El documento habla sobre cómo a veces no podemos encontrar las palabras adecuadas para consolar a nuestros amigos cuando están sufriendo, especialmente cuando nosotros mismos estamos también afectados por el dolor. Aunque intentamos usar frases comunes, nada parece funcionar realmente. Sin embargo, el documento sugiere que cuando las palabras fallan, los gestos como un abrazo, un beso o una caricia pueden comunicar consuelo de manera más efectiva que cualquier cantidad de palabras.