Un ángel lleva al cielo el alma de un niño muerto. Mientras vuelan, el ángel recoge flores para ofrecérselas a Dios. Encuentran un rosal seco y deciden llevarlo para que florezca en el cielo. También recogen una flor marchita y olvidada que había alegrado a un niño enfermo. Al llegar al cielo, Dios da voz a la flor marchita para que cante con los demás ángeles.