El autor sugiere que muchas personas que visitan su consultorio y se sienten deprimidas o tristes en realidad necesitan un "amante", que es aquello que los apasiona y les da motivación y sentido a la vida. Un amante puede ser una pareja, pero también puede ser una actividad como la investigación, la literatura, la música u hobbies que mantienen a la persona comprometida con la vida y evitan que "vegeten" o se dediquen solo a subsistir sin propósito.