Piripitiflautica se casó y se mudó con su marido y suegra. Al principio discutía mucho con su suegra, pero luego un amigo le recomendó envenenarla lentamente para librarse de ella. Siguió su consejo y actuó amablemente con su suegra. Con el tiempo, cambió su actitud hacia ella y se llevaron bien, por lo que le pidió al amigo que detuviera el envenenamiento. Él le explicó que en realidad nunca la había envenenado y que el cambio vino de ella.