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Introducción
1. Confesiones equivocadas y confesiones correctas
2. Poseo todo aquello que confieso
3. Una confesión negativa
4. La confesión precede a la posesión
5. Nuestra confesión
6. Yo poseo lo que confieso
7. El lugar que le pertenece a la confesión
8. Yo reconozco
9. Las dos confesiones
10. “¡Declara éstas cosas continuamente!”
11. Nuestra conversación
12. Conviértete en tu propio edificador
13. La confesión de fe
14. Caminando con Dios por medio de concordar con Dios
15. La realización sigue a la confesión
16. Nunca digas “no puedo”, cuando Dios dice “si puedes”
17. El valor de la confesión
18. Lo que no soy
19. La confesión equivocada
20. Lo que puedes hacer
21. Todo aquello que confieso, lo poseo
22. Cosas buenas para mí en Cristo Jesús
23. Algunos hechos acerca de las afirmaciones
24. Palabras que obran milagros
25. El valor de la confesión
26. Tú eres un hombre de fe, una mujer de fe
27. Las dos confesiones
28. Estoy cansado de estar enfermo y de estar cansado
29. El poder de nuestras palabras
30. “Qué tan contundentes son las palabras correctas”
31. El valor de la confesión positiva
32. “El Señor es la Fortaleza de mi vida”
33. Por las llagas de Jesús yo he sido sanado
34. Debes tener una fe inquebrantable
35. Haz que tus palabras trabajen a tu favor
36. Yo nunca me levanto más allá de mi confesión
37. Las palabras del Padre Celestial en los labios de Jesús
38. Declara tu camino ascendentemente
39. Nunca seas negativo
40. Cuando no siento ánimos para hacerlo
41. “Tú eres de Dios”
42. Mi lista de nunca hacerlo otra vez
43. Declara la forma en que te gustaría ser, y tú te convertirás en aquello que has declarado
44. “Y vino un hombre enviado por Dios”
45. El edificador de la fe
46. El ministerio del Dr. E. W. Kenyon
47. Mi padre, el Dr. E. W. Kenyon
48. Don Gossett: La perspectiva de una hija
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1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso. Derechos reservados.
(www.LBLA.org)
Traducción al español realizada por:
Sí Señor, We Do Translations
Jorge Jenkins
P.O. Box 62
Middletown, DE 19709 EE.UU.
TEL: (302) 376–7259
Email: sisenortra@aol.com
El Poder de Tus Palabras
Publicado originalmente en inglés bajo el título: The Power of Your Words
Don Gossett
Bold Bible Missions
P.O. Box 2
Blaine, WA 98230
www.dongossett.com
ISBN: 978-1-60374-104-0
eBook ISBN-13: 978-1-60374-404-1
Impreso en los Estados Unidos de América
© 2009 por Don y Joyce Gossett
Whitaker House
1030 Hunt Valley Circle
New Kensington, PA 15068
www.whitakerhouse.com
Library of Congress Cataloging-in-Publication Data
Gossett, Don, 1929–
[Power of your words. Spanish]
El poder de tus palabras / Don Gossett & E. W. Kenyon.
p. cm.
ISBN 978-1-60374-104-0 (trade pbk. : alk. paper) 1. Oral communication—Religious aspects—
Christianity. I. Kenyon, Essek William, 1867–1948. II. Title.
BV4597.53.C64G68 2009
248.4—dc22
2009005663
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Introducción
Por mucho tiempo yo me encontraba confundido acerca del hecho de que en mi propia vida y en la
vida de otras personas, siempre existía un sentimiento continuo de derrota y de fracaso. Yo oraba por
los enfermos, y yo sabía que la Biblia era verdad, y por lo tanto, yo buscaba diligentemente para
encontrar este enlace.
Un día, yo vi la Escritura en Hebreos 4:14, donde dice que debemos mantener firme la confesión de
nuestra fe (se usa la palabra profesión en la Versión Autorizada).
En el tercer capítulo del libro de Hebreos, yo descubrí que el cristianismo es llamado “la gran
confesión”. Me pregunté a mí mismo, “¿cuál es la confesión a la que debo mantenerme firme?” Debo
mantenerme firme en mi confesión de la integridad absoluta de la Biblia. Debo mantenerme firme a la
confesión de la obra redentora de Cristo Jesús. Debo mantenerme firme a mi confesión de la nueva
creación, del hecho de haber recibido la vida y la naturaleza de Dios. Debo mantenerme firme a la
confesión de que Dios es la fortaleza de mi vida. Debo mantenerme firme a la confesión de que
“ciertamente Él llevó todas mis enfermedades sufrió todas mis dolencias, y por Sus llagas yo he sido
sanado”. Encontré muy difícil poder mantenerme firme a la confesión de una sanidad perfecta, siendo
que yo tenía dolor en mi cuerpo.
Realice el descubrimiento de que yo había estado haciendo dos tipos de confesiones. Había estado
confesando la verdad absoluta de la Palabra de Dios, y al mismo tiempo, estaba haciendo una
confesión con relación a que yo no estaba siendo sanado. Si tú hubieras preguntado, “¿acaso tú crees
que por las heridas de Jesús tú has sido sanado?” Yo hubiera dicho, “si señor yo lo creo”.
Pero con mi siguiente aliento yo hubiera dicho, “pero el dolor todavía está ahí”. La segunda confesión
nulificaba la primera. En realidad yo tenía dos confesiones: primero, una confesión de mi perfecta
sanidad y redención en Cristo Jesús, y segundo, la confesión de que la redención y la sanidad no eran
un hecho consumado.
Entonces vino la gran batalla para poder ganar dominio sobre mi confesión, hasta qué tuve que llegar
a aprender a tener una sola confesión. Si yo confesaba que “mi Dios pues suplirá todas mis
necesidades”, yo no debo nulificar esa confesión por medio de decir, “si, Dios suple mis necesidades,
pero yo no puedo pagar la renta, y no puedo pagar el recibo del teléfono”. La fe mantiene firme la
confesión de la Palabra de Dios. El conocimiento de los sentidos mantiene firme la confesión de las
evidencias físicas. Si yo acepto la evidencia de lo físico, en contra de la Palabra de Dios, en cuanto a
mí concierne, estoy nulificando el poder de la Palabra de Dios. Pero si mantengo firme mi confesión
de que la Palabra de Dios es verdad, de que por las heridas de Jesús yo soy sanado, y de que mi Dios
pues suple todas mis necesidades. Y si yo mantengo firme esa confesión aún cuando estoy encarando
las contradicciones aparentes, de esa manera Dios está obligado a hacerme bien.
Muchos creyentes han fallado cuando las cosas se vuelven muy difíciles, debido a que han perdido su
verdadera confesión. Mientras que el sol estaba brillando en todo su esplendor, sus confesiones eran
vigorosas, fuertes y muy claras. Pero cuando las tormentas vinieron, las pruebas llegaron, y el
adversario estaba tomando ventaja sobre de ellos, ellos se rindieron en su testimonio.
Cada vez que tú confiesas enfermedad, debilidad y fracaso, tú magnificas al adversario por encima
del Padre Celestial, y tú estás destruyendo su propia confianza en la Palabra de Dios. Tú debes
mantener una firme confesión aún cuando estés encarando una aparente derrota. Tú debes mantener un
estudio constante de la Palabra de Dios hasta que éste es consciente de cuáles son tus derechos, y
entonces tienes que mantenerte firme creyendo en ellos.
Algunas personas realizan confesiones sin tener fundamento alguno. Entonces llega al adversario y
los golpea y los sacude terriblemente.
Tú debes buscar y encontrar cuáles son tus derechos. Por ejemplo, tú sabes que Dios ha dicho,
“ciertamente El llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestras dolencias”. Ahora tú ya puedes hacer tu
propia confesión. “Pero en todas estas cosas somos más que vencedores”. Ahora tú ya puedes hacer tu
propia confesión. “Mayor es el que está en mi, que el que está en el mundo”. Ahora tú puedes hacer tu
confesión aquí mismo. Debes mantenerte firme en tu confesión a través de todas las circunstancias, ya
sean buenas o malas. Tú sabes que tu confesión está de acuerdo a la Palabra de Dios. En Apocalipsis
12:11, dice lo siguiente “y ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero, y a través de la
palabra de su testimonio”.
—E. W. Kenyon
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E. W. Kenyon
Confesiones equivocadas y confesiones correctas
Muy pocos cristianos han podido reconocer el lugar que las confesiones tienen en el esquema de
todas las cosas. Cada vez que la palabra “confesión” es usada, por instinto pensamos que se trata de
confesar pecado, debilidades y fracasos. Este es el lado negativo de este asunto.
El cristianismo el llamado “la gran confesión”. Confesar es afirmar algo que creemos. Significa
testificar algo que sabemos. Es testificar acerca de una verdad que hemos abrazado. La confesión tiene
un lugar muy importante en el cristianismo.
Jesús planeó que esta gran vida y amor le fueran dados. A través del testimonio, esto es, a través de la
confesión de nuestros labios. Los testigos y los confesores han sido los grandes líderes en la vida
revolucionaria que Jesús dio al mundo. El mayor problema que encaramos entonces, es poder conocer
qué es lo que debemos confesar. Nuestra confesión se centra alrededor de varias cosas: en primer
lugar, lo que Dios nos ha dado a través de Cristo Jesús. En segundo lugar, lo que Dios a través de la
Palabra y del Espíritu Santo nos ha dado. Y en tercer lugar, lo que somos ante el Padre en Cristo Jesús.
Y finalmente, lo que Dios puede hacer a través de nosotros, o lo que la Palabra de Dios puede hacer en
nuestros labios
Tú no puedes confesar o testificar acerca de cosas que no conoces. Es lo que has visto y lo que has
oído, lo que tiene importancia en una sala de la corte. Es lo que tú sabes personalmente acerca de
Cristo Jesús y acerca de quién eres tú en Cristo Jesús, que va a contar a final de cuentas. ¡Muy pocos
de nosotros tenemos la osadía de confesar lo que la Palabra de Dios declara que somos en Cristo
Jesús! Toma esta Escritura: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas
pasaron; he aquí, son hechas nuevas” (2ª Corintios 5:17). ¡Qué cosa más revolucionaria sería que la
Iglesia pudiera hacer una confesión como esta! Ellos no sólo son pecadores perdonados—no sólo son
miembros pobres, débiles, estancados, pecadores de alguna iglesia. Ellos ahora son nuevas criaturas
creadas en Cristo Jesús con la vida de Dios, la naturaleza de Dios y la vida de Dios en ellos.
Qué cambio haría en la iglesia moderna que tú confesaras que eres absolutamente redimido. Efesios
1:7–8 dice, “En El tenemos redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados según las
riquezas de su gracia, que ha hecho abundar para con nosotros. En toda sabiduría y discernimiento”.
Esto significaría que el dominio de satanás ha sido roto, y que él ha perdido su dominio sobre tu vida,
en el mismo momento en que tú te convertiste en una nueva creación. Tú recibiste a un nuevo Señor,
que es Cristo Jesús, para que reine sobre ti completamente. El dominio del diablo terminó y el
dominio de Jesús comenzó. Ni la enfermedad, ni los padecimientos ya no pueden tener señorío sobre
ti. Los viejos hábitos ya no pueden tener señorío sobre ti. Tú es una nueva creación creada en Cristo
Jesús.
Qué cambio significaría que esta Escritura se volviera una completa realidad, “no temas, porque yo
estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios; te voy a fortalecer; si, te voy a ayudar, te voy a
sostener con la diestra de mi justicia”. “Si Dios es por nosotros, ¿quien podrá contra nosotros?” Esta
es la cosa más revolucionaria que jamás ha sido enseñada. Esta es tu confesión tal y como tú te paras
delante del mundo. “Dios está conmigo esta mañana”.
En 1ª Juan 4:4 dice, “Hijos míos, vosotros sois de Dios y los habéis vencido, porque mayor es el que
está en vosotros que el que está en el mundo”. Tú puedes decir sin temor alguno, “Dios está conmigo
en este momento; ¡el Creador de toda la creación está dentro de mi!” ¡Qué clase de confesión es ésta!
Tú puedes encarar a la vida sin temor alguno. Tú ahora sabes que mayor es el que está en ti, que todas
las fuerzas que pueden ser traídas en contra de ti. Tú estás encarando deudas que no puedes pagar. Tú
estás encarando enemigos y no tienes la habilidad para conquistarlos Y sin embargo, tú los encaras sin
temor alguno.
Tú puedes decir triunfantemente, “ Él ha preparado mesa delante de mí en presencia de mis
enemigos. El unge mi cabeza con aceite”. Estoy lleno de gozo y de victoria porque Dios es el Señor
sobre mi vida; Él está peleando todas mis batallas. Yo no tengo miedo de las circunstancias porque
“todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. El no sólo es mi fuerza, sino también es mi mano derecha,
y Él es mi salvación; ¿de quién temeré? El pone a luz todos los problemas de la vida de tal manera que
yo pueda saber como actuar inteligentemente. El es mi salvación, y Él es mi liberación de toda trampa
que el enemigo prepara en contra mía, y de toda seducción en la cual el enemigo me quiere esclavizar
“Dios es la fortaleza de mi vida, ¿de quién temeré?” Yo no le temo a nada. Yo no tengo temor porque
este Dios Omnipotente está de mi lado. Esta es mi confesión continua.
Yo confieso que tengo una redención que Dios planeó y la trajo a mí en Cristo Jesús. Yo soy una
nueva creación, en la cual Él Mismo es el Autor y el Consumador de la misma. Yo poseo la justicia
que me permite estar de pie ante Su presencia, tal y como si el pecado nunca hubiera existido. Que no
sólo poseo justicia que ha sido reconocida a mi favor, pero poseo justicia que me ha sido impartida en
la nueva naturaleza que he recibido de Cristo Jesús. Yo he recibido la naturaleza de Cristo Jesús, Su
vida; y en Su vida y en Su naturaleza está la vida de Dios. Esto me hace justo tal y como Él es justo.
Esta es mi confesión. Esto me da valentía y valor en la oración. Esto edifica mi fe, y esto hace que mi
camino sea seguro. Ya no estoy atado por mis limitaciones debido a que he sido unido con el Dios que
no tiene límites. Jesús es la Vid y yo soy el pámpano. Y como pámpano yo debo llevar fruto debido a
que la Vid me está impartiendo la llenura de Su vida. Yo se que esto es real, porque esto se ha
convertido en la esencia misma de mi vida.
Yo se que yo amo, debido a que Él ha derramado Su amor en mi corazón a través del Espíritu Santo, y
yo puedo saber que Su naturaleza dentro de mí es amor. Su habilidad para amar me ha dominado por
completo, y ahora yo puedo amar en cualquier circunstancia que yo sea colocado. Puedo decir con
gozo, “el pecado no tiene potestad alguna sobre mi”. Ya no puede enseñorearse de mí. Las
circunstancias ya no pueden mantenerme cautivo, y tampoco pueden afectar mi habilidad hacia el
mundo. No sólo poseo la vida de Dios dentro de mí y este gran Espíritu Santo que levantó a Jesús de
entre los muertos dentro de mí, pero ahora también tengo el poder para usar el nombre de Jesús. Dios
me ha dado el derecho legal para poder usarlo. Mi confesión es que cualquier cosa que yo le pida al
Padre Celestial en el nombre de Jesús, El me lo va a dar. Él me ha dado el poder notarial. Yo estoy
usando ese poder para ayudar a los hombres. Estoy tomando el lugar de Jesús en este momento. El está
haciendo Su propia obra a través de mí. Jesús está viviendo Su propia vida en mí.
Jesús dijo, “en mi nombre echarán fuera demonios”. Yo estoy ejercitando mis derechos. Jesús dijo,
“en mi nombre pondrán manos sobre los enfermos y éstos sanarán”. Mis manos se convierten en el
instrumento a través del cual Jesús derrama Su vida. Yo estoy viviendo la vida abundante. Yo sé que
mis palabras son Sus Palabras. Sus Palabras son las que rompen el poder de la muerte, de los
demonios, y sanan a todos los enfermos, y Sus palabras hacen estas mismas cosas en mis labios. Esta
es mi confesión. Este es mi corazón, expresándose asimismo a través de palabras en mis labios. La
confesión es la forma en que la fe se expresa a través de mí.
La fe, igual que el amor, sólo se puede revelar a través de acciones y palabras. No puede haber fe si
no existe la confesión. La fe crece a través de tu confesión. La confesión hace varias cosas en el
creyente: Ubica al creyente. Compone los límites de su vida. Afecta poderosamente su espíritu, que es
el hombre interior, cuando el hombre realiza estas declaraciones. Por ejemplo, está la Escritura en
Romanos 10:9–10 que dice, “que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que
Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la
boca se confiesa para salvación”.
Existen dos tipos de confesiones involucradas en el versículo que leímos anteriormente: en primer
lugar, está la confesión del señorío de Cristo Jesús. En segundo lugar, está la confesión de que se ha
convertido en la justicia de Dios, y que es salvo, y estas son confesiones positivas. La razón de que la
mayoría de los cristianos, aunque se merecen lo mejor de Dios, siguen estando débiles, es debido a
que nunca se han atrevido a realizar la confesión de lo que ellos son en Cristo Jesús. Lo que deben
hacer es encontrar quiénes son ellos en la mente del Padre Celestial—la forma como al Padre Celestial
los ve—y entonces confesarlo. Esto puede ser encontrado en las diferentes epístolas. Cuando tú
encuentras esto, tú puedes hacer tu confesión valientemente con relación a lo que la Palabra de Dios
declara que tú eres en Cristo Jesús. A medida que haces esto, se va a comenzar a multiplicar dentro de
ti. La razón de que tu fe se encuentra titubeante y amarrada con ataduras es porque nunca te has
atrevido a confesar lo que Dios dice que tú eres.
Debes recordar que tú fe nunca va a crecer más allá de tu confesión. Tu confesión diaria de quién es
el Padre Celestial en ti, de lo que Jesús está haciendo por ti a la diestra del Padre Celestial, y lo que el
poderoso Espíritu Santo está haciendo en ti, va a edificar una vida de fe sólida y positiva. Tú no vas a
tener miedo de ninguna circunstancia, de ninguna enfermedad, o de ningún tipo de condición. Tú vas a
poder encarar a la vida sin temor alguno—como un vencedor. Después de un tiempo, tú vas a
encontrar que Romanos 8:37 es verdad, “pero en todas estas cosas somos más que vencedores”. Tú
nunca te vas a convertir en un vencedor, a menos que tú lo confieses.
La confesión equivocada
Una confesión equivocada es la confesión de derrota, fracaso, y de la supremacía del diablo. El hecho
de hablar acerca de tu combate con el diablo, de la forma como él te tiene atado, y de la forma como él
te está manteniendo en ataduras, y manteniéndote enfermo, es una confesión de derrota. Esta es una
confesión equivocada, y este tipo de confesión glorifica a tu adversario. Es una declaración
inconsciente de que tu Padre Dios es un fracaso. La mayoría de las confesiones que escuchamos hoy
en día glorifican al diablo, destruyen la fe y te mantiene inmerso en tus ataduras.
La confesión de tus labios que ha crecido y salido como fruto de la fe está en tu corazón, va a derrotar
absolutamente al adversario. En cada combate la confesión de la habilidad del diablo para atarte y
para impedir que puedas tener éxito, le da a satanás dominio sobre ti, y te llena con temor y con
debilidad. Pero si tú confiesas valientemente la protección y el cuidado de tu Padre Celestial, y
declaras que El que está en ti es más grande que cualquier fuerza alrededor de ti, entonces, te vas a
levantar muy por encima de todas las influencias satánicas.
Cada vez que tú confiesas tus dudas y tus temores, tú estás confesando tus debilidades tus
enfermedades, y tú estás confesando abiertamente que la Palabra de Dios no es verdad, y que Dios ha
fallado en confirmarla. Dios declara que, “por Sus llagas tú has sido sanado”, y, “ciertamente Él llevó
nuestras enfermedades y sufrió nuestras dolencias”. En lugar de confesar que Cristo Jesús ha llevado
mis dolencias, y mis padecimientos, estoy confesando que todavía las tengo. Estoy tomando el
testimonio de mis sentidos, en lugar de estar tomando el testimonio de la Palabra de Dios. Mientras
que yo siga manteniéndome firme en mis confesiones de debilidad, enfermedad, y dolor, entonces voy
a seguir poseyéndolos. Tal vez me lleve años buscar algún hombre de Dios que oré una oración de fe
sobre mi, y tal vez no haya nadie disponible debido a que mi incredulidad destruye el efecto de su fe.
El creyente que siempre está confesando sus pecados y sus debilidades está edificando debilidades,
fracaso y pecado en su propia conciencia. “Si hemos pecado, cuando lo confesamos, Jesús es fiel y
justo para perdonar nos todos nuestros pecados y para limpiarnos de toda maldad” (1a Juan 1:9).
Cuando este tipo de confesión ha sido realizado, nunca nos volvemos a referir a ello jamás. No se ha
convertido en historia del pasado, debido a que la historia puede ser recordada. Esto es como si nunca
hubiera existido. Nunca debemos recordarnos a nosotros mismos o al Señor Jesús de nuestras fallas o
de los errores de nuestro pasado. ¡Ya no existen! Si tú confiesas algo, debes de confesar que tú te
encuentras completo en Cristo Jesús—que lo que Dios ha dicho con relación a tus errores y fracasos es
absolutamente cierto. Nunca debemos confesar nuestros pecados a la gente. Tal vez debemos pedirles
que nos perdonen por ellos, pero entonces debemos de olvidarlos por completo. Nunca le digas a nadie
acerca de tus debilidades o acerca de tus fracasos o fallas del pasado. Ellos no los van a olvidar, y
algunas veces van a venir a recordártelos. Si tú se lo dices a alguien, que sea al Señor Jesucristo, y una
vez que se lo has dicho, entonces olvidado.
Atrévete a realizar tu confesión
Tú confiesas que Dios es el Señor de tu vida, y que Dios es el Señor por encima de cualquier
enfermedad, padecimiento, y por encima de satanás. Tú te mantienes firme con relación a tu confesión
del señorío absoluto de Jesús sobre todas las cosas que te puedan mantener atado, o que te puedan
impedir que disfrutes de la obra cumplida de Cristo Jesús. Ante la cara de cualquier necesidad, tú
debes confesar que el Señor Jesús es tu Pastor. Nada te faltará. (Esto siempre es en el tiempo
presente). Jesús es tu proveedor. Jesús es tu salud y tú fuerza. Jesús es la fortaleza de tu vida; ¿de
quién vas a temer?
Debes recordar que nunca debemos ir más allá de nuestra confesión. Tú vas a confesar la sanidad
basado en el fundamento de la Palabra de Dios, y entonces no va existir enfermedad para ti. Cuando
estés encarando el dolor y una herida abierta, tú confiesas que a través de las llagas de Cristo Jesús tú
has sido sanado, y tú te mantienes firme en tu confesión, no dudando, y sabiendo que “la Palabra de
Dios tiene poder”. La palabra “poder” explica “habilidad”—y es la habilidad para hacer el bien. Esa
Palabra de Dios te va a sanar si tú la confiesas continuamente. Tu cuerpo va a responder prontamente,
y tu espíritu va a obtener el señorío sobre tu cuerpo y sobre tu mente. Tu cuerpo va a obedecer a tu
confesión. “Dios envió su palabra y los sanó” (Salmo 107:20). Jesús era esa Palabra Viva. Ahora que
el nombre de Jesús y la palabra de Jesús se han convertido en tu sanidad, la confesión está
confirmando la Palabra de Dios. Es una confesión que confirma mi confianza en todo aquello que Dios
ya ha hablado.
Aquí hay varias confesiones que todo creyente debería hacer: Romanos 10:9–10 dice, “que si
confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los
muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para
salvación”. Confesamos el absoluto señorío de Jesucristo y la justicia absoluta que nos es impartida a
través de nuestra redención. Nos atrevemos a confesar delante de todo el mundo y delante del trono de
Dios, que Jesús ahora es nuestro Señor, y que hemos recibido la salvación, y nos hemos convertido en
la justicia de Dios en Cristo Jesús. Confesamos que ahora somos nueva creación, de la cual Cristo
Jesús es la Cabeza y el Señor. La Palabra de Dios ha tomado el lugar de Jesús en nuestra vida.
Debemos obedecer la Palabra de Dios como si obedeciéramos a Jesús si Él estuviera parado delante de
nosotros.
Una segunda confesión la podemos encontrar en 1a Pedro 5:7 que dice, “echando toda vuestra
ansiedad sobre El, porque El tiene cuidado de vosotros”. Confesamos que ya no tenemos
preocupaciones, ansiedades, y cargas. Ya nunca más vamos a permanecer postrados. Nunca más
vamos a estar incapacitados, ni faltos de preparación para la obra de la vida. Nuestras mentes están
completas y claras. Nuestro espíritu está libre. Nuestro testimonio tiene la unción del Espíritu Santo
sobre él, porque es el Espíritu Santo quien lleva cada carga, quien soporta cada problema, y quien
suple todas nuestras necesidades.
Una tercera confesión es la siguiente, “el Señor es mi Pastor, nada me faltará”. Yo no necesito dinero.
Yo no necesito salud o descanso. Yo no necesito fuerzas. Yo no deseo nada. Jesús es todo lo que yo
necesito. Esta es una realidad viviente. Que clase de vida es la que tengo. ¡Qué gran sentido de
seguridad, de poder y de victoria! Tú no tienes miedo de parte firme en lo que dice Filipenses 4:19,
“mi Dios pues, suplirá todas mis necesidades”.
Tú vas a hacer tu cuarta confesión en voz alta, diciendo que Isaías 53:3–5 es verdad. Cada
enfermedad, cada debilidad y cada enfermedad fue puesta en Cristo Jesús, y tu eres totalmente libre de
ellas. De la misma forma en que Jesús llevó tus pecados, El llevó también tus enfermedades. Tú estás
completo en Cristo Jesús. Estás libre de la carga, libre del poder, del dolor y del efecto de las
enfermedades. Esta confesión te da un cuerpo saludable, una mente clara, y un espíritu conquistador.
Tu quinta confesión es que 1a Corintios 1:30 es absolutamente verdad, “Mas por obra suya estáis
vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y
santificación, y redención”. Cristo Jesús hizo todas estas cosas para ti. Tú no necesitas orar pidiendo
sabiduría, tal y como Santiago les dice a los bebés en Cristo Jesús que hagan, porque Cristo Jesús es tu
sabiduría. Tú no tienes que pedir por justicia debido a que tú mismo te has convertido en la justicia de
Dios en Cristo Jesús. Tú no tienes que pedirle a Dios que te santifique, porque Dios mismo es tu
santificación. Tú no tienes que pedir por redención tuya, porque tú ya has sido redimido. Cristo Jesús
es tu redención. ¡Qué grande confesión podemos hacer ante todo el mundo!
En Hebreos 4:14 dice, “mantengamos firme la profesión de nuestra fe, o sea, nuestra confesión”.
Hemos podido encontrar en una gran medida lo que es nuestra confesión, pero hay mucho más que
tiene que ver con esto, y que tú puedes encontrar en este libro. El éxito que tú tengas y lo útil que tú
seas en el mundo va a ser medido a través de tu confesión, y a través de la persistencia que tú uses
para mantenerse firme en esa confesión bajo todas las circunstancias, o ante todas las opiniones de los
hombres. Nunca más vas a escuchar al temor, ni vas a escuchar a la voz de los sentidos. Tú vas a
permanecer firme en tu confesión, sabiendo que Dios no puede fallarte.
Existe un grave peligro en la doble confesión. Tú confiesas la fidelidad de Dios, la absoluta fidelidad
de la Palabra de Dios, pero al mismo tiempo tú estás confesando tu enfermedad. Tú confiesas tu
debilidad, falta de dinero, falta de habilidad. Tú has confesado que Dios es tu Proveedor, y que Dios es
tu Sanador. Tú has confesado que tú has sido sanado por medio de las llagas de Cristo Jesús. Pero
ahora tú estás hablando acerca de la falta de habilidad que tienes para hacer esto o aquello, debido a tu
enfermedad. Tú no puedes hacer las tareas de la casa, o no puedes ir a hacer tus negocios, porque tú no
eres capaz de hacerlo. Sin embargo tú has hecho tu confesión diciendo que Dios es la fortaleza de tu
vida y que por medio de las llagas de Cristo Jesús tú fuiste sanado. Tu confesión de enfermedad y de
padecimientos destruye lo que tú eres en Cristo Jesús o lo que Cristo Jesús es dentro de ti. Este es el
tipo más peligroso de todas las confesiones. Tú vas a encontrar que tú has sido entrenado tan
cuidadosamente para estar confesando todo lo equivocado, todas las fallas, todas las debilidades, todo
el pecado, todas las enfermedades y todas las necesidades, que de hecho, se va a requerir mucha
disciplina a través de la Palabra de Dios, para curarte de estos malos hábitos. Ahora tú tienes que
hacer tu confesión y tienes que mantenerse firme en ella.
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Don Gossett
Poseo todo aquello que confieso
Yo confieso a Cristo Jesús como mi Señor (Romanos 10:9–10), y yo poseo salvación. Yo confieso
que “por las llagas de Cristo Jesús soy sanado” (Isaías 53:5), y yo poseo sanidad. Yo confieso “el Hijo
de Dios me ha hecho libre” (Juan 8:36), y yo poseo una libertad absoluta. Yo confieso “el amor de
Dios ha sido derramado en mi corazón por el Espíritu Santo” (Romanos 5:5), y yo poseo la habilidad
de amar a todos los demás. Yo confieso “los justos son valientes como leones” (Proverbios 28:1), y yo
poseo la valentía de un león para la guerra espiritual. Yo confieso “Dios no me dejará ni me
abandonará” (Hebreos 13:5–6), y yo poseo la presencia de Dios en cada paso que doy. Yo confieso “yo
soy el redimido del Señor” (Salmo 107:2), y yo poseo los beneficios de la redención todos los días. Yo
confieso “la unción del Santísimo habita en mí” (1a Juan 2:27), y yo poseo resultados que destruyen
todos los yugos, por medio de esta unción (Isaías 10:27). Yo confieso “en el nombre Jesús yo puedo
echar fuera a demonios” (Marcos 16:17), y yo poseo liberaciones dinámicas dominando a todo tipo de
diablos. Yo confieso “yo pongo mis manos en los enfermos y ellos sanarán” (Marcos 16:18), y yo
poseo sanidades positivas para todos los oprimidos. Yo confieso “soy un pámpano de la Vid Viviente”
(Juan 15:5), y yo poseo la vida de la Vid donde quiera que yo voy. Yo confieso “yo soy la justicia de
Dios en Cristo Jesús” (2a Corintios 5:21), y yo poseo la habilidad de permanecer libre en la santa
presencia de Dios, ¡y también de permanecer en la presencia del diablo como un vencedor! Yo
confieso “yo soy el templo del Dios Viviente” (2a Corintios 6:16), y yo poseo la presencia de Dios
habitando en mi, ¡y caminando conmigo! Yo confieso “mi Dios suplirá todas mis necesidades”
(Filipenses 4:19), y yo poseo las provisiones para todas mis necesidades.
3
E. W. Kenyon
Una confesión negativa
Muy pocos de nosotros nos damos cuenta que nuestra confesión nos encarcela. El tipo correcto de
confesión nos hace libres. No tiene que ver solamente con nuestra manera de pensar; consiste en
nuestras palabras, nuestra conversación, y todo esto edifica poder o debilidad dentro de nosotros.
Nuestras palabras se conviertan en las monedas del Reino de la fe. Nuestras palabras nos atrapan y
nos mantienen en cautividad, o nos hacen libres y nos convierten en personas poderosas que pueden
influenciar las vidas de otros. Lo que confesamos con nuestros labios es lo que realmente domina
nuestro ser interior. Confesamos inconscientemente todo aquello que creemos. Si hablamos acerca de
enfermedades, esto se debe a que creemos en enfermedades. Si hablamos acerca de debilidades y
fracasos, esto se debe a que creemos en debilidades y fracasos.
Es muy sorprendente la fe que tienen las gentes en las cosas equivocadas. Ellos creen firmemente en
el cáncer, en las úlceras del estómago, en la tuberculosis, y en muchas otras enfermedades incurables.
La fe que tienen en esa enfermedad se levanta hasta el grado donde domina todo aquello que hablan,
llegando a dominarlos a ellos por completo. Ellos llegan a convertirse en sus esclavos absolutos.
Ellos adquieren el hábito de confesar sus debilidades, y esa confesión añade fuerza a sus mismas
debilidades. Ellos confiesan su falta de fe, y por lo tanto se llenan de dudas. Ellos confiesan sus
temores y se convierten en personas más temerosas. Ellos confiesan su temor a la enfermedad, y la
enfermedad crece bajo su confesión. Ellos confiesan la necesidad de cosas que tienen, y por lo tanto
van edificando un sentimiento de pobreza que llega a ganar la supremacía en sus vidas.
Cuando nos damos cuenta que nunca podemos ir más allá de nuestra confesión, estamos comenzando
a llegar al lugar donde Dios puede comenzar a usarnos. Tú confiesas que por las llagas de Jesús tú has
sido sanado y, te mantienes firme en tu confesión, y ninguna enfermedad puede permanecer enfrente
de ti.
Ya sea que nos demos cuenta o no, siempre estamos sembrando palabras, tal y como Cristo Jesús lo
dijo en Lucas 8:11, “la semilla es la Palabra de Dios”. El sembrador salió a sembrar, y la semilla que
estaba sembrando era la Palabra de Dios. Esta es la semilla que nosotros deberíamos sembrar. Otras
personas están sembrando en nosotros semillas de conocimiento común, que tienen que ver con el
temor y con la duda.
Es cuando confesamos la Palabra de Dios, que declaramos con énfasis que “por las llagas de Cristo
Jesús yo he sido sanado” o “mi Dios suplirá todas mis necesidades” y que nos mantenemos firme en
nuestra confesión, que vamos a poder ver nuestra liberación total.
Nuestras palabras van a sembrar fe o van a sembrar duda en los demás. En Apocalipsis 12:11 declara
lo siguiente, “Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de
ellos”. Ellos lo vencieron con la Palabra de Dios que era el testimonio de ellos. Ellos conquistaron al
diablo con palabras. A la mayoría de enfermos que Jesús sanó durante su ministerio, los sanó usando
palabras. Dios creó el universo con palabras: palabras llenas de fe. Jesús dijo, “tu fe te ha hecho sano”.
Jesús le dijo al muerto Lázaro, “ven fuera”. Las palabras de Jesús levantaron al muerto. El diablo es
vencido por medio de palabras, y le podemos dar una golpiza usando las palabras.
Nuestros labios se convierten en el medio de transportación de la liberación de Dios, que viene desde
el cielo hacia las necesidades del hombre a quien la tierra. Nosotros usamos la Palabra de Dios.
Nosotros decimos “en el Nombre de Jesús, tú demonio, sal fuera de él”. Jesús dijo, “en mi nombre
echarán fuera demonios, en mi nombre pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán”. ¡Y
todo esto se hace con palabras!
4
Don Gossett
La confesión precede a la posesión
Yo confieso, “todo aquel que clame el nombre del señor Jesús será salvo” (Romanos 10:13), y yo
poseo la salvación, porque yo he clamado el nombre del Señor Jesús. Yo confieso, “el Señor me
guardará de todo mal” (Salmo 121:7), y yo poseo la protección en contra de todas las formas del mal.
Yo confieso, “bienaventurados los que tienen un corazón puro, porque ellos verán a Dios” (Mateos
5:8), y yo poseo la seguridad de que voy a ver a Dios, porque la sangre de Cristo Jesús ha purificado
mi corazón.
Yo confieso, “El Señor dará fuerza a su pueblo; el Señor bendecirá a su pueblo con paz” (Salmo
29:11), y yo poseo fuerza diaria y una abundancia de paz. Yo confieso, “Bendito sea el Señor, que cada
día lleva nuestra carga, el Dios que es nuestra salvación” (Salmo 68:19), y yo poseo mi vida diaria
llena la de la bendición del Señor. Yo confieso, “Yo soy la luz del mundo: todo aquel que me sigue no
andará en tinieblas, sino que tendrá la lumbrera de la vida” (Juan 8:12), y yo poseo luz en el camino de
esta vida, porque yo estoy siguiendo a Jesús. Yo confieso, “Y Dios puede hacer que toda gracia abunde
para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda
buena obra” (2ª Corintios 9:8), y yo poseo toda la gracia, gracia en abundancia—gracia salvadora,
gracia sanadora, gracia bautizadora, y gracia suficiente. Yo confieso, “porque con Dios nada es
imposible” (Lucas 1:37), yo poseo todas aquellas cosas imposibles que se convierten en una realidad,
que yo estoy unido a Dios por medio de un nacimiento divino. Yo confieso, “Yo derramaré mi Espíritu
sobre toda carne” (Hechos 2:17), y yo poseo el Espíritu Santo derramándose sobre mi vida en forma
continua. Yo confieso, “Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras
transgresiones” (Salmo 103:12), y yo poseo la seguridad de que mis pecados han sido removidos muy
lejos de mí, ¡aleluya!
5
E. W. Kenyon
Nuestra confesión
Jesús evidentemente caminó a la luz de Su confesión. Jesús era lo que Él confesaba.
Es muy raro que no sabíamos antes, sino hasta muy recientemente, que la fe sigue las huellas de
nuestra confesión. Nuestra confesión edifica el camino sobre el cual la fe puede transportar toda su
carga poderosa. Tú vas a aprender que nunca puedes levantarte por encima de tu confesión. Nunca vas
a poder disfrutar las riquezas de la gracia, a menos que tú las confieses.
Tú vas a encontrar confesión acerca de quién es Jesús, acerca de lo que Jesús ha hecho por ti, y acerca
de quién eres tú en Cristo Jesús, y siempre va a preceder a Su revelación de Él Mismo.
La salvación sigue a la confesión. “Porque si confesares con los labios que Jesús es el Señor”. Lo
mismo es verdad con relación al hecho de recibir al Espíritu Santo. Nuestra sanidad sigue y viene
detrás de nuestra confesión.
Algunas personas tienen que “mantenerse firmes en su confesión” cuando enfrentan una aparente
derrota. Ellos rehúsan rendirse a las evidencias de los sentidos.
Tú vas a tener que aprender el peligro de una confesión doble; confesar por un momento la absoluta
integridad de la Palabra de Dios, pero al siguiente momento estar confesando que Dios no ha podido
realizarlo en tu caso particular.
Tu confesión es aquello que reta al mundo entero. Es aquello que les causa aventurarse en la vida de
la fe. El cristianismo es la gran confesión. Comienza con Jesús en Su propia confesión; y continúa en
nosotros por medio de valientes confesiones de la verdad declarada de la Palabra del Dios Viviente.
6
Don Gossett
Yo poseo lo que confieso
Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.
—Romanos 10:10
Yo poseo guía continua, porque yo confieso “el Señor los guiará continuamente” (Isaías 58:11).
Yo poseo vida eterna porque yo confieso “Mis ovejas oyen Mi voz y Yo les doy vida eterna” (Juan
10:27).
Yo poseo la paz de Dios porque yo confieso “la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento
guardará vuestros corazones y mentes en Cristo Jesús Nuestro Señor” (Filipenses 4:7).
Yo poseo libertad de todo tipo de temores porque yo confieso “yo soy el Señor tu Dios que te
sostengo que tu mano derecha diciéndote no temas” (Isaías 41:13).
Yo poseo abundancia de bendiciones económicas porque yo confieso “aquel que siembra
abundantemente cosechará también abundantemente” (2ª Corintios 9:6).
Yo poseo ayuda sobrenatural en todo tipo de situaciones y circunstancias porque yo confieso “mi
socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra” (Salmo 121:2).
Yo poseo el bien porque yo confieso “Cede ahora y haz la paz con El, así te vendrá el bien” (Job
22:21).
Yo poseo paz con mis enemigos porque yo confieso “cuando los caminos del hombre le agradan al
Señor, él hace que aún sus enemigos estén en paz con él” (Proverbios 16:7).
Qué poseo la habilidad de ser una bendición positiva porque yo confieso “Así los salvaré para que
seáis bendición” (Zacarías 8:13).
Que yo poseo un sueño profundo asombroso durante la noche, porque yo confieso “Dios dará sueño a
sus amados” (Salmo 127:2).
Yo poseo la seguridad de que mi trabajo en Cristo Jesús es fructífero porque yo confieso “Por tanto,
mis amados hermanos, estad firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo
que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1ª Corintios 15:58).
Yo poseo abundantes bendiciones como un buen hombre de fe, porque yo confieso “el hombre fiel
abundará con bendiciones” (Proverbios 28:20).
Yo poseo fuerzas para mi día, porque yo confieso “tan largo como tus días será tu reposo”
(Deuteronomio 33:25).
Yo poseo un honor especial de mi padre celestial porque yo confieso “si algún hombre me sirve, mi
Padre Celestial le honrara” (Juan 12:26).
7
E. W. Kenyon
El lugar que le pertenece a la confesión
La Iglesia nunca le ha dado a este tema vital un lugar dentro de sus enseñanzas y sin embargo, la
respuesta a las oraciones, el uso del nombre de Jesús, y la fe dependen de que hagamos una
declaración de ellos.
“Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad a Jesús, el Apóstol y
Sumo Sacerdote de nuestra fe” (Hebreos 3:1).
El cristianismo es llamado nuestra confesión, y en Hebreos 4:14, nos dice que “mantengamos firme
nuestra confesión”. La antigua versión dice “profesión”, pero en el original griego significa testificar
una confesión de nuestros labios.
Tú entiendes Romanos 10:8–10, “Mas, ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu
corazón, es decir, la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y
crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se
cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación”. Tú puedes ver el lugar que la confesión
sostiene dentro de la salvación. Tiene este mismo lugar en nuestro caminar de fe.
El cristianismo es una confesión. Es nuestra confesión abierta de quienes somos en Cristo Jesús, y de
lo que Cristo Jesús es para nosotros. Nuestra fe se mide por medio de nuestra confesión. Nunca
podemos creer más allá de nuestra confesión. No es una confesión de pecado; es la confesión del lugar
que tenemos en Cristo Jesús, de los derechos legales poseemos, de todo aquello que el Padre Celestial
ha hecho por nosotros en Cristo Jesús, y de todo aquello que le Espíritu Santo ha hecho en nosotros a
través de la Palabra de Dios, y todo aquello que el Espíritu Santo es capaz de hacer a través de
nosotros. Existe un peligro muy grave en el hecho de tener dos tipos de confesiones. Una sería la
integridad de la Palabra de Dios, y la otra sería con relación a nuestras dudas y temores.
Cada vez que confesamos debilidades y fracaso, dudas y temores, bajamos al nivel donde ellos se
encuentran. Podemos estar orando muy ardientemente y muy sinceramente, declarando por medio de
nuestras oraciones toda nuestra fe en la Palabra de Dios, y sin embargo, en el siguiente momento nos
encontramos cuestionando si acaso Dios nos ha escuchado o no nos ha escuchado, y por lo tanto
confesamos que no tenemos las cosas por las cuales hemos orado. Nuestra última confesión destruye
nuestra oración.
Una persona me pidió que orara por su sanidad por él y entonces me dijo, “quiero que sigas orando
por mí”. Yo le pregunté qué era lo que él deseaba que yo orara por él. El dijo, “oh, siga orando por mi
sanidad”. Yo le dije, “la oración no va a tener ningún valor. Tú acabas de negar la Palabra de Dios”. La
Palabra de Dios dice “los que creen pondrán manos en los enfermos y éstos sanarán, y todo lo que
pidieran en Mi Nombre, Yo lo haré”. Yo oré una oración de fe y él la negó. A través de su confesión,
él anuló mi oración y destruyó el efecto de mi fe.
Tu confesión debe estar de acuerdo absolutamente con la Palabra de Dios, y tú has orado en el
nombre de Jesús, luego entonces, tú tienes que mantenerte firme en tu confesión. Es muy fácil poder
destruir el efecto de tu oración a través de una confesión negativa.
8
Don Gossett
Yo reconozco
Y ruego que la comunión de tu fe llegue a ser eficaz
por el conocimiento de todo lo bueno que hay en vosotros mediante Cristo.
—Filemón 6
Yo reconozco que “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive
en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se
entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Aceptar un hecho es confesar ese hecho, afirmarlo y dar
testimonio de ello. Nunca podré olvidar el día tan maravilloso cuando caminé de un lado para otro en
mi oficina afirmando una y otra vez, “¡Cristo vive en mi!” Y la vida que yo vivo ahora, la vivo a
través de la fe en el Hijo de Dios. ¡Es la fe victoriosa de Cristo Jesús por la cual yo realmente vivo!
Yo reconozco que “Y a aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que
pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros” (Efesios 3:20). En Cristo Jesús, ese es el
poder que está obrando dentro de mí. ¿Qué es lo que ese poder está haciendo dentro de mí? Está
obrando más allá de toda abundancia, y por encima de todo aquello que podemos pedir o pensar.
Aleluya. Yo reconozco muy frecuentemente que el poder de Dios está obrando dentro de mí.
Yo reconozco que “todo lo que yo pida al Padre Celestial en el nombre de Jesús, el Padre me lo va a
dar” (Juan 16:24). ¡Esto ya es mío! ¡Es un privilegio bendito! ¡Aleluya! Yo le pido al Padre Celestial
en el nombre de Jesús, y todo tipo de cosas maravillosas comienzan a suceder. Yo reconozco este
hecho
Yo reconozco que “Mayor es Aquel que está dentro de mí, que aquel que está en el mundo” (1ª Juan
4:4). Yo reconozco continuamente que el Gran Creador está dentro de mí. El Gran Creador tiene
control sobre mí, y Él es mucho más grande que el enemigo que se encuentra en este mundo. Esto me
hace tremendamente dominante sobre todo tipo de circunstancias adversas, problemas, y ansiedades.
Yo reconozco que “Dios no me ha dado el espíritu de temor, sino de poder, y de amor, y de
templanza” (2ª Timoteo 1:07). Yo reconozco que dentro de mí está el espíritu de poder, de amor y de
templanza. Esto coloca mi fe al rojo vivo; yo reconozco que tengo estos espíritus correctos de poder,
amor, y de una mente templada ahora mismo. Yo reconozco que dentro de mí está la libertad, porque
le Espíritu Santo habita dentro de mí. “Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del
Señor, hay libertad” (2ª Corintios 3:17). Yo nunca digo, “yo no siento libertad dentro de mí”. Dios
dice que le Espíritu Santo está dentro de mí, y debido a que el Espíritu Santo todopoderoso que
levantó de entre los muertos el cuerpo de Cristo Jesús se encuentra laborando dentro de mí, ese mismo
Espíritu Poderoso está produciendo libertad. Yo poseo la libertad del Espíritu Santo y de la misma
forma también soy un libertador, liberando a otros y haciendo que muchos lleguen a ser libres.
Yo reconozco que “el amor de Dios ha sido derramado en mi corazón por el Espíritu Santo”
(Romanos 5:5). Yo reconozco y admito que puedo amar con el mismo tipo de amor puro con el cual
Jesús amó a la humanidad necesitada, debido a que el amor de Dios ha sido derramado en mi corazón.
Esta es la razón de por qué yo soy conocido como un discípulo del Señor Jesús: “En esto conocerán
todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros” (Juan 13:35).
Yo reconozco que “puedo poner mis manos en los enfermos y ellos sanarán” (Marcos 16:18). Jesús lo
dijo y esta es mi autoridad ritual sobrenatural, para poder ministrar la sanidad y el poder sanador de
Jesús a los enfermos y a los cuerpos debilitados. Y ellos van a sanar.
9
E. W. Kenyon
Las dos confesiones
Después de haber estado orando por una persona la otra mañana, ella quedó satisfecha, sintiendo que
había sido sanada perfectamente, pero ahora los síntomas han regresado, y su corazón se encuentra
perturbado. Ella se pregunta dónde es que está la dificultad de este problema.
Le pregunté a esta persona, “¿acaso le dijiste a tu marido cuando lo viste esa noche que tú habías sido
sanada?” “No, como usted puede ver, yo no estaba segura de esto todavía. Yo no quería decir nada a
nadie hasta que estuviera segura”. “¿Pero tú ya no tenías ningún dolor? ¿Había alguna molestia?” Yo
le pregunté. “Oh, todo eso se fue; pero usted sabe que yo tengo que ser muy cuidadosa. Mi marido es
muy escéptico, y yo no quería decirle a él que yo estaba sanada hasta que yo estuviera completamente
segura”.
Yo puedo ver dónde se encontraba la dificultad del problema. Ella no creyó completamente en la
Palabra de Dios. Si ella hubiera hecho esa confesión a su marido, la cosa que la afectaba nunca hubiera
regresado. Pero ella jugó poniendo todo esto en las manos del enemigo, y por lo tanto, el enemigo
restauró los mismos síntomas que ella ya había tenido, y trajo de regreso el dolor y las molestias. Esto
sucedió debido a que ella lo invitó a hacerlo. Si ella se hubiera atrevido a mantenerse firme en la
Palabra de Dios, y a mantenerse firme en su confesión de que había sido sanada, el enemigo no
hubiera tenido bases para poder aproximarse a atacarla de nuevo.
Nuestra fe o nuestra incredulidad va a ser determinada a través de nuestra confesión. Muy pocos de
nosotros nos damos cuenta del efecto que tienen nuestras palabras habladas por nuestro propio
corazón en nuestro enemigo. Él nos escucha que hacemos nuestra confesión de fracaso, enfermedad,
de necesidades, y aparentemente nuestro enemigo nunca lo olvida; y nosotros vamos
inconscientemente hacia abajo, al nivel de nuestra confesión. Nunca nadie puede levantarse por
encima de ello. Si tú confiesas enfermedad, vas a desarrollar enfermedades en tus sistemas. Tú
confiesas duda, las dudas se van a hacer más fuertes. Tú confiesas necesidades y falta de dinero, eso
va a detener al dinero para que no venga hacia donde tú te encuentras. Tú dices, “yo puedo entender
esto”. No. Debido a que a la mayoría de nosotros vivimos en el medio ambiente de los sentidos, las
cosas espirituales son extrañas para nosotros.
En el libro de Hebreos 4:14 se encuentra una palabra que debe convertirse en una realidad constante
“Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que trascendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos
nuestra fe”. Nuestra confesión es que la Palabra de Dios no puede ser violada y, todo aquello que el
Padre Celestial dice siempre es verdad. Cuando dudamos al Padre Celestial, estamos dudando de Su
Palabra. Cuando dudamos de la Palabra de Dios, esto se debe a que creemos en algo diferente, y que es
contrario a la Palabra de Dios. Nuestra confianza puede estar en el poder de la carne; puede estar en la
medicina; puede estar en las instituciones; pero en cualquier otra cosa donde esté basada nuestra
confianza, esto contradice la Palabra de Dios, y por lo tanto destruye nuestra vida de fe. Destruye
nuestras oraciones. Hace que las ataduras regresen a nuestra vida.
La persona que camina por fe va a tener que ser probado. Y estas pruebas no vienen del Padre
Celestial; todas ellas vienen del adversario, y el adversario está rehusando permitir que tú te escapes
de que él. Tú te conviertes en una persona muy peligrosa para el adversario cuando tú te conviertes en
la persona suficientemente fuerte para poder resistirle—cuando tú has aprendido a confiar en la
habilidad del Padre Celestial para que todas tus necesidades sean suplidas. Cuando esto se ha
convertido en una realidad en tu conciencia, el adversario es derrotado totalmente.
Pero en tanto el adversario pueda confundir este asunto y mantenerte en un estado de duda, tú vas a
estar en una posición de desventaja. Tu confianza en la Palabra de Dios debe ser fortalecida para
hacerte saber “que ninguna Palabra de Dios volverá vacía” y que ninguna Palabra de Dios puede fallar.
No existe poder alguno en todo el universo que pueda nulificar una declaración que de hecho se
encuentre en la Palabra de Dios. Dios dijo, “Yo vigilo sobre Mi Palabra, para que Ésta se cumpla”. Y
nuevamente, “cualquiera que creyere en el Señor no será avergonzado”. Tu confianza tiene que estar
en la palabra de Dios, la cual es viva, irrefutable, y tú tienes que mantenerte firme en tu confesión,
cada vez que estés enfrentando los ataques del enemigo.
10
Don Gossett
“¡Declara éstas cosas continuamente!”
Tito 3:8
La palabra confesión tiene un significado positivo en la Biblia y significa estar afirmando lo que
Dios ha dicho en Su Palabra. Es estar testificando la declaración de la Palabra de Dios. Es ser testigo
de las verdades que han sido reveladas en este Libro. Hemos sido instruidos divinamente para que
“mantengamos firme nuestra confesión” tal y como lo dice en Hebreos 4:14, y nuevamente,
“mantengamos firmes la confesión de nuestra fe sin titubear: (porque Fiel es Aquél que lo prometió)”
(Hebreos 10:23). No sólo debemos mantener firme nuestra confesión de la Palabra de Dios, pero
debemos afirmar constantemente todas aquellas cosas que Dios nos ha revelado.
¿Que es la confesión? La confesión es decir lo que Dios ya ha dicho en Su Palabra con relación a
cierta cosa. Significa estar de acuerdo con Dios. Consiste en decidir la misma cosa que las Escrituras
dicen. Mantener firme nuestra confesión es decir lo que Dios ya ha dicho una y otra vez, hasta que
aquella cosa que deseamos en nuestro corazón y que Dios ha prometido en Su Palabra, se llegue a
manifestar por completo. No existe tal cosa como posesión sin haber habido confesión.
Cuando llegamos a descubrir los derechos que tenemos en Cristo Jesús, debemos comenzar a afirmar
todas esas cosas constantemente. Debemos testificar de ellos. Debemos ser testigos de estos hechos
bíblicos gigantes. O por decirlo de otra manera, tal y como Pablo lo refiere en Filemón 6, “Y ruego
que la comunión de tu fe llegue a ser eficaz por el conocimiento de todo lo bueno que hay en
vosotros mediante Cristo”.
De nuestros labios deben salir continuamente todo tipo de afirmaciones de verdad. Debemos
mantenernos firmes en ellas sin titubear. El castigo por dudar de nuestra confesión, consiste en que
nos negamos a nosotros mismos las promesas de Dios y el cumplimiento de ellas. “Pero que pida con
fe, sin dudar; porque el que duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de
una parte a otra. No piense, pues, ese hombre, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6–7).
“Díganlo los redimidos del Señor, a quienes ha redimido de la mano del adversario” (Salmo 107:2).
“Regocíjense y alégrense en ti todos los que te buscan; que digan continuamente: ¡Engrandecido sea
Dios! los que aman tu salvación” (Salmo 70:4).
¿Cuáles son las cosas que tenemos que afirmar constantemente? Debemos afirmar las Escrituras
positivas que revelan las buenas cosas que existen dentro de nosotros en Cristo Jesús. Hay cientos de
afirmaciones poderosas que podemos hacer continuamente, a medida que hablamos y declaramos el
lenguaje de las Escrituras.
Afirma éstas cosas constantemente:
Dios es exactamente quien Él dice que es.
Yo soy exactamente quien Dios dice que soy.
Dios puede hacer exactamente lo que Él dice que puede hacer.
Yo puedo hacer todo aquello que Dios dice que puedo.
Dios tiene todo aquello que Él dice tener.
Yo tengo exactamente lo que Dios dice que tengo.
11
E. W. Kenyon
Nuestra conversación
Muy pocos de nosotros nos damos cuenta del efecto que nuestra conversación tiene sobre nuestro
espíritu. Cuando tú pretendes ser algo que no eres, y tú te pones a hablar con mucha palabrería acerca
de ello, esto edifica o forma una debilidad dentro de tu espíritu. Es como un pedazo de putrefacción en
la viga o estructura de un edificio.
Por decirlo de otra manera, tu conversación puede estar llena de desaliento, y tú estás hablando
acerca de todos tus fracasos y de tu inferioridad eventualmente, te va a robar todo tipo de iniciativas, y
vas a encontrar muy difícil poder levantarte por encima de esa actitud mental.
Por el otro lado, tú hablas la verdad acerca de quién eres en Cristo Jesús. Tú le confiesas a tus amigos
o a tus enemigos lo que Dios significa para ti, y acerca de tu unión con Dios, y que de hecho, tú eres
socio con Dios, y que Él es quien te sostiene y Quien te provee las finanzas para hacer todas tus cosas.
Tú le das a Dios todo el crédito por Su habilidad, Su sabiduría, y tú te atreves a confesar todo esto
valientemente, teniendo confianza de que vas a tener todo tipo de éxito, por medio de la gracia de
Dios.
La confesión valiente y continua de Jesús es nuestro mejor ejemplo. Nosotros somos aquello que Él
propuso que seamos. Jesús confesó Quién era Él. El conocimiento basado en los sentidos no podía
entenderlo. Debemos confesar que somos en Cristo Jesús. Los hombres que se basan en sus sentidos
no van a poder entendernos. Tú confiesas que has sido redimido, que tu redención es una realidad
actual, y tú has sido liberado del dominio de satanás y de la autoridad demoníaca, y todo esto se
convierte en una confesión muy valiente que tú debes hacer. Tú confiesas que de hecho eres una nueva
creación, creado en Cristo Jesús, y que tú eres participante de la vida y naturaleza misma de la Deidad,
y este tipo declaración va a asombrar a tus amigos. No basta con confesar esto una sola vez, pero
diariamente tienes que estar afirmando la relación que tienes con Dios, confesando su justicia, y tu
habilidad para poder estar en la presencia de Dios, siendo completamente libre de cualquier
sentimiento de culpa o de inferioridad.
Atrévete a pararte firme en la presencia de hechos que tienen que ver con el sentido común, ¡y
atrévete a declarar que tú eres lo que Dios dice que eres! Por ejemplo, el sentido común declara que yo
estoy enfermo con una enfermedad incurable. Yo confieso que Jesús ya ha puesto esa enfermedad en
Cristo Jesús, y que el diablo no tiene derecho alguno a poner esto en mi; y que, “por las llagas de
Cristo Jesús yo he sido sanado”. Yo me mantengo firme en mi declaración ante la realidad aparente de
la contradicción del sentido común. El sentido común dice que esto no es cierto, y dice que yo estoy
confesando algo que no es cierto. Pero yo estoy confesando lo que Dios dice que es.
Como puedes ver, existen dos tipos de verdad: la verdad del sentido común, y la verdad de la
revelación; y ellas normalmente se oponen la una a la otra. Yo vivo en el nuevo medio ambiente, que
está muy por encima de los sentidos, y por lo tanto me mantengo firme en mi confesión de que yo soy
lo que la Palabra de Dios dice que soy.
Vamos a suponer que mis sentidos me han revelado el hecho de que me encuentro en una gran
necesidad económica. La Palabra de Dios declara, “ mi Dios pues, suplirá todas las necesidades que
ustedes tengan”. Yo le digo a Dios lo que los sentidos han tratado de imponerme, y Dios sabe que mis
expectativas están puestas en Él. Yo rehúso ser intimidado a través de las evidencias de los sentidos.
Yo rehúso que mi vida sea gobernada por ellos. Yo se que Aquel que está en mi es más grande que
todas las fuerzas que me rodean. Las fuerzas que están en oposición son las fuerzas de los sentidos. El
poder que está en mi es el Espíritu Santo; y yo se que las fuerzas espirituales son mucho más grandes
que las fuerzas que se encuentran en el medio ambiente de los sentidos. Yo mantengo mi confesión y
declaración de los valores espirituales, de las realidades espirituales, cada vez que encaró las
contradicciones de los sentidos.
12
Don Gossett
Conviértete en tu propio edificador
No te atrevas a leer estos párrafos en voz baja. Deben ser leídos solamente en voz alta tú estás
edificando tu propia fe, porque “la fe viene a través del oír de las Palabras de Dios”. Comienza ahora
mismo, y conviértete en tu propio “edificador de fe”.
“Yo soy una nueva criatura en Cristo Jesús. Si eso soy yo. ¿Qué significa esto? Significa que en el
momento en que yo recibí a Cristo Jesús como mi Salvador Personal y el Señor de mi vida, yo nací
dentro de la familia real de Dios. Yo soy un hijo de Dios. Dios ahora me ha creado en Cristo Jesús.
Dios ha puesto una nueva vida dentro de mí. Yo he nacido de arriba, nacido del Espíritu Santo. Todo
lo que Dios crea es bueno. Yo no arruino mi vida, porque mi vida está en Cristo Jesús. Dios me creó, y
no fui creado por mí mismo. Yo soy aquello que Dios propuso que yo fuera—una nueva criatura. Yo
no voy a menospreciarme a mí mismo, porque yo estoy en Cristo Jesús, y en Cristo Jesús, he obtenido
una nueva vida. Mi vida antigua ha desaparecido. Yo soy un ciudadano del nuevo reino y mi
ciudadanía está en los cielos. “Si llegas a ver un ángel, pregúntale y él te dirá que mi nombre está
escrito en los cielos. Maravilla de maravillas, es que soy una nueva creación en Cristo Jesús. Creado
por Dios, y obra de Sus propias manos. Dios ahora está trabajando dentro de mí para que yo pueda
llegar a hacer Su voluntad, la cual es agradable y perfecta. ¿Qué es lo que Dios está haciendo dentro de
mí? ¡Dios me está edificando! Dios me está haciendo fuerte en la fe. ¿Cómo es que Dios está haciendo
esto? ¡Lo está haciendo por Su Propia Palabra!
“Yo soy la justicia de Dios en Cristo Jesús. ¿Cómo es que sé esto? Porque 2ª Corintios 5:21 es una de
las más grandes declaraciones, entre otras que me afirma este hecho. Ahora yo ya soy justo en Cristo
Jesús. No sólo soy una nueva criatura en Cristo Jesús, sino que también soy justo en Cristo Jesús.
¿Qué significa ser justo? Significa que yo poseo la habilidad divina para poder permanecer en frente
de la presencia santa de Dios sin tener ningún sentido de culpa o indignidad. Significa que Dios me ha
hecho justo con Su propia justicia. Yo puedo estar delante de Dios sin tener ningún sentido de que no
soy digno. Así que ahora que ya soy completo en Cristo Jesús, y también soy completamente libre de
aquel viejo complejo de inferioridad que alguna vez me mantuvo cautivo. ¡Aleluya!
Yo he sido redimido del reino de las tinieblas y he sido trasladado al reino del Amado Hijo de Dios.
Anteriormente yo permanecía cautivo en el medio ambiente de la oscuridad espiritual. El diablo era
mi señor y mi dueño. Yo estaba encadenado, atado condenado por toda la eternidad en el infierno.
Pero entonces, Jesucristo vino, y rompió todas esas ataduras, liberando mi alma de la condenación
eterna, y me dio Su vida eterna. Y ahora me encuentro en ese gran reino donde Jesús reina como el
Señor de los señores y como el Rey de todos los reyes. Jesús me invita para que me una a Él justo ahí
en Su trono. Yo reinó con Cristo Jesús en la vida. Si, yo soy redimido. Una vez yo solía vivir bajo las
ataduras horribles del diablo. El pecado era mi dueño. Yo vivía para agradar a la carne. Pero ahora en
este nuevo reino, el pecado no tiene dominio sobre mí. En el antiguo reino de oscuridad, yo viví bajo
el poder de la enfermedad, del temor, de la pobreza y del fracaso. Yo fui atado por poderes inmundos.
Pero ahora, a través de la sangre de Cristo Jesús, yo he sido liberado completamente. Yo puedo decir
con confianza, “adiós a la enfermedad, adiós al temor, adiós a las carencias, adiós a las debilidades.
¡Ahora soy completamente libre!” Ahora vivo en un nuevo reino, que es el reino celestial, donde
existe la vida, la luz, la libertad, el gozo, la paz, la salud, la seguridad, la bendición y todo el poder.
¡Qué gran redención es la que tengo! ¡Qué gran Redentor tengo!
“Yo soy un heredero de Dios, y un coheredero con Cristo Jesús”. Ser salvo no es una cosa de poca
importancia. Yo he recibido una herencia muy valiosa. Yo sido bendecido con todo tipo de
bendiciones espirituales en los lugares celestiales en Cristo Jesús. Mi Padre Celestial me ama tal y
como Él ha amado al Señor Jesucristo. Mi maravilloso Padre Celestial es más grande que todo lo que
existe. Él me ama con un amor eterno. Si, yo soy bendecido con lo mejor del cielo.
Mi Señor Jesucristo dijo, “yo soy la vid y vosotros son los pámpanos”. Ésta es la manera tan estrecha
y cercana en que estoy vinculado con Cristo Jesús. Él es esa Vid Viviente, y yo soy una de las ramas
de esa Vid. Esa misma vida, amor, gozo, paz, poder, sabiduría y habilidad que fluye de la Vid, fluye
también hacia las ramas. Donde quiera que yo, vaya como rama, ¡la vida de la vid fluye!
“Yo tengo la vida de Dios en mi cuerpo mortal actualmente, y no sólo cuando yo llegue al cielo, pero
ahora mismo, mi espíritu ha sido avivado, y por lo tanto yo vivo y me muevo y tengo mi ser en Cristo
Jesús. Yo tengo lo que Dios dice que tengo. Yo puedo hacer lo que Dios dice que puedo hacer. Yo soy
lo que Dios dice que soy.
“Yo _________________________, afirmó que todos los hechos anteriores han sido establecidos
para siempre en los cielos, y ahora son establecidos en mi corazón. Yo voy a declararlos
continuamente, con toda valentía, y voy a “poseer todo lo que me pertenece” en Cristo Jesús”.
13
E. W. Kenyon
La confesión de fe
La confesión de fe siempre resulta en una confesión gozosa. Confiesa que tenemos el dinero aún
antes de que éste llegue. Confiesa una salud perfecta aún cuando el dolor todavía está en el cuerpo.
Confiesa una victoria total mientras que la derrota todavía lo mantiene a uno cautivo.
Tu confesión está basada sobre la Palabra Viva de Dios. “Yo sé en quién he creído, y estoy
convencido de que Dios no sólo es capaz de hacer buenas cosas, sino que Dios está haciendo buenas
cosas en este momento en mi vida”.
Yo tuve la oportunidad de orar por una persona que estaba muy enferma. Después de que había
terminado de orar, la persona dijo, “yo se que me voy a mejorar”. Yo sabía que habíamos sido
derrotados, yo le dije a ella, “¿Cuándo es que tú vas a sanar?” Ella dijo, “yo no sé cuándo, pero yo sé
que lo haré, porque la Palabra de Dios no puede fallar”. Yo dije, “no, pero tú le has fallado a la Palabra
de Dios. La Palabra de Dios es ahora, la fe es ahora; ¿acaso la Palabra de Dios está siendo verdadera
en tu caso?” Ella dijo, “sí, de hecho es verdad”. “Entonces”, yo le dije, “por las llagas de Jesucristo ¿tú
has que?” Ella pudo verlo. “Por las llagas de Jesucristo yo he sido sanada”. Yo le dije, “¿cuándo?” Ella
dijo, “ahora mismo”. Yo le dije, “en ese caso, debes levantarte y vestirte”.
Yo recuerdo un hombre de avanzada edad en el pueblo de Fredericton, New Brunswick, que era un
diacono de la iglesia bautista de la localidad, y vino con una pulmonía doble. Varios de los pastores
locales y yo fuimos a orar por él. Yo lo ungí con aceite y oramos por él. Después de que acabamos de
orar, él dijo con una voz muy fuerte, “esposa, dame mi ropa, me voy a levantar”. Ese fue un gran gozo
al verlo actuar en la Palabra de Dios. Cuando confesamos la Palabra de Dios con gozo, esto trae
convicción para todos los oyentes. En Romanos 10:10 dice, “porque con el corazón el hombre cree”.
Me gusta traducirlo de esta manera, “porque con el corazón, el hombre actúa basado en la Palabra de
Dios”. El corazón actúa, y eso mueve los labios para que hagan la confesión.
Un corazón que está lleno de duda es un corazón que está gobernado por los sentidos. Una confesión
valiente viene de un corazón que está gobernado por la Palabra de Dios. La Palabra de Dios domina la
vida del corazón y entonces la persona habla tal y como lo hizo Pablo, “yo sé en Quién he creído”.
Mientras que Pablo estaba parado en la cubierta de aquel barco en medio de esa tormenta tan
horrible, él dijo, “yo creo en Dios”. Entonces, él les dijo a todos esos hombres que no sabían qué
hacer, “cada uno de ustedes va a llegar a tierra a salvo, pero el barco se va a perder”. El dijo, “vengan,
vamos a comer el desayuno”. Pablo partió el pan y dio gracias en medio de todos ellos. El es dio a
todos ellos algo mucho más que sólo pan, él les dio el valor que necesitaban Pablo tenía una confesión
gozosa la cual estaba llena de fe. Sólo un corazón que ha sido nutrido con la Palabra de Dios puede
permanecer firme bajo estas circunstancias tan difíciles.
Cuando sabemos que la Palabra de Dios nos está hablando en este momento, no es difícil poder actuar
basados en ello. En el Salmo 82 declara que “la Palabra de Dios ha sido establecida en los cielos”.
Cuando yo leí eso, pude ver que debía ser establecida en mi corazón. Yo ya no iba a tratar de
conformarme con nada menos que esto. Yo sabía que ninguna Palabra de Dios iba a quedar sin
cumplimiento. Nunca más iba yo a tener miedo de actuar basado en la Palabra de Dios.
La Palabra de Dios se convirtió en algo más real para mí y cualquier palabra que cualquier hombre
jamás me hubiera dicho. Mis labios se llenaron con risa, y mi corazón fue lleno con gozo y de esta
manera tuve una confesión victoriosa.
Cuántas veces he tenido que ver la confesión titubeante de alguien que camina en el fracaso, y de la
misma manera, la confesión gozosa de alguien que camina en una total y completa victoria. Cuando
actuamos sin temor alguno, basados en la Palabra de Dios, y gozosamente echamos todas nuestras
preocupaciones en Dios, la victoria es algo tan seguro como el hecho de que el sol va a salir al día
siguiente.
14
Don Gossett
Caminando con Dios por medio de concordar con Dios
Cómo puedo caminar verdaderamente con Dios, a menos que esté completamente de acuerdo con
Él? Estar de acuerdo con Dios significa decir las mismas cosas que Dios dice en Su Palabra acerca de
la salvación, acerca de la sanidad, acerca de las respuestas a las oraciones, y acerca de una vida
victoriosa.
Yo estoy de acuerdo con Dios en el hecho de que yo soy quien Dios dice que soy: soy un hijo de Dios
nacido del cielo. Soy una nueva criatura en Cristo Jesús. Soy más que vencedor a través de Cristo
Jesús. Yo jamás puedo estar de acuerdo con el diablo que me dice que “no soy suficientemente
bueno”, que soy un fracaso, que soy un debilucho, y que soy un perdedor. ¡Yo estoy de acuerdo con
Dios y jamás puedo estar de acuerdo con el diablo!
¿Cómo puedo caminar con Dios en todo poder, en todas sus bendiciones, y ser usado por Él? Por
medio estar de acuerdo con Dios en el hecho de que poseo lo que Dios dice que poseo: Su nombre, Su
naturaleza, Su poder, Su autoridad, Su amor. Yo estoy de acuerdo con Dios acerca de lo que Dios dice
que poseo—¡en Su Palabra!
“Enoc caminó con Dios”, y yo hago lo mismo, por medio de estar de acuerdo en el hecho de que he
recibido la habilidad para hacer todo aquello que Dios dice que yo puedo hacer: testificar con poder,
echar fuera demonios, ministrar Su poder sanador. “Todo lo puedo en Cristo Jesús que me fortalece”.
¡Yo estoy de acuerdo con Dios acerca de qué puedo hacer todo aquello que Dios dice—en Su Palabra
—que yo puedo hacer!
Si yo hablo solamente lo que mis sentidos dictan, yo no voy estar de acuerdo con Dios. Tiene que ser
el hecho de hablar “solamente la Palabra de Dios”, por medio de lo cual yo me pongo de acuerdo con
Dios. Tiene que ser “la confesión de fe” que se va a constituir en mi victoria.
Para poder caminar con Dios, yo no estoy de acuerdo con el diablo. Jesús dijo…por medio de
declarar valientemente “está escrito”. Yo resisto al diablo por medio de la Palabra de Dios.
Diariamente yo camino con Dios por medio estar acuerdo con Dios y con la Palabra de Dios. “Porque
Dios lo dijo… yo puedo decirlo valientemente” (Hebreos 13:5–6).
15
E. W. Kenyon
La realización sigue a la confesión
Nosotros caminamos a la luz de nuestro testimonio—nuestra fe nunca va más allá de nuestra
confesión. La Palabra de Dios se convierte en algo real a medida confesamos Su realidad, y la razón
de esto es que, “caminamos por fe y no por vista”.
El conocimiento de los sentidos podría confesar solamente aquello que ha sido visto, oído, o sentido.
Las gentes que siempre están en busca de experiencias, continuamente caminan basados en su
sentidos. El diablo le tiene mucho miedo a nuestro testimonio de la realidad de la Palabra de Dios. “Si
tú confesarás con tu boca”, y esto hace reaccionar nuestro corazón de la misma manera como
reacciona cuando hablamos y confesamos dudas a través de nuestros labios, y esto produce una
reacción de nuestro corazón. Cuando tú hablas de tus dudas y temores, tú destruyes tu fe. Cuando tú
hablas acerca de la habilidad del Padre Celestial, y acerca del hecho de que esto te pertenece, tú llenas
tus labios con alabanza por todas las respuestas que has recibido a tus oraciones. Esta reacción en el
corazón es algo tremendo: la fe va a crecer, paso a paso, y medida a medida.
Cuando tú hablas acerca de tus pruebas y tus dificultades, o acerca de la falta de fe que tienes, o
acerca de tu falta de dinero, tu fe es sacudida y pierde su poder. Toda tu vida espiritual se va a reducir.
Pero tú estudias acerca de quién eres en Cristo Jesús, y entonces lo confiesas valiente y abiertamente.
Tú te atreves a actuar basado en la Palabra de Dios, encarando la oposición del conocimiento de los
sentidos. Sin importar las apariencias, tú te mantienes firme; tú haces tú confesión y te mantienes
firme en ello encarando las aparentes imposibilidades. Como puedes ver, la fe no va a pedir cosas
posibles. La fe consiste en pedir que se realice lo imposible. La oración nunca es para las cosas que
son posibles, sino que siempre va a hacer pidiendo aquella cosa está fuera de la razón. Es Dios quien
obra con nosotros, dentro de nosotros, y a favor de nosotros. “¿Cómo no nos dará también todas las
cosas?” Como puedes ver, tú estás entrando al ámbito de lo imposible, de la misma manera como lo
hizo Abraham cuando él le pidió a Dios por un hijo.
No estás pidiendo por algo que puedas hacer por ti mismo, sino que está pidiendo por algo que va
más allá del razonamiento. Entonces, tú rehúsas tomar el consejo del temor o mantener las dudas en tu
mente. Las batallas más duras que yo jamás he peleado han sido en estos terrenos. Las batallas más
grandes que yo jamás he ganado han sido aquellas donde las cosas parecen imposibles, donde había la
más grande oposición, y donde la razón era desacreditada completamente por la fe. Yo me mantuve
firme en mi confesión y la Palabra de Dios fue hecha realidad. Confiesa su dominio sobre todas las
enfermedades en el Nombre de Jesús. Nunca te sientas atemorizado por cualquier condición, sin
importar qué tan grande o qué tan imposible sea el caso que enfrentas. Puede tratarse de cáncer,
tuberculosis, o de un accidente en el cual la muerte parece ser la dueña de la situación. Nunca te rindas
ante estas cosas. Tú debes saber que tú y Dios son los dueños de toda situación. Nunca jamás, ni por
un solo momento, debes perder la confesión de tu supremacía sobre las obras del adversario. Esta
enfermedad, esta calamidad no viene de Dios. Tiene una sola fuente de origen y es el diablo. Y en el
nombre de Jesús, tú tienes el control sobre ello. Tú has tomado el lugar de Jesús; tú estás actuando en
representación de Jesucristo.
Tú mantienes tu posición sin temor alguno; confiesas la habilidad que tienes en Cristo Jesús para
suplir y confrontar cualquier emergencia. Siempre debes recordar que Jesús enfrentó a la derrota y la
venció completamente. Tú estás encarando la derrota como el vencedor de ella continuamente. Nunca
te rindas. Mantén tu posición firmemente. Una forma de traducción de Filipenses 1:27–28: “permite
que tu vida como miembro de una misma comunión sea digna de las buenas nuevas del Mesías, para
que, ya sea que yo venga a visitarlos, o que tenga que permanecer lejos de ustedes y solamente oiga
noticias acerca de ustedes, yo pueda saber es ustedes están trabajando denodadamente, hombro con
hombro, por la fe de las buenas nuevas; y que no son intimidados en ninguna forma por sus
adversarios. El fracaso de sus adversarios para poder intimidarlos a ustedes, es una clara evidencia—y
de hecho, es una señal de Dios—para ellos, acerca de que su destrucción es inminente; pero para
ustedes, de que la salvación les pertenece”.
Esta posición sólida de la cual se habla en Colosenses 2:5 “porque aunque estoy ausente en el cuerpo,
sin embargo estoy con vosotros en espíritu, regocijándome al ver vuestra buena disciplina y la
estabilidad de vuestra fe en Christo” es la posición firme que presentas ante tus enemigos. Tú no
puedes ser vencido. El espíritu está murmurando, “no, en todas estas cosas yo soy más que vencedor”.
Toda enfermedad viene del enemigo. Toda clase de pecado viene del enemigo. Toda oposición a las
buenas nuevas viene del enemigo. Dios y yo somos vencedores. Más grande es Aquel que está en mí
que toda esta oposición o que esta enfermedad. No existe necesidad alguna que sea más grande que mi
Señor. No existe necesidad alguna que mi Dios no pueda suplir. Esta voluntad indomable que Dios ha
puesto en ti no puede ser vencida ni conquistada. Tú debes recordar lo que tú eres—tú eres una nueva
criatura. Es una rama que pertenece a la vid. Tú eres heredero de Dios. Tú has sido unido con Dios. Tú
y Dios son uno solo; y Dios es la parte más grande de esta unidad. No existe tal cosa como un Dios
conquistado, cuando Su instrumento que eres tú, rehúsa admitir que el enemigo pueda vencerlo. Tú
eres ese instrumento. “Yo he aprendido que en cualquier circunstancia en que me encuentre, yo me
encuentro independiente de todas las circunstancias” (Filipenses 4:11, versión de Way).
Derrotado con tus propios labios
Tú dijiste que no podías, y en el momento en que lo dijiste está derrotado. Tú dijiste que no tenías fe,
y la duda se levantó como un gigante dentro de ti. Tú has sido hecho prisionero con tus propias
palabras. Tú declaraste fracaso, y el fracaso te tomó prisionero. Proverbios 6:2 dice, “tú has sido
enlazado con las palabras de tu boca”. Muy pocos de nosotros nos podemos dar cuenta que nuestras
palabras nos dominan.
Un hombre joven dijo una vez, “nunca fui derrotado hasta el momento en que confesé que ya había
sido derrotado”. Otro hombre dijo, “en el momento en que comencé a hacer una confesión valiente,
llena de confianza, un nuevo valor que nunca había conocido tomó posesión de mi”.
Otra joven madre dijo, “mis labios han sido una maldición constante. Nunca he sido capaz de obtener
dominio sobre mis labios”.
Otra mujer dijo el otro día, “yo siempre hablo lo que está en mi mente”. Ella tiene muy pocos
amigos. Lo único que hace que la gente la visite es la pena que sienten por ella. Sus labios han sido su
maldición. No es tan malo hablar lo que está en tu mente si es que tú tienes la mente de Cristo Jesús,
pero mientras tú tienes una mente que es dominada por el diablo, muy pocas gentes tienen interés de
escuchar lo que tienes en mente.
Nunca temas al fracaso.
Nunca declares derrota.
Nunca, ni por un momento admitas que el poder de Dios no puede ayudarte. Debes convertirte en una
persona “que tiene la mente de Dios”, recordando siempre que es más grande Aquel que está en ti, que
cualquier fuerza que pueda venir en contra tuya; recordando también que Dios creó todo el universo
con palabras; y esas palabras son mucho más poderosas que los tanques o que las bombas, y son
mucho más poderosas que un ejército o que las Fuerzas Armadas.
Debes aprender a usar las palabras de tal manera que ellas trabajen a favor de ti y se conviertan en sus
sirvientes. Debes aprender que tus labios te pueden convertir en un millonario o en un pordiosero; en
alguien que la gente quiere, o en alguien que la gente desprecia; en un vencedor o en un cautivo.
Tus palabras pueden ser llenas de fe, la cual puede remover los cielos y hacer que los hombres te
quieran. Debes recordar que tú puedes llenar tus palabras con amor, de tal manera que sean capaces de
derretir el corazón más frío, que puedan traer calor y sanidad a los corazones quebrantados y a las
personas desanimadas. En otras palabras, tus palabras se pueden convertir en todo aquello que tú
desees que sean. Tú puedes hacer que tus palabras rimen. Tú puedes llenar tus palabras con ritmo. Tú
puedes llenar tus palabras con odio, con veneno; o también, tú puedes hacer que tus palabras respiren
la misma fragancia del cielo.
Ahora tuya puedes ver en forma viva lo que tu confesión significa para tu propio corazón. Tú fe
nunca va a registrar más allá de las palabras de tus labios. No es tan malo pensar una cosa como lo es
confesarlo. Los pensamientos pueden venir y pueden persistir y tratar de quedarse, pero si tú rehúsas
convertirlos en palabras ellos mueren sin llevar fruto alguno. Debes cultivar el hábito de pensar cosas
en grande, y entonces, debes aprender a usar palabras que provoquen una reacción en tu propio
espíritu, y te conviertan en un vencedor. Las confesiones de Jesucristo probaron ser reales. Las
confesiones de fe generan realidades. Jesús confesó que era La Luz del Mundo. Jesús es la Luz del
mundo. El rechazo de Jesús ha lanzado al mundo a una nueva oscuridad. El dijo que Él era el Pan que
había bajado del cielo, y esto es verdad. Las gentes que se han alimentado de las palabras de Jesús
nunca han vuelto a sufrir hambre. Las palabras de Jesucristo edifican nuestra fe, a medida que
actuamos en ellas, y que permitimos que ellas vivan en nosotros. Sus palabras fueron llenas con El
Mismo; y a medida que actuamos en ellas, ellas mismas nos llenan con Cristo Jesús. Las palabras
alimentan la fe, y hacen que el poder de Dios crezca dentro de nosotros. Las palabras del creyente
deberían nacer del amor, y deberían siempre estaré llenas de amor. Nuestros labios toman el lugar de
los labios de Jesús. Nuestras palabras nunca debieran lastimar o herir, sino al contrario, deberían
bendecir y sanar. Jesús es el Camino, la Realidad, y la Vida. Nosotros estamos tomando el lugar de
Jesucristo, mostrando el Camino, confesando la Realidad, y disfrutando la Vida.
Nunca vas a poder disfrutar lo que tú eres en Cristo Jesús, hasta que el amor de Jesucristo llegue a
gobernar tus labios.
16
Don Gossett
Nunca digas “no puedo”,
cuando Dios dice “si puedes”
Nunca digas, “no puedo”. La frase “no puedo” no se encuentra en ningún lado en la Biblia. Debes
hablar el lenguaje de Dios. Debes decir lo que la Palabra de Dios dice. Debes estar en armonía con el
cielo, por medio de afirmar y confesar la Palabra de Dios. Debes estar de acuerdo con Dios por medio
de estar acuerdo con Su Palabra.
No puedo decir, “no puedo recibir mi sanidad”. Debes hablar valientemente, “yo puedo recibir mi
sanidad, que por las llagas de Jesús he sido salado. Yo puedo recibir mi sanidad, porque Jesús dijo que
pondrán las manos sobre los enfermos y ellos sanarán y, las manos han sido puestas sobre mí y por lo
tanto me voy a recuperar”.
Nunca digas, “no puedo pagar mis deudas”. Al contrario, debes declarar enfáticamente, “yo sí puedo
pagar mis deudas, porque mi Dios suple todas mis necesidades de acuerdo a Sus riquezas en gloria en
Cristo Jesús. Yo he honrado al Señor Jesucristo, por medio de pagar mis diezmos y dar ofrendas en Su
Nombre, y Él dice que Él abrirá las ventanas de los cielos y derramará bendiciones hasta que sobré
abunden, y que va a reprender al devorador en favor de mi. Yo puedo pagar mis deudas, porque mi
Dios suple el dinero para suplir todas las necesidades de mi vida”.
Nunca digas, “no puedo testificar con poder porque soy tan débil y tan anémico como cristiano, y
cuando se trata de dar mi testimonio”. Debes derrotar esa declaración negativa por medio de afirmar,
“yo puedo testificar en poder, porque he recibido al Espíritu Santo en mi vida, y Jesús dijo que yo
tengo poder porque poseo al Espíritu Santo habitando dentro de mi. Yo puedo compartir mi
testimonio, y mi testimonio es por Cristo, el mensaje de Su salvación con gran efectividad, porque he
recibido energía a través del poderoso Espíritu Santo de Dios desde el cielo”.
Nunca digas, “que nunca puedo recibir la respuesta de mis oraciones”. Este tipo de expresiones va a
cerrar los cielos para tu vida. Con toda seguridad, debes declarar, “yo puedo recibir la respuesta a mis
oraciones, porque Jesús dijo que cualquier cosa que yo pida al Padre Celestial en el nombre de
Jesucristo, Él me la daría. Yo puedo recibir respuestas poderosas de parte de Dios, porque Dios ha
prometido que si yo clamo a Él, Él me respondería, y me mostraría grandes cosas, y cosas muy
maravillosas. Yo se que puedo recibir las respuestas a mis oraciones, porque ésta es la confianza que
tengo en Dios, que cualquier cosa que yo le pida, la voy a recibir de Él, porque mantengo Sus
mandamientos y hago todas aquellas cosas que son agradables ante los ojos de Dios”.
Nunca digas, “nunca voy a ver a mis seres queridos viniendo a la salvación en Cristo Jesús”. Es una
mentira del diablo, si tú la dices en voz alta y la declaras, le estás dando lugar al diablo. Debes ponerte
de acuerdo con las promesas de Dios y declarar, “yo puedo ver a mis seres queridos viniendo a rendir
su corazón a Cristo Jesús, porque Dios ha prometido que si yo creo en el Señor Jesucristo, no sólo yo
sería salvo, pero también por medio de creer, toda mi casa va a ser salva. Yo nunca voy a temer que
mis seres queridos se van a perder para siempre en el infierno. Yo puedo ver que todos mis seres
queridos son salvos, porque yo soy un instrumento en las manos de Dios para creer por la salvación de
todos ellos”.
Nunca digas, “jamás voy a poder vencer mi problema de sobrepeso o de obesidad”. Debes descubrir
la habilidad que hay en Cristo Jesús, por medio de declarar, “yo puedo resistir la tentación de comer
comidas importantes, demasiado dulces, y llenas de calorías. Por medio de habitar en Cristo Jesús, yo
puedo evitar comidas que sean muy altas en calorías. Yo puedo, por medio de la gracia de Cristo
Jesús, vencer la tentación de convertirme en un comilón compulsivo, y puedo llegar a comer con
moderación, con templanza porque mi vientre nunca se va a convertir en mi Dios. Aleluya, yo he
podido descubrir el secreto: yo puedo conquistar mi condición miserable de sobrepeso y obesidad a
través de Cristo Jesús quién es mi fortaleza y mi suficiencia”.
17
E. W. Kenyon
El valor de la confesión
La realización siempre tiene que seguir a la confesión. Caminamos a la luz de nuestro testimonio. La
palabra se convierte en algo real, sólo a medida que confesamos su realidad. El diablo tiene miedo de
nuestro testimonio. Si tú confiesas algo con tu boca, esto va a causar una reacción sobre tu corazón o
en tu espíritu. Confesamos todo aquello que somos en Cristo Jesús, y entonces, actuamos basados en
nuestra confesión. Si confesamos nuestros temores, ellos nos van a gobernar. y si confesamos el
dominio de la enfermedad, esto establece su señorío sobre nuestros cuerpos en forma mucho más
completa. Si confesamos nuestra libertad, el hecho de que el hijo de Dios nos ha hecho completamente
libres, Dios hace que esta confesión se convierta en una realidad.
Cuando nos damos cuenta que Jesús confrontó a la derrota y la conquistó completamente, y cuando
nos atrevemos a hacer este tipo de confesión, la derrota y el fracaso pierden el dominio que tenían
sobre nosotros.
Debes pensar pensamientos de fe y debes declarar palabras que dirijan al corazón fuera de la derrota,
y hacia la victoria total. Cuando confesamos la Palabra de Dios, Dios Cuida para que se vuelva una
realidad, pero no va a existir acción alguna de parte de Dios si no existe confesión de nuestra parte. El
cristianismo es llamado “la gran confesión”. En Hebreos 3:1 dice lo siguiente, “considerad al Apóstol
y Sumo Sacerdote de nuestra confesión, Cristo Jesús”.
En Hebreos 4:14 dice, “Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que trascendió los cielos, Jesús, el
Hijo de Dios, retengamos nuestra fe”. ¿Cual es la confesión que debemos mantener? Que en Cristo
Jesús tenemos una redención perfecta.
En Colosenses 1:13–14 dice lo siguiente, “Porque El nos libró del dominio de las tinieblas y nos
trasladó al reino de su Hijo amado, en quien tenemos redención: el perdón de los pecados”. Ésa
redención nunca llega a convertirse en una realidad, sino hasta que la Declaramos y confesamos; muy
pocos creyentes llegan a apropiarse de este hecho. Cuando encaramos una aparente derrota,
confesamos nuestra redención y nuestra liberación, y éstas se convierten en una realidad, y no
pedimos por la redención; damos gracias a Dios por ella.
Ésa redención nos fue provista de acuerdo a lo que dice1a Pedro 1:18–19, “Sabiendo que no fuisteis
redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecederas como
oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo”.
Esto no es una promesa, sino un hecho cumplido.
En Efesios 2:10 dice que confesamos ser una nueva creación, creados en Cristo Jesús, “Porque somos
hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano
para que anduviéramos en ellas”.
En 2ª Corintios 5:17 dice que podemos atrevernos a decir, “las cosas viejas pasaron; he aquí toda son
hechas nuevas, y todo esto es de Dios, que nos reconcilió asimismo por medio de Cristo Jesús”.
Sabemos que no sólo somos redimidos y hechos una nueva creación, pero también somos
reconciliados. Debemos atrevernos a confesar esto delante de todo el mundo. Confesamos nuestra
redención, habiendo sido redimidos de la mano de satanás, y por lo tanto, él es incapaz de poner
enfermedades sobre nosotros, y es incapaz de mantenernos atados.
En Apocalipsis 12:11 dice, “y ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero, y debido a la
palabra de su testimonio”. La palabra aquí es logos. Ellos vencieron al adversario, debido a la sangre
del Cordero, y debido al logos que estaba contenido en el testimonio de ellos. Ellos descansaron en la
integridad de la Palabra de Dios. Ellos se atrevieron a confesar que todo lo que Dios ha dicho es cierto
y verdadero.
Y Romanos 4:25 dice lo siguiente, “El cual fue entregado por causa de nuestras transgresiones y
resucitado por causa de nuestra justificación”.
Romano 5:1 dice, “Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por
medio de nuestro Señor Jesucristo”.
Entonces debes atreverte a confesar que todo esto es verdad ahora mismo. Debes confesar tu justicia
en Cristo Jesús. Ahora ya somos la justicia de Dios en Cristo Jesús. Podemos atrevernos a declarar
esto delante de todo el mundo. Podemos atrevernos a confesar que Dios mismo, se ha convertido en
nuestra justicia (Romanos 3:26).
Hemos sido convertidos a través del nuevo nacimiento y a través del Espíritu Santo, en la misma
justicia de Dios en Cristo Jesús. “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que
fuéramos hechos justicia de Dios en El” (2ª Corintios 5:21). Esta es la misma declaración de Dios de
lo que nosotros somos actualmente; no de lo que queremos ser, pero de lo que Dios nos ha hecho.
En 1ª Pedro 2:24 declara que hemos sido sanados, “y El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo
sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis
sanados”. La obra ha sido cumplida. El problema no consiste en obtener nuestra sanidad, y tampoco es
un problema de fe. Es un problema de la integridad de la Palabra de Dios. ¿Acaso podemos depender
en la Palabra de Dios?
Jeremías 1: 12 dice lo siguiente, “Y me dijo el Señor: Bien has visto, porque yo velo sobre mi palabra
para cumplirla”. Nuestra confesión debe ser una confesión de la fidelidad absoluta de la Palabra de
Dios, de la obra terminada de Dios, y de la realidad de nuestra relación con Él, como hijos e hijas de
Dios.
Ésas palabras determinan nuestra fe. Estas palabras son nuestra confesión. Si yo me pongo a confesar
continuamente mis necesidades; yo creo en mis necesidades y, mi confesión seguramente se convierte
en una realidad, y yo confieso las cosas en las cuales creo. Si yo creo en el fracaso y la debilidad, voy
a acabar por confesarlos. Yo voy a vivir en los estándares de mi confesión. Si yo me atrevo a decir que
el Salmo 34:10 es verdad, “Los leoncillos pasan necesidad y tienen hambre, mas los que buscan al
Señor no carecerán de bien alguno”, y me mantengo firme en esta confesión, Dios va a hacer que se
convierta en una realidad todo aquello que yo he confesado.
En el Salmo 84:11 dice, “Porque sol y escudo es el Señor Dios; gracia y gloria da el Señor; nada
bueno niega a los que andan en integridad”.
Yo me atrevo a confesar y a declarar Proverbios 3:5–6 que dice, “Confía en el Señor con todo tu
corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos, y El enderezará
tus sendas”. Esta es la verdadera guía. No sólo es liberación de ciertas condiciones, pero es una guía
para entrar a la voluntad de Dios, y a las sendas de la plenitud.
En Filipenses 4:19 dice algo que se ha convertido en el cántico de mi corazón, “mi Dios pues suplirá
todo lo que les falta de acuerdo a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Qué confesión más fuerte es
esta. El corazón se fortalece grandemente.
En Isaías 54:17 dice, “Ningún arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se alce
contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos del Señor, y su justificación viene de mí- declara
el Señor”. Dios está bajo la obligación de estar siempre presente y cuidar por los Suyos. El nunca
puede fallarnos.
En el Salmo 118:6 dice, “El Señor está a mi favor; no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre?”
En Isaías 41:10 dice, “No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios.
Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia”. Este es el reto de
Dios, yo me atrevo a confesarlo delante de todo el mundo. ¡Qué clase de confesión es esta! Dios me
dice a mí en lo personal: “no tengas miedo y hijo, Yo siempre estoy contigo. No te desmayes; Yo soy
tu Dios”.
Él era el Dios de Israel ¿acaso puedes recordar lo que le sucedió a faraón y a Egipto, y a los filisteos?
(Éxodo 14:21–31, 1ª Samuel 14).
¿Acaso puedes recordar lo que le sucedió a todas las naciones que se atrevieron a poner sus manos en
contra de Israel, mientras que Israel mantenía el pacto con su Dios? En 1ª Crónicas 16:22 dice, “no
toquéis a mis ungidos”. Dios va a cuidar de nosotros de la misma manera como en el cuidó de ellos.
Dios va ser nuestro Protector y nuestro Proveedor. Jesús dijo que la fe siempre ganaría. La fe ha
ganado. Nosotros somos los testigos de esta tremenda realidad. La Biblia es la confesión de Dios.
Mientras más leo la Biblia, mas es que esta tremenda verdad opaca todo lo demás desde Génesis hasta
Apocalipsis. Es una confesión continua de la grandeza de Dios y de la habilidad de Dios, de su amor, y
del gran corazón que Dios tiene como Padre Celestial.
Jesús, tal y como tú puedes verlo en los cuatro Evangelios, continuamente está realizando
confesiones y declaraciones. El es el Gran Pastor; Él es la Luz del mundo. En Juan 10:11 dice lo
siguiente, “Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas”. En Juan 8:12 dice, “Jesús
les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que
tendrá la luz de la vida”. Jesús dijo en Juan 14:6, “ Yo soy el camino, la verdad, y la vida”. En Juan
11:25 dice, “Yo soy la resurrección y la vida”. En Juan 6:35 dice, “Yo soy el pan de vida”. Todas estas
son unas confesiones tremendas. En Juan 10:29 dice, “Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y
nadie las puede arrebatar de la mano del Padre”. La confesión de Jesús lo dirigió directamente hacia el
Calvario. En Juan 5:18 dice lo siguiente, “Entonces, por esta causa, los judíos aún más procuraban
matarle, porque no sólo violaba el día de reposo, sino que también llamaba a Dios su propio Padre,
haciéndose igual a Dios”.
Las valientes confesiones de los hombres a través de todas las edades nos han dado los mártires de la
historia. La fe nos da el valor para poder confesar, y la confesión nos da la valentía para poder tener fe
y la confesión te alinea, y te establece en el lugar correcto, y establece tu posición. Sabemos lo que tú
eres. Si tú permaneces en silencio, no podemos conocer el lugar que ocupas. La confesión sana, o la
confesión que mantiene enfermo, y es por medio de tu confesión que eres salvo o que te pierdes. Es
por medio de tu confesión que tienes abundancia o que tienes necesidad, y es por medio de tu
confesión que eres débil o que eres fuerte. Tú eres lo que tú confiesas con tus labios, y lo que tú crees
en tu corazón. Tu confesión de fracaso te ayuda en el medio ambiente del fracaso. La confesión de la
habilidad de Dios a favor tuyo te permite salir adelante por encima de todas las cosas.
En Proverbios 6:2 dice lo siguiente, “si te has enredado con las palabras de tu boca, si con las
palabras de tu boca has sido atrapado”. Somos atrapados por medio de nuestra confesión, o somos
liberados por medio de las palabras de nuestra confesión. Debes hacer que tu confesión esté en
armonía con la Palabra de Dios. Nunca va a poder armonizar con el sentido común. Nunca intentes
armonizarlo. El sentido común llama a esto una presunción o un fanatismo, pero Dios lo llama fe y lo
honra.
En Hebreos 11:1 dice lo siguiente, “Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción
de lo que no se ve”. Dios dice que Su redención es completa, y tú confiesas que es completa, que ha
tomado tu lugar, declarándote a ti mismo a través del nombre por el cual Dios te ha declarado, y
reconociendo que todo lo que dice la Palabra de Dios es tuyo. Ahora tú debes declarar que todo lo que
Dios ha hablado, aplicándola a tu caso que es verdad. En Juan 8:32, 36 dice, “conoceréis la verdad y la
verdad os hará libres....Así que, si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres”. La verdad te va a
hacer libre. Tú declaras que a todos aquellos que el hijo de Dios ha hecho libre, ellos son libres
verdaderamente, el pecado no puede enseñorearse sobre ti nunca más, y de la misma manera, la
enfermedad y los padecimientos no pueden enseñorearse sobre ti.
En Romanos 6:14 dice, “Porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotros, pues no estáis bajo la
ley sino bajo la gracia”. Las preocupaciones y las ansiedades no pueden enseñorearse sobre ti. El
dominio del diablo se ha terminado para siempre. Tú puedes pararte firme en Dios.
Muy pocos de nosotros nos hemos podido dar cuenta del poder que tiene la Palabra de Dios en
nuestros labios. Jesús dijo en Marcos 16:18 que todos aquellos que creyeren “pondrán las manos sobre
los enfermos y estos sanarán”.
En Juan 14:13 dice lo siguiente, “todo lo que tienen al Padre Celestial en Mi Nombre, eso les daré”.
El capítulo tres de Hechos trata con una historia que tiene que ver con el nombre de Jesús en los labios
de Pedro. Pero dijo, “míranos... en nombre de Cristo Jesús de Nazaret, ¡camina!” Si tu no usas el
nombre de Jesús, el nombre de Jesús no puede hacer nada. Pero si tú comienzas a usar el nombre de
Jesús, esto va a ser como cuando el nombre del Padre Celestial estaba en los labios de Jesucristo. En
Hechos 4:18–37 se nos recuerda la manera en que el lugar fue sacudido por medio del nombre de
Jesús. En el versículo 18 dice, “y los llamaron aparte, y les encargaron que no hablaran ni enseñarán
en el nombre de Jesús”. El nombre de Jesús en sus labios había estremecido toda la ciudad de
Jerusalén desde sus mismos fundamentos y cimientos.
En Hechos 16:16–18 muestra el poder que tenía el nombre de Jesús en los labios de Pablo. Pablo dijo,
“yo te ordeno en el nombre de Cristo Jesús que salgas de ella”. Ella fue sanada y liberada.
En Juan 15:7 dice, “si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, perdí todo lo que
quisieres, yo será hecho”. La Palabra de Dios en tus labios no sólo te hace libre, sino que también
libera a los demás. La Palabra de Dios en tus labios sana a los enfermos. La Palabra de Dios en tus
labios crea fe en los corazones de aquellos que te escuchan. La Palabra de Dios en tus labios va a
cambiar la vida de las personas a medida que ellos escuchan. La misma vida de Dios se encuentra
encerrada en esas palabras. La Biblia es la Palabra de Dios. En los labios que están llenos de amor y de
fe, cada Palabra de Dios está llena de Su presencia. Nuestra conversación diaria es la gran confesión.
Debemos confesar a Cristo Jesús delante de todo el mundo. Debemos confesar la plenitud de la gracia
de Dios. Debemos confesar la integridad de la revelación de Dios.
Esta primera confesión debe ser Romanos 10:9–10 que dice, “Que si confiesas con tu boca a Jesús por
Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el
corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación”. Hemos podido encontrar una
redención perfecta, y tenemos que confesar esto ante todo el mundo. En Hechos 10:36 pero dice, “Dios
es el Señor de todo lo que existe”. Esta expresión conmueve el corazón Dios es el señor de los tres
mundos: el cielo, de la tierra, y del infierno. Toda rodilla se dobla ante Él en el nombre de Jesús. Con
mucho gozo es que confesamos el Salmo 23:1 que dice, “el Señor es mi Pastor; nada me faltará”.
En Jeremías 16:19 dice, “¡Oh Señor, fuerza mía y fortaleza mía, refugio mío en el día de angustia!”
Filipenses 4:13 dice, “Todo lo pueden Cristo que me fortalece”.
Yo le digo al mundo: “el Señor Jesucristo es mi Proveedor. El es mi Pastor; nada me faltará”.
Existe un peligro muy grave cuando hacemos una confesión equivocada o una afirmación equivocada.
Confesamos nuestras dudas y temores. Esto le da dominio al diablo. Confesamos nuestras
enfermedades, y esa confesión ata nuestra voluntad como si fuera un cautivo, y nos mantiene en una
esclavitud absoluta. Confesamos las necesidades y la falta de dinero, y la necesidad viene con un
hombre armado y nos mantiene en ataduras. Confesamos la falta de habilidad, aún cuando encaramos
el hecho de que Dios dijo que Él iba a ser la fortaleza de nuestra vida. Todas estas confesiones de
fracaso apagan al Padre Celestial, y permiten que el diablo se meta en nuestra vida; le dan al diablo el
derecho de meterse en nuestra vida. Todas estas confesiones repudian la Palabra de Dios y al
contrario, están honrando al diablo. ¿Qué es lo que deberíamos confesar? En el Salmo 23:1 dice, “el
Señor es mi Pastor; nada me faltará”. Tú ya no tienes miedo de nada, y tú debes confesar esto.
En Juan 10:29 dice, “Mi Padre Celestial es mayor que todo lo demás”. Estas palabras nos van a poner
en prisión, o nos van a hacer completamente libres. Nuestras palabras ponen una atadura en nosotros,
y nos apartan de la libertad que nos pertenece en Cristo Jesús. En Malaquías 3:13 dice, “Vuestras
palabras han sido duras contra mí- dice el Señor-. Pero decís: “¿Qué hemos hablado contra ti?” Esto
sucede con nuestras palabras cada vez que ellas pelean en contra de la Palabra de Dios.
Una mujer vino a verme el otro día. Ella dijo, “Sr. Kenyon, yo ya he estado orando, pero no puedo
obtener mi liberación”. Sus palabras contradecían lo que dice la Palabra de Dios. La Palabra de Dios
dice, “todo lo que pidiereis al Padre, Él se los dará en Mi Nombre”. En Marcos 16:18 dice, “los que
creyeren…pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán”.
Ella estaba repudiándola; ella estaba negando que la Palabra de Dios sea verdadera. Sus palabras de
ella estaban peleando en contra de la Palabra de Dios. Inconscientemente, ella había adoptado una
actitud mental que estaba en contra de la Palabra de Dios. Ella no había hecho esto intencionalmente,
pero de todas formas lo había hecho. Esa actitud que ya tenía, era la que la estaba manteniendo en
esclavitud. A medida que hablé con ella, yo pude ver que ella no estaba aceptando lo que yo estaba
diciendo. Cuando oré por ella, ella fue liberada del dolor, pero las quejas no se apartaron de su boca.
No existía ningún tipo de confesión de victoria en sus labios. Siempre existe el peligro de tener una
aceptación o una confesión mental dentro de uno mismo. La aceptación mental reconoce la verdad de
la Palabra de Dios, pero nunca da el paso para actuar basado en ella. Su confesión es algo así: “oh si,
existe sanidad de la Palabra de Dios. Existe salvación y liberación en la Palabra de Dios, pero…”
Por el otro lado, la fe confiesa gozosamente su victoria. El gozo que contiene es una celebración; es
el triunfo total sobre el testimonio de los sentidos. La fe da un sentido de seguridad, de una certeza
absoluta, de la quietud, y cuando esto se convierte en confesión, se vuelve una realidad. El corazón
debe de estar enraizado y fundamentado en la Palabra de Dios y en el amor.
En Hechos 19:20 dice, “Así crecía poderosamente y prevalecía la palabra del Señor”. La fe es
simplemente la Palabra de Dios que está prevaleciendo sobre las evidencias de los sentidos. En
Hechos 20:32 nos da una ilustración muy contundente. “Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de
su gracia, que es poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados”. Es la
Palabra de Dios la que establece; es la Palabra de Dios la que edifica. Es la Palabra de Dios, llena de la
gracia de Dios, la que edifica fe en el corazón del creyente. La confesión de Jesús requiere de ponerle
atención en forma muy cuidadosa. En Juan 5:19–20 dice: aquí se encuentran diez de las declaraciones
de Jesús. Cada una de ellas Lo coloca en el nivel de la deidad debe de leer esto muy cuidadosamente.
Subraya esto en tu Biblia.
En Juan 5:43 dice, “Yo he venido en el nombre de mi Padre”.
En Juan 5:46 dice, “si ustedes creyeran en Moisés, ustedes creerían en Mi”.
En Juan 6:35 dice, “Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el
que cree en mí nunca tendrá sed”. Esta es una confesión tremenda.
En Juan 6:47 dice, “todo aquel que cree en Mí tiene vida eterna…Yo soy el pan de vida que descendió
del cielo”.
En Juan 7:29 dice, “Yo le conozco, porque procedo de El, y El me envió”.
En Juan 8:29 dice, “Y El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque siempre hago lo
que le agrada”.
En Juan 10:10 dice, “Yo he venido para que tengan vida, y para qué la tengan en abundancia”.
En Juan 10:30 dice, “el Padre y Yo somos uno solo”.
En Juan 11:25 dice, “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en Mí, aunque esté muerto vivirá”.
Éstas son algunas de las confesiones de Jesús. ¿Acaso nos atrevemos a confesar lo que somos en
Cristo Jesús, y todo aquello que tenemos en Cristo Jesús? ¿Acaso nos atrevemos a confesar Juan 1:16?
“Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia”.
Hemos recibido la plenitud de Jesucristo, pero no nos ha servido de nada, porque hemos fallado en
traducir esto hacia una confesión. Cada creyente sabe que Dios puso todas sus enfermedades en Cristo
Jesús; pero él o ella tienen miedo de hacer esta confesión y de actuar basados en la Palabra de Dios. El
miedo viene del enemigo. Indica que tenemos más confianza en el enemigo que la que tenemos en la
Palabra de Dios. Debemos confesar que lo que Dios dice que es verdad, y entonces, debemos
demostrarlo nuestra vida diaria. No existe confesión alguna en la vida de muchas gentes. Existe mucha
oración, pero no existe confesión acerca de que la Palabra de Dios es verdad. No es oración lo que
muchos necesitan, sino la confesión de la Palabra de Dios. Yo no quiero decir una confesión de
pecado. Una mujer dijo recientemente después de que yo había orado por ella y había abierto la
Palabra de Dios ante los ojos de ella, “¿tú has seguido orando por mi enfermedad, o no lo has hecho?”
La confesión de esta mujer era que la Palabra de Dios era una mentira.
Tú tienes que confesar, que tú puedes hacer lo que Dios dice que puedes hacer, y que tú eres lo que la
Palabra de Dios dice que eres. Él dice que tú eres una nueva creación de en Cristo Jesús. Él dice que tú
eres más que un vencedor; y que tú eres un conquistador. Dios te hizo para que tú fueras un hijo, una
hija del Dios Todopoderoso, un heredero o heredera de Dios, y un coheredero o coheredera juntamente
con Cristo Jesús. Tú puedes hacer todas las cosas en Cristo Jesús que es tu fortaleza. (Filipenses 4:13).
Todo aquello que Dios dice que yo puedo hacer, yo declaro que yo puedo hacerlo. Todo aquello que
Dios dice que yo soy, yo declaro que lo soy. Yo hago mi confesión valientemente. Tú haces tú
confesión: “Dios es mi Padre Celestial: yo soy Su hijo. Como un hijo en la familia de Dios, estoy
tomando el lugar que me corresponde. Estoy actuando en la parte que me corresponde. Yo estoy en
Cristo Jesús. Cristo Jesús está en mi”.
Debes recordar que el Padre Celestial va a ser para ti todo aquello que tú confieses que Él es para ti.
Si tu oración ha sido contestada, debes mantenerse firme en tu confesión. Si el nombre de Jesús no te
ha dado una liberación instantánea, debes mantenerte firme en tu confesión. Si el dinero no llega,
debes mantenerte firme en tu confesión. En Lucas 1:37 dice, “Porque ninguna cosa será imposible
para Dios”.
En Isaías 55:11 dice: la Palabra de Dios debe cumplir la voluntad del Padre Celestial. “Así será mi
palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el
propósito para el cual la envié”. Existe un peligro en orar, y entonces retractarte de tu oración. Cuando
tu oras por alguna necesidad, y declaras que esa necesidad no ha sido suplida, tú has repudiado la
oración que acabas de hacer.
Pero la oración si es contestada. La Palabra de Dios es real. No anules la Palabra de Dios por medio
de una confesión negativa.
En Isaías 41:10 dice, “No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios.
Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia”.
18
Don Gossett
Lo que no soy
Yo no soy ni estoy enfermo, porque, “ mi Señor sana todas mis enfermedades” (Salmo 103:3). Yo no
estoy atado por qué “el Hijo de Dios me ha hecho libre” (Juan 8:36).
Yo no estoy derrotado por qué “soy más que un vencedor por medio de Cristo Jesús que me amó”
(Romanos 8:37). Yo no soy débil porque “el Señor fortalecerá a Su pueblo” (Salmo 29:11). Yo no
carezco de poder porque “recibirán poder después de que haya venido sobre vosotros el Espíritu
Santo” (Hechos 1:8).
Yo no carezco de paz, dado que “siendo justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio
de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).
Yo no padezco necesidad de ninguna cosa porque “Porque sol y escudo es el Señor Dios; gracia y
gloria da el Señor; nada bueno niega a los que andan en integridad” (Salmo 84:11).
Se que yo no soy derrotado por ninguna obra malvada porque “el señor me librará de todo obra mala”
(2ª Timoteo 4:18).
Yo no le temo a ningún tipo de plagas por qué “No te sucederá ningún mal, ni plaga se acercará a tu
morada” (Salmo 91:10).
Yo no estoy huyendo del diablo porque yo estoy “ resistiendo al diablo, y él huirá de mi” (Santiago
4:7).
Yo no me encuentro todos los días sin avivamiento alguno porque “Pero si el Espíritu de aquel que
resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre
los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en
vosotros” (Romanos 8:11).
Yo no puedo ser encadenado por el pecado, por los demonios, o por el temor porque “tu Dios a quien
sirves con perseverancia, Él te librará” (Daniel 6:16).
Yo no me encuentro en una batalla perdida porque “El Señor peleará por vosotros mientras vosotros
os quedáis callados” (Éxodo 14:14).
Yo no me encuentro falto de gozo porque, “ el gozo de Jesús está en mí, y Su gozo es hecho perfecto
en mi” (Juan 15:11).
Yo no puedo dejar de ver a Dios porque, “Bienaventurado son los de corazón puro, porque ellos verán
a Dios” (Mateo 5:8).
Yo no soy oprimido por los cuidados este mundo, por las dificultades y los problemas porque, yo
estoy, “echando todas mis preocupaciones sobre Cristo Jesús, porque Él cuida de mí” (1ª Pedro 5:7).
19
E. W. Kenyon
La confesión equivocada
Un enemigo muy desesperado y que es muy persistente es la confesión equivocada. ¿Qué es lo que
quiero decir al mencionar confesión equivocada? Tú sabes que el cristianismo en verdad es la gran
confesión. En Romanos 10:9 dice, “Que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu
corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo”.
Tú debes notar que esta es una confesión aquí mismo, con tus propios labios. (Cada vez que se usa la
palabra “confesión”, inconscientemente tenemos la costumbre de pensar en pecado. Esto no es una
confesión de pecado. Esta es una confesión del conocimiento que tenemos de que el Hijo de Dios
murió por nuestros pecados, de acuerdo a la Palabra de Dios, y que al tercer día resucitó de entre los
muertos).
Ahora, con mi boca yo hago la confesión acerca del señorío que levantó el Señor Jesucristo. Yo no
sólo hago esto, sino que también con mi corazón he aceptado Su justicia y he confesado mi salvación.
Como tú puedes ver no existe tal cosa como la salvación sin la confesión. Por lo tanto en Hebreos 3:1
es muy claro lo que dice, “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial,
considerad a Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe”. Como tú puedes ver, el cristianismo
es nuestra confesión. En Hebreos 4:14 Dios dice, “ mantengamos firme nuestra confesión”. ¿Cuál es
nuestra confesión? Es que, Dios es nuestro Padre Celestial, nosotros somos Sus hijos, y somos parte de
Su familia. Es una confesión, el hecho de que nuestro Padre Celestial conoce nuestras necesidades, y
ya ha hecho provisión para suplir cada una de ellas.
Es una confesión acerca de la obra terminada de Cristo Jesús, de lo que yo soy en Él, y de lo que Él es
en mí. Es una confesión el hecho de decir que “más grande es Aquel que está en mí, que aquel que está
en el mundo”. Es mi confesión que Dios suple todas mis necesidades de acuerdo a sus riquezas en
gloria. Es mi confesión que cuando oro, el Padre Celestial escucha mi oración y me contesta. Esta es
una confesión múltiple. Si yo estuviera enfermo, yo mantendría mi confesión acerca de que “por las
llagas de Cristo Jesús yo soy sanado”.
Si yo me encontraba débil, yo insistiría en seguir confesando de que Dios ahora mismo es “la fuerza
de mi vida”, y que puedo hacer todas las cosas en Cristo Jesús, Quien me da la capacidad a través de
Su propia capacidad. Si se trata de un problema de sabiduría, yo confieso que Jesús ha sido hecho para
mí sabiduría de parte de Dios.
Estas son algunas cosas que no se deben hacer
No debes tratar de creer, sólo debes actuar basado en la Palabra de Dios. No debes tener una doble
confesión, de tal manera que en un momento tú confiesas, “si, Dios escuchó mi oración y yo soy
sanado”, o “voy a obtener ese dinero”, y entonces, empezar a cuestionar cómo es que esto va a
suceder, y que es lo que tú debes hacer para poder obtenerlo. Tu última confesión destruyó tu oración
y destruyó tu fe.
No debes confiar en la fe de otras gentes—debes tener tu propia fe.
Debes tener tu propia creencia. Debes tener tu propia fe de la misma manera como tienes tu propia
ropa. Debes actuar en la Palabra de Dios por ti mismo.
No debes hablar dudas o incredulidades.
Nunca debes admitir que tú eres un “Tomás dudoso”, porque esto es un insulto para tu Padre
Celestial.
No debes hablar de enfermedades y padecimientos.
Nunca debes hablar acerca de los fracasos, sino que debes hablar acerca de la Palabra de Dios, Su
absoluta integridad, y acerca de la confianza declarada que tienes en ella; acerca de tu habilidad para
poder actuar en la Palabra de Dios; y para poder mantenerte firme en la confesión de Su verdad.
20
Don Gossett
Lo que puedes hacer
El secreto de este mensaje es confesar en voz alta cada afirmación. Debes hacer las afirmaciones en
forma que sean algo personal para tu propia vida. Entonces, tú te vas a convertir en uno de los
instrumentos “usados” por Dios, y en ese cristiano indomable que siempre llega a realizar cosas…a
través de Cristo Jesús que habita dentro de ti.
“Todo lo pueden Cristo Jesús que me fortalece” (Filipenses 4:13). La Biblia es la Palabra de Dios, y
cuando Dios dice una cosa, Él es muy serio acerca de ello. ¡Yo puedo hacer todo aquello que Dios dice
que puedo hacer!
Jesús dijo, “en Mi Nombre echarán fuera demonios… pondrán las manos sobre los enfermos y esto
sanarán” Marcos 16:17–18. ¡Yo puedo hacer eso! En el nombre de Jesús yo puede echar fuera
demonios, y puedo ministrar sanidad a los enfermos.
En el Salmo 37:4 dice, “pon tu delicia en Jehová, y Él te dará los deseos de tu corazón”. Yo pudo
tener los deseos de mi corazón, ¡porque yo me estoy deleitando en el Señor Jesucristo!
En Hechos 1:8 dice, “recibirán poder cuando haya venido sobre ustedes el Espíritu Santo, y me seréis
testigos”. Yo puedo testificar con poder, ¡porque yo tengo el Espíritu Santo en mi vida!
En Isaías 53:5 dice, “por las llagas de Jesús somos sanados”. Yo puedo poseer sanidad y salud
¡porque por medio de las llagas de Jesucristo yo he sido sanado!
En Juan 13:34 dice, “ámense los unos a los otros, de la misma forma como Yo los he amado”. Yo
puedo amar a otros de la misma manera como Jesús me amó, ¡porque el amor de Jesús ha sido
derramado en mi corazón y yo puedo amar con Su amor!
En 1ª Corintios 1:30 dice, “Cristo Jesús ha sido hecho para nosotros sabiduría de Dios”. Yo puedo
tener sabiduría divina en cada crisis, porque Cristo Jesús mismo es mi misma sabiduría.
En Proverbios 28:1 dice, “los justos son valientes como leones”. Yo puedo ser tan valiente como un
león, porque yo he sido hecho justo con la justicia de Cristo Jesús (Romanos 10:10, 2ª Corintios 5:21).
En Daniel 11:32 dice, “mas el pueblo que conoce a sus Dios mostrará fuerte y actuará”. Yo puedo
hacer grandes obras, ¡porque yo conozco a mi Dios, quien me fortalece!
En 2ª Pedro 1:3 dice, “Pues su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la
piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia”. Yo
puedo disfrutar todas las cosas que pertenecen tanto a la vida como la piedad, ¡y yo puedo hacer todas
las cosas por medio de Cristo Jesús que me fortalece!
21
E. W. Kenyon
Todo aquello que confieso,
lo poseo
Me tomó un largo tiempo poder ver esta verdad. Después de que pude verla, y aun cuando pensé que
ya la entendía, aún así, yo no me decidía a actuar en ella. El cristianismo es llamado “la gran
confesión”. La ley de la confesión es que yo confieso que yo tengo una cosa, antes de que la posea
conscientemente. En Romanos 10:9–10 te da la ley para poder entrar al medio ambiente de la fe. “Que
si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los
muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para
salvación”. Como puedes ver, con el corazón, el hombre cree que Cristo Jesús es su justicia, y con sus
labios, el hombre realiza la confesión de su salvación. Tú puedes notar que la confesión de los labios
viene antes de que Dios actúe en nuestro espíritu, y vuelva a crearlo de nuevo.
Yo digo, “Jesucristo murió por mis pecados de acuerdo a la Palabra de Dios, y ahora yo reconozco
que Jesús es mi Señor”, y yo se que en el instante en que yo reconozca a Cristo Jesús como mi Señor,
yo tengo vida eterna. Yo no puedo tener vida eterna hasta que yo no confiese que la tengo.
Yo confieso que tengo salvación antes de que Dios actúe y me haga una nueva creación. Lo mismo es
verdad con relación a la sanidad. Yo confieso que “por las llagas de Cristo Jesús yo he sido sanado”, y
aún cuando la enfermedad todavía esté mi cuerpo. Yo digo, “ciertamente Cristo Jesús llevó mis
enfermedades y sufrió mis dolencias, y he venido a apreciarlo como Aquel que fue golpeado, herido
de Dios con mis enfermedades, y ahora yo se que por las llagas de Cristo Jesús yo he sido sanado”.
Yo hago la confesión de que “por las llagas de Cristo Jesús yo he sido sanado”; la enfermedad y todos
sus síntomas tal vez no abandonen mi cuerpo en forma instantánea, pero yo me mantengo firme en mi
confesión. Yo sé que lo que Dios ha dicho, Él es capaz de realizarlo.
Yo sé que yo he sido sanado, porque Dios ha dicho que yo he sido sanado, y no hace ninguna
diferencia, el hecho de que los síntomas todavía estén en mi cuerpo. Yo me río de ellos, y en el
nombre de Jesús, yo le ordeno al autor de las enfermedades que se salga de mi cuerpo. El ya ha sido
derrotado, y yo soy un vencedor.
Yo he aprendido esta ley, que cuando yo confieso valientemente, entonces, y sólo entonces, es que yo
llego a poseerlo. Yo hago que mis labios hagan el trabajo que les corresponde. Yo le doy a la Palabra
de Dios el lugar que merece. Dios ha hablado, y yo me alineo con la Palabra de Dios. Si yo me alineo
con las enfermedades y con los dolores, entonces no va a haber sanidad para mí. Pero yo he decidido
alinearme con la Palabra de Dios, y yo repudió toda enfermedad y toda dolencia. Mi confesión me da
la posesión.
Yo quiero que tú tomes nota de este hecho, de que la fe es gobernada por nuestra confesión. Si yo
digo que alguien ha orado por mi, y que estoy esperando que Dios me sane, entonces, yo he repudiado
mi sanidad. Mi confesión debería ser así: la Palabra de Dios declara que yo he sido sanado, yo le doy
gracias al Padre Celestial por ello, yo Lo alabo por ello, porque esto es un hecho consumado. Debes
recordar que Filipenses 4:6–7 dice lo siguiente, “Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo,
mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de
Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras
mentes en Cristo Jesús”.
¿Por qué es que la oración debe ser hecha con acción de gracias? Esto significa que yo se que ese
asunto ya ha sido hecho. Yo pido por ello y ahora ya lo tengo, por lo tanto, le doy gracias al Padre
Celestial por ello. En el versículo siete dice, “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento,
guardará mi corazón y mi mente en Cristo Jesús”.
Yo jamás me preocupo. Yo ya lo tengo. Yo no voy a obtener el dinero que necesito…yo ya lo tengo.
Es tan real como si estuviera físicamente en mi bolsillo. Yo no voy a obtener mi sanidad…yo ya tengo
mi sanidad, porque yo tengo la Palabra de Dios, y mi corazón está lleno con excitación. Su confesión
resuelve todo el problema. Una confesión equivocada impide que el Espíritu Santo pueda trabajar en
tu cuerpo. Una confesión neutral se traduce en incredulidad. Es tan mala como una confesión negativa.
Es la confesión clara y positiva la que obtiene la victoria. “Yo sé en quién ha creído”. “Yo se que todas
las palabras de Dios se van a cumplir”. “Yo sé que Dios hace que Su Palabra se cumpla”. Estas son las
confesiones de un vencedor.
Quiero que Notes varios puntos acerca de la relación que tiene la confesión con la fe. Tu confesión es
tu fe. Si tienes una confesión neutral, entonces, tienes una fe neutral, y si tienes una confesión
negativa, entonces, la incredulidad está dominando tu espíritu. La incredulidad crece con una
confesión negativa. Una confesión de fracaso coloca al fracaso en el trono. Si yo confieso debilidad, la
debilidad me domina. Si yo confieso mi enfermedad, yo me mantengo atado por ella. Todas estas
confesiones negativas reconocen que el diablo tiene dominio por encima del tabernáculo de Dios.
El espíritu siempre responde a tu confesión. La fe no es producto de las habilidades de razonamiento,
sino del espíritu regenerado. Cundo tú naciste de nuevo, tú recibiste la naturaleza del Padre Dios. Esta
naturaleza crece dentro de ti a medida que actúas en la Palabra de Dios, y a medida que confiesas el
dominio perfecto que el Padre Celestial tiene en tu cuerpo, esto hace que tu espíritu crezca en gracia y
en habilidad.
Tú debes recordar que tu confesión es la actitud que tienes presente hacia el Padre Celestial. En
alguna prueba especial que pueda llegar a tu vida, tu confesión va a encontrarse en el ámbito de la fe o
en el ámbito de la incredulidad. Tu confesión va a honrar al Padre Celestial o va a honrar al diablo…
va a darle al diablo dominio sobre tu vida, o va a darle a la Palabra de Dios dominio sobre tu vida.
Ahora tú ya puedes ver el valor que tiene el mantenerse firme a tu confesión. Tu confesión te
convierte en un conquistador o te da la derrota. Tú te levantas o tú te caes de acuerdo al nivel de tu
confesión. Debes aprender a mantenerte firme en tu confesión cuando te encuentres en lugares
difíciles.
En Juan 8:36 dice, “si el Hijo de Dios os libertareis, seréis verdaderamente libres”. El hijo de Dios ya
te ha hecho libre, y ahora tú debes mantenerte firme en esa libertad.
En Gálatas 5:1 dice algo que es de vital importancia para todo creyente. “Para libertad fue que Cristo
nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud”.
El tiempo correcto para hacer tu confesión y declaración es en el momento cuando el diablo te ataca.
Tú sientes el dolor penetrando tu cuerpo. Tú lo repudias. Tú le ordenas que se vaya en el nombre de
Jesús.
En Romanos 8:31–37 dice, “Si Dios es por nosotros, ¿quien contra nosotros?” El Padre Celestial está
de tu lado. La enfermedad no puede conquistarte, y tampoco puede hacerlo el autor de las
enfermedades. Las circunstancias no pueden enseñorearse sobre ti, porque el Padre Celestial y Cristo
Jesús son mucho más grandes que cualquier circunstancia.
Tú has aprendido que en cualquier circunstancia o condición en que te encuentres, puedes regocijarte
en tu victoria continua. Tú sabes que lo que dice 1ª Juan 4:4 es verdad “Hijos míos, vosotros sois de
Dios y los habéis vencido, porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo”.
Debes notar quién eres tú. “Tú eres de Dios”. “Tú has nacido de Dios”. “Tú eres producto de Dios, y a
través Su voluntad divina, Él te ha sacado por medio de Su Palabra”. El resto del versículo dice lo
siguiente, “porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo”. “Porque Dios es el
que obra en ustedes el creer como el hacer, de acuerdo a Su buena voluntad”.
Filipenses 2:13 ha sido mi victoria muchas, muchas veces. Ahora vamos a volver a Romanos 8:11,
que dice, “Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el
mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales
por medio de su Espíritu que habita en vosotros”. Tú debes reconocer este hecho. Todo te pertenece
por medio de la confesión, o todo lo pierdes por medio de una confesión negativa. Tú puedes obtener
las mejores cosas de Dios por medio de confesar que tú ya las tienes.
El secreto de la fe es el secreto de la confesión. La fe sostiene la confesión que contiene la cosa que
deseas, antes de que de hecho la poseas. La fe basada en el conocimiento de los sentidos dominados
por la fe confiesa que ha sido sanado hasta el momento en que el dolor se va y la inflamación cede. No
existe fe alguna en esto. La fe declara que tú has sido sanado, aún mientras el dolor está martirizando
tu cuerpo. Permíteme afirmarlo una nueva vez, que la posesión viene con la confesión. La posesión se
mantiene con una confesión continua. Tú confiesas que lo tienes, y tu le das gracias al Padre Celestial
por ello…y entonces viene la realización.
Debes recordar que la confesión conjuntamente con la acción de gracias siempre trae realización. La
confesión es la melodía de la fe. La confesión en frente de la realización es la tontería para el sentido
común. La fe de Abrahán era contraria a la evidencia de los sentidos. Él se mantuvo firme, dándole
gloria a Dios, y sabiendo que todo aquello que Dios había prometido, Dios lo cumpliría. El sentido
común no tiene verdadera fe en la Palabra de Dios. En Juan 17:23 dice, “Yo en ellos, y tú en mí, para
que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que tú me enviaste, y que los amaste tal
como me has amado a mí”.
22
Don Gossett
Cosas buenas para mí en
Cristo Jesús
Y ruego que la comunión de tu fe llegue a ser eficaz
por el conocimiento de todo lo bueno que hay
en vosotros mediante Cristo.
—Filemón 6
Dios me ha mostrado en este versículo un gran secreto de la fe: mi fe se convierte en algo efectivo
(obtiene cosas de parte de Dios), por medio de mi reconocimiento de cada cosa buena que está en mi
en Cristo Jesús.
Reconocer es confesar o afirmar las cosas buenas que están en mí en Cristo Jesús. Esto va en armonía
con lo que dice en Romanos 10:10—“Todo aquello que yo confieso lo poseo”. Todas estas cosas
buenas que yo reconozco que están dentro de mi, y no son mis propias realizaciones, pero es todo
aquello que yo tengo “en Cristo Jesús”. “Yo poseo todas las cosas en Cristo Jesús”. “De la plenitud de
Cristo Jesús es que he recibido todo”.
Uno de los engaños más sutiles del enemigo, el cual yo jamás he ignorado, a menos que él tome
ventaja de mí, es hacerme poner mi atención en mis pecados pasados, en mis fracasos, en mis
debilidades y en mis errores. Yo resisto al diablo, y él huye de mi, porque “así dice el Señor”.
Mi fe está ardiente, por medio de reconocer todas las cosas buenas que hay dentro de mi en Cristo
Jesús. Consiste en reconocer todas las posesiones que tengo en Cristo Jesús. ¿Qué es lo que voy a
reconocer? Que yo soy quien Dios dice que soy. Yo tengo lo que Dios dice que tengo. ¡Que yo puedo
hacer todo aquello que Dios dice que puedo hacer!
Yo sé que yo voy a estar en el nivel de mi confesión. Si mi confesión es negativa, reconociendo sólo
las cosas malas, en lugar de reconocer las “cosas buenas que hay en mí en Cristo Jesús”, yo voy a ir al
nivel de la derrota, del fracaso, de la debilidad y de las necesidades. ¡Yo rehúso hacer tal cosa! Yo voy
a reconocer las cosas buenas que poseo en Cristo Jesús, y por lo tanto, mi fe es dinámica, efectiva,
ardiente, ¡y obtiene cosas de Dios!
¡Yo ahora poseo una fe efectiva, por medio de reconocer todas las cosas buenas que hay en mí en
Cristo Jesús! ¡Aleluya!
23
E. W. Kenyon
Algunos hechos acerca de las afirmaciones
Una afirmación es una declaración de un hecho, o de un hecho supuesto. La fe y la incredulidad son
edificadas a base de afirmaciones. La afirmación de una duda edifica incredulidad. La afirmación de
fe edifica fortaleza para poder creer aún más.
Cuando tú afirmas que la Palabra de Dios no puede ser quebrantada, y afirmas que la Palabra de Dios
y Dios Mismo son uno solo, y que cuando tú estás confiando en la Palabra de Dios, tú estás confiando
en Dios el Padre Celestial.
Tú le afirmas a tu propio corazón, que detrás de la Palabra de Dios se encuentra el trono de Dios, y
que la integridad de Dios está entrelazada con los patrones de Su Palabra. Abraham estaba seguro que
Dios era capaz de hacer todas las cosas buenas que había prometido. Dios cumplió sus promesas a
Abraham. La cosa más asombrosa es que Dios tomó a un hombre de 100 años de edad y renovó su
cuerpo, convirtiéndolo en un joven nuevamente. Dios tomó a una mujer de 90 años de edad y la hizo
tan joven, tan hermosa, y tan atractiva, que un rey se enamoró de ella. Ella dio a luz a un niño
maravilloso después que había cumplido noventa años de edad. No fue la fe de Sara; fue la fe de
Abrahán que convirtió a esta mujer en una dama mucho más joven. La duda había sido parte de su
propia vida. Ella declaró en voz alta su incredulidad en una afirmación, y el ángel escuchó y la
reprendió por ello (Génesis 18:12). Ella se retiró de allí llena de temor a causa del ángel, de la misma
manera como la incredulidad nos obliga a retirarnos y a apartarnos
Cuando tú afirmas continuamente que “Jesús es la Seguridad del Nuevo Pacto” y que cada palabra
que va desde el libro de Mateo hasta el libro del Apocalipsis pueden ser declaradas, entonces esas
palabras en tus labios se convierten en Dios mismo hablándolas.
Cuando tú dices lo que Dios te ha dicho que digas, entonces es como si Jesucristo Mismo lo estuviera
diciendo. Cuando tú recuerdas que la Palabra de Dios nunca envejece, nunca se debilita, nunca pierde
su poder, pero al contrario, siempre es la Palabra Viviente, la Palabra Declaradora de Vida, y tú la
confiesas valientemente, entonces se convierte en una cosa viviente en sus propios labios.
Cuando tú confiesas que el diablo no tiene habilidad alguna para romper el sello de la sangre de
Cristo Jesús, y que “por la sangre de Cristo Jesús ellos vencieron al enemigo, y por la palabra de su
testimonio”, tú obtienes el predominio.
Cuando tú afirmas abiertamente que la Palabra de Dios es lo que confiesa ser, la Palabra de Dios, y
que esta Palabra de Dios es tu contrato, y tu contrato con Dios, entonces la Palabra de Dios se
convierte en una realidad viviente en tu vida diaria.
Tus palabras se pueden convertir en una sola conjuntamente con la Palabra de Dios. La Palabra de
Dios se puede convertir en una sola juntamente con tus palabras. Es la Palabra de Dios habitando en ti,
lo que te da la autoridad en el cielo. Esto es un hecho fascinante.
En Juan 15:7 dice, “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que
queráis y os será hecho”. Las palabras que están en tus labios son las palabras que habitan dentro de ti
y que dominan tu vida. La Palabra Visible de Dios da fe a la Palabra Invisible está sentada a la diestra
de Dios. La Palabra de Dios que tienes en tus manos va mucho más allá del sentido del conocimiento
común, hacia la misma presencia de Dios, y te otorga lugar ante la presencia de Dios.
Afirmaciones correctas y afirmaciones equivocadas
Continuamente estamos afirmando algo, y esas afirmaciones, así como las reacciones de estas
afirmaciones en nuestras vidas, algunas veces se convierte en algo muy desastroso. Tú sabes los
efectos que las palabras de tus seres queridos tienen sobre ti, y de la misma manera el efecto que sus
palabras tienen sobre ti mismo es igualmente fuerte. Tú dices continuamente, “bueno, no puedo hacer
esto. Simplemente no puedo hacerlo. No tengo la fuerza para hacerlo”, y tú vas a sentir tu energía
física y tu eficiencia mental saliendo de ti, y dejándote en un estado de debilidad, lleno de indecisión y
dudas, y toda tú eficiencia se ha ido.
Como puedes ver, una afirmación es la expresión de tu fe: ya sea que tengamos fe en nosotros
mismos, en los seres queridos, en la Biblia o en el Autor de la Biblia; o ya sea que tengamos fe en la
enfermedad, en el fracaso, y las debilidades.
Algunas personas siempre están confesando las enfermedades, su fe en el fracaso y en las
calamidades. Los vas escuchar confesando que sus hijos son desobedientes, y que su esposo o esposa
no están haciendo lo que deben hacer. Ellos continuamente están confesando el fracaso de las dudas.
Ello no se dan cuenta que esa confesión les roba toda su habilidad y toda su eficiencia. Ellos no se dan
cuenta que esa confesión puede transformar un camino sólido y maduro hacia un camino lleno de
obstáculos, problemas y calamidades, pero esto es cierto. La confesión de las debilidades te va a cegar
y te va a mantener en cautiverio. Si hablas acerca de la pobreza tú vas a tener plenitud de ella. Si
confiesas sus necesidades, la falta de dinero todo el tiempo, tú siempre vas a tener necesidades. Tu
confesión y la expresión de tu fe, y estas confesiones de necesidades o de enfermedades hacen que el
Padre Celestial se vaya de tu vida, y permiten que el diablo entre, dándole derecho a tu vida. Las
confesiones del fracaso le dan a la enfermedad y al fracaso dominio sobre tu vida. Ellas honran al
diablo y le roban a Dios Su gloria.
A continuación vas a ver algunas confesiones buenas: “el Señor es mi Pastor, nada me faltará”. Tú
puedes decir esto aún encarando las circunstancias de que las necesidades han sido quienes se han
enseñoreado de ti. Un nuevo dueño ha conquistado este reino, y al principio sólo te atreves a
murmurarlo muy suavemente, “el Señor es mi Pastor”, pero entonces lo repites un poquito más fuerte;
tú sigues repitiéndolo hasta que esto llega a dominar completamente. Cuando esto se convierte en una
verdad en tu vida, tú nunca vas a volver a decir jamás, “yo necesito”, o “yo quiero”, sino que tú estarás
diciendo, “yo tengo”. “Todo aquel que cree, lo tiene”. Creer es tener. Aquí es donde tú moras, “mi
Padre Celestial es más grande que todo”. ¡Qué tremenda confesión es esto! Mi Padre Celestial es más
grande que lo que quiero, es más grande que las enfermedades, es más grande que las debilidades, es
más grande que cualquier tipo de enemigo que pueda levantarse en contra de mí.
Entonces tu declaras en voz alta con confianza deliberada, “Dios es la fortaleza de mi vida, ¿de quién
temeré?” Dios es mi fortaleza. ¿Qué tanta fortaleza tengo? Dios es la medida de mi fortaleza.
Existen dos tipos de afirmaciones y quiero que tú notes. En primer lugar, existe la afirmación que no
tiene nada detrás de ella para respaldarla, más que mi propia voluntad para hacer que esto se realice.
Ésta está basada en una filosofía del conocimiento del sentido común. Éste conocimiento del sentido
común es producto de mi propia mente. Si tiene que ver con relación al pecado, yo niego la existencia
de ello. Si tiene que ver con relación a la enfermedad, yo niego que la enfermedad tenga cualquier
existencia. Podemos verlo muy claramente en la Ciencia Cristiana. Si se trata de un problema donde
no podemos tener los recursos financieros, yo afirmo con todas mis fuerzas que tengo la habilidad
para hacerlo. Todo lo que tengo que hacer para que se realicen estas afirmaciones es algo con relación
a lo que yo soy, a lo que yo tengo, o a mí mismo. La Palabra de Dios no tiene lugar alguno en este tipo
de afirmaciones.
Yo no puedo decir que soy más grande que las enfermedades, que soy más grande que las
obligaciones que están presionándome, por consecuencia, mi afirmación se convierte en un fracaso.
El segundo tipo de afirmación está basada en la Palabra de Dios. La Palabra de Dios dice, “si Dios es
por nosotros, ¿quién contra nosotros?” Que yo se que Dios está a mi favor. Yo se que esta enfermedad
que fue puesta sobre mí ha sido derrotada, y que de hecho fue puesta sobre Cristo Jesús, porque “por
las llagas de Cristo Jesús he sido sanado”. Esta afirmación está basada en la Palabra de Dios, que es la
Palabra que vive y permanece y no puede ser derrotada.
Jesús dijo, “el cielo y la tierra pasará, pero mi palabra no pasará”. Tú puedes ver la vasta diferencia
que hay entre una afirmación que está basada en tu propia voluntad, o tu propia filosofía, y una
afirmación que está basada en Dios mismo.
Las afirmaciones que están basados en la filosofía del sentido común no tienen valor ni habilidad
para realizar algo más de lo que se encuentre en la voluntad y en la mente del creador de esa
afirmación. Pero la afirmación que está basada en la Palabra Viva de Dios tiene a Dios mismo como
respaldo para poder realizarla.
Algunas cosas que no tiene nada
que ver con la fe
“Estar reclamando las promesas” no es fe. La fe ya lo posee. “Estar reclamando” prueba que uno
todavía no lo posee. Esto sólo es mi incredulidad intentando actuar como si fuera fe. La fe dice,
“gracias Padre Celestial”. La fe ya lo posee. La fe ha llegado. La fe detiene la oración y comienza la
alabanza.
Pero debes notar muy cuidadosamente que las dudas dicen, “yo reclamo las promesas”. “Yo estoy
parado en las promesas”. Este es el lenguaje de la duda. La incredulidad refiere la Palabra de Dios,
pero nunca actúa basado en ella. Llamamos a esto aprobación mental.
Yo puedo recordar en aquellos primeros días como teníamos la costumbre de “orar las promesas, y
después reclamarlas como nuestras”. No teníamos idea de que nuestro mismo lenguaje estaba
sazonado con incredulidad.
Puedes ver que creer es simplemente actuar en la Palabra de Dios. Actuamos en la Palabra de Dios de
la misma manera como lo haríamos basados en la palabra de un ser querido. Actuamos en la Palabra
de Dios, porque sabemos que es verdadera. No estamos tratando de creerla. No estamos orando por fe,
simplemente estamos actuando en ello.
Una persona me dijo el otro día, “estoy tratando de hacer que la Palabra de Dios sea verdad”. Yo le
dije, “no se porque tú necesitas hacer eso, puesto que siempre ha sido verdadera”. La gente no conoce
la Palabra de Dios hasta que ellos comienzan a practicarla, y le permiten que viva en ellos. Tal vez han
estado centrados por años, aprendiendo bajo uno de los más prestigiados maestros o predicadores en
este país, pero la Palabra de Dios nunca se ha convertido en parte de su vida. El secreto de la fe es usar
la Palabra de Dios en tu vida diaria. La Palabra de Dios habita en ti, y capacita a Dios para que pueda
expresarse a Sí Mismo a través de ti. Tú alcanzas a la Vid de la vida para obtener sabiduría, amor, y
habilidad. Tú nunca te vas a encontrar falto de recursos.
La Palabra de Dios es el Maestro Mismo hablando. Cuando tú actúas basado en la Palabra de Dios, tú
estás actuando en unísono con Dios. Tú y Él están levantando la carga juntos. El está en una misma
comunión contigo, compartiendo contigo. Tú estás compartiendo la habilidad y la fuerza de Dios.
Ahora tu ya puedes entender que todo lo que hace la fe es actuar basada en la Palabra de Dios. Hemos
terminado con todas las fórmulas que tienen que ver con el sentido común. Ahora estamos caminando
con Dios, dándonos cuenta que Su habilidad se ha convertido en nuestra habilidad.
24
Don Gossett
Palabras que obran milagros
El que ofrece sacrificio de acción de gracias me honra; y al que ordena bien su camino, le mostraré la
salvación de Dios.
—Salmo 50:23
Las palabras de alabanza glorifican al Señor! Yo me voy a convertir en un valiente adorador: uno que
siempre alaba al Señor. Mi decisión es: “bendeciré al señor en todo tiempo; su alabanza estará
siempre en mi boca” (Salmo 34:1). Como adorador, yo exalto al Señor, no tanto por los dones que yo
recibo de que Él, ¡sino por el Maravilloso Dador Él Mismo!
Las palabras que son habladas en armonía con la Palabra de Dios obran milagros también. Debo
poner en orden mi conversación. Siempre debo de “No salga de vuestra boca ninguna palabra mala,
sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia
a los que escuchan” (Efesios 4:29).
Las palabras que confiesan la Palabra de Dios, de hecho obran milagros. Mi confesión siempre
precede a mi posesión. La palabra “confesión” significa decir la misma cosa. Yo me atrevo a decir
exactamente lo que Dios dice en su palabra. Yo me pongo de acuerdo con Dios por medio de hablar Su
Palabra en todas las circunstancias.
¿Cómo es que yo puedo:
Declarar enfermedad, cuando la Biblia dice, “por las llagas de Cristo Jesús hemos ido sanados”
(Isaías 53:5)?
Declarar debilidad, cuando la Biblia dice, “el señor es la fortaleza de mi vida” (Salmo 27:1)?
Declarar derrota, cuando la Biblia dice, “somos más que vencedores en Cristo Jesús” (Romanos
8:37)?
Declarar necesidad, cuando la Biblia dice, mi Dios pues suplirá todo lo que les falta” (Filipenses
4:19)?
Declarar ataduras, cuando la Biblia dice, el Hijo de Dios me ha hecho libre” (Juan 8:36)?
Cuando yo ordeno mis palabras correctamente, Dios me manifiesta los beneficios de Su gran
salvación. “Con la boca confesamos para salvación” Romanos 10:10. Con mi boca yo hago confesión
para salvación, la cual incluye sanidad, liberación y toda bendición espiritual y física que me ha sido
provista por Cristo Jesús. Por medio de las palabras es que yo derrotó al diablo (Apocalipsis 12:11).
Yo también sé que las palabras pueden provocar problemas. La mayoría de nuestros problemas han
sido originados por nuestra lengua (Proverbios 21:23). Una confesión negativa precede a la posesión
de las cosas equivocadas (Proverbios 6:2). Con la confesión de la boca podemos darle entrada a la
enfermedad, la derrota, las ataduras, las debilidades, las necesidades y el fracaso. Yo rehúso tener una
mala confesión en mi boca.
Mis palabras obran maravillas. Palabras de alabanza. Palabras que se confiesan la Palabra de Dios.
Palabras de autoridad valiente echando fuera todos los poderes satánicos. Palabras de cánticos sí, las
palabras son las “monedas del reino”. ¡Yo hablo valientemente palabras que obran milagros!
25
E. W. Kenyon
El valor de la confesión
Es necesario que exista una confesión continua de nuestra redención del dominio del diablo, y acerca
del hecho que ya no nos gobierna con la condenación, ni con el miedo de las enfermedades. Nos
mantenemos firmes a esta confesión, porque nuestra confesión es la derrota del diablo.
Nosotros como creyentes no pedimos ser sanados, porque ya hemos ido sanados.
No pedimos ser hechos justos, porque ya hemos sido hechos justos. No pedimos ser redimidos,
porque nuestra redención es un hecho absoluto. En la mente del Padre Celestial, estamos
perfectamente sanos, y perfectamente libres de todo pecado, porque Dios puso todas nuestras
enfermedades y todos nuestros pecados sobre Su Hijo Jesucristo. Su Hijo Jesucristo fue hecho pecado
con nuestros pecados. Él fue hecho enfermedad con nuestras enfermedades. En la mente de Cristo,
estamos perfectamente sanos, porque Jesucristo puede recordar cuando Él fue hecho pecado por
nuestros pecados. El recuerda cuando Él se llevó nuestros pecados y nuestras enfermedades.
En la mente del Espíritu Santo nosotros estamos completamente libres de ambas, porque el que
Espíritu Santo recuerda cuando Cristo fue hecho pecado y cuando llevó todas nuestras enfermedades.
El Espíritu Santo recuerda cuando levantó a Jesucristo de entre los muertos. Cristo Jesús fue liberado
de todas nuestras enfermedades y de todo nuestro pecado. Ambos ya habían sido echados fuera antes
de la resurrección de Cristo Jesús. La Palabra de Dios declara que “por las llagas de Cristo Jesús
hemos sido sanados”.
Todo el problema consiste en que tenemos que reconocer la verdad absoluta de la Palabra de Dios. No
son buenos modales pedirle a Dios que nos sane, porque Él ya lo ha hecho. Esta verdad me impactó
cuando la miré por primera vez. El declaró que ya hemos ido sanados, por lo tanto ya lo somos. El
único problema que tenemos ahora es colocarnos en perfecta armonía con la Palabra de Dios. Si nos
declara que ya hemos ido sanados, entonces, nuestra parte es darle gracias por esta obra que Él ya ha
realizado.
Nuestra confesión nos aprisiona o nos libera. Una confesión fuerte que va acompañada con la acción
correspondiente que se basa en la Palabra de Dios, pone a Dios en acción en nuestro escenario.
Mantenerse firme a la confesión que uno ha hecho, cuando los sentidos están contradiciendo, esto
muestra que uno se ha establecido en la Palabra de Dios. Una confesión inspirada por el diablo
siempre es peligrosa. Debes recordar que él fue el que trajo esa enfermedad y la colocó sobre ti.
Cuando tú reconoces la enfermedad es como firmar por un paquete que la compañía de entregas ha
dejado en tu puerta. Entonces, el diablo tiene el recibo firmado por la enfermedad. Tú lo has aceptado.
“Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades y cargó con nuestros padecimientos” es el recibo de
Dios para nuestra perfecta sanidad. Una confesión positiva domina las circunstancias, mientras que
una confesión vacilante permite que las circunstancias lo gobiernan a uno. Tú confesión es lo que Dios
dice acerca de tu enfermedad. Una confesión negativa va a hacer que la enfermedad se vuelva más
fuerte. Luego entonces, tú confesión te sana o te mantiene enfermo. La confesión de tus labios debería
tener la aprobación de todo tu corazón.
26
Don Gossett
Tú eres un hombre de fe,
una mujer de fe
Tú puedes ser valiente en tu vida cristiana por medio de saber qué es un hombre de fe, una mujer de
fe. Que bendición es poder conocer con certeza que, no importa como te sientas, Dios dice que la fe es
algo que tú ya tienes. ¡Es un regalo de Él!
Nunca te llames a ti mismo Tomás el dudoso. No fueron las dudas de Tomás las que honraron al
Señor. Fue la fe de aquellos que vieron a Jesús en Su Palabra, lo que trajo su dedicación y la respuesta
divina. Si tú hablas acerca de ser un Tomás dudoso, entonces tú estás cerrando la puerta a las
provisiones que Dios tiene para ti en Cristo Jesús. “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela
por fe y para fe; como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17). “Pues todos sois
hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3:26). Nunca te inculques a ti mismo el hecho
de que tú no tienes fe. Esto es completamente contrario a las Escrituras, porque es en fe que tú te
convertiste en un hijo de Dios. “Que por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no es de vosotros,
si no es un don de Dios” (Efesios 2:8).
“Dios le ha dado a cada hombre la medida de fe” (Romanos 12:3). No existe problema alguno con
este hecho: Dios te ha dado la medida de la fe. Debes notar que no es solamente una medida, sino la
medida. No importa qué tan pequeña es, porque la cantidad de fe no es lo que importa con Cristo
Jesús. ¡El declaró que la fe aunque fuera tan pequeña como un grano de mostaza podría mover
montañas!
No sólo tú tienes la medida de la fe, pero tú también tienes el espíritu de fe. “Pero teniendo el mismo
espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por tanto hablé, nosotros también creemos, por lo cual
también hablamos” (2ª Corintios 4:13). Este espíritu de fe que tú tienes, es expresado por medio de
creer con tu corazón y declararlo con tu boca. “A fin de que no seáis indolentes, sino imitadores de los
que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas” (Hebreos 6:12). La fe no es un botón mágico
que tú oprimes para obtener lo que tú necesitas de Dios en forma instantánea. Tienes que conjuntar
paciencia con la fe para poder heredar las promesas que Dios tiene para tu vida.
El título que Dios nos da en la Biblia es creyentes, no dudadores. Es natural para nosotros que
podamos funcionar en la fe, porque esa es la naturaleza de nuestra vida: somos gente de fe. De hecho,
Dios dice que su casa es una casa de fe. “Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos
oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10).
Debes confesar estas palabras valientemente, “yo soy un hombre de fe, una mujer de fe, y la fe es
algo que yo ya poseo. Dios me ha dado la medida de la fe, el espíritu de fe, y la palabra de fe está
cerca de mi en mi boca y en mi corazón” (Romanos 10:8). “Esta es la victoria que ha vencido al
mundo, nuestra fe” (1ª Juan 5:4).
Estas son afirmaciones personales de fe en la Palabra de Dios:
Debes tener tu propia vida de fe
Yo no soy alguien que me mantengo pidiendo aventones espiritualmente, o sea, alguien que depende
en la fe de otro durante los tiempos de necesidad. Yo tengo mi propia vida de fe, de la misma forma
como tengo mi propio par de zapatos. Cuando viene una crisis, yo no necesito buscar la ayuda de
alguien para que ore “la oración de fe” por mí; yo hago mi propia oración. Si la enfermedad ataca, yo
estoy listo para ser usado por Dios para ministrar sanidad en el nombre de Jesús.
En Romanos 12:3 dice, “ Dios le ha dado a cada hombre la medida de fe”. Quede claro este hecho:
Dios me ha dado la medida de fe. Dios no me clasifica como dudador, ni como un incrédulo. Yo soy
miembro de la familia de la fe. Yo soy un hombre de fe, una mujer de fe, y yo digo muy seguido, “la
fe es algo que yo ya poseo, porque Dios le ha dado a todos los cristianos la medida de fe”.
En Mateo 7:7 dice, “Todo aquel que pide, recibe”. Esta es la palabra de Jesús mismo en este tema.
Jesús enseñó muy claramente que todos deberían hacer sus propias oraciones, y todos deberían recibir
sus propias respuestas.
En Hechos 10:34 dice, “yo entiendo que Dios no hace acepción de personas”. No existen mascotas de
la divinidad. Dios no hace diferencia entre las personas. El Padre Celestial no tiene favoritos. No
existen personas de suerte con el Señor Jesucristo. Yo soy tan amado por el Padre Celestial como lo es
cualquier evangelista, pastor, misionero o maestro. Y tengo tanta justicia como cualquier otro
cristiano la tiene, porque mi justicia está basada en lo que Jesús ya hizo por mi (2ª Corintios 5:21).
En Romanos 12:12 dice, “dedicados a la oración”. Como resultado de tener mi propia vida de fe, yo
se que yo tengo acceso instantáneo a Dios. Y no tengo que estar buscando aquí o allá para que alguien
ore por mi, porque yo soy suficientemente valiente para hacer mis propias oraciones. “Todo lo que
pidieres al Padre Celestial en mi nombre, Él os lo dará” (Juan 16:23). Yo tengo el derecho de orar en
el nombre de Jesús y al Padre Celestial, de la misma manera como cualquier otra persona lo tiene.
Estoy tomando mi lugar de autoridad creyente. He dejado de ser una persona que se mueve a través
de aventones espirituales. Yo puedo ponerme en contacto con el Padre Celestial en el nombre de Jesús,
de la misma manera como cualquier otra persona puede hacerlo. El Padre Celestial me ama tanto
como cualquiera de Sus hijos. Yo soy valiente en mi fe. Yo oro y espero respuestas poderosas. Yo le
digo a los demás que estoy orando por ellos. Valientemente, yo soy el instrumento de Dios para
bendecir, ministrar sanidad, y ayudar a todos aquellos que están en necesidad. Sin temor alguno, yo
echo fuera a los demonios en el nombre de Jesús. Yo me atrevo a hablar y a declarar la Palabra de
Dios con confianza en contra de todo tipo de opresiones. Yo poseo fe en la palabra dadora de vida que
está en mis labios. Yo tengo fe en mi propia fe. Es la fe de Dios. Yo tengo fe en mi Dios.
Palabras ardientes
Pero si digo: No le recordaré ni hablaré más en su nombre, esto se convierte dentro de mí como fuego
ardiente encerrado en mis huesos; hago esfuerzos por contenerlo, y no puedo.(Jeremías 20:9)
Yo he experimentado lo mismo que Jeremías experimentó: la Palabra de Dios está en mi corazón
como un fuego ardiente encerrado en mis huesos, y las palabras de Dios son palabras de fuego.
Los discípulos en el camino en Emaús tuvieron un encuentro con Jesús después del cual “Y se dijeron
el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino,
cuando nos abría las Escrituras?” (Lucas 24:32). Las palabras de Jesús producen ese ardor celestial.
Las palabras de Jesús son palabras ardientes.
Jesús dijo, “El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he
hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63). Las palabras de Jesús de hecho son espíritu y son vida.
Las palabras de Jesús son palabras ardientes.
Cuando yo confieso la Palabra de Dios, produce un fuego en mi corazón. El fuego es un limpiador.
“¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu palabra” (Salmo 119:9). “En mi
corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti” (Salmo 119:11). Las Palabras de Dios
limpian mi espíritu. Las Palabras de Dios son palabras ardientes.
Mi oración con relación a la Palabra de Dios es la siguiente: “Abre mis ojos, para que vea las
maravillas de tu ley” (Salmo 119:18). Cuando el Espíritu Santo abre la Palabra de Dios hacia mi
espíritu, esa Palabra de Dios genera un fuego dentro de mi ser. Las Palabra de Dios son palabras
ardientes. “Así crecía poderosamente y prevalecía la palabra del Señor” (Hechos 19:20). La Palabra
de Dios tiene un poder que prevalece: poder para salvar, poder para sanar, poder para avivar, poder
para crear, poder para vencer a todos los enemigos. Las Palabra de Dios son palabras ardientes.
27
E. W. Kenyon
Las dos confesiones
Nuestra fe se mide por medio de nuestra confesión. Lo útil que somos en la obra del Señor se mide
por medio de nuestra confesión. Ya sea tarde o temprano nos vamos a convertir en aquello que
confesamos. Existe la confesión de nuestro corazón, y la confesión de nuestros labios. Cuando la
confesión de nuestros labios armoniza perfectamente con la confesión de nuestro corazón, y estas dos
confesiones confirman la Palabra de Dios, entonces nos convertimos en cristianos poderosos en
nuestra vida de oración. Mucha gente tiene una confesión negativa. Siempre están diciendo todo
aquello que no son, están hablando de sus debilidades, fracasos, de la falta de dinero que tienen, su
falta de habilidad, y de su falta de salud.
Invariablemente ellos van a llegar al nivel de sus presiones. Una ley espiritual que muy pocos de
nosotros hemos llegado a reconocer, y es que nuestras confesiones nos gobiernan. Cuando confesamos
el señorío de Jesucristo y nuestro corazón está de acuerdo en esto completamente, entonces es que
ponemos nuestras vidas bajo el cuidado de Jesús. Éste es el fin de todas las preocupaciones, de todos
los temores, y es el principio y comienzo de la fe. Cuando creemos que Jesús se levantó de los
muertos por nosotros, que por medio de Su resurrección Él conquistó al enemigo y lo derrotó por
nosotros, y cuando esto se convierte en la confesión de nuestros labios y de nuestro corazón, entonces,
nos convertimos en poder de Dios.
Hemos aceptado a Jesucristo, como nuestro Salvador Personal, y si lo hemos confesado como el
Señor de nuestra vida, somos una nueva creación; tenemos vida eterna; tenemos la posición de hijos e
hijas; somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús.
En el momento en que reconocemos el hecho de la resurrección de Jesucristo, entonces podemos
saber que el problema del pecado ha sido resuelto; entonces podemos saber que el diablo ha sido
derrotado eternamente por nosotros. Entonces sabemos que estamos en unión con la deidad, y
entonces sabemos que hemos entrado a ser parte de la familia de Dios. Sabemos que la habilidad de
Dios se ha convertido en nuestra habilidad. Tal vez no podamos digerir todo esto de una sola vez, pero
a medida que estudiamos la Palabra de Dios y actuamos basados en ella, la vivimos, le permitimos
que viva en nosotros, aunque sea lentamente, se va a convertir en una realidad viviente. Esta realidad
se desarrolla por medio de nuestra confesión. Nosotros confesamos el señorío de Jesucristo, y
declaramos delante de todo el mundo que Él es nuestro pastor, y nada nos faltará. Confesamos que
Jesús es Él que nos hace descansar en pastos verdes, y que Él nos guía a las aguas de reposo.
Confesamos que Jesús ha restaurado nuestra alma, a fin de que podamos tener una comunión
maravillosa y dulce con Él. Confesamos que Él nos ha hecho nuevas criaturas, que todas las cosas
viejas pasaron y he aquí todas han sido hechas nuevas, y que nos hemos convertido en la justicia de
Dios en Cristo Jesús. Confesamos sin temor alguno delante de todo el mundo nuestra unión y nuestra
unanimidad con Cristo Jesús. Declaramos que Él es la Vid y que nosotros somos las ramas; y que las
ramas y la Vid son uno solo. Declaramos que somos participantes de la naturaleza divina que habita en
Cristo Jesús, tal y como El caminó en Galilea.
Éstas son nuestras confesiones. Hemos venido a conocer que el diablo está derrotado, y que los
demonios se tienen que sujetar al nombre de Jesús en nuestros labios, y que la enfermedad no puede
existir en la presencia del Jesucristo vivo que está dentro de nosotros. Ahora nos podemos atrever a
actuar en aquello que sabemos qué es lo que la Palabra de Dios enseña. Podemos atrevernos a tomar
nuestro lugar y confesar delante de todo el mundo que todo lo que dice la Palabra de Dios es verdad.
Hemos terminado para siempre con la confesión de fracaso, de debilidad, de incapacidades, debido a
que Dios se ha convertido en nuestra habilidad, Dios se ha convertido en nuestra suficiencia, y Él nos
ha hecho suficientes ministros de un nuevo pacto. Podemos confesar que Dios se ha llevado de
nosotros el medio ambiente antiguo donde reinaba el fracaso, y nos ha introducido a un nuevo medio
ambiente de victoria, de gozo y de paz. A medida que hacemos nuestra confesión y actuamos basados
en la Palabra de Dios, nuestra fe crece y nuestra redención se convierte en una realidad.
La confesión correcta
Jesús dijo, “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha
enviado me ha dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar” (Juan 12:49). Cada
sanidad que Jesús realizó fue a través de la Palabra de Su Padre Celestial. Cada palabra que Jesucristo
habló era la palabra del Padre Celestial. Jesús sabía quién era Él y, Jesús sabía Su lugar y, Jesús sabía
Su obra. Él siempre era positivo en su mensaje. El sabía que las palabras que él hablaba eran las
palabras de Su Padre Celestial. El tomó Su lugar de Hijo de Dios. Él hizo Su parte. Jesús
continuamente confesaba Sus derechos como Hijo de Dios. Jesús siempre confesaba lo que Él era. El
dijo, “Yo Soy el Buen Pastor. Yo Soy el Pan de Vida. Yo Soy el Agua de Vida. Dios es mi Padre. Yo
Soy la Luz del Mundo”. En Juan 5:19–30 Jesús realiza diez declaraciones acerca de quién es Él
Mismo. Todas éstas en realidad eran confesiones, y cada una de ellas lo relaciona con la deidad. Él
estaba hablando de las Palabras de Su Propio Padre. En Juan 7:29 dice “Yo Lo conozco; porque Yo
vine de Él, y Él me envió”. Jesús no sólo confesó lo que él era, pero él también confesó valientemente
lo que los hombres vendrían a ser cuando se convirtieran en una nueva creación.
En Juan 15:5 dice “Yo Soy la Vid y vosotros los pámpanos”. En Juan 7:38–39 dice, “El que cree en
mí, como ha dicho la Escritura: “De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva”. Pero El
decía esto del Espíritu, que los que habían creído en El habían de recibir; porque el Espíritu no había
sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado”. ¡Qué clase de confesión fue esta, y en
qué forma se convirtió en realidad el día de Pentecostés! En Juan 8:54–55 dice, “Jesús respondió: Si
yo mismo me glorifico, mi gloria no es nada; es mi Padre el que me glorifica, de quien vosotros decís:
“El es nuestro Dios”. Y vosotros no le habéis conocido, pero yo le conozco; y si digo que no le
conozco seré un mentiroso como vosotros; pero sí le conozco y guardo Su Palabra”.
En Juan 17:5 dice, “Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes
que el mundo existiera”. Éste fue un testimonio maravilloso.
En Juan 17:26 dice, “Yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con
que me amaste esté en ellos y yo en ellos”. Jesús conocía el nuevo nombre que Dios iba a recibir.
Juan 17:6 dice, “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; eran tuyos y me
los diste, y han guardado tu palabra”. Yo tengo la certeza de que el nuevo nombre del cual nos habla
aquí es “Padre Santo”. Nadie había llamado a Dios “Padre” antes de esto.
En Juan 9:35–36 dice, “Jesús oyó decir que lo habían echado fuera, y hallándolo, le dijo: ¿Crees tú en
el Hijo del Hombre? El respondió y dijo: ¿Y quién es, Señor, para que yo crea en El?” Jesús entonces
confesó en verdad quién era Él. En el versículo 37, Jesús le dijo al hombre que había estado ciego, “tú
le has visto, y éste es el que habla contigo”. Jesús declaró abiertamente que él era el Hijo de Dios. En
Juan 4:26 tenernos otra confesión asombrosa. Jesús estaba hablando con la mujer de Samaria, y Jesús
confesó que Él era el Mesías, el Hijo de Dios.
Jesús sabía quién era Él
Casi cada milagro que Jesús realizó, fue realizado con las Palabras del Padre Celestial en los labios
de Jesús. Jesús reveló la voluntad del padre. En Juan 4:34 dice, “Jesús les dijo: Mi comida es hacer la
voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra”.
En Juan 5:30 dice, “Yo no puedo hacer nada por iniciativa mía; como oigo, juzgo, y mi juicio es justo
porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”.
En Juan 6:38 dice, “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del
que me envió”.
En Juan 8:29 dice, “Y El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque siempre hago lo
que le agrada”.
¡Qué gran cuadro tenemos del Maestro! Él no tuvo ambiciones personales, no tuvo intereses
personales. Jesús simplemente estaba haciendo la voluntad de Su Padre Celestial, revelando al Padre
Celestial, hasta el punto donde Jesús podía decir, “el que ha me ha visto a mi, ha visto al Padre” (Juan
14:9).
Mientras menos ambiciones mundanas tengamos, y mientras menos deseos mundanos tengamos, más
plenamente va a desarrollarse el Padre Celestial dentro de nosotros. Las palabras del Padre Celestial
en nuestros labios van a realizar los mismos prodigios que realizaron Sus palabras en los labios de
Jesucristo.
El hecho de buscar los intereses personales lo limita a uno mismo. El hombre egoísta es un hombre
limitado. El hombre que vive la Palabra de Dios, y permite que la Palabra de Dios viva en él, y el que
practica la Palabra de Dios y actúa basado en la Palabra de Dios, ese es quien revela al Padre Celestial.
Cuando actuamos basándonos en la Palabra de Dios, estamos revelando al Padre Celestial.
Revisemos estos hechos
Muy pocos de nosotros nos damos cuenta de que nuestra confesión nos aprisiona. El tipo correcto de
confesión nos hace libres. No tiene que ver solamente con lo que pensamos y, son nuestras palabras,
nuestra conversación, lo que edifica poder o debilidad dentro de nosotros. Éstas palabras son las
monedas del reino de la fe. Estas palabras nos atrapan y nos mantienen en cautividad, o nos liberan y
nos convierten en personas poderosas para poder influenciar la vida de los demás.
Lo que confesamos con nuestros labios es lo que realmente viene a dominar nuestro ser interior.
Inconscientemente confesamos lo que creemos. Si hablamos acerca de enfermedades, esto se debe a
que creemos en las enfermedades. Si hablamos acerca de las debilidades y de los fracasos, esto se
debe a que creemos en las debilidades y los fracasos. Es muy sorprendente la forma como la gente
tiene fe en las cosas equivocadas. Ellos creen firmemente en el cáncer, en las úlceras del estómago, en
la tuberculosis, y en otras enfermedades incurables. La fe que tienen en estas enfermedades crece
hasta el punto donde llega a dominarlos completamente, y gobierna toda su vida. Ellos se han
convertido en sus esclavos absolutos. Ellos tienen el hábito de confesar sus debilidades, y su confesión
añade fuerza a sus debilidades. Ellos confiesan su falta de fe, y por lo tanto, se llenan de dudas. Ellos
confiesan sus temores, y se convierten en personas más temerosas. Ellos confiesan el temor que tienen
de las enfermedades, y por lo tanto, la enfermedad crece bajo su confesión. Ellos confiesan sus
necesidades y ellos están edificando un sentido de necesidad que obtiene la supremacía en sus vidas.
Cuando nos damos cuenta que nunca vamos a poder levantarnos más allá de nuestra confesión,
entonces estamos llegando al lugar donde Dios en realidad puede comenzar a usarnos. Tú confiesas
que por las llagas de Jesucristo tú has sido sanado y, te mantienes firme en tu confesión, y no hay
enfermedad alguna que pueda pararse delante de ti. Ya sea que nos damos cuenta de esto o no, estamos
sembrando palabras tal y como Jesucristo lo dijo en Lucas 8:11, “la semilla es la Palabra de Dios”. El
sembrador fue a sembrar, y la semilla que estaba sembrando era la Palabra de Dios. Esta es la semilla
que nosotros deberíamos sembrar. Otras gentes están sembrando semillas del sentido común del temor
y de la duda. Pero es cuando confesamos la Palabra de Dios, y declaramos con énfasis que “por las
llagas de Jesucristo yo he sido sanado” o “mi Dios sobre todas mis necesidades”, y nos mantenemos
firmes en nuestra confesión, que podemos ver nuestra liberación.
Éstas palabras engendran fe o engendran duda en los demás. En Apocalipsis 12:11 declara que “Ellos
lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron
sus vidas, llegando hasta sufrir la muerte”. Ellos lo vencieron con la Palabra de Dios que estaba en el
testimonio de ellos. Ellos conquistaron al diablo con palabras. La mayoría de los enfermos que Jesús
sanó durante su ministerio, fueron sanados con palabras. Dios creó el universo con palabras: palabras
llenas de fe. Jesús dijo, “por tu fe se ha hecho”. Jesús le dijo al muerto Lázaro, “sal fuera”. Sus
palabras levantaron al muerto. El diablo es derrotado por medio de palabras, y él recibe una golpiza
por medio de palabras. Nuestros labios se convierten en los medios de transporte de la liberación de
Dios desde el cielo hasta la necesidad del hombre aquí en la tierra. Usamos la Palabra de Dios.
Podemos murmurar, “en el nombre de Jesús, demonio, sal de él”. Jesús dijo, “en mi nombre echará
fuera demonios, en mi nombre pondrán las manos sobre los enfermos y ellos sanarán”. ¡Y todo esto
con palabras! Yo me pregunto si acaso las manos hacen algo más que solamente registrar los sentidos.
Es la Palabra de Dios la que sana. Jesús dijo, “todo lo que pidiereis en mi nombre yo lo haré”. Estamos
pidiendo de la misma manera como Pedro lo hizo en la Puerta de la Hermosa, cuando él dijo, “en el
nombre de Cristo Jesús de Nazaret, camina”. Las palabras sanaron a ese hombre. Ahora nosotros
realizamos nuestra confesión de palabras. Debemos mantenernos firmes en nuestra confesión.
Debemos rehusar ser derrotados en nuestra confesión. En Juan 8:32 dice, “y conoceréis la verdad, y la
verdad os hará libres”. Y también en Juan 8:36 dice “Así que, si el Hijo os hace libres, seréis
realmente libres”. Sabemos que el Hijo de Dios nos ha hecho libres, y lo confesamos abiertamente.
Jesús es el Sumo Sacerdote de nuestra confesión. Cristo Jesús conquistó a los enemigos de la
humanidad; al diablo, al pecado, a la enfermedad, al temor, a la muerte y a la necesidad. En los
encerró a todos ellos, en el momento en que a nosotros nos hizo libres. En Hebréos 4:14 nos dice que
nos mantengamos firmes en la confesión de nuestra fe. “Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que
trascendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe”. Esta confesión es cuando la fe
está hablando. Esta es nuestra victoria sobre el enemigo, y esta es nuestra confianza. En Colosenses
2:5 en una de nuestras traducciones dice lo siguiente, “Porque aunque estoy ausente en el cuerpo, sin
embargo estoy con vosotros en espíritu, regocijándome al ver vuestra buena disciplina y la estabilidad
de vuestra fe en Cristo”. Esa “estabilidad” significa una confesión continua de la victoria. Nunca
debemos confesar ninguna otra cosa sino la victoria.
En Romanos 8:37 dice, “Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que
nos amó”. Jesús desarmó a todos los principados y potestades que pelearon en contra de Él, y los puso
en vergüenza públicamente. (Esto es Colosenses 2:15 de la traducción Connybeare).
Debemos de dejar de hacer las confesiones equivocadas, y debemos de comenzar de inmediato a
aprender como confesar, y que confesar. Debemos comenzar a confesar que nosotros somos tal y
como Jesucristo dice que somos, y debemos mantenernos firmes en esta confesión, aún cuando
encaramos todas las evidencias apuntando lo contrario. Rehusamos ser débiles, y rehusamos aceptar la
debilidad. Rehusamos tener que ver con cualquier cosa que esté relacionada con una confesión
equivocada.
Nosotros somos lo que Dios dice que somos. Nos mantenemos firmes en esta confesión con una
conciencia valiente, sabiendo que la Palabra de Dios nunca puede fallar.
28
Don Gossett
Estoy cansado de estar enfermo
y de estar cansado
Y ésta, que es hija de Abraham, a la que Satanás ha tenido atada durante dieciocho largos años,
¿no debía ser libertada de esta ligadura en día de reposo?
—Lucas 13:16
Yo me rebeló en el nombre de Jesús en contra de las ataduras del diablo. La Biblia no llama a mi
enfermedad una bendición. La Biblia llama a mi enfermedad una atadura. La enfermedad es una
atadura del diablo, y yo “debo ser liberado” de todo tipo de ataduras.
Estoy cansado estar enfermo y de estar cansado, porque yo tengo todos los derechos de estar sano. Le
costó a mi Señor Jesucristo, llevar sobre El Mismo mis enfermedades y mis dolencias. Yo me rebelo
contra de las enfermedades con estas palabras, “fuera de mi diablo, porque está escrito, Jesucristo
mismo tomó nuestras enfermedades llevó nuestras dolencias” (Mateo 8:17).
Y tengo todo el derecho a ser sanado, debido al sacrificio substituto de Cristo Jesús Mismo. La única
razón para poder basar mi fe en la sanidad, es lo que Jesús proveyó para mí. Su sola Sangre me da el
derecho a la sanidad. Mi derecho para poder recibir sanidad está basado en Su Sangre. Yo me rebelo
en contra del diablo cuando él trata de violar y meterse en la propiedad de Dios, por medio de hacer
esta declaración, “ diablo, vete de aquí. Porque está escrito que yo he sido limpiado por la Sangre de
Cristo Jesús” (Efesios 2:13).
Yo me rebelo en contra del diablo rebelde, porque yo tengo el derecho a ser sanado, no debido a que
tan bueno o que tan sincero sea yo, sino por medio de las llagas sangrantes de Jesús. Yo me rebelo con
estas palabras, “diablo, vete de aquí, porque está escrito, que por las llagas de Jesús yo he sido sanado”
(Isaías 53:5).
Yo no ignoro las maquinaciones del diablo, y he aprendido a través del Espíritu Santo a discernir las
obras de opresión que el diablo trata de usar en mi contra. Estoy cansado de estar enfermo y cansado,
y por lo tanto, yo derroto las obras del diablo por la Sangre de Jesús y por la palabra de mi testimonio.
Yo me rebelo en contra del ladrón por medio de declarar estas palabras, “diablo, yo te resisto en el
Nombre de Jesús, porque yo dependo completamente en los méritos de Cristo Jesús, por cuyas llagas
yo he sido sanado” (1ª Pedro 2:24).
Yo voy a permanecer muy firme y valiente, recibiendo mi sanidad en el Nombre de Jesús. Nunca
jamás voy a ser el “tiradero de basura” de los espíritus de opresión del diablo. Yo me rebelo por medio
de ésta declaración de autoridad, “diablo, la Sangre de Jesús te derrota, y por lo tanto, yo te resisto
porque está escrito, que la unción destruye el yugo” (Isaías 10:27).
Por Sus llagas yo he sido sanado
“Por Sus llagas yo he sido sanado” (Isaías 53:5). Esta profecía dada a Isaías se refería a nuestro Señor
Jesucristo y a las heridas sangrantes que Él iba a sufrir, para poder proveerle a Su pueblo la sanidad.
Es una obra terminada. Jesús ya sufrió esas heridas y llagas. No importa cuales sean los síntomas que
estén presentes, porque por las llagas de Jesús yo he sido sanado. Yo confieso este hecho en la
presencia de los síntomas que podrían contradecir. “Caminamos por fe, no por vista” (2ª Corintios
5:7).
Sin importar las opiniones que otras gentes tengan acerca de mi salud, por las llagas de Cristo Jesús
he sido sanado. Otras personas pueden pensar que yo me veo muy mal, y ellos pueden dar su opinión
acerca de mi estado de salud, pero la verdad es la que va a prevalecer: por las llagas de Cristo Jesús he
sido sanado.
A pesar de muchas experiencias pasadas, por las llagas de Cristo Jesús he sido sanado. Tal vez yo he
estado buscando sanidad anteriormente que no se había manifestado, pero ahora es un nuevo día para
mí: porque por las llagas de Cristo Jesús he sido sanado. Cuando el dolor ataca mi cuerpo, por las
llagas de Cristo Jesús he sido sanado tal vez es cierto que el dolor está ahí el cuerpo, pero yo conozco
una verdad mucho más grande ¡por las llagas de Jesús decido sanado!
Cuando todas las cosas parecen ir mal en la condición de mis saludos, la verdad de Dios sigue
prevaleciendo, y por Sus llagas yo he sido sanado. Cuando las cosas van bien, y los exámenes médicos
se muestran sólidos, esto se debe ha que por las llagas de Jesús he sido sanado. Dondequiera que yo
esté, independientemente de como me sienta, yo mantengo firme mi confesión gozosa de la verdad de
Dios, porque por las llagas de Jesús he sido sanado.
“Y El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y
vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados” (1ª Pedro 2:24).
Yo soy fuerte
Que diga el débil, fuerte soy.(Joel 3:10)
¡Yo soy fuerte! Esta es la paradoja de la fe: poder decir que soy fuerte cuando estoy débil, y esta es la
confesión de la fe: yo soy fuerte.
No importa lo que yo piense de mí mismo, yo soy fuerte. Sin importar la opinión de otras personas
acerca de mi vida, yo soy fuerte. Cuando yo me siento lo más débil posible, yo soy fuerte.
Sin importar las experiencias pasadas de haber sucumbido ante la debilidad, yo me levantó con un
nuevo testimonio de fe: yo soy fuerte. Y esto no sólo es cuando yo me siento fuerte que puedo decir
que soy fuerte. Pero incluso se aplica cuando yo me siento débil, que yo declaro que soy fuerte. Dios
me ordena que diga que soy fuerte. Este es el hecho de declarar lo que Dios dice acerca de mi vida.
Este es el lenguaje de la fe. Este es el lenguaje de la victoria. ¿Quién soy yo? Yo soy fuerte. Puedo ser
cualquier otra cosa, pero yo soy fuerte. Donde quiera que yo estoy, yo soy fuerte.
Todo lo que yo confieso, yo lo poseo. Lo que yo declaro es lo que obtengo. Yo confieso, “yo soy
fuerte”, y por lo tanto, yo poseo fuerza. ¿Por qué es que puedo estar tan seguro? Porque no solamente
en Joel 3:10, sino en muchas otras escrituras, Dios declara que Él es mi fuerza y mi fortaleza. Por lo
tanto, yo obedezco gozosamente Sus órdenes y declaro, “yo soy fuerte”. Yo nunca digo, “yo soy
débil”. Esto sería ser desobediente a mi Dios, y estaría contristando y entristeciendo al Espíritu Santo.
“Que diga el débil, fuerte soy” (Joel 3:10).
¿Qué es lo que estoy temiendo?
¿Acaso le tengo miedo a una muerte repentina? ¿Acaso tengo miedo de sufrir un ataque cardíaco?
¿Acaso le tengo miedo al cáncer? ¿Acaso tengo miedo de que suceda alguna calamidad? ¿Acaso le
tengo temor a la pérdida de algún ser querido? ¿Acaso tengo un temor que me impide volar y subirme
en un avión? ¿Acaso el miedo al hombre es algo que prevalece en mi vida?
Si existe cualquier tipo de temor en mi corazón, yo debo liberarme de ello. El temor, de hecho, es un
espíritu que se mueve desde afuera, para tomar dominio de mi vida. El diablo toma ventaja del lugar
que le estoy dando al temor, y usa exactamente esa cosa que temo, para que se produzca en mi vida.
“Pues lo que temo viene sobre mí, y lo que me aterroriza me sucede” (Job 3:25). Cuando Job hizo esta
confesión, él estaba cubierto con un saco de cenizas, pasando grandes sufrimientos, lleno de llagas
desde la punta de su cabeza hasta las plantas de sus pies. El había perdido su familia, y había perdido
sus posesiones terrenales. Evidentemente, Job había estado manteniendo este temor durante mucho
tiempo, por medio de admitir que “Pues lo que temo viene sobre mí, y lo que me aterroriza me
sucede”.
¿Qué es lo que temo? Debo echar fuera todo espíritu del temor de mi vida, o cualquier otra cosa que
sea negativa, porque de otra manera, este temor tormentoso puede reproducir en mi vida aquella cosa
a la cual le tengo miedo.
La descripción en la Biblia acerca del temor no es agradable. La Biblia describe el temor como algo
que atormenta, engaña al alma, es el espíritu de atadura, y es capaz de reproducirse a sí mismo en una
miseria total.
En Lucas 1:74–75 nos dice que uno de los propósitos de que Cristo Jesús haya venido al mundo es,
“Concedernos que, librados de la mano de nuestros enemigos, le sirvamos sin temor en santidad y
justicia delante de El, todos nuestros días”. Esto significa que cada día debemos ser libres de todo tipo
de temor. En la Biblia existe un versículo en contra de cada tipo temor, y para cada día del año.
Ahora, en el nombre de Jesús, yo tomo esta acción valientemente, “tú, espíritu satánico de temor, que
has estado oprimiendo y destruyendo mi vida, yo te ordeno en el nombre Jesús que salgas fuera de mi
vida, porque está escrito, que Dios no nos ha dado el espíritu de temor, sino el espíritu de poder, de
amor, y de templanza” (2ª Timoteo 1:7).
29
E. W. Kenyon
El poder de nuestras palabras
Yo recuerdo que Jesús dijo, “por tu fe te sea hecho”. Era la fe de la persona la que los hizo sanos.
Entonces pude ver que son nuestras palabras las que nos sanan. Cuando decimos “por las llagas de
Jesús he sido sanado”, esta confesión trae la liberación total de la enfermedad.
Tú puedes notar que dice en Romanos 10:9, “Que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees
en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo”. Aquí la palabra salvo significa
sanado. Es tu boca la que realiza la confesión. Es la confesión de fe que tienes en tu corazón o en tu
espíritu.
Tienes que venir a creer o a conocer que la Palabra de Dios es absoluta. Dios ve por Su Palabra para
que ésta se cumpla. “Ninguna palabra de Dios carece de poder” o de habilidad. ¿Qué es lo que hace la
Palabra de Dios? La Palabra de Dios te salva. La Palabra de Dios te sana. La Palabra de Dios nos suple
económicamente. Esto es lo que hace la Palabra de Dios.
En el Salmo 107:20 dice, “Él envió su palabra y los sanó”. Sus palabras eran Dios mismo.
Ahora yo me apropio la Palabra de Dios como mi propia palabra y esta Palabra de Dios habita en mi
ricamente. Cuando yo hablo, es la Palabra de Dios en mis labios, y yo digo “por Sus llagas he sido
sanado”. Esa Palabra de Dios es mi palabra y es Su palabra.
En el momento en que lo digo, esa sanidad es mía. Tus palabras son tu confesión. Ellas confirman o
ellas niegan la Palabra de Dios. Una de las cosas más tristes es que en un minuto confesamos que
somos sanados. El dolor regresa y entonces confesamos que no somos sanados. Cuando negamos esto,
estamos negando la Palabra de Dios que declara que hemos sido sanados. Mantener tu confesión y
mantenerte firme en tu confesión es el secreto del éxito y de la victoria en la vida divina. Tú te
mantienes firme en tu confesión de que Dios cargó en Cristo Jesús tus pecados, y te da vida eterna. Tú
te mantienes firme en tu confesión de que por las llagas de Cristo Jesús tú has sido sanado, y eso es lo
que te da tu sanidad. Tú te mantienes firme en tu confesión de que “en todas estas cosas, tú eres más
que vencedor”, y tú te conviertes en un vencedor. Tú te mantienes firme en tu confesión de que “mi
Dios pues, suplirá todo lo que les falta”. Y todas tus necesidades van a ser suplidas. Si tú evitas tu
confesión, y niegas tu confesión, tú vas a estar anulando la Palabra de Dios en cuanto a ti te concierne.
Ahora tú ya puedes ver que tu fe se mide a través de tus palabras, o a través de tu confesión. Tu
confesión es tu cálculo del valor de la Palabra de Dios.
Las palabras que Jesús habló todavía están verdes y frescas, dando esperanza gozo y victoria a las
multitudes. El registro de las cosas que Jesús hizo todavía nos estremece. Las palabras del apóstol
Pablo son para nosotros en ocasiones como una llama que sigue ardiendo; otro tiempo, el ungüento
sanador que calma la herida y trae al corazón a una comunión con el cielo. “Las palabras que les he
hablado, son espíritu y son vida”, dijo el Maestro Jesucristo.
Ahora yo quiero que tú veas el efecto de tus palabras en ti mismo. Tus palabras traen desánimo y
derrota a tu propia vida. Yo quiero preguntar, “¿cómo te llevas tú con los demás?” Tu tal vez
contestes, “todo anda tan mal, y parece que todo a mi alrededor se ha echado a perder, y he perdido el
control de todo. Parece que todo se me ha salido de las manos”. Esa es una confesión. ¿Cuáles son las
reacciones que provoca en ti? De inmediato tú eres lleno con auto conmiseración y con un sentimiento
de derrota. Te están robando el poder de la iniciativa, la habilidad de poder recoger los cabos sueltos,
y de poder unirlos otra vez para llegar a la victoria. Pero parece que no puedes hacerlo. ¿Por qué? Tu
confesión te ha paralizado y te ha destruido. Lo mismo sucede y es verdad cuando tienes problemas
con tu marido o esposa, o con alguien más, y tú repites eso una y otra vez. Cada vez que lo haces, lo
publicas y atraviesas por la más profunda agonía. Si no lo hubieras dicho, tú estarías mucho más
fuerte. Tus palabras son el veneno de tu propio sistema. Tus palabras algunas veces son mortales
cuando tú dices, “yo creo que nunca voy a salir de esta situación”, eso es como si estuvieras tomando
veneno. No existe antídoto para ello, excepto el hecho de romper completamente con el poder de ese
tipo de confesiones, y comenzar a declarar el tipo correcto de palabras, para dar la clase correcta de
confesión.
Tú piensas y hablas del fracaso, y entonces tu vas a descender a ese nivel. Tus palabras crean una
atmósfera que te lastima y te destruye. Existen tres clases de palabras: neutrales, sin color, vacías,
palabras sin sentido. Estas son las palabras que se usan en la conversación general de la mayoría de las
personas. Estas palabras sólo son palabras vacías, palabras sin colorido alguno, y palabras que son
monótonas.
Escuchas a un predicador que está predicando en una forma monótona; no tiene color, no tiene
sentido, no tiene poder, ni tiene vida en sus palabras—solo suena como algo que fue tirado al aire.
El segundo tipo de palabras son palabras constructivas, palabras que edifican fuerza, palabras
ganadoras, palabras de inspiración, estremecedoras, palabras poderosas, palabras dominantes, palabras
que están llenas de esperanza, amor, y de victoria.
El tercer tipo de palabras son las palabras destructivas, palabras llenas de odio, escándalo, de
amargura, de celos, de viruses mortales, que han salido de un corazón lleno de amargura, y que son
enviadas para herir, para lastimar, para maldecir, y para perjudicar.
Qué papel tan tremendo juegan las palabras. Tú puedes ver lo que tú puedes hacer con palabras, y
como tú puedes cambiar vidas, así como la manera en que tú puedes bendecir y edificar, animar, y
dirigir a los hombres para que puedan producir grandes logros.
30
Don Gossett
“Qué tan contundentes son
las palabras correctas”
¡Cuán dolorosas son las palabras sinceras! Pero ¿qué prueba vuestro argumento?
—Job 6:25
Existe un gran poder en tu boca para declarar las palabras correctas que tienen fuerza y dinamismo
en lo que obran. Debes hablar en nombre de Jesús. “Y todo lo que hacéis, de palabra o de hecho,
hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de El a Dios el Padre”
(Colosenses 3:17). No es superstición ni misticismo el hecho de hablar frecuentemente en el
maravilloso nombre de Jesús. “El nombre del señor es torre fuerte; él justo correrá a él y será salvo”
(Proverbios 18:10).
Jesús nos dio el derecho de hablar en Su Nombre. La palabra “pedir” de Juan 14:13–14 implica
“ordenando en el nombre de Jesús” a las enfermedades, a los demonios, y a las diversas circunstancias
¡que se vayan! La palabra “pedir” de Juan 15:16 y de Juan 16:23–24 se refiere a orar al Padre Celestial
en el Nombre Todopoderoso de Jesús. Jesús es el nombre que está por encima de todos los nombres
(Filipenses 2:9–11). ¡Cuánto poder tiene Su Nombre Majestuoso! Yo quiero retarte a que tú declares
el nombre de Jesús con mucha frecuencia. ¡En este mismo momento dí “Jesús” tres veces!
En cruzadas que tuvimos en Nafercoil, Tamul Nadu, Trivandum, Kerala, en India, yo encaré miles de
gentes cada noche en nuestras cruzadas al aire libre. Una y otra vez yo invoqué el nombre de Jesús
para ordenar que todas las enfermedades se fueran. En Nagercoil, fueron registrados 77 milagros
notables. Tuvimos resultados similares en Trivandrum. Tú también puedes recibir sanidad a través del
nombre de Jesús. “Y por la fe en su nombre, es el nombre de Jesús lo que ha fortalecido a este hombre
a quien veis y conocéis; y la fe que viene por medio de El, le ha dado esta perfecta sanidad en
presencia de todos vosotros” (Hechos 3:16).
En la india, tuve el gozo inmenso de dirigir decenas de miles de gentes a la fe salvadora en Cristo
Jesús. A medida que estas multitudes creyeron en la muerte, entierro, y la resurrección de Cristo
Jesús, y Le confesaron como Señor y Salvador de sus vidas, ¡ellos recibieron vida eterna! Tú también
puedes ser salvo ahora mismo. “Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es
Señor de todos, abundando en riquezas para todos los que le invocan; porque: Todo aquel que invoque
el nombre del Señor será salvo” (Romanos 10:12–13).
Las palabras de alabanza son palabras que tienen mucha fuerza. La alabanza es la bujía de la fe, y es
aquello que tú necesitas para despegar la fe, capacitándote para que puedas levantarte muy por encima
de las dudas mortales. Debes hablar palabras de alabanza muy seguido.
31
E. W. Kenyon
El valor de la confesión positiva
Tú puedes recordar que en 2ª Corintios 1:17 dice, “Por tanto, cuando me propuse esto, ¿acaso obré
precipitadamente? O lo que me propongo, ¿me lo propongo conforme a la carne, para que en mí haya
al mismo tiempo el sí, sí y el no, no? Pero como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es sí y no.
Porque el Hijo de Dios, Cristo Jesús, que fue predicado entre vosotros por nosotros (por mí y Silvano
y Timoteo) no fue sí y no, sino que ha sido sí en El. Pues tantas como sean las promesas de Dios, en El
todas son sí; por eso también por medio de El, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros”
(traducción de Way).
“De Cristo Jesús, el Hijo de Dios, quien fue proclamado en medio de ustedes por nosotros, esto es por
mi, Silvano, y Timoteo, y nuestras palabras no fueron titubeantes, pero en Cristo Jesús, nuestras
palabras fueron un rotundo “sí” (traducción de Montgomery).
Muchas personas echan a perder su confesión, por medio de titubear entre el positivo “sí” y el
negativo “no”. Cuando el corazón puede decir “sí”, éste se convierte en un “sí” positivo hacia la
palabra de Dios, y entonces la realidad comienza a colocarse en su confesión. Debe comenzar en el
corazón. El corazón debe comenzar a decir “sí” a la Palabra de Dios.
Tú estás enfermo. Tú eres valiente en su confesión de tu enfermedad, y has fallado en su confesión
acerca de que por las llagas de Cristo Jesús tú ha sido sanado. Tú no puedes tener dos confesiones. La
una va a destruir a la otra. Si tu confesión de la enfermedad es más fuerte que tú confesión de la
Palabra de Dios, entonces la enfermedad gana el poder, y tú vas a vivir en derrota.
Si tu necesidad económica es más grande, y tu confesión tiene que ver con todas sus necesidades
continuamente, pero la Palabra de Dios que dice, “mi Dios pues, suplirá todo lo que les falta a
ustedes”, no va a tener efecto alguno. A través de tu confesión equivocada, la fe ha sido destruida.
¿Cuando vamos a aprender a tener un “sí” eterno hacia la Palabra de Dios? ¿O una confesión clara,
firme y muy positiva? Si Dios dice que es, entonces es. Si Dios dice que yo soy, entonces yo soy. Si
Dios dice “mayor es Aquel que está dentro de ustedes que aquel que está en el mundo”, entonces yo
tengo el dominio. Si Dios declara que yo soy la justicia de Dios en Cristo Jesús, entonces yo lo soy. Si
Dios dice “pero en todas estas cosas tú eres más que un vencedor”, entonces yo digo “amén”. Por lo
tanto Dios tiene mi amén a cada una de estas Escrituras. Si Dios me dice “todo lo puedo a través de
Cristo Jesús quién es mi habilidad y mi Fortaleza”, entonces yo murmuró “amén”.
Yo alineó mi confesión con todas las declaraciones que Dios ha hecho con relación a mi en Cristo
Jesús. El dice, “ciertamente Él llevó mis enfermedades sufrió todas mis dolencias, y yo Lo estimo a él
como Aquel que fue golpeado, herido de Dios y afligido. El fue herido por mis iniquidades; el castigo
de mi paz fue sobre de Él y, por Sus llagas yo he sido sanado”, y entonces yo digo “amén”. Por lo
tanto yo no tengo enfermedad alguna, y entonces yo mantengo mi confesión delante de todo el mundo.
¿Acaso no dijo Dios que Él las puso en Jesús? Si. ¿Acaso Jesús no se las llevó? Sí. Entonces yo no voy
a reclamar esto como algo mío. Eso no es mío. Le pertenece a un enemigo que me lo puso encima,
pero yo rehúso ser su tiradero de basura, y por lo tanto yo digo “en el Nombre de Jesús, el diablo debe
venir y recoger sus viejas enfermedades. Yo rehúso poseerlas, y tener que lidiar con ellas”. Y él viene
y se las lleva. El tiene que hacerlo porque debe someterse a la autoridad del Nombre de Jesús. Él no
puede mantenerme en pobreza. No puede hacerme que cambie del dueño.
No, Aquel que convirtió el agua en vino, que alimentó a las multitudes con cinco pedazos de pan y
dos peces es el Señor de mi vida y mi Dueño Absoluto. El es el Proveedor de mi pan. El es mi
fortaleza. El es todo lo que yo necesito. Yo descanso en Él. Yo camino en Él. Su habilidad se ha
convertido en mi habilidad, Su gracia es mi gracia. Yo me deleito en Su amor. Yo disfruto en Su luz.
Yo me desarrollo en Su sabiduría. Yo soy Suyo, y Él es mío.
32
Don Gossett
“El Señor es la Fortaleza
de mi vida”
Todas estas son grandes confesiones; debes afirmarlas con toda confianza.
1. El Señor es la fortaleza de mi mente, y por lo tanto yo voy a tener pensamientos sanos y saludables.
Yo pienso todo aquello que es verdad, honesto, justo, puro, lleno de amor y de templanza. Una mente
fuerte es sumamente positiva, la mente de Cristo. “Yo tengo la mente de Cristo” (1ª Corintios 2:16).
2. El Señor es la fortaleza de mis oídos, por lo tanto voy a escuchar muy bien el día de hoy. Siete
veces en el libro del Apocalipsis, en los capítulos 2 y 3, aparece el mandamiento que dice, “el que
tenga oídos para oír, oiga lo que el Espíritu dice…”. Lo más importante es que con mi mente fuerte,
sana y renovada, yo pueda escuchar lo que el Espíritu Santo me dice.
3. El Señor es la fortaleza de mis ojos, y por lo tanto yo tengo una buena visión el día de hoy. Yo
puedo ver a los demás a través de los ojos de amor, de bondad, y de buena voluntad.
4. El Señor es la fortaleza de mi boca, y por lo tanto yo voy hablar todas aquellas palabras que van a
edificar, que van a ministrar gracia a todos aquellos que me escuchen. En Isaías 50:4 dice, “El Señor
Dios me ha dado lengua de discípulo, para que yo sepa sostener con una palabra al fatigado. Mañana
tras mañana me despierta, despierta mi oído para escuchar como los discípulos”. Yo me voy a
abstener de hablar aquellas palabras que son negativas, destructivas, corruptas, llenas de crítica, duras
o groseras.
5. El Señor es la fortaleza de mi corazón, por lo tanto yo voy a tener un latido sano y bueno el día de
hoy. Mi oración es que, “tu Señor, seas la fortaleza de mi corazón físico durante el tiempo en que yo te
sirva en esta tierra. Si, 70 años, y debido a la fortaleza 80 años o más”. Oh corazón mío, haz un buen
trabajo el día de hoy.
6. El Señor es la fortaleza de mis manos, por lo tanto todo aquello que mis manos van a hacer, lo van
a realizar con toda su fuerza.
7. El Señor es la fortaleza de cada órgano, tejido, hueso, fibra, nervios, y células en mi cuerpo. El
Señor de la fortaleza de mi vida desde la punta de mi cabeza hasta las plantas de mis pies. Cuando mis
pies se sienten cansados, o doloridos, el Señor renueva mis pies por medio de la administración de Su
fortaleza.
8. El Señor es la fortaleza de mi vida—de toda mi vida—mi espíritu, mi alma y mi cuerpo. Yo se que
Él imparte fortaleza al hombre interior de mi corazón.
9. Mis afirmaciones para el día de hoy son: Daniel 11:32 dice, “el pueblo que conoce a su Dios se
mostrará fuerte y actuará”. Salmo 29:11 dice, “el Señor dará fortaleza a su pueblo; el Señor bendecirá
a Su pueblo con paz”. Filipenses 4:13 dice, “todo lo pueden Cristo Jesús que me fortalece” (que no me
debilita). Nehemías 8:10 dice, “el gozo del señor es mi fortaleza”. Deuteronomio 33:25 dice, “De
hierro y de bronce serán tus cerrojos, y tan largo como tus días será tu reposo”. 2ª Corintios 12:10
dice, “cuando soy débil, entonces soy poderoso”.
10. Yo afirmo esto cinco veces:
“El Señor es la fortaleza de mi vida”.
“El Señor es la fortaleza de mi vida”.
“El Señor es la fortaleza de mi vida”.
“El Señor es la fortaleza de mi vida”.
“El Señor es la fortaleza de mi vida”.
11. Yo pienso fuertemente. Yo creo en la fortaleza del Señor. Yo declaró la fortaleza. En Joel 3:10
dice, “que diga el débil, fuerte soy”. Yo confieso que soy fuerte. Muy frecuentemente yo digo,
“fortaleza, fortaleza, fortaleza”. A medida que yo declaro la Palabra de Dios a mi espíritu. ¡Gloria al
Señor!
12. Yo, _____________________________________, declaró que el Señor Jesús es la fortaleza de mi
vida.
33
E. W. Kenyon
Por las llagas de Jesús
yo he sido sanado
Este es el testimonio de la fe en contra del testimonio de los sentidos y del razonamiento. El
razonamiento dice, “el dolor todavía está aquí”. Los sentidos hacen un dúo junto con el testimonio del
razonamiento. La fe rehúsa admitir los sentidos por la vista de los ojos, y se para firmemente en
aquello que Dios ya ha hablado. La Palabra de Dios dice, “ciertamente Él llevó nuestras
enfermedades”, y si Dios dice que llevó nuestras enfermedades, entonces eso es cierto, porque esa
Palabra forma parte de Dios, y todas las Palabras que Dios ha hablado son parte de Él Mismo.
Podemos decir con confianza que todo lo que Dios ha dicho es. La misma Palabra de Dios declara que,
“por las llagas de Jesús hemos sido sanados”. Esto fue declarado más de 700 años antes de que
nuestras enfermedades fueran puestas sobre Cristo Jesús. Ahora ya es más de 2000 años desde que
esto se cumplió en el Calvario. Nuestras dolencias y nuestras enfermedades, nuestros pecados y
nuestras iniquidades, todos fueron llevados por el Maestro: por lo tanto, si Él se los llevó, está mal si
nosotros también los llevamos—porque por medio de llevarlos nosotros, ¡estamos modificando lo que
Él hizo!
Debemos pararnos firmemente sobre lo que dice la Palabra Viviente de Dios. Debemos rehusar a
escuchar cualquier otro tipo de voces. En Marcos 16:18 dice, “pondrán las manos sobre los enfermos,
y ellos sanarán”. Entonces, cuando yo pongo mis manos sobre los enfermos, ¡Dios dice que ellos van a
sanar! Esta palabra está llena de autoridad, tal como cualquier otra palabra que salió de los labios del
Maestro. La fe declara que ya ha sido hecho. En el momento en que nuestras manos son puestas sobre
la persona que está enferma, la fe dice, “gracias Padre Celestial, que ya he sido sanado”. Por las llagas
de Cristo Jesús yo he sido liberado de aquella vieja enfermedad.
La fe siempre declara antes de que Dios actúe.
La declaración de la fe origina la acción de Dios.
La fe dice, “Dios ha declarado que yo he sido sanado, y cualquier cosa que Dios declara es”.
Cuando Dios dijo, “que sean hechas luces en el firmamento de los cielos”, las luces fueron creadas, y
cuando Dios dijo, “por las llagas de Jesús tú eres sanado”, se convierte en una realidad puesto que no
existe Palabra de Dios que carezca de poder.
En Romanos 8:11 dice, “Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita
en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros
cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros”. Éste es Dios Mismo hablando
acerca de nuestros cuerpos, que tienen que responder a Su Palabra. Estos cuerpos son el lugar de
habitación de Dios, y son el lugar donde Dios está entronado y reina como Rey. El Dios viviente que
dijo, “por las llagas de Jesús tú has sido sanado”, vive dentro de nuestros cuerpos para qué esa Palabra
Viviente se realice en ellos.
34
Don Gossett
Debes tener una fe inquebrantable
Alguna vez has notado que la gente que está hablando constantemente acerca de enfermedades
tienen una gran porción de ellas? ¿Acaso alguna vez has notado que aquellos que están hablando
constantemente acerca de temores, normalmente se sienten muy temerosos? Y si tú piensas en ello, tú
vas a descubrir que aquellos que continuamente hablan acerca de necesidades, experimentan necesidad
como el dueño de sus vidas. Es un hecho bíblico que nuestras palabras producen el tipo de vida que
tenemos. Tú vas a poseer todo aquello que tú confieses. Lo que tú dices es lo que vas a obtener. Jesús
dijo, “de la abundancia del corazón habla la boca”.
Existe un versículo en el libro de Job que me ha intrigado en gran manera. También representa el
poder que tienen las palabras. Es una prueba bíblica acerca de que tú tienes o posees todo aquello que
tú déclaras con tu boca. Este pasaje dice así: “Decidirás una cosa, y se te cumplirá, y en tus caminos
resplandecerá la luz” (Job 22:28). Por medio de tus palabras tú déclaras las cosas, y Dios dice, “y se te
cumplirá”. Se convierte en parte de tu vida. El hecho de confesar o de decretar, o de declarar una cosa
es un ejercicio verbal que trae consigo una respuesta: y se te cumplirá.
Esto está en armonía con lo que Jesús dijo en Marcos 11:23, “En verdad os digo que cualquiera que
diga a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a
suceder, le será concedido”. Cualquier cosa que tú dices, decretas o declaras, se va a convertir en una
realidad en tu vida. Eso es lo que dice la Biblia.
Existen muchas otras pruebas en la Biblia que verifican que lo que tú dices continuamente es lo que
tú llegas a tener. Yo tengo confianza en que tú vas a permitir que estas declaraciones de la Biblia
formen raíces profundamente en tu vida, para que cuando tú declaras las cosas, tú puedas tener esas
mismas cosas establecidas en tu vida. ¿Quién dice esto? Dios lo dice, y todo lo que Dios dice es
correcto, absolutamente correcto. Y Dios dice que cuando tú decretas algo, esa misma cosa va a
suceder. Jesús lo dijo, “todo lo que te diere le vendrá”.
Estos versículos entre otros, deben servir para retarnos a nosotros y que estemos seguros de que
hablamos palabras que están en armonía con la Palabra de Dios. Debemos traer nuestro testimonio al
nivel de las Santas Escrituras, y entrenar nuestros labios para que hablen solamente aquello está
alineado con “lo que dice el Señor”.
El Señor Jesucristo me dio una maravillosa sanidad con relación a un tumor que yo tenía a un lado de
mi cabeza, y para el cual ya me habían dado una fecha para ir a cirugía. Yo me atreví a declarar, “por
las llagas de Jesús yo he sido sanado”. Después de que yo declaré esto, esa verdad fue establecida
dentro de mi, y definitivamente, por una intervención milagrosa, el tumor desapareció.
Por varios años yo le debí dinero por varios miles de dólares a una estación de radio en
Saskatchewan. Parecía imposible poder reunir el dinero para poder ir y pagar esa deuda. Yo comencé a
declarar, “yo decreto que Dios va a suplir todo el dinero para pagar a la estación de radio de
Saskatchewan”. Dios que tiene el poder para hacer que se cumpla Su Palabra, y Dios honró mi
declaración, y la convirtió en un acto concreto el día 31 de diciembre de 1977, y yo pagué los últimos
$850 de esa cuenta, ¡gloria al Señor!
El diablo también escucha
Por favor no olvides este hecho: el diablo también puede escuchar su testimonio. La Biblia dice que
vencemos al diablo por medio de la Palabra de Dios en nuestro testimonio (Apocalipsis 12:11). Pero si
tenemos un testimonio donde no existe la Palabra de Dios en ello, entonces el diablo muy fácilmente
puede derrotarnos o si nuestro testimonio no está en armonía con la Palabra de Dios, entonces, el
adversario puede usurpar y tener una ventaja sobre nosotros. Si tu testimonio es un testimonio de
enfermedad, entonces la enfermedad se va a desarrollar más fuerte en tu cuerpo. Cuando tú encares la
enfermedad, debes hace que tu testimonio sea valientemente el mismo que el testimonio de la Palabra
de Dios. Debes repetir lo que dice en Mateo 8:17, “Jesús mismo tomó mis enfermedades, y llevó mis
dolencias”.
Debes hablar acerca de la Palabra de Dios. Debes hablar acerca de la bondad de Dios hacia ti. Debes
llenar tus labios con alabanza por todas las respuestas que has recibido a las oraciones que has hecho.
A medida que haces esto, tu fe va a crecer a pasos agigantados y va a abundar mucho más en tu vida.
Por el contrario, si tú hablas acerca de tus pruebas, tus dificultades, tus problemas, tu falta de fe,
entonces, tu fe se va a hundir. Va a perder toda la vitalidad en tu vida.
La Biblia ordena en Hebreos 10:23 que, “mantengamos firme nuestra confesión de fe, porque Él que
lo prometió es fiel”. Nuestra parte en esta vida de fe es mantenernos firmes en nuestra confesión; la
parte de Dios es cumplir fielmente Su Palabra en nosotros.
He podido encontrar que en todos mis años de caminar en el camino de la fe, he obtenido las victorias
a medida que me he mantenido firme y con mucha tenacidad en la Palabra de Dios. Si me aparto de la
Palabra de Dios, y me dirijo hacia mis sentimientos o hacia las apariencias, en esas ocasiones siempre
fui derrotado. Por ejemplo, cuando yo y mi familia nos quedamos atorados en la ciudad de Tel Aviv,
en Israel, parecía que todos nuestros planes para ministrar por toda el África se estaban extinguiendo.
Cada una de las pruebas de los sentidos estaban en contra de nosotros. Yo pude “escuchar” a los
agentes de la línea aérea decirnos que no íbamos a poder llegar a África por muchos días. Yo pude
“ver” que todos los demás pasajeros se fueron—mientras que yo y mi familia fuimos abandonados por
todos ellos. Yo pude “sentir” las garras del desaliento cuando eran las dos de la mañana. Yo sabía que
no debía apartarme de la Palabra de Dios para seguir lo que me estaban indicando mis sentimientos y
las apariencias, y que si lo hacía iba a ser derrotado. A medida que mantuve mi corazón firme
confesando la Palabra de Dios, esa palabra sobrenatural prevaleció sobre todas las malas
circunstancias, y al cabo de horas nos encontrábamos en camino hacia el África.
Las batallas más duras que tú vas a enfrentar se van a parecer a esta. Pero las victorias más grandes
que tú jamás vas a ganar, van a ser aquellas cuando todo alrededor de ti está gritando “imposible”. Yo
no lo sé todo acerca de la teología, acerca de la venida del Señor, y acerca de los eventos del futuro.
Pero esto es algo que realmente conozco por medio de maravillosas experiencias que he vivido en la
Palabra de Dios: cuando tú te atreves a mantenerte firme en tu confesión de la Palabra de Dios, todas
las cosas imposibles se convierten en una realidad.
Yo quiero recordarte que nunca te rindas ante el adversario. Tú y Dios son los dueños de la situación.
Siempre debes recordar que Jesús enfrentó, derrotó y conquistó al enemigo. Aunque tú estés
enfrentando derrota en todas las áreas de tu vida, tú estás enfrentando esa derrota como el amo y
dueño en el nombre de Cristo Jesús, y en el nombre de Jesús tú eres más que un vencedor. Nunca te
rindas. Mantén tu guardia muy firme. Dios está por ti, y tú no puedes ser vencido.
Cuando tú declaras una cosa, de hecho tú estás decretando que eso suceda en tu vida. Si tú estás
decretando necesidad y carencias, tú vas a tener a las necesidades y a las carencias como el dueño y
amo de tu vida. Pero si tu estás decretando que Dios suple todas sus necesidades, tú vas a poder
conocer la provisión de Dios. Si tú decretas debilidades, entonces tu vas a tener debilidades. Pero si tú
decretas el hecho de que el señor Jesucristo es la fortaleza de tu vida, entonces tu vas a poder conocer
el poder de Dios. Si tú decretas temores, entonces tu vas a tener tu porción de temores vivientes. Si tú
decretas que Dios te va a proveer con valor, entonces tú vas a ser una persona valerosa, en lugar de ser
temeroso.
Otra razón por la cual tú has sido derrotado tantas veces en la vida, es debido a que tú has estado
hablando el lenguaje de la duda y de la incredulidad. No puedes estar haciendo eso sin sufrir las
consecuencias. Tú hablas acerca de la duda, y la duda se va a levantar como un gigante y te va a atar.
Tú hablas acerca de la incredulidad, y tú vas a poder conocer el tormento de la incredulidad sobre tu
vida por el resto de tus días. Si tú hablas acerca de qué tan débil es tu fe, entonces tu vas a ser tan débil
como un hombre natural. Pero debido a que tú eres una nueva criatura en Cristo Jesús, tú debes poseer
el lenguaje de un vencedor. Lo que tú dices es lo que obtienes. Lo que tú confiesas es lo que llegas a
poseer. Lo que tú decretas es lo que vas experimentar. Tú hablas acerca del fracaso, y todo aquello que
tú hagas va a fracasar. Yo quiero retarte para que tú hagas una confesión valiente y llena de confianza.
Atrévete a ser una persona que verdaderamente pertenece a Jesús. Debes ser una persona que no se
conforme con la multitud del mundo. Debes ser un hombre de Jesús, una mujer de Jesús. Debes ser
lleno con el amor de Jesús. Debes ser lleno con el entusiasmo en tu trabajo. Debes echar fuera ese
espíritu de temor en el nombre de Jesús. Debes atacar esa dificultad que ha turbado tu vida hoy
mismo.
Debes decretar las cosas correctas, las cosas de la Palabra de Dios, y vas a ver como cosas
maravillosas van a ser establecidas en tu vida. Si haces declaraciones negativas, cosas negativas y
adversas van a ser tu porción en la vida. Debes tener una fe muy firme. Este es el tipo de fe que
obtiene la victoria.
35
E. W. Kenyon
Haz que tus palabras trabajen
a tu favor
Las palabras son una de las cosas más grandes en este mundo. Las palabras son pensamientos
colocados en vestimentas, de tal manera que puedan comercializar, y que se puedan intercambiar. Los
pensamientos desnudos no pueden ser vistos, oidos, sentidos, ni vendidos; sólo aquellos pensamientos
que ponemos en palabras tienen valor.
Las palabras pueden tener un increíble valor si están llenas con el tipo correcto de material.
Las palabras hicieron que Austria se convirtiera en parte de Alemania en la Segunda Guerra Mundial.
Las palabras invitan a los hechos y a las acciones.
Las palabras mueven a todo el mundo, estremecen naciones, y encienden a las gentes con ambición o
con penas.
Que Dios nos ayude a usar las palabras sabiamente.
La Biblia está hecha de palabras, palabras que están llenas de Dios, y palabras que están llenas de
amor.
Tú y yo salimos para vender y para comprar, y para trabajar, y el día de hoy vamos a estar usando
palabras.
Debemos usar estas palabras como si fueran oro, y debemos manejarlas como si fueran diamantes, y
joyas muy escogidas.
Para muchas gentes las palabras son tan comunes como la tierra de la calle.
Otras personas las consideran con un poquito más de valor.
Pero el hombre o la mujer que son sabios son muy cuidadosos con sus palabras.
Un día yo dije una oración y me costó trescientos dólares. Yo no debía haber dicho nada ese día.
Yo conocí a un hombre que dijo una sola oración, y le costó toda una vida de trabajos forzados.
Las palabras son cosas muy poderosas.
Por medio de las palabras tú eres salvo. Por medio de las palabras tú eres condenado.
36
Don Gossett
Yo nunca me levanto más allá
de mi confesión
Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es el que prometió.
—Hebreos 10:23
(Debes declarar esto como
una confesión personal de tu fe).
Yo nunca me levanto más allá de mi confesión. Una confesión negativa me va a rebajar al nivel de
esa confesión. Lo que confieso con mis labios es lo que realmente me controla. Mi confesión me
aprisiona si es una confesión negativa, o mi confesión me libera si es una confesión positiva. Lo que
yo digo es lo que obtengo. “En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: “Quítate y
arrójate al mar”, y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a suceder, le será concedido”
(Marcos 11:23).
Si siempre estoy hablando de mis fracasos y de mi falta de fe, invariablemente voy a llegar al nivel
de esta confesión. Cuando yo confieso la falta de fe, eso hace que la duda aumente. Cada vez que yo
confieso dudas y temores, estoy confesando que tengo fe en el diablo, y estoy negando la habilidad y
la gracia de Dios. Cuando yo confieso dudas, yo estoy siendo prisionero de mis propias palabras.
Proverbios 6:2 dice, “si te has enredado con las palabras de tu boca, si con las palabras de tu boca has
sido atrapado”.
Una confesión equivocada aleja al Padre Celestial fuera de mi vida, y permite que el diablo entre en
mi vida. Si yo dudo la Palabra de Dios, esto se debe a que estoy creyendo algo diferente, y que es
contrario a la Palabra de Dios. Yo rehúso involucrarme en cualquier nivel con cualquier cosa que
tenga que ver con una confesión equivocada. Cuando yo me doy cuenta de que nunca puedo ir ni
levantarme más allá de mi confesión, entonces estoy llegando al lugar donde Dios puede usarme. En
Efesios 4:29 dice, “No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para
edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan”. Una
confesión equivocada es una comunicación corrupta. Yo voy a hablar solamente aquello que es
bueno para la edificación.
“Ni le deis lugar al diablo” (Efesios 4:27). Yo rehúso testificar a favor del adversario. Yo pienso fe,
hablo fe, y actúo en fe. Yo soy gobernado por mis confesiones. Lo que yo confieso con mis labios es
lo que realmente llega a dominarme, y yo hago que mis labios cumplan con su deber. Yo rehúso
permitirle a mis labios que destruyan la efectividad de la Palabra de Dios en mi caso. Si yo titubeo en
mi fe, yo no voy a recibir nada del Señor. Con mi corazón es que debo creer, y con mi boca es que
debo confesar para salvación, para sanidad, para provisión, para liberación, ¡y para fortaleza! Yo no
sólo confieso con mis labios, sino que también tengo mucho cuidado de no negarlo en mi corazón. Si
yo rehúso confesar con mis labios, pero en mi corazón digo, “pero la Palabra de Dios no es verdad ni
se aplica en mi caso”. La confesión de mis labios no tiene valor alguno y mi corazón la repudia. ¡Yo
prefiero alinearme con la sabiduría de la Palabra de Dios, y levantarme para llegar a poseer lo que me
pertenece en Cristo Jesús!
37
E. W. Kenyon
Las palabras del Padre Celestial
en los labios de Jesús
Cuando aprendemos que el Padre Celestial y Su Palabra son Uno Solo, la Biblia se va a convertir en
un nuevo libro. Cuando nos damos cuenta que la Biblia es el Maestro Mismo hablando directamente
hacia nosotros, entonces se convierte en una realidad.
Éso nos dice en Juan 12:47–49, “Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque
no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene
quien lo juzgue; la palabra que he hablado, ésa lo juzgará en el día final. Porque yo no he hablado por
mi propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha enviado me ha dado mandamiento sobre lo que
he de decir y lo que he de hablar”.
En ningún lugar Jesús declara ser el original, ni que las palabras que Él habla sean originales. El
siempre declara que está hablando las palabras de Su Padre Celestial.
Cuando Jesús sanó a los enfermos, fue la palabra de Su Padre Celestial en Sus labios haciéndolo.
Cuando Jesús dijo, “Lázaro, sal fuera”, fueron las palabras del Padre Celestial las que hicieron ese
milagro. Cuando Jesús ordenó que se calmara la tormenta del mar, cuando multiplicó los panes y los
peces, cuando sanó a los enfermos y levantó a los muertos, siempre fueron las palabras del Padre
Celestial en los labios de Jesús obrando.
Cuando Jesús dijo, “Yo Soy la Luz del mundo”, Él solo estaba hablando lo que Su Padre Celestial le
daba para que hablase. Por lo tanto, fueron las palabras del Padre Celestial en los labios de Jesús, las
que dieron vida a los muertos, y sanaron a los enfermos, las que crearon nuevos miembros para los
cojos, y las que dieron comida a los hambrientos, vista a los ciegos, y liberación de los temores de la
muerte y de la tumba. ¿Puedes tú entender el significado de todo esto? Jesús hizo todo esto con
palabras.
Y ahora Él nos ha dado Sus palabras. Jesús mismo es la certeza y la seguridad del Nuevo Testamento,
desde Mateo hasta Apocalipsis. Nosotros podemos usar las palabras de Jesús ahora mismo. Sus
palabras en nuestros labios van a ejecutar el mismo tipo de obras y de milagros que las palabras del
Padre Celestial ejecutaron en los labios de Jesús.
El único problema sólo consiste en poder utilizar lo que Dios ya nos ha dado. Para ilustrar esto, Él ha
llenado la tierra con aceite, pero si nadie pone ninguna atención en esto, y si llegamos al lugar donde
vamos a asumir que hemos llegado, y necesitamos desesperadamente aceite y gasolina, pero hemos
estado ignorando la bodega de provisión que está llena con aceite, esto es un ejemplo de lo que
estamos haciendo con la Palabra Viviente de Dios.
Actualmente tenemos el poder para sanar a todas las personas que están enfermos, tenemos la
habilidad para suplir la necesidad de todos los hombres y de todas las mujeres que se encuentran
alrededor de nosotros, y todas esas necesidades son mucho más grandes que la simple necesidad que
nosotros podemos tener de gasolina o de aceite.
Nosotros poseemos las palabras que llevan sanidad, que traen salvación, y que obran liberación, que
traen gozo paz y que dan descanso al alma. Nosotros poseemos las palabras que pueden edificar la fe
en aquellos que se encuentran desanimados, que pueden darle fortaleza a los que se encuentran
débiles, esperanza en el corazón de aquellos que se sienten perdidos, y liberación para todos aquellos
que están siendo aprisionados en cautividad. Pero nosotros nos estamos absteniendo de usar las
palabras que van a hacer todo esto.
Tú debes entender que la habilidad de Dios está envuelta en las palabras de Dios. Éstas palabras nos
han sido dadas a nosotros. Nosotros podemos usarlas. El mundo necesita estas palabras
desesperadamente, y tú debes comenzar ahora mismo a declarar las palabras de Dios. Debes permitir
que se conviertan en cosas vivas en tus labios. Tú tienes que atreverte a decirle a los enfermos, “en el
nombre de Jesús, tú eres sanado”, a los hombres que se encuentran en cautividad, “en el nombre de
Jesús, te ordenó demonio que salgas de este hombre”.
Debes atreverse a tomar el lugar que te corresponde.
38
Don Gossett
Declara tu camino
ascendentemente
En el año de 1961, yo tuve que enfrentar un reto propuesto por un hombre, “declara la manera en que
debes ser, y tú te convertirás en aquello que tú declaras”.
Yo comencé a declarar no en la forma en que las cosas estaban entonces, sino en la forma en que a mí
me gustaría que estuvieran. Yo descubrí que esto armonizaba con las Escrituras que dicen, “En verdad
os digo que cualquiera que diga a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y no dude en su corazón,
sino crea que lo que dice va a suceder, le será concedido” (Marcos 11:23).
Ya había acabado de perder mi casa debido a un embargo, y también había perdido cinco cuartos
llenos de mobiliario. Yo había estado declarando pobreza, y por lo tanto coseche pobreza. Yo cambié
el tono de mi voz y comencé a declarar, “Dios me da riquezas y salud”. Esto armonizaba con lo que
dice 3ª Juan 2, “Amado, ruego que seas prosperado en todo así como prospera tu alma, y que tengas
buena salud”. El hecho de decir, “Dios, me está dando riquezas y salud”, siendo que yo no tenía nada
de dinero, no tenía una casa, y carecía de muebles, teniendo a mi familia y viendo en dos cuartos
pequeños en un motel en la ciudad de Victoria, esto significaba “declarar la forma en que a mí me
gustaría ser, para que yo me convirtiera en la forma que yo había declarado”.
Yo descubrí otro poema de poder por el cual yo comencé a vivir, “ lo que confieso es lo que poseo”.
Estaba aprendiendo que lo que tú dices, es lo que llegas a poseer. Yo comencé a confesar, “mi Dios
pues, suplirá todas mis necesidades de acuerdo a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses
4:19). Yo discipline mis labios, y mantuve mi corazón firme, dirigido hacia esta provisión de una
casa, de muebles, pero más que todo, de un ministerio que pudiera ser capaz de convertirme en un
hombre que siempre obtiene resultados excelentes en Cristo Jesús, y en una ayuda positiva para todas
las gentes que se encuentren encadenadas, oprimidas y destrozadas.
Por lo tanto, yo comencé a cantar, “yo puedo ver que soy libre”. Yo sabía que Jesús vino a liberar a
los cautivos, y yo estaba cautivo en las opresiones de temor, ansiedad, preocupaciones, y frustración.
“Permanecer firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud” (Gálatas 5:1). Yo aprendí a
rebelarme en contra de la pobreza, el fracaso y la tiranía en todas sus formas.
Yo acostumbraba hablar de esta manera: “yo soy una persona exitosa en la vida. Yo siempre hago las
cosas que agradan a mi Señor Jesucristo. Yo voy a utilizar los métodos modernos de comunicaciones
para predicar el Evangelio. Yo voy a tener éxito como locutor de radio. El Espíritu Santo ha puesto
muchos libros en mi corazón. Yo voy a escribir todos esos libros.
Yo declaré todo mi camino, impulsándome siempre hacia delante. Yo confesé la Palabra de Dios. Yo
rehusé tener confesiones negativas.
Con relación a la casa que compramos en Surrey, yo comencé a declarar: “yo siempre voy a realizar
todos mis pagos y nunca voy a fallar en uno solo. El diablo nunca puede robarme esta casa. Voy a
comprar todos los muebles que necesita toda mi familia. Todos vamos a ser muy felices y vamos a
tener todas nuestras aspiraciones realizadas en esta casa.
Mi registro anterior, era un registro lleno de fracasos, conteniendo un problema tras otro en todos los
asuntos económicos y financieros. Yo no había podido tener éxito como locutor de radio. Yo no tenía
manera de poder publicar un libro, aunque en mi corazón estaba ardiendo con todas las verdades que
yo quería escribir.
Yo me mantuve declarando mi camino en la manera como a mí me gustaría ser, y alabando al Señor
todo el tiempo, y yo me convertí en aquello que yo declaré. Yo fui capacitado por Dios para poder
confrontar todas las tormentas, y poder lograr el triunfo por medio de Su gracia.
Por supuesto que mi fuente de recursos principal para declarar era la Palabra de Dios. Jesús declaró,
“Las palabras que os he hablado, son espíritu y son vida” (Juan 6:63). “Porque la palabra de Dios es
viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del
espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las
intenciones del corazón” (Hebreos 4:12).
Este “principio de declarar mi camino” es el ingrediente contenido en la fe. En 2ª Corintios 4:13 dice,
“Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por tanto hablé, nosotros
también creemos, por lo cual también hablamos”. Esta escritura nos enseña la manera en que opera la
fe: primero tienes que creer con todo tu corazón, y entonces tú puedes declarar aquello en lo que has
creído. Esta es la Palabra que hemos creído; por lo tanto, es la Palabra dadora de vida que
declaramos.
Las confesiones de fe han sido nuestra victoria. Hemos declarado nuestro camino hacia adelante
continuamente.
Yo confesé, “vamos a ser usados por Dios para ganar decenas de millares para Cristo Jesús”. Éste era
verdaderamente el ámbito de la fe, porque nunca jamás habíamos ganado ni siquiera miles de almas
para Cristo. Nos convertimos en aquello que declaramos y, literalmente, decenas de miles de almas
han sido ganadas para Cristo Jesús.
Hemos derrotado nuestros viejos patrones de fracaso con relación a usar la radio y a convertirnos en
locutores de radio, porque yo comencé a proclamar, “vamos a tener éxito en las estaciones de radio
por todo el mundo”. Este ha sido un hecho glorioso, gloria al Señor.
Con esta intensa ambición de bendecir al cuerpo de Cristo a través de los principios de la fe, yo he
podido aprender a través de pruebas muy duras, y por lo tanto he afirmado, “voy a ser capaz de
publicar estas verdades dinámicas de la Palabra de Dios para poder edificar a otras personas”. Ahora,
20 años más tarde, más de 20 millones de copias de mis publicaciones han salido impresas de las
prensas de los diferentes editoriales.
Yo testifiqué por fe, “mis cinco hijos van a crecer fuertes en el Señor Jesucristo y van a ser usados
por Él”. Gloria a Dios, que esta ha sido una realidad gloriosa, porque todos ellos viven bajo el señorío
de Cristo Jesús.
Mi confesión ha precedido a mi posición. Yo he confesado, “yo pongo todas mis fuerzas para ser
valiente”. A través de un ministerio valiente es que hemos podido testificar resultados sobrenaturales
en sanidades y liberaciones por todos lados que hemos ido con las Buenas Nuevas de Dios.
Lo que tú declaras es lo que vas a obtener. Lo que yo dije es lo que yo obtuve. Yo he declarado, “no
hay lugar para oscuridad en mi vida”. La oscuridad y la depresión han tratado repetidamente de
atraparme en sus garras malignas. Yo he resistido en el nombre de Cristo Jesús, y he vencido. Yo
puedo añadir, “mi estilo de vida es una sonrisa en los labios”.
Veinte años de la gracia y misericordia de Dios. 20 años de logros y triunfos. 20 años de ganar almas
y de llevar fruto.
Yo me regocijo en Cristo Jesús, a quien he escogido. Hemos decidido, “ganar a los perdidos a
cualquier costo”. ¡Por la gracia de Dios somos ganadores!
39
E. W. Kenyon
Nunca seas negativo
Filipenses 4:13 es el mensaje de Dios para ti el día de hoy. “Todo lo pueden Cristo Jesús que me
fortalece”. Tú te conviertes en uno de esos que pueden hacer todas las cosas, y todo lo que Dios desea
realizar. Los mandamientos de Dios significan que Su habilidad acompaña al mandamiento.
“No te encarceles a ti mismo con declaraciones negativas y declaraciones que digan “no puedo”.
Debes librarte completamente del pasado que ha formado un molde y una valla alrededor de ti. Debes
venir a un nuevo presente, un nuevo día, con la habilidad de Dios apoyándote completamente. Debes
cantar; “Dios está obrando conmigo, Dios y yo podemos hacer todas las cosas. El Espíritu de realidad
está haciendo las cosas reales en mi corazón”.
Debes repetir esto una y otra vez, y todo tu ser va a ser inundado con luz. La Palabra de Dios se va a
convertir en una cosa viva en tus labios, y tú vas a poder ser capaz de orar con la conciencia de que
estás alcanzando el trono de Dios, y que estás obteniendo aquella cosa por la cual has estado orando.
No te esperes a tener una mejor educación o un mayor entrenamiento. Debes usar lo que tienes ahora
mismo.
Debes permitir que la palabra de Cristo Jesús habite en ti únicamente, dominando todo aquello que
tiene que ver contigo. Debes tener un testimonio positivo. Tu diaria confesión debe ser que “mi Dios
pues, suplirá todas mis necesidades”… económicamente, espiritualmente, e intelectualmente.
Debes permitir que el mundo sepa que Dios ya te ha bendecido a ti con todo tipo de bendiciones
espirituales en este mismo momento, y que tú estás disfrutando del tiempo presente, teniendo un
contacto continuo con Dios.
Lo que dice en Efesios 3:20 es completamente tuyo. “Y a aquel que es poderoso para hacer todo
mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros”.
Debes darle toda la libertad a Diós dentro de ti. Anteriormente tú lo habías estado aprisionando. Tú
habías hecho de Él un Dios pequeñito, siendo que Dios es el Dios Creador de todas las cosas. Tú Le
habías robado toda Su iniciativa. Tú lo callabas una y otra vez cuando Él quería hablar. Tú te habías
rendido a tus propias debilidades y fracasos, siendo que la fuerza de Dios estaba esperando oír tus
órdenes. Tú has estado declarando fracaso. Tú has estado declarando enfermedades. Tú has estado
hablando negativamente, siendo que tú tenías que haber sido positivo.
Tú deberías haber dicho firmemente, “yo sé en quien he creído. Yo sé que Dios es capaz, y que tiene
toda la habilidad necesaria para hacer de mí un éxito. Yo tengo la habilidad de Dios dentro de mí”.
Repite esto en voz alta, una y otra vez.
El Salmo 23 dice, “Jehová es mi pastor. Nada me faltará. Él me está guiando a las riquezas de Su
gracia, y a la plenitud de Sus bendiciones”.
El Salmo 27:1 dice, “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quien temeré? Jehová en la fortaleza de mi
vida; ¿de quien quiere atemorizarme? El nombre de Jehová aquí significa Jesús. El Señor de quien Él
está hablando es Aquel quien Se dio a Sí Mismo por ti. Él te ama y Él está esperando transformarte y
convertirte en éxito. En este momento Jesús es tu ayuda presente. No importa cuáles son las
circunstancias en que te encuentras, ni cuáles son los problemas que tienes. Jesús es mucho mayor. No
importa cuáles son tus limitaciones o cuál es la enfermedad que tienes en tu cuerpo, o la falta de
dinero por la que estás pasando. Dios está en la misma habitación ahí donde tú te encuentras en este
momento. El está ahí con Su Presencia Omnipotente. El está ahí con Su Sabiduría Perfecta. El está ahí
con la sanidad y la victoria para ti. Gracias a Dios por ello. Dile que estás contento de que Él está
contigo.
En Juan 14:23 dice, “Jesús respondió, y le dijo: Si alguno me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo
amará, y vendremos a él, y haremos con él morada”.
Jesús está contigo ahí en este mismo momento.
Debes darle a Jesús el lugar y el honor que Él merece. Debes darle gracias por Su Presencia. Debes
darle gracias por Su Habilidad. Debes darle gracias de que has acabado con los fracasos pasados, y que
ahora tú estás viviendo en la luz de Su Victoria.
40
Don Gossett
Cuando no siento ánimos
para hacerlo
En Marcos 11:23 dice, “y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a suceder, le será
concedido”.
Lo que yo digo es lo que obtengo. Lo que yo confieso es lo que poseo. Mi confesión de la Palabra de
Dios precede a mi posesión de las promesas de la Palabra de Dios. En Mateo 4:4 dice, “Pero El
respondiendo, dijo: Escrito está: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la
boca de Dios”. Cuando me di cuenta de que yo podía obtener lo que yo declaraba, yo permití que la
Palabra de Dios prevaleciera en mi, dándole toda la libertad. Yo prefiero dedicarme a declarar
solamente la Palabra de Dios (Mateo 8:8).
Cuando necesito sanidad, yo declaro en voz alta tan frecuente como es posible, “por las llagas de
Jesucristo yo he sido sanado” (1ª Pedro 2:24). Yo declaro esto cuando me siento que debo declararlo.
Yo lo digo especialmente cuando no siento que debo de decir algo. Cuando los dolores agudos golpean
mi cuerpo, yo lo declaro. Cuando me levanto en medio de la noche con síntomas de alguna
enfermedad, yo lo declaro. Yo declaro cuando me levanto en la mañana, y yo lo declaro cuando me
voy a descansar por la noche. Yo lo declaro con toda la confianza que yo puedo tener. Yo declaro aún
en aquellos momentos en que no siento ninguna confianza. Yo lo declaro. Yo lo declaro. Yo lo
declaro. Isaías 53:5 dice, “por las llagas de Jesús yo he sido sanado”.
Cuando me siento débil, yo rompo el silencio por medio declarar el Salmo 27:1 que dice, “el Señor
es la fortaleza de mi vida”, y Filipenses 4:13 que dice, “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Sí,
declaró esto cuando me siento bien y fuerte pero lo declaro especialmente cuando me siento débil y
derrotado. Lo declaro cuando siento que estoy en la cima de una montaña de bendición espiritual. Y lo
declaro muy especialmente cuando me siento que estoy lejos y apartado en el valle de la melancolía y
desaliento.
Cuando tengo temores, yo declaro con autoridad 2ª Timoteo 1:7 que dice, “Porque no nos ha dado
Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”. Yo lo declaro en voz alta,
lleno de confianza, y entonces todos mis temores desaparecen. Ya sea que lo sienta o que no lo sienta,
yo se que el Señor Jesús vive y habita, y yo siempre me encuentro encima de esa Roca Sólida.
Cuando soy tentado a dudar de la Palabra de Dios, yo dudo esa duda; la duda viene del diablo, y
Dios me clasifica a mí como un creyente. Si yo creo, yo recibo; si yo dudo, yo lo recibo nada. Yo
declaró con una seguridad muy valiente lo que dice en Romanos 12:3, “Dios le ha dado a cada hombre
una medida de fe”. La fe es algo que yo ya tengo, porque Dios le ha dado a todo hombre la medida de
fe. La fe es lo que yo creo actualmente en las mismas profundidades de mi corazón.
Cuando me falta dinero, yo declaro estas siete palabras, “mi Dios pues, suplirá todas mis
necesidades” (Filipenses 4:19). Yo declaro esto cuando tengo dinero en el banco, y también lo declaro
cuando mi cuenta en el banco está completamente vacía. Yo lo declaro cuando mis sentidos registran
que estoy prosperando, y yo lo declaro cuando parece que estoy hundido en la pobreza. Cuando yo
vivo por la Palabra de Dios, hay dos grandes promesas que me aseguran estos resultados: el Salmo 1:3
dice, “todo lo que haga, prosperará”, y el Josué 1:8 dice, “porque entonces harás prosperar tu camino y
tendrás éxito”.
En la mañana, al mediodía, y por las noches, y aún en medio de todos estos tiempos, yo declaro la
Palabra de Dios. Esta es la más grande autodisciplina en la cual yo jamás me he involucrado: el
declarar la Palabra de Dios todo el tiempo, y bajo todas las circunstancias. Yo pienso en la Palabra de
Dios en silencio, y entonces la declaro en voz alta tan frecuentemente como me sea posible. Yo la
declaro cuando siento que la presión del enemigo está sobre mi. ¡Yo la declaro cuando estoy
descansando en el éxtasis del Espíritu Santo! Yo la declaro cuando me siento capaz de hacerlo. ¡Y
muy especialmente la declaro cuando no me siento como para hacerlo!
41
E. W. Kenyon
“Tú eres de Dios”
Tú eres de Dios”. Este es el creyente. Hablando de otro tipo de gente Él dice, “ellos son del mundo,
por lo tanto hablan como habla el mundo”.
Pero nosotros somos de Dios. “A menos que el hombre nazca de arriba, nazca del espíritu, nazca de la
Palabra de Dios, no puede entrar al reino de Dios”.
Hemos recibido la naturaleza, la habilidad, y la vida de Dios. Con la naturaleza de Dios hemos
recibido las mismas características de Dios. Si tenemos comunión con Él, vamos a adquirir los hábitos
que Dios tiene, y los cuales podemos ver en Jesús mientras que caminó en esta tierra. Aprendemos el
lenguaje del cielo, para que a medida que la Palabra de Dios hace contacto con nosotros, se convierte
en parte de nuestro ser.
En 1ª Juan 4:4 dice, “hijitos míos, ustedes son de Dios y los han vencido”. Piensa acerca de esta
expresión, “los han vencido”. La obra ya ha sido completada. Cuando Jesús venció al adversario, tú
estabas con Él. Fue tu victoria.
Ahora, Dios nos está diciendo que somos vencedores. En 1ª Juan 2:14 dice, “Os he escrito a vosotros,
padres, porque conocéis al que ha sido desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque
sois fuertes y la palabra de Dios permanece en vosotros y habéis vencido al maligno”. Lo vencieron en
las batallas presentes de sus días, a través de la Palabra de Dios que estaba habitando en ellos. La
Palabra de Dios es la voz de Dios, es Dios Mismo hablándonos. Es Dios en nosotros y ya ha vencido al
maligno. Las fuerzas que vinieron en contra de nosotros ya fueron puestas en sujeción y en cautividad.
“Lo vencieron por la palabra de su testimonio”. Ésta es el Logos, la Palabra de Dios.
El día de hoy somos conquistadores y vencedores a través de nuestro testimonio. Es nuestro
testimonio el que gana la victoria. Conquistamos al adversario a través de nuestro testimonio, y a
través de nuestra confesión de fe.
Declaramos que el Espíritu Santo ha levantado a Jesucristo de entre los muertos, y está viviendo
dentro de nosotros, y ha sanado nuestros cuerpos, nos ha dado fortaleza y claridad a nuestro
pensamiento, nos ha hecho vencedores en todas aquellas áreas donde la derrota había reinado durante
muchos años.
Ahora Dios dice, “y lo han vencido”. ¿Por qué? “Porque mayor es el que está en mí el que estén el
mundo”. El Más Grande es el que está dentro de nosotros.
Me da mucho gusto pensar que el Espíritu Santo no puso a un lado ninguna parte de Su habilidad o
sabiduría o poder cuando Él hizo Su habitación en el cuerpo de los creyentes. El puede usar la espada
del Espíritu Santo a través de nuestros labios y vencer a cualquier fuerza que nos ataque. Hemos
vencido por medio de la Palabra de Dios en nuestros labios. El Nombre de Jesús en nuestros labios es
tan Poderoso, como las palabras que salieron de los labios de Jesús mientras Él caminaba aquí en la
tierra. No nos hemos dado cuenta de esto. No nos hemos dado cuenta de que la palabra de Cristo Jesús
en nuestros labios era igual que las palabras que salían de los labios del Maestro.
Ha sido muy difícil que nosotros podamos aceptar el hecho de que la Palabra de Dios es una cosa
viviente en los labios del creyente. Tiene consuelo y paz para el corazón. Tiene poder y autoridad en
los labios. Tú enfrentas la vida sin miedo alguno. Tú enfrentas la vida como un vencedor.
42
Don Gossett
Mi lista de nunca hacerlo otra vez
Nunca jamás voy a volver a confesar “no puedo” porque “todo lo puedo en Cristo Jesús que me
fortalece” (Filipenses 4:13).
Nunca jamás voy a volver confesar mis necesidades por qué, “mi Dios pues, suplirá todas mis
necesidades de acuerdo a sus riquezas y gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).
Nunca jamás voy a volver a confesar temores porque, “Dios no me ha dado el espíritu de temor sino
de poder de amor y de templanza” (2ª Timoteo 1:7).
Nunca jamás voy a confesar dudas o falta de fe porque “Dios le ha dado a cada hombre la misma
medida de fe” (Romanos 12:3).
Nunca jamás voy a confesar debilidades porque, “el señor es la fortaleza de mi vida” (Salmo 27:1), y
“el pueblo que conoce a sus Dios se esforzará y actuará” (Daniel 11:32).
Nunca jamás voy a confesar la supremacía del diablo sobre mi vida porque “más grande es el que está
en mí el que está en el mundo” (1ª Juan 4:4).
Nunca jamás voy a confesar derrota porque “Pero gracias a Dios, que en Cristo siempre nos lleva en
triunfo” (2ª Corintios 2:14).
Nunca jamás voy a confesar falta de sabiduría porque, “Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo
Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención” (1ª
Corintios 1:30).
Nunca jamás voy a confesar enfermedades porque, “Por las llagas de Jesús yo he sido sanado” (Isaías
53:5), y “Jesús Mismo llevó mis enfermedades y mis dolencias” (Mateo 8:17).
Nunca jamás voy a confesar preocupaciones y frustraciones porque, “Echando toda vuestra ansiedad
sobre El, porque El tiene cuidado de vosotros” (1ª Pedro 5:7). En Cristo Jesús, ¡yo estoy libre de
preocupaciones!
Nunca jamás voy a confesar ningún tipo de ataduras porque, “Donde está el Espíritu del Señor, ahí
hay libertad” (2ª Corintios 3:17). ¡Mi cuerpo es el templo del Espíritu Santo!
Nunca jamás voy a volver a confesar ninguna condenación porque, “”Ninguna condenación hay para
los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1). Yo estoy en Cristo Jesús; por lo tanto, yo estoy
completamente libre de cualquier tipo de condenación.
Nunca jamás volveré a confesar soledad. Jesús dijo, “He aquí, Yo estoy con ustedes todos los días
hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20), y, “Nunca los dejaré ni los abandonaré” (Hebreos 13:5).
Nunca jamás volveré a confesar maldiciones o mala suerte porque, “Cristo nos redimió de la
maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: Maldito todo el
que cuelga de un madero), a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles,
para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe” (Gálatas 3:13–14).
Nunca jamás volveré a confesar descontento porque, “No que hable porque tenga escasez, pues he
aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación” (Filipenses 4:11).
Nunca jamás volveré a confesar sentirme inferior o ningún tipo de indignidad porque, “Al que no
conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El” (2ª
Corintios 5:21).
Nunca jamás volveré a confesar confusión porque, “Dios no es Autor de confusión, sino de paz” (1ª
Corintios 14:33), y, “Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene
de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado gratuitamente” (1ª Corintios 2:12).
Nunca jamás volveré a confesar persecución porque, “Si Dios por nosotros, ¿quien contra nosotros?”
(Romanos 8:31).
Nunca jamás volveré a confesar el dominio del pecado sobre mi vida, “Porque la ley del Espíritu de
vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:2) y, “Como está
de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones” (Salmo 103:12).
Nunca jamás volveré a confesar inseguridad porque, “Cuando te acuestes no tendrás temor, sí, te
acostarás y será dulce tu sueño. No temerás el pavor repentino, ni el ataque de los impíos cuando
venga, porque el Señor será tu confianza, y guardará tu pie de ser apresado” (Proverbios 3:24–26).
Nunca jamás volveré a confesar fracaso porque, “Pero en todas estas cosas somos más que
vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).
Nunca jamás volveré a confesar frustración porque, “Al de firme propósito guardarás en perfecta paz,
porque en ti confía” (Isaías 26:3).
Nunca jamás volveré a confesar ningún tipo de temor con relación al futuro porque, “Sino como está
escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han entrado al corazón del hombre, son las cosas que
Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló por medio del Espíritu, porque el
Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios” (1ª Corintios 2:9–10).
Nunca jamás volveré a confesar ningún tipo de problemas porque, “Estas cosas os he hablado para
que en mí tengáis paz. En el mundo tenéis tribulación; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan
16:33).
43
Ejercicio de fe
Declara la forma en que te gustaría ser, y tú te convertirás en aquello
que has declarado
Tú confiesas a Jesús como Señor “para salvación” (Romanos 10:10). Tú lo confiesas a Él primero, y
entonces, Dios actúa para regenerar tu espíritu. Este principio de declarar las cosas es visto en forma
muy clara a través de las Escrituras. “delante de aquel en quien creyó, es decir Dios, que da vida a los
muertos y llama a las cosas que no son, como si fueran” (Romanos 4:17). Primero, Dios habló la
palabra, y entonces, Sus actos de creación se realizaron. Tú hablas, y entonces lo posees. Tú declaras
la forma en que te gustaría ser, y te conviertes en aquello que has declarado.
“Y ruego que la comunión de tu fe llegue a ser eficaz por el conocimiento de todo lo bueno que hay
en vosotros mediante Cristo” (Filemón 6). Tu fe se convierte en algo efectivo por medio de tu
reconocimiento, o por medio de tu declaración de todas las cosas buenas que hay en ti en Cristo Jesús.
Tú declaras, y entonces se convierte en una realidad.
“Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por tanto hablé, nosotros
también creemos, por lo cual también hablamos” (2ª Corintios 4:13). Para que tú fe pueda ser
activada, ¡tú debes declarar!
¿Deseas tener buena salud? Entonces debes declarar todas las Escrituras que tengan que ver con
salud. Cuando tú declaras la Palabra de Dios, Proverbios 4:22 asegura que este proceso de la Palabra
Viviente va a producir “salud para toda tu carne”. Tú debes declarar, “yo tengo una mente saludable,
ojos saludables, nariz, boca, corazón, vasos sanguíneos, nervios, huesos y órganos saludables”.
Cuando tú tienes un problema de salud, debes declarar a esa montaña lo que Jesús declaró, y tú
“tendrás lo que hayas declarado” (Marcos 11:23).
¿Acaso tienes el deseo de ser un cristiano fuerte? “Diga el débil, fuerte soy” (Joel 3:10). No es el
fuerte quien afirma ser fuerte, sino el débil. Se tiene que declarar primero, y entonces esto se convierte
en una realidad. Ésta es la fe que agrada a Dios.
¿Acaso deseas convertirte en una persona amorosa? Entonces debes declarar de esa manera porque
“el amor de Dios ha sido derramado en tu corazón por el Espíritu Santo” (Romanos 5:5). ¿Acaso
deseas ser exitoso? Entonces debes declarar éxito. ¿Acaso deseas ser valiente en Cristo Jesús?
Entonces debes declarar valientemente por qué “los justos son valientes como leones” (Proverbios
28:1).
Tributos a
E. W. Kenyon
y
Don Gossett
44
E. W. Kenyon
“Y vino un hombre enviado
por Dios”
Por el Reverendo Jack Mitchell
En 1931, vino un extraño aquí a nosotros en el noroeste pacífico trayendo un mensaje de amor. El
predicó un mensaje de Aquel que nos amó y se dio a Sí Mismo para morir por nosotros, y que nosotros
pudiéramos entrar a la familia del Gran Padre Dios. Él trajo el mensaje de la redención, de la sanidad
y de la justicia. A través de su ministerio la realidad pudo entrar a nuestros corazones hambrientos.
Durante muchos años sus transmisiones matutinas en la radio enriquecieron las vidas de multitudes.
Muchas gentes escuchaban su alegre “buenos días” al locutor de la radio, y entonces “buenos días
amigos de Radio Land, estoy tan contento de estar con ustedes otra vez”.
Muchos que nunca habían asistido a una iglesia fueron alcanzados para Cristo Jesús a través de estas
transmisiones de radio. Una ocasión yo visitaba un rancho pequeño en el sur y pude escuchar el
testimonio del granjero y de su esposa que detuvieron sus tareas matutinas para escuchar la
transmisión de radio porque acostumbraban hacer esto cada mañana. Sus corazones fueron atraídos
por el mensaje de amor, y finalmente fueron ganados para el Señor Cristo Jesús. Las palabras no son
capaces de expresar lo que estos mensajes, que venían directo del corazón del Padre Celestial
significaron para ellos.
La gratitud llena nuestros corazones por su fidelidad al haber presentado ante nosotros todo lo que
Dios le había dado. El enriquecimiento espiritual a través de un mayor conocimiento de la Palabra de
Dios ha enriquecido nuestros corazones a través del hombre mediante el cual vino esa luz. Para
algunos de nosotros las fronteras del reino de los cielos fueron extendidas. Una vez nos encontramos
afuera, pero ahora somos miembros conjuntos de este gran reino eterno que no puede ser sacudido.
Él ya se ha ido para estar con su Señor, y para disfrutar las glorias de los cielos. El deja inmensos
tesoros dados por Dios de bendiciones espirituales para que nosotros las gocemos mientras que él se
ha dirigido a la recompensa segura que tiene todo ministro fiel. Yo cuento como un raro privilegio el
hecho de haber podido conocerlo, y haber tenido el gozo de su comunión. Que el Señor bendiga su
memoria en los corazones de todos ustedes.
45
E. W. Kenyon
El edificador de la fe
Por el Reverendo Carl Olson
Entré en contacto con el ministerio del Doctor Kenyon, por medio de escucharle en la radio. Fue mi
privilegio el haber estado en forma directa o indirecta bajo su ministerio por aproximadamente 10
años.
El Dr. Kenyon tuvo un ministerio largo y muy fructífero de más de 50 años, y él vive en los
corazones de aquellos que lo conocieron, y por medio de la literatura en la que él trabajó tan
arduamente, a fin de dejarla en las manos de la posteridad.
Estoy seguro que el Señor Jesús ha dado la bienvenida a su llegada como uno de Sus más grandes
generales en la fe. Pablo escribió a Timoteo, “pelea la buena batalla de la fe”, y otra vez, “sé un buen
soldado del Señor Cristo Jesús”, y “bien, buen siervo y fiel—entra en el gozo de tu Señor”.
El Dr. Kenyon fue conocido como un maestro entre los maestros. En las ondas de radio fue conocido
como “el edificador de la fe”. A través de su ministerio de la Palabra de Dios, hombres y mujeres
fueron convertidos en algo muy agradable ante los ojos de Dios. Este es un gran reto para todo obrero
cristiano. Muchos ministros jóvenes y obreros comenzaron sus ministerios, recibieron inspiración y
aliento a través del consejo amigable del Dr. Kenyon. El conocía el secreto del ministerio exitoso. Él
siempre se levantaba muy temprano, y a través de su comunión con el Señor Cristo Jesús, era capaz de
ayudar y edificar a otros. Él tenía amor y ánimo para todos los demás. El único enemigo que él
reconocía era el diablo y sus ayudadores. Pero él sabía cómo tratar con ellos en el nombre de nuestro
Señor Cristo Jesús.
El Dr. Kenyon sabía el secreto del amor divino. El amo a hombres y a mujeres en el reino de Dios, y
edificó la Palabra de Dios en ellos, de tal manera que ellos pudieran pararse victoriosamente. Fue el
Dr. Kenyon quien dijo, “ prefiero morir que convertirme en un fracaso. Tú eres un éxito debido a que
tú has sido unido con el Dios Omnipotente. Dios nunca ha creado un fracaso. Tú tienes la vida de Dios.
Tú tienes la habilidad y la fuerza de Dios”.
El Dr. Kenyon fue un maestro de las palabras. Para mí él era el orador más poderoso y convincente
que he podido testificar detrás de un púlpito. Sus mensajes de la Palabra de Dios siempre fueron
frescos y llenos de la dinamita divina.
Él fue un pionero en la obra a través de la radio en la costa oeste de los Estados Unidos. Este
ministerio ha tenido un alcance tremendo en toda la Iglesia. Miles de gentes aquí en el noroeste de los
Estados Unidos, y millones alrededor de todo el mundo han sido impactados por medio de sus
escritos, y han sentido el poder del ministerio de este hombre. En verdad el fue un gran embajador
para el Señor Cristo Jesús.
El Dr. Kenyon fue un ministro fiel de la Palabra de Dios. Nunca se supo que él estuviera tarde para
una cita o para un servicio. Sus mensajes verificadores de fe que venían del Señor Jesús eran únicos y
definitivos para estos últimos días. Nosotros qué conocíamos personalmente al Dr. Kenyon pudimos
apreciar la Palabra de Dios más y más, cada vez que él la abrió para nosotros.
Si tú no lo has hecho todavía, tú vas encontrar muy provechoso para tu ministerio, cualquiera que éste
sea, el familiarizarte con los libros del Dr. Kenyon, que se encuentran enlistados en alguna parte de
este libro. Yo me regocijo que el Señor Jesús me permitió entrar en contacto con este gran hombre de
Dios. No te puedo decir en palabras todo lo que su ministerio ha significado para mí y para mi
ministerio. El Señor Jesús pueda decir de nosotros algún día, “bien buen siervo y fiel”.
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E. W. Kenyon
El ministerio del
Dr. E. W. Kenyon
Por Don Gossett
En 1952, yo estaba ministrando con el evangelista William Freeman en el estado de California. Una
mujer evangelista, llamada Daisy Wiltbanks me dio una copia del libro, El Maravilloso Nombre de
Jesús, escrito por E. W. Kenyon.
Ésa fue mi primera introducción a los escritos del Dr. Kenyon. Debido a que el Espíritu Santo me
había dado una revelación personal del poder y de la autoridad del Nombre de Jesús el año anterior, yo
comencé a leer este libro con mucha excitación. Cuando yo digo que lo leí, quiero decir que
literalmente lo devoré. Día tras día, yo solía leer, meditar, y entonces poner en práctica la autoridad
del Nombre de Jesús. Casi todos mis minutos estaban dedicados a Jesús y a la maravilla de Su
Nombre.
Después de que leí este libro, le escribí al Dr. Kenyon, a la dirección que se encontraba dentro del
libro para preguntarle si había escrito otros libros. Durante algún tiempo no recibir respuesta alguna a
la carta. Entonces yo intenté hacer una llamada de larga distancia a la ciudad de Seattle, en el estado
de Washington, que era la ciudad en la dirección del libro. La operadora me informó que no existía el
nombre de E. W. Kenyon en los listados telefónicos. Yo decidí que este tal vez sería mi único contacto
con este hombre y su ministerio: el libro, El Maravilloso Nombre de Jesús.
Después de dos semanas, sin embargo, llegó una carta de la Sociedad Editora de Kenyon Gospel, con
una nueva dirección en Fullerton, en el estado de California. Esta carta era de la hija del Dr. Kenyon,
que se llamaba Ruth, diciéndome que su padre había sido promovido para ir al cielo, y que ella ahora
era la encargada de continuar con su ministerio. Entonces ella me dijo acerca de todos los libros que él
había escrito. Yo coloqué una orden pidiéndolos todos ellos.
Uno por uno, continué leyendo todos estos libros tan tremendos. Todo mi joven ministerio yo había
sido un ávido lector de la mayoría de los autores evangélicos y del Evangelio Completo. De repente,
yo estuve consciente que mi ministerio había sido influenciado en una manera sobrecogedora por los
escritos del Dr. Kenyon. La manera en que él presentaba la Palabra de Dios con tal revelación del
Espíritu Santo, la claridad de sus pensamientos, y los retos que él presentaba para actuar basados en la
Palabra de Dios; todo esto era revolucionario más allá de cualquier otro escrito que jamás yo había
leído.
En 1956, me encontraba nuevamente en California para unas reuniones evangelísticas. Realicé un
viaje hacia Fullerton, para visitar a Ruth Kenyon y a su madre, la esposa del Dr. Kenyon. Nuestra
comunión fue una cosa tan dulce. He valorado en gran manera la memoria de este encuentro inicial
con la familia Kenyon. Estuvimos hablando por horas acerca de la forma como el Dr. Kenyon se dio a
sí mismo día y noche para estudiar la Palabra de Dios, y la forma como él caminaba continuamente
guiado por el Espíritu Santo, así como los tesoros de verdad que dejó como legado.
En cada lugar del mundo a donde he podido viajar, he podido encontrar personas cuyas vidas han sido
transformadas por los escritos de E. W. Kenyon. Siento tanto gozo de que tuve el privilegio de entrar
en contacto con este ministerio, y he seguido gozando de una rica comunión con Ruth y con otros
miembros de la familia a través de los años.
Y ahora por favor familiarízate mucho más con el ministerio de E. W. Kenyon a medida que tú les
este libro.
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E. W. Kenyon
Mi padre, el Dr. E. W. Kenyon
Por su hija, Ruth
Mi padre nació en el Condado de Saratoga, estado de Nueva York, siendo el cuarto hijo de una
familia de diez hijos. Cuando él estaba en su adolescencia, la familia se mudó para la ciudad de
Ámsterdam, en el estado de Nueva York, en el Valle Mohawk. Él creció en Ámsterdam, estudió en la
Academia de Ámsterdam, y a la edad de 19 años, predicó su primer sermón en la Iglesia Metodista de
la localidad.
Desde su temprana edad, mi padre tuvo una sed de conocimientos, y todo lo que él aprendía, lo quería
compartir con otros. Ese deseo de estudiar fue la fuerza que lo impulsó durante su vida. Cuando era un
jovencito, el sintió el llamado al ministerio y aunque él tenía que ir a trabajar en una fábrica de
alfombras como tejedor a la edad de 15 años, cualquier minuto libre que le quedaba lo dedicaba a
estudiar.
El trabajó para sostener sus estudios, asistiendo a varias escuelas en New Hampshire y al Colegio de
Oratoria en la ciudad de Boston, Massachussets. Él siempre tenía un objetivo en la mente…predicar el
Evangelio, para “mostrarse a sí mismo con diligencia, y presentarse a Dios aprobado, como obrero que
no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad” (2ª Timoteo 2:15).
Él fue pastor de varias iglesias en los estados de Nueva Inglaterra; a la edad de 30 años, él fue el
fundador y el presidente del Instituto Bíblico Bethel en Spencer, Massachussets. (Esta escuela más
tarde se mudó a la ciudad de Providence, estado de Rhode Island, y es conocida como el Instituto
Bíblico Providence).
A través de su ministerio en el Instituto Bíblico Bethel, cientos de hombres y mujeres jóvenes fueron
entrenados y ordenados para el ministerio, y ahora se encuentran predicando la Palabra de Dios por
todas partes del mundo.
Por más de 20 años él se dedicó a viajar en la obra evangelística por el este, siendo muy bien
conocido. Miles de personas fueron salvas y sanadas a través de estos servicios.
Después de que él dejó la costa este, él vino a California donde también estuvo viajando dedicado a la
obra evangelística. El fue pastor de una iglesia en la ciudad de Los Ángeles por varios años, y fue uno
de los pioneros de la obra de radio en la costa del pacífico.
En 1931 el vino al noroeste de los Estados Unidos, y durante muchos años, su programa de radio
matutino, “La Iglesia al Aire de Kenyon”, fue una inspiración y una bendición para miles de almas.
Él fundó “La Iglesia Bautista del Nuevo Pacto” aquí en la ciudad de Seattle, y durante muchos años
fue su pastor.
Durante los años más ocupados de su ministerio él encontró el tiempo para escribir y publicar 14
libros, cientos de poemas y cantos (algunos de los cuales nunca han sido publicados), cursos por
correspondencia, y folletos. En el momento de su muerte el tenía material preparado para hacer 12
libros adicionales, y uno estaba ya listo para ser publicado. Él dejó cientos de artículos y sermones que
nunca han podido ser publicados.
Poco tiempo antes de su fallecimiento, él tuvo una premonición de que no iba a estar aquí por mucho
tiempo, y él me llamó y me dijo que sentía que yo era la indicada para continuar su obra. El dijo,
“querida Ruth, he tenido este sentimiento de que no voy a estar contigo mucho más tiempo. Esta obra
debe seguir. Te toca a ti llevarla a cabo ahora. Tú has estado supervisándola todos estos años, y con la
ayuda del Señor Jesús, yo sé que tú la puedes llevar a cabo”. Yo le prometí que lo haría.
Esta obra que él comenzó, ha seguido bendiciendo a miles de almas, tal y como lo había hecho en el
pasado. Nuestra obra actualmente está alcanzando todos los puntos del mundo. Nuestra circulación ha
aumentado grandemente. Nunca antes ha habido un tiempo cuando el mundo necesitaba este mensaje
como lo necesita actualmente.
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Don Gossett
Don Gossett: La perspectiva
de una hija
Por Judy Gossett
Esta mañana mientras estaba observando la televisión, yo pude ver a varios evangelistas
contemporáneos muy famosos: Oral Roberts, Rex Humbard, y Robert Schuller. Fue muy interesante
poder notar la participación y el apoyo de sus hijos en sus respectivos ministerios. Parecía un gran
logro y realización para cada uno de estos grandes hombres, el hecho de tener su propia sangre y carne
colocada activamente junto con ellos, apoyándolos, creyendo en ellos, y soportandolos con todo el
corazón en la obra que Dios había llamado a sus padres para que comenzaran.
En nombre de los cinco hijos Gossett, yo quiero pagar tributo a nuestro padre, Don Gossett.
Una de las memorias más relevantes que yo llevo desde mi niñez es que nosotros, los siete Gossetts
—Papá, Mamá, Michael, Jeanne, Donnie, Marisa y yo—empacamos las cosas en nuestro automóvil
“Buick ’56”, manejando de una ciudad a la siguiente en nuestros viajes evangelísticos. A medida que
crecimos sin descanso, y cansados de jugar los juegos que juegan los niños en el espacio apretado de
nuestro viejo automóvil, papá solía anunciar, “bueno, niños, ¡es la hora del cuento bíblico!” A medida
que papá contaba las emocionantes historias del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, nos
quedamos asombrados por cada evento, y por cada personaje, sintiendo la certeza que en cualquier
momento, Moisés podía aparecer de repente, ¡teniendo en su mano la tablilla completa con los 10
mandamientos! ¡O podíamos sentir que estábamos caminando las aguas al lado de Pedro, teniendo a
Jesús como nuestro director! Todas estas fueron historias fascinantes y vibrantes que
acostumbrábamos devorarnos.
Los acertijos de la Biblia, “la guerra de Escrituras”, y la memorización de los versículos bíblicos
seguían a cada tiempo de cuentos bíblicos. Nosotros como niños, preferíamos pasar tiempo en la
Palabra de Dios estando al lado de nuestros padres que cualquier otra actividad en nuestros viajes.
Muy agradecidamente, muchas han sido las ocasiones en que el Señor ha traído a mi memoria las
Escrituras y las lecciones aprendidas durante esas largas horas que pasamos en nuestro automóvil.
Todas ellas han sido invaluables para edificar el carácter espiritual y el testimonio que se necesita
para ser una persona efectiva para Cristo Jesús.
Debido a que viajábamos tan extensamente, era muy difícil para nosotros poder establecer relaciones
de largo plazo con las personas que conocíamos. Como resultado de esto, nuestra familia creció más
unida que nunca.
Pasamos muchas tardes afuera de nuestro cuarto de hotel, practicando diferentes deportes: juegos
muy vivos de béisbol y de fútbol americano tocadito, o nos retábamos unos a los otros para ver quién
duraba más tiempo haciendo carreras y nadando. Normalmente, en medio de todas estas festividades
juveniles se encontraba nuestro competidor favorito, y que era también nuestro entrenador: papá.
A pesar del profundo amor y de la devoción en nuestra familia, parecía que continuamente estábamos
plagados con una situación que nos ponía casi en la pobreza, con enfermedades, mediocridad y
frustración.
Entonces en 1961, nos mudamos de regreso a Canadá y el Señor Jesús cambió el ministerio de papá.
Dios le mostró a papá el poder del nombre de Jesús usado juntamente con la confesión positiva de la
Palabra de Dios y la alabanza gozosa, siendo todo esto la llave para el éxito y para un vivir victorioso.
¡Estas verdades revolucionaron nuestras vidas! Nunca más vamos a vivir nuevamente en la derrota
que pasamos en los años pasados en el ministerio.
A medida que crecí, papá y mamá experimentaron muchos más problemas con nosotros como
jovencitos. Sin embargo, nunca huyeron de estos obstáculos, pero siempre los confrontaron
directamente con estas respuestas: disciplina, la Palabra de Dios, el Nombre de Jesús y la oración.
Michael, Jeanne, Donnie, Marisa y yo no somos perfectos, pero poseemos una herencia maravillosa a
través de la confianza que tenemos en Cristo Jesús, la cual nos fue transmitida a través de nuestros
padres perseverantes. Y ahora con los hijos de Jennifer y de Alexander, una nueva generación está
recibiendo estas mismas verdades que nos fueron enseñadas a nosotros hace muchos años.
¡Éstos han sido años muy excitantes para el ministerio de papá! El Señor Jesús abrió las puertas para
programas de radio llamados Bold Living, para que pudieran alcanzar 89 países. Dios aumentó la
visibilidad de papá como un autor, y le dio más de 80 libros para que los publicara. Abrimos oficinas
tanto en Canadá como en los Estados Unidos para poder servir las necesidades de socios que Dios
levantó para sostener los diferentes alcances del ministerio. Papá ha ido a diferentes países más de 40
veces para esparcir las Buenas Nuevas del amor de Jesús, con aquellos que nunca habían tenido la
oportunidad de escucharlas.
Tal vez tú siempre has escuchado a Don Gossett como evangelista, orador de radio, administrador,
autor, y misionero. Por medio de esta breve sinopsis, espero que tú hayas podido conocerlo un poco
mejor como el hombre de Dios lleno de compasión. Padre amante. Orgulloso abuelo. Y mi
maravilloso amigo.

el poder de tu palabras

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    Table of Contents TitlePage Copyright Introducción 1. Confesiones equivocadas y confesiones correctas 2. Poseo todo aquello que confieso 3. Una confesión negativa 4. La confesión precede a la posesión 5. Nuestra confesión 6. Yo poseo lo que confieso 7. El lugar que le pertenece a la confesión 8. Yo reconozco 9. Las dos confesiones 10. “¡Declara éstas cosas continuamente!” 11. Nuestra conversación 12. Conviértete en tu propio edificador 13. La confesión de fe 14. Caminando con Dios por medio de concordar con Dios 15. La realización sigue a la confesión 16. Nunca digas “no puedo”, cuando Dios dice “si puedes” 17. El valor de la confesión 18. Lo que no soy 19. La confesión equivocada 20. Lo que puedes hacer 21. Todo aquello que confieso, lo poseo 22. Cosas buenas para mí en Cristo Jesús 23. Algunos hechos acerca de las afirmaciones 24. Palabras que obran milagros 25. El valor de la confesión 26. Tú eres un hombre de fe, una mujer de fe 27. Las dos confesiones 28. Estoy cansado de estar enfermo y de estar cansado 29. El poder de nuestras palabras 30. “Qué tan contundentes son las palabras correctas” 31. El valor de la confesión positiva 32. “El Señor es la Fortaleza de mi vida” 33. Por las llagas de Jesús yo he sido sanado 34. Debes tener una fe inquebrantable 35. Haz que tus palabras trabajen a tu favor 36. Yo nunca me levanto más allá de mi confesión 37. Las palabras del Padre Celestial en los labios de Jesús 38. Declara tu camino ascendentemente 39. Nunca seas negativo 40. Cuando no siento ánimos para hacerlo 41. “Tú eres de Dios”
  • 3.
    42. Mi listade nunca hacerlo otra vez 43. Declara la forma en que te gustaría ser, y tú te convertirás en aquello que has declarado 44. “Y vino un hombre enviado por Dios” 45. El edificador de la fe 46. El ministerio del Dr. E. W. Kenyon 47. Mi padre, el Dr. E. W. Kenyon 48. Don Gossett: La perspectiva de una hija
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    Todo lo quese encuentra escrito en este libro y que pertenece a Kenyon está protegido por la ley internacional de derechos de autor. Todos los derechos literarios y derechos de autor de E.W. Kenyon se encuentran registrados bajo Kenyon Gospel Publishing Society, Inc. P.O. Box 973, Lynnwood, Washington 98036. Prohibida toda reproducción total o parcial, así como cualquier tipo de transmisión, ya sea electrónica o mecánica, incluyendo fotocopiado, grabación de todo tipo, o cualquier tipo de almacenamiento de información o sistemas de copiado de información, sin el permiso por escrito de parte del autor. Las citas bíblicas, a menos que así se indique, son tomadas de La Biblia de las Américas®, LBLA®, © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso. Derechos reservados. (www.LBLA.org) Traducción al español realizada por: Sí Señor, We Do Translations Jorge Jenkins P.O. Box 62 Middletown, DE 19709 EE.UU. TEL: (302) 376–7259 Email: sisenortra@aol.com El Poder de Tus Palabras Publicado originalmente en inglés bajo el título: The Power of Your Words Don Gossett Bold Bible Missions P.O. Box 2 Blaine, WA 98230 www.dongossett.com ISBN: 978-1-60374-104-0 eBook ISBN-13: 978-1-60374-404-1 Impreso en los Estados Unidos de América © 2009 por Don y Joyce Gossett
  • 6.
    Whitaker House 1030 HuntValley Circle New Kensington, PA 15068 www.whitakerhouse.com Library of Congress Cataloging-in-Publication Data Gossett, Don, 1929– [Power of your words. Spanish] El poder de tus palabras / Don Gossett & E. W. Kenyon. p. cm. ISBN 978-1-60374-104-0 (trade pbk. : alk. paper) 1. Oral communication—Religious aspects— Christianity. I. Kenyon, Essek William, 1867–1948. II. Title. BV4597.53.C64G68 2009 248.4—dc22 2009005663 Ninguna parte de este libro podrá ser reproducida o transmitida en ninguna forma o por ningún medio electrónico o mecánico—incluyendo fotocopia, cinta magnetofónica, sistema de almacenaje y recuperación (o reproducción) de información—sin el debido permiso escrito de los publicadores. Por favor envíe sus preguntas a permissionseditor@whitakerhouse.com. Para comentarios sobre este libro o para información acerca de otros libros publicados por Whitaker House, favor de escribir a: comentarios@whitakerhouse.com. Este libro ha sido producido digitalmente con una especificación estándar a fin de asegurar su disponibilidad.
  • 7.
    Introducción Por mucho tiempoyo me encontraba confundido acerca del hecho de que en mi propia vida y en la vida de otras personas, siempre existía un sentimiento continuo de derrota y de fracaso. Yo oraba por los enfermos, y yo sabía que la Biblia era verdad, y por lo tanto, yo buscaba diligentemente para encontrar este enlace. Un día, yo vi la Escritura en Hebreos 4:14, donde dice que debemos mantener firme la confesión de nuestra fe (se usa la palabra profesión en la Versión Autorizada). En el tercer capítulo del libro de Hebreos, yo descubrí que el cristianismo es llamado “la gran confesión”. Me pregunté a mí mismo, “¿cuál es la confesión a la que debo mantenerme firme?” Debo mantenerme firme en mi confesión de la integridad absoluta de la Biblia. Debo mantenerme firme a la confesión de la obra redentora de Cristo Jesús. Debo mantenerme firme a mi confesión de la nueva creación, del hecho de haber recibido la vida y la naturaleza de Dios. Debo mantenerme firme a la confesión de que Dios es la fortaleza de mi vida. Debo mantenerme firme a la confesión de que “ciertamente Él llevó todas mis enfermedades sufrió todas mis dolencias, y por Sus llagas yo he sido sanado”. Encontré muy difícil poder mantenerme firme a la confesión de una sanidad perfecta, siendo que yo tenía dolor en mi cuerpo. Realice el descubrimiento de que yo había estado haciendo dos tipos de confesiones. Había estado confesando la verdad absoluta de la Palabra de Dios, y al mismo tiempo, estaba haciendo una confesión con relación a que yo no estaba siendo sanado. Si tú hubieras preguntado, “¿acaso tú crees que por las heridas de Jesús tú has sido sanado?” Yo hubiera dicho, “si señor yo lo creo”. Pero con mi siguiente aliento yo hubiera dicho, “pero el dolor todavía está ahí”. La segunda confesión nulificaba la primera. En realidad yo tenía dos confesiones: primero, una confesión de mi perfecta sanidad y redención en Cristo Jesús, y segundo, la confesión de que la redención y la sanidad no eran un hecho consumado. Entonces vino la gran batalla para poder ganar dominio sobre mi confesión, hasta qué tuve que llegar a aprender a tener una sola confesión. Si yo confesaba que “mi Dios pues suplirá todas mis necesidades”, yo no debo nulificar esa confesión por medio de decir, “si, Dios suple mis necesidades, pero yo no puedo pagar la renta, y no puedo pagar el recibo del teléfono”. La fe mantiene firme la confesión de la Palabra de Dios. El conocimiento de los sentidos mantiene firme la confesión de las evidencias físicas. Si yo acepto la evidencia de lo físico, en contra de la Palabra de Dios, en cuanto a mí concierne, estoy nulificando el poder de la Palabra de Dios. Pero si mantengo firme mi confesión de que la Palabra de Dios es verdad, de que por las heridas de Jesús yo soy sanado, y de que mi Dios pues suple todas mis necesidades. Y si yo mantengo firme esa confesión aún cuando estoy encarando las contradicciones aparentes, de esa manera Dios está obligado a hacerme bien. Muchos creyentes han fallado cuando las cosas se vuelven muy difíciles, debido a que han perdido su verdadera confesión. Mientras que el sol estaba brillando en todo su esplendor, sus confesiones eran vigorosas, fuertes y muy claras. Pero cuando las tormentas vinieron, las pruebas llegaron, y el adversario estaba tomando ventaja sobre de ellos, ellos se rindieron en su testimonio. Cada vez que tú confiesas enfermedad, debilidad y fracaso, tú magnificas al adversario por encima del Padre Celestial, y tú estás destruyendo su propia confianza en la Palabra de Dios. Tú debes
  • 8.
    mantener una firmeconfesión aún cuando estés encarando una aparente derrota. Tú debes mantener un estudio constante de la Palabra de Dios hasta que éste es consciente de cuáles son tus derechos, y entonces tienes que mantenerte firme creyendo en ellos. Algunas personas realizan confesiones sin tener fundamento alguno. Entonces llega al adversario y los golpea y los sacude terriblemente. Tú debes buscar y encontrar cuáles son tus derechos. Por ejemplo, tú sabes que Dios ha dicho, “ciertamente El llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestras dolencias”. Ahora tú ya puedes hacer tu propia confesión. “Pero en todas estas cosas somos más que vencedores”. Ahora tú ya puedes hacer tu propia confesión. “Mayor es el que está en mi, que el que está en el mundo”. Ahora tú puedes hacer tu confesión aquí mismo. Debes mantenerte firme en tu confesión a través de todas las circunstancias, ya sean buenas o malas. Tú sabes que tu confesión está de acuerdo a la Palabra de Dios. En Apocalipsis 12:11, dice lo siguiente “y ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero, y a través de la palabra de su testimonio”. —E. W. Kenyon
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    1 E. W. Kenyon Confesionesequivocadas y confesiones correctas Muy pocos cristianos han podido reconocer el lugar que las confesiones tienen en el esquema de todas las cosas. Cada vez que la palabra “confesión” es usada, por instinto pensamos que se trata de confesar pecado, debilidades y fracasos. Este es el lado negativo de este asunto. El cristianismo el llamado “la gran confesión”. Confesar es afirmar algo que creemos. Significa testificar algo que sabemos. Es testificar acerca de una verdad que hemos abrazado. La confesión tiene un lugar muy importante en el cristianismo. Jesús planeó que esta gran vida y amor le fueran dados. A través del testimonio, esto es, a través de la confesión de nuestros labios. Los testigos y los confesores han sido los grandes líderes en la vida revolucionaria que Jesús dio al mundo. El mayor problema que encaramos entonces, es poder conocer qué es lo que debemos confesar. Nuestra confesión se centra alrededor de varias cosas: en primer lugar, lo que Dios nos ha dado a través de Cristo Jesús. En segundo lugar, lo que Dios a través de la Palabra y del Espíritu Santo nos ha dado. Y en tercer lugar, lo que somos ante el Padre en Cristo Jesús. Y finalmente, lo que Dios puede hacer a través de nosotros, o lo que la Palabra de Dios puede hacer en nuestros labios Tú no puedes confesar o testificar acerca de cosas que no conoces. Es lo que has visto y lo que has oído, lo que tiene importancia en una sala de la corte. Es lo que tú sabes personalmente acerca de Cristo Jesús y acerca de quién eres tú en Cristo Jesús, que va a contar a final de cuentas. ¡Muy pocos de nosotros tenemos la osadía de confesar lo que la Palabra de Dios declara que somos en Cristo Jesús! Toma esta Escritura: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas” (2ª Corintios 5:17). ¡Qué cosa más revolucionaria sería que la Iglesia pudiera hacer una confesión como esta! Ellos no sólo son pecadores perdonados—no sólo son miembros pobres, débiles, estancados, pecadores de alguna iglesia. Ellos ahora son nuevas criaturas creadas en Cristo Jesús con la vida de Dios, la naturaleza de Dios y la vida de Dios en ellos. Qué cambio haría en la iglesia moderna que tú confesaras que eres absolutamente redimido. Efesios 1:7–8 dice, “En El tenemos redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de su gracia, que ha hecho abundar para con nosotros. En toda sabiduría y discernimiento”. Esto significaría que el dominio de satanás ha sido roto, y que él ha perdido su dominio sobre tu vida, en el mismo momento en que tú te convertiste en una nueva creación. Tú recibiste a un nuevo Señor, que es Cristo Jesús, para que reine sobre ti completamente. El dominio del diablo terminó y el dominio de Jesús comenzó. Ni la enfermedad, ni los padecimientos ya no pueden tener señorío sobre ti. Los viejos hábitos ya no pueden tener señorío sobre ti. Tú es una nueva creación creada en Cristo Jesús. Qué cambio significaría que esta Escritura se volviera una completa realidad, “no temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios; te voy a fortalecer; si, te voy a ayudar, te voy a sostener con la diestra de mi justicia”. “Si Dios es por nosotros, ¿quien podrá contra nosotros?” Esta es la cosa más revolucionaria que jamás ha sido enseñada. Esta es tu confesión tal y como tú te paras
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    delante del mundo.“Dios está conmigo esta mañana”. En 1ª Juan 4:4 dice, “Hijos míos, vosotros sois de Dios y los habéis vencido, porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo”. Tú puedes decir sin temor alguno, “Dios está conmigo en este momento; ¡el Creador de toda la creación está dentro de mi!” ¡Qué clase de confesión es ésta! Tú puedes encarar a la vida sin temor alguno. Tú ahora sabes que mayor es el que está en ti, que todas las fuerzas que pueden ser traídas en contra de ti. Tú estás encarando deudas que no puedes pagar. Tú estás encarando enemigos y no tienes la habilidad para conquistarlos Y sin embargo, tú los encaras sin temor alguno. Tú puedes decir triunfantemente, “ Él ha preparado mesa delante de mí en presencia de mis enemigos. El unge mi cabeza con aceite”. Estoy lleno de gozo y de victoria porque Dios es el Señor sobre mi vida; Él está peleando todas mis batallas. Yo no tengo miedo de las circunstancias porque “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. El no sólo es mi fuerza, sino también es mi mano derecha, y Él es mi salvación; ¿de quién temeré? El pone a luz todos los problemas de la vida de tal manera que yo pueda saber como actuar inteligentemente. El es mi salvación, y Él es mi liberación de toda trampa que el enemigo prepara en contra mía, y de toda seducción en la cual el enemigo me quiere esclavizar “Dios es la fortaleza de mi vida, ¿de quién temeré?” Yo no le temo a nada. Yo no tengo temor porque este Dios Omnipotente está de mi lado. Esta es mi confesión continua. Yo confieso que tengo una redención que Dios planeó y la trajo a mí en Cristo Jesús. Yo soy una nueva creación, en la cual Él Mismo es el Autor y el Consumador de la misma. Yo poseo la justicia que me permite estar de pie ante Su presencia, tal y como si el pecado nunca hubiera existido. Que no sólo poseo justicia que ha sido reconocida a mi favor, pero poseo justicia que me ha sido impartida en la nueva naturaleza que he recibido de Cristo Jesús. Yo he recibido la naturaleza de Cristo Jesús, Su vida; y en Su vida y en Su naturaleza está la vida de Dios. Esto me hace justo tal y como Él es justo. Esta es mi confesión. Esto me da valentía y valor en la oración. Esto edifica mi fe, y esto hace que mi camino sea seguro. Ya no estoy atado por mis limitaciones debido a que he sido unido con el Dios que no tiene límites. Jesús es la Vid y yo soy el pámpano. Y como pámpano yo debo llevar fruto debido a que la Vid me está impartiendo la llenura de Su vida. Yo se que esto es real, porque esto se ha convertido en la esencia misma de mi vida. Yo se que yo amo, debido a que Él ha derramado Su amor en mi corazón a través del Espíritu Santo, y yo puedo saber que Su naturaleza dentro de mí es amor. Su habilidad para amar me ha dominado por completo, y ahora yo puedo amar en cualquier circunstancia que yo sea colocado. Puedo decir con gozo, “el pecado no tiene potestad alguna sobre mi”. Ya no puede enseñorearse de mí. Las circunstancias ya no pueden mantenerme cautivo, y tampoco pueden afectar mi habilidad hacia el mundo. No sólo poseo la vida de Dios dentro de mí y este gran Espíritu Santo que levantó a Jesús de entre los muertos dentro de mí, pero ahora también tengo el poder para usar el nombre de Jesús. Dios me ha dado el derecho legal para poder usarlo. Mi confesión es que cualquier cosa que yo le pida al Padre Celestial en el nombre de Jesús, El me lo va a dar. Él me ha dado el poder notarial. Yo estoy usando ese poder para ayudar a los hombres. Estoy tomando el lugar de Jesús en este momento. El está haciendo Su propia obra a través de mí. Jesús está viviendo Su propia vida en mí. Jesús dijo, “en mi nombre echarán fuera demonios”. Yo estoy ejercitando mis derechos. Jesús dijo, “en mi nombre pondrán manos sobre los enfermos y éstos sanarán”. Mis manos se convierten en el instrumento a través del cual Jesús derrama Su vida. Yo estoy viviendo la vida abundante. Yo sé que mis palabras son Sus Palabras. Sus Palabras son las que rompen el poder de la muerte, de los demonios, y sanan a todos los enfermos, y Sus palabras hacen estas mismas cosas en mis labios. Esta
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    es mi confesión.Este es mi corazón, expresándose asimismo a través de palabras en mis labios. La confesión es la forma en que la fe se expresa a través de mí. La fe, igual que el amor, sólo se puede revelar a través de acciones y palabras. No puede haber fe si no existe la confesión. La fe crece a través de tu confesión. La confesión hace varias cosas en el creyente: Ubica al creyente. Compone los límites de su vida. Afecta poderosamente su espíritu, que es el hombre interior, cuando el hombre realiza estas declaraciones. Por ejemplo, está la Escritura en Romanos 10:9–10 que dice, “que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación”. Existen dos tipos de confesiones involucradas en el versículo que leímos anteriormente: en primer lugar, está la confesión del señorío de Cristo Jesús. En segundo lugar, está la confesión de que se ha convertido en la justicia de Dios, y que es salvo, y estas son confesiones positivas. La razón de que la mayoría de los cristianos, aunque se merecen lo mejor de Dios, siguen estando débiles, es debido a que nunca se han atrevido a realizar la confesión de lo que ellos son en Cristo Jesús. Lo que deben hacer es encontrar quiénes son ellos en la mente del Padre Celestial—la forma como al Padre Celestial los ve—y entonces confesarlo. Esto puede ser encontrado en las diferentes epístolas. Cuando tú encuentras esto, tú puedes hacer tu confesión valientemente con relación a lo que la Palabra de Dios declara que tú eres en Cristo Jesús. A medida que haces esto, se va a comenzar a multiplicar dentro de ti. La razón de que tu fe se encuentra titubeante y amarrada con ataduras es porque nunca te has atrevido a confesar lo que Dios dice que tú eres. Debes recordar que tú fe nunca va a crecer más allá de tu confesión. Tu confesión diaria de quién es el Padre Celestial en ti, de lo que Jesús está haciendo por ti a la diestra del Padre Celestial, y lo que el poderoso Espíritu Santo está haciendo en ti, va a edificar una vida de fe sólida y positiva. Tú no vas a tener miedo de ninguna circunstancia, de ninguna enfermedad, o de ningún tipo de condición. Tú vas a poder encarar a la vida sin temor alguno—como un vencedor. Después de un tiempo, tú vas a encontrar que Romanos 8:37 es verdad, “pero en todas estas cosas somos más que vencedores”. Tú nunca te vas a convertir en un vencedor, a menos que tú lo confieses. La confesión equivocada Una confesión equivocada es la confesión de derrota, fracaso, y de la supremacía del diablo. El hecho de hablar acerca de tu combate con el diablo, de la forma como él te tiene atado, y de la forma como él te está manteniendo en ataduras, y manteniéndote enfermo, es una confesión de derrota. Esta es una confesión equivocada, y este tipo de confesión glorifica a tu adversario. Es una declaración inconsciente de que tu Padre Dios es un fracaso. La mayoría de las confesiones que escuchamos hoy en día glorifican al diablo, destruyen la fe y te mantiene inmerso en tus ataduras. La confesión de tus labios que ha crecido y salido como fruto de la fe está en tu corazón, va a derrotar absolutamente al adversario. En cada combate la confesión de la habilidad del diablo para atarte y para impedir que puedas tener éxito, le da a satanás dominio sobre ti, y te llena con temor y con debilidad. Pero si tú confiesas valientemente la protección y el cuidado de tu Padre Celestial, y declaras que El que está en ti es más grande que cualquier fuerza alrededor de ti, entonces, te vas a levantar muy por encima de todas las influencias satánicas. Cada vez que tú confiesas tus dudas y tus temores, tú estás confesando tus debilidades tus enfermedades, y tú estás confesando abiertamente que la Palabra de Dios no es verdad, y que Dios ha fallado en confirmarla. Dios declara que, “por Sus llagas tú has sido sanado”, y, “ciertamente Él llevó
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    nuestras enfermedades ysufrió nuestras dolencias”. En lugar de confesar que Cristo Jesús ha llevado mis dolencias, y mis padecimientos, estoy confesando que todavía las tengo. Estoy tomando el testimonio de mis sentidos, en lugar de estar tomando el testimonio de la Palabra de Dios. Mientras que yo siga manteniéndome firme en mis confesiones de debilidad, enfermedad, y dolor, entonces voy a seguir poseyéndolos. Tal vez me lleve años buscar algún hombre de Dios que oré una oración de fe sobre mi, y tal vez no haya nadie disponible debido a que mi incredulidad destruye el efecto de su fe. El creyente que siempre está confesando sus pecados y sus debilidades está edificando debilidades, fracaso y pecado en su propia conciencia. “Si hemos pecado, cuando lo confesamos, Jesús es fiel y justo para perdonar nos todos nuestros pecados y para limpiarnos de toda maldad” (1a Juan 1:9). Cuando este tipo de confesión ha sido realizado, nunca nos volvemos a referir a ello jamás. No se ha convertido en historia del pasado, debido a que la historia puede ser recordada. Esto es como si nunca hubiera existido. Nunca debemos recordarnos a nosotros mismos o al Señor Jesús de nuestras fallas o de los errores de nuestro pasado. ¡Ya no existen! Si tú confiesas algo, debes de confesar que tú te encuentras completo en Cristo Jesús—que lo que Dios ha dicho con relación a tus errores y fracasos es absolutamente cierto. Nunca debemos confesar nuestros pecados a la gente. Tal vez debemos pedirles que nos perdonen por ellos, pero entonces debemos de olvidarlos por completo. Nunca le digas a nadie acerca de tus debilidades o acerca de tus fracasos o fallas del pasado. Ellos no los van a olvidar, y algunas veces van a venir a recordártelos. Si tú se lo dices a alguien, que sea al Señor Jesucristo, y una vez que se lo has dicho, entonces olvidado. Atrévete a realizar tu confesión Tú confiesas que Dios es el Señor de tu vida, y que Dios es el Señor por encima de cualquier enfermedad, padecimiento, y por encima de satanás. Tú te mantienes firme con relación a tu confesión del señorío absoluto de Jesús sobre todas las cosas que te puedan mantener atado, o que te puedan impedir que disfrutes de la obra cumplida de Cristo Jesús. Ante la cara de cualquier necesidad, tú debes confesar que el Señor Jesús es tu Pastor. Nada te faltará. (Esto siempre es en el tiempo presente). Jesús es tu proveedor. Jesús es tu salud y tú fuerza. Jesús es la fortaleza de tu vida; ¿de quién vas a temer? Debes recordar que nunca debemos ir más allá de nuestra confesión. Tú vas a confesar la sanidad basado en el fundamento de la Palabra de Dios, y entonces no va existir enfermedad para ti. Cuando estés encarando el dolor y una herida abierta, tú confiesas que a través de las llagas de Cristo Jesús tú has sido sanado, y tú te mantienes firme en tu confesión, no dudando, y sabiendo que “la Palabra de Dios tiene poder”. La palabra “poder” explica “habilidad”—y es la habilidad para hacer el bien. Esa Palabra de Dios te va a sanar si tú la confiesas continuamente. Tu cuerpo va a responder prontamente, y tu espíritu va a obtener el señorío sobre tu cuerpo y sobre tu mente. Tu cuerpo va a obedecer a tu confesión. “Dios envió su palabra y los sanó” (Salmo 107:20). Jesús era esa Palabra Viva. Ahora que el nombre de Jesús y la palabra de Jesús se han convertido en tu sanidad, la confesión está confirmando la Palabra de Dios. Es una confesión que confirma mi confianza en todo aquello que Dios ya ha hablado. Aquí hay varias confesiones que todo creyente debería hacer: Romanos 10:9–10 dice, “que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación”. Confesamos el absoluto señorío de Jesucristo y la justicia absoluta que nos es impartida a través de nuestra redención. Nos atrevemos a confesar delante de todo el mundo y delante del trono de Dios, que Jesús ahora es nuestro Señor, y que hemos recibido la salvación, y nos hemos convertido en
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    la justicia deDios en Cristo Jesús. Confesamos que ahora somos nueva creación, de la cual Cristo Jesús es la Cabeza y el Señor. La Palabra de Dios ha tomado el lugar de Jesús en nuestra vida. Debemos obedecer la Palabra de Dios como si obedeciéramos a Jesús si Él estuviera parado delante de nosotros. Una segunda confesión la podemos encontrar en 1a Pedro 5:7 que dice, “echando toda vuestra ansiedad sobre El, porque El tiene cuidado de vosotros”. Confesamos que ya no tenemos preocupaciones, ansiedades, y cargas. Ya nunca más vamos a permanecer postrados. Nunca más vamos a estar incapacitados, ni faltos de preparación para la obra de la vida. Nuestras mentes están completas y claras. Nuestro espíritu está libre. Nuestro testimonio tiene la unción del Espíritu Santo sobre él, porque es el Espíritu Santo quien lleva cada carga, quien soporta cada problema, y quien suple todas nuestras necesidades. Una tercera confesión es la siguiente, “el Señor es mi Pastor, nada me faltará”. Yo no necesito dinero. Yo no necesito salud o descanso. Yo no necesito fuerzas. Yo no deseo nada. Jesús es todo lo que yo necesito. Esta es una realidad viviente. Que clase de vida es la que tengo. ¡Qué gran sentido de seguridad, de poder y de victoria! Tú no tienes miedo de parte firme en lo que dice Filipenses 4:19, “mi Dios pues, suplirá todas mis necesidades”. Tú vas a hacer tu cuarta confesión en voz alta, diciendo que Isaías 53:3–5 es verdad. Cada enfermedad, cada debilidad y cada enfermedad fue puesta en Cristo Jesús, y tu eres totalmente libre de ellas. De la misma forma en que Jesús llevó tus pecados, El llevó también tus enfermedades. Tú estás completo en Cristo Jesús. Estás libre de la carga, libre del poder, del dolor y del efecto de las enfermedades. Esta confesión te da un cuerpo saludable, una mente clara, y un espíritu conquistador. Tu quinta confesión es que 1a Corintios 1:30 es absolutamente verdad, “Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención”. Cristo Jesús hizo todas estas cosas para ti. Tú no necesitas orar pidiendo sabiduría, tal y como Santiago les dice a los bebés en Cristo Jesús que hagan, porque Cristo Jesús es tu sabiduría. Tú no tienes que pedir por justicia debido a que tú mismo te has convertido en la justicia de Dios en Cristo Jesús. Tú no tienes que pedirle a Dios que te santifique, porque Dios mismo es tu santificación. Tú no tienes que pedir por redención tuya, porque tú ya has sido redimido. Cristo Jesús es tu redención. ¡Qué grande confesión podemos hacer ante todo el mundo! En Hebreos 4:14 dice, “mantengamos firme la profesión de nuestra fe, o sea, nuestra confesión”. Hemos podido encontrar en una gran medida lo que es nuestra confesión, pero hay mucho más que tiene que ver con esto, y que tú puedes encontrar en este libro. El éxito que tú tengas y lo útil que tú seas en el mundo va a ser medido a través de tu confesión, y a través de la persistencia que tú uses para mantenerse firme en esa confesión bajo todas las circunstancias, o ante todas las opiniones de los hombres. Nunca más vas a escuchar al temor, ni vas a escuchar a la voz de los sentidos. Tú vas a permanecer firme en tu confesión, sabiendo que Dios no puede fallarte. Existe un grave peligro en la doble confesión. Tú confiesas la fidelidad de Dios, la absoluta fidelidad de la Palabra de Dios, pero al mismo tiempo tú estás confesando tu enfermedad. Tú confiesas tu debilidad, falta de dinero, falta de habilidad. Tú has confesado que Dios es tu Proveedor, y que Dios es tu Sanador. Tú has confesado que tú has sido sanado por medio de las llagas de Cristo Jesús. Pero ahora tú estás hablando acerca de la falta de habilidad que tienes para hacer esto o aquello, debido a tu enfermedad. Tú no puedes hacer las tareas de la casa, o no puedes ir a hacer tus negocios, porque tú no eres capaz de hacerlo. Sin embargo tú has hecho tu confesión diciendo que Dios es la fortaleza de tu vida y que por medio de las llagas de Cristo Jesús tú fuiste sanado. Tu confesión de enfermedad y de
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    padecimientos destruye loque tú eres en Cristo Jesús o lo que Cristo Jesús es dentro de ti. Este es el tipo más peligroso de todas las confesiones. Tú vas a encontrar que tú has sido entrenado tan cuidadosamente para estar confesando todo lo equivocado, todas las fallas, todas las debilidades, todo el pecado, todas las enfermedades y todas las necesidades, que de hecho, se va a requerir mucha disciplina a través de la Palabra de Dios, para curarte de estos malos hábitos. Ahora tú tienes que hacer tu confesión y tienes que mantenerse firme en ella.
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    2 Don Gossett Poseo todoaquello que confieso Yo confieso a Cristo Jesús como mi Señor (Romanos 10:9–10), y yo poseo salvación. Yo confieso que “por las llagas de Cristo Jesús soy sanado” (Isaías 53:5), y yo poseo sanidad. Yo confieso “el Hijo de Dios me ha hecho libre” (Juan 8:36), y yo poseo una libertad absoluta. Yo confieso “el amor de Dios ha sido derramado en mi corazón por el Espíritu Santo” (Romanos 5:5), y yo poseo la habilidad de amar a todos los demás. Yo confieso “los justos son valientes como leones” (Proverbios 28:1), y yo poseo la valentía de un león para la guerra espiritual. Yo confieso “Dios no me dejará ni me abandonará” (Hebreos 13:5–6), y yo poseo la presencia de Dios en cada paso que doy. Yo confieso “yo soy el redimido del Señor” (Salmo 107:2), y yo poseo los beneficios de la redención todos los días. Yo confieso “la unción del Santísimo habita en mí” (1a Juan 2:27), y yo poseo resultados que destruyen todos los yugos, por medio de esta unción (Isaías 10:27). Yo confieso “en el nombre Jesús yo puedo echar fuera a demonios” (Marcos 16:17), y yo poseo liberaciones dinámicas dominando a todo tipo de diablos. Yo confieso “yo pongo mis manos en los enfermos y ellos sanarán” (Marcos 16:18), y yo poseo sanidades positivas para todos los oprimidos. Yo confieso “soy un pámpano de la Vid Viviente” (Juan 15:5), y yo poseo la vida de la Vid donde quiera que yo voy. Yo confieso “yo soy la justicia de Dios en Cristo Jesús” (2a Corintios 5:21), y yo poseo la habilidad de permanecer libre en la santa presencia de Dios, ¡y también de permanecer en la presencia del diablo como un vencedor! Yo confieso “yo soy el templo del Dios Viviente” (2a Corintios 6:16), y yo poseo la presencia de Dios habitando en mi, ¡y caminando conmigo! Yo confieso “mi Dios suplirá todas mis necesidades” (Filipenses 4:19), y yo poseo las provisiones para todas mis necesidades.
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    3 E. W. Kenyon Unaconfesión negativa Muy pocos de nosotros nos damos cuenta que nuestra confesión nos encarcela. El tipo correcto de confesión nos hace libres. No tiene que ver solamente con nuestra manera de pensar; consiste en nuestras palabras, nuestra conversación, y todo esto edifica poder o debilidad dentro de nosotros. Nuestras palabras se conviertan en las monedas del Reino de la fe. Nuestras palabras nos atrapan y nos mantienen en cautividad, o nos hacen libres y nos convierten en personas poderosas que pueden influenciar las vidas de otros. Lo que confesamos con nuestros labios es lo que realmente domina nuestro ser interior. Confesamos inconscientemente todo aquello que creemos. Si hablamos acerca de enfermedades, esto se debe a que creemos en enfermedades. Si hablamos acerca de debilidades y fracasos, esto se debe a que creemos en debilidades y fracasos. Es muy sorprendente la fe que tienen las gentes en las cosas equivocadas. Ellos creen firmemente en el cáncer, en las úlceras del estómago, en la tuberculosis, y en muchas otras enfermedades incurables. La fe que tienen en esa enfermedad se levanta hasta el grado donde domina todo aquello que hablan, llegando a dominarlos a ellos por completo. Ellos llegan a convertirse en sus esclavos absolutos. Ellos adquieren el hábito de confesar sus debilidades, y esa confesión añade fuerza a sus mismas debilidades. Ellos confiesan su falta de fe, y por lo tanto se llenan de dudas. Ellos confiesan sus temores y se convierten en personas más temerosas. Ellos confiesan su temor a la enfermedad, y la enfermedad crece bajo su confesión. Ellos confiesan la necesidad de cosas que tienen, y por lo tanto van edificando un sentimiento de pobreza que llega a ganar la supremacía en sus vidas. Cuando nos damos cuenta que nunca podemos ir más allá de nuestra confesión, estamos comenzando a llegar al lugar donde Dios puede comenzar a usarnos. Tú confiesas que por las llagas de Jesús tú has sido sanado y, te mantienes firme en tu confesión, y ninguna enfermedad puede permanecer enfrente de ti. Ya sea que nos demos cuenta o no, siempre estamos sembrando palabras, tal y como Cristo Jesús lo dijo en Lucas 8:11, “la semilla es la Palabra de Dios”. El sembrador salió a sembrar, y la semilla que estaba sembrando era la Palabra de Dios. Esta es la semilla que nosotros deberíamos sembrar. Otras personas están sembrando en nosotros semillas de conocimiento común, que tienen que ver con el temor y con la duda. Es cuando confesamos la Palabra de Dios, que declaramos con énfasis que “por las llagas de Cristo Jesús yo he sido sanado” o “mi Dios suplirá todas mis necesidades” y que nos mantenemos firme en nuestra confesión, que vamos a poder ver nuestra liberación total. Nuestras palabras van a sembrar fe o van a sembrar duda en los demás. En Apocalipsis 12:11 declara lo siguiente, “Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos”. Ellos lo vencieron con la Palabra de Dios que era el testimonio de ellos. Ellos conquistaron al diablo con palabras. A la mayoría de enfermos que Jesús sanó durante su ministerio, los sanó usando palabras. Dios creó el universo con palabras: palabras llenas de fe. Jesús dijo, “tu fe te ha hecho sano”.
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    Jesús le dijoal muerto Lázaro, “ven fuera”. Las palabras de Jesús levantaron al muerto. El diablo es vencido por medio de palabras, y le podemos dar una golpiza usando las palabras. Nuestros labios se convierten en el medio de transportación de la liberación de Dios, que viene desde el cielo hacia las necesidades del hombre a quien la tierra. Nosotros usamos la Palabra de Dios. Nosotros decimos “en el Nombre de Jesús, tú demonio, sal fuera de él”. Jesús dijo, “en mi nombre echarán fuera demonios, en mi nombre pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán”. ¡Y todo esto se hace con palabras!
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    4 Don Gossett La confesiónprecede a la posesión Yo confieso, “todo aquel que clame el nombre del señor Jesús será salvo” (Romanos 10:13), y yo poseo la salvación, porque yo he clamado el nombre del Señor Jesús. Yo confieso, “el Señor me guardará de todo mal” (Salmo 121:7), y yo poseo la protección en contra de todas las formas del mal. Yo confieso, “bienaventurados los que tienen un corazón puro, porque ellos verán a Dios” (Mateos 5:8), y yo poseo la seguridad de que voy a ver a Dios, porque la sangre de Cristo Jesús ha purificado mi corazón. Yo confieso, “El Señor dará fuerza a su pueblo; el Señor bendecirá a su pueblo con paz” (Salmo 29:11), y yo poseo fuerza diaria y una abundancia de paz. Yo confieso, “Bendito sea el Señor, que cada día lleva nuestra carga, el Dios que es nuestra salvación” (Salmo 68:19), y yo poseo mi vida diaria llena la de la bendición del Señor. Yo confieso, “Yo soy la luz del mundo: todo aquel que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la lumbrera de la vida” (Juan 8:12), y yo poseo luz en el camino de esta vida, porque yo estoy siguiendo a Jesús. Yo confieso, “Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra” (2ª Corintios 9:8), y yo poseo toda la gracia, gracia en abundancia—gracia salvadora, gracia sanadora, gracia bautizadora, y gracia suficiente. Yo confieso, “porque con Dios nada es imposible” (Lucas 1:37), yo poseo todas aquellas cosas imposibles que se convierten en una realidad, que yo estoy unido a Dios por medio de un nacimiento divino. Yo confieso, “Yo derramaré mi Espíritu sobre toda carne” (Hechos 2:17), y yo poseo el Espíritu Santo derramándose sobre mi vida en forma continua. Yo confieso, “Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones” (Salmo 103:12), y yo poseo la seguridad de que mis pecados han sido removidos muy lejos de mí, ¡aleluya!
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    5 E. W. Kenyon Nuestraconfesión Jesús evidentemente caminó a la luz de Su confesión. Jesús era lo que Él confesaba. Es muy raro que no sabíamos antes, sino hasta muy recientemente, que la fe sigue las huellas de nuestra confesión. Nuestra confesión edifica el camino sobre el cual la fe puede transportar toda su carga poderosa. Tú vas a aprender que nunca puedes levantarte por encima de tu confesión. Nunca vas a poder disfrutar las riquezas de la gracia, a menos que tú las confieses. Tú vas a encontrar confesión acerca de quién es Jesús, acerca de lo que Jesús ha hecho por ti, y acerca de quién eres tú en Cristo Jesús, y siempre va a preceder a Su revelación de Él Mismo. La salvación sigue a la confesión. “Porque si confesares con los labios que Jesús es el Señor”. Lo mismo es verdad con relación al hecho de recibir al Espíritu Santo. Nuestra sanidad sigue y viene detrás de nuestra confesión. Algunas personas tienen que “mantenerse firmes en su confesión” cuando enfrentan una aparente derrota. Ellos rehúsan rendirse a las evidencias de los sentidos. Tú vas a tener que aprender el peligro de una confesión doble; confesar por un momento la absoluta integridad de la Palabra de Dios, pero al siguiente momento estar confesando que Dios no ha podido realizarlo en tu caso particular. Tu confesión es aquello que reta al mundo entero. Es aquello que les causa aventurarse en la vida de la fe. El cristianismo es la gran confesión. Comienza con Jesús en Su propia confesión; y continúa en nosotros por medio de valientes confesiones de la verdad declarada de la Palabra del Dios Viviente.
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    6 Don Gossett Yo poseolo que confieso Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación. —Romanos 10:10 Yo poseo guía continua, porque yo confieso “el Señor los guiará continuamente” (Isaías 58:11). Yo poseo vida eterna porque yo confieso “Mis ovejas oyen Mi voz y Yo les doy vida eterna” (Juan 10:27). Yo poseo la paz de Dios porque yo confieso “la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará vuestros corazones y mentes en Cristo Jesús Nuestro Señor” (Filipenses 4:7). Yo poseo libertad de todo tipo de temores porque yo confieso “yo soy el Señor tu Dios que te sostengo que tu mano derecha diciéndote no temas” (Isaías 41:13). Yo poseo abundancia de bendiciones económicas porque yo confieso “aquel que siembra abundantemente cosechará también abundantemente” (2ª Corintios 9:6). Yo poseo ayuda sobrenatural en todo tipo de situaciones y circunstancias porque yo confieso “mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra” (Salmo 121:2). Yo poseo el bien porque yo confieso “Cede ahora y haz la paz con El, así te vendrá el bien” (Job 22:21). Yo poseo paz con mis enemigos porque yo confieso “cuando los caminos del hombre le agradan al Señor, él hace que aún sus enemigos estén en paz con él” (Proverbios 16:7). Qué poseo la habilidad de ser una bendición positiva porque yo confieso “Así los salvaré para que seáis bendición” (Zacarías 8:13). Que yo poseo un sueño profundo asombroso durante la noche, porque yo confieso “Dios dará sueño a sus amados” (Salmo 127:2). Yo poseo la seguridad de que mi trabajo en Cristo Jesús es fructífero porque yo confieso “Por tanto, mis amados hermanos, estad firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1ª Corintios 15:58). Yo poseo abundantes bendiciones como un buen hombre de fe, porque yo confieso “el hombre fiel abundará con bendiciones” (Proverbios 28:20). Yo poseo fuerzas para mi día, porque yo confieso “tan largo como tus días será tu reposo” (Deuteronomio 33:25). Yo poseo un honor especial de mi padre celestial porque yo confieso “si algún hombre me sirve, mi Padre Celestial le honrara” (Juan 12:26).
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    7 E. W. Kenyon Ellugar que le pertenece a la confesión La Iglesia nunca le ha dado a este tema vital un lugar dentro de sus enseñanzas y sin embargo, la respuesta a las oraciones, el uso del nombre de Jesús, y la fe dependen de que hagamos una declaración de ellos. “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad a Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe” (Hebreos 3:1). El cristianismo es llamado nuestra confesión, y en Hebreos 4:14, nos dice que “mantengamos firme nuestra confesión”. La antigua versión dice “profesión”, pero en el original griego significa testificar una confesión de nuestros labios. Tú entiendes Romanos 10:8–10, “Mas, ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, es decir, la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación”. Tú puedes ver el lugar que la confesión sostiene dentro de la salvación. Tiene este mismo lugar en nuestro caminar de fe. El cristianismo es una confesión. Es nuestra confesión abierta de quienes somos en Cristo Jesús, y de lo que Cristo Jesús es para nosotros. Nuestra fe se mide por medio de nuestra confesión. Nunca podemos creer más allá de nuestra confesión. No es una confesión de pecado; es la confesión del lugar que tenemos en Cristo Jesús, de los derechos legales poseemos, de todo aquello que el Padre Celestial ha hecho por nosotros en Cristo Jesús, y de todo aquello que le Espíritu Santo ha hecho en nosotros a través de la Palabra de Dios, y todo aquello que el Espíritu Santo es capaz de hacer a través de nosotros. Existe un peligro muy grave en el hecho de tener dos tipos de confesiones. Una sería la integridad de la Palabra de Dios, y la otra sería con relación a nuestras dudas y temores. Cada vez que confesamos debilidades y fracaso, dudas y temores, bajamos al nivel donde ellos se encuentran. Podemos estar orando muy ardientemente y muy sinceramente, declarando por medio de nuestras oraciones toda nuestra fe en la Palabra de Dios, y sin embargo, en el siguiente momento nos encontramos cuestionando si acaso Dios nos ha escuchado o no nos ha escuchado, y por lo tanto confesamos que no tenemos las cosas por las cuales hemos orado. Nuestra última confesión destruye nuestra oración. Una persona me pidió que orara por su sanidad por él y entonces me dijo, “quiero que sigas orando por mí”. Yo le pregunté qué era lo que él deseaba que yo orara por él. El dijo, “oh, siga orando por mi sanidad”. Yo le dije, “la oración no va a tener ningún valor. Tú acabas de negar la Palabra de Dios”. La Palabra de Dios dice “los que creen pondrán manos en los enfermos y éstos sanarán, y todo lo que pidieran en Mi Nombre, Yo lo haré”. Yo oré una oración de fe y él la negó. A través de su confesión, él anuló mi oración y destruyó el efecto de mi fe. Tu confesión debe estar de acuerdo absolutamente con la Palabra de Dios, y tú has orado en el nombre de Jesús, luego entonces, tú tienes que mantenerte firme en tu confesión. Es muy fácil poder
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    destruir el efectode tu oración a través de una confesión negativa.
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    8 Don Gossett Yo reconozco Yruego que la comunión de tu fe llegue a ser eficaz por el conocimiento de todo lo bueno que hay en vosotros mediante Cristo. —Filemón 6 Yo reconozco que “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Aceptar un hecho es confesar ese hecho, afirmarlo y dar testimonio de ello. Nunca podré olvidar el día tan maravilloso cuando caminé de un lado para otro en mi oficina afirmando una y otra vez, “¡Cristo vive en mi!” Y la vida que yo vivo ahora, la vivo a través de la fe en el Hijo de Dios. ¡Es la fe victoriosa de Cristo Jesús por la cual yo realmente vivo! Yo reconozco que “Y a aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros” (Efesios 3:20). En Cristo Jesús, ese es el poder que está obrando dentro de mí. ¿Qué es lo que ese poder está haciendo dentro de mí? Está obrando más allá de toda abundancia, y por encima de todo aquello que podemos pedir o pensar. Aleluya. Yo reconozco muy frecuentemente que el poder de Dios está obrando dentro de mí. Yo reconozco que “todo lo que yo pida al Padre Celestial en el nombre de Jesús, el Padre me lo va a dar” (Juan 16:24). ¡Esto ya es mío! ¡Es un privilegio bendito! ¡Aleluya! Yo le pido al Padre Celestial en el nombre de Jesús, y todo tipo de cosas maravillosas comienzan a suceder. Yo reconozco este hecho Yo reconozco que “Mayor es Aquel que está dentro de mí, que aquel que está en el mundo” (1ª Juan 4:4). Yo reconozco continuamente que el Gran Creador está dentro de mí. El Gran Creador tiene control sobre mí, y Él es mucho más grande que el enemigo que se encuentra en este mundo. Esto me hace tremendamente dominante sobre todo tipo de circunstancias adversas, problemas, y ansiedades. Yo reconozco que “Dios no me ha dado el espíritu de temor, sino de poder, y de amor, y de templanza” (2ª Timoteo 1:07). Yo reconozco que dentro de mí está el espíritu de poder, de amor y de templanza. Esto coloca mi fe al rojo vivo; yo reconozco que tengo estos espíritus correctos de poder, amor, y de una mente templada ahora mismo. Yo reconozco que dentro de mí está la libertad, porque le Espíritu Santo habita dentro de mí. “Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad” (2ª Corintios 3:17). Yo nunca digo, “yo no siento libertad dentro de mí”. Dios dice que le Espíritu Santo está dentro de mí, y debido a que el Espíritu Santo todopoderoso que levantó de entre los muertos el cuerpo de Cristo Jesús se encuentra laborando dentro de mí, ese mismo Espíritu Poderoso está produciendo libertad. Yo poseo la libertad del Espíritu Santo y de la misma forma también soy un libertador, liberando a otros y haciendo que muchos lleguen a ser libres. Yo reconozco que “el amor de Dios ha sido derramado en mi corazón por el Espíritu Santo” (Romanos 5:5). Yo reconozco y admito que puedo amar con el mismo tipo de amor puro con el cual Jesús amó a la humanidad necesitada, debido a que el amor de Dios ha sido derramado en mi corazón. Esta es la razón de por qué yo soy conocido como un discípulo del Señor Jesús: “En esto conocerán
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    todos que soismis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros” (Juan 13:35). Yo reconozco que “puedo poner mis manos en los enfermos y ellos sanarán” (Marcos 16:18). Jesús lo dijo y esta es mi autoridad ritual sobrenatural, para poder ministrar la sanidad y el poder sanador de Jesús a los enfermos y a los cuerpos debilitados. Y ellos van a sanar.
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    9 E. W. Kenyon Lasdos confesiones Después de haber estado orando por una persona la otra mañana, ella quedó satisfecha, sintiendo que había sido sanada perfectamente, pero ahora los síntomas han regresado, y su corazón se encuentra perturbado. Ella se pregunta dónde es que está la dificultad de este problema. Le pregunté a esta persona, “¿acaso le dijiste a tu marido cuando lo viste esa noche que tú habías sido sanada?” “No, como usted puede ver, yo no estaba segura de esto todavía. Yo no quería decir nada a nadie hasta que estuviera segura”. “¿Pero tú ya no tenías ningún dolor? ¿Había alguna molestia?” Yo le pregunté. “Oh, todo eso se fue; pero usted sabe que yo tengo que ser muy cuidadosa. Mi marido es muy escéptico, y yo no quería decirle a él que yo estaba sanada hasta que yo estuviera completamente segura”. Yo puedo ver dónde se encontraba la dificultad del problema. Ella no creyó completamente en la Palabra de Dios. Si ella hubiera hecho esa confesión a su marido, la cosa que la afectaba nunca hubiera regresado. Pero ella jugó poniendo todo esto en las manos del enemigo, y por lo tanto, el enemigo restauró los mismos síntomas que ella ya había tenido, y trajo de regreso el dolor y las molestias. Esto sucedió debido a que ella lo invitó a hacerlo. Si ella se hubiera atrevido a mantenerse firme en la Palabra de Dios, y a mantenerse firme en su confesión de que había sido sanada, el enemigo no hubiera tenido bases para poder aproximarse a atacarla de nuevo. Nuestra fe o nuestra incredulidad va a ser determinada a través de nuestra confesión. Muy pocos de nosotros nos damos cuenta del efecto que tienen nuestras palabras habladas por nuestro propio corazón en nuestro enemigo. Él nos escucha que hacemos nuestra confesión de fracaso, enfermedad, de necesidades, y aparentemente nuestro enemigo nunca lo olvida; y nosotros vamos inconscientemente hacia abajo, al nivel de nuestra confesión. Nunca nadie puede levantarse por encima de ello. Si tú confiesas enfermedad, vas a desarrollar enfermedades en tus sistemas. Tú confiesas duda, las dudas se van a hacer más fuertes. Tú confiesas necesidades y falta de dinero, eso va a detener al dinero para que no venga hacia donde tú te encuentras. Tú dices, “yo puedo entender esto”. No. Debido a que a la mayoría de nosotros vivimos en el medio ambiente de los sentidos, las cosas espirituales son extrañas para nosotros. En el libro de Hebreos 4:14 se encuentra una palabra que debe convertirse en una realidad constante “Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que trascendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe”. Nuestra confesión es que la Palabra de Dios no puede ser violada y, todo aquello que el Padre Celestial dice siempre es verdad. Cuando dudamos al Padre Celestial, estamos dudando de Su Palabra. Cuando dudamos de la Palabra de Dios, esto se debe a que creemos en algo diferente, y que es contrario a la Palabra de Dios. Nuestra confianza puede estar en el poder de la carne; puede estar en la medicina; puede estar en las instituciones; pero en cualquier otra cosa donde esté basada nuestra confianza, esto contradice la Palabra de Dios, y por lo tanto destruye nuestra vida de fe. Destruye nuestras oraciones. Hace que las ataduras regresen a nuestra vida. La persona que camina por fe va a tener que ser probado. Y estas pruebas no vienen del Padre
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    Celestial; todas ellasvienen del adversario, y el adversario está rehusando permitir que tú te escapes de que él. Tú te conviertes en una persona muy peligrosa para el adversario cuando tú te conviertes en la persona suficientemente fuerte para poder resistirle—cuando tú has aprendido a confiar en la habilidad del Padre Celestial para que todas tus necesidades sean suplidas. Cuando esto se ha convertido en una realidad en tu conciencia, el adversario es derrotado totalmente. Pero en tanto el adversario pueda confundir este asunto y mantenerte en un estado de duda, tú vas a estar en una posición de desventaja. Tu confianza en la Palabra de Dios debe ser fortalecida para hacerte saber “que ninguna Palabra de Dios volverá vacía” y que ninguna Palabra de Dios puede fallar. No existe poder alguno en todo el universo que pueda nulificar una declaración que de hecho se encuentre en la Palabra de Dios. Dios dijo, “Yo vigilo sobre Mi Palabra, para que Ésta se cumpla”. Y nuevamente, “cualquiera que creyere en el Señor no será avergonzado”. Tu confianza tiene que estar en la palabra de Dios, la cual es viva, irrefutable, y tú tienes que mantenerte firme en tu confesión, cada vez que estés enfrentando los ataques del enemigo.
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    10 Don Gossett “¡Declara éstascosas continuamente!” Tito 3:8 La palabra confesión tiene un significado positivo en la Biblia y significa estar afirmando lo que Dios ha dicho en Su Palabra. Es estar testificando la declaración de la Palabra de Dios. Es ser testigo de las verdades que han sido reveladas en este Libro. Hemos sido instruidos divinamente para que “mantengamos firme nuestra confesión” tal y como lo dice en Hebreos 4:14, y nuevamente, “mantengamos firmes la confesión de nuestra fe sin titubear: (porque Fiel es Aquél que lo prometió)” (Hebreos 10:23). No sólo debemos mantener firme nuestra confesión de la Palabra de Dios, pero debemos afirmar constantemente todas aquellas cosas que Dios nos ha revelado. ¿Que es la confesión? La confesión es decir lo que Dios ya ha dicho en Su Palabra con relación a cierta cosa. Significa estar de acuerdo con Dios. Consiste en decidir la misma cosa que las Escrituras dicen. Mantener firme nuestra confesión es decir lo que Dios ya ha dicho una y otra vez, hasta que aquella cosa que deseamos en nuestro corazón y que Dios ha prometido en Su Palabra, se llegue a manifestar por completo. No existe tal cosa como posesión sin haber habido confesión. Cuando llegamos a descubrir los derechos que tenemos en Cristo Jesús, debemos comenzar a afirmar todas esas cosas constantemente. Debemos testificar de ellos. Debemos ser testigos de estos hechos bíblicos gigantes. O por decirlo de otra manera, tal y como Pablo lo refiere en Filemón 6, “Y ruego que la comunión de tu fe llegue a ser eficaz por el conocimiento de todo lo bueno que hay en vosotros mediante Cristo”. De nuestros labios deben salir continuamente todo tipo de afirmaciones de verdad. Debemos mantenernos firmes en ellas sin titubear. El castigo por dudar de nuestra confesión, consiste en que nos negamos a nosotros mismos las promesas de Dios y el cumplimiento de ellas. “Pero que pida con fe, sin dudar; porque el que duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, ese hombre, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6–7). “Díganlo los redimidos del Señor, a quienes ha redimido de la mano del adversario” (Salmo 107:2). “Regocíjense y alégrense en ti todos los que te buscan; que digan continuamente: ¡Engrandecido sea Dios! los que aman tu salvación” (Salmo 70:4). ¿Cuáles son las cosas que tenemos que afirmar constantemente? Debemos afirmar las Escrituras positivas que revelan las buenas cosas que existen dentro de nosotros en Cristo Jesús. Hay cientos de afirmaciones poderosas que podemos hacer continuamente, a medida que hablamos y declaramos el lenguaje de las Escrituras. Afirma éstas cosas constantemente: Dios es exactamente quien Él dice que es. Yo soy exactamente quien Dios dice que soy. Dios puede hacer exactamente lo que Él dice que puede hacer.
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    Yo puedo hacertodo aquello que Dios dice que puedo. Dios tiene todo aquello que Él dice tener. Yo tengo exactamente lo que Dios dice que tengo.
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    11 E. W. Kenyon Nuestraconversación Muy pocos de nosotros nos damos cuenta del efecto que nuestra conversación tiene sobre nuestro espíritu. Cuando tú pretendes ser algo que no eres, y tú te pones a hablar con mucha palabrería acerca de ello, esto edifica o forma una debilidad dentro de tu espíritu. Es como un pedazo de putrefacción en la viga o estructura de un edificio. Por decirlo de otra manera, tu conversación puede estar llena de desaliento, y tú estás hablando acerca de todos tus fracasos y de tu inferioridad eventualmente, te va a robar todo tipo de iniciativas, y vas a encontrar muy difícil poder levantarte por encima de esa actitud mental. Por el otro lado, tú hablas la verdad acerca de quién eres en Cristo Jesús. Tú le confiesas a tus amigos o a tus enemigos lo que Dios significa para ti, y acerca de tu unión con Dios, y que de hecho, tú eres socio con Dios, y que Él es quien te sostiene y Quien te provee las finanzas para hacer todas tus cosas. Tú le das a Dios todo el crédito por Su habilidad, Su sabiduría, y tú te atreves a confesar todo esto valientemente, teniendo confianza de que vas a tener todo tipo de éxito, por medio de la gracia de Dios. La confesión valiente y continua de Jesús es nuestro mejor ejemplo. Nosotros somos aquello que Él propuso que seamos. Jesús confesó Quién era Él. El conocimiento basado en los sentidos no podía entenderlo. Debemos confesar que somos en Cristo Jesús. Los hombres que se basan en sus sentidos no van a poder entendernos. Tú confiesas que has sido redimido, que tu redención es una realidad actual, y tú has sido liberado del dominio de satanás y de la autoridad demoníaca, y todo esto se convierte en una confesión muy valiente que tú debes hacer. Tú confiesas que de hecho eres una nueva creación, creado en Cristo Jesús, y que tú eres participante de la vida y naturaleza misma de la Deidad, y este tipo declaración va a asombrar a tus amigos. No basta con confesar esto una sola vez, pero diariamente tienes que estar afirmando la relación que tienes con Dios, confesando su justicia, y tu habilidad para poder estar en la presencia de Dios, siendo completamente libre de cualquier sentimiento de culpa o de inferioridad. Atrévete a pararte firme en la presencia de hechos que tienen que ver con el sentido común, ¡y atrévete a declarar que tú eres lo que Dios dice que eres! Por ejemplo, el sentido común declara que yo estoy enfermo con una enfermedad incurable. Yo confieso que Jesús ya ha puesto esa enfermedad en Cristo Jesús, y que el diablo no tiene derecho alguno a poner esto en mi; y que, “por las llagas de Cristo Jesús yo he sido sanado”. Yo me mantengo firme en mi declaración ante la realidad aparente de la contradicción del sentido común. El sentido común dice que esto no es cierto, y dice que yo estoy confesando algo que no es cierto. Pero yo estoy confesando lo que Dios dice que es. Como puedes ver, existen dos tipos de verdad: la verdad del sentido común, y la verdad de la revelación; y ellas normalmente se oponen la una a la otra. Yo vivo en el nuevo medio ambiente, que está muy por encima de los sentidos, y por lo tanto me mantengo firme en mi confesión de que yo soy lo que la Palabra de Dios dice que soy. Vamos a suponer que mis sentidos me han revelado el hecho de que me encuentro en una gran
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    necesidad económica. LaPalabra de Dios declara, “ mi Dios pues, suplirá todas las necesidades que ustedes tengan”. Yo le digo a Dios lo que los sentidos han tratado de imponerme, y Dios sabe que mis expectativas están puestas en Él. Yo rehúso ser intimidado a través de las evidencias de los sentidos. Yo rehúso que mi vida sea gobernada por ellos. Yo se que Aquel que está en mi es más grande que todas las fuerzas que me rodean. Las fuerzas que están en oposición son las fuerzas de los sentidos. El poder que está en mi es el Espíritu Santo; y yo se que las fuerzas espirituales son mucho más grandes que las fuerzas que se encuentran en el medio ambiente de los sentidos. Yo mantengo mi confesión y declaración de los valores espirituales, de las realidades espirituales, cada vez que encaró las contradicciones de los sentidos.
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    12 Don Gossett Conviértete entu propio edificador No te atrevas a leer estos párrafos en voz baja. Deben ser leídos solamente en voz alta tú estás edificando tu propia fe, porque “la fe viene a través del oír de las Palabras de Dios”. Comienza ahora mismo, y conviértete en tu propio “edificador de fe”. “Yo soy una nueva criatura en Cristo Jesús. Si eso soy yo. ¿Qué significa esto? Significa que en el momento en que yo recibí a Cristo Jesús como mi Salvador Personal y el Señor de mi vida, yo nací dentro de la familia real de Dios. Yo soy un hijo de Dios. Dios ahora me ha creado en Cristo Jesús. Dios ha puesto una nueva vida dentro de mí. Yo he nacido de arriba, nacido del Espíritu Santo. Todo lo que Dios crea es bueno. Yo no arruino mi vida, porque mi vida está en Cristo Jesús. Dios me creó, y no fui creado por mí mismo. Yo soy aquello que Dios propuso que yo fuera—una nueva criatura. Yo no voy a menospreciarme a mí mismo, porque yo estoy en Cristo Jesús, y en Cristo Jesús, he obtenido una nueva vida. Mi vida antigua ha desaparecido. Yo soy un ciudadano del nuevo reino y mi ciudadanía está en los cielos. “Si llegas a ver un ángel, pregúntale y él te dirá que mi nombre está escrito en los cielos. Maravilla de maravillas, es que soy una nueva creación en Cristo Jesús. Creado por Dios, y obra de Sus propias manos. Dios ahora está trabajando dentro de mí para que yo pueda llegar a hacer Su voluntad, la cual es agradable y perfecta. ¿Qué es lo que Dios está haciendo dentro de mí? ¡Dios me está edificando! Dios me está haciendo fuerte en la fe. ¿Cómo es que Dios está haciendo esto? ¡Lo está haciendo por Su Propia Palabra! “Yo soy la justicia de Dios en Cristo Jesús. ¿Cómo es que sé esto? Porque 2ª Corintios 5:21 es una de las más grandes declaraciones, entre otras que me afirma este hecho. Ahora yo ya soy justo en Cristo Jesús. No sólo soy una nueva criatura en Cristo Jesús, sino que también soy justo en Cristo Jesús. ¿Qué significa ser justo? Significa que yo poseo la habilidad divina para poder permanecer en frente de la presencia santa de Dios sin tener ningún sentido de culpa o indignidad. Significa que Dios me ha hecho justo con Su propia justicia. Yo puedo estar delante de Dios sin tener ningún sentido de que no soy digno. Así que ahora que ya soy completo en Cristo Jesús, y también soy completamente libre de aquel viejo complejo de inferioridad que alguna vez me mantuvo cautivo. ¡Aleluya! Yo he sido redimido del reino de las tinieblas y he sido trasladado al reino del Amado Hijo de Dios. Anteriormente yo permanecía cautivo en el medio ambiente de la oscuridad espiritual. El diablo era mi señor y mi dueño. Yo estaba encadenado, atado condenado por toda la eternidad en el infierno. Pero entonces, Jesucristo vino, y rompió todas esas ataduras, liberando mi alma de la condenación eterna, y me dio Su vida eterna. Y ahora me encuentro en ese gran reino donde Jesús reina como el Señor de los señores y como el Rey de todos los reyes. Jesús me invita para que me una a Él justo ahí en Su trono. Yo reinó con Cristo Jesús en la vida. Si, yo soy redimido. Una vez yo solía vivir bajo las ataduras horribles del diablo. El pecado era mi dueño. Yo vivía para agradar a la carne. Pero ahora en este nuevo reino, el pecado no tiene dominio sobre mí. En el antiguo reino de oscuridad, yo viví bajo el poder de la enfermedad, del temor, de la pobreza y del fracaso. Yo fui atado por poderes inmundos. Pero ahora, a través de la sangre de Cristo Jesús, yo he sido liberado completamente. Yo puedo decir con confianza, “adiós a la enfermedad, adiós al temor, adiós a las carencias, adiós a las debilidades.
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    ¡Ahora soy completamentelibre!” Ahora vivo en un nuevo reino, que es el reino celestial, donde existe la vida, la luz, la libertad, el gozo, la paz, la salud, la seguridad, la bendición y todo el poder. ¡Qué gran redención es la que tengo! ¡Qué gran Redentor tengo! “Yo soy un heredero de Dios, y un coheredero con Cristo Jesús”. Ser salvo no es una cosa de poca importancia. Yo he recibido una herencia muy valiosa. Yo sido bendecido con todo tipo de bendiciones espirituales en los lugares celestiales en Cristo Jesús. Mi Padre Celestial me ama tal y como Él ha amado al Señor Jesucristo. Mi maravilloso Padre Celestial es más grande que todo lo que existe. Él me ama con un amor eterno. Si, yo soy bendecido con lo mejor del cielo. Mi Señor Jesucristo dijo, “yo soy la vid y vosotros son los pámpanos”. Ésta es la manera tan estrecha y cercana en que estoy vinculado con Cristo Jesús. Él es esa Vid Viviente, y yo soy una de las ramas de esa Vid. Esa misma vida, amor, gozo, paz, poder, sabiduría y habilidad que fluye de la Vid, fluye también hacia las ramas. Donde quiera que yo, vaya como rama, ¡la vida de la vid fluye! “Yo tengo la vida de Dios en mi cuerpo mortal actualmente, y no sólo cuando yo llegue al cielo, pero ahora mismo, mi espíritu ha sido avivado, y por lo tanto yo vivo y me muevo y tengo mi ser en Cristo Jesús. Yo tengo lo que Dios dice que tengo. Yo puedo hacer lo que Dios dice que puedo hacer. Yo soy lo que Dios dice que soy. “Yo _________________________, afirmó que todos los hechos anteriores han sido establecidos para siempre en los cielos, y ahora son establecidos en mi corazón. Yo voy a declararlos continuamente, con toda valentía, y voy a “poseer todo lo que me pertenece” en Cristo Jesús”.
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    13 E. W. Kenyon Laconfesión de fe La confesión de fe siempre resulta en una confesión gozosa. Confiesa que tenemos el dinero aún antes de que éste llegue. Confiesa una salud perfecta aún cuando el dolor todavía está en el cuerpo. Confiesa una victoria total mientras que la derrota todavía lo mantiene a uno cautivo. Tu confesión está basada sobre la Palabra Viva de Dios. “Yo sé en quién he creído, y estoy convencido de que Dios no sólo es capaz de hacer buenas cosas, sino que Dios está haciendo buenas cosas en este momento en mi vida”. Yo tuve la oportunidad de orar por una persona que estaba muy enferma. Después de que había terminado de orar, la persona dijo, “yo se que me voy a mejorar”. Yo sabía que habíamos sido derrotados, yo le dije a ella, “¿Cuándo es que tú vas a sanar?” Ella dijo, “yo no sé cuándo, pero yo sé que lo haré, porque la Palabra de Dios no puede fallar”. Yo dije, “no, pero tú le has fallado a la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es ahora, la fe es ahora; ¿acaso la Palabra de Dios está siendo verdadera en tu caso?” Ella dijo, “sí, de hecho es verdad”. “Entonces”, yo le dije, “por las llagas de Jesucristo ¿tú has que?” Ella pudo verlo. “Por las llagas de Jesucristo yo he sido sanada”. Yo le dije, “¿cuándo?” Ella dijo, “ahora mismo”. Yo le dije, “en ese caso, debes levantarte y vestirte”. Yo recuerdo un hombre de avanzada edad en el pueblo de Fredericton, New Brunswick, que era un diacono de la iglesia bautista de la localidad, y vino con una pulmonía doble. Varios de los pastores locales y yo fuimos a orar por él. Yo lo ungí con aceite y oramos por él. Después de que acabamos de orar, él dijo con una voz muy fuerte, “esposa, dame mi ropa, me voy a levantar”. Ese fue un gran gozo al verlo actuar en la Palabra de Dios. Cuando confesamos la Palabra de Dios con gozo, esto trae convicción para todos los oyentes. En Romanos 10:10 dice, “porque con el corazón el hombre cree”. Me gusta traducirlo de esta manera, “porque con el corazón, el hombre actúa basado en la Palabra de Dios”. El corazón actúa, y eso mueve los labios para que hagan la confesión. Un corazón que está lleno de duda es un corazón que está gobernado por los sentidos. Una confesión valiente viene de un corazón que está gobernado por la Palabra de Dios. La Palabra de Dios domina la vida del corazón y entonces la persona habla tal y como lo hizo Pablo, “yo sé en Quién he creído”. Mientras que Pablo estaba parado en la cubierta de aquel barco en medio de esa tormenta tan horrible, él dijo, “yo creo en Dios”. Entonces, él les dijo a todos esos hombres que no sabían qué hacer, “cada uno de ustedes va a llegar a tierra a salvo, pero el barco se va a perder”. El dijo, “vengan, vamos a comer el desayuno”. Pablo partió el pan y dio gracias en medio de todos ellos. El es dio a todos ellos algo mucho más que sólo pan, él les dio el valor que necesitaban Pablo tenía una confesión gozosa la cual estaba llena de fe. Sólo un corazón que ha sido nutrido con la Palabra de Dios puede permanecer firme bajo estas circunstancias tan difíciles. Cuando sabemos que la Palabra de Dios nos está hablando en este momento, no es difícil poder actuar basados en ello. En el Salmo 82 declara que “la Palabra de Dios ha sido establecida en los cielos”. Cuando yo leí eso, pude ver que debía ser establecida en mi corazón. Yo ya no iba a tratar de conformarme con nada menos que esto. Yo sabía que ninguna Palabra de Dios iba a quedar sin
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    cumplimiento. Nunca másiba yo a tener miedo de actuar basado en la Palabra de Dios. La Palabra de Dios se convirtió en algo más real para mí y cualquier palabra que cualquier hombre jamás me hubiera dicho. Mis labios se llenaron con risa, y mi corazón fue lleno con gozo y de esta manera tuve una confesión victoriosa. Cuántas veces he tenido que ver la confesión titubeante de alguien que camina en el fracaso, y de la misma manera, la confesión gozosa de alguien que camina en una total y completa victoria. Cuando actuamos sin temor alguno, basados en la Palabra de Dios, y gozosamente echamos todas nuestras preocupaciones en Dios, la victoria es algo tan seguro como el hecho de que el sol va a salir al día siguiente.
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    14 Don Gossett Caminando conDios por medio de concordar con Dios Cómo puedo caminar verdaderamente con Dios, a menos que esté completamente de acuerdo con Él? Estar de acuerdo con Dios significa decir las mismas cosas que Dios dice en Su Palabra acerca de la salvación, acerca de la sanidad, acerca de las respuestas a las oraciones, y acerca de una vida victoriosa. Yo estoy de acuerdo con Dios en el hecho de que yo soy quien Dios dice que soy: soy un hijo de Dios nacido del cielo. Soy una nueva criatura en Cristo Jesús. Soy más que vencedor a través de Cristo Jesús. Yo jamás puedo estar de acuerdo con el diablo que me dice que “no soy suficientemente bueno”, que soy un fracaso, que soy un debilucho, y que soy un perdedor. ¡Yo estoy de acuerdo con Dios y jamás puedo estar de acuerdo con el diablo! ¿Cómo puedo caminar con Dios en todo poder, en todas sus bendiciones, y ser usado por Él? Por medio estar de acuerdo con Dios en el hecho de que poseo lo que Dios dice que poseo: Su nombre, Su naturaleza, Su poder, Su autoridad, Su amor. Yo estoy de acuerdo con Dios acerca de lo que Dios dice que poseo—¡en Su Palabra! “Enoc caminó con Dios”, y yo hago lo mismo, por medio de estar de acuerdo en el hecho de que he recibido la habilidad para hacer todo aquello que Dios dice que yo puedo hacer: testificar con poder, echar fuera demonios, ministrar Su poder sanador. “Todo lo puedo en Cristo Jesús que me fortalece”. ¡Yo estoy de acuerdo con Dios acerca de qué puedo hacer todo aquello que Dios dice—en Su Palabra —que yo puedo hacer! Si yo hablo solamente lo que mis sentidos dictan, yo no voy estar de acuerdo con Dios. Tiene que ser el hecho de hablar “solamente la Palabra de Dios”, por medio de lo cual yo me pongo de acuerdo con Dios. Tiene que ser “la confesión de fe” que se va a constituir en mi victoria. Para poder caminar con Dios, yo no estoy de acuerdo con el diablo. Jesús dijo…por medio de declarar valientemente “está escrito”. Yo resisto al diablo por medio de la Palabra de Dios. Diariamente yo camino con Dios por medio estar acuerdo con Dios y con la Palabra de Dios. “Porque Dios lo dijo… yo puedo decirlo valientemente” (Hebreos 13:5–6).
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    15 E. W. Kenyon Larealización sigue a la confesión Nosotros caminamos a la luz de nuestro testimonio—nuestra fe nunca va más allá de nuestra confesión. La Palabra de Dios se convierte en algo real a medida confesamos Su realidad, y la razón de esto es que, “caminamos por fe y no por vista”. El conocimiento de los sentidos podría confesar solamente aquello que ha sido visto, oído, o sentido. Las gentes que siempre están en busca de experiencias, continuamente caminan basados en su sentidos. El diablo le tiene mucho miedo a nuestro testimonio de la realidad de la Palabra de Dios. “Si tú confesarás con tu boca”, y esto hace reaccionar nuestro corazón de la misma manera como reacciona cuando hablamos y confesamos dudas a través de nuestros labios, y esto produce una reacción de nuestro corazón. Cuando tú hablas de tus dudas y temores, tú destruyes tu fe. Cuando tú hablas acerca de la habilidad del Padre Celestial, y acerca del hecho de que esto te pertenece, tú llenas tus labios con alabanza por todas las respuestas que has recibido a tus oraciones. Esta reacción en el corazón es algo tremendo: la fe va a crecer, paso a paso, y medida a medida. Cuando tú hablas acerca de tus pruebas y tus dificultades, o acerca de la falta de fe que tienes, o acerca de tu falta de dinero, tu fe es sacudida y pierde su poder. Toda tu vida espiritual se va a reducir. Pero tú estudias acerca de quién eres en Cristo Jesús, y entonces lo confiesas valiente y abiertamente. Tú te atreves a actuar basado en la Palabra de Dios, encarando la oposición del conocimiento de los sentidos. Sin importar las apariencias, tú te mantienes firme; tú haces tú confesión y te mantienes firme en ello encarando las aparentes imposibilidades. Como puedes ver, la fe no va a pedir cosas posibles. La fe consiste en pedir que se realice lo imposible. La oración nunca es para las cosas que son posibles, sino que siempre va a hacer pidiendo aquella cosa está fuera de la razón. Es Dios quien obra con nosotros, dentro de nosotros, y a favor de nosotros. “¿Cómo no nos dará también todas las cosas?” Como puedes ver, tú estás entrando al ámbito de lo imposible, de la misma manera como lo hizo Abraham cuando él le pidió a Dios por un hijo. No estás pidiendo por algo que puedas hacer por ti mismo, sino que está pidiendo por algo que va más allá del razonamiento. Entonces, tú rehúsas tomar el consejo del temor o mantener las dudas en tu mente. Las batallas más duras que yo jamás he peleado han sido en estos terrenos. Las batallas más grandes que yo jamás he ganado han sido aquellas donde las cosas parecen imposibles, donde había la más grande oposición, y donde la razón era desacreditada completamente por la fe. Yo me mantuve firme en mi confesión y la Palabra de Dios fue hecha realidad. Confiesa su dominio sobre todas las enfermedades en el Nombre de Jesús. Nunca te sientas atemorizado por cualquier condición, sin importar qué tan grande o qué tan imposible sea el caso que enfrentas. Puede tratarse de cáncer, tuberculosis, o de un accidente en el cual la muerte parece ser la dueña de la situación. Nunca te rindas ante estas cosas. Tú debes saber que tú y Dios son los dueños de toda situación. Nunca jamás, ni por un solo momento, debes perder la confesión de tu supremacía sobre las obras del adversario. Esta enfermedad, esta calamidad no viene de Dios. Tiene una sola fuente de origen y es el diablo. Y en el nombre de Jesús, tú tienes el control sobre ello. Tú has tomado el lugar de Jesús; tú estás actuando en representación de Jesucristo.
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    Tú mantienes tuposición sin temor alguno; confiesas la habilidad que tienes en Cristo Jesús para suplir y confrontar cualquier emergencia. Siempre debes recordar que Jesús enfrentó a la derrota y la venció completamente. Tú estás encarando la derrota como el vencedor de ella continuamente. Nunca te rindas. Mantén tu posición firmemente. Una forma de traducción de Filipenses 1:27–28: “permite que tu vida como miembro de una misma comunión sea digna de las buenas nuevas del Mesías, para que, ya sea que yo venga a visitarlos, o que tenga que permanecer lejos de ustedes y solamente oiga noticias acerca de ustedes, yo pueda saber es ustedes están trabajando denodadamente, hombro con hombro, por la fe de las buenas nuevas; y que no son intimidados en ninguna forma por sus adversarios. El fracaso de sus adversarios para poder intimidarlos a ustedes, es una clara evidencia—y de hecho, es una señal de Dios—para ellos, acerca de que su destrucción es inminente; pero para ustedes, de que la salvación les pertenece”. Esta posición sólida de la cual se habla en Colosenses 2:5 “porque aunque estoy ausente en el cuerpo, sin embargo estoy con vosotros en espíritu, regocijándome al ver vuestra buena disciplina y la estabilidad de vuestra fe en Christo” es la posición firme que presentas ante tus enemigos. Tú no puedes ser vencido. El espíritu está murmurando, “no, en todas estas cosas yo soy más que vencedor”. Toda enfermedad viene del enemigo. Toda clase de pecado viene del enemigo. Toda oposición a las buenas nuevas viene del enemigo. Dios y yo somos vencedores. Más grande es Aquel que está en mí que toda esta oposición o que esta enfermedad. No existe necesidad alguna que sea más grande que mi Señor. No existe necesidad alguna que mi Dios no pueda suplir. Esta voluntad indomable que Dios ha puesto en ti no puede ser vencida ni conquistada. Tú debes recordar lo que tú eres—tú eres una nueva criatura. Es una rama que pertenece a la vid. Tú eres heredero de Dios. Tú has sido unido con Dios. Tú y Dios son uno solo; y Dios es la parte más grande de esta unidad. No existe tal cosa como un Dios conquistado, cuando Su instrumento que eres tú, rehúsa admitir que el enemigo pueda vencerlo. Tú eres ese instrumento. “Yo he aprendido que en cualquier circunstancia en que me encuentre, yo me encuentro independiente de todas las circunstancias” (Filipenses 4:11, versión de Way). Derrotado con tus propios labios Tú dijiste que no podías, y en el momento en que lo dijiste está derrotado. Tú dijiste que no tenías fe, y la duda se levantó como un gigante dentro de ti. Tú has sido hecho prisionero con tus propias palabras. Tú declaraste fracaso, y el fracaso te tomó prisionero. Proverbios 6:2 dice, “tú has sido enlazado con las palabras de tu boca”. Muy pocos de nosotros nos podemos dar cuenta que nuestras palabras nos dominan. Un hombre joven dijo una vez, “nunca fui derrotado hasta el momento en que confesé que ya había sido derrotado”. Otro hombre dijo, “en el momento en que comencé a hacer una confesión valiente, llena de confianza, un nuevo valor que nunca había conocido tomó posesión de mi”. Otra joven madre dijo, “mis labios han sido una maldición constante. Nunca he sido capaz de obtener dominio sobre mis labios”. Otra mujer dijo el otro día, “yo siempre hablo lo que está en mi mente”. Ella tiene muy pocos amigos. Lo único que hace que la gente la visite es la pena que sienten por ella. Sus labios han sido su maldición. No es tan malo hablar lo que está en tu mente si es que tú tienes la mente de Cristo Jesús, pero mientras tú tienes una mente que es dominada por el diablo, muy pocas gentes tienen interés de escuchar lo que tienes en mente. Nunca temas al fracaso. Nunca declares derrota.
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    Nunca, ni porun momento admitas que el poder de Dios no puede ayudarte. Debes convertirte en una persona “que tiene la mente de Dios”, recordando siempre que es más grande Aquel que está en ti, que cualquier fuerza que pueda venir en contra tuya; recordando también que Dios creó todo el universo con palabras; y esas palabras son mucho más poderosas que los tanques o que las bombas, y son mucho más poderosas que un ejército o que las Fuerzas Armadas. Debes aprender a usar las palabras de tal manera que ellas trabajen a favor de ti y se conviertan en sus sirvientes. Debes aprender que tus labios te pueden convertir en un millonario o en un pordiosero; en alguien que la gente quiere, o en alguien que la gente desprecia; en un vencedor o en un cautivo. Tus palabras pueden ser llenas de fe, la cual puede remover los cielos y hacer que los hombres te quieran. Debes recordar que tú puedes llenar tus palabras con amor, de tal manera que sean capaces de derretir el corazón más frío, que puedan traer calor y sanidad a los corazones quebrantados y a las personas desanimadas. En otras palabras, tus palabras se pueden convertir en todo aquello que tú desees que sean. Tú puedes hacer que tus palabras rimen. Tú puedes llenar tus palabras con ritmo. Tú puedes llenar tus palabras con odio, con veneno; o también, tú puedes hacer que tus palabras respiren la misma fragancia del cielo. Ahora tuya puedes ver en forma viva lo que tu confesión significa para tu propio corazón. Tú fe nunca va a registrar más allá de las palabras de tus labios. No es tan malo pensar una cosa como lo es confesarlo. Los pensamientos pueden venir y pueden persistir y tratar de quedarse, pero si tú rehúsas convertirlos en palabras ellos mueren sin llevar fruto alguno. Debes cultivar el hábito de pensar cosas en grande, y entonces, debes aprender a usar palabras que provoquen una reacción en tu propio espíritu, y te conviertan en un vencedor. Las confesiones de Jesucristo probaron ser reales. Las confesiones de fe generan realidades. Jesús confesó que era La Luz del Mundo. Jesús es la Luz del mundo. El rechazo de Jesús ha lanzado al mundo a una nueva oscuridad. El dijo que Él era el Pan que había bajado del cielo, y esto es verdad. Las gentes que se han alimentado de las palabras de Jesús nunca han vuelto a sufrir hambre. Las palabras de Jesucristo edifican nuestra fe, a medida que actuamos en ellas, y que permitimos que ellas vivan en nosotros. Sus palabras fueron llenas con El Mismo; y a medida que actuamos en ellas, ellas mismas nos llenan con Cristo Jesús. Las palabras alimentan la fe, y hacen que el poder de Dios crezca dentro de nosotros. Las palabras del creyente deberían nacer del amor, y deberían siempre estaré llenas de amor. Nuestros labios toman el lugar de los labios de Jesús. Nuestras palabras nunca debieran lastimar o herir, sino al contrario, deberían bendecir y sanar. Jesús es el Camino, la Realidad, y la Vida. Nosotros estamos tomando el lugar de Jesucristo, mostrando el Camino, confesando la Realidad, y disfrutando la Vida. Nunca vas a poder disfrutar lo que tú eres en Cristo Jesús, hasta que el amor de Jesucristo llegue a gobernar tus labios.
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    16 Don Gossett Nunca digas“no puedo”, cuando Dios dice “si puedes” Nunca digas, “no puedo”. La frase “no puedo” no se encuentra en ningún lado en la Biblia. Debes hablar el lenguaje de Dios. Debes decir lo que la Palabra de Dios dice. Debes estar en armonía con el cielo, por medio de afirmar y confesar la Palabra de Dios. Debes estar de acuerdo con Dios por medio de estar acuerdo con Su Palabra. No puedo decir, “no puedo recibir mi sanidad”. Debes hablar valientemente, “yo puedo recibir mi sanidad, que por las llagas de Jesús he sido salado. Yo puedo recibir mi sanidad, porque Jesús dijo que pondrán las manos sobre los enfermos y ellos sanarán y, las manos han sido puestas sobre mí y por lo tanto me voy a recuperar”. Nunca digas, “no puedo pagar mis deudas”. Al contrario, debes declarar enfáticamente, “yo sí puedo pagar mis deudas, porque mi Dios suple todas mis necesidades de acuerdo a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Yo he honrado al Señor Jesucristo, por medio de pagar mis diezmos y dar ofrendas en Su Nombre, y Él dice que Él abrirá las ventanas de los cielos y derramará bendiciones hasta que sobré abunden, y que va a reprender al devorador en favor de mi. Yo puedo pagar mis deudas, porque mi Dios suple el dinero para suplir todas las necesidades de mi vida”. Nunca digas, “no puedo testificar con poder porque soy tan débil y tan anémico como cristiano, y cuando se trata de dar mi testimonio”. Debes derrotar esa declaración negativa por medio de afirmar, “yo puedo testificar en poder, porque he recibido al Espíritu Santo en mi vida, y Jesús dijo que yo tengo poder porque poseo al Espíritu Santo habitando dentro de mi. Yo puedo compartir mi testimonio, y mi testimonio es por Cristo, el mensaje de Su salvación con gran efectividad, porque he recibido energía a través del poderoso Espíritu Santo de Dios desde el cielo”. Nunca digas, “que nunca puedo recibir la respuesta de mis oraciones”. Este tipo de expresiones va a cerrar los cielos para tu vida. Con toda seguridad, debes declarar, “yo puedo recibir la respuesta a mis oraciones, porque Jesús dijo que cualquier cosa que yo pida al Padre Celestial en el nombre de Jesucristo, Él me la daría. Yo puedo recibir respuestas poderosas de parte de Dios, porque Dios ha prometido que si yo clamo a Él, Él me respondería, y me mostraría grandes cosas, y cosas muy maravillosas. Yo se que puedo recibir las respuestas a mis oraciones, porque ésta es la confianza que tengo en Dios, que cualquier cosa que yo le pida, la voy a recibir de Él, porque mantengo Sus mandamientos y hago todas aquellas cosas que son agradables ante los ojos de Dios”. Nunca digas, “nunca voy a ver a mis seres queridos viniendo a la salvación en Cristo Jesús”. Es una mentira del diablo, si tú la dices en voz alta y la declaras, le estás dando lugar al diablo. Debes ponerte de acuerdo con las promesas de Dios y declarar, “yo puedo ver a mis seres queridos viniendo a rendir su corazón a Cristo Jesús, porque Dios ha prometido que si yo creo en el Señor Jesucristo, no sólo yo sería salvo, pero también por medio de creer, toda mi casa va a ser salva. Yo nunca voy a temer que mis seres queridos se van a perder para siempre en el infierno. Yo puedo ver que todos mis seres
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    queridos son salvos,porque yo soy un instrumento en las manos de Dios para creer por la salvación de todos ellos”. Nunca digas, “jamás voy a poder vencer mi problema de sobrepeso o de obesidad”. Debes descubrir la habilidad que hay en Cristo Jesús, por medio de declarar, “yo puedo resistir la tentación de comer comidas importantes, demasiado dulces, y llenas de calorías. Por medio de habitar en Cristo Jesús, yo puedo evitar comidas que sean muy altas en calorías. Yo puedo, por medio de la gracia de Cristo Jesús, vencer la tentación de convertirme en un comilón compulsivo, y puedo llegar a comer con moderación, con templanza porque mi vientre nunca se va a convertir en mi Dios. Aleluya, yo he podido descubrir el secreto: yo puedo conquistar mi condición miserable de sobrepeso y obesidad a través de Cristo Jesús quién es mi fortaleza y mi suficiencia”.
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    17 E. W. Kenyon Elvalor de la confesión La realización siempre tiene que seguir a la confesión. Caminamos a la luz de nuestro testimonio. La palabra se convierte en algo real, sólo a medida que confesamos su realidad. El diablo tiene miedo de nuestro testimonio. Si tú confiesas algo con tu boca, esto va a causar una reacción sobre tu corazón o en tu espíritu. Confesamos todo aquello que somos en Cristo Jesús, y entonces, actuamos basados en nuestra confesión. Si confesamos nuestros temores, ellos nos van a gobernar. y si confesamos el dominio de la enfermedad, esto establece su señorío sobre nuestros cuerpos en forma mucho más completa. Si confesamos nuestra libertad, el hecho de que el hijo de Dios nos ha hecho completamente libres, Dios hace que esta confesión se convierta en una realidad. Cuando nos damos cuenta que Jesús confrontó a la derrota y la conquistó completamente, y cuando nos atrevemos a hacer este tipo de confesión, la derrota y el fracaso pierden el dominio que tenían sobre nosotros. Debes pensar pensamientos de fe y debes declarar palabras que dirijan al corazón fuera de la derrota, y hacia la victoria total. Cuando confesamos la Palabra de Dios, Dios Cuida para que se vuelva una realidad, pero no va a existir acción alguna de parte de Dios si no existe confesión de nuestra parte. El cristianismo es llamado “la gran confesión”. En Hebreos 3:1 dice lo siguiente, “considerad al Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra confesión, Cristo Jesús”. En Hebreos 4:14 dice, “Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que trascendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe”. ¿Cual es la confesión que debemos mantener? Que en Cristo Jesús tenemos una redención perfecta. En Colosenses 1:13–14 dice lo siguiente, “Porque El nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado, en quien tenemos redención: el perdón de los pecados”. Ésa redención nunca llega a convertirse en una realidad, sino hasta que la Declaramos y confesamos; muy pocos creyentes llegan a apropiarse de este hecho. Cuando encaramos una aparente derrota, confesamos nuestra redención y nuestra liberación, y éstas se convierten en una realidad, y no pedimos por la redención; damos gracias a Dios por ella. Ésa redención nos fue provista de acuerdo a lo que dice1a Pedro 1:18–19, “Sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecederas como oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo”. Esto no es una promesa, sino un hecho cumplido. En Efesios 2:10 dice que confesamos ser una nueva creación, creados en Cristo Jesús, “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas”. En 2ª Corintios 5:17 dice que podemos atrevernos a decir, “las cosas viejas pasaron; he aquí toda son hechas nuevas, y todo esto es de Dios, que nos reconcilió asimismo por medio de Cristo Jesús”. Sabemos que no sólo somos redimidos y hechos una nueva creación, pero también somos
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    reconciliados. Debemos atrevernosa confesar esto delante de todo el mundo. Confesamos nuestra redención, habiendo sido redimidos de la mano de satanás, y por lo tanto, él es incapaz de poner enfermedades sobre nosotros, y es incapaz de mantenernos atados. En Apocalipsis 12:11 dice, “y ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero, y debido a la palabra de su testimonio”. La palabra aquí es logos. Ellos vencieron al adversario, debido a la sangre del Cordero, y debido al logos que estaba contenido en el testimonio de ellos. Ellos descansaron en la integridad de la Palabra de Dios. Ellos se atrevieron a confesar que todo lo que Dios ha dicho es cierto y verdadero. Y Romanos 4:25 dice lo siguiente, “El cual fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado por causa de nuestra justificación”. Romano 5:1 dice, “Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Entonces debes atreverte a confesar que todo esto es verdad ahora mismo. Debes confesar tu justicia en Cristo Jesús. Ahora ya somos la justicia de Dios en Cristo Jesús. Podemos atrevernos a declarar esto delante de todo el mundo. Podemos atrevernos a confesar que Dios mismo, se ha convertido en nuestra justicia (Romanos 3:26). Hemos sido convertidos a través del nuevo nacimiento y a través del Espíritu Santo, en la misma justicia de Dios en Cristo Jesús. “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El” (2ª Corintios 5:21). Esta es la misma declaración de Dios de lo que nosotros somos actualmente; no de lo que queremos ser, pero de lo que Dios nos ha hecho. En 1ª Pedro 2:24 declara que hemos sido sanados, “y El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados”. La obra ha sido cumplida. El problema no consiste en obtener nuestra sanidad, y tampoco es un problema de fe. Es un problema de la integridad de la Palabra de Dios. ¿Acaso podemos depender en la Palabra de Dios? Jeremías 1: 12 dice lo siguiente, “Y me dijo el Señor: Bien has visto, porque yo velo sobre mi palabra para cumplirla”. Nuestra confesión debe ser una confesión de la fidelidad absoluta de la Palabra de Dios, de la obra terminada de Dios, y de la realidad de nuestra relación con Él, como hijos e hijas de Dios. Ésas palabras determinan nuestra fe. Estas palabras son nuestra confesión. Si yo me pongo a confesar continuamente mis necesidades; yo creo en mis necesidades y, mi confesión seguramente se convierte en una realidad, y yo confieso las cosas en las cuales creo. Si yo creo en el fracaso y la debilidad, voy a acabar por confesarlos. Yo voy a vivir en los estándares de mi confesión. Si yo me atrevo a decir que el Salmo 34:10 es verdad, “Los leoncillos pasan necesidad y tienen hambre, mas los que buscan al Señor no carecerán de bien alguno”, y me mantengo firme en esta confesión, Dios va a hacer que se convierta en una realidad todo aquello que yo he confesado. En el Salmo 84:11 dice, “Porque sol y escudo es el Señor Dios; gracia y gloria da el Señor; nada bueno niega a los que andan en integridad”. Yo me atrevo a confesar y a declarar Proverbios 3:5–6 que dice, “Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos, y El enderezará tus sendas”. Esta es la verdadera guía. No sólo es liberación de ciertas condiciones, pero es una guía para entrar a la voluntad de Dios, y a las sendas de la plenitud.
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    En Filipenses 4:19dice algo que se ha convertido en el cántico de mi corazón, “mi Dios pues suplirá todo lo que les falta de acuerdo a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Qué confesión más fuerte es esta. El corazón se fortalece grandemente. En Isaías 54:17 dice, “Ningún arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se alce contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos del Señor, y su justificación viene de mí- declara el Señor”. Dios está bajo la obligación de estar siempre presente y cuidar por los Suyos. El nunca puede fallarnos. En el Salmo 118:6 dice, “El Señor está a mi favor; no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre?” En Isaías 41:10 dice, “No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia”. Este es el reto de Dios, yo me atrevo a confesarlo delante de todo el mundo. ¡Qué clase de confesión es esta! Dios me dice a mí en lo personal: “no tengas miedo y hijo, Yo siempre estoy contigo. No te desmayes; Yo soy tu Dios”. Él era el Dios de Israel ¿acaso puedes recordar lo que le sucedió a faraón y a Egipto, y a los filisteos? (Éxodo 14:21–31, 1ª Samuel 14). ¿Acaso puedes recordar lo que le sucedió a todas las naciones que se atrevieron a poner sus manos en contra de Israel, mientras que Israel mantenía el pacto con su Dios? En 1ª Crónicas 16:22 dice, “no toquéis a mis ungidos”. Dios va a cuidar de nosotros de la misma manera como en el cuidó de ellos. Dios va ser nuestro Protector y nuestro Proveedor. Jesús dijo que la fe siempre ganaría. La fe ha ganado. Nosotros somos los testigos de esta tremenda realidad. La Biblia es la confesión de Dios. Mientras más leo la Biblia, mas es que esta tremenda verdad opaca todo lo demás desde Génesis hasta Apocalipsis. Es una confesión continua de la grandeza de Dios y de la habilidad de Dios, de su amor, y del gran corazón que Dios tiene como Padre Celestial. Jesús, tal y como tú puedes verlo en los cuatro Evangelios, continuamente está realizando confesiones y declaraciones. El es el Gran Pastor; Él es la Luz del mundo. En Juan 10:11 dice lo siguiente, “Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas”. En Juan 8:12 dice, “Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Jesús dijo en Juan 14:6, “ Yo soy el camino, la verdad, y la vida”. En Juan 11:25 dice, “Yo soy la resurrección y la vida”. En Juan 6:35 dice, “Yo soy el pan de vida”. Todas estas son unas confesiones tremendas. En Juan 10:29 dice, “Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre”. La confesión de Jesús lo dirigió directamente hacia el Calvario. En Juan 5:18 dice lo siguiente, “Entonces, por esta causa, los judíos aún más procuraban matarle, porque no sólo violaba el día de reposo, sino que también llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose igual a Dios”. Las valientes confesiones de los hombres a través de todas las edades nos han dado los mártires de la historia. La fe nos da el valor para poder confesar, y la confesión nos da la valentía para poder tener fe y la confesión te alinea, y te establece en el lugar correcto, y establece tu posición. Sabemos lo que tú eres. Si tú permaneces en silencio, no podemos conocer el lugar que ocupas. La confesión sana, o la confesión que mantiene enfermo, y es por medio de tu confesión que eres salvo o que te pierdes. Es por medio de tu confesión que tienes abundancia o que tienes necesidad, y es por medio de tu confesión que eres débil o que eres fuerte. Tú eres lo que tú confiesas con tus labios, y lo que tú crees en tu corazón. Tu confesión de fracaso te ayuda en el medio ambiente del fracaso. La confesión de la habilidad de Dios a favor tuyo te permite salir adelante por encima de todas las cosas.
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    En Proverbios 6:2dice lo siguiente, “si te has enredado con las palabras de tu boca, si con las palabras de tu boca has sido atrapado”. Somos atrapados por medio de nuestra confesión, o somos liberados por medio de las palabras de nuestra confesión. Debes hacer que tu confesión esté en armonía con la Palabra de Dios. Nunca va a poder armonizar con el sentido común. Nunca intentes armonizarlo. El sentido común llama a esto una presunción o un fanatismo, pero Dios lo llama fe y lo honra. En Hebreos 11:1 dice lo siguiente, “Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Dios dice que Su redención es completa, y tú confiesas que es completa, que ha tomado tu lugar, declarándote a ti mismo a través del nombre por el cual Dios te ha declarado, y reconociendo que todo lo que dice la Palabra de Dios es tuyo. Ahora tú debes declarar que todo lo que Dios ha hablado, aplicándola a tu caso que es verdad. En Juan 8:32, 36 dice, “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres....Así que, si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres”. La verdad te va a hacer libre. Tú declaras que a todos aquellos que el hijo de Dios ha hecho libre, ellos son libres verdaderamente, el pecado no puede enseñorearse sobre ti nunca más, y de la misma manera, la enfermedad y los padecimientos no pueden enseñorearse sobre ti. En Romanos 6:14 dice, “Porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotros, pues no estáis bajo la ley sino bajo la gracia”. Las preocupaciones y las ansiedades no pueden enseñorearse sobre ti. El dominio del diablo se ha terminado para siempre. Tú puedes pararte firme en Dios. Muy pocos de nosotros nos hemos podido dar cuenta del poder que tiene la Palabra de Dios en nuestros labios. Jesús dijo en Marcos 16:18 que todos aquellos que creyeren “pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán”. En Juan 14:13 dice lo siguiente, “todo lo que tienen al Padre Celestial en Mi Nombre, eso les daré”. El capítulo tres de Hechos trata con una historia que tiene que ver con el nombre de Jesús en los labios de Pedro. Pero dijo, “míranos... en nombre de Cristo Jesús de Nazaret, ¡camina!” Si tu no usas el nombre de Jesús, el nombre de Jesús no puede hacer nada. Pero si tú comienzas a usar el nombre de Jesús, esto va a ser como cuando el nombre del Padre Celestial estaba en los labios de Jesucristo. En Hechos 4:18–37 se nos recuerda la manera en que el lugar fue sacudido por medio del nombre de Jesús. En el versículo 18 dice, “y los llamaron aparte, y les encargaron que no hablaran ni enseñarán en el nombre de Jesús”. El nombre de Jesús en sus labios había estremecido toda la ciudad de Jerusalén desde sus mismos fundamentos y cimientos. En Hechos 16:16–18 muestra el poder que tenía el nombre de Jesús en los labios de Pablo. Pablo dijo, “yo te ordeno en el nombre de Cristo Jesús que salgas de ella”. Ella fue sanada y liberada. En Juan 15:7 dice, “si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, perdí todo lo que quisieres, yo será hecho”. La Palabra de Dios en tus labios no sólo te hace libre, sino que también libera a los demás. La Palabra de Dios en tus labios sana a los enfermos. La Palabra de Dios en tus labios crea fe en los corazones de aquellos que te escuchan. La Palabra de Dios en tus labios va a cambiar la vida de las personas a medida que ellos escuchan. La misma vida de Dios se encuentra encerrada en esas palabras. La Biblia es la Palabra de Dios. En los labios que están llenos de amor y de fe, cada Palabra de Dios está llena de Su presencia. Nuestra conversación diaria es la gran confesión. Debemos confesar a Cristo Jesús delante de todo el mundo. Debemos confesar la plenitud de la gracia de Dios. Debemos confesar la integridad de la revelación de Dios. Esta primera confesión debe ser Romanos 10:9–10 que dice, “Que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación”. Hemos podido encontrar una
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    redención perfecta, ytenemos que confesar esto ante todo el mundo. En Hechos 10:36 pero dice, “Dios es el Señor de todo lo que existe”. Esta expresión conmueve el corazón Dios es el señor de los tres mundos: el cielo, de la tierra, y del infierno. Toda rodilla se dobla ante Él en el nombre de Jesús. Con mucho gozo es que confesamos el Salmo 23:1 que dice, “el Señor es mi Pastor; nada me faltará”. En Jeremías 16:19 dice, “¡Oh Señor, fuerza mía y fortaleza mía, refugio mío en el día de angustia!” Filipenses 4:13 dice, “Todo lo pueden Cristo que me fortalece”. Yo le digo al mundo: “el Señor Jesucristo es mi Proveedor. El es mi Pastor; nada me faltará”. Existe un peligro muy grave cuando hacemos una confesión equivocada o una afirmación equivocada. Confesamos nuestras dudas y temores. Esto le da dominio al diablo. Confesamos nuestras enfermedades, y esa confesión ata nuestra voluntad como si fuera un cautivo, y nos mantiene en una esclavitud absoluta. Confesamos las necesidades y la falta de dinero, y la necesidad viene con un hombre armado y nos mantiene en ataduras. Confesamos la falta de habilidad, aún cuando encaramos el hecho de que Dios dijo que Él iba a ser la fortaleza de nuestra vida. Todas estas confesiones de fracaso apagan al Padre Celestial, y permiten que el diablo se meta en nuestra vida; le dan al diablo el derecho de meterse en nuestra vida. Todas estas confesiones repudian la Palabra de Dios y al contrario, están honrando al diablo. ¿Qué es lo que deberíamos confesar? En el Salmo 23:1 dice, “el Señor es mi Pastor; nada me faltará”. Tú ya no tienes miedo de nada, y tú debes confesar esto. En Juan 10:29 dice, “Mi Padre Celestial es mayor que todo lo demás”. Estas palabras nos van a poner en prisión, o nos van a hacer completamente libres. Nuestras palabras ponen una atadura en nosotros, y nos apartan de la libertad que nos pertenece en Cristo Jesús. En Malaquías 3:13 dice, “Vuestras palabras han sido duras contra mí- dice el Señor-. Pero decís: “¿Qué hemos hablado contra ti?” Esto sucede con nuestras palabras cada vez que ellas pelean en contra de la Palabra de Dios. Una mujer vino a verme el otro día. Ella dijo, “Sr. Kenyon, yo ya he estado orando, pero no puedo obtener mi liberación”. Sus palabras contradecían lo que dice la Palabra de Dios. La Palabra de Dios dice, “todo lo que pidiereis al Padre, Él se los dará en Mi Nombre”. En Marcos 16:18 dice, “los que creyeren…pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán”. Ella estaba repudiándola; ella estaba negando que la Palabra de Dios sea verdadera. Sus palabras de ella estaban peleando en contra de la Palabra de Dios. Inconscientemente, ella había adoptado una actitud mental que estaba en contra de la Palabra de Dios. Ella no había hecho esto intencionalmente, pero de todas formas lo había hecho. Esa actitud que ya tenía, era la que la estaba manteniendo en esclavitud. A medida que hablé con ella, yo pude ver que ella no estaba aceptando lo que yo estaba diciendo. Cuando oré por ella, ella fue liberada del dolor, pero las quejas no se apartaron de su boca. No existía ningún tipo de confesión de victoria en sus labios. Siempre existe el peligro de tener una aceptación o una confesión mental dentro de uno mismo. La aceptación mental reconoce la verdad de la Palabra de Dios, pero nunca da el paso para actuar basado en ella. Su confesión es algo así: “oh si, existe sanidad de la Palabra de Dios. Existe salvación y liberación en la Palabra de Dios, pero…” Por el otro lado, la fe confiesa gozosamente su victoria. El gozo que contiene es una celebración; es el triunfo total sobre el testimonio de los sentidos. La fe da un sentido de seguridad, de una certeza absoluta, de la quietud, y cuando esto se convierte en confesión, se vuelve una realidad. El corazón debe de estar enraizado y fundamentado en la Palabra de Dios y en el amor. En Hechos 19:20 dice, “Así crecía poderosamente y prevalecía la palabra del Señor”. La fe es simplemente la Palabra de Dios que está prevaleciendo sobre las evidencias de los sentidos. En Hechos 20:32 nos da una ilustración muy contundente. “Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de
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    su gracia, quees poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados”. Es la Palabra de Dios la que establece; es la Palabra de Dios la que edifica. Es la Palabra de Dios, llena de la gracia de Dios, la que edifica fe en el corazón del creyente. La confesión de Jesús requiere de ponerle atención en forma muy cuidadosa. En Juan 5:19–20 dice: aquí se encuentran diez de las declaraciones de Jesús. Cada una de ellas Lo coloca en el nivel de la deidad debe de leer esto muy cuidadosamente. Subraya esto en tu Biblia. En Juan 5:43 dice, “Yo he venido en el nombre de mi Padre”. En Juan 5:46 dice, “si ustedes creyeran en Moisés, ustedes creerían en Mi”. En Juan 6:35 dice, “Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed”. Esta es una confesión tremenda. En Juan 6:47 dice, “todo aquel que cree en Mí tiene vida eterna…Yo soy el pan de vida que descendió del cielo”. En Juan 7:29 dice, “Yo le conozco, porque procedo de El, y El me envió”. En Juan 8:29 dice, “Y El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque siempre hago lo que le agrada”. En Juan 10:10 dice, “Yo he venido para que tengan vida, y para qué la tengan en abundancia”. En Juan 10:30 dice, “el Padre y Yo somos uno solo”. En Juan 11:25 dice, “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en Mí, aunque esté muerto vivirá”. Éstas son algunas de las confesiones de Jesús. ¿Acaso nos atrevemos a confesar lo que somos en Cristo Jesús, y todo aquello que tenemos en Cristo Jesús? ¿Acaso nos atrevemos a confesar Juan 1:16? “Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia”. Hemos recibido la plenitud de Jesucristo, pero no nos ha servido de nada, porque hemos fallado en traducir esto hacia una confesión. Cada creyente sabe que Dios puso todas sus enfermedades en Cristo Jesús; pero él o ella tienen miedo de hacer esta confesión y de actuar basados en la Palabra de Dios. El miedo viene del enemigo. Indica que tenemos más confianza en el enemigo que la que tenemos en la Palabra de Dios. Debemos confesar que lo que Dios dice que es verdad, y entonces, debemos demostrarlo nuestra vida diaria. No existe confesión alguna en la vida de muchas gentes. Existe mucha oración, pero no existe confesión acerca de que la Palabra de Dios es verdad. No es oración lo que muchos necesitan, sino la confesión de la Palabra de Dios. Yo no quiero decir una confesión de pecado. Una mujer dijo recientemente después de que yo había orado por ella y había abierto la Palabra de Dios ante los ojos de ella, “¿tú has seguido orando por mi enfermedad, o no lo has hecho?” La confesión de esta mujer era que la Palabra de Dios era una mentira. Tú tienes que confesar, que tú puedes hacer lo que Dios dice que puedes hacer, y que tú eres lo que la Palabra de Dios dice que eres. Él dice que tú eres una nueva creación de en Cristo Jesús. Él dice que tú eres más que un vencedor; y que tú eres un conquistador. Dios te hizo para que tú fueras un hijo, una hija del Dios Todopoderoso, un heredero o heredera de Dios, y un coheredero o coheredera juntamente con Cristo Jesús. Tú puedes hacer todas las cosas en Cristo Jesús que es tu fortaleza. (Filipenses 4:13). Todo aquello que Dios dice que yo puedo hacer, yo declaro que yo puedo hacerlo. Todo aquello que Dios dice que yo soy, yo declaro que lo soy. Yo hago mi confesión valientemente. Tú haces tú confesión: “Dios es mi Padre Celestial: yo soy Su hijo. Como un hijo en la familia de Dios, estoy tomando el lugar que me corresponde. Estoy actuando en la parte que me corresponde. Yo estoy en
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    Cristo Jesús. CristoJesús está en mi”. Debes recordar que el Padre Celestial va a ser para ti todo aquello que tú confieses que Él es para ti. Si tu oración ha sido contestada, debes mantenerse firme en tu confesión. Si el nombre de Jesús no te ha dado una liberación instantánea, debes mantenerte firme en tu confesión. Si el dinero no llega, debes mantenerte firme en tu confesión. En Lucas 1:37 dice, “Porque ninguna cosa será imposible para Dios”. En Isaías 55:11 dice: la Palabra de Dios debe cumplir la voluntad del Padre Celestial. “Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié”. Existe un peligro en orar, y entonces retractarte de tu oración. Cuando tu oras por alguna necesidad, y declaras que esa necesidad no ha sido suplida, tú has repudiado la oración que acabas de hacer. Pero la oración si es contestada. La Palabra de Dios es real. No anules la Palabra de Dios por medio de una confesión negativa. En Isaías 41:10 dice, “No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia”.
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    18 Don Gossett Lo queno soy Yo no soy ni estoy enfermo, porque, “ mi Señor sana todas mis enfermedades” (Salmo 103:3). Yo no estoy atado por qué “el Hijo de Dios me ha hecho libre” (Juan 8:36). Yo no estoy derrotado por qué “soy más que un vencedor por medio de Cristo Jesús que me amó” (Romanos 8:37). Yo no soy débil porque “el Señor fortalecerá a Su pueblo” (Salmo 29:11). Yo no carezco de poder porque “recibirán poder después de que haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo” (Hechos 1:8). Yo no carezco de paz, dado que “siendo justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). Yo no padezco necesidad de ninguna cosa porque “Porque sol y escudo es el Señor Dios; gracia y gloria da el Señor; nada bueno niega a los que andan en integridad” (Salmo 84:11). Se que yo no soy derrotado por ninguna obra malvada porque “el señor me librará de todo obra mala” (2ª Timoteo 4:18). Yo no le temo a ningún tipo de plagas por qué “No te sucederá ningún mal, ni plaga se acercará a tu morada” (Salmo 91:10). Yo no estoy huyendo del diablo porque yo estoy “ resistiendo al diablo, y él huirá de mi” (Santiago 4:7). Yo no me encuentro todos los días sin avivamiento alguno porque “Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros” (Romanos 8:11). Yo no puedo ser encadenado por el pecado, por los demonios, o por el temor porque “tu Dios a quien sirves con perseverancia, Él te librará” (Daniel 6:16). Yo no me encuentro en una batalla perdida porque “El Señor peleará por vosotros mientras vosotros os quedáis callados” (Éxodo 14:14). Yo no me encuentro falto de gozo porque, “ el gozo de Jesús está en mí, y Su gozo es hecho perfecto en mi” (Juan 15:11). Yo no puedo dejar de ver a Dios porque, “Bienaventurado son los de corazón puro, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8). Yo no soy oprimido por los cuidados este mundo, por las dificultades y los problemas porque, yo estoy, “echando todas mis preocupaciones sobre Cristo Jesús, porque Él cuida de mí” (1ª Pedro 5:7).
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    19 E. W. Kenyon Laconfesión equivocada Un enemigo muy desesperado y que es muy persistente es la confesión equivocada. ¿Qué es lo que quiero decir al mencionar confesión equivocada? Tú sabes que el cristianismo en verdad es la gran confesión. En Romanos 10:9 dice, “Que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo”. Tú debes notar que esta es una confesión aquí mismo, con tus propios labios. (Cada vez que se usa la palabra “confesión”, inconscientemente tenemos la costumbre de pensar en pecado. Esto no es una confesión de pecado. Esta es una confesión del conocimiento que tenemos de que el Hijo de Dios murió por nuestros pecados, de acuerdo a la Palabra de Dios, y que al tercer día resucitó de entre los muertos). Ahora, con mi boca yo hago la confesión acerca del señorío que levantó el Señor Jesucristo. Yo no sólo hago esto, sino que también con mi corazón he aceptado Su justicia y he confesado mi salvación. Como tú puedes ver no existe tal cosa como la salvación sin la confesión. Por lo tanto en Hebreos 3:1 es muy claro lo que dice, “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad a Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe”. Como tú puedes ver, el cristianismo es nuestra confesión. En Hebreos 4:14 Dios dice, “ mantengamos firme nuestra confesión”. ¿Cuál es nuestra confesión? Es que, Dios es nuestro Padre Celestial, nosotros somos Sus hijos, y somos parte de Su familia. Es una confesión, el hecho de que nuestro Padre Celestial conoce nuestras necesidades, y ya ha hecho provisión para suplir cada una de ellas. Es una confesión acerca de la obra terminada de Cristo Jesús, de lo que yo soy en Él, y de lo que Él es en mí. Es una confesión el hecho de decir que “más grande es Aquel que está en mí, que aquel que está en el mundo”. Es mi confesión que Dios suple todas mis necesidades de acuerdo a sus riquezas en gloria. Es mi confesión que cuando oro, el Padre Celestial escucha mi oración y me contesta. Esta es una confesión múltiple. Si yo estuviera enfermo, yo mantendría mi confesión acerca de que “por las llagas de Cristo Jesús yo soy sanado”. Si yo me encontraba débil, yo insistiría en seguir confesando de que Dios ahora mismo es “la fuerza de mi vida”, y que puedo hacer todas las cosas en Cristo Jesús, Quien me da la capacidad a través de Su propia capacidad. Si se trata de un problema de sabiduría, yo confieso que Jesús ha sido hecho para mí sabiduría de parte de Dios. Estas son algunas cosas que no se deben hacer No debes tratar de creer, sólo debes actuar basado en la Palabra de Dios. No debes tener una doble confesión, de tal manera que en un momento tú confiesas, “si, Dios escuchó mi oración y yo soy sanado”, o “voy a obtener ese dinero”, y entonces, empezar a cuestionar cómo es que esto va a suceder, y que es lo que tú debes hacer para poder obtenerlo. Tu última confesión destruyó tu oración y destruyó tu fe. No debes confiar en la fe de otras gentes—debes tener tu propia fe.
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    Debes tener tupropia creencia. Debes tener tu propia fe de la misma manera como tienes tu propia ropa. Debes actuar en la Palabra de Dios por ti mismo. No debes hablar dudas o incredulidades. Nunca debes admitir que tú eres un “Tomás dudoso”, porque esto es un insulto para tu Padre Celestial. No debes hablar de enfermedades y padecimientos. Nunca debes hablar acerca de los fracasos, sino que debes hablar acerca de la Palabra de Dios, Su absoluta integridad, y acerca de la confianza declarada que tienes en ella; acerca de tu habilidad para poder actuar en la Palabra de Dios; y para poder mantenerte firme en la confesión de Su verdad.
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    20 Don Gossett Lo quepuedes hacer El secreto de este mensaje es confesar en voz alta cada afirmación. Debes hacer las afirmaciones en forma que sean algo personal para tu propia vida. Entonces, tú te vas a convertir en uno de los instrumentos “usados” por Dios, y en ese cristiano indomable que siempre llega a realizar cosas…a través de Cristo Jesús que habita dentro de ti. “Todo lo pueden Cristo Jesús que me fortalece” (Filipenses 4:13). La Biblia es la Palabra de Dios, y cuando Dios dice una cosa, Él es muy serio acerca de ello. ¡Yo puedo hacer todo aquello que Dios dice que puedo hacer! Jesús dijo, “en Mi Nombre echarán fuera demonios… pondrán las manos sobre los enfermos y esto sanarán” Marcos 16:17–18. ¡Yo puedo hacer eso! En el nombre de Jesús yo puede echar fuera demonios, y puedo ministrar sanidad a los enfermos. En el Salmo 37:4 dice, “pon tu delicia en Jehová, y Él te dará los deseos de tu corazón”. Yo pudo tener los deseos de mi corazón, ¡porque yo me estoy deleitando en el Señor Jesucristo! En Hechos 1:8 dice, “recibirán poder cuando haya venido sobre ustedes el Espíritu Santo, y me seréis testigos”. Yo puedo testificar con poder, ¡porque yo tengo el Espíritu Santo en mi vida! En Isaías 53:5 dice, “por las llagas de Jesús somos sanados”. Yo puedo poseer sanidad y salud ¡porque por medio de las llagas de Jesucristo yo he sido sanado! En Juan 13:34 dice, “ámense los unos a los otros, de la misma forma como Yo los he amado”. Yo puedo amar a otros de la misma manera como Jesús me amó, ¡porque el amor de Jesús ha sido derramado en mi corazón y yo puedo amar con Su amor! En 1ª Corintios 1:30 dice, “Cristo Jesús ha sido hecho para nosotros sabiduría de Dios”. Yo puedo tener sabiduría divina en cada crisis, porque Cristo Jesús mismo es mi misma sabiduría. En Proverbios 28:1 dice, “los justos son valientes como leones”. Yo puedo ser tan valiente como un león, porque yo he sido hecho justo con la justicia de Cristo Jesús (Romanos 10:10, 2ª Corintios 5:21). En Daniel 11:32 dice, “mas el pueblo que conoce a sus Dios mostrará fuerte y actuará”. Yo puedo hacer grandes obras, ¡porque yo conozco a mi Dios, quien me fortalece! En 2ª Pedro 1:3 dice, “Pues su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia”. Yo puedo disfrutar todas las cosas que pertenecen tanto a la vida como la piedad, ¡y yo puedo hacer todas las cosas por medio de Cristo Jesús que me fortalece!
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    21 E. W. Kenyon Todoaquello que confieso, lo poseo Me tomó un largo tiempo poder ver esta verdad. Después de que pude verla, y aun cuando pensé que ya la entendía, aún así, yo no me decidía a actuar en ella. El cristianismo es llamado “la gran confesión”. La ley de la confesión es que yo confieso que yo tengo una cosa, antes de que la posea conscientemente. En Romanos 10:9–10 te da la ley para poder entrar al medio ambiente de la fe. “Que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación”. Como puedes ver, con el corazón, el hombre cree que Cristo Jesús es su justicia, y con sus labios, el hombre realiza la confesión de su salvación. Tú puedes notar que la confesión de los labios viene antes de que Dios actúe en nuestro espíritu, y vuelva a crearlo de nuevo. Yo digo, “Jesucristo murió por mis pecados de acuerdo a la Palabra de Dios, y ahora yo reconozco que Jesús es mi Señor”, y yo se que en el instante en que yo reconozca a Cristo Jesús como mi Señor, yo tengo vida eterna. Yo no puedo tener vida eterna hasta que yo no confiese que la tengo. Yo confieso que tengo salvación antes de que Dios actúe y me haga una nueva creación. Lo mismo es verdad con relación a la sanidad. Yo confieso que “por las llagas de Cristo Jesús yo he sido sanado”, y aún cuando la enfermedad todavía esté mi cuerpo. Yo digo, “ciertamente Cristo Jesús llevó mis enfermedades y sufrió mis dolencias, y he venido a apreciarlo como Aquel que fue golpeado, herido de Dios con mis enfermedades, y ahora yo se que por las llagas de Cristo Jesús yo he sido sanado”. Yo hago la confesión de que “por las llagas de Cristo Jesús yo he sido sanado”; la enfermedad y todos sus síntomas tal vez no abandonen mi cuerpo en forma instantánea, pero yo me mantengo firme en mi confesión. Yo sé que lo que Dios ha dicho, Él es capaz de realizarlo. Yo sé que yo he sido sanado, porque Dios ha dicho que yo he sido sanado, y no hace ninguna diferencia, el hecho de que los síntomas todavía estén en mi cuerpo. Yo me río de ellos, y en el nombre de Jesús, yo le ordeno al autor de las enfermedades que se salga de mi cuerpo. El ya ha sido derrotado, y yo soy un vencedor. Yo he aprendido esta ley, que cuando yo confieso valientemente, entonces, y sólo entonces, es que yo llego a poseerlo. Yo hago que mis labios hagan el trabajo que les corresponde. Yo le doy a la Palabra de Dios el lugar que merece. Dios ha hablado, y yo me alineo con la Palabra de Dios. Si yo me alineo con las enfermedades y con los dolores, entonces no va a haber sanidad para mí. Pero yo he decidido alinearme con la Palabra de Dios, y yo repudió toda enfermedad y toda dolencia. Mi confesión me da la posesión. Yo quiero que tú tomes nota de este hecho, de que la fe es gobernada por nuestra confesión. Si yo digo que alguien ha orado por mi, y que estoy esperando que Dios me sane, entonces, yo he repudiado mi sanidad. Mi confesión debería ser así: la Palabra de Dios declara que yo he sido sanado, yo le doy gracias al Padre Celestial por ello, yo Lo alabo por ello, porque esto es un hecho consumado. Debes
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    recordar que Filipenses4:6–7 dice lo siguiente, “Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús”. ¿Por qué es que la oración debe ser hecha con acción de gracias? Esto significa que yo se que ese asunto ya ha sido hecho. Yo pido por ello y ahora ya lo tengo, por lo tanto, le doy gracias al Padre Celestial por ello. En el versículo siete dice, “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará mi corazón y mi mente en Cristo Jesús”. Yo jamás me preocupo. Yo ya lo tengo. Yo no voy a obtener el dinero que necesito…yo ya lo tengo. Es tan real como si estuviera físicamente en mi bolsillo. Yo no voy a obtener mi sanidad…yo ya tengo mi sanidad, porque yo tengo la Palabra de Dios, y mi corazón está lleno con excitación. Su confesión resuelve todo el problema. Una confesión equivocada impide que el Espíritu Santo pueda trabajar en tu cuerpo. Una confesión neutral se traduce en incredulidad. Es tan mala como una confesión negativa. Es la confesión clara y positiva la que obtiene la victoria. “Yo sé en quién ha creído”. “Yo se que todas las palabras de Dios se van a cumplir”. “Yo sé que Dios hace que Su Palabra se cumpla”. Estas son las confesiones de un vencedor. Quiero que Notes varios puntos acerca de la relación que tiene la confesión con la fe. Tu confesión es tu fe. Si tienes una confesión neutral, entonces, tienes una fe neutral, y si tienes una confesión negativa, entonces, la incredulidad está dominando tu espíritu. La incredulidad crece con una confesión negativa. Una confesión de fracaso coloca al fracaso en el trono. Si yo confieso debilidad, la debilidad me domina. Si yo confieso mi enfermedad, yo me mantengo atado por ella. Todas estas confesiones negativas reconocen que el diablo tiene dominio por encima del tabernáculo de Dios. El espíritu siempre responde a tu confesión. La fe no es producto de las habilidades de razonamiento, sino del espíritu regenerado. Cundo tú naciste de nuevo, tú recibiste la naturaleza del Padre Dios. Esta naturaleza crece dentro de ti a medida que actúas en la Palabra de Dios, y a medida que confiesas el dominio perfecto que el Padre Celestial tiene en tu cuerpo, esto hace que tu espíritu crezca en gracia y en habilidad. Tú debes recordar que tu confesión es la actitud que tienes presente hacia el Padre Celestial. En alguna prueba especial que pueda llegar a tu vida, tu confesión va a encontrarse en el ámbito de la fe o en el ámbito de la incredulidad. Tu confesión va a honrar al Padre Celestial o va a honrar al diablo… va a darle al diablo dominio sobre tu vida, o va a darle a la Palabra de Dios dominio sobre tu vida. Ahora tú ya puedes ver el valor que tiene el mantenerse firme a tu confesión. Tu confesión te convierte en un conquistador o te da la derrota. Tú te levantas o tú te caes de acuerdo al nivel de tu confesión. Debes aprender a mantenerte firme en tu confesión cuando te encuentres en lugares difíciles. En Juan 8:36 dice, “si el Hijo de Dios os libertareis, seréis verdaderamente libres”. El hijo de Dios ya te ha hecho libre, y ahora tú debes mantenerte firme en esa libertad. En Gálatas 5:1 dice algo que es de vital importancia para todo creyente. “Para libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud”. El tiempo correcto para hacer tu confesión y declaración es en el momento cuando el diablo te ataca. Tú sientes el dolor penetrando tu cuerpo. Tú lo repudias. Tú le ordenas que se vaya en el nombre de Jesús.
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    En Romanos 8:31–37dice, “Si Dios es por nosotros, ¿quien contra nosotros?” El Padre Celestial está de tu lado. La enfermedad no puede conquistarte, y tampoco puede hacerlo el autor de las enfermedades. Las circunstancias no pueden enseñorearse sobre ti, porque el Padre Celestial y Cristo Jesús son mucho más grandes que cualquier circunstancia. Tú has aprendido que en cualquier circunstancia o condición en que te encuentres, puedes regocijarte en tu victoria continua. Tú sabes que lo que dice 1ª Juan 4:4 es verdad “Hijos míos, vosotros sois de Dios y los habéis vencido, porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo”. Debes notar quién eres tú. “Tú eres de Dios”. “Tú has nacido de Dios”. “Tú eres producto de Dios, y a través Su voluntad divina, Él te ha sacado por medio de Su Palabra”. El resto del versículo dice lo siguiente, “porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo”. “Porque Dios es el que obra en ustedes el creer como el hacer, de acuerdo a Su buena voluntad”. Filipenses 2:13 ha sido mi victoria muchas, muchas veces. Ahora vamos a volver a Romanos 8:11, que dice, “Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros”. Tú debes reconocer este hecho. Todo te pertenece por medio de la confesión, o todo lo pierdes por medio de una confesión negativa. Tú puedes obtener las mejores cosas de Dios por medio de confesar que tú ya las tienes. El secreto de la fe es el secreto de la confesión. La fe sostiene la confesión que contiene la cosa que deseas, antes de que de hecho la poseas. La fe basada en el conocimiento de los sentidos dominados por la fe confiesa que ha sido sanado hasta el momento en que el dolor se va y la inflamación cede. No existe fe alguna en esto. La fe declara que tú has sido sanado, aún mientras el dolor está martirizando tu cuerpo. Permíteme afirmarlo una nueva vez, que la posesión viene con la confesión. La posesión se mantiene con una confesión continua. Tú confiesas que lo tienes, y tu le das gracias al Padre Celestial por ello…y entonces viene la realización. Debes recordar que la confesión conjuntamente con la acción de gracias siempre trae realización. La confesión es la melodía de la fe. La confesión en frente de la realización es la tontería para el sentido común. La fe de Abrahán era contraria a la evidencia de los sentidos. Él se mantuvo firme, dándole gloria a Dios, y sabiendo que todo aquello que Dios había prometido, Dios lo cumpliría. El sentido común no tiene verdadera fe en la Palabra de Dios. En Juan 17:23 dice, “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que tú me enviaste, y que los amaste tal como me has amado a mí”.
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    22 Don Gossett Cosas buenaspara mí en Cristo Jesús Y ruego que la comunión de tu fe llegue a ser eficaz por el conocimiento de todo lo bueno que hay en vosotros mediante Cristo. —Filemón 6 Dios me ha mostrado en este versículo un gran secreto de la fe: mi fe se convierte en algo efectivo (obtiene cosas de parte de Dios), por medio de mi reconocimiento de cada cosa buena que está en mi en Cristo Jesús. Reconocer es confesar o afirmar las cosas buenas que están en mí en Cristo Jesús. Esto va en armonía con lo que dice en Romanos 10:10—“Todo aquello que yo confieso lo poseo”. Todas estas cosas buenas que yo reconozco que están dentro de mi, y no son mis propias realizaciones, pero es todo aquello que yo tengo “en Cristo Jesús”. “Yo poseo todas las cosas en Cristo Jesús”. “De la plenitud de Cristo Jesús es que he recibido todo”. Uno de los engaños más sutiles del enemigo, el cual yo jamás he ignorado, a menos que él tome ventaja de mí, es hacerme poner mi atención en mis pecados pasados, en mis fracasos, en mis debilidades y en mis errores. Yo resisto al diablo, y él huye de mi, porque “así dice el Señor”. Mi fe está ardiente, por medio de reconocer todas las cosas buenas que hay dentro de mi en Cristo Jesús. Consiste en reconocer todas las posesiones que tengo en Cristo Jesús. ¿Qué es lo que voy a reconocer? Que yo soy quien Dios dice que soy. Yo tengo lo que Dios dice que tengo. ¡Que yo puedo hacer todo aquello que Dios dice que puedo hacer! Yo sé que yo voy a estar en el nivel de mi confesión. Si mi confesión es negativa, reconociendo sólo las cosas malas, en lugar de reconocer las “cosas buenas que hay en mí en Cristo Jesús”, yo voy a ir al nivel de la derrota, del fracaso, de la debilidad y de las necesidades. ¡Yo rehúso hacer tal cosa! Yo voy a reconocer las cosas buenas que poseo en Cristo Jesús, y por lo tanto, mi fe es dinámica, efectiva, ardiente, ¡y obtiene cosas de Dios! ¡Yo ahora poseo una fe efectiva, por medio de reconocer todas las cosas buenas que hay en mí en Cristo Jesús! ¡Aleluya!
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    23 E. W. Kenyon Algunoshechos acerca de las afirmaciones Una afirmación es una declaración de un hecho, o de un hecho supuesto. La fe y la incredulidad son edificadas a base de afirmaciones. La afirmación de una duda edifica incredulidad. La afirmación de fe edifica fortaleza para poder creer aún más. Cuando tú afirmas que la Palabra de Dios no puede ser quebrantada, y afirmas que la Palabra de Dios y Dios Mismo son uno solo, y que cuando tú estás confiando en la Palabra de Dios, tú estás confiando en Dios el Padre Celestial. Tú le afirmas a tu propio corazón, que detrás de la Palabra de Dios se encuentra el trono de Dios, y que la integridad de Dios está entrelazada con los patrones de Su Palabra. Abraham estaba seguro que Dios era capaz de hacer todas las cosas buenas que había prometido. Dios cumplió sus promesas a Abraham. La cosa más asombrosa es que Dios tomó a un hombre de 100 años de edad y renovó su cuerpo, convirtiéndolo en un joven nuevamente. Dios tomó a una mujer de 90 años de edad y la hizo tan joven, tan hermosa, y tan atractiva, que un rey se enamoró de ella. Ella dio a luz a un niño maravilloso después que había cumplido noventa años de edad. No fue la fe de Sara; fue la fe de Abrahán que convirtió a esta mujer en una dama mucho más joven. La duda había sido parte de su propia vida. Ella declaró en voz alta su incredulidad en una afirmación, y el ángel escuchó y la reprendió por ello (Génesis 18:12). Ella se retiró de allí llena de temor a causa del ángel, de la misma manera como la incredulidad nos obliga a retirarnos y a apartarnos Cuando tú afirmas continuamente que “Jesús es la Seguridad del Nuevo Pacto” y que cada palabra que va desde el libro de Mateo hasta el libro del Apocalipsis pueden ser declaradas, entonces esas palabras en tus labios se convierten en Dios mismo hablándolas. Cuando tú dices lo que Dios te ha dicho que digas, entonces es como si Jesucristo Mismo lo estuviera diciendo. Cuando tú recuerdas que la Palabra de Dios nunca envejece, nunca se debilita, nunca pierde su poder, pero al contrario, siempre es la Palabra Viviente, la Palabra Declaradora de Vida, y tú la confiesas valientemente, entonces se convierte en una cosa viviente en sus propios labios. Cuando tú confiesas que el diablo no tiene habilidad alguna para romper el sello de la sangre de Cristo Jesús, y que “por la sangre de Cristo Jesús ellos vencieron al enemigo, y por la palabra de su testimonio”, tú obtienes el predominio. Cuando tú afirmas abiertamente que la Palabra de Dios es lo que confiesa ser, la Palabra de Dios, y que esta Palabra de Dios es tu contrato, y tu contrato con Dios, entonces la Palabra de Dios se convierte en una realidad viviente en tu vida diaria. Tus palabras se pueden convertir en una sola conjuntamente con la Palabra de Dios. La Palabra de Dios se puede convertir en una sola juntamente con tus palabras. Es la Palabra de Dios habitando en ti, lo que te da la autoridad en el cielo. Esto es un hecho fascinante. En Juan 15:7 dice, “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho”. Las palabras que están en tus labios son las palabras que habitan dentro de ti
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    y que dominantu vida. La Palabra Visible de Dios da fe a la Palabra Invisible está sentada a la diestra de Dios. La Palabra de Dios que tienes en tus manos va mucho más allá del sentido del conocimiento común, hacia la misma presencia de Dios, y te otorga lugar ante la presencia de Dios. Afirmaciones correctas y afirmaciones equivocadas Continuamente estamos afirmando algo, y esas afirmaciones, así como las reacciones de estas afirmaciones en nuestras vidas, algunas veces se convierte en algo muy desastroso. Tú sabes los efectos que las palabras de tus seres queridos tienen sobre ti, y de la misma manera el efecto que sus palabras tienen sobre ti mismo es igualmente fuerte. Tú dices continuamente, “bueno, no puedo hacer esto. Simplemente no puedo hacerlo. No tengo la fuerza para hacerlo”, y tú vas a sentir tu energía física y tu eficiencia mental saliendo de ti, y dejándote en un estado de debilidad, lleno de indecisión y dudas, y toda tú eficiencia se ha ido. Como puedes ver, una afirmación es la expresión de tu fe: ya sea que tengamos fe en nosotros mismos, en los seres queridos, en la Biblia o en el Autor de la Biblia; o ya sea que tengamos fe en la enfermedad, en el fracaso, y las debilidades. Algunas personas siempre están confesando las enfermedades, su fe en el fracaso y en las calamidades. Los vas escuchar confesando que sus hijos son desobedientes, y que su esposo o esposa no están haciendo lo que deben hacer. Ellos continuamente están confesando el fracaso de las dudas. Ello no se dan cuenta que esa confesión les roba toda su habilidad y toda su eficiencia. Ellos no se dan cuenta que esa confesión puede transformar un camino sólido y maduro hacia un camino lleno de obstáculos, problemas y calamidades, pero esto es cierto. La confesión de las debilidades te va a cegar y te va a mantener en cautiverio. Si hablas acerca de la pobreza tú vas a tener plenitud de ella. Si confiesas sus necesidades, la falta de dinero todo el tiempo, tú siempre vas a tener necesidades. Tu confesión y la expresión de tu fe, y estas confesiones de necesidades o de enfermedades hacen que el Padre Celestial se vaya de tu vida, y permiten que el diablo entre, dándole derecho a tu vida. Las confesiones del fracaso le dan a la enfermedad y al fracaso dominio sobre tu vida. Ellas honran al diablo y le roban a Dios Su gloria. A continuación vas a ver algunas confesiones buenas: “el Señor es mi Pastor, nada me faltará”. Tú puedes decir esto aún encarando las circunstancias de que las necesidades han sido quienes se han enseñoreado de ti. Un nuevo dueño ha conquistado este reino, y al principio sólo te atreves a murmurarlo muy suavemente, “el Señor es mi Pastor”, pero entonces lo repites un poquito más fuerte; tú sigues repitiéndolo hasta que esto llega a dominar completamente. Cuando esto se convierte en una verdad en tu vida, tú nunca vas a volver a decir jamás, “yo necesito”, o “yo quiero”, sino que tú estarás diciendo, “yo tengo”. “Todo aquel que cree, lo tiene”. Creer es tener. Aquí es donde tú moras, “mi Padre Celestial es más grande que todo”. ¡Qué tremenda confesión es esto! Mi Padre Celestial es más grande que lo que quiero, es más grande que las enfermedades, es más grande que las debilidades, es más grande que cualquier tipo de enemigo que pueda levantarse en contra de mí. Entonces tu declaras en voz alta con confianza deliberada, “Dios es la fortaleza de mi vida, ¿de quién temeré?” Dios es mi fortaleza. ¿Qué tanta fortaleza tengo? Dios es la medida de mi fortaleza. Existen dos tipos de afirmaciones y quiero que tú notes. En primer lugar, existe la afirmación que no tiene nada detrás de ella para respaldarla, más que mi propia voluntad para hacer que esto se realice. Ésta está basada en una filosofía del conocimiento del sentido común. Éste conocimiento del sentido común es producto de mi propia mente. Si tiene que ver con relación al pecado, yo niego la existencia de ello. Si tiene que ver con relación a la enfermedad, yo niego que la enfermedad tenga cualquier
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    existencia. Podemos verlomuy claramente en la Ciencia Cristiana. Si se trata de un problema donde no podemos tener los recursos financieros, yo afirmo con todas mis fuerzas que tengo la habilidad para hacerlo. Todo lo que tengo que hacer para que se realicen estas afirmaciones es algo con relación a lo que yo soy, a lo que yo tengo, o a mí mismo. La Palabra de Dios no tiene lugar alguno en este tipo de afirmaciones. Yo no puedo decir que soy más grande que las enfermedades, que soy más grande que las obligaciones que están presionándome, por consecuencia, mi afirmación se convierte en un fracaso. El segundo tipo de afirmación está basada en la Palabra de Dios. La Palabra de Dios dice, “si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” Que yo se que Dios está a mi favor. Yo se que esta enfermedad que fue puesta sobre mí ha sido derrotada, y que de hecho fue puesta sobre Cristo Jesús, porque “por las llagas de Cristo Jesús he sido sanado”. Esta afirmación está basada en la Palabra de Dios, que es la Palabra que vive y permanece y no puede ser derrotada. Jesús dijo, “el cielo y la tierra pasará, pero mi palabra no pasará”. Tú puedes ver la vasta diferencia que hay entre una afirmación que está basada en tu propia voluntad, o tu propia filosofía, y una afirmación que está basada en Dios mismo. Las afirmaciones que están basados en la filosofía del sentido común no tienen valor ni habilidad para realizar algo más de lo que se encuentre en la voluntad y en la mente del creador de esa afirmación. Pero la afirmación que está basada en la Palabra Viva de Dios tiene a Dios mismo como respaldo para poder realizarla. Algunas cosas que no tiene nada que ver con la fe “Estar reclamando las promesas” no es fe. La fe ya lo posee. “Estar reclamando” prueba que uno todavía no lo posee. Esto sólo es mi incredulidad intentando actuar como si fuera fe. La fe dice, “gracias Padre Celestial”. La fe ya lo posee. La fe ha llegado. La fe detiene la oración y comienza la alabanza. Pero debes notar muy cuidadosamente que las dudas dicen, “yo reclamo las promesas”. “Yo estoy parado en las promesas”. Este es el lenguaje de la duda. La incredulidad refiere la Palabra de Dios, pero nunca actúa basado en ella. Llamamos a esto aprobación mental. Yo puedo recordar en aquellos primeros días como teníamos la costumbre de “orar las promesas, y después reclamarlas como nuestras”. No teníamos idea de que nuestro mismo lenguaje estaba sazonado con incredulidad. Puedes ver que creer es simplemente actuar en la Palabra de Dios. Actuamos en la Palabra de Dios de la misma manera como lo haríamos basados en la palabra de un ser querido. Actuamos en la Palabra de Dios, porque sabemos que es verdadera. No estamos tratando de creerla. No estamos orando por fe, simplemente estamos actuando en ello. Una persona me dijo el otro día, “estoy tratando de hacer que la Palabra de Dios sea verdad”. Yo le dije, “no se porque tú necesitas hacer eso, puesto que siempre ha sido verdadera”. La gente no conoce la Palabra de Dios hasta que ellos comienzan a practicarla, y le permiten que viva en ellos. Tal vez han estado centrados por años, aprendiendo bajo uno de los más prestigiados maestros o predicadores en este país, pero la Palabra de Dios nunca se ha convertido en parte de su vida. El secreto de la fe es usar la Palabra de Dios en tu vida diaria. La Palabra de Dios habita en ti, y capacita a Dios para que pueda expresarse a Sí Mismo a través de ti. Tú alcanzas a la Vid de la vida para obtener sabiduría, amor, y
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    habilidad. Tú nuncate vas a encontrar falto de recursos. La Palabra de Dios es el Maestro Mismo hablando. Cuando tú actúas basado en la Palabra de Dios, tú estás actuando en unísono con Dios. Tú y Él están levantando la carga juntos. El está en una misma comunión contigo, compartiendo contigo. Tú estás compartiendo la habilidad y la fuerza de Dios. Ahora tu ya puedes entender que todo lo que hace la fe es actuar basada en la Palabra de Dios. Hemos terminado con todas las fórmulas que tienen que ver con el sentido común. Ahora estamos caminando con Dios, dándonos cuenta que Su habilidad se ha convertido en nuestra habilidad.
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    24 Don Gossett Palabras queobran milagros El que ofrece sacrificio de acción de gracias me honra; y al que ordena bien su camino, le mostraré la salvación de Dios. —Salmo 50:23 Las palabras de alabanza glorifican al Señor! Yo me voy a convertir en un valiente adorador: uno que siempre alaba al Señor. Mi decisión es: “bendeciré al señor en todo tiempo; su alabanza estará siempre en mi boca” (Salmo 34:1). Como adorador, yo exalto al Señor, no tanto por los dones que yo recibo de que Él, ¡sino por el Maravilloso Dador Él Mismo! Las palabras que son habladas en armonía con la Palabra de Dios obran milagros también. Debo poner en orden mi conversación. Siempre debo de “No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan” (Efesios 4:29). Las palabras que confiesan la Palabra de Dios, de hecho obran milagros. Mi confesión siempre precede a mi posesión. La palabra “confesión” significa decir la misma cosa. Yo me atrevo a decir exactamente lo que Dios dice en su palabra. Yo me pongo de acuerdo con Dios por medio de hablar Su Palabra en todas las circunstancias. ¿Cómo es que yo puedo: Declarar enfermedad, cuando la Biblia dice, “por las llagas de Cristo Jesús hemos ido sanados” (Isaías 53:5)? Declarar debilidad, cuando la Biblia dice, “el señor es la fortaleza de mi vida” (Salmo 27:1)? Declarar derrota, cuando la Biblia dice, “somos más que vencedores en Cristo Jesús” (Romanos 8:37)? Declarar necesidad, cuando la Biblia dice, mi Dios pues suplirá todo lo que les falta” (Filipenses 4:19)? Declarar ataduras, cuando la Biblia dice, el Hijo de Dios me ha hecho libre” (Juan 8:36)? Cuando yo ordeno mis palabras correctamente, Dios me manifiesta los beneficios de Su gran salvación. “Con la boca confesamos para salvación” Romanos 10:10. Con mi boca yo hago confesión para salvación, la cual incluye sanidad, liberación y toda bendición espiritual y física que me ha sido provista por Cristo Jesús. Por medio de las palabras es que yo derrotó al diablo (Apocalipsis 12:11). Yo también sé que las palabras pueden provocar problemas. La mayoría de nuestros problemas han sido originados por nuestra lengua (Proverbios 21:23). Una confesión negativa precede a la posesión de las cosas equivocadas (Proverbios 6:2). Con la confesión de la boca podemos darle entrada a la enfermedad, la derrota, las ataduras, las debilidades, las necesidades y el fracaso. Yo rehúso tener una
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    mala confesión enmi boca. Mis palabras obran maravillas. Palabras de alabanza. Palabras que se confiesan la Palabra de Dios. Palabras de autoridad valiente echando fuera todos los poderes satánicos. Palabras de cánticos sí, las palabras son las “monedas del reino”. ¡Yo hablo valientemente palabras que obran milagros!
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    25 E. W. Kenyon Elvalor de la confesión Es necesario que exista una confesión continua de nuestra redención del dominio del diablo, y acerca del hecho que ya no nos gobierna con la condenación, ni con el miedo de las enfermedades. Nos mantenemos firmes a esta confesión, porque nuestra confesión es la derrota del diablo. Nosotros como creyentes no pedimos ser sanados, porque ya hemos ido sanados. No pedimos ser hechos justos, porque ya hemos sido hechos justos. No pedimos ser redimidos, porque nuestra redención es un hecho absoluto. En la mente del Padre Celestial, estamos perfectamente sanos, y perfectamente libres de todo pecado, porque Dios puso todas nuestras enfermedades y todos nuestros pecados sobre Su Hijo Jesucristo. Su Hijo Jesucristo fue hecho pecado con nuestros pecados. Él fue hecho enfermedad con nuestras enfermedades. En la mente de Cristo, estamos perfectamente sanos, porque Jesucristo puede recordar cuando Él fue hecho pecado por nuestros pecados. El recuerda cuando Él se llevó nuestros pecados y nuestras enfermedades. En la mente del Espíritu Santo nosotros estamos completamente libres de ambas, porque el que Espíritu Santo recuerda cuando Cristo fue hecho pecado y cuando llevó todas nuestras enfermedades. El Espíritu Santo recuerda cuando levantó a Jesucristo de entre los muertos. Cristo Jesús fue liberado de todas nuestras enfermedades y de todo nuestro pecado. Ambos ya habían sido echados fuera antes de la resurrección de Cristo Jesús. La Palabra de Dios declara que “por las llagas de Cristo Jesús hemos sido sanados”. Todo el problema consiste en que tenemos que reconocer la verdad absoluta de la Palabra de Dios. No son buenos modales pedirle a Dios que nos sane, porque Él ya lo ha hecho. Esta verdad me impactó cuando la miré por primera vez. El declaró que ya hemos ido sanados, por lo tanto ya lo somos. El único problema que tenemos ahora es colocarnos en perfecta armonía con la Palabra de Dios. Si nos declara que ya hemos ido sanados, entonces, nuestra parte es darle gracias por esta obra que Él ya ha realizado. Nuestra confesión nos aprisiona o nos libera. Una confesión fuerte que va acompañada con la acción correspondiente que se basa en la Palabra de Dios, pone a Dios en acción en nuestro escenario. Mantenerse firme a la confesión que uno ha hecho, cuando los sentidos están contradiciendo, esto muestra que uno se ha establecido en la Palabra de Dios. Una confesión inspirada por el diablo siempre es peligrosa. Debes recordar que él fue el que trajo esa enfermedad y la colocó sobre ti. Cuando tú reconoces la enfermedad es como firmar por un paquete que la compañía de entregas ha dejado en tu puerta. Entonces, el diablo tiene el recibo firmado por la enfermedad. Tú lo has aceptado. “Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades y cargó con nuestros padecimientos” es el recibo de Dios para nuestra perfecta sanidad. Una confesión positiva domina las circunstancias, mientras que una confesión vacilante permite que las circunstancias lo gobiernan a uno. Tú confesión es lo que Dios dice acerca de tu enfermedad. Una confesión negativa va a hacer que la enfermedad se vuelva más fuerte. Luego entonces, tú confesión te sana o te mantiene enfermo. La confesión de tus labios debería tener la aprobación de todo tu corazón.
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    26 Don Gossett Tú eresun hombre de fe, una mujer de fe Tú puedes ser valiente en tu vida cristiana por medio de saber qué es un hombre de fe, una mujer de fe. Que bendición es poder conocer con certeza que, no importa como te sientas, Dios dice que la fe es algo que tú ya tienes. ¡Es un regalo de Él! Nunca te llames a ti mismo Tomás el dudoso. No fueron las dudas de Tomás las que honraron al Señor. Fue la fe de aquellos que vieron a Jesús en Su Palabra, lo que trajo su dedicación y la respuesta divina. Si tú hablas acerca de ser un Tomás dudoso, entonces tú estás cerrando la puerta a las provisiones que Dios tiene para ti en Cristo Jesús. “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17). “Pues todos sois hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3:26). Nunca te inculques a ti mismo el hecho de que tú no tienes fe. Esto es completamente contrario a las Escrituras, porque es en fe que tú te convertiste en un hijo de Dios. “Que por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no es de vosotros, si no es un don de Dios” (Efesios 2:8). “Dios le ha dado a cada hombre la medida de fe” (Romanos 12:3). No existe problema alguno con este hecho: Dios te ha dado la medida de la fe. Debes notar que no es solamente una medida, sino la medida. No importa qué tan pequeña es, porque la cantidad de fe no es lo que importa con Cristo Jesús. ¡El declaró que la fe aunque fuera tan pequeña como un grano de mostaza podría mover montañas! No sólo tú tienes la medida de la fe, pero tú también tienes el espíritu de fe. “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por tanto hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” (2ª Corintios 4:13). Este espíritu de fe que tú tienes, es expresado por medio de creer con tu corazón y declararlo con tu boca. “A fin de que no seáis indolentes, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas” (Hebreos 6:12). La fe no es un botón mágico que tú oprimes para obtener lo que tú necesitas de Dios en forma instantánea. Tienes que conjuntar paciencia con la fe para poder heredar las promesas que Dios tiene para tu vida. El título que Dios nos da en la Biblia es creyentes, no dudadores. Es natural para nosotros que podamos funcionar en la fe, porque esa es la naturaleza de nuestra vida: somos gente de fe. De hecho, Dios dice que su casa es una casa de fe. “Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10). Debes confesar estas palabras valientemente, “yo soy un hombre de fe, una mujer de fe, y la fe es algo que yo ya poseo. Dios me ha dado la medida de la fe, el espíritu de fe, y la palabra de fe está cerca de mi en mi boca y en mi corazón” (Romanos 10:8). “Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1ª Juan 5:4). Estas son afirmaciones personales de fe en la Palabra de Dios: Debes tener tu propia vida de fe
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    Yo no soyalguien que me mantengo pidiendo aventones espiritualmente, o sea, alguien que depende en la fe de otro durante los tiempos de necesidad. Yo tengo mi propia vida de fe, de la misma forma como tengo mi propio par de zapatos. Cuando viene una crisis, yo no necesito buscar la ayuda de alguien para que ore “la oración de fe” por mí; yo hago mi propia oración. Si la enfermedad ataca, yo estoy listo para ser usado por Dios para ministrar sanidad en el nombre de Jesús. En Romanos 12:3 dice, “ Dios le ha dado a cada hombre la medida de fe”. Quede claro este hecho: Dios me ha dado la medida de fe. Dios no me clasifica como dudador, ni como un incrédulo. Yo soy miembro de la familia de la fe. Yo soy un hombre de fe, una mujer de fe, y yo digo muy seguido, “la fe es algo que yo ya poseo, porque Dios le ha dado a todos los cristianos la medida de fe”. En Mateo 7:7 dice, “Todo aquel que pide, recibe”. Esta es la palabra de Jesús mismo en este tema. Jesús enseñó muy claramente que todos deberían hacer sus propias oraciones, y todos deberían recibir sus propias respuestas. En Hechos 10:34 dice, “yo entiendo que Dios no hace acepción de personas”. No existen mascotas de la divinidad. Dios no hace diferencia entre las personas. El Padre Celestial no tiene favoritos. No existen personas de suerte con el Señor Jesucristo. Yo soy tan amado por el Padre Celestial como lo es cualquier evangelista, pastor, misionero o maestro. Y tengo tanta justicia como cualquier otro cristiano la tiene, porque mi justicia está basada en lo que Jesús ya hizo por mi (2ª Corintios 5:21). En Romanos 12:12 dice, “dedicados a la oración”. Como resultado de tener mi propia vida de fe, yo se que yo tengo acceso instantáneo a Dios. Y no tengo que estar buscando aquí o allá para que alguien ore por mi, porque yo soy suficientemente valiente para hacer mis propias oraciones. “Todo lo que pidieres al Padre Celestial en mi nombre, Él os lo dará” (Juan 16:23). Yo tengo el derecho de orar en el nombre de Jesús y al Padre Celestial, de la misma manera como cualquier otra persona lo tiene. Estoy tomando mi lugar de autoridad creyente. He dejado de ser una persona que se mueve a través de aventones espirituales. Yo puedo ponerme en contacto con el Padre Celestial en el nombre de Jesús, de la misma manera como cualquier otra persona puede hacerlo. El Padre Celestial me ama tanto como cualquiera de Sus hijos. Yo soy valiente en mi fe. Yo oro y espero respuestas poderosas. Yo le digo a los demás que estoy orando por ellos. Valientemente, yo soy el instrumento de Dios para bendecir, ministrar sanidad, y ayudar a todos aquellos que están en necesidad. Sin temor alguno, yo echo fuera a los demonios en el nombre de Jesús. Yo me atrevo a hablar y a declarar la Palabra de Dios con confianza en contra de todo tipo de opresiones. Yo poseo fe en la palabra dadora de vida que está en mis labios. Yo tengo fe en mi propia fe. Es la fe de Dios. Yo tengo fe en mi Dios. Palabras ardientes Pero si digo: No le recordaré ni hablaré más en su nombre, esto se convierte dentro de mí como fuego ardiente encerrado en mis huesos; hago esfuerzos por contenerlo, y no puedo.(Jeremías 20:9) Yo he experimentado lo mismo que Jeremías experimentó: la Palabra de Dios está en mi corazón como un fuego ardiente encerrado en mis huesos, y las palabras de Dios son palabras de fuego. Los discípulos en el camino en Emaús tuvieron un encuentro con Jesús después del cual “Y se dijeron el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino, cuando nos abría las Escrituras?” (Lucas 24:32). Las palabras de Jesús producen ese ardor celestial. Las palabras de Jesús son palabras ardientes. Jesús dijo, “El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63). Las palabras de Jesús de hecho son espíritu y son vida.
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    Las palabras deJesús son palabras ardientes. Cuando yo confieso la Palabra de Dios, produce un fuego en mi corazón. El fuego es un limpiador. “¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu palabra” (Salmo 119:9). “En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti” (Salmo 119:11). Las Palabras de Dios limpian mi espíritu. Las Palabras de Dios son palabras ardientes. Mi oración con relación a la Palabra de Dios es la siguiente: “Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley” (Salmo 119:18). Cuando el Espíritu Santo abre la Palabra de Dios hacia mi espíritu, esa Palabra de Dios genera un fuego dentro de mi ser. Las Palabra de Dios son palabras ardientes. “Así crecía poderosamente y prevalecía la palabra del Señor” (Hechos 19:20). La Palabra de Dios tiene un poder que prevalece: poder para salvar, poder para sanar, poder para avivar, poder para crear, poder para vencer a todos los enemigos. Las Palabra de Dios son palabras ardientes.
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    27 E. W. Kenyon Lasdos confesiones Nuestra fe se mide por medio de nuestra confesión. Lo útil que somos en la obra del Señor se mide por medio de nuestra confesión. Ya sea tarde o temprano nos vamos a convertir en aquello que confesamos. Existe la confesión de nuestro corazón, y la confesión de nuestros labios. Cuando la confesión de nuestros labios armoniza perfectamente con la confesión de nuestro corazón, y estas dos confesiones confirman la Palabra de Dios, entonces nos convertimos en cristianos poderosos en nuestra vida de oración. Mucha gente tiene una confesión negativa. Siempre están diciendo todo aquello que no son, están hablando de sus debilidades, fracasos, de la falta de dinero que tienen, su falta de habilidad, y de su falta de salud. Invariablemente ellos van a llegar al nivel de sus presiones. Una ley espiritual que muy pocos de nosotros hemos llegado a reconocer, y es que nuestras confesiones nos gobiernan. Cuando confesamos el señorío de Jesucristo y nuestro corazón está de acuerdo en esto completamente, entonces es que ponemos nuestras vidas bajo el cuidado de Jesús. Éste es el fin de todas las preocupaciones, de todos los temores, y es el principio y comienzo de la fe. Cuando creemos que Jesús se levantó de los muertos por nosotros, que por medio de Su resurrección Él conquistó al enemigo y lo derrotó por nosotros, y cuando esto se convierte en la confesión de nuestros labios y de nuestro corazón, entonces, nos convertimos en poder de Dios. Hemos aceptado a Jesucristo, como nuestro Salvador Personal, y si lo hemos confesado como el Señor de nuestra vida, somos una nueva creación; tenemos vida eterna; tenemos la posición de hijos e hijas; somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús. En el momento en que reconocemos el hecho de la resurrección de Jesucristo, entonces podemos saber que el problema del pecado ha sido resuelto; entonces podemos saber que el diablo ha sido derrotado eternamente por nosotros. Entonces sabemos que estamos en unión con la deidad, y entonces sabemos que hemos entrado a ser parte de la familia de Dios. Sabemos que la habilidad de Dios se ha convertido en nuestra habilidad. Tal vez no podamos digerir todo esto de una sola vez, pero a medida que estudiamos la Palabra de Dios y actuamos basados en ella, la vivimos, le permitimos que viva en nosotros, aunque sea lentamente, se va a convertir en una realidad viviente. Esta realidad se desarrolla por medio de nuestra confesión. Nosotros confesamos el señorío de Jesucristo, y declaramos delante de todo el mundo que Él es nuestro pastor, y nada nos faltará. Confesamos que Jesús es Él que nos hace descansar en pastos verdes, y que Él nos guía a las aguas de reposo. Confesamos que Jesús ha restaurado nuestra alma, a fin de que podamos tener una comunión maravillosa y dulce con Él. Confesamos que Él nos ha hecho nuevas criaturas, que todas las cosas viejas pasaron y he aquí todas han sido hechas nuevas, y que nos hemos convertido en la justicia de Dios en Cristo Jesús. Confesamos sin temor alguno delante de todo el mundo nuestra unión y nuestra unanimidad con Cristo Jesús. Declaramos que Él es la Vid y que nosotros somos las ramas; y que las ramas y la Vid son uno solo. Declaramos que somos participantes de la naturaleza divina que habita en Cristo Jesús, tal y como El caminó en Galilea. Éstas son nuestras confesiones. Hemos venido a conocer que el diablo está derrotado, y que los
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    demonios se tienenque sujetar al nombre de Jesús en nuestros labios, y que la enfermedad no puede existir en la presencia del Jesucristo vivo que está dentro de nosotros. Ahora nos podemos atrever a actuar en aquello que sabemos qué es lo que la Palabra de Dios enseña. Podemos atrevernos a tomar nuestro lugar y confesar delante de todo el mundo que todo lo que dice la Palabra de Dios es verdad. Hemos terminado para siempre con la confesión de fracaso, de debilidad, de incapacidades, debido a que Dios se ha convertido en nuestra habilidad, Dios se ha convertido en nuestra suficiencia, y Él nos ha hecho suficientes ministros de un nuevo pacto. Podemos confesar que Dios se ha llevado de nosotros el medio ambiente antiguo donde reinaba el fracaso, y nos ha introducido a un nuevo medio ambiente de victoria, de gozo y de paz. A medida que hacemos nuestra confesión y actuamos basados en la Palabra de Dios, nuestra fe crece y nuestra redención se convierte en una realidad. La confesión correcta Jesús dijo, “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha enviado me ha dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar” (Juan 12:49). Cada sanidad que Jesús realizó fue a través de la Palabra de Su Padre Celestial. Cada palabra que Jesucristo habló era la palabra del Padre Celestial. Jesús sabía quién era Él y, Jesús sabía Su lugar y, Jesús sabía Su obra. Él siempre era positivo en su mensaje. El sabía que las palabras que él hablaba eran las palabras de Su Padre Celestial. El tomó Su lugar de Hijo de Dios. Él hizo Su parte. Jesús continuamente confesaba Sus derechos como Hijo de Dios. Jesús siempre confesaba lo que Él era. El dijo, “Yo Soy el Buen Pastor. Yo Soy el Pan de Vida. Yo Soy el Agua de Vida. Dios es mi Padre. Yo Soy la Luz del Mundo”. En Juan 5:19–30 Jesús realiza diez declaraciones acerca de quién es Él Mismo. Todas éstas en realidad eran confesiones, y cada una de ellas lo relaciona con la deidad. Él estaba hablando de las Palabras de Su Propio Padre. En Juan 7:29 dice “Yo Lo conozco; porque Yo vine de Él, y Él me envió”. Jesús no sólo confesó lo que él era, pero él también confesó valientemente lo que los hombres vendrían a ser cuando se convirtieran en una nueva creación. En Juan 15:5 dice “Yo Soy la Vid y vosotros los pámpanos”. En Juan 7:38–39 dice, “El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: “De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva”. Pero El decía esto del Espíritu, que los que habían creído en El habían de recibir; porque el Espíritu no había sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado”. ¡Qué clase de confesión fue esta, y en qué forma se convirtió en realidad el día de Pentecostés! En Juan 8:54–55 dice, “Jesús respondió: Si yo mismo me glorifico, mi gloria no es nada; es mi Padre el que me glorifica, de quien vosotros decís: “El es nuestro Dios”. Y vosotros no le habéis conocido, pero yo le conozco; y si digo que no le conozco seré un mentiroso como vosotros; pero sí le conozco y guardo Su Palabra”. En Juan 17:5 dice, “Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera”. Éste fue un testimonio maravilloso. En Juan 17:26 dice, “Yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos y yo en ellos”. Jesús conocía el nuevo nombre que Dios iba a recibir. Juan 17:6 dice, “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; eran tuyos y me los diste, y han guardado tu palabra”. Yo tengo la certeza de que el nuevo nombre del cual nos habla aquí es “Padre Santo”. Nadie había llamado a Dios “Padre” antes de esto. En Juan 9:35–36 dice, “Jesús oyó decir que lo habían echado fuera, y hallándolo, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo del Hombre? El respondió y dijo: ¿Y quién es, Señor, para que yo crea en El?” Jesús entonces confesó en verdad quién era Él. En el versículo 37, Jesús le dijo al hombre que había estado ciego, “tú le has visto, y éste es el que habla contigo”. Jesús declaró abiertamente que él era el Hijo de Dios. En
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    Juan 4:26 tenernosotra confesión asombrosa. Jesús estaba hablando con la mujer de Samaria, y Jesús confesó que Él era el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús sabía quién era Él Casi cada milagro que Jesús realizó, fue realizado con las Palabras del Padre Celestial en los labios de Jesús. Jesús reveló la voluntad del padre. En Juan 4:34 dice, “Jesús les dijo: Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra”. En Juan 5:30 dice, “Yo no puedo hacer nada por iniciativa mía; como oigo, juzgo, y mi juicio es justo porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”. En Juan 6:38 dice, “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”. En Juan 8:29 dice, “Y El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque siempre hago lo que le agrada”. ¡Qué gran cuadro tenemos del Maestro! Él no tuvo ambiciones personales, no tuvo intereses personales. Jesús simplemente estaba haciendo la voluntad de Su Padre Celestial, revelando al Padre Celestial, hasta el punto donde Jesús podía decir, “el que ha me ha visto a mi, ha visto al Padre” (Juan 14:9). Mientras menos ambiciones mundanas tengamos, y mientras menos deseos mundanos tengamos, más plenamente va a desarrollarse el Padre Celestial dentro de nosotros. Las palabras del Padre Celestial en nuestros labios van a realizar los mismos prodigios que realizaron Sus palabras en los labios de Jesucristo. El hecho de buscar los intereses personales lo limita a uno mismo. El hombre egoísta es un hombre limitado. El hombre que vive la Palabra de Dios, y permite que la Palabra de Dios viva en él, y el que practica la Palabra de Dios y actúa basado en la Palabra de Dios, ese es quien revela al Padre Celestial. Cuando actuamos basándonos en la Palabra de Dios, estamos revelando al Padre Celestial. Revisemos estos hechos Muy pocos de nosotros nos damos cuenta de que nuestra confesión nos aprisiona. El tipo correcto de confesión nos hace libres. No tiene que ver solamente con lo que pensamos y, son nuestras palabras, nuestra conversación, lo que edifica poder o debilidad dentro de nosotros. Éstas palabras son las monedas del reino de la fe. Estas palabras nos atrapan y nos mantienen en cautividad, o nos liberan y nos convierten en personas poderosas para poder influenciar la vida de los demás. Lo que confesamos con nuestros labios es lo que realmente viene a dominar nuestro ser interior. Inconscientemente confesamos lo que creemos. Si hablamos acerca de enfermedades, esto se debe a que creemos en las enfermedades. Si hablamos acerca de las debilidades y de los fracasos, esto se debe a que creemos en las debilidades y los fracasos. Es muy sorprendente la forma como la gente tiene fe en las cosas equivocadas. Ellos creen firmemente en el cáncer, en las úlceras del estómago, en la tuberculosis, y en otras enfermedades incurables. La fe que tienen en estas enfermedades crece hasta el punto donde llega a dominarlos completamente, y gobierna toda su vida. Ellos se han convertido en sus esclavos absolutos. Ellos tienen el hábito de confesar sus debilidades, y su confesión añade fuerza a sus debilidades. Ellos confiesan su falta de fe, y por lo tanto, se llenan de dudas. Ellos confiesan sus temores, y se convierten en personas más temerosas. Ellos confiesan el temor que tienen de las enfermedades, y por lo tanto, la enfermedad crece bajo su confesión. Ellos confiesan sus
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    necesidades y ellosestán edificando un sentido de necesidad que obtiene la supremacía en sus vidas. Cuando nos damos cuenta que nunca vamos a poder levantarnos más allá de nuestra confesión, entonces estamos llegando al lugar donde Dios en realidad puede comenzar a usarnos. Tú confiesas que por las llagas de Jesucristo tú has sido sanado y, te mantienes firme en tu confesión, y no hay enfermedad alguna que pueda pararse delante de ti. Ya sea que nos damos cuenta de esto o no, estamos sembrando palabras tal y como Jesucristo lo dijo en Lucas 8:11, “la semilla es la Palabra de Dios”. El sembrador fue a sembrar, y la semilla que estaba sembrando era la Palabra de Dios. Esta es la semilla que nosotros deberíamos sembrar. Otras gentes están sembrando semillas del sentido común del temor y de la duda. Pero es cuando confesamos la Palabra de Dios, y declaramos con énfasis que “por las llagas de Jesucristo yo he sido sanado” o “mi Dios sobre todas mis necesidades”, y nos mantenemos firmes en nuestra confesión, que podemos ver nuestra liberación. Éstas palabras engendran fe o engendran duda en los demás. En Apocalipsis 12:11 declara que “Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerte”. Ellos lo vencieron con la Palabra de Dios que estaba en el testimonio de ellos. Ellos conquistaron al diablo con palabras. La mayoría de los enfermos que Jesús sanó durante su ministerio, fueron sanados con palabras. Dios creó el universo con palabras: palabras llenas de fe. Jesús dijo, “por tu fe se ha hecho”. Jesús le dijo al muerto Lázaro, “sal fuera”. Sus palabras levantaron al muerto. El diablo es derrotado por medio de palabras, y él recibe una golpiza por medio de palabras. Nuestros labios se convierten en los medios de transporte de la liberación de Dios desde el cielo hasta la necesidad del hombre aquí en la tierra. Usamos la Palabra de Dios. Podemos murmurar, “en el nombre de Jesús, demonio, sal de él”. Jesús dijo, “en mi nombre echará fuera demonios, en mi nombre pondrán las manos sobre los enfermos y ellos sanarán”. ¡Y todo esto con palabras! Yo me pregunto si acaso las manos hacen algo más que solamente registrar los sentidos. Es la Palabra de Dios la que sana. Jesús dijo, “todo lo que pidiereis en mi nombre yo lo haré”. Estamos pidiendo de la misma manera como Pedro lo hizo en la Puerta de la Hermosa, cuando él dijo, “en el nombre de Cristo Jesús de Nazaret, camina”. Las palabras sanaron a ese hombre. Ahora nosotros realizamos nuestra confesión de palabras. Debemos mantenernos firmes en nuestra confesión. Debemos rehusar ser derrotados en nuestra confesión. En Juan 8:32 dice, “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Y también en Juan 8:36 dice “Así que, si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres”. Sabemos que el Hijo de Dios nos ha hecho libres, y lo confesamos abiertamente. Jesús es el Sumo Sacerdote de nuestra confesión. Cristo Jesús conquistó a los enemigos de la humanidad; al diablo, al pecado, a la enfermedad, al temor, a la muerte y a la necesidad. En los encerró a todos ellos, en el momento en que a nosotros nos hizo libres. En Hebréos 4:14 nos dice que nos mantengamos firmes en la confesión de nuestra fe. “Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que trascendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe”. Esta confesión es cuando la fe está hablando. Esta es nuestra victoria sobre el enemigo, y esta es nuestra confianza. En Colosenses 2:5 en una de nuestras traducciones dice lo siguiente, “Porque aunque estoy ausente en el cuerpo, sin embargo estoy con vosotros en espíritu, regocijándome al ver vuestra buena disciplina y la estabilidad de vuestra fe en Cristo”. Esa “estabilidad” significa una confesión continua de la victoria. Nunca debemos confesar ninguna otra cosa sino la victoria. En Romanos 8:37 dice, “Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. Jesús desarmó a todos los principados y potestades que pelearon en contra de Él, y los puso en vergüenza públicamente. (Esto es Colosenses 2:15 de la traducción Connybeare). Debemos de dejar de hacer las confesiones equivocadas, y debemos de comenzar de inmediato a
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    aprender como confesar,y que confesar. Debemos comenzar a confesar que nosotros somos tal y como Jesucristo dice que somos, y debemos mantenernos firmes en esta confesión, aún cuando encaramos todas las evidencias apuntando lo contrario. Rehusamos ser débiles, y rehusamos aceptar la debilidad. Rehusamos tener que ver con cualquier cosa que esté relacionada con una confesión equivocada. Nosotros somos lo que Dios dice que somos. Nos mantenemos firmes en esta confesión con una conciencia valiente, sabiendo que la Palabra de Dios nunca puede fallar.
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    28 Don Gossett Estoy cansadode estar enfermo y de estar cansado Y ésta, que es hija de Abraham, a la que Satanás ha tenido atada durante dieciocho largos años, ¿no debía ser libertada de esta ligadura en día de reposo? —Lucas 13:16 Yo me rebeló en el nombre de Jesús en contra de las ataduras del diablo. La Biblia no llama a mi enfermedad una bendición. La Biblia llama a mi enfermedad una atadura. La enfermedad es una atadura del diablo, y yo “debo ser liberado” de todo tipo de ataduras. Estoy cansado estar enfermo y de estar cansado, porque yo tengo todos los derechos de estar sano. Le costó a mi Señor Jesucristo, llevar sobre El Mismo mis enfermedades y mis dolencias. Yo me rebelo contra de las enfermedades con estas palabras, “fuera de mi diablo, porque está escrito, Jesucristo mismo tomó nuestras enfermedades llevó nuestras dolencias” (Mateo 8:17). Y tengo todo el derecho a ser sanado, debido al sacrificio substituto de Cristo Jesús Mismo. La única razón para poder basar mi fe en la sanidad, es lo que Jesús proveyó para mí. Su sola Sangre me da el derecho a la sanidad. Mi derecho para poder recibir sanidad está basado en Su Sangre. Yo me rebelo en contra del diablo cuando él trata de violar y meterse en la propiedad de Dios, por medio de hacer esta declaración, “ diablo, vete de aquí. Porque está escrito que yo he sido limpiado por la Sangre de Cristo Jesús” (Efesios 2:13). Yo me rebelo en contra del diablo rebelde, porque yo tengo el derecho a ser sanado, no debido a que tan bueno o que tan sincero sea yo, sino por medio de las llagas sangrantes de Jesús. Yo me rebelo con estas palabras, “diablo, vete de aquí, porque está escrito, que por las llagas de Jesús yo he sido sanado” (Isaías 53:5). Yo no ignoro las maquinaciones del diablo, y he aprendido a través del Espíritu Santo a discernir las obras de opresión que el diablo trata de usar en mi contra. Estoy cansado de estar enfermo y cansado, y por lo tanto, yo derroto las obras del diablo por la Sangre de Jesús y por la palabra de mi testimonio. Yo me rebelo en contra del ladrón por medio de declarar estas palabras, “diablo, yo te resisto en el Nombre de Jesús, porque yo dependo completamente en los méritos de Cristo Jesús, por cuyas llagas yo he sido sanado” (1ª Pedro 2:24). Yo voy a permanecer muy firme y valiente, recibiendo mi sanidad en el Nombre de Jesús. Nunca jamás voy a ser el “tiradero de basura” de los espíritus de opresión del diablo. Yo me rebelo por medio de ésta declaración de autoridad, “diablo, la Sangre de Jesús te derrota, y por lo tanto, yo te resisto porque está escrito, que la unción destruye el yugo” (Isaías 10:27). Por Sus llagas yo he sido sanado “Por Sus llagas yo he sido sanado” (Isaías 53:5). Esta profecía dada a Isaías se refería a nuestro Señor Jesucristo y a las heridas sangrantes que Él iba a sufrir, para poder proveerle a Su pueblo la sanidad.
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    Es una obraterminada. Jesús ya sufrió esas heridas y llagas. No importa cuales sean los síntomas que estén presentes, porque por las llagas de Jesús yo he sido sanado. Yo confieso este hecho en la presencia de los síntomas que podrían contradecir. “Caminamos por fe, no por vista” (2ª Corintios 5:7). Sin importar las opiniones que otras gentes tengan acerca de mi salud, por las llagas de Cristo Jesús he sido sanado. Otras personas pueden pensar que yo me veo muy mal, y ellos pueden dar su opinión acerca de mi estado de salud, pero la verdad es la que va a prevalecer: por las llagas de Cristo Jesús he sido sanado. A pesar de muchas experiencias pasadas, por las llagas de Cristo Jesús he sido sanado. Tal vez yo he estado buscando sanidad anteriormente que no se había manifestado, pero ahora es un nuevo día para mí: porque por las llagas de Cristo Jesús he sido sanado. Cuando el dolor ataca mi cuerpo, por las llagas de Cristo Jesús he sido sanado tal vez es cierto que el dolor está ahí el cuerpo, pero yo conozco una verdad mucho más grande ¡por las llagas de Jesús decido sanado! Cuando todas las cosas parecen ir mal en la condición de mis saludos, la verdad de Dios sigue prevaleciendo, y por Sus llagas yo he sido sanado. Cuando las cosas van bien, y los exámenes médicos se muestran sólidos, esto se debe ha que por las llagas de Jesús he sido sanado. Dondequiera que yo esté, independientemente de como me sienta, yo mantengo firme mi confesión gozosa de la verdad de Dios, porque por las llagas de Jesús he sido sanado. “Y El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados” (1ª Pedro 2:24). Yo soy fuerte Que diga el débil, fuerte soy.(Joel 3:10) ¡Yo soy fuerte! Esta es la paradoja de la fe: poder decir que soy fuerte cuando estoy débil, y esta es la confesión de la fe: yo soy fuerte. No importa lo que yo piense de mí mismo, yo soy fuerte. Sin importar la opinión de otras personas acerca de mi vida, yo soy fuerte. Cuando yo me siento lo más débil posible, yo soy fuerte. Sin importar las experiencias pasadas de haber sucumbido ante la debilidad, yo me levantó con un nuevo testimonio de fe: yo soy fuerte. Y esto no sólo es cuando yo me siento fuerte que puedo decir que soy fuerte. Pero incluso se aplica cuando yo me siento débil, que yo declaro que soy fuerte. Dios me ordena que diga que soy fuerte. Este es el hecho de declarar lo que Dios dice acerca de mi vida. Este es el lenguaje de la fe. Este es el lenguaje de la victoria. ¿Quién soy yo? Yo soy fuerte. Puedo ser cualquier otra cosa, pero yo soy fuerte. Donde quiera que yo estoy, yo soy fuerte. Todo lo que yo confieso, yo lo poseo. Lo que yo declaro es lo que obtengo. Yo confieso, “yo soy fuerte”, y por lo tanto, yo poseo fuerza. ¿Por qué es que puedo estar tan seguro? Porque no solamente en Joel 3:10, sino en muchas otras escrituras, Dios declara que Él es mi fuerza y mi fortaleza. Por lo tanto, yo obedezco gozosamente Sus órdenes y declaro, “yo soy fuerte”. Yo nunca digo, “yo soy débil”. Esto sería ser desobediente a mi Dios, y estaría contristando y entristeciendo al Espíritu Santo. “Que diga el débil, fuerte soy” (Joel 3:10). ¿Qué es lo que estoy temiendo? ¿Acaso le tengo miedo a una muerte repentina? ¿Acaso tengo miedo de sufrir un ataque cardíaco? ¿Acaso le tengo miedo al cáncer? ¿Acaso tengo miedo de que suceda alguna calamidad? ¿Acaso le
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    tengo temor ala pérdida de algún ser querido? ¿Acaso tengo un temor que me impide volar y subirme en un avión? ¿Acaso el miedo al hombre es algo que prevalece en mi vida? Si existe cualquier tipo de temor en mi corazón, yo debo liberarme de ello. El temor, de hecho, es un espíritu que se mueve desde afuera, para tomar dominio de mi vida. El diablo toma ventaja del lugar que le estoy dando al temor, y usa exactamente esa cosa que temo, para que se produzca en mi vida. “Pues lo que temo viene sobre mí, y lo que me aterroriza me sucede” (Job 3:25). Cuando Job hizo esta confesión, él estaba cubierto con un saco de cenizas, pasando grandes sufrimientos, lleno de llagas desde la punta de su cabeza hasta las plantas de sus pies. El había perdido su familia, y había perdido sus posesiones terrenales. Evidentemente, Job había estado manteniendo este temor durante mucho tiempo, por medio de admitir que “Pues lo que temo viene sobre mí, y lo que me aterroriza me sucede”. ¿Qué es lo que temo? Debo echar fuera todo espíritu del temor de mi vida, o cualquier otra cosa que sea negativa, porque de otra manera, este temor tormentoso puede reproducir en mi vida aquella cosa a la cual le tengo miedo. La descripción en la Biblia acerca del temor no es agradable. La Biblia describe el temor como algo que atormenta, engaña al alma, es el espíritu de atadura, y es capaz de reproducirse a sí mismo en una miseria total. En Lucas 1:74–75 nos dice que uno de los propósitos de que Cristo Jesús haya venido al mundo es, “Concedernos que, librados de la mano de nuestros enemigos, le sirvamos sin temor en santidad y justicia delante de El, todos nuestros días”. Esto significa que cada día debemos ser libres de todo tipo de temor. En la Biblia existe un versículo en contra de cada tipo temor, y para cada día del año. Ahora, en el nombre de Jesús, yo tomo esta acción valientemente, “tú, espíritu satánico de temor, que has estado oprimiendo y destruyendo mi vida, yo te ordeno en el nombre Jesús que salgas fuera de mi vida, porque está escrito, que Dios no nos ha dado el espíritu de temor, sino el espíritu de poder, de amor, y de templanza” (2ª Timoteo 1:7).
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    29 E. W. Kenyon Elpoder de nuestras palabras Yo recuerdo que Jesús dijo, “por tu fe te sea hecho”. Era la fe de la persona la que los hizo sanos. Entonces pude ver que son nuestras palabras las que nos sanan. Cuando decimos “por las llagas de Jesús he sido sanado”, esta confesión trae la liberación total de la enfermedad. Tú puedes notar que dice en Romanos 10:9, “Que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo”. Aquí la palabra salvo significa sanado. Es tu boca la que realiza la confesión. Es la confesión de fe que tienes en tu corazón o en tu espíritu. Tienes que venir a creer o a conocer que la Palabra de Dios es absoluta. Dios ve por Su Palabra para que ésta se cumpla. “Ninguna palabra de Dios carece de poder” o de habilidad. ¿Qué es lo que hace la Palabra de Dios? La Palabra de Dios te salva. La Palabra de Dios te sana. La Palabra de Dios nos suple económicamente. Esto es lo que hace la Palabra de Dios. En el Salmo 107:20 dice, “Él envió su palabra y los sanó”. Sus palabras eran Dios mismo. Ahora yo me apropio la Palabra de Dios como mi propia palabra y esta Palabra de Dios habita en mi ricamente. Cuando yo hablo, es la Palabra de Dios en mis labios, y yo digo “por Sus llagas he sido sanado”. Esa Palabra de Dios es mi palabra y es Su palabra. En el momento en que lo digo, esa sanidad es mía. Tus palabras son tu confesión. Ellas confirman o ellas niegan la Palabra de Dios. Una de las cosas más tristes es que en un minuto confesamos que somos sanados. El dolor regresa y entonces confesamos que no somos sanados. Cuando negamos esto, estamos negando la Palabra de Dios que declara que hemos sido sanados. Mantener tu confesión y mantenerte firme en tu confesión es el secreto del éxito y de la victoria en la vida divina. Tú te mantienes firme en tu confesión de que Dios cargó en Cristo Jesús tus pecados, y te da vida eterna. Tú te mantienes firme en tu confesión de que por las llagas de Cristo Jesús tú has sido sanado, y eso es lo que te da tu sanidad. Tú te mantienes firme en tu confesión de que “en todas estas cosas, tú eres más que vencedor”, y tú te conviertes en un vencedor. Tú te mantienes firme en tu confesión de que “mi Dios pues, suplirá todo lo que les falta”. Y todas tus necesidades van a ser suplidas. Si tú evitas tu confesión, y niegas tu confesión, tú vas a estar anulando la Palabra de Dios en cuanto a ti te concierne. Ahora tú ya puedes ver que tu fe se mide a través de tus palabras, o a través de tu confesión. Tu confesión es tu cálculo del valor de la Palabra de Dios. Las palabras que Jesús habló todavía están verdes y frescas, dando esperanza gozo y victoria a las multitudes. El registro de las cosas que Jesús hizo todavía nos estremece. Las palabras del apóstol Pablo son para nosotros en ocasiones como una llama que sigue ardiendo; otro tiempo, el ungüento sanador que calma la herida y trae al corazón a una comunión con el cielo. “Las palabras que les he hablado, son espíritu y son vida”, dijo el Maestro Jesucristo. Ahora yo quiero que tú veas el efecto de tus palabras en ti mismo. Tus palabras traen desánimo y derrota a tu propia vida. Yo quiero preguntar, “¿cómo te llevas tú con los demás?” Tu tal vez
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    contestes, “todo andatan mal, y parece que todo a mi alrededor se ha echado a perder, y he perdido el control de todo. Parece que todo se me ha salido de las manos”. Esa es una confesión. ¿Cuáles son las reacciones que provoca en ti? De inmediato tú eres lleno con auto conmiseración y con un sentimiento de derrota. Te están robando el poder de la iniciativa, la habilidad de poder recoger los cabos sueltos, y de poder unirlos otra vez para llegar a la victoria. Pero parece que no puedes hacerlo. ¿Por qué? Tu confesión te ha paralizado y te ha destruido. Lo mismo sucede y es verdad cuando tienes problemas con tu marido o esposa, o con alguien más, y tú repites eso una y otra vez. Cada vez que lo haces, lo publicas y atraviesas por la más profunda agonía. Si no lo hubieras dicho, tú estarías mucho más fuerte. Tus palabras son el veneno de tu propio sistema. Tus palabras algunas veces son mortales cuando tú dices, “yo creo que nunca voy a salir de esta situación”, eso es como si estuvieras tomando veneno. No existe antídoto para ello, excepto el hecho de romper completamente con el poder de ese tipo de confesiones, y comenzar a declarar el tipo correcto de palabras, para dar la clase correcta de confesión. Tú piensas y hablas del fracaso, y entonces tu vas a descender a ese nivel. Tus palabras crean una atmósfera que te lastima y te destruye. Existen tres clases de palabras: neutrales, sin color, vacías, palabras sin sentido. Estas son las palabras que se usan en la conversación general de la mayoría de las personas. Estas palabras sólo son palabras vacías, palabras sin colorido alguno, y palabras que son monótonas. Escuchas a un predicador que está predicando en una forma monótona; no tiene color, no tiene sentido, no tiene poder, ni tiene vida en sus palabras—solo suena como algo que fue tirado al aire. El segundo tipo de palabras son palabras constructivas, palabras que edifican fuerza, palabras ganadoras, palabras de inspiración, estremecedoras, palabras poderosas, palabras dominantes, palabras que están llenas de esperanza, amor, y de victoria. El tercer tipo de palabras son las palabras destructivas, palabras llenas de odio, escándalo, de amargura, de celos, de viruses mortales, que han salido de un corazón lleno de amargura, y que son enviadas para herir, para lastimar, para maldecir, y para perjudicar. Qué papel tan tremendo juegan las palabras. Tú puedes ver lo que tú puedes hacer con palabras, y como tú puedes cambiar vidas, así como la manera en que tú puedes bendecir y edificar, animar, y dirigir a los hombres para que puedan producir grandes logros.
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    30 Don Gossett “Qué tancontundentes son las palabras correctas” ¡Cuán dolorosas son las palabras sinceras! Pero ¿qué prueba vuestro argumento? —Job 6:25 Existe un gran poder en tu boca para declarar las palabras correctas que tienen fuerza y dinamismo en lo que obran. Debes hablar en nombre de Jesús. “Y todo lo que hacéis, de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de El a Dios el Padre” (Colosenses 3:17). No es superstición ni misticismo el hecho de hablar frecuentemente en el maravilloso nombre de Jesús. “El nombre del señor es torre fuerte; él justo correrá a él y será salvo” (Proverbios 18:10). Jesús nos dio el derecho de hablar en Su Nombre. La palabra “pedir” de Juan 14:13–14 implica “ordenando en el nombre de Jesús” a las enfermedades, a los demonios, y a las diversas circunstancias ¡que se vayan! La palabra “pedir” de Juan 15:16 y de Juan 16:23–24 se refiere a orar al Padre Celestial en el Nombre Todopoderoso de Jesús. Jesús es el nombre que está por encima de todos los nombres (Filipenses 2:9–11). ¡Cuánto poder tiene Su Nombre Majestuoso! Yo quiero retarte a que tú declares el nombre de Jesús con mucha frecuencia. ¡En este mismo momento dí “Jesús” tres veces! En cruzadas que tuvimos en Nafercoil, Tamul Nadu, Trivandum, Kerala, en India, yo encaré miles de gentes cada noche en nuestras cruzadas al aire libre. Una y otra vez yo invoqué el nombre de Jesús para ordenar que todas las enfermedades se fueran. En Nagercoil, fueron registrados 77 milagros notables. Tuvimos resultados similares en Trivandrum. Tú también puedes recibir sanidad a través del nombre de Jesús. “Y por la fe en su nombre, es el nombre de Jesús lo que ha fortalecido a este hombre a quien veis y conocéis; y la fe que viene por medio de El, le ha dado esta perfecta sanidad en presencia de todos vosotros” (Hechos 3:16). En la india, tuve el gozo inmenso de dirigir decenas de miles de gentes a la fe salvadora en Cristo Jesús. A medida que estas multitudes creyeron en la muerte, entierro, y la resurrección de Cristo Jesús, y Le confesaron como Señor y Salvador de sus vidas, ¡ellos recibieron vida eterna! Tú también puedes ser salvo ahora mismo. “Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos, abundando en riquezas para todos los que le invocan; porque: Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo” (Romanos 10:12–13). Las palabras de alabanza son palabras que tienen mucha fuerza. La alabanza es la bujía de la fe, y es aquello que tú necesitas para despegar la fe, capacitándote para que puedas levantarte muy por encima de las dudas mortales. Debes hablar palabras de alabanza muy seguido.
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    31 E. W. Kenyon Elvalor de la confesión positiva Tú puedes recordar que en 2ª Corintios 1:17 dice, “Por tanto, cuando me propuse esto, ¿acaso obré precipitadamente? O lo que me propongo, ¿me lo propongo conforme a la carne, para que en mí haya al mismo tiempo el sí, sí y el no, no? Pero como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es sí y no. Porque el Hijo de Dios, Cristo Jesús, que fue predicado entre vosotros por nosotros (por mí y Silvano y Timoteo) no fue sí y no, sino que ha sido sí en El. Pues tantas como sean las promesas de Dios, en El todas son sí; por eso también por medio de El, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros” (traducción de Way). “De Cristo Jesús, el Hijo de Dios, quien fue proclamado en medio de ustedes por nosotros, esto es por mi, Silvano, y Timoteo, y nuestras palabras no fueron titubeantes, pero en Cristo Jesús, nuestras palabras fueron un rotundo “sí” (traducción de Montgomery). Muchas personas echan a perder su confesión, por medio de titubear entre el positivo “sí” y el negativo “no”. Cuando el corazón puede decir “sí”, éste se convierte en un “sí” positivo hacia la palabra de Dios, y entonces la realidad comienza a colocarse en su confesión. Debe comenzar en el corazón. El corazón debe comenzar a decir “sí” a la Palabra de Dios. Tú estás enfermo. Tú eres valiente en su confesión de tu enfermedad, y has fallado en su confesión acerca de que por las llagas de Cristo Jesús tú ha sido sanado. Tú no puedes tener dos confesiones. La una va a destruir a la otra. Si tu confesión de la enfermedad es más fuerte que tú confesión de la Palabra de Dios, entonces la enfermedad gana el poder, y tú vas a vivir en derrota. Si tu necesidad económica es más grande, y tu confesión tiene que ver con todas sus necesidades continuamente, pero la Palabra de Dios que dice, “mi Dios pues, suplirá todo lo que les falta a ustedes”, no va a tener efecto alguno. A través de tu confesión equivocada, la fe ha sido destruida. ¿Cuando vamos a aprender a tener un “sí” eterno hacia la Palabra de Dios? ¿O una confesión clara, firme y muy positiva? Si Dios dice que es, entonces es. Si Dios dice que yo soy, entonces yo soy. Si Dios dice “mayor es Aquel que está dentro de ustedes que aquel que está en el mundo”, entonces yo tengo el dominio. Si Dios declara que yo soy la justicia de Dios en Cristo Jesús, entonces yo lo soy. Si Dios dice “pero en todas estas cosas tú eres más que un vencedor”, entonces yo digo “amén”. Por lo tanto Dios tiene mi amén a cada una de estas Escrituras. Si Dios me dice “todo lo puedo a través de Cristo Jesús quién es mi habilidad y mi Fortaleza”, entonces yo murmuró “amén”. Yo alineó mi confesión con todas las declaraciones que Dios ha hecho con relación a mi en Cristo Jesús. El dice, “ciertamente Él llevó mis enfermedades sufrió todas mis dolencias, y yo Lo estimo a él como Aquel que fue golpeado, herido de Dios y afligido. El fue herido por mis iniquidades; el castigo de mi paz fue sobre de Él y, por Sus llagas yo he sido sanado”, y entonces yo digo “amén”. Por lo tanto yo no tengo enfermedad alguna, y entonces yo mantengo mi confesión delante de todo el mundo. ¿Acaso no dijo Dios que Él las puso en Jesús? Si. ¿Acaso Jesús no se las llevó? Sí. Entonces yo no voy a reclamar esto como algo mío. Eso no es mío. Le pertenece a un enemigo que me lo puso encima, pero yo rehúso ser su tiradero de basura, y por lo tanto yo digo “en el Nombre de Jesús, el diablo debe
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    venir y recogersus viejas enfermedades. Yo rehúso poseerlas, y tener que lidiar con ellas”. Y él viene y se las lleva. El tiene que hacerlo porque debe someterse a la autoridad del Nombre de Jesús. Él no puede mantenerme en pobreza. No puede hacerme que cambie del dueño. No, Aquel que convirtió el agua en vino, que alimentó a las multitudes con cinco pedazos de pan y dos peces es el Señor de mi vida y mi Dueño Absoluto. El es el Proveedor de mi pan. El es mi fortaleza. El es todo lo que yo necesito. Yo descanso en Él. Yo camino en Él. Su habilidad se ha convertido en mi habilidad, Su gracia es mi gracia. Yo me deleito en Su amor. Yo disfruto en Su luz. Yo me desarrollo en Su sabiduría. Yo soy Suyo, y Él es mío.
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    32 Don Gossett “El Señores la Fortaleza de mi vida” Todas estas son grandes confesiones; debes afirmarlas con toda confianza. 1. El Señor es la fortaleza de mi mente, y por lo tanto yo voy a tener pensamientos sanos y saludables. Yo pienso todo aquello que es verdad, honesto, justo, puro, lleno de amor y de templanza. Una mente fuerte es sumamente positiva, la mente de Cristo. “Yo tengo la mente de Cristo” (1ª Corintios 2:16). 2. El Señor es la fortaleza de mis oídos, por lo tanto voy a escuchar muy bien el día de hoy. Siete veces en el libro del Apocalipsis, en los capítulos 2 y 3, aparece el mandamiento que dice, “el que tenga oídos para oír, oiga lo que el Espíritu dice…”. Lo más importante es que con mi mente fuerte, sana y renovada, yo pueda escuchar lo que el Espíritu Santo me dice. 3. El Señor es la fortaleza de mis ojos, y por lo tanto yo tengo una buena visión el día de hoy. Yo puedo ver a los demás a través de los ojos de amor, de bondad, y de buena voluntad. 4. El Señor es la fortaleza de mi boca, y por lo tanto yo voy hablar todas aquellas palabras que van a edificar, que van a ministrar gracia a todos aquellos que me escuchen. En Isaías 50:4 dice, “El Señor Dios me ha dado lengua de discípulo, para que yo sepa sostener con una palabra al fatigado. Mañana tras mañana me despierta, despierta mi oído para escuchar como los discípulos”. Yo me voy a abstener de hablar aquellas palabras que son negativas, destructivas, corruptas, llenas de crítica, duras o groseras. 5. El Señor es la fortaleza de mi corazón, por lo tanto yo voy a tener un latido sano y bueno el día de hoy. Mi oración es que, “tu Señor, seas la fortaleza de mi corazón físico durante el tiempo en que yo te sirva en esta tierra. Si, 70 años, y debido a la fortaleza 80 años o más”. Oh corazón mío, haz un buen trabajo el día de hoy. 6. El Señor es la fortaleza de mis manos, por lo tanto todo aquello que mis manos van a hacer, lo van a realizar con toda su fuerza. 7. El Señor es la fortaleza de cada órgano, tejido, hueso, fibra, nervios, y células en mi cuerpo. El Señor de la fortaleza de mi vida desde la punta de mi cabeza hasta las plantas de mis pies. Cuando mis pies se sienten cansados, o doloridos, el Señor renueva mis pies por medio de la administración de Su fortaleza. 8. El Señor es la fortaleza de mi vida—de toda mi vida—mi espíritu, mi alma y mi cuerpo. Yo se que Él imparte fortaleza al hombre interior de mi corazón. 9. Mis afirmaciones para el día de hoy son: Daniel 11:32 dice, “el pueblo que conoce a su Dios se mostrará fuerte y actuará”. Salmo 29:11 dice, “el Señor dará fortaleza a su pueblo; el Señor bendecirá a Su pueblo con paz”. Filipenses 4:13 dice, “todo lo pueden Cristo Jesús que me fortalece” (que no me debilita). Nehemías 8:10 dice, “el gozo del señor es mi fortaleza”. Deuteronomio 33:25 dice, “De hierro y de bronce serán tus cerrojos, y tan largo como tus días será tu reposo”. 2ª Corintios 12:10
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    dice, “cuando soydébil, entonces soy poderoso”. 10. Yo afirmo esto cinco veces: “El Señor es la fortaleza de mi vida”. “El Señor es la fortaleza de mi vida”. “El Señor es la fortaleza de mi vida”. “El Señor es la fortaleza de mi vida”. “El Señor es la fortaleza de mi vida”. 11. Yo pienso fuertemente. Yo creo en la fortaleza del Señor. Yo declaró la fortaleza. En Joel 3:10 dice, “que diga el débil, fuerte soy”. Yo confieso que soy fuerte. Muy frecuentemente yo digo, “fortaleza, fortaleza, fortaleza”. A medida que yo declaro la Palabra de Dios a mi espíritu. ¡Gloria al Señor! 12. Yo, _____________________________________, declaró que el Señor Jesús es la fortaleza de mi vida.
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    33 E. W. Kenyon Porlas llagas de Jesús yo he sido sanado Este es el testimonio de la fe en contra del testimonio de los sentidos y del razonamiento. El razonamiento dice, “el dolor todavía está aquí”. Los sentidos hacen un dúo junto con el testimonio del razonamiento. La fe rehúsa admitir los sentidos por la vista de los ojos, y se para firmemente en aquello que Dios ya ha hablado. La Palabra de Dios dice, “ciertamente Él llevó nuestras enfermedades”, y si Dios dice que llevó nuestras enfermedades, entonces eso es cierto, porque esa Palabra forma parte de Dios, y todas las Palabras que Dios ha hablado son parte de Él Mismo. Podemos decir con confianza que todo lo que Dios ha dicho es. La misma Palabra de Dios declara que, “por las llagas de Jesús hemos sido sanados”. Esto fue declarado más de 700 años antes de que nuestras enfermedades fueran puestas sobre Cristo Jesús. Ahora ya es más de 2000 años desde que esto se cumplió en el Calvario. Nuestras dolencias y nuestras enfermedades, nuestros pecados y nuestras iniquidades, todos fueron llevados por el Maestro: por lo tanto, si Él se los llevó, está mal si nosotros también los llevamos—porque por medio de llevarlos nosotros, ¡estamos modificando lo que Él hizo! Debemos pararnos firmemente sobre lo que dice la Palabra Viviente de Dios. Debemos rehusar a escuchar cualquier otro tipo de voces. En Marcos 16:18 dice, “pondrán las manos sobre los enfermos, y ellos sanarán”. Entonces, cuando yo pongo mis manos sobre los enfermos, ¡Dios dice que ellos van a sanar! Esta palabra está llena de autoridad, tal como cualquier otra palabra que salió de los labios del Maestro. La fe declara que ya ha sido hecho. En el momento en que nuestras manos son puestas sobre la persona que está enferma, la fe dice, “gracias Padre Celestial, que ya he sido sanado”. Por las llagas de Cristo Jesús yo he sido liberado de aquella vieja enfermedad. La fe siempre declara antes de que Dios actúe. La declaración de la fe origina la acción de Dios. La fe dice, “Dios ha declarado que yo he sido sanado, y cualquier cosa que Dios declara es”. Cuando Dios dijo, “que sean hechas luces en el firmamento de los cielos”, las luces fueron creadas, y cuando Dios dijo, “por las llagas de Jesús tú eres sanado”, se convierte en una realidad puesto que no existe Palabra de Dios que carezca de poder. En Romanos 8:11 dice, “Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros”. Éste es Dios Mismo hablando acerca de nuestros cuerpos, que tienen que responder a Su Palabra. Estos cuerpos son el lugar de habitación de Dios, y son el lugar donde Dios está entronado y reina como Rey. El Dios viviente que dijo, “por las llagas de Jesús tú has sido sanado”, vive dentro de nuestros cuerpos para qué esa Palabra Viviente se realice en ellos.
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    34 Don Gossett Debes teneruna fe inquebrantable Alguna vez has notado que la gente que está hablando constantemente acerca de enfermedades tienen una gran porción de ellas? ¿Acaso alguna vez has notado que aquellos que están hablando constantemente acerca de temores, normalmente se sienten muy temerosos? Y si tú piensas en ello, tú vas a descubrir que aquellos que continuamente hablan acerca de necesidades, experimentan necesidad como el dueño de sus vidas. Es un hecho bíblico que nuestras palabras producen el tipo de vida que tenemos. Tú vas a poseer todo aquello que tú confieses. Lo que tú dices es lo que vas a obtener. Jesús dijo, “de la abundancia del corazón habla la boca”. Existe un versículo en el libro de Job que me ha intrigado en gran manera. También representa el poder que tienen las palabras. Es una prueba bíblica acerca de que tú tienes o posees todo aquello que tú déclaras con tu boca. Este pasaje dice así: “Decidirás una cosa, y se te cumplirá, y en tus caminos resplandecerá la luz” (Job 22:28). Por medio de tus palabras tú déclaras las cosas, y Dios dice, “y se te cumplirá”. Se convierte en parte de tu vida. El hecho de confesar o de decretar, o de declarar una cosa es un ejercicio verbal que trae consigo una respuesta: y se te cumplirá. Esto está en armonía con lo que Jesús dijo en Marcos 11:23, “En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a suceder, le será concedido”. Cualquier cosa que tú dices, decretas o declaras, se va a convertir en una realidad en tu vida. Eso es lo que dice la Biblia. Existen muchas otras pruebas en la Biblia que verifican que lo que tú dices continuamente es lo que tú llegas a tener. Yo tengo confianza en que tú vas a permitir que estas declaraciones de la Biblia formen raíces profundamente en tu vida, para que cuando tú declaras las cosas, tú puedas tener esas mismas cosas establecidas en tu vida. ¿Quién dice esto? Dios lo dice, y todo lo que Dios dice es correcto, absolutamente correcto. Y Dios dice que cuando tú decretas algo, esa misma cosa va a suceder. Jesús lo dijo, “todo lo que te diere le vendrá”. Estos versículos entre otros, deben servir para retarnos a nosotros y que estemos seguros de que hablamos palabras que están en armonía con la Palabra de Dios. Debemos traer nuestro testimonio al nivel de las Santas Escrituras, y entrenar nuestros labios para que hablen solamente aquello está alineado con “lo que dice el Señor”. El Señor Jesucristo me dio una maravillosa sanidad con relación a un tumor que yo tenía a un lado de mi cabeza, y para el cual ya me habían dado una fecha para ir a cirugía. Yo me atreví a declarar, “por las llagas de Jesús yo he sido sanado”. Después de que yo declaré esto, esa verdad fue establecida dentro de mi, y definitivamente, por una intervención milagrosa, el tumor desapareció. Por varios años yo le debí dinero por varios miles de dólares a una estación de radio en Saskatchewan. Parecía imposible poder reunir el dinero para poder ir y pagar esa deuda. Yo comencé a declarar, “yo decreto que Dios va a suplir todo el dinero para pagar a la estación de radio de Saskatchewan”. Dios que tiene el poder para hacer que se cumpla Su Palabra, y Dios honró mi declaración, y la convirtió en un acto concreto el día 31 de diciembre de 1977, y yo pagué los últimos
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    $850 de esacuenta, ¡gloria al Señor! El diablo también escucha Por favor no olvides este hecho: el diablo también puede escuchar su testimonio. La Biblia dice que vencemos al diablo por medio de la Palabra de Dios en nuestro testimonio (Apocalipsis 12:11). Pero si tenemos un testimonio donde no existe la Palabra de Dios en ello, entonces el diablo muy fácilmente puede derrotarnos o si nuestro testimonio no está en armonía con la Palabra de Dios, entonces, el adversario puede usurpar y tener una ventaja sobre nosotros. Si tu testimonio es un testimonio de enfermedad, entonces la enfermedad se va a desarrollar más fuerte en tu cuerpo. Cuando tú encares la enfermedad, debes hace que tu testimonio sea valientemente el mismo que el testimonio de la Palabra de Dios. Debes repetir lo que dice en Mateo 8:17, “Jesús mismo tomó mis enfermedades, y llevó mis dolencias”. Debes hablar acerca de la Palabra de Dios. Debes hablar acerca de la bondad de Dios hacia ti. Debes llenar tus labios con alabanza por todas las respuestas que has recibido a las oraciones que has hecho. A medida que haces esto, tu fe va a crecer a pasos agigantados y va a abundar mucho más en tu vida. Por el contrario, si tú hablas acerca de tus pruebas, tus dificultades, tus problemas, tu falta de fe, entonces, tu fe se va a hundir. Va a perder toda la vitalidad en tu vida. La Biblia ordena en Hebreos 10:23 que, “mantengamos firme nuestra confesión de fe, porque Él que lo prometió es fiel”. Nuestra parte en esta vida de fe es mantenernos firmes en nuestra confesión; la parte de Dios es cumplir fielmente Su Palabra en nosotros. He podido encontrar que en todos mis años de caminar en el camino de la fe, he obtenido las victorias a medida que me he mantenido firme y con mucha tenacidad en la Palabra de Dios. Si me aparto de la Palabra de Dios, y me dirijo hacia mis sentimientos o hacia las apariencias, en esas ocasiones siempre fui derrotado. Por ejemplo, cuando yo y mi familia nos quedamos atorados en la ciudad de Tel Aviv, en Israel, parecía que todos nuestros planes para ministrar por toda el África se estaban extinguiendo. Cada una de las pruebas de los sentidos estaban en contra de nosotros. Yo pude “escuchar” a los agentes de la línea aérea decirnos que no íbamos a poder llegar a África por muchos días. Yo pude “ver” que todos los demás pasajeros se fueron—mientras que yo y mi familia fuimos abandonados por todos ellos. Yo pude “sentir” las garras del desaliento cuando eran las dos de la mañana. Yo sabía que no debía apartarme de la Palabra de Dios para seguir lo que me estaban indicando mis sentimientos y las apariencias, y que si lo hacía iba a ser derrotado. A medida que mantuve mi corazón firme confesando la Palabra de Dios, esa palabra sobrenatural prevaleció sobre todas las malas circunstancias, y al cabo de horas nos encontrábamos en camino hacia el África. Las batallas más duras que tú vas a enfrentar se van a parecer a esta. Pero las victorias más grandes que tú jamás vas a ganar, van a ser aquellas cuando todo alrededor de ti está gritando “imposible”. Yo no lo sé todo acerca de la teología, acerca de la venida del Señor, y acerca de los eventos del futuro. Pero esto es algo que realmente conozco por medio de maravillosas experiencias que he vivido en la Palabra de Dios: cuando tú te atreves a mantenerte firme en tu confesión de la Palabra de Dios, todas las cosas imposibles se convierten en una realidad. Yo quiero recordarte que nunca te rindas ante el adversario. Tú y Dios son los dueños de la situación. Siempre debes recordar que Jesús enfrentó, derrotó y conquistó al enemigo. Aunque tú estés enfrentando derrota en todas las áreas de tu vida, tú estás enfrentando esa derrota como el amo y dueño en el nombre de Cristo Jesús, y en el nombre de Jesús tú eres más que un vencedor. Nunca te rindas. Mantén tu guardia muy firme. Dios está por ti, y tú no puedes ser vencido.
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    Cuando tú declarasuna cosa, de hecho tú estás decretando que eso suceda en tu vida. Si tú estás decretando necesidad y carencias, tú vas a tener a las necesidades y a las carencias como el dueño y amo de tu vida. Pero si tu estás decretando que Dios suple todas sus necesidades, tú vas a poder conocer la provisión de Dios. Si tú decretas debilidades, entonces tu vas a tener debilidades. Pero si tú decretas el hecho de que el señor Jesucristo es la fortaleza de tu vida, entonces tu vas a poder conocer el poder de Dios. Si tú decretas temores, entonces tu vas a tener tu porción de temores vivientes. Si tú decretas que Dios te va a proveer con valor, entonces tú vas a ser una persona valerosa, en lugar de ser temeroso. Otra razón por la cual tú has sido derrotado tantas veces en la vida, es debido a que tú has estado hablando el lenguaje de la duda y de la incredulidad. No puedes estar haciendo eso sin sufrir las consecuencias. Tú hablas acerca de la duda, y la duda se va a levantar como un gigante y te va a atar. Tú hablas acerca de la incredulidad, y tú vas a poder conocer el tormento de la incredulidad sobre tu vida por el resto de tus días. Si tú hablas acerca de qué tan débil es tu fe, entonces tu vas a ser tan débil como un hombre natural. Pero debido a que tú eres una nueva criatura en Cristo Jesús, tú debes poseer el lenguaje de un vencedor. Lo que tú dices es lo que obtienes. Lo que tú confiesas es lo que llegas a poseer. Lo que tú decretas es lo que vas experimentar. Tú hablas acerca del fracaso, y todo aquello que tú hagas va a fracasar. Yo quiero retarte para que tú hagas una confesión valiente y llena de confianza. Atrévete a ser una persona que verdaderamente pertenece a Jesús. Debes ser una persona que no se conforme con la multitud del mundo. Debes ser un hombre de Jesús, una mujer de Jesús. Debes ser lleno con el amor de Jesús. Debes ser lleno con el entusiasmo en tu trabajo. Debes echar fuera ese espíritu de temor en el nombre de Jesús. Debes atacar esa dificultad que ha turbado tu vida hoy mismo. Debes decretar las cosas correctas, las cosas de la Palabra de Dios, y vas a ver como cosas maravillosas van a ser establecidas en tu vida. Si haces declaraciones negativas, cosas negativas y adversas van a ser tu porción en la vida. Debes tener una fe muy firme. Este es el tipo de fe que obtiene la victoria.
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    35 E. W. Kenyon Hazque tus palabras trabajen a tu favor Las palabras son una de las cosas más grandes en este mundo. Las palabras son pensamientos colocados en vestimentas, de tal manera que puedan comercializar, y que se puedan intercambiar. Los pensamientos desnudos no pueden ser vistos, oidos, sentidos, ni vendidos; sólo aquellos pensamientos que ponemos en palabras tienen valor. Las palabras pueden tener un increíble valor si están llenas con el tipo correcto de material. Las palabras hicieron que Austria se convirtiera en parte de Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Las palabras invitan a los hechos y a las acciones. Las palabras mueven a todo el mundo, estremecen naciones, y encienden a las gentes con ambición o con penas. Que Dios nos ayude a usar las palabras sabiamente. La Biblia está hecha de palabras, palabras que están llenas de Dios, y palabras que están llenas de amor. Tú y yo salimos para vender y para comprar, y para trabajar, y el día de hoy vamos a estar usando palabras. Debemos usar estas palabras como si fueran oro, y debemos manejarlas como si fueran diamantes, y joyas muy escogidas. Para muchas gentes las palabras son tan comunes como la tierra de la calle. Otras personas las consideran con un poquito más de valor. Pero el hombre o la mujer que son sabios son muy cuidadosos con sus palabras. Un día yo dije una oración y me costó trescientos dólares. Yo no debía haber dicho nada ese día. Yo conocí a un hombre que dijo una sola oración, y le costó toda una vida de trabajos forzados. Las palabras son cosas muy poderosas. Por medio de las palabras tú eres salvo. Por medio de las palabras tú eres condenado.
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    36 Don Gossett Yo nuncame levanto más allá de mi confesión Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es el que prometió. —Hebreos 10:23 (Debes declarar esto como una confesión personal de tu fe). Yo nunca me levanto más allá de mi confesión. Una confesión negativa me va a rebajar al nivel de esa confesión. Lo que confieso con mis labios es lo que realmente me controla. Mi confesión me aprisiona si es una confesión negativa, o mi confesión me libera si es una confesión positiva. Lo que yo digo es lo que obtengo. “En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a suceder, le será concedido” (Marcos 11:23). Si siempre estoy hablando de mis fracasos y de mi falta de fe, invariablemente voy a llegar al nivel de esta confesión. Cuando yo confieso la falta de fe, eso hace que la duda aumente. Cada vez que yo confieso dudas y temores, estoy confesando que tengo fe en el diablo, y estoy negando la habilidad y la gracia de Dios. Cuando yo confieso dudas, yo estoy siendo prisionero de mis propias palabras. Proverbios 6:2 dice, “si te has enredado con las palabras de tu boca, si con las palabras de tu boca has sido atrapado”. Una confesión equivocada aleja al Padre Celestial fuera de mi vida, y permite que el diablo entre en mi vida. Si yo dudo la Palabra de Dios, esto se debe a que estoy creyendo algo diferente, y que es contrario a la Palabra de Dios. Yo rehúso involucrarme en cualquier nivel con cualquier cosa que tenga que ver con una confesión equivocada. Cuando yo me doy cuenta de que nunca puedo ir ni levantarme más allá de mi confesión, entonces estoy llegando al lugar donde Dios puede usarme. En Efesios 4:29 dice, “No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan”. Una confesión equivocada es una comunicación corrupta. Yo voy a hablar solamente aquello que es bueno para la edificación. “Ni le deis lugar al diablo” (Efesios 4:27). Yo rehúso testificar a favor del adversario. Yo pienso fe, hablo fe, y actúo en fe. Yo soy gobernado por mis confesiones. Lo que yo confieso con mis labios es lo que realmente llega a dominarme, y yo hago que mis labios cumplan con su deber. Yo rehúso permitirle a mis labios que destruyan la efectividad de la Palabra de Dios en mi caso. Si yo titubeo en mi fe, yo no voy a recibir nada del Señor. Con mi corazón es que debo creer, y con mi boca es que debo confesar para salvación, para sanidad, para provisión, para liberación, ¡y para fortaleza! Yo no sólo confieso con mis labios, sino que también tengo mucho cuidado de no negarlo en mi corazón. Si yo rehúso confesar con mis labios, pero en mi corazón digo, “pero la Palabra de Dios no es verdad ni se aplica en mi caso”. La confesión de mis labios no tiene valor alguno y mi corazón la repudia. ¡Yo
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    prefiero alinearme conla sabiduría de la Palabra de Dios, y levantarme para llegar a poseer lo que me pertenece en Cristo Jesús!
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    37 E. W. Kenyon Laspalabras del Padre Celestial en los labios de Jesús Cuando aprendemos que el Padre Celestial y Su Palabra son Uno Solo, la Biblia se va a convertir en un nuevo libro. Cuando nos damos cuenta que la Biblia es el Maestro Mismo hablando directamente hacia nosotros, entonces se convierte en una realidad. Éso nos dice en Juan 12:47–49, “Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, ésa lo juzgará en el día final. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha enviado me ha dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar”. En ningún lugar Jesús declara ser el original, ni que las palabras que Él habla sean originales. El siempre declara que está hablando las palabras de Su Padre Celestial. Cuando Jesús sanó a los enfermos, fue la palabra de Su Padre Celestial en Sus labios haciéndolo. Cuando Jesús dijo, “Lázaro, sal fuera”, fueron las palabras del Padre Celestial las que hicieron ese milagro. Cuando Jesús ordenó que se calmara la tormenta del mar, cuando multiplicó los panes y los peces, cuando sanó a los enfermos y levantó a los muertos, siempre fueron las palabras del Padre Celestial en los labios de Jesús obrando. Cuando Jesús dijo, “Yo Soy la Luz del mundo”, Él solo estaba hablando lo que Su Padre Celestial le daba para que hablase. Por lo tanto, fueron las palabras del Padre Celestial en los labios de Jesús, las que dieron vida a los muertos, y sanaron a los enfermos, las que crearon nuevos miembros para los cojos, y las que dieron comida a los hambrientos, vista a los ciegos, y liberación de los temores de la muerte y de la tumba. ¿Puedes tú entender el significado de todo esto? Jesús hizo todo esto con palabras. Y ahora Él nos ha dado Sus palabras. Jesús mismo es la certeza y la seguridad del Nuevo Testamento, desde Mateo hasta Apocalipsis. Nosotros podemos usar las palabras de Jesús ahora mismo. Sus palabras en nuestros labios van a ejecutar el mismo tipo de obras y de milagros que las palabras del Padre Celestial ejecutaron en los labios de Jesús. El único problema sólo consiste en poder utilizar lo que Dios ya nos ha dado. Para ilustrar esto, Él ha llenado la tierra con aceite, pero si nadie pone ninguna atención en esto, y si llegamos al lugar donde vamos a asumir que hemos llegado, y necesitamos desesperadamente aceite y gasolina, pero hemos estado ignorando la bodega de provisión que está llena con aceite, esto es un ejemplo de lo que estamos haciendo con la Palabra Viviente de Dios. Actualmente tenemos el poder para sanar a todas las personas que están enfermos, tenemos la habilidad para suplir la necesidad de todos los hombres y de todas las mujeres que se encuentran alrededor de nosotros, y todas esas necesidades son mucho más grandes que la simple necesidad que nosotros podemos tener de gasolina o de aceite.
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    Nosotros poseemos laspalabras que llevan sanidad, que traen salvación, y que obran liberación, que traen gozo paz y que dan descanso al alma. Nosotros poseemos las palabras que pueden edificar la fe en aquellos que se encuentran desanimados, que pueden darle fortaleza a los que se encuentran débiles, esperanza en el corazón de aquellos que se sienten perdidos, y liberación para todos aquellos que están siendo aprisionados en cautividad. Pero nosotros nos estamos absteniendo de usar las palabras que van a hacer todo esto. Tú debes entender que la habilidad de Dios está envuelta en las palabras de Dios. Éstas palabras nos han sido dadas a nosotros. Nosotros podemos usarlas. El mundo necesita estas palabras desesperadamente, y tú debes comenzar ahora mismo a declarar las palabras de Dios. Debes permitir que se conviertan en cosas vivas en tus labios. Tú tienes que atreverte a decirle a los enfermos, “en el nombre de Jesús, tú eres sanado”, a los hombres que se encuentran en cautividad, “en el nombre de Jesús, te ordenó demonio que salgas de este hombre”. Debes atreverse a tomar el lugar que te corresponde.
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    38 Don Gossett Declara tucamino ascendentemente En el año de 1961, yo tuve que enfrentar un reto propuesto por un hombre, “declara la manera en que debes ser, y tú te convertirás en aquello que tú declaras”. Yo comencé a declarar no en la forma en que las cosas estaban entonces, sino en la forma en que a mí me gustaría que estuvieran. Yo descubrí que esto armonizaba con las Escrituras que dicen, “En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a suceder, le será concedido” (Marcos 11:23). Ya había acabado de perder mi casa debido a un embargo, y también había perdido cinco cuartos llenos de mobiliario. Yo había estado declarando pobreza, y por lo tanto coseche pobreza. Yo cambié el tono de mi voz y comencé a declarar, “Dios me da riquezas y salud”. Esto armonizaba con lo que dice 3ª Juan 2, “Amado, ruego que seas prosperado en todo así como prospera tu alma, y que tengas buena salud”. El hecho de decir, “Dios, me está dando riquezas y salud”, siendo que yo no tenía nada de dinero, no tenía una casa, y carecía de muebles, teniendo a mi familia y viendo en dos cuartos pequeños en un motel en la ciudad de Victoria, esto significaba “declarar la forma en que a mí me gustaría ser, para que yo me convirtiera en la forma que yo había declarado”. Yo descubrí otro poema de poder por el cual yo comencé a vivir, “ lo que confieso es lo que poseo”. Estaba aprendiendo que lo que tú dices, es lo que llegas a poseer. Yo comencé a confesar, “mi Dios pues, suplirá todas mis necesidades de acuerdo a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Yo discipline mis labios, y mantuve mi corazón firme, dirigido hacia esta provisión de una casa, de muebles, pero más que todo, de un ministerio que pudiera ser capaz de convertirme en un hombre que siempre obtiene resultados excelentes en Cristo Jesús, y en una ayuda positiva para todas las gentes que se encuentren encadenadas, oprimidas y destrozadas. Por lo tanto, yo comencé a cantar, “yo puedo ver que soy libre”. Yo sabía que Jesús vino a liberar a los cautivos, y yo estaba cautivo en las opresiones de temor, ansiedad, preocupaciones, y frustración. “Permanecer firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud” (Gálatas 5:1). Yo aprendí a rebelarme en contra de la pobreza, el fracaso y la tiranía en todas sus formas. Yo acostumbraba hablar de esta manera: “yo soy una persona exitosa en la vida. Yo siempre hago las cosas que agradan a mi Señor Jesucristo. Yo voy a utilizar los métodos modernos de comunicaciones para predicar el Evangelio. Yo voy a tener éxito como locutor de radio. El Espíritu Santo ha puesto muchos libros en mi corazón. Yo voy a escribir todos esos libros. Yo declaré todo mi camino, impulsándome siempre hacia delante. Yo confesé la Palabra de Dios. Yo rehusé tener confesiones negativas. Con relación a la casa que compramos en Surrey, yo comencé a declarar: “yo siempre voy a realizar todos mis pagos y nunca voy a fallar en uno solo. El diablo nunca puede robarme esta casa. Voy a comprar todos los muebles que necesita toda mi familia. Todos vamos a ser muy felices y vamos a
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    tener todas nuestrasaspiraciones realizadas en esta casa. Mi registro anterior, era un registro lleno de fracasos, conteniendo un problema tras otro en todos los asuntos económicos y financieros. Yo no había podido tener éxito como locutor de radio. Yo no tenía manera de poder publicar un libro, aunque en mi corazón estaba ardiendo con todas las verdades que yo quería escribir. Yo me mantuve declarando mi camino en la manera como a mí me gustaría ser, y alabando al Señor todo el tiempo, y yo me convertí en aquello que yo declaré. Yo fui capacitado por Dios para poder confrontar todas las tormentas, y poder lograr el triunfo por medio de Su gracia. Por supuesto que mi fuente de recursos principal para declarar era la Palabra de Dios. Jesús declaró, “Las palabras que os he hablado, son espíritu y son vida” (Juan 6:63). “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). Este “principio de declarar mi camino” es el ingrediente contenido en la fe. En 2ª Corintios 4:13 dice, “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por tanto hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos”. Esta escritura nos enseña la manera en que opera la fe: primero tienes que creer con todo tu corazón, y entonces tú puedes declarar aquello en lo que has creído. Esta es la Palabra que hemos creído; por lo tanto, es la Palabra dadora de vida que declaramos. Las confesiones de fe han sido nuestra victoria. Hemos declarado nuestro camino hacia adelante continuamente. Yo confesé, “vamos a ser usados por Dios para ganar decenas de millares para Cristo Jesús”. Éste era verdaderamente el ámbito de la fe, porque nunca jamás habíamos ganado ni siquiera miles de almas para Cristo. Nos convertimos en aquello que declaramos y, literalmente, decenas de miles de almas han sido ganadas para Cristo Jesús. Hemos derrotado nuestros viejos patrones de fracaso con relación a usar la radio y a convertirnos en locutores de radio, porque yo comencé a proclamar, “vamos a tener éxito en las estaciones de radio por todo el mundo”. Este ha sido un hecho glorioso, gloria al Señor. Con esta intensa ambición de bendecir al cuerpo de Cristo a través de los principios de la fe, yo he podido aprender a través de pruebas muy duras, y por lo tanto he afirmado, “voy a ser capaz de publicar estas verdades dinámicas de la Palabra de Dios para poder edificar a otras personas”. Ahora, 20 años más tarde, más de 20 millones de copias de mis publicaciones han salido impresas de las prensas de los diferentes editoriales. Yo testifiqué por fe, “mis cinco hijos van a crecer fuertes en el Señor Jesucristo y van a ser usados por Él”. Gloria a Dios, que esta ha sido una realidad gloriosa, porque todos ellos viven bajo el señorío de Cristo Jesús. Mi confesión ha precedido a mi posición. Yo he confesado, “yo pongo todas mis fuerzas para ser valiente”. A través de un ministerio valiente es que hemos podido testificar resultados sobrenaturales en sanidades y liberaciones por todos lados que hemos ido con las Buenas Nuevas de Dios. Lo que tú declaras es lo que vas a obtener. Lo que yo dije es lo que yo obtuve. Yo he declarado, “no hay lugar para oscuridad en mi vida”. La oscuridad y la depresión han tratado repetidamente de atraparme en sus garras malignas. Yo he resistido en el nombre de Cristo Jesús, y he vencido. Yo
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    puedo añadir, “miestilo de vida es una sonrisa en los labios”. Veinte años de la gracia y misericordia de Dios. 20 años de logros y triunfos. 20 años de ganar almas y de llevar fruto. Yo me regocijo en Cristo Jesús, a quien he escogido. Hemos decidido, “ganar a los perdidos a cualquier costo”. ¡Por la gracia de Dios somos ganadores!
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    39 E. W. Kenyon Nuncaseas negativo Filipenses 4:13 es el mensaje de Dios para ti el día de hoy. “Todo lo pueden Cristo Jesús que me fortalece”. Tú te conviertes en uno de esos que pueden hacer todas las cosas, y todo lo que Dios desea realizar. Los mandamientos de Dios significan que Su habilidad acompaña al mandamiento. “No te encarceles a ti mismo con declaraciones negativas y declaraciones que digan “no puedo”. Debes librarte completamente del pasado que ha formado un molde y una valla alrededor de ti. Debes venir a un nuevo presente, un nuevo día, con la habilidad de Dios apoyándote completamente. Debes cantar; “Dios está obrando conmigo, Dios y yo podemos hacer todas las cosas. El Espíritu de realidad está haciendo las cosas reales en mi corazón”. Debes repetir esto una y otra vez, y todo tu ser va a ser inundado con luz. La Palabra de Dios se va a convertir en una cosa viva en tus labios, y tú vas a poder ser capaz de orar con la conciencia de que estás alcanzando el trono de Dios, y que estás obteniendo aquella cosa por la cual has estado orando. No te esperes a tener una mejor educación o un mayor entrenamiento. Debes usar lo que tienes ahora mismo. Debes permitir que la palabra de Cristo Jesús habite en ti únicamente, dominando todo aquello que tiene que ver contigo. Debes tener un testimonio positivo. Tu diaria confesión debe ser que “mi Dios pues, suplirá todas mis necesidades”… económicamente, espiritualmente, e intelectualmente. Debes permitir que el mundo sepa que Dios ya te ha bendecido a ti con todo tipo de bendiciones espirituales en este mismo momento, y que tú estás disfrutando del tiempo presente, teniendo un contacto continuo con Dios. Lo que dice en Efesios 3:20 es completamente tuyo. “Y a aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros”. Debes darle toda la libertad a Diós dentro de ti. Anteriormente tú lo habías estado aprisionando. Tú habías hecho de Él un Dios pequeñito, siendo que Dios es el Dios Creador de todas las cosas. Tú Le habías robado toda Su iniciativa. Tú lo callabas una y otra vez cuando Él quería hablar. Tú te habías rendido a tus propias debilidades y fracasos, siendo que la fuerza de Dios estaba esperando oír tus órdenes. Tú has estado declarando fracaso. Tú has estado declarando enfermedades. Tú has estado hablando negativamente, siendo que tú tenías que haber sido positivo. Tú deberías haber dicho firmemente, “yo sé en quien he creído. Yo sé que Dios es capaz, y que tiene toda la habilidad necesaria para hacer de mí un éxito. Yo tengo la habilidad de Dios dentro de mí”. Repite esto en voz alta, una y otra vez. El Salmo 23 dice, “Jehová es mi pastor. Nada me faltará. Él me está guiando a las riquezas de Su gracia, y a la plenitud de Sus bendiciones”. El Salmo 27:1 dice, “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quien temeré? Jehová en la fortaleza de mi vida; ¿de quien quiere atemorizarme? El nombre de Jehová aquí significa Jesús. El Señor de quien Él
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    está hablando esAquel quien Se dio a Sí Mismo por ti. Él te ama y Él está esperando transformarte y convertirte en éxito. En este momento Jesús es tu ayuda presente. No importa cuáles son las circunstancias en que te encuentras, ni cuáles son los problemas que tienes. Jesús es mucho mayor. No importa cuáles son tus limitaciones o cuál es la enfermedad que tienes en tu cuerpo, o la falta de dinero por la que estás pasando. Dios está en la misma habitación ahí donde tú te encuentras en este momento. El está ahí con Su Presencia Omnipotente. El está ahí con Su Sabiduría Perfecta. El está ahí con la sanidad y la victoria para ti. Gracias a Dios por ello. Dile que estás contento de que Él está contigo. En Juan 14:23 dice, “Jesús respondió, y le dijo: Si alguno me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos con él morada”. Jesús está contigo ahí en este mismo momento. Debes darle a Jesús el lugar y el honor que Él merece. Debes darle gracias por Su Presencia. Debes darle gracias por Su Habilidad. Debes darle gracias de que has acabado con los fracasos pasados, y que ahora tú estás viviendo en la luz de Su Victoria.
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    40 Don Gossett Cuando nosiento ánimos para hacerlo En Marcos 11:23 dice, “y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a suceder, le será concedido”. Lo que yo digo es lo que obtengo. Lo que yo confieso es lo que poseo. Mi confesión de la Palabra de Dios precede a mi posesión de las promesas de la Palabra de Dios. En Mateo 4:4 dice, “Pero El respondiendo, dijo: Escrito está: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Cuando me di cuenta de que yo podía obtener lo que yo declaraba, yo permití que la Palabra de Dios prevaleciera en mi, dándole toda la libertad. Yo prefiero dedicarme a declarar solamente la Palabra de Dios (Mateo 8:8). Cuando necesito sanidad, yo declaro en voz alta tan frecuente como es posible, “por las llagas de Jesucristo yo he sido sanado” (1ª Pedro 2:24). Yo declaro esto cuando me siento que debo declararlo. Yo lo digo especialmente cuando no siento que debo de decir algo. Cuando los dolores agudos golpean mi cuerpo, yo lo declaro. Cuando me levanto en medio de la noche con síntomas de alguna enfermedad, yo lo declaro. Yo declaro cuando me levanto en la mañana, y yo lo declaro cuando me voy a descansar por la noche. Yo lo declaro con toda la confianza que yo puedo tener. Yo declaro aún en aquellos momentos en que no siento ninguna confianza. Yo lo declaro. Yo lo declaro. Yo lo declaro. Isaías 53:5 dice, “por las llagas de Jesús yo he sido sanado”. Cuando me siento débil, yo rompo el silencio por medio declarar el Salmo 27:1 que dice, “el Señor es la fortaleza de mi vida”, y Filipenses 4:13 que dice, “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Sí, declaró esto cuando me siento bien y fuerte pero lo declaro especialmente cuando me siento débil y derrotado. Lo declaro cuando siento que estoy en la cima de una montaña de bendición espiritual. Y lo declaro muy especialmente cuando me siento que estoy lejos y apartado en el valle de la melancolía y desaliento. Cuando tengo temores, yo declaro con autoridad 2ª Timoteo 1:7 que dice, “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”. Yo lo declaro en voz alta, lleno de confianza, y entonces todos mis temores desaparecen. Ya sea que lo sienta o que no lo sienta, yo se que el Señor Jesús vive y habita, y yo siempre me encuentro encima de esa Roca Sólida. Cuando soy tentado a dudar de la Palabra de Dios, yo dudo esa duda; la duda viene del diablo, y Dios me clasifica a mí como un creyente. Si yo creo, yo recibo; si yo dudo, yo lo recibo nada. Yo declaró con una seguridad muy valiente lo que dice en Romanos 12:3, “Dios le ha dado a cada hombre una medida de fe”. La fe es algo que yo ya tengo, porque Dios le ha dado a todo hombre la medida de fe. La fe es lo que yo creo actualmente en las mismas profundidades de mi corazón. Cuando me falta dinero, yo declaro estas siete palabras, “mi Dios pues, suplirá todas mis necesidades” (Filipenses 4:19). Yo declaro esto cuando tengo dinero en el banco, y también lo declaro cuando mi cuenta en el banco está completamente vacía. Yo lo declaro cuando mis sentidos registran
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    que estoy prosperando,y yo lo declaro cuando parece que estoy hundido en la pobreza. Cuando yo vivo por la Palabra de Dios, hay dos grandes promesas que me aseguran estos resultados: el Salmo 1:3 dice, “todo lo que haga, prosperará”, y el Josué 1:8 dice, “porque entonces harás prosperar tu camino y tendrás éxito”. En la mañana, al mediodía, y por las noches, y aún en medio de todos estos tiempos, yo declaro la Palabra de Dios. Esta es la más grande autodisciplina en la cual yo jamás me he involucrado: el declarar la Palabra de Dios todo el tiempo, y bajo todas las circunstancias. Yo pienso en la Palabra de Dios en silencio, y entonces la declaro en voz alta tan frecuentemente como me sea posible. Yo la declaro cuando siento que la presión del enemigo está sobre mi. ¡Yo la declaro cuando estoy descansando en el éxtasis del Espíritu Santo! Yo la declaro cuando me siento capaz de hacerlo. ¡Y muy especialmente la declaro cuando no me siento como para hacerlo!
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    41 E. W. Kenyon “Túeres de Dios” Tú eres de Dios”. Este es el creyente. Hablando de otro tipo de gente Él dice, “ellos son del mundo, por lo tanto hablan como habla el mundo”. Pero nosotros somos de Dios. “A menos que el hombre nazca de arriba, nazca del espíritu, nazca de la Palabra de Dios, no puede entrar al reino de Dios”. Hemos recibido la naturaleza, la habilidad, y la vida de Dios. Con la naturaleza de Dios hemos recibido las mismas características de Dios. Si tenemos comunión con Él, vamos a adquirir los hábitos que Dios tiene, y los cuales podemos ver en Jesús mientras que caminó en esta tierra. Aprendemos el lenguaje del cielo, para que a medida que la Palabra de Dios hace contacto con nosotros, se convierte en parte de nuestro ser. En 1ª Juan 4:4 dice, “hijitos míos, ustedes son de Dios y los han vencido”. Piensa acerca de esta expresión, “los han vencido”. La obra ya ha sido completada. Cuando Jesús venció al adversario, tú estabas con Él. Fue tu victoria. Ahora, Dios nos está diciendo que somos vencedores. En 1ª Juan 2:14 dice, “Os he escrito a vosotros, padres, porque conocéis al que ha sido desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes y la palabra de Dios permanece en vosotros y habéis vencido al maligno”. Lo vencieron en las batallas presentes de sus días, a través de la Palabra de Dios que estaba habitando en ellos. La Palabra de Dios es la voz de Dios, es Dios Mismo hablándonos. Es Dios en nosotros y ya ha vencido al maligno. Las fuerzas que vinieron en contra de nosotros ya fueron puestas en sujeción y en cautividad. “Lo vencieron por la palabra de su testimonio”. Ésta es el Logos, la Palabra de Dios. El día de hoy somos conquistadores y vencedores a través de nuestro testimonio. Es nuestro testimonio el que gana la victoria. Conquistamos al adversario a través de nuestro testimonio, y a través de nuestra confesión de fe. Declaramos que el Espíritu Santo ha levantado a Jesucristo de entre los muertos, y está viviendo dentro de nosotros, y ha sanado nuestros cuerpos, nos ha dado fortaleza y claridad a nuestro pensamiento, nos ha hecho vencedores en todas aquellas áreas donde la derrota había reinado durante muchos años. Ahora Dios dice, “y lo han vencido”. ¿Por qué? “Porque mayor es el que está en mí el que estén el mundo”. El Más Grande es el que está dentro de nosotros. Me da mucho gusto pensar que el Espíritu Santo no puso a un lado ninguna parte de Su habilidad o sabiduría o poder cuando Él hizo Su habitación en el cuerpo de los creyentes. El puede usar la espada del Espíritu Santo a través de nuestros labios y vencer a cualquier fuerza que nos ataque. Hemos vencido por medio de la Palabra de Dios en nuestros labios. El Nombre de Jesús en nuestros labios es tan Poderoso, como las palabras que salieron de los labios de Jesús mientras Él caminaba aquí en la tierra. No nos hemos dado cuenta de esto. No nos hemos dado cuenta de que la palabra de Cristo Jesús en nuestros labios era igual que las palabras que salían de los labios del Maestro.
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    Ha sido muydifícil que nosotros podamos aceptar el hecho de que la Palabra de Dios es una cosa viviente en los labios del creyente. Tiene consuelo y paz para el corazón. Tiene poder y autoridad en los labios. Tú enfrentas la vida sin miedo alguno. Tú enfrentas la vida como un vencedor.
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    42 Don Gossett Mi listade nunca hacerlo otra vez Nunca jamás voy a volver a confesar “no puedo” porque “todo lo puedo en Cristo Jesús que me fortalece” (Filipenses 4:13). Nunca jamás voy a volver confesar mis necesidades por qué, “mi Dios pues, suplirá todas mis necesidades de acuerdo a sus riquezas y gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Nunca jamás voy a volver a confesar temores porque, “Dios no me ha dado el espíritu de temor sino de poder de amor y de templanza” (2ª Timoteo 1:7). Nunca jamás voy a confesar dudas o falta de fe porque “Dios le ha dado a cada hombre la misma medida de fe” (Romanos 12:3). Nunca jamás voy a confesar debilidades porque, “el señor es la fortaleza de mi vida” (Salmo 27:1), y “el pueblo que conoce a sus Dios se esforzará y actuará” (Daniel 11:32). Nunca jamás voy a confesar la supremacía del diablo sobre mi vida porque “más grande es el que está en mí el que está en el mundo” (1ª Juan 4:4). Nunca jamás voy a confesar derrota porque “Pero gracias a Dios, que en Cristo siempre nos lleva en triunfo” (2ª Corintios 2:14). Nunca jamás voy a confesar falta de sabiduría porque, “Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención” (1ª Corintios 1:30). Nunca jamás voy a confesar enfermedades porque, “Por las llagas de Jesús yo he sido sanado” (Isaías 53:5), y “Jesús Mismo llevó mis enfermedades y mis dolencias” (Mateo 8:17). Nunca jamás voy a confesar preocupaciones y frustraciones porque, “Echando toda vuestra ansiedad sobre El, porque El tiene cuidado de vosotros” (1ª Pedro 5:7). En Cristo Jesús, ¡yo estoy libre de preocupaciones! Nunca jamás voy a confesar ningún tipo de ataduras porque, “Donde está el Espíritu del Señor, ahí hay libertad” (2ª Corintios 3:17). ¡Mi cuerpo es el templo del Espíritu Santo! Nunca jamás voy a volver a confesar ninguna condenación porque, “”Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1). Yo estoy en Cristo Jesús; por lo tanto, yo estoy completamente libre de cualquier tipo de condenación. Nunca jamás volveré a confesar soledad. Jesús dijo, “He aquí, Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20), y, “Nunca los dejaré ni los abandonaré” (Hebreos 13:5). Nunca jamás volveré a confesar maldiciones o mala suerte porque, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: Maldito todo el que cuelga de un madero), a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles,
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    para que recibiéramosla promesa del Espíritu mediante la fe” (Gálatas 3:13–14). Nunca jamás volveré a confesar descontento porque, “No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación” (Filipenses 4:11). Nunca jamás volveré a confesar sentirme inferior o ningún tipo de indignidad porque, “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El” (2ª Corintios 5:21). Nunca jamás volveré a confesar confusión porque, “Dios no es Autor de confusión, sino de paz” (1ª Corintios 14:33), y, “Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado gratuitamente” (1ª Corintios 2:12). Nunca jamás volveré a confesar persecución porque, “Si Dios por nosotros, ¿quien contra nosotros?” (Romanos 8:31). Nunca jamás volveré a confesar el dominio del pecado sobre mi vida, “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:2) y, “Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones” (Salmo 103:12). Nunca jamás volveré a confesar inseguridad porque, “Cuando te acuestes no tendrás temor, sí, te acostarás y será dulce tu sueño. No temerás el pavor repentino, ni el ataque de los impíos cuando venga, porque el Señor será tu confianza, y guardará tu pie de ser apresado” (Proverbios 3:24–26). Nunca jamás volveré a confesar fracaso porque, “Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37). Nunca jamás volveré a confesar frustración porque, “Al de firme propósito guardarás en perfecta paz, porque en ti confía” (Isaías 26:3). Nunca jamás volveré a confesar ningún tipo de temor con relación al futuro porque, “Sino como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han entrado al corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios” (1ª Corintios 2:9–10). Nunca jamás volveré a confesar ningún tipo de problemas porque, “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tenéis tribulación; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).
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    43 Ejercicio de fe Declarala forma en que te gustaría ser, y tú te convertirás en aquello que has declarado Tú confiesas a Jesús como Señor “para salvación” (Romanos 10:10). Tú lo confiesas a Él primero, y entonces, Dios actúa para regenerar tu espíritu. Este principio de declarar las cosas es visto en forma muy clara a través de las Escrituras. “delante de aquel en quien creyó, es decir Dios, que da vida a los muertos y llama a las cosas que no son, como si fueran” (Romanos 4:17). Primero, Dios habló la palabra, y entonces, Sus actos de creación se realizaron. Tú hablas, y entonces lo posees. Tú declaras la forma en que te gustaría ser, y te conviertes en aquello que has declarado. “Y ruego que la comunión de tu fe llegue a ser eficaz por el conocimiento de todo lo bueno que hay en vosotros mediante Cristo” (Filemón 6). Tu fe se convierte en algo efectivo por medio de tu reconocimiento, o por medio de tu declaración de todas las cosas buenas que hay en ti en Cristo Jesús. Tú declaras, y entonces se convierte en una realidad. “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por tanto hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” (2ª Corintios 4:13). Para que tú fe pueda ser activada, ¡tú debes declarar! ¿Deseas tener buena salud? Entonces debes declarar todas las Escrituras que tengan que ver con salud. Cuando tú declaras la Palabra de Dios, Proverbios 4:22 asegura que este proceso de la Palabra Viviente va a producir “salud para toda tu carne”. Tú debes declarar, “yo tengo una mente saludable, ojos saludables, nariz, boca, corazón, vasos sanguíneos, nervios, huesos y órganos saludables”. Cuando tú tienes un problema de salud, debes declarar a esa montaña lo que Jesús declaró, y tú “tendrás lo que hayas declarado” (Marcos 11:23). ¿Acaso tienes el deseo de ser un cristiano fuerte? “Diga el débil, fuerte soy” (Joel 3:10). No es el fuerte quien afirma ser fuerte, sino el débil. Se tiene que declarar primero, y entonces esto se convierte en una realidad. Ésta es la fe que agrada a Dios. ¿Acaso deseas convertirte en una persona amorosa? Entonces debes declarar de esa manera porque “el amor de Dios ha sido derramado en tu corazón por el Espíritu Santo” (Romanos 5:5). ¿Acaso deseas ser exitoso? Entonces debes declarar éxito. ¿Acaso deseas ser valiente en Cristo Jesús? Entonces debes declarar valientemente por qué “los justos son valientes como leones” (Proverbios 28:1). Tributos a E. W. Kenyon y Don Gossett
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    44 E. W. Kenyon “Yvino un hombre enviado por Dios” Por el Reverendo Jack Mitchell En 1931, vino un extraño aquí a nosotros en el noroeste pacífico trayendo un mensaje de amor. El predicó un mensaje de Aquel que nos amó y se dio a Sí Mismo para morir por nosotros, y que nosotros pudiéramos entrar a la familia del Gran Padre Dios. Él trajo el mensaje de la redención, de la sanidad y de la justicia. A través de su ministerio la realidad pudo entrar a nuestros corazones hambrientos. Durante muchos años sus transmisiones matutinas en la radio enriquecieron las vidas de multitudes. Muchas gentes escuchaban su alegre “buenos días” al locutor de la radio, y entonces “buenos días amigos de Radio Land, estoy tan contento de estar con ustedes otra vez”. Muchos que nunca habían asistido a una iglesia fueron alcanzados para Cristo Jesús a través de estas transmisiones de radio. Una ocasión yo visitaba un rancho pequeño en el sur y pude escuchar el testimonio del granjero y de su esposa que detuvieron sus tareas matutinas para escuchar la transmisión de radio porque acostumbraban hacer esto cada mañana. Sus corazones fueron atraídos por el mensaje de amor, y finalmente fueron ganados para el Señor Cristo Jesús. Las palabras no son capaces de expresar lo que estos mensajes, que venían directo del corazón del Padre Celestial significaron para ellos. La gratitud llena nuestros corazones por su fidelidad al haber presentado ante nosotros todo lo que Dios le había dado. El enriquecimiento espiritual a través de un mayor conocimiento de la Palabra de Dios ha enriquecido nuestros corazones a través del hombre mediante el cual vino esa luz. Para algunos de nosotros las fronteras del reino de los cielos fueron extendidas. Una vez nos encontramos afuera, pero ahora somos miembros conjuntos de este gran reino eterno que no puede ser sacudido. Él ya se ha ido para estar con su Señor, y para disfrutar las glorias de los cielos. El deja inmensos tesoros dados por Dios de bendiciones espirituales para que nosotros las gocemos mientras que él se ha dirigido a la recompensa segura que tiene todo ministro fiel. Yo cuento como un raro privilegio el hecho de haber podido conocerlo, y haber tenido el gozo de su comunión. Que el Señor bendiga su memoria en los corazones de todos ustedes.
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    45 E. W. Kenyon Eledificador de la fe Por el Reverendo Carl Olson Entré en contacto con el ministerio del Doctor Kenyon, por medio de escucharle en la radio. Fue mi privilegio el haber estado en forma directa o indirecta bajo su ministerio por aproximadamente 10 años. El Dr. Kenyon tuvo un ministerio largo y muy fructífero de más de 50 años, y él vive en los corazones de aquellos que lo conocieron, y por medio de la literatura en la que él trabajó tan arduamente, a fin de dejarla en las manos de la posteridad. Estoy seguro que el Señor Jesús ha dado la bienvenida a su llegada como uno de Sus más grandes generales en la fe. Pablo escribió a Timoteo, “pelea la buena batalla de la fe”, y otra vez, “sé un buen soldado del Señor Cristo Jesús”, y “bien, buen siervo y fiel—entra en el gozo de tu Señor”. El Dr. Kenyon fue conocido como un maestro entre los maestros. En las ondas de radio fue conocido como “el edificador de la fe”. A través de su ministerio de la Palabra de Dios, hombres y mujeres fueron convertidos en algo muy agradable ante los ojos de Dios. Este es un gran reto para todo obrero cristiano. Muchos ministros jóvenes y obreros comenzaron sus ministerios, recibieron inspiración y aliento a través del consejo amigable del Dr. Kenyon. El conocía el secreto del ministerio exitoso. Él siempre se levantaba muy temprano, y a través de su comunión con el Señor Cristo Jesús, era capaz de ayudar y edificar a otros. Él tenía amor y ánimo para todos los demás. El único enemigo que él reconocía era el diablo y sus ayudadores. Pero él sabía cómo tratar con ellos en el nombre de nuestro Señor Cristo Jesús. El Dr. Kenyon sabía el secreto del amor divino. El amo a hombres y a mujeres en el reino de Dios, y edificó la Palabra de Dios en ellos, de tal manera que ellos pudieran pararse victoriosamente. Fue el Dr. Kenyon quien dijo, “ prefiero morir que convertirme en un fracaso. Tú eres un éxito debido a que tú has sido unido con el Dios Omnipotente. Dios nunca ha creado un fracaso. Tú tienes la vida de Dios. Tú tienes la habilidad y la fuerza de Dios”. El Dr. Kenyon fue un maestro de las palabras. Para mí él era el orador más poderoso y convincente que he podido testificar detrás de un púlpito. Sus mensajes de la Palabra de Dios siempre fueron frescos y llenos de la dinamita divina. Él fue un pionero en la obra a través de la radio en la costa oeste de los Estados Unidos. Este ministerio ha tenido un alcance tremendo en toda la Iglesia. Miles de gentes aquí en el noroeste de los Estados Unidos, y millones alrededor de todo el mundo han sido impactados por medio de sus escritos, y han sentido el poder del ministerio de este hombre. En verdad el fue un gran embajador para el Señor Cristo Jesús. El Dr. Kenyon fue un ministro fiel de la Palabra de Dios. Nunca se supo que él estuviera tarde para una cita o para un servicio. Sus mensajes verificadores de fe que venían del Señor Jesús eran únicos y definitivos para estos últimos días. Nosotros qué conocíamos personalmente al Dr. Kenyon pudimos
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    apreciar la Palabrade Dios más y más, cada vez que él la abrió para nosotros. Si tú no lo has hecho todavía, tú vas encontrar muy provechoso para tu ministerio, cualquiera que éste sea, el familiarizarte con los libros del Dr. Kenyon, que se encuentran enlistados en alguna parte de este libro. Yo me regocijo que el Señor Jesús me permitió entrar en contacto con este gran hombre de Dios. No te puedo decir en palabras todo lo que su ministerio ha significado para mí y para mi ministerio. El Señor Jesús pueda decir de nosotros algún día, “bien buen siervo y fiel”.
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    46 E. W. Kenyon Elministerio del Dr. E. W. Kenyon Por Don Gossett En 1952, yo estaba ministrando con el evangelista William Freeman en el estado de California. Una mujer evangelista, llamada Daisy Wiltbanks me dio una copia del libro, El Maravilloso Nombre de Jesús, escrito por E. W. Kenyon. Ésa fue mi primera introducción a los escritos del Dr. Kenyon. Debido a que el Espíritu Santo me había dado una revelación personal del poder y de la autoridad del Nombre de Jesús el año anterior, yo comencé a leer este libro con mucha excitación. Cuando yo digo que lo leí, quiero decir que literalmente lo devoré. Día tras día, yo solía leer, meditar, y entonces poner en práctica la autoridad del Nombre de Jesús. Casi todos mis minutos estaban dedicados a Jesús y a la maravilla de Su Nombre. Después de que leí este libro, le escribí al Dr. Kenyon, a la dirección que se encontraba dentro del libro para preguntarle si había escrito otros libros. Durante algún tiempo no recibir respuesta alguna a la carta. Entonces yo intenté hacer una llamada de larga distancia a la ciudad de Seattle, en el estado de Washington, que era la ciudad en la dirección del libro. La operadora me informó que no existía el nombre de E. W. Kenyon en los listados telefónicos. Yo decidí que este tal vez sería mi único contacto con este hombre y su ministerio: el libro, El Maravilloso Nombre de Jesús. Después de dos semanas, sin embargo, llegó una carta de la Sociedad Editora de Kenyon Gospel, con una nueva dirección en Fullerton, en el estado de California. Esta carta era de la hija del Dr. Kenyon, que se llamaba Ruth, diciéndome que su padre había sido promovido para ir al cielo, y que ella ahora era la encargada de continuar con su ministerio. Entonces ella me dijo acerca de todos los libros que él había escrito. Yo coloqué una orden pidiéndolos todos ellos. Uno por uno, continué leyendo todos estos libros tan tremendos. Todo mi joven ministerio yo había sido un ávido lector de la mayoría de los autores evangélicos y del Evangelio Completo. De repente, yo estuve consciente que mi ministerio había sido influenciado en una manera sobrecogedora por los escritos del Dr. Kenyon. La manera en que él presentaba la Palabra de Dios con tal revelación del Espíritu Santo, la claridad de sus pensamientos, y los retos que él presentaba para actuar basados en la Palabra de Dios; todo esto era revolucionario más allá de cualquier otro escrito que jamás yo había leído. En 1956, me encontraba nuevamente en California para unas reuniones evangelísticas. Realicé un viaje hacia Fullerton, para visitar a Ruth Kenyon y a su madre, la esposa del Dr. Kenyon. Nuestra comunión fue una cosa tan dulce. He valorado en gran manera la memoria de este encuentro inicial con la familia Kenyon. Estuvimos hablando por horas acerca de la forma como el Dr. Kenyon se dio a sí mismo día y noche para estudiar la Palabra de Dios, y la forma como él caminaba continuamente guiado por el Espíritu Santo, así como los tesoros de verdad que dejó como legado.
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    En cada lugardel mundo a donde he podido viajar, he podido encontrar personas cuyas vidas han sido transformadas por los escritos de E. W. Kenyon. Siento tanto gozo de que tuve el privilegio de entrar en contacto con este ministerio, y he seguido gozando de una rica comunión con Ruth y con otros miembros de la familia a través de los años. Y ahora por favor familiarízate mucho más con el ministerio de E. W. Kenyon a medida que tú les este libro.
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    47 E. W. Kenyon Mipadre, el Dr. E. W. Kenyon Por su hija, Ruth Mi padre nació en el Condado de Saratoga, estado de Nueva York, siendo el cuarto hijo de una familia de diez hijos. Cuando él estaba en su adolescencia, la familia se mudó para la ciudad de Ámsterdam, en el estado de Nueva York, en el Valle Mohawk. Él creció en Ámsterdam, estudió en la Academia de Ámsterdam, y a la edad de 19 años, predicó su primer sermón en la Iglesia Metodista de la localidad. Desde su temprana edad, mi padre tuvo una sed de conocimientos, y todo lo que él aprendía, lo quería compartir con otros. Ese deseo de estudiar fue la fuerza que lo impulsó durante su vida. Cuando era un jovencito, el sintió el llamado al ministerio y aunque él tenía que ir a trabajar en una fábrica de alfombras como tejedor a la edad de 15 años, cualquier minuto libre que le quedaba lo dedicaba a estudiar. El trabajó para sostener sus estudios, asistiendo a varias escuelas en New Hampshire y al Colegio de Oratoria en la ciudad de Boston, Massachussets. Él siempre tenía un objetivo en la mente…predicar el Evangelio, para “mostrarse a sí mismo con diligencia, y presentarse a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad” (2ª Timoteo 2:15). Él fue pastor de varias iglesias en los estados de Nueva Inglaterra; a la edad de 30 años, él fue el fundador y el presidente del Instituto Bíblico Bethel en Spencer, Massachussets. (Esta escuela más tarde se mudó a la ciudad de Providence, estado de Rhode Island, y es conocida como el Instituto Bíblico Providence). A través de su ministerio en el Instituto Bíblico Bethel, cientos de hombres y mujeres jóvenes fueron entrenados y ordenados para el ministerio, y ahora se encuentran predicando la Palabra de Dios por todas partes del mundo. Por más de 20 años él se dedicó a viajar en la obra evangelística por el este, siendo muy bien conocido. Miles de personas fueron salvas y sanadas a través de estos servicios. Después de que él dejó la costa este, él vino a California donde también estuvo viajando dedicado a la obra evangelística. El fue pastor de una iglesia en la ciudad de Los Ángeles por varios años, y fue uno de los pioneros de la obra de radio en la costa del pacífico. En 1931 el vino al noroeste de los Estados Unidos, y durante muchos años, su programa de radio matutino, “La Iglesia al Aire de Kenyon”, fue una inspiración y una bendición para miles de almas. Él fundó “La Iglesia Bautista del Nuevo Pacto” aquí en la ciudad de Seattle, y durante muchos años fue su pastor. Durante los años más ocupados de su ministerio él encontró el tiempo para escribir y publicar 14 libros, cientos de poemas y cantos (algunos de los cuales nunca han sido publicados), cursos por correspondencia, y folletos. En el momento de su muerte el tenía material preparado para hacer 12
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    libros adicionales, yuno estaba ya listo para ser publicado. Él dejó cientos de artículos y sermones que nunca han podido ser publicados. Poco tiempo antes de su fallecimiento, él tuvo una premonición de que no iba a estar aquí por mucho tiempo, y él me llamó y me dijo que sentía que yo era la indicada para continuar su obra. El dijo, “querida Ruth, he tenido este sentimiento de que no voy a estar contigo mucho más tiempo. Esta obra debe seguir. Te toca a ti llevarla a cabo ahora. Tú has estado supervisándola todos estos años, y con la ayuda del Señor Jesús, yo sé que tú la puedes llevar a cabo”. Yo le prometí que lo haría. Esta obra que él comenzó, ha seguido bendiciendo a miles de almas, tal y como lo había hecho en el pasado. Nuestra obra actualmente está alcanzando todos los puntos del mundo. Nuestra circulación ha aumentado grandemente. Nunca antes ha habido un tiempo cuando el mundo necesitaba este mensaje como lo necesita actualmente.
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    48 Don Gossett Don Gossett:La perspectiva de una hija Por Judy Gossett Esta mañana mientras estaba observando la televisión, yo pude ver a varios evangelistas contemporáneos muy famosos: Oral Roberts, Rex Humbard, y Robert Schuller. Fue muy interesante poder notar la participación y el apoyo de sus hijos en sus respectivos ministerios. Parecía un gran logro y realización para cada uno de estos grandes hombres, el hecho de tener su propia sangre y carne colocada activamente junto con ellos, apoyándolos, creyendo en ellos, y soportandolos con todo el corazón en la obra que Dios había llamado a sus padres para que comenzaran. En nombre de los cinco hijos Gossett, yo quiero pagar tributo a nuestro padre, Don Gossett. Una de las memorias más relevantes que yo llevo desde mi niñez es que nosotros, los siete Gossetts —Papá, Mamá, Michael, Jeanne, Donnie, Marisa y yo—empacamos las cosas en nuestro automóvil “Buick ’56”, manejando de una ciudad a la siguiente en nuestros viajes evangelísticos. A medida que crecimos sin descanso, y cansados de jugar los juegos que juegan los niños en el espacio apretado de nuestro viejo automóvil, papá solía anunciar, “bueno, niños, ¡es la hora del cuento bíblico!” A medida que papá contaba las emocionantes historias del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, nos quedamos asombrados por cada evento, y por cada personaje, sintiendo la certeza que en cualquier momento, Moisés podía aparecer de repente, ¡teniendo en su mano la tablilla completa con los 10 mandamientos! ¡O podíamos sentir que estábamos caminando las aguas al lado de Pedro, teniendo a Jesús como nuestro director! Todas estas fueron historias fascinantes y vibrantes que acostumbrábamos devorarnos. Los acertijos de la Biblia, “la guerra de Escrituras”, y la memorización de los versículos bíblicos seguían a cada tiempo de cuentos bíblicos. Nosotros como niños, preferíamos pasar tiempo en la Palabra de Dios estando al lado de nuestros padres que cualquier otra actividad en nuestros viajes. Muy agradecidamente, muchas han sido las ocasiones en que el Señor ha traído a mi memoria las Escrituras y las lecciones aprendidas durante esas largas horas que pasamos en nuestro automóvil. Todas ellas han sido invaluables para edificar el carácter espiritual y el testimonio que se necesita para ser una persona efectiva para Cristo Jesús. Debido a que viajábamos tan extensamente, era muy difícil para nosotros poder establecer relaciones de largo plazo con las personas que conocíamos. Como resultado de esto, nuestra familia creció más unida que nunca. Pasamos muchas tardes afuera de nuestro cuarto de hotel, practicando diferentes deportes: juegos muy vivos de béisbol y de fútbol americano tocadito, o nos retábamos unos a los otros para ver quién duraba más tiempo haciendo carreras y nadando. Normalmente, en medio de todas estas festividades juveniles se encontraba nuestro competidor favorito, y que era también nuestro entrenador: papá. A pesar del profundo amor y de la devoción en nuestra familia, parecía que continuamente estábamos
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    plagados con unasituación que nos ponía casi en la pobreza, con enfermedades, mediocridad y frustración. Entonces en 1961, nos mudamos de regreso a Canadá y el Señor Jesús cambió el ministerio de papá. Dios le mostró a papá el poder del nombre de Jesús usado juntamente con la confesión positiva de la Palabra de Dios y la alabanza gozosa, siendo todo esto la llave para el éxito y para un vivir victorioso. ¡Estas verdades revolucionaron nuestras vidas! Nunca más vamos a vivir nuevamente en la derrota que pasamos en los años pasados en el ministerio. A medida que crecí, papá y mamá experimentaron muchos más problemas con nosotros como jovencitos. Sin embargo, nunca huyeron de estos obstáculos, pero siempre los confrontaron directamente con estas respuestas: disciplina, la Palabra de Dios, el Nombre de Jesús y la oración. Michael, Jeanne, Donnie, Marisa y yo no somos perfectos, pero poseemos una herencia maravillosa a través de la confianza que tenemos en Cristo Jesús, la cual nos fue transmitida a través de nuestros padres perseverantes. Y ahora con los hijos de Jennifer y de Alexander, una nueva generación está recibiendo estas mismas verdades que nos fueron enseñadas a nosotros hace muchos años. ¡Éstos han sido años muy excitantes para el ministerio de papá! El Señor Jesús abrió las puertas para programas de radio llamados Bold Living, para que pudieran alcanzar 89 países. Dios aumentó la visibilidad de papá como un autor, y le dio más de 80 libros para que los publicara. Abrimos oficinas tanto en Canadá como en los Estados Unidos para poder servir las necesidades de socios que Dios levantó para sostener los diferentes alcances del ministerio. Papá ha ido a diferentes países más de 40 veces para esparcir las Buenas Nuevas del amor de Jesús, con aquellos que nunca habían tenido la oportunidad de escucharlas. Tal vez tú siempre has escuchado a Don Gossett como evangelista, orador de radio, administrador, autor, y misionero. Por medio de esta breve sinopsis, espero que tú hayas podido conocerlo un poco mejor como el hombre de Dios lleno de compasión. Padre amante. Orgulloso abuelo. Y mi maravilloso amigo.