El terremoto de 7.2 grados en la escala de Richter del 4 de abril en la frontera de Baja California y Sonora dañó viviendas e inundó poblados, lo que forzó el abandono temporal de dos ejidos por parte de sus 850 habitantes. Estos se refugiaron en la Mesa de Andrade en Sonora, donde reciben ayuda de autoridades pero enfrentan la paralización de sus actividades económicas como la pesca y agricultura. Mientras, las réplicas del sismo han alcanzado hasta 5.1 grados y generan temor