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¡YA BASTA!
Sanidad interior
Derechos reservados por Angela Kellenberger
Copyright © 2016 por Editorial Nuevo Aliento
1a Edición Agosto 2016
ISBN LIBRO IMPRESO 978-607-97314-0-3
Todos los derechos reservados
All rights reserved
Foto de portada: Andrés Maldonado Kellenberger
Diseño de portada: Abigaíl Osornio López
Diseño de interiores: Abigaíl Osornio López
Comentario de contraportada: Doris Salazar
Equipo de correctores de estilo de Nuevo Aliento:
- Ingrid Michel López Hernández
- Carmen Rina Fabbri Carrillo
- Dení Alejandra Díaz Zepeda
Ninguna parte de esta publicación podrá ser reproducida, procesada en algún
sistema que le pueda reproducir, o tramitada en alguna forma o por algún
medio electrónico, mecánico, fotocopia, cinta magnetofónica u otro. Excepto
para breves citas en reseña, sin necesidad del permiso previo de los editores.
Las citas bíblicas que han sido utilizadas fueron tomadas de la Biblia versión
Reina Valera Revisión 1960, a menos que se indique lo contrario.
Para mayor información:
nuevo.aliento@gmail.com
Tabla de contenido
PRÓLOGO
INTRODUCCIÓN
LECCIÓN 1
TOMA LA DECISIÓN
LECCIÓN 2
YA NO CALLES
LECCIÓN 3
LA IMPORTANCIA DEL PERDÓN
LECCIÓN 4
CANCELA MALDICIONES
LECCIÓN 5
DIOS TRANSFORMA LO MALO EN BUENO
LECCIÓN 6
ERES ESPECIAL
LECCIÓN 7
PERSIGUE TU PROPÓSITO
LECCIÓN 8
DÉJATE LLENAR POR DIOS
ANTES DE DESPEDIRNOS
ANTES DE DESPEDIRNOS
PRÓLOGO
Doy gracias a Dios por la vida de Angelita, como llamo cariñosamente a la
autora de este libro, por la invitación para escribir este prólogo. Estoy
convencido de que este pequeño libro-manual será de bendición y provecho
para cada una de ustedes, amadas lectoras, como en su momento fue y
seguirá siendo para Angelita.
No hay manera más eficaz de escribir con inspiración y con el corazón en la
mano que cuando se ha vivido en carne propia cada una de las cosas de las
que se hablan en este libromanual.
Por eso, estoy seguro que al ir leyendo cada página las lectoras se podrán
sentir identificadas y podrán sentir la intervención del Espíritu Santo en sus
vidas. Y así, tomarán el reto de poner fin a todos esos recuerdos,
pensamientos y emociones que les han atormentado por largo tiempo. De
esta manera, podrán experimentar la libertad que sólo se encuentra en
Jesucristo y decir: ¡Ya basta!
Éstas no son simples palabras o alguna fórmula mágica, sino que se trata de
decidir poner un alto a todas aquellas cosas que por mucho tiempo te han
robado la paz y la felicidad, y comenzar a vivir como una mujer digna y
totalmente aceptable ante los ojos de Dios, de la sociedad y de ti misma.
Espero que este libro sea de bendición y un granito de arena para tu ayuda.
Además de que te impulse a tener una mejor calidad de vida para ti y tus
generaciones.
Apóstol Fredie Salazar
INTRODUCCIÓN
Mi vida ha sido un caos. Le he fallado mucho al Señor y por lo mismo me
resistía al llamado que Él tiene para mí, pues me sentía indigna, con baja
autoestima y con mucha culpa. El llamado que yo recibí de parte de Dios es
el de volver el corazón de las personas a Él, ayudar a otros a sanar sus heridas
y que encuentren el propósito por el cual Dios los creó. Todo esto mediante la
enseñanza de la Palabra de Dios que es la Biblia.
La Biblia dice en Romanos 13:7:
“Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto,
impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra”.
Hoy quiero darle primeramente las gracias a mi amado Padre celestial,
porque me dio una nueva identidad; a mi amado Jesús, porque en la cruz me
redimió de todos mis pecados; y a mi amado Espíritu Santo, porque me ha
guiado, instruido y llenado. Pero también quiero honrar al Pastor Fredie y a
su esposa Doris, que hoy puedo decir con mucho orgullo y cariño que son
mis padres espirituales. Ellos, guiados por el Espíritu Santo, me ayudaron a
perdonarme a mí misma, a levantarme de mi baja autoestima y, sobre todo, a
no rechazar más el llamado de Dios para mi vida, sino a abrazarlo.
Papá Fredie y mamá Doris: los amo. Gracias por todo el tiempo que
diariamente me han dedicado desde que los conocí para instruirme, guiarme y
orar por mí. A ustedes les quiero dedicar este libro: ¡YA BASTA! Sanidad
interior.
Hoy le digo a mi Señor:
“¡Heme aquí, envíame a mí!”
LECCIÓN 1
TOMA LA DECISIÓN
El objetivo de este libro-manual es que recibas sanidad interior.
Cuando Dios sana esas heridas que venimos arrastrando, tal vez desde el
vientre de nuestra madre, podemos levantarnos en victoria y entender que
detrás de todo lo que hemos sufrido y vivido hay un gran propósito.
El día que tú le abres la puerta de tu corazón al Señor Jesucristo, Él empieza
con el proceso de perfeccionarte.
“estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena
obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” Filipenses 1:6.
“El día de Jesucristo” es hasta que Él venga en su segunda venida. Por lo
que mientras, estamos en un proceso. No somos el producto terminado, sin
embargo, para que Dios pueda hacer su obra completa en nosotras, debemos
decidir hoy soltarle nuestro pasado y decir: ¡Ya basta! Ya no quiero vivir en
derrota, sino en victoria.
Jesús nos ofrece en esta tierra una vida abundante.
“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido
para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” Juan
10:10.
• Abundancia viene del griego perissós, y significa: superabundante (en
calidad) o superior (en calidad), excesivo.
Jesús quiere para nosotras una vida de calidad. Esto significa, en pocas
palabras, que quiere que vivamos felices.
Creemos que para ser felices se necesitan riquezas materiales, fama, éxito,
etc. Pero esto es un engaño; observemos que antes de que Jesús dijera: “yo he
venido para que tengan vida”, nos dice que: “el ladrón (Satanás, en este
caso) no viene sino para hurtar y matar y destruir”.
Satanás es quien nos quiere ver en el suelo, él es experto en meternos
pensamientos negativos que nos hacen sentir fracasadas, sin futuro ni
esperanza. Él quiere que vivamos en desánimo, sin ganas de seguir adelante,
teniendo una baja autoestima. Que andemos con culpa sintiéndonos indignas,
sucias, sin valor alguno.
Satanás es muy astuto y podemos ver, básicamente, dos estrategias que usa:
a) Nos recuerda día y noche las cosas malas que hicimos, metiéndonos culpa
para sentirnos indignas.
b) Nos incita a guardar en lo más profundo de nuestro ser las heridas
dolorosas que algunas personas nos causaron, evitando así que las
expongamos para ser sanadas.
Jesús, en cambio, quiere que tengamos victoria en todo esto, pero es
indispensable entender lo que nos dice la Palabra de Dios, que es la Biblia, en
Romanos 12:2:
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la
renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea
la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.
La Biblia para todos con lenguaje actual, traduce este mismo pasaje de la
siguiente manera, para entenderlo mejor:
“Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de
manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios
quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto”.
No es hasta que recibes sanidad interior, que puedes realmente entender que
detrás de todo lo que has vivido Dios tiene un propósito y que te quiere usar
para que ayudes a otros.
Como hijas de Dios no debemos vivir como vive todo el mundo, debemos ser
diferentes. Al decir: “cambien de manera de ser y de pensar”, la Palabra nos
presenta un reto.
Tú decides si quieres seguir igual o si hoy quieres tomar la decisión de hacer
la paz con tu pasado, levantarte y extenderte hacia lo que viene.
Pablo nos dice en Filipenses 3:13-14:
“...olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo
que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo
llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.
¿Crees que Dios hubiera podido usar a Pablo como lo usó, si hubiera estado
pensando constantemente en todos los cristianos que mató y encarceló? Pablo
no permitió que la culpa lo invadiera. Él hizo la paz con su pasado y prefirió
poner los ojos en lo que Dios tenía para él.
No enfrasques tus pensamientos en lo que te sucedió en el pasado, eso sólo te
estanca y Dios tiene grandes planes para ti, decide hoy levantarte y seguir
adelante. Por eso es importante cambiar nuestra manera de pensar. Lo que
pasó, ¡ya pasó! No lo puedes cambiar, pero sí puedes decidir dejar de mirar
atrás y ver hacia adelante, para que puedas llegar a la meta.
Dios saca nuestro pasado para confrontarlo, perdonar a los que nos han
lastimado y así poder dejarlo atrás. “Ponle fecha de caducidad” a tu herida,
esta frase se la escuché decir a papá Fredie. Cuando logres hacer esto,
empezarás a recibir esa sanidad interior que tanto anhelas.
Hoy toma la decisión y di: ¡YA BASTA!
EJERCICIOS
Menciona cinco sucesos dolorosos que has tenido que enfrentar en tu vida.
Escríbelos en orden de importancia. Si son más, menciónalos también.
1.
2.
3.
4.
5.
Menciona cinco sucesos felices que has tenido en tu vida.
1.
2.
3.
4.
5.
Menciona cinco pensamientos negativos o contrarios a lo que Dios quiere que
pienses.
1.
2.
3.
4.
5.
Menciona cinco comportamientos negativos que consideras que Dios cambió
o quito de tu vida, desde que recibiste a Jesucristo en tu corazón.
1.
2.
3.
4.
5.
Lamentablemente, solemos pensar más en las cosas malas que nos han
sucedido que en las cosas buenas. Le damos más espacio a pensamientos
negativos que a pensamientos positivos. Acuérdate que tenemos que
“cambiar nuestra manera de ser y de pensar”.
ACTIVIDAD
La actividad que vas a hacer a partir del día de hoy, es que cuando vengan
pensamientos negativos, los vas a echar fuera en el nombre de Jesucristo.
“derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el
conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la
obediencia a Cristo” 2 Corintios 10:5.
LECCIÓN 2
YA NO CALLES
Lo peor que podemos hacer es quedarnos calladas ante cosas difíciles que nos
han sucedido. Muchas veces, por miedo al qué dirán o por vergüenza no
decimos nada. Al hacer esto, vamos guardando ese malestar y sufrimos en
silencio; nuestro cuerpo físico lo resiente al grado de caer en diversas
enfermedades o también se ve reflejado en nuestras actitudes y en lo que
hacemos.
Analicemos dos personajes bíblicos que se quedaron callados y las
consecuencias que hubo.
DAVID
“Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día”
Salmo 32:3.
La Biblia para todos con lenguaje actual, traduce este mismo pasaje de la
siguiente manera:
“Mientras no te confesé mi pecado, las fuerzas se me fueron
acabando de tanto llorar”.
Todos cometemos pecados, aun siendo cristianos. David cometió los pecados
de adulterio y de homicidio. David, a quien la Biblia describe como aquél
cuyo corazón era conforme al corazón de Dios, le falló a Dios.
“Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también
testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme
a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero” Hechos 13:22.
Todas le hemos fallado a Dios, y es necesario confesarle nuestros pecados.
Ciertamente Jesús, en la cruz, pagó por todos ellos: pasados, presentes y
futuros, y judicialmente ya fuimos redimidas, pero ¿entonces por qué la
Biblia nos manda confesar nuestros pecados?
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” 1 Juan 1:9.
• Confesar significa reconocer.
El confesar nuestros pecados, hace que se restaure nuestra comunión con
Dios y que Satanás ya no tenga derecho legal sobre nuestras vidas, porque
estamos reconociendo que le hemos fallado a Dios. La confesión nos libera.
Para ser verdaderamente libres, necesitamos confesarle nuestro pecado a Dios
y estar realmente arrepentidas. David, en el Salmo 51, nos narra cómo lo
hizo. Analicemos este salmo:
Versos 1-2: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame
más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado.”
Si alguien conocía el corazón de Dios, era David. Él sabía cómo agradarle a
Dios.
Verso 3: “Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está
siempre delante de mí.”
En este verso podemos ver dos cosas importantes: primero, él estaba
reconociendo su pecado, es decir, lo estaba confesando. Segundo, vemos
también cómo andaba con culpa, porque todo el tiempo lo perseguía su
pecado.
Verso 4: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo
delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y
tenido por puro en tu juicio.”
La Biblia para todos con lenguaje actual, traduce este mismo pasaje de la
siguiente manera:
“A ti, y sólo a ti te he ofendido; he hecho lo malo, en tu propia cara.
Tienes toda la razón al declararme culpable; no puedo alegar que soy
inocente”.
David entendía que a quien realmente le había fallado era a Dios. El Espíritu
Santo nos redarguye de pecado, ya que consciente o inconscientemente lo
podemos ignorar, para guiarnos al arrepentimiento. Si nos hemos arrepentido
genuinamente y hemos confesado nuestro pecado a Dios, ya estamos a
cuentas con Él, pero el que nos quiere seguir culpando es el acusador, que es
Satanás.
Verso 6: “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me
has hecho comprender sabiduría.”
Dios anhela que seamos sinceras con Él, no quiere que busquemos un
culpable. Él lo sabe todo y no podemos esconderle nada.
Verso 7: “Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más
blanco que la nieve.”
En ese tiempo, usaban hisopos muy grandes, eran unos palos que en la punta
tenían como una esponja y con eso limpiaban de lejos a los leprosos. David
se sentía sucio e indigno, sabía que por lo que había hecho no se merecía el
perdón de Dios, pero apelaba a su misericordia para que lo limpiara, aunque
fuera de lejos.
Verso 8: “Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has
abatido.”
Vimos anteriormente que al quedarse callado David, su cuerpo físico lo
estaba resintiendo. Él sabía que si Dios lo limpiaba, ya no estaría padeciendo
y la felicidad volvería.
Verso 9: “Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis
maldades.”
Cuando Dios perdona, perdona completamente, no a medias. Con Dios es
“borrón y cuenta nueva”.
Verso 10: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un
espíritu recto dentro de mí.”
David no sólo quería que Dios lo limpiara y lo perdonara, sino que también lo
cambiara.
Verso 11: “No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo
Espíritu.”
Debemos de entender que Dios no nos deja de amar. Hay personas que creen
que Dios no las puede perdonar y no se acercan a Él, porque tal vez les han
enseñado que Dios es muy duro. Si tu padre terrenal ha sido muy duro
contigo, puede ser que pienses que Dios es igual; pero déjame decirte que la
esencia de Dios es amor. Él nunca te ha dejado de amar. Cuando le fallamos
a Dios, se rompe nuestra relación con Él, pero basta con confesarle nuestro
pecado, reconociendo como David que le hemos fallado, para que en ese
mismo momento se restaure nuestra comunión con Él. Dios no nos desecha.
Versos 12-13: “Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me
sustente. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los
pecadores se convertirán a ti.”
David anhelaba seguir siendo de testimonio a los demás para llevarlos a Dios.
Todas hemos fallado. Cuando llegues a fallarle a Dios, no pienses que Él no
quiere seguirte usando. Con la cabeza en alto, sabiéndote perdonada por
Dios, sigue haciendo lo que hacías para el servicio de Dios.
Verso 15: “Señor, abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza.”
La verdadera alabanza y adoración se hacen en la presencia de Dios. Cuando
te sientes indigna delante de Él, no puedes entrar en su presencia y al tratar de
alabarlo, te sientes hipócrita. Tú puedes entrar confiadamente al trono de la
gracia, si ya le confesaste tu pecado; no te sientas indigna y alábalo de
corazón.
Versos 16-17: “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no
quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu
quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh
Dios.”
Lamentablemente se nos ha enseñado desde pequeñas que, cuando le
fallamos a Dios, tenemos que hacer “algo para merecernos el perdón de
Dios”. Eso nos lleva a hacer sacrificios como penitencias (rezos repetitivos),
o a hacer juramentos absteniéndonos de hacer cosas que nos gustan o
comprometiéndonos con Dios a dejar de cometer algún pecado en particular
por un periodo de tiempo; también hay quien compra indulgencias pensando
que el dinero que invirtió en dicha indulgencia ayuda a que Dios la perdone,
pero a Dios no le agrada todo esto y nunca lo pidió. Lo único que Él nos pide,
una vez que lo hemos reconocido como nuestro Señor y Salvador, es que
tengamos un arrepentimiento genuino, no queriendo practicar más el pecado.
Sólo se necesitó un sólo sacrificio, el de Jesucristo, para redimirnos de todos
nuestros pecados. Buscar hacer algo para ganarnos el perdón de Dios, fuera
de confesarle nuestros pecados y pedirle perdón por haberlos cometido, sería
demeritar el sacrificio de Jesucristo.
Arrepiéntete genuinamente y reconoce de corazón que le has fallado a Dios.
No calles más tu pecado ni sientas vergüenza y, principalmente, no pienses
que Dios te va a desechar. Él te sigue amando. Recuerda lo que nos dice
Miqueas 7:18-19:
“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del
remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque
se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de
nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del
mar todos nuestros pecados”.
Mientras nos callamos, nos invade una gran culpa. No obstante, puede
suceder también que haya mujeres que sí han reconocido su pecado, se lo han
confesado a Dios y Él ya las perdonó, pero siguen cargando con esa culpa
porque no se han podido perdonar a sí mismas.
Yo era una de esas personas. No entendía por qué yo podía perdonar con
facilidad a otras personas, pero a mí misma no me podía perdonar y eso
generaba una gran culpa que me llevaba a tener baja autoestima y caer en
depresión.
Fue hasta que el Espíritu Santo me hizo recordar que cuando tenía 14 años de
edad, a mi mamá la iban a operar de un quiste en la matriz. Ella me pidió que
la acompañara al hospital para quedarme con ella aquella noche, después de
la operación, pero yo me negué. Ya anocheciendo, nos enteramos mis
hermanos y yo que mi madre se estaba muriendo. Yo me sentí de lo peor, una
gran culpa invadió todo mi ser. Gracias a Dios, la dejó con vida. Sin
embargo, al día siguiente que la fui a ver, le llevé una rosa y le pedí perdón
con todo mi corazón. Ella me contestó: “Ahora vienes a traerme una rosa y
me pides perdón, ¿y si me hubiera muerto, qué? ¡No te perdono!”
Las palabras de mi madre marcaron mi vida; sin darme cuenta fueron el
punto de partida para establecer en mí un estándar muy elevado sobre el
perdón hacia mi persona. Me era fácil perdonar a los demás porque sabía
cómo se sufre por la falta de perdón. Pero perdonarme a mí misma, me era
sumamente difícil. Inconscientemente me decía: “Si mi madre, que
representa una autoridad importante en mi vida, no me pudo perdonar
¿quién soy yo para perdonarme?” y “¿cómo Dios me va a perdonar?”.
Cuando yo decidí comentar con el pastor Fredie y su esposa Doris sobre lo
difícil que me era perdonarme a mí misma, él me dijo: “Tenemos que ir a la
raíz del problema”. En ese momento, el Espíritu Santo me hizo recordar lo
que pasó con mi madre, pude hablarlo con ellos y entendimos el porqué de mi
sentir. Fue así que ambos, papá Fredie y mamá Doris, oraron por mí y al
terminar ella me abrazó con gran amor y me dijo: “Imagínate que yo soy tu
mamá y hoy te digo que te perdono”. Recuerdo que lloré mucho, pero fui
liberada, me sentí perdonada. Había sido demasiado dura conmigo misma;
necesitaba romper el silencio y confesarles mi pecado para ser restaurada y
libre al fin de una culpa que cargué por 39 años. Ahora puedo aceptar el
perdón de Dios y perdonarme a mí misma con facilidad cuando le llego a
fallar.
TAMAR
La segunda estrategia que usa Satanás es que hará todo lo posible para que
aparentemente se nos olviden los eventos traumáticos que hemos sufrido a lo
largo de nuestras vidas. Este olvido aparente nos mantiene calladas y no nos
permite ser libres.
Un ejemplo de esto puede ser el abuso sexual.
Yo me enteré que mi hija Daniela había sido abusada sexualmente a la edad
de 4 años y pensé que ella lo tenía muy presente. En ese entonces, como
madre, no sabía qué hacer ni cómo lidiar con eso, por lo que opté por callar y
enterrar ese asunto por varios años. Ya de grande lo platiqué con ella, porque
pude ver actitudes que tenía de ira, baja autoestima y mucha inseguridad,
entre otras cosas. Me impactó cuando me dijo que ella pensó que lo había
soñado y que creía que no le había sucedido realmente. Lo pudimos hablar,
pudo perdonar y lo mejor fue cuando esa persona que abusó de ella, le pidió
perdón. Gracias a Dios, hoy puedo decir que mi hija ha sido sanada y
restaurada. Pero había que sacarlo.
En 2 Samuel 13:1-22, encontramos la historia en donde Amnón, el hijo
primogénito del rey David, viola a Tamar, su media hermana. Lo peor de
todo fue lo que su hermano Absalón, creyendo que con eso le ayudaba, le
dijo en el verso 20:
“Y le dijo su hermano Absalón: ¿Ha estado contigo tu hermano
Amnón? Pues calla ahora, hermana mía; tu hermano es; no se
angustie tu corazón por esto. Y se quedó Tamar desconsolada en casa
de Absalón su hermano”.
• Desconsolada viene del hebreo shamém, y significa: aturdir (o
adormecerse) devastar, dejar estupefacto, pasmar, pavor, ruina,
devastación.
Tamar quedó desconsolada por quedarse callada y no hablar de lo que le
había sucedido. Analicemos algunos de estos significados:
ATURDIR O ADORMECERSE
Satanás quiere que mantengas dormidos tus traumas. Que no hables de ellos
para que no seas sanada.
PAVOR
¿Cuántas mujeres, después de que fueron abusadas sexualmente, tienen pavor
de tener alguna relación con un hombre, pues piensan que todos les van a
hacer daño? Créeme, Dios tiene al hombre indicado para tu vida, sólo déjate
sanar por Él y en su tiempo lo conocerás. Satanás es quien pone ese miedo.
¡Ya basta!
RUINA
Cuando observamos ruinas arqueológicas, podemos ver algunos vestigios de
cosas que fueron hermosas en su época, pero que ahora ya no lo son.
Asimismo, el enemigo quiere hacerte creer que por haber sido abusada, y tal
vez haber perdido tu virginidad, ya no eres hermosa, ni aceptable para ningún
hombre y que nunca podrás ser feliz. Observemos cómo reaccionó Tamar
después de haber sido violada, en 2 Samuel 13:19:
“Entonces Tamar tomó ceniza y la esparció sobre su cabeza, y rasgó
la ropa de colores de que estaba vestida, y puesta su mano sobre su
cabeza, se fue gritando”.
En aquella época, las mujeres vírgenes usaban vestidos de colores, pero ella
ya no podía vestirse así, se sentía marcada y con mucha vergüenza. Los
judíos tenían la costumbre de rasgar sus ropas y esparcirse ceniza como señal
del dolor que llevaban por dentro.
¡Ya basta!, no permitas que el enemigo te mantenga avergonzada, no te
sientas culpable. Fuiste una víctima, pero no te quedes en ruinas y permite
que el Señor te vuelva a reedificar. Dios tiene para ti esta palabra:
“Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y
delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás
como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos”
Jeremías 15:19.
Déjame explicarte este pasaje. Tal vez estás molesta con Dios porque no te
defendió y permitió que te sucediera esto, pero Él quiere restaurar esas ruinas
que llevas por dentro y que tanto te duelen. Quiere que veas todo lo bueno
que has recibido por encima de lo malo. Y quiere usarte para que tú ayudes a
otras mujeres a levantarse después de haber tenido que enfrentar lo mismo
que tú.
Vuelve a usar vestidos de colores, no permitas que el enemigo te mantenga
usando pantalones o te dejes engordar para que no se te acerquen los
hombres. Tú eres una joya preciosa en sus manos, eres su princesa. Lo
importante es que tú lo creas.
Eclesiastés 3:15 nos dice:
“Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo
que pasó”.
DEVASTACIÓN
Una mujer que ha sufrido abuso sexual se llega a sentir devastada. Como si
un huracán pasara sobre ella y la dejara en ruinas. Para reconstruir lo que un
huracán hizo, toma tiempo, pero tú decides hasta cuándo vas a seguir en
ruinas. Habla de lo que te sucedió. Tal vez se lo platicaste a tu mamá, y ella
no te creyó o incluso te dijo que tú lo provocaste y te has sentido con mucha
culpa. Busca ayuda, necesitas sacarlo a la luz para ser sanada. Ya no te aísles,
Dios quiere poner orden en tu vida. Sé que esa experiencia te tiene muy
confundida, tal vez pienses que nadie te quiere y te sientes sola, pero no lo
estás. Dios te ama en gran manera y no te rechaza. Déjate sanar por Él y
déjate llenar por él. Mientras no decidas sacar esa experiencia y decir: ¡Ya
basta!, la estarás viviendo todos los días.
Si tú eres joven y aún no tienes hijos, por el bien de ellos, rompe con esta
maldición para que ellos no la cosechen. Más adelante te diremos cómo
hacerlo.
Creo que también es importante mencionar que si tu marido te ha forzado a
tener relaciones sexuales con él, esto se considera como una violación.
Muchas mujeres se han callado esto y se sienten como objetos sexuales. Si
bien es cierto que la Biblia dice en 1 Corintios 7:1-5 lo siguiente:
“En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al
hombre no tocar mujer; pero a causa de las fornicaciones, cada uno
tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.
El marido cumpla con el deber conyugal, y asimismo la mujer con el
marido.
La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni
tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la
mujer.
No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo
consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved
a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra
incontinencia”.
Esto no significa que deba forzarla cuando ella no quiera, pues iría en contra
de lo que también nos dice la Biblia en Colosenses 3:19:
“Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas”.
“Vosotros maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando
honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la
gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” 1
Pedro 3:7.
“Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus
mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque
nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la
cuida, como también Cristo a la iglesia” Efesios 5:28-29.
Dios quiere que el sexo dentro del matrimonio sea algo hermoso, de hecho,
así lo diseñó Él. No en vano dice Proverbios 5:18-19 lo siguiente:
“Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud,
como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en
todo tiempo, y en su amor recréate siempre”.
Si tú has pasado por este tipo de violencia con tu marido, es importante
sacarlo y perdonarlo para que puedas ser libre. En la próxima lección se te
mostrará lo importante que es perdonar. Es tiempo de levantarse y no seguir
igual.
EJERCICIO
1. Haz una lista de las cosas que debes de confesarle a Dios y luego sácalo
con Él, pídele perdón con un corazón sincero y arrepentido.
2. Escribe lo que sientas que has estado guardando en lo profundo de tu
corazón y que no has podido hablar con nadie. Escribirlo es el primer paso
para poder sacar lo que te está lastimando. Pídele al Espíritu Santo que te
guíe para recordar las cosas de tu pasado que has pretendido olvidar e ir a
la raíz de tus problemas.
ACTIVIDAD
Busca a alguien de confianza y platícale lo que te pasó. No esperes que te dé
la solución a tu problema, sólo sácalo con alguien, deja que el Espíritu Santo
te muestre con quién. Este es el primer paso para ser sanada.
LECCIÓN 3
LA IMPORTANCIA DEL PERDÓN
Si entendiéramos que el perdón es la mejor medicina para nuestro cuerpo
físico y para nuestra sanidad interior, estoy segura que lo ejerceríamos más
seguido.
Ya vimos que enfrascar nuestros pensamientos en el pasado nos estanca y no
nos permite seguir adelante para llegar a la meta y así cumplir el propósito
por el cual Dios nos creó. Vimos también que el primer paso para recibir
sanidad interior es no quedarnos calladas y expresar nuestras heridas. Lo que
sigue ahora es decidir perdonar a los que nos hayan lastimado, perdonarnos a
nosotras mismas y pedir perdón, si es necesario, a los que nosotras hemos
ofendido.
¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE
PERDONAR?
1. PORQUE SI NO PERDONAMOS NO
SEREMOS PERDONADAS
Analicemos lo que nos dice Mateo 18:21-35:
Versos 21-22: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas
veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?
Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces
siete”.
Quisiera mostrarte gráficamente lo que significa “setenta veces siete”:
7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7
x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x
7x7x7x7x7=?
No me alcanzan los números en la calculadora para anotar la cifra exacta.
Pero sólo multiplicar 10 veces siete nos da el siguiente resultado:
7x7x7x7x7x7x7x7x7x7 = 282,475,249
Son muchas veces ¿no crees? Y esto es una leve idea de lo que Jesús le
estaba queriendo decir a Pedro.
• Siete, en la Biblia, significa perfecto, completo.
Sólo perdonando lograremos estar completas y llegaremos a la perfección.
Vemos, que después Jesús les narra a sus discípulos la parábola del perdón en
los
versos 23-35:
“Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso
hacer cuentas con sus siervos.
Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía
diez mil talentos.
A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e
hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.
Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten
paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.
El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó
la deuda.
Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía
cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que
me debes.
Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo:
Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.
Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la
deuda.
Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y
fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado.
Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella
deuda te perdoné, porque me rogaste.
¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo
tuve misericordia de ti?
Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que
pagase todo lo que le debía.
Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de
todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas”.
Analicemos el primero y el último verso de esta parábola:
Verso 23: “Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que
quiso hacer cuentas con sus siervos.”
Verso 35: “Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no
perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.”
Esto nos habla de que algún día Dios nos llamará a cuentas y seguramente
nos preguntará dos cosas:
a) ¿Cuántas veces te he perdonado?
Nuestra respuesta a su pregunta sería: siempre.
b) ¿Cuántas veces has perdonado tú?
Piensa cuál sería tu respuesta.
¿Por qué si Dios nos perdona siempre, nosotras no lo hacemos o sólo en
algunas ocasiones? Debemos entender que el perdón es una decisión, no
esperes sentirlo; es un acto de misericordia hacia el que nos ofende y hacia
nosotras mismas para que nos vaya bien.
Verso 33: “¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo,
como yo tuve misericordia de ti?”
“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará
también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los
hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras
ofensas” Mateo 6:14-15.
“Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere
misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio” Santiago 2:13.
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia” Mateo 5:7.
2. PARA NO SER AFLIGIDAS POR DEMONIOS
Parece una contradicción, porque mencioné anteriormente que, judicialmente,
ya tenemos el perdón, pero ¿qué pasa si nosotras no perdonamos? En la
parábola que Jesús les narró a sus discípulos, encontramos en el verso 34 lo
siguiente:
“Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que
pagase todo lo que le debía”.
• Verdugo viene del griego basanistés, que significa torturador. Viene
también de otra palabra griega que es basanizo, que significa: torturar,
afligir, azotar.
¿Qué sucede cuando no perdonamos? Abrimos puertas para que demonios
nos estén torturando y afligiendo. Comparemos la cita anterior con Efesios
4:26-27:
“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar
al diablo”.
Observemos que tenemos hasta la noche para poder perdonar a los que nos
ofenden. Si nos acostamos sin haber perdonado, Dios permitirá que los
verdugos (demonios) entren y nos aflijan. Los demonios no nos pueden
poseer, por ser hijas de Dios, pero sí nos pueden afligir. Dios ya perdonó
nuestros pecados en la cruz por la sangre que derramó Cristo pero permitirá
que demonios nos aflijan si nosotros no perdonamos.
Todo empieza con un enojo hacia la persona que nos ofendió y nos hizo
daño. Puede ser un enojo justificado el que sintamos, pero al irnos a dormir
enojadas sin haber perdonado, ese enojo se convierte en pecado y el pecado
abre puertas al enemigo para afligirnos.
El enojo, cuando no perdonamos, se convierte en ira reprimida, la cual
engendra amargura, la amargura engendra odio y el odio venganza.
“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y
maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros,
misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os
perdonó a vosotros en Cristo” Efesios 4:31-32.
La amargura es un veneno que circula por todo nuestro cuerpo. Nos lleva a
enfermarnos física, mental y espiritualmente. Tristemente, al estar amargadas
no alcanzamos las bendiciones que Dios tiene para nosotras y lo peor de todo
es que contaminamos a otros.
“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que
brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean
contaminados” Hebreos 12:15.
Analicemos detenidamente este pasaje bíblico:
“Mirad bien”
La amargura se esconde, es una raíz que se va extendiendo como tentáculos
por todo nuestro cuerpo, sin darnos cuenta, y puede ir afectando nuestra
salud. Es por ello que debemos examinar bien nuestro corazón y asegurarnos
de no guardar resentimiento contra nadie.
“no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios”
Dios quiere bendecirnos, pero no lo puede hacer como Él desea si nosotras no
perdonamos. La mayoría de las enfermedades son producidas por amargura,
y todo por no perdonar. Dios quiere sanarte pero lo atamos, no lo dejamos
obrar con libertad.
“que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe”
Todo árbol tiene raíces. Por lo general la raíz no se ve, pero tenemos que
entender que la falta de perdón hará que empiece a brotar en nuestro corazón
una raíz de amargura que puede ir creciendo y llegar a dar frutos malos que
nos impiden avanzar y que nos contaminan. Si damos lugar a la amargura,
somos las primeras afectadas.
“Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos
malos” Mateo 7:17. Verso 20: “Así que, por sus frutos los
conoceréis.”
¿Cuáles serían los frutos de la amargura? El odio y la venganza.
“No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos
los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en
paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados
míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la
venganza, yo pagaré, dice el Señor” Romanos 12:17-19.
“ y por ella muchos sean contaminados”
Podemos llegar a ser instrumentos de bendición en las manos de Dios o
podemos ser instrumentos de maldición en las manos de Satanás.
Cuando perdonamos nos parecemos a Dios porque Él es un Dios perdonador,
pero cuando no perdonamos y nos amargamos, estamos como una manzana
podrida por dentro; y Satanás nos usará para pudrir a los demás.
Tú escoge en qué equipo quieres estar.
Como madres, fácilmente podemos llegar a contaminar a nuestros hijos
cuando les hablamos mal de su padre o de alguien que nos haya lastimado.
Debemos ser ejemplo de nuestros hijos, enseñarles el camino del perdón, no
el de la amargura. Tenemos que enseñarles a respetar a su padre, no
importando lo que haya hecho, pues no deja de ser su padre. Perdonarlo es
una manera de honrarlo, y es el primer mandamiento con promesa:
“Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con
promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”
Efesios 6:2-3.
• Honrar significa: premiar, valorar, reverenciar, amar.
¿Quieres que les vaya bien a tus hijos? Enséñales lo importante que es
respetarte a ti y a su padre; y como ya vimos, una manera de honrarlo es
ejerciendo el perdón. Perdonar es una parte fundamental de amar. Sé tú
ejemplo de una persona que sabe perdonar.
¿POR QUÉ DEBEMOS PERDONARNOS
A NOSOTRAS MISMAS?
Por la misma razón que debemos perdonar a los demás. Si no lo hacemos,
Satanás nos tendrá en el suelo, con culpa y baja autoestima. Esto hará que nos
sintamos indignas de acercarnos a Dios y de dejarnos usar por Él. En el libro
que Dios me permitió escribir sobre distintas causas y consecuencias de la
depresión, intitulado: ¡Cómo salir de la depresión!, hay un punto en el que se
habla de caer en depresión por culpa, ahí se explica con mayor detalle lo que
nos dice Miqueas 7:18-19:
“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del
remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque
se deleita en misericordia.
Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras
iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros
pecados”.
Observemos cuatro cosas importantes que nos habla este pasaje bíblico:
a) “No retuvo para siempre su enojo”
Si tú ya le confesaste tu pecado a Dios y estás arrepentida, Él ya te
perdonó y no está enojado contigo.
b) “Se deleita en misericordia”
Créeme, Dios te sigue amando. Hagas lo que hagas, el amor que Dios
tiene por ti no cambia porque Él es el mismo “ayer, hoy y por los siglos”.
c) “Sepultará nuestras iniquidades”
Para Dios hay un “borrón y cuenta nueva”. Él no es como Satanás que te
hace recordar tus faltas. Dios sí olvida nuestros pecados; no nos trae a la
memoria nuestros errores como lo hace el diablo para tenernos en el
suelo.
d) “Todos nuestros pecados”
Como hijas de Dios, no podemos cometer el pecado imperdonable porque
creímos realmente en el sacrificio de Cristo en la cruz del calvario; por lo
que la salvación no la podemos perder. Podemos llegar a contristar
(entristecer) al Espíritu Santo cuando caemos en algún pecado, pero en el
momento en el que nos arrepentimos, Dios nos perdona y restaura su
comunión con nosotras.
¿POR QUÉ DEBEMOS PEDIR PERDÓN
A OTROS?
Básicamente es para sanar heridas, tanto de las personas que hayamos
lastimado como las nuestras, y para no darle lugar al enemigo.
“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para
que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”
Santiago 5:16.
Me sorprende mucho este pasaje bíblico porque habla de confesar nuestras
ofensas, esto es: que reconozcamos que hemos lastimado a cierta persona, le
pidamos perdón, oremos por ella y entonces seremos sanadas ambas, tanto la
persona a quien lastimamos como nosotras mismas.
Vemos que luego dice: “la oración eficaz del justo puede mucho”.
Una vez que hayamos pedido perdón y hayamos perdonado, no habrá
obstáculo para que nuestras oraciones lleguen al Padre.
¿Te das cuenta cómo la falta de perdón frena también nuestras oraciones? Se
parece a
Hebreos 12:15, donde vimos que: “dejamos de alcanzar la gracia de Dios”.
Por donde le veas, el perdón es la llave para recibir sanidad y libertad.
EJERCICIO
1. Haz una lista de las personas que sientes en tu corazón que debes perdonar
desde que tengas memoria.
2. Ora a Dios por cada una de estas personas y dile: “Perdono y bendigo a
_____________por: ____________________ (menciona lo que te hizo).
3. Decide hoy perdonarte y bendecirte a ti misma por todo lo que tengas en
contra tuya. Pídele a Dios que te ayude a verte como Él te ve y a amarte
como Él te ama.
4. Ora al Señor y pídele que te muestre a qué personas has ofendido, y una
vez que te lo haya mostrado ve y pídeles perdón.
Nota importante: Si tú caíste en adulterio pero tu esposo no se enteró, y ya
estás arrepentida, en este caso no tienes que pedirle perdón, porque al no
saberlo no fue ofendido. Pídele perdón a Dios, perdónate tú misma y
levántate. No abras una herida en donde no la hay. Esto también incluye otras
ofensas que hayamos cometido en donde la persona afectada no supo nada.
ACTIVIDAD
1. Escribe en una hoja los pecados que cometiste, pídele perdón a Dios por
ellos, perdónate a ti misma y quémala; no permitas que Satanás vuelva a
recordarte tus pecados pasados. Para Dios ya están enterrados.
2. Escribe en una hoja las heridas que te provocaron a ti y después de
perdonarlos, quémala. Dale “carpetazo” y decide dejar atrás lo que te
hicieron para seguir adelante con tu vida.
Si estás interesada en conocer más acerca de qué es el perdón y cómo lo
podemos ejercer, te recomiendo que leas: Conquista tu libertad perdonando.
Éste y otros títulos como:
¡Cómo salir de la depresión!, pertenecen a Nuevo Aliento.
LECCIÓN 4
CANCELA MALDICIONES
Muchas personas, incluyendo las hijas de Dios, se han preguntado por qué les
está yendo mal aun cuando le están echando ganas, o por qué hay cosas que
les cuesta trabajo superar o enfermedades que están padeciendo. La respuesta
a estos cuestionamientos puede ser que vienen arrastrando maldiciones
generacionales.
Me platicaron de un caso en el cual una pareja que ya tenía un hijo, decidió
adoptar a un bebé. Desde pequeño lo educaron exactamente igual que a su
otro hijo. Recibía el mismo trato y amor, pues para ellos realmente era otro
hijo. Al ir creciendo, el hijo adoptado comenzó a tener actitudes negativas y
muy raras. Cosas que nunca vieron en su hijo primogénito y mucho menos en
la familia; este chico comenzó a robar, a mentir y a ser muy agresivo. Tiempo
después descubrieron que esas actitudes las había heredado de su padre
biológico.
Las maldiciones generacionales son muy reales y pueden ser un impedimento
en nuestras vidas para vivir en victoria. Científicamente está comprobado que
incluso hay enfermedades que se heredan.
¿CÓMO SURGEN LAS MALDICIONES
GENERACIONALES?
“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en
el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te
inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios,
fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta
la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago
misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis
mandamientos” Éxodo 20:4-6.
Observemos que es el pecado de nuestros ancestros el que nos puede estar
afectando a nosotras. El pecado abre puertas para que los demonios nos
aflijan de generación en generación.
Viene siendo como la siembra y la cosecha. Si nuestros ancestros sembraron
cosas buenas, amaron al Señor y guardaron sus mandamientos, nosotras
como hijas, nietas, bisnietas…cosecharemos misericordia de parte de Dios;
en cambio, si nuestros ancestros sembraron maldad, aborrecieron a Dios y no
guardaron sus mandamientos, nosotras cosecharemos maldiciones.
“que haces misericordia a millares, y castigas la maldad de los padres
en sus hijos después de ellos; Dios grande, poderoso, Jehová de los
ejércitos es su nombre” Jeremías 32:18.
Lo mismo sucederá con nuestros hijos, nietos, bisnietos, etc. De acuerdo a lo
que sembremos nosotras, como madres, será lo que ellos cosechen.
“He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la
maldición: la bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová
vuestro Dios, que yo os prescribo hoy, y la maldición, si no oyereis los
mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que
yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis
conocido” Deuteronomio 11:26-28.
¿Qué significa maldición?
• Maldición significa desprecio, denigración de una persona, maldecir.
No seguir al Señor y no guardar sus mandamientos nos denigra como
personas, esto es: la opinión o reputación que tengan de nosotras no será
buena y como consecuencia tampoco la de nuestras generaciones.
¿CÓMO NOS PUEDEN AFECTAR ESTAS
MALDICIONES GENERACIONALES?
Analicemos algunos ejemplos en la Biblia.
LA CASA DE ELÍ
“Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre
su casa, desde el principio hasta el fin. Y le mostraré que yo juzgaré
su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos
han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado. Por tanto, yo he
jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será
expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas” 1 Samuel 3:12-14.
Los hijos de Elí eran hombres impíos que no tenían temor de Dios. Hacían
con las ofrendas de Dios lo que querían y dormían con las mujeres que
velaban a la puerta del tabernáculo de reunión. Elí era sumo sacerdote y
nunca estorbó a sus hijos para que no hicieran tales cosas, por lo que sus
generaciones cosecharon el pecado de sus padres.
GIEZI Y SU DESCENDENCIA
El general del ejército del rey de Siria, llamado Naamán, era leproso y fue a
visitar al profeta Eliseo para ser sanado. Después de contender, finalmente
decide hacer lo que el profeta le dijo y se zambulle siete veces en el Jordán y
es sanado de su lepra.
Como agradecimiento, Naamán quería ofrecerle un presente a Eliseo, quien
lo rechazó. Sin embargo Giezi, su criado, al ver que su señor había rechazado
el presente, con mentiras se aprovechó de la situación, pidiendo parte del
presente que Naamán había ofrecido a Eliseo y fueron trágicas las
consecuencias que recibió por ello.
“Entonces Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios, dijo entre sí: He
aquí mi señor estorbó a este sirio Naamán, no tomando de su mano
las cosas que había traído. Vive Jehová, que correré yo tras él y
tomaré de él alguna cosa.
Y siguió Giezi a Naamán; y cuando vio Naamán que venía corriendo
tras él, se bajó del carro para recibirle, y dijo: ¿Va todo bien?
Y él dijo: Bien. Mi señor me envía a decirte: He aquí vinieron a mí en
esta hora del monte de Efraín dos jóvenes de los hijos de los profetas;
te ruego que les des un talento de plata, y dos vestidos nuevos.
Dijo Naamán: Te ruego que tomes dos talentos. Y le insistió, y ató dos
talentos de plata en dos bolsas, y dos vestidos nuevos, y lo puso todo a
cuestas a dos de sus criados para que lo llevasen delante de él.
Y así que llegó a un lugar secreto, él lo tomó de mano de ellos, y lo
guardó en la casa; luego mandó a los hombres que se fuesen.
Y él entró, y se puso delante de su señor. Y Eliseo le dijo: ¿De dónde
vienes, Giezi? Y él dijo: Tú siervo no había ido a ninguna parte.
Él entonces le dijo: ¿No estaba también allí mi corazón, cuando el
hombre volvió de su carro a recibirte? ¿Es tiempo de tomar plata, y de
tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas?
Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu descendencia
para siempre. Y salió de delante de él leproso, blanco como la nieve”
2 Reyes 5:20-27.
Hay enfermedades que se van heredando de generación en generación, donde
el origen es producto del pecado, como lo vemos en este ejemplo.
“Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, así
la maldición nunca vendrá sin causa” Proverbios 26:2.
Si nos damos cuenta, en estos dos ejemplos que acabamos de ver, la raíz del
problema fue un pecado de idolatría. Elí idolatraba a sus hijos y Giezi
idolatraba las cosas materiales.
“Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en
muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en
destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al
dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron
traspasados de muchos dolores” 1 Timoteo 6:9-10.
La codicia por las cosas materiales es idolatría y ésta nos destruye, pues es
pecado. Giezi atrajo a sí mismo y a sus generaciones la maldición de la lepra.
MUCHACHO AFLIGIDO POR UN
ESPÍRITU INMUNDO
En el Nuevo Testamento, podemos ver el caso de un muchacho que estaba
siendo afligido por un espíritu inmundo que lo tenía mudo y cuando lo
tomaba, lo sacudía, (el muchacho) echaba espumarajos, crujía los dientes y se
iba secando.
“Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con
violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba,
echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace
que le sucede esto? Y él le dijo: Desde niño (infancia). Y muchas
veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes
hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos” Marcos 9:20-
22.
¿Qué mal pudo haber hecho este muchacho en su infancia como para haber
abierto puertas para que lo afligiera este espíritu inmundo a tal magnitud?
Seguramente estaba cosechando una maldición generacional.
PUEBLO DE DIOS ACARREANDO
MALDICIÓN SOBRE SÍ
“Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos
le dijeron: ¡Sea crucificado!
Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos
gritaban aún más, diciendo:
¡Sea crucificado!
Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto,
tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente
soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. Y respondiendo todo el
pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos”
Mateo 27:22-25.
Me pregunto: ¿por qué ha sido tan perseguido el pueblo judío?
¿CÓMO DEBEMOS CANCELAR ESTAS
MALDICIONES GENERACIONALES?
1º. RECONOCER A JESUCRISTO
La llave principal para romper con estas maldiciones es reconocer al Hijo de
Dios en nuestras vidas. Jesucristo en la cruz del calvario nos redimió de
nuestros pecados, anulando el acta de los decretos que había en nuestra
contra. Con su sangre preciosa, fuimos rescatadas de una vana manera de
vivir, la cual heredamos de nuestros padres.
“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros
maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un
madero)” Gálatas 3:13.
“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de
vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los
pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros,
que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la
cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió
públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” Colosenses 2:13-15.
“sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la
cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como
oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero
sin mancha y sin contaminación” 1 Pedro 1:18-19.
“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros
dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y
abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por
nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga
fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como
ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el
pecado de todos nosotros” Isaías 53:4-6.
Observemos que Jesús, por nosotras, se hizo maldición y llevó nuestros
pecados y enfermedades en la cruz. Gracias a Jesucristo estamos bajo un
mejor pacto, ya no estamos bajo el pacto de la ley sino bajo el pacto de la
gracia.
Es como lo que vimos en la lección del perdón. Judicialmente, ya fuimos
perdonadas en el momento en que reconocimos a Jesús en nuestras vidas y
así, él rompió con esas maldiciones que habíamos heredado. Sin embargo,
hay que hacer algo muy importante, pedir perdón por el pecado de nuestros
ancestros.
2º. PEDIR PERDÓN POR EL PECADO DE
NUESTROS ANCESTROS
Cuando nosotras pedimos perdón por el pecado de nuestros ancestros, los
demonios que entraron por generaciones ya no tienen ningún derecho legal
para seguirnos afligiendo y es entonces cuando los podemos echar fuera en el
nombre de Jesucristo.
Podemos ilustrar esto con lo que hizo Nehemías en Nehemías 1:3:
“Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí
en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén
derribado, y sus puertas quemadas a fuego”.
El pueblo judío se había desviado yendo tras dioses ajenos. Esto hizo que
Dios permitiera que el rey Nabucodonosor se los llevara cautivos. Vemos
después que algunos regresan de la cautividad y se les permite reconstruir el
templo de Jerusalén en la época de Esdras, sin embargo, el pueblo estaba “en
gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas
quemadas a fuego”.
¿Por qué se encontraban así, si ya habían podido reconstruir el templo?
En el mundo espiritual podemos estar así. Nos hemos reconciliado con Dios
por medio de Jesucristo, pero seguimos en afrenta. Esto significa que los
demonios nos siguen afligiendo. No hay un muro de protección que impida
que entren.
¿Qué hizo Nehemías antes de reconstruir el muro?
“Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos
días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.
Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y
temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y
guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus
ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día
y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de
los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi
padre hemos pecado.
En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado
los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo.
Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo:
Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os
volviereis a mí, y guardaréis mis mandamientos, y los pusiereis por
obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos,
de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar
allí mi nombre” Nehemías 1:4-9.
Nehemías ayunó, oró y confesó el pecado de sus ancestros.
Esto es lo que debemos hacer nosotras después de haber reconocido a Cristo
como nuestro Señor y Salvador.
3º. CANCELAR MALDICIONES Y ECHAR
FUERA A LOS DEMONIOS
“He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre
toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” Lucas 10:19.
¿Qué hizo Jesús con el muchacho que tenía un espíritu inmundo que lo estaba
atormentando?
“Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.
E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda
mi incredulidad.
Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu
inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y
no entres más en él.
Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y
él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.
Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó.
Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por
qué nosotros no pudimos echarle fuera?
Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y
ayuno” Marcos 9:23-29.
Algunos demonios son más fuertes que otros, y debemos estar en oración y
ayuno para poder discernir y estar preparadas antes de entrar en una batalla
espiritual.
Tú, como hija de Dios, tienes autoridad dada por Dios para echar fuera a los
demonios que te estén afligiendo. Pero es importante que pidas perdón
primero por el pecado de tus ancestros, que ores y ayunes para que el Señor
te muestre qué maldiciones debes de cancelar y qué demonios has heredado,
y así finalmente puedas echarlos fuera en el nombre de Jesucristo.
“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán
fuera demonios; hablarán nuevas lenguas” Marcos 16:17.
“Si puedes creer, al que cree todo le es posible”
Nota: Al final de la lección 6 se te explicará con más detalle cómo echar
fuera a los demonios que te estén afligiendo.
MALDICIONES QUE OBTENEMOS POR
TENER ANATEMAS
El enemigo es muy astuto y si logra infiltrarse en tu casa, con objetos que a
Dios le desagradan, obtiene derechos legales para afligirte. A estos objetos
inmundos se les llama anatemas.
“Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna
cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de
Israel, y lo turbéis” Josué 6:18.
• Anatema viene del hebreo kjerem, que significa: objeto condenado,
maldición, exterminación.
Estos objetos son abominación a Dios y traen maldición y destrucción a
nuestras vidas. Existen varias clases de anatemas:
a) Objetos que han tenido que ver con el ocultismo
Son objetos que se han usado para hacer trabajos de brujería, hechicería o
limpias.
b) Objetos de culto
Pueden ser adornos de dioses paganos como Budas, vírgenes, figuras de
culto, figuras mitad humano mitad animal, unicornios etc.
c) Juguetes que tienen que ver con el ocultismo o con lo oculto
Hoy en día tenemos que tener especial cuidado en los juguetes o películas
que tienen nuestros hijos, como son dragones, pegasos, unicornios, etc.
El famoso juego de la Ouija es un juego muy peligroso, porque abre puertas
tremendas para que demonios entren y nos aflijan. Atrae maldiciones
inimaginables. Ten cuidado con todos los juegos que tengan que ver con
cosas de ocultismo.
¿CÓMO NOS PUEDEN AFLIGIR ESTOS
ANATEMAS?
El pueblo de Dios no pudo hacerle frente a Hai, después de conquistar Jericó,
porque Acán había tomado del anatema. Dios les había prohibido que
tomaran del botín que había en Jericó, y Acán codició unas cosas y las tomó,
atrayendo con ello maldición sobre todo el pueblo de Israel.
“Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les
mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han
mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres. Por esto los hijos
de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de
sus enemigos volverán la espada, por cuanto han venido a ser
anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de
en medio de vosotros” Josué 7:11-12.
Al poseer estos anatemas, Satanás gana ventaja y adquiere derechos legales
para poderte afligir a ti y a tu familia, ya sea por medio de enfermedades, o
pesadillas o apariciones demoniacas.
¿QUÉ DEBEMOS HACER CON EL
ANATEMA?
“Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego; no codiciarás
plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en
ello, pues es abominación a Jehová tu Dios” Deuteronomio 7:25.
Tal vez tú pienses: “esto fue en el Antiguo Testamento”, pero veamos lo que
nos dice 1 Corintios 10:5-6:
“Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron
postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos
para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos
codiciaron”.
• Codiciar significa deleitarse o desear algo que no debemos.
No codicies estos objetos que a Dios le desagradan, destrúyelos en el nombre
de Jesucristo.
“Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron
los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su
precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata” Hechos 19:19.
MALDICIONES VERBALES
“Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en
palabra, éste es varón perfecto, (maduro) capaz también de refrenar
todo el cuerpo.
He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que
nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo.
Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de
impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por
donde el que las gobierna quiere.
Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de
grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño
fuego!
Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta
entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la
rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno”
Santiago 3: 2-6.
Versos 9-10: “Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella
maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.
De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos,
esto no debe ser así.”
Analicemos este pasaje bíblico que acabamos de leer para comprender el
tremendo poder que tenemos en nuestra lengua para bendecir o para maldecir.
1) “todos ofendemos muchas veces”
Nadie está exento de lastimar a otros con su lengua. Así como nosotras
hemos marcado a algunas personas con nuestras palabras, también hemos
sido marcadas por lo que otros nos han dicho.
Piensa por un momento qué palabras te han dicho desde que eras pequeña
que te han herido y te siguen atormentando. Pueden ser frases como:
a) Eres fea.
b) Estás gorda.
c) No sirves para nada.
d) Todo lo haces mal.
e) Nunca lograrás hacer algo bueno en tu vida.
f) Tú hermana(o) es mejor que tú.
g) Nunca te vas a casar.
h) No serás una buena madre ni una buena esposa.
En fin, podríamos seguir mencionando frases que nos han torturado por años.
2) “dirigimos así todo su cuerpo”; “son gobernadas con un muy
pequeño timón”.
La lengua tiene tanto poder que puede dirigir nuestras vidas y la vida de
otros.
“La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama
comerá de sus frutos” Proverbios 18:21.
Muchas mujeres viven traumadas por cosas que les dijeron en su pasado que
son verdad. Cuando continuamente te dicen algo, puedes terminar creyéndolo
y conducirte en base a lo que crees. Si esas palabras negativas te han estado
dirigiendo. ¡Ya basta!
3) “la lengua es un fuego, un mundo de maldad”; “Contamina todo
el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es
inflamada por el infierno”; “de una misma boca proceden bendición
y maldición”.
Nuestra lengua tiene la capacidad de bendecir y de maldecir. Jesús dijo en
Mateo 12:34b:
“Porque de la abundancia del corazón habla la boca”.
Bendecimos a otros en la medida que nos dejemos llenar por Dios, pero si no
permitimos a Dios llenar nuestro corazón con pensamientos positivos acerca
de los demás, solo podremos ver sus errores y hablaremos mal de ellos. El
apóstol Pablo nos dice en Filipenses 4:8:
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto,
todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen
nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto
pensad”.
Es tiempo de reflexionar, pedir perdón y cancelar todas esas maldiciones
verbales que han salido de nuestra boca hacia otras personas, hacia nosotras
mismas así como las maldiciones verbales que otros nos han dicho e hicimos
nuestras.
Muy probablemente acostumbrábamos maldecir antes de conocer al Señor,
aún ahora seguramente lo hemos hecho estando enojadas o tal vez nos
burlamos de otros jugando sin medir las consecuencias.
Que el Espíritu Santo nos guíe para recordar esas maldiciones que han salido
de nuestra boca para poder cancelarlas, pedir perdón por ellas a Dios, y a
quien ofendimos si aún vive, y cambiarlas por bendiciones, pero también que
nos guíe para cancelar en el nombre de Jesucristo aquellas maldiciones
verbales que han proferido en contra nuestra.
Cuando una persona se enoja en extremo, puede estar siendo afligida por
demonios y decir toda clase de maldiciones. Es importante no sólo cancelar
esas maldiciones sino también perdonar y bendecir a las personas que nos
han maldecido.
EJERCICIO
1. Investiga con tus padres, tíos y abuelos: enfermedades, actitudes y
maldiciones por causa del pecado que hayas heredado, y anótalos. (Si
tuvieron que ver con cosas de brujería y hechicería es importante saberlo.)
2. Pide perdón por cada pecado de tus ancestros con base en lo que te hayan
contado tus padres.
Nota importante: Si por alguna razón es imposible que puedas conseguir
esta información, ora al Señor para que el Espíritu Santo te guíe y puedas
descubrir qué maldiciones has heredado.
3. Ora y pídele dirección al Espíritu Santo para que te muestre los anatemas
que puedas llegar a tener en tu casa.
4. Una vez que los hayas detectado, pídele perdón a Dios por haberlos
tenido en tu casa. Tal vez no adores a estos objetos de culto, pero los
tienes como adornos y eso también le da derecho legal al enemigo para
afligirte.
5. Cancela en el nombre de Jesucristo cada maldición generacional.
Pide en oración la guía del Espíritu Santo para que recuerdes las
maldiciones que proferiste con tu lengua en contra de otros, pide perdón a
Dios por ellas y cancélalas en el nombre de Jesucristo. Si tienes la
oportunidad de ir con la persona a quien ofendiste con tus palabras, pídele
perdón también.
6. Perdona y bendice a aquellas personas que han lanzado una maldición en
tu contra y luego cancélalas en el nombre de Jesús.
ACTIVIDAD
1. Destruye estos objetos que le desagradan al Señor. Hay cosas que cuestan
trabajo romper, pero hazlo en el nombre de Jesucristo.
Es importante que destruyas el anatema, no lo vendas ni lo regales porque
pasarías la maldición a otras personas.
LECCIÓN 5
DIOS TRANSFORMA LO MALO EN
BUENO
Tristemente solemos tener más presentes en nuestra mente las cosas malas
que nos han acontecido, y lo que nosotros hicimos mal, que las cosas buenas.
Estoy segura que si nos pusiéramos a analizar las cosas buenas que Dios nos
ha dado a lo largo de nuestras vidas, éstas superarían en gran número a las
cosas malas que hemos tenido que enfrentar.
Pablo nos dice en Romanos 8:28:
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a
bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.
Como hijas de Dios, este pasaje bíblico es una promesa que Él nos hace. El
Señor no nos promete una vida color de rosa, al contrario, nos dice que
vamos a tener aflicción, pero que debemos confiar.
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo
tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” Juan 16:33.
• Aflicción viene del griego thipsis, y significa: presión, opresión, tensión,
angustia, adversidad, pena. Thipsis equivale a una prensa espiritual. La
palabra describe el proceso de exprimir las uvas o el fruto del olivo en un
lagar.
El problema más común que tenemos es que no alcanzamos a comprender
que Dios permite que pasemos por cosas difíciles porque detrás de ello hay
un propósito.
También solemos centrar nuestra atención en las cosas malas que hemos
hecho y no podemos avanzar porque la culpa nos invade, sin entender que al
confesarle a Dios nuestro pecado, Él nos perdona y hay un borrón y cuenta
nueva.
Muchas mujeres se llegan a frustrar, amargar o deprimir, porque sólo están
pensando en los acontecimientos negativos que vivieron y no en los
positivos. Los aparentes fracasos que tenemos, se deben de transformar en
enseñanzas para crecer y madurar.
Analicemos a dos personajes bíblicos para entender mejor todo esto: Jacob y
José.
¿Quién crees que pasó por cosas más difíciles: Jacob o José?
JACOB
Esaú y Jacob eran mellizos, pero por Esaú nacer primero, le correspondían
todos los derechos de primogenitura y las bendiciones que su padre, antes de
morir, le daba.
ESAÚ QUIERE MATARLO
Jacob y su madre Rebeca, engañaron a Isaac, su padre, para que
Jacob recibiera las bendiciones que le correspondían a Esaú por ser
el primogénito. Anteriormente Esaú le había vendido la
primogenitura a Jacob a cambio de un guisado de lentejas que Jacob
había preparado, pues sintió que se estaba muriendo. Por una
comida, menospreció la bendición que Dios tenía para él como
primogénito.
Observemos cómo reaccionó Esaú cuando se enteró que Isaac había
bendecido a Jacob por engaño:
“Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición. Y Esaú
respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha
suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí
ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición
para mí? Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por
señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y
de vino le he provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío? Y
Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición,
padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y
lloró” Génesis 27:35-38.
Versos 41-45: “Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su
padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del
luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob.
Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor; y ella
envió y llamó a Jacob su hijo menor, y le dijo: He aquí, Esaú tu
hermano se consuela acerca de ti con la idea de matarte.
Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate y huye a casa de
Labán mi hermano en Harán, y mora con él algunos días, hasta que
el enojo de tu hermano se mitigue; hasta que se aplaque la ira de tu
hermano contra ti, y olvide lo que le has hecho; yo enviaré entonces, y
te traeré de allá. ¿Por qué seré privada de vosotros ambos en un día?”
JACOB HUYE A HARÁN
Jacob se va de su casa para irse a Harán, sin imaginarse que no volvería a ver
a su madre. En el camino, tuvo un encuentro con Dios por medio de un
sueño.
“Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su
extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y
descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el
cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de
Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu
descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te
extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las
familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo
estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a
traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que
te he dicho” Génesis 28:12-15.
Observemos varias cosas importantes: pese a que Jacob, con engaños,
consiguió la bendición de su padre y que Esaú lo quería matar, Dios estaba
con él y lo guardaría de todo mal en donde estuviese, además de prometerle
una gran descendencia y esas tierras.
¿Cumplió Dios todo lo que le prometió a Jacob? La respuesta es un rotundo
Sí. Pero no fue fácil todo lo que tuvo que enfrentar.
LABÁN ENGAÑA A JACOB
Así como Jacob engañó a su padre, Labán engañó a Jacob al entregarle en su
noche de bodas a Lea, su hija mayor, en lugar de Raquel, su hija menor a
quien Jacob amaba y por la que le había servido a Labán durante siete años.
“Y Jacob amó a Raquel, y dijo: Yo te serviré siete años por Raquel tu
hija menor.
Y Labán respondió: Mejor es que te la dé a ti, y no que la dé a otro
hombre; quédate conmigo.
Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos
días, porque la amaba. Entonces dijo Jacob a Labán: Dame mi mujer,
porque mi tiempo se ha cumplido, para unirme a ella.
Entonces Labán juntó a todos los varones de aquel lugar, e hizo
banquete. Y sucedió que a la noche tomó a Lea su hija, y se la trajo; y
él se llegó a ella. Y dio Labán su sierva Zilpa a su hija Lea por criada.
Venida la mañana, he aquí que era Lea; y Jacob dijo a Labán: ¿Qué
es esto que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué,
pues, me has engañado?” Génesis 29:18-25.
A pesar de que Jacob cosechó engaño, porque sembró lo mismo, Dios lo
bendijo con varios hijos, además de poderse casar con la mujer a quien él
amaba.
JACOB HUYE DE LABÁN
Jacob estuvo en casa de Labán por un lapso de veinte años, sirviéndole y
sufriendo injusticias, pues diez veces le cambió el salario. Aun así, Dios lo
prosperó con grandes riquezas, hasta que un día le dijo que se volviera a la
tierra de sus padres.
“También Jehová dijo a Jacob: Vuélvete a la tierra de tus padres, y a
tu parentela, y yo estaré contigo” Génesis 31:3.
A escondidas de Labán, Jacob huyó con sus dos mujeres, sus hijos y todas
sus posesiones. Cuando Labán se enteró, persiguió a Jacob y le reclamó el
haberse llevado de esa manera a sus hijas, pero Dios en sueños le había
advertido a Labán que no le hablara a Jacob descomedidamente. Nuevamente
vemos cómo Dios intervino para defender a Jacob y a su familia.
DIOS TRANSFORMA LA MALDICIÓN EN
BENDICIÓN
Jacob traía arrastrando una maldición de engaño, por parte de la ascendencia
de su madre. Notemos cómo Labán era un engañador y engañó a Jacob.
¿Quién si no su madre, hermana de Labán, lo incitó para engañar a su padre y
robarle así la bendición a su hermano Esaú? Vemos también que Raquel, la
hija menor de Labán, engaña a su padre robándole sus ídolos cuando salieron
huyendo de su casa. Y podemos ver después cómo, casi todos, los hijos de
Jacob heredaron esta maldición cuando con engaños le hicieron creer que su
hermano José había muerto.
Por otro lado, Jacob en su nombre llevaba una maldición.
• Jacob significa suplantador.
“Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha
suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí
ahora ha tomado mi bendición...” Génesis 27:36.
• Suplantar significa, entre otras cosas, engañar.
Después de que Labán se despide de sus hijas, Jacob sigue su camino junto
con sus esposas, sus hijos y todos sus ganados, pero comienza a tener un gran
temor cuando se entera que su hermano Esaú viene a recibirlo con
cuatrocientos hombres. Se le ocurre entonces mandarle varios presentes a su
hermano para aplacar su ira.
Una noche se queda solo, después de haber dividido a su familia en dos
campamentos, y lucha con un varón (un ángel de Dios según Oseas 12:4)
para que lo bendijese.
“Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el
alba.
Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje
de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él
luchaba.
Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te
dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él
respondió: Jacob.
Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel;
porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido”
Génesis 32:24-28.
Fue en esa lucha que Jacob sostuvo con el ángel, que su maldición se
convirtió en bendición. Su nombre fue cambiado por Israel.
• Israel significa “el que lucha con Dios”, pero también significa “Dios es
fuerte”.
Es a partir de ahí que surge la nación de Israel. Seguramente Jacob tenía
miedo de enfrentar a su hermano por lo que le había hecho anteriormente.
Podemos pensar que se sentía culpable y por eso buscaba desesperadamente
la bendición del ángel.
Dios no permitió que Esaú le hiciera algún daño, por el contrario, ambos se
reconciliaron cuando se volvieron a ver, abrazándose y llorando largamente.
OTRAS ADVERSIDADES
Jacob pasó por otras adversidades:
a) Su hija Dina fue violada, y sus hijos destruyeron a todo un pueblo por
venganza.
b) Raquel, la mujer a quien amaba, murió al dar a luz a su segundo hijo,
Benjamín.
c) José, su hijo consentido, desapareció.
Podemos notar que Jacob sabía lo que era llevar en su nombre una maldición,
ya que cuando nace su segundo hijo, después de morir Raquel, la partera le
pone por nombre Benoni que significa: “Hijo de mi lamento”. Mas él, lo
llamó Benjamín, que significa: “Hijo de la mano derecha”.
Jacob había pasado por muchas cosas y Dios en todo le mostró su
misericordia, pero cuando pensó que su hijo José había sido despedazado y
devorado por alguna mala bestia, se vino abajo, al grado de centrar sus
pensamientos y su corazón sólo en la pedida de su hijo, olvidando la
misericordia de Dios en todo lo demás.
“Entonces tomaron ellos la túnica de José, y degollaron un cabrito de
las cabras, y tiñeron la túnica con sangre; y enviaron la túnica de
colores y la trajeron a su padre, y dijeron: Esto hemos hallado;
reconoce ahora si es la túnica de tu hijo, o no.
Y él la reconoció, y dijo: La túnica de mi hijo es; alguna mala bestia
lo devoró; José ha sido despedazado.
Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y
guardó luto por su hijo muchos días.
Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas
él no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo
hasta el Seol. Y lo lloró su padre” Génesis 37:31-35.
La Biblia para todos con lenguaje actual, traduce este último versículo de la
siguiente manera:
“Todos sus hijos llegaron para consolarlo, pero él no quería que lo
consolaran. Más bien, lloraba y decía que quería morirse para estar
con José” Génesis 37:35.
Se puede observar que Jacob tenía una fuerte ligadura de alma con José, la
cual le impedía ver que tenía más hijos que también lo necesitaban.
Lo grave de no ver las bendiciones que Dios nos ha dado y de centrar nuestra
mirada en nuestras tragedias, es que podemos amargarnos y frenar el
propósito de Dios en nuestras vidas. Jacob se iba consumiendo de tristeza. Al
parecer ya nada le importaba y cayó en una profunda depresión.
JOSÉ
Analicemos ahora lo que tuvo que atravesar José y cómo lo enfrentó.
JOSÉ ES VENDIDO POR SUS HERMANOS
Los hermanos de José le tenían envidia ya que su padre lo amaba más que a
ellos, y porque le había regalado una túnica de colores.
“Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había
tenido en su vejez, y le hizo una túnica de diversos colores” Génesis
37:3.
Dios le dio a José dos sueños en los cuales le mostró el propósito que tenía
para él. Estaría sobre sus hermanos y sus padres, pues lo usaría grandemente.
Los hermanos de José llegaron a aborrecer tanto a José que querían matarlo.
Gracias a la intervención de Rubén, el hermano mayor, no lo hicieron, pero lo
metieron en una cisterna vacía y cuando pasaron unos madianitas lo
vendieron como esclavo. De 17 años era José cuando sus hermanos lo
vendieron.
En Génesis 42:21, los hermanos de José describen cómo se sentía José y lo
que hizo cuando lo estaban vendiendo:
“Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra
nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos
rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta
angustia”.
JOSÉ VENDIDO COMO ESCLAVO EN
EGIPTO
Los ismaelitas o madianitas, que es lo mismo, se llevaron a José a Egipto y lo
vendieron como esclavo a Potifar, oficial de Faraón, y capitán de la guardia.
Sin embargo, es sorprendente lo que nos dice Génesis 39:2-4:
“Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la
casa de su amo el egipcio. Y vio su amo que Jehová estaba con él, y
que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. Así
halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su
casa y entregó en su poder todo lo que tenía”.
Vemos aquí cómo Dios transformó lo malo que sus hermanos le hicieron, en
algo bueno. Pese a que José estaba como esclavo en casa de Potifar “Jehová
estaba con él y lo prosperó”.
JOSÉ ENCARCELADO INJUSTAMENTE
La esposa de Potifar puso sus ojos en José y lo acosaba todos los días para
que se acostara con ella, pero él no cedió ante la tentación.
“Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en
José, y dijo: Duerme conmigo.
Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se
preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano
todo lo que tiene.
No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha
reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría
yo este grande mal, y pecaría contra Dios?
Hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al
lado de ella, para estar con ella, aconteció que entró él un día en casa
para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí.
Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él
dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió” Génesis 39:7-12.
Seguramente José era un joven muy apuesto y, como todo joven, tenía que
resistir la tentación para no acostarse con la esposa de Potifar. ¿Crees que la
esposa de Potifar era hermosa? Seguramente sí, pues a las personas que
tenían un alto cargo político, se les daban las mujeres más hermosas del país.
Podemos suponer que José era virgen y con necesidades afectivas, pero pese
a ello, pudo más el temor que tenía de Dios que sus deseos carnales.
Uno pensaría que Dios lo compensaría por no ceder ante la tentación y huir,
pero sucedió lo contrario, lo metieron en la cárcel injustamente.
En momentos así, cuando sufrimos injusticias, nos podemos preguntar: ¿por
qué? ¿Por qué cuando hacemos bien las cosas, nos va mal? ¿Alguna vez te ha
pasado eso? Es en esos momentos cuando no debemos centrar nuestros
pensamientos en el “por qué”, sino entender que detrás de ello hay un
propósito y que Dios tiene el control.
Hay ocasiones en que vivimos malas experiencias por nuestras malas
decisiones o actos; pero en el caso de José fue una injusticia, el no merecía
ser llevado a la cárcel por las mentiras que Potifar escuchó de boca de su
esposa.
“Entonces le habló ella las mismas palabras, diciendo: El siervo
hebreo que nos trajiste, vino a mí para deshonrarme. Y cuando yo
alcé mi voz y grité, él dejó su ropa junto a mí y huyó fuera. Y sucedió
que cuando oyó el amo de José las palabras que su mujer le hablaba,
diciendo: Así me ha tratado tu siervo, se encendió su furor. Y tomó su
amo a José, y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey, y
estuvo allí en la cárcel” Génesis 39:17-20.
José tenía 28 años cuando lo metieron en la cárcel y estuvo preso por dos
años, a pesar de todo, veamos lo que dice Génesis 39:21-23:
“Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio
gracia en los ojos del jefe de la cárcel. Y el jefe de la cárcel entregó en
mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella
prisión; todo lo que se hacía allí, él lo hacía. No necesitaba atender el
jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José,
porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo
prosperaba”.
Tienes que tener la plena seguridad de que Dios está contigo en todo
momento, aunque pases por injusticias o por cosas que no entiendas.
Pese a que José estaba en la cárcel, y no sabía el porqué, él fue diligente y
Dios prosperaba todo lo que hacía. No se amargó ni se deprimió, aunque sí
hubo un momento en el que le expresó su sentir a uno de los presos a quien le
interpretó su sueño:
“Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses
conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me
saques de esta casa. Porque fui hurtado de la tierra de los hebreos; y
tampoco he hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel” Génesis
40:14-15.
José estaba en un punto en el que no entendía nada, se sentía secuestrado y
ahora estaba encarcelado injustamente, pero si te fijas, nunca habló mal de
sus hermanos.
JOSÉ ES LIBERADO DE LA CÁRCEL Y
PRESENTADO ANTE FARAÓN
Pasados dos años, Faraón tuvo un sueño y nadie se lo pudo interpretar, por lo
que el copero, que había estado en prisión con José, se acordó de él y por
orden de Faraón José fue sacado de la cárcel y llevado ante él para que le
interpretara su sueño.
“Entonces Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron
apresuradamente de la cárcel, y se afeitó, y mudó sus vestidos, y vino
a Faraón. Y dijo Faraón a José: Yo he tenido un sueño, y no hay
quien lo interprete; mas he oído decir de ti, que oyes sueños para
interpretarlos. Respondió José a Faraón, diciendo: No está en mí;
Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón” Génesis 41:14-16.
José, con la ayuda de Dios, no sólo le interpreta a Faraón su sueño, sino que
además le da una estrategia para enfrentar la hambruna que estaba por venir
sobre la tierra, después de los siete años de abundancia, para preservar así a
Egipto y otros pueblos.
“Haga esto Faraón, y ponga gobernadores sobre el país, y quinte la
tierra de Egipto en los siete años de la abundancia.
Y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen, y recojan
el trigo bajo la mano de Faraón para mantenimiento de las ciudades;
y guárdenlo.
Yesté aquella provisión en depósito para el país, para los siete años de
hambre que habrá en la tierra de Egipto; y el país no perecerá de
hambre.
El asunto pareció bien a Faraón y a sus siervos, y dijo Faraón a sus
siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el
espíritu de Dios?
Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no
hay entendido ni sabio como tú.
Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi
pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú” Génesis 41:34-
40.
Finalmente, se cumplieron los sueños que Dios le había dado a la edad de 17
años. Trece años pasaron en los cuales José tuvo que ser preparado para
cumplir el propósito por el cual Dios lo había creado. ¿Fue fácil? No, para
nada; pasó por envidias, celos, momentos de soledad, calumnias, injusticias,
etc. Pero se mantuvo en pie, tomado de la mano de Dios.
ENTENDIÓ EL PROPÓSITO DE SUS
SUFRIMIENTOS
Cuando la hambruna llegó, sus hermanos llegaron a Egipto para comprar
alimentos con él, sin reconocerlo.
José sí los reconoció y les dio una pequeña lección para que se dieran cuenta
de lo que habían hecho, pero nunca guardó resentimiento en su corazón por
lo que le habían hecho. Al contrario, entendió por qué Dios lo había mandado
a Egipto.
“No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado
suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie
con él, al darse a conocer José a sus hermanos.
Entonces se dio a llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también
la casa de Faraón. Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José; ¿vive
aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque
estaban turbados delante de él.
Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se
acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis
para Egipto.
Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá;
porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros”
Génesis 45:1-5.
Posteriormente José mandó traer a su padre a Egipto y a toda la casa de su
padre, para preservarlos con vida. José y su padre volvieron a encontrarse.
Israel pudo bendecir a los hijos de José y morir tranquilo, sabiendo que Dios
había tenido cuidado de su hijo.
Estas dos historias que acabamos de ver, nos muestran cómo Dios transforma
lo malo en bueno, a los que le aman.
Ya no pongas tu mirada en las aflicciones de tu pasado, mejor date cuenta de
cómo Dios lo ha transformado en bendición. Si no lo ha hecho, ¡ten la
confianza de que lo hará!
EJERCICIO
1. Escribe todas las cosas buenas que has recibido de parte de Dios que te
vengan a la memoria en cinco minutos.
2. Escribe las cosas malas que has vivido que te vengan a la memoria en 5
minutos.
3. Compara las cosas malas con las cosas buenas.
ACTIVIDAD
Ora a Dios, dale las gracias por todas las cosas buenas que Él te ha dado.
Asimismo, entrégale las malas vivencias y pídele que Él las transforme en
bendición.
LECCIÓN 6
ERES ESPECIAL
“Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos...”
Malaquías 3:17.
Para conducirnos realmente como lo que somos, un tesoro especial para
Dios, debemos aprender a amarnos a nosotras mismas como Él nos ama y
vernos como Él nos ve; esto verdaderamente nos llevará a vivir en victoria,
pues sabemos que lo que Satanás quiere a toda costa es vernos derrumbadas y
que no usemos los dones, talentos y habilidades que Dios nos ha dado para
bendecir a otros.
La estrategia que Satanás usa para atacar a las mujeres, es muy diferente a la
que usa para atacar a los hombres.
Por ejemplo, a los hombres los ataca más por lo que ellos ven con sus ojos en
relación con mujeres ajenas. A nosotras, en cambio, nos ataca en la manera
en la que nos vemos a nosotras mismas.
Yo te pregunto: Cuando te ves en el espejo, si es que puedes verte, ¿cómo te
ves? ¿Te aceptas como eres? ¿O eres una persona que se critica
constantemente y no te gusta cómo eres?
La razón principal de que no veas cuan hermosa eres, es porque has pasado
por eventos traumáticos en tu infancia o a lo largo de tu vida. Sé que no a
todas las mujeres les pasa esto. Hay mujeres que no luchan con su cuerpo
físico, sin embargo, hay otros factores que nos impiden vernos como ese
tesoro especial que somos en las manos de Dios.
Algunos son:
a) El rechazo
b) La baja autoestima
c) El sentirse indignas
d) El miedo o la inseguridad
Antes de analizar cada uno de estos factores, quisiera que nos diéramos
cuenta de lo que la Palabra de Dios nos dice en Isaías 43:4:
“Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé...”.
Observemos que el pasaje dice que a sus ojos hemos sido de gran estima.
• Estima significa, básicamente, ser valioso.
Para Jesús somos valiosas, tanto que nos parecemos en algo a Él.
En Levítico 27:3-4, se nos dice el valor que se le asignaban a las mujeres de
veinte hasta sesenta años:
“En cuanto al varón de veinte años hasta sesenta, lo estimarás en
cincuenta siclos de plata, según el siclo del santuario. Y si fuere
mujer, la estimarás en treinta siclos”.
Curiosamente, podemos ver que al Señor le asignaron el mismo precio:
“Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los
principales sacerdotes, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo
entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata” Mateo 26:14-
15.
“Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y
tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio
puesto por los hijos de Israel” Mateo 27:9.
Honestamente creo que el Señor Jesucristo no sólo vino a perdonar nuestros
pecados, sino también a devolvernos el valor que, como mujeres, tenemos
para Él.
En muchos países, la mujer es excluida en muchas cosas, es rechazada, y
menospreciada. El machismo ha sido una gran maldición, como lo es en
México, y tristemente esto también se ha infiltrado dentro de algunas iglesias
cristianas.
Hay iglesias donde la mujer simplemente no puede predicar, tampoco puede
recoger las ofrendas, ni usar pantalones, ni dirigir la alabanza, ni siquiera
estudiar en un instituto. Los estudios que llevan las mujeres fuera del culto
dominical son en exclusiva relacionados al aprendizaje de cómo llevar su
hogar (esposo e hijos), todo lo demás está reservado para varones.
¿Por qué hacen esta acepción entre hombres y mujeres? Francamente no lo
entiendo, pero lo que sí sé es que para Dios tenemos el mismo valor, pero con
funciones diferentes.
No me mal entiendan, respeto y considero de suma importancia la autoridad
que Dios le ha delegado a los varones, pero creo que han mal entendido el
pasaje de 1 Corintios 14:34-35, donde dice:
“Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es
permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice.
Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque
es indecoroso que una mujer hable en la congregación”.
Si analizamos los versículos anteriores a estos que acabamos de leer,
podremos observar que Pablo estaba estableciendo el orden en las reuniones
de la iglesia. Los corintios eran una iglesia muy conflictiva. Durante la
asamblea los hombres se colocaban en la parte de enfrente y las mujeres en la
parte de atrás. En ese entonces, como en algunas iglesias en nuestros tiempos,
para los hombres era obligatorio el estudio religioso; en cambio para las
mujeres estaba prohibido, por lo que muchas veces cuando ellas no entendían
algo, preguntaban desde atrás y en voz alta a sus esposos, creando desorden.
Este pasaje está enfocado directamente a las esposas; pero a lo que el apóstol
Pablo se refería aquí, era a que preguntaran en sus casas, y a sus maridos, las
dudas que tuvieran tocantes a lo que se estaba enseñando en la iglesia, no a
que la mujer no pudiera predicar.
Jesús nos muestra en Mateo 28:1-10, que Él no estaba en contra de que la
mujer hablara o enseñara.
En este pasaje podemos ver cómo María Magdalena y otra María, fueron a
ver el sepulcro donde habían colocado a Jesús después de haber sido
crucificado. Pasado el día de reposo, esto es, el segundo día de que había
muerto, hubo un fuerte terremoto y un ángel del Señor descendió y removió
la piedra. Los guardas al verlo, se asustaron, pero el ángel habló con estas dos
mujeres y les dijo:
Versos 5-10: “Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No
temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue
crucificado.
No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar
donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha
resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea;
allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.
Entonces ellas, salieron del sepulcro con temor y gran gozo, y fueron
corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las
nuevas a los discípulos,
he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas,
acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.
Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis
hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.”
El evangelio de nuestro Señor Jesucristo consiste principalmente en dos
partes:
a) Su crucifixión y muerte
b) Su resurrección
El anuncio de la resurrección se les encargó en primera instancia a las
mujeres. Si las mujeres no pudieran hablar, ¿crees que Jesús se les hubiera
aparecido primero a las mujeres y les hubiera pedido que fueran y les dijeran
a los futuros apóstoles que Él había resucitado?
¿Por qué Jesús se les apareció primero a las mujeres y no a los discípulos?
Jesús me conmueve, porque hizo cosas contrarias a las costumbres y
tradiciones humanas. Él nos dio nuestro lugar como mujeres y nos hace sentir
especiales. A Dios no le importa si somos hombres o mujeres, Él nos quiere
usar por igual. Tanto los hombres como las mujeres podemos ser
instrumentos valiosos en sus manos. Desde antes de que fuéramos concebidas
en el vientre de nuestra madre, estábamos en el pensamiento de Dios. No
somos producto de un error o de una casualidad. En el vientre nos llamó para
apartarnos para Él y nos dio un propósito.
“Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el
vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las
naciones”
Jeremías 1:4-5.
Tres cosas vemos que Dios ha hecho con nosotras antes de que naciéramos:
a) Nos conoció antes de formarnos en el vientre.
b) Nos santificó. Que significa que nos apartó para Él.
c) Nos dio un llamado a servirle. A Jeremías lo escogió como profeta,
pero todas tenemos un llamado a servirle a Dios de una u otra manera.
Hay mujeres a quienes llama de tiempo completo, pero todas le
podemos servir.
Cuando tú descubras el llamado que tiene para ti, te hará sentir única y
especial, porque a pesar de nuestros defectos y debilidades, puso su mirada
en nosotras para ser sus instrumentos. Servirle a Él es lo más maravilloso que
hay, pues te sientes completa, plena y feliz; no obstante, el enemigo lo sabe,
por eso tratará de usar tu pasado para frenarte.
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  • 3. Derechos reservados por Angela Kellenberger Copyright © 2016 por Editorial Nuevo Aliento 1a Edición Agosto 2016 ISBN LIBRO IMPRESO 978-607-97314-0-3 Todos los derechos reservados All rights reserved Foto de portada: Andrés Maldonado Kellenberger Diseño de portada: Abigaíl Osornio López Diseño de interiores: Abigaíl Osornio López Comentario de contraportada: Doris Salazar Equipo de correctores de estilo de Nuevo Aliento: - Ingrid Michel López Hernández - Carmen Rina Fabbri Carrillo - Dení Alejandra Díaz Zepeda Ninguna parte de esta publicación podrá ser reproducida, procesada en algún sistema que le pueda reproducir, o tramitada en alguna forma o por algún medio electrónico, mecánico, fotocopia, cinta magnetofónica u otro. Excepto para breves citas en reseña, sin necesidad del permiso previo de los editores. Las citas bíblicas que han sido utilizadas fueron tomadas de la Biblia versión Reina Valera Revisión 1960, a menos que se indique lo contrario. Para mayor información: nuevo.aliento@gmail.com
  • 4. Tabla de contenido PRÓLOGO INTRODUCCIÓN LECCIÓN 1 TOMA LA DECISIÓN LECCIÓN 2 YA NO CALLES LECCIÓN 3 LA IMPORTANCIA DEL PERDÓN LECCIÓN 4 CANCELA MALDICIONES LECCIÓN 5 DIOS TRANSFORMA LO MALO EN BUENO LECCIÓN 6 ERES ESPECIAL LECCIÓN 7 PERSIGUE TU PROPÓSITO LECCIÓN 8 DÉJATE LLENAR POR DIOS ANTES DE DESPEDIRNOS
  • 6. PRÓLOGO Doy gracias a Dios por la vida de Angelita, como llamo cariñosamente a la autora de este libro, por la invitación para escribir este prólogo. Estoy convencido de que este pequeño libro-manual será de bendición y provecho para cada una de ustedes, amadas lectoras, como en su momento fue y seguirá siendo para Angelita. No hay manera más eficaz de escribir con inspiración y con el corazón en la mano que cuando se ha vivido en carne propia cada una de las cosas de las que se hablan en este libromanual. Por eso, estoy seguro que al ir leyendo cada página las lectoras se podrán sentir identificadas y podrán sentir la intervención del Espíritu Santo en sus vidas. Y así, tomarán el reto de poner fin a todos esos recuerdos, pensamientos y emociones que les han atormentado por largo tiempo. De esta manera, podrán experimentar la libertad que sólo se encuentra en Jesucristo y decir: ¡Ya basta! Éstas no son simples palabras o alguna fórmula mágica, sino que se trata de decidir poner un alto a todas aquellas cosas que por mucho tiempo te han robado la paz y la felicidad, y comenzar a vivir como una mujer digna y totalmente aceptable ante los ojos de Dios, de la sociedad y de ti misma. Espero que este libro sea de bendición y un granito de arena para tu ayuda. Además de que te impulse a tener una mejor calidad de vida para ti y tus
  • 8. INTRODUCCIÓN Mi vida ha sido un caos. Le he fallado mucho al Señor y por lo mismo me resistía al llamado que Él tiene para mí, pues me sentía indigna, con baja autoestima y con mucha culpa. El llamado que yo recibí de parte de Dios es el de volver el corazón de las personas a Él, ayudar a otros a sanar sus heridas y que encuentren el propósito por el cual Dios los creó. Todo esto mediante la enseñanza de la Palabra de Dios que es la Biblia. La Biblia dice en Romanos 13:7: “Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra”. Hoy quiero darle primeramente las gracias a mi amado Padre celestial, porque me dio una nueva identidad; a mi amado Jesús, porque en la cruz me redimió de todos mis pecados; y a mi amado Espíritu Santo, porque me ha guiado, instruido y llenado. Pero también quiero honrar al Pastor Fredie y a su esposa Doris, que hoy puedo decir con mucho orgullo y cariño que son mis padres espirituales. Ellos, guiados por el Espíritu Santo, me ayudaron a perdonarme a mí misma, a levantarme de mi baja autoestima y, sobre todo, a no rechazar más el llamado de Dios para mi vida, sino a abrazarlo.
  • 9. Papá Fredie y mamá Doris: los amo. Gracias por todo el tiempo que diariamente me han dedicado desde que los conocí para instruirme, guiarme y orar por mí. A ustedes les quiero dedicar este libro: ¡YA BASTA! Sanidad interior. Hoy le digo a mi Señor: “¡Heme aquí, envíame a mí!”
  • 10. LECCIÓN 1 TOMA LA DECISIÓN El objetivo de este libro-manual es que recibas sanidad interior. Cuando Dios sana esas heridas que venimos arrastrando, tal vez desde el vientre de nuestra madre, podemos levantarnos en victoria y entender que detrás de todo lo que hemos sufrido y vivido hay un gran propósito. El día que tú le abres la puerta de tu corazón al Señor Jesucristo, Él empieza con el proceso de perfeccionarte. “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” Filipenses 1:6. “El día de Jesucristo” es hasta que Él venga en su segunda venida. Por lo que mientras, estamos en un proceso. No somos el producto terminado, sin embargo, para que Dios pueda hacer su obra completa en nosotras, debemos decidir hoy soltarle nuestro pasado y decir: ¡Ya basta! Ya no quiero vivir en derrota, sino en victoria. Jesús nos ofrece en esta tierra una vida abundante. “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” Juan 10:10.
  • 11. • Abundancia viene del griego perissós, y significa: superabundante (en calidad) o superior (en calidad), excesivo. Jesús quiere para nosotras una vida de calidad. Esto significa, en pocas palabras, que quiere que vivamos felices. Creemos que para ser felices se necesitan riquezas materiales, fama, éxito, etc. Pero esto es un engaño; observemos que antes de que Jesús dijera: “yo he venido para que tengan vida”, nos dice que: “el ladrón (Satanás, en este caso) no viene sino para hurtar y matar y destruir”. Satanás es quien nos quiere ver en el suelo, él es experto en meternos pensamientos negativos que nos hacen sentir fracasadas, sin futuro ni esperanza. Él quiere que vivamos en desánimo, sin ganas de seguir adelante, teniendo una baja autoestima. Que andemos con culpa sintiéndonos indignas, sucias, sin valor alguno. Satanás es muy astuto y podemos ver, básicamente, dos estrategias que usa: a) Nos recuerda día y noche las cosas malas que hicimos, metiéndonos culpa para sentirnos indignas. b) Nos incita a guardar en lo más profundo de nuestro ser las heridas dolorosas que algunas personas nos causaron, evitando así que las expongamos para ser sanadas. Jesús, en cambio, quiere que tengamos victoria en todo esto, pero es indispensable entender lo que nos dice la Palabra de Dios, que es la Biblia, en Romanos 12:2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. La Biblia para todos con lenguaje actual, traduce este mismo pasaje de la siguiente manera, para entenderlo mejor:
  • 12. “Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto”. No es hasta que recibes sanidad interior, que puedes realmente entender que detrás de todo lo que has vivido Dios tiene un propósito y que te quiere usar para que ayudes a otros. Como hijas de Dios no debemos vivir como vive todo el mundo, debemos ser diferentes. Al decir: “cambien de manera de ser y de pensar”, la Palabra nos presenta un reto. Tú decides si quieres seguir igual o si hoy quieres tomar la decisión de hacer la paz con tu pasado, levantarte y extenderte hacia lo que viene. Pablo nos dice en Filipenses 3:13-14: “...olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. ¿Crees que Dios hubiera podido usar a Pablo como lo usó, si hubiera estado pensando constantemente en todos los cristianos que mató y encarceló? Pablo no permitió que la culpa lo invadiera. Él hizo la paz con su pasado y prefirió poner los ojos en lo que Dios tenía para él. No enfrasques tus pensamientos en lo que te sucedió en el pasado, eso sólo te estanca y Dios tiene grandes planes para ti, decide hoy levantarte y seguir adelante. Por eso es importante cambiar nuestra manera de pensar. Lo que pasó, ¡ya pasó! No lo puedes cambiar, pero sí puedes decidir dejar de mirar atrás y ver hacia adelante, para que puedas llegar a la meta. Dios saca nuestro pasado para confrontarlo, perdonar a los que nos han lastimado y así poder dejarlo atrás. “Ponle fecha de caducidad” a tu herida, esta frase se la escuché decir a papá Fredie. Cuando logres hacer esto, empezarás a recibir esa sanidad interior que tanto anhelas.
  • 13. Hoy toma la decisión y di: ¡YA BASTA! EJERCICIOS Menciona cinco sucesos dolorosos que has tenido que enfrentar en tu vida. Escríbelos en orden de importancia. Si son más, menciónalos también. 1. 2. 3. 4. 5. Menciona cinco sucesos felices que has tenido en tu vida. 1. 2. 3. 4. 5. Menciona cinco pensamientos negativos o contrarios a lo que Dios quiere que pienses. 1. 2. 3. 4.
  • 14. 5. Menciona cinco comportamientos negativos que consideras que Dios cambió o quito de tu vida, desde que recibiste a Jesucristo en tu corazón. 1. 2. 3. 4. 5. Lamentablemente, solemos pensar más en las cosas malas que nos han sucedido que en las cosas buenas. Le damos más espacio a pensamientos negativos que a pensamientos positivos. Acuérdate que tenemos que “cambiar nuestra manera de ser y de pensar”. ACTIVIDAD La actividad que vas a hacer a partir del día de hoy, es que cuando vengan pensamientos negativos, los vas a echar fuera en el nombre de Jesucristo. “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” 2 Corintios 10:5.
  • 15. LECCIÓN 2 YA NO CALLES Lo peor que podemos hacer es quedarnos calladas ante cosas difíciles que nos han sucedido. Muchas veces, por miedo al qué dirán o por vergüenza no decimos nada. Al hacer esto, vamos guardando ese malestar y sufrimos en silencio; nuestro cuerpo físico lo resiente al grado de caer en diversas enfermedades o también se ve reflejado en nuestras actitudes y en lo que hacemos. Analicemos dos personajes bíblicos que se quedaron callados y las consecuencias que hubo. DAVID “Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día” Salmo 32:3. La Biblia para todos con lenguaje actual, traduce este mismo pasaje de la siguiente manera: “Mientras no te confesé mi pecado, las fuerzas se me fueron acabando de tanto llorar”. Todos cometemos pecados, aun siendo cristianos. David cometió los pecados
  • 16. de adulterio y de homicidio. David, a quien la Biblia describe como aquél cuyo corazón era conforme al corazón de Dios, le falló a Dios. “Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero” Hechos 13:22. Todas le hemos fallado a Dios, y es necesario confesarle nuestros pecados. Ciertamente Jesús, en la cruz, pagó por todos ellos: pasados, presentes y futuros, y judicialmente ya fuimos redimidas, pero ¿entonces por qué la Biblia nos manda confesar nuestros pecados? “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” 1 Juan 1:9. • Confesar significa reconocer. El confesar nuestros pecados, hace que se restaure nuestra comunión con Dios y que Satanás ya no tenga derecho legal sobre nuestras vidas, porque estamos reconociendo que le hemos fallado a Dios. La confesión nos libera. Para ser verdaderamente libres, necesitamos confesarle nuestro pecado a Dios y estar realmente arrepentidas. David, en el Salmo 51, nos narra cómo lo hizo. Analicemos este salmo: Versos 1-2: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado.” Si alguien conocía el corazón de Dios, era David. Él sabía cómo agradarle a Dios. Verso 3: “Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí.” En este verso podemos ver dos cosas importantes: primero, él estaba
  • 17. reconociendo su pecado, es decir, lo estaba confesando. Segundo, vemos también cómo andaba con culpa, porque todo el tiempo lo perseguía su pecado. Verso 4: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio.” La Biblia para todos con lenguaje actual, traduce este mismo pasaje de la siguiente manera: “A ti, y sólo a ti te he ofendido; he hecho lo malo, en tu propia cara. Tienes toda la razón al declararme culpable; no puedo alegar que soy inocente”. David entendía que a quien realmente le había fallado era a Dios. El Espíritu Santo nos redarguye de pecado, ya que consciente o inconscientemente lo podemos ignorar, para guiarnos al arrepentimiento. Si nos hemos arrepentido genuinamente y hemos confesado nuestro pecado a Dios, ya estamos a cuentas con Él, pero el que nos quiere seguir culpando es el acusador, que es Satanás. Verso 6: “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.” Dios anhela que seamos sinceras con Él, no quiere que busquemos un culpable. Él lo sabe todo y no podemos esconderle nada. Verso 7: “Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve.” En ese tiempo, usaban hisopos muy grandes, eran unos palos que en la punta tenían como una esponja y con eso limpiaban de lejos a los leprosos. David se sentía sucio e indigno, sabía que por lo que había hecho no se merecía el perdón de Dios, pero apelaba a su misericordia para que lo limpiara, aunque
  • 18. fuera de lejos. Verso 8: “Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido.” Vimos anteriormente que al quedarse callado David, su cuerpo físico lo estaba resintiendo. Él sabía que si Dios lo limpiaba, ya no estaría padeciendo y la felicidad volvería. Verso 9: “Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades.” Cuando Dios perdona, perdona completamente, no a medias. Con Dios es “borrón y cuenta nueva”. Verso 10: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.” David no sólo quería que Dios lo limpiara y lo perdonara, sino que también lo cambiara. Verso 11: “No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu.” Debemos de entender que Dios no nos deja de amar. Hay personas que creen que Dios no las puede perdonar y no se acercan a Él, porque tal vez les han enseñado que Dios es muy duro. Si tu padre terrenal ha sido muy duro contigo, puede ser que pienses que Dios es igual; pero déjame decirte que la esencia de Dios es amor. Él nunca te ha dejado de amar. Cuando le fallamos a Dios, se rompe nuestra relación con Él, pero basta con confesarle nuestro pecado, reconociendo como David que le hemos fallado, para que en ese mismo momento se restaure nuestra comunión con Él. Dios no nos desecha. Versos 12-13: “Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los
  • 19. pecadores se convertirán a ti.” David anhelaba seguir siendo de testimonio a los demás para llevarlos a Dios. Todas hemos fallado. Cuando llegues a fallarle a Dios, no pienses que Él no quiere seguirte usando. Con la cabeza en alto, sabiéndote perdonada por Dios, sigue haciendo lo que hacías para el servicio de Dios. Verso 15: “Señor, abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza.” La verdadera alabanza y adoración se hacen en la presencia de Dios. Cuando te sientes indigna delante de Él, no puedes entrar en su presencia y al tratar de alabarlo, te sientes hipócrita. Tú puedes entrar confiadamente al trono de la gracia, si ya le confesaste tu pecado; no te sientas indigna y alábalo de corazón. Versos 16-17: “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” Lamentablemente se nos ha enseñado desde pequeñas que, cuando le fallamos a Dios, tenemos que hacer “algo para merecernos el perdón de Dios”. Eso nos lleva a hacer sacrificios como penitencias (rezos repetitivos), o a hacer juramentos absteniéndonos de hacer cosas que nos gustan o comprometiéndonos con Dios a dejar de cometer algún pecado en particular por un periodo de tiempo; también hay quien compra indulgencias pensando que el dinero que invirtió en dicha indulgencia ayuda a que Dios la perdone, pero a Dios no le agrada todo esto y nunca lo pidió. Lo único que Él nos pide, una vez que lo hemos reconocido como nuestro Señor y Salvador, es que tengamos un arrepentimiento genuino, no queriendo practicar más el pecado. Sólo se necesitó un sólo sacrificio, el de Jesucristo, para redimirnos de todos nuestros pecados. Buscar hacer algo para ganarnos el perdón de Dios, fuera de confesarle nuestros pecados y pedirle perdón por haberlos cometido, sería demeritar el sacrificio de Jesucristo.
  • 20. Arrepiéntete genuinamente y reconoce de corazón que le has fallado a Dios. No calles más tu pecado ni sientas vergüenza y, principalmente, no pienses que Dios te va a desechar. Él te sigue amando. Recuerda lo que nos dice Miqueas 7:18-19: “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”. Mientras nos callamos, nos invade una gran culpa. No obstante, puede suceder también que haya mujeres que sí han reconocido su pecado, se lo han confesado a Dios y Él ya las perdonó, pero siguen cargando con esa culpa porque no se han podido perdonar a sí mismas. Yo era una de esas personas. No entendía por qué yo podía perdonar con facilidad a otras personas, pero a mí misma no me podía perdonar y eso generaba una gran culpa que me llevaba a tener baja autoestima y caer en depresión. Fue hasta que el Espíritu Santo me hizo recordar que cuando tenía 14 años de edad, a mi mamá la iban a operar de un quiste en la matriz. Ella me pidió que la acompañara al hospital para quedarme con ella aquella noche, después de la operación, pero yo me negué. Ya anocheciendo, nos enteramos mis hermanos y yo que mi madre se estaba muriendo. Yo me sentí de lo peor, una gran culpa invadió todo mi ser. Gracias a Dios, la dejó con vida. Sin embargo, al día siguiente que la fui a ver, le llevé una rosa y le pedí perdón con todo mi corazón. Ella me contestó: “Ahora vienes a traerme una rosa y me pides perdón, ¿y si me hubiera muerto, qué? ¡No te perdono!” Las palabras de mi madre marcaron mi vida; sin darme cuenta fueron el punto de partida para establecer en mí un estándar muy elevado sobre el perdón hacia mi persona. Me era fácil perdonar a los demás porque sabía cómo se sufre por la falta de perdón. Pero perdonarme a mí misma, me era
  • 21. sumamente difícil. Inconscientemente me decía: “Si mi madre, que representa una autoridad importante en mi vida, no me pudo perdonar ¿quién soy yo para perdonarme?” y “¿cómo Dios me va a perdonar?”. Cuando yo decidí comentar con el pastor Fredie y su esposa Doris sobre lo difícil que me era perdonarme a mí misma, él me dijo: “Tenemos que ir a la raíz del problema”. En ese momento, el Espíritu Santo me hizo recordar lo que pasó con mi madre, pude hablarlo con ellos y entendimos el porqué de mi sentir. Fue así que ambos, papá Fredie y mamá Doris, oraron por mí y al terminar ella me abrazó con gran amor y me dijo: “Imagínate que yo soy tu mamá y hoy te digo que te perdono”. Recuerdo que lloré mucho, pero fui liberada, me sentí perdonada. Había sido demasiado dura conmigo misma; necesitaba romper el silencio y confesarles mi pecado para ser restaurada y libre al fin de una culpa que cargué por 39 años. Ahora puedo aceptar el perdón de Dios y perdonarme a mí misma con facilidad cuando le llego a fallar. TAMAR La segunda estrategia que usa Satanás es que hará todo lo posible para que aparentemente se nos olviden los eventos traumáticos que hemos sufrido a lo largo de nuestras vidas. Este olvido aparente nos mantiene calladas y no nos permite ser libres. Un ejemplo de esto puede ser el abuso sexual. Yo me enteré que mi hija Daniela había sido abusada sexualmente a la edad de 4 años y pensé que ella lo tenía muy presente. En ese entonces, como madre, no sabía qué hacer ni cómo lidiar con eso, por lo que opté por callar y enterrar ese asunto por varios años. Ya de grande lo platiqué con ella, porque pude ver actitudes que tenía de ira, baja autoestima y mucha inseguridad, entre otras cosas. Me impactó cuando me dijo que ella pensó que lo había soñado y que creía que no le había sucedido realmente. Lo pudimos hablar, pudo perdonar y lo mejor fue cuando esa persona que abusó de ella, le pidió perdón. Gracias a Dios, hoy puedo decir que mi hija ha sido sanada y
  • 22. restaurada. Pero había que sacarlo. En 2 Samuel 13:1-22, encontramos la historia en donde Amnón, el hijo primogénito del rey David, viola a Tamar, su media hermana. Lo peor de todo fue lo que su hermano Absalón, creyendo que con eso le ayudaba, le dijo en el verso 20: “Y le dijo su hermano Absalón: ¿Ha estado contigo tu hermano Amnón? Pues calla ahora, hermana mía; tu hermano es; no se angustie tu corazón por esto. Y se quedó Tamar desconsolada en casa de Absalón su hermano”. • Desconsolada viene del hebreo shamém, y significa: aturdir (o adormecerse) devastar, dejar estupefacto, pasmar, pavor, ruina, devastación. Tamar quedó desconsolada por quedarse callada y no hablar de lo que le había sucedido. Analicemos algunos de estos significados: ATURDIR O ADORMECERSE Satanás quiere que mantengas dormidos tus traumas. Que no hables de ellos para que no seas sanada. PAVOR ¿Cuántas mujeres, después de que fueron abusadas sexualmente, tienen pavor de tener alguna relación con un hombre, pues piensan que todos les van a hacer daño? Créeme, Dios tiene al hombre indicado para tu vida, sólo déjate sanar por Él y en su tiempo lo conocerás. Satanás es quien pone ese miedo. ¡Ya basta! RUINA Cuando observamos ruinas arqueológicas, podemos ver algunos vestigios de cosas que fueron hermosas en su época, pero que ahora ya no lo son. Asimismo, el enemigo quiere hacerte creer que por haber sido abusada, y tal
  • 23. vez haber perdido tu virginidad, ya no eres hermosa, ni aceptable para ningún hombre y que nunca podrás ser feliz. Observemos cómo reaccionó Tamar después de haber sido violada, en 2 Samuel 13:19: “Entonces Tamar tomó ceniza y la esparció sobre su cabeza, y rasgó la ropa de colores de que estaba vestida, y puesta su mano sobre su cabeza, se fue gritando”. En aquella época, las mujeres vírgenes usaban vestidos de colores, pero ella ya no podía vestirse así, se sentía marcada y con mucha vergüenza. Los judíos tenían la costumbre de rasgar sus ropas y esparcirse ceniza como señal del dolor que llevaban por dentro. ¡Ya basta!, no permitas que el enemigo te mantenga avergonzada, no te sientas culpable. Fuiste una víctima, pero no te quedes en ruinas y permite que el Señor te vuelva a reedificar. Dios tiene para ti esta palabra: “Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos” Jeremías 15:19. Déjame explicarte este pasaje. Tal vez estás molesta con Dios porque no te defendió y permitió que te sucediera esto, pero Él quiere restaurar esas ruinas que llevas por dentro y que tanto te duelen. Quiere que veas todo lo bueno que has recibido por encima de lo malo. Y quiere usarte para que tú ayudes a otras mujeres a levantarse después de haber tenido que enfrentar lo mismo que tú. Vuelve a usar vestidos de colores, no permitas que el enemigo te mantenga usando pantalones o te dejes engordar para que no se te acerquen los hombres. Tú eres una joya preciosa en sus manos, eres su princesa. Lo importante es que tú lo creas. Eclesiastés 3:15 nos dice:
  • 24. “Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó”. DEVASTACIÓN Una mujer que ha sufrido abuso sexual se llega a sentir devastada. Como si un huracán pasara sobre ella y la dejara en ruinas. Para reconstruir lo que un huracán hizo, toma tiempo, pero tú decides hasta cuándo vas a seguir en ruinas. Habla de lo que te sucedió. Tal vez se lo platicaste a tu mamá, y ella no te creyó o incluso te dijo que tú lo provocaste y te has sentido con mucha culpa. Busca ayuda, necesitas sacarlo a la luz para ser sanada. Ya no te aísles, Dios quiere poner orden en tu vida. Sé que esa experiencia te tiene muy confundida, tal vez pienses que nadie te quiere y te sientes sola, pero no lo estás. Dios te ama en gran manera y no te rechaza. Déjate sanar por Él y déjate llenar por él. Mientras no decidas sacar esa experiencia y decir: ¡Ya basta!, la estarás viviendo todos los días. Si tú eres joven y aún no tienes hijos, por el bien de ellos, rompe con esta maldición para que ellos no la cosechen. Más adelante te diremos cómo hacerlo. Creo que también es importante mencionar que si tu marido te ha forzado a tener relaciones sexuales con él, esto se considera como una violación. Muchas mujeres se han callado esto y se sienten como objetos sexuales. Si bien es cierto que la Biblia dice en 1 Corintios 7:1-5 lo siguiente: “En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer; pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. El marido cumpla con el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer.
  • 25. No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia”. Esto no significa que deba forzarla cuando ella no quiera, pues iría en contra de lo que también nos dice la Biblia en Colosenses 3:19: “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas”. “Vosotros maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” 1 Pedro 3:7. “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia” Efesios 5:28-29. Dios quiere que el sexo dentro del matrimonio sea algo hermoso, de hecho, así lo diseñó Él. No en vano dice Proverbios 5:18-19 lo siguiente: “Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre”. Si tú has pasado por este tipo de violencia con tu marido, es importante sacarlo y perdonarlo para que puedas ser libre. En la próxima lección se te mostrará lo importante que es perdonar. Es tiempo de levantarse y no seguir igual. EJERCICIO 1. Haz una lista de las cosas que debes de confesarle a Dios y luego sácalo
  • 26. con Él, pídele perdón con un corazón sincero y arrepentido. 2. Escribe lo que sientas que has estado guardando en lo profundo de tu corazón y que no has podido hablar con nadie. Escribirlo es el primer paso para poder sacar lo que te está lastimando. Pídele al Espíritu Santo que te guíe para recordar las cosas de tu pasado que has pretendido olvidar e ir a la raíz de tus problemas. ACTIVIDAD Busca a alguien de confianza y platícale lo que te pasó. No esperes que te dé la solución a tu problema, sólo sácalo con alguien, deja que el Espíritu Santo te muestre con quién. Este es el primer paso para ser sanada.
  • 27. LECCIÓN 3 LA IMPORTANCIA DEL PERDÓN Si entendiéramos que el perdón es la mejor medicina para nuestro cuerpo físico y para nuestra sanidad interior, estoy segura que lo ejerceríamos más seguido. Ya vimos que enfrascar nuestros pensamientos en el pasado nos estanca y no nos permite seguir adelante para llegar a la meta y así cumplir el propósito por el cual Dios nos creó. Vimos también que el primer paso para recibir sanidad interior es no quedarnos calladas y expresar nuestras heridas. Lo que sigue ahora es decidir perdonar a los que nos hayan lastimado, perdonarnos a nosotras mismas y pedir perdón, si es necesario, a los que nosotras hemos ofendido. ¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE PERDONAR? 1. PORQUE SI NO PERDONAMOS NO SEREMOS PERDONADAS Analicemos lo que nos dice Mateo 18:21-35: Versos 21-22: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?
  • 28. Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”. Quisiera mostrarte gráficamente lo que significa “setenta veces siete”: 7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7 x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x 7x7x7x7x7=? No me alcanzan los números en la calculadora para anotar la cifra exacta. Pero sólo multiplicar 10 veces siete nos da el siguiente resultado: 7x7x7x7x7x7x7x7x7x7 = 282,475,249 Son muchas veces ¿no crees? Y esto es una leve idea de lo que Jesús le estaba queriendo decir a Pedro. • Siete, en la Biblia, significa perfecto, completo. Sólo perdonando lograremos estar completas y llegaremos a la perfección. Vemos, que después Jesús les narra a sus discípulos la parábola del perdón en los versos 23-35: “Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que
  • 29. me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas”. Analicemos el primero y el último verso de esta parábola: Verso 23: “Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos.” Verso 35: “Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.” Esto nos habla de que algún día Dios nos llamará a cuentas y seguramente nos preguntará dos cosas: a) ¿Cuántas veces te he perdonado? Nuestra respuesta a su pregunta sería: siempre. b) ¿Cuántas veces has perdonado tú? Piensa cuál sería tu respuesta.
  • 30. ¿Por qué si Dios nos perdona siempre, nosotras no lo hacemos o sólo en algunas ocasiones? Debemos entender que el perdón es una decisión, no esperes sentirlo; es un acto de misericordia hacia el que nos ofende y hacia nosotras mismas para que nos vaya bien. Verso 33: “¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?” “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” Mateo 6:14-15. “Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio” Santiago 2:13. “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” Mateo 5:7. 2. PARA NO SER AFLIGIDAS POR DEMONIOS Parece una contradicción, porque mencioné anteriormente que, judicialmente, ya tenemos el perdón, pero ¿qué pasa si nosotras no perdonamos? En la parábola que Jesús les narró a sus discípulos, encontramos en el verso 34 lo siguiente: “Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía”. • Verdugo viene del griego basanistés, que significa torturador. Viene también de otra palabra griega que es basanizo, que significa: torturar, afligir, azotar. ¿Qué sucede cuando no perdonamos? Abrimos puertas para que demonios nos estén torturando y afligiendo. Comparemos la cita anterior con Efesios 4:26-27: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar
  • 31. al diablo”. Observemos que tenemos hasta la noche para poder perdonar a los que nos ofenden. Si nos acostamos sin haber perdonado, Dios permitirá que los verdugos (demonios) entren y nos aflijan. Los demonios no nos pueden poseer, por ser hijas de Dios, pero sí nos pueden afligir. Dios ya perdonó nuestros pecados en la cruz por la sangre que derramó Cristo pero permitirá que demonios nos aflijan si nosotros no perdonamos. Todo empieza con un enojo hacia la persona que nos ofendió y nos hizo daño. Puede ser un enojo justificado el que sintamos, pero al irnos a dormir enojadas sin haber perdonado, ese enojo se convierte en pecado y el pecado abre puertas al enemigo para afligirnos. El enojo, cuando no perdonamos, se convierte en ira reprimida, la cual engendra amargura, la amargura engendra odio y el odio venganza. “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” Efesios 4:31-32. La amargura es un veneno que circula por todo nuestro cuerpo. Nos lleva a enfermarnos física, mental y espiritualmente. Tristemente, al estar amargadas no alcanzamos las bendiciones que Dios tiene para nosotras y lo peor de todo es que contaminamos a otros. “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” Hebreos 12:15. Analicemos detenidamente este pasaje bíblico: “Mirad bien” La amargura se esconde, es una raíz que se va extendiendo como tentáculos por todo nuestro cuerpo, sin darnos cuenta, y puede ir afectando nuestra
  • 32. salud. Es por ello que debemos examinar bien nuestro corazón y asegurarnos de no guardar resentimiento contra nadie. “no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios” Dios quiere bendecirnos, pero no lo puede hacer como Él desea si nosotras no perdonamos. La mayoría de las enfermedades son producidas por amargura, y todo por no perdonar. Dios quiere sanarte pero lo atamos, no lo dejamos obrar con libertad. “que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe” Todo árbol tiene raíces. Por lo general la raíz no se ve, pero tenemos que entender que la falta de perdón hará que empiece a brotar en nuestro corazón una raíz de amargura que puede ir creciendo y llegar a dar frutos malos que nos impiden avanzar y que nos contaminan. Si damos lugar a la amargura, somos las primeras afectadas. “Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos” Mateo 7:17. Verso 20: “Así que, por sus frutos los conoceréis.” ¿Cuáles serían los frutos de la amargura? El odio y la venganza. “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” Romanos 12:17-19. “ y por ella muchos sean contaminados” Podemos llegar a ser instrumentos de bendición en las manos de Dios o podemos ser instrumentos de maldición en las manos de Satanás. Cuando perdonamos nos parecemos a Dios porque Él es un Dios perdonador, pero cuando no perdonamos y nos amargamos, estamos como una manzana
  • 33. podrida por dentro; y Satanás nos usará para pudrir a los demás. Tú escoge en qué equipo quieres estar. Como madres, fácilmente podemos llegar a contaminar a nuestros hijos cuando les hablamos mal de su padre o de alguien que nos haya lastimado. Debemos ser ejemplo de nuestros hijos, enseñarles el camino del perdón, no el de la amargura. Tenemos que enseñarles a respetar a su padre, no importando lo que haya hecho, pues no deja de ser su padre. Perdonarlo es una manera de honrarlo, y es el primer mandamiento con promesa: “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” Efesios 6:2-3. • Honrar significa: premiar, valorar, reverenciar, amar. ¿Quieres que les vaya bien a tus hijos? Enséñales lo importante que es respetarte a ti y a su padre; y como ya vimos, una manera de honrarlo es ejerciendo el perdón. Perdonar es una parte fundamental de amar. Sé tú ejemplo de una persona que sabe perdonar. ¿POR QUÉ DEBEMOS PERDONARNOS A NOSOTRAS MISMAS? Por la misma razón que debemos perdonar a los demás. Si no lo hacemos, Satanás nos tendrá en el suelo, con culpa y baja autoestima. Esto hará que nos sintamos indignas de acercarnos a Dios y de dejarnos usar por Él. En el libro que Dios me permitió escribir sobre distintas causas y consecuencias de la depresión, intitulado: ¡Cómo salir de la depresión!, hay un punto en el que se habla de caer en depresión por culpa, ahí se explica con mayor detalle lo que nos dice Miqueas 7:18-19: “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia.
  • 34. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”. Observemos cuatro cosas importantes que nos habla este pasaje bíblico: a) “No retuvo para siempre su enojo” Si tú ya le confesaste tu pecado a Dios y estás arrepentida, Él ya te perdonó y no está enojado contigo. b) “Se deleita en misericordia” Créeme, Dios te sigue amando. Hagas lo que hagas, el amor que Dios tiene por ti no cambia porque Él es el mismo “ayer, hoy y por los siglos”. c) “Sepultará nuestras iniquidades” Para Dios hay un “borrón y cuenta nueva”. Él no es como Satanás que te hace recordar tus faltas. Dios sí olvida nuestros pecados; no nos trae a la memoria nuestros errores como lo hace el diablo para tenernos en el suelo. d) “Todos nuestros pecados” Como hijas de Dios, no podemos cometer el pecado imperdonable porque creímos realmente en el sacrificio de Cristo en la cruz del calvario; por lo que la salvación no la podemos perder. Podemos llegar a contristar (entristecer) al Espíritu Santo cuando caemos en algún pecado, pero en el momento en el que nos arrepentimos, Dios nos perdona y restaura su comunión con nosotras. ¿POR QUÉ DEBEMOS PEDIR PERDÓN A OTROS? Básicamente es para sanar heridas, tanto de las personas que hayamos lastimado como las nuestras, y para no darle lugar al enemigo.
  • 35. “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” Santiago 5:16. Me sorprende mucho este pasaje bíblico porque habla de confesar nuestras ofensas, esto es: que reconozcamos que hemos lastimado a cierta persona, le pidamos perdón, oremos por ella y entonces seremos sanadas ambas, tanto la persona a quien lastimamos como nosotras mismas. Vemos que luego dice: “la oración eficaz del justo puede mucho”. Una vez que hayamos pedido perdón y hayamos perdonado, no habrá obstáculo para que nuestras oraciones lleguen al Padre. ¿Te das cuenta cómo la falta de perdón frena también nuestras oraciones? Se parece a Hebreos 12:15, donde vimos que: “dejamos de alcanzar la gracia de Dios”. Por donde le veas, el perdón es la llave para recibir sanidad y libertad. EJERCICIO 1. Haz una lista de las personas que sientes en tu corazón que debes perdonar desde que tengas memoria. 2. Ora a Dios por cada una de estas personas y dile: “Perdono y bendigo a _____________por: ____________________ (menciona lo que te hizo). 3. Decide hoy perdonarte y bendecirte a ti misma por todo lo que tengas en contra tuya. Pídele a Dios que te ayude a verte como Él te ve y a amarte como Él te ama. 4. Ora al Señor y pídele que te muestre a qué personas has ofendido, y una vez que te lo haya mostrado ve y pídeles perdón. Nota importante: Si tú caíste en adulterio pero tu esposo no se enteró, y ya estás arrepentida, en este caso no tienes que pedirle perdón, porque al no
  • 36. saberlo no fue ofendido. Pídele perdón a Dios, perdónate tú misma y levántate. No abras una herida en donde no la hay. Esto también incluye otras ofensas que hayamos cometido en donde la persona afectada no supo nada. ACTIVIDAD 1. Escribe en una hoja los pecados que cometiste, pídele perdón a Dios por ellos, perdónate a ti misma y quémala; no permitas que Satanás vuelva a recordarte tus pecados pasados. Para Dios ya están enterrados. 2. Escribe en una hoja las heridas que te provocaron a ti y después de perdonarlos, quémala. Dale “carpetazo” y decide dejar atrás lo que te hicieron para seguir adelante con tu vida. Si estás interesada en conocer más acerca de qué es el perdón y cómo lo podemos ejercer, te recomiendo que leas: Conquista tu libertad perdonando. Éste y otros títulos como: ¡Cómo salir de la depresión!, pertenecen a Nuevo Aliento.
  • 37. LECCIÓN 4 CANCELA MALDICIONES Muchas personas, incluyendo las hijas de Dios, se han preguntado por qué les está yendo mal aun cuando le están echando ganas, o por qué hay cosas que les cuesta trabajo superar o enfermedades que están padeciendo. La respuesta a estos cuestionamientos puede ser que vienen arrastrando maldiciones generacionales. Me platicaron de un caso en el cual una pareja que ya tenía un hijo, decidió adoptar a un bebé. Desde pequeño lo educaron exactamente igual que a su otro hijo. Recibía el mismo trato y amor, pues para ellos realmente era otro hijo. Al ir creciendo, el hijo adoptado comenzó a tener actitudes negativas y muy raras. Cosas que nunca vieron en su hijo primogénito y mucho menos en la familia; este chico comenzó a robar, a mentir y a ser muy agresivo. Tiempo después descubrieron que esas actitudes las había heredado de su padre biológico. Las maldiciones generacionales son muy reales y pueden ser un impedimento en nuestras vidas para vivir en victoria. Científicamente está comprobado que incluso hay enfermedades que se heredan. ¿CÓMO SURGEN LAS MALDICIONES GENERACIONALES?
  • 38. “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” Éxodo 20:4-6. Observemos que es el pecado de nuestros ancestros el que nos puede estar afectando a nosotras. El pecado abre puertas para que los demonios nos aflijan de generación en generación. Viene siendo como la siembra y la cosecha. Si nuestros ancestros sembraron cosas buenas, amaron al Señor y guardaron sus mandamientos, nosotras como hijas, nietas, bisnietas…cosecharemos misericordia de parte de Dios; en cambio, si nuestros ancestros sembraron maldad, aborrecieron a Dios y no guardaron sus mandamientos, nosotras cosecharemos maldiciones. “que haces misericordia a millares, y castigas la maldad de los padres en sus hijos después de ellos; Dios grande, poderoso, Jehová de los ejércitos es su nombre” Jeremías 32:18. Lo mismo sucederá con nuestros hijos, nietos, bisnietos, etc. De acuerdo a lo que sembremos nosotras, como madres, será lo que ellos cosechen. “He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición: la bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy, y la maldición, si no oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido” Deuteronomio 11:26-28. ¿Qué significa maldición? • Maldición significa desprecio, denigración de una persona, maldecir.
  • 39. No seguir al Señor y no guardar sus mandamientos nos denigra como personas, esto es: la opinión o reputación que tengan de nosotras no será buena y como consecuencia tampoco la de nuestras generaciones. ¿CÓMO NOS PUEDEN AFECTAR ESTAS MALDICIONES GENERACIONALES? Analicemos algunos ejemplos en la Biblia. LA CASA DE ELÍ “Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado. Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas” 1 Samuel 3:12-14. Los hijos de Elí eran hombres impíos que no tenían temor de Dios. Hacían con las ofrendas de Dios lo que querían y dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión. Elí era sumo sacerdote y nunca estorbó a sus hijos para que no hicieran tales cosas, por lo que sus generaciones cosecharon el pecado de sus padres. GIEZI Y SU DESCENDENCIA El general del ejército del rey de Siria, llamado Naamán, era leproso y fue a visitar al profeta Eliseo para ser sanado. Después de contender, finalmente decide hacer lo que el profeta le dijo y se zambulle siete veces en el Jordán y es sanado de su lepra. Como agradecimiento, Naamán quería ofrecerle un presente a Eliseo, quien lo rechazó. Sin embargo Giezi, su criado, al ver que su señor había rechazado el presente, con mentiras se aprovechó de la situación, pidiendo parte del presente que Naamán había ofrecido a Eliseo y fueron trágicas las
  • 40. consecuencias que recibió por ello. “Entonces Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios, dijo entre sí: He aquí mi señor estorbó a este sirio Naamán, no tomando de su mano las cosas que había traído. Vive Jehová, que correré yo tras él y tomaré de él alguna cosa. Y siguió Giezi a Naamán; y cuando vio Naamán que venía corriendo tras él, se bajó del carro para recibirle, y dijo: ¿Va todo bien? Y él dijo: Bien. Mi señor me envía a decirte: He aquí vinieron a mí en esta hora del monte de Efraín dos jóvenes de los hijos de los profetas; te ruego que les des un talento de plata, y dos vestidos nuevos. Dijo Naamán: Te ruego que tomes dos talentos. Y le insistió, y ató dos talentos de plata en dos bolsas, y dos vestidos nuevos, y lo puso todo a cuestas a dos de sus criados para que lo llevasen delante de él. Y así que llegó a un lugar secreto, él lo tomó de mano de ellos, y lo guardó en la casa; luego mandó a los hombres que se fuesen. Y él entró, y se puso delante de su señor. Y Eliseo le dijo: ¿De dónde vienes, Giezi? Y él dijo: Tú siervo no había ido a ninguna parte. Él entonces le dijo: ¿No estaba también allí mi corazón, cuando el hombre volvió de su carro a recibirte? ¿Es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas? Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu descendencia para siempre. Y salió de delante de él leproso, blanco como la nieve” 2 Reyes 5:20-27. Hay enfermedades que se van heredando de generación en generación, donde el origen es producto del pecado, como lo vemos en este ejemplo. “Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, así la maldición nunca vendrá sin causa” Proverbios 26:2. Si nos damos cuenta, en estos dos ejemplos que acabamos de ver, la raíz del problema fue un pecado de idolatría. Elí idolatraba a sus hijos y Giezi idolatraba las cosas materiales.
  • 41. “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” 1 Timoteo 6:9-10. La codicia por las cosas materiales es idolatría y ésta nos destruye, pues es pecado. Giezi atrajo a sí mismo y a sus generaciones la maldición de la lepra. MUCHACHO AFLIGIDO POR UN ESPÍRITU INMUNDO En el Nuevo Testamento, podemos ver el caso de un muchacho que estaba siendo afligido por un espíritu inmundo que lo tenía mudo y cuando lo tomaba, lo sacudía, (el muchacho) echaba espumarajos, crujía los dientes y se iba secando. “Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él le dijo: Desde niño (infancia). Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos” Marcos 9:20- 22. ¿Qué mal pudo haber hecho este muchacho en su infancia como para haber abierto puertas para que lo afligiera este espíritu inmundo a tal magnitud? Seguramente estaba cosechando una maldición generacional. PUEBLO DE DIOS ACARREANDO MALDICIÓN SOBRE SÍ “Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!
  • 42. Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado! Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos” Mateo 27:22-25. Me pregunto: ¿por qué ha sido tan perseguido el pueblo judío? ¿CÓMO DEBEMOS CANCELAR ESTAS MALDICIONES GENERACIONALES? 1º. RECONOCER A JESUCRISTO La llave principal para romper con estas maldiciones es reconocer al Hijo de Dios en nuestras vidas. Jesucristo en la cruz del calvario nos redimió de nuestros pecados, anulando el acta de los decretos que había en nuestra contra. Con su sangre preciosa, fuimos rescatadas de una vana manera de vivir, la cual heredamos de nuestros padres. “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” Gálatas 3:13. “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” Colosenses 2:13-15. “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la
  • 43. cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” 1 Pedro 1:18-19. “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” Isaías 53:4-6. Observemos que Jesús, por nosotras, se hizo maldición y llevó nuestros pecados y enfermedades en la cruz. Gracias a Jesucristo estamos bajo un mejor pacto, ya no estamos bajo el pacto de la ley sino bajo el pacto de la gracia. Es como lo que vimos en la lección del perdón. Judicialmente, ya fuimos perdonadas en el momento en que reconocimos a Jesús en nuestras vidas y así, él rompió con esas maldiciones que habíamos heredado. Sin embargo, hay que hacer algo muy importante, pedir perdón por el pecado de nuestros ancestros. 2º. PEDIR PERDÓN POR EL PECADO DE NUESTROS ANCESTROS Cuando nosotras pedimos perdón por el pecado de nuestros ancestros, los demonios que entraron por generaciones ya no tienen ningún derecho legal para seguirnos afligiendo y es entonces cuando los podemos echar fuera en el nombre de Jesucristo. Podemos ilustrar esto con lo que hizo Nehemías en Nehemías 1:3: “Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén
  • 44. derribado, y sus puertas quemadas a fuego”. El pueblo judío se había desviado yendo tras dioses ajenos. Esto hizo que Dios permitiera que el rey Nabucodonosor se los llevara cautivos. Vemos después que algunos regresan de la cautividad y se les permite reconstruir el templo de Jerusalén en la época de Esdras, sin embargo, el pueblo estaba “en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego”. ¿Por qué se encontraban así, si ya habían podido reconstruir el templo? En el mundo espiritual podemos estar así. Nos hemos reconciliado con Dios por medio de Jesucristo, pero seguimos en afrenta. Esto significa que los demonios nos siguen afligiendo. No hay un muro de protección que impida que entren. ¿Qué hizo Nehemías antes de reconstruir el muro? “Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo. Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a mí, y guardaréis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre” Nehemías 1:4-9.
  • 45. Nehemías ayunó, oró y confesó el pecado de sus ancestros. Esto es lo que debemos hacer nosotras después de haber reconocido a Cristo como nuestro Señor y Salvador. 3º. CANCELAR MALDICIONES Y ECHAR FUERA A LOS DEMONIOS “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” Lucas 10:19. ¿Qué hizo Jesús con el muchacho que tenía un espíritu inmundo que lo estaba atormentando? “Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad. Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él. Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto. Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó. Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera? Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno” Marcos 9:23-29. Algunos demonios son más fuertes que otros, y debemos estar en oración y ayuno para poder discernir y estar preparadas antes de entrar en una batalla espiritual. Tú, como hija de Dios, tienes autoridad dada por Dios para echar fuera a los demonios que te estén afligiendo. Pero es importante que pidas perdón primero por el pecado de tus ancestros, que ores y ayunes para que el Señor
  • 46. te muestre qué maldiciones debes de cancelar y qué demonios has heredado, y así finalmente puedas echarlos fuera en el nombre de Jesucristo. “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas” Marcos 16:17. “Si puedes creer, al que cree todo le es posible” Nota: Al final de la lección 6 se te explicará con más detalle cómo echar fuera a los demonios que te estén afligiendo. MALDICIONES QUE OBTENEMOS POR TENER ANATEMAS El enemigo es muy astuto y si logra infiltrarse en tu casa, con objetos que a Dios le desagradan, obtiene derechos legales para afligirte. A estos objetos inmundos se les llama anatemas. “Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis” Josué 6:18. • Anatema viene del hebreo kjerem, que significa: objeto condenado, maldición, exterminación. Estos objetos son abominación a Dios y traen maldición y destrucción a nuestras vidas. Existen varias clases de anatemas: a) Objetos que han tenido que ver con el ocultismo Son objetos que se han usado para hacer trabajos de brujería, hechicería o limpias. b) Objetos de culto Pueden ser adornos de dioses paganos como Budas, vírgenes, figuras de culto, figuras mitad humano mitad animal, unicornios etc.
  • 47. c) Juguetes que tienen que ver con el ocultismo o con lo oculto Hoy en día tenemos que tener especial cuidado en los juguetes o películas que tienen nuestros hijos, como son dragones, pegasos, unicornios, etc. El famoso juego de la Ouija es un juego muy peligroso, porque abre puertas tremendas para que demonios entren y nos aflijan. Atrae maldiciones inimaginables. Ten cuidado con todos los juegos que tengan que ver con cosas de ocultismo. ¿CÓMO NOS PUEDEN AFLIGIR ESTOS ANATEMAS? El pueblo de Dios no pudo hacerle frente a Hai, después de conquistar Jericó, porque Acán había tomado del anatema. Dios les había prohibido que tomaran del botín que había en Jericó, y Acán codició unas cosas y las tomó, atrayendo con ello maldición sobre todo el pueblo de Israel. “Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres. Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán la espada, por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros” Josué 7:11-12. Al poseer estos anatemas, Satanás gana ventaja y adquiere derechos legales para poderte afligir a ti y a tu familia, ya sea por medio de enfermedades, o pesadillas o apariciones demoniacas. ¿QUÉ DEBEMOS HACER CON EL ANATEMA? “Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego; no codiciarás
  • 48. plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová tu Dios” Deuteronomio 7:25. Tal vez tú pienses: “esto fue en el Antiguo Testamento”, pero veamos lo que nos dice 1 Corintios 10:5-6: “Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron”. • Codiciar significa deleitarse o desear algo que no debemos. No codicies estos objetos que a Dios le desagradan, destrúyelos en el nombre de Jesucristo. “Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata” Hechos 19:19. MALDICIONES VERBALES “Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, (maduro) capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta
  • 49. entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno” Santiago 3: 2-6. Versos 9-10: “Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.” Analicemos este pasaje bíblico que acabamos de leer para comprender el tremendo poder que tenemos en nuestra lengua para bendecir o para maldecir. 1) “todos ofendemos muchas veces” Nadie está exento de lastimar a otros con su lengua. Así como nosotras hemos marcado a algunas personas con nuestras palabras, también hemos sido marcadas por lo que otros nos han dicho. Piensa por un momento qué palabras te han dicho desde que eras pequeña que te han herido y te siguen atormentando. Pueden ser frases como: a) Eres fea. b) Estás gorda. c) No sirves para nada. d) Todo lo haces mal. e) Nunca lograrás hacer algo bueno en tu vida. f) Tú hermana(o) es mejor que tú. g) Nunca te vas a casar. h) No serás una buena madre ni una buena esposa. En fin, podríamos seguir mencionando frases que nos han torturado por años. 2) “dirigimos así todo su cuerpo”; “son gobernadas con un muy
  • 50. pequeño timón”. La lengua tiene tanto poder que puede dirigir nuestras vidas y la vida de otros. “La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos” Proverbios 18:21. Muchas mujeres viven traumadas por cosas que les dijeron en su pasado que son verdad. Cuando continuamente te dicen algo, puedes terminar creyéndolo y conducirte en base a lo que crees. Si esas palabras negativas te han estado dirigiendo. ¡Ya basta! 3) “la lengua es un fuego, un mundo de maldad”; “Contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno”; “de una misma boca proceden bendición y maldición”. Nuestra lengua tiene la capacidad de bendecir y de maldecir. Jesús dijo en Mateo 12:34b: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Bendecimos a otros en la medida que nos dejemos llenar por Dios, pero si no permitimos a Dios llenar nuestro corazón con pensamientos positivos acerca de los demás, solo podremos ver sus errores y hablaremos mal de ellos. El apóstol Pablo nos dice en Filipenses 4:8: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Es tiempo de reflexionar, pedir perdón y cancelar todas esas maldiciones verbales que han salido de nuestra boca hacia otras personas, hacia nosotras
  • 51. mismas así como las maldiciones verbales que otros nos han dicho e hicimos nuestras. Muy probablemente acostumbrábamos maldecir antes de conocer al Señor, aún ahora seguramente lo hemos hecho estando enojadas o tal vez nos burlamos de otros jugando sin medir las consecuencias. Que el Espíritu Santo nos guíe para recordar esas maldiciones que han salido de nuestra boca para poder cancelarlas, pedir perdón por ellas a Dios, y a quien ofendimos si aún vive, y cambiarlas por bendiciones, pero también que nos guíe para cancelar en el nombre de Jesucristo aquellas maldiciones verbales que han proferido en contra nuestra. Cuando una persona se enoja en extremo, puede estar siendo afligida por demonios y decir toda clase de maldiciones. Es importante no sólo cancelar esas maldiciones sino también perdonar y bendecir a las personas que nos han maldecido. EJERCICIO 1. Investiga con tus padres, tíos y abuelos: enfermedades, actitudes y maldiciones por causa del pecado que hayas heredado, y anótalos. (Si tuvieron que ver con cosas de brujería y hechicería es importante saberlo.) 2. Pide perdón por cada pecado de tus ancestros con base en lo que te hayan contado tus padres. Nota importante: Si por alguna razón es imposible que puedas conseguir esta información, ora al Señor para que el Espíritu Santo te guíe y puedas descubrir qué maldiciones has heredado. 3. Ora y pídele dirección al Espíritu Santo para que te muestre los anatemas que puedas llegar a tener en tu casa. 4. Una vez que los hayas detectado, pídele perdón a Dios por haberlos tenido en tu casa. Tal vez no adores a estos objetos de culto, pero los tienes como adornos y eso también le da derecho legal al enemigo para
  • 52. afligirte. 5. Cancela en el nombre de Jesucristo cada maldición generacional. Pide en oración la guía del Espíritu Santo para que recuerdes las maldiciones que proferiste con tu lengua en contra de otros, pide perdón a Dios por ellas y cancélalas en el nombre de Jesucristo. Si tienes la oportunidad de ir con la persona a quien ofendiste con tus palabras, pídele perdón también. 6. Perdona y bendice a aquellas personas que han lanzado una maldición en tu contra y luego cancélalas en el nombre de Jesús. ACTIVIDAD 1. Destruye estos objetos que le desagradan al Señor. Hay cosas que cuestan trabajo romper, pero hazlo en el nombre de Jesucristo. Es importante que destruyas el anatema, no lo vendas ni lo regales porque pasarías la maldición a otras personas.
  • 53. LECCIÓN 5 DIOS TRANSFORMA LO MALO EN BUENO Tristemente solemos tener más presentes en nuestra mente las cosas malas que nos han acontecido, y lo que nosotros hicimos mal, que las cosas buenas. Estoy segura que si nos pusiéramos a analizar las cosas buenas que Dios nos ha dado a lo largo de nuestras vidas, éstas superarían en gran número a las cosas malas que hemos tenido que enfrentar. Pablo nos dice en Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Como hijas de Dios, este pasaje bíblico es una promesa que Él nos hace. El Señor no nos promete una vida color de rosa, al contrario, nos dice que vamos a tener aflicción, pero que debemos confiar. “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” Juan 16:33. • Aflicción viene del griego thipsis, y significa: presión, opresión, tensión, angustia, adversidad, pena. Thipsis equivale a una prensa espiritual. La
  • 54. palabra describe el proceso de exprimir las uvas o el fruto del olivo en un lagar. El problema más común que tenemos es que no alcanzamos a comprender que Dios permite que pasemos por cosas difíciles porque detrás de ello hay un propósito. También solemos centrar nuestra atención en las cosas malas que hemos hecho y no podemos avanzar porque la culpa nos invade, sin entender que al confesarle a Dios nuestro pecado, Él nos perdona y hay un borrón y cuenta nueva. Muchas mujeres se llegan a frustrar, amargar o deprimir, porque sólo están pensando en los acontecimientos negativos que vivieron y no en los positivos. Los aparentes fracasos que tenemos, se deben de transformar en enseñanzas para crecer y madurar. Analicemos a dos personajes bíblicos para entender mejor todo esto: Jacob y José. ¿Quién crees que pasó por cosas más difíciles: Jacob o José? JACOB Esaú y Jacob eran mellizos, pero por Esaú nacer primero, le correspondían todos los derechos de primogenitura y las bendiciones que su padre, antes de morir, le daba. ESAÚ QUIERE MATARLO Jacob y su madre Rebeca, engañaron a Isaac, su padre, para que Jacob recibiera las bendiciones que le correspondían a Esaú por ser el primogénito. Anteriormente Esaú le había vendido la primogenitura a Jacob a cambio de un guisado de lentejas que Jacob había preparado, pues sintió que se estaba muriendo. Por una comida, menospreció la bendición que Dios tenía para él como primogénito.
  • 55. Observemos cómo reaccionó Esaú cuando se enteró que Isaac había bendecido a Jacob por engaño: “Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición. Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí? Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino le he provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío? Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró” Génesis 27:35-38. Versos 41-45: “Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob. Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor; y ella envió y llamó a Jacob su hijo menor, y le dijo: He aquí, Esaú tu hermano se consuela acerca de ti con la idea de matarte. Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate y huye a casa de Labán mi hermano en Harán, y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue; hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti, y olvide lo que le has hecho; yo enviaré entonces, y te traeré de allá. ¿Por qué seré privada de vosotros ambos en un día?” JACOB HUYE A HARÁN Jacob se va de su casa para irse a Harán, sin imaginarse que no volvería a ver a su madre. En el camino, tuvo un encuentro con Dios por medio de un sueño. “Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu
  • 56. descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho” Génesis 28:12-15. Observemos varias cosas importantes: pese a que Jacob, con engaños, consiguió la bendición de su padre y que Esaú lo quería matar, Dios estaba con él y lo guardaría de todo mal en donde estuviese, además de prometerle una gran descendencia y esas tierras. ¿Cumplió Dios todo lo que le prometió a Jacob? La respuesta es un rotundo Sí. Pero no fue fácil todo lo que tuvo que enfrentar. LABÁN ENGAÑA A JACOB Así como Jacob engañó a su padre, Labán engañó a Jacob al entregarle en su noche de bodas a Lea, su hija mayor, en lugar de Raquel, su hija menor a quien Jacob amaba y por la que le había servido a Labán durante siete años. “Y Jacob amó a Raquel, y dijo: Yo te serviré siete años por Raquel tu hija menor. Y Labán respondió: Mejor es que te la dé a ti, y no que la dé a otro hombre; quédate conmigo. Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba. Entonces dijo Jacob a Labán: Dame mi mujer, porque mi tiempo se ha cumplido, para unirme a ella. Entonces Labán juntó a todos los varones de aquel lugar, e hizo banquete. Y sucedió que a la noche tomó a Lea su hija, y se la trajo; y él se llegó a ella. Y dio Labán su sierva Zilpa a su hija Lea por criada. Venida la mañana, he aquí que era Lea; y Jacob dijo a Labán: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado?” Génesis 29:18-25.
  • 57. A pesar de que Jacob cosechó engaño, porque sembró lo mismo, Dios lo bendijo con varios hijos, además de poderse casar con la mujer a quien él amaba. JACOB HUYE DE LABÁN Jacob estuvo en casa de Labán por un lapso de veinte años, sirviéndole y sufriendo injusticias, pues diez veces le cambió el salario. Aun así, Dios lo prosperó con grandes riquezas, hasta que un día le dijo que se volviera a la tierra de sus padres. “También Jehová dijo a Jacob: Vuélvete a la tierra de tus padres, y a tu parentela, y yo estaré contigo” Génesis 31:3. A escondidas de Labán, Jacob huyó con sus dos mujeres, sus hijos y todas sus posesiones. Cuando Labán se enteró, persiguió a Jacob y le reclamó el haberse llevado de esa manera a sus hijas, pero Dios en sueños le había advertido a Labán que no le hablara a Jacob descomedidamente. Nuevamente vemos cómo Dios intervino para defender a Jacob y a su familia. DIOS TRANSFORMA LA MALDICIÓN EN BENDICIÓN Jacob traía arrastrando una maldición de engaño, por parte de la ascendencia de su madre. Notemos cómo Labán era un engañador y engañó a Jacob. ¿Quién si no su madre, hermana de Labán, lo incitó para engañar a su padre y robarle así la bendición a su hermano Esaú? Vemos también que Raquel, la hija menor de Labán, engaña a su padre robándole sus ídolos cuando salieron huyendo de su casa. Y podemos ver después cómo, casi todos, los hijos de Jacob heredaron esta maldición cuando con engaños le hicieron creer que su hermano José había muerto. Por otro lado, Jacob en su nombre llevaba una maldición. • Jacob significa suplantador.
  • 58. “Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición...” Génesis 27:36. • Suplantar significa, entre otras cosas, engañar. Después de que Labán se despide de sus hijas, Jacob sigue su camino junto con sus esposas, sus hijos y todos sus ganados, pero comienza a tener un gran temor cuando se entera que su hermano Esaú viene a recibirlo con cuatrocientos hombres. Se le ocurre entonces mandarle varios presentes a su hermano para aplacar su ira. Una noche se queda solo, después de haber dividido a su familia en dos campamentos, y lucha con un varón (un ángel de Dios según Oseas 12:4) para que lo bendijese. “Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido” Génesis 32:24-28. Fue en esa lucha que Jacob sostuvo con el ángel, que su maldición se convirtió en bendición. Su nombre fue cambiado por Israel. • Israel significa “el que lucha con Dios”, pero también significa “Dios es fuerte”. Es a partir de ahí que surge la nación de Israel. Seguramente Jacob tenía
  • 59. miedo de enfrentar a su hermano por lo que le había hecho anteriormente. Podemos pensar que se sentía culpable y por eso buscaba desesperadamente la bendición del ángel. Dios no permitió que Esaú le hiciera algún daño, por el contrario, ambos se reconciliaron cuando se volvieron a ver, abrazándose y llorando largamente. OTRAS ADVERSIDADES Jacob pasó por otras adversidades: a) Su hija Dina fue violada, y sus hijos destruyeron a todo un pueblo por venganza. b) Raquel, la mujer a quien amaba, murió al dar a luz a su segundo hijo, Benjamín. c) José, su hijo consentido, desapareció. Podemos notar que Jacob sabía lo que era llevar en su nombre una maldición, ya que cuando nace su segundo hijo, después de morir Raquel, la partera le pone por nombre Benoni que significa: “Hijo de mi lamento”. Mas él, lo llamó Benjamín, que significa: “Hijo de la mano derecha”. Jacob había pasado por muchas cosas y Dios en todo le mostró su misericordia, pero cuando pensó que su hijo José había sido despedazado y devorado por alguna mala bestia, se vino abajo, al grado de centrar sus pensamientos y su corazón sólo en la pedida de su hijo, olvidando la misericordia de Dios en todo lo demás. “Entonces tomaron ellos la túnica de José, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la túnica con sangre; y enviaron la túnica de colores y la trajeron a su padre, y dijeron: Esto hemos hallado; reconoce ahora si es la túnica de tu hijo, o no. Y él la reconoció, y dijo: La túnica de mi hijo es; alguna mala bestia lo devoró; José ha sido despedazado. Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días.
  • 60. Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol. Y lo lloró su padre” Génesis 37:31-35. La Biblia para todos con lenguaje actual, traduce este último versículo de la siguiente manera: “Todos sus hijos llegaron para consolarlo, pero él no quería que lo consolaran. Más bien, lloraba y decía que quería morirse para estar con José” Génesis 37:35. Se puede observar que Jacob tenía una fuerte ligadura de alma con José, la cual le impedía ver que tenía más hijos que también lo necesitaban. Lo grave de no ver las bendiciones que Dios nos ha dado y de centrar nuestra mirada en nuestras tragedias, es que podemos amargarnos y frenar el propósito de Dios en nuestras vidas. Jacob se iba consumiendo de tristeza. Al parecer ya nada le importaba y cayó en una profunda depresión. JOSÉ Analicemos ahora lo que tuvo que atravesar José y cómo lo enfrentó. JOSÉ ES VENDIDO POR SUS HERMANOS Los hermanos de José le tenían envidia ya que su padre lo amaba más que a ellos, y porque le había regalado una túnica de colores. “Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez, y le hizo una túnica de diversos colores” Génesis 37:3. Dios le dio a José dos sueños en los cuales le mostró el propósito que tenía para él. Estaría sobre sus hermanos y sus padres, pues lo usaría grandemente. Los hermanos de José llegaron a aborrecer tanto a José que querían matarlo.
  • 61. Gracias a la intervención de Rubén, el hermano mayor, no lo hicieron, pero lo metieron en una cisterna vacía y cuando pasaron unos madianitas lo vendieron como esclavo. De 17 años era José cuando sus hermanos lo vendieron. En Génesis 42:21, los hermanos de José describen cómo se sentía José y lo que hizo cuando lo estaban vendiendo: “Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia”. JOSÉ VENDIDO COMO ESCLAVO EN EGIPTO Los ismaelitas o madianitas, que es lo mismo, se llevaron a José a Egipto y lo vendieron como esclavo a Potifar, oficial de Faraón, y capitán de la guardia. Sin embargo, es sorprendente lo que nos dice Génesis 39:2-4: “Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio. Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía”. Vemos aquí cómo Dios transformó lo malo que sus hermanos le hicieron, en algo bueno. Pese a que José estaba como esclavo en casa de Potifar “Jehová estaba con él y lo prosperó”. JOSÉ ENCARCELADO INJUSTAMENTE La esposa de Potifar puso sus ojos en José y lo acosaba todos los días para que se acostara con ella, pero él no cedió ante la tentación. “Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en
  • 62. José, y dijo: Duerme conmigo. Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene. No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? Hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella, aconteció que entró él un día en casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí. Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió” Génesis 39:7-12. Seguramente José era un joven muy apuesto y, como todo joven, tenía que resistir la tentación para no acostarse con la esposa de Potifar. ¿Crees que la esposa de Potifar era hermosa? Seguramente sí, pues a las personas que tenían un alto cargo político, se les daban las mujeres más hermosas del país. Podemos suponer que José era virgen y con necesidades afectivas, pero pese a ello, pudo más el temor que tenía de Dios que sus deseos carnales. Uno pensaría que Dios lo compensaría por no ceder ante la tentación y huir, pero sucedió lo contrario, lo metieron en la cárcel injustamente. En momentos así, cuando sufrimos injusticias, nos podemos preguntar: ¿por qué? ¿Por qué cuando hacemos bien las cosas, nos va mal? ¿Alguna vez te ha pasado eso? Es en esos momentos cuando no debemos centrar nuestros pensamientos en el “por qué”, sino entender que detrás de ello hay un propósito y que Dios tiene el control. Hay ocasiones en que vivimos malas experiencias por nuestras malas decisiones o actos; pero en el caso de José fue una injusticia, el no merecía ser llevado a la cárcel por las mentiras que Potifar escuchó de boca de su esposa. “Entonces le habló ella las mismas palabras, diciendo: El siervo
  • 63. hebreo que nos trajiste, vino a mí para deshonrarme. Y cuando yo alcé mi voz y grité, él dejó su ropa junto a mí y huyó fuera. Y sucedió que cuando oyó el amo de José las palabras que su mujer le hablaba, diciendo: Así me ha tratado tu siervo, se encendió su furor. Y tomó su amo a José, y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la cárcel” Génesis 39:17-20. José tenía 28 años cuando lo metieron en la cárcel y estuvo preso por dos años, a pesar de todo, veamos lo que dice Génesis 39:21-23: “Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel. Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía allí, él lo hacía. No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba”. Tienes que tener la plena seguridad de que Dios está contigo en todo momento, aunque pases por injusticias o por cosas que no entiendas. Pese a que José estaba en la cárcel, y no sabía el porqué, él fue diligente y Dios prosperaba todo lo que hacía. No se amargó ni se deprimió, aunque sí hubo un momento en el que le expresó su sentir a uno de los presos a quien le interpretó su sueño: “Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa. Porque fui hurtado de la tierra de los hebreos; y tampoco he hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel” Génesis 40:14-15. José estaba en un punto en el que no entendía nada, se sentía secuestrado y ahora estaba encarcelado injustamente, pero si te fijas, nunca habló mal de
  • 64. sus hermanos. JOSÉ ES LIBERADO DE LA CÁRCEL Y PRESENTADO ANTE FARAÓN Pasados dos años, Faraón tuvo un sueño y nadie se lo pudo interpretar, por lo que el copero, que había estado en prisión con José, se acordó de él y por orden de Faraón José fue sacado de la cárcel y llevado ante él para que le interpretara su sueño. “Entonces Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron apresuradamente de la cárcel, y se afeitó, y mudó sus vestidos, y vino a Faraón. Y dijo Faraón a José: Yo he tenido un sueño, y no hay quien lo interprete; mas he oído decir de ti, que oyes sueños para interpretarlos. Respondió José a Faraón, diciendo: No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón” Génesis 41:14-16. José, con la ayuda de Dios, no sólo le interpreta a Faraón su sueño, sino que además le da una estrategia para enfrentar la hambruna que estaba por venir sobre la tierra, después de los siete años de abundancia, para preservar así a Egipto y otros pueblos. “Haga esto Faraón, y ponga gobernadores sobre el país, y quinte la tierra de Egipto en los siete años de la abundancia. Y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen, y recojan el trigo bajo la mano de Faraón para mantenimiento de las ciudades; y guárdenlo. Yesté aquella provisión en depósito para el país, para los siete años de hambre que habrá en la tierra de Egipto; y el país no perecerá de hambre. El asunto pareció bien a Faraón y a sus siervos, y dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios? Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no
  • 65. hay entendido ni sabio como tú. Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú” Génesis 41:34- 40. Finalmente, se cumplieron los sueños que Dios le había dado a la edad de 17 años. Trece años pasaron en los cuales José tuvo que ser preparado para cumplir el propósito por el cual Dios lo había creado. ¿Fue fácil? No, para nada; pasó por envidias, celos, momentos de soledad, calumnias, injusticias, etc. Pero se mantuvo en pie, tomado de la mano de Dios. ENTENDIÓ EL PROPÓSITO DE SUS SUFRIMIENTOS Cuando la hambruna llegó, sus hermanos llegaron a Egipto para comprar alimentos con él, sin reconocerlo. José sí los reconoció y les dio una pequeña lección para que se dieran cuenta de lo que habían hecho, pero nunca guardó resentimiento en su corazón por lo que le habían hecho. Al contrario, entendió por qué Dios lo había mandado a Egipto. “No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos. Entonces se dio a llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa de Faraón. Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José; ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él. Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros”
  • 66. Génesis 45:1-5. Posteriormente José mandó traer a su padre a Egipto y a toda la casa de su padre, para preservarlos con vida. José y su padre volvieron a encontrarse. Israel pudo bendecir a los hijos de José y morir tranquilo, sabiendo que Dios había tenido cuidado de su hijo. Estas dos historias que acabamos de ver, nos muestran cómo Dios transforma lo malo en bueno, a los que le aman. Ya no pongas tu mirada en las aflicciones de tu pasado, mejor date cuenta de cómo Dios lo ha transformado en bendición. Si no lo ha hecho, ¡ten la confianza de que lo hará! EJERCICIO 1. Escribe todas las cosas buenas que has recibido de parte de Dios que te vengan a la memoria en cinco minutos. 2. Escribe las cosas malas que has vivido que te vengan a la memoria en 5 minutos. 3. Compara las cosas malas con las cosas buenas. ACTIVIDAD Ora a Dios, dale las gracias por todas las cosas buenas que Él te ha dado. Asimismo, entrégale las malas vivencias y pídele que Él las transforme en bendición.
  • 67. LECCIÓN 6 ERES ESPECIAL “Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos...” Malaquías 3:17. Para conducirnos realmente como lo que somos, un tesoro especial para Dios, debemos aprender a amarnos a nosotras mismas como Él nos ama y vernos como Él nos ve; esto verdaderamente nos llevará a vivir en victoria, pues sabemos que lo que Satanás quiere a toda costa es vernos derrumbadas y que no usemos los dones, talentos y habilidades que Dios nos ha dado para bendecir a otros. La estrategia que Satanás usa para atacar a las mujeres, es muy diferente a la que usa para atacar a los hombres. Por ejemplo, a los hombres los ataca más por lo que ellos ven con sus ojos en relación con mujeres ajenas. A nosotras, en cambio, nos ataca en la manera en la que nos vemos a nosotras mismas. Yo te pregunto: Cuando te ves en el espejo, si es que puedes verte, ¿cómo te ves? ¿Te aceptas como eres? ¿O eres una persona que se critica constantemente y no te gusta cómo eres? La razón principal de que no veas cuan hermosa eres, es porque has pasado por eventos traumáticos en tu infancia o a lo largo de tu vida. Sé que no a
  • 68. todas las mujeres les pasa esto. Hay mujeres que no luchan con su cuerpo físico, sin embargo, hay otros factores que nos impiden vernos como ese tesoro especial que somos en las manos de Dios. Algunos son: a) El rechazo b) La baja autoestima c) El sentirse indignas d) El miedo o la inseguridad Antes de analizar cada uno de estos factores, quisiera que nos diéramos cuenta de lo que la Palabra de Dios nos dice en Isaías 43:4: “Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé...”. Observemos que el pasaje dice que a sus ojos hemos sido de gran estima. • Estima significa, básicamente, ser valioso. Para Jesús somos valiosas, tanto que nos parecemos en algo a Él. En Levítico 27:3-4, se nos dice el valor que se le asignaban a las mujeres de veinte hasta sesenta años: “En cuanto al varón de veinte años hasta sesenta, lo estimarás en cincuenta siclos de plata, según el siclo del santuario. Y si fuere mujer, la estimarás en treinta siclos”. Curiosamente, podemos ver que al Señor le asignaron el mismo precio: “Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata” Mateo 26:14- 15. “Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel” Mateo 27:9.
  • 69. Honestamente creo que el Señor Jesucristo no sólo vino a perdonar nuestros pecados, sino también a devolvernos el valor que, como mujeres, tenemos para Él. En muchos países, la mujer es excluida en muchas cosas, es rechazada, y menospreciada. El machismo ha sido una gran maldición, como lo es en México, y tristemente esto también se ha infiltrado dentro de algunas iglesias cristianas. Hay iglesias donde la mujer simplemente no puede predicar, tampoco puede recoger las ofrendas, ni usar pantalones, ni dirigir la alabanza, ni siquiera estudiar en un instituto. Los estudios que llevan las mujeres fuera del culto dominical son en exclusiva relacionados al aprendizaje de cómo llevar su hogar (esposo e hijos), todo lo demás está reservado para varones. ¿Por qué hacen esta acepción entre hombres y mujeres? Francamente no lo entiendo, pero lo que sí sé es que para Dios tenemos el mismo valor, pero con funciones diferentes. No me mal entiendan, respeto y considero de suma importancia la autoridad que Dios le ha delegado a los varones, pero creo que han mal entendido el pasaje de 1 Corintios 14:34-35, donde dice: “Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación”. Si analizamos los versículos anteriores a estos que acabamos de leer, podremos observar que Pablo estaba estableciendo el orden en las reuniones de la iglesia. Los corintios eran una iglesia muy conflictiva. Durante la asamblea los hombres se colocaban en la parte de enfrente y las mujeres en la parte de atrás. En ese entonces, como en algunas iglesias en nuestros tiempos, para los hombres era obligatorio el estudio religioso; en cambio para las mujeres estaba prohibido, por lo que muchas veces cuando ellas no entendían algo, preguntaban desde atrás y en voz alta a sus esposos, creando desorden.
  • 70. Este pasaje está enfocado directamente a las esposas; pero a lo que el apóstol Pablo se refería aquí, era a que preguntaran en sus casas, y a sus maridos, las dudas que tuvieran tocantes a lo que se estaba enseñando en la iglesia, no a que la mujer no pudiera predicar. Jesús nos muestra en Mateo 28:1-10, que Él no estaba en contra de que la mujer hablara o enseñara. En este pasaje podemos ver cómo María Magdalena y otra María, fueron a ver el sepulcro donde habían colocado a Jesús después de haber sido crucificado. Pasado el día de reposo, esto es, el segundo día de que había muerto, hubo un fuerte terremoto y un ángel del Señor descendió y removió la piedra. Los guardas al verlo, se asustaron, pero el ángel habló con estas dos mujeres y les dijo: Versos 5-10: “Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. Entonces ellas, salieron del sepulcro con temor y gran gozo, y fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.” El evangelio de nuestro Señor Jesucristo consiste principalmente en dos partes: a) Su crucifixión y muerte b) Su resurrección
  • 71. El anuncio de la resurrección se les encargó en primera instancia a las mujeres. Si las mujeres no pudieran hablar, ¿crees que Jesús se les hubiera aparecido primero a las mujeres y les hubiera pedido que fueran y les dijeran a los futuros apóstoles que Él había resucitado? ¿Por qué Jesús se les apareció primero a las mujeres y no a los discípulos? Jesús me conmueve, porque hizo cosas contrarias a las costumbres y tradiciones humanas. Él nos dio nuestro lugar como mujeres y nos hace sentir especiales. A Dios no le importa si somos hombres o mujeres, Él nos quiere usar por igual. Tanto los hombres como las mujeres podemos ser instrumentos valiosos en sus manos. Desde antes de que fuéramos concebidas en el vientre de nuestra madre, estábamos en el pensamiento de Dios. No somos producto de un error o de una casualidad. En el vientre nos llamó para apartarnos para Él y nos dio un propósito. “Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones” Jeremías 1:4-5. Tres cosas vemos que Dios ha hecho con nosotras antes de que naciéramos: a) Nos conoció antes de formarnos en el vientre. b) Nos santificó. Que significa que nos apartó para Él. c) Nos dio un llamado a servirle. A Jeremías lo escogió como profeta, pero todas tenemos un llamado a servirle a Dios de una u otra manera. Hay mujeres a quienes llama de tiempo completo, pero todas le podemos servir. Cuando tú descubras el llamado que tiene para ti, te hará sentir única y especial, porque a pesar de nuestros defectos y debilidades, puso su mirada en nosotras para ser sus instrumentos. Servirle a Él es lo más maravilloso que hay, pues te sientes completa, plena y feliz; no obstante, el enemigo lo sabe, por eso tratará de usar tu pasado para frenarte.