La poesía se compara con el viento, el fuego y el mar porque, al igual que ellos, da la apariencia de vida a lo inanimado y hace vibrar los objetos, ya sean árboles, ropas u objetos en la playa. Al igual que el leño que arde, las conchas en el mar o el papel que lleva el viento, la poesía otorga una vida momentánea a aquello que normalmente está inmóvil.