La política de puertas abiertas de Estados Unidos hacia China a finales del siglo XIX tuvo como propósito obtener acceso al mercado lucrativo de China, ya que otras naciones habían reclamado derechos exclusivos de comercio en la región. Estados Unidos declaró esta política para asegurar un acceso sin restricciones a los mercados chinos, aunque en la práctica no se opuso a las "esferas de influencia" europeas en China y la política no logró convencer a otras naciones de respetar la soberanía china.