Masaru Emoto, un científico japonés, demostró cómo los sonidos, palabras y sentimientos alteran la estructura molecular del agua, utilizando técnicas de congelación y fotografía de cristales. Resaltó que el agua puede reflejar el impacto de emociones y pensamientos, sugiriendo que actitudes positivas pueden promover salud y felicidad, mientras que las negativas pueden generar malestar. Se enfatiza la importancia de nuestras palabras y actos, dado que estamos compuestos en un 70% de agua.