El documento argumenta que el valor de una mujer comienza con ella misma y no depende de los demás. Para poder amar a otros, una mujer primero debe amarse y valorarse a sí misma. Reconocer el propio valor de una mujer debería ser natural, pero a menudo tienen pensamientos destructivos sobre sí mismas que no les permiten valorarse. Amarse a una misma sin prepotencia permite comprender a otras mujeres y tener la capacidad de dar y recibir amor.