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Tratado sobre el dinero
John Maynard I(eynes
fu�ción
o
Publicados originari�mente en inglés p�r Palirave Macmillan, división de Ma�millan Publishers Limited, con los título.s:
.A Tr:iatis� Ón Mo;,ey
, 1: The Pu�e The�ry ofMoney © 1971, 2.3 ed., The ��ya! Economic Sociery, Londres .
kTreatise on Money, 2: The. Applied Theory ofM.oney © 1971, 2.3 ed.,. The Royal Economic Sociery, Londres
Traducción de Esther Rabasco, realizada para Editorial Síntesis, S..A.
© 2010 EDITORIAL SÍNTESIS, S, A.
Esta edición ha sido traducida y publicada de acuerd.o con Palgrave Macrnillan. El autor ha d.eclarado su .derecho a ser identificado como el
autor de esta obra. Esta edición se ha realizado en coedición con Fundación ICO.
Reser��dos todos los derechos. Está prohibid;, bajo las sanciones penales y e! resarcimiento civil previstos en las leyes, reprodu�ir, registrar
o transmitir·esta publicación, integra o pa,cia.lmenre, por cualquier sisreina de recuperación y por. cualquier m,edio, sea mecánico, electróni­
co, magnético, electroóptico, por fotocopia o por cualquier otro, sin la autorización previa por escrito de Editorial Síntesis, S. A.
Fomgrafías: Tim Gidal (Hulron Archive}, págs. VII, 13 y 331.
© 2010: Fundación ICO, para esta edición
faridación
1 0
© EDITORIAL SÍNTESIS; S. A..
Vallehecmoso, 34 • 28015 .Madrid
Teléf.: 91 593 20 98
http://www.sintesis.com
Depósito Legal: M. 22.987-2010
ISBN: 978-84�.975668-9-6
Impre.�o en España · Pi:imed in Spain
Prólo0o
b
eon la edición de la obra que el lector riene en sus manos, Tratado sobre el dine­
ro, continúa la Fundación ICO con una de las labores en las que lleva invirtien­
do un considerable esfuerzo: la de la divulgación, mediante la publicación de edi­
ciones criticas, de algunas de las obras más significativas de los grandes economistas,
con el objeto de procurar una lectura actual de aquellos trabajos y autores que son con­
siderados como auténticos puntos de referencia en la reflexión económica.
En diciembre de 2008, y dentro de esta colección de clásicos de economía, la Funda­
ción publicaba varios títulos recogidos en dos volúmenes, Ensayos de persuasión, y Breve
tratado sobre la reforma monetaria y Escritos (1910-1944), de este autor, Keynes, que las
circunstancias actuales han vuelto a dotar de vigencia ya que, en el contexto de grave cri­
sis económica que tuvo lugar hace casi un siglo, trató de aportar soluciones a los proble­
mas que afectaban a la economía mundial. Releer a Keynes se ha convertido pues en algo
muy recomendable en los tiempos de zozobra económica que se viven en ermomento de
realizar esca publicación. Cuando la Fundación inició, hace ya tiempo, el proyecto de rubli­
car una selección de los trabajos de este economista, no conocía la importancia que iba a
tener la recuperación de sus obras, lo cual aporta un valor añadido a esta colección.
Sin duda, y pese a las circunstancias que hacen que un personaje esté más o menos
en boga en el de�ate económico, el autor de la obra que aquí se presenta, John .Maynard
Keynes, desempeñó un papel relevante en el pensamiento económico en el tiempo que
va desde la Gran Guerra a la inmediata posguerra de la segunda contienda mundial, y
sus doctrinas han dejado una huella más profunda y duradera de lo que en principio pudo
pensarse. Si bien sus aportaciones cuentan con tantos detractores como defensores, ningu­
no de ellos cuestiona que la obra de Keynes supuso nada menos que el desarrollo de la
macroeconomía como disciplina y el desplazamiento, a partir de la década de los años
John lvlaynard Keynes en 1940.
X PRÓLOGO
treinta, de la escuela marginalista, heiem6nica desde el úlcirri6t'e'fhS-df1'iiiI6--iix:'Asi­
mismo, la obra de Keynes, y en particular la que aquí analizarnos, ha dado lugar a múlti­
ples discípulos y escuelas. Ha servido de inspiración para la síntesis neoclásico-keynesiana
de los años cincuenta y sesenta, la Escuela de Cambridge (que contaba con economistas
como Joan Robinson o Piero Sraffa), la más moderna corriente neokeynesiana en la que se
ubican economistas como J. Stiglirz o Paul Krugman, o los poskeynesianos como Hyman
Minsky, cuya hipótesis sobre la fragilidad financiera de las economías de mercado per­
mitiría explicar la formación de procesos cíclicos de apalancamiento-desapalancamien­
to bancario como los actuales. De cualquier forma es interesante acercarse al pensa­
miento de un gran conocedor de la Gran Depresión. Como bien recoge el profesor Antonio
Torrero en la introducción a esta edición, "de Keynes y la Gran Depresión los econo­
mistas hemos aprendido mucho". Tras sus primeras obras de los años veinte, Keynes se
dedicó a preparar el Treatise on Money, cuyo contenido consideró ya superado antes de
su fecha de publicación (1930). Los años siguientes van a ser claves en la configuración
de su pensamiento. La intensidad de la Depresión de los años treinta y las graves difi­
cultades teóricas de la escuela marginalista para ofrecer un análisis de la misma, moti­
varán que Keynes dé un "giro copernicano" a la teoría económica vigente hasta ese
momento,publicando en 1936 su Teoría General, probablemente el libro más influyente
en el ámbito de la economía escrito en el siglo XX.
Así pues, se presenta aquí una obra de calado de un refutado autor, que el profesor
Antonio Torrero sitúa en la introducción en el conjunto de la obra del economista inglés.
La importancia del libro es capital, de hecho se planteó antes que las editadas en 2008,
pero la necesidad de dedicar tiempo suficiente a las labores de traducción ha pospuesto
su aparición. La Fundación ICO ha emprendido la primera y única traducción autori­
zada en lengua española del Tratado sobre el dinero en su integridad; traducción que
cuenta con el aval de la Royal Economic Society y la Editorial Macmillan, derentadoras
y valedoras de la obra de Keynes.
Esperamos con este nuevo título haber contribuido al enriquecimiento de los deba­
tes y estudios que día a día construyen la ciencia económica y colaborado en la difusión
de la obra de los grandes economistas, intención de esta Fundación al crear la presente
colección de clásicos.
Por último, nos gustaría agradecer su valiosa participación a todos los que han hecho
IJOSible que este importante proyecto haya visto la luz.
Fundación ICO
Abril de 2010
Introducción1
S
i la presente introducción hubiera sido escrita antes de la actual crisis financiera,
seguramente la habría concentrado en sintetizarlos aspectos fundamentales del libro
Tratado sobre el dinero, que la Fundación ICO ha seleccionado para esta segunda
entrega de la obra de John Maynard Kernes. La redacto, sin embargo, en julio de 2009,
cuando sufrimos los demoledores efectos de la convulsión financiera más grave desde la
Gran Depresión que se inició en 1929.
Queda justificada así la inclusión de la Gran Depresión en esta introducción, pues­
to que esta catástrofe sirvió como caldo de cultivo para esta gran obra de Keynes.
Hacia ese episodio debemos volver nuestra mirada los economistas para intentar com­
prender la crisis actual, puesto que el principal asidero que tenernos es la experiencia
histórica.
Se dice que los economistas explicamos muy bien las razones por las cuales se ha
producido una situación inesperada, pero que fracasamos en nuestra capacidad de pre­
visión. Mucho de cierto hay en esa crítica, sobre todo si se refiere a la anticipación de
las crisis financieras. En defensa de la profesión debo señalar que nuestra función no
se limita a formular previsiones con mayor o menor acierto, sino también a proponer
[r] He utilizado en esta presen­
tación otros trabajosmíos publi­
cados sobre Keynes y de forma
muy intensa mi libro de 1998.
Todas las citas de la obra de
Keynes corresponden a The
Collected Writings (CW) inre-
grados por 30 volúmenes publi­
cados entre 1971 y 1989 por la
Royal Economic Society. El
Tratado sobre el dinero en los
volúmenes V y VI; la Teoría
General en elVil. En las citas se
especifica el año de publicación
del trabajo de Keynes, y el volu­
men correspondiente de los CW
seguido de la página. En las
nocas se adara b procedencia de
cada cica, excepro en las del vol.
IX: Ensayos de persuasión.
XII lNTR.ODUCCIÓN
.. · actuaciones·pardtriej6ri.tliih1�lftiói�rripedir que los efectos acumulativos de las cri­
sis financieras alcancen dimensiones catastróficas.
·De Keynes y de la Gran Depresión los economi.stas hemos aprendido mucho; me
parece impottame destacar dos enseñanzas. La primera, que pocos economistas, por
puras que sean sus credenciales liberales, se han opuesto a las intervenciones de los gobier­
nos y de los_ bancos centrales para contener e intentar compensar los efectos del pánico
financiero
.
actual y de la crisis de liquidez. Lo sucedido en la Gran Depresión es una lec­
ción que no se haolvidado. El recuerdo de la actuación de la Reserva Federal, o más
bien de su inacción, sigue muy presente e inspira la decisión y contundencia ton la que
los gobiernos y los bancos centrales afrontan la crisis actual.
La segunda es la complejidad de las convulsiones financieras cuandoalcanzan gran
virulencia y degeneran en una crisis económica. Entender lo que aconteció, incluso a
posteriori, es muy complicado2 ytambién lo es proponer reformas, aparte de las medi­
das inmediatas par
a cOntener la hemorragia; si la perturbación llega a adquirir dimen­
sión nternacional las dificultades se acrecientan. El seguimiento delesfuerzo intelectual
de Keynes en la Gran Depresión debería ser una lecció:n de humildad sobre las capaci­
dades de los economistas, y, al mismo tiempo, tendría que animamos a perseverar en el
estudio yla reflexión para intentar desentrañar fenómenos can complejos.
.la lección demodestia es evidente: Keynes no previó ni el colapso de Wall Street ni la
.Gran Depresión. No sólo eso, sino que tardó varios años eh comprender lo que había falla­
do en el delicado mecanismo, por emplear su terminología. El esfuerzo de comprensión lo
inició con el desplome de Wall Street, se reflejó parcialmente en el Tratado sobre �! dine­
ro(1930) y, por completo, en la Teoría General (1936). Considerando el protagonismo de
J�a Gran Depresión en el libro que nos ocupa, he dividido esta presentación en dos partes
tundamentales: 1. El Tratado sobre eldinero y 2. La Gran Depresión, además de dedicar
· unos apartados imprescindibles al alumbramiento de la Teoría General, y la transición
entre ambos libros, pues se trata de una obra que es consecuencia en gran medida de la
Gran Depresión.
L El Tratado sobre el dinero
1.1. El retorno al patrón oro
· El período de entreguerras fue el más fecundo de la actividad profesional de Keynes. Su
obra; como la de todos los grandes economistas, se inspiró en los problemas de su tiem-
[�l La bibliografía sobré !a Gran
�presión e� abundantísima. El
le:cco·r puede recurrir a la que
serecoge en mi libro de 2006. Una
buena muestra dé la complejidad
del fenómeno y dé la diversi­
dad de interpretaciones se advier­
te en los dos libros de emreviscas
con economistas destacados que
vivieron la experiencia, y con los
analistas más cualificados de este
episodio (Packer, 2002 y 2007).
INTRODUCCIÓN
pb ofreciendo arrátiúlYf
iópóni
brtd<i soh:ré:iones. La cuestión más inmediata al.finalizar
la Primera Guerra Mundial era la estabilidad monetaria; el conflicto había generado pre­
siones iriflacionistás en todos los países y una gran carga de deuda pública, lo cual era
muy importante para el Reino Unido, dada su condición de principal cenero financiero
del mundo. La estabilidad de las monedas, las conferencias internacionales para llegar
a acuerdos y el seguimiento de la preparación para la vuelca al patrón oro fueron los
temas que concentraron la atención de Keynes, hasta el recomo al patrón oro del Reino
Unido, que se produjo el 28 de abril de 1925.
Laorientación básica de la política financiera del Reino Unido en los años de la pos­
guerra fue la del Curiliffe Committee (1918), que postulaba la vuelca a la disciplin¡¡ del
patrón oro eón la paridad de la preguerra. Las medidas adoptadas desde el fin:il del con­
flicto no pierden de vista este objetivo y van preparando el terreno para hacerfo posible.
La línea estratégica fundamental era promover actuaciones monetarias restrictivas que,
aunque afectaran al crecimiento, favorecieran la revaluación de la libra en función del
objetivo persegujdo. Las consecuencias de esta política se sitúan en elcentro de la aten­
ción analítica de Keynes y esta cuestión sólo se vería sustituida en sus preocupaciones
por la gravedad de la Gran Depresión.
Keynes no estaba inicialmente en contra del retorno al patrón oro; compartía la
inquietud de los que consideraban muy importante preservar el prestigio de la Cicy éomo
centro financiero. Las reservas respecto a la operación, primero, y la franca oposición,
más tarde,,se centraron en que la vuelta se realizara con la paridad vigente antes del con­
flicto bélico. Argumentaba el economista inglés que en lás sociedades industriales avan­
zadas era muy difícil provocar la reducción de costes precisa para mantener el equilibrio
con d exterior.
La City era ..:.[o sigue siendo- muy importante para el Reino Unido y Keynes n�nca
perdió de vista esta realidad, pero al tiempo advirtió que los intereses de esta institución
podían entrar en conflicto con otros sectores y actividades, en particular con las empre­
sas industriales.
El retorno al patrón oro fue calificado por Kindleberger (1985, pág. 55) como un
"error inevitable", dada la convicción generalizada de que había proporcionado larga�
décadas de estabilidad monetaria antes del conflicto.La vuelta al parrón oro era, pues,
una solución reclamada por todos ante las violentas fluctuaciones de 1� economía, pero,
además, las condiciones de ese retorno estaban teñidas de un tono moral que situaha
la restitución de,la capacidad adquisitiva perdida, y el cumplimiento riguroso de los
compromisos, como un objetivo ampliamente compartido. No era, por lo tanto, el cli­
ma más apropiado para aceptar prevenciones respecto del retorno basadas en un aná­
lisis económico específico. De ese impulso moral, sin embargo, se derivapan impor­
tantes consecuencias económicas, puesto que la confianza en el correcto comportamiento
de las finanzas inglesas constituía un elemento de presión alcista sobre la libra hacia la
paridad de preguerra.
Xlll
x:v lNTRODUCCfÓN
...,,,.,·•ehúrdiill tenía dudas, sus vacilaciones estaban influidas por las opiniones de Key­
nes respecto a los efectos deflacionistas y al perjuicio que podía causarse al sector indus­
trial: En el Memorando que envía Churchill a Niemeyer le señala que le gustaría ver a
las fmanzas menos orgullosas y a la industria más conrenca (Skidelsky, 1992, pág. 198;
Moggridge, 1992, págs. 428, 429), pero finalmente dos argumentos del Tesoro y del
Banco de I�glaterra fueron decisivos: el primero, que la diferencia entre los precios ingle­
ses Y americanos era muy reducida y podía salvarse con un pequeño sacrificio, lo cual
refutaba el argumento de los críticos de que el alza de la libra era ocasional y debida a
los movimientos de capital inducidos por la expectativa de la restauración inminente· el
segundo, que el reto_rno al oro promovería el empleo al proporcionar un marco fin�n­
ciero internacional estable, de manera que no había contradicción entre los intereses
financieros e industriales, sino que se trataba de sacrificar el corro plazo por los efecros
más permanemes y beneficiosos del largo plazo (Skidelsky, 1992, págs. 198, 199).
Pese a la receptividad e inquietud que producía en Churchi!l la posición de Kevnes
el análisis de éste carecía de la legitimidad de la ortodoxia (Ingham, 1984, pág. ÍS5);
ade�ás
_
, el camino recorrido en la preparación había sido considerable y la presión de
las instituciones más cualificadas demasiado poderosa para rechazarla aceptando las
propuestas de �eynes, al que se le reconocía estatura intelectual en términos generales,
pero que no de¡aba de ser una personalidad mirada con sospecha por el Tesoro y el Ban­
co de Inglaterra, y sobre el que la opinión de la City era concrovertida.
El análisis de Keynes sobre los efecros del retorno al patrón oro con la libra sobre­
valorada es agudo y premonitorio. El alza de la cotización de la libra encarece los pro­
ductos británicos por el importe revaluado y reduce, en consecuencia, su competitivi­
dad, pero al mismo tiempo abarata los precios de los productos importados y rebaja,
por lo tamo, los costes de producción por esa vía. Los sectores situados en desventaja
para afrontar la revaluación son aquellos que se benefician menos del abaratamiento de
materias primas importadas pero que sufren con codo el rigor el encarecimiento de su
producción en el mercado internacional. Keynes señala cómo el carbón y la siderurgia
están en las posiciones más desfavorables, e incluso el textil sufrirá con dureza la situa­
ción, puesto que las importaciones de materias primas suponen en romo al 30 por cien­
to de los costes totales de producción (1924, XIX, pág. 249)3.
Termino esta descripción de la evolución de las ideas de Keynes en contraste con
la: del gobernador del Banco de Inglaterra, recogiendo la opinión de Skidelsky (1992,
pag. 20) que resume la distinta visión de los dos personajes con palabras que me pare­
cen oportunas y actuales: "Montagu Norman fue un banquero visionario tratando de
[3] Declaraciones anee el Com­
rnirree on che Currencv and Bank
of England Note Íssues, 11
de julio de 1924 (XIX, págs.
239-261). El Comité se constitu­
yó en 1924 y publicó su informe
en 1925. Aunque el Comité no
t.enía como misión pronunciar-
se sobre las consecuencias de la
vuelta al patrón oro, en las últi­
mas sesiones hizo referencia a
esta cuestión.
INTRODUCCIÓN
:,0 �9gs;q1fr un gobierno de banqueros centrales que sustituyera al viejo patrón oro 'auc9-
mático' ". Keynes no estaba concra esta idea; pero creía (acertadamente) que los países
tenían que resolver primero suspropios pwblemas. Las finanzas internacionales prospe­
rarían una vez·quefos ajúsres dfunésticos se hubieran asegurado; no podían ser el medio
para forzarlo. Esta percepción fue realmente el comienzo de la revolución keynesiana.
Interesa descacar dos aspectos a efectos de este episodio. El primero, que consolidó
el prestigio de Keynes como economista original e independiente; el segundo, que el Rei­
no Unido entró en una etapa de dificultades en un mundo en expansión; según Keynes,
los males de la economía británica se debían, en buena medida, al retorno al patrón oro
con una paridad sobrevalorada4
•
1.2. Aspectos fundamentales del libro
En 1930 Keynes publica su Tratado sobre el dinero, libro de teoría monetaria en el cual
había trabajado de manera intermitente durante los seis años anteriores, que constitu­
yen una etapa fundamental en la evolución de su pensamiento- El libro fue escrito prác­
ticamente en su totalidad durante la permanencia del Reino Unido en el patrón oro en
el período de entreguerras (1925-1931); la preocupación por los efectos del ajuste de la
estructura productiva inglesa a la paridad de preguerra lace en sus páginas, que también
recogen las primeras impresiones de la caída bursátil del otoño de 1929, heraldo de la
Gran Depresión. Tres elementos me parecen esenciales para comprender la orientación
del progreso de su pensamiento. En primer lugar, la persistente atonía de la economía
inglesa; en segundo término, el estallido de la Gran Depresión; por último, el contraste
de sus ideas con las de los participantes en el Comité Macmillan.
El Tratado sobre el dinero (1930) significa un alto en el camino. Keynes se detiene
a reflexionar tratando de poner en orden sus ideas e intentando una nueva explicación
teórica de cómo se producen las fases del ciclo económico, y lo hace a la luz de la expe­
riencia acumulada en la década de los años veinte. El Tratado ha sido un libro muy cri­
ticado, y la calificación más usual lo considera un intento fallido, en el sentido de que
las ecuaciones fundamentales en las que Keynes intenta sintetizar el proceso de cambio
económico, no tienen la capacidad explicativa que él les asignó.
Cuando estaba terminando el libro se produjo la Gran Depresión, fenómeno que inten­
tó incorporar al contenido. Pese a introducir modificaciones para adaptarlo a las nuevas
circunstancias, st! percibe una cierta falta de unidad en el libro y el propio Keynes confe­
só su incomodidad, puesto que sus ideas habían avanza<lo con rapidez en las fases finales
de la redacción; en este sentido, el contenido del Tratado no respondía con exactitud al
(4] En mi libro sobre Keynes
(1998) destaco, repetidamente,
que me parece excesivo el énfa­
sis de este auror en achacar los
males de la economía inglesa al
rcrorno al patrón oro.
XV
XVI lNTRODUCCIÓN
pensamiento de Keynes cuandoélJibro se publicó: ''Mis ideas han cam!Qrad-o demasiado
en el curso de la elaboración gara que tenga la unidad ade�uada" (1930, V, pág. XV).
Como ha señalado Patinkih (1977, pág. 4), aunque Keynes reconoció que las ecua­
ciones eran identidades, les concedió una utilidad y una operatividad excesivas. El obje­
tivo del Tratado es explicar el ciclo económico sobre ia base de la evolución de los bene­
ficios y pérdidas de las empresas. Los beneficios se obtienen poda diferencia positiva
entre los precios de venta_y los costes de producción y las pérdidas por lo contrario:
"La en�eñanza de este Tratado es quefa riqueza de las naciones se incrementa no en perío­
dos de inflación de renta sino cuando se produce inflación de beneficios, esto es, en las
etapas en que los precios superan con amplitud a los costes'' (1930, VI, pág. 137; pág.
474 enla presente edición). De forma que el análisis del ciclo se concentra en averiguar
lo que determina el precio y el coste por unidad de producto.
En el prefacio del auror, K�ynes especifica que cuando la mayor parte deUibro esta­
ba en imprenta, fue nombrado miembrodel Comité Macmillan y que sus ideas del libro,
en particular las sugerencias del volumen2, eran las que tenía antes de su colaboración
con el Comité (1930, V, pág. XIX). La advertencia de Keynes tiene mucho sentido, pues­
to que sus ideas evolucionaron con mucha rapidez en los años que siguieron a la publi­
cación del Tratado sobre el dinero; su propia experiencia en el Comité le sirvió para
modificar puntos de visea y pulir otros al confrontarlos con expertos económicos y finan­
cieros descacados.
La defensa del patrón oro en el sistema monetario se había articulado sobre la base
de dos principios: que era un factor que favorecía la estabilidad de los precios y que limi­
taba la actuación discrecional de los gobernantes. En cuanco al primer punto, Keynes
acepta en parte el argumento; efectivamente durante los 50 años anteriores a la primera
guerra, con el patrón oro vigente, la estabilidad de precios fue nocable. Se dieron, sin
embargo, circunstancias específicas que permitieron un funcionamiento adecuado del
patrón oro; en los primeros 25 años la incorporación al patrón oro de nuevos países fue
gradual, acompasándose a las nuevas ofertas de oro; en el segundo período, la generali­
zación del dinero representativo permitió economizar la utilización del oro:
De esta manera, creo que es una ilusión suponer que existe alguna característica espe­
cial que gobierne los suministros de oro, que haga probable la generación automática de
un parrón de valor estable, excepto 1a característica que comparte con todos los bienes
duraderos, esto es, que el incremento anual del stock existente es probable que sea muy
pequeño. Aparte de esto, el oro ha dependidoy continuará dépendiendo, en cuanto a la
estabilidad de su valor, no tanto de las condiciones de la oferta como de la regulación
deliberada de la demanda (1930, VI, pág. 262; pág. 584 en la presente edición).
1 El segundo argumento que se esgrime en favor del patrón oro: que limita la discre­
cionalidad monecaria de los gobernantes, tiene fuerza en la medida en que los países
estén determinados a permanecer bajo la disciplina del patrón oro.
INTRODUCCIÓN XVII
Pero la experienci3:;m11y_amplia y en la_que prác::ti�am�nte º? �51>'.c}:l'c�pción, mues­
tra que, cuando las tensiones son severas, el parrón oro e>5tispeai:iidó.habitualmente,
Hay poca evidencia que apoye la idea de que las autoridades en las que no puede con­
fiarse la gestión de un patrón nacional ofrezcan garantías para gestionar un patrón oro
internacional (1930, VI, pág. 2�7; pág. 589 en la presente edición).
Keynes deja buena muestra de su visión de la sociedad y de su temperamento al hacer
la observación de que el patrón oro puede ser que ayude a disciplinar la conducta mone­
taria de países con una tradición de relajamiento en este campo pero, al mismo tiempo,
impide que los países más rigurosos perfeccionen la calidad de su gestión financiera.
P.or eso, el patrón oro, como he dicho antes, forma parte del aparato del conserva­
durismos. El conservadurismo está siempre más.preocupado en prevenir retrocesos del
progreso alcanzado por las instituciones humanas que en promover avances en aquellos
terrenos preparados para ello, con el riesgo de "subvertir las ideas� de los cofrades más
débÍles y poner en cuestión convenciones precarias duramente conquistadas que al. menos
tienen el mérito de preservar una cierta porción mínima de conducta decente.(1930, VI,
pág. 268; pág. 590 en la presente edición).
Naturalmente, Keynes consideraba a su país corrió un adelantado en gestión finan­
ciera y con la suficiente madurez como para mantener una disciplina financiera �in nece­
sidad del anclaje artificial del patrón oro. Harrod (1951, pág. 398) destaca que la con­
fianza de Keynes descansaba en el notable respeto que tenía por el Banco de Inglaterra
y el Tesoro, con independencia de las críticas formuladas en razón a discrepancias sobre
cuestiones concretas.
La comparecencia de Keynes ante el Comité Macmillan marca muy claramente, a
mi juicio, un punto de inflexión en su pensamiento en un doble sentido: en primerlugar,
ante la magnimd mundial de la depresión se va imponiendo en el Comité una visión
progresivamente más internacional de la catástrofe; en segundo término, y desde el pun­
to de vista microeconómico, el debate con personas de experiencia empresarial indujo
a Keynes a considerar más cuidadosamente las motivaciones empresariales. Con rela­
ción a este punto, Clarke (1988, págs. 107, 108) ha señalado cómo, en un añadido de
última hora, Keynes modificó en el Tratado sobre el dinero el protagonismo del pro­
greso económico y pasóa destacar la pujanza empresárial como el factor fundamental
del mismo.
El Tratado sdbre el dinero se inscribe, pues, en la preocupación por la acorría econó­
mica del Reino Unido y en cómo podría so_lventarse mediante la expansión monetaria.
[5] En efecto, antes había seña­
lado: ''El o.ro se ha convertido
en parte del aparato del con-
servadurismo y es uno <le los
asuntos de lo.s que no puede
esperarse'que sean tratados sin
prejuicio" (1930, VI, pág. 259;
IX, pág. 162).
XVII! lNTRODUCClÓN
- - � El análisis dela sitµac;ióp, .e@�c:ífi,d1)�ata dar un tratamiento adecuado a los dese­
quilibrios se manifiesta con toda claridad en la distinción entre circulación financiera e
industrial que establece en el capítulo XV del Tratado sobre el dinero, directamente ins­
pirado en los excesosfinancieros que provocaron el derrumbe bursátil del otoño de 1929.
El seguimiento del mercado americano le había llevado a advertir, un año antes de la caí­
da de las cotizaciones, del peligro de una actuación restrictiva de la Reserva Federal para
frenar el aumento de las magnitudes monetarias originado por el boom bursácil. Existía
descontrol monetario y se había creado una peligrosa burbuja especulativa, pero ello no
implicaba tensiones inflacionistas que se advirtieran en una escalada de precios. Sin
embargo, la cuestión residía en distinguir, primero, la singularidad del proceso y, des­
pués, tener la posibilidad de una actuación discriminada que fren.ara la absorción cre­
ciente de recursos financieros por la bolsa.
El peligro, advertía Keynes, era que la Reserva Federal tratara el desorden moneta­
rio identificándolo con una situación inflacionista o potencialmente inflacionisra: a su
juicio, la situación no parecía mostrar peligros en ese sentido y el comportamie�to de
los precios y de los indicadores que adelantaban tendencias en los precios parecían res­
paldar su posición. La cuestión, sin embargo, radicaba en el criterio con el que la Reser­
va Federal adoptara las decisiones.
Skidelsky (1992, pág. 317) ha señalado la diferencia en la posición de Keynes res­
pecto ai patrón oro entre el Breve tratado sobre la reforma monetaria (1923, IV) y el
Tratado sobre el dinero. En el primero, la posición reticente de Keynes estababasada en
su recelo de que el patrón oro no garantizaba una evolución ordenada de las magnitudes
monetarias que asegurara la estabilidad de los precios internos; en el Tratado se aña­
de otra queja: que el patrón oro impide que la autoridad monetaria ajuste el tipo de inte­
rés de forma que asegure la igualdad entre el ahorro y la inversión. Esta diferencia de
enfoqué no sólo responde al avance teórico, sino a la comprobación del escaso vigor
de la economía del Reino Unido, lo cual espolea analíticamente a Keynes tanto en el
diagnóstico de las razones explicativas como en la búsqueda de soluciones.
Las principales responsables de la situación.económica del segundo lustro de la déca­
da eran, como Keynes reitera una y otra vez, las condiciones en que se restauró el patrón
oro en 1925. Una de las razones que indujeron a decidir la fórmula del retorno fue la
utilización del índice de precios al por mayor: "No creo que Gran Bretaña hubiera retor­
nado en 1925 al patrón oro con la paridad de la preguerra si no hubiera sido por el hábi­
to de considerar los precios al por mayor como un indicadorsatisfactorio del poder gene­
ral de compra'' (1930, V, pág. 79; pág. 95 en la presente edición).
La trascendencia de la cuestión en la experiencia concreta inglesa explica que dedi­
que el Libro II, "The Value of Money", al análisis del poder de compra del dinero y,
sobre todo, se detenga en el comportamiento a largo plazo del índice de precios al por
mayor Y del índice de los precios de consumo, que es el que realmente expresa el poder
de compra monetaria: "Por poder de compra del dinero entendemos el poder para com-
INTRODUCCIÓN XIX
bienes bienes :y'st�icids éf ctiy'á-IJd:qfusición, con el propósito de consumirlos, los
individuos de una comunidad determinada gastan sus ingresos monetarios" (ibídem,
pág. 48; pág; 6} e11 la pr;::�egte..
7
dición).
Keynes re2l;ina; ya enio·�1ibores de la Gran Depresión, relanzar la economía del
Reino Unido, remisa a incorporarse a la expansión general, y hacerlo relajando la polí­
tica monetaria sin temor a que se produzcan tensiones inflacionistas, proponiendo una
mayor beligerancia del Estado en el programa de inversiones que asegurara la utilización
imerna del aumento de los recursos financieros, para que la bajada del tipo de interés no
se tradujera en un aumenco de los préstamos al exterior. Con el esquema del Tratado,
Keynes caracteriza entonces la situación con relación a la probable aparición de tensio­
nes inflacionistas: "Pero no toda creación de crédito significa inflación. La inflación sólo
se produce cuando intentamos, como hicimos durante la guerra y después, cúntinuar
expandiendo nuestras actividades después de que no existiera desempleo y nuestro aho­
rro estuviera colocado en su imegridad" (1929, IX, pág. 117)6• Existía entonces un mar­
gen amplio para promover el crecimiento de la actividad y del empleo sin inflación:
Queda mucho por superar de la inactividad defiacionisra anees de que pueda haber
el más pequeño peligro de que una política de desarrollo lleve a ia inflación. Agitar el
fantasma de la inflación como una objeción a invertir en el momento actual es como
advertir de los peligros de una corpulencia excesiva a un paciente exhausto (ibídem,
págs. 117-118).
2. La Gran Depresión
2.1. Primeras impresiones de Keynes
Los primeros años de la Gran Depresión fueron para Keynes de gran actividad. Desde
el punco de vista de sus publicaciones, en octubre de 1930 apareció el Tratado sobre el
dinero y en 1931 los Ensayos de persuasión, que recoge una selección de lo que consi­
dera más interesante de sus aportaciones anteriores. En el Tratado apenas se alude a la
situación industrial, puesto que el objeto central de su análisis es la variación del nivel
de precios y los mecanismos de control monetario; en los Ensayos las referencias indus­
triales son, asimismo, mínimas. Sin embargo, las alusiones de Keynes a la situación eco­
nómica del Reinó Unido se harían explícitas en su colaboración para el Comité Mac­
millan y el Comité de Economistas7• En el primero, el propósito de Keynes era que los
[6] "Can Lloyd George do it?".
(1929, IX, págs. 86-125).
[7] El Comité Macmillan se
constituyó el 5 de noviembre de
1929 y su primerareunión fue
el día 21 del mismo mes. Cele­
bró un toral de cien reuniones
hasta mayo de 1931. El Informe
se publicó en junio de 1931. El
Comité de Economistas se creó
en el seno del Economic Advi­
sory Council como un grupo de
XX INTRODUCCfóN
,,,-,-�:,::,:·-::_;.:,,-�:
C
/:;,_:c''.::L-�·: funcionarios, los banqueros y los economistas revisaran SÚS prih2"ipios de.
ción a la luz dé la nueva situación; en el caso del Comité de Economistas, el objetivo fun­
damental era impulsar al gobierno a la acción (Skidelsky, 1992, pág. 363).
La Gran Depresión fue un fenómeno de gran trascendencia y su análisis conectaba
con las capacidades de Keynes_ En efecto, se trataba, en primer lugar, de una convulsión
de alcance mundial aunque tuviera como epicentro los Estados Unidos y, en segundo tér­
mino, el origen del cataclismo y sus efectos difusores eran de naturaleza financiera.
La Gran Depresión abrió una etapa de miedo y oscuridad en el mundo occidental,
'como ha descrito Patinkin (1977, pág. 3) con dramatismo y brillantez: una depresión
que aparece como la fuerza de un mal misterioso que paraliza las economías y provoca
el sufrimiento del desempleo sobre.míllones de seres humanos; una fuerza maligna que
nadie sahe cómo superar. En la desesperación;.)tgunos países incluso cayeron en poder
de gobierüos totalitarios en un intento de combatir el desastre, y en las naciones que
rechazaron esa tentación existía el sentimiento de que ta comprensión científica áei fenó­
meno del desempleo masivo suponía, no sólo una contribución intelectual, sino afron­
tar d_problema más crítico que amenazaba a la civilización occidental. Ésta era la dimen­
sión del problema que Keynes hubo de afrontar.
Como ha señaladoSamuelson, aunque Keynes hizo mucho por la Gran Depresión, no
esmenos cíerto que la Gran Depresión hizo también mucho por él. Le proporcionó un desa­
fío, un drama, una confirmación experimental. Keynes fue percibiendo gradualmeme en los
meses siguientes a la caída bursátil de 1929 la gravedad e implicaciones económicas de la
crisis financiera, así como algunas de las razones fundamenrnles que la habían provocado,
pero fue completando y madurando su análisis con el paso del tiempo; por eso Skidelsky
(1992, pág. 379) califica de liviana la reacción inicial de Keynes ante la Gran Depresión.
En sus primeros análisis, Keynes utiliza las ideas del Tratado sobre el dinero. No se
plantea que la depresión tenga sus raíces en el exceso de inversión del período prece­
deme sino en el déficit inversor de 1929; la depresión se inicia, a su juicio, por la erró­
n�á política re.strictiva de la Reserva Feder�l; una vez en marcha la intensifican los
propios mecanismos acumulativos de los mercados financieros. En el Tratado sobre el
dinero, Keynes sintetiza la secuencia de efectos:
De esta forma atribuyola depresión de 1930, en primer término, a los efectos desa­
lentadores sobre las inversiones del largo período de dinero caro anterior al colapso
del mercado de acciones y sólo, en segundo lugar, al colapso en sí mismo. Pero una vez
que éste se produjo, la situación s� agravó especialmente en los Estados Unidos, al oca-
destacados especialistas en eco-·
nomíá, entre los cuales destaca­
ban¡ Pigou, Robbins y Robert­
son, que elaboraron un informe
en los meses de septiembre y
octubre de 1930. Sobre el tra­
bajo y las discusiones del Comi­
té es fundamental el trabajo de
How'son y Winch (1977). Para
el lector interesado en las dife-
rencias teóricas que subyacen en
las discrepancias respecto a las
medidas que adoptar resultan
especialmente interesantes las
páginas 56-71 de la obra citada.
INTRODUCCIÓN XXI
sionar 1.!Ila desinversión en capital circulante. Al mismo tiemp6,'.tainbién se promovióti;,:.:�;
una deflación de beneficios por las dos vías de la reducción de la inversión y del aumen-
to del ahorro. El pesimismo y la armósfera de desánimo que produjo el colapso del mer-
cado afectaron negativamente a las empresas y redujeron la rasa de interés natural; en
tanto que la pobreza "psicológica" originada por la b�jad
_:1
de las cotizaciones ?:�ba­
blememe incrementó el ahorro (1930, VI, pág. 176; pag. )04 en la presente,
ed1c1on).
. En los primeros meses, Keynes percibe la gravedad de la perturbación, pero la_ con­
�idera un accidente temporal. En dos artículos publicados a finales de 19�08 comienza
��n un piírrafosignificativo: "El mundo ha tardado en dar�e cuenta de
�u: hemos est_a­
d viviendo este año a la sombra de una de las mayores catastrofes econorrucas de la h1s­
t:ria moderna [...J. Esto es una pesadilla que habrá pasado cuando llegue la mañana_
Porque los recursos �e la naturaleza y los conocimientos humanos son tan fecundos Y
productivos como eran antes" (1930, IX, pág. 126); _.· , . ,
El problema era de carácter internacional, pero esta no era la u�1ca :ªz?n por la que
se había impuesto la inactividad. Existía otro motivo: alfaltar un d1agnost1co ce��ero de
lo queacontecía, no se sabía qué tipo de acción emprender. _Por esto, muchas personas
·pensaban que "lo más útil que podemos hacer es ahorrar mas de lo usual, lo que en las
presentes circunstancias, desafortunadamente, es un,,com�leto erro_r- Es completamente
dañino y descaminado, lo más opuesto a la verdad (19.,1, IX, pag. 137). De m�nera
·gue, aconseja Keynes, el patriotismo de las amas de casa debe
_
ría d�m�s:rarse mediante
el consumo. El paciente, la economía, no necesita des�a_nso sm� :Jerc1c10 Y, por
_
ell?, a
nivel nacional lo que hay que emprender·es una amb1c1osa pohtica d�_
obras pubhc�s
pata dar trabajo y aumentar el bienestar. Existe C¡i?��idad �e produccmn, laproduct1-
yidad ha aumentado y es preciso adoptar una pos1c10n activa -aconse¡a Keynes- Y no
c;lejarse dominar por d desaliento: "Tened confianza, est�mos sufr�endo la crisis de cre-
2ímlento de la juventud, no el reumatismo de la vejez" (ibídem, pag. 141)9•
·:·: .__En la primavera de 1931 se advierten en los escritos de Keynes señales inequív�cas
4e que considera ésta como una depresión muy especial,_
en la que los :fectos negativos
"
p
ueden _durar mucho tiempo- En dos ocasiones, en abnl, se p
_
ronu_:1c1a Keynes por la
posibilidad de que la situación pueda prolongarse durante van�sanos a 1:1�?os que se
encuentre una explicación satisfactoria de lo que sucede y se actue con dec1s1on_ Keynes
es plenamente consciente de que algunos componentes del Comité Macmillan aceptan
· 'in'ejor sus planes de actuación que la teoría del Treatiseexpuesta como soporte de los
mismos (1931, :XX, pág_ 272)1º. Para Keynes es esencial comprender lo que sucede Y
[8] "The Great Slump of1930".
Nation & Athenaeum, 20 y 27
de diciembre de 1930. lnciuido
en Ensayos de persiiasión.
[9] Este mensaje de ánimo re­
produce casi literalmente las
manifestaciones optimistas áe la
conferencia de Madrid de junio
de 1930 (1930, IX, pág. 321).
[rn] Commenrs on Mr_ Brand's
Memorandum on.the Need for
a BridgingChapter_ 7de:abrilde
1931 (XX, págs. 272-274).
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  • 1. Tratado sobre el dinero John Maynard I(eynes fu�ción o
  • 2. Publicados originari�mente en inglés p�r Palirave Macmillan, división de Ma�millan Publishers Limited, con los título.s: .A Tr:iatis� Ón Mo;,ey , 1: The Pu�e The�ry ofMoney © 1971, 2.3 ed., The ��ya! Economic Sociery, Londres . kTreatise on Money, 2: The. Applied Theory ofM.oney © 1971, 2.3 ed.,. The Royal Economic Sociery, Londres Traducción de Esther Rabasco, realizada para Editorial Síntesis, S..A. © 2010 EDITORIAL SÍNTESIS, S, A. Esta edición ha sido traducida y publicada de acuerd.o con Palgrave Macrnillan. El autor ha d.eclarado su .derecho a ser identificado como el autor de esta obra. Esta edición se ha realizado en coedición con Fundación ICO. Reser��dos todos los derechos. Está prohibid;, bajo las sanciones penales y e! resarcimiento civil previstos en las leyes, reprodu�ir, registrar o transmitir·esta publicación, integra o pa,cia.lmenre, por cualquier sisreina de recuperación y por. cualquier m,edio, sea mecánico, electróni­ co, magnético, electroóptico, por fotocopia o por cualquier otro, sin la autorización previa por escrito de Editorial Síntesis, S. A. Fomgrafías: Tim Gidal (Hulron Archive}, págs. VII, 13 y 331. © 2010: Fundación ICO, para esta edición faridación 1 0 © EDITORIAL SÍNTESIS; S. A.. Vallehecmoso, 34 • 28015 .Madrid Teléf.: 91 593 20 98 http://www.sintesis.com Depósito Legal: M. 22.987-2010 ISBN: 978-84�.975668-9-6 Impre.�o en España · Pi:imed in Spain
  • 3. Prólo0o b eon la edición de la obra que el lector riene en sus manos, Tratado sobre el dine­ ro, continúa la Fundación ICO con una de las labores en las que lleva invirtien­ do un considerable esfuerzo: la de la divulgación, mediante la publicación de edi­ ciones criticas, de algunas de las obras más significativas de los grandes economistas, con el objeto de procurar una lectura actual de aquellos trabajos y autores que son con­ siderados como auténticos puntos de referencia en la reflexión económica. En diciembre de 2008, y dentro de esta colección de clásicos de economía, la Funda­ ción publicaba varios títulos recogidos en dos volúmenes, Ensayos de persuasión, y Breve tratado sobre la reforma monetaria y Escritos (1910-1944), de este autor, Keynes, que las circunstancias actuales han vuelto a dotar de vigencia ya que, en el contexto de grave cri­ sis económica que tuvo lugar hace casi un siglo, trató de aportar soluciones a los proble­ mas que afectaban a la economía mundial. Releer a Keynes se ha convertido pues en algo muy recomendable en los tiempos de zozobra económica que se viven en ermomento de realizar esca publicación. Cuando la Fundación inició, hace ya tiempo, el proyecto de rubli­ car una selección de los trabajos de este economista, no conocía la importancia que iba a tener la recuperación de sus obras, lo cual aporta un valor añadido a esta colección. Sin duda, y pese a las circunstancias que hacen que un personaje esté más o menos en boga en el de�ate económico, el autor de la obra que aquí se presenta, John .Maynard Keynes, desempeñó un papel relevante en el pensamiento económico en el tiempo que va desde la Gran Guerra a la inmediata posguerra de la segunda contienda mundial, y sus doctrinas han dejado una huella más profunda y duradera de lo que en principio pudo pensarse. Si bien sus aportaciones cuentan con tantos detractores como defensores, ningu­ no de ellos cuestiona que la obra de Keynes supuso nada menos que el desarrollo de la macroeconomía como disciplina y el desplazamiento, a partir de la década de los años
  • 5. X PRÓLOGO treinta, de la escuela marginalista, heiem6nica desde el úlcirri6t'e'fhS-df1'iiiI6--iix:'Asi­ mismo, la obra de Keynes, y en particular la que aquí analizarnos, ha dado lugar a múlti­ ples discípulos y escuelas. Ha servido de inspiración para la síntesis neoclásico-keynesiana de los años cincuenta y sesenta, la Escuela de Cambridge (que contaba con economistas como Joan Robinson o Piero Sraffa), la más moderna corriente neokeynesiana en la que se ubican economistas como J. Stiglirz o Paul Krugman, o los poskeynesianos como Hyman Minsky, cuya hipótesis sobre la fragilidad financiera de las economías de mercado per­ mitiría explicar la formación de procesos cíclicos de apalancamiento-desapalancamien­ to bancario como los actuales. De cualquier forma es interesante acercarse al pensa­ miento de un gran conocedor de la Gran Depresión. Como bien recoge el profesor Antonio Torrero en la introducción a esta edición, "de Keynes y la Gran Depresión los econo­ mistas hemos aprendido mucho". Tras sus primeras obras de los años veinte, Keynes se dedicó a preparar el Treatise on Money, cuyo contenido consideró ya superado antes de su fecha de publicación (1930). Los años siguientes van a ser claves en la configuración de su pensamiento. La intensidad de la Depresión de los años treinta y las graves difi­ cultades teóricas de la escuela marginalista para ofrecer un análisis de la misma, moti­ varán que Keynes dé un "giro copernicano" a la teoría económica vigente hasta ese momento,publicando en 1936 su Teoría General, probablemente el libro más influyente en el ámbito de la economía escrito en el siglo XX. Así pues, se presenta aquí una obra de calado de un refutado autor, que el profesor Antonio Torrero sitúa en la introducción en el conjunto de la obra del economista inglés. La importancia del libro es capital, de hecho se planteó antes que las editadas en 2008, pero la necesidad de dedicar tiempo suficiente a las labores de traducción ha pospuesto su aparición. La Fundación ICO ha emprendido la primera y única traducción autori­ zada en lengua española del Tratado sobre el dinero en su integridad; traducción que cuenta con el aval de la Royal Economic Society y la Editorial Macmillan, derentadoras y valedoras de la obra de Keynes. Esperamos con este nuevo título haber contribuido al enriquecimiento de los deba­ tes y estudios que día a día construyen la ciencia económica y colaborado en la difusión de la obra de los grandes economistas, intención de esta Fundación al crear la presente colección de clásicos. Por último, nos gustaría agradecer su valiosa participación a todos los que han hecho IJOSible que este importante proyecto haya visto la luz. Fundación ICO Abril de 2010 Introducción1 S i la presente introducción hubiera sido escrita antes de la actual crisis financiera, seguramente la habría concentrado en sintetizarlos aspectos fundamentales del libro Tratado sobre el dinero, que la Fundación ICO ha seleccionado para esta segunda entrega de la obra de John Maynard Kernes. La redacto, sin embargo, en julio de 2009, cuando sufrimos los demoledores efectos de la convulsión financiera más grave desde la Gran Depresión que se inició en 1929. Queda justificada así la inclusión de la Gran Depresión en esta introducción, pues­ to que esta catástrofe sirvió como caldo de cultivo para esta gran obra de Keynes. Hacia ese episodio debemos volver nuestra mirada los economistas para intentar com­ prender la crisis actual, puesto que el principal asidero que tenernos es la experiencia histórica. Se dice que los economistas explicamos muy bien las razones por las cuales se ha producido una situación inesperada, pero que fracasamos en nuestra capacidad de pre­ visión. Mucho de cierto hay en esa crítica, sobre todo si se refiere a la anticipación de las crisis financieras. En defensa de la profesión debo señalar que nuestra función no se limita a formular previsiones con mayor o menor acierto, sino también a proponer [r] He utilizado en esta presen­ tación otros trabajosmíos publi­ cados sobre Keynes y de forma muy intensa mi libro de 1998. Todas las citas de la obra de Keynes corresponden a The Collected Writings (CW) inre- grados por 30 volúmenes publi­ cados entre 1971 y 1989 por la Royal Economic Society. El Tratado sobre el dinero en los volúmenes V y VI; la Teoría General en elVil. En las citas se especifica el año de publicación del trabajo de Keynes, y el volu­ men correspondiente de los CW seguido de la página. En las nocas se adara b procedencia de cada cica, excepro en las del vol. IX: Ensayos de persuasión.
  • 6. XII lNTR.ODUCCIÓN .. · actuaciones·pardtriej6ri.tliih1�lftiói�rripedir que los efectos acumulativos de las cri­ sis financieras alcancen dimensiones catastróficas. ·De Keynes y de la Gran Depresión los economi.stas hemos aprendido mucho; me parece impottame destacar dos enseñanzas. La primera, que pocos economistas, por puras que sean sus credenciales liberales, se han opuesto a las intervenciones de los gobier­ nos y de los_ bancos centrales para contener e intentar compensar los efectos del pánico financiero . actual y de la crisis de liquidez. Lo sucedido en la Gran Depresión es una lec­ ción que no se haolvidado. El recuerdo de la actuación de la Reserva Federal, o más bien de su inacción, sigue muy presente e inspira la decisión y contundencia ton la que los gobiernos y los bancos centrales afrontan la crisis actual. La segunda es la complejidad de las convulsiones financieras cuandoalcanzan gran virulencia y degeneran en una crisis económica. Entender lo que aconteció, incluso a posteriori, es muy complicado2 ytambién lo es proponer reformas, aparte de las medi­ das inmediatas par a cOntener la hemorragia; si la perturbación llega a adquirir dimen­ sión nternacional las dificultades se acrecientan. El seguimiento delesfuerzo intelectual de Keynes en la Gran Depresión debería ser una lecció:n de humildad sobre las capaci­ dades de los economistas, y, al mismo tiempo, tendría que animamos a perseverar en el estudio yla reflexión para intentar desentrañar fenómenos can complejos. .la lección demodestia es evidente: Keynes no previó ni el colapso de Wall Street ni la .Gran Depresión. No sólo eso, sino que tardó varios años eh comprender lo que había falla­ do en el delicado mecanismo, por emplear su terminología. El esfuerzo de comprensión lo inició con el desplome de Wall Street, se reflejó parcialmente en el Tratado sobre �! dine­ ro(1930) y, por completo, en la Teoría General (1936). Considerando el protagonismo de J�a Gran Depresión en el libro que nos ocupa, he dividido esta presentación en dos partes tundamentales: 1. El Tratado sobre eldinero y 2. La Gran Depresión, además de dedicar · unos apartados imprescindibles al alumbramiento de la Teoría General, y la transición entre ambos libros, pues se trata de una obra que es consecuencia en gran medida de la Gran Depresión. L El Tratado sobre el dinero 1.1. El retorno al patrón oro · El período de entreguerras fue el más fecundo de la actividad profesional de Keynes. Su obra; como la de todos los grandes economistas, se inspiró en los problemas de su tiem- [�l La bibliografía sobré !a Gran �presión e� abundantísima. El le:cco·r puede recurrir a la que serecoge en mi libro de 2006. Una buena muestra dé la complejidad del fenómeno y dé la diversi­ dad de interpretaciones se advier­ te en los dos libros de emreviscas con economistas destacados que vivieron la experiencia, y con los analistas más cualificados de este episodio (Packer, 2002 y 2007). INTRODUCCIÓN pb ofreciendo arrátiúlYf iópóni brtd<i soh:ré:iones. La cuestión más inmediata al.finalizar la Primera Guerra Mundial era la estabilidad monetaria; el conflicto había generado pre­ siones iriflacionistás en todos los países y una gran carga de deuda pública, lo cual era muy importante para el Reino Unido, dada su condición de principal cenero financiero del mundo. La estabilidad de las monedas, las conferencias internacionales para llegar a acuerdos y el seguimiento de la preparación para la vuelca al patrón oro fueron los temas que concentraron la atención de Keynes, hasta el recomo al patrón oro del Reino Unido, que se produjo el 28 de abril de 1925. Laorientación básica de la política financiera del Reino Unido en los años de la pos­ guerra fue la del Curiliffe Committee (1918), que postulaba la vuelca a la disciplin¡¡ del patrón oro eón la paridad de la preguerra. Las medidas adoptadas desde el fin:il del con­ flicto no pierden de vista este objetivo y van preparando el terreno para hacerfo posible. La línea estratégica fundamental era promover actuaciones monetarias restrictivas que, aunque afectaran al crecimiento, favorecieran la revaluación de la libra en función del objetivo persegujdo. Las consecuencias de esta política se sitúan en elcentro de la aten­ ción analítica de Keynes y esta cuestión sólo se vería sustituida en sus preocupaciones por la gravedad de la Gran Depresión. Keynes no estaba inicialmente en contra del retorno al patrón oro; compartía la inquietud de los que consideraban muy importante preservar el prestigio de la Cicy éomo centro financiero. Las reservas respecto a la operación, primero, y la franca oposición, más tarde,,se centraron en que la vuelta se realizara con la paridad vigente antes del con­ flicto bélico. Argumentaba el economista inglés que en lás sociedades industriales avan­ zadas era muy difícil provocar la reducción de costes precisa para mantener el equilibrio con d exterior. La City era ..:.[o sigue siendo- muy importante para el Reino Unido y Keynes n�nca perdió de vista esta realidad, pero al tiempo advirtió que los intereses de esta institución podían entrar en conflicto con otros sectores y actividades, en particular con las empre­ sas industriales. El retorno al patrón oro fue calificado por Kindleberger (1985, pág. 55) como un "error inevitable", dada la convicción generalizada de que había proporcionado larga� décadas de estabilidad monetaria antes del conflicto.La vuelta al parrón oro era, pues, una solución reclamada por todos ante las violentas fluctuaciones de 1� economía, pero, además, las condiciones de ese retorno estaban teñidas de un tono moral que situaha la restitución de,la capacidad adquisitiva perdida, y el cumplimiento riguroso de los compromisos, como un objetivo ampliamente compartido. No era, por lo tanto, el cli­ ma más apropiado para aceptar prevenciones respecto del retorno basadas en un aná­ lisis económico específico. De ese impulso moral, sin embargo, se derivapan impor­ tantes consecuencias económicas, puesto que la confianza en el correcto comportamiento de las finanzas inglesas constituía un elemento de presión alcista sobre la libra hacia la paridad de preguerra. Xlll
  • 7. x:v lNTRODUCCfÓN ...,,,.,·•ehúrdiill tenía dudas, sus vacilaciones estaban influidas por las opiniones de Key­ nes respecto a los efectos deflacionistas y al perjuicio que podía causarse al sector indus­ trial: En el Memorando que envía Churchill a Niemeyer le señala que le gustaría ver a las fmanzas menos orgullosas y a la industria más conrenca (Skidelsky, 1992, pág. 198; Moggridge, 1992, págs. 428, 429), pero finalmente dos argumentos del Tesoro y del Banco de I�glaterra fueron decisivos: el primero, que la diferencia entre los precios ingle­ ses Y americanos era muy reducida y podía salvarse con un pequeño sacrificio, lo cual refutaba el argumento de los críticos de que el alza de la libra era ocasional y debida a los movimientos de capital inducidos por la expectativa de la restauración inminente· el segundo, que el reto_rno al oro promovería el empleo al proporcionar un marco fin�n­ ciero internacional estable, de manera que no había contradicción entre los intereses financieros e industriales, sino que se trataba de sacrificar el corro plazo por los efecros más permanemes y beneficiosos del largo plazo (Skidelsky, 1992, págs. 198, 199). Pese a la receptividad e inquietud que producía en Churchi!l la posición de Kevnes el análisis de éste carecía de la legitimidad de la ortodoxia (Ingham, 1984, pág. ÍS5); ade�ás _ , el camino recorrido en la preparación había sido considerable y la presión de las instituciones más cualificadas demasiado poderosa para rechazarla aceptando las propuestas de �eynes, al que se le reconocía estatura intelectual en términos generales, pero que no de¡aba de ser una personalidad mirada con sospecha por el Tesoro y el Ban­ co de Inglaterra, y sobre el que la opinión de la City era concrovertida. El análisis de Keynes sobre los efecros del retorno al patrón oro con la libra sobre­ valorada es agudo y premonitorio. El alza de la cotización de la libra encarece los pro­ ductos británicos por el importe revaluado y reduce, en consecuencia, su competitivi­ dad, pero al mismo tiempo abarata los precios de los productos importados y rebaja, por lo tamo, los costes de producción por esa vía. Los sectores situados en desventaja para afrontar la revaluación son aquellos que se benefician menos del abaratamiento de materias primas importadas pero que sufren con codo el rigor el encarecimiento de su producción en el mercado internacional. Keynes señala cómo el carbón y la siderurgia están en las posiciones más desfavorables, e incluso el textil sufrirá con dureza la situa­ ción, puesto que las importaciones de materias primas suponen en romo al 30 por cien­ to de los costes totales de producción (1924, XIX, pág. 249)3. Termino esta descripción de la evolución de las ideas de Keynes en contraste con la: del gobernador del Banco de Inglaterra, recogiendo la opinión de Skidelsky (1992, pag. 20) que resume la distinta visión de los dos personajes con palabras que me pare­ cen oportunas y actuales: "Montagu Norman fue un banquero visionario tratando de [3] Declaraciones anee el Com­ rnirree on che Currencv and Bank of England Note Íssues, 11 de julio de 1924 (XIX, págs. 239-261). El Comité se constitu­ yó en 1924 y publicó su informe en 1925. Aunque el Comité no t.enía como misión pronunciar- se sobre las consecuencias de la vuelta al patrón oro, en las últi­ mas sesiones hizo referencia a esta cuestión. INTRODUCCIÓN :,0 �9gs;q1fr un gobierno de banqueros centrales que sustituyera al viejo patrón oro 'auc9- mático' ". Keynes no estaba concra esta idea; pero creía (acertadamente) que los países tenían que resolver primero suspropios pwblemas. Las finanzas internacionales prospe­ rarían una vez·quefos ajúsres dfunésticos se hubieran asegurado; no podían ser el medio para forzarlo. Esta percepción fue realmente el comienzo de la revolución keynesiana. Interesa descacar dos aspectos a efectos de este episodio. El primero, que consolidó el prestigio de Keynes como economista original e independiente; el segundo, que el Rei­ no Unido entró en una etapa de dificultades en un mundo en expansión; según Keynes, los males de la economía británica se debían, en buena medida, al retorno al patrón oro con una paridad sobrevalorada4 • 1.2. Aspectos fundamentales del libro En 1930 Keynes publica su Tratado sobre el dinero, libro de teoría monetaria en el cual había trabajado de manera intermitente durante los seis años anteriores, que constitu­ yen una etapa fundamental en la evolución de su pensamiento- El libro fue escrito prác­ ticamente en su totalidad durante la permanencia del Reino Unido en el patrón oro en el período de entreguerras (1925-1931); la preocupación por los efectos del ajuste de la estructura productiva inglesa a la paridad de preguerra lace en sus páginas, que también recogen las primeras impresiones de la caída bursátil del otoño de 1929, heraldo de la Gran Depresión. Tres elementos me parecen esenciales para comprender la orientación del progreso de su pensamiento. En primer lugar, la persistente atonía de la economía inglesa; en segundo término, el estallido de la Gran Depresión; por último, el contraste de sus ideas con las de los participantes en el Comité Macmillan. El Tratado sobre el dinero (1930) significa un alto en el camino. Keynes se detiene a reflexionar tratando de poner en orden sus ideas e intentando una nueva explicación teórica de cómo se producen las fases del ciclo económico, y lo hace a la luz de la expe­ riencia acumulada en la década de los años veinte. El Tratado ha sido un libro muy cri­ ticado, y la calificación más usual lo considera un intento fallido, en el sentido de que las ecuaciones fundamentales en las que Keynes intenta sintetizar el proceso de cambio económico, no tienen la capacidad explicativa que él les asignó. Cuando estaba terminando el libro se produjo la Gran Depresión, fenómeno que inten­ tó incorporar al contenido. Pese a introducir modificaciones para adaptarlo a las nuevas circunstancias, st! percibe una cierta falta de unidad en el libro y el propio Keynes confe­ só su incomodidad, puesto que sus ideas habían avanza<lo con rapidez en las fases finales de la redacción; en este sentido, el contenido del Tratado no respondía con exactitud al (4] En mi libro sobre Keynes (1998) destaco, repetidamente, que me parece excesivo el énfa­ sis de este auror en achacar los males de la economía inglesa al rcrorno al patrón oro. XV
  • 8. XVI lNTRODUCCIÓN pensamiento de Keynes cuandoélJibro se publicó: ''Mis ideas han cam!Qrad-o demasiado en el curso de la elaboración gara que tenga la unidad ade�uada" (1930, V, pág. XV). Como ha señalado Patinkih (1977, pág. 4), aunque Keynes reconoció que las ecua­ ciones eran identidades, les concedió una utilidad y una operatividad excesivas. El obje­ tivo del Tratado es explicar el ciclo económico sobre ia base de la evolución de los bene­ ficios y pérdidas de las empresas. Los beneficios se obtienen poda diferencia positiva entre los precios de venta_y los costes de producción y las pérdidas por lo contrario: "La en�eñanza de este Tratado es quefa riqueza de las naciones se incrementa no en perío­ dos de inflación de renta sino cuando se produce inflación de beneficios, esto es, en las etapas en que los precios superan con amplitud a los costes'' (1930, VI, pág. 137; pág. 474 enla presente edición). De forma que el análisis del ciclo se concentra en averiguar lo que determina el precio y el coste por unidad de producto. En el prefacio del auror, K�ynes especifica que cuando la mayor parte deUibro esta­ ba en imprenta, fue nombrado miembrodel Comité Macmillan y que sus ideas del libro, en particular las sugerencias del volumen2, eran las que tenía antes de su colaboración con el Comité (1930, V, pág. XIX). La advertencia de Keynes tiene mucho sentido, pues­ to que sus ideas evolucionaron con mucha rapidez en los años que siguieron a la publi­ cación del Tratado sobre el dinero; su propia experiencia en el Comité le sirvió para modificar puntos de visea y pulir otros al confrontarlos con expertos económicos y finan­ cieros descacados. La defensa del patrón oro en el sistema monetario se había articulado sobre la base de dos principios: que era un factor que favorecía la estabilidad de los precios y que limi­ taba la actuación discrecional de los gobernantes. En cuanco al primer punto, Keynes acepta en parte el argumento; efectivamente durante los 50 años anteriores a la primera guerra, con el patrón oro vigente, la estabilidad de precios fue nocable. Se dieron, sin embargo, circunstancias específicas que permitieron un funcionamiento adecuado del patrón oro; en los primeros 25 años la incorporación al patrón oro de nuevos países fue gradual, acompasándose a las nuevas ofertas de oro; en el segundo período, la generali­ zación del dinero representativo permitió economizar la utilización del oro: De esta manera, creo que es una ilusión suponer que existe alguna característica espe­ cial que gobierne los suministros de oro, que haga probable la generación automática de un parrón de valor estable, excepto 1a característica que comparte con todos los bienes duraderos, esto es, que el incremento anual del stock existente es probable que sea muy pequeño. Aparte de esto, el oro ha dependidoy continuará dépendiendo, en cuanto a la estabilidad de su valor, no tanto de las condiciones de la oferta como de la regulación deliberada de la demanda (1930, VI, pág. 262; pág. 584 en la presente edición). 1 El segundo argumento que se esgrime en favor del patrón oro: que limita la discre­ cionalidad monecaria de los gobernantes, tiene fuerza en la medida en que los países estén determinados a permanecer bajo la disciplina del patrón oro. INTRODUCCIÓN XVII Pero la experienci3:;m11y_amplia y en la_que prác::ti�am�nte º? �51>'.c}:l'c�pción, mues­ tra que, cuando las tensiones son severas, el parrón oro e>5tispeai:iidó.habitualmente, Hay poca evidencia que apoye la idea de que las autoridades en las que no puede con­ fiarse la gestión de un patrón nacional ofrezcan garantías para gestionar un patrón oro internacional (1930, VI, pág. 2�7; pág. 589 en la presente edición). Keynes deja buena muestra de su visión de la sociedad y de su temperamento al hacer la observación de que el patrón oro puede ser que ayude a disciplinar la conducta mone­ taria de países con una tradición de relajamiento en este campo pero, al mismo tiempo, impide que los países más rigurosos perfeccionen la calidad de su gestión financiera. P.or eso, el patrón oro, como he dicho antes, forma parte del aparato del conserva­ durismos. El conservadurismo está siempre más.preocupado en prevenir retrocesos del progreso alcanzado por las instituciones humanas que en promover avances en aquellos terrenos preparados para ello, con el riesgo de "subvertir las ideas� de los cofrades más débÍles y poner en cuestión convenciones precarias duramente conquistadas que al. menos tienen el mérito de preservar una cierta porción mínima de conducta decente.(1930, VI, pág. 268; pág. 590 en la presente edición). Naturalmente, Keynes consideraba a su país corrió un adelantado en gestión finan­ ciera y con la suficiente madurez como para mantener una disciplina financiera �in nece­ sidad del anclaje artificial del patrón oro. Harrod (1951, pág. 398) destaca que la con­ fianza de Keynes descansaba en el notable respeto que tenía por el Banco de Inglaterra y el Tesoro, con independencia de las críticas formuladas en razón a discrepancias sobre cuestiones concretas. La comparecencia de Keynes ante el Comité Macmillan marca muy claramente, a mi juicio, un punto de inflexión en su pensamiento en un doble sentido: en primerlugar, ante la magnimd mundial de la depresión se va imponiendo en el Comité una visión progresivamente más internacional de la catástrofe; en segundo término, y desde el pun­ to de vista microeconómico, el debate con personas de experiencia empresarial indujo a Keynes a considerar más cuidadosamente las motivaciones empresariales. Con rela­ ción a este punto, Clarke (1988, págs. 107, 108) ha señalado cómo, en un añadido de última hora, Keynes modificó en el Tratado sobre el dinero el protagonismo del pro­ greso económico y pasóa destacar la pujanza empresárial como el factor fundamental del mismo. El Tratado sdbre el dinero se inscribe, pues, en la preocupación por la acorría econó­ mica del Reino Unido y en cómo podría so_lventarse mediante la expansión monetaria. [5] En efecto, antes había seña­ lado: ''El o.ro se ha convertido en parte del aparato del con- servadurismo y es uno <le los asuntos de lo.s que no puede esperarse'que sean tratados sin prejuicio" (1930, VI, pág. 259; IX, pág. 162).
  • 9. XVII! lNTRODUCClÓN - - � El análisis dela sitµac;ióp, .e@�c:ífi,d1)�ata dar un tratamiento adecuado a los dese­ quilibrios se manifiesta con toda claridad en la distinción entre circulación financiera e industrial que establece en el capítulo XV del Tratado sobre el dinero, directamente ins­ pirado en los excesosfinancieros que provocaron el derrumbe bursátil del otoño de 1929. El seguimiento del mercado americano le había llevado a advertir, un año antes de la caí­ da de las cotizaciones, del peligro de una actuación restrictiva de la Reserva Federal para frenar el aumento de las magnitudes monetarias originado por el boom bursácil. Existía descontrol monetario y se había creado una peligrosa burbuja especulativa, pero ello no implicaba tensiones inflacionistas que se advirtieran en una escalada de precios. Sin embargo, la cuestión residía en distinguir, primero, la singularidad del proceso y, des­ pués, tener la posibilidad de una actuación discriminada que fren.ara la absorción cre­ ciente de recursos financieros por la bolsa. El peligro, advertía Keynes, era que la Reserva Federal tratara el desorden moneta­ rio identificándolo con una situación inflacionista o potencialmente inflacionisra: a su juicio, la situación no parecía mostrar peligros en ese sentido y el comportamie�to de los precios y de los indicadores que adelantaban tendencias en los precios parecían res­ paldar su posición. La cuestión, sin embargo, radicaba en el criterio con el que la Reser­ va Federal adoptara las decisiones. Skidelsky (1992, pág. 317) ha señalado la diferencia en la posición de Keynes res­ pecto ai patrón oro entre el Breve tratado sobre la reforma monetaria (1923, IV) y el Tratado sobre el dinero. En el primero, la posición reticente de Keynes estababasada en su recelo de que el patrón oro no garantizaba una evolución ordenada de las magnitudes monetarias que asegurara la estabilidad de los precios internos; en el Tratado se aña­ de otra queja: que el patrón oro impide que la autoridad monetaria ajuste el tipo de inte­ rés de forma que asegure la igualdad entre el ahorro y la inversión. Esta diferencia de enfoqué no sólo responde al avance teórico, sino a la comprobación del escaso vigor de la economía del Reino Unido, lo cual espolea analíticamente a Keynes tanto en el diagnóstico de las razones explicativas como en la búsqueda de soluciones. Las principales responsables de la situación.económica del segundo lustro de la déca­ da eran, como Keynes reitera una y otra vez, las condiciones en que se restauró el patrón oro en 1925. Una de las razones que indujeron a decidir la fórmula del retorno fue la utilización del índice de precios al por mayor: "No creo que Gran Bretaña hubiera retor­ nado en 1925 al patrón oro con la paridad de la preguerra si no hubiera sido por el hábi­ to de considerar los precios al por mayor como un indicadorsatisfactorio del poder gene­ ral de compra'' (1930, V, pág. 79; pág. 95 en la presente edición). La trascendencia de la cuestión en la experiencia concreta inglesa explica que dedi­ que el Libro II, "The Value of Money", al análisis del poder de compra del dinero y, sobre todo, se detenga en el comportamiento a largo plazo del índice de precios al por mayor Y del índice de los precios de consumo, que es el que realmente expresa el poder de compra monetaria: "Por poder de compra del dinero entendemos el poder para com- INTRODUCCIÓN XIX bienes bienes :y'st�icids éf ctiy'á-IJd:qfusición, con el propósito de consumirlos, los individuos de una comunidad determinada gastan sus ingresos monetarios" (ibídem, pág. 48; pág; 6} e11 la pr;::�egte.. 7 dición). Keynes re2l;ina; ya enio·�1ibores de la Gran Depresión, relanzar la economía del Reino Unido, remisa a incorporarse a la expansión general, y hacerlo relajando la polí­ tica monetaria sin temor a que se produzcan tensiones inflacionistas, proponiendo una mayor beligerancia del Estado en el programa de inversiones que asegurara la utilización imerna del aumento de los recursos financieros, para que la bajada del tipo de interés no se tradujera en un aumenco de los préstamos al exterior. Con el esquema del Tratado, Keynes caracteriza entonces la situación con relación a la probable aparición de tensio­ nes inflacionistas: "Pero no toda creación de crédito significa inflación. La inflación sólo se produce cuando intentamos, como hicimos durante la guerra y después, cúntinuar expandiendo nuestras actividades después de que no existiera desempleo y nuestro aho­ rro estuviera colocado en su imegridad" (1929, IX, pág. 117)6• Existía entonces un mar­ gen amplio para promover el crecimiento de la actividad y del empleo sin inflación: Queda mucho por superar de la inactividad defiacionisra anees de que pueda haber el más pequeño peligro de que una política de desarrollo lleve a ia inflación. Agitar el fantasma de la inflación como una objeción a invertir en el momento actual es como advertir de los peligros de una corpulencia excesiva a un paciente exhausto (ibídem, págs. 117-118). 2. La Gran Depresión 2.1. Primeras impresiones de Keynes Los primeros años de la Gran Depresión fueron para Keynes de gran actividad. Desde el punco de vista de sus publicaciones, en octubre de 1930 apareció el Tratado sobre el dinero y en 1931 los Ensayos de persuasión, que recoge una selección de lo que consi­ dera más interesante de sus aportaciones anteriores. En el Tratado apenas se alude a la situación industrial, puesto que el objeto central de su análisis es la variación del nivel de precios y los mecanismos de control monetario; en los Ensayos las referencias indus­ triales son, asimismo, mínimas. Sin embargo, las alusiones de Keynes a la situación eco­ nómica del Reinó Unido se harían explícitas en su colaboración para el Comité Mac­ millan y el Comité de Economistas7• En el primero, el propósito de Keynes era que los [6] "Can Lloyd George do it?". (1929, IX, págs. 86-125). [7] El Comité Macmillan se constituyó el 5 de noviembre de 1929 y su primerareunión fue el día 21 del mismo mes. Cele­ bró un toral de cien reuniones hasta mayo de 1931. El Informe se publicó en junio de 1931. El Comité de Economistas se creó en el seno del Economic Advi­ sory Council como un grupo de
  • 10. XX INTRODUCCfóN ,,,-,-�:,::,:·-::_;.:,,-�: C /:;,_:c''.::L-�·: funcionarios, los banqueros y los economistas revisaran SÚS prih2"ipios de. ción a la luz dé la nueva situación; en el caso del Comité de Economistas, el objetivo fun­ damental era impulsar al gobierno a la acción (Skidelsky, 1992, pág. 363). La Gran Depresión fue un fenómeno de gran trascendencia y su análisis conectaba con las capacidades de Keynes_ En efecto, se trataba, en primer lugar, de una convulsión de alcance mundial aunque tuviera como epicentro los Estados Unidos y, en segundo tér­ mino, el origen del cataclismo y sus efectos difusores eran de naturaleza financiera. La Gran Depresión abrió una etapa de miedo y oscuridad en el mundo occidental, 'como ha descrito Patinkin (1977, pág. 3) con dramatismo y brillantez: una depresión que aparece como la fuerza de un mal misterioso que paraliza las economías y provoca el sufrimiento del desempleo sobre.míllones de seres humanos; una fuerza maligna que nadie sahe cómo superar. En la desesperación;.)tgunos países incluso cayeron en poder de gobierüos totalitarios en un intento de combatir el desastre, y en las naciones que rechazaron esa tentación existía el sentimiento de que ta comprensión científica áei fenó­ meno del desempleo masivo suponía, no sólo una contribución intelectual, sino afron­ tar d_problema más crítico que amenazaba a la civilización occidental. Ésta era la dimen­ sión del problema que Keynes hubo de afrontar. Como ha señaladoSamuelson, aunque Keynes hizo mucho por la Gran Depresión, no esmenos cíerto que la Gran Depresión hizo también mucho por él. Le proporcionó un desa­ fío, un drama, una confirmación experimental. Keynes fue percibiendo gradualmeme en los meses siguientes a la caída bursátil de 1929 la gravedad e implicaciones económicas de la crisis financiera, así como algunas de las razones fundamenrnles que la habían provocado, pero fue completando y madurando su análisis con el paso del tiempo; por eso Skidelsky (1992, pág. 379) califica de liviana la reacción inicial de Keynes ante la Gran Depresión. En sus primeros análisis, Keynes utiliza las ideas del Tratado sobre el dinero. No se plantea que la depresión tenga sus raíces en el exceso de inversión del período prece­ deme sino en el déficit inversor de 1929; la depresión se inicia, a su juicio, por la erró­ n�á política re.strictiva de la Reserva Feder�l; una vez en marcha la intensifican los propios mecanismos acumulativos de los mercados financieros. En el Tratado sobre el dinero, Keynes sintetiza la secuencia de efectos: De esta forma atribuyola depresión de 1930, en primer término, a los efectos desa­ lentadores sobre las inversiones del largo período de dinero caro anterior al colapso del mercado de acciones y sólo, en segundo lugar, al colapso en sí mismo. Pero una vez que éste se produjo, la situación s� agravó especialmente en los Estados Unidos, al oca- destacados especialistas en eco-· nomíá, entre los cuales destaca­ ban¡ Pigou, Robbins y Robert­ son, que elaboraron un informe en los meses de septiembre y octubre de 1930. Sobre el tra­ bajo y las discusiones del Comi­ té es fundamental el trabajo de How'son y Winch (1977). Para el lector interesado en las dife- rencias teóricas que subyacen en las discrepancias respecto a las medidas que adoptar resultan especialmente interesantes las páginas 56-71 de la obra citada. INTRODUCCIÓN XXI sionar 1.!Ila desinversión en capital circulante. Al mismo tiemp6,'.tainbién se promovióti;,:.:�; una deflación de beneficios por las dos vías de la reducción de la inversión y del aumen- to del ahorro. El pesimismo y la armósfera de desánimo que produjo el colapso del mer- cado afectaron negativamente a las empresas y redujeron la rasa de interés natural; en tanto que la pobreza "psicológica" originada por la b�jad _:1 de las cotizaciones ?:�ba­ blememe incrementó el ahorro (1930, VI, pág. 176; pag. )04 en la presente, ed1c1on). . En los primeros meses, Keynes percibe la gravedad de la perturbación, pero la_ con­ �idera un accidente temporal. En dos artículos publicados a finales de 19�08 comienza ��n un piírrafosignificativo: "El mundo ha tardado en dar�e cuenta de �u: hemos est_a­ d viviendo este año a la sombra de una de las mayores catastrofes econorrucas de la h1s­ t:ria moderna [...J. Esto es una pesadilla que habrá pasado cuando llegue la mañana_ Porque los recursos �e la naturaleza y los conocimientos humanos son tan fecundos Y productivos como eran antes" (1930, IX, pág. 126); _.· , . , El problema era de carácter internacional, pero esta no era la u�1ca :ªz?n por la que se había impuesto la inactividad. Existía otro motivo: alfaltar un d1agnost1co ce��ero de lo queacontecía, no se sabía qué tipo de acción emprender. _Por esto, muchas personas ·pensaban que "lo más útil que podemos hacer es ahorrar mas de lo usual, lo que en las presentes circunstancias, desafortunadamente, es un,,com�leto erro_r- Es completamente dañino y descaminado, lo más opuesto a la verdad (19.,1, IX, pag. 137). De m�nera ·gue, aconseja Keynes, el patriotismo de las amas de casa debe _ ría d�m�s:rarse mediante el consumo. El paciente, la economía, no necesita des�a_nso sm� :Jerc1c10 Y, por _ ell?, a nivel nacional lo que hay que emprender·es una amb1c1osa pohtica d�_ obras pubhc�s pata dar trabajo y aumentar el bienestar. Existe C¡i?��idad �e produccmn, laproduct1- yidad ha aumentado y es preciso adoptar una pos1c10n activa -aconse¡a Keynes- Y no c;lejarse dominar por d desaliento: "Tened confianza, est�mos sufr�endo la crisis de cre- 2ímlento de la juventud, no el reumatismo de la vejez" (ibídem, pag. 141)9• ·:·: .__En la primavera de 1931 se advierten en los escritos de Keynes señales inequív�cas 4e que considera ésta como una depresión muy especial,_ en la que los :fectos negativos " p ueden _durar mucho tiempo- En dos ocasiones, en abnl, se p _ ronu_:1c1a Keynes por la posibilidad de que la situación pueda prolongarse durante van�sanos a 1:1�?os que se encuentre una explicación satisfactoria de lo que sucede y se actue con dec1s1on_ Keynes es plenamente consciente de que algunos componentes del Comité Macmillan aceptan · 'in'ejor sus planes de actuación que la teoría del Treatiseexpuesta como soporte de los mismos (1931, :XX, pág_ 272)1º. Para Keynes es esencial comprender lo que sucede Y [8] "The Great Slump of1930". Nation & Athenaeum, 20 y 27 de diciembre de 1930. lnciuido en Ensayos de persiiasión. [9] Este mensaje de ánimo re­ produce casi literalmente las manifestaciones optimistas áe la conferencia de Madrid de junio de 1930 (1930, IX, pág. 321). [rn] Commenrs on Mr_ Brand's Memorandum on.the Need for a BridgingChapter_ 7de:abrilde 1931 (XX, págs. 272-274).