UN  ZAPATOCREATIVOM.Paz Pérez-Campanero                2008
UN ZAP T CREA      AO     TIVOLo cortaba todo. Tenía siempre a su lado una pequeña cesta en la que sereunían unos cuantos ...
del mago: nadie encontraba nada allí dentro, pero ella daba con cadacosa a la primera. No podía esconderle aquel pequeño y...
energía se alzó colocando su zapato izquierdo de un golpetazo sobre miteclado. Había conseguido recortar una perfecta flor...
Próxima SlideShare
Cargando en…5
×

Un Zapato Creativo

486 visualizaciones

Publicado el

Relato breve relacionado con las emociones que genera la convivencia con una enferma de Alzheimer

0 comentarios
0 recomendaciones
Estadísticas
Notas
  • Sé el primero en comentar

  • Sé el primero en recomendar esto

Sin descargas
Visualizaciones
Visualizaciones totales
486
En SlideShare
0
De insertados
0
Número de insertados
7
Acciones
Compartido
0
Descargas
4
Comentarios
0
Recomendaciones
0
Insertados 0
No insertados

No hay notas en la diapositiva.

Un Zapato Creativo

  1. 1. UN ZAPATOCREATIVOM.Paz Pérez-Campanero 2008
  2. 2. UN ZAP T CREA AO TIVOLo cortaba todo. Tenía siempre a su lado una pequeña cesta en la que sereunían unos cuantos objetos que utilizaba constantemente, formandoun peculiar y lioso revoltijo de instrumentos inconexos en el que las tije-ras eran el artilugio rey.Yo la había visto envejecer lentamente. Siempre había sido una mujerincansablemente conversadora y muy simpática, aunque también bas-tante obsesiva y algo pesimista. A veces me costaba entenderme conella, tal vez más a menudo de lo que me hubiera gustado, especialmentecuando la recuerdo ahora que ya no está conmigo.Aún no he conseguido situar en el tiempo el día que comenzó a mar-charse; de hecho, ya había cruzado el umbral de su otra realidad cuandoquise darme cuenta. Esa realidad paralela, incoherente, incomprensibley desquiciada por la que avanzaba cada día inexorablemente y que sólole permitía comunicarse, aunque ya ni siquiera entenderse, con su pe-queño perro pequinés, que terminó sus días tan perdido como ella.A veces me sentaba a su lado esperando que reconociera en mí a la hijaque ella tanto quería, y cuando lograba ver en sus ojos aquella pequeñay breve chispa de conexión, mis ojos se humedecían, para luego pasar aobservarla con desánimo e impotencia viendo cómo una vez más cogíaaquella cestita que representaba todo su mundo, incluso cuando laguardaba pegada a su cuerpo mientras dormía.Me costó muchos berrinches esa cesta, sobre todo cuando de ella salíanaquellas tijeras del mismo modo que el famoso conejo sale de la chistera
  3. 3. del mago: nadie encontraba nada allí dentro, pero ella daba con cadacosa a la primera. No podía esconderle aquel pequeño y viejo instru-mento cortante, porque ella sufriría lo indecible buscándolo de maneradesalentadoramente compulsiva, así que decidí que era mejor dedicar-me a ahorrar algo de dinero para renovar casi mensualmente sus zapa-tos.Y es que lo que más le entretenía era cortar cosas: cadenas, collares, cin-tas y objetos de todo tipo, todo lo que fuera susceptible de sucumbir aaquellos pequeños filos; pero para ella sin duda había algo especial enlos zapatos.En mi afán por evitar el continuo desastre, había probado todo tipo demodelos cómodos para sus pies: con cordones, sin cordones, con gomas,con lengüeta, lisos… Lo de menos era la forma, ya que siempre encon-traba la manera de hacer pequeños cortes por algún sitio para conseguirque quedaran “más cómodos y bonitos”.En aquellos ratos en que me sentaba con ella, le gustaba “ayudarme atrabajar”; yo abría mi ordenador portátil y le daba a ella sus cuadernospara colorear; éste era el último descubrimiento para conseguir que es-tuviera entretenida y con el que disfrutaba enormemente. Se concen-traba muy intensamente en la tarea, aunque por muy poco tiempo, yconseguía no pisar los bordes del dibujo con sus ya gastados lápices decolores. De vez en cuando, contenta por su éxito, me miraba con una sa-tisfacción aterradoramente infantil y se asomaba a mirar mi pantalla pa-ra ver lo que yo estaba haciendo.Aquel día se mostraba especialmente alterada; yo estaba muy concen-trada en el ordenador, ya que tenía que entregar en breve un proyectoimportante. Como no le prestaba la atención que ella quería, mi portátilterminó siendo utilizado como una plataforma un tanto peculiar. Su fra-se “¡Mira! Ahora sí que es bonito” acompañó a su mano, que con gran
  4. 4. energía se alzó colocando su zapato izquierdo de un golpetazo sobre miteclado. Había conseguido recortar una perfecta flor en la parte delante-ra del que anteriormente fuera un cómodo, sencillo y liso zapato desalón.La miré enfadada, muy cansada y dispuesta a reñirle por aquel nuevodestrozo pero, al mirar su cara, me topé con tal expresión de felicidad,que no tuve más remedio que sonreírle y darle un achuchón y, mientrasella no podía ver mi cara, de nuevo rodaron las lágrimas por mis mejillas,echando de menos a una madre a la que sabía que había perdido parasiempre en los solitarios y devastadores senderos de aquella cruel en-fermedad. “Un Zapato creativo” Por M.Paz Pérez-Campanero Septiembre 2008

×