Roberto se enoja cuando sus padres lo llevan a visitar a sus abuelos en el pueblo porque olvidó su videojuego. Su abuelo lo convence de comer prometiéndole mostrarle un baúl lleno de juguetes antiguos. Roberto disfruta jugando con los juguetes del baúl y pasa un día feliz con sus abuelos, olvidando su videojuego.