El Credo del Pueblo de Dios, proclamado por Pablo VI el 30 de junio de 1968, establece la profesión de fe católica, enfatizando la unidad en la Trinidad y la encarnación de Jesucristo. El documento subraya la importancia de mantener la doctrina cristiana en un mundo cambiante, reconociendo la acción del Espíritu Santo y el papel de la Iglesia. Además, aborda temas como el pecado original, el bautismo, y la misión de la Iglesia de difundir la verdad revelada por Dios.