La autora reflexiona sobre cómo se siente más plena y consciente de sí misma a medida que envejece, en contraste con la creencia de que las personas se vuelven invisibles cuando envejecen. Ahora se acepta a sí misma, defectos y todo, y disfruta cada momento en lugar de perseguir la perfección. Se da cuenta de que su felicidad depende de ella y de que la vida es hermosa a pesar de sus altibajos.