El poema describe la juventud como un tesoro divino que se va para no volver. El poeta recuerda varios amores de su juventud, incluyendo una dulce niña, una mujer más consoladora y apasionada, y otra que consideró que su boca era el estuche de su pasión. A pesar del paso del tiempo, la sed de amor del poeta no tiene fin y continúa buscando el amor en los rosales del jardín a pesar de tener el cabello gris.