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GENÉTICA
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La investigación del genoma de los
perros pu...
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El embarazo y el parto remodelan
el cerebro y la mente de la mujer.
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ENCEFALOSCOPIO
GETTYIMAGES/STEWARTCOHENYPAMOSTROW
AUTISMO
Pensar antes de pestañear
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DREAMSTIME/DUNDANIM
PSICOTERAPIA
Depuración mental
La terapia de la imaginación guiada alivia ...
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ENCEFALOSCOPIO
COGNICIÓN
Plácida creación
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PERSONALIDAD
Alcohol y violencia
Por qué las bebidas alcohólicas tornan agresivas a algunas pe...
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DESARROLLO
Aprender a escuchar
Para afinar el habla, los niños se apoyan en una...
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PSICOLOGÍA SOCIAL
Emociones a paso marcial
El movimiento sincronizado alienta el compañerismo,...
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zolam) p...
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sociales humanas», opina Chang. La...
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Aunque, a primera vista, el fenómeno descrito
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UNA OLA DE SENSACIONES
Al llegar al mundo, un bebé se
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Boston, y sus colaboradores sugieren que dicha
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En nuestro laboratorio de la Universidad de
Richmond, Jennifer Wartella colocó ratas con
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NEUROBIOLOGÍA
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comienza a sentirse incómoda y, finalmente, se
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NEUROBIOLOGÍA
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[véase «Cerebro y maternidad», por C. H. Kin...
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NEUROBIOLOGÍA
igual que sucede a las madres, se les activaban
ciertas áreas cerebrales con un...
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De tal madre, tal padre
Para cristalizar los recuerdos sociales, el cerebro
depende de hormon...
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Revista mente y cerebro nro. 58

  1. 1. n.o 58/2013 6,50 € EL PODER DEL BEBÉ El nacimiento y cuidado de un hijo transforma la neuropsicología de los padres NUEVA SERIE Técnicas de la neurociencia 9 771695 088703 0 0 0 5 8 ENERO/ FEBRERO2013 58/2013 PSICOLOGÍA El duelo crónico COGNICIÓN Decidir con acierto TABAQUISMO Neurobiología de la adicción a la nicotina NEUROLOGÍA El estado vegetativo y su diagnóstico
  2. 2. Disponible en su quiosco el número de enero
  3. 3. Suscríbase a la versión DIGITAL de todas nuestras publicaciones y acceda al contenido completo de todos los números (en pdf)* * Ejemplares de IyC disponibles desde 1996 y el archivo completo de MyC, TEMAS y CUADERNOS www.investigacionyciencia.es
  4. 4. 2 MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 SUMARIO GENÉTICA 10 El mejor amigo del genetista La investigación del genoma de los perros puede desentrañar claves ­sobre las patologías neuropsiquiá­ tricas de los humanos. Por David Cyranoski PERCEPCIÓN 16 Expertos en rostros Poco después de nacer, los bebés muestran una sensibilidad especial para las caras. Distinguen los rostros individuales de humanos; también de monos. Sin embargo, pronto pier­ den esa capacidad y se centran en la fisonomía de sus congéneres. Por Stefanie Höhl NEUROLOGÍA 46 Una nueva era en el diagnós­tico del estado vegetativo Los avances en el campo de la neuro­ imagen ofrecen alternativas nove­ dosas para mejorar el diagnóstico de pacientes en estados de consciencia alterada tras una lesión cerebral. Por Davinia Fernández Espejo SERIE «TÉCNICAS DE L A ­NEUROCIENCIA» (I) 54 Atlas genético del cerebro Una cartografía del encéfalo huma­ no, minuciosamente construida, revela las raíces moleculares de la enfermedad mental. Y de la conducta cotidiana. Por A. R. Jones y C. C. Overly ADICCIÓN 68 La rutina del pitillo La dependencia de la nicotina no solo se manifiesta en el centro ­neuronal ­responsable de la adicción. La ­tendencia a coger un cigarrillo también deja huella en regiones ­sensoriales y motoras del cerebro. Por Y. Yalachkov, J. Kaiser y M. J. Naumer PSIQUIATRÍA 72 Alienados de sí mismos Algunas personas se sienten obser­ vadoras de sus propios procesos mentales y de su cuerpo. También el mundo se les antoja irreal y extraño. Con todo, su trastorno pasa con fre­ cuencia inadvertido. Por M. Canterino y M. Michal ARTÍCULOS Estado vegetativo Se estima que el cuarenta por ciento de los afectados recibe un diagnóstico incorrecto. Enero / Febrero de 2013 – N.o 58 Atlas Allen La cartografía genética del cerebro humano y del ratón inicia la nueva serie «Técnicas de la neurociencia». Adicción al tabaco La dependencia de la nicotina afecta a áreas cerebrales sensoriales y motoras. 46 54 68 COGNICIÓN 62 Recompensa sin sacrificios ¿Decidimos mejor cuanta más informa­ ción tenemos? Al parecer, no. A menudo, unas reglas empíricas aportan más que análisis exhaustivos de la ­situación. Los jugadores de póquer y corredores de bolsa bien lo saben. Por Thorsten Pachur
  5. 5. MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 3 22 Cerebro y maternidad El embarazo y el parto remodelan el cerebro y la mente de la mujer. Por Craig H. Kinsley y Elizabeth Meyer 28 Cerebro y paternidad El nacimiento de un hijo propicia una renovación neuronal en el ­encéfalo del padre. Por Brian Mossop SECCIONES 4 Encefaloscopio Pensar antes de pestañear Querer es poder Depuración mental Plácida creación Alcohol y violencia Múridos rescatadores Aprender a escuchar Emociones a paso marcial 34 Entrevista Uta Frith: «La empatía no se puede aprender» Por Daniela Ovadia 38 Instantánea Arsenal científico del ayer 40 Avances El miedo en el cerebro Por Carmen Agustín Pavón Electrodos que despiertan Por Christoph Koch 44 Sinopsis Cómo se obtiene una neuroimagen 78 Syllabus Duelo Por Christiane Gelitz 84 Ilusiones El entorno decide Por Danko Nikoli´c y Kai Gansel 88 Retrospectiva Un siglo de conductismo Por Stephen F. Ledoux 94 Libros Libre albedrío Por Luis Alonso www.investigacionyciencia.es NEUROBIOLOGÍA EL PODER DEL BEBÉ
  6. 6. 4 MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 ENCEFALOSCOPIO GETTYIMAGES/STEWARTCOHENYPAMOSTROW AUTISMO Pensar antes de pestañear El parpadeo de los niños con autismo revela dónde fijan la atención El rastreo de los movimientos oculares permite a los científicos averiguar lo que nos interesa de una escena. En cambio, los escasos milisegundos de parpadeo sue- len despreciarse, se consideran ruido, un dato residual. No obstante, se ha apreciado que el pestañeo podría contener informa- ciónimportante:cuantomáspestañeamos menos enfocada se halla nuestra atención. En el autismo, las pautas del parpadeo pa- recen indicar la forma de relacionarse del sujeto con el entorno. En experimentos con niños de corta edad, Warren Jones, de la facultad de me- dicina de la Universidad Emory, observó que sus parpadeos no eran aleatorios, sino estratégicos. Mientras miraban una grabación, inhibían el pestañeo si esta les resultaba interesante. «La cronología de los momentos en que no pestañeamos parece vinculada con el grado de implicación ha- cia lo que miramos», afirma Jones. El investigador ha aplicado este descu- brimiento para el estudio de la atención en el autismo. En un artículo publicado en diciembre de 2011 en Proceedings of the National Academy of Sciences USA, Jones señalaba diferencias en las pau- tas de pestañeo de niños con autismo y otros con desarrollo normal. Se mostró a ambos grupos un vídeo que contenía momentos emotivos y también escenas de acción. Los proban- dos sin el trastorno inhibían el pestañeo justo antes de los momentos más emotivos, como si estuvieran siguien- do la narración y previendo un desenlace. En cambio, los que padecían la patología seguían pestañeando en esos mismos momentos, lo que hacía pensar que no estaban siguiendo el hilo emocional de la historia. No obstante, sí mostraban una respuesta cuando un objeto se movía de forma súbita. Los resultados confirman observaciones anteriores relacionadas con la atención de los niños con autismo, a saber, que estos se interesan más por los fenómenos de acción que por los emotivos. Además, en opinión de Jones, las conclusiones previas confieren legitimidad a los estudios sobre el pestañeo. En otras palabras, el pestañeo se dibuja como un instrumento válido de investigación. Esta técnica podría resultar en especial útil en la exploración de sujetos con afasia, además de contribuir en la defi- nición de subcategorías de autismo. —Morgen E. Peck ENVEJECIMIENTO Querer es poder Las personas mayores tardan más en tomar una decisión, pero no tienen por qué Suele ocurrir que los individuos de edad avanzada tarden más que los adultos jóve- nes en decidirse, no obstante, ello no significa que su mente funcione con lentitud. Según expone una investigación de la Universidad estatal de Ohio, la mayor tardanza se debe a que la persona mayor valora más el acierto en la decisión que la presteza en tomarla. En el estudio, publicado en el Journal of Experimental Psychology: General, un grupo de jóvenes universitarios y otro de adultos entre los 60 y 90 años se sometieron a prue- bas cronometradas de reconocimiento y me- morización de palabras. Todos los participan- tes acertaron por un igual, pero los mayores respondían con mayor lentitud. Sin embargo, acicateados por los investigadores a responder con más presteza, contestaron a la par que los jóvenes, sin por ello cometer más errores. «En numerosas tareas sencillas, los mayores tardan más en decidirse porque consideran que necesitan más datos para formular su conclusión», señala Roger Ratcliff, uno de los coautores. A menudo, cuando una mente de edad avanzada se enfrenta a una tarea que requiere rapidez, un esfuerzo consciente per- mite que así sea. —Winnie Yu GETTYIMAGES/J.PARSONS
  7. 7. MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 5 DREAMSTIME/DUNDANIM PSICOTERAPIA Depuración mental La terapia de la imaginación guiada alivia los sentimientos de suciedad y asco que presentan las víctimas de abuso sexual Las personas que han sufrido abusos    sexuales en la infancia a menudo indican sentirse sucias o «contamina- das». Tal sensación provoca con fre- cuencia un deterioro en la autoestima o la autoimagen corporal de la víctima, además de problemas en sus relaciones interpersonales e incluso una conduc- ta obsesiva por lavarse. Un estudio pu- blicado en Behavioral Modification en enero del 2011 señala que una terapia a base de imágenes mentales, en la que se conjuga lógica y emoción, puede aliviar estos sentimientos intrusivos. Kerstin Jung y Regina Steil, de la Uni- versidad Goethe, en Fráncfort del Meno, han ensayado una psicoterapia breve basada en una sesión inicial y otra pos- terior de refuerzo. En un primer paso, las participantes expusieron con detalle sus pensamientos en un diálogo con las terapeutas, explicando lo que sentían, cuándo y dónde les sobrevenían esas ideas y en qué grado afectaban a su vida diaria. A continuación se les indicó que se informasen, a través de Internet, de la frecuencia con que se renuevan las célu- las humanas. Además, debían calcular cuántas veces se habían reemplazado los tejidos celulares de las partes de su cuer- po en las que habían sufrido el abuso desde el contacto con su violador. (Las células dérmicas se renuevan entre cada cuatro y seis semanas; las membranas mucosas, con mayor frecuencia.) A con- tinuación, las pacientes analizaron con los investigadores el significado de los datos. «Ninguna de las células de la piel que ahora recubre mi cuerpo ha estado en contacto con mi violador», rezaba alguna de las respuestas. Por último, se solicitó a las participantes que desarro- llaran un nuevo ejercicio, a saber, que se imaginaran que se arrancaban la piel contaminada. Se observó que el tratamiento reducía de forma relevante los sentimientos de suciedad de las víctimas de abuso se- xual; también, para sorpresa de los in- vestigadores, los síntomas de trastorno postraumático. Jung afirma que la siner- gia de información objetiva e imágenes mentales resulta fundamental, ya que los meros datos no bastan para llevar a la paciente a una convicción emotiva. «Utilizamos la técnica de la imaginación guiada a modo de vehículo para trans- portar la información racional desde la cabeza al corazón. Las imágenes re- sultan más poderosas para modificar emociones que la información verbal», concluye Jung. —Tori Rodríguez
  8. 8. 6 MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 ENCEFALOSCOPIO COGNICIÓN Plácida creación Los instantes antes de caer en los brazos de Morfeo resultan óptimos para la creatividad Mensaje para las personas madru- gadoras: reserven su potencial creativo para antes de dormir. Ese lapso de tiempo, en apariencia tan poco pro- ductivo, puede representar la oportu- nidad perfecta para un momento eure- ka, según señala un estudio publicado en Thinking Reasoning. Mareike Wieth, profesora de psicolo- gía en el Colegio Albion, y sus colabo- radoras dividieron a los probandos en dos grupos: «alondras» y «búhos», de acuerdo con el cuestionario diurnidad- nocturnidad. Descartaron a los indivi- duos que habían puntuado en la zona media de la prueba inicial, más o menos la mitad de los encuestados. A los parti- cipantes se les encargó que resolviesen tres problemas analíticos y otros tantos creativos. En los primeros no se aprecia- ron efectos circadianos; en cambio, las respuestas que requerían cierta creati- vidad fueron mejores en los momentos menos óptimos del día. Wieth conjetura que tal efecto se debe a una disminución del control atencio- nal inhibitorio, es decir, de la capacidad de desechar información irrelevante para la actividad que llevamos a cabo en un determinado momento. «Este estado cognitivo, menos enfocado, más disper- so, nos hace más propensos a considerar datos que, en apariencia, no guardan re- lación, como, por ejemplo, experiencias vividas en otras ocasiones o la lista de recados que tenemos pendientes», co- menta. «Toda esta información adicio- nal que nos ronda por la mente en los momentos “subóptimos” del día puede, a fin de cuentas, contribuir al momento feliz de eureka». —Tori Rodriguez FOTOLIA/KONSTANTINYOLSHIN
  9. 9. MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 7 PERSONALIDAD Alcohol y violencia Por qué las bebidas alcohólicas tornan agresivas a algunas personas El alcohol alegra y distiende a unos, vuelve irascibles y peligrosos para sí y para los demás a otros. ¿De qué depende? La diferencia puede radicar en la capacidad de los sujetos para medir las consecuen- cias de sus actos, según un estudio recien- te publicado en Journal of Experimental Social Psychology. Brad Bushman, de la Universidad esta- tal de Ohio, y sus colaboradores pidieron a casi 500 voluntarios que participaran en un sencillo juego. Los probandos, hom- bres y mujeres en igualdad de número, creían que competían con un rival en el intento de pulsar un botón con mayor rapidez que el contrincante. En realidad, el programa informático que se utilizaba en la prueba decidía al azar quién gana- ba o perdía. Cuando un sujeto resultaba perdedor, recibía una descarga eléctrica. Pero si ganaba, administraba la descarga al supuesto contrincante; podía decidir a voluntad propia la duración e intensidad de la misma. Antes de empezar a jugar, los partici- pantes cumplimentaron un cuestionario diseñado para medir su sentimiento de responsabilidad por las consecuencias futuras de sus actos. A la mitad de los probandos se les ofreció un combinado de alcohol con zumo de naranja en dosis suficientes para estar ebrios; a los demás se les dio una bebida baja en alcohol. Los par- ticipantes que manifestaron desinterés e irresponsabilidad por las consecuencias de sus actos mostraban una mayor tendencia a proporcionar descargas largas e intensas. En el grupo sobrio, estos respondieron con mayor agresividad que los sujetos respon- sables. Pero estando ebrios, su beligerancia se salía de la escala. «Fueron, con mucho, el grupo más agresivo del estudio», afirma Bushman. Con todo, podemos dar una buena no- ticia: dicho rasgo es maleable. Michael McKloskey, de Universidad de Temple, confirma que los individuos impulsivos a menudo tienen la convicción de que si una situación les resulta frustrante o desagra- dable, es «precisamente para fastidiarles». Si consiguen aprender a ver la situación de forma más objetiva, pueden conservar mejor la calma y reprimir su ira, añade Mc- Kloskey: «Cuando las personas impulsivas llegan a dominar esta técnica adquieren un sentido de control y responsabilidad sobre las consecuencias». —Harvey Black ciencia blogreflexión opinión diálogo educación historia filosofía investigación Ciencia en primera persona www.investigacionyciencia.es/blogs universidad cuestionar observarética experimento 2.0 comunicación conocimiento SciLogs JUAN GARCÍA-BELLIDO CAPDEVILA Cosmología de precisión PABLO GONZÁLEZ CÁMARA Y FERNANDO MARCHESANO Física de altas energías LUIS CARDONA PASCUAL Ciencia marina CARMEN AGUSTÍN PAVÓN Neurobiología OWEN S. WANGENSTEEN Mar y vida Y MÁS... CLAUDI MANS TEIXIDÓ Ciencia de la vida cotidiana IGNACIO UGARTE A una unidad astronómica JOSÉ MARÍA EIRÍN LÓPEZ Evolución molecular ISTOCKPHOTO/MANDYHB
  10. 10. 8 MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 ENCEFALOSCOPIO DESARROLLO Aprender a escuchar Para afinar el habla, los niños se apoyan en una realimentación distinta a la de los adultos Al igual que el músico que    afina su guitarra, las personas adultas escuchan de forma subconsciente su pro- pia voz para ajustar el tono, el volumen y la pronuncia- ción del habla. Los bebés que aprenden a hablar no actúan de este modo. ¿Cómo adquie- ren el habla los niños y cómo pueden ayudarles los padres en esa tarea? Estudios anteriores han demostrado que los adultos se valen de la realimentación auditiva para retocar y ajus- tar su pronunciación. Ewen MacDonald, del Centro de In- vestigación Auditiva Aplicada de la Universidad Técnica de Dinamarca, quiso saber si los niños actuaban de la misma manera. Para ello, solicitó a probandos adultos y niños que guiasen las acciones de un robot en un videojuego. Para ese fin, los participantes debían repetir la palabra bed («cama» en inglés). Cada vez que pronunciaban el vocablo, oían su propia voz a través de auriculares. Los investigado- res desplazaron su espectro sonoro para que oyeran bad («malo») en lugar de bed. Se observó que los adultos y los COMPORTAMIENTO ANIMAL Múridos rescatadores Los roedores sacrifican su propio beneficio para liberar a sus compañeros enjaulados La expresión «rata» podría considerarse más un elogio que    un insulto. Según un estudio publicado en Science a finales de 2011, los roedores pueden mostrarse sorprendentemente al- truistas. Peggy Mason, Inbal Ben-Ami Bartal y Jean Decety, de la Uni- versidad de Chicago, colocaron pares de ratas en jaulas, en las que uno de los animales permanecía preso en el centro dentro de un recinto transparente y más pequeño en el que apenas podía moverse, mientras que el otro múrido podía corretear libremente por su exterior. Los investigadores observaron que 23 de 30 ra- tas liberaron a sus compañeras bien empujando con la cabeza la puerta de la jaula interior o bien apoyando el cuerpo en la puerta hasta lograr abrirla. Para comprobar el altruismo de los roedores, Mason introdujo ratas en cajas que contenían dos recintos. En uno se encontraba otra rata, en el otro, un montoncito de virutas de chocolate. Los roedores que gozaban de libertad de movimiento podían apro- vechar el momento para comerse con toda facilidad el atracti- vo manjar. No obstante, optaron por otra acción: en su mayoría abrieron ambas jaulas y compartieron las chocolatinas con su compañera liberada. «En el mundo de las ratas eso es mucho», opina Mason. «Se trata del primer estudio que relaciona el al- truismo con la conducta ratonil.» No obstante, Jeffrey Mogil, de la Universidad McGill, y Mason, señalan que cabe la posibilidad de que las ratas «libertadoras» intentasen con esa acción acallar las llamadas de socorro de sus compañeras. Aun así, Mason considera que las peticiones de au- xilio no son lo bastante frecuentes para motivar las ratas; Mogil no está tan seguro. Con todo, este estudio entra a formar parte de una serie de experimentos recientes que han cambiado la forma de considerar la empatía y el altruismo: no se trata de rasgos exclusivamente humanos, como se pensaba hasta ahora. Al parecer, el instinto de ayuda mutua ha evolucionado en numerosos animales, incluso con sacrificios para uno mismo, instintos que los humanos tam- bién hemos heredado. «En definitiva», concluye Mason, «la ayuda al infortunado es parte de nuestra biología». —Ferris Jabr GETTYIMAGES
  11. 11. MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 9 PSICOLOGÍA SOCIAL Emociones a paso marcial El movimiento sincronizado alienta el compañerismo, pero también puede fomentar la agresividad En el ámbito militar se sabe de antiguo que la instrucción de orden cerrado genera un fuerte compañerismo entre los miembros de pequeñas unidades. Scott Wiltermuth, de la Escuela de Nego- cios Marshall de la Universidad del Sur de California, proponía que esta cooperación brota de una sincronización emotiva de los individuos. Ahora señala que tal sincronía puede estimular asimismo la agresividad, según publicó en enero de 2012 en el Jour- nal of Experimental Social Psychology. Wiltermuth y sus colaboradores distri- buyeron a los probandos en varios gru- pos. Entregaron a cada grupo un juego de tazas; les enseñaron a moverlas según cierta coreografía, que más tarde habrían de repetir al ritmo de una música. Con el objetivo de crear un ambiente competiti- vo, los investigadores les encargaron que memorizasen una lista de ciudades, de la que más tarde les examinarían. El grupo de máxima ­puntuación ganaría 50 dólares. A continuación, con los auriculares puestos, los participantes llevaron a cabo el ejercicio con las tazas al ritmo de la música que oían. En algunos grupos, los probandos acabaron moviendo las tazas en mutua sincronía; en otros, cada participante oía músicas de ritmos variables, de manera que no podía sincronizar los movimientos con los de los demás. Al terminar la actividad, se indicó a cada uno de los grupos que podían seleccio- nar la música que oiría otro grupo durante el ejercicio. Una de las opciones consistía en un potente y fastidioso ruido estático. Los equipos que habían llevado a cabo su ejer- cicio en sincronía manifestaban una mayor tendencia a elegir el ruido fastidioso que los no conjuntados. En conclusión, un equipo compenetrado es un enemigo más fiero. En otro estudio, publicado en Social In- fluence, Wiltermuth señala que los miem- bros de un grupo sincronizado también son más destructivos. Se les entregó cochinillas vivas, las cuales debían meter en unas cajas a las que se denominó «exterminadoras» (en realidad, las cochinillas no sufrían daño alguno). Cuando se les pidió que llevaran a cabo la tarea, los probandos que pertene- cían a grupos sincronizados introdujeron un 54 por ciento más de insectos en las su- puestas cajas de exterminio que los sujetos de control, no sincronizados. Según Wiltermuth, tales observaciones subrayan la importancia de analizar las propias acciones y las de los dirigentes. «Hacemos cosas que no querríamos por vinculación emotiva con nuestro equipo», afirma. —Daisy Yuhas niños de cuatro años trataban de corregir el error llevando la pronunciación hacia bid («oferta»), en cambio, los de dos años en ningún momento se apartaron de la expresión bed. Al parecer, no se valían de la retroalimentación auditiva para controlar el habla. Aunque cabe la posibili- dad de que esos niños hayan suprimido el mecanismo de realimentación, MacDonald piensa que tal vez no comien- cen a escucharse a sí mismos hasta tener más edad. En tal caso, resulta probable que dependan de la realimenta- ción que les proporcionan las voces de los adultos para calibrar su propia voz. De he- cho, casi todos los familiares y cuidadores repiten de forma espontánea las palabras que pronuncian los pequeños con el objetivo de alabarles y alentarles. «Me parece que el mensaje que debemos retener de todo ello es que la interac- ción social es importante para el desarrollo del habla», opina MacDonald. Un consejo final: la clave consiste en hablar e interactuar con el niño de for- ma normal. —Morgen E. Peck ISTOCKPHOTO/MICHAELTRAVERS ISTOCKPHOTO/AHMADFAIZALYAHYA
  12. 12. 10 MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 GENÉTICA S olo, un border collie de once años, toma una dosis doble de Xanax (alpra- zolam) para los nervios en la festivi- dad nacional del 4 de julio en Estados Unidos. Este fármaco se suma al anti- depresivo, fluoxetina o amitriptilina, que el perro recibe como tratamiento a lo largo de todo el año. Los fuegos artificiales lo sacan de quicio, al igual que los petardos, los disparos y prácticamente cualquier sonido explosivo, los cuales le provocan ataques de nervios. Jadeante y babeando, con los ojos dilatados, busca desesperadamente un lu- gar donde esconderse. Si otro perro ronda cerca, puede atacarlo. «Esto se conoce como redirección de la ansiedad», explica Melanie Chang, dueña de Solo y bióloga evolutiva de la Universidad de Oregón en Eugene. Cuando era investigadora posdoctoral en la Universidad de California en San Francisco, Chang colaboró en la recopilación de cientos de muestras de ADN de border collies, entre ellas la de Solo, como parte de un proyecto para el estudio de la fobia a los ruidos fuertes (ligirofobia). La bióloga estima que al menos el 50 por ciento de los co- llies padecen dicho trastorno, de los cuales un 10 por ciento se encuentran gravemente afectados. Estos ejemplares suelen autolesionarse o herir a otros animales en respuesta a los ruidos fuertes. Steven Hamilton, psiquiatra de la Universidad de California en San Francisco y director del susodi- cho proyecto, considera que existen paralelismos entre el pánico de los perros y la ansiedad de las personas. Los mismos medicamentos funcionan en aproximadamente el mismo porcentaje de ca- sos humanos y caninos. Un número creciente de proyectos como el suyo se encuentran en marcha, tanto para ayudar a los perros con alteraciones como para desterrar las raíces de enfermedades neuropsiquiátricas humanas. La «caza» de genes causantes de trastornos mentales ha supuesto «un trabajo duro con re- sultados magros», asegura Jonathan Flint, del Centro de la Fundación Wellcome para la Gené- tica Humana en Oxford. Ello se debe, en parte, a que el genoma humano es complejo, lo cual dificulta el diagnóstico de las patologías menta- les. En cambio, 200 años de endogamia selectiva han permitido que las razas de perro presenten un conjunto de comportamientos específicos. Además, su genoma facilita el seguimiento de la pista de los genes responsables. «Son los úni- cos modelos naturales de los trastornos psiquiá- tricos. Son perfectos para cartografiar los genes y clonarlos. Es sencillamente hermoso», afirma Guoping Feng, genetista de ratones del Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge, quien colabora con científicos dedicados a la in- vestigación con perros. La raza border collie fue criada en un inicio con el fin de que pastorease animales ungulados y fuese capaz de oír la llamada de su dueño a gran distancia. Según algunos autores, ello puede haber influido en que el animal haya desarrollado un oído tan sensible; los ruidos fuertes abruman a algunos de su raza y les provocan una alteración equiparable al trastorno de ansiedad que sufren las personas. «En general, es probable que la enor- me ansiedad se deba al extenso periodo de selec- EN SÍNTESIS Proyecto mascota 1Ciertas razas caninas presentan patologías semejantes a los trastornos neuropsiquiátricos humanos. 2El genoma de los perros puede ayudar a desen- trañar las claves neurológi- cas de enfermedades como el trastorno obsesivo-com- pulsivo o la narcolepsia. 3La investigación en modelos perrunos va en aumento. Entre los proyec- tos en marcha se encuentra la iniciativa europea LUPA. El mejor amigo del genetista La investigación del genoma de los perros puede desentrañar claves sobre las patologías neuropsiquiátricas de los humanos DAVID CYRANOSKI
  13. 13. MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 11 DREAMSTIME/ISSELEE PERROS AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS ¿Pueden los collies ayudar a descifrar la genética de la ansiedad?
  14. 14. 12 MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 GENÉTICA ción de perros capaces de responder a las señales sociales humanas», opina Chang. La procedencia de otros rasgos temperamentales resulta más turbia. Los dóbermans pinscher se desarrollaron como fieles perros guardianes y de defensa. Sin embargo, a veces presentan fijaciones y peculia- ridades equivalentes al comportamiento de un individuo obsesivo-compulsivo. Los dálmatas, por su parte, fueron criados para la velocidad y la resistencia, con el fin de que pudieran correr al ritmo de los caballos. Estos canes tienden a la agresividad. Con todo, sigue especulándose si determinadas condiciones caninas surgieron por casualidad o si acontecieron debido a una selección no inten- cionada para una cualidad específica. Sea como fuere, los problemas de conducta en los canes son frecuentes. Nicholas Dodman, especialista en comportamiento animal de la Universidad Tufts en North Grafton, estima que, como mínimo, el 40 por ciento de los 77,5 millones de canes que poseen los habitantes de Estados Unidos manifies- tan algún tipo de trastorno de comportamiento. Los fármacos para perros, entre los que se en- cuentran drogas psicotrópicas, representan un mercado en auge. Aun así, lamentablemente se sacrifica a muchas mascotas a consecuencia de su temperamento. Los investigadores cuentan con buenas razones para creer que los perros revelarán los secretos genéticos que albergan con mayor facilidad que los humanos. Un estudio de 2010 demostró que variantes en seis lugares del genoma canino po- dían revelar el 80 por ciento de la variación en el tamaño corporal del perro. En cambio, 294.831 va- riantes humanas comunes, consideradas de forma simultánea, explicaban solo el 45 por ciento de las diferencias de altura entre las personas. Llegados a este punto cabe preguntarse por qué, si la genética de la altura resulta tan dispar entre perros y humanos, la relacionada con la ansiedad, la compulsión o la agresión ha de pre- sentar similitudes. Patrick Sullivan, genetista de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, apunta: «El comportamiento que, de forma intrigante, parece asemejarse entre los humanos y otras especies podría consistir en una arquitec- tura genética completamente distinta». En otras palabras, el mismo rasgo podría corresponder a genes o regiones cerebrales diferentes. Sin embar- go, los defensores de los estudios caninos sugieren que los genes perrunos pueden contribuir en el atisbo de las rutas implicadas en las patologías humanas; ello ya sería suficiente. Los perros que duermen no mienten Al menos una investigación atestigua que los es- tudios en perros pueden llevar a respuestas de la neurobiología humana. Durante décadas, los investigadores han examinado el ADN de sujetos aquejados de narcolepsia con el objetivo de hallar los genes responsables de este trastorno del sueño. No obstante, la tarea resultó complicada: existían múltiples genes implicados, los factores ambien- tales eran inconsistentes y no aparecía ningún mecanismo claro. «La gente discutía si se trataba de una enfermedad autoinmunitaria, pero nadie sabía qué hacer después. Era demasiado difícil», explica Emmanuel Mignot, investigador del sue- ño de la facultad de medicina de la Universidad Stanford. Ya que los dóberman pinschers son propensos a padecer narcolepsia, tenían la clave. En 1989, Mignot empezó a emplear técnicas génicas clá- sicas con el fin de criar ejemplares de dóberman narcolépticos y, con ello, seguir la pista del patrón hereditario del trastorno. Sin las ventajas de las herramientas genéticas y genómicas actuales, tar- dó diez años en llegar a la mutación que causaba la enfermedad: aparecía en el gen receptor de la hipocretina 2, el cual regula la entrada en el ce- rebro del neurotransmisor hipocretina (también orexina). «Los perros son los únicos modelos naturales de trastornos psiquiátricos» Guoping Feng, Instituto de Tecnología de Massachusetts, Cambridge DÁLMATA CRÍA: Raza iniciada en los años noventa del siglo xviii. Se empleaba sobre todo como perro escolta de carruajes. Corría junto a los carros tirados por caballos, o frente a ellos. TRASTORNOS: Predisposición a la sordera. Asimismo pueden padecer hiperuricemia, alteración que provoca la formación de piedras en el tracto urinario. Pueden ser agresivos. FOTOLIA/JAGODKA
  15. 15. MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 13 Mignot no halló la misma mutación en el gen humano correspondiente, empero sí que descu- brió cambios en la ruta de la hipocretina. «Em- pezamos a medir la hipocretina en el líquido cerebroespinal. En los narcolépticos, había desa- parecido. Era asombroso», recuerda. Los investi- gadores se centran ahora en mutaciones génicas humanas que conducen a la reducción de la hi- pocretina y a sufrir el trastorno de narcolepsia. También las compañías farmacéuticas se fijan en dicha sustancia como una posible vía para el tratamiento del insomnio. Los mismos canes con nuevos trucos Desde que Mignot publicara sus trabajos, el ge- noma canino se ha secuenciado. Ello ha permi- tido comparar de manera rápida y fácil la infor- mación genética de cientos de perros mediante la observación de polimorfismos nucleotídicos simples (SNP, por sus siglas en inglés), es decir, de cambios de una sola letra en el genoma que actúan como marcadores de bloques de ADN heredados. Los estudios pangenómicos (GWAS, de genome wide association studies) que se pueden realizar mediante tales marcadores resultan más sencillos en perros que en humanos. La mayoría de las ra- zas caninas son muy homogéneas: los ejemplares de un mismo linaje comparten bloques de ADN mayores que en el caso de dos personas cuales- quiera. Dicho de otro modo, en los perros se nece- sita estudiar menos polimorfismos nucleotídicos simples y menos individuos para encontrar un bloque de ADN que se asocie con una enfermedad. Según Kerstin Lindblad-Toh, del Instituto Broad en Cambridge, los GWAS humanos podrían re- querir 5000 personas con un rasgo de interés y 5000 controles sin él para demostrar que el ras- go en cuestión se halla asociado con una región genómica determinada. En cambio, los estudios con perros pueden pasar con menos: con solo cien animales experimentales y otros tantos de con- trol. Asimismo, una investigación que precisase en humanos cientos de miles de SNP podría efec- tuarse en canes con escasos 15.000 polimorfismos nucleotídicos simples. Los estudios pangenómicos ya han demostrado su eficacia a la hora de encontrar genes para varios rasgos perrunos que resultan relevantes en las enfermedades humanas. Entre ellas, la osteogé- nesis imperfecta (enfermedad ósea congénita que se ha atribuido al gen que causa patas regordetas en los dachshunds, o perros salchicha) y el lupus eritematoso sistémico, enfermedad del sistema inmunitario. Un estudio publicado en 2010 de- mostró que dicha patología está controlada por cinco genes en los perros de la raza retriever de Nueva Escocia. Anne-Sophie Lequarré, veterinaria de la Uni- versidad de Lieja, coordina el proyecto europeo LUPA de genética canina. Dicha iniciativa toma su nombre en referencia a la loba (lupa en italiano) que alimentó, según la tradición, a los hermanos gemelos y fundadores de Roma (Rómulo y Remo) con el fin de denotar los beneficios que la genética perruna puede aportar al conocimiento humano. LUPA, entidad que empezó su andadura en 2008 con un presupuesto de 12 millones de euros, agru- pa a un centenar de investigadores para estudiar los trastornos de un solo gen y complejos (entre ellos, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y los trastornos neurológicos) a partir del genoti- pado de 10.000 perros. «Los primeros resultados muestran que, una vez que se encuentra una mutación [relacionada con una enfermedad] en perros, en el noventa por ciento de los casos se encuentra implicado el mismo gen en humanos», señala Lequarré. Los trastornos compulsivos figuran entre los primeros éxitos a la hora de desentrañar condi- ciones del comportamiento humano a través de las características genéticas de los perros. Más de 60 estudios, en ratones, de genes a los que se atri- buía una función en el trastorno obsesivo-com- «Durante 10.000 años, el perro ha sido el mejor amigo del hombre. Ahora está sirviendo de nuevo al hombre al ayudarnos a identificar genes» Elaine Ostrander, Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano, Bethesda DÓBERMAN PINSCHER CRÍA: Raza que desarrolló hacia 1890 el recau- dador de impuestos Karl Friedrich Louis Dobermann como perro guardián. TRASTORNOS: Puede padecer narcolepsia, trastorno com- pulsivo canino, inestabilidad de las vérte- bras cervicales y anomalías en la coagula- ción (enfermedad de von Willebrand). DREAMSTIME/ERIKLAM
  16. 16. 14 MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 GENÉTICA pulsivo (TOC) humano, no han conseguido, hasta el momento, encontrar asociaciones reveladoras y reproducibles. Por el contrario, muchos perros presentan un comportamiento obsesivo. Un ele- vado porcentaje de bull terriers persiguen su propia cola sin cesar. Numerosos perros de razas grandes (dóberman, pastor alemán, gran danés y golden retriever, entre otros) se mordisquean los costados o se lamen las patas hasta que pierden el pelo y se lesionan; algunos incluso se quedan inválidos. Ciertos investigadores comparan estos hábitos con la obsesión de lavarse las manos de forma constante u otros rituales que suelen ma- nifiestar las personas con TOC. En enero de 2010, Lindblad-Toh y Dodman des- cribieron una relación entre el trastorno compul- sivo canino y una región del cromosoma 7 de los perros. Se basaron en un análisis de 14.700 poli- morfismos nucleotídicos simples en los genomas de más de 90 dóbermans que se mordisqueaban de forma compulsiva y de unos 70 ejemplares de control. A continuación relacionaron el compor- tamiento con las variaciones en un segmento de ADN de 400 kilobases de longitud. La conexión resultante entre la variante que confiere el riesgo y el comportamiento compulsivo no fue absoluta, no obstante, resultó notable: el 60 por ciento de los perros que se mordisqueaban los costados, mor- dían mantas o cualquier otro objeto que pudieran llevarse a los dientes poseían la variante, en com- paración con el 43 por ciento de los que presenta- ban una compulsión por morder más moderada y el 22 por ciento de los que no manifestaban señales de una conducta compulsiva. Un gen de la región de ADN mencionada ha desatado la imaginación de otros investigadores. Se trata del CDH2, que codifica la proteína cadhe- rina 2 (implicada en la formación de conexiones entre neuronas). Deanna Benson, neurocientífica de la Escuela de Medicina Monte Sinai, indica que la posibilidad de que las cadherinas se en- cuentren relacionadas con el trastorno obsesivo- compulsivo en humanos ha inspirado a otros co- legas. Feng, quien desarrolla modelos de ratones para investigar el TOC, explora esta conexión. En otoño de 2009, junto con Lindblad-Toh, inició la investigación de circuitos cerebrales asociados con la compulsión y que compartiesen ratones, perros y humanos. Una de las investigaciones de Feng consiste en eliminar la función de Cdh2 en regiones específicas del cerebro de ratones para comprobar si dicha carencia produce comporta- mientos del tipo TOC. Avance obstinado Lindblad-Toh busca un encaje genético más ajus- tado para los trastornos obsesivo-compulsivos humanos. Los estudios genéticos de los perros se basan en dos fases: en la primera, los científicos se centran en un fragmento extenso de ADN de una raza concreta; en la segunda, exploran si exis- te una superposición entre esa región en el ADN de perros de otras razas con la misma patología. Mignot utilizó ejemplares de dachshund (perro salchicha) narcolépticos para buscar la mutación expresada por sus ejemplares de dóberman so- ñolientos. Lindblad-Toh espera reducir la región GOLDEN RETRIEVER CRÍA: Criado a mediados del siglo xix para cazar y recuperar aves acuáticas abatidas desde grandes distancias. TRASTORNOS: Aunque es popular por su temperamento amigable, algunos individuos son propen- sos a ser agresivos y dominantes, a los accesos de ira y a una forma de trastorno compulsivo. COCKER SPANIEL INGLÉS CRÍA: Raza originada en el siglo xix para la caza, para espantar a las presas de entre los arbustos y recuperarlas una vez abatidas. TRASTORNOS: Propenso, más que otras razas, a sufrir epilepsia. Puede presentar ataques repen- tinos de agresión o síndrome de furia. FOTOLIA/ERICISSELÉEFOTOLIA/BIGLAMA
  17. 17. MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 15 implicada en el cromosoma 7 a unas 10 kilobases, más manejables, mediante la comparación de los loci de ADN en pastores alemanes que se lamen el costado y bull terriers que se persiguen la cola. De manera parecida, Hamilton intenta ampliar a otras razas sus estudios sobre la fobia al ruido que manifiestan los border collies; se centrará ahora en los bearded collies (collies barbudos) y los pastores australianos, los cuales presentan ansiedades parecidas. Sin embargo, algunas de las cuestiones que han frustrado los esfuerzos por conocer las en- fermedades humanas ponen también a prueba la genética perruna. Los diagnósticos de las patolo- gías neuropsiquiátricas resultan escurridizos. La esquizofrenia, por ejemplo, podría representar una amplia colección de trastornos, cada uno con desencadenantes genéticos y ambientales distintos. Si los sujetos agrupados por síntomas presentan patologías subyacentes diferentes, los estudios pangenómicos pueden ofrecer resul- tados confusos. «Unos cuantos perros pueden malograr una cohorte», señala Lequarré. En este contexto, cita un estudio de epilepsia que no des- cribía ninguna correlación destacable. Sin em- bargo, sus autores encontraron, posteriormente, que algunos ejemplares del grupo de animales enfermos presentaban una forma de epilepsia de ataque tardío dispar de la que se estudiaba. «Fenotipar resulta crucial. Se necesita disponer de perros que padezcan exactamente la misma enfermedad», apunta. Generaciones más sanas El proyecto LUPA se esfuerza en clarificar los diagnósticos. Con el objetivo de identificar de manera consistente los trastornos neurológicos, se seleccionaron veterinarios que seguían proce- dimientos estandarizados en el análisis del tem- peramento de los canes. En opinión de Hamilton, la estandarización constituye el planteamiento adecuado. En su trabajo con la raza collie, solicita a los propietarios de la mascota que respondan un cuestionario de 24 páginas, el cual proporciona observaciones objetivas. «No les preguntamos “¿es agresivo su perro?”, sino “cuando hay tormenta, ¿qué hace su perro?”.» La división de trastornos neurológicos de LUPA se centra, entre otros, en la agresión que presen- tan el cocker spaniel inglés y el springer spaniel inglés, ambas razas propensas a manifestar repen- tinos accesos de cólera. Los investigadores esperan identificar mutaciones genéticas relacionadas con el trastorno bipolar, la esquizofrenia y otras pa- tologías mentales que pueden implicar agresión en los humanos. Mientras, el interés por los modelos caninos se ha extendido. En el laboratorio de etología veteri- naria de la Universidad de Tokio, Yukari Takeuchi ha recolectado muestras de ADN de 200 ejempla- res de la raza japonesa shiba inu y de otros tantos perros labrador retriever, con el fin de buscar los genes responsables de la agresión, así como de los lapsos de concentración, respectivamente. Ello podría ayudar a resolver un problema práctico, argumenta: los retriever distraídos no son buenos perros lazarillo, por lo que conocer el gen variante responsable podría permitir a los criadores limi- tar el rasgo en dichas cohortes. Estén o no los estudios de perros a la altura de las expectativas para comprender y aliviar el sufrimiento humano, es seguro que beneficiarán a las mascotas. Los criadores están tomando nota de algunas de las variantes génicas que causan estragos en determinadas razas. Para bien y, en términos de investigación científica, para mal, la búsqueda de variantes genéticas y la cría selectiva permitirán probablemente que la próxima gene- ración de border collie presente menos cachorros aquejados de ansiedad (como Solo) que puedan estudiarse. Elaine Ostrander, genetista de perros del Ins- tituto Nacional de Investigación del Genoma Humano, en Bethesda, está convencida de que los perros tienen mucho que ofrecer a la salud humana, más allá de un pelaje cálido y un hocico frío y húmedo. «Durante 10.000 años, el perro ha sido el mejor amigo del hombre. Cuando hicimos la transición a cazadores-recolectores, cuando pa- samos a ser agricultores, allí estaba. Ahora, en la era de la genómica, está sirviendo de nuevo al hombre, al ayudarnos a identificar genes», con- cluye Ostrander. Artículo original publicado en Nature, Traducido con el permiso de Macmillan Publishers Ltd. Para saber más Genome sequence, compara- tive analysis and haplotype structure of the domestic dog. K. Lindblad-Toh et al. en Nature, vol. 438, págs. 803-819, 2005. Leader of the pack: Gene ­mapping in dogs and other model organisms. E. K. Karls- son y K. Lindblad-Toh et al. en Nature Review Genetics, vol. 9, págs. 713-725, 2008. A missense mutation in the SERPINH1 gene in Dachshunds with osteogenesis imperfecta. C. Drögemüller et al. en PLoS Genetics, vol. 5, n.o 7, pág. e1000579, 2009. A simple genetic architecture underlies morphological ­variation in dogs. A. R. Boyko et al. en PLoS Biology, vol. 8, pág. e1000451, 2010. A canine chromosome 7 locus confers compulsive disorder susceptibility. N. H. Dodman et al. en Molecular Psychiatry, vol. 15, págs. 8-10, 2010. Genome-wide association mapping identifies multiple loci for a canine SLE-related disease complex. M. Wilbe et al. en Nature Genetics, vol. 42, págs. 250-254, 2010. Identification of genomic ­regions associated with phe- notypic variation between dog breeds using selection mapping. A. Vaysse, A. Rat- nakumar, T. Derrien, E. Axels- son, G. Rosengren Pielberg, et al. en PLoS Genetics, vol. 7, n.o 10, 2011. David Cyranoski es corresponsal de Nature en la región Asia-Pacífico.
  18. 18. 16 MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 PERCEPCIÓNDREAMSTIME/EMINKULIYEV Expertos en rostros Poco después de nacer, los bebés muestran una sensibilidad especial para las caras. Distinguen los rostros individuales de humanos; también de monos. Sin embargo, pronto pierden esa capacidad y se centran en la fisonomía de sus congéneres STEFANIE HÖHL A TI TE CONOZCO Los recién nacidos se intere- san por las personas de su en- torno, sobre todo si conocen su voz desde que se encontra- ban en el seno materno.
  19. 19. MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 17 M aría abre los ojos. Poco tiem-     po después del parto, ve por     primera vez el mundo que      la rodea. Su visión es todavía     muy borrosa y distingue solo aquello que tiene cerca. De forma intuitiva, su madre la mantiene a la distancia correcta para que la pequeña pueda estudiar su rostro. En ese momento, nada fascina más a María. De hecho, la imagen pertenece a la voz a la que ya se había acostumbrado cuando se hallaba en el útero materno. Pronto la pequeña será capaz de distin- guir la cara de su madre de la de otras mujeres. Fatma Sohar, de la Universidad de los Emiratos Árabes Unidos, comprobó que para que un bebé pudiera reconocer a su madre en ese primer con- tacto visual necesitaba oírla hablar o cantar. Sohar investigó un grupo de recién nacidos que, pocas horas después del parto, mantuvieron contacto corporal con su progenitora, pero no oyeron su voz. No por casualidad. Previamente la investiga- dora y las participantes habían acordado que para el estudio las mujeres debían permanecer en si- lencio. Cuando el rostro materno se presentaba en el campo visual del pequeño, este no mostraba mayor interés que si veía el de una mujer extra- ña. Otro grupo de bebés sí pudieron oír desde el principio la voz de su madre. A diferencia de los anteriores, fijaban la mirada en ella durante más tiempo. ¿Conclusión? Los recién nacidos necesi- tan asociar la cara con la voz para identificar a su madre. No solo es la propia mamá la que llama la aten- ción de los bebés. En general, los recién nacidos se fijan más en imágenes que simulan caras que en otros estímulos visuales de similar complejidad. Un esquema simple con tres puntos ordenados de forma semejante a dos ojos y una boca son capaces de despertar su atención. En los años noventa del siglo xx, Mark Johnson y sus colaboradores del Colegio Birkbeck de Lon- dres llevaron a cabo un experimento harto reve- lador. Mostraron diversas imágenes con figuras de colores a un grupo de niños que habían nacido hacía menos de una hora. Con una cámara de ví- deo grabaron su reacción ante tales estímulos, es decir, si mostraban interés por las imágenes y en qué medida intentaban seguir sus movimientos. Según descubrieron, las imágenes que recordaban una cara despertaban la atención de los recién nacidos; en cambio, si se trataba de cualquier otro elemento que no tuviera ninguna relación con un retrato humano, los pequeños se interesaban mucho menos por él. Es probable que tal conducta corresponda a una estrategia de supervivencia, pues los bebés reciben de sus semejantes la de- dicación y los cuidados que necesitan. Con una mirada basta Desde la más tierna infancia, las caras nos llaman la atención. Gracias a ello, en la edad adulta te- nemos gran facilidad para reconocer de forma rápida y con certeza unas y diferenciarlas de otras. Aunque no nos venga a la mente el nombre de la persona, sabemos si ya la hemos visto antes. Las bases de tal habilidad acontecen en los primeros meses de vida, según demostró Olivier Pascalis hace unos diez años. Pascalis, quien entonces trabajaba con su equipo en la Universidad de Sheffield, investigó hasta qué punto los niños y los adultos podían diferenciar rostros humanos y de monos. Para ello, utiliza- ron una ingeniosa prueba. Es sabido que si se presenta una misma información a un sujeto de forma sucesiva repetidas veces, al cabo de cierto tiempo su atención disminuye, ya que el individuo se habitúa a ella. Ello sucede en recién nacidos y en adultos. De esta manera, si una persona ve de forma sucesiva diez veces la misma cara, dejará de fijarse en ella; no le prestará más atención. Ahora bien, si se le presenta el retrato junto con uno nue- vo, estudiará este último durante más tiempo y de manera más intensa, siempre y cuando reconozca que se trata de una imagen diferente. El pequeño vence al mayor Pascalis y su equipo aprovecharon este método para su experimento. Mostraron a probandos adultos y a niños de nueve meses diversas foto- grafías de caras de monos de Java y de personas. EN SÍNTESIS Mira, mira 1Desde la lactancia, el sistema neuronal se especializa en la percepción facial. Al principio, los niños pueden diferenciar animales y personas; más tarde solo consiguen distinguir a indivi- duos humanos. 2Durante las primeras fases del desarrollo se pierden conexiones nervio- sas que rara vez se utilizan. 3La mayor sensibilidad para las caras influye también en la atención y, con ello, en el proceso de aprendizaje de los niños.
  20. 20. 18 MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 PERCEPCIÓN Como era de esperar, ambos grupos diferencia- ban a la perfección y sin dificultad entre las caras humanas, mas fracasaban a la hora de distinguir las faces de los monos. La sorpresa llegó cuando se desarrolló la prueba con un tercer grupo de probandos formado por bebés de seis meses: estos podían diferenciar las caras de las personas unas de otras, también entre las de los monos. El sistema neuronal responsable de procesar las caras que percibimos es extraordinariamente flexible al principio del desarrollo; incluso funcio- na cuando se trata de caras de especies animales. Entre los seis y los nueve meses empezamos a es- pecializarnos en rostros humanos. Ello tiene un sentido: por lo general, crecemos entre nuestros semejantes, por lo que resulta ventajoso identifi- carlos de forma rápida y, sobre todo, reconocer de entre ellos a aquellas personas de las que recibi- mos alimento, protección y entrega. Por el contrario, y en general, no convivimos con monos; en consecuencia, no utilizamos nues- tras facultades para distinguir unos de otros, de manera que tal capacidad se pierde con el tiempo. Visto el asunto desde el otro lado, un niño que creciera entre monos, pasado un tiempo, mani- festaría dificultades para reconocer caras huma- nas, en cambio diferenciaría con facilidad unos primates de otros. Existen, sin embargo, determinadas circuns- tancias en las que las personas son capaces de distinguir la individualidad de los monos. A sa- ber: cuando los animales adquieren identidad. En 2009, Lisa Scott, de la Universidad de Massachus- sets, propuso a padres de bebés de seis meses que mostraran a sus vástagos, en casa y con regula- ridad, libros con fotografías de monos. Un grupo de progenitores llamaban a los animales siempre por el apelativo de «mono»; otros participantes no utilizaban ninguna expresión para denominarlos, y un tercer grupo adjudicaba a cada primate un nombre de pila (Carlos, Flora o Luis). Tres meses después, se examinó la capacidad de los pequeños de diferenciar los monos fotografia- dos. Según los resultados de Pascalis, era de espe- rar que los bebés, ahora de nueve meses, hubieran perdido tal habilidad. Así fue en el caso de los ni- ños cuyos padres habían pronunciado siempre la palabra «mono» o bien no decían nada ante el retrato del animal. En cambio, aquellos bebés a los que se había mostrado las caras de primates atri- buyéndole un nombre propio a cada uno sabían diferenciar unos de otros. «Sospechamos que la adjudicación de nombres personales hace que los niños se concentren en las diferencias entre unas caras y otras», explica Scott. «Por el contrario, la denominación genérica de “mono” hace que los niños presten mayor atención a las características comunes en todas las imágenes de monos». Así pues, no resultan decisivos la frecuencia y el tiempo durante el cual los niños observan caras concretas, sino el reconocimiento de que se trata de individuos. Por lo general, los niños experi- mentan esta circunstancia con humanos a los que suelen reconocer por su nombre (Lucas o Ana) o por otro alias (yaya, tía Lisa o padrino). De esa forma, desarrollan una unificación perceptual; en otras palabras, se especializan en miembros de su propia especie. Idéntico mecanismo explica por qué, por regla general, resulta más fácil captar diferencias en- tre rostros de la propia etnia. La mayoría de los europeos occidentales no presentan ningún pro- blema en reconocer las caras de otros ciudadanos de países de la Europa occidental, sin embargo les resulta difícil distinguir entre individuos asiáticos o africanos. Tal especialización parece producirse también en los primeros meses de vida. Un grupo de investigadores dirigido por David Kelly, de la Universidad de Sheffield, observó que bebés ingle- ses de tres meses podían diferenciar bien diversas caras de europeos, africanos, árabes o chinos. No obstante, a los seis meses, esa capacidad había desaparecido: los niños podían distinguir única- mente caras europeas y chinas. A la edad de nueve meses, solo estaban especializados en diferenciar rostros de su propia etnia. Si mantenemos escaso contacto con personas de otras etnias, nuestra capacidad de distinguir sus caras disminuye DISTINGUIR UNO DE OTRO Como puede apreciarse, las dos caras superiores perte- necen a personas diferentes. Pero ¿qué pasa con las de la parte inferior? Mediante este tipo de pruebas se estudia hasta qué punto se pueden diferenciar caras de personas y de animales. WIKIMEDIACOMMONS/WIKILAURENT/CCBY-SA3.0(macacos)
  21. 21. MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 19 Cuestión evolutiva Aunque, a primera vista, el fenómeno descrito parece una pérdida, probablemente supone una ganancia en eficacia. Durante el período de lac- tancia, el cerebro forma un exceso de conexiones sinápticas, muchas de las cuales se pierden a lo lar- go de los primeros años de vida. Según el principio «úsalo o piérdelo», solo se mantendrán aquellas conexiones nerviosas que puedan resultar útiles a la larga. Si tomamos contacto con determinados estímulos (caras de personas de otras etnias) en contadas ocasiones, nuestra facultad de procesar- las va atrofiándose. ¿Supone una ventaja esa especialización? En opinión de Pascalis, en la actualidad en la Univer- sidad Mendès-France de Grenoble, desde el punto de vista evolutivo, para los humanos resulta muy importante reconocer de forma segura y rápida a otros individuos, sobre todo a aquellos miembros del reducido grupo en el que hayamos nacido. Un reconocimiento menos especializado de las caras supondría perder información esencial. Si diri- giéramos la atención por igual a los monos o a otros grupos de personas, se correría el peligro de distanciarnos de nuestro grupo. Un fenómeno parecido se conoce en relación al procesamiento de los estímulos acústicos. En los primeros meses tras nacer, los bebés reconocen sonidos de diversos idiomas; sin embargo pierden dicha facultad entre los nueve y los doce meses. A finales del primer año, solo distinguen los so- nidos propios de la lengua materna. Ahora bien, si alguna persona se dirige con regularidad al pe- queño en una lengua extranjera, este retiene su capacidad para distinguirla. Del mismo modo que sucede con las caras, existe una especialización en favor de la eficiencia. Patricia Kuhl, de la Universidad de Washing- ton, afirma: «En la actualidad, el hecho de que el cerebro de los lactantes sea tan moldeable y el de los adultos tan rígido constituye una de las cues- tiones más emocionantes en neurociencia». ¿Qué ocurre cuando se dejan atrás las fases sensibles de la primera infancia? ¿Puede neutralizarse la espe- cialización en edades posteriores? ¿Recuperan los humanos aquello que posiblemente han perdido durante este tiempo? El reconocimiento de caras suscita entre los investigadores un vivo debate. Nancy Kanwisher, del Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge, está convenci- da de que los retratos humanos nos producen un estímulo muy especial ya desde la lactancia. Una determinada área del lóbulo temporal del cerebro se encuentra especializada en el procesamiento de caras: el área facial fusiforme. Si se produce una lesión en esta zona, aparece un particular trastorno neurológico: la prosopagnosia (también ceguera para las caras) [véase «Prosopagnosia», por T. Grüter; Mente y cerebro n.o 6, 2004]. Los afectados son incapaces de diferenciar las caras de distintos individuos, por lo que en la vida diaria deben concentrarse en otras características para reconocer una persona (la voz o la conducta cor- poral, por ejemplo). En cambio, no les supone pro- blema alguno diferenciar unos objetos de otros. Percepción total Isabel Gauthier, de la Universidad Vanderbilt en Nashville, ha revelado que, en algunas circuns- tancias, el área facial fusiforme puede activarse al contemplar pájaros o coches, al menos en el cerebro de ornitólogos y de forofos de los auto- móviles, respectivamente. Ello lleva a imaginar otra posibilidad: dicha región cerebral constituye un «área específica para expertos». ¿Resultan las caras para los humanos tan fundamentalmente distintas a otros estímulos visuales porque en el AUTOEVALUACIÓN ¿Dónde se halla el mono? Las imágenes representan chimpancés del zoo de Heidelberg. ¿Aparece el mono que figura en la fotografía grande también en alguna de las imágenes pequeñas de la derecha? Vea la solución en la página siguiente. CORTESÍADELZOODEHEIDELBERG/HEIDRUNKNIGGE(izquierda)YANTJEHOYER(columnaderecha)
  22. 22. 20 MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 PERCEPCIÓN transcurso de su vida se han convertido en ex- pertos reconocedores de rostros? Todavía no se ha dicho la última palabra en este debate. Sin embargo, parece seguro que incluso para los expertos en pájaros y en automóviles, el área facial fusiforme presenta una actividad su- perior cuando observan caras que cuando dirigen su mirada a aves o coches. Además, si bien una persona puede hacerse experta zoóloga o técni- ca incluso en edad senil, parece que la ventana decisiva para la percepción facial se reduce a los primeros meses de vida. Hace unos ocho años, Richard le Grand y sus colaboradores de la Universidad McMaster, en On- tario, investigaron jóvenes adultos que se habían quedado ciegos pocos meses después de nacer. Entre los tres y seis meses fueron operados, con lo que recuperaron una capacidad de visión casi normal. No obstante, parecía que su capacidad de percepción facial estaba alterada. Por lo general, percibimos las caras como un todo. Si nos presentan de forma consecutiva retra- tos en los que la mitad superior de la faz es siempre la misma mientras que la inferior va cambiando, mostramos dificultad en reconocer que la frente y la zona de los ojos pertenecen siempre a la misma persona. Sin embargo, si vemos cada una de las mitades de la cara por separado, no tenemos difi- cultad en reconocer a quién pertenecen. El estudio de Le Grand demuestra que para las personas que han sufrido ceguera durante los pri- meros meses de vida resulta indiferente ver una composición fotográfica de rostros o las mitades de las caras por separado. Reconocen siempre si las mitades de cara son idénticas y si pertenecen o no a la misma persona. En breve, no perciben la cara como un todo. Al parecer, estos sujetos per- dieron en su temprana infancia un importante espacio temporal para aprender la percepción normal de la cara (como un todo). Nuestro equipo del instituto de psicología de la Universidad de Heidelberg investigó el modo en que los lactantes pueden valorar la expresión facial de otros individuos para percatarse mejor del ambiente que los rodea. En la cara de una per- sona puede reconocerse su identidad, pero tam- bién su estado emocional y el lugar al que dirige su atención. La expresión facial y la dirección de la mirada desempeñan aquí una función decisiva. A principios de 2012 publicamos una investiga- ción sobre la manera en que reaccionaban algunos bebés ante la dirección de la mirada de diversas personas. Para ello, presentamos a lactantes de cuatro meses diversas fotografías, entre ellas las del padre o la madre, o bien las de una persona extraña del mismo sexo. En las imágenes aparecía también algún objeto (un juguete, por ejemplo). Ante algunas fotografías, la persona dirigía su mirada al objeto; en otras miraba en otra direc- ción. A continuación, presentamos a los pequeños otras imágenes en las que aparecía solo el objeto; analizamos su reacción mediante un electroence- falograma (EEG). Los niños estaban más familiarizados con la visión del juguete si antes la madre o el padre habían dirigido su mirada a este, conclusión que comprobamos a través de patrones característi- cos de la actividad eléctrica cerebral reflejada en el EEG. En concreto, confirmamos si el pequeño necesitaba procesar la imagen del objeto de nue- vas, o bien si echaba mano de información que ya tenía almacenada. Siguiendo el ejemplo de los padres En resumen, el lactante, cuando explora el ambien- te que le rodea, sigue la mirada de las caras de su confianza. Además, le interesa aquello que llama la atención a su madre. Con todo, se requieren más estudios para saber si importa más el estrecho lazo personal o si los niños establecen la rutina de acom- pañar los ojos de las personas conocidas. Una cosa segura es que, para los bebés, las caras no son solo importantes por sí mismas; también influyen en la forma de percibir y conocer el mun- do que los rodea. Los de más edad, incluso, siguen más la mirada de personas extrañas que la de la propia madre. Como se ha comprobado, los lactan- tes de muy corta edad se interesan por las perso- nas con quienes mantienen un contacto íntimo, pero más tarde lo hacen por sujetos desconocidos que les ofrecen novedades. La pequeña María, que acaba de nacer, se fija en la cara de su madre. Pero cuando pasen unos meses, las personas extrañas le resultarán cada vez más interesantes, ya que le ofrecerán oportunidades de intercambio social y aprendizaje. Para saber más Is face processing species- specific during the first year of life? O. Pascalis et al. en Science, vol. 296, págs. 1321- 1323, 2002. The origin of biases in face perception. L. S. Scott y A. Monesson en Psychological Science, vol. 20, págs. 676-680, 2009. Effects of eye gaze cues pro- vided by the caregiver com- pared to a stranger of infants’ object processing. S. Höhl et al. en Developmental Cogniti- ve Neuroscience, vol. 2, págs. 81-89, 2012. Stefanie Höhl es catedrática de psicolo- gía del desarrollo y psicología biológica de la Universidad de Heidelberg. Solución de la página anterior La imagen superior representa el chimpancé macho Henry; en las fotografías inferiores aparecen las chimpancés hembra Heidi, Conny y Susi (de izquierda a derecha). Es decir, Henry no aparece en ninguna otra imagen.
  23. 23. NUEVA WEB www.investigacionyciencia.es Y ahora síganos también en Facebook y Twitter FUENTE DE INFORMACIÓN DE REFERENCIA Más de 10.000 artículos elaborados ORGANIZACIÓN TEMÁTICA Consulte todos los contenidos de la página web organizados BUSCADOR REFINADO Obtenga resultados más precisos HEMEROTECA DIGITAL Acceda a todas nuestras revistas digitalizadas en pdf. ARTÍCULOS INDIVIDUALES sin necesidad de abrir la revista entera. ACTUALIDAD CIENTÍFICA actuales elaboradas por nuestro SCILOGS NUEVAS SUSCRIPCIONES Acceda a todas nuestras publicaciones en el formato BOLETINES TEMÁTICOS cas de todos nuestros contenidos sobre una materia determinada: REDES SOCIALES Comparta nuestros contenidos en Facebook y Twitter. SINDICACIÓN DE CONTENIDOS
  24. 24. 22 MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 NEUROBIOLOGÍA L os lazos que se tejen entre madre e hijo no dependen de los genes que com- parten (las madres adoptivas ofrecen prueba de ello). Tampoco el embarazo aclara por completo las claves de la re- lación entre ambos. Al parecer, son los retos de cuidar a un niño los responsables de que el cere- bro de la madre, y también del padre, se reprogra- me. Ambos progenitores influyen en el cerebro del bebé, pero esa influencia resulta recíproca. Elizabeth Meyer, familiarmente Liz, vive la «tiranía» de su segundo embarazo. El feto va en aumento día tras día y dormir tranquila se ha con- vertido en un recuerdo lejano: ahora debe bregar por las noches con los kilos de más de su creciente vientre. También la alimentación ha cambiado para ella: la comida le produce eructación y ardor de estómago como si subsistiera a base de una dieta de pequeños volcanes. Liz comparte su condición de madre a punto de dar a luz con el trabajo de neurocientífica. Es- tudia los cambios que se producen en el cerebro maternal, además de ser coautora del presente artículo. Si bien es verdad que este campo de in- vestigación no le alivia la indigestión que le causa el embarazo, sí que le proporciona cierto consuelo, pues los conocimientos científicos le revelan las alteraciones, por lo general positivas, que se pro- ducen en su cerebro, es decir, en el encéfalo de una mujer preñada. El cerebro maternal emerge de forma gra- dual, por lo que durante su desarrollo pueden surgir ciertos problemas. Algunas embarazadas se quejan de mareos; incluso existen indicios de que el encéfalo experimenta una pequeña reducción durante la gestación. Pero esos fenó- menos se compensan con creces: la maternidad incrementa ciertas formas de cognición, mejora la resistencia al estrés y agudiza algunos tipos de memoria. De esta manera, el sistema nervioso consigue transformar un organismo egocéntrico en otro centrado en el cuidado de un nuevo ser. Con ese objetivo se originan neuronas y crecen estructuras cerebrales. Asimismo, potentes hor- monas intervienen en la fisiología de la mujer embarazada. El resultado de todo ello es un ce- rebro diferente, mejor en ciertos aspectos o, al menos, capaz de lidiar con los desafíos de la vida diaria y de focalizar su actividad en torno al bebé [véase «El cerebro maternal», por Craig H. Kinsley y Kelly G. Lambert; Investigación y Ciencia, marzo de 2006]. Un detonador sensorial Un recién nacido hace todo lo posible por atraer y mantener la atención de la madre. Su llanto, su olor único y el modo de agarrar con sus dedos el de ella constituyen tan solo un puñado de sensa- ciones que se precipitan en el altamente sensible sistema nervioso materno. El bebé crea un en- torno rico en estímulos que pone el cerebro de la madre a toda máquina. Del conjunto de sentidos sensitivos, el olfato desempeña la función más importante en el proceso de reproducción: desde el momento de seleccionar a la pareja —las hembras confían en su olfato para escoger a su compañero—, hasta el destete de las crías, período en el que los olores sirven a la madre como una forma de comuni- carse con su hijo. Un ejemplo extremo del poder EN SÍNTESIS Cambios cerebrales 1Aunque las madres tienden a quejarse de pérdida de agudeza mental, estudios en animales sugie- ren que el cerebro mejora con la maternidad en mu- chos aspectos. 2Los cambios en el encé- falo materno preparan a la mujer para enfrentar las amenazas; también aumenta la audacia en la búsqueda de alimentos y ante situaciones de peligro. 3Entre los cambios en la estructura cerebral rela- cionados con la maternidad se encuentra el aumento de materia gris en áreas asocia- das al cuidado infantil. Cerebro y maternidad Tener un hijo cambia la manera de pensar. También la de actuar. El embarazo y el parto remodelan el cerebro y la mente de la mujer CRAIG HOWARD KINSLEY Y ELIZABETH MEYER
  25. 25. MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 23 UNA OLA DE SENSACIONES Al llegar al mundo, un bebé se encuentra con una oleada de sensaciones nuevas. La madre también: la criatura origina un entorno rico que estimula el sistema nervioso materno, altamente sensible. DREAMSTIME/OKSIX del olfato es el efecto Bruce, fenómeno en el que ciertos efluvios logran interrumpir la gestación de las ratas recién fecundadas. ¿Cómo? Si el ma- cho desaparece después de la concepción y un intruso empieza a rondar cerca de la hembra, el olor del nuevo individuo inhibe en ella la pro- ducción de ciertas hormonas clave, de manera que le provoca un aborto. Por otra parte, existen múltiples posibilidades de que el intruso macho acabe dando muerte y engulléndose a las crías, con lo que mata dos pájaros de un tiro: obtiene un almuerzo alto en proteínas y se deshace de los genes del rival. El efecto Bruce sería la versión de la película La decisión de Sophie en roedores, pues la hembra calcula con frialdad: mejor perder embriones que crías. Ante la limitada posibilidad de escudriñar di- rectamente en el cerebro humano, los científicos se sirven de los múridos para aproximarse a los cambios que se producen en las mujeres como Liz. Según se ha visto, el encéfalo de los mamí- feros posee una extraordinaria capacidad para transformase cuando la vida lo exige. Sabemos que el sistema olfativo de una rata durante la gestación comienza a producir neuronas nuevas a gran velocidad. La teoría indica que esas células nerviosas adicionales aumentan la capacidad de la progenitora para procesar las señales que es- conden los olores de las crías. De hecho, el modo de reaccionar ante los efluvios distingue a unas hembras de otras. Si bien a las ratas hembra vír- genes les molesta el olor de las crías, cuando estas se quedan preñadas ese aroma las atrae. Las hu- manas muestran los mismos efectos. Alison Fle- ming, de la Universidad de Toronto Mississauga, y sus colaboradores descubrieron que las madres son más propensas a considerar que los olores de sus hijos resultan agradables que las mujeres sin descendencia. El sistema olfativo femenino transforma la percepción del olor a través de la amígdala me- dia. Michael Numan, del Colegio Universitario de
  26. 26. 24 MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 NEUROBIOLOGÍA Boston, y sus colaboradores sugieren que dicha área cerebral actúa como eje del sistema olfativo, lugar al que llega la información olorosa para el procesamiento de su contenido emocional. Los ajustes del olfato ayudan a afianzar los lazos entre madre e hijo, ya que convierten en atrayentes los olores del bebé. Antes de tener a su primer hijo, Liz evitaba los olores de los niños, incluso de los de sus parientes. Sin embargo, el nacimiento de su primogénito le enseñó que no le importaba nada sumergir la nariz en el pañal de la criatura para comprobar si necesitaba cambiárselo. Cautela y coraje Ahora bien, si Liz dirigiese su atención tan solo al bebé, tanto el crío como ella misma perecerían. También una rata hembra que permanece en el nido con sus crías condena a su prole a morir de hambre y sed. En ambas especies, las progenitoras deben repartirse el tiempo para atender a todas sus responsabilidades. Las mujeres no son, pues, las únicas criaturas del reino animal que deben lidiar con las diversas tareas. Para que una rata pueda combinar el cuidado de su prole con la búsqueda de comida, la sus- tancia gris periacueductal (SGPA), situada en el área del mesencéfalo, actúa como cortacircuitos. En 2010, investigadores de la Universidad de San Pablo propusieron que la SGPA determina entre salir a buscar comida y actuar de forma mater- nal según la información que recibe del sistema límbico cerebral, un conjunto de estructuras que gobierna las conductas de supervivencia. Aunque todavía no se ha identificado en los humanos el equivalente exacto de la función que la SGPA de- sempeña en las ratas para compaginar las activi- dades, existen múltiples indicios de la capacidad sobrehumana de una madre para la multitarea, posible reflejo de una adaptación similar. Cuando una madre se aventura al entorno, pone en riesgo a su vulnerable bebé. No obstante, probablemente se halla más preparada que antes frente a amenazas potenciales, incluso exagerán- dolas. Investigadores de la Universidad Federal de Ciencias de la Salud de Porto Alegre han demos- trado alteraciones en la arquitectura dendrítica del núcleo medio de la amígdala, área que ade- más de desempeñar una importante función en el sistema olfativo, controla los mecanismos de defensa y la conducta de evitación. Cuando Liz va a comprar, recorre la tienda con la atención puesta en evitar posibles peligros para su bebé (como el individuo repulsivo junto a la sección de las revistas o los adolescentes inmaduros que se divierten con la máquina expendedora). Es proba- ble que Liz también muestre más audacia frente a algún problema. DREAMSTIME/ARNE9001 SUPERMADRES La aparente capacidad so- brehumana de una madre para la multitarea podría estar controlada por la sus- tancia gris periacueductal, región cerebral que ayuda a las ratas con crías a combi- nar la tarea de aventurarse en busca de comida con la de quedarse en el nido y desarrollar una conducta maternal. El embarazo convierte a un organismo egocéntrico en uno dedicado al cuidado de otro ser
  27. 27. MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 25 En nuestro laboratorio de la Universidad de Richmond, Jennifer Wartella colocó ratas con crías y otras vírgenes en un laberinto estresante en campo abierto. Descubrió que las primeras se mostraban menos proclives a quedarse parali- zadas, exploraban el terreno con mayor rapidez y parecían tener menos miedo que las vírgenes. También presentaban menor cantidad de neuro- nas activadas en la amígdala. Una rata hembra que controla el miedo busca alimento con más eficiencia y regresa con mayor rapidez al nido que una temerosa. La capacidad de descifrar las claves del entorno facilita que una madre se mueva por los lugares. Kelly Rafferty y sus compañeros investigaron re- cientemente en nuestro laboratorio la capacidad de planificar con antelación. Para ello introduje- ron ratas hembra con crías y otras vírgenes en un laberinto desconocido para ellas y que contenía agua. A continuación devolvieron las ratas a sus respectivas jaulas; en algunas de ellas habían co- locado un bebedero con agua; en otras, no. Poste- riormente, colocaron de nuevo a los roedores en el laberinto provisto de agua. Las hembras con progenie asignadas a una jaula sin agua pasaron más tiempo cerca de los recipientes del laberinto; también bebieron más en comparación con las ratas con crías que sí habían tenido acceso a la bebida. Incluso se abastecieron de más líquido que las hembras vírgenes, dispusieran o no de agua en sus respectivas jaulas. Tras considerar las po- tenciales diferencias en la sensación de sed de los animales, los neurocientíficos concluyeron que las hembras con crías anticipaban una situación futura y actuaban conforme a esta. Experimentos anteriores demuestran que las ratas con crías son más diestras en las tareas que requieren mayor atención. Kelly Lambert, del Colegio Universitario Randolph-Macon, y sus co- laboradores recopilaron otras pruebas de su pers- picacia. En 2009 revelaron que cuando se trata de identificar una señal que, entre varias, indica el acceso a la comida, las hembras que tienen crías responden mejor. Por otro lado, Amy Au y Tommy Bilinski identificaron en nuestro laboratorio una capacidad reforzada en los múridos para deducir el significado de los símbolos. Para ello, diseñaron experimentos en los que ratas hembra, colocadas en un entorno concreto, aprendían a asociar un triángulo o un conjunto de líneas onduladas con una recompensa de comida. Al trasladarlas a un nuevo escenario, las hembras lactantes transfirie- ron sus conocimientos del antiguo lugar al nue- vo entorno mejor que las vírgenes, respuesta que sugiere que habían prestado una mayor atención a los detalles. El cerebro de una madre humana también sufre una metamorfosis estructural. En 2012, Pilyoung Kim, del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, descubrió, junto con sus cola- boradores y mediante imágenes por resonancia magnética, que la materia gris del cerebro de las madres aumentaba durante las semanas y meses después de parir. La materia gris consiste en una capa de tejido repleto de neuronas (de hecho, su nombre se debe al color de los somas celulares). El crecimiento observado se daba sobre todo en CORTESÍADELOSAUTORES PÚAS DE TRANSMISIÓN Las espinas dendríticas son pequeñas protuberancias nudosas de las neuronas que crecen con mayor densidad en el cerebro de una mujer embarazada. Dichas prolonga- ciones aceleran la transmisión de señales entre las células cerebrales. Los pacientes con ciertos trastornos psiquiátri- cos presentan un crecimiento anormal de espinas.
  28. 28. 26 MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 NEUROBIOLOGÍA el mesencéfalo, en los lóbulos parietales y la cor- teza prefrontal. Dichas áreas cerebrales se hallan implicadas en el cuidado infantil. Las madres con mayor incremento del volumen de materia gris también manifestaron una percepción más posi- tiva de sus bebés. La morfina maternal A medida que se acerca el momento del parto, se ponen en marcha hormonas poderosas. Aunque las más patentes son la oxitocina (estimula las contracciones uterinas y la subida de la leche) y la prolactina (instiga la producción de leche), exis- ten otras hormonas que provocan cambios en el cerebro. En este sentido, neuroanatomistas de la Universidad Victor Segalen Burdeos 2 han obser- vado una remodelación estructural drástica del hipotálamo, regulador de las hormonas asociadas a conductas emocionales básicas (el sexo y la lu- cha, entre otros). Las neuronas del área preóptica media (APM), una parte del hipotálamo, crecen en tamaño y aumentan su actividad. De hecho, las lesiones en el APM pueden eliminar el compor- tamiento maternal. El hipotálamo aumenta la sensación de placer de una madre. Robert S. Bridges, de la facultad de medicina veterinaria Cummings de la Universi- dad de Tufts, y sus colaboradores descubrieron que las concentraciones de receptores opiáceos en ratas hembra variaban en función de si estas eran vírgenes, estaban preñadas o en período de lactancia. Ahora bien, el fenómeno se debilita con la experiencia. Según se ha comprobado, las mu- jeres que pasan por varios embarazos muestran un descenso de la sensibilidad hacia sus propios opiáceos, de forma semejante a las personas con drogadicción, quienes requieren dosis más eleva- das para estimularse. La analogía de la droga, por cierto, no es fa- laz. Los animales pueden mostrar un compor- tamiento maternal solo porque se sienten bien. Muchas madres humanas declaran que experi- mentan placer cuando amamantan a su bebé. De la misma manera, cuando la cría chupa el pezón de la rata, el cerebro de esta última recibe una «dosis» de opiáceos estimulantes. No obstante, el cuerpo del roedor pone un límite natural: mien- tras las crías maman, la temperatura corporal Cerebro en obras Las mujeres experimentan los cambios cerebrales más espec- taculares durante el embarazo y tras el parto. Los hombres tam- bién sufren una transformación cognitiva importante. Debajo se muestran algunas de las regiones que participan cuando los progenitores empiezan a criar a un niño. Aunque numerosos descubrimientos son preliminares y se basan en estudios en roedores, los indicios sugieren que el cerebro de madres y pa- dres adquiere flexibilidad para lidiar con los retos de la crianza [véase «Cerebro y paternidad», por Brian Mossop, en este mismo número]. Corteza prefrontal Aumenta la materia gris. Hipotálamo En el área preóptica media, las neuronas aumentan de tamaño y son más activas. El número de receptores de opiáceos se incrementa. Amígdala medial Controla la respuesta de una madre a la agresión y a la amenaza. Se piensa que es el centro donde se procesan las señales del olor, convirtiéndola en vital para los progenitores. Sistema olfativo Padres y madres generan nuevas neuronas. Lóbulo parietal Aumenta la materia gris. Sustancia gris periacueductal La actividad de esta área hace que las madres rata alternen entre alimentar a sus crías y aventurarse en el mundo. Mesencéfalo Aumenta la materia gris. Hipocampo Las espinas dendríticas se vuelven más densas. En el padre se generan neuronas. SCIENTIFICAMERICANMIND/MELISSATHOMAS
  29. 29. MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 27 interna de la hembra aumenta, de manera que comienza a sentirse incómoda y, finalmente, se aparta. Más tarde, deseosa de otra dosis de opiá- ceos, la rata vuelve al nido, las crías a sus ubres, y el ciclo comienza de nuevo. Un beneficio añadido de las hormonas mater- nas es que pueden aumentar la resistencia del cerebro. En 2010, Teresa Morales Guzmán, de la Universidad Nacional Autónoma de México, de- mostró que el encéfalo de una hembra lactante es más resistente a los efectos de una neurotoxina: las hormonas de la preñez construyen una especie de escudo neuronal que protege a las hembras rata de daños que podrían comprometer su ca- pacidad para cuidar de las crías. Mejores conexiones El continuo flujo y reflujo de hormonas esteroides provoca la aparición de protuberancias diminutas en las células cerebrales. Se trata de las espinas den- dríticas, unas pequeñas prolongaciones similares, en apariencia, a las espinas del tallo de una rosa. Las extensiones dendríticas incrementan la su- perficie de una neurona y permiten más contacto sináptico, por lo que mejoran el procesamiento de la información. Pueden crecer en una neurona des- pués de una estimulación hormonal o de repetidos episodios de estimulación originada por las células nerviosas con las que se halla en conexión. Nuestro laboratorio ha incorporado descubri- mientos previos de la Universidad Rockefeller que mostraban que la densidad de espinas dendríti- cas en el hipocampo aumentaba de acuerdo con los cambios hormonales del ciclo estral de la rata hembra (similar al ciclo menstrual en la especie humana). Aunque es más conocido por su función en la memoria, el hipocampo también se encuen- tra implicado en el comportamiento maternal. Tras unas pocas horas con los estrógenos elevados, aumentaron de manera importante las espinas dendríticas en las hembras rata. No obstante, la sola presencia de estrógenos no origina las prolongaciones dendríticas, según pu- dimos observar. Analizamos tres grupos de ratas: hembras al final de la gestación, hembras tratadas con un medicamento que remeda las hormonas del tramo final de la gestación, y hembras que han empezado a amamantar. Los tres grupos mostra- ban un incremento notable de las concentracio- nes de espinas dendríticas, pero a diferencia de los otros dos grupos, las lactantes manifestaban nive- les de estrógenos muy bajos. Al parecer, aunque las hormonas de una rata progenitora inician el creci- miento de las espinas, el proceso se mantiene por la gran cantidad de estímulos que genera la cría. Ante tal proceso de remodelación, no sorprende que numerosas mujeres se quejen del «cerebro de embarazo». El daño colateral de estos cambios sería un fallo de memoria ocasional, según descubrió J. Galen Buckwalter, de la Universidad del Sur de California, junto con sus colaboradores. Observaron que las mujeres embarazadas y las madres recientes obtenían peores resultados en las pruebas de recor- dación de palabras y números en comparación con las participantes no gestantes pero de edad similar. Las tareas que no estaban relacionadas con el cui- dado de un niño parecían resentirse. El resultado final, en su mayor parte, compen- sa con creces los contratiempos que una madre pueda experimentar mientras se reestructura su cerebro. Tener hijos implica comprometer la pro- pia salud, seguridad y supervivencia. El sistema de comportamiento de una madre se pone en fun- cionamiento para proteger y defender esa inver- sión. Con el panorama de un cerebro zarandeado por las hormonas del embarazo y las presiones de la maternidad, la madre emerge más eficiente y preparada para sobrevivir. Para Liz, la compensación ante los inconve- nientes de la maternidad no proviene solo de la ciencia, sino también del corazón. Cuando termi- nábamos de escribir este artículo había dado a luz a una niña sana. Toda la neurobiología del mundo resultaba insignificante comparada con ese mara- villoso e indescriptible vínculo que existe entre una madre y su bebé. La ciencia puede explicar el cerebro materno, pero el verdadero milagro ­—­especialmente cuando colocas la manta alre- dedor de la barbilla de la niña mientras duerme entre tus brazos— podría ser simplemente la belleza de la existencia de una nueva criatura. Para saber más The mommy brain. Katherine Ellison. Basic Books, 2006. Motherhood induces and maintains behavioral and neural plasticity across the lifespan in the rat. Craig H. Kinsley et al. en Archives of Sexual Behavior, vol. 37, n.o 1, págs. 43-56; febrero, 2008. The construction of the maternal brain: Theoretical comment on Kim et al. Craig H. Kinsley y Elizabeth A. Meyer en Behavioral Neuroscience, vol. 124, n.o 5, págs. 710-714; octubre, 2010. The plasticity of human maternal brain: longitudinal changes in brain anatomy during the early postpartum period. Pilyoung Kim et al. en Behavioral Neuroscience, vol. 124, n.o 5, págs. 695-700; octu- bre, 2010. The lab rat chronicles: A neu- roscientist reveals life lessons from the planet’s most suc- cessful mammals. Kelly Lam- bert. Penguin Press, 2011. Reproductive experience may positively adjust the trajec- tory of senescence. Craig H. Kinsley et al. en Current Topics in Behavioral Neurosciences, dirigido por M. C. Pardon y M. Bondi. Springer, vol. 10, págs. 317-345, 2012. Craig Howard Kinsley ocupa la cátedra MacEldin Trawick de psicología de la Universidad de Richmond. Elizabeth Meyer es investigadora posdoctoral en el departamento de psicología y el Centro de Neurociencia de la misma universidad. Las hormonas forman un escudo neuronal que protege a la futura madre de las amenazas que podrían comprometer su capacidad para cuidar del niño
  30. 30. 28 MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 NEUROBIOLOGÍA E n 2010 conocí a Landon, mi sobrino de cuatro meses. Fue en un fin de se- mana, en San Diego. Empujado por mi curiosidad científica, me descubrí probando los reflejos del pie del niño. Sin que nadie me lo pidiera, explicaba al resto de adultos de la familia por qué el pequeño arqueaba los dedos de esa u otra forma. Pero las expresio- nes de desaprobación de mi mujer y las miradas en blanco de los padres recién estrenados me hi- cieron desistir de la incursión exploradora para centrar mi conversación en torno al bebé y a su desarrollo. Las experiencias iniciales resultan cruciales para la salud del bebé o de cualquier cría ani- mal. Los primeros días tras el nacimiento, el en- céfalo se asemeja a una esponja que se empapa de su entorno sensorial. Los estímulos visuales y olfativos, baladí para un adulto, desempeñan un impacto muy diferente en los impresionables recién nacidos, cuyo cerebro se forma mientras intentan darle sentido al desconocido mundo que les rodea. Con todo, en esta visita a la familia, me impresionó más la remodelación de mi cuñado, por entonces de 26 años, que la conducta de mi nuevo sobrino. Siempre he considerado a Jack el hermano pe- queño de mi esposa. Lo conocí cuando él contaba 19 años; era un chaval inmaduro, alto y desgar- bado. Se alistó en la Armada nada más terminar el bachillerato. Como veterano de la guerra de Irak, conflicto en el que participó en dos ocasio- nes, probablemente vio más mundo en seis años que la mayoría de nosotros en toda la vida. A menudo nos narraba su repertorio de historias de marineros en las reuniones familiares. Ahora, en solo unos meses, Jack ha anclado su vida en tierra para convertirse en un entregado padre primerizo. Pese a sus vivencias bélicas, sin duda la crianza de Landon supondrá para Jack el mayor desafío vital hasta ahora. Le guste o no, su vida cambiará de manera drástica: no solo será legal y económi- camente responsable de Landon durante los dos próximos decenios, sino que creará y mantendrá un lazo emocional inquebrantable con su hijo. Durante los primeros días del bebé se produ- cen cambios en el cerebro de este, pero también en el del padre: permanecer cerca del retoño le proporciona ventajas cognitivas por el hecho de ocuparse de él. En cambio, la ausencia del proge- nitor deja huellas en el encéfalo del hijo. Aunque los resultados son todavía preliminares, se puede esbozar un retrato neuronal sobre el vínculo entre padre e hijo. Poco antes de dar por finalizada mi visita re- lámpago, confirmé que Jack había empezado a aceptar una nueva identidad. Llevaba semanas in- tentando sujetar la sillita del cochecito de Landon al asiento de atrás de su Mazda RX-8 trucado. Ante la imposibilidad de conseguir su objetivo, desistió y optó por una solución más factible: cambiar el automóvil deportivo por un monovolumen que le permitiese transportar con mayor facilidad al pequeño. La transformación de las redes celulares del cerebro de Jack se había puesto en marcha. Descifrar la paternidad Para desterrar las raíces del sentimiento paternal hay que saber primero dónde buscar. La paterni- EN SÍNTESIS Simbiosis cerebral 1La influencia mutua en- tre padre e hijos resulta beneficiosa para el cerebro de ambos. 2El cerebro de un proge- nitor crea neuronas su- plementarias y experimenta cambios tras el nacimiento de un niño. 3La presencia de la figura paterna desde que se nace puede influir en el de- sarrollo de comportamien- tos sanos posteriores. Cerebro y paternidad Cuando un hombre se convierte en padre, su encéfalo experimenta una renovación neuronal en beneficio del hijo BRIAN MOSSOP
  31. 31. MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 29 dad no parece asemejarse en nada a la maternidad [véase «Cerebro y maternidad», por C. H. Kinsley y E. Meyer, en este mismo número]. Durante los nueve meses de embarazo, la oxitocina, además de otras hormonas, corre por el cuerpo de la mujer, de manera que forja un lazo bioquímico con el bebé. Incluso los corazones de ambos se sincroni- zan mientras el niño se encuentra en el útero. Tras el parto, la lactancia materna sirve de alimento natural para el recién nacido. Las ventajas que el padre ofrece al bebé resul- tan menos obvias. Si bien los varones colaboran en la concepción del futuro retoño, no resultan cruciales para la supervivencia del niño una vez ha nacido. Sin embargo, las investigaciones mues- tran que el vínculo entre padre e hijo supone una contribución importante. Si un padre deja que sus hijos se críen solos con la madre, aumenta la posi- bilidad de que, más adelante, los hijos presenten problemas emocionales, de agresividad, además de adicciones. En 2008, uno de cada cuatro niños estadouni- denses vivía con su madre frente a un escaso 4 por ciento que residía solo con el padre. En 2011, un tercio de los cerca de doce millones de familias monoparentales en Estados Unidos se encontraba por debajo del umbral de la pobreza. Quizá debido a las dificultades para llegar a fin de mes, los hijos de padres o madres sin pareja presentan un rendi- miento académico y una autoestima bajos, además de dificultades para establecer relaciones sociales. Pero si hasta hace poco las grandes encuestas po- blacionales constituían la herramienta más efecti- va para investigar la contribución de un padre en la educación de su vástago, el interior del cerebro descubre nuevas pistas. La neurociencia encaja una parte fundamental del rompecabezas: los mecanis- mos biológicos del vínculo paternofilial. Tomemos el llanto de un niño. En 2003, Erich Seifritz, de la Universidad de Basilea, junto con su equipo observaron mediante imágenes por re- sonancia magnética funcional que a los padres, EL UNO PARA EL OTRO El cerebro de un bebé parece preparado para el contacto con un padre. De forma recí- proca, relacionarse con su hijo confiere ventajas cognitivas al progenitor. FOTOLIA/OKSIX
  32. 32. 30 MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 NEUROBIOLOGÍA igual que sucede a las madres, se les activaban ciertas áreas cerebrales con un patrón caracte- rístico al oír el lloro del crío. Los probandos sin hijos no mostraron tal reacción cerebral. Aunque no se logró establecer con exactitud las transfor- maciones en el cerebro de los padres, este parecía distinguir los sonidos fundamentales para la su- pervivencia y el bienestar del bebé. El cerebro, después de todo, no es estático. Las neuronas se reconectan de forma constante en respuesta a nuevas experiencias y cambios del entorno. Asimismo, pueden originarse células nerviosas nuevas. Aunque no se conocen por completo los mecanismos de esta neurogénesis, sí se relaciona el crecimiento de células cerebra- les adicionales con el aprendizaje de contenidos nuevos [véase «Estimulación de la regeneración cerebral», por B. Berninger y M. Götz; Mente y cerebro, n.o 41, 2010]. Estimular la capacidad intelectual A partir de estas observaciones, Gloria K. Mak y Samuel Weiss, de la Universidad de Calgary en Al- berta, diseñaron una serie de experimentos para entender el modo en que el hijo remodela el cere- bro del padre. En 2010 revelaron que el encéfalo de un ratón macho con crías se reconectaba y produ- cía neuronas adicionales. Estas células nerviosas formaban nuevas vías de conexión o circuitos los días siguientes al nacimiento de la camada. En el bulbo olfativo del macho se originaban neuronas que respondían de forma específica a los olores de las crías; en el área cerebral del hipocampo (centro crucial de la memoria) crecía otro conjunto de células nerviosas, las cuales, al parecer, ayudaban a consolidar el olor de las crías en la memoria a largo plazo del ratón adulto. Este solo generaba las neuronas extra si permanecía en la ratonera. Por el contrario, si se sacaba al macho de la jaula el día del nacimiento de las crías, su cerebro no presentaba cambio alguno. Según Weiss, la expe- riencia de la paternidad «no solo cambia aquello que ya existe [en el cerebro], sino que desarrolla algo nuevo al servicio de la relación». Las neuronas ubicadas en la nariz de los ma- míferos emplean receptores especiales del olor para detectar aromas y transportar la informa- ción al bulbo olfativo, centro de integración de nuestro sentido del olfato. En el caso de los roe- dores experimentales, las neuronas no aparecían de la noche a la mañana con solo olfatear a las crías. Mak y Weiss colocaron una malla de un lado a otro de la jaula para separar al padre de la prole. No observaron que se crearan células cerebrales adicionales. Dicho experimento y otros similares señalan que ni el nacimiento de las crías ni los olores respectivos alteran por sí solos el encéfalo de un progenitor macho, más bien el ejercicio de la paternidad provoca la dosis extra de neuronas, afirma Weiss. De esta manera, el contacto físico con las crías, acompañado de la experiencia de sus olores, origina la formación de neuronas. Ahora bien ¿es la relación con un hijo diferente de la que se tiene con un amigo? Pocas semanas de separación suelen bastar para que un ratón adulto se olvide por completo de sus compañe- ros de jaula. Mak y Weiss demostraron que el vínculo entre padre e hijo resulta más fuerte que con un amigo. En su investigación, las neuronas que surgieron de la relación paternofilial crearon sus propios circuitos cerebrales, de manera que favorecieron la producción de recuerdos a largo plazo y, por tanto, vínculos duraderos. Con la creación de esas nuevas vías para la memoria, los progenitores macho reconocieron con facilidad a sus crías por el olor, incluso después de per- manecer separados durante tres semanas. Weiss indica: «Nos está costando entender por qué na- cen nuevas neuronas en el cerebro de todos los mamíferos, incluido el de los humanos. Parece que una de las funciones principales consiste en adaptarse al cambio, formar nuevos circuitos y, en este caso, crear una “memoria social” entre el padre y sus hijos». CAMBIOS DE CONDUCTA Los circuitos cerebrales de un varón que renuncia a su auto- móvil deportivo a cambio de un monovolumen han debido de sufrir, sin duda, alguna modificación. La alteración neuronal empuja al hombre a comportarse de forma pa- ternal. En apariencia, el vínculo intangible de la paternidad no se parece en nada a los lazos existentes entre madre e hijo ISTOCKPHOTO/MARKBOWDEN
  33. 33. MENTE Y CEREBRO 58 - 2013 31 De tal madre, tal padre Para cristalizar los recuerdos sociales, el cerebro depende de hormonas que controlan la conexión de las neuronas nuevas. Mak y Weiss descubrieron que la capacidad de un padre para formar células cerebrales se encuentra a merced de la hormona prolactina, la misma responsable de la produc- ción de leche en la madre. Si suprimían la capa- cidad encefálica para producir prolactina, el mú- rido no producía neuronas relacionadas con la paternidad. En los humanos, de forma análoga al vínculo maternofilial, el padre con niveles altos de oxito- cina («hormona del amor») manifiesta instintos y motivaciones paternales más fuertes en los pri- meros meses de la vida de su hijo. En diciembre de 2012, Atsuko Saito, de la Universidad de Tokio, ahondó un poco más en el asunto a partir de su estudio de los hábitos de compartir comida que presentan los progenitores del mono tití. Estos alimentan a sus crías durante los primeros cuatro meses. Después de medio año empiezan a ignorar a su ya adolescente descendencia, de manera que conservan la comida para ellos mismos. Con el fin de analizar el cambio de conducta descrito, los in- vestigadores inyectaron oxitocina en el cerebro de los progenitores macho. Con independencia de la dosis que se les había administrado, los animales tendían a satisfacer los requerimientos alimenti- cios de la camada; por otro lado, no presentaban cambios de apetito. La prolactina y la oxitocina se encuentran ligadas fuertemente a la interacción social, por lo que su implicación en el vínculo paternofilial no resulta extraña. Según señalaron Elizabeth Gould, de la Universidad de Princeton, y sus colaboradores en un artículo de revisión publicado en octubre de 2010, también las hormonas relacionadas con el sexo y el estrés influyen en la conducta paterna. Gould detalla la conexión entre el cortisol, hor- mona del estrés en los humanos (equivalente a la corticosterona en los roedores), y las variaciones estructurales en el cerebro. Aunque el estrés suele propiciar una connotación negativa, Gould y sus colaboradores han mostrado en roedores que el estrés puede tener consecuencias buenas o malas para el cerebro, dependiendo, en gran medida, del contexto. Las situaciones estresantes negativas, como cuando se sumerge a los animales por un corto período de tiempo en agua fría o se les ex- pone a la presencia de un depredador natural, producen efectos negativos en el encéfalo, ya que reducen su capacidad de formar neuronas y de reprogramarse. En cambio, según publicaron en julio de 2010, factores estresantes como el ejer- cicio o el sexo, que también disparan los niveles de corticosterona en los múridos, estimulan el crecimiento de nuevas células cerebrales. Al pa- recer, los desafíos de la paternidad encajan a la perfección en la categoría del estrés bueno. Según lo expuesto hasta ahora, las hormonas sexuales masculinas parecen ligadas al nacimiento La capacidad de un padre para crear nuevas neuronas se encuentra a merced de la prolactina, hormona que controla la producción de leche en las madres EL PADRE IMPORTA Los niños que crecen sin padre tienen mayor riesgo de de- sarrollar problemas emociona- les, de agresividad y adicción. FOTOLIA/STEFANOLUNARDI

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