El aerógrafo se patentó por primera vez a finales del siglo XIX y ha experimentado altibajos en su popularidad. Se utilizó ampliamente en las primeras décadas del siglo XX para retoques fotográficos y decoración antes de adaptarse al arte psicodélico de los años 60. Existen dos tipos principales de aerógrafos: de acción sencilla y de doble acción, siendo este último más versátil y capaz de lograr efectos más finos.