Los animales de la selva descubren una báscula y comienzan a obsesionarse con su peso, pesándose todos los días y enojándose si no bajaban de peso. La báscula decide hacerles cosquillas a los animales cuando se pesan para hacerlos reír en lugar de enojarse, haciendo que dejen de preocuparse por su peso y valorándolos por su buen humor en lugar de por los kilos. Con el tiempo, la báscula deja de medir el peso y pasa a medir la felicidad y optimismo de los animales.