[Titulo de la historia aquí]
INICIO.
John volvía de hacer un trabajo fácil que le había mandado Rick, su jefe.
Consistía en asustar a un grupo de turistas que venían de un país europeo a
hacer turismo sexual con menores.
No debía tomar sus vidas, ya que eran personas importantes, pero su trabajo
consistía en darles un escarmiento equivalente a su perversión. A él le
encantaba esta clase de trabajos ya que no perdía demasiado tiempo y le pagaban
una buena suma, además la única condición era no matar a ninguno de ellos, así
que tenía libre albedrio para asustarlos, podía hacer cualquier cosa.
Comenzó yendo al hotel donde se hospedaban.
John vestía un traje de seda italiana color negro, llevaba una impecable camisa
blanca que parecía brillar de lo impoluta que estaba, unos botines negros
relucientes y una corbata ancha de un verde oscuro que emanaba cierta clase con
unos estampados muy bien marcados, parecía mas cara de lo que en realidad era;
Para finalizar llevaba un modesto maletín negro en el que llevaba: Una camisa
blanca igual a la que llevaba puesta, una corbata igual a la que vestía y un
estuche que ocultaba una Göenhamer de 9mm con su silenciador puesto, dispuesta
a ser utilizada en cualquier momento.
-Buenos días señorita... Marie -Dijo John a la recepcionista después de mirar la
placa que llevaba con su nombre- Busco la habitación del señor Richard
Stolzmann, soy su hijo, Bred, vengo a dejarle unos documentos que se dejó en la
oficina, y son cruciales para la reunión en la que él se encuentra ahora
mismo... ¿Me podría decir en que habitación se hospeda, por favor? -Expresó John
con una sonrisa modesta decorada con sus ojos penetrantes ojos azulados.
-No sé... no se me permite dar esa información caballero, discúlpeme.
-No me he explicado bien, discúlpeme, estos documentos son realmente
importantes, si no se los doy ahora perderemos mucho dinero, no se imagina
cuanto, y solo tengo esta oportunidad para demostrarle a mi padre que no soy un
inútil y que me preocupo por la empresa... Le juro que sus superiores no se
enterarán, me hará un favor que le sabré agradecer.
John sacó un fajo de billetes, que, por la cara de la mujer, era un cantidad
jugosa, luego sacó un papel en blanco en el que escribió "Habitación Número: ? "
-Tome, acepte esto por las molestias-Le da el fajo y la nota. -Iré a tomarme un
Whiskey al bar del hotel, vendré luego a por mi nota, espero que no le moleste.
-De ninguna manera, caballero. -Dijo la recepcionista con una sonrisa comprada
muy falsa.
Era una buena manera de conseguir información de cualquier persona, darle una
buena suma de dinero falso. Solo era efectivo con personas de a pie ya que
apenas sabían la diferencia entre el dinero real y el falso que él les daba,
además le divertía comprobar la codicia de las gente.
"Habitación Número: 203 Suite Sueño Imperial"
"Que nombre mas presuntuoso y ridículo para una habitación."-Pensó John al leer
la nota.
Golpeó dos veces en la puerta de aquella habitación. Le abrió el sujeto, Richard
Stolzmann. Era un hombre viejo, pero tenía buen porte, era de esas personas que
sabían ocultar muy bien el monstruo que llevan dentro, se parecía demasiado a
John en ese aspecto.
-Buenos días señor Stolzmann, usted no me conoce, pero vengo a entregarle algo
realmente importante. -Predicó con la sonrisa que usaba para crear confianza con
sus semejantes mientras le daba un par de palmaditas a su maletín.
-Disculpe pero no le conozco y estoy ocupado, ¿que clase de importancia tiene
aquello?
-Vital, me atrevería a decir. -Dijo sin dejar esa sonrisa tan característica y
tan modesta.
-Entiendo, pues le doy unos minutos, y espero que sea importante, pase por
favor. -Richard Stolzmann cometió el error de dejarle pasar.
Se encontraba con los sujetos que le había enseñado Ricky en una ficha
informativa, los sujetos que acompañaban a Richard en su turismo enfermizo. Eran
4 personas en la habitación sin contar a John, todos sobrepasaban los 45 años,
como mínimo, pero Richard Stolzmann era la única persona que no parecía un
enfermo. Los otros hombres, vestían bien, pero emanaban un aura monstruosa, a
John le asqueaba el ambiente que flotaba en la habitación.
En su cabeza calculaba a mucha velocidad que problemas tendría a la hora de
darles el escarmiento que se merecen y llegó a la conclusión de que no habría
fallo alguno. No parecían llevar armas y eran personas que físicamente no
lograrían hacerle daño a John.
-Dígame señor...
-Bred, Bred Schieff.
-Señor Bred, ¿Que es lo que me tiene que mostrar, tan importante como para venir
usted en persona hasta mi hotel y sin avisar?
-Está bien, como le dije, es algo de importancia vital, se lo prometo.-Se puso
el maletín en las piernas- Me he enterado de que usted y aquellas personas que
se encuentran con usted vinieron de... turismo a mi país-Abrío el primer cierre
de su maletín -¿Es así?
-Es así, ¿Y qué?
-Bien, pues me envía una persona, usted no la conoce, ni hace falta que la
conozca, solo estoy aquí para dejarle un mensaje -Abrió el segundo cierre del
maletín-No comprendo.
-Lo comprenderá ahora. No se preocupe.
John abrió todos los cierres del maletín y abrió la cubierta del mismo
finalmente. A una velocidad enfermiza desenfundó su Göenhamer de 9mm y apuntó
con ella hacia la cabeza de Richard Stolzmann.
-¿Sabe usted por qué estoy haciendo esto?
-Que demonios esta haciendo, ¡Quien es usted!
Los individuos de la sala permanecían inmóviles contemplando aquella escena.
-No hago nada, solo vengo a darle el aviso del que le informé antes, ¿De
acuerdo?
-Por favor, no me haga daño, le pagaré mucho dinero, enserio, no hay problema
tengo demasiado, ¡¿Cuanto quiere!? ¡Lo tengo aquí mismo, y en efectivo!
-Señor Richard, parece que no me ha oído, tranquilícese, solo vengo a dejarle un
aviso, no podrá pararme, así que deje de ser tan patético, y espero que sus
compañeros no hagan ninguna tontería, o esto será mas violento de lo que espero.
Y usted será la primera victima.
John daba mucho miedo cuando decía esa clase de cosas mientras sonreía.
-Vale, vale, me tranquilizaré, míreme, no voy a hacer nada. -Dijo Richard
Stolzmann hecho un manojo de nervios.
-Asi me gusta. Ronda de preguntas señor Stolzmann, ¿Que opina usted sobre las
violaciones?
-¿D-disculpe?
-Respuesta equivocada.
Le disparó en una pierna, uno de los compañeros de aquel monstruo pegó un grito.
-Repito la pregunta. ¿Que opina usted de las violaciones, señor Stolzmann?
-Por qué hace esto, ahhgg, por favor, déjeme en paz...-Dijo débilmente Stolzmann
ahogado por el dolor.
-Odio que ignoren mis preguntas. -John borró su sonrisa y volvió a disparar en
la misma pierna.
-aaaah! Por favor, pare aaaaah!
-Está bien, le haré la pregunta por ultima vez. ¿Que cojones opina usted de las
putas violaciones?-Dijo John levantando la voz.
-Opino... ahhg.. no lo sé, que están mal.. ahg... -Sollozó entre lagrimas
Richard Stolzmann.
-Buena respuesta, están mal… realmente mal. ¿Verdad? -Dijo mirando a los
compañeros de Richard.
Todos asintieron con la cabeza temerosamente.
-Bien. Pues entonces, señor Stolzmann, estará de acuerdo en que un conjunto de
monstruos como ustedes debería recibir un escarmiento, ¿No?.
-No le entiendo... ahg...-Expresaba aquel hombre herido mientras lloraba.
-Sé que ustedes vienen a mi país a aprovecharse de niños huerfanos o
secuestrados de una manera asquerosa, ustedes, hijos de puta, piensan que el
dinero lo compra todo, que por poseerlo pueden hacer cualquier cosa, afecte a
quien le afecte, pero por desgracia se han topado con una persona a la que no le
importa demasiado las riquezas y que, pues en este momento tiene un arma de 20
cargas. Les diré lo que voy a hacer. Quiero que ustedes, hijos de puta, elijan a
uno que debería morir ahora mismo. El que elijan morirá, el resto vivirán.
-Por favor, señor... no lo haga, no volveré a tocar a ningún niño, se lo juro,
¡Créame por favor! -Imploró Stolzmann, sus compañeros le habían elegido para
perder la vida.
-Mala suerte hijo de puta. Tu no le diste la oportunidad a los chavales a los
que violaste por 4 duros, además, claro que no lo volverás a hacer, me ocuparé
de ello.
Procedió a disparar. Apuntó hacia el pene a quemarropa, John hacía tiempo que no
veía gritar así a una persona, tenía suerte de que las Suites fuesen todas
insonorizadas.
["Suites de alta gama con insonorización, para que su descanso sea placentero,
¡Aíslese del ruido del mundo moderno!"] Así se anunciaban aquellas suites, que
gran ironía.
Luego se dirigió hacia los compañeros del monstruo que sollozaba en el suelo
mientras se desangraba, no iba a morir, pero su vida a partir de ese momento iba
a ser una tortura
-Caballeros, quiero que saquen una lección sobre esto. Las malas personas
reciben los peores tratos, siempre. Y ustedes, son unas personas muy malas, así
que recibirán su parte de castigo. Ahora mismo harán los siguiente, se pondrán
de espaldas a mi arrodillados con los brazos detrás de la cabeza. Usted, el
calvo, irá a traerme un Gregory Spirit con 4 piedras de hielo y luego se volverá
a poner como sus compañeros.
Después de acatar sus ordenes y de darle un trago al Gregory Spirit, procedió a
disparar. Dio unos cuantos disparos, todos en extremidades y puntos no letales,
pero los dejó realmente heridos... aquello fue una orgía de balas, sangre y
rabia contenida, solo se oían gritos, lloros, ruegos y dolor en esa habitación,
aparte del placer que invadía a John mientras hacía su trabajo; odiaba a los
criminales que hacían daño a las personas directamente, pero sobretodo odiaba a
los que se aprovechaban de los mas débiles, como por ejemplo niños, no lo
soportaba. John realmente les odiaba.
Una vez roto el teléfono de la habitación y haberlos encerrado a todos en el
baño, John se puso la camisa que tenía en su maletín, ya que la que tenía puesta
estaba con un par de gotas de sangre y salió después de confirmar que estaba
impecable, le gustaba lucir bien a todas horas.
-¿Que tal en la reunión de su padre señor Bred? -Dijo curiosa la recepcionista
al ver a John a punto de salir del hotel.
-La reunión ha salido muy bien señorita, mi padre me agradeció que le llevase
los documentos, y todo ha salido muy bien. Por cierto, me encanta el detalle de
insonorizar las suites, que calma había allí dentro. Mis felicitaciones al
hotel. -Dijo atravesando los nerviosos ojos de la recepcionista con su mirada
seductora.
-Me alegro que le haya gustado, señor. Por cierto... le sonará un poco atrevido
por mi parte pero... Podríamos vernos alguna vez, ¿Que le parece? -Murmuró
aquella mujer un poco nerviosa.
-No va a poder ser señorita. No se equivoque, me halaga enormemente que una
mujer de sus características me haya dicho eso, pero tengo una novia un poco
celosa en mi casa, que no sé si aprobará esto, me entiende, ¿verdad?-Sonrió
cerrando los ojos dando una expresión afable.
-Lo entiendo, no se preocupe, en ese caso, un placer, y esperamos volver a
tenerle en el hotel. -Juntó las manos por delante de la recepción y regaló una
sonrisa casi forzada a John.
-Gracias por todo, Marie. - Dijo él, y finalmente se fue.
Había sido una tarde fructífera para John, había hecho muy bien su trabajo y
solo quedaban 2 cosas por terminar: Informar a Ricky sobre aquello y hacerle el
amor a Stella, la mujer con la que llevaba 3 años de relación y también la única
con la que había estado.
Después de recibir los usuales elogios que le soltaba Ricky a John por haber
hecho un buen trabajo, se dispuso a llamar a su novia.
No le respondía el teléfono.
Le extrañó un poco pero no le dio mayor importancia, cogió el coche y se fue a
su casa deseoso de ver a su chica, la amaba mucho, era la única persona a la que
protegía por encima de él mismo. Nadie le había importado de aquella manera.
Una vez llegó a su casa se encontró las luces apagadas, aun era temprano, y
había una ventana abierta en la que bailaban sus cortinas blancas a causa del
viento, eso realmente le alarmó. Él salió del coche muy rápidamente y fue
corriendo hacia su casa mientras empuñaba su Göenhammer, gritando el nombre de
su chica por todas partes.
Una imagen se le marcó en su cabeza, no pudo asimilarlo fácilmente.
Stella yacía acostada en el suelo del salón moribunda, aún tenia manchas de
sangre en sus manos, sudor extremo goteaba de sus poros, tenía un tobillo roto y
demás marcas que indicaban que se intentó defender del agresor, sin mucho éxito.
-¡STELLA!, mierda, tu no, mierda ¡Quién coño ha sido!-Gritó John en un acto de
rabia al ver a su amada en ese estado.
Se encontraba recostada rodeada de una considerable cantidad de sangre que
emanaban de unos cuantos cortes muy limpios en su sus extremidades y su espalda,
tenía el rostro mas pálido que de costumbre por la perdida de sangre que había
vivido, ella movió lentamente la cabeza hacia John y después de un breve
silencio, le dijo en lo que parecían sus últimos minutos de vida: <<No sé quien
fue... John, no me dejes, John por favor, no me dejes...>> Estaba llorando.
-Tranquila preciosa, no te dejaré nunca, no te preocupes. -Le mentía John, ya
que se había dado cuenta de toda la sangre que Stella estaba derramando, y no
cesaba.
El agresor se había ocupado de herirla de tal manera que no pudiese moverse y
tuviese una muerte lenta.
Usando sus ultimas fuerzas finalmente logró decir "Te quiero,John.”
Dejó este mundo lentamente, repitiendo una y otra vez sus ultimas palabras "Te
quiero, John" las repetía mientras iban bajando de tonalidad y finalmente
acababan en silencio, con los ojos cerrados y una leve, una muy leve sonrisa en
sus angelicales labios. Se fue de una manera siniestra pero a la vez hermosa.
Cuando dejó de respirar las palabras volvieron al interior del hombre que
contemplaba aquella escena atónito y se acercó hacia su angelical rostro; sus
lagrimas recorrieron lentamente la cara de aquella moribunda mujer mientras le
daba un último beso de despedida para que la acompañase en ese estúpido viaje
que emprendía tan prematuramente, "Gracias por haber entrado en mi vida,
preciosa" dijo entre sollozos a su amada. Acto seguido llegaron las ambulancias
y los coche patrulla que John había llamado.

Historia random

  • 1.
    [Titulo de lahistoria aquí] INICIO. John volvía de hacer un trabajo fácil que le había mandado Rick, su jefe. Consistía en asustar a un grupo de turistas que venían de un país europeo a hacer turismo sexual con menores. No debía tomar sus vidas, ya que eran personas importantes, pero su trabajo consistía en darles un escarmiento equivalente a su perversión. A él le encantaba esta clase de trabajos ya que no perdía demasiado tiempo y le pagaban una buena suma, además la única condición era no matar a ninguno de ellos, así que tenía libre albedrio para asustarlos, podía hacer cualquier cosa. Comenzó yendo al hotel donde se hospedaban. John vestía un traje de seda italiana color negro, llevaba una impecable camisa blanca que parecía brillar de lo impoluta que estaba, unos botines negros relucientes y una corbata ancha de un verde oscuro que emanaba cierta clase con unos estampados muy bien marcados, parecía mas cara de lo que en realidad era; Para finalizar llevaba un modesto maletín negro en el que llevaba: Una camisa blanca igual a la que llevaba puesta, una corbata igual a la que vestía y un estuche que ocultaba una Göenhamer de 9mm con su silenciador puesto, dispuesta a ser utilizada en cualquier momento. -Buenos días señorita... Marie -Dijo John a la recepcionista después de mirar la placa que llevaba con su nombre- Busco la habitación del señor Richard Stolzmann, soy su hijo, Bred, vengo a dejarle unos documentos que se dejó en la oficina, y son cruciales para la reunión en la que él se encuentra ahora mismo... ¿Me podría decir en que habitación se hospeda, por favor? -Expresó John con una sonrisa modesta decorada con sus ojos penetrantes ojos azulados. -No sé... no se me permite dar esa información caballero, discúlpeme. -No me he explicado bien, discúlpeme, estos documentos son realmente importantes, si no se los doy ahora perderemos mucho dinero, no se imagina cuanto, y solo tengo esta oportunidad para demostrarle a mi padre que no soy un inútil y que me preocupo por la empresa... Le juro que sus superiores no se enterarán, me hará un favor que le sabré agradecer. John sacó un fajo de billetes, que, por la cara de la mujer, era un cantidad jugosa, luego sacó un papel en blanco en el que escribió "Habitación Número: ? " -Tome, acepte esto por las molestias-Le da el fajo y la nota. -Iré a tomarme un Whiskey al bar del hotel, vendré luego a por mi nota, espero que no le moleste. -De ninguna manera, caballero. -Dijo la recepcionista con una sonrisa comprada muy falsa. Era una buena manera de conseguir información de cualquier persona, darle una buena suma de dinero falso. Solo era efectivo con personas de a pie ya que apenas sabían la diferencia entre el dinero real y el falso que él les daba, además le divertía comprobar la codicia de las gente. "Habitación Número: 203 Suite Sueño Imperial" "Que nombre mas presuntuoso y ridículo para una habitación."-Pensó John al leer la nota. Golpeó dos veces en la puerta de aquella habitación. Le abrió el sujeto, Richard Stolzmann. Era un hombre viejo, pero tenía buen porte, era de esas personas que sabían ocultar muy bien el monstruo que llevan dentro, se parecía demasiado a John en ese aspecto. -Buenos días señor Stolzmann, usted no me conoce, pero vengo a entregarle algo realmente importante. -Predicó con la sonrisa que usaba para crear confianza con sus semejantes mientras le daba un par de palmaditas a su maletín. -Disculpe pero no le conozco y estoy ocupado, ¿que clase de importancia tiene aquello? -Vital, me atrevería a decir. -Dijo sin dejar esa sonrisa tan característica y tan modesta. -Entiendo, pues le doy unos minutos, y espero que sea importante, pase por favor. -Richard Stolzmann cometió el error de dejarle pasar. Se encontraba con los sujetos que le había enseñado Ricky en una ficha informativa, los sujetos que acompañaban a Richard en su turismo enfermizo. Eran 4 personas en la habitación sin contar a John, todos sobrepasaban los 45 años,
  • 2.
    como mínimo, peroRichard Stolzmann era la única persona que no parecía un enfermo. Los otros hombres, vestían bien, pero emanaban un aura monstruosa, a John le asqueaba el ambiente que flotaba en la habitación. En su cabeza calculaba a mucha velocidad que problemas tendría a la hora de darles el escarmiento que se merecen y llegó a la conclusión de que no habría fallo alguno. No parecían llevar armas y eran personas que físicamente no lograrían hacerle daño a John. -Dígame señor... -Bred, Bred Schieff. -Señor Bred, ¿Que es lo que me tiene que mostrar, tan importante como para venir usted en persona hasta mi hotel y sin avisar? -Está bien, como le dije, es algo de importancia vital, se lo prometo.-Se puso el maletín en las piernas- Me he enterado de que usted y aquellas personas que se encuentran con usted vinieron de... turismo a mi país-Abrío el primer cierre de su maletín -¿Es así? -Es así, ¿Y qué? -Bien, pues me envía una persona, usted no la conoce, ni hace falta que la conozca, solo estoy aquí para dejarle un mensaje -Abrió el segundo cierre del maletín-No comprendo. -Lo comprenderá ahora. No se preocupe. John abrió todos los cierres del maletín y abrió la cubierta del mismo finalmente. A una velocidad enfermiza desenfundó su Göenhamer de 9mm y apuntó con ella hacia la cabeza de Richard Stolzmann. -¿Sabe usted por qué estoy haciendo esto? -Que demonios esta haciendo, ¡Quien es usted! Los individuos de la sala permanecían inmóviles contemplando aquella escena. -No hago nada, solo vengo a darle el aviso del que le informé antes, ¿De acuerdo? -Por favor, no me haga daño, le pagaré mucho dinero, enserio, no hay problema tengo demasiado, ¡¿Cuanto quiere!? ¡Lo tengo aquí mismo, y en efectivo! -Señor Richard, parece que no me ha oído, tranquilícese, solo vengo a dejarle un aviso, no podrá pararme, así que deje de ser tan patético, y espero que sus compañeros no hagan ninguna tontería, o esto será mas violento de lo que espero. Y usted será la primera victima. John daba mucho miedo cuando decía esa clase de cosas mientras sonreía. -Vale, vale, me tranquilizaré, míreme, no voy a hacer nada. -Dijo Richard Stolzmann hecho un manojo de nervios. -Asi me gusta. Ronda de preguntas señor Stolzmann, ¿Que opina usted sobre las violaciones? -¿D-disculpe? -Respuesta equivocada. Le disparó en una pierna, uno de los compañeros de aquel monstruo pegó un grito. -Repito la pregunta. ¿Que opina usted de las violaciones, señor Stolzmann? -Por qué hace esto, ahhgg, por favor, déjeme en paz...-Dijo débilmente Stolzmann ahogado por el dolor. -Odio que ignoren mis preguntas. -John borró su sonrisa y volvió a disparar en la misma pierna. -aaaah! Por favor, pare aaaaah! -Está bien, le haré la pregunta por ultima vez. ¿Que cojones opina usted de las putas violaciones?-Dijo John levantando la voz. -Opino... ahhg.. no lo sé, que están mal.. ahg... -Sollozó entre lagrimas Richard Stolzmann. -Buena respuesta, están mal… realmente mal. ¿Verdad? -Dijo mirando a los compañeros de Richard. Todos asintieron con la cabeza temerosamente. -Bien. Pues entonces, señor Stolzmann, estará de acuerdo en que un conjunto de monstruos como ustedes debería recibir un escarmiento, ¿No?. -No le entiendo... ahg...-Expresaba aquel hombre herido mientras lloraba. -Sé que ustedes vienen a mi país a aprovecharse de niños huerfanos o secuestrados de una manera asquerosa, ustedes, hijos de puta, piensan que el dinero lo compra todo, que por poseerlo pueden hacer cualquier cosa, afecte a quien le afecte, pero por desgracia se han topado con una persona a la que no le importa demasiado las riquezas y que, pues en este momento tiene un arma de 20
  • 3.
    cargas. Les dirélo que voy a hacer. Quiero que ustedes, hijos de puta, elijan a uno que debería morir ahora mismo. El que elijan morirá, el resto vivirán. -Por favor, señor... no lo haga, no volveré a tocar a ningún niño, se lo juro, ¡Créame por favor! -Imploró Stolzmann, sus compañeros le habían elegido para perder la vida. -Mala suerte hijo de puta. Tu no le diste la oportunidad a los chavales a los que violaste por 4 duros, además, claro que no lo volverás a hacer, me ocuparé de ello. Procedió a disparar. Apuntó hacia el pene a quemarropa, John hacía tiempo que no veía gritar así a una persona, tenía suerte de que las Suites fuesen todas insonorizadas. ["Suites de alta gama con insonorización, para que su descanso sea placentero, ¡Aíslese del ruido del mundo moderno!"] Así se anunciaban aquellas suites, que gran ironía. Luego se dirigió hacia los compañeros del monstruo que sollozaba en el suelo mientras se desangraba, no iba a morir, pero su vida a partir de ese momento iba a ser una tortura -Caballeros, quiero que saquen una lección sobre esto. Las malas personas reciben los peores tratos, siempre. Y ustedes, son unas personas muy malas, así que recibirán su parte de castigo. Ahora mismo harán los siguiente, se pondrán de espaldas a mi arrodillados con los brazos detrás de la cabeza. Usted, el calvo, irá a traerme un Gregory Spirit con 4 piedras de hielo y luego se volverá a poner como sus compañeros. Después de acatar sus ordenes y de darle un trago al Gregory Spirit, procedió a disparar. Dio unos cuantos disparos, todos en extremidades y puntos no letales, pero los dejó realmente heridos... aquello fue una orgía de balas, sangre y rabia contenida, solo se oían gritos, lloros, ruegos y dolor en esa habitación, aparte del placer que invadía a John mientras hacía su trabajo; odiaba a los criminales que hacían daño a las personas directamente, pero sobretodo odiaba a los que se aprovechaban de los mas débiles, como por ejemplo niños, no lo soportaba. John realmente les odiaba. Una vez roto el teléfono de la habitación y haberlos encerrado a todos en el baño, John se puso la camisa que tenía en su maletín, ya que la que tenía puesta estaba con un par de gotas de sangre y salió después de confirmar que estaba impecable, le gustaba lucir bien a todas horas. -¿Que tal en la reunión de su padre señor Bred? -Dijo curiosa la recepcionista al ver a John a punto de salir del hotel. -La reunión ha salido muy bien señorita, mi padre me agradeció que le llevase los documentos, y todo ha salido muy bien. Por cierto, me encanta el detalle de insonorizar las suites, que calma había allí dentro. Mis felicitaciones al hotel. -Dijo atravesando los nerviosos ojos de la recepcionista con su mirada seductora. -Me alegro que le haya gustado, señor. Por cierto... le sonará un poco atrevido por mi parte pero... Podríamos vernos alguna vez, ¿Que le parece? -Murmuró aquella mujer un poco nerviosa. -No va a poder ser señorita. No se equivoque, me halaga enormemente que una mujer de sus características me haya dicho eso, pero tengo una novia un poco celosa en mi casa, que no sé si aprobará esto, me entiende, ¿verdad?-Sonrió cerrando los ojos dando una expresión afable. -Lo entiendo, no se preocupe, en ese caso, un placer, y esperamos volver a tenerle en el hotel. -Juntó las manos por delante de la recepción y regaló una sonrisa casi forzada a John. -Gracias por todo, Marie. - Dijo él, y finalmente se fue. Había sido una tarde fructífera para John, había hecho muy bien su trabajo y solo quedaban 2 cosas por terminar: Informar a Ricky sobre aquello y hacerle el amor a Stella, la mujer con la que llevaba 3 años de relación y también la única con la que había estado. Después de recibir los usuales elogios que le soltaba Ricky a John por haber hecho un buen trabajo, se dispuso a llamar a su novia. No le respondía el teléfono. Le extrañó un poco pero no le dio mayor importancia, cogió el coche y se fue a su casa deseoso de ver a su chica, la amaba mucho, era la única persona a la que protegía por encima de él mismo. Nadie le había importado de aquella manera. Una vez llegó a su casa se encontró las luces apagadas, aun era temprano, y
  • 4.
    había una ventanaabierta en la que bailaban sus cortinas blancas a causa del viento, eso realmente le alarmó. Él salió del coche muy rápidamente y fue corriendo hacia su casa mientras empuñaba su Göenhammer, gritando el nombre de su chica por todas partes. Una imagen se le marcó en su cabeza, no pudo asimilarlo fácilmente. Stella yacía acostada en el suelo del salón moribunda, aún tenia manchas de sangre en sus manos, sudor extremo goteaba de sus poros, tenía un tobillo roto y demás marcas que indicaban que se intentó defender del agresor, sin mucho éxito. -¡STELLA!, mierda, tu no, mierda ¡Quién coño ha sido!-Gritó John en un acto de rabia al ver a su amada en ese estado. Se encontraba recostada rodeada de una considerable cantidad de sangre que emanaban de unos cuantos cortes muy limpios en su sus extremidades y su espalda, tenía el rostro mas pálido que de costumbre por la perdida de sangre que había vivido, ella movió lentamente la cabeza hacia John y después de un breve silencio, le dijo en lo que parecían sus últimos minutos de vida: <<No sé quien fue... John, no me dejes, John por favor, no me dejes...>> Estaba llorando. -Tranquila preciosa, no te dejaré nunca, no te preocupes. -Le mentía John, ya que se había dado cuenta de toda la sangre que Stella estaba derramando, y no cesaba. El agresor se había ocupado de herirla de tal manera que no pudiese moverse y tuviese una muerte lenta. Usando sus ultimas fuerzas finalmente logró decir "Te quiero,John.” Dejó este mundo lentamente, repitiendo una y otra vez sus ultimas palabras "Te quiero, John" las repetía mientras iban bajando de tonalidad y finalmente acababan en silencio, con los ojos cerrados y una leve, una muy leve sonrisa en sus angelicales labios. Se fue de una manera siniestra pero a la vez hermosa. Cuando dejó de respirar las palabras volvieron al interior del hombre que contemplaba aquella escena atónito y se acercó hacia su angelical rostro; sus lagrimas recorrieron lentamente la cara de aquella moribunda mujer mientras le daba un último beso de despedida para que la acompañase en ese estúpido viaje que emprendía tan prematuramente, "Gracias por haber entrado en mi vida, preciosa" dijo entre sollozos a su amada. Acto seguido llegaron las ambulancias y los coche patrulla que John había llamado.