El documento destaca que más de 1,000 campesinos se suicidan mensualmente en India debido a deudas con prestamistas para adquirir insecticidas, afectando gravemente su salud y el medio ambiente. Se argumenta que el problema del hambre no es de escasez, sino de distribución y accesibilidad a recursos, exacerbado por el control de las biotecnologías por empresas transnacionales. Además, se concluye que los alimentos transgénicos no son más saludables o nutricionales que los convencionales, sino que están diseñados para reducir costos de producción.