Dura Lex, sed Lex
Arturo Pérez-Reverte
Imagino que tendrán ustedes curiosidad
por saber qué ocurrió, al final, con aquella
banda de carteristas bosnias a las que,
tras una escandalosa reincidencia
delictiva, hoy detenidas y mañana en la
calle, un juez prohibió el acceso al Metro
de Madrid. Quizá recuerden que el arriba
firmante se guaseaba de la medida,
preguntándose qué ocurriría cuando esas
prójimas se pasaran la decisión judicial
por la bisectriz del chichi. Pero no ha
hecho falta. La decisión no llegó a tener
efecto, porque la Audiencia Provincial de
Madrid, especializada en aplicar la ley
irreprochablemente, sin casarse con
nadie y sin que le tiemble el pulso -algún
día contaré una nauseabunda experiencia
personal relacionada con ese digno lugar-
, ha tumbado la anterior decisión judicial,
sentenciando que la banda de carteristas,
y supongo que cualquier otra agrupación
cultural de características semejantes,
puede acceder a las instalaciones del
Metro cuando le salga. Y punto. El
derecho de libre circulación y uso de
servicios públicos prima sobre cualquier
otra circunstancia, etcétera. Con lo que
las bosnias podrán seguir cometiendo
delitos y faltas de hurto con perfecta
impunidad, exhibiendo incluso el texto de
la Audiencia Provincial de Madrid ante
sus víctimas y ante la policía -supongo
que lo llevarán plastificado para más
comodidad- a fin de dejar las cosas claras
y el chocolate espeso. Aunque lo que de
verdad lo pone estupendo a uno, en la
resolución, es un detalle delicioso: una de
las causas por las que se tumba la
anterior decisión de alejamiento del Metro
es que ni en el atestado policial ni en el
auto del juzgado de Instrucción n.º 47 de
Madrid se identificaba a las personas a
las que debía proteger dicha medida.
Léanse el anterior párrafo otra vez,
despacio. Y en efecto: eso, dicho en
claro, significa que ni los policías que
detuvieron 330 veces a las bosnias, con
sus correspondientes 330 diligencias, ni el
auto del juez que dictó la orden,
detallaban los nombres y apellidos de
todos los viajeros del Metro a los que se
pretendía proteger con dicha medida. Por
consiguiente, la cosa era excesiva y
atropellaba los derechos de las
desvalidas delincuentes, privándolas de
un servicio de transporte «esencial»,
según la resolución. Que también ellas
tienen sus derechos, oigan. Y sus
corazoncitos.
… a menudo en
España no hay
más justicia que la
que uno compra.
Ahora imagine usted que va en el Metro,
tecleando en su Aifon o como se escriba,
o leyendo una novela -espero que mía-, y
se le arrima una bosnia con permiso de
residencia, quinientas detenciones en el
currículum y la sentencia que acabamos
de glosar en el bolsillo.Y le roba la
cartera. Y usted la pilla in flagrantidelicto,
como decían Cicerón y los romanos
ésos. Y la bosnia, o sus cómplices, le
montan la pajarraca que suelen en tales
casos, gritando y acusándolo de haberles
querido meter mano, y demás
parafernalia. Y usted, sabiendo que
aunque llegue la pasma a socorrerlo, a
las dos horas esas pavas estarán de
nuevo en la calle y en el Metro
ocupándose de otro pringao, y que
siempre habrá una ecuánimeAudiencia
Provincial de Madriddispuesta a
garantizar que nadie atropelle los
derechos de esas hijas de puta, imagine
usted, le digo, que llevado por el natural
impulso le calza una hostia a una
bosnia... ¿Lo ha imaginado ya?... Bueno.
Pues imagine ahora el marrón que va a
comerse acto seguido, lo mismo en la
Audiencia Provincial que fuera de ella:
agresión a inmigrante, desprecio de sexo,
violencia de género y posiblemente
también de génera. Y como la cosa
ocurre en el Metro, con agravante de
subterraneidad y alevosía.
Resultado: varios días de calabozo como
que hay Dios, empapelamiento judicial
para años, sentencias, costas de juicio,
abogados, tasas judiciales, procuradores,
multa, reparación de lesiones y daños
morales, embargo de bienes, etcétera.
Y dese con un canto en los dientes si le
caen menos de dos años de talego. Con
el
detalle de que si su careto es conocido,
como el de Carlos Herrera o el mío, sale
abriendo telediarios. Fijo. Por misógino y
por fascista.
Dura Lex, sed Lex, decían los clásicos.
O sea, Duralex. Luego, tras considerar el
enjambre de casos en que al ciudadano
honrado lo crucifican y el delincuente sale
impune, extráñense, por ejemplo, de que
una señora que se encuentra al violador
de su hija libre en la calle, tan campante,
y éste se chotea preguntándole por la
niña, compre una lata de gasolina y
monte su propia falla casera,
resolviéndolo ella misma. Y es que, como
ya apuntó hace tiempo don Francisco de
Quevedo -que nos conocía hasta por las
tapas-, a menudo en España no hay más
justicia que la que uno compra.
…Hoy detenidas y mañana en la calle,
XLSEMANAL: 29 de Agosto
…a las dos horas
esas pavas estarán de
nuevo en la calle

Dura Lex sed Lex

  • 1.
    Dura Lex, sedLex Arturo Pérez-Reverte Imagino que tendrán ustedes curiosidad por saber qué ocurrió, al final, con aquella banda de carteristas bosnias a las que, tras una escandalosa reincidencia delictiva, hoy detenidas y mañana en la calle, un juez prohibió el acceso al Metro de Madrid. Quizá recuerden que el arriba firmante se guaseaba de la medida, preguntándose qué ocurriría cuando esas prójimas se pasaran la decisión judicial por la bisectriz del chichi. Pero no ha hecho falta. La decisión no llegó a tener efecto, porque la Audiencia Provincial de Madrid, especializada en aplicar la ley irreprochablemente, sin casarse con nadie y sin que le tiemble el pulso -algún día contaré una nauseabunda experiencia personal relacionada con ese digno lugar- , ha tumbado la anterior decisión judicial, sentenciando que la banda de carteristas, y supongo que cualquier otra agrupación cultural de características semejantes, puede acceder a las instalaciones del Metro cuando le salga. Y punto. El derecho de libre circulación y uso de servicios públicos prima sobre cualquier otra circunstancia, etcétera. Con lo que las bosnias podrán seguir cometiendo delitos y faltas de hurto con perfecta impunidad, exhibiendo incluso el texto de la Audiencia Provincial de Madrid ante sus víctimas y ante la policía -supongo que lo llevarán plastificado para más comodidad- a fin de dejar las cosas claras y el chocolate espeso. Aunque lo que de verdad lo pone estupendo a uno, en la resolución, es un detalle delicioso: una de las causas por las que se tumba la anterior decisión de alejamiento del Metro es que ni en el atestado policial ni en el auto del juzgado de Instrucción n.º 47 de Madrid se identificaba a las personas a las que debía proteger dicha medida. Léanse el anterior párrafo otra vez, despacio. Y en efecto: eso, dicho en claro, significa que ni los policías que detuvieron 330 veces a las bosnias, con sus correspondientes 330 diligencias, ni el auto del juez que dictó la orden, detallaban los nombres y apellidos de todos los viajeros del Metro a los que se pretendía proteger con dicha medida. Por consiguiente, la cosa era excesiva y atropellaba los derechos de las desvalidas delincuentes, privándolas de un servicio de transporte «esencial», según la resolución. Que también ellas tienen sus derechos, oigan. Y sus corazoncitos. … a menudo en España no hay más justicia que la que uno compra.
  • 2.
    Ahora imagine ustedque va en el Metro, tecleando en su Aifon o como se escriba, o leyendo una novela -espero que mía-, y se le arrima una bosnia con permiso de residencia, quinientas detenciones en el currículum y la sentencia que acabamos de glosar en el bolsillo.Y le roba la cartera. Y usted la pilla in flagrantidelicto, como decían Cicerón y los romanos ésos. Y la bosnia, o sus cómplices, le montan la pajarraca que suelen en tales casos, gritando y acusándolo de haberles querido meter mano, y demás parafernalia. Y usted, sabiendo que aunque llegue la pasma a socorrerlo, a las dos horas esas pavas estarán de nuevo en la calle y en el Metro ocupándose de otro pringao, y que siempre habrá una ecuánimeAudiencia Provincial de Madriddispuesta a garantizar que nadie atropelle los derechos de esas hijas de puta, imagine usted, le digo, que llevado por el natural impulso le calza una hostia a una bosnia... ¿Lo ha imaginado ya?... Bueno. Pues imagine ahora el marrón que va a comerse acto seguido, lo mismo en la Audiencia Provincial que fuera de ella: agresión a inmigrante, desprecio de sexo, violencia de género y posiblemente también de génera. Y como la cosa ocurre en el Metro, con agravante de subterraneidad y alevosía. Resultado: varios días de calabozo como que hay Dios, empapelamiento judicial para años, sentencias, costas de juicio, abogados, tasas judiciales, procuradores, multa, reparación de lesiones y daños morales, embargo de bienes, etcétera. Y dese con un canto en los dientes si le caen menos de dos años de talego. Con el detalle de que si su careto es conocido, como el de Carlos Herrera o el mío, sale abriendo telediarios. Fijo. Por misógino y por fascista. Dura Lex, sed Lex, decían los clásicos. O sea, Duralex. Luego, tras considerar el enjambre de casos en que al ciudadano honrado lo crucifican y el delincuente sale impune, extráñense, por ejemplo, de que una señora que se encuentra al violador de su hija libre en la calle, tan campante, y éste se chotea preguntándole por la niña, compre una lata de gasolina y monte su propia falla casera, resolviéndolo ella misma. Y es que, como ya apuntó hace tiempo don Francisco de Quevedo -que nos conocía hasta por las tapas-, a menudo en España no hay más justicia que la que uno compra. …Hoy detenidas y mañana en la calle, XLSEMANAL: 29 de Agosto …a las dos horas esas pavas estarán de nuevo en la calle