El Gran Maestro convocó a sus discípulos para determinar quién sería el nuevo guardián del castillo. Colocó un jarrón con una rosa en el centro de la sala y dijo que quien resolviera el problema asumiría el puesto. Un discípulo destruyó el jarrón y la rosa con su espada. El Gran Maestro lo nombró nuevo guardián, explicando que aunque algo sea hermoso, si representa un problema, debe ser eliminado para no correr riesgos.