JESUS Y LA MUJER SAMARITANA<br />RESUMEN<br />Casi siempre las mujeres iban a buscar agua al pozo, temprano en la mañana, o tarde en el día, cuando había más fresco. La mujer deja el cántaro del agua, y se va corriendo al pueblo, a contarle a los demás su experiencia. Es así como el Evangelio ha crecido desde el principio: de boca a boca. Una mujer agradecida por haber encontrado el Cristo al Hijo de Dios, y ahora quiere compartir con los demás para que ellos también reciban, y tengan un encuentro con el Cristo.<br />ANÁLISIS<br />«Muchos de los samaritanos que vivían en aquel pueblo creyeron en él por el testimonio que daba la mujer: «Me dijo todo lo que he hecho.» No hay nadie que conozca la vida de uno como Jesucristo, quien conoce nuestro pasado, nuestro presente, y nuestro futuro. Algo más pasó con esa gente: Ya no creemos sólo por lo que tú dijiste —le decían a la mujer—; ahora lo hemos oído nosotros mismos, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo.<br />QUE PIENSO YO<br /> Uno puede imaginarse a esta mujer que, seguramente que veía en la mirada de nuestro salvador, penetrante, como que podía ver su misma alma. Así es con todos nosotros, porque no importa en la condición que estemos, dios puede ver hasta lo más secreto de nuestro interior. Él conoce todos nuestros pensamientos y nuestras intenciones.<br />Eso es lo que acontece cuando una persona agradecida con dios, comparte lo que ha recibido, para que otros también puedan recibir el mismo don de la vida eterna.<br />   Esta historia de la mujer samaritana que, su nombre no es mencionado, pero  por años ha testificado que todos somos importantes delante de dios, y todos, tenemos el deber de compartir las nuevas de nuestro señor Jesús con otros, como esa mujer samaritana hizo. Para concluir, ¿has compartido el Evangelio con otros? No hay que hacerlo en lugares extraños, como podemos ver, esta mujer lo compartió con la gente que ella conocía. Ahora compartámoslo nosotros.<br />

Jesus y la mujer samaritana

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    JESUS Y LAMUJER SAMARITANA<br />RESUMEN<br />Casi siempre las mujeres iban a buscar agua al pozo, temprano en la mañana, o tarde en el día, cuando había más fresco. La mujer deja el cántaro del agua, y se va corriendo al pueblo, a contarle a los demás su experiencia. Es así como el Evangelio ha crecido desde el principio: de boca a boca. Una mujer agradecida por haber encontrado el Cristo al Hijo de Dios, y ahora quiere compartir con los demás para que ellos también reciban, y tengan un encuentro con el Cristo.<br />ANÁLISIS<br />«Muchos de los samaritanos que vivían en aquel pueblo creyeron en él por el testimonio que daba la mujer: «Me dijo todo lo que he hecho.» No hay nadie que conozca la vida de uno como Jesucristo, quien conoce nuestro pasado, nuestro presente, y nuestro futuro. Algo más pasó con esa gente: Ya no creemos sólo por lo que tú dijiste —le decían a la mujer—; ahora lo hemos oído nosotros mismos, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo.<br />QUE PIENSO YO<br /> Uno puede imaginarse a esta mujer que, seguramente que veía en la mirada de nuestro salvador, penetrante, como que podía ver su misma alma. Así es con todos nosotros, porque no importa en la condición que estemos, dios puede ver hasta lo más secreto de nuestro interior. Él conoce todos nuestros pensamientos y nuestras intenciones.<br />Eso es lo que acontece cuando una persona agradecida con dios, comparte lo que ha recibido, para que otros también puedan recibir el mismo don de la vida eterna.<br />   Esta historia de la mujer samaritana que, su nombre no es mencionado, pero por años ha testificado que todos somos importantes delante de dios, y todos, tenemos el deber de compartir las nuevas de nuestro señor Jesús con otros, como esa mujer samaritana hizo. Para concluir, ¿has compartido el Evangelio con otros? No hay que hacerlo en lugares extraños, como podemos ver, esta mujer lo compartió con la gente que ella conocía. Ahora compartámoslo nosotros.<br />