Un esquimal pobre dejó libre a un pez que había atrapado su padre. El pez le habló y le ofreció concederle algunos deseos como recompensa. El esquimal pidió comida para alimentar a su familia, y esta apareció. Luego su esposa le pidió vestidos, que también fueron concedidos. Finalmente, la esposa pidió ser reina del mundo, pero el pez advirtió al esquimal que era demasiado avaricioso y anuló todos sus deseos, dejando a la familia