El documento compara dos lagos en Tierra Santa, el lago de Genesaret, lleno de vida y generoso, y el mar muerto, estancado y sin vida. Se utiliza esta metáfora para ilustrar la diferencia entre personas generosas, que contribuyen a la vida de otros, y aquellas que son egoístas y se mantienen cerradas a compartir. La generosidad se presenta como el camino hacia la felicidad, mientras que el egoísmo lleva a la desdicha.