Dios decide poner fin a la humanidad en 24 horas. Convoca a los líderes mundiales para notificarles personalmente su decisión. Les pide que informen a sus pueblos para que arreglen sus asuntos antes del fin del mundo. Los líderes de Estados Unidos, Cuba y México comunican la noticia a sus ciudadanos, generando reacciones de incredulidad, luto y promesas imposibles de cumplir en tan poco tiempo.