La felicidad no es simplemente una serie de momentos efímeros, sino un estado interno que cada individuo puede cultivar a través de la autoaceptación y el reconocimiento de lo positivo en la vida. A pesar de las dificultades externas, la verdadera felicidad proviene de dentro y se logra al aprender a valorarse a uno mismo. La invitación es a encontrar y manifestar esta felicidad diaria, superando temores y compartiéndola con los demás.