La CIA estaba evaluando candidatos para un puesto de agente especializado en "ejecuciones". Dos hombres y una mujer llegaron a la prueba final, donde se les dijo que debían matar a su cónyuge dentro de una habitación para demostrar que seguirían instrucciones sin importar las circunstancias. Los dos hombres se negaron a disparar, por lo que no pasaron la prueba, mientras que la mujer descargó el arma aunque contenía balas de fogueo, y tuvo que golpear a su marido con una silla para simular su muerte.