Franco despierta de un coma y conversa con una enfermera sobre la situación política actual en España. Se muestra complacido al enterarse de que muchos de los cargos políticos y mediáticos siguen estando ocupados por hijos y nietos de sus antiguos colaboradores falangistas, como Juan Luis Cebrián, José Bono y Mariano Rajoy. También se alegra de que aparentemente no haya cambiado mucho respecto a sus valores y a la forma en que guiaban el país durante su dictadura.