Miguel Pellicer sufre un accidente en 1637 que le fractura la tibia derecha. Tras ser atendido en varios hospitales, los médicos deciden amputarle la pierna. Años más tarde, regresa a su pueblo natal de Calanda donde una noche sus padres descubren que ha recuperado la pierna milagrosamente. Se confirma el milagro con las cicatrices en la pierna en el mismo lugar de la fractura. Miguel agradece el milagro a la Virgen del Pilar en Zaragoza.