El documento habla sobre la importancia de la integridad y la doctrina en la iglesia. Explica que la integridad significa ser fiel a los estándares éticos de uno mismo y de Dios, sin hipocresía. También define la doctrina como la enseñanza autorizada de la Biblia. Advierte que cuando las iglesias abandonan la Biblia como su norma, la verdad se ve comprometida. Exhorta a los creyentes a defender firmemente la verdad bíblica y a proclamar sobre todo a Cristo crucificado.