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UN ESCENARIO PARA
EL LIBRO DE MORMON
EN LA
AMERICA ANTIGUA
John L. Sorenson
Prólogo
En 1964 Gordon H. Fraser publicó esta declaración
con cinismo: “el hecho de que el Libro de Mormón
esté desprovisto de cualquier contenido literario,
historia creíble, biografía, romance o enseñanza ética,
es garantía de que no será leído o analizado de manera
concienzuda; por lo tanto no hay peligro de que el
lector medio, al estudiarlo, llegue al punto de tener una
opinión sobre su credibilidad.”
El libro que está ahora en sus manos demuestra el
error y los prejuicios de la triste valoración de Fraser.
Aquí hay una historia consistente. Aquí están los
resultados de una lectura cuidadosa. Aquí hay una
información creíble que sitúa al Libro de Mormón en
el entorno del Nuevo Mundo de la antigüedad.
Este libro ha estado en preparación muchos años y
perdurará durante años. Se requerirá su lectura a todos
aquellos interesados en la antigüedad del Libro de
Mormón. Aquellos que hagan observaciones acerca de
la historicidad de los registros que se encuentran en el
Libro de Mormón de ahora en adelante o son unos
irresponsables o no están informados o ignoran la
presente obra del doctor Sorenson.
Así como este estudio será fundamental para las
investigaciones futuras, también es el producto de la
tendencia, de las últimas tres décadas, hacia un estudio
serio del Libro de Mormón. Muchos de los que lean
este libro pueden apreciar lo lejos que han llegado
estos estudios.
Durante estos años, se han tomado diferentes vías
para investigar sobre el Libro de Mormón. Algunas
han sido apologéticas, hostiles, polémicas o eclécticas.
Algunas han representado al Libro de Mormón como
una prueba de la autenticidad, fecundidad y poder de la
Restauración bajo el liderazgo del profeta José Smith.
Eruditos santos de los últimos días, como George
IX
PROLOGOX
Reynolds y B. H. Roberts, han sugerido la necesidad
de un examen sincero y sistemático de los libros
seculares relevantes, pero ellos no podían prever
cuándo se llevaría a cabo un trabajo serio histórico y
analítico.
El surgimiento de metodologías histórico-críticas en
los estudios bíblicos (lo que una vez B. H. Roberts
llamó “colgar grandes pesos con hilos finos”) trajo
consigo técnicas para examinar el lenguaje y la
composición de las escrituras hebreas antiguas, y se ha
probado que éstas son efectivas a la hora de examinar
los textos del Libro de Mormón. El sorprendente
descubrimiento de documentos como los rollos del
Mar Muerto también invitó a los especialistas santos
de los últimos días a comparar el material que nos da
el Libro de Mormón con las prácticas de otros pueblos
religiosos antiguos. Sidney B. Perry adoptó la línea
lingüística; él dijo a menudo que, sólo basándose en
sus conocimientos del hebreo, sabía que el Libro de
Mormón no podía haber tenido su origen
exclusivamente en el siglo XIX. Durante algunos años,
el curso que dio en la Universidad de Brigham Young
sobre “El comportamiento y las costumbres hebreas”
examinó caso por caso la narrativa del Libro de
Mormón, demostrando que el libro tenía origen
hebreo. Hugh W. Nibley y M. Wells Jakeman, mientras
tanto, examinaban el contexto. Jakeman elaboró un
marco donde el Libro de Mormón encajaba, en
términos de la tradición mesoamericana, mientras que
el profesor Nibley siguió la pista, con sorprendente
perspicacia, a enormes cantidades de materiales
históricos que encuadraron al libro en la época y en el
emplazamiento en el que declaraba estar escrito.
Pero Nibley no hizo ningún esfuerzo por precisar
conexiones con el Nuevo Mundo. “¿Que hay de las
extraordinarias ruinas de América Central?”,
reflexiona. “Hasta que los que estudian esa área
puedan llegar a un acuerdo entre ellos mismos en lo
PROLOGO XI
que respecta a lo que han encontrado, el resto de
nosotros no podemos muy bien comenzar a sacar
conclusiones.” Ahora bien, tanta precaución puede
revelar posibilidades concretas. Con el planteamiento
del doctor Sorenson, ha comenzado en serio el proceso
de entrever un contexto geográfico y arqueológico
explícito. El presenta un modelo de marco verosímil
para el Libro de Mormón en la América antigua. Este
modelo presta atención a los detalles que se han dado
en las descripciones de las tierras del Libro de
Mormón, de los movimientos en las batallas, de las
ciudades construidas y abandonadas, y de los datos
geográficos. Sugiere que las tierras altas de Guatemala
son buenas candidatas para ser la tierra de Nefi, que el
istmo de Tehuantepec cumple todos los requisitos para
ser la estrecha “lengua de tierra,” y que otros cientos
de hechos encajan en su lugar cuando se lleva esta
teoría a sus conclusiones lógicas. Este es un modelo y
una hipótesis para que la consideren otros especialistas
mormones y no mormones. A diferencia de muchos de
sus predecesores, el doctor Sorenson insiste en que
este modelo no se debe considerar sacrosanto. Invita a
hacer consideraciones críticas a la vez que
corroborativas.
¿Cómo lo hace? Dicho en pocas palabras, hace más
preguntas que da respuestas. No deja piedra por mover.
Sopesa sus palabras meticulosa y cuidadosamente. En
cada hoja le esperan al lector grandes sorpresas e ideas
que merecen la pena. Hace preguntas como: “¿Quiénes
eran esos pueblos, en términos arqueológicos?” “¿Qué
apariencia pudieron haber tenido?” “¿Quiénes eran sus
vecinos?” “¿Cuántos nefitas había allí?” “¿Cómo
vivían, comían, hablaban, trabajaban y luchaban?”
Luego encuentra respuestas plausibles para estas
preguntas haciendo corresponder datos específicos
fiables, provenientes de estudios arqueológicos y
antropológicos sobre Mesoamérica, con todo el
espectro de información cultural e histórica que se
PROLOGOXII
encuentra en el Libro de Mormón. Este enfoque es
panorámico y estimulante; ve cosas que,
sencillamente, no se han visto antes.
Una buena pregunta vale tanto como media
respuesta; sin embargo, una buena respuesta hace
surgir todavía más preguntas. Este libro nunca ha
caído en el error de pretender que una confirmación es
una “prueba” definitiva. Lo más que puede conseguir
un enfoque científico dentro de su terreno, como en
cualquier otro, es lograr un grado de probabilidad.
Está claro que este libro lo hace de manera plausible,
aunque (ineludiblemente) todavía quedan preguntas.
Así la dimensión religiosa queda “entre paréntesis”,
por muy interesantes que resulten estos estudios para
usos apologéticos. En su favor, John Sorenson es
extremada y consistentemente consciente de estas
limitaciones.
Un Marco Geográfico para el Libro de Mormón en
la Antigua América, escribe, por primera vez, la
historia cultural y natural de Nefi en el contexto de la
realidad del hemisferio americano. Aunque siempre
puede que haya resistencia y controversia en torno al
Libro de Mormón, aquí hay una invitación consistente
para continuar las investigaciones y su comprensión.
No se puede rechazar el libro como lo hace Fraser, con
un manotazo de menosprecio.
Leonard J. Arrington
Truman G. Madsen
John W. Welch
Prefacio
El conocimiento que contiene este libro habría
tardado más tiempo en aparecer y tenido alguna otra
forma sin la insistencia y ayuda de algunas personas en
particular. Para 1974, yo llevaba veinticinco años
trabajando en la relación entre el Libro de Mormón y
los datos geográficos y culturales de Mesoamérica,
pero me sentía poco proclive a imponer mis opiniones
al público o a mis colegas. David A. Palmer me
insistió por entonces para que preparara un escrito
explicando y documentando mi opinión; se ofreció a
hacerlo circular privadamente para que un grupo
selecto lo analizara, junto a un artículo que adoptara
una posición diferente. A partir del intercambio de
comentarios, Palmer y otros se convencieron de que mi
material debía conocerse mejor, así que persuadió a
miembros del personal de varias oficinas de la Iglesia
de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días para
que me escucharan. En el otoño de 1975 nos reunimos
una tarde por semana, en Salt Lake City, y presenté
con cierto detalle una versión de lo que está en este
libro.
Jay Todd, director administrativo de la Ensign, que
participó en aquellas sesiones, me invitó a preparar
una serie de artículos para la revista general de la
Iglesia. El y su personal (principalmente Lavina
Fielding Anderson y Lane Johnson) trabajaron
extensamente para mejorar lo que yo producía. Sin la
continua fe del director Todd en la importancia de
nuestro proyecto, yo no habría persistido. Pero no fue
sino hasta 1983 cuando nuestros intentos de que el
material estuviera expresado en condiciones aceptables
para su publicación en la Ensign llegaron a término sin
éxito. Para entonces unas 1.500 fotocopias de una
versión anterior del libro llevaban circulando entre
XIII
PREFACIOXIV
personas que habían sabido de él por medio de sus
amigos. Parecía claro que su publicación como libro
satisfaría una amplia necesidad.
La Fundación para la Investigación de la
Antigüedad y Estudios Mormones1
se decidió en 1983
a publicar el libro. John Welch y Kirk Magleby han
sido acérrimos partidarios de esta decisión y han
allanado considerablemente el camino. A otros hay que
agradecer el haber puesto las bases para la entusiasta
participación de la Compañía de Libros Deseret2
como
editora junto a F.A.R.M.S.
Sería imposible reconocer expresamente a todos los
que debería dar gracias pero sobresalen algunos:
George Reynolds por A Complete Concordance of the
Book of Mormon3
, una valiosa herramienta de trabajo;
Tom Ferguson, por proporcionarme mi primera
experiencia sobre el terreno en Mesoamérica; Hugh
Nibley, por su ejemplo de paciencia e integridad que
me impulsó a no cejar en esta tarea por otras menos
importantes; Ben Alexander, que me enseñó la
importancia de concebir lo inconcebible; mis amigos,
que me han proporcionado el prefacio; los editores,
incluyendo Don Norton y Jack Lyon, por obligarme a
decir lo que yo quería expresar; Kathryn, mi mujer,
que falleció posteriormente, porque nunca se quejó del
tiempo que me costó; y a los arqueólogos, benditos
sean, que siguieron excavando bajo condiciones
absurdas en las que personas más racionales hubieran
optado por la comodidad. Tom Peterson y Steve
Gordon prepararon valiosos mapas, y Gary Gillum
hizo los índices. Si hay fallos en el libro, son
indudablemente debidos a mis propias limitaciones, no
a las de otros. Naturalmente, las opiniones que se
1.-Foundation for Ancient Research and Mormon Studies
(F.A.R.M.S.) (N. del T.).
2.-Deseret Book Company (N. del T.)
3.-”Una Concordancia Completa del Libro de Mormón”(N. del T.)
PREFACIO XV
expresan son estrictamente mías y no pretenden
representar las de la Universidad de Brigham Young,
donde yo trabajo, las de la Iglesia de Jesucristo de los
Santos de los Ultimos Días, la Fundación para la
Investigación de la Antigüedad y Estudios Mormones
ni las de la Compañía de Libros Deseret.
Todas las ganancias por los derechos de autor de la
venta del libro irán a la Fundación para la
Investigación de la Antigüedad y los Estudios
Mormones, para que continúe su investigación de las
escrituras.
Introducción
El Libro de Mormón formó parte de mi ambiente
cultural general mientras crecía en el valle Caché en
Utah, algo que se me había dado de manera tan
incuestionada como las montañas que se encontraban
al este de mi casa. Durante mis primeras clases
universitarias (de ciencias), la guerra, y mi misión en
Polinesia, todo lo cual me mantuvo ocupado la década
de los cuarenta, el libro simplemente estaba allí, como
punto de referencia y fuente de inspiración en la que
tenía una incuestionable confianza. Ni entonces ni más
adelante tuve que preguntar: ¿es este libro cierto?
Nunca pedí apoyo externo para mi confirmación
privada, de la cual ya disfrutaba.
Cuando llegué a la Universidad de Brigham Young
en 1949 con mi mujer y un hijo, había decidido sin
ningún motivo racional dedicarme a los estudios
arqueológicos. Durante los próximos tres años los
profesores Jakeman, Nibley, y Sperry me hicieron
entender que el Libro de Mormón no era sólo una
fuente de información religiosa sino también un
desafiante acertijo intelectual e histórico. Llegué a
verlo como un documento tan sutil y complejo que
prácticamente pedía ser analizado y entendido en
diferentes términos. Mientras profundizaba mis
conocimientos sobre arqueología, historia e idiomas,
cientos de preguntas atrajeron mi atención, preguntas
que las disciplinas académicas que yo estaba
comenzando a investigar prometían poder responder
algún día.
Los años que transcurrieron me condujeron a
muchos otros intereses aunque continué fascinado por
muchas de aquellas preguntas. Desde entonces, miles
de días de detenida investigación han disciplinado mi
inicial ingenuidad, pero no importa que otra cosa
desvíe mi atención, siempre termino volviendo al
XVI
INTRODUCCION XVII
mismo asunto, haciéndome eco del acertado consejo de
Thoreau: “Haz lo que quieres, reconoce tu propio
hueso; róelo, entiérralo, desentiérralo y sigue
royéndolo.”
El hueso que he estando royendo durante estos años
ha sido “¿Cómo sucedieron los hechos que se narran
en el Libro de Mormón?”. En vez de probar de alguna
manera que esos hechos ocurrieron realmente, lo que
me ha preocupado ha sido la complejidad de su
historia: el intrincado proceso humano e histórico que
es el telón de fondo de su mensaje espiritual principal.
Y cada vez que volvía al relato una y otra vez, incluso
después de décadas de investigación, encontraba que el
libro ganaba en amplitud y profundidad de significado,
al mismo tiempo que yo ganaba en perspectiva cultural
e histórica sobre las vidas de las personas que el libro
describe. En resumen, he podido obtener algún
conocimiento del contexto que Brigham Young nos
instó a conseguir respecto a las escrituras: ¿Leeís las
escrituras, hermanos y hermanas, como si las hubierais
escrito hace mil, dos mil, o cinco mil años? ¿Las leeís
como si estuviérais en el lugar de los hombres que las
escribieron? Si no os sentís así, tenéis el privilegio de
hacerlo.”4
Este tipo de conocimiento del contexto
requiere más que el mero estudio del texto como
escritura, ni es suficiente tampoco el estudio erudito de
su geografía. Son necesarios ambos conjuntamente.
Entender cómo eran los nefitas y jareditas, sus lugares
de asentamiento, lo que comía la gente, cómo
pensaban, las fuerzas que moldearon su historia, nos
ayuda a entender más claramente lo que dijeron sus
profetas
Algunos lectores del libro no parecen conceder
importancia al conocimiento del contexto; otros lo
consideran imposible. Para mí, la Biblia es un ejemplo
4.- John Widtsoe, ed., Discourses of Brigham Young (Salt Lake
City: Deseret Book Co., 1941), pág. 128.
INTRODUCCIONXVIII
en este aspecto. Los eruditos de la Biblia han aclarado
ese texto de escritura; mostrando la interacción entre
las influencias divinas y humanas y estableciendo la
Biblia como un registro aún más profundo, porque está
afianzada en una compleja realidad temporal, espacial
y de comportamiento. Yo he intentado buscar lo mismo
en Lehi, su pueblo y su libro.
La tarea de establecer un marco geográfico real para
el Libro de Mormón es enorme y desafiante. Las
investigaciones de algunos santos de los últimos días y
de otros durante los últimos 40 años han hecho posible
que conozcamos bastantes detalles concretos sobre la
Jerusalén desde la cual Lehi condujo a su familia; en
nuestra imaginación ahora podemos seguir a su grupo a
través de una hilera de campamentos a lo largo del Mar
Rojo en la Península Arábiga y cruzar hacia una
determinada “Tierra de Abundancia” en la costa de
Hadhramaut.5
Pero desde el momento en que el grupo subió al
barco de Nefi e inició su viaje hacia el Océano Indico
perdemos esa sensación de solidez. Después de
desembarcar en el Nuevo Mundo, se encuentran en
“algún lugar” impreciso. Hasta hace poco, pasados 150
años desde que el registro nefita fue publicado por
primera vez por José Smith, habíamos descuidado fijar
la situación de una sola ciudad, identificar con
seguridad aunque sólo sea una ruta por la que
atravesara el pueblo del que trata el libro, o bosquejar
una imagen creíble de cualquier porción de su vida en
su tierra prometida de América. En varios aspectos, el
Libro de Mormón sigue siendo un libro sellado para
nosotros, porque no hemos trabajado lo necesario para
situarlo en su marco geográfico.
5.- Lynn Hilton y Hope Hilton In Search of Lehi´s Trail (Salt
Lake City: Deseret Book Co., 1976)
INTRODUCCION XIX
De hacer esto se derivarían principalmente dos
ventajas. Primero, los mismos santos de los últimos
días podrían comprender con mayor fuerza el mensaje
de este libro de escritura, porque los acontecimientos y
personajes resultarían más creíbles. Las vidas y
palabras de sus principales protagonistas tendrían un
impacto más vivo en nuestra conciencia si se pudiera
sacar a esos individuos de esa tierra indefinida y
representarles como personas de carne y hueso igual
que nosotros. Segundo, se podría transmitir la
importancia del libro con mayor fuerza a otros, los
cuales ahora se mantienen a distancia del Libro de
Mormón, juzgando que le falta realidad y consistencia.
La apatía de los Santos nos puede privar de ambos
beneficios. Algunos de ellos dicen que realmente no
necesitamos más explicaciones ni aclaraciones de una
escritura que ya tenemos, que tenemos suficiente guía
con el Espíritu. Estoy bien acompañado -por personas
cómo José Smith o Brigham Young- en la creencia de
que nuestros esfuerzos por esclarecer el significado de
las escrituras pueden ayudar a los propósitos de Dios.
Cuan irónico resultaría si los propios santos de los
últimos días rechazaran el obtener más luz y
conocimiento sobre el registro nefita, en efecto,
parafraseando 2 Nefi 29:6 así: “Un Libro de Mormón,
tenemos un Libro de Mormón y no necesitamos saber
nada más que la doctrina del Libro de Mormón.” ¿No
deberíamos utilizar todos los medios a nuestro alcance
para clarificar y ampliar este volumen de escritura para
que su mensaje pueda alcanzar a toda persona, y
especialmente a nosotros mismos, con el máximo
impacto?.
Necesito poner en claro algunas de mis intenciones
y supuestos. El primer punto es que este trabajo no se
compromete a probar la veracidad del Libro de
Mormón. Mientras avanzamos veremos que los
sucesos y circunstancias que se encuentran en el libro
tienen paralelo en muchos, y a menudo notables,
INTRODUCCIONXX
aspectos que nos cuentan de la América Antigua
nuestras fuentes arqueológicas e históricas. Pero no
puede haber una prueba segura con estos paralelismos;
una porción de ellos no podría establecer
inequívocamente este libro como un auténtico
documento precolombino, ni el no conseguirlos lo
refutaría. Hoy en día, la mayor parte de los filósofos
están de acuerdo en que nunca se pueden obtener
resultados definitivos por este método. Diversos
lectores juzgaran de diferente modo los materiales y
argumentos que se presentan más abajo. Aquellos que
ya están inclinados a aceptar llegarán a la conclusión
de que estos paralelismos constituyen una abrumadora
evidencia de que el Libro de Mormón es un auténtico
registro antiguo, mientras que mentes más escépticas
achacarán los mismos paralelismos a datos
equivocados, a una serie de malinterpretaciones por mi
parte, o a una mera coincidencia. Repito que mi
intención no es poner “a prueba” el Libro de Mormón
llevándolo fingidamente al banquillo de la ciencia. No
puede haber un Tribunal Supremo en este asunto. Cada
individuo tiene que emitir su propio juicio. El propio
libro insiste en que debe ser puesto a prueba por cada
lector: “...quisiera exhortar a que preguntéis a Dios ...
si no son verdaderas estas cosas; y ...él os manifestará
la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo”
(Moroni 10:4).
¿Presento yo entonces una hipótesis para que sea
examinada científicamente? La idea misma resulta
anticuada. Los científicos nunca harían este tipo de
cosas de la manera fría y “objetiva” que a muchos
profanos se les ha dado a entender, excepto, quizás, en
algunos asuntos menores y sin interés. Nadie examina
nunca “todas” las pruebas de ningún asunto porque hay
mucho por descubrir o controlar. De cualquier modo
los propios sentimientos y presuposiciones del
investigador, especialmente en un asunto como éste,
entran a formar parte de la manera de expresarlo, así
INTRODUCCION XXI
que la objetividad definitiva es del todo imposible. Mi
tarea ha estado más cerca de lo que Michael Polanyi
describe en su libro Personal Knowledge6
. El sostiene,
de forma persuasiva, que los intereses y convicciones
de los investigadores dan forma poderosamente a toda
investigación. Por supuesto que mis puntos de vista
subjetivos acerca del Libro de Mormón y del área
cultural con la que lo compararé han influido en lo que
he escrito aquí. Sin un vivo interés en ambos, el área y
el libro de escritura, nunca habría invertido el
considerable esfuerzo que lleva incluso sólo hacer la
comparación. “Un hombre no aprende a entender nada
a menos que lo ame”, afirmó Goethe. Mi deseo de
entender el libro y su emplazamiento geográfico
inevitablemente da color a todo mi trabajo, afectando a
ambos. Pero probablemente esto mismo es verdad en
cualquier científico o erudito que trabaja en un
problema complejo, tanto si se trata de desarrollar una
nueva variedad de arroz o de reconstruir la historia de
los judíos.7
Pero los sentimientos fuertes no deben
quitar mérito a una disciplinada investigación.
La comprensión exige algo más que una celosa
preocupación o incluso una extensa investigación.
También requiere disciplina. Yo he intentado ser
disciplinado en lo que respecta a los muchos y
relevantes hechos que he podido ir comprendiendo
acerca de la geografía de Mesoamérica y del mismo
volumen de escritura. He renunciado a muchas
atractivas preconcepciones a la vista de evidencias
contrarias o de escasez de datos. Por otra parte, es
6.-”Conocimiento personal” (N. del T.). Michael Polanyi,
Personal Knowledge: Towards a Post-Critical Philosophy (Chicago:
University of Chicago Press, 1958).
7.- El profesor Cyrus Gordon, hace veinticinco años, señaló que la
“energía y el vigor necesarios para dominar un conjunto complejo o
fuentes difíciles” dependen de algún compromiso más allá de la
abstracta ciencia o erudición. Introduction to Old Testament Times
(Ventnor, New Jersey: Ventnor Publishers, 1953), p. v.
INTRODUCCIONXXII
esencial un escepticismo saludable sobre el
conocimiento de uno mismo. Yo soy escéptico de que
alguna vez pueda llegar a comprender todo lo que
determinado texto dice. Tengo aún más dudas de que
ni yo mismo ni otros podamos comprender
enteramente los hechos científicos e históricos que
parecen incidir en el texto.
A pesar de todas estas reservas, he llegado ya al
punto donde parece que merece la pena compartir con
otros lo que sé. Concretamente, he desarrollado un
cuadro o modelo de cómo se desarrollaron los hechos
que se describen en el Libro de Mormón. Este es un
modelo plausible. Esto significa que el emplazamiento
geográfico que se describe podría ser razonable tal
como yo lo represento. Este modelo funciona como
una pequeña réplica de un aeroplano o una máquina de
vapor, en el sentido de que unidas las partes, encajan,
explicando punto por punto aspectos del Libro de
Mormón que de otro modo parecerían inexplicables.
Algunas personas comentan: “Pero no puede estar
seguro, todo lo que tiene es una teoría, ¿no es así?”
Bien, si aparece una persona con, digamos, un nuevo
modelo de “maquina voladora,” la mayoría de
nosotros, sabiamente, pediríamos una demostración.
Una vez que hubiéramos visto al aparato despegar, dar
varias vueltas y aterrizar con seguridad, y después de
haberle hecho, nosotros mismos, dar varias vueltas con
éxito, lo tomaríamos en serio. Llamen a esto teoría si
quieren, pero si mi modelo funciona -el modelo de
cómo los hechos que relata el Libro de Mormón
ocurrieron en un determinado tiempo y lugar en la
América antigua- cualquier persona debería tomarlo en
serio. De esta manera el resto de este libro presenta un
sistema coherente y plausible de interpretación del
Libro de Mormón en términos geográficos, históricos
y culturales específicos.
¿Estoy satisfecho con los resultados, después de
tantos años de estudiar este tema? No, todavía quedan
muchas preguntas; cualquier persona debería estar
deseosa de corregir la debilidad de sus puntos de vista
una vez que le son señalados. Ciertamente estoy
ansioso de hacerlo. A la larga, sólo la verdad
permanece.
Este libro en particular está escrito principalmente
para un público: aquellos que están deseosos de
aprender más verdad acerca del Libro de Mormón y la
América Precolombina. Mi selección del material y mi
presentación están pensadas para ayudar a estos
lectores a seguir adelante con la tarea. He edificado
sobre la base del trabajo de muchos en el pasado,
cuyos esfuerzos yo respeto. Mi experiencia personal en
cuanto a las disciplinas que tratan de la vida en la
antigüedad me confirma que la motivación de los que
trabajan en estos campos es la búsqueda de la verdad.
Los Santos de los Ultimos Días que han estudiado las
escrituras han realizado también contribuciones
vitales. Reconozco con gratitud ambas fuentes. Las
extensas notas a pie de página son, en parte, un tributo
a algunos de los que me han precedido. Estas mismas
son también una guía para aquellos que continuarán
con nuevas investigaciones, corrigiendo mis errores e
ignorancia. Puede que muchos en la próxima
generación, exploren detenidamente lo que se
encuentra al otro lado de las puertas que yo solamente
he entreabierto. Además estos apasionados
investigadores y potenciales colaboradores quizás sean
personas reacias, curiosas, o críticas que desean
también leerlo todo. Son bienvenidos, pero este
mensaje es principalmente para los apasionadamente
ambiciosos.
Más adelante se citan con frecuencia capítulos y
versículos del Libro de Mormón. El no leer estos
versículos nos inducirá a perder importante
información, sin embargo el que yo cite todos los
INTRODUCCION XXIII
versículos que están relacionados podría ser una
pesada carga para el lector. Lo que se proporciona
sirve, al menos, como punto de partida para el
investigador que quiera saber más. Lo mismo se aplica
a la literatura técnica citada. Todo lo que intento hacer
es proporcionar puntos tanto en las fuentes escriturales
como en las profesionales, a partir de las que una
persona puede comenzar a leer más, sin agotar las
referencias. Y si un tema se trata superficialmente en
el texto, no significa que no fuera tentador un
tratamiento más completo. Pero todos debemos
enfrentarnos con los mismos problemas, como se
lamentaba Herman Melville: "¡Oh, tiempo, dinero y
paciencia!”.
INTRODUCCIONXXIV
1
Trazando el Mapa del Libro de
Mormón
De forma preliminar a nuestra investigación,
debemos establecer donde se desarrollaron los hechos
del Libro de Mormón dentro del hemisferio occidental.
Deberíamos saber si ocuparon la totalidad del
continente americano. Si el escenario fue un territorio
restringido, entonces este hecho es esencial.
Equivocarnos en la geografía nos envolvería en un
conjunto de errores en cadena que inevitablemente
harían fracasar cualquier conclusión que sacáramos. Si
nosotros no supiéramos dónde, y naturalmente cuándo,
encontrar datos comparativos, podríamos también
tratar de dar luz al Libro de Mormón asumiendo su
emplazamiento en España o en Siberia.
¿Un mapa autorizado?
Algunos Santos de los Ultimos Días se enfrentan a
problemas como el de la geografía del Libro de
Mormón recurriendo automáticamente a los líderes de
la Iglesia para encontrar respuestas. Parece apropiado,
entonces, comenzar preguntandonos si la geografía del
Libro de Mormón ha sido determinada por estos
líderes o no.
Las fuentes históricas no nos indican que entre las
instrucciones que Moroni dio a José Smith se incluyera
la geografía, ni tampoco José Smith declaró tener
inspiración sobre el asunto. Las ideas que él expresó
más tarde, acerca de la localización de los hechos de
los que se habla en el libro, aparentemente reflejaban
lo mejor de su opinión personal. Lo que parece la
primera interpretación consensuada de la geografía del
1
UN MARCO GEOGRAFICO2
Libro de Mormón de él y de sus asociados era amplia:
la tierra del sur era la totalidad de América del Sur, la
tierra del norte, el continente norteamericano. Un
indicador de esto es un registro manuscrito de 1836 de
Frederick G. Williams, que atribuye a José Smith la
declaración de que: “Lehi y su tripulación
desembarcaron en el continente sudamericano, en
Chile, a treinta grados de latitud sur.”1
Líderes de la
Iglesia como B. H. Roberts y John A. Widtsoe, ambos
críticos prudentes, vacilaron al aceptar el origen de la
declaración del profeta,2
sin embargo ciertamente no
sería sorprendente que el profeta haya sostenido
alguna vez este punto de vista, ya que otros primeros
miembros parecen haberlo creído.3
(Williams dijo más
tarde que la declaración sobre Chile le fue hecha a él
por un ángel en vez de por José Smith.)4
En vista del
hecho de que, con el tiempo, las ideas del Profeta
sobre otros temas maduraron, sus ideas sobre la
geografía del Libro de Mormón podrían haber
experimentado un cambio. En 1842, un editorial en el
periódico de la Iglesia Times and Seasons (del 15 de
septiembre, páginas 921-22) afirmaba que “Lehi...
desembarcó un poco más al Sur del Istmo de Darién
(Panamá).” José Smith había asumido seis meses antes
(pág. 710) la responsabilidad exclusiva por el
contenido del periódico, a pesar de que el editor oficial
1.- Franklin D. Richards y James A. Little, eds., Compendium
(Salt Lake City: Deseret News Press, 1886), p. 289.
2.- Brigham H. Roberts, New Witnesses for God, vol. 3 The Book
of Mormon, vol. 3 (Salt Lake City: Deseret News Press, 1926), pp.
501-3; John Widtsoe, “Is the Book of Mormon Geography Known?”
en A Book of Mormon Treasury: Selections from the Pages of the
Improvement Era (Salt Lake City: Bookcraft, 1959), pp. 128-29.
3.- Por ejemplo, la declaración de Oliverio Cowdery en Francis
W. Kirkham, A New Witness for Christ in America: The Book of
Mormon (Independence Missouri: Zion´s Printing and Publising Co.,
1942), p. 93.
4.- Nancy C. Williams, Meet Dr. Frederick Granger Williams ...
After One Hundred Years (Independence, Missouri: Zion´s Printing
and Publishing Co., 1951), pp.101-3.
TRAZANDO EL MAPA 3
era John Taylor. El lugar que se menciona es,
naturalmente, alrededor de tres mil millas al norte del
punto de Chile que menciona la cita de Williams.
En el plazo de pocas semanas apareció otro artículo
sobre geografía en el periódico. Un notable “best-
seller” de aquel tiempo era el libro de John Lloyd
Stephens Incidents of Travel in Central America,
Chiapas and Yucatán,5
publicado en 1841. En el
número de septiembre de 1842 se hizo una reseña
entusiasta del libro de Stephens, con extensos
extractos del fascinante relato, que describía las
maravillas de las ruinas mayas, por primera vez en una
fuente de lengua inglesa fácilmente accesible. Al
comentar el primer extracto, el anónimo escritor
afirmó que los nefitas “vivieron alrededor de la
estrecha franja de tierra, que ahora abarca
Centroamérica, con todas las ciudades que se
encuentran allí” (pág. 915). Dos semanas después el
escritor llegaba a una nueva conclusión:
Desde que nuestro “Extracto” del libro “Incidentes de
viaje” etc. del señor Stephens fue publicado, hemos
encontrado otro hecho importante relacionado con la
veracidad del Libro de Mormón. América Central, o
Guatemala, está situada al norte del Istmo de Darién y en
otro tiempo abarcaba varios cientos de millas de
territorio de norte a sur. La ciudad de Zarahemla,
incendiada en el tiempo de la crucifixión del Salvador, y
reconstruida más adelante, se encontraba en esta tierra.
El autor del artículo añadió, con frases pintorescas
pero con cautela digna de elogio,
5.- Incidentes de viaje por Centroamérica, Chiapas y Yucatán. (N.
del T.)
UN MARCO GEOGRAFICO4
No vamos a declarar categóricamente que las ruinas
de Quirigua (en Guatemala) son las de Zarahemla, pero
cuando la tierra, y las piedras, y los libros narran la
historia tan claramente, somos de la opinión, de que se
requerirían más pruebas de las que los judíos podían
aportar para probar que los discípulos robaron el cuerpo
de Jesús de la tumba, para demostrar que las ruinas de la
ciudad que nos ocupa no son las que se mencionan en el
Libro de Mormón.
No tenemos seguridad de que las declaraciones del
periódico fueran hechas por José Smith aunque él tenía
la responsabilidad editorial del mismo. Ni tampoco
podemos estar seguros mediante otra fuente de la
conclusión a la que llegó sobre el asunto. Tanto si el
profeta personalmente creyó que las tierras nefitas se
encontraban en Centroamérica o no, los líderes que se
asociaban diariamente con él sintieron que esta era la
mejor contestación a la pregunta “¿dónde?”. Incluso
podría ser más importante para los Santos de los
Ultimos Días darse cuenta de que ellos la consideraban
como una pregunta abierta, para ser meditada e
investigada, y ellos complementaban su estudio de las
escrituras con los mejores recursos del limitado saber
secular que les era accesible en aquel tiempo.
Veintitrés meses después de las afirmaciones del Times
and Seasons, murieron José Smith y su hermano
Hyrum. Los sucesos que se acumularon durante este
agitado periodo anterior al martirio del profeta, le
dejaron escaso tiempo libre para estudios de geografía.
Sin embargo, una afirmación de Orson Pratt, de 1848,
demuestra la continuidad de las ideas expresadas por el
Times and Seasons seis años antes. Los nefitas, dijo
Pratt, “habitaron las ciudades del Yucatán durante el
tiempo en que fueron atacados y expulsados de la
tierra del sur”,6
obviamente esto excluye a Panamá
como “la estrecha franja de tierra”.
6.- Millennial Star 10 (15 de Noviembre 1848): 347.
TRAZANDO EL MAPA 5
La preocupación principal de la siguiente
generación de Santos fue simplemente sobrevivir.
Cuando más adelante, durante el siglo XIX, se reavivó
el interés por la geografía del Libro de Mormón, los
líderes de la Iglesia tuvieron cuidado de no dejar que
se produjeran divisiones entre los Santos por esta
cuestión o que las opiniones se convirtieran en
dogmas. El Elder George Q. Cannon, una de las
fuerzas intelectuales de aquel tiempo en la Iglesia, dijo
en 1890:
Existe la tendencia, que se manifiesta con fuerza en
estos momentos entre algunos hermanos, de estudiar la
geografía del Libro de Mormón. ... Se pide a menudo a
los hermanos que dan discursos sobre las tierras de los
nefitas que preparen sugerentes mapas ilustrativos de la
geografía nefita, pero nunca deberían haber consentido
en hacerlos. Tampoco sabemos de ningún apóstol que
quisiera emprender tal labor. La razón es que, sin más
información de la que tienen, no están preparados ni
siquiera para sugerir [una solución]. 7
El presidente Joseph F. Smith, el presidente de los
setenta Anthony W. Ivins, y el apóstol John A.
Widtsoe se encontraban entre las autoridades que más
tarde afirmaron que la Iglesia no adoptaba ninguna
posición sobre las localizaciones específicas del Libro
de Mormón. El presidente Smith, por ejemplo, cuando
se le pidió aprobar un mapa “mostrando el lugar exacto
donde Lehi y su tripulación desembarcaron,” se negó a
hacerlo, alegando que el “Señor todavía no lo ha
revelado.”8
Elder Ivins advirtió en 1929, “Todavía no
se ha anunciado nada definitivo que resuelva
definitivamente la cuestión [de la geografía del Libro
de Mormón]. Así que la Iglesia dice, sí, estamos
simplemente esperando a descubrir la verdad.”9
Esta
7.- Juvenile Instructor 25 (Enero de 1890): 18-19.
8.- The Instructor 73 (Abril de 1938): 160.
9.- Informe de la Conferencia de Abril de 1929 (Salt Lake City:
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, 1929), pp.
15-66.
UN MARCO GEOGRAFICO
cautela ha sido la trayectoria que se ha seguido
consecuentemente desde entonces, dejando libertad
para que los individuos estudien y examinen el tema
sin poner a las autoridades en el compromiso de tener
que defender o refutar el punto de vista personal de
alguien.
Incluso en un resumen tan breve como éste, queda
claro que las autoridades de la Iglesia desde la época
de José Smith hasta ahora no han llegado a ningún
consenso, no han hecho ninguna declaración
autorizada, ni han informado de ninguna solución
definitiva a la cuestión de la geografía de Libro de
Mormón. Sin embargo, nunca les ha parecido un
problema insoluble, sólo difícil. Elder Widtsoe
pensaba que “a fuerza de un estudio diligente, con
oración, podemos llegar a comprender mejor la época
y los lugares de las personas que se mueven a través de
las páginas del divino Libro de Mormón.”10
No, las
autoridades de la Iglesia no nos han resuelto ninguno
de los problemas más importantes sobre el
emplazamiento geográfico del Libro de Mormón.
Debemos buscar las respuestas en algún otro lugar.
¿Qué Dice el Libro?
El primer lugar donde debemos buscar
conocimiento sobre el contexto del Libro de Mormón
es el propio libro. Recurrir al original es la base de
todo conocimiento sólido cuando alguien trabaja con
un texto antiguo. Un renombrado experto en tierras
bíblicas y del Antiguo Testamento lo dice de este
modo: “No se puede nunca enfatizar demasiado el que
los descubrimientos arqueológicos tienden a justificar
el significado literal del texto contra [cualquier otra]
interpretación erudita y tradicional. Esto no sólo es
válido para la Biblia, sino para todos los textos
antiguos en general.”11
6
10.- Witdsoe, “Book of Mormon Geography,” pág. 130.
11.- Cyrus Gordon, Introduction to Old Testament Times (Ventor,
New Jersey: Ventnor Publishers, 1953) pág. 107.
TRAZANDO EL MAPA 7
Pero ¿se encuentra suficiente información para
mostrar una imagen coherente y digna de confianza en
el mismo libro? Algunos Santos de los Ultimos Días
han escudriñado las claves que el Libro de Mormón
proporciona sobre geografía y han elaborado varios
mapas mostrando lo que ellos consideran que son las
conexiones entre las tierras y ciudades mencionadas.
Decir que han llegado a conclusiones variadas, es una
expresión exageradamente moderada. En efecto,
nosotros debemos elaborar un mapa semejante-
sistemática y extensamente. De cada afirmación del
libro debemos extraer toda la información importante,
y debemos hacerla encajar toda sin contradicciones. A
pesar de sus contribuciones, todos los mapas anteriores
han sido incompletos y poco consistentes al tratar la
información importante del Libro de Mormón.
Ninguno es totalmente digno de confianza.
Construir un mapa que sea internamente coherente
no es mas que el primer paso. Seguidamente debemos
hacer que correspondan las tierras y ríos del Libro de
Mormón con lugares existentes, lugar por lugar, tal
como lo han hecho los expertos en lo que respecta a
gran cantidad de la información que se encuentra en la
Biblia. Si no fuera por eso, los sucesos que se
encuentran en el libro permanecerían en un limbo
geográfico; y nosotros tendríamos sólo un mapa
simulado.
Nuestra primera tarea consiste en analizar las
características esenciales de las tierras descritas en el
libro. Esto determinará un conjunto de requisitos.
Cualquier área de las Américas que se proponga como
la localización de los sucesos del Libro de Mormón
debe encajar con estos criterios o si no se la
considerará equivocada. Mientras comparamos los
requisitos con porciones del mapa actual del mundo,
debemos eliminar de nuestra consideración todos los
territorios que estén en conflicto con lo que se
requiere. Es concebible que pudiéramos terminar sin la
UN MARCO GEOGRAFICO8
información suficiente para identificar con seguridad
algún lugar como el área donde tuvieron lugar los
acontecimientos del Libro de Mormón. Sin embargo,
prosigamos.
El requisito más obvio, que es la configuración,
tiene que ver con el bosquejo básico del Libro de
Mormón. Pronto nos enteramos de que una “estrecha
lengua de tierra” o istmo separaba la “tierra del norte”
de la “tierra del sur”, con forma, a rasgos generales, de
reloj de arena. (Ver el mapa 1).
Alma 22:32 nos dice que la tierra del sur estaba
“casi rodeada de agua,” pero no hace ninguna
declaración clara acerca de la relación de la tierra del
norte con sus mares adyacentes. Tal y como la
concebían los nefitas, la tierra del sur estaba dividida
principalmente en dos: la tierra de Nefi más al sur, y
hacia norte de ésta la tierra de Zarahemla, la cual se
extendía tanto que casi llegaba hasta la lengua de
tierra. La porción sur del istmo se denominaba tierra
de Abundancia. Directamente al norte de la tierra de
Abundancia, en la estrecha franja de tierra, estaba la
tierra de Desolación. No lejos, al norte de Desolación,
se encontraba la primera zona principal de
asentamiento jaredita, la tierra de Morón (Eter 7:6). Al
norte de Desolación, a lo largo de la costa oriental
yacía una tierra cubierta de agua (Alma 50:29; Eter
15:8-11). Al norte de Morón y al sur de Nefi, la
situación permanece nebulosa; pero en medio de todo
esto, el conjunto de estas conexiones _
tierra del
norte/istmo/tierra de Zarahemla/tierra de Nefi_
están
más allá de toda discusión.
FORMA DE RELOJ
DE ARENA DE LAS
TIERRAS DEL
LIBRO DE
MORMON
UN MARCO GEOGRAFICO10
Dimensiones
¿Qué largo y ancho tenían estas tierras? La forma de
reloj de arena podría, después de todo, encajar tanto
con todo el hemisferio occidental como con una
porción relativamente pequeña del mismo. Es vital
establecer la extensión del territorio donde tuvieron
lugar los hechos narrados en las escrituras.
Para determinar sus dimensiones, la información
crucial que se encuentra en el texto es cuánto tiempo
les llevaba a las personas trasladarse de una parte a
otra. Consideremos la distancia entre la ciudad de Nefi
y la de Zarahemla. El grupo de misioneros que dirigió
Amón, intentando llegar hasta la tierra de Nefi, “no
sabían el rumbo que debían seguir en el desierto para
ir a la tierra de Lehi-Nefi”; por tanto encontraron el
lugar después de 40 días de viaje (Mosíah 7:4). El
viaje de Alma y sus conversos nos es de más ayuda, ya
que recorrieron prácticamente el mismo camino en
sentido contrario. Salieron de las aguas de Mormón,
que probablemente no se encontraba a más de dos días
de la ciudad de Nefi, y lograron llegar a Zarahemla en
21 días (Mosíah 18:1-7; 23:1-3; 24:20; 25). El grupo
incluía mujeres, niños y “rebaños.” ¿Cuán rápido
pudieron haber viajado?
Los pioneros mormones, conduciendo yuntas de
bueyes a través del llano territorio de Nebraska, hacían
un promedio de 10 a 11 millas por día. En Guatemala
les lleva a los porquerizos ocho días conducir una
piara de cerdos 90 millas a través de terreno
montañoso, hasta llegar al mercado (una media de
poco más de 11 millas por día).12
Otros grupos de
viajeros no lo hacen ni siquiera tan rápido. R.E.W.
Adams, un arqueólogo que ha trabajado en Guatemala,
12.- R. E. W. Adams, “The Ceramic Chronology of the Southern
Maya.” Segundo informe preliminar de la Fundación para las
Ciencias Nacionales, Grant GS 610, Universidad de Minnesota,
duplicado en Minneapolis, 1966, pág. 5.
TRAZANDO EL MAPA 11
informa que a los viajeros que van en viaje comercial
de rutina, atravesar los senderos y corrientes de la
jungla desde el valle de Cotzal hasta Petén -
aproximadamente 120 millas de distancia por aire -les
cuesta 19 días o más, haciendo una media de poco más
de 6 millas por día. Gran parte del camino se hace en
piragua río abajo. Además, una persona puede recorrer
en seis horas, andando por esa zona, una distancia que
le llevaría siete a caballo. Si lleva animales consigo, el
tiempo se alarga hasta diez horas.13
Otros viajeros son mucho más rápidos. R. F. Heizer
informa que en el siglo XIX en California, pequeños
grupos de indios Mohave podían recorrer cerca de 100
millas al día, en algunas ocasiones sin comida ni agua
durante días. Hace aproximadamente 75 años, un indio
tuvo fama de haber hecho un viaje de 100 millas y
regresar después de descansar solamente unas pocas
horas. En el caso de los indios Mohave14
no era
excepcional hacer un promedio de seis millas por hora,
no por día. El padre Sahagún escribió acerca de un
pueblo mejicano pre-hispánico: “Los Toltecas eran
altos, con el cuerpo más grande que los que viven
actualmente; por esta razón les llamaban los
tlanquacemilhuique que significa que podían correr el
día entero sin cansarse.”15
Durante los traslados de los
Toltecas, descritos en las crónicas mejicanas, en
marchas desde el amanecer hasta la puesta del sol, sin
animales, hacían una media de seis leguas, entre 15 y
24 millas.16
13.- Ibid.
14.- Robert F. Heizer, “Physical Capabilities of the Capabilities of
the California Indians,” Masterkey 45 (1971): 109-13.
15.- Bernardino de Sahagún, Historia de las cosas de Nueva
España (México: Editorial Nueva España, 1946), pág. 281.
16.- Mariano Veytia, Historia antigua de México, vol 1 (México
Leyendia, 1944), pág. 152; Fernando de Alva Ixtlilxochitl, Obras
históricas, vol. 1 (México: Editora Nacional, 1952) pág. 24.
UN MARCO GEOGRAFICO12
Otros datos sobre la velocidad de los viajes entran
dentro de estas escalas establecidas. Existe una amplia
gama de posibilidades, dependiendo del terreno, de
cómo estaban de acostumbradas las personas a viajar,
o de si se trataba de un simple mensajero, de todo un
pueblo o de un ejercito los que se hallaban
involucrados.
Si asumimos que el grupo de Alma y sus animales
fueron a velocidad normal, es plausible que hayan
viajado a razón de unos once millas por día. Desde las
aguas de Mormón, de donde partió el grupo de Alma,
Zarahemla estaría a 21 días o a 231 millas de viaje real
haciendo 11 millas por día. Helam, la tierra a la que
huyó Alma, parece haber estado fuera de la ruta
principal, lo cual podría haber resultado un poco más
corto (viajeros posteriores no pasaron por Helam;
comparar Mosíah 23:30, 35). Además el texto deja
claro que parte del viaje se hizo atravesando un yermo
montañoso (donde se encontraba la cabecera del río
Sidón; Alma 16:6; 22:27; 27:14), por una retorcida
ruta con la que no estaban familiarizados Alma y su
gente. El lugar denominado las aguas de Mormón
estaba a un par de días de la ciudad de Nefi (Mosíah
18:4-7, 30-34; 23:21). Así que la cantidad real de
millas del sendero o camino entre Zarahemla y Nefi,
las dos ciudades predominantes en este temprano
periodo de la historia, debe de haber sido del orden de
250 millas, asumiendo un ritmo de velocidad de 11
millas por día. Considerando las vueltas y curvas de
una ruta verdadera, que sería probablemente la seguida
en semejante terreno, la distancia en línea recta se
aproximaría más a 180 millas. (Ver el mapa 2)
Usando la distancia entre Nefi y Zarahemla como
modelo tentativo, podemos calcular las distancias que
había entre otros lugares. Moroni dijo que la ciudad de
Zarahemla era el “corazón” o “centro” de la tierra de
Zarahemla (Alma 60:1, 19, 22; Helamán 1:17-18, 22-
23). Sin embargo, Zarahemla no estaba lejos del límite
TRAZANDO EL MAPA 13
de las tierras lamanitas. Un tal Coriantumr condujo un
ejercito lamanita descendiendo por la tierra de Nefi
directamente hacia Zarahemla, “y su marcha fue tan
sumamente rápida, que no hubo tiempo de que los
nefitas reunieran sus ejércitos” (Helamán 1:19). Si la
distancia entre las fronteras del asentamiento nefita y
su ciudad principal hubiera sido muy grande, los
nefitas habrían recibido alguna advertencia de la
fuerza que se aproximaba. Antes de esto, otro ejercito
lamanita, procedente de Nefi, irrumpió en escena cerca
de Zarahemla con sólo escaso aviso (Alma 2:23-25).
Aparece una corroboración de esto en el relato del rey
Mosíah, quien, años antes, condujo a su gente fuera de
la tierra de Nefi; parece ser que ellos “llegaron a la
tierra...” e incluso a la ciudad de Zarahemla, más bien
precipitadamente (Omni 1:13-14). Estos hechos
sugieren que la ciudad de Zarahemla puede haber
estado en algún lugar al sur del centro geográfico del
país, a pesar de que conceptualmente estaba en “el
corazón” del mismo.
Hay otra razón para pensar que la ciudad de
Zarahemla podía no haber estado exactamente en el
centro de la tierra de Zarahemla. Al norte de la ciudad,
entre Zarahemla y Abundancia, la cuál estaba aún más
al norte, (Helamán 1:27-28), se encontraban “las partes
principales de la tierra.” Esta importante zona parece
haber estado a lo largo del río Sidón, el cual fluía al
norte de la tierra de Zarahemla (Alma 22:27-33; 2:15).
Con el área más importante de asentamiento situada
corriente abajo desde Zarahemla, nos da la impresión
de que la ciudad principal estaba más cerca de las
fronteras lamanitas que de donde se concentraba la
población de la gran tierra de Zarahemla.
Más tarde, pero todavía antes de Jesucristo, una
continua franja de tierra yerma separaba la Zarahemla
nefita del territorio lamanita. Además, por lo menos
durante los sucesos que relatan los libros de Mosíah y
Alma, la ciudad de Nefi (también llamada Lehi-Nefi)
1 El viaje de Omer a Ablom ("muchos
días")
2 El de Nefíah a Moroni (un día largo)
3 Los exploradores de Limhi ("muchos
días" perdidos por el desierto)
4 El grupo de Alma
5 La huida de Nefi ("muchos días en un
territorio inexplorado)
6 El grupo de Ammón (40 días)
LOS VIAJES
QUE NOS
INDICAN
LAS
DISTANCIAS
TRAZANDO EL MAPA 15
se encontraba a alguna distancia de “la estrecha franja
de yermo” propiamente dicha. En el lado lamanita de
la zona fronteriza parece ser que un espacio
considerable de yermo separaba la ciudad de Nefi de la
franja de transición. Una cantidad considerable de
búsquedas de tierras perdidas, avances y retrocesos de
los enemigos, y viajes en el yermo tuvieron lugar en
este extenso territorio. (Ver, por ejemplo, Mosíah 19:9-
11, 18, 23, 28; 23:1-4, 25-31, 35; Alma 17:8-9, 13;
23:14, a la luz de los versículos 9-12; 24:1.) No se
hace ninguna mención de si alguna vez se hizo un
viaje hacia el sur de la ciudad de Nefi, así que debe de
haber estado cerca del límite sur o de lo que los nefitas
reconocían como la gran tierra de Nefi (Alma 22:28).
Si tomamos todas estas consideraciones en cuenta,
parece razonable dividir nuestras cifras tentativas
sobre la cantidad de millas de esta manera: del orden
de 180 millas en línea recta separaban la ciudad de
Nefi de la de Zarahemla; había alrededor de 100 millas
de distancia desde Nefi hasta el punto medio de la
“angosta faja de terreno desierto” (Alma 22:27); luego,
eran 80 millas desde este punto bajando hasta la
misma ciudad de Zarahemla. Aunque sólo son
estimaciones, estas distancias y relaciones se derivan
cuidadosa y fielmente de los anales nefitas tal y cómo
lo permite nuestra información actual.
Al norte, más allá de las fronteras de la tierra de
Zarahemla, se encontraba una tierra sin nombre, la
“tierra que estaba entre la tierra de Zarahemla y la
tierra de Abundancia.” El lugar sólo se menciona en 3
Nefi 3:23. (La línea que contiene estas palabras se
omite del texto impreso durante muchos años,
aparentemente por un error del impresor, pero se
repuso en la edición de 1981 del Libro de Mormón en
inglés.17
) La tierra de Abundancia, en conjunto, parece
17.-Stan Larson, “Change in Early Texts of the Book of
Mormon,” Ensign 7 (Septiembre de 1976), pp. 28-33.
Estas palabras todavía no están en la traducción al castellano.
(N. del T.)
UN MARCO GEOGRAFICO16
haber sido bastante estrecha, ya que Alma 22:31-33 la
describe más que nada como una zona que se extendía
a través de la estrecha lengua de tierra. No se dice
mucho más acerca de ella.
¿A cuánta distancia se encontraba Zarahemla de
Abundancia? Si la primera se encontraba ligeramente
al sur del centro geográfico, como se ha razonado
anteriormente, podría haber alrededor de 100 millas
desde la ciudad de Zarahemla hasta la frontera norte de
una tierra más extensa que la que se denominaba
Zarahemla en los días de Alma (Alma 5:1; 6:7; 8:1-3,
6, 11-12; 16:1-15; 28:1). Si añadimos la tierra sin
nombre, “la tierra entre la tierra de Zarahemla y la
tierra de Abundancia”, y también la estrecha tierra de
Abundancia, 80 millas más, debía de haber una amplia
distancia desde el límite norte a la tierra del sur. Más
allá se extendía la tierra de Desolación, en la tierra del
norte, de la cual hablaremos más adelante.
Repasemos estas distancias. La “tierra de la primera
herencia” estaría en el límite del extremo sur, pero no
podemos estar seguros de su relación con Nefi o sus
alrededores, excepto de que la primera era una región
costera y la otra un territorio elevado. Nuestro primer
punto claro de referencia, entonces, es la ciudad de
Nefi. El siguiente es una extensión situada a 100
millas del punto desde el que se inicia la influencia
nefita. Unos 80 millas adicionales nos llevan a la
misma ciudad de Zarahemla. Alrededor de 100 millas
al norte de Zarahemla estaba el límite de la tierra que
era controlada directamente por la ciudad durante el
reinado del último rey (Alma capítulos 5-15) y que
continuó por mucho tiempo después como una unidad
geográfica real (3 Nefi 3:23). Ochenta millas más
cubren la extensión unida de la “tierra intermedia” y
Abundancia. Así que la longitud total de la tierra del
sur, donde tuvo lugar la mayor parte de la historia que
narra el Libro de Mormón, no debía de ser ni más ni
menos que de 360 millas.
TRAZANDO EL MAPA 17
Pudiera ser de ayuda, acostumbrados como estamos
a grandes distancias que podemos recorrer por aire y
automóvil, que recordáramos que Palestina, desde Dan
hasta Beersheba, tenía sólo 150 millas de largo y
menos de la mitad de ancho; a pesar de esto el 95 por
ciento de los hechos mencionados en el Antiguo
Testamento tuvieron lugar dentro de ese reducido
espacio. Desde esta perspectiva, la extensión estimada
a la que hemos llegado del escenario nefita parece
razonable.
Naturalmente, posteriores indicaciones del Libro de
Mormón nos ayudan a confirmar estas dimensiones.
En la historia del grupo de exploración del rey Limhi
se encuentra una comprobación vital de la extensión
del conjunto de estas tierras. Gobernando sobre un
grupo sometido a servidumbre en la tierra de Nefi,
Limhi mandó exploradores a encontrar Zarahemla, de
la cual sus antepasados habían venido casi 50 años
antes (Mosíah 8:7-8). Sus mensajeros iban a pedir a la
gente de Zarahemla que les ayudaran a librarse del
yugo lamanita. Desafortunadamente, de alguna
manera, esta ruta sobrepasó Zarahemla, y atravesaron
la “estrecha lengua de tierra”, sin ni siquiera darse
cuenta, y les llevó al lugar donde había tenido lugar la
batalla final de una población anterior, los jareditas.
Allí encontraron ruinas y un conjunto de 24 planchas
dejadas por el último profeta jaredita, Eter (Eter 15:33;
Mosíah 21:25-27). Con tristeza, los exploradores
volvieron a su tierra, a Nefi, para informar a Limhi,
equivocadamente, de que los restos que habían
encontrado debían de ser los de Zarahemla destruida.
El grupo de exploración sabría aproximadamente
cuánto les había llevado a sus padres viajar de
Zarahemla a Nefi, tan sólo dos generaciones atrás, así
que cuando ellos viajaron, digamos, el doble de la
distancia normal, hasta Zarahemla, se debieron de
haber preguntado acerca de su posición y
probablemente no habrían ido mucho más lejos.
UN MARCO GEOGRAFICO18
De Nefi a Zarahemla, en línea recta, había 180
millas. El doble de la distancia que les habría llevado
hasta la “línea” (Alma 22:32, lógicamente un río) que
separaba Abundancia de Desolación, el comienzo de la
tierra del norte. A semejante distancia de casa debían
de haber pensado en volver. Seguramente hombres tan
diligentes como los que el rey habría mandado no
habrían seguido mucho más allá. Así que no es
razonable que el campo de batalla de los jareditas,
donde terminaron los exploradores de Limhi, hubiera
estado, dentro de la tierra del norte, a más de 100
millas desde la “línea” en el istmo. (Ver mapa 2.)
La colina de Ramah, donde los jareditas se
autodestruyeron, era la misma colina que la Cumorah
nefita (Eter 15:11). Todo este asunto nos dice pues,
que es improbable que la distancia total de la ciudad
de Nefi al último campo de batalla en Ramah o
Cumorah fuera de más de 450, o quizás 500, millas.
Tengan presente que estas cifras son estimaciones
razonables de acuerdo con las afirmaciones de las
escrituras; no se pueden determinar distancias más
exactas. De todos modos, cualquier incremento de las
dimensiones, haría más difícil de sostener la historia
de los exploradores de Limhi. La colina de
Ramah/Cumorah parece entonces, haber estado 100
millas al interior de la estrecha lengua de tierra, y esto
concuerda con que los nefitas llamaran “Desolación” a
la porción que estaba más al sur de la tierra del norte,
la cual incluía el último campo de batalla, salpicado de
huesos y armas oxidadas (Alma 22:30-31).
En lo que respecta a la propia tierra del norte,
nuestros datos sobre distancias nos llegan del registro
jaredita, de sus últimos años de guerras entre ellos.
Mientras los jareditas se aproximaban a su destrucción
final, el profeta Eter huyó, para salvar su vida, desde
los cuarteles generales del rey, en Morón: “y él se
ocultaba en el hueco de una roca durante el día, y salía
de noche para ver las cosas que le sobrevendrían al
TRAZANDO EL MAPA 19
pueblo” (Eter 13:13). Vivió en esa cueva mientras
escribía “el resto de la historia”, o sea, el original del
libro de Eter, que fue más tarde compendiado por
Moroni para que nosotros lo leyéramos. La gran guerra
civil jaredita comenzó el mismo año en el que huyó
Eter, y el profeta registró todo aquello de lo que se
enteraba sobre ella, desde su refugio (Eter 13:14, 18,
22-24). Después de ocho años de combate
intermitente, todavía continuaban las batallas en el
valle de Morón, que aún estaba dentro del campo de
observación de Eter. Y él continuaba en su cueva
después que una población de más de dos millones de
personas, las cuales habían cubierto “toda la superficie
de la tierra”, murieran (Eter 14:11, 22-23; 15:2).
Finalmente, tras una catastrófica batalla cerca de la
colina de Ramah, el Señor hizo salir a Eter de su cueva
para que hiciera la última anotación en su registro y lo
depositara donde el grupo de exploración de Limhi
pudiera encontrarlo.
La conclusión parece clara. Todas las batallas
finales de los jareditas tuvieron lugar en la tierra del
norte, dentro de un territorio lo suficientemente
pequeño como para que Eter pudiera observar la mayor
parte de la acción moviéndose sólo distancias muy
cortas desde su base, en la cueva. Además, el linaje de
Jared tuvo su principal asentamiento en Morón desde
poco tiempo después de su desembarco en la costa
hasta poco tiempo antes de la destrucción final. Y la
tierra de Morón estaba “cerca” de la tierra que los
nefitas llamaban Desolación (Eter 7:6). Probablemente
cien millas desde Morón hasta la colina de Ramah, se
acomodarían a todos estos hechos.
La confirmación de la proximidad de Ramah con
Morón se encuentra en el relato acerca del rey Omer.
El gobernó durante los primeros años de la historia
jaredita, cuando la población inmigrante pudo haber
sido escasa. Retirándose de Morón, al ser amenazado
por un rival, viajó con su familia “muchos días” hasta
UN MARCO GEOGRAFICO20
encontrar refugio cerca del mar occidental. Un grupo
de gente se trasladaría más lentamente, y, con niños y
mujeres, probablemente por una ruta más larga y más
llana, que el solitario Eter. En su camino desde Morón
hasta el mar, Omer pasó por Ramah/Cumorah (Eter
9:3). Cuando se enteró de que los acontecimientos se
habían puesto a su favor en casa, Omer volvió. (Eter
9:13). Si el área a la que huyó, y por lo tanto la de la
última batalla, estaba más o menos dentro de las 100
millas desde Morón, la huida y vuelta de Omer tiene
sentido; una distancia más grande parecería extraña,
dada la poca cantidad de población.
Muchos Santos de los Ultimos Días tendrán que
cambiar notablemente su manera de pensar para
ajustarla a las dimensiones de las que hemos hablado.
Y tenemos otras evidencias en el Libro de Mormón de
que los nefitas ocuparon un área bastante compacta.
Por ejemplo, 3 Nefi 3 nos cuenta cómo los nefitas y los
lamanitas justos, amenazados por los ladrones de
Gadiantón, se reunieron en una fortaleza común, con
provisiones de alimentos para siete años, para hacer
salir de su tierra a los parasitarios ladrones,
haciéndoles pasar hambre. El tamaño de la población
reunida se describe como de “miles y decenas de
miles” provenientes de la tierra del sur y la del norte,
todos reuniéndose desde asentamientos de los cuales
unos pocos años antes el relato de Helamán dice:
“empezaron a cubrir la superficie de toda esta tierra,
desde el mar del sur hasta el mar del norte, y desde el
mar del oeste hasta el mar del este.” (Helamán 3:8).
Sin embargo, se dice que toda esta gente se reunió en
una sola zona, lo suficientemente pequeña como para
ser sitiada (3 Nefi 4:16-18). El texto, claramente, trata
de un área que en conjunto sólo tiene una dimensión
de cientos de millas.
¿Que sabemos de la estrecha lengua de tierra?
Primero, tenía que ser lo suficientemente ancha como
para que los exploradores de Limhi pudieran
TRAZANDO EL MAPA 21
atravesarla sin darse cuenta de que era un istmo.
(Recordemos que a su vuelta supusieron que habían
estado todo el tiempo en la tierra del sur.) Por otro
lado, era tan estrecha que “la distancia no era sino de
un día y medio de viaje para un nefita, por la línea de
Abundancia y la tierra de Desolación, desde el mar del
este al del oeste” (Alma 22:32). Por supuesto no
sabemos cuánto tiempo podía ser “un día de viaje”.
Las referencias dadas anteriormente ilustran cuán gran
variedad de distancias podría abarcar este término.
También pueden variar las interpretaciones de esta
expresión. Posiblemente “la distancia de un día y
medio” era una distancia estándar. Los nefitas podían
haber entendido que “un día y medio de viaje”
significaba una determinada cantidad de millas. De la
misma forma, la legua española significaba el
promedio de la distancia que una mula cargada podía
viajar en aproximadamente una hora; el término no
dice nada de ninguna mula ni de una cantidad de horas
determinadas de viaje continuado. O quizás las
palabras “un nefita” podrían sólo implicar que el que
hacia el trayecto era un mensajero especial, ya que la
frase se encuentra en un contexto de defensa militar.
¿Y qué medio de transporte se podría haber empleado?
Si asumimos un viaje a pie -probablemente el modo
normal- podemos proceder a calcular la anchura del
istmo. Como ya hemos calculado anteriormente, la
velocidad de “un nefita”, un sólo individuo, podía
potencialmente ser de hasta seis millas por hora
durante un tiempo de 24 horas, lo cual entra dentro del
“día y medio.” Esto haría un total de 144 millas. Si se
utilizó otro medio para viajar aumentaría la cifra de
144. O la distancia sería quizás más pequeña, digamos,
de 50 millas. Si se aplica la cifra mínima, hubiera sido
muy difícil que los exploradores de Limhi no se dieran
cuenta de que atravesaban un largo istmo; si nos
vamos al extremo contrario, la cifra más alta, el “día y
UN MARCO GEOGRAFICO
medio de viaje” resulta más problemático. Me parece
que una extensión de 75 a 125 millas resulta un
término medio plausible.
Hay todavía otro relato de un viaje que nos ayuda a
precisar distancias, esta vez en la costa este de la tierra
del sur. El comandante nefita Moroni estableció allí
una hilera de ciudades con guarniciones, contra un
anticipado asalto lamanita dirigido a Abundancia y a la
estratégica zona del istmo. El área pronto se convirtió
en una zona crucial de batallas cuando el disidente
nefita Amalickíah tramó cómo hacerse con el control
de los ejércitos lamanitas y atacó por sorpresa a lo
largo de la costa, capturando ciudad por ciudad hasta
que se encontró en la misma frontera de la tierra de
Abundancia (Alma 5:22-28). Abundancia era la ciudad
que estaba más al norte en el camino de avance hacía
la tierra del norte. Al llegar a este punto, un grupo de
soldados nefitas hicieron salir a la guarnición lamanita
fuera de su fortaleza de Mulek, conduciéndoles hacia
Abundancia, mientras una segunda fuerza se introducía
furtivamente en la retaguardia enemiga para tomar
posesión de Mulek (Alma 52:21-31). Mulek y
Abundancia estaban tan cercanas la una a la otra que
las fuerzas de Teáncum pudieron recorrer la mayor
parte de la distancia y regresar durante parte de un día
caluroso, aunque esto supuso un esfuerzo extenuante
(versículo 31). Sobre la base de estas declaraciones,
podemos inferir que para los soldados había más o
menos un día regular de marcha desde Mulek hasta
Abundancia; digamos casi 25 millas.
Un poco después, Gid, la ciudad que seguía a la de
Mulek, fue recapturada por los nefitas con una única
maniobra. Después de más escaramuzas, se mencionan
cuatro ciudades que continuaban en manos lamanitas:
Moriantón, Lehi, Nefíah y Moroni. En un decisivo día
de batalla, los nefitas expulsaron al enemigo de todas
ellas (Alma 62:24-35). El contraataque nefita
comenzó, probablemente al amanecer, contra Nefíah,
22
TRAZANDO EL MAPA 2324
la más importante de las cuatro. Tras capturarla
rápidamente, el capitán Moroni persiguió a los
lamanitas que se retiraban a través de Lehi y
Moriantón hasta la playa (versículo 32); después, a lo
largo de la orilla, fueron corriendo hacia Moroni,
llegando al anochecer (versículo 35). Pasaron el día
principalmente persiguiendo a los lamanitas
derrotados, no luchando contra ellos. Cargados de
adrenalina, los ejércitos pueden haber ido a tres millas
o más por hora, durante 15 horas, casi 50 millas.
Podemos determinar, por otras evidencias sobre la
localización de estas ciudades, que la ruta era más un
semicírculo que una línea recta. Nuestra conclusión
debe ser que la porción de litoral que recorrieron ese
día no pudo haber sido de más de 30 millas de largo.
Todas estas cifras combinadas nos dicen algo
importante acerca de la longitud de la costa este, en
posesión de los nefitas. Como hemos visto,
Abundancia estaba a 25 millas de Mulek. En el otro
extremo, el sector de Nefíah-Moroni contaba con
quizás 25 millas más. Esto deja el centro, en el cual
sólo se nombran las ciudades de Gid y Omer.
Careciendo de datos sobre este sector, yo simplemente
añado otras 30 millas, por analogía con los otros. En
resumen, no resulta plausible que la distancia desde
Abundancia, en el extremo norte, hasta Moroni, en el
extremo sur de la costa este, se extendiera mucho más
de 85 millas. (Ver mapa 2.)
La costa este, controlada por los nefitas, de
aproximadamente 85 millas, tiene mucha menos
longitud que la tierra del sur medida desde Zarahemla
a Nefi. La longitud de este eje era del orden de las 350
millas. La diferencia entre estas longitudes es tan
grande que no se puede deber a presupuestos erróneos.
El Libro de Mormón realmente requiere que la costa
este, importante para los nefitas, fuera mucho más
corta que la del oeste, y cualquier mapa que sugiramos
debe acomodarse a este hecho.
LA LOCALIZACION
RELATIVA DE LAS
TIERRAS Y LAS
CIUDADES
TRAZANDO EL MAPA 25
Al mismo tiempo, “las fronteras de la costa del mar
este”, como los escritores nefitas llamaban a esta zona
costera, tenían que ocupar un pedazo considerable de
terreno. Cuando Moroníah y sus ejércitos luchaban por
regresar de una desastrosa guerra, que había dejado
todo el territorio nefita de la tierra del sur ocupado por
los lamanitas, recobraron “la mitad de sus posesiones,”
y esta mitad estaba constituida por el área fronteriza
del este más la tierra de Abundancia (Helamán 4:5, 10,
16). Como no hay ninguna indicación de que ni
siquiera la propia tierra de Abundancia fuera extensa,
las “fronteras” tenían que ser un territorio de buen
tamaño para que, unidas ambas áreas, constituyeran la
mitad del territorio nefita. Adviértase también que el
ataque relámpago de Amalickíah en este sector realizó
un corte en forma de guadaña “cerca de las costas del
mar”, a lo largo del litoral, hasta cerca de Abundancia
(Alma 51:25-28), pero pasó de largo Nefíah, la cual
estaba más tierra adentro. Incluso, después que Nefíah
cayera finalmente en manos enemigas, los nefitas
retuvieron una hilera de tierras bajas en el interior,
donde se hallaba situada Jersón, su base militar. Para
que esta situación tenga sentido militarmente, la región
costera habría debido tener por lo menos 30 o 40
millas de ancho, y las palabras “la mitad de sus
posesiones” confirman tal tamaño.
De todos modos, podemos decir que la tierra del sur
en conjunto no era ni mucho menos tan ancha como
larga. Adviértase que las migraciones, viajes, guerras,
expediciones misionales -prácticamente todos los
traslados- tendían a ser hacia el norte o hacia el sur en
vez de ser en dirección transversal. El viaje misional
de Alma es uno de los pocos que nos enseñan mucho
acerca de la anchura. En su recorrido como predicador,
Alma dejó Zarahemla, junto al río Sidón, para predicar
en Melek en el límite oeste de la tierra colonizada
(Alma 8:3-5). De allí regresó al norte, paralelo al
yermo del oeste (Alma 22:27-28), hasta llegar a
UN MARCO GEOGRAFICO
Ammoníah (Alma 8:6). Este lugar, al igual que Melek,
estaba cerca de la periferia occidental, como se
demuestra en Alma 16:2 y 25:2. Desde Ammoníah, el
profeta viajó por la costa este hacia una ciudad
llamada Aarón (Alma 8:13), sin llegar realmente a ella.
Más tarde se dice que Nefíah “unía las fronteras de
Aarón y Moroni” (Alma 50:14); Nefíah era una de las
ciudades defensivas construidas en las tierras bajas del
este, y la ciudad de Moroni estaba al lado del mar del
este (Alma 50:13; 62:32-34). Esta información
establece que una hilera de ciudades se extendían
desde el oeste hasta la costa este, a través de la tierra
al norte de Zarahemla: Ammoníah, Aarón, Nefíah y
Moroni. (Ver mapa 2.) Estos cuatro lugares, alineados
a través de la mayor parte de la tierra del sur, debieron
de haber ocupado 150 millas, lo que prácticamente
vendría a suponer el límite. Es probable que la
distancia de costa a costa de este corte transversal no
excediera de las doscientas millas. (Ver mapa 2.)
Nunca se aclara la anchura de la tierra de Nefi, la
porción de tierras montañosas de la tierra del sur.
Evidentemente la ciudad de Nefi no estaba lejos de la
costa; el grupo inicial de colonos de Nefi no habría ido
mucho más lejos de lo necesario para escapar de los
lamanitas (2 Nefi 5:6-8), quienes finalmente
contactaron con ellos bastante pronto (versículos 14,
34). Además, se contaba como parte de la tierra de
Nefi la franja costera oriental colindante (Alma 22:28-
“en la tierra de Nefi”), aunque hacia el norte sólo se
concibe esta franja como “al lado de la tierra de
Zarahemla”. Definitivamente, no se habla de nada que
se encuentre al este de Nefi. Toda el área este, desde
Nefi, queda sin definir, excepto en que formaba parte
del conjunto de las tierras del sur que “casi se hallaban
rodeadas de agua” (Alma 22:32).
También se desconocen el tamaño y forma de la
tierra del norte. Más allá de la lengua de tierra se
encontraba una extensión de tierra lo suficientemente
26
TRAZANDO EL MAPA 27
amplia como para que se distinguieran una zona de
altiplano al oeste y otra de tierras bajas al este (Eter
9:3; 10:32; 11:15; 14:3, 6-7, 11-12, 16-17). No
podemos decir a cuánta distancia estaba Morón, el
centro Jaredita en estas tierras montañosas, de la costa
oeste, pero, puesto que fue colonizado por los jareditas
poco tiempo después de su desembarco (Eter 6:13; 7:5,
16-17, 20), podemos suponer que no distaba mucho del
mar. Recordemos también la restricción que impone el
que Eter observara las últimas guerras jareditas desde
su posición en una cueva (Eter 13:13-14). A la luz de
estas consideraciones, no es probable que la tierra del
norte, que se encontraba en esta crucial área jaredita,
haya tenido más de un par de cientos de millas de
anchura.
Esta larga excursión a través de las dimensiones del
escenario del Libro de Mormón nos ha permitido fijar
unos requisitos vitales. Ahora podemos estar seguros
de que la historia del Libro de Mormón tuvo lugar en
una limitada parte del hemisferio occidental, y
aproximadamente con la forma de un reloj de arena. El
tamaño del territorio se midió en cientos, no en miles
de millas. Los traslados de la gente, los viajes
individuales y el tiempo de duración de los viajes que
se registran en el libro encajan razonablemente con
una tierra del sur de alrededor de 350 millas de largo y
no mucho más de la mitad de esta cifra de ancho, hasta
un punto al norte de Zarahemla. La tierra del norte está
menos definida pero no parece tan larga. (Ver mapa 3.)
Los datos del Libro de Mormón y nuestras
suposiciones nos han llevado a pensar que, desde
luego, estas conclusiones no son perfectamente claras.
Jugando con la información del texto se pueden dar
resultados ligeramente diferentes. Si alguna persona
llega a la conclusión de que la distancia de Nefi a
Zarahemla era un 25 por ciento mayor de lo que hemos
dicho, yo estaría muy interesado en oir tal argumento;
quizás sea correcto. Pero cualquiera que afirme que la
UN MARCO GEOGRAFICO28
distancia entre las dos ciudades era, digamos, de 400
millas, en vez de las 180 que se sugieren aquí, no
podría demostrar su punto de vista de una manera
plausible apoyándose en las afirmaciones que se
encuentran en el Libro de Mormón. Algunos de los
requisitos sobre la extensión son bastante específicos.
También están ligados entre ellos por intrincadas
relaciones. Es imposible resolver tan sólo en parte el
problema de las ubicaciones y distancias, porque, al
igual que un rompecabezas, todas las características
deben encajar. Yo encuentro que encajan juntas
limpiamente. Por lo tanto, la situación espacial es
coherente, pero también se deben cumplir otros
requisitos para realizar un mapa aceptable del Libro de
Mormón. A continuación, vamos a considerar la
configuración de la tierra.
Topografía
Tenemos más información sobre las características
de la superficie de la tierra de lo que da a entender una
lectura despreocupada de las escrituras. Los
encargados de guardar los registros escribieron
consistentemente acerca de ir “arriba”, “abajo”, o
“sobre”. (Algunos lectores han mantenido que estas
expresiones reflejan simplemente convenciones
culturales, como la expresión yanqui “down South”18
.
Pero en muchos casos, el libro conecta estas palabras
con claras y consistentes circunstancias topográficas;
no veo razón para no tomar estas preposiciones
literalmente). Esta información nos permite obtener
una clara imagen de las elevaciones relativas. (Ver
mapa 4).
Una característica predominante es el río principal,
el Sidón, que bajaba desde las montañas que separaban
las ciudades de Nefi y Zarahemla. El río corría “por”
la tierra local de Zarahemla, la cual se encontraba
18.- Abajo, al sur. (N. del T.)
TOPOGRAFIA DE
LAS TIERRAS Y LAS
REGIONES
UN MARCO GEOGRAFICO
principalmente al oeste de la corriente (Alma 2:15). La
única zona nefita poblada, al este del río, era,
seguramente, el valle de Gedeón. (Alma 6:7). Puesto
que los viajeros tenían que ir “arriba” hasta Gedeón, y
ya que estaba la “colina Amnihu”, nada más atravesar
el río desde la ciudad de Zarahemla, extensa pero con
una inclinación lo suficientemente leve como para que
hubiera espacio para una gran batalla, la cuenca del
Sidón debe de haber estado inclinada más
abruptamente hacía el lado este que al oeste. También
sabemos que el río debe de haber sido bastante largo.
Su nacimiento se encontraba en lo profundo del yermo,
en una altura superior a la de la más alta ciudad nefita,
cerca del río, Mantí (Alma 16:6). Zarahemla estaba
corriente abajo. La ciudad de Sidón estaba aún más al
norte y probablemente cerca del río. (Al tener un
nombre tan parecido al del famoso puerto fenicio, se
puede deducir que el lugar fuera un punto de
embarque del río; el énfasis que se da en Alma 15:14
al bautismo en Sidón refuerza la idea de que estaba
localizado al lado de la corriente.) La corriente debía
de correr a través del territorio nefita por lo menos un
par de cientos de millas antes de desembocar en el
mar, dada la extensión global de la tierra del sur. Podía
ser atravesada a pie con un poco de dificultad, por un
punto y probablemente durante la parte más seca del
año (Alma 2:27, 33-35; 43:40).
Parte del territorio nefita incluía los yermos
adyacentes a las áreas de asentamiento, a los cuales era
difícil entrar, lo que nos conduce a esperar que una
porción de la ruta del río se extendiera a través de un
terreno inhóspito de colinas. De cualquier modo, la
ciudad de Zarahemla estaba a una altura intermedia,
“arriba” desde la costa (Alma 22:31) pero “abajo”
desde Nefi (Alma 22:31; Helamán 1:17).
El río Sidón probablemente desembocaba en el mar
del este, no en el del oeste. Las tierras bajas del este
eran extensas, como se ha demostrado anteriormente,
30
TRAZANDO EL MAPA
pero al parecer el área costera del oeste era estrecha y
en su mayor parte insignificante. Puesto que se supone
que el curso inferior y la desembocadura de un río
principal se forman y fluyen a través de una llanura
importante, el río debía de desembocar en las tierras
bajas del este. Las descripciones de las batallas que
tuvieron lugar en el este mencionan la “costa del mar”
y las “llanuras”, pero nunca hacen mención de ninguna
colina de importancia, excepto en el lugar llamado
Antiónum, que probablemente estaba a alguna
distancia, tierra adentro (Alma 32:4; 25-26, 32; 52:20;
62:18). No se hace ninguna mención de donde
desembocaba Sidón en el mar, aunque semejante río
debe de haber tenido una desembocadura considerable.
Teniendo en cuenta lo corta que era la porción de costa
en posesión de los nefitas, el río probablemente
alcanzaba el mar en el límite de las posesiones nefitas
o más allá de éstas, donde no habrían tenido ninguna
razón para mencionarlo.
Naturalmente, sabemos que la “tierra de la primera
herencia” estaba en la costa oeste. Después de
desgajarse el grupo de Lehi en dos, Nefi condujo al
suyo hacia una altitud mayor; huyeron a las tierras
montañosas del interior (2 Nefi 5:7-8; comparar con
Alma 22:28). La tierra costera de su primera herencia
estaba al sur de la tierra de Zarahemla, que era mayor,
pero continuaba hacia el norte como una franja
paralela a aquella tierra. Esa franja se extendía durante
todo el trayecto hacia el istmo (Alma 22:27-29). El
yermo del oeste consistía también en una hilera de
montañas deshabitadas paralelas a la zona costera,
porque los grupos de personas tenían que cruzar sobre
el yermo o por un pasaje, en el sur (cerca de Antipara-
Alma 56:31-40), o por otro, al norte (Alma 25:2).
Naturalmente las corrientes de agua del lado oeste de
esta cordillera habrían desembocado en el Sidón, el
cual claramente recibía su agua de una cuenca
principal. No se menciona otro río en la tierra de
31
UN MARCO GEOGRAFICO
Zarahemla). La tierra de Melek se encontraba
adyacente al yermo del este y por lo tanto en un
margen de tierra cultivable, en la cuenca (Alma 8:3-5).
Se podía acceder fácilmente a su posición desde la
ciudad de Zarahemla (versículo 3; comparar con Alma
35:13-14; 45:18) pero estaba resguardada de la costa
por un yermo montañoso al oeste, puesto que los
Ammonitas fueron dispuestos en Melek para
protegerlos de las represalias lamanitas (Alma 35:13).
Melek nunca fue atacado por los lamanitas, quienes
pasaron furtivamente a lo largo de la costa por lo
menos dos veces, para atacar Ammoníah, que se
encontraba más lejos, al norte (Alma 25:1-2; 49:1, 25).
La ciudad de Abundancia estaba cerca del nivel del
mar (Alma 51:32); se encontraba, después de todo,
cerca de la costa este del istmo. Hagoth eligió un
lugar, en la costa oeste, “en los confines de la tierra de
Abundancia, cerca de la tierra de Desolación” para
construir y botar sus barcos (Alma 63:5-6). El lenguaje
empleado aquí podría indicar que la tierra de
Abundancia no llegaba hasta el mar del oeste, en el
istmo, pero al menos la tierra debe de haber sido
relativamente baja, en la mayor parte de la anchura del
istmo, como se sugiere en Alma 22: 29-33.
En la tierra del norte estaba la tierra de Cumorah,
como una subdivisión de Desolación, o cómo una
continuación de ella. Dentro de esta tierra se
encontraba por lo menos una “colina”
(Ramah/Cumorah), lo bastante alta como para que el
puñado de supervivientes nefitas que la escalaron se
escondieran con éxito de los enemigos que se
encontraban agrupados al pie de la colina (Mormón
6:6, 11). En las proximidades se encontraban la colina
jaredita Comnor y dos valles (Eter 14:26-28), y la
colina Shim pudo haber estado ubicada en la misma
región (Eter 9:3; Mormón 4:23). Así que las batallas
finales tuvieron lugar en este sector de colinas o en
otro adyacente, lo que era, desde una perspectiva más
32
TRAZANDO EL MAPA
amplia, “una región de muchas aguas, ríos y fuentes”
(Mormón 6:4). Esto implica un clima húmedo y un
desagüe hacia el este desde el altiplano, lo que incluía
la tierra jaredita de Morón (Eter 15:8-11). Este
húmedo territorio debe de haber sido, en general, la
misma área a la que se refiere Moriantón como
“cubierta con grandes cuerpos de agua” y la cual él
codiciaba. Potencialmente podían formar un bloque o
alianza con Abundancia, que se encontraba cerca
(Alma 50:29,32). Los jareditas escribieron
constantemente que sus antiguas tierras estaban
“arriba” en relación con la zona del este, y el registro
político aclara que las dos áreas -presumiblemente las
tierras bajas del este y las tierras montañosas del oeste-
fueron durante largo tiempo rivales (Eter 7:4-6, 15-21;
8:2-3; 11:15, 18; 13:27-30; 14:3-7, 11-16, 26). De
todos modos, las tierras bajas parece que habían
llegado a ser la zona más poblada e importante para el
tiempo de la destrucción del pueblo jaredita, como se
demuestra por el hecho de que las últimas batallas
entre grupos rivales tuvieron lugar allí. Así parece que
la división geográfica sirvió de apoyo a una constante
división social y política.
En suma, la tierra del norte constaba por lo menos
de dos partes: las tierras bajas del este y las porciones
de zona montañosa del oeste. Esta después sería la
zona donde se encontraba la capital jaredita de Morón,
aunque no se menciona ninguna ciudad llamada
Morón,dentro de la “tierra [jaredita] de la primera
herencia” (Eter 7:5, 16-17). En la tierra del sur, son
importantes cinco características principales: la zona
montañosa del sur, el valle de Sidón, una considerable
llanura litoral en el este, una estrecha lengua de tierra
situada en tierras bajas, y una estrecha franja costera al
oeste, paralela a las montañas que bordean la cuenca
del río Sidón.
33
UN MARCO GEOGRAFICO
Aún más requisitos
Son escasos los detalles que se dan sobre el clima y
la vegetación, pero hay algo de información que nos
proporciona requisitos adicionales para nuestro mapa.
Se dice que en la tierra de Nefi crecían el trigo y la
cebada. Si lo tomamos literalmente, esto sugeriría un
clima templado; en el trópico, esto indica tierras
montañosas. Parece que la cosecha más importante era
el maíz (Mosíah 9:9, después el versículo 14), una
planta básicamente semi-tropical. La única referencia
que se hace en todo el Libro de Mormón de nieve o
frio son las citas que se dan de Isaías, acerca del
Próximo Oriente. En algunas áreas del territorio nefita
se daban fiebres endémicas, que tienden a confirmar la
existencia de un clima casi tropical (Alma 46:40). Se
da a entender que, por lo menos en las fronteras del
mar del este, había un calor húmedo enervante (Alma
51:33; 52:31; 62:35). Las sequías no eran comunes
pero podían ser serias (Helamán 11:4-6; Eter 9:28-35).
Un requisito importante, que sólo se menciona de
paso, son las características sociales y culturales.
Cualquier área que se proponga como la tierra
prometida debe satisfacer ciertos criterios culturales.
Por ejemplo, (1) los antiguos habitantes debían ser
capaces de leer y escribir, pues mantenían una larga
tradición de extensos registros históricos; (2) también
están presentes otros elementos básicos de esta
civilización, como el desarrollo de la agricultura y el
comercio; y (3) el área debía contener para el siglo IV
a. C., por lo menos, una población total de millones,
incluyendo ciudades de un tamaño considerable.
También, estas características y otras debían aparecer
en ciertos lugares y épocas pero no en otras.
Ahora poseemos una lista de requisitos, lo
suficientemente detallados como para ser de valor: la
forma de la tierra, las distancias, la topografía, las
características naturales y culturales. Aquí sólo hemos
34
TRAZANDO EL MAPA
podido tratar la poca información que se halla en el
texto de escritura, pero toda ella es consistente consigo
misma y con otros datos demasiado específicos para
citarlos en esta obra de tipo general. Lo que tenemos
hasta ahora nos proporciona una lista preliminar que
podemos utilizar para examinar cualquier área
geográfica, de un mapa actual, que pueda ser la tierra
prometida de los descendientes de Lehi.
Correlación con el Mundo Real
¿Satisface algun área de las Américas estos
requisitos presentados en el Libro de Mormón?19
En la historia del pensamiento mormón sólo se han
propuesto seriamente unas pocas correlaciones entre la
geografía del registro y el mapa del hemisferio
occidental.20
Para comenzar, hay muy pocas posibles
“lenguas estrechas” que valga la pena considerar. El
punto de vista más antiguo suponía que era Panamá la
lengua estrecha de la que habla el Libro de Mormón,
siendo Sudamérica, o una parte de ella, la tierra del
sur. Tan sólo las dimensiones que nos da el Libro de
Mormón excluyen a todo el continente, mientras que
cualquier intento de considerar sólo parte de
Sudamérica cómo tierra del sur entra en conflicto con
unos cuantos puntos del texto (por ejemplo, Alma
22:32, “casi se hallaban rodeadas de agua”). La idea
que a veces se sugiere, de que parte del continente
Sudamericano pudiera haber estado sumergido bajo el
mar, dejando en la superficie sólo la reducida tierra
que ocupaban los nefitas, no tiene mérito, cómo lo
35
19.- Para un análisis mucho más detallado de toda la información
geográfica que se encuentra en el Libro de Mormón, ver mi libro The
Geography of Book of Mormon Events: A Source Book. Edición
revisada, F.A.R.M.S., 1992.
20- Resumidos en The World of the Book of Mormon de Paul R.
Cheesman (Salt Lake City: Deseret Book, 1978), pp. 28-33. Ver un
completo tratamiento de la historia de docenas de interpretaciones del
mapa en The Geography of Book of Mormon Events, parte una y dos.
UN MARCO GEOGRAFICO
demuestran las abundantes evidencias geológicas y
arqueológicas. Además, por bastantes razones, Panamá
no podía ser la lengua estrecha a la que se refiere el
Libro de Mormón. Por ejemplo, el grupo de
exploración de Limhi dificilmente podría haberla
atravesado y haber vuelto sin darse cuenta de que
habían salido de la ciudad de Zarahemla.
Se ha sugerido otra correlación para la que la
península de Yucatán, al sureste de Méjico, es la tierra
del norte, siendo la tierra del sur Guatemala y
Honduras. La debilidad más obvia de este esquema es
la ausencia de un istmo aceptable. La base de la
península del Yucatán no sirve de ninguna manera, y
los intentos de identificar como una “estrecha lengua
de tierra” un pedazo de tierra aquí o allá, en otro
sentido que no sea el literal de un istmo con el mar por
ambos lados, contradice las claras declaraciones que
nos hace la misma escritura. No es más creíble la
propuesta de que la tierra prometida se encontraba por
completo en Nicaragua. Las distancias y una multitud
de cosas imposibles descarta completamente esta idea.
La única “lengua estrecha” potencialmente
aceptable de acuerdo con los requisitos del Libro de
Mormón es el istmo de Tehuantepec al sur de Méjico.
Todos los Santos de los Ultimos Días que estudian la
geografía del Libro de Mormón, y han trabajado,
durante las últimas décadas, sistemáticamente en este
problema han llegado a este acuerdo. Cómo hemos
visto anteriormente, los líderes de la Iglesia en el
tiempo de José Smith aparentemente llegaron a un
punto de vista similar, y probablemente él también.
Esto situaría los hechos del Libro de Mormón en
Mesoamérica, la región cultural del centro y sur de
Méjico y el norte de América Central, donde tuvo
lugar la mayor intensidad de civilización en la
América antigua. Aquí encontramos los requisitos
físicos de la tierra prometida, y sólo aquí se evitan los
principales defectos de las otras correlaciones. Por
36
TRAZANDO EL MAPA
ejemplo, el Libro de Mormón deja bien claro que sus
habitantes guardaban extensos registros escritos, y
Mesoamérica es el único lugar de toda América donde
sabemos que se emplearon regularmente y durante
largo tiempo genuinos sistemas de escritura antes de la
llegada de los europeos.
No obstante, los estudiantes del Libro de Mormón
que aceptan el istmo de Tehuantepec como la lengua
estrecha de tierra no están de acuerdo entre ellos
mismos en cómo se deben interpretar los territorios de
alrededor de acuerdo con las tierras que se detallan en
el Libro de Mormón. En el transcurso de 35 años de
preocupación por el tema, he estudiado todos estos
puntos de vista y a veces, me han atraído varios. Hasta
hace poco, la correlación más conocida ha hecho del
río Usumacinta, parte de cuyo curso forma la frontera
entre Méjico y Guatemala, el río Sidón. Cierto número
de funestos fallos estropean esta imagen. Por ejemplo,
no logra en absoluto hacer plausible la razón por la
cual Amalickíah atacó por la costa este (Alma 51; 52:
1-14), porque, si fuera el río Usumacinta el río Sidón,
todo el relato contradiría una sólida y segura estrategia
militar. Además, las distancias a lo largo de la costa
este, que requerirían una correlación del río
Usumancita con el río Sidón, desafían todas las
dimensiones que hemos establecido para el territorio
nefita.
No sería de provecho considerar aquí cada
correlación geográfica que se ha propuesto, indicando
una a una las discrepancias entre las mismas y el texto.
Baste decir que cuando se consideran exhaustivamente
los requisitos geográficos y culturales, sólo queda una
correlación. Se corresponde con las afirmaciones del
texto en todos sus puntos importantes.
Todavía hay unas pocas afirmaciones del Libro de
Mormón que no se pueden ajustar a lo que hoy
sabemos acerca del área Mesoamericana. (Este
también sigue siendo el caso de la Biblia, en este
37
UN MARCO GEOGRAFICO
asunto.) Se necesita más investigación sobre estos
puntos. Pero, desde mi punto de vista, ninguno de
estos problemas es serio.
La mayor parte del resto de este libro estará
dedicada a los detalles de una exitosa correlación y sus
implicaciones culturales. Esta correlación añade
mucho a nuestra comprensión del Libro de Mormón,
porque nos permite situar la mayor parte de los hechos
y descripciones del texto de escritura en un escenario
geográfico, histórico y arqueológico específico. Esto
crea una sensación de que es algo concreto y nos
permite profundizar en su significado de forma sólo
comparable a la que hoy es posible hacer con la Biblia
en su escenario del Próximo Oriente.
Es prematuro afirmar una precisa identificación de
todas las tierras y ciudades del Libro de Mormón. La
imagen general es sólida y convincente. Naturalmente,
cuanto más nos acercamos a los lugares exactos las
preguntas son más numerosas. Una buena razón es
que, aunque el Libro de Mormón nos da una
considerable información global, en detalles como, por
ejemplo, la ruta entre Nefíah y Gedeón, sólo
encontramos unas pocas palabras, ni siquiera
indicaciones. (Esto es como el problema de la persona
que pronostica el tiempo: puede decirnos si va a llover
en nuestro estado pero no necesariamente si la lluvia
va a caer en la parte de la ciudad donde vivimos).
Terminaremos con un panorama plausible: las
identificaciones que hacemos en nuestro mapa son
verosímiles. No es convincente la evidencia contra el
emplazamiento de los hechos del Libro de Mormón en
los lugares que muestran nuestros mapas. Algunas de
las identificaciones específicas parecen incluso
altamente probables. Sin embargo, no estamos
absolutamente seguros de ninguna de ellas.
Un punto en el que se debe poner énfasis: la historia
que narra el Libro de Mormón realmente sucedió en
algún lugar. Los que creemos que el libro es
38
TRAZANDO EL MAPA
auténticamente antiguo estamos convencidos de que
existen lugares reales, donde nefitas y lamanitas
reales, hicieron las cosas que el libro dice que
hicieron. Algún día esperamos identificar esos lugares,
convertir el emplazamiento del Libro de Mormón en
algo concreto. ¿Por qué no puede ser ahora el
momento? El Sur y Centro de Mesoamérica cualifican
de forma tan notable para ser el emplazamiento
geográfico y cultural del Libro de Mormón que estoy
convencido de que esta fue la tierra de Lehi. Para
simplificar, a partir de ahora sólo me ocuparé de esta
correlación geográfica, cómo si este asunto estuviera
resuelto.
La Forma de Mesoamérica
El istmo de Tehuantepec, con su forma de silla de
montar, se consideró por mucho tiempo como un buen
emplazamiento para el canal que finalmente se
construyó a través de Panamá. El lado del istmo que da
al Atlántico es muy húmedo y lleno de bosques,
ascendiendo gradualmente alrededor de unas cien
millas hacia una cuenca cubierta de hierba en un
desfiladero de unos 400 pies por encima del nivel del
mar. Por el lado del Pacífico, el terreno pierde altura a
menos de 20 millas desde la cima hasta una serie de
extensas lagunas conectadas con el mar. Los frecuentes
vientos secos sólo permiten la existencia de alguna
clase de vegetación árida alrededor de las lagunas. La
distancia total desde la costa Atlántica hasta el borde
de las lagunas es de 120 millas, en línea recta. (Ver el
mapa en la portada interior.)
Las cordilleras a ambos lados del istmo pertenecen
a diferentes zonas geográficas y biológicas. El sur y
centro de Méjico, que se encuentran al oeste y norte
del istmo, marcan el término de América del Norte, en
lo que a plantas y animales autóctonos se refiere,
puesto que muchos de los que encontramos
normalmente en áreas más templadas y secas de
39
UN MARCO GEOGRAFICO
Méjico no aparecen más abajo, al sur del istmo. En el
norte y el oeste el clima tiende a ser más seco que en
el sur y este. En el lado Atlántico, o zona del Golfo, el
río Coatzalcoalcos forma una línea bien determinada
que separa las moderadas elevaciones que se levantan
al norte, de las extensas, y húmedas llanuras del sur y
este. A pesar de estas diferencias de gran escala entre
los dos lados del río, muchas características botánicas
y climáticas se encuentran a todo lo largo de la llanura
costera del golfo. Los efectos del medio ambiente en la
población humana fueron ampliamente similares en
todas las tierras bajas o “tierra caliente”. Esta zona
mantenía una gran población porque era muy
productiva agricolamente, a pesar de lo que podrían
parecernos formidables obstáculos.
Más allá del río Coatzacoalcos, a través del estado
mejicano de Tabasco, se extiende una tierra baja poco
drenada que sufre grandes inundaciones cada año.
Fuertes lluvias caen en las áreas montañosas que
corren hacia el sur, hacia el mar, durante la estación
húmeda. La costa está bordeada con antiguas dunas de
arena, a veces de una anchura de millas. Esta franja
permite viajar, con alguna dificultad, paralelamente a
la playa, pero una maraña de lagunas y pantanos, justo
detrás del grupo de dunas, interrumpe la mayor parte
de las rutas que van hacia la orilla o que salen de ésta.
A lo largo de los ríos principales, los diques de lodo
depositados allí por las inundaciones están un poco
elevados por encima de los pantanos de alrededor. La
mayor parte de la población se encuentra a lo largo de
pequeñas elevaciones de buena tierra. Antes de que
hubiera modernos sistemas de transporte,
prácticamente todo los viajes por tierra, en esta costa
de Tabasco, cesaban durante las inundaciones, que
llegan a su punto máximo en junio y otra vez en
septiembre. Incluso en la estación seca, los viajeros
pueden pasar cómodamente sólo a través de unas pocas
rutas.
40
TRAZANDO EL MAPA
En el lado pacífico del istmo la estrecha llanura es
atacada por vientos originados por el empuje de
grandes masas de aire, en los meses invierno, que
salen del centro de los Estados Unidos y barren el
golfo de Méjico; a veces el aire sale a borbotones, a
mucha velocidad, a través del desfiladero que se
encuentra en las montañas del istmo. Como resultado
de esto, la región de las lagunas es notablemente más
seca que la pendiente hacia arriba del lado atlántico.
La llanura costera occidental es estrecha -de cinco a
diez millas- casi hasta la frontera con Guatemala, antes
de ensancharse considerablemente.
Curiosamente, los Toltecas de las tierras
montañosas de Guatemala llamaban a la franja costera
de Tabasco la “frontera del mar,”21
y los guatemaltecos
todavía se refieren a la costa sur como las orillas del
marf
, que tiene el mismo significado, lo que nos
recuerda la expresión nefita “orillas del mar”,22
como
se encuentra en Alma 56:31.
La depresión central de Chiapas se encuentra al
sureste del istmo de Tehuantepec (ver el mapa de la
portada interior). A través de ella corre un gran río
llamado el Río Grande de Chiapas, el Mezcalapa o el
Grijalva, dependiendo de quién le dé el nombre, a lo
largo de su curso. Esta gran cuenca está limitada en el
este por una meseta, que es una extensión de las tierras
montañosas de Guatemala23
. Por sus lados norte y este
41
21.- Robert M. Carmack Toltec Influence on the Postclassic
Culture History of Highland Guatemala , MARI 26 (1968), pág. 65.
22.- Felix W. McBryde Cultural and Historical Geography of
Southwest Guatemala , SISA 4 (1945), pág. 4.
23.- Un práctico y breve tratado de la geografía, geología y clima
de Chiapas y especialmente de la depresión central se encuentra en
Archaeological Exploration of the Upper Grijalva River, Chiapas,
Mexico de Gareth W. Lowe, NWAF 2 (1959), pág. 4-7. Una
excelente fuente, de más amplio alcance, es Middle America: Its
Lands and Peoples de Robert C. West y John P. Angelli. Segunda
edición (Englewoods Cliffs, New Jersey: Prentice Hall, 1976).
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Un escenario para el libro de mormon en la america antigua john l. sorenson

  • 1. UN ESCENARIO PARA EL LIBRO DE MORMON EN LA AMERICA ANTIGUA John L. Sorenson
  • 2. Prólogo En 1964 Gordon H. Fraser publicó esta declaración con cinismo: “el hecho de que el Libro de Mormón esté desprovisto de cualquier contenido literario, historia creíble, biografía, romance o enseñanza ética, es garantía de que no será leído o analizado de manera concienzuda; por lo tanto no hay peligro de que el lector medio, al estudiarlo, llegue al punto de tener una opinión sobre su credibilidad.” El libro que está ahora en sus manos demuestra el error y los prejuicios de la triste valoración de Fraser. Aquí hay una historia consistente. Aquí están los resultados de una lectura cuidadosa. Aquí hay una información creíble que sitúa al Libro de Mormón en el entorno del Nuevo Mundo de la antigüedad. Este libro ha estado en preparación muchos años y perdurará durante años. Se requerirá su lectura a todos aquellos interesados en la antigüedad del Libro de Mormón. Aquellos que hagan observaciones acerca de la historicidad de los registros que se encuentran en el Libro de Mormón de ahora en adelante o son unos irresponsables o no están informados o ignoran la presente obra del doctor Sorenson. Así como este estudio será fundamental para las investigaciones futuras, también es el producto de la tendencia, de las últimas tres décadas, hacia un estudio serio del Libro de Mormón. Muchos de los que lean este libro pueden apreciar lo lejos que han llegado estos estudios. Durante estos años, se han tomado diferentes vías para investigar sobre el Libro de Mormón. Algunas han sido apologéticas, hostiles, polémicas o eclécticas. Algunas han representado al Libro de Mormón como una prueba de la autenticidad, fecundidad y poder de la Restauración bajo el liderazgo del profeta José Smith. Eruditos santos de los últimos días, como George IX
  • 3. PROLOGOX Reynolds y B. H. Roberts, han sugerido la necesidad de un examen sincero y sistemático de los libros seculares relevantes, pero ellos no podían prever cuándo se llevaría a cabo un trabajo serio histórico y analítico. El surgimiento de metodologías histórico-críticas en los estudios bíblicos (lo que una vez B. H. Roberts llamó “colgar grandes pesos con hilos finos”) trajo consigo técnicas para examinar el lenguaje y la composición de las escrituras hebreas antiguas, y se ha probado que éstas son efectivas a la hora de examinar los textos del Libro de Mormón. El sorprendente descubrimiento de documentos como los rollos del Mar Muerto también invitó a los especialistas santos de los últimos días a comparar el material que nos da el Libro de Mormón con las prácticas de otros pueblos religiosos antiguos. Sidney B. Perry adoptó la línea lingüística; él dijo a menudo que, sólo basándose en sus conocimientos del hebreo, sabía que el Libro de Mormón no podía haber tenido su origen exclusivamente en el siglo XIX. Durante algunos años, el curso que dio en la Universidad de Brigham Young sobre “El comportamiento y las costumbres hebreas” examinó caso por caso la narrativa del Libro de Mormón, demostrando que el libro tenía origen hebreo. Hugh W. Nibley y M. Wells Jakeman, mientras tanto, examinaban el contexto. Jakeman elaboró un marco donde el Libro de Mormón encajaba, en términos de la tradición mesoamericana, mientras que el profesor Nibley siguió la pista, con sorprendente perspicacia, a enormes cantidades de materiales históricos que encuadraron al libro en la época y en el emplazamiento en el que declaraba estar escrito. Pero Nibley no hizo ningún esfuerzo por precisar conexiones con el Nuevo Mundo. “¿Que hay de las extraordinarias ruinas de América Central?”, reflexiona. “Hasta que los que estudian esa área puedan llegar a un acuerdo entre ellos mismos en lo
  • 4. PROLOGO XI que respecta a lo que han encontrado, el resto de nosotros no podemos muy bien comenzar a sacar conclusiones.” Ahora bien, tanta precaución puede revelar posibilidades concretas. Con el planteamiento del doctor Sorenson, ha comenzado en serio el proceso de entrever un contexto geográfico y arqueológico explícito. El presenta un modelo de marco verosímil para el Libro de Mormón en la América antigua. Este modelo presta atención a los detalles que se han dado en las descripciones de las tierras del Libro de Mormón, de los movimientos en las batallas, de las ciudades construidas y abandonadas, y de los datos geográficos. Sugiere que las tierras altas de Guatemala son buenas candidatas para ser la tierra de Nefi, que el istmo de Tehuantepec cumple todos los requisitos para ser la estrecha “lengua de tierra,” y que otros cientos de hechos encajan en su lugar cuando se lleva esta teoría a sus conclusiones lógicas. Este es un modelo y una hipótesis para que la consideren otros especialistas mormones y no mormones. A diferencia de muchos de sus predecesores, el doctor Sorenson insiste en que este modelo no se debe considerar sacrosanto. Invita a hacer consideraciones críticas a la vez que corroborativas. ¿Cómo lo hace? Dicho en pocas palabras, hace más preguntas que da respuestas. No deja piedra por mover. Sopesa sus palabras meticulosa y cuidadosamente. En cada hoja le esperan al lector grandes sorpresas e ideas que merecen la pena. Hace preguntas como: “¿Quiénes eran esos pueblos, en términos arqueológicos?” “¿Qué apariencia pudieron haber tenido?” “¿Quiénes eran sus vecinos?” “¿Cuántos nefitas había allí?” “¿Cómo vivían, comían, hablaban, trabajaban y luchaban?” Luego encuentra respuestas plausibles para estas preguntas haciendo corresponder datos específicos fiables, provenientes de estudios arqueológicos y antropológicos sobre Mesoamérica, con todo el espectro de información cultural e histórica que se
  • 5. PROLOGOXII encuentra en el Libro de Mormón. Este enfoque es panorámico y estimulante; ve cosas que, sencillamente, no se han visto antes. Una buena pregunta vale tanto como media respuesta; sin embargo, una buena respuesta hace surgir todavía más preguntas. Este libro nunca ha caído en el error de pretender que una confirmación es una “prueba” definitiva. Lo más que puede conseguir un enfoque científico dentro de su terreno, como en cualquier otro, es lograr un grado de probabilidad. Está claro que este libro lo hace de manera plausible, aunque (ineludiblemente) todavía quedan preguntas. Así la dimensión religiosa queda “entre paréntesis”, por muy interesantes que resulten estos estudios para usos apologéticos. En su favor, John Sorenson es extremada y consistentemente consciente de estas limitaciones. Un Marco Geográfico para el Libro de Mormón en la Antigua América, escribe, por primera vez, la historia cultural y natural de Nefi en el contexto de la realidad del hemisferio americano. Aunque siempre puede que haya resistencia y controversia en torno al Libro de Mormón, aquí hay una invitación consistente para continuar las investigaciones y su comprensión. No se puede rechazar el libro como lo hace Fraser, con un manotazo de menosprecio. Leonard J. Arrington Truman G. Madsen John W. Welch
  • 6. Prefacio El conocimiento que contiene este libro habría tardado más tiempo en aparecer y tenido alguna otra forma sin la insistencia y ayuda de algunas personas en particular. Para 1974, yo llevaba veinticinco años trabajando en la relación entre el Libro de Mormón y los datos geográficos y culturales de Mesoamérica, pero me sentía poco proclive a imponer mis opiniones al público o a mis colegas. David A. Palmer me insistió por entonces para que preparara un escrito explicando y documentando mi opinión; se ofreció a hacerlo circular privadamente para que un grupo selecto lo analizara, junto a un artículo que adoptara una posición diferente. A partir del intercambio de comentarios, Palmer y otros se convencieron de que mi material debía conocerse mejor, así que persuadió a miembros del personal de varias oficinas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días para que me escucharan. En el otoño de 1975 nos reunimos una tarde por semana, en Salt Lake City, y presenté con cierto detalle una versión de lo que está en este libro. Jay Todd, director administrativo de la Ensign, que participó en aquellas sesiones, me invitó a preparar una serie de artículos para la revista general de la Iglesia. El y su personal (principalmente Lavina Fielding Anderson y Lane Johnson) trabajaron extensamente para mejorar lo que yo producía. Sin la continua fe del director Todd en la importancia de nuestro proyecto, yo no habría persistido. Pero no fue sino hasta 1983 cuando nuestros intentos de que el material estuviera expresado en condiciones aceptables para su publicación en la Ensign llegaron a término sin éxito. Para entonces unas 1.500 fotocopias de una versión anterior del libro llevaban circulando entre XIII
  • 7. PREFACIOXIV personas que habían sabido de él por medio de sus amigos. Parecía claro que su publicación como libro satisfaría una amplia necesidad. La Fundación para la Investigación de la Antigüedad y Estudios Mormones1 se decidió en 1983 a publicar el libro. John Welch y Kirk Magleby han sido acérrimos partidarios de esta decisión y han allanado considerablemente el camino. A otros hay que agradecer el haber puesto las bases para la entusiasta participación de la Compañía de Libros Deseret2 como editora junto a F.A.R.M.S. Sería imposible reconocer expresamente a todos los que debería dar gracias pero sobresalen algunos: George Reynolds por A Complete Concordance of the Book of Mormon3 , una valiosa herramienta de trabajo; Tom Ferguson, por proporcionarme mi primera experiencia sobre el terreno en Mesoamérica; Hugh Nibley, por su ejemplo de paciencia e integridad que me impulsó a no cejar en esta tarea por otras menos importantes; Ben Alexander, que me enseñó la importancia de concebir lo inconcebible; mis amigos, que me han proporcionado el prefacio; los editores, incluyendo Don Norton y Jack Lyon, por obligarme a decir lo que yo quería expresar; Kathryn, mi mujer, que falleció posteriormente, porque nunca se quejó del tiempo que me costó; y a los arqueólogos, benditos sean, que siguieron excavando bajo condiciones absurdas en las que personas más racionales hubieran optado por la comodidad. Tom Peterson y Steve Gordon prepararon valiosos mapas, y Gary Gillum hizo los índices. Si hay fallos en el libro, son indudablemente debidos a mis propias limitaciones, no a las de otros. Naturalmente, las opiniones que se 1.-Foundation for Ancient Research and Mormon Studies (F.A.R.M.S.) (N. del T.). 2.-Deseret Book Company (N. del T.) 3.-”Una Concordancia Completa del Libro de Mormón”(N. del T.)
  • 8. PREFACIO XV expresan son estrictamente mías y no pretenden representar las de la Universidad de Brigham Young, donde yo trabajo, las de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, la Fundación para la Investigación de la Antigüedad y Estudios Mormones ni las de la Compañía de Libros Deseret. Todas las ganancias por los derechos de autor de la venta del libro irán a la Fundación para la Investigación de la Antigüedad y los Estudios Mormones, para que continúe su investigación de las escrituras.
  • 9. Introducción El Libro de Mormón formó parte de mi ambiente cultural general mientras crecía en el valle Caché en Utah, algo que se me había dado de manera tan incuestionada como las montañas que se encontraban al este de mi casa. Durante mis primeras clases universitarias (de ciencias), la guerra, y mi misión en Polinesia, todo lo cual me mantuvo ocupado la década de los cuarenta, el libro simplemente estaba allí, como punto de referencia y fuente de inspiración en la que tenía una incuestionable confianza. Ni entonces ni más adelante tuve que preguntar: ¿es este libro cierto? Nunca pedí apoyo externo para mi confirmación privada, de la cual ya disfrutaba. Cuando llegué a la Universidad de Brigham Young en 1949 con mi mujer y un hijo, había decidido sin ningún motivo racional dedicarme a los estudios arqueológicos. Durante los próximos tres años los profesores Jakeman, Nibley, y Sperry me hicieron entender que el Libro de Mormón no era sólo una fuente de información religiosa sino también un desafiante acertijo intelectual e histórico. Llegué a verlo como un documento tan sutil y complejo que prácticamente pedía ser analizado y entendido en diferentes términos. Mientras profundizaba mis conocimientos sobre arqueología, historia e idiomas, cientos de preguntas atrajeron mi atención, preguntas que las disciplinas académicas que yo estaba comenzando a investigar prometían poder responder algún día. Los años que transcurrieron me condujeron a muchos otros intereses aunque continué fascinado por muchas de aquellas preguntas. Desde entonces, miles de días de detenida investigación han disciplinado mi inicial ingenuidad, pero no importa que otra cosa desvíe mi atención, siempre termino volviendo al XVI
  • 10. INTRODUCCION XVII mismo asunto, haciéndome eco del acertado consejo de Thoreau: “Haz lo que quieres, reconoce tu propio hueso; róelo, entiérralo, desentiérralo y sigue royéndolo.” El hueso que he estando royendo durante estos años ha sido “¿Cómo sucedieron los hechos que se narran en el Libro de Mormón?”. En vez de probar de alguna manera que esos hechos ocurrieron realmente, lo que me ha preocupado ha sido la complejidad de su historia: el intrincado proceso humano e histórico que es el telón de fondo de su mensaje espiritual principal. Y cada vez que volvía al relato una y otra vez, incluso después de décadas de investigación, encontraba que el libro ganaba en amplitud y profundidad de significado, al mismo tiempo que yo ganaba en perspectiva cultural e histórica sobre las vidas de las personas que el libro describe. En resumen, he podido obtener algún conocimiento del contexto que Brigham Young nos instó a conseguir respecto a las escrituras: ¿Leeís las escrituras, hermanos y hermanas, como si las hubierais escrito hace mil, dos mil, o cinco mil años? ¿Las leeís como si estuviérais en el lugar de los hombres que las escribieron? Si no os sentís así, tenéis el privilegio de hacerlo.”4 Este tipo de conocimiento del contexto requiere más que el mero estudio del texto como escritura, ni es suficiente tampoco el estudio erudito de su geografía. Son necesarios ambos conjuntamente. Entender cómo eran los nefitas y jareditas, sus lugares de asentamiento, lo que comía la gente, cómo pensaban, las fuerzas que moldearon su historia, nos ayuda a entender más claramente lo que dijeron sus profetas Algunos lectores del libro no parecen conceder importancia al conocimiento del contexto; otros lo consideran imposible. Para mí, la Biblia es un ejemplo 4.- John Widtsoe, ed., Discourses of Brigham Young (Salt Lake City: Deseret Book Co., 1941), pág. 128.
  • 11. INTRODUCCIONXVIII en este aspecto. Los eruditos de la Biblia han aclarado ese texto de escritura; mostrando la interacción entre las influencias divinas y humanas y estableciendo la Biblia como un registro aún más profundo, porque está afianzada en una compleja realidad temporal, espacial y de comportamiento. Yo he intentado buscar lo mismo en Lehi, su pueblo y su libro. La tarea de establecer un marco geográfico real para el Libro de Mormón es enorme y desafiante. Las investigaciones de algunos santos de los últimos días y de otros durante los últimos 40 años han hecho posible que conozcamos bastantes detalles concretos sobre la Jerusalén desde la cual Lehi condujo a su familia; en nuestra imaginación ahora podemos seguir a su grupo a través de una hilera de campamentos a lo largo del Mar Rojo en la Península Arábiga y cruzar hacia una determinada “Tierra de Abundancia” en la costa de Hadhramaut.5 Pero desde el momento en que el grupo subió al barco de Nefi e inició su viaje hacia el Océano Indico perdemos esa sensación de solidez. Después de desembarcar en el Nuevo Mundo, se encuentran en “algún lugar” impreciso. Hasta hace poco, pasados 150 años desde que el registro nefita fue publicado por primera vez por José Smith, habíamos descuidado fijar la situación de una sola ciudad, identificar con seguridad aunque sólo sea una ruta por la que atravesara el pueblo del que trata el libro, o bosquejar una imagen creíble de cualquier porción de su vida en su tierra prometida de América. En varios aspectos, el Libro de Mormón sigue siendo un libro sellado para nosotros, porque no hemos trabajado lo necesario para situarlo en su marco geográfico. 5.- Lynn Hilton y Hope Hilton In Search of Lehi´s Trail (Salt Lake City: Deseret Book Co., 1976)
  • 12. INTRODUCCION XIX De hacer esto se derivarían principalmente dos ventajas. Primero, los mismos santos de los últimos días podrían comprender con mayor fuerza el mensaje de este libro de escritura, porque los acontecimientos y personajes resultarían más creíbles. Las vidas y palabras de sus principales protagonistas tendrían un impacto más vivo en nuestra conciencia si se pudiera sacar a esos individuos de esa tierra indefinida y representarles como personas de carne y hueso igual que nosotros. Segundo, se podría transmitir la importancia del libro con mayor fuerza a otros, los cuales ahora se mantienen a distancia del Libro de Mormón, juzgando que le falta realidad y consistencia. La apatía de los Santos nos puede privar de ambos beneficios. Algunos de ellos dicen que realmente no necesitamos más explicaciones ni aclaraciones de una escritura que ya tenemos, que tenemos suficiente guía con el Espíritu. Estoy bien acompañado -por personas cómo José Smith o Brigham Young- en la creencia de que nuestros esfuerzos por esclarecer el significado de las escrituras pueden ayudar a los propósitos de Dios. Cuan irónico resultaría si los propios santos de los últimos días rechazaran el obtener más luz y conocimiento sobre el registro nefita, en efecto, parafraseando 2 Nefi 29:6 así: “Un Libro de Mormón, tenemos un Libro de Mormón y no necesitamos saber nada más que la doctrina del Libro de Mormón.” ¿No deberíamos utilizar todos los medios a nuestro alcance para clarificar y ampliar este volumen de escritura para que su mensaje pueda alcanzar a toda persona, y especialmente a nosotros mismos, con el máximo impacto?. Necesito poner en claro algunas de mis intenciones y supuestos. El primer punto es que este trabajo no se compromete a probar la veracidad del Libro de Mormón. Mientras avanzamos veremos que los sucesos y circunstancias que se encuentran en el libro tienen paralelo en muchos, y a menudo notables,
  • 13. INTRODUCCIONXX aspectos que nos cuentan de la América Antigua nuestras fuentes arqueológicas e históricas. Pero no puede haber una prueba segura con estos paralelismos; una porción de ellos no podría establecer inequívocamente este libro como un auténtico documento precolombino, ni el no conseguirlos lo refutaría. Hoy en día, la mayor parte de los filósofos están de acuerdo en que nunca se pueden obtener resultados definitivos por este método. Diversos lectores juzgaran de diferente modo los materiales y argumentos que se presentan más abajo. Aquellos que ya están inclinados a aceptar llegarán a la conclusión de que estos paralelismos constituyen una abrumadora evidencia de que el Libro de Mormón es un auténtico registro antiguo, mientras que mentes más escépticas achacarán los mismos paralelismos a datos equivocados, a una serie de malinterpretaciones por mi parte, o a una mera coincidencia. Repito que mi intención no es poner “a prueba” el Libro de Mormón llevándolo fingidamente al banquillo de la ciencia. No puede haber un Tribunal Supremo en este asunto. Cada individuo tiene que emitir su propio juicio. El propio libro insiste en que debe ser puesto a prueba por cada lector: “...quisiera exhortar a que preguntéis a Dios ... si no son verdaderas estas cosas; y ...él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo” (Moroni 10:4). ¿Presento yo entonces una hipótesis para que sea examinada científicamente? La idea misma resulta anticuada. Los científicos nunca harían este tipo de cosas de la manera fría y “objetiva” que a muchos profanos se les ha dado a entender, excepto, quizás, en algunos asuntos menores y sin interés. Nadie examina nunca “todas” las pruebas de ningún asunto porque hay mucho por descubrir o controlar. De cualquier modo los propios sentimientos y presuposiciones del investigador, especialmente en un asunto como éste, entran a formar parte de la manera de expresarlo, así
  • 14. INTRODUCCION XXI que la objetividad definitiva es del todo imposible. Mi tarea ha estado más cerca de lo que Michael Polanyi describe en su libro Personal Knowledge6 . El sostiene, de forma persuasiva, que los intereses y convicciones de los investigadores dan forma poderosamente a toda investigación. Por supuesto que mis puntos de vista subjetivos acerca del Libro de Mormón y del área cultural con la que lo compararé han influido en lo que he escrito aquí. Sin un vivo interés en ambos, el área y el libro de escritura, nunca habría invertido el considerable esfuerzo que lleva incluso sólo hacer la comparación. “Un hombre no aprende a entender nada a menos que lo ame”, afirmó Goethe. Mi deseo de entender el libro y su emplazamiento geográfico inevitablemente da color a todo mi trabajo, afectando a ambos. Pero probablemente esto mismo es verdad en cualquier científico o erudito que trabaja en un problema complejo, tanto si se trata de desarrollar una nueva variedad de arroz o de reconstruir la historia de los judíos.7 Pero los sentimientos fuertes no deben quitar mérito a una disciplinada investigación. La comprensión exige algo más que una celosa preocupación o incluso una extensa investigación. También requiere disciplina. Yo he intentado ser disciplinado en lo que respecta a los muchos y relevantes hechos que he podido ir comprendiendo acerca de la geografía de Mesoamérica y del mismo volumen de escritura. He renunciado a muchas atractivas preconcepciones a la vista de evidencias contrarias o de escasez de datos. Por otra parte, es 6.-”Conocimiento personal” (N. del T.). Michael Polanyi, Personal Knowledge: Towards a Post-Critical Philosophy (Chicago: University of Chicago Press, 1958). 7.- El profesor Cyrus Gordon, hace veinticinco años, señaló que la “energía y el vigor necesarios para dominar un conjunto complejo o fuentes difíciles” dependen de algún compromiso más allá de la abstracta ciencia o erudición. Introduction to Old Testament Times (Ventnor, New Jersey: Ventnor Publishers, 1953), p. v.
  • 15. INTRODUCCIONXXII esencial un escepticismo saludable sobre el conocimiento de uno mismo. Yo soy escéptico de que alguna vez pueda llegar a comprender todo lo que determinado texto dice. Tengo aún más dudas de que ni yo mismo ni otros podamos comprender enteramente los hechos científicos e históricos que parecen incidir en el texto. A pesar de todas estas reservas, he llegado ya al punto donde parece que merece la pena compartir con otros lo que sé. Concretamente, he desarrollado un cuadro o modelo de cómo se desarrollaron los hechos que se describen en el Libro de Mormón. Este es un modelo plausible. Esto significa que el emplazamiento geográfico que se describe podría ser razonable tal como yo lo represento. Este modelo funciona como una pequeña réplica de un aeroplano o una máquina de vapor, en el sentido de que unidas las partes, encajan, explicando punto por punto aspectos del Libro de Mormón que de otro modo parecerían inexplicables. Algunas personas comentan: “Pero no puede estar seguro, todo lo que tiene es una teoría, ¿no es así?” Bien, si aparece una persona con, digamos, un nuevo modelo de “maquina voladora,” la mayoría de nosotros, sabiamente, pediríamos una demostración. Una vez que hubiéramos visto al aparato despegar, dar varias vueltas y aterrizar con seguridad, y después de haberle hecho, nosotros mismos, dar varias vueltas con éxito, lo tomaríamos en serio. Llamen a esto teoría si quieren, pero si mi modelo funciona -el modelo de cómo los hechos que relata el Libro de Mormón ocurrieron en un determinado tiempo y lugar en la América antigua- cualquier persona debería tomarlo en serio. De esta manera el resto de este libro presenta un sistema coherente y plausible de interpretación del Libro de Mormón en términos geográficos, históricos y culturales específicos.
  • 16. ¿Estoy satisfecho con los resultados, después de tantos años de estudiar este tema? No, todavía quedan muchas preguntas; cualquier persona debería estar deseosa de corregir la debilidad de sus puntos de vista una vez que le son señalados. Ciertamente estoy ansioso de hacerlo. A la larga, sólo la verdad permanece. Este libro en particular está escrito principalmente para un público: aquellos que están deseosos de aprender más verdad acerca del Libro de Mormón y la América Precolombina. Mi selección del material y mi presentación están pensadas para ayudar a estos lectores a seguir adelante con la tarea. He edificado sobre la base del trabajo de muchos en el pasado, cuyos esfuerzos yo respeto. Mi experiencia personal en cuanto a las disciplinas que tratan de la vida en la antigüedad me confirma que la motivación de los que trabajan en estos campos es la búsqueda de la verdad. Los Santos de los Ultimos Días que han estudiado las escrituras han realizado también contribuciones vitales. Reconozco con gratitud ambas fuentes. Las extensas notas a pie de página son, en parte, un tributo a algunos de los que me han precedido. Estas mismas son también una guía para aquellos que continuarán con nuevas investigaciones, corrigiendo mis errores e ignorancia. Puede que muchos en la próxima generación, exploren detenidamente lo que se encuentra al otro lado de las puertas que yo solamente he entreabierto. Además estos apasionados investigadores y potenciales colaboradores quizás sean personas reacias, curiosas, o críticas que desean también leerlo todo. Son bienvenidos, pero este mensaje es principalmente para los apasionadamente ambiciosos. Más adelante se citan con frecuencia capítulos y versículos del Libro de Mormón. El no leer estos versículos nos inducirá a perder importante información, sin embargo el que yo cite todos los INTRODUCCION XXIII
  • 17. versículos que están relacionados podría ser una pesada carga para el lector. Lo que se proporciona sirve, al menos, como punto de partida para el investigador que quiera saber más. Lo mismo se aplica a la literatura técnica citada. Todo lo que intento hacer es proporcionar puntos tanto en las fuentes escriturales como en las profesionales, a partir de las que una persona puede comenzar a leer más, sin agotar las referencias. Y si un tema se trata superficialmente en el texto, no significa que no fuera tentador un tratamiento más completo. Pero todos debemos enfrentarnos con los mismos problemas, como se lamentaba Herman Melville: "¡Oh, tiempo, dinero y paciencia!”. INTRODUCCIONXXIV
  • 18. 1 Trazando el Mapa del Libro de Mormón De forma preliminar a nuestra investigación, debemos establecer donde se desarrollaron los hechos del Libro de Mormón dentro del hemisferio occidental. Deberíamos saber si ocuparon la totalidad del continente americano. Si el escenario fue un territorio restringido, entonces este hecho es esencial. Equivocarnos en la geografía nos envolvería en un conjunto de errores en cadena que inevitablemente harían fracasar cualquier conclusión que sacáramos. Si nosotros no supiéramos dónde, y naturalmente cuándo, encontrar datos comparativos, podríamos también tratar de dar luz al Libro de Mormón asumiendo su emplazamiento en España o en Siberia. ¿Un mapa autorizado? Algunos Santos de los Ultimos Días se enfrentan a problemas como el de la geografía del Libro de Mormón recurriendo automáticamente a los líderes de la Iglesia para encontrar respuestas. Parece apropiado, entonces, comenzar preguntandonos si la geografía del Libro de Mormón ha sido determinada por estos líderes o no. Las fuentes históricas no nos indican que entre las instrucciones que Moroni dio a José Smith se incluyera la geografía, ni tampoco José Smith declaró tener inspiración sobre el asunto. Las ideas que él expresó más tarde, acerca de la localización de los hechos de los que se habla en el libro, aparentemente reflejaban lo mejor de su opinión personal. Lo que parece la primera interpretación consensuada de la geografía del 1
  • 19. UN MARCO GEOGRAFICO2 Libro de Mormón de él y de sus asociados era amplia: la tierra del sur era la totalidad de América del Sur, la tierra del norte, el continente norteamericano. Un indicador de esto es un registro manuscrito de 1836 de Frederick G. Williams, que atribuye a José Smith la declaración de que: “Lehi y su tripulación desembarcaron en el continente sudamericano, en Chile, a treinta grados de latitud sur.”1 Líderes de la Iglesia como B. H. Roberts y John A. Widtsoe, ambos críticos prudentes, vacilaron al aceptar el origen de la declaración del profeta,2 sin embargo ciertamente no sería sorprendente que el profeta haya sostenido alguna vez este punto de vista, ya que otros primeros miembros parecen haberlo creído.3 (Williams dijo más tarde que la declaración sobre Chile le fue hecha a él por un ángel en vez de por José Smith.)4 En vista del hecho de que, con el tiempo, las ideas del Profeta sobre otros temas maduraron, sus ideas sobre la geografía del Libro de Mormón podrían haber experimentado un cambio. En 1842, un editorial en el periódico de la Iglesia Times and Seasons (del 15 de septiembre, páginas 921-22) afirmaba que “Lehi... desembarcó un poco más al Sur del Istmo de Darién (Panamá).” José Smith había asumido seis meses antes (pág. 710) la responsabilidad exclusiva por el contenido del periódico, a pesar de que el editor oficial 1.- Franklin D. Richards y James A. Little, eds., Compendium (Salt Lake City: Deseret News Press, 1886), p. 289. 2.- Brigham H. Roberts, New Witnesses for God, vol. 3 The Book of Mormon, vol. 3 (Salt Lake City: Deseret News Press, 1926), pp. 501-3; John Widtsoe, “Is the Book of Mormon Geography Known?” en A Book of Mormon Treasury: Selections from the Pages of the Improvement Era (Salt Lake City: Bookcraft, 1959), pp. 128-29. 3.- Por ejemplo, la declaración de Oliverio Cowdery en Francis W. Kirkham, A New Witness for Christ in America: The Book of Mormon (Independence Missouri: Zion´s Printing and Publising Co., 1942), p. 93. 4.- Nancy C. Williams, Meet Dr. Frederick Granger Williams ... After One Hundred Years (Independence, Missouri: Zion´s Printing and Publishing Co., 1951), pp.101-3.
  • 20. TRAZANDO EL MAPA 3 era John Taylor. El lugar que se menciona es, naturalmente, alrededor de tres mil millas al norte del punto de Chile que menciona la cita de Williams. En el plazo de pocas semanas apareció otro artículo sobre geografía en el periódico. Un notable “best- seller” de aquel tiempo era el libro de John Lloyd Stephens Incidents of Travel in Central America, Chiapas and Yucatán,5 publicado en 1841. En el número de septiembre de 1842 se hizo una reseña entusiasta del libro de Stephens, con extensos extractos del fascinante relato, que describía las maravillas de las ruinas mayas, por primera vez en una fuente de lengua inglesa fácilmente accesible. Al comentar el primer extracto, el anónimo escritor afirmó que los nefitas “vivieron alrededor de la estrecha franja de tierra, que ahora abarca Centroamérica, con todas las ciudades que se encuentran allí” (pág. 915). Dos semanas después el escritor llegaba a una nueva conclusión: Desde que nuestro “Extracto” del libro “Incidentes de viaje” etc. del señor Stephens fue publicado, hemos encontrado otro hecho importante relacionado con la veracidad del Libro de Mormón. América Central, o Guatemala, está situada al norte del Istmo de Darién y en otro tiempo abarcaba varios cientos de millas de territorio de norte a sur. La ciudad de Zarahemla, incendiada en el tiempo de la crucifixión del Salvador, y reconstruida más adelante, se encontraba en esta tierra. El autor del artículo añadió, con frases pintorescas pero con cautela digna de elogio, 5.- Incidentes de viaje por Centroamérica, Chiapas y Yucatán. (N. del T.)
  • 21. UN MARCO GEOGRAFICO4 No vamos a declarar categóricamente que las ruinas de Quirigua (en Guatemala) son las de Zarahemla, pero cuando la tierra, y las piedras, y los libros narran la historia tan claramente, somos de la opinión, de que se requerirían más pruebas de las que los judíos podían aportar para probar que los discípulos robaron el cuerpo de Jesús de la tumba, para demostrar que las ruinas de la ciudad que nos ocupa no son las que se mencionan en el Libro de Mormón. No tenemos seguridad de que las declaraciones del periódico fueran hechas por José Smith aunque él tenía la responsabilidad editorial del mismo. Ni tampoco podemos estar seguros mediante otra fuente de la conclusión a la que llegó sobre el asunto. Tanto si el profeta personalmente creyó que las tierras nefitas se encontraban en Centroamérica o no, los líderes que se asociaban diariamente con él sintieron que esta era la mejor contestación a la pregunta “¿dónde?”. Incluso podría ser más importante para los Santos de los Ultimos Días darse cuenta de que ellos la consideraban como una pregunta abierta, para ser meditada e investigada, y ellos complementaban su estudio de las escrituras con los mejores recursos del limitado saber secular que les era accesible en aquel tiempo. Veintitrés meses después de las afirmaciones del Times and Seasons, murieron José Smith y su hermano Hyrum. Los sucesos que se acumularon durante este agitado periodo anterior al martirio del profeta, le dejaron escaso tiempo libre para estudios de geografía. Sin embargo, una afirmación de Orson Pratt, de 1848, demuestra la continuidad de las ideas expresadas por el Times and Seasons seis años antes. Los nefitas, dijo Pratt, “habitaron las ciudades del Yucatán durante el tiempo en que fueron atacados y expulsados de la tierra del sur”,6 obviamente esto excluye a Panamá como “la estrecha franja de tierra”. 6.- Millennial Star 10 (15 de Noviembre 1848): 347.
  • 22. TRAZANDO EL MAPA 5 La preocupación principal de la siguiente generación de Santos fue simplemente sobrevivir. Cuando más adelante, durante el siglo XIX, se reavivó el interés por la geografía del Libro de Mormón, los líderes de la Iglesia tuvieron cuidado de no dejar que se produjeran divisiones entre los Santos por esta cuestión o que las opiniones se convirtieran en dogmas. El Elder George Q. Cannon, una de las fuerzas intelectuales de aquel tiempo en la Iglesia, dijo en 1890: Existe la tendencia, que se manifiesta con fuerza en estos momentos entre algunos hermanos, de estudiar la geografía del Libro de Mormón. ... Se pide a menudo a los hermanos que dan discursos sobre las tierras de los nefitas que preparen sugerentes mapas ilustrativos de la geografía nefita, pero nunca deberían haber consentido en hacerlos. Tampoco sabemos de ningún apóstol que quisiera emprender tal labor. La razón es que, sin más información de la que tienen, no están preparados ni siquiera para sugerir [una solución]. 7 El presidente Joseph F. Smith, el presidente de los setenta Anthony W. Ivins, y el apóstol John A. Widtsoe se encontraban entre las autoridades que más tarde afirmaron que la Iglesia no adoptaba ninguna posición sobre las localizaciones específicas del Libro de Mormón. El presidente Smith, por ejemplo, cuando se le pidió aprobar un mapa “mostrando el lugar exacto donde Lehi y su tripulación desembarcaron,” se negó a hacerlo, alegando que el “Señor todavía no lo ha revelado.”8 Elder Ivins advirtió en 1929, “Todavía no se ha anunciado nada definitivo que resuelva definitivamente la cuestión [de la geografía del Libro de Mormón]. Así que la Iglesia dice, sí, estamos simplemente esperando a descubrir la verdad.”9 Esta 7.- Juvenile Instructor 25 (Enero de 1890): 18-19. 8.- The Instructor 73 (Abril de 1938): 160. 9.- Informe de la Conferencia de Abril de 1929 (Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, 1929), pp. 15-66.
  • 23. UN MARCO GEOGRAFICO cautela ha sido la trayectoria que se ha seguido consecuentemente desde entonces, dejando libertad para que los individuos estudien y examinen el tema sin poner a las autoridades en el compromiso de tener que defender o refutar el punto de vista personal de alguien. Incluso en un resumen tan breve como éste, queda claro que las autoridades de la Iglesia desde la época de José Smith hasta ahora no han llegado a ningún consenso, no han hecho ninguna declaración autorizada, ni han informado de ninguna solución definitiva a la cuestión de la geografía de Libro de Mormón. Sin embargo, nunca les ha parecido un problema insoluble, sólo difícil. Elder Widtsoe pensaba que “a fuerza de un estudio diligente, con oración, podemos llegar a comprender mejor la época y los lugares de las personas que se mueven a través de las páginas del divino Libro de Mormón.”10 No, las autoridades de la Iglesia no nos han resuelto ninguno de los problemas más importantes sobre el emplazamiento geográfico del Libro de Mormón. Debemos buscar las respuestas en algún otro lugar. ¿Qué Dice el Libro? El primer lugar donde debemos buscar conocimiento sobre el contexto del Libro de Mormón es el propio libro. Recurrir al original es la base de todo conocimiento sólido cuando alguien trabaja con un texto antiguo. Un renombrado experto en tierras bíblicas y del Antiguo Testamento lo dice de este modo: “No se puede nunca enfatizar demasiado el que los descubrimientos arqueológicos tienden a justificar el significado literal del texto contra [cualquier otra] interpretación erudita y tradicional. Esto no sólo es válido para la Biblia, sino para todos los textos antiguos en general.”11 6 10.- Witdsoe, “Book of Mormon Geography,” pág. 130. 11.- Cyrus Gordon, Introduction to Old Testament Times (Ventor, New Jersey: Ventnor Publishers, 1953) pág. 107.
  • 24. TRAZANDO EL MAPA 7 Pero ¿se encuentra suficiente información para mostrar una imagen coherente y digna de confianza en el mismo libro? Algunos Santos de los Ultimos Días han escudriñado las claves que el Libro de Mormón proporciona sobre geografía y han elaborado varios mapas mostrando lo que ellos consideran que son las conexiones entre las tierras y ciudades mencionadas. Decir que han llegado a conclusiones variadas, es una expresión exageradamente moderada. En efecto, nosotros debemos elaborar un mapa semejante- sistemática y extensamente. De cada afirmación del libro debemos extraer toda la información importante, y debemos hacerla encajar toda sin contradicciones. A pesar de sus contribuciones, todos los mapas anteriores han sido incompletos y poco consistentes al tratar la información importante del Libro de Mormón. Ninguno es totalmente digno de confianza. Construir un mapa que sea internamente coherente no es mas que el primer paso. Seguidamente debemos hacer que correspondan las tierras y ríos del Libro de Mormón con lugares existentes, lugar por lugar, tal como lo han hecho los expertos en lo que respecta a gran cantidad de la información que se encuentra en la Biblia. Si no fuera por eso, los sucesos que se encuentran en el libro permanecerían en un limbo geográfico; y nosotros tendríamos sólo un mapa simulado. Nuestra primera tarea consiste en analizar las características esenciales de las tierras descritas en el libro. Esto determinará un conjunto de requisitos. Cualquier área de las Américas que se proponga como la localización de los sucesos del Libro de Mormón debe encajar con estos criterios o si no se la considerará equivocada. Mientras comparamos los requisitos con porciones del mapa actual del mundo, debemos eliminar de nuestra consideración todos los territorios que estén en conflicto con lo que se requiere. Es concebible que pudiéramos terminar sin la
  • 25. UN MARCO GEOGRAFICO8 información suficiente para identificar con seguridad algún lugar como el área donde tuvieron lugar los acontecimientos del Libro de Mormón. Sin embargo, prosigamos. El requisito más obvio, que es la configuración, tiene que ver con el bosquejo básico del Libro de Mormón. Pronto nos enteramos de que una “estrecha lengua de tierra” o istmo separaba la “tierra del norte” de la “tierra del sur”, con forma, a rasgos generales, de reloj de arena. (Ver el mapa 1). Alma 22:32 nos dice que la tierra del sur estaba “casi rodeada de agua,” pero no hace ninguna declaración clara acerca de la relación de la tierra del norte con sus mares adyacentes. Tal y como la concebían los nefitas, la tierra del sur estaba dividida principalmente en dos: la tierra de Nefi más al sur, y hacia norte de ésta la tierra de Zarahemla, la cual se extendía tanto que casi llegaba hasta la lengua de tierra. La porción sur del istmo se denominaba tierra de Abundancia. Directamente al norte de la tierra de Abundancia, en la estrecha franja de tierra, estaba la tierra de Desolación. No lejos, al norte de Desolación, se encontraba la primera zona principal de asentamiento jaredita, la tierra de Morón (Eter 7:6). Al norte de Desolación, a lo largo de la costa oriental yacía una tierra cubierta de agua (Alma 50:29; Eter 15:8-11). Al norte de Morón y al sur de Nefi, la situación permanece nebulosa; pero en medio de todo esto, el conjunto de estas conexiones _ tierra del norte/istmo/tierra de Zarahemla/tierra de Nefi_ están más allá de toda discusión.
  • 26. FORMA DE RELOJ DE ARENA DE LAS TIERRAS DEL LIBRO DE MORMON
  • 27. UN MARCO GEOGRAFICO10 Dimensiones ¿Qué largo y ancho tenían estas tierras? La forma de reloj de arena podría, después de todo, encajar tanto con todo el hemisferio occidental como con una porción relativamente pequeña del mismo. Es vital establecer la extensión del territorio donde tuvieron lugar los hechos narrados en las escrituras. Para determinar sus dimensiones, la información crucial que se encuentra en el texto es cuánto tiempo les llevaba a las personas trasladarse de una parte a otra. Consideremos la distancia entre la ciudad de Nefi y la de Zarahemla. El grupo de misioneros que dirigió Amón, intentando llegar hasta la tierra de Nefi, “no sabían el rumbo que debían seguir en el desierto para ir a la tierra de Lehi-Nefi”; por tanto encontraron el lugar después de 40 días de viaje (Mosíah 7:4). El viaje de Alma y sus conversos nos es de más ayuda, ya que recorrieron prácticamente el mismo camino en sentido contrario. Salieron de las aguas de Mormón, que probablemente no se encontraba a más de dos días de la ciudad de Nefi, y lograron llegar a Zarahemla en 21 días (Mosíah 18:1-7; 23:1-3; 24:20; 25). El grupo incluía mujeres, niños y “rebaños.” ¿Cuán rápido pudieron haber viajado? Los pioneros mormones, conduciendo yuntas de bueyes a través del llano territorio de Nebraska, hacían un promedio de 10 a 11 millas por día. En Guatemala les lleva a los porquerizos ocho días conducir una piara de cerdos 90 millas a través de terreno montañoso, hasta llegar al mercado (una media de poco más de 11 millas por día).12 Otros grupos de viajeros no lo hacen ni siquiera tan rápido. R.E.W. Adams, un arqueólogo que ha trabajado en Guatemala, 12.- R. E. W. Adams, “The Ceramic Chronology of the Southern Maya.” Segundo informe preliminar de la Fundación para las Ciencias Nacionales, Grant GS 610, Universidad de Minnesota, duplicado en Minneapolis, 1966, pág. 5.
  • 28. TRAZANDO EL MAPA 11 informa que a los viajeros que van en viaje comercial de rutina, atravesar los senderos y corrientes de la jungla desde el valle de Cotzal hasta Petén - aproximadamente 120 millas de distancia por aire -les cuesta 19 días o más, haciendo una media de poco más de 6 millas por día. Gran parte del camino se hace en piragua río abajo. Además, una persona puede recorrer en seis horas, andando por esa zona, una distancia que le llevaría siete a caballo. Si lleva animales consigo, el tiempo se alarga hasta diez horas.13 Otros viajeros son mucho más rápidos. R. F. Heizer informa que en el siglo XIX en California, pequeños grupos de indios Mohave podían recorrer cerca de 100 millas al día, en algunas ocasiones sin comida ni agua durante días. Hace aproximadamente 75 años, un indio tuvo fama de haber hecho un viaje de 100 millas y regresar después de descansar solamente unas pocas horas. En el caso de los indios Mohave14 no era excepcional hacer un promedio de seis millas por hora, no por día. El padre Sahagún escribió acerca de un pueblo mejicano pre-hispánico: “Los Toltecas eran altos, con el cuerpo más grande que los que viven actualmente; por esta razón les llamaban los tlanquacemilhuique que significa que podían correr el día entero sin cansarse.”15 Durante los traslados de los Toltecas, descritos en las crónicas mejicanas, en marchas desde el amanecer hasta la puesta del sol, sin animales, hacían una media de seis leguas, entre 15 y 24 millas.16 13.- Ibid. 14.- Robert F. Heizer, “Physical Capabilities of the Capabilities of the California Indians,” Masterkey 45 (1971): 109-13. 15.- Bernardino de Sahagún, Historia de las cosas de Nueva España (México: Editorial Nueva España, 1946), pág. 281. 16.- Mariano Veytia, Historia antigua de México, vol 1 (México Leyendia, 1944), pág. 152; Fernando de Alva Ixtlilxochitl, Obras históricas, vol. 1 (México: Editora Nacional, 1952) pág. 24.
  • 29. UN MARCO GEOGRAFICO12 Otros datos sobre la velocidad de los viajes entran dentro de estas escalas establecidas. Existe una amplia gama de posibilidades, dependiendo del terreno, de cómo estaban de acostumbradas las personas a viajar, o de si se trataba de un simple mensajero, de todo un pueblo o de un ejercito los que se hallaban involucrados. Si asumimos que el grupo de Alma y sus animales fueron a velocidad normal, es plausible que hayan viajado a razón de unos once millas por día. Desde las aguas de Mormón, de donde partió el grupo de Alma, Zarahemla estaría a 21 días o a 231 millas de viaje real haciendo 11 millas por día. Helam, la tierra a la que huyó Alma, parece haber estado fuera de la ruta principal, lo cual podría haber resultado un poco más corto (viajeros posteriores no pasaron por Helam; comparar Mosíah 23:30, 35). Además el texto deja claro que parte del viaje se hizo atravesando un yermo montañoso (donde se encontraba la cabecera del río Sidón; Alma 16:6; 22:27; 27:14), por una retorcida ruta con la que no estaban familiarizados Alma y su gente. El lugar denominado las aguas de Mormón estaba a un par de días de la ciudad de Nefi (Mosíah 18:4-7, 30-34; 23:21). Así que la cantidad real de millas del sendero o camino entre Zarahemla y Nefi, las dos ciudades predominantes en este temprano periodo de la historia, debe de haber sido del orden de 250 millas, asumiendo un ritmo de velocidad de 11 millas por día. Considerando las vueltas y curvas de una ruta verdadera, que sería probablemente la seguida en semejante terreno, la distancia en línea recta se aproximaría más a 180 millas. (Ver el mapa 2) Usando la distancia entre Nefi y Zarahemla como modelo tentativo, podemos calcular las distancias que había entre otros lugares. Moroni dijo que la ciudad de Zarahemla era el “corazón” o “centro” de la tierra de Zarahemla (Alma 60:1, 19, 22; Helamán 1:17-18, 22- 23). Sin embargo, Zarahemla no estaba lejos del límite
  • 30. TRAZANDO EL MAPA 13 de las tierras lamanitas. Un tal Coriantumr condujo un ejercito lamanita descendiendo por la tierra de Nefi directamente hacia Zarahemla, “y su marcha fue tan sumamente rápida, que no hubo tiempo de que los nefitas reunieran sus ejércitos” (Helamán 1:19). Si la distancia entre las fronteras del asentamiento nefita y su ciudad principal hubiera sido muy grande, los nefitas habrían recibido alguna advertencia de la fuerza que se aproximaba. Antes de esto, otro ejercito lamanita, procedente de Nefi, irrumpió en escena cerca de Zarahemla con sólo escaso aviso (Alma 2:23-25). Aparece una corroboración de esto en el relato del rey Mosíah, quien, años antes, condujo a su gente fuera de la tierra de Nefi; parece ser que ellos “llegaron a la tierra...” e incluso a la ciudad de Zarahemla, más bien precipitadamente (Omni 1:13-14). Estos hechos sugieren que la ciudad de Zarahemla puede haber estado en algún lugar al sur del centro geográfico del país, a pesar de que conceptualmente estaba en “el corazón” del mismo. Hay otra razón para pensar que la ciudad de Zarahemla podía no haber estado exactamente en el centro de la tierra de Zarahemla. Al norte de la ciudad, entre Zarahemla y Abundancia, la cuál estaba aún más al norte, (Helamán 1:27-28), se encontraban “las partes principales de la tierra.” Esta importante zona parece haber estado a lo largo del río Sidón, el cual fluía al norte de la tierra de Zarahemla (Alma 22:27-33; 2:15). Con el área más importante de asentamiento situada corriente abajo desde Zarahemla, nos da la impresión de que la ciudad principal estaba más cerca de las fronteras lamanitas que de donde se concentraba la población de la gran tierra de Zarahemla. Más tarde, pero todavía antes de Jesucristo, una continua franja de tierra yerma separaba la Zarahemla nefita del territorio lamanita. Además, por lo menos durante los sucesos que relatan los libros de Mosíah y Alma, la ciudad de Nefi (también llamada Lehi-Nefi)
  • 31. 1 El viaje de Omer a Ablom ("muchos días") 2 El de Nefíah a Moroni (un día largo) 3 Los exploradores de Limhi ("muchos días" perdidos por el desierto) 4 El grupo de Alma 5 La huida de Nefi ("muchos días en un territorio inexplorado) 6 El grupo de Ammón (40 días) LOS VIAJES QUE NOS INDICAN LAS DISTANCIAS
  • 32. TRAZANDO EL MAPA 15 se encontraba a alguna distancia de “la estrecha franja de yermo” propiamente dicha. En el lado lamanita de la zona fronteriza parece ser que un espacio considerable de yermo separaba la ciudad de Nefi de la franja de transición. Una cantidad considerable de búsquedas de tierras perdidas, avances y retrocesos de los enemigos, y viajes en el yermo tuvieron lugar en este extenso territorio. (Ver, por ejemplo, Mosíah 19:9- 11, 18, 23, 28; 23:1-4, 25-31, 35; Alma 17:8-9, 13; 23:14, a la luz de los versículos 9-12; 24:1.) No se hace ninguna mención de si alguna vez se hizo un viaje hacia el sur de la ciudad de Nefi, así que debe de haber estado cerca del límite sur o de lo que los nefitas reconocían como la gran tierra de Nefi (Alma 22:28). Si tomamos todas estas consideraciones en cuenta, parece razonable dividir nuestras cifras tentativas sobre la cantidad de millas de esta manera: del orden de 180 millas en línea recta separaban la ciudad de Nefi de la de Zarahemla; había alrededor de 100 millas de distancia desde Nefi hasta el punto medio de la “angosta faja de terreno desierto” (Alma 22:27); luego, eran 80 millas desde este punto bajando hasta la misma ciudad de Zarahemla. Aunque sólo son estimaciones, estas distancias y relaciones se derivan cuidadosa y fielmente de los anales nefitas tal y cómo lo permite nuestra información actual. Al norte, más allá de las fronteras de la tierra de Zarahemla, se encontraba una tierra sin nombre, la “tierra que estaba entre la tierra de Zarahemla y la tierra de Abundancia.” El lugar sólo se menciona en 3 Nefi 3:23. (La línea que contiene estas palabras se omite del texto impreso durante muchos años, aparentemente por un error del impresor, pero se repuso en la edición de 1981 del Libro de Mormón en inglés.17 ) La tierra de Abundancia, en conjunto, parece 17.-Stan Larson, “Change in Early Texts of the Book of Mormon,” Ensign 7 (Septiembre de 1976), pp. 28-33. Estas palabras todavía no están en la traducción al castellano. (N. del T.)
  • 33. UN MARCO GEOGRAFICO16 haber sido bastante estrecha, ya que Alma 22:31-33 la describe más que nada como una zona que se extendía a través de la estrecha lengua de tierra. No se dice mucho más acerca de ella. ¿A cuánta distancia se encontraba Zarahemla de Abundancia? Si la primera se encontraba ligeramente al sur del centro geográfico, como se ha razonado anteriormente, podría haber alrededor de 100 millas desde la ciudad de Zarahemla hasta la frontera norte de una tierra más extensa que la que se denominaba Zarahemla en los días de Alma (Alma 5:1; 6:7; 8:1-3, 6, 11-12; 16:1-15; 28:1). Si añadimos la tierra sin nombre, “la tierra entre la tierra de Zarahemla y la tierra de Abundancia”, y también la estrecha tierra de Abundancia, 80 millas más, debía de haber una amplia distancia desde el límite norte a la tierra del sur. Más allá se extendía la tierra de Desolación, en la tierra del norte, de la cual hablaremos más adelante. Repasemos estas distancias. La “tierra de la primera herencia” estaría en el límite del extremo sur, pero no podemos estar seguros de su relación con Nefi o sus alrededores, excepto de que la primera era una región costera y la otra un territorio elevado. Nuestro primer punto claro de referencia, entonces, es la ciudad de Nefi. El siguiente es una extensión situada a 100 millas del punto desde el que se inicia la influencia nefita. Unos 80 millas adicionales nos llevan a la misma ciudad de Zarahemla. Alrededor de 100 millas al norte de Zarahemla estaba el límite de la tierra que era controlada directamente por la ciudad durante el reinado del último rey (Alma capítulos 5-15) y que continuó por mucho tiempo después como una unidad geográfica real (3 Nefi 3:23). Ochenta millas más cubren la extensión unida de la “tierra intermedia” y Abundancia. Así que la longitud total de la tierra del sur, donde tuvo lugar la mayor parte de la historia que narra el Libro de Mormón, no debía de ser ni más ni menos que de 360 millas.
  • 34. TRAZANDO EL MAPA 17 Pudiera ser de ayuda, acostumbrados como estamos a grandes distancias que podemos recorrer por aire y automóvil, que recordáramos que Palestina, desde Dan hasta Beersheba, tenía sólo 150 millas de largo y menos de la mitad de ancho; a pesar de esto el 95 por ciento de los hechos mencionados en el Antiguo Testamento tuvieron lugar dentro de ese reducido espacio. Desde esta perspectiva, la extensión estimada a la que hemos llegado del escenario nefita parece razonable. Naturalmente, posteriores indicaciones del Libro de Mormón nos ayudan a confirmar estas dimensiones. En la historia del grupo de exploración del rey Limhi se encuentra una comprobación vital de la extensión del conjunto de estas tierras. Gobernando sobre un grupo sometido a servidumbre en la tierra de Nefi, Limhi mandó exploradores a encontrar Zarahemla, de la cual sus antepasados habían venido casi 50 años antes (Mosíah 8:7-8). Sus mensajeros iban a pedir a la gente de Zarahemla que les ayudaran a librarse del yugo lamanita. Desafortunadamente, de alguna manera, esta ruta sobrepasó Zarahemla, y atravesaron la “estrecha lengua de tierra”, sin ni siquiera darse cuenta, y les llevó al lugar donde había tenido lugar la batalla final de una población anterior, los jareditas. Allí encontraron ruinas y un conjunto de 24 planchas dejadas por el último profeta jaredita, Eter (Eter 15:33; Mosíah 21:25-27). Con tristeza, los exploradores volvieron a su tierra, a Nefi, para informar a Limhi, equivocadamente, de que los restos que habían encontrado debían de ser los de Zarahemla destruida. El grupo de exploración sabría aproximadamente cuánto les había llevado a sus padres viajar de Zarahemla a Nefi, tan sólo dos generaciones atrás, así que cuando ellos viajaron, digamos, el doble de la distancia normal, hasta Zarahemla, se debieron de haber preguntado acerca de su posición y probablemente no habrían ido mucho más lejos.
  • 35. UN MARCO GEOGRAFICO18 De Nefi a Zarahemla, en línea recta, había 180 millas. El doble de la distancia que les habría llevado hasta la “línea” (Alma 22:32, lógicamente un río) que separaba Abundancia de Desolación, el comienzo de la tierra del norte. A semejante distancia de casa debían de haber pensado en volver. Seguramente hombres tan diligentes como los que el rey habría mandado no habrían seguido mucho más allá. Así que no es razonable que el campo de batalla de los jareditas, donde terminaron los exploradores de Limhi, hubiera estado, dentro de la tierra del norte, a más de 100 millas desde la “línea” en el istmo. (Ver mapa 2.) La colina de Ramah, donde los jareditas se autodestruyeron, era la misma colina que la Cumorah nefita (Eter 15:11). Todo este asunto nos dice pues, que es improbable que la distancia total de la ciudad de Nefi al último campo de batalla en Ramah o Cumorah fuera de más de 450, o quizás 500, millas. Tengan presente que estas cifras son estimaciones razonables de acuerdo con las afirmaciones de las escrituras; no se pueden determinar distancias más exactas. De todos modos, cualquier incremento de las dimensiones, haría más difícil de sostener la historia de los exploradores de Limhi. La colina de Ramah/Cumorah parece entonces, haber estado 100 millas al interior de la estrecha lengua de tierra, y esto concuerda con que los nefitas llamaran “Desolación” a la porción que estaba más al sur de la tierra del norte, la cual incluía el último campo de batalla, salpicado de huesos y armas oxidadas (Alma 22:30-31). En lo que respecta a la propia tierra del norte, nuestros datos sobre distancias nos llegan del registro jaredita, de sus últimos años de guerras entre ellos. Mientras los jareditas se aproximaban a su destrucción final, el profeta Eter huyó, para salvar su vida, desde los cuarteles generales del rey, en Morón: “y él se ocultaba en el hueco de una roca durante el día, y salía de noche para ver las cosas que le sobrevendrían al
  • 36. TRAZANDO EL MAPA 19 pueblo” (Eter 13:13). Vivió en esa cueva mientras escribía “el resto de la historia”, o sea, el original del libro de Eter, que fue más tarde compendiado por Moroni para que nosotros lo leyéramos. La gran guerra civil jaredita comenzó el mismo año en el que huyó Eter, y el profeta registró todo aquello de lo que se enteraba sobre ella, desde su refugio (Eter 13:14, 18, 22-24). Después de ocho años de combate intermitente, todavía continuaban las batallas en el valle de Morón, que aún estaba dentro del campo de observación de Eter. Y él continuaba en su cueva después que una población de más de dos millones de personas, las cuales habían cubierto “toda la superficie de la tierra”, murieran (Eter 14:11, 22-23; 15:2). Finalmente, tras una catastrófica batalla cerca de la colina de Ramah, el Señor hizo salir a Eter de su cueva para que hiciera la última anotación en su registro y lo depositara donde el grupo de exploración de Limhi pudiera encontrarlo. La conclusión parece clara. Todas las batallas finales de los jareditas tuvieron lugar en la tierra del norte, dentro de un territorio lo suficientemente pequeño como para que Eter pudiera observar la mayor parte de la acción moviéndose sólo distancias muy cortas desde su base, en la cueva. Además, el linaje de Jared tuvo su principal asentamiento en Morón desde poco tiempo después de su desembarco en la costa hasta poco tiempo antes de la destrucción final. Y la tierra de Morón estaba “cerca” de la tierra que los nefitas llamaban Desolación (Eter 7:6). Probablemente cien millas desde Morón hasta la colina de Ramah, se acomodarían a todos estos hechos. La confirmación de la proximidad de Ramah con Morón se encuentra en el relato acerca del rey Omer. El gobernó durante los primeros años de la historia jaredita, cuando la población inmigrante pudo haber sido escasa. Retirándose de Morón, al ser amenazado por un rival, viajó con su familia “muchos días” hasta
  • 37. UN MARCO GEOGRAFICO20 encontrar refugio cerca del mar occidental. Un grupo de gente se trasladaría más lentamente, y, con niños y mujeres, probablemente por una ruta más larga y más llana, que el solitario Eter. En su camino desde Morón hasta el mar, Omer pasó por Ramah/Cumorah (Eter 9:3). Cuando se enteró de que los acontecimientos se habían puesto a su favor en casa, Omer volvió. (Eter 9:13). Si el área a la que huyó, y por lo tanto la de la última batalla, estaba más o menos dentro de las 100 millas desde Morón, la huida y vuelta de Omer tiene sentido; una distancia más grande parecería extraña, dada la poca cantidad de población. Muchos Santos de los Ultimos Días tendrán que cambiar notablemente su manera de pensar para ajustarla a las dimensiones de las que hemos hablado. Y tenemos otras evidencias en el Libro de Mormón de que los nefitas ocuparon un área bastante compacta. Por ejemplo, 3 Nefi 3 nos cuenta cómo los nefitas y los lamanitas justos, amenazados por los ladrones de Gadiantón, se reunieron en una fortaleza común, con provisiones de alimentos para siete años, para hacer salir de su tierra a los parasitarios ladrones, haciéndoles pasar hambre. El tamaño de la población reunida se describe como de “miles y decenas de miles” provenientes de la tierra del sur y la del norte, todos reuniéndose desde asentamientos de los cuales unos pocos años antes el relato de Helamán dice: “empezaron a cubrir la superficie de toda esta tierra, desde el mar del sur hasta el mar del norte, y desde el mar del oeste hasta el mar del este.” (Helamán 3:8). Sin embargo, se dice que toda esta gente se reunió en una sola zona, lo suficientemente pequeña como para ser sitiada (3 Nefi 4:16-18). El texto, claramente, trata de un área que en conjunto sólo tiene una dimensión de cientos de millas. ¿Que sabemos de la estrecha lengua de tierra? Primero, tenía que ser lo suficientemente ancha como para que los exploradores de Limhi pudieran
  • 38. TRAZANDO EL MAPA 21 atravesarla sin darse cuenta de que era un istmo. (Recordemos que a su vuelta supusieron que habían estado todo el tiempo en la tierra del sur.) Por otro lado, era tan estrecha que “la distancia no era sino de un día y medio de viaje para un nefita, por la línea de Abundancia y la tierra de Desolación, desde el mar del este al del oeste” (Alma 22:32). Por supuesto no sabemos cuánto tiempo podía ser “un día de viaje”. Las referencias dadas anteriormente ilustran cuán gran variedad de distancias podría abarcar este término. También pueden variar las interpretaciones de esta expresión. Posiblemente “la distancia de un día y medio” era una distancia estándar. Los nefitas podían haber entendido que “un día y medio de viaje” significaba una determinada cantidad de millas. De la misma forma, la legua española significaba el promedio de la distancia que una mula cargada podía viajar en aproximadamente una hora; el término no dice nada de ninguna mula ni de una cantidad de horas determinadas de viaje continuado. O quizás las palabras “un nefita” podrían sólo implicar que el que hacia el trayecto era un mensajero especial, ya que la frase se encuentra en un contexto de defensa militar. ¿Y qué medio de transporte se podría haber empleado? Si asumimos un viaje a pie -probablemente el modo normal- podemos proceder a calcular la anchura del istmo. Como ya hemos calculado anteriormente, la velocidad de “un nefita”, un sólo individuo, podía potencialmente ser de hasta seis millas por hora durante un tiempo de 24 horas, lo cual entra dentro del “día y medio.” Esto haría un total de 144 millas. Si se utilizó otro medio para viajar aumentaría la cifra de 144. O la distancia sería quizás más pequeña, digamos, de 50 millas. Si se aplica la cifra mínima, hubiera sido muy difícil que los exploradores de Limhi no se dieran cuenta de que atravesaban un largo istmo; si nos vamos al extremo contrario, la cifra más alta, el “día y
  • 39. UN MARCO GEOGRAFICO medio de viaje” resulta más problemático. Me parece que una extensión de 75 a 125 millas resulta un término medio plausible. Hay todavía otro relato de un viaje que nos ayuda a precisar distancias, esta vez en la costa este de la tierra del sur. El comandante nefita Moroni estableció allí una hilera de ciudades con guarniciones, contra un anticipado asalto lamanita dirigido a Abundancia y a la estratégica zona del istmo. El área pronto se convirtió en una zona crucial de batallas cuando el disidente nefita Amalickíah tramó cómo hacerse con el control de los ejércitos lamanitas y atacó por sorpresa a lo largo de la costa, capturando ciudad por ciudad hasta que se encontró en la misma frontera de la tierra de Abundancia (Alma 5:22-28). Abundancia era la ciudad que estaba más al norte en el camino de avance hacía la tierra del norte. Al llegar a este punto, un grupo de soldados nefitas hicieron salir a la guarnición lamanita fuera de su fortaleza de Mulek, conduciéndoles hacia Abundancia, mientras una segunda fuerza se introducía furtivamente en la retaguardia enemiga para tomar posesión de Mulek (Alma 52:21-31). Mulek y Abundancia estaban tan cercanas la una a la otra que las fuerzas de Teáncum pudieron recorrer la mayor parte de la distancia y regresar durante parte de un día caluroso, aunque esto supuso un esfuerzo extenuante (versículo 31). Sobre la base de estas declaraciones, podemos inferir que para los soldados había más o menos un día regular de marcha desde Mulek hasta Abundancia; digamos casi 25 millas. Un poco después, Gid, la ciudad que seguía a la de Mulek, fue recapturada por los nefitas con una única maniobra. Después de más escaramuzas, se mencionan cuatro ciudades que continuaban en manos lamanitas: Moriantón, Lehi, Nefíah y Moroni. En un decisivo día de batalla, los nefitas expulsaron al enemigo de todas ellas (Alma 62:24-35). El contraataque nefita comenzó, probablemente al amanecer, contra Nefíah, 22
  • 40. TRAZANDO EL MAPA 2324 la más importante de las cuatro. Tras capturarla rápidamente, el capitán Moroni persiguió a los lamanitas que se retiraban a través de Lehi y Moriantón hasta la playa (versículo 32); después, a lo largo de la orilla, fueron corriendo hacia Moroni, llegando al anochecer (versículo 35). Pasaron el día principalmente persiguiendo a los lamanitas derrotados, no luchando contra ellos. Cargados de adrenalina, los ejércitos pueden haber ido a tres millas o más por hora, durante 15 horas, casi 50 millas. Podemos determinar, por otras evidencias sobre la localización de estas ciudades, que la ruta era más un semicírculo que una línea recta. Nuestra conclusión debe ser que la porción de litoral que recorrieron ese día no pudo haber sido de más de 30 millas de largo. Todas estas cifras combinadas nos dicen algo importante acerca de la longitud de la costa este, en posesión de los nefitas. Como hemos visto, Abundancia estaba a 25 millas de Mulek. En el otro extremo, el sector de Nefíah-Moroni contaba con quizás 25 millas más. Esto deja el centro, en el cual sólo se nombran las ciudades de Gid y Omer. Careciendo de datos sobre este sector, yo simplemente añado otras 30 millas, por analogía con los otros. En resumen, no resulta plausible que la distancia desde Abundancia, en el extremo norte, hasta Moroni, en el extremo sur de la costa este, se extendiera mucho más de 85 millas. (Ver mapa 2.) La costa este, controlada por los nefitas, de aproximadamente 85 millas, tiene mucha menos longitud que la tierra del sur medida desde Zarahemla a Nefi. La longitud de este eje era del orden de las 350 millas. La diferencia entre estas longitudes es tan grande que no se puede deber a presupuestos erróneos. El Libro de Mormón realmente requiere que la costa este, importante para los nefitas, fuera mucho más corta que la del oeste, y cualquier mapa que sugiramos debe acomodarse a este hecho.
  • 41. LA LOCALIZACION RELATIVA DE LAS TIERRAS Y LAS CIUDADES
  • 42. TRAZANDO EL MAPA 25 Al mismo tiempo, “las fronteras de la costa del mar este”, como los escritores nefitas llamaban a esta zona costera, tenían que ocupar un pedazo considerable de terreno. Cuando Moroníah y sus ejércitos luchaban por regresar de una desastrosa guerra, que había dejado todo el territorio nefita de la tierra del sur ocupado por los lamanitas, recobraron “la mitad de sus posesiones,” y esta mitad estaba constituida por el área fronteriza del este más la tierra de Abundancia (Helamán 4:5, 10, 16). Como no hay ninguna indicación de que ni siquiera la propia tierra de Abundancia fuera extensa, las “fronteras” tenían que ser un territorio de buen tamaño para que, unidas ambas áreas, constituyeran la mitad del territorio nefita. Adviértase también que el ataque relámpago de Amalickíah en este sector realizó un corte en forma de guadaña “cerca de las costas del mar”, a lo largo del litoral, hasta cerca de Abundancia (Alma 51:25-28), pero pasó de largo Nefíah, la cual estaba más tierra adentro. Incluso, después que Nefíah cayera finalmente en manos enemigas, los nefitas retuvieron una hilera de tierras bajas en el interior, donde se hallaba situada Jersón, su base militar. Para que esta situación tenga sentido militarmente, la región costera habría debido tener por lo menos 30 o 40 millas de ancho, y las palabras “la mitad de sus posesiones” confirman tal tamaño. De todos modos, podemos decir que la tierra del sur en conjunto no era ni mucho menos tan ancha como larga. Adviértase que las migraciones, viajes, guerras, expediciones misionales -prácticamente todos los traslados- tendían a ser hacia el norte o hacia el sur en vez de ser en dirección transversal. El viaje misional de Alma es uno de los pocos que nos enseñan mucho acerca de la anchura. En su recorrido como predicador, Alma dejó Zarahemla, junto al río Sidón, para predicar en Melek en el límite oeste de la tierra colonizada (Alma 8:3-5). De allí regresó al norte, paralelo al yermo del oeste (Alma 22:27-28), hasta llegar a
  • 43. UN MARCO GEOGRAFICO Ammoníah (Alma 8:6). Este lugar, al igual que Melek, estaba cerca de la periferia occidental, como se demuestra en Alma 16:2 y 25:2. Desde Ammoníah, el profeta viajó por la costa este hacia una ciudad llamada Aarón (Alma 8:13), sin llegar realmente a ella. Más tarde se dice que Nefíah “unía las fronteras de Aarón y Moroni” (Alma 50:14); Nefíah era una de las ciudades defensivas construidas en las tierras bajas del este, y la ciudad de Moroni estaba al lado del mar del este (Alma 50:13; 62:32-34). Esta información establece que una hilera de ciudades se extendían desde el oeste hasta la costa este, a través de la tierra al norte de Zarahemla: Ammoníah, Aarón, Nefíah y Moroni. (Ver mapa 2.) Estos cuatro lugares, alineados a través de la mayor parte de la tierra del sur, debieron de haber ocupado 150 millas, lo que prácticamente vendría a suponer el límite. Es probable que la distancia de costa a costa de este corte transversal no excediera de las doscientas millas. (Ver mapa 2.) Nunca se aclara la anchura de la tierra de Nefi, la porción de tierras montañosas de la tierra del sur. Evidentemente la ciudad de Nefi no estaba lejos de la costa; el grupo inicial de colonos de Nefi no habría ido mucho más lejos de lo necesario para escapar de los lamanitas (2 Nefi 5:6-8), quienes finalmente contactaron con ellos bastante pronto (versículos 14, 34). Además, se contaba como parte de la tierra de Nefi la franja costera oriental colindante (Alma 22:28- “en la tierra de Nefi”), aunque hacia el norte sólo se concibe esta franja como “al lado de la tierra de Zarahemla”. Definitivamente, no se habla de nada que se encuentre al este de Nefi. Toda el área este, desde Nefi, queda sin definir, excepto en que formaba parte del conjunto de las tierras del sur que “casi se hallaban rodeadas de agua” (Alma 22:32). También se desconocen el tamaño y forma de la tierra del norte. Más allá de la lengua de tierra se encontraba una extensión de tierra lo suficientemente 26
  • 44. TRAZANDO EL MAPA 27 amplia como para que se distinguieran una zona de altiplano al oeste y otra de tierras bajas al este (Eter 9:3; 10:32; 11:15; 14:3, 6-7, 11-12, 16-17). No podemos decir a cuánta distancia estaba Morón, el centro Jaredita en estas tierras montañosas, de la costa oeste, pero, puesto que fue colonizado por los jareditas poco tiempo después de su desembarco (Eter 6:13; 7:5, 16-17, 20), podemos suponer que no distaba mucho del mar. Recordemos también la restricción que impone el que Eter observara las últimas guerras jareditas desde su posición en una cueva (Eter 13:13-14). A la luz de estas consideraciones, no es probable que la tierra del norte, que se encontraba en esta crucial área jaredita, haya tenido más de un par de cientos de millas de anchura. Esta larga excursión a través de las dimensiones del escenario del Libro de Mormón nos ha permitido fijar unos requisitos vitales. Ahora podemos estar seguros de que la historia del Libro de Mormón tuvo lugar en una limitada parte del hemisferio occidental, y aproximadamente con la forma de un reloj de arena. El tamaño del territorio se midió en cientos, no en miles de millas. Los traslados de la gente, los viajes individuales y el tiempo de duración de los viajes que se registran en el libro encajan razonablemente con una tierra del sur de alrededor de 350 millas de largo y no mucho más de la mitad de esta cifra de ancho, hasta un punto al norte de Zarahemla. La tierra del norte está menos definida pero no parece tan larga. (Ver mapa 3.) Los datos del Libro de Mormón y nuestras suposiciones nos han llevado a pensar que, desde luego, estas conclusiones no son perfectamente claras. Jugando con la información del texto se pueden dar resultados ligeramente diferentes. Si alguna persona llega a la conclusión de que la distancia de Nefi a Zarahemla era un 25 por ciento mayor de lo que hemos dicho, yo estaría muy interesado en oir tal argumento; quizás sea correcto. Pero cualquiera que afirme que la
  • 45. UN MARCO GEOGRAFICO28 distancia entre las dos ciudades era, digamos, de 400 millas, en vez de las 180 que se sugieren aquí, no podría demostrar su punto de vista de una manera plausible apoyándose en las afirmaciones que se encuentran en el Libro de Mormón. Algunos de los requisitos sobre la extensión son bastante específicos. También están ligados entre ellos por intrincadas relaciones. Es imposible resolver tan sólo en parte el problema de las ubicaciones y distancias, porque, al igual que un rompecabezas, todas las características deben encajar. Yo encuentro que encajan juntas limpiamente. Por lo tanto, la situación espacial es coherente, pero también se deben cumplir otros requisitos para realizar un mapa aceptable del Libro de Mormón. A continuación, vamos a considerar la configuración de la tierra. Topografía Tenemos más información sobre las características de la superficie de la tierra de lo que da a entender una lectura despreocupada de las escrituras. Los encargados de guardar los registros escribieron consistentemente acerca de ir “arriba”, “abajo”, o “sobre”. (Algunos lectores han mantenido que estas expresiones reflejan simplemente convenciones culturales, como la expresión yanqui “down South”18 . Pero en muchos casos, el libro conecta estas palabras con claras y consistentes circunstancias topográficas; no veo razón para no tomar estas preposiciones literalmente). Esta información nos permite obtener una clara imagen de las elevaciones relativas. (Ver mapa 4). Una característica predominante es el río principal, el Sidón, que bajaba desde las montañas que separaban las ciudades de Nefi y Zarahemla. El río corría “por” la tierra local de Zarahemla, la cual se encontraba 18.- Abajo, al sur. (N. del T.)
  • 46. TOPOGRAFIA DE LAS TIERRAS Y LAS REGIONES
  • 47. UN MARCO GEOGRAFICO principalmente al oeste de la corriente (Alma 2:15). La única zona nefita poblada, al este del río, era, seguramente, el valle de Gedeón. (Alma 6:7). Puesto que los viajeros tenían que ir “arriba” hasta Gedeón, y ya que estaba la “colina Amnihu”, nada más atravesar el río desde la ciudad de Zarahemla, extensa pero con una inclinación lo suficientemente leve como para que hubiera espacio para una gran batalla, la cuenca del Sidón debe de haber estado inclinada más abruptamente hacía el lado este que al oeste. También sabemos que el río debe de haber sido bastante largo. Su nacimiento se encontraba en lo profundo del yermo, en una altura superior a la de la más alta ciudad nefita, cerca del río, Mantí (Alma 16:6). Zarahemla estaba corriente abajo. La ciudad de Sidón estaba aún más al norte y probablemente cerca del río. (Al tener un nombre tan parecido al del famoso puerto fenicio, se puede deducir que el lugar fuera un punto de embarque del río; el énfasis que se da en Alma 15:14 al bautismo en Sidón refuerza la idea de que estaba localizado al lado de la corriente.) La corriente debía de correr a través del territorio nefita por lo menos un par de cientos de millas antes de desembocar en el mar, dada la extensión global de la tierra del sur. Podía ser atravesada a pie con un poco de dificultad, por un punto y probablemente durante la parte más seca del año (Alma 2:27, 33-35; 43:40). Parte del territorio nefita incluía los yermos adyacentes a las áreas de asentamiento, a los cuales era difícil entrar, lo que nos conduce a esperar que una porción de la ruta del río se extendiera a través de un terreno inhóspito de colinas. De cualquier modo, la ciudad de Zarahemla estaba a una altura intermedia, “arriba” desde la costa (Alma 22:31) pero “abajo” desde Nefi (Alma 22:31; Helamán 1:17). El río Sidón probablemente desembocaba en el mar del este, no en el del oeste. Las tierras bajas del este eran extensas, como se ha demostrado anteriormente, 30
  • 48. TRAZANDO EL MAPA pero al parecer el área costera del oeste era estrecha y en su mayor parte insignificante. Puesto que se supone que el curso inferior y la desembocadura de un río principal se forman y fluyen a través de una llanura importante, el río debía de desembocar en las tierras bajas del este. Las descripciones de las batallas que tuvieron lugar en el este mencionan la “costa del mar” y las “llanuras”, pero nunca hacen mención de ninguna colina de importancia, excepto en el lugar llamado Antiónum, que probablemente estaba a alguna distancia, tierra adentro (Alma 32:4; 25-26, 32; 52:20; 62:18). No se hace ninguna mención de donde desembocaba Sidón en el mar, aunque semejante río debe de haber tenido una desembocadura considerable. Teniendo en cuenta lo corta que era la porción de costa en posesión de los nefitas, el río probablemente alcanzaba el mar en el límite de las posesiones nefitas o más allá de éstas, donde no habrían tenido ninguna razón para mencionarlo. Naturalmente, sabemos que la “tierra de la primera herencia” estaba en la costa oeste. Después de desgajarse el grupo de Lehi en dos, Nefi condujo al suyo hacia una altitud mayor; huyeron a las tierras montañosas del interior (2 Nefi 5:7-8; comparar con Alma 22:28). La tierra costera de su primera herencia estaba al sur de la tierra de Zarahemla, que era mayor, pero continuaba hacia el norte como una franja paralela a aquella tierra. Esa franja se extendía durante todo el trayecto hacia el istmo (Alma 22:27-29). El yermo del oeste consistía también en una hilera de montañas deshabitadas paralelas a la zona costera, porque los grupos de personas tenían que cruzar sobre el yermo o por un pasaje, en el sur (cerca de Antipara- Alma 56:31-40), o por otro, al norte (Alma 25:2). Naturalmente las corrientes de agua del lado oeste de esta cordillera habrían desembocado en el Sidón, el cual claramente recibía su agua de una cuenca principal. No se menciona otro río en la tierra de 31
  • 49. UN MARCO GEOGRAFICO Zarahemla). La tierra de Melek se encontraba adyacente al yermo del este y por lo tanto en un margen de tierra cultivable, en la cuenca (Alma 8:3-5). Se podía acceder fácilmente a su posición desde la ciudad de Zarahemla (versículo 3; comparar con Alma 35:13-14; 45:18) pero estaba resguardada de la costa por un yermo montañoso al oeste, puesto que los Ammonitas fueron dispuestos en Melek para protegerlos de las represalias lamanitas (Alma 35:13). Melek nunca fue atacado por los lamanitas, quienes pasaron furtivamente a lo largo de la costa por lo menos dos veces, para atacar Ammoníah, que se encontraba más lejos, al norte (Alma 25:1-2; 49:1, 25). La ciudad de Abundancia estaba cerca del nivel del mar (Alma 51:32); se encontraba, después de todo, cerca de la costa este del istmo. Hagoth eligió un lugar, en la costa oeste, “en los confines de la tierra de Abundancia, cerca de la tierra de Desolación” para construir y botar sus barcos (Alma 63:5-6). El lenguaje empleado aquí podría indicar que la tierra de Abundancia no llegaba hasta el mar del oeste, en el istmo, pero al menos la tierra debe de haber sido relativamente baja, en la mayor parte de la anchura del istmo, como se sugiere en Alma 22: 29-33. En la tierra del norte estaba la tierra de Cumorah, como una subdivisión de Desolación, o cómo una continuación de ella. Dentro de esta tierra se encontraba por lo menos una “colina” (Ramah/Cumorah), lo bastante alta como para que el puñado de supervivientes nefitas que la escalaron se escondieran con éxito de los enemigos que se encontraban agrupados al pie de la colina (Mormón 6:6, 11). En las proximidades se encontraban la colina jaredita Comnor y dos valles (Eter 14:26-28), y la colina Shim pudo haber estado ubicada en la misma región (Eter 9:3; Mormón 4:23). Así que las batallas finales tuvieron lugar en este sector de colinas o en otro adyacente, lo que era, desde una perspectiva más 32
  • 50. TRAZANDO EL MAPA amplia, “una región de muchas aguas, ríos y fuentes” (Mormón 6:4). Esto implica un clima húmedo y un desagüe hacia el este desde el altiplano, lo que incluía la tierra jaredita de Morón (Eter 15:8-11). Este húmedo territorio debe de haber sido, en general, la misma área a la que se refiere Moriantón como “cubierta con grandes cuerpos de agua” y la cual él codiciaba. Potencialmente podían formar un bloque o alianza con Abundancia, que se encontraba cerca (Alma 50:29,32). Los jareditas escribieron constantemente que sus antiguas tierras estaban “arriba” en relación con la zona del este, y el registro político aclara que las dos áreas -presumiblemente las tierras bajas del este y las tierras montañosas del oeste- fueron durante largo tiempo rivales (Eter 7:4-6, 15-21; 8:2-3; 11:15, 18; 13:27-30; 14:3-7, 11-16, 26). De todos modos, las tierras bajas parece que habían llegado a ser la zona más poblada e importante para el tiempo de la destrucción del pueblo jaredita, como se demuestra por el hecho de que las últimas batallas entre grupos rivales tuvieron lugar allí. Así parece que la división geográfica sirvió de apoyo a una constante división social y política. En suma, la tierra del norte constaba por lo menos de dos partes: las tierras bajas del este y las porciones de zona montañosa del oeste. Esta después sería la zona donde se encontraba la capital jaredita de Morón, aunque no se menciona ninguna ciudad llamada Morón,dentro de la “tierra [jaredita] de la primera herencia” (Eter 7:5, 16-17). En la tierra del sur, son importantes cinco características principales: la zona montañosa del sur, el valle de Sidón, una considerable llanura litoral en el este, una estrecha lengua de tierra situada en tierras bajas, y una estrecha franja costera al oeste, paralela a las montañas que bordean la cuenca del río Sidón. 33
  • 51. UN MARCO GEOGRAFICO Aún más requisitos Son escasos los detalles que se dan sobre el clima y la vegetación, pero hay algo de información que nos proporciona requisitos adicionales para nuestro mapa. Se dice que en la tierra de Nefi crecían el trigo y la cebada. Si lo tomamos literalmente, esto sugeriría un clima templado; en el trópico, esto indica tierras montañosas. Parece que la cosecha más importante era el maíz (Mosíah 9:9, después el versículo 14), una planta básicamente semi-tropical. La única referencia que se hace en todo el Libro de Mormón de nieve o frio son las citas que se dan de Isaías, acerca del Próximo Oriente. En algunas áreas del territorio nefita se daban fiebres endémicas, que tienden a confirmar la existencia de un clima casi tropical (Alma 46:40). Se da a entender que, por lo menos en las fronteras del mar del este, había un calor húmedo enervante (Alma 51:33; 52:31; 62:35). Las sequías no eran comunes pero podían ser serias (Helamán 11:4-6; Eter 9:28-35). Un requisito importante, que sólo se menciona de paso, son las características sociales y culturales. Cualquier área que se proponga como la tierra prometida debe satisfacer ciertos criterios culturales. Por ejemplo, (1) los antiguos habitantes debían ser capaces de leer y escribir, pues mantenían una larga tradición de extensos registros históricos; (2) también están presentes otros elementos básicos de esta civilización, como el desarrollo de la agricultura y el comercio; y (3) el área debía contener para el siglo IV a. C., por lo menos, una población total de millones, incluyendo ciudades de un tamaño considerable. También, estas características y otras debían aparecer en ciertos lugares y épocas pero no en otras. Ahora poseemos una lista de requisitos, lo suficientemente detallados como para ser de valor: la forma de la tierra, las distancias, la topografía, las características naturales y culturales. Aquí sólo hemos 34
  • 52. TRAZANDO EL MAPA podido tratar la poca información que se halla en el texto de escritura, pero toda ella es consistente consigo misma y con otros datos demasiado específicos para citarlos en esta obra de tipo general. Lo que tenemos hasta ahora nos proporciona una lista preliminar que podemos utilizar para examinar cualquier área geográfica, de un mapa actual, que pueda ser la tierra prometida de los descendientes de Lehi. Correlación con el Mundo Real ¿Satisface algun área de las Américas estos requisitos presentados en el Libro de Mormón?19 En la historia del pensamiento mormón sólo se han propuesto seriamente unas pocas correlaciones entre la geografía del registro y el mapa del hemisferio occidental.20 Para comenzar, hay muy pocas posibles “lenguas estrechas” que valga la pena considerar. El punto de vista más antiguo suponía que era Panamá la lengua estrecha de la que habla el Libro de Mormón, siendo Sudamérica, o una parte de ella, la tierra del sur. Tan sólo las dimensiones que nos da el Libro de Mormón excluyen a todo el continente, mientras que cualquier intento de considerar sólo parte de Sudamérica cómo tierra del sur entra en conflicto con unos cuantos puntos del texto (por ejemplo, Alma 22:32, “casi se hallaban rodeadas de agua”). La idea que a veces se sugiere, de que parte del continente Sudamericano pudiera haber estado sumergido bajo el mar, dejando en la superficie sólo la reducida tierra que ocupaban los nefitas, no tiene mérito, cómo lo 35 19.- Para un análisis mucho más detallado de toda la información geográfica que se encuentra en el Libro de Mormón, ver mi libro The Geography of Book of Mormon Events: A Source Book. Edición revisada, F.A.R.M.S., 1992. 20- Resumidos en The World of the Book of Mormon de Paul R. Cheesman (Salt Lake City: Deseret Book, 1978), pp. 28-33. Ver un completo tratamiento de la historia de docenas de interpretaciones del mapa en The Geography of Book of Mormon Events, parte una y dos.
  • 53. UN MARCO GEOGRAFICO demuestran las abundantes evidencias geológicas y arqueológicas. Además, por bastantes razones, Panamá no podía ser la lengua estrecha a la que se refiere el Libro de Mormón. Por ejemplo, el grupo de exploración de Limhi dificilmente podría haberla atravesado y haber vuelto sin darse cuenta de que habían salido de la ciudad de Zarahemla. Se ha sugerido otra correlación para la que la península de Yucatán, al sureste de Méjico, es la tierra del norte, siendo la tierra del sur Guatemala y Honduras. La debilidad más obvia de este esquema es la ausencia de un istmo aceptable. La base de la península del Yucatán no sirve de ninguna manera, y los intentos de identificar como una “estrecha lengua de tierra” un pedazo de tierra aquí o allá, en otro sentido que no sea el literal de un istmo con el mar por ambos lados, contradice las claras declaraciones que nos hace la misma escritura. No es más creíble la propuesta de que la tierra prometida se encontraba por completo en Nicaragua. Las distancias y una multitud de cosas imposibles descarta completamente esta idea. La única “lengua estrecha” potencialmente aceptable de acuerdo con los requisitos del Libro de Mormón es el istmo de Tehuantepec al sur de Méjico. Todos los Santos de los Ultimos Días que estudian la geografía del Libro de Mormón, y han trabajado, durante las últimas décadas, sistemáticamente en este problema han llegado a este acuerdo. Cómo hemos visto anteriormente, los líderes de la Iglesia en el tiempo de José Smith aparentemente llegaron a un punto de vista similar, y probablemente él también. Esto situaría los hechos del Libro de Mormón en Mesoamérica, la región cultural del centro y sur de Méjico y el norte de América Central, donde tuvo lugar la mayor intensidad de civilización en la América antigua. Aquí encontramos los requisitos físicos de la tierra prometida, y sólo aquí se evitan los principales defectos de las otras correlaciones. Por 36
  • 54. TRAZANDO EL MAPA ejemplo, el Libro de Mormón deja bien claro que sus habitantes guardaban extensos registros escritos, y Mesoamérica es el único lugar de toda América donde sabemos que se emplearon regularmente y durante largo tiempo genuinos sistemas de escritura antes de la llegada de los europeos. No obstante, los estudiantes del Libro de Mormón que aceptan el istmo de Tehuantepec como la lengua estrecha de tierra no están de acuerdo entre ellos mismos en cómo se deben interpretar los territorios de alrededor de acuerdo con las tierras que se detallan en el Libro de Mormón. En el transcurso de 35 años de preocupación por el tema, he estudiado todos estos puntos de vista y a veces, me han atraído varios. Hasta hace poco, la correlación más conocida ha hecho del río Usumacinta, parte de cuyo curso forma la frontera entre Méjico y Guatemala, el río Sidón. Cierto número de funestos fallos estropean esta imagen. Por ejemplo, no logra en absoluto hacer plausible la razón por la cual Amalickíah atacó por la costa este (Alma 51; 52: 1-14), porque, si fuera el río Usumacinta el río Sidón, todo el relato contradiría una sólida y segura estrategia militar. Además, las distancias a lo largo de la costa este, que requerirían una correlación del río Usumancita con el río Sidón, desafían todas las dimensiones que hemos establecido para el territorio nefita. No sería de provecho considerar aquí cada correlación geográfica que se ha propuesto, indicando una a una las discrepancias entre las mismas y el texto. Baste decir que cuando se consideran exhaustivamente los requisitos geográficos y culturales, sólo queda una correlación. Se corresponde con las afirmaciones del texto en todos sus puntos importantes. Todavía hay unas pocas afirmaciones del Libro de Mormón que no se pueden ajustar a lo que hoy sabemos acerca del área Mesoamericana. (Este también sigue siendo el caso de la Biblia, en este 37
  • 55. UN MARCO GEOGRAFICO asunto.) Se necesita más investigación sobre estos puntos. Pero, desde mi punto de vista, ninguno de estos problemas es serio. La mayor parte del resto de este libro estará dedicada a los detalles de una exitosa correlación y sus implicaciones culturales. Esta correlación añade mucho a nuestra comprensión del Libro de Mormón, porque nos permite situar la mayor parte de los hechos y descripciones del texto de escritura en un escenario geográfico, histórico y arqueológico específico. Esto crea una sensación de que es algo concreto y nos permite profundizar en su significado de forma sólo comparable a la que hoy es posible hacer con la Biblia en su escenario del Próximo Oriente. Es prematuro afirmar una precisa identificación de todas las tierras y ciudades del Libro de Mormón. La imagen general es sólida y convincente. Naturalmente, cuanto más nos acercamos a los lugares exactos las preguntas son más numerosas. Una buena razón es que, aunque el Libro de Mormón nos da una considerable información global, en detalles como, por ejemplo, la ruta entre Nefíah y Gedeón, sólo encontramos unas pocas palabras, ni siquiera indicaciones. (Esto es como el problema de la persona que pronostica el tiempo: puede decirnos si va a llover en nuestro estado pero no necesariamente si la lluvia va a caer en la parte de la ciudad donde vivimos). Terminaremos con un panorama plausible: las identificaciones que hacemos en nuestro mapa son verosímiles. No es convincente la evidencia contra el emplazamiento de los hechos del Libro de Mormón en los lugares que muestran nuestros mapas. Algunas de las identificaciones específicas parecen incluso altamente probables. Sin embargo, no estamos absolutamente seguros de ninguna de ellas. Un punto en el que se debe poner énfasis: la historia que narra el Libro de Mormón realmente sucedió en algún lugar. Los que creemos que el libro es 38
  • 56. TRAZANDO EL MAPA auténticamente antiguo estamos convencidos de que existen lugares reales, donde nefitas y lamanitas reales, hicieron las cosas que el libro dice que hicieron. Algún día esperamos identificar esos lugares, convertir el emplazamiento del Libro de Mormón en algo concreto. ¿Por qué no puede ser ahora el momento? El Sur y Centro de Mesoamérica cualifican de forma tan notable para ser el emplazamiento geográfico y cultural del Libro de Mormón que estoy convencido de que esta fue la tierra de Lehi. Para simplificar, a partir de ahora sólo me ocuparé de esta correlación geográfica, cómo si este asunto estuviera resuelto. La Forma de Mesoamérica El istmo de Tehuantepec, con su forma de silla de montar, se consideró por mucho tiempo como un buen emplazamiento para el canal que finalmente se construyó a través de Panamá. El lado del istmo que da al Atlántico es muy húmedo y lleno de bosques, ascendiendo gradualmente alrededor de unas cien millas hacia una cuenca cubierta de hierba en un desfiladero de unos 400 pies por encima del nivel del mar. Por el lado del Pacífico, el terreno pierde altura a menos de 20 millas desde la cima hasta una serie de extensas lagunas conectadas con el mar. Los frecuentes vientos secos sólo permiten la existencia de alguna clase de vegetación árida alrededor de las lagunas. La distancia total desde la costa Atlántica hasta el borde de las lagunas es de 120 millas, en línea recta. (Ver el mapa en la portada interior.) Las cordilleras a ambos lados del istmo pertenecen a diferentes zonas geográficas y biológicas. El sur y centro de Méjico, que se encuentran al oeste y norte del istmo, marcan el término de América del Norte, en lo que a plantas y animales autóctonos se refiere, puesto que muchos de los que encontramos normalmente en áreas más templadas y secas de 39
  • 57. UN MARCO GEOGRAFICO Méjico no aparecen más abajo, al sur del istmo. En el norte y el oeste el clima tiende a ser más seco que en el sur y este. En el lado Atlántico, o zona del Golfo, el río Coatzalcoalcos forma una línea bien determinada que separa las moderadas elevaciones que se levantan al norte, de las extensas, y húmedas llanuras del sur y este. A pesar de estas diferencias de gran escala entre los dos lados del río, muchas características botánicas y climáticas se encuentran a todo lo largo de la llanura costera del golfo. Los efectos del medio ambiente en la población humana fueron ampliamente similares en todas las tierras bajas o “tierra caliente”. Esta zona mantenía una gran población porque era muy productiva agricolamente, a pesar de lo que podrían parecernos formidables obstáculos. Más allá del río Coatzacoalcos, a través del estado mejicano de Tabasco, se extiende una tierra baja poco drenada que sufre grandes inundaciones cada año. Fuertes lluvias caen en las áreas montañosas que corren hacia el sur, hacia el mar, durante la estación húmeda. La costa está bordeada con antiguas dunas de arena, a veces de una anchura de millas. Esta franja permite viajar, con alguna dificultad, paralelamente a la playa, pero una maraña de lagunas y pantanos, justo detrás del grupo de dunas, interrumpe la mayor parte de las rutas que van hacia la orilla o que salen de ésta. A lo largo de los ríos principales, los diques de lodo depositados allí por las inundaciones están un poco elevados por encima de los pantanos de alrededor. La mayor parte de la población se encuentra a lo largo de pequeñas elevaciones de buena tierra. Antes de que hubiera modernos sistemas de transporte, prácticamente todo los viajes por tierra, en esta costa de Tabasco, cesaban durante las inundaciones, que llegan a su punto máximo en junio y otra vez en septiembre. Incluso en la estación seca, los viajeros pueden pasar cómodamente sólo a través de unas pocas rutas. 40
  • 58. TRAZANDO EL MAPA En el lado pacífico del istmo la estrecha llanura es atacada por vientos originados por el empuje de grandes masas de aire, en los meses invierno, que salen del centro de los Estados Unidos y barren el golfo de Méjico; a veces el aire sale a borbotones, a mucha velocidad, a través del desfiladero que se encuentra en las montañas del istmo. Como resultado de esto, la región de las lagunas es notablemente más seca que la pendiente hacia arriba del lado atlántico. La llanura costera occidental es estrecha -de cinco a diez millas- casi hasta la frontera con Guatemala, antes de ensancharse considerablemente. Curiosamente, los Toltecas de las tierras montañosas de Guatemala llamaban a la franja costera de Tabasco la “frontera del mar,”21 y los guatemaltecos todavía se refieren a la costa sur como las orillas del marf , que tiene el mismo significado, lo que nos recuerda la expresión nefita “orillas del mar”,22 como se encuentra en Alma 56:31. La depresión central de Chiapas se encuentra al sureste del istmo de Tehuantepec (ver el mapa de la portada interior). A través de ella corre un gran río llamado el Río Grande de Chiapas, el Mezcalapa o el Grijalva, dependiendo de quién le dé el nombre, a lo largo de su curso. Esta gran cuenca está limitada en el este por una meseta, que es una extensión de las tierras montañosas de Guatemala23 . Por sus lados norte y este 41 21.- Robert M. Carmack Toltec Influence on the Postclassic Culture History of Highland Guatemala , MARI 26 (1968), pág. 65. 22.- Felix W. McBryde Cultural and Historical Geography of Southwest Guatemala , SISA 4 (1945), pág. 4. 23.- Un práctico y breve tratado de la geografía, geología y clima de Chiapas y especialmente de la depresión central se encuentra en Archaeological Exploration of the Upper Grijalva River, Chiapas, Mexico de Gareth W. Lowe, NWAF 2 (1959), pág. 4-7. Una excelente fuente, de más amplio alcance, es Middle America: Its Lands and Peoples de Robert C. West y John P. Angelli. Segunda edición (Englewoods Cliffs, New Jersey: Prentice Hall, 1976).