El Espíritu Santo juega varios roles importantes en la vida del creyente. Convence al pecador de su culpa, regenera al pecador transformándolo en una nueva creación, y sella al creyente como propiedad de Dios. Además, el Espíritu Santo dota al creyente con poder para vivir victoriosamente y guía al creyente a entender la voluntad de Dios.