El Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad y es Dios mismo. Actúa en la creación, en la vida y obra de Cristo, y en la obra de Dios en general. En esta era, mora en los creyentes, los renueva, los bautiza en el cuerpo de Cristo, y los sella como propiedad de Dios. Su principal propósito es glorificar a Cristo y enseñar a los creyentes, dándoles poder para vivir victoriosamente y convencer a los incrédulos.