El documento describe cómo el uso de vitrales y elementos arquitectónicos como arbotantes y contrafuertes permitió mejorar la iluminación interior de los templos góticos, elevar su altura y reemplazar parte de los gruesos muros. Los vitrales, en forma de rosetones, dejaban pasar luz de colores, mientras que arbotantes y contrafuertes soportaban las paredes, permitiendo más ventanales.