La leyenda de la luciérnaga y la serpiente ilustra cómo a veces enfrentamos ataques sin haber hecho daño a nadie, simplemente por brillar. La moraleja nos anima a seguir siendo auténticos y a no permitir que los demás apaguen nuestro brillo. Además, el mensaje se extiende, instando a compartir esta luz con otros, creando un impacto positivo en quienes nos rodean.