas de los estímulos venidos de dentro de sí, de sus propias percepcio­ nes cenestésicas. En el momento en que empieza a percibir estímulos exteriores, podemos suponer que ha comenzado un principio de realidad. Cuando el RN comienza esta respuesta al estímulo exterior, aunque al principio lo hace en forma de torpes movimientos musculares, marca el principio de la apa­ rición de un «Yo rudimentario», al que Freud llamó «Yo cor­ poral». En este momento, el inicio de la realidad psíquica está inse­ parablemente ligado a la aparición de esta realidad externa, y el RN puede hacer el trabajo de separar sus propios instintos de la realidad que lo rodea. El niño requiere la presencia táctil de un objeto real, para poder combatir la posible angustia de los procesos psíquicos que se inician. Como señala Lowen: «El Yo que no se sienta sobre la reali­ dad de la conciencia corporal es presa de la angustia.» Cuando el RN siente que su «Yo corporal» es fuerte, sus propios impul­ sos internos le asustan menos y los puede integrar y organizar mejor. Al principio, este «Yo» rudimentario somato-psíquico está muy desorganizado, pero, de acuerdo con la orientación gene­ ral del crecimiento, va distinguiento cada vez con mayor clari­ dad lo que es el «Yo» y lo que es ese objeto externo. La progresiva maduración del sistema nervioso central per­ mite la mejor organización de las percepciones provenientes de las diferentes áreas fisiológicas. A medida que prosigue este proceso de integración, el bebé va reconociendo que es una misma persona, «él mismo», quien ama y odia y quien contie­ ne y siente sus propios sentimientos. ¡ESTE SOY Y01 77 Al integrarse más y más, su «Yo» descubre su propia reali­ dad psíquica. Advierte su propia existencia y la de los objetos exteriores a él. Conoce sus propios impulsos y comienza a dis­ tinguir claramente el dentro y fuera. El bebé descubre gradualmente que no es infinito ni omni­ potente, sino que tiene unos límites concretos en su cuerpo y que luego integrará en su «Yo psíquico». Ya Freud, en sus Principios del psicoanálisis, sostenía que: «Tgdo lo psíquico . !'� desarrs>lla.con referencia conste1:,nte a la experiencia corporal» 2• Dice también que la �n�oltura psíquica deriva, por apuntalamiento, de la envoltura corporal. El tocar está especialmente consignado por él, y la piel lo está directa­ mente bajo la expresión de superficie del propio cuerpo. Con relación a los demás sentidos, las señales recibidas 2. tr2.­ vés del sentido del tacto tienen unas características distintivas que las sitúan no solamente en el origen del psiquismo, sino que . permiten tener permanentemente una tela de fondo sobre la cual los contenidos psíquicos se inscriben como figura o incluso como envoltura continente que hace gue el aparato psí­ quico sea susceptible de tener contenidos y que éstos no sean algo inconexo y desarticulado. Dicho de otra forma, el «Yo» se deriva, en el último término, de las sensaciones corporales, principalmente de aquellas que tienen su fuente en la superficie del cuerpo, por lo que puede considerarse el «Yo» como una representación mental de la superficie y que corresponde a la parte exterior de lo que lla­ mamos mente. Concluyendo, podríamos decir, con toda preci­ sión, que el <<Yo consciente» es un <<Yo corpóreo»; de esta mane­ ra, la conciencia aparece en la superficie del aparato psíquico, aún mejor, ella es la superficie 3• ' Dídiez Anzieu, El yo piel, pág. 94. J Ibíd.