El relato cuenta la historia de un padre que pierde a su hijo en la guerra. Más tarde, un soldado que fue salvado por el hijo le lleva un retrato que pintó de él como regalo. En el testamento del padre, estipula que solo se subastaría el retrato del hijo y quien lo comprara heredaría todas sus posesiones, incluyendo valiosas pinturas. Finalmente, el viejo jardinero que cuidó de la familia es quien compra el retrato.