El culete de César Pompeyo se cansó de recibir azotes cada vez que él se portaba mal y decidió irse. Sin su culete, César Pompeyo no podía sentarse, montar en bicicleta u otros juegos. Arrepentido, prometió portarse bien y su culete regresó. Desde entonces, César Pompeyo se portó bien y su culete fue el más mimado.