Un hombre angustiado sueña que Dios le da dos cajas: una negra para poner sus penas y una dorada para sus alegrías. Al abrir la caja negra, descubre que sus penas han desaparecido a través de un agujero, mientras la caja dorada se hace más pesada con sus bendiciones. Dios le enseña que debe dejar ir sus problemas y centrarse en sus bendiciones, invitándolo a entregar sus preocupaciones a Él.