Dos hermanos pasaban hambre y fueron rechazados por varias personas hasta que una señora les dio una lata de leche. El hermano mayor fingió beber para dejar que el pequeño se bebiera toda la leche, haciéndolo feliz. Luego de vaciar la lata, el hermano mayor estaba contento a pesar de no haber comido, enseñando que quien da es más feliz que quien recibe.