El documento describe el papel del hombre como cabeza de familia. Argumenta que ser la cabeza no significa tener dominio o ser superior, sino más bien ser un administrador que se asegura de que todos los miembros de la familia (la "empresa del matrimonio") estén funcionando bien y desarrollándose de manera física, moral y espiritual. También sugiere que si un hombre no sabe cómo dirigir su familia, debe consultar a Jesús, quien lo guiará a dirigir su hogar y familia de manera prudente.